Casa de citas/ 805
Una avispa ciega en un castillo
Héctor Cortés Mandujano
En Del signo al discurso. Dimensiones de la poética, la política y la plástica (UAM Iztapalapa, 2005), Adrián Gimate-Welsh H., su autor, define a la retórica como (p. 68): “Un metalenguaje que tiene por objeto un discurso, es un discurso que habla sobre el discurso”.
También escribe que (p. 126): “Las palabras nuevas […] Jiménez Patón las define como ‘duras’, sólo se ablandan con el uso”.
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Como decía el autor de Ulysses:
“Cuando trabajo, me gusta oír en el entorno
el ruido de la vida”
Eduardo Lizalde,
en “Tigre a las brasas”
Releo El vino que no acaba. Antología poética (1966-2011), de Eduardo Lizalde, inscrito en el Programa Nacional Salas de Lectura (Vaso roto ediciones, 2012), con prólogo de Jenaro Talens y selección de Marco Antonio Campos.
Me lo topé de nuevo, abrí la primera página y me fui de frente. ¿Cómo desperdiciar la oportunidad de volver a leer a este gran poeta mexicano?
Para abrir La zorra enferma (malignidades, epigramas, incluso poemas), de 1974, cita en extenso a Vicente Huidobro (p. 68): “[…] y acaso como decía el otro día mi grande amigo Doriante,/ la inteligencia en su origen haya sido sólo/ una enfermedad del cerebro,/ una epidemia en una familia especial de orangutanes;/ a esa epidemia debemos todo el dolor de la vida,/ el desequilibrio constante de nuestra vida y/ ella ha sido sin duda/ la enfermedad más grave que ha sufrido el ser humano”.
Escribe Lizalde en “Carta urgente al creador del universo” (p. 73): “Afortunadamente, Dios,/ afortunadamente para ti,/ no existes./ Se te hubiera mezclado en este horrendo asunto,/ si existieras”.
Y en “Otra vez Monelle” explica (p. 79): “Dulces señoras,/ lo verdaderamente despreciable/ no es prostituirse/ sino prostituirse a medias./ […] Una puta es un hecho contundente/ y respetable,/ siempre que se sepa su oficio/ y sea profesional,/ y no se adorne/ con galas extranjeras a su especie”.
En el fragmento XVIII, de “Caza mayor” habla de sus compañeros de parranda. De Sabines, por ejemplo (p. 106): “Jaime, poeta, le decimos, oye,/ no dejaremos que nos hagan parque,/ como a Rosario tu paisana,/ sino cantina, piquera o bar,/ si quieren”.
Eduardo Elizalde fue parte del Partido Comunista y habla en “Para dar pie a los impolutos” de los distintos revolucionarios que en el mundo han sido. Dice al final (p. 129): “Hubo ángeles ignaros y mílites mediocres,/ criminales abstemios/ y vírgenes dispsómanas de la Revolución./ Hoy somos todos, o casi,/ calmos burócratas/ o simplemente borrachos”.
“Kinderland” es un recorrido de lo que aprendemos o no mientras vivimos (p. 157): “Nacemos dioses, pero tenemos que entenderlo,/ y el tiempo que tenemos para el largo aprendizaje/ no basta para el tránsito vital./ Somos dioses, en verdad,/ con algo más de tiempo para repensar el mundo./ ¿Cuántos árboles tontos que su propia madera/ no sabrían modelar, viven tres siglos?/ Hay lerdos elefantes centenarios,/ hubo reptiles con cerebro de mosca/ que partieron el pastel de sus quinientos”.
Todos escribimos poesía, dice en “Poetastros y poetísimos”; no todos fueron ungidos, no todos lo logran (p. 160): “Shakespeare mismo –no digamos Cervantes–,/ escribía de pronto versos espantosos,/ endecasílabos con pústulas,/ sólo para intentarlo, para tensar la cuerda,/ para probar el arma, para vocalizar,/ y a veces colocaba una flecha en blanco venturoso, sin querer,/ en diez, en veinte, en cien disparos fallidos”.
El bellísimo tigre mata nomás y come, cuando de eso se trata, dice Elizalde en “Tigre al espejo” (p. 174): “Un tigre bien nutrido es un museo,/ es la National Gallery del crimen,/ y su alma, tan diminuta como su consciencia,/ vive extraviada en la espelunca laberíntica/ de sus lodosas entrañas/ como una avispa ciega en un castillo”.
En su último poema, “Tintos”, escribe como en varios otros de la cantina (p. 200): “Todos somos grandiosos/ en la cantina/ -dijo el poeta inédito levantando/ su primera cuba libre de ron blanco”.
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Agatha Christie cita con soltura, en su novela policiaca El asesinato de Roger Ackroyd (Planeta DeAgostini, 2022, traducida por G. Bernard de Ferrer), publicada originalmente en 1926, a varios autores. Lo escribo porque a veces se le trata como si fuera una nadaquéverienta, y no lo es, no lo fue. Cito tres ejemplos.
Caroline, hermana del médico narrador, quien auxilia al célebre detective Hércules Poirot en sus investigaciones, es muy chismosa. Sugiere que pudiera utilizar algo dicho por Kipling, en Riki-Tiki-Tavi (p. 10): “El lema de la familia mangosta, según Rudyard Kipling, es: ‘Ve y entérate’ ”.
Habla de los coleccionistas, que pagan fortunas por objetos que usó alguna persona famosa (p. 37): “Eso de dar tanta importancia a algo porque alguien lo ha llevado me parece una tontería. La pluma que George Eliot usó para escribir El molino del Floss no es más que una pluma vulgar”.
El famosísimo Sherlock Holmes, de Arthur Conan Doyle, tiene como ayudante a un médico, Watson, quien escribe las historias. Dice el ayudante improvisado de Poirot (p. 149): “Como he dicho, mi relato hasta el lunes al atardecer pudo ser el de Poirot en persona. Él era Sherlock Holmes y yo el Dr. Watson”.
Contactos: hectorcortesm@gmail.com

*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.
Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com


















