Casa de citas. 818. Sexo y luz: cinco libros de Anne Carson(Cuarta de cinco). Héctor Cortés Mandujano

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Casa de citas/ 818

Sexo y luz: cinco libros de Anne Carson
(Cuarta de cinco)

Héctor Cortés Mandujano

Seguimos con La antropología del agua de Anne Carson: En “Hacia Samos” oye a una mujer llorar cerca de ella (de noche, en un hostal) y decide cantarle una canción de la guerra civil, que le cantaba su mamá (p. 916): “a cada hora, Miguel, amor mío, me eres más querido:/ ¿es esa la razón, Miguel, amor mío, de que no estés conmigo?”. Funciona. La mujer deja de llorar.
Escribe en “Palas del Rey” (pp. 925-926): “Cuesta arriba y siguiendo los caminos de las tierras bajas de Galicia envueltos en la niebla. Formas de vida surgen y se desvanecen ante nosotros, esperpénticas. La niebla fomenta la imaginación. No nos gusta estar rodeados por absurdos esperpentos, somos animales que se dedican a encontrar formas en lo deforme. […] Las formas de la vida cambian a medida que las miramos, nos cambian al mirarlas”.
En el texto: “Muy estrecha: Introducción a Sólo por la emoción”, cuenta sobre sí misma: la pérdida de razón de su padre y un amante que le dijo, al conocer su casa, que su cama era muy estrecha. No entra en detalles sobre ese amor o amorío: (p. 990-991): “Afortunadamente el amor es una historia que se cuenta sola. No me gustan las novelas románticas y carezco de talento para las efusiones líricas, y sin embargo me descubrí durante los días de la aventura amorosa llenando muchos cuadernos con datos. Había algo que necesitaba explicarme a mí misma. […] Descubrí que la afinidad entre un hombre y una mujer puede ser algo excesivo, pleno, estupendo y rico en lenguaje. Pero también puede que sea algo mudo. ¿Tiene eso sentido?”.
Su padre le dice algo absurdo, sin sentido, ya en la pérdida irreversible de la razón. Se calla. Ella lo ve (p. 993): “Nunca he visto a un ser humano más desnudo. Su rostro era el rostro de un polluelo, al borde de la tarde infantil en que abandona el nido, en el intacto terror donde chapotea. A veces alcanzas un límite que simplemente se rompe”.
Llega a estas ideas que desarrollará en el ensayo siguiente: Sólo por la emoción (pp. 994-995): “El hombre es esto y la mujer es esto otro, los hombres hacen esto y las mujeres hacen cosas diferentes, la mujer quiere una cosa y el hombre quiere otra y nadie a lo largo de los siglos parece haber entendido cómo se supone que funcione. ‘Todos los días regresaba de los campos y arrojaba su viejo sombrero cochambroso sobre mi mantel limpio donde íbamos a comer… ¡con la parte sudada hacia abajo!’ protesta mi madre, todavía furiosa, ¿y hace cuánto que murió? Ya hace años”.
Escribe en Sólo por la emoción: Un ensayo sobre las diferencias entre mujeres y hombres de un viaje que hace con un antropólogo que trabaja en China. Lleva libros para practicar el idioma (p. 1003): “Bueno, fue más o menos hace un año, nos hicimos amantes, lo único que yo quería era que cesara la atracción. Atracción atracción atracción. Me atraía los brazos. Me atraía los ojos. Me atraía los pulmones. Me atraía el sudor en los muslos. Me atraía de noche, me atraía todo el día, atrayéndome sin dejarme caer, sin quemar, sin importar” (antes ha dicho, siguiendo la sabiduría china, que ‘en el amor las mujeres obtienen lo que quieren, los hombres lo que necesitan’)”.
Al amante anterior, del libro anterior, lo llamaba Mío Cid; a éste, Emperador de China (p. 1012): “Desear y ser deseado, ¿qué podría ser más simple? Una mujer no puede contar una historia sencilla, solía decir mi padre. Bueno, así es como se ve en una cinta de video. Ves cómo el deseo emprende viaje hacia el país completamente a oscuras de otra alma, hacia un lugar donde acaba el acantilado”.
Le da vueltas al asunto de hombres y mujeres (p. 1016): “Pienso en los matrimonios concertados, en su economía. Primero os casáis, luego os conocéis, luego os enamoráis. Esas tres cosas”. Un recuerdo (p. 1022): “puedo oír su voz diciendo: Por amor de Dios, no acabes siendo una de esas mujeres inútiles. Mi padre era un hombre que sabía cómo se hacen las cosas”. La mujer (p. 1023): “El ideograma original chino para mujer la muestra haciendo una reverencia. Más tarde el carácter se redujo al de alguien arrodillado. Para facilitar la escritura”.
Los hombres (pp. 1028-1029): “¿Qué es lo que quieren los hombres? Hablan del placer. Se desenfrenan, renquean, se quedan dormidos. ¿Hay algo que no estoy entendiendo? […] La naturaleza última del agua es como el placer de los hombres. La naturaleza última del placer de los hombres no es como el placer de las mujeres”.
El Emperador, dice Anne (p. 1030): “A veces cierra los ojos y dice: ‘Haz de mí tu putito’ ”. Recuerda la primera vez con él, que, cuenta más adelante, fue su primera vez con un hombre (p. 1038): “Nos quedamos junto a la cama. Martes. Parte de mi mente estaba atenta al exterior en calma, parte le miraba horrorizada mientras me desabrochaba los botones del vestido. Empezando por el de arriba. Uno por uno. Algunos hombres son tan ordenados como las mujeres, pensaba. ¿Sangraré? Y dije: ‘me siento tan sola’, y él respondió: ‘Túmbate y háblame de ello’ ”.
Una mujer, un hombre (p. 1053): “El viento me hace cantar. Pensar en todas las mujeres que soy. El emperador sin embargo es poderosamente uno solo, un erudito del placer, siempre en el pico del buitre. Una vez en medio del proceso de seducir a una mujer, me cuenta, se quemó al servir el agua para el té. El resultado fue hacer el amor toda la noche con la mano izquierda en una cubeta con hielos”.
Datos personales (p. 1068): “Bueno, es cierto que no soy capaz de contar una historia sencilla. Viví sola durante muchos años satisfecha con mi vida de reclusa. Te felicito si eres capaz de entenderlo. Pero a los emperadores les da por aparecer”.
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Fotografía: Zhang Kaiyv: https://www.pexels.com/photo/27514716/




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 355. La mucha muerte. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 355

La mucha muerte
Héctor Cortés Mandujano

La muerte es un lugar común en la literatura. Sobre ella se han escrito novelas, obras de teatro, poemas, ensayos, etcétera. Yo he leído sobre miles de muertes en los muchos libros que he leído. “La felicidad es literariamente improductiva”, como dice Vargas Llosa.
Por saber eso me sorprendió que me quedaran dando vueltas dos muertes imprevistas en dos novelas breves que leí casi una después de otra y que no son los libros más conocidos de estos célebres autores. (Hace tiempo me asestó también un mazazo brutal la muerte de Platero, el burrito de Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, quien muere de una página a otra, sin decir agua va.)
El primer libro es Bajo la rueda (Anaya Editores, 1975), de Herman Hesse, y el segundo es El pequeño Arquímedes (Grupo Editorial Tomo, 2009), de Aldous Huxley.
Bajo la rueda se publicó en 1906, originalmente, y cuenta la historia de Hans, un muchacho inteligente a quien su padre despótico obliga a que estudie en un seminario. Allá conoce la amistad, y está cerca del homosexualismo, la ruindad, la muerte de un cercano; al final, decepcionado, se escapa del sinsentido de la disciplina y la injusticia. Es decir, huye de lo que ha sido su vida de huérfano de madre, con un padre primero, y unos maestros después, que le quieren dictar punto por punto su vida.
Vuelve al pueblo y piensa en sus opciones (p. 152): “No sentía ninguna ilusión por ser mecánico ni escribiente”. Tampoco acepta el sexo que le ofrece, con descaro, Emma, una muchacha con ansias de aventura. Se vuelve ayudante de un cerrajero. Asiste al derrumbe de lo que suponían los demás que iba a ser. Un día se emborracha y no llega a dormir a su casa. Su padre está enojado y el narrador nos dice, cuando el padre se logra dormir (pp. 181-182): “A la misma hora, corriente abajo el río arrastraba, silenciosa y reposadamente, el tan amenazado Hans. El asco, la vergüenza y el dolor habían huido de su lado: en su cuerpo delgado y fluctuante se contemplaba la fría y azulada noche otoñal. Jugueteaban las aguas con sus manos, sus cabellos y sus labios pálidos, y los juncos parecían inclinarse a su paso. Mansamente, se deslizaba sin que nadie le viera”.
¿Para esto vivir?, se interroga Jaime Sabines en su desconsolado poema Algo sobre la muerte del mayor Sabines.

El pequeño Arquímedes se publicó en 1924 y trata también, coincidentemente, de un niño inteligente, Guido, a quien el narrador conoce en un viaje a Italia. Guido convive con los hijos del narrador, pero es evidentemente un niño con una enorme claridad mental, a quien los padres ven como un niño cualquiera.
No sólo el narrador descubre la capacidad de Guido, sino también la vieja que es patrona de sus padres y quien con engaños se lo lleva para usarlo después para sus propios fines. No deja que nadie lo vea y el niño extraña a sus padres, su casa, su campo y muere de tristeza, de manera sorpresiva.
La narración también es escueta y no prepara la sorpresa. Cuenta que el niño se siente abandonado, la línea siguiente dice (215): “Aquí está –me dijo Carlos”, luego el narrador describe brevemente un panteón: “Lo enterraron aquí”.
Tal vez eso fue lo que me hizo quedarme en el círculo de esas vidas ficticias: un golpe que no estaba esperando.
También vi una película que no conocía, Sin fin (1985), de mi admirado Krzysztof Kieslowski. Allí, una joven viuda termina lo que su esposo abogado dejó pendiente y con tranquilidad prepara su suicidio. Pero, bueno, basta de tanta muerte...

[Octubre 2026. Estoy muy agradecido por toda la gente que llegó y participó en la presentación de mi novela Mar en movimiento y Surimbia, crónicas y adioses, el libro de mi amigo Sarelly Martínez, ambos dentro de la colección Lecturas que transforman, de la Secretaría de Educación. Gracias al público por su atención, sus risas (pasaron cosas chistosas) y sus aplausos. Agradezco en especial lo dicho por mi querido amigo Sarelly Martínez, sobre mí y sobre la novela, y la intervención halagadora del Dr. Oswaldo Chacón, rector de la UNACH, quien además, en la clausura de la FIL-UNACH, remarcó su distinción hacia mi persona y mi trabajo de escritor. Muchas gracias.]


Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Casa de citas. 817. Sexo y luz: cinco libros de Anne Carson (Tercera de cinco partes). Héctor Cortés Mandujano

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Casa de citas/ 817

Sexo y luz: cinco libros de Anne Carson
(Tercera de cinco partes)
Héctor Cortés Mandujano

El libro cuarto de Agua corriente de Anne Carson, “La vida de las ciudades”, lo constituyen poemas breves, que aluden a una en particular, que nunca es la misma (pp.661-662):

Ciudad Entegegenwärtigung

Oí cómo me perseguías.
Como un león sobre los mástiles y.
Sentí los edificios.
Balancearse a lo largo de la calle y yo.
Me quedé agachada apoyada en los talones.
En medio de la habitación.
Mirando fijamente.
Luego se abrieron los puntos de sutura.
Tú pasaste de largo.

Son los suyas en este libro historias que señalan, no siempre, claro, una descomposición humana. La ciudad como depositaria de lo salvaje, de lo brutal (pp. 665-666):

Ciudad suerte

Mientras cavaba un agujero.
Para enterrar vivo a su hijo.
Para que pudiera comprarle comida a su anciana madre.
Un día.
Un hombre encontró oro.

Desolación, desamor (pp. 684-685):

Ciudad del amor asimétrico (pero todo amor es asimétrico)

Si me hubiera amado me habría visto.
En una ventana del piso de arriba golpeando la frente contra el vidrio.

4

El quinto y último libro es La antropología del agua. Está conformado por básicamente crónicas del camino de Compostela y varios ensayos. En “Zambullida: Introducción a la antropología del agua”, escribe (pp. 699-700): “El agua es algo que no puedes retener. Como los hombres. Lo he intentado. Padre, hermano, amante, verdaderos amigos, ávidos fantasmas y Dios, uno a uno se me escapan de las manos. Quizá es así como tiene que ser: lo que los antropólogos llaman ‘peligro normal’ en el encuentro con otra cultura”.
En “Ciertos tipos de agua: Un ensayo sobre el camino de Compostela” escribe (pp. 790-791): “¿Cómo es la conversación de unos amantes? Comparada con una charla normal, es como comparar el pan con las piedras”.
“Carrión de los Condes” tiene esta idea, cuando habla de un personaje que se halló en el camino (p. 829): “su tendencia a rescatar doncellas no es algo que pueda explicarte, o dramatizar: soy una peregrina (no una novelista) y la única historia que puedo contar es la del propio camino. Además, nadie puede escribir una novela sobre un camino, en la medida que tampoco es posible escribir una novela sobre Dios, simplemente porque no puedes verlo por detrás. Un personaje redondo es uno que puedes ver desde todos los ángulos”.
Cada crónica tiene un epígrafe, éste corresponde a “León”. Me gusta (pp. 856-858): “cuando en la frontera de Ausaka/ el caballo que tributó Mochizuki/ vea su reflejo/ en el agua clara/seguramente saldrá huyendo: ZEAMI”.
Es de “Órbigo” este epígrafe (pp. 86”6-868): “como mi casa se quemó ahora tengo/ una mejor vista/ de la luna creciente: MASAHIDE”.
Otro. De “O Cebreiro” (pp. 904-906): “en la ciudad de Kowata/ había caballos de alquiler/ pero te amaba tanto/ que hice descalzo todo el camino: KANAME”.
En “O Cabreiro” escribe: (pp. 908-909): “Galicia es un lugar sorprendente, a mi parecer. Y aquí defienden sorprendentemente bien la autenticidad. Por ejemplo, en este hotel, un enorme lobo blanco nos vigila durante toda la noche. Tiene una mirada tremenda y lánguida y está echado entre las lechugas, inmóvil como una estatua salvo por sus ojos negros que recorren incansables de un lado a otro los terrenos bañados por la luna. ¿Quién habría pensado que alcanzaríamos la zona de mayor peligro para descubrir que aquí los lobos son los hospitaleros?”.

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*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 354. La italiana desnuda. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 354

Lo que hubiera quedado en el tintero/ VI
La italiana desnuda
Héctor Cortés Mandujano

Hace muchos años, en 1994, Raúl Mendoza Vera, amigo y videoasta, me invitó a dirigir un video que él produjo y fotografió. Está en YouTube. Se llama “Algo sobre la poesía de Jaime Sabines”.
Raúl decidió los poemas, las locaciones, los actores y actrices, la música, casi todo, salvo la dirección de escena, que fue mi responsabilidad.
Con el proyecto viajamos a varios lados del estado, y participó mucha gente, incluidas varias personas que eran mis amigas en aquellos tiempos y que, por fortuna, siguen siéndolo ahora.
En el proyecto, y a resultas de lo que decían los poemas, Raúl necesitaba a una actriz que no tuviera problemas para desnudarse, y no sé cómo conoció y convenció a una muchacha italiana, Silvia Pogianttis, quien vino al estado a recabar material y a conocer los lugares que mencionaba en sus libros y poemas Rosario Castellanos, sobre quien escribía su tesis.
Raúl le dijo que yo (a quien ella aún no conocía) podía ayudarla, que si iba con nosotros a las locaciones tendría tiempo de sobra para platicar conmigo sobre Rosario y sus libros. Apenas nos conocimos, ella arrancó la charla sobre el tema que le interesaba.
En el trabajo de video hay muchas horas muertas: mientras se espera que el sol (cuando la toma es al aire libre) esté en condiciones; mientras se prepara la escena, se colocan las luces, alguien se cambia de vestuario o se maquilla, etcétera. Silvia, después de una escena desnuda, que tal vez se repitiera, no se ponía ropa y platicaba conmigo sobre Rosario. No sé si alguien tomó fotos de eso, pero era curioso verla pasear completamente desnuda entre las mujeres y los hombres del proyecto, que estábamos vestidos.
Hicimos un día de filmación en el mar, que fue pesado, porque el sol estaba tremendo. En la tarde, cuando se hizo la pausa para comer en la única palapa abierta (se buscó una playa solitaria), vi que había un tambo lleno de agua junto al lavadero. Pedí permiso al dueño para bañarme y él me dio incluso un jaboncito.
Me desnudé detrás del tambo y comencé a echarme agua. Silvia se separó del grupo (ya estaban sentados comiendo y bebiendo) y vino hacia mí.
—¿Me puedo bañar contigo?
—Estoy desnudo.
—A mí no me importa, ¿a ti sí?
—No.
Se quitó la ropa en un segundo y se puso a mi lado, le di la jicara para que se echara agua y luego le di el jabón. Yo tenía 33 años y ella veintitantos. Platicamos, mientras nos bañamos, como dos niños felices a quienes la desnudez no les importa: sin deseo y sin morbo.
Terminamos el video poco después y ella se regresó a Italia. Nunca más la he vuelto a ver.

[Octubre 2026: Mil gracias a dos amigos queridos: Joaquín Gutiérrez me regaló el poemario Canto desierto, de Alberto Blanco, y Damaris Disner su más reciente libro: ¿Papá es un pez?, ilustrado por Panchito. Un abrazo a ambos.]




Ilustración: HCM.
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Héctor Cortés Mandujano

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Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

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Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Casa de citas. 816. Sexo y luz: cinco libros de Anne Carson (Segunda de cinco partes). Héctor Cortés Mandujano

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Casa de citas/ 816

Sexo y luz: cinco libros de Anne Carson
(Segunda de cinco partes)
Héctor Cortés Mandujano

Los poemas en prosa de Unas pocas palabras, de Anne Carson, son breves, van a lo suyo y suponen, en términos generales, enseñanzas aprendidas de gente antigua. En “Unas pocas palabras sobre las esperanzas” dice (p. 172): “La vida es aprender”.
Escribe en “Unas pocas palabras sobre las geishas” (p. 178): “La cuestión de las geishas y el sexo siempre ha sido compleja. […] De hecho, como sabréis, las primeras geishas fueron hombres (bufones y tamborileros)”.
Tiene algunas que se salen del curso de las otras, por ejemplo (p. 182) Unas pocas palabras sobre Gertrude Stein a eso de las 9:30 p.m., que cito completamente (p. 182): “Qué curioso. ¡No tenía ni idea! El día de hoy ha terminado”.
Algunos son breves relatos (p. 190): Unas pocas palabras sobre las decepciones musicales: “Prokófiev estaba enfermo y no pudo asistir a la interpretación de su sonata para piano no. 1 tocada por otro. La escuchó por teléfono”.
Habla de sexo en Unas pocas palabras sobre la desfloración, antes y después de que ésta ocurrió (pp. 214-215): “Recorrí Venecia bramando, bajo y sobre los puentes, pero ya no estabas. Más tarde ese mismo día llamé por teléfono a tu hermano. ¿Qué le pasa a tu voz? Dijo”.
Unas pocas palabras sobre lo importante y lo trivial, comienza con una lista de ambas (p. 218): “Las cosas importantes son el viento, la maldad, un buen caballo de combate, las preposiciones, el amor inextinguible, la manera en que los pueblos eligen a su rey. Entre las cosas triviales está la tierra, los nombres de las escuelas de filosofía, el estado de ánimo y no estar con ánimo, la hora exacta”.
Habla mucho, decíamos, sobre artes visuales (p. 234): Unas pocas palabras sobre Van Gogh. “Bebo porque quiero entender el cielo amarillo, el gran cielo amarillo, dijo Van Gogh. Cuando miraba el mundo veía los clavos que sujetan los colores a las cosas y veía que los clavos sufrían”.
Hay varios sobre el placer, como Unas pocas palabras sobre el hedonismo (p. 292): “Cuando te veo bailar se crea una despiadada inmensidad, como un marinero en un mar en calma chicha. Deseos tan redondos como melocotones brotan en mí durante toda la noche, ya no recojo lo que cae”.
Este es el final (p. 300): EPÍLOGO DE LA AUTORA. Unas pocas palabras sobre los epílogos. “Un epílogo debería desaparecer de la piel rápidamente, como una friega de alcohol. He aquí un ejemplo, de la abuela de Emily Tennyson, la entrada íntegra del diario del día de su boda, el 20 de mayo de 1765: Acabé Antígona, me casé con el obispo”.

3

Canicula di Anna es sobre un pintor antiguo, siglo XV, quien vivió y murió en 448-523, “al que llamaban Perugino,/ un coetáneo de Miguel Ángel y maestro de Rafael”.
Carson arroja datos del tiempo, el lugar, los habitantes y luego se concentra en el protagonista (pp. 315-316): “El pintor, en todo caso, no es un hombre feliz./ Una mujer, como siempre, es el problema”.
No se sabe el nombre de la mujer (p. 318): “Creo que me gustaría llamarla Anna”. Esa es una ventaja (p. 327): “Aquí no la conocen. Esto es, ¡tengo libertad para inventármela!”.
El libro se mueve a muchos lados, a muchos temas, cambia de épocas, aparece en el poema la poeta, y vuelve a Anna y al pintor (p. 491): “Pero escuchando a escondidas a Anna hoy descubrí —¡qué será lo siguiente!— que pasó cinco años de su adolescencia en un convento./ ‘Era despiadada’ ”. Luego, Anna es una mujer contemporánea.
En el epílogo, Anne Carson dice que (p. 620): “Después de contar una historia se producen algunos instantes de silencio. Después las palabras continúan. Porque siempre querrías saber algo más”, y luego establece las posiciones autora-lector-lectora (p. 625): “¿De qué lado de la puerta estás? No lo sabes. ¿De qué lado estoy yo? Me corresponde a mí decírtelo”.
Continúa (pp. 627-628): “tras haberte retenido conmigo durante tanto tiempo, me parece que sí que tengo algo que ofrecerte. No la información misteriosa, íntima y reconfortante que habrías querido, sino algo que te acompañe, y con toda seguridad es lo mejor de lo que soy capaz. Es simplemente el hecho, mientras bajas las escaleras y caminas por las calles oscuras, mientras percibes formas, mientras contraes matrimonio o hablas bruscamente o esperas un tren, mientras empiezas a imaginar, mientras escudriñas cada marca, simplemente el hecho de mis ojos en tu espalda”. Y el libro concluye.

3

La vida de las ciudades es el cuarto libro. Es breve. Tiene una introducción (p. 632): “Las ciudades son la ilusión de que de alguna forma las cosas están relacionadas: mi pera, tu invierno.
“Soy una especialista en ciudades, a Dios gracias”.
Dice después (p. 638): “no hay ciudades vacías (sólo especialistas vacíos)”.


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Fotografía: Isabella Mendes: https://www.pexels.com/photo/high-rise-buildings-during-sunset-3854609/




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 353. Inventor de nubes. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/353

Inventor de nubes
Héctor Cortés Mandujano


1

Hace muchos años apareció Roger Octavio Gómez Espinosa en uno de mis talleres y desde entonces forjamos una amistad que ha permanecido intacta, pese a que ya no vivimos ni siquiera en el mismo estado de la República.
Estamos, eso sí, en permanente contacto y por eso fue más o menos natural que se inscribiera, en los tiempos de pandemia, al primer taller virtual de dramaturgia que di. La idea era que, en diez sesiones, los inscritos pensaran, diseñaran y escribieran una obra que leeríamos, para exponerla a los demás del grupo, en la sesión número once.
Después de mi primera clase, cada cual fue avanzando a su paso, pero Roger –no recuerdo si en la segunda o tercera sesión– ya había terminado una obra a la que le puse muchos peros, porque tenía un lenguaje muy simbólico y era sobre una poeta suicida. Me pareció intelectualizada y densa.
Sin mucho prurito, Roger se deshizo de esa obra y escribió otra. Tampoco paso mi escéptico modo de pensar: si no tienes productor, no escribas algo que lo más probable es que se vuelva alimento para el cajón de objetos olvidados. En teatro, insistí, decir una peluca es comprar una peluca y mencionar una máquina interestelar, como era el caso, es meterse en mil problemas de dinero, de materiales, de construcción.
Y entonces apareció Acrofobia. Aunque las clases eran colectivas y cada cual hablaba de sus propias problemáticas de escritura, yo sesionaba con cada uno por aparte. Acrofobia desde el principio me pareció buena idea. Roger y yo hablábamos de ella, y yo le proponía soluciones a algunas cuestiones que lo ponían inseguro. En ciertos momentos yo pensaba, y así le decía: “No te preocupes por eso, será asunto de los actores y el director”.
Supe que me había puesto yo mismo la soga al cuello cuando Roger me dijo, una vez terminada la obra, y celebrada por mí, que la había escrito pensando en que yo la dirigiera y la actuáramos Alfredo Espinoza y yo. Que en nosotros se había inspirado para crear los personajes.

2

Alfredo y yo veníamos del montaje de La divinidad del monstruo, una obra mía, donde éramos los únicos personajes, y yo tengo total confianza en su talento interpretativo. Comenzamos a ensayar Acrofobia y a resolver las varias minucias que tiene volver un texto escrito en una realidad teatral. Escribí una versión en español de la canción escrita originalmente en niolamashiano y con Alfredo improvisamos varios diálogos ceñidos a la idea de nuestros personajes y a la idea del autor.
Invitamos a varias personas a ayudarnos: Daniel Dávila hizo una música muy linda y muy triste que cantó en el idioma de estos seres extraños (un escritor suicida y un bombero atípico) y en español; Ulises Peimberth nos ayudó con el paisaje sonoro y la escenografía, en la que también participó Daniel; Jazmín Zea nos asesoró con el vestuario y Rudy Laddaga nos dio prestado un proyector, que luego, generoso como es, nos regaló, para solucionar la parte sustantiva del montaje. Juan Ángel Esteban Cruz hizo un cartel muy creativo que usamos en la difusión. Y nos lanzamos al estreno.
Desde la primera función gozamos la capacidad de empatía que Roger logró con los dos personajes: el viejo escritor, que no conoce muy bien el idioma en el que habla y no busca la simpatía del público, y el joven bombero que es muy simpático y que, al final, nos da una sorpresa que hace que parte del público llore. Fue muy emocionante ver cómo aquello que estuvo en la mente de Roger, que fue volviéndose palabras en el papel, ahora era para la gente la realidad de dos seres que se volvían, por lo menos mientras duraba la obra, parte de sus emociones, sus risas, sus lágrimas…
Roger llegó a la última función de la primera temporada y aplaudió de pie cuando llegamos al final. Nos confesó, después, que se sintió tan emocionado, que quiso llorar (o lloró, no me acuerdo), lo que para nosotros fue un halago, porque, como yo sé por carne propia, no siempre el director es el mejor amigo del dramaturgo.
Creo que Roger ha escrito espléndidos cuentos (y, por ponerlo de ejemplo, uno magistral: “La nave del sol naciente”, de su libro Soltar las riendas), una gran novela (La lluvia en las hojas del platanar) y una obra de teatro, Acrofobia, que ha logrado una conexión profunda y humana con los distintos públicos que la han celebrado y aplaudido. No puedo sentirme más satisfecho de haber puesto mi grano de arena para que floreciera su escritura.
Y todavía, afortunadamente, hay mar de fondo en su talento abisal.

[Prólogo de la edición de Acrofobia, publicada por Editorial Tifón en 2022]


Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Casa de citas. 815. Sexo y luz: cinco libros de Anne Carson. Héctor Cortés Mandujano

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Casa de citas/815

Sexo y luz: cinco libros de Anne Carson
(Primera de cinco partes)
Héctor Cortés Mandujano

qué dulce es ir a nadar dentro de ella
Anne Carson

1

Leo en uno de mis lectores electrónicos Agua corriente (1995), reunión de cinco libros de mi admirada Anne Carson (1950, Toronto, Canadá). Desde la primera vez que la leí quedé prendado de su inteligencia y su talento. Mimnermo: las pinturas cerebrosexuales es el primero, con traducción de Andrés Catalán (lector electrónico y libro, obsequios de mi querido amigo Sarelly Martínez).
Mimnermo fue, según Wikipedia (Carson no tiene ninguna nota informativa), “un poeta y músico griego de finales del siglo VII a. C.”. Carson es especialista en literatura griega y mezcla en su libro las cursivas, que pertenecen a Mimnermo, y las normales suyas que dialogan con aquel. No se le puede leer con inocencia.
Carson hace versos de aparente facilidad (p. 21): “¿Ves el sol?— La construí yo”. Me gusta incluso que no haya concordancia, pues hay que pensar más antes de dejar en paz ese verso y saltar al otro.
Es pródiga en revelaciones (p. 36): “La juventud es un sueño al que acudo cada noche y del que me despierto con sólo este pequeño manojo saltarín de arterias en la mano”, que une el pensamiento de Carson con el de Mimnermo.
Plantea certezas (p. 43): “el sino del sol es el afán diario”.
El libro propone desde la tapa los géneros de poesía y ensayo. La parte ensayística de éste, Mimnermo y los movimientos del hedonismo, abre con una confesión (p. 75): “Sé nadar como los demás, pero tengo mejor memoria que los demás, no he olvidado mi antiguo no saber nadar. Y como no lo he olvidado, mi saber nadar es inútil y en consecuencia no sé nadar”.
Sobre su personaje dice (pp. 81-82): “Lo cierto es que tan sólo menciona dos placeres y no los denomina así. No hay vino en los versos de Mimnermo, ni baños tibios, ni animales huyendo, ni cerezas ni seda ni huesos de color azul pálido, ni dados, ni noches de canciones bufas. Todo tiene lugar en algún sitio apartado del mundo en un estado de réplica estática, como un niño que se pasara la noche hablando consigo mismo”.
Los placeres son sexo y luz, dice Carson que dijo Mimnermo de quien en este ensayo ya clarifica vida y obra, y a quien cita a partir de los versos de este mismo libro (pp. 88-89): “Sólo estamos a medio camino del verso central de nuestra juventud cuando empezamos a ver cómo nos oscurecemos. […] Se nos sedujo a pensar que éramos inmortales y de repente todo se termina”.
Y más (pp. 94-95): “Como el sexo, la luz no es una pregunta hasta que estamos a oscuras. Mimnermo no tiene una respuesta que ofrecer. En cambio (pues es un erudito después de todo) sí una epistemología”.

2

En el prólogo a Unas pocas palabras (1992), de Anne Carson, el segundo libro de esta recopilación, nos dice Margaret Christakos que (p. 131) “En las últimas décadas Carson nos ha mostrado cómo empujar la antigua poesía a través de la corteza de la nueva poesía”, y que sus obras son “experimentales y multigénero”. Christakos (su texto es de 2014) nos da muchos datos biográficos de la autora y rastrea las lecturas de Carson en varios de sus libros (pp. 160-161): “Resulta fascinante hacer una lectura cruzada de los textos que Carson escribió en torno a las primeras etapas de su carrera, con el propósito de sondear la reputación de una escritora que ha sido calificada cada vez más de ‘inescrutable’, y de explorar los procesos de extracción literaria que incluyen su intensa formación en el mundo geofísico y metavisual” (las últimas dos categorías que menciona Margarte se refieren, según yo, a la estancia infantil de Carson en Ontario, Canadá; a la nieve eterna e inmovilizante, y a que Unas pocas palabras, y algunos otros libros, están centrados en la imagen: pintura, retrato, dibujo, etcétera, no importa mucho que sean reales o imaginarios).
En la introducción, dice la propia Carson (pp. 165-166): “Haré cualquier cosa para evitar el aburrimiento. Es la labor de una vida. Es imposible llegar a saber suficiente, a trabajar suficiente, a utilizar los infinitivos y los participios de forma suficientemente rara, a impedir el movimiento con la suficiente rudeza, a abandonar la mente suficientemente rápido”.
Luego siguen los cincuenta y tres poemas en prosa, que, nos dice, reproducen las ideas que le dieron tres ancianas …

Contactos: hectorcortesm@gmail.com




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Fotografía: Chris F: https://www.pexels.com/photo/stones-by-the-waterfall-20221034/




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 352. Castigos y muertes en los Hermanos Grimm. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: María Montserrat Arango Cossio.

Polvo del camino/ 352

Castigos y muertes en los Hermanos Grimm
Héctor Cortés Mandujano

Fue embarcada junto con su cómplice en un navío perforado
y llevada a alta mar, donde pronto fueron tragados por las olas

Hermanos Grimm,
en “Las tres hojas de la serpiente”

Ya se sabe. Los llamados cuentos infantiles clásicos fueron tomados de las versiones orales que corrían de boca en boca. Cuando los hermanos Grimm los publicaron y se dieron cuenta que los adultos los leían a sus hijos (p. 9) “fueron suavizando las historias hasta alcanzar una versión definitiva en 1857”, dice mi bello ejemplar Rapunzel y otras historias (RBA Coleccionables, 2022), de Jacob y Wilhem Grimm, ilustrado por Arthur Rackham.
¿Suavizando? Cómo estarían, que aún hoy parecen terribles. En “Hermanito y hermanita” se castiga a la bruja y a su hija (p. 32): “la hija fue conducida al bosque, donde la destrozaron las fieras; mientras que la bruja, condenada a la hoguera, expió sus crímenes con una muerte miserable y cruel”.
En “Los tres enanitos del bosque”, el rey pregunta a la vieja que castigo merecería alguien que hiciera lo que ella hizo; la vieja, obvio, no sabe que la han descubierto y dice (p. 58): “Pues cuando menos que la metan en un tonel erizado de clavos puntiagudos y, desde la cima del monte, lo echen a rodar hasta el río.
“A lo que replicó el rey:
“—Has pronunciado tu propia sentencia.
“Y, mandando traer un tonel como ella había dicho, hizo meter en él a la vieja y a su hija, y después de clavar el fondo, lo hizo soltar por la ladera, por la que bajó rodando y dando tumbos hasta el río”.
En “Blancanieves” la madrastra pide que maten a su hijastra; el cazador se compadece de ella, mata a un jabalí (p. 61) “lo degolló, le sacó los pulmones y el hígado y se los llevó a la reina como prueba de haber cumplido su mandato. La perversa mujer los entregó al cocinero para que se los guisara, y se los comió convencida de que comía la carne de Blancanieves”. A la madrastra, al final, como castigo, le ponen unas zapatillas al rojo vivo (p. 74): “Cogiéndolas con tenazas, la obligaron a ponérselas, y hubo de bailar con ellas hasta que cayó muerta”.
En “Los doce hermanos”, la mala es la suegra (p. 188): “La malvada suegra hubo de comparecer ante un tribunal y fue condenada. Metida en una tinaja de aceite hirviendo y de serpientes venenosas, encontró en ella la vieja una muerte espantosa”.
En “El amadísimo Rolando” la hija fea pide a su madre bruja que le quite el delantal a su hermana bonita. Ella le dice (p. 217): “No te preocupes, hija mía, lo tendrás. Hace tiempo que tu hermanastra se ha hecho merecedora de morir; esta noche, cuando duerma, entraré y le cortaré la cabeza”. No lo logra, claro, y mata a la fea. Un violín encantado hace que la bruja baile en un espinero (p. 220): “las espinas le rasgaron todos los vestidos y le desgarraron la piel, dejándola ensangrentada y maltrecha. Y como el músico no cesaba de tocar, la bruja tuvo que seguir bailando hasta caer muerta”.
Los niños, me imagino, dormían felices, llenos de paz…

Ilustración: María Montserrat Arango Cossio.
Ilustración: María Montserrat Arango Cossio.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Casa de citas. 814. Abducción. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: María Montserrat Arango Cossio.


Casa de citas/ 814

Abducción
Héctor Cortés Mandujano

Con un abrazo al querido amigo que está detrás del seudónimo

Mi amigo me envía un PDF con su libro autobiográfico, de largo subtítulo: El acróbata del viento. Una novela sobre la memoria, la gratitud y las personas que sostienen nuestras alas cuando olvidamos cómo volar. Lo firma con un seudónimo: José Pérez Brenman y sobre él escribe en tercera persona. Está a la venta en Amazon.
El libro y el lenguaje es reflexivo (p. 9): “Todo está conectado. El cielo y los sueños. La bipolaridad y las visitas. La memoria rota y los años de budismo. Los accidentes —hubo uno, grande, que cambió todo, y llegaremos a él— y la comprensión que llegó después del accidente. El aikido y la vacuidad. Roberto y la infancia. Ángel Martínez Bravo y la muerte como maestra. Las luces en el cielo que no son de ninguna aerolínea que José conozca, y él conoce todas. Todo está conectado y este libro es el intento —imperfecto, fragmentario, honesto— de trazar el mapa de esa conexión”.
Habla de su padre (p. 14): “Cuando hablaba del futuro, parecía no estar imaginándolo. Parecía recordarlo. José creció escuchando aquellas versiones del mundo”, y de la madre: (pp. 17-18): “Si el padre le enseñó a José que el mundo podía estar lleno de misterios, la madre le enseñó que aún en medio del misterio debía existir un lugar al cual regresar. Ella fue la fuerza invisible”.
En su recorrido vital, después de los padres llega la mujer (p. 28): “Scarlett: La mujer que decidió permanecer cuando muchas otras personas habrían salido corriendo. Con los años, José comprendió que el amor no se demuestra durante los días tranquilos. Se demuestra durante las tormentas. Y Scarlett había atravesado más tormentas de las que cualquier persona debería enfrentar. Había soportado sus terrores nocturnos. Sus despertares abruptos. Sus silencios. Sus obsesiones. Sus búsquedas espirituales. Sus preguntas imposibles”.
Y luego la hija, Gabriela, a quien también toma como maestra. Uno más (pp. 39-40): “El maestro no siempre aparece con una túnica antigua ni vive en un pantano remoto. A veces aparece en una sala sencilla, en una enseñanza tranquila, en una frase que parece pequeña hasta que parte la vida en dos. Esa frase llegó a través de Geshe Kelsang Gyatso, fundador de la tradición Kadampa. Geshela había escrito muchos libros, pero uno de ellos tocó a José con una fuerza especial: Océano de Néctar. Allí encontró la palabra. Vacuidad. No fue una palabra más. Fue una llave”.
José va cambiando (pp. 41-42): “Según las enseñanzas que comenzaba a estudiar, nada existía de manera independiente, sólida o permanente. Todo surgía en dependencia de causas y condiciones. Todo aparecía ante la mente. Todo carecía de existencia verdadera. La mente, aunque inmaterial, podía producir mundos enteros. Como la electricidad que no se parece a las imágenes de un televisor, pero permite que esas imágenes aparezcan”. Lo bueno es que (p. 43) “Ya no había un Dios vigilante castigándolo desde afuera. Había responsabilidad. Había causa y efecto. Había mente. Y había camino”; (p. 65): “Durante años había querido encontrar los secretos del universo. Ahora comenzaba a sospechar que el verdadero secreto era mucho más sencillo. Aprender a amar. Y aprender a dejar ir”.
Su vida lo lleva a ver, con un desconocido, una nave extraterrestre (pp. 101-102): “Había una conclusión a la que José había llegado muchos años atrás. Si las abducciones existían, no ocurrían necesariamente en el plano físico. Aquella idea no provenía de libros. Ni de grupos ufológicos. De hecho, nunca perteneció a ninguno. Nació de sus propias experiencias. Y de una intuición difícil de explicar. La sensación persistente de que algo había ocurrido. La extraña certeza de que una parte de él había sido intervenida. No como una herida visible. No como una cicatriz. Sino como una modificación imposible de describir. Había momentos en los que estaba convencido de portar algo. […] Una alteración. Una marca. Una información”.
La nave llega, después, hasta su casa, donde duerme con su mujer (pp. 104-105): “Los sonidos de la noche habían desaparecido. Y entonces apareció aquel ruido. No provenía de ningún lugar. O quizá provenía de todas partes. Era un sonido mecánico. Profundo. Impersonal. Una vibración imposible. José y Scarlett despertaron al mismo tiempo. Inmóviles. Paralizados. Conscientes. Aterrorizados”.
La experiencia fue, para él, definitiva (pp. 106-107): “Hasta que todo cesó. El silencio regresó. Los animales tardaron horas en tranquilizarse. Y la vida continuó. Pero algo había cambiado. José comenzó a fragmentarse. Al principio fueron pequeños vacíos. Después aparecieron recuerdos duplicados. Dos versiones igualmente convincentes de un mismo acontecimiento. Más tarde comenzó a despertar con la certeza de encontrarse en otra fecha. Algunas mañanas estaba seguro de que era martes cuando habían pasado semana. Algunas mañanas estaba seguro de que era martes cuando habían pasado semanas. Otras veces creía estar viviendo años atrás. Los recuerdos recientes comenzaron a desdibujarse. La memoria de mediano plazo permanecía. La memoria profunda seguía llenando los vacíos. Pero las costuras comenzaban a abrirse”.
Lo provocado por la nave, continuó (pp. 121-122): “José no se dio cuenta del momento exacto en que sucedió. No hubo un estruendo. No hubo un instante dramático. Simplemente un día descubrió que había perdido algo que lo había acompañado toda la vida. Había perdido el valor. No el valor de enfrentar peligros. Ni el valor de morir. Ese nunca lo perdió. Había perdido el valor para vivir”.
Se deja ir, hasta que su hija lo rescata, lo lleva a vivir con él (p. 125): “Y vigilaba. Siempre vigilaba. Como una centinela. Como una madre. Como un padre. Como una hija”. Se invierten los papeles (pp. 143-144): “A veces los hijos se convierten en padres. Y a veces los padres deben aprender la lección más difícil de todas. Aceptar ser amados”.
El final es ficción, claramente: José desaparece. Mi amigo, el que está detrás del seudónimo, me vino a visitar ayer, y platicamos, reímos, seguimos haciendo planes para el futuro. Y eso ya no es parte de la historia que cuenta el libro…

Contactos: hectorcortesm@gmail.com




Ilustración: María Montserrat Arango Cossio.
Ilustración: María Montserrat Arango Cossio.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 351. Ahora les toca a ustedes/ IX. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: María Montserrat Arango Cossio.

Polvo del camino/ 351

Ahora les toca a ustedes/ IX
Héctor Cortés Mandujano

[Escojo lo que creo puede resultar interesante de lo que me mandan. Esto es un resumen y una antología. Ustedes hablan aquí...]

Abril 2025

Sobre Anecdotario Mapache (un libro que coordiné hace años) y que acompaña al ensayo Mapaches: campos de maíz, campos de guerra, escribe Carlos Hernández: “Acá, disfrutando historias y fundamentos de mi raza. Gracias, maestro”.

Sobre Casa de citas/ 737, “Combustible para las pasiones”, escribe Roxana Carbajal: “Esperaba con ganas la reseña de El infinito en un junco. A mí me sacó lágrima la pasión de sus líneas finales. Para mí, Irene Vallejo es de las mejores escritoras actuales”.
Sobre Casa de citas/ 737, “Combustible para las pasiones”, y sobre Polvo del camino 273, “Desnudez andrógina”, escribe J. R., un querido amigo: “¿Sabes?, me obligas gustosamente a releer. Casi no tengo los textos. Luego los encuentro en la web. Me gustó lo que dices de Efraín Huerta y recordé que tenía un libro por ahí, y en este justo está el poema de ‘La rosa primitiva’. Lo leo en voz alta, cobra otra dimensión. Gracias, hermano. Ah, y conseguí el PDF de Irene Vallejo. Me iré despacio, está re largote y no me gusta leer en computadora. Vale”.

Ney Antonio Salinas hizo un video, que me hizo llegar, sobre mi novela Aún corre sangre por las avenidas. Para quien quiera verlo, está en YouTube. También Ney me hizo llegar este recado con mi amiga Damaris: “Dile a ese máster que es uno de mis grandes héroes literarios en esta dura senda de las letras”.

Sobre Casa de citas/ 738, “Lo inaprensible de la vida” escribe Luis Daniel Pulido: ”Los filósofos chiapanecos, bueno, esos que se reúnen en cafés son letra muerta. Dicen más los escritores, los dramaturgos, los poetas, los ensayistas que esos cónclaves. Tu columna es un ejemplo de cómo pensar y abordar temas y abre, de verdad, puertas a un diálogo universal”.
Sobre Casa de citas/ 738, “Lo inaprensible de la vida” escribe Adela Lagos: “Titulazo el tuyo. Efectivamente, así es”, y sobre Polvo del camino 274, “Matar a las abuelas”, dice: “Caray, ya eres abuelo. No le des idea a tus nietos. Acuérdate que un día van a leer esta columna. ¿Y si se quieren deshacer de su tía Adela? Qué barbaridad”.

Sobre mi texto “Antes y después de las promesas” (en el libro Chiapas. Elecciones 2024) escribe Marcelino Champo: “Querido Héctor. Hace poco me topé por casualidad con este texto tuyo. Me encantó. Ojalá pueda, en algún momento, tener esa objetividad y crítica. Te mando un gran abrazo”.




Ilustración: María Montserrat Arango Cossio.
Ilustración: María Montserrat Arango Cossio.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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