Revista

Polvo del camino. 23. Mi suerte como lector. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 23

Mi suerte como lector

Héctor Cortés Mandujano

 
Tal vez lo he contado ya, pero un nombre que está en mis agradecimientos de lector, siempre, es Luis Gamboa Ricci. Él me abrió la puerta de su biblioteca cuando yo era un jovencito pobre y gracias a su generosidad leí, uno a uno, recién salidos, los libros de García Márquez, Cortázar, Fuentes, Vargas Llosa, Borges y un inmenso etcétera, que yo no hubiera tenido posibilidad de comprar. Tan bueno era este hombre (lo seguirá siendo, por supuesto) que compraba las novedades y me daba el libro reluciente para que yo quitara la envoltura y pasara los ojos por primera vez sobre las páginas nuevas, asombrosas. 
            Tengo amigas y amigos que me regalan, apenas salen, los libros que escriben. Deben ser cientos a estas alturas. 
            He tenido a lo largo de mi vida linda gente que me ha regalado uno, dos, tres libros en sucesivas ocasiones. Menciono al tuntún los que me han regalado más de dos: Margarita, Mirna, Roger Octavio, Tito, mi hija… 
            Héctor Herrera, viudo del entrañable Emilio Carballido, y amigo desprendido, me envió varias cajas con la colección completa de la revista y las antologías de Tramoya, que dirigió toda su vida Carballido. Gran emoción fue para mí recibir los cientos de ejemplares.
            Nedda G. de Anhalt, amiga querida, me ha regalado muchos libros: de Reynaldo Arenas, Octavio Paz, Guillermo Cabrera Infante (que fueron también amigos suyos) y especialmente una veintena de Sergio Galindo (otro amigo suyo), de quien estoy leyendo la obra completa, gracias a la maravillosa Nedda.
            Mi querido amigo Sarelly Martínez me trajo, hace años, una bolsa de novedades que yo le había encargado. Era una treintena de libros por los que yo suspiraba, él me los compró en un viaje al centro de la república (se supone que yo le daría el dinero) y, gran amigo como es, me los obsequió. Después me ha regalado varios libros físicos, hasta que me regaló un lector electrónico con miles de libros; después, como si no bastara, me regaló otro lector con cientos de nuevos libros. Nadie le gana a generoso conmigo.
            Pero hay otra amiga entrañable que tiene cabida perfecta en este recuento: Linda Esquinca. Me ha regalado tanto: lámparas antiguas, una máquina de escribir, reproducciones de cuadros, discos, objetos varios y libros, muchos libros: uno primero, luego tres, luego una cajita, y hace muy poco dos cajas con más de una cincuentena de títulos magistrales, de autores geniales: Víctor Hugo, Hegel, Descartes, Cicerón, Aristóteles, Nietzsche, Sartre, Reyes, Moliere, Kant, Balzac, Tagore, Graham Greene, Daudet, Camus, Mauriac, Papini… Además, agregó una granada colección de Perry Mason y Sherlock Holmes, que son botanitas deliciosas. Qué más pedir a este regalo redondo, perfecto.
            He tenido la gracia que los hados me han otorgado para tener muchas amistades maravillosas, muchos amores geniales, muchas alegrías sin cuento. Como lector, evidentemente, he corrido también con muchísima suerte.
***
 
El pasado miércoles 24 de junio, murió nuestro amado gato Zapata. Vivió con nosotros durante 20 años y su vida, creemos, fue muy feliz porque hizo lo que quiso dentro y fuera de nuestra casa. Lo adorábamos y su belleza no se eclipsó, sino hasta su muerte. La foto que acompaña este escrito la tomó mi hija cinco días antes de su deceso y se puede notar, sin merma, su espléndida belleza. La muerte no existe, claro: Zapata sigue vivo. 
Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez.

Polvo del camino. 22. Dolor y sangre en el jardín. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 22

Dolor y sangre en el jardín

Héctor Cortés Mandujano

 
Es domingo, muy temprano. Hago jardinería.
            Tomo una manguera que he dejado antes en el piso y siento una punta aguda que penetra la yema del dedo medio de mi mano izquierda.
            Dolor fortísimo. Además, ansiedad, angustia y desesperación (como dice el bolero “Toda una vida” que se siente el amor). 
            No hay sangre. 
            Veo un montón de grandes hormigas negras y deduzco que una de ellas me enseñó que hay que pedir permiso para invadir su territorio.
            El dedo no me deja de doler mientras riego, podo, trasplanto, siembro. 
            Cuando voy a desayunar con mi mujer, veo que en la tibia derecha me hice un corte –supongo que con alguna rama espinosa, trabajé con sólo un short y una camiseta como vestimentas–  y salió y escurrió sangre, que ahora ha coagulado. 
            Tiene visos rojos todavía, pero parece más azul (sí, cómo no), negruzca.
            Pero vi un tulipán, de un raro color melón, floreciendo, y siento que, en arrebato telenovelero, he pagado con dolor y sangre la visión de esa belleza. 
Fotografía: HCM.

Voces ensortijadas. 22. Rojo púrpura. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 22

Rojo púrpura

María Gabriela López Suárez

El calor comenzaba a sentirse con fuerza, Meriem estaba a mitad de labor en su pequeño huerto. Tenía un mes de haber iniciado esa tarea sembrando chile, romero, hinojo, también había colocado ahí algunas macetas que ya tenía en casa. Esa actividad le alimentaba el espíritu y lo hacía con mucho amor.

Removió la tierra para sembrar un árbol de tulipán rojo, tipo clavel. Con la firme esperanza que quisiera estar en ese espacio y crecer en el huerto. Era uno de los tulipanes favoritos de su mamá.  Puso el árbol en el espacio cavado, le agrego tierra, abono de su propia cosecha y a manera de ofrenda a la tierra y al árbol de tulipán, sembró su luna. El color de la sangre lunar era rojo intenso,  vívido, tan brillante que se veía hermoso ante la luz del sol.  Desde su corazón hizo su agradecimiento  a la tierra, a la vida, a su cuerpo. Terminó su faena  y regresó a casa.

Mientras volvía recordó que nunca era tarde para honrar el ser mujer, vinieron a su mente las diversas experiencias en los círculos de mujeres donde descubrió la importancia de agradecer cada período lunar en su vida.  Pensó para sí, que cada etapa en la vida  de las mujeres es importante, sin embargo, por cuestiones culturales la etapa menstrual se vuelve una especie de tabú que se inculca como algo que debe ocultarse, como si fuera ‘malo’, ‘sucio’, logrando con ello que muchas ocasiones  no se quiera que  lleguen ‘esos días’. 

Siempre estaría agradecida a las mujeres amigas que le permitieron descubrir la importancia de ofrendar la luna como una manera de sembrar la vida, de agradecer la oportunidad de estar, de vivir, de crecer y de amar su ser mujer.

En casa se dispuso a regar las plantas de sombra que tenía, al llegar al cactus colgante, como ella le llamaba, observó que estaba lleno de flores, color rojo púrpura. Anteriormente había sembrado en él su periodo lunar. Se acercó a las flores y a manera de susurro les dijo,

—¡Qué  bellas están! ¡Gracias!

Meriem observó detenidamente la forma de las flores, le encantaba, como una especie de estrellas pero con detalles curvos. Y lo que más le atraía era el color rojo púrpura como la ofrenda de vida.

Fotografía: Pixabay.

Universo breve. 17. Sinergia. Damaris Disner

Sinergia

Por Damaris Disner

A mi gata nada le asusta, excepto quedarse sin comida. La que se  asusta por todo soy yo, más cuando la veo comer. Aunque ahora entiendo porqué tiene esa bolsa de piel y pelos que le cuelga de la panza. Su mamá supo imaginarla, sabía que la necesitaría como bodega de alimentos. También mamá me imaginó bien aunque por mucho tiempo no lo entendí. Tengo la capacidad de doblar mis extremidades hasta parecer un pequeño bolso de mano. Me coloco arriba de la mesa. Soy hábil para guardarme. Cuando a  mamá se le hace tarde para irse al trabajo, se despide con un apresurado —Nos vemos en la tarde, cariño. Echa de manera rápida a su gran bolsa marrón el monedero en el que me convertí. Mamá es tan despistada que desde hace años hago lo mismo y aún no se da cuenta. No lo hago diario. Solo cuando aparento estar enferma y debo quedarme sola en casa, porque no hay quien me cuide. Cuando llega a su trabajo y se distrae, que es muy seguido, salgo presurosa a esconderme debajo de su escritorio. Escucho las conversaciones, lo mal que a veces la trata su jefe o la constante tristeza de sentir que no ocupa su lugar en el mundo. Me gustaría decirle que a menudo me siento también así. Cuando regresamos a casa su bolsa cae sobre el sillón, mientras va a su cuarto a cambiarse aprovecho para huir al mío, así cuando llegue me vea dormida en la cama. Besa mi frente y suspira. Mi gata pasea entre sus piernas exigiéndole la cena, ella presurosa la sirve. Y hasta ese día entendí porqué. No lograba dormir. Me levanté para servirme un vaso de leche caliente. Ahí estaba mamá en medio de la sala, levantando los brazos, moviéndose de manera extraña hasta convertirse en un alto perchero de madera oscura. Parecía extender lo que imaginaba eran sus brazos. Entendí que mi lugar era colgarme en una extremidad. Comencé a doblarme justo encima de ella. Quedé en la posición exacta. Nunca me había sentido tan bien. Estoy segura que mamá tampoco. Por primera vez dormimos profundamente. Nos despertó la claridad que entró por el ventanal. Sin mediar palabras nos transformamos en nuestros cuerpos humanos. En un instante pensé si lo había soñado pero la pijama mojada fue la certeza, nuestra gata celosa orinó su pertenencia. Pero un día a mamá la corrieron del trabajo. Poco a poco la despensa se terminó. Ahora, preferimos ser perchero y bolsa, así no sentimos hambre. Las mamás siempre saben cómo imaginarnos.

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Fotografía: Stephanie Ho.

Polvo del camino. 21. Consejos femeninos. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 21

Consejos femeninos

Héctor Cortés Mandujano

(Cuento)

 
Tal vez porque fue su obsesión de niño (ella era la más bonita y popular de la primaria, y él un gordito al que las puyas lastimaban constantemente) quedó deslumbrado cuando la vio llegar a la empresa que dirigía.
            ¿Qué busca la muchacha rubia?, preguntó a su secretaria.
            Trabajo.
            ¿De qué?
            Sabe algo de contabilidad.
            Dile al contador Ruiz que venga.
 
Dio instrucciones de que la contrataran. Ella le llevó, días más tarde, unos papeles para su firma. Estaba nervioso y ella tranquila.
            ¿Te acuerdas de mí?
            No, ¿nos conocemos?
            Sí, de la primaria.
            Hace mucho. ¿Fuimos compañeros?
            No. Yo estaba un grado adelante.
            Pues mucho gusto y muchas gracias por contratarme. Necesitaba un trabajo, un sueldo. Las cosas en casa andan muy mal.
            ¿Estás casada?
            No, vivo con mis padres, pero ambos tienen problemas severos, hasta de movilidad, y las medicinas son caras.
            Qué pena. Si en algo puedo ayudarte, no dudes en acudir a mí.
            La sonrisa de ella fue para él un pago excesivo.
 
Su complejo de gordo no lo había abandonado. Sus dientes estaban encimados y nunca había querido ir al especialista para que los acomodara y su sonrisa no fuera tan poco atractiva como era.
            Susana, ¿me aceptarías un café, la tarde que quieras?
            Salgo hasta la noche.
            Ese no será un problema.
            Entonces, sí.
            Conversaron. Ella parecía tener muchas reservas y él, no sólo por su característica timidez, sino por la implicación de ser su jefe superior, no quiso o no pudo hacer más que dar la vuelta en naderías. Ella, sin embargo, no tuvo mucho tacto para comentar algo a propósito de un tema que llegó a la mesa tensa de tantos cuidados.
            Nunca tendría una relación de noviazgo con un gordo.
 
Sebastián se inscribió al gimnasio y se disciplinó de tal manera que en poco tiempo vio resultados palpables. No se conformó e hizo una dieta que le quitó grasa y volvió notorio su abdomen musculoso.
            No dejaba de verla en cuanta oportunidad se le presentaba e incluso, en un gesto que a ella pareció bajarle la guardia, contrató a una enfermera para que se ocupara de sus padres (“Tómalo como una prestación laboral”) y los puso en manos de un médico muy capaz que logro avances notables en su deteriorada salud.
            Él, con cierta seguridad, dada su ahora figura atlética le dijo si podrían pensar en algo más que ser amigos. Ella le vio con seriedad y le dijo:
            ¿Puedo decirte algo muy serio, sin que te ofendas?
            Dime.
            No podría darte un beso con esos dientes.
            Pasó por la tortura del dentista y los frenos, hasta conseguir una dentadura que no dejaba de verse antes el espejo donde, también, con su ajustada ropa de gimnasio, se envanecía de su musculatura, de su belleza física.
            Ella le sugirió que cambiara su modo de vestirse y él se volvió bastante sofisticado y muy al tanto de cuanto encontrara nuevo y adecuado para lucir como lo que ya era: un hombre guapo, bien vestido, con una cartera siempre llena y unas miradas femeninas que le hacían luces en todos lados.
            Y se dio cuenta. ¿Para qué enamorar a una de sus empleadas, cuando en el club había tantas chicas con su mismo estatus social?
            Canceló la ayuda de la enfermera y pidió a su administrador que inscribiera a los padres de Susana a un seguro que se ocupara de su tratamiento y medicinas. Nunca más invitó a Susana a ningún lado, pero le subió el sueldo y le mandó una tarjetita: “Gracias por todos tus consejos. Sin ti no lo habría logrado”.
            Se casó con una mujer bella, de modesta fortuna y educación esmerada. En las fotos de su viaje de bodas, ambos en traje de baño, en una playa de ensueño, parecían una postal de modelos promoviendo el disfrute de los placeres de la vida. Susana, mientras tanto, revisaba cuentas en la oficina minúscula que, además, tenía una iluminación deficiente. 
Ilustración: Alejandro Nudding.

Voces ensortijadas. 21. La presencia del cenzontle. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 21

La presencia del cenzontle

María Gabriela López Suárez

Ágata estaba acomodando en un jarrón las flores que había cortado en el patio de la casa. Escuchó un ruido afuera y se asomó, era Canela, su perrita, intentando abrir una pequeña jaula que estaba en el piso. Al principio Ágata no se percató de la importancia de la jaula, luego recordó que ahí había puesto su papá un pajarito silvestre que estaba herido y un cenzontle bebé que había encontrado.

-¡Canela, deja esa jaula! ¡Canela!

La perrita ni siquiera se movió, siguió atenta en su tarea. Ágata salió, levantó cuidadosamente la jaula ante la mirada de Canela, que no despegaba la vista al pajarito. Ágata lo revisó, estaba bien.  ¿Y el cenzontle? Le preguntó a su tía Toñi que se asomó al ver lo sucedido.

—¿Qué no está ahí también en la jaulita?

—No tía, solo está el pajarito. 

Observaron las rejas de la jaula, eran delgadas y por ahí no había podido salir. Vieron al piso entre las piedras, no había rastro de alas, por aquello que Canela lo hubiera comido.

Ágata puso la jaulita en una parte baja del tejado para que el pajarito tomara el sol, se percibía nervioso ante el movimiento que había hecho Canela a la jaula, en su intento por degustarlo.

Siguieron indagando sobre el destino del cenzontle bebé, no hallaban respuesta. En eso estaban cuando llegó Arturo, el papá de Ágata. 

—¿Cuál es el alboroto?

La tía Toñi explicó lo sucedido. Los tres siguieron buscando al cenzontle entre las piedrecitas por donde estaba inicialmente la jaula. No hubo rastro  y explicación alguna.

Ágata hizo memoria, ése era el segundo día que el cenzontle había estado en casa. El día anterior su papá lo había descubierto en el suelo, cerca de un árbol,  algo poco común.  Él lo llevó a casa y lo puso en la jaulita donde estaba un pajarito herido de una ala, al que cuidaba mientras se recuperaba para dejarlo en libertad. 

Era la primera vez que Ágata veía un cenzontle bebé, le dio mucha ternura cuando le acercaron la comida, abrió su pico con la cabeza hacia arriba,  como esperando que su madre le diera de comer, de piquito a piquito. Fue una odisea darle comida, esta tarea la hizo don Arturo.  Durante la tarde y noche el cenzontle emitió unos sonidos que eran como susurros, los continuó haciendo hasta el amanecer. Como si ésa fuera su manera de hacerse presente.

El misterio de la desaparición del cenzontle bebé fue casi como su llegada. Ágata recordó, en su familia creían que sus seres queridos que habían trascendido les visitaban a través de mariposas, pájaros o gatos, quizá eso era el significado de la presencia del cenzontle.

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Fotografía: Pixabay.

Universo breve. 16. Veintiuno. Damaris Disner

Veintiuno

Por Damaris Disner

— ¿Mamá, cuándo cumplo cuatlo años?

— En septiembre.

— ¿Cuánto falta pala septiemble?

— Dos meses.

— No quielo.

— Neto, tu abue te traerá pastel y una piñata. La quebraremos en la cancha.

— Dicen que ya estalé glande para estal aquí.

— Tú siempre serás mi pequeño.

— Me quedo contigo, di que sí.

— Ven acá, te abrazo.

— ¿Vendlán de nuevo las bestias?

— No son bestias, se llaman perros y algunos quieren mucho a los niños.

— Paco dice que son bestias que comen a los niños en la noche, pero como duelmen con sus mamás se asustan y se van. Por eso llegan con soldados.

— No le hagas caso a Paco. Además hoy no vendrán.

— Yo te cleo a ti, mamá.

— Y yo a ti, Neto.

— Mamá…

—Ya duérmete, Neto. Mañana tenemos visita.

— Mamá, quielo sel siemple un niño de cuatlo años para estal contigo siemple.

— Neto, si te quedas después de los cuatro ya no podrás salir por estos barrotes.

— Entonces, ¿tú nunca vas a salil porque ya tienes 21, mamá?

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Fotografía: Julia Sakelli.

Parábolas del uroboro. 14. Verdad oculta en la ironía. Ilse Ibarra Baumann

Por Ilse Ibarra Baumann

Al borde de la ironía

            

Cuando se habla de verdad se está en tierra firme. No hay dobleces ni disimulos; no hay burlas o engaños. Esta zona pertenece a la formalidad, a los valores que ocupan un lugar real. 

Cuando la ironía se presenta con toques de verdad el valor de lo dicho se ha fragmentado, representa la imagen de un espejo roto. Esta posibilidad fuera de orden no puede ser absoluta, por lo tanto, está en el borde de que su “verdad” carezca de seriedad. “La seriedad del serio no le conviene a la seriedad de la ironía: en la medida en que ésta emprende otro camino, su verdad será de distinta naturaleza.” (Schoentjes, 2003, p. 179). 

El lenguaje es asombroso, cuando se habla se remueve desde el interior; a veces se altera la significación y cambia el rumbo pero siempre se está en constante vaivén, si el decir en serio es estabilizar una idea, el irónico tratará de modificarla; mejorará su agilidad mental de dualidad al paso del tiempo y de la práctica para terminar siendo un irónico agudo, sus acciones se tornan inmanentes a su modo de expresar y muchas veces pasarán inadvertidas en el ámbito exterior, apenas si dejarán rastro; pero por dentro se ha configurado; él es producto de una disciplina.

No hay manera de evitar que sus acciones se labren. Él es por lo que hace y se retroalimenta regresando a su verdad oculta. Para el crítico literario canadiense Northrop Frye: 

“El término ironía designa una técnica que consiste en mostrarse inferior a lo que en realidad se es; esto en literatura se convierte casi siempre en una técnica que consiste en decir lo menos para significar lo más, o, de manera más general, se trata de una disposición verbal que se aparta de toda afirmación directa o de su propio sentido manifiesto” (Schoentjes, 2003: 182)

Northrop regresa en su definición a la antigua ironía socrática: “yo sólo sé que no sé nada”. El significado, en resumen, que dio Helena Beristaín sobre la ironía es: oponer el significado para burlarse. Se podría decir que el fin último de la ironía es dejar en ridículo a alguien. 

Pero dentro de esta figura que afecta la lógica del pensamiento se han adosado otras que pueden componer una estructura parecida. “La ironía cuenta con muchas prácticas, como la sátira, el humor y lo cómico, el sarcasmo y el cinismo, y la parodia.” (Schoentjes, 2003, p. 183). 

La sátira, que viene del latín y etimológicamente hablando proviene de satura, representa algo colmado, saturado. El fin de los versos satíricos era poner a alguien en ridículo por sus defectos morales o las causas que éste origina infringiendo abusos a la sociedad. 

La diferencia que estriba entre estas dos figuras como lo menciona Pierre Schoentjes sería: “Mientras que la ironía propone una pregunta y se esfuerza por poner en entredicho las verdades, la sátira impone una respuesta inferida de una norma moral rígida”. (Schoentjes, 2003, p. 185). 

El satírico se siente poseído de una moral superior, hoy día está tan adolecida la moral que es difícil encontrar a la sátira como un ejercicio literario en crecimiento. “La ironía es siempre (…) una adhesión, se muestra más lúcida y menos moralizadora que la sátira. El irónico puede ser crítico, pero cuando lo es, se expresa al menos en una cierta comunión de espíritu con su víctima.”  (Schoentjes, 2003, p. 186). 

Este servicio que le presta la víctima es necesario para salir un momento de su mundo, se ríe de lo que lo frustra pero sin hacer evidente su desilusión. El irónico no critica para dar una retroalimentación, anda buscando los errores de los demás en los que él pueda tener una cabida de solidaridad disimulada. “La ironía es mejor pedagogo que la sátira en tanto pide la participación del que interpreta. (…) la agresividad de la sátira va mucho más allá que la de la ironía.” (Schoentjes, 2003, p. 186). 

El sarcasmo es una cierta ironía pero en sentido cruel o ridículo. Un ejemplo de la diferencia entre estas dos figuras que se asocian lo da Hugo Pratt en su obra en voz de uno de sus personajes: “«Tú quisieras ser irónico, pero sólo llegas a sarcástico (…) y entre los dos hay la misma diferencia que entre un eructo y un suspiro.»” (Schoentjes, 2003, p. 193).

El cinismo es un acto fuera de las normas, es el desprecio hacia los convenios sociales que resalta sobre lo demás. Para la escuela cínica liderada por Diógenes, el hombre virtuoso es aquel que satisface su vida con las modestas necesidades que da la naturaleza. Si el hombre se apega al poder, a la riqueza, a los placeres… entonces se vuelve despreciable y lo harán entrar en razón arguyendo el desvarío de sus ideas de manera peyorativa hasta llevarlo a la insolencia. 

“La maldad del cinismo no se explica por una animosidad hacia una persona, pues los ataques más bien se dirigen para socavar los cimientos convencionales de la moral de los hombres para encontrar una ética que estaría próxima a la naturaleza. (…) el cinismo vuelve todas las verdades del revés y se procura su satisfacción viendo la ruina que deja tras de sí” (Schoentjes, 2003, p. 194).

El pastiche representa la imitación de una obra ya sea por su fondo o su forma. Se sustenta en el intertexto y reincide en el acercamiento y la verosimilitud hacia el texto literario. Esta práctica se puede concebir de dos maneras: por la admiración al autor que lo lleva a una imitación fiel (podría lindar con el plagio) o por señalar (irónicamente) los defectos en las que incurre el autor. 

“La ironía del pastiche es, pues, una ironía obtenida mediante el acrecentamiento de las particularidades estilísticas y la exageración de los juicios aceptados. Mediante la hipérbole, la ironía se apoya en un ejercicio de expansión (…) utiliza la antífrasis cuando, so pretexto de magnificar a un autor, lo que hace es mostrar sus defectos” (Schoentjes, 2003, p. 196-197).

La parodia es imitación de una obra, de un género, de un estilo, de un tema en forma de burla. A diferencia del pastiche, permite que la imitación que realiza sea adivinada. Cuando el autor logra transmitir esta exhibición de su dominio dentro de obras clásicas (aunque no siempre tiene que recurrir a cánones de la literatura), demuestra sus conocimientos sobre los demás. 

Don Quijote de la Mancha es una parodia a las novelas de caballería. “el término parodia se usa mucho hoy día para referirse a las ironías que tienen relación con la intertextualidad, desde la alusión concreta hasta la reescritura, pasando por las (seudo-)citas de longitud variable” (Schoentjes, 2003 p. 200), y siendo irónicos y congruentes con todo este apartado.

(Continúa en la siguiente entrega…)

Fotografía: cottonbro

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas. Actualmente cursa el Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Sobre el artículo:

Los textos de las serie corresponden al volumen <<La ironía, esencia de Juan José Arreola, con énfasis en La parábola del trueque>>.

Paso de fuego. Niños de la guerra. Jorge Abarca

Por Jorge Abarca*

 
Niños de la Guerra
 
En toda la amplitud de la llanura 
se abre el rencor a golpes de martillo, 
y se empuña el odio como un cuchillo 
en ese rostro lleno de amargura. 
 
En el drama que rompe la cordura
ay, la violencia jala del gatillo 
y el filo del encono en su colmillo, 
apunta al corazón de la locura. 
 
Como ráfaga, línea de metralla, 
profundo es el dolor en cuerpo abierto 
con que avanza en el campo de batalla. 
 
En un país distante al descubierto, 
como espectáculo en que el mundo calla:
tendida la inocencia como un muerto.       

Fotografía: Pixabay.

*Sobre el autor:

Jorge Abarca.

San Cristóbal de Las Casas; Chiapas. Egresado del Diplomado en Creación Literaria por El Espacio Cultural Jaime Sabines, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas 2009-2010. Miembro de la Organización Cultural “Abriendo Caminos: José Antonio Reyes Matamoros”. Ha sido antologado en Universo poético de Chiapas. Itinerario del siglo XXCONECULTA, Chiapas 2017Autor del libro La tragedia encendida de los hombres. Abriendo Caminos Editores, 2019.

**Sobre el poema:

«Niños de la guerra», poema de la colección La tragedia encendida de los hombres, Abriendo Caminos Editores 2019.

Voces ensortijadas. 20. La bandita radiofónica. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 20

La bandita radiofónica

Con  cariño y admiración 

a mis colegas  del equipo de Los Colores de la Voz

María Gabriela López Suárez

A lo largo de nuestra vida podemos tener una serie de encuentros y desencuentros con las personas que convivimos, sea en lo laboral, escolar, social, etc. Sin embargo, en esas experiencias sin duda, hallamos personas que se convierten en aliadas, con las que podemos contar cuando lo necesitemos, algo así como una bandita de colegas,amistades, cuates, familia que están en buenos y malos ratos.

Hoy quiero compartir un poco sobre esas personas. Cuando se tienen objetivos o proyectos en común, en el proceso de construcción o desarrollo de estos aflora la magia de lo creativo. Aunado a ello se suman el entusiasmo, la responsabilidad, el compromiso, la colaboración, el respeto, el cariño, la pasión o gusto por lo que se realiza. Todos estos elementos se vuelven ingredientes clave que hacen posible que surja una especie de alquimia. Y por ende, se tengan resultados con muchos aprendizajes y anécdotas que quedarán para la historia personal y profesional.

Justo esto ha sucedido con el equipo de compañeras y compañeros que colaboran en el espacio radiofónico universitario Los Colores de la Voz. Este espacio colectivo se transmite todos los jueves de 6 a 7 de la tarde por la estación XERA, Radio Uno, una de las radiodifusoras integrantes del Sistema Chiapaneco de Radio, Televisión y Cinematografía. En el tiempo que llevamos de cuarentena Los Colores de la Voz se ha mantenido al aire, con entusiasmo, compromiso de divulgar, informar, entretener y con la intención de poder contribuir con aportes que también eduquen a la población.Lo anterior no sería posible sin el ánimo de mis compañeras y compañeros del equipo de producción que se han mantenido entusiastas y firmes en la colaboración. Cada semana somos como una especie de engranaje sumando cada aporte desde nuestros hogares y con nuestras herramientas. Y a este esfuerzo se integran la de quienes con gusto han contribuido con lo más valioso,  compartir su palabra y materiales con los que han colaborado en las distintas emisiones. No ha sido una tarea fácil en estas 11 emisiones pregrabadas, cada una, cada uno tenemos distintas labores en esta cuarentena. Sin embargo,  como decimos en mi querido Tuxtla, llueve, truene o relampaguee el programa Los Colores de la Voz está para ustedes. Desde mi corazón muchas gracias a la bandita radiofónica. ¡Que vengan muchas emisiones más!

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Fotografía: Pixabay.