Polvo del camino. 349. Dejar de volar. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 349

Dejar de volar
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

Descubrí que podía volar a los cincuenta años, una edad sin pedigrí literario, y no muy alto. En las ciudades, por ejemplo, apenas rebasaba la altura de los coches y cuando venía en dirección a mí un tráiler o un camión, tenía que hacerme a un lado.
La otra cuestión es que mi vuelo no era tan rápido. Una vez, como mero ejercicio, traté de alcanzar a un zopilote que andaba volando bajo, y no pude.
Pero volaba, algo inusual para todos los demás humanos.
Me volví una especie de celebridad y cobraba para que la gente me viera en acción. Hice videos, películas e inspiré cómics, libros gráficos y novelas.
Pasé de moda rápidamente, porque mi único chiste era volar y me negué a hacer las payasadas que me sugerían para tener más público o cobrar más.
Un día recibí la llamada de un hombre, lo llamaré Pablo, quien me dijo que quería ofrecerme un negocio.
—Si es para volar, no me interesa –le dije.
—Es para lo contrario. ¿Por qué no nos vemos y le explico?
Quedamos de vernos en un lugar extraño para los negocios: el campo, cerca de una cascada y de un cerro desgajado.
—Yo vivo por allí –me dijo.
Fui. El hombre era escaso en carnes, de pequeña estatura y unos ojos de maldad tremenda. No se anduvo con vueltas y me enseñó una bolsa de cuero de donde extrajo un objeto negro.
—Es un espejo prehispánico –me explicó–, se lo comprarán en varios millones. Es una joya extrañísima y muy valiosa.
—¿Y por qué no la ha vendido?
—Se la doy a usted –me dijo, evitando la respuesta– a cambio de su don de volar.
—No sabría cómo hacer para que usted volara y yo dejara de hacerlo.
—No se preocupe, yo conozco la fórmula mágica. Mire, con la venta de este espejo usted se olvidará de trabajar por mucho tiempo. Si lo invierte en negocios, puede volverse millonario…
Tomé el objeto y ese momento oímos un ruido horrísono. Un enorme árbol seco empezó a caer cerca de nosotros, no tanto como para alcanzarnos.
Vimos el espectáculo. Un gigante parecía gritar mientras caía. Se estrelló rompiendo todo lo que encontraba a su paso.
De una de las ramas salió, a gran velocidad, como si fuera una alargada piedra, un fragmento de rama. Se estrelló en la sien de Pablo, quien cayó fulminado.
Me acuclillé. Le tomé el pulso en las muñecas, la garganta, la sien que le quedó como tamal, el corazón… Nada.
Estaba muerto, era evidente.
Me puse en pie. Vi hacia todos lados. Dudé.
Me incliné de nuevo y tomé la bolsita de cuero. Metí el espejo y me fui volando de allí.


Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Casa de citas. 811. Masticar el caldo. Héctor Cortés Mandujano

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Casa de citas/ 811

Masticar el caldo
Héctor Cortés Mandujano

Se sentían unidos por aquella cosa inefable y sin amos que es la vida

Salvador Satta,
en El día del juicio

Salvador Satta (1902-1976), italiano, fue un jurista reconocido en su país. Hacia el final de su vida escribió la novela El día del juicio, que, publicada póstumamente, ganó premios y lectores. Yo supe de ella por la recomendación que George Steiner, uno de mis ensayistas de cabecera, hizo en uno de los varios libros suyos que he leído.
El día del juicio (Anagrama, 1983), de Salvador Satta, con traducción de Joaquín Jordá y prólogo de Steiner, habla del matrimonio y sus incomprensiones, que se agudizan en la vejez; de cómo la madre es el amor en el hogar y el padre la lejanía y la provisión; de la incomprensión humana entre personas que están unidas por la sangre y la misma historia...
La historia se centra en los Sanna, quienes viven en Cerdeña. Hablan también de otras personas (p. 24): “Don Gabriele Mannu, como todos los Mannu, era rico y vivía en la miseria; pero había estado en Roma, había estudiado y había vuelto ingeniero a un pueblo donde desde hacía cien años no se levantaba una casa”.
Las personas desaparecen, también los objetos (p. 25): “Una lámpara como aquella valdría hoy quién sabe cuánto, pero los Sanna, con su maldito instinto de disolución, no han dejado la menor huella de su pasado. La muerte es eterna y efímera en Cerdeña no sólo para los hombres sino también para las cosas”.
Don Sebastiano Sanna, protagonista, tiene sus ideas (p. 75): “Todas esas cosas que se escriben sobre los padres y sobre los hijos, todos esos dramas, son para mí literatura, y la famosa pedagogía es una paternidad en frío, y nada más. Cada cual es padre de sí mismo e hijo de sí mismo, esa es mi idea”.
Los hijos crecen y comienzan a juzgar a su padre, don Sebastiano, a no estar de acuerdo con él (p. 159): “¿Qué sabían ellos de la vida, de esta invisible tela de araña en la cual uno cae como una mosca, y no hace más que agitarse para escapar a la araña que corre desde el centro donde está en acecho?”.
Me encantó esta frase (p. 195): “Don Sebastiano, en la mesa, masticaba el caldo, como él decía a los hijos cuando eran lentos en comer”.
Don Sebastiano (p. 218) “tenía, en 1914, sesenta y cuatro años, que en aquella época eran muchos, pero los llevaba perfectamente”.

***

Leo Reflexiones literarias (Gobierno del Estado de México, 2006), de Giacomo Leopardi, con traducción de Guillermo Fernández, que (p. 53) “Leopardi comenzó a llevar a partir del año 1817”.
Dice (p. 95): “Por darle gusto a los críticos, se escribe: 1. Con temor, cosa mortífera. 2. Se buscan cosas insólitas, finezas, humor, mil bagatelas”.
Escribe (p. 225): “El entusiasmo y la inspiración, esenciales para la poesía, no son cosa perdurables. Tampoco duran mucho en quien lee”.

***

Si yo le dijera: mate a ese hombre, ¿lo haría?

Polina a su enamorado,
en El Jugador,
de Dostoyevski

El narrador en El jugador, apuntes de un joven (Ediciones Destino, 1993), de Dostoyevski, con traducción de Ángel C. Tomás, lamentablemente uno de los poquísimos libros que me quedaban por leer de la ingente cantidad que escribió este ruso genial, está enamorado sin esperanzas de Polina y se lo confiesa (p. 52): “¿Y por qué se enfada conmigo? ¿Por el hecho de llamarme esclavo? ¡Aprovéchese de mi esclavitud, aprovéchese! ¿Sabe que un día u otro la he de matar? Pero no la mataré por celos o porque haya dejado de amarla, sino, simplemente, porque a veces siento deseos de comérmela”.
Le sigue diciendo (p. 53): “Sabe usted, además, que es peligroso que paseemos juntos: experimento muchas veces deseos de golpearla, de mutilarla, de estrangularla. ¿Cree usted que no llegaría a tanto? Me pone a veces en estado febril. [...] La amo sin esperanza alguna y sé que después de eso la amaré mil veces más. Si la mato algún día, tendré que matarme yo también; tardaré en hacerlo cuanto pueda para sentir ese dolor insoportable de su ausencia”.

***

En la revista Tierra Adentro 99 (agosto-septiembre, 1999), dedicada a revisar vida y obra de Jaime Sabines (1926-1999), Claudio Isaac escribe un texto donde expone varios trapitos sucios del poeta y su hermano Juan, aunque ello esté envuelto en una crónica bien contada: “Esperando a Jaime Sabines. Historia de una filmación”.
No hablaré de lo de Jaime, porque me llamó más la atención lo que narra de Juan (p. 52): “recuerdo una mañana en que Jaime y yo nos vimos en una cantina con Juan, que llevaba días sin dormir, atormentado. Había baleado la fachada de la casa de su querida después de haber ganado en el Hipódromo. Sus actos descabellados obedecían a la lógica de ‘afortunado en el juego, desdichado en amores’. Si su caballo favorito entraba en primer lugar, sin duda su amante la estaba engañando”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

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Fotografía: Yunus Tuğ: https://www.pexels.com/photo/cozy-antique-shop-with-vintage-collectibles-33630610/




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 348. Ahora les toca a ustedes/ VIII. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 348
Ahora les toca a ustedes/ VIII
Héctor Cortés Mandujano

[Escojo lo que creo puede resultar interesante de lo que me mandan. Esto es un resumen y una antología. Ustedes hablan aquí...]

Abril de 2025

Sobre el libro Chiapas, las tareas de Sísifo, que coescribí con Jorge López Arévalo y Óscar Alejandro Figueroa Gutiérrez, escribió Hilda María Jiménez Acevedo el siguiente texto, del cual hice este resumen:

Agradezco la invitación de Héctor Cortés Mandujano y de Jorge López Arévalo para comentar su más reciente publicación Chiapas las tareas de Sísifo, que comparten en coautoría con Óscar Alejandro Figueroa Gutiérrez. Una combinación diferente: un prolífico escritor de novelas, ensayos, cuentos, obras de teatro; un economista científico reconocido y crítico muy conocedor de la realidad chiapaneca, y un académico, Óscar Alejandro, vinculado con el sector empresarial.
La lectura del libro se hace fácil, porque tiene un lenguaje sencillo y claro, con datos muy puntuales, muy contundentes, y además presenta algunas propuestas muy concretas.
Sísifo, según la mitología griega, recibió como castigo la tarea de empujar una piedra hasta la cima de una montaña. Cuando estaba a punto de llegar a lo alto, la piedra rodaba hacia abajo y tenía que volver a empezar la tarea de subirla nuevamente, y así una y otra vez.
El símil que hacen los autores con Sísifo es que, en Chiapas, gobernador tras gobernador se suceden en la tarea de resolver los problemas del estado prometiendo llevarlo hasta la cima y dejar de estar en los últimos lugares; al final dicen que avanzamos, pero la realidad muestra que seguimos igual, hasta abajo. Así llega otro y otro a seguir con la tarea de Sísifo. “Cada sexenio se vuelve a empezar de cero partiendo del penúltimo o último lugar en casi todo”, dicen.
El libro muestra aspectos y datos contundentes de la realidad socioeconómica de Chiapas, pone el dedo en la llaga “sin condescendencias”. Hace algunas preguntas y presenta algunos proyectos viables, con la intensión de romper el castigo y concluir por fin la tarea de Sísifo, con la esperanza de que los gobernadores ya no sean un Sísifo más. Chiapas tiene el potencial y los recursos con los cuales transformar su triste situación que injustamente lo caracterizan y que determinan condiciones injustas de desigualdad, pobreza y marginación para la población.
Se reconoce que si bien la federación tiene una deuda por la explotación y uso de sus principales recursos (agua y gas natural) determinados como federales, que el estado no puede usar en su beneficio, los gobernantes no han luchado y no han tenido la voluntad firme de cambiar las condiciones de los decretos por unos más justos.
En el libro se observan las visiones de un economista académico y otras del sector empresarial. Se aprecia que para entender el crecimiento/decrecimiento económico de Chiapas hace falta considerar múltiples dimensiones y funciones que están interconectadas (la espacial, la temporal, la social, la económica, la financiera, la ecológica, la política, la institucional y, sin duda, la ética). Chiapas es un sistema integrado, articulado, complejo y dinámico, que como tal debe ser comprendido y considerado si se quiere avanzar hacia un desarrollo que sea sostenible, teniendo como objetivos centrales el desarrollo humano y social para mejorar las condiciones, el nivel y la calidad de vida de manera equitativa y equilibrada de la población. [...]
[...] El libro induce a reflexionar sobre la necesidad de una ruptura cualitativa de valores, principios, premisas, modelos y paradigmas asentados, que no han funcionado, para buscar un cambio de orientación y otras maneras de hacer las cosas aprovechando sus recursos y potencialidades. Ya basta de que, como dice Jorge, “muchas cosas lleguen tarde a Chiapas o nunca lleguen”. [...]


Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Casa de citas. 810. El fui y el seré me ponen tristes. Héctor Cortés Mandujano

Photo by Daniel Nava: https://www.pexels.com/photo/manos-graficas-27554443/


Casa de citas/ 810

El fui y el seré me ponen tristes
Héctor Cortés Mandujano

En la colección Autores selectos (Editorial Tomo, 2009), leo seis libros de Aldous Huxley (1894-1963): Los escándalos de Crome, El sombrero mexicano, El pequeño Arquímedes, Un mundo feliz, Nueva visita a Un mundo feliz, y El genio y la diosa.
En Los escándalos de Crome (1921) se reúnen varios personajes en una finca. Conversan. Dice Dionisio (p. 30): “La vida, los hechos, las cosas resultan horriblemente complicadas; y las ideas, hasta las más dificultosas, engañosamente sencillas. En el mundo de las ideas todo resulta claro; en la vida real, todo es oscuro y embrollado”.
Mientras termina su vaso de oporto y se sirve otro, Mr. Scogan dice (p. 85): “En este preciso momento, los más espeluznantes horrores se están produciendo por todos los rincones del mundo. Las gentes son aplastadas, acuchilladas, descuartizadas, mutiladas; sus cadáveres se pudren y sus ojos se corrompen con todo lo demás. Alaridos de dolor y de espanto vibran por los aires a una velocidad de mil cien pies por segundo. Después de haber viajado así durante tres segundos, se hacen completamente imperceptibles. Estos hechos son muy angustiosos, pero ¿dejamos por ello de disfrutar la vida? La mayoría de nosotros, no”.
Dice Dionisio, de nuevo, al hablar de literatura (p. 112): “Esa es la piedra de toque del temperamento literario; la sensación de magia, el sentimiento de que las palabras tienen un poder. La parte verbal, técnica, de la literatura es sencillamente una extensión de la magia. Las palabras son la invención primera y más grandiosa del hombre. [...] Con palabras justas y armoniosas los magos hacían salir sus conejos de los sombreros vacíos y espíritus de los elementos. Sus descendientes, los literatos, continúan todavía el proceso ensamblando sus fórmulas verbales y temblando de gozo y temor ante el poder del encanto producido”.
Dionisio toma un libro que tiene una advertencia: “Privado. No abrirlo”. Eso le hace recordar lo que escribían en la preparatoria (p. 124): “Negro es el cuervo, negra la corneja, pero más negro todavía el ladrón que roba este libro”.
Una bruja lee la mano a una muchacha y le dice, con precisión, dónde y cuándo se hallará un hombre, con características muy específicas (ni muy guapo, ni muy joven), p. 139: “Él le preguntará: ‘¿Podría usted indicarme el camino del Paraíso?’, y usted le contestará: ‘Sí, yo se lo mostraré’, y se irá usted con él hacia el bosquecillo de avellanos. Lo que no puedo descifrar bien es lo que sucederá después.
“Hubo un silencio.
“—Pero ¿eso es de veras? –preguntó la blanca figura.
“La bruja se encogió de hombros.
“—Yo me limito a decirle a usted lo que leo en su mano. Buenas tardes. Son seis peniques.”

Salvo en el título, El sombrero mexicano (1924) sólo alude al país, porque uno de los personajes compra un sombrero aquí. En El pequeño Arquímedes (1924) una pareja de vacaciones en Italia conoce al niño protagonista, Guido, que es muy inteligente (p. 194): “era tan precoz, sensato y juicioso como suelen serlo los hijos de familias pobres, quienes han de bastarse a sí mismos desde que aprenden a andar”.

Vuelvo a leer Un mundo feliz (1932), el más famoso de los libros de Huxley, esa historia distópica. En una demostración de cómo se educan a los niños, se les muestran flores y libros y cuando los niños quieren tocarlos, sufren una descarga eléctrica (p. 231): “Han sido vacunados contra los libros y la botánica para toda la vida”. No se necesitan seres a quienes la belleza parezca necesaria. La sensibilidad puede ser peligrosa.
Los padres ya no cuidan a sus hijos, lo hace el Estado. No se permiten las reproducciones vivíparas, los niños nacen en laboratorios.
Conversa el Salvaje con el Interventor (p. 358):
“—[...] todo eso son idioteces. Escribir cuando no se tiene nada que decir.
“—Precisamente. Pero ello exige un genio enorme.”
Una frase del Interventor (p. 362): “La felicidad es un patrón muy duro”. (El título de esta columna está tomado de esta novela.)

En Nueva visita a Un mundo feliz (1958), el autor revisa ensayísticamente cuanto de lo que planteó en su novela ya se ha vuelto realidad. Concluye (p. 470): “Tal vez las fuerzas que amenazan actualmente a la libertad son demasiado fuertes para ser resistidas por mucho tiempo. Sin embargo, tenemos el deber de hacer cuanto podamos para resistirlas”.

El genio y la diosa (1958), la última novela de esta compilación, vuelve al principio: un grupo de personas que conversan. Empieza con un diálogo justamente (p. 473): “Lo fastidioso en la novela –dijo John Rivers–, es que tiene sentido. La realidad nunca lo tiene”.
Rivers de nuevo (p. 484): “Los niños necesitan la muerte para sentir una nueva emoción, repugnantemente deliciosa. [...] ¿No recuerda qué agudas eran sus sensaciones de niño, qué intensamente lo sentía todo? El deleite de las fresas y la crema, el horror del pescado, el infierno del aceite de ricino... ¡Y la tortura de tener que levantarse y recitar delante de toda la clase!”.
Comentan sobre los cuentos de Poe donde se entierran a gente viva. Dice el personaje (p. 487): “Por eso aconsejan que se ponga en el testamento: no me entierren sin haber tocado las plantas de mis pies con un hierro al rojo. Si no nos despertamos, todo está en regla y pueden seguir con el entierro”.
Ahora le toca a Henry James el análisis, a la pulcritud de sus criaturas (p. 492): “Y las damas y los caballeros de las novelas de Henry James: ¿eran seres que podían decidirse alguna vez a ir al retrete?”.
Uno de los personajes cita a Blake (p. 525): “Lo que siempre se muestra en la ramera/ la expresión del deseo satisfecho,/ nuestra esposa mostrárnoslo debiera”.
Hace una alusión al Hamlet de Shakespeare para justificar el remate de un diálogo (p. 526): “ ‘¿Qué leéis, mi señor?’ ‘Palabras, palabras, palabras’ Y ¿qué es una palabra? Respuesta: Cadáveres, cadáveres, cadáveres”.

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Fotografía: Daniel Nava: https://www.pexels.com/photo/manos-graficas-27554443/




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 347. El recuerdo como hoja al viento. Héctor Cortés Mandujano

La ilustración es de Camilo Herrera Cortés.

 Polvo del camino/ 347

El recuerdo como hoja al viento
Héctor Cortés Mandujano

Las niñas y los niños de esta breve colección de apuntes tienen mala ortografía, aunque cursen el sexto de primaria.
Olvidemos eso y centrémonos en lo que dicen: Evocan pérdidas.
Los abuelos y los perros compiten por el primer lugar, aunque también aparece, por ejemplo, un boleto al concierto de Luis Miguel como dolor latente.
La niñez, se ha dicho mucho, es un presente continuo.
El pasado es breve y el futuro, inconmensurable.
Lo que importa es el juego del instante y lo demás, lo que va pasando, se arrumba en un depósito abstracto que más tarde descubriremos se llama recuerdo.
Sin embargo, aquí niñas y niños cuentan qué perdieron y qué sienten por eso.
Todavía están empezando en este almacén de vida donde no siempre se gana y en donde, por suerte, también existe el olvido.
La vida es ávida y desmemoriada, dice Roa Bastos, y esa es siempre una esperanza.
A ver cuánto permanece en sus corazones esto que ahora les ha dolido: tal vez lo que le dura al viento la hojita que cae del árbol. Ojalá.

[Presentación del breve libro Cosas pérdidas, publica por Tifón, 2024]

***

Agosto de 2026. Dos correos recientes y un préstamo. 1). Me escribió Carlos Valentín Barreto, realizador argentino, quien me propuso hacer un Book Trailer cinematográfico de mi texto “Los contravenenos del día” (Polvo del camino 343 y 344). Me dice, entre otras cosas: “La premisa en potentísima: un escritor que descubre que su esposa es una poderosa narcotraficante. Hay tensión, secreto, riesgo, contraste y una pregunta inmediata que puede atrapar a cualquier lector”. Su trabajo espléndido puede verse en Valentín Barreto Audiovisual. Book Trailers & Producciones Audiovisuales. Muy agradecido con la propuesta.
2). Juan Carlos Rodríguez Barreño, de España, me envió, en Epub, su libro La inteligencia nunca estuvo sola, que surgió de una pregunta: “¿Qué parte de nuestro pensamiento estamos dejando de ejercer desde que empezamos a pensar con la IA?”. Uno de sus alumnos (Juan Carlos enseña matemáticas, física y química en un colegio de Madrid) sembró la duda que ahora es un libro a la venta en Amazon. Muchas gracias por el envío. Lo comentaré en alguna columna posterior.
3). Mi amiga Damaris Disner me dio en préstamo Chu’lelal (Gobierno de México, 2024), de Cristina Patishtán López (Chamula, Chiapas, 1993), un libro bilingüe, tsotsil y español, de esta certera y joven narradora. Los seis cuentos que integran el volumen muestran a una autora solvente y dueña de eficaces recursos narrativos. Como objeto, el libro es también muy lindo y las ilustraciones de Katia González (Tsebal Chon) me encantaron. Muy recomendable.
El mundo es una aldea global. Gracias por leerme desde donde estés. Un abrazo.
La ilustración es de Camilo Herrera Cortés.
La ilustración es de Camilo Herrera Cortés.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Casa de citas. 809. Rumbo a la gran novela. Héctor Cortés Mandujano

Photo by Edgar Rodrigo: https://www.pexels.com/photo/tuxtla-gutierrez-cathedral-16757182/


Rumbo a la gran novela
(Notas sobre tres novelas de Ney Antonio Salinas)
Héctor Cortés Mandujano

Conversé en una cafetería con Ney Antonio Salinas, por primera vez. Antes nos habíamos visto en una mesa redonda sobre la novela negra en Chiapas. Y antes, me cuenta, hace años, platicamos por mail.
Ya me había dicho del aprecio que tiene sobre mi novela Aún corre sangre por las avenidas. En nuestra conversación fue más específico: la tiene a mano siempre, fue tal vez el primero o el segundo en comprar un libro de la primera edición y ha comprado después varios ejemplares. Ve esa novela escrita por mí como un logro literario.
Leo Sombras de la avenida (Coneculta Chiapas, 2020), de Ney, y descubro puntos de contacto con aquella mía. La más obvia es la palabra “avenida” en el título, luego que es una novela sobre el crimen y, finalmente, que la acción trascurre en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.
Pero es la de Ney una novela original, singular.
Me parece una apuesta riesgosa que empiece con tantas reflexiones de un personaje que no conocemos. El narrador discurre sobre la noche y la pobreza, la rebelión, el amor por una prostituta, Tuxtla… Siguen cartas de amor numeradas, lo que hace suponer un macizo de ellas. No es el arranque de una novela que siga el canon.
Nos enteramos después que quien nos habla es un ingeniero, que fue excelente estudiante y ahora es velador; también intentó la poesía en un taller, donde fue rechazado, como fueron rechazadas sus cartas. Le escribe a Fabiola. [Un personaje muy similar a éste, ingeniero, sin trabajo, pobre y odiador, aparece estelarmente en otra novela de Ney; también aparece un hombre con machete, una maleta llena de dinero y la novela termina entre corchetes: Soledades concurridas, Pinos Alados, 2024]
No entramos aun al quid de la historia, porque lo que sigue es información varia y genérica entre corchetes [p. 39: “¿Qué sería de las veintidós personas de apellido Hitler que aparecían en el directorio de Nueva York antes de la Segunda Guerra Mundial y que al terminar ésta no figuraban?”]. También hubo y hay barruntos de lenguaje chiapaneco, que no siempre parecen apropiados.
Llegamos a los capítulos donde ya aparecen tres personajes principales: Max, Fabiola, Amanda. Sus vidas están enlazadas y son incluso vecinos. Se cuenta, intermitentemente, sobre ellos, del pasado al presente, con una resolución ambigua: un grito y una persona con un machete, un asesinato.
Pareciera una novela divagante. Y no es.
Con Max, Fabiola y Amanda como protagonistas capitulares, la novela empieza a esclarecer la inicial lobreguez.
El personaje llamado Él pone en la mesa todas las piezas del ajedrez. Se llama Flores Nathanael del Carpio. Dio dinero, amor y vida para que Fabiola saliera adelante. Ella después se casó con Max, quien tuvo amoríos antes con Amanda. Nathanael quedó en la miseria, Fabiola se volvió rica.
Nathanael conoce a Armando Chávez, ingeniero, poeta y velador, que es quien inicia con largas reflexiones la novela. Es velador en un almacén de Max y está enamorado de Fabiola.
Armando se enreda cada vez en sí mismo. Se vuelve parachico y pide limosna, aunque es millonario (por un robo lento y continuado en el almacén). Es el hombre del machete que mata a la mamá de Amanda. Y sigue matando…
La novela termina con datos varios, escritos ente corchetes.

He leído tres novelas de Ney: Sombras de la avenida, Soledades concurridas y Sino de Lestrigón. Es notorio el cambio en los títulos: el primero es descriptivo, el segundo es un oxímoron que, como tal, une dos conceptos contrarios, y el tercero es una alusión a la mitología griega.
Las tramas no cambian mucho, ni los procedimientos. Las tres novelas tienen como tema central un crimen (aunque ocurren varios en cada una) y un espacio físico: Tuxtla Gutiérrez. Los personajes son muy parecidos: estudiantes de excelencia, que viven vidas paupérrimas, hasta que se convierten en una suerte de vengadores de su propio destino, que son conocedores de cierto tipo de música (ópera y jazz en Soledades concurridas), leen a autores muy específicos (Thomas Pynchon, por ejemplo) y escriben poesía (Sino de Lestrigón tiene un capítulo de poemas) o cartas amoroso-poéticas (en Sombras de la avenida, el personaje fue expulsado, decíamos, de un taller de poesía).
[No conozco tanto a Ney como para afirmar que los tics culturales de sus personajes son los suyos, pero a veces esas tipicidades estorban un poco a la verosimilitud, como lo hacen también los nombres de sus héroes y antihéroes que suenan a juegos gratuitos.]
Los cortes abruptos de una historia a otra en Sombras de la avenida, se repiten de manera más tajante en Soledades concurridas (Sino de Lestrigón es más convencional en su arquitectura: hay un lago flashback, de presentación, y luego un trascurrir sin cortes) y hay en las tres algo que Kundera, en El arte de la novela, no recomienda: la reunión de personajes disímbolos en un mismo lugar, es decir, la venta del Quijote adonde llegan personajes que no podrían juntarse más que como una necesidad del autor de ponerlos allí, en contra de la lógica de la vida real, para que la escena que tiene en mente suceda. En las novelas de Ney esas casualidades se dan con frecuencia.
Creo que Ney encontrará el camino para convertir lo que de momento parecen (no que lo sean) tropiezos narrativos en aciertos novelísticos. No es fácil escribir una novela, y mucho menos cuatro, como lo ha hecho él. Tampoco es usual que alguien –en Chiapas, digo– se proponga y haga una saga sobre un mismo tema en un mismo lugar.
Hay páginas en el inicio de Sino de Lestrigón que me gustan mucho: aunque creo que en ellas hay un exceso de exabruptos (mentadas de madre y demás), al mismo tiempo la escritura de Ney, aquí y allá, vuela alto.
No me gusta la exaltación de lo lumpen (casi como sinónimo de bondad herida que se transforma en venganza) ni la justificación de lo criminal, a partir de la manida idea de “Los motivos del lobo”. Creo que Ney debe dar un paso adelante de ello.
Emmanuel Carballo dice con claridad algo que yo he entendido desde hace mucho: los lectores en este país pertenecemos a la pequeña burguesía, los que editan libros también y los escritores somos absolutamente pequeños burgueses. Nos guste o no. Si no, estaríamos trabajando de albañiles o de meseros o de asesinos o de narcotraficantes, en lugar de estar oyendo música exquisita o leyendo libros inmensos o escribiendo poemas, obras de teatro, cuentos y novelas. No se trata de defender nuestra causa, si es que la hay, ni atacar a los otros estamentos sociales, pero sí tener claro que Crimen y castigo, Macbeth, El ruido y la furia, y los mil libros que han atravesado épocas, no son importantes y trascendentales porque se refieran a una clase social, sino porque ante todo y sobre todo, como todo el arte que vale la pena, hablan de seres humanos, no importa cuánta fortuna material tengan o de cuánta carezcan. Ser campesino o señor feudal, en la literatura, es nomás un punto de partida. Lo que hagas con ello es lo que será o no una muesca en la historia del lector.
Ney, me parece, es un escritor que ha empezado a caminar, está caminando y puede llegar a la gran novela. Espero que así sea.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Photo by Edgar  Rodrigo: https://www.pexels.com/photo/tuxtla-gutierrez-cathedral-16757182/
Fotografía: Edgar Rodrigo: https://www.pexels.com/photo/tuxtla-gutierrez-cathedral-16757182/




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 346. Anochecer. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 346

Lo que hubiera quedado en el tintero/ V

Anochecer
Héctor Cortés Mandujano

Mi amigo y yo conversábamos, en Tuxtla Gutiérrez, en la sala de su casa. Fue atardeciendo y la noche llegó. Ni él ni yo nos levantamos para encender la luz. Mi mujer y la suya se oían conversando animadas en otra parte de la casa; con las luces encendidas, claro.
Hubo un momento de silencio en nuestra charla y yo recordé que, cuando niño, varias veces caminé en la oscuridad de los pasillos, del corredor, de las estancias de El Ciprés, la finca donde nací.
También en los campos pude verme caminar por los potreros mientras salía la luna y me ayudaba a mirar la vaca echada, el toro moviendo la cola, los caballos comiendo pasto, los árboles vueltos bultos, las sombras de los cerros...
Tal vez mis recuerdos más sentidos parecen sueños.
Dos que vuelven cada tanto a mi memoria tienen que ver conmigo y un caballo que, supongo, no era el mismo.
Uno. Vengo de Nuevo México, el pueblo cercano. Me mandaron a comprar cosas. El camino carretero, tan familiar en el día, se vuelve misterioso con tantos ruidos que inducen a la sospecha: algo o alguien camina o repta sobre las hojas secas de la orilla: ¿una serpiente, una persona, un perro perdido, un espanto?
Aunque haya luna, los árboles vuelven oscuro todo. El caballo resopla, bufa cada tanto. Alcanzo a notar como sus orejas van hacia adelante o hacia atrás, como tratando de desentrañar los lenguajes del coro de grillos y cigarras que nos acompañan o simplemente poniendo atención a lo que pueda pasar: para reparar, tirar a su jinete y salir corriendo. Resuenan sus cascos en el camino, como si tuviera expansores de sonidos en sus patas. Yo vengo callado, también atento, medroso.
Llegamos al arroyo de la finca, que sale al camino del pueblo. La luna está untada a la superficie líquida y se mueve según los caprichos del agua. El caballo se detiene a beber. Subimos un poco y no falta mucho para ver la blanca construcción donde me sentiré seguro, aunque la única luz que habrá será la de un quinqué o la del fogón. De allí soy.
Dos. En otra ocasión voy por los caminos de otro rancho, San Antonio, donde nació mi mamá. Lo conozco menos y es más imprevisible. ¿Por qué ando solo en el campo, montado en este caballo? No lo sé.
Buena parte del camino es hondo y lo que me queda a ras del rostro es el suelo de arriba, los troncos de los árboles y, obvio, los animales nocturnos, que siento me pueden brincar a la cara. No ocurre, pero esa experiencia que se repitió no sé si muchas veces me quedó tan presente, que la sueño con frecuencia.
Mis pensamientos duran unos segundos.
Mi amigo se levanta y enciende la luz.
Mi niñez, la noche, mis miedos, los caballos desaparecen...

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Casa de citas. 808. Una lengua de lava. Héctor Cortés Mandujano

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Casa de citas/ 808

Una lengua de lava
Héctor Cortés Mandujano

Mi amiga Paty Baustista me dio en préstamo Océano de néctar. La verdadera naturaleza de todos los fenómenos (Editorial Tharpa, 2019), de Gueshe Kelsang Gyatso, de quien ya he comentado, en Casa de citas anteriores, varios libros.
Como en otros, habla en éste de temas básicos para el budismo moderno. A veces sus enseñanzas surgen de historias. Dice (p. 15): “Hay una historia acerca de un Realizador Solitario que fue a un cementerio y vio unos restos óseos humanos. Entonces, se preguntó: ‘¿De dónde proceden estos huesos?, y comprendió que de la muerte. Luego se preguntó: ‘¿De dónde viene la muerte?’, y reconoció que su causa es el nacimiento. Siguió reflexionando y se dio cuenta de que el nacimiento está causado por la existencia, el décimo vínculo de la relación dependiente, ésta por el aferramiento, éste por el ansia, y así hasta llegar a la causa raíz, la ignorancia. De este modo comprendió que para escapar del samsara, el ciclo de los doce vínculos de la relación dependiente, debía abandonar la ignorancia. Además, comprendió que puesto que los huesos dependen de la muerte, esta del nacimiento, etcétera, todo ello carece de vida inherente. De esta manera comprendió la vacuidad”.
Dice (p. 28): "Debido a su intenso sentido del yo y mío, los seres sintientes sienten apego por aquello que les agrada y odio por lo que les desagrada. Estas dos mentes, a su vez, dan lugar a todas las demás perturbaciones mentales, como la avaricia, los celos y el orgullo. Bajo la influencia de estos engaños, los seres sintientes crean el karma que les hace renacer en el samsara y experimentar sufrimiento”.
El samsara puede comprenderse de dos maneras (p. 692): “como el ciclo ininterrumpido de renacimientos sin control ni elección o como los agregados contaminados del ser que renace en este ciclo”.
¿Por qué debemos practicar la compasión? (p. 29): “Sea cual sea su posición social, nacionalidad o género, todos los seres sintientes tienen que sufrir sin elección. Cada renacimiento que obtienen termina de manera inevitable con una muerte sin control. Por muy alto que lleguen en una vida, finalmente tendrán que caer en estados inferiores. […] La crueldad del samsara es tal que en todas estas circunstancias los seres sintientes carecen por completo de elección”. Por eso debemos compadecerlos.
Cita Gheshe (p. 152): “Yhe Tsongkhapa dijo que hay dos obstáculos para alcanzar la liberación: la muerte y la ignorancia”.
Habla sobre el origen del mundo (p. 196): “El mundo entero surgió como resultado del karma y el karma surge de la mente; por lo tanto, la verdadera creadora de este mundo es la mente”. Insiste más adelante (p. 315): “Todos los fenómenos sin excepción son creados por la mente porque todos son designados por la mente conceptual. Ningún fenómeno existe por su propio lado”. [Karma significa acción (p. 687): “Las acciones virtuosas producen como resultado felicidad, y las perjudiciales, sufrimiento”.]
La mejor virtud es la paciencia, ha repetido Gueshe en sus libros; aquí lo dice con palabras poéticas (p. 540): “De la paciencia proceden la belleza, la cercanía a los seres sagrados y la destreza para saber lo que es apropiado y lo que no lo es; y después de ello, nacer como un ser humano o un dios y la erradicación de las faltas”.
La gente común creer tener un yo, ser un yo. No es así, dice Gueshe (p. 570): “La forma no es el yo, el yo no posee forma, el yo no está en la forma, ni la forma en el yo”.
Dice (p. 582): “La sabiduría se define como ‘aquello que carece de apego’”. ¿Qué es el apego? Está definido en el glosario de términos (p. 680): “Factor mental perturbador que observa un objeto contaminado, lo considera como una causa de felicidad y lo desea”.

***

En Yo te bendigo, vida. Amado Nervo: crónica de vida y obra (Gobierno de Nayarit el al, 2002), de Carlos Monsiváis, por un asunto de confrontar posiciones poéticas cita un fragmento de José Martí, que siempre me ha encantado (p. 42): “Así como hombre trae su fisonomía, cae inspiración trae su lenguaje. Amo las sonoridades difíciles, el verso escultórico, vibrante como la porcelana, volador como un ave, ardiente y arrollador como una lengua de lava.”

***
Arthur Conan Doyle es el autor de un sinnúmero de relatos que tienen como protagonista a su invención más célebre: el detective Sherlock Holmes.
Pero escribió muchos libros más. Leo, en una bella edición actual, El parásito y otros cuentos inquietantes (RBA Ediciones, 2022), donde Conan Doyle cuenta, y cuenta bien, sobre distintos hechos que suelen recibir el nombre de “misteriosos”.
Me llama la atención que, en las traducciones, generalmente españolas, no piensen en México. Por ejemplo, en “La relación de J. Habakuk Jephson”, hacen decir sobre un barco, al narrador (p. 77): “el extremo de la verga delantera toca casi el agua”.
En “El gran experimento de Keinplatz”, dice el maestro al joven que quiere casarse con su hija (p. 120): “usted es un joven de buen corazón y uno de los mejores sujetos neuróticos que he conocido”.
En “El lote número 249” un hombre lee (p. 186) “un volumen formidable, de tapas verdes, ilustrado con grandes mapas en colores de aquel reino extraño que es el interior de nuestro cuerpo, en el que somos monarcas impotentes y lamentables”.
Escribe Conan Doyle en “El embudo de cuero” (p. 278): “El charlatán es siempre el que va abriendo caminos. Del astrólogo salió el astrónomo, del alquimista el químico y del mesmerismo la psicología experimental. El charlatán de ayer será el profesor del mañana. Andando el tiempo, hasta una materia tan sutil y resbaladiza como la de los sueños será sistematizada y puesta en orden”.

***

Valentina (RBA Ediciones, 2020), de George Sand, confiesa a su marido (estamos a mediados del 1800) que está enamorada de otro hombre, pero que no quiere entregarse a él (tampoco ha consumado su matrimonio). El marido, casado con ella por interés, le dice (pp. 238-239): “Tengo demasiada experiencia, os lo confieso, para tirarme al río por una infidelidad, pero tengo también demasiado juicio para meterme a rodrigón de una cabecilla tan exaltada como la vuestra. Esa es también una de las razones que me hacen no desear con vehemencia veros romper esas relaciones que aún tienen para vos todo el novelesco atractivo de un primer amor. El segundo sería más rápido; el tercero…”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

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Fotografía: Дмитрий Рощупкин : https://www.pexels.com/photo/yellow-flower-between-bricks-8040257/




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 345. Comerás flores. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 345

Comerás flores
Héctor Cortés Mandujano

Me fui y supe que la violencia no siempre es evidente
ni da pasos como truenos

Lucía Solla Sobral

Había leído sobre lo buena que era esta novela y me la encontré. Me encantó el color, la ilustración, el diseño de la portada; la compré y la leí en un romplón (como dicen en mi pueblo). Se llama Comerás flores (Libros del Asteroide, 2025), y es la novela debut de Lucía Solla Sobral (Marín, España, 1989).
La protagonista es Marina, una joven cuyo padre recién ha muerto; conoce a un hombre, Jaime, 20 años mayor que ella (25-45 cuando el romance inicia), rico, con gustos sofisticados y un oficio cuyo nombre me encantó. Antes le decían decorador de interiores o de otra manera. Él se dice (p. 77): “Compositor de atmósferas”.
Surgen problemas, por supuesto. El más preocupante es el control que él quiere tener sobre ella, sus accesos de ira. Uno de los amigos le dice que de nada vale irse (p. 139): “Eso de que cambiar de escenario no hace que los problemas desaparezcan. Los mueves de sitio, los paseas por parques diferentes, los llevas a otras terrazas, los enredas en tu coletero. […] Pero ahí están los problemas, abrasándote la sangre”.
Jaime ya es un incordio cuando conoce a Edu y se dan un beso. Lleva a su perra Frida, para suponer que fue de paseo. Edu se va (p. 175): “Y paseé con Frida porque volar no podía”. Decide dejar a Jaime, pero (p. 190): “No quería romper con Jaime por otra persona. Si quería romper con él, era porque me estaba encogiendo como una rana, porque me camuflaba tanto en esa casa que me daba miedo convertirme en el monstruo del que estaba huyendo”.
Dice Marina en sus dudas, porque Jaime es un prodigio de maravillas ante los ojos de los demás (p. 219): “Esconderme era mucho más fácil que decir la verdad. Si tuviese que decir la verdad, nada más que la verdad, a lo mejor me habría quedado muda para siempre”.
Estoy de acuerdo con esta idea de los finales amorosos (p. 229): “Sabrás que lo que se acaba, se acabó mucho antes y no se acabará del todo hasta tiempo después”.
Me gustó la novela y me gustó incluso lo que la editorial escribe en el colofón (p. 245): “Desde Libros del Asteroide queremos agradecerle el tiempo que ha dedicado a la lectura de Comerás flores. Esperamos que el libro le haya gustado y le animamos a que, si así ha sido, lo recomiende a otro lector”. Mi ejemplar dice que, en 2026, el libro va en su decimonovena reimpresión.
Muchas mujeres han escrito sobre Comerás flores. Sintético es lo que dice Aixa de la Cruz en la contraportada: “Quién pudiera volver a la veintena, leer este libro y enmendar su propia historia”.

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Casa de citas. 807. Nacer llorando. Héctor Cortés Mandujano

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Casa de citas/ 807

Nacer llorando
Héctor Cortés Mandujano

Tengo la suerte de leer un libro más de mi admirado Harold Bloom: Ensayistas y profetas. El canon del ensayo (Editorial Páginas de espuma, 2010), con traducción de Amelia Pérez de Villar
Primero la Biblia, de la que cita “El libro de Job” (p. 15): “Pues la mejor prueba que podía dar Job de su paciencia era permanecer del todo desnudo, en tanto eso era lo que complacía a Dios” y compara a Job con El rey Lear, de Shakespeare, quien aconseja a Glucester (p. 16): “Resígnate, hemos venido al mundo llorando” (pareciera que José Alfredo Jiménez hubiera leído a Skakespeare. Escribe en “Camino de Guanajuato”: “La vida no vale nada: comienza siempre llorando y así llorando se acaba”).
También cita a Montaigne, claro: “Todos somos viento. Y hasta el viento, más sabio que nosotros, ama hacer ruido y deambular, y está satisfecho con sus propias funciones, sin desear la estabilidad ni la solidez, cualidades que no le son propias”.
William Hazlitt dice en las páginas de Bloom (p. 118): “Todo se mueve, pero no hacia adelante, sino en un círculo sin fin. Nuestra fortaleza reside en nuestra debilidad; nuestras virtudes se construyen sobre nuestros vicios; nuestras facultades son tan limitadas como nuestro ser; y tampoco podemos elevar al hombre por sobre su naturaleza más de lo que se eleva por sobre la tierra que él mismo pisa”.
Hazlitt compara la poesía con el poder. Su argumento es poderoso (p. 120): “El lenguaje de la poesía cae, de manera natural, en la misma categoría que el lenguaje del poder. La imaginación es una facultad exclusiva que todo lo exagera: toma algo de una cosa para añadírselo a otra, acumula circunstancias y las une para dotar del mayor efecto posible a un objeto favorito”. Y más (p. 121): “La poesía es verdaderamente excepcional. Pone al individuo por encima de la especie, el uno sobre el infinito”.
Habla aquí Bloom de Carlyle (p. 140): “Desde el punto de vista crítico, toda escritura es religiosa, o toda es profana. Carlyle piensa que Shakespeare ha abolido esa distinción, y se ha convertido en la segunda Biblia de Occidente”.
En este libro Bloom ha juntado a grandes pensadores. Dice Emerson, en la cita de Bloom (p. 166): “Las corrientes del Ser universal circulan a través de mi cuerpo. Soy parte, o partícula, de Dios”. Y también (p. 175): “Lo que escribo me parece, mientras lo escribo, lo más natural del mundo; pero ayer veía un vacío aterrador en la misma dirección en la que hoy me parece ver tanta abundancia. [...] Yo soy Dios en la naturaleza. Yo soy el hierbajo junto a la tapia”.
Luego cita, en otro capítulo, a Henry David Thoreau, quien se refiere a Emerson (p. 183): “Comencé a leer a Emerson de forma obsesiva, justo antes de la mitad del viaje, cuando atravesaba una crisis. Y ya nunca paré. Emerson me ayudó a cambiar mi visión de la mayoría de las cosas, tanto de la vida como de la literatura, hasta de mí mismo”. Qué enorme halago.
Lowell, aunque escribe contra Thoreau, dice cosas interesantes (pp. 188-189): “La noción de una originalidad absoluta, como si uno pudiera tener derecho de patente sobre esto, es absurda. [...] Y de igual manera que nadie ha inventado jamás una palabra y el lenguaje crece, de alguna manera, gracias a la necesidad y a la contribución general, así sucede también con el pensamiento. [...] Montaigne, por ejemplo, es uno de los autores más originales, aunque se servía de ideas de todo tipo”.
John Ruskin es citado (p. 210): “Y la diferencia entre un hombre de talento y el resto de los hombres es que el primero sigue siendo, en cierto modo, un niño”. Y Walter Pater (p. 227): “Lo más grande que hace un alma humana en este mundo es ver algo y contar lo que ha visto de la forma más simple. Por cada centenar de personas que pueden hablar sólo hay uno que puede pensar, pero por cada mil que pueden pensar sólo hay uno que puede ver. Ver con claridad es poesía, profecía y religión, todo en uno”.
También está en el libro Friedrich Nietzsche, quien dice bien lo que dice (p. 263): “La poesía cuenta mentiras, pero la verdad –que es el principio de la realidad– se reduce a la muerte, a nuestra muerte. Amar la verdad supondría amar la muerte”.
En la Voluntad del poder, 1884, escribió Nietzsche (p. 265): “4. ¿Podemos decir que los contrahechos son los que más sufren y los más sutiles? ¿Es que los que están contentos consigo mismo no valen nada?”.

***

Ambrose Bierce (1842-1914), célebre escritor estadounidense, quien murió en México, en Chihuahua, escribió varios libros, entre ellos El diccionario del Diablo (que es muy divertido) y varias notables colecciones de cuentos. Su relato más famoso es “El incidente en el Puente del Búho” (que Borges reformuló varias veces), donde un hombre detiene el instante de su muerte para vivir una nueva vida.
También era periodista y vino a México para entrevistar a Villa (Carlos Fuentes escribió su biografía en Gringo viejo, que también se volvió película). De algún modo se volvió villista. Su muerte ha supuesto un enigma.
Fernando Tola de Habich, en uno de los artículos de su libro Museo literario (La red de Jonás, 1984), desvela lo ocurrido al descubrir el testimonio (p. 104) “que el ingeniero veracruzano Elías L. Torres da sobre la muerte del escritor norteamericano en su libro 20 vibrantes episodios de la vida de Villa (Fragmentos de la vida revolucionaria del General Francisco Villa), Editorial Sayrols, S. A., México, 1914”.
El testimonio, incluido en Museo literario, se llama “El chiste de la muerte”, y cuenta un hecho en el que se supone estuvo presente el Ing. Torres. Cenaron y (p. 108) “Al final de la cena y con cierta brusquedad, Bierce empezó diciendo que ya estaba cansado de andar con Villa”, que ellos no eran un ejército, “sino partidas de ladrones y asesinos”. Pensaron que era un chiste. Y no. Le dijo a Villa que se iba con Carranza, que ya tenía caballo, mozo, todo listo. Borunda, uno de los cercanos a Villa, le iba a disparar y Villa le hizo señas de que saliera. Luego abrazó a Bierce (p. 108): “Dios quiera que Carranza lo reciba mejor que yo...”.
Se fue Bierce, Villa siguió cenando (p. 109): “De pronto se oyeron unos disparos. Villa volvió a sonreírse, y dirigiéndose a Fierro, le dijo:
“—A ver si este gringo desgraciado les cuenta el último chiste a los zopilotes de la sierra.
“Efectivamente, Bierce, mozo y caballos, fueron devorados por los zopilotes en una loma donde nadie se atrevió a levantarlos.”

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Photo by Israel Torres: https://www.pexels.com/photo/equestrian-sculpture-of-felipe-angeles-against-a-white-cloud-19898950/
Fotografía: Israel Torres: https://www.pexels.com/photo/equestrian-sculpture-of-felipe-angeles-against-a-white-cloud-19898950/




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

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Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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