Polvo del camino. 328. En la raya. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Luis Daniel Pulido.


Polvo del camino/ 328

En la raya
Héctor Cortés Mandujano

Por el Polvo del camino 318, “Leer y vivir”, donde cuento la experiencia de un lector que decidió probar si el estrangulamiento produce placer y eyaculación, recibí varios mensajes de, curiosamente, lectoras.
Rocío: “La pareja que experimentó lo que leyó en tu libro. Impactante”.
Andrómeda: “Qué buena anécdota”.
Leonora: “Buenísimo. ¿Ya ves, tocayo? Tú también educas, como Rosseau”.
Tania: “Y qué buen polvo... el que tuvo el amigo. Como dices, ese sí es un lector comprometido”.
Natividad: “¡Qué lector tan arriesgado! Afortunadamente vive para contarlo”.
Damaris: “Jaja, buenísimo. También me surgió la duda, peroooo 1) no tengo quién me baje de la silla, 2) ¿En las mujeres también pasa?, 3) ¿Venirse es irse?”.
Google dice que “la asfixia erótica, que involucra el ahorcamiento para buscar placer, es una práctica documentada desde el siglo XVII, inicialmente usada para tratar disfunciones sexuales y vinculada a la erección y eyaculación en víctimas de ahorcamientos públicos (erección mortal)”.
La hipoxifilia, como se le llama técnicamente, es una práctica que puede ser mortal. Han muerto muchas celebridades en el intento, aparte de los miles anónimos. Hay muchas novelas, cuentos, películas que han tocado el tema, y su estudio (erección y eyaculación incluida) es parte de la materia de derecho penal.
Lamentablemente, la respuesta placentera que cuenta el técnico forense en mi novela Aún corre sangre por las avenidas, sólo ocurre (por cuestiones de nuestra diferencia genital) en los hombres, aunque ahora está de moda, entre jóvenes y adolescentes, el ahorcamiento femenino para buscar placer. Escribe Cecilia Barría (BBC News Mundo) en “Asfixia erótica: los peligros de una práctica de moda entre los jóvenes que pone en riesgo especialmente a las mujeres”, que investigadores de la Universidad de Hamburgo publicaron en 2024 que en Alemania (y en Estados Unidos) el 40% de los adultos menores de 40 años han incorporado el sexo violento consensuado (azotar, tirar del cabello, asfixiar) en sus relaciones íntimas... En Islandia el porcentaje sube a 44% y en Australia es del 50%. México ya es, también, obvio, parte de esta moda...
En El invencible verano de Liliana (Random House, 2023), Cristina Rivera Garza cita la investigación de Jacquelyn Campbell, “enfermera especialista en violencia doméstica y violencia íntima de pareja”, quien cita como factores de riesgo específicos (p. 53) “las amenazas de muerte, la estrangulación, o el sexo forzado”.

Ilustración: Luis Daniel Pulido.
Ilustración: Luis Daniel Pulido.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 327. Borges, una película. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.


Polvo en el camino/ 327

Borges, una película
Héctor Cortés Mandujano

Tanta soberbia el hombre, y no sirve más que pa juntar moscas

JLB,
en “El hombre de la esquina rosada”


Me hallé de casualidad, en YouTube, con la película Hombre de la esquina rosada (dirigida por René Mugica, en 1962), título famoso de Borges, donde, como una rareza en su producción cuentística, usa el lunfardo, el lenguaje orillero (arrabalero) de Argentina, con mucha soltura.
La historia no sólo se ha vuelto cine, sino también teatro, ballet, una suite que escribió Borges y musicalizó Astor Piazzolla, e incluso una moneda conmemorativa.
No le gustó, cuando se volvió famoso, que su cuento fuera tan popular (“cometí la imprudencia de escribir un cuento titulado El hombre de la esquina rosada”), pero ante la decisión del público el artista poco tiene que hacer. Se publicó por primera vez, con otro título (“Leyenda policial”), en 1927, en la revista Martín Fierro, y después de otras publicaciones formó y forma parte del célebre volumen Historia universal de la infamia, desde 1935.
Comencé a ver la cinta sin muchas expectativas y me fue sorprendiendo: qué bien hecha está, qué bien actuada, qué bien adaptaron la historia, qué bella es La Lujanera (la actriz Susana Campos). El barrio, donde trascurre mayormente la trama, es retratado con solvencia; Francisco Real, el Corralero, es encarnado por un actor que sabe su oficio (Francisco Petrone), lo mismo que Rosendo Juárez, el Pegador (Jacinto Herrera).
La lucha entre ambos, donde triunfa el primero, se escenifica con sapiencia.
El personaje que da título a la narración y a la película (en el cuento es quien cuenta el cuento, se supone que a Borges; en la película aparece desde el principio) me pareció en la cinta débil, incluso afeminado. Eso, sin embargo, vuelve más potente el relato, porque subraya mejor la hazaña; es decir, no hay enemigo pequeño, el aparentemente insignificante puede vencer al diestro: David mató a Goliat.
Hay tantas escenas con bailes y tumultos que fluyen como si fueran reales. El director tomó las mejores decisiones para contar la fatal historia de un cuchillero experto que pierde la gloria y la vida ante un contrincante bisoño, que no da muerte al otro por venganza, sino porque él, antes, ha humillado a su ídolo.
Dijo Borges de esta película (tomo la cita de Wikipedia): “De todas las adaptaciones cinematográficas de mi obra, sólo hubo una buena: el mal cuento Hombre de la esquina rosada inspiró un excelente film con el mismo título, dirigido por René Mugica.
“Era éste un film admirable, muy superior al relato endeble en el cual se inspiró. Lo demás que se ha hecho prefiero callarlo. […] También hicieron otras películas de las cuales no quiero acordarme. […] Aunque participé en alguno de los guiones, luego todo aquel trabajo fue transformado de tal manera –quizá mejorado– que yo no lo reconocí al ver el producto final”.


Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 326. Negocios. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Luis Daniel Pulido.

         Polvo del camino/326

Evocadas páginas de otro libro/ XIX

Negocios
Héctor Cortés Mandujano

Cuando llegué a hacer trámites a esa oficina no me di cuenta de cómo era la persona que me atendía detrás de la ventanilla. Oí sólo su voz femenina y joven. Para la segunda o la tercera vez me preguntó mi nombre. En la cuarta o la quinta platicamos brevemente, porque la cola se hacía cada vez más larga y la gente comenzó a protestar.
Le pedí mejor su número, a la siguiente, y me envió un wasap. Comenzamos a platicar y nos hicimos amigos telefónicos, hasta que quedamos de vernos para tomar un café, que terminó en la cama de un motel.
No nos preguntamos demasiado en ninguna de nuestras sesiones, que eran cada vez más frecuentes, hasta que un día me dijo que saldría de vacaciones y estaría fuera durante un mes.
Le mandé un mensaje y no me contestó. Me dejó en visto.
Encogí los hombros. Una más.

Mi secretaría me dijo que había un hombre esperándome. Que quería tratar conmigo algo personal.
—Dígale que pase.
Era un joven, no mal vestido, bien rasurado, de buenos modales.
Me saludó con mucha cortesía.
—¿En qué le puedo servir?
No lo pensó. Pareció un discurso ensayado.
—Mire, la muchacha con la que ha estado viéndose en moteles es mi esposa. No lo vine a ver para reclamarle, aunque creo que, siendo yo su esposo, tengo ciertos derechos sobre ella y le voy a pedir que me pague por las veces que la ha tenido. No sé cuántas sean, pero por lo menos han sido dos. ¿Le parece que está bien esta cantidad?
Me dio un papelito donde venía una cifra, multiplicada por dos.
—¿Cómo sé que en realidad usted es su esposo?
—Porque traigo el acta de matrimonio, si quiere verla, y ella está fuera del edificio, esperando. Si quiere la llamo…
Pensé con rapidez y decidí pagarle.
Él recibió los billetes en silencio. Se puso de pie y me extendió la mano.
—Agradezco su comprensión –me dijo.
Ya estaba por salir cuando regresó hasta mí.
—¿Quiere verla otra vez? Ahora ya sabe la tarifa.

[Dice Onelio Jorge Cardoso, narrador cubano, en “El hombre marinero” (Cuentos. Editorial Pueblo y Educación, 1990, p. 141): “…matar o hacer lo que hizo un tipo una vez, que le cobró un peso a su rival en trance de haberlo descubierto con su mujer y luego se fue de la casa para darle a entender a su compañera de diez años, que así se trata a las mujeres que pueden ser de otro cualquiera además de uno”.]


Ilustración: Luis Daniel Pulido.
Ilustración: Luis Daniel Pulido.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 325. Antes, en y después de los aplausos/ V. Héctor Cortés Mandujano

Imágen porporcionada por el autor.

Polvo del camino/ 325

Háctor
Antes, en y después de los aplausos/ V
Imágenes nómadas, 3 de 4

Llegamos a Chilpancingo, Guerrero, como parte de la gira de La divinidad del monstruo (Gira Nacional por Espacios Independientes promovida por el Teatro Helénico, 2021), y una atenta señora joven nos llevó hasta las instalaciones de De la Mancha, el grupo de teatro que fue nuestro perfecto anfitrión. El escenario, de madera, estaba construido en el patio y la casa tenía dos cuartos que fueron puestos amablemente a nuestro servicio.
Alfredo y Dalí tomaron uno, y mi hija Nadia y yo descansamos en el otro. Fue la primera vez que nos separamos, porque hasta antes de aquí (en Oaxaca y en Puebla) convivíamos, como dice Cri Cri, desde la mañanita hasta el anochecer, en el mismo cuarto, en las mismas actividades. De todos modos, aquí nos seguíamos moviendo como cardumen, juntos a todos lados.
Creo que fue después de que regresamos de comer (fuimos a una plaza comercial), que conocimos a Víctor, staff y todólogo en De la mancha, un hombre que se volvió entrañable para nosotros, porque no cesó de darnos su amable compañía, su conocimiento, su solidaridad. Se volvió un amigo que parecía serlo de toda la vida.
Víctor nos llevó a una mezcalería; el dueño, cuyo nombre no recuerdo, viene de una dinastía dedicada a ello, pero es también doctor en antropología y su casa está llena de máscaras. No hay un espacio donde no haya una. Nos explicó sobre varias, las que le preguntamos, con una sapiencia total y una voz pausada. Nos invitó muchos caballitos de mezcal y compramos varias botellas. Fue a nuestra primera función, que tuvo una excelente entrada, y al final nos hizo un comentario que cambió la música de la obra, en cuanto Daniel Dávila, nuestro músico, lo supo en nuestro regreso a Chiapas.
La gente aplaudió y preguntó mucho en esa primera función, y el after fue muy feliz, muy animado.
Una muchacha, miembro del grupo anfitrión, nos contó al día siguiente (la función tuvo incluso gente de pie) que a ella la obra la había hecho reflexionar sobre su vida y que había decidido ir a visitar a sus conocidos y amigos para invitarlos a que fueran a vernos. De allí el tumulto.
Alfredo baila en la obra y Víctor, que es gordito, veía a mi compañero en escena pasado de peso. Al ver la agilidad que Alfredo muestra en el escenario, le reclamó: “Los gordos no bailamos, ni podemos hacer los movimientos que tú haces: eres un falso gordo”.
En la segunda función, al final, la conversación se fue volviendo muy larga, porque la gente no dejaba de levantar las manos para hacer alguna pregunta. “Tres más y ya”, dijimos. En la respuesta de la pregunta final, dije que normalmente las obras de teatro intentan acariciar las emociones (hacen llorar, reír, sentir angustia, tensión, etcétera) y que yo había querido, con mi obra, acariciar la inteligencia de los espectadores.
El público nos aplaudió de nuevo y cuando se levantaban para irse, un joven dijo en voz muy alta: “A mí sí la obra me acarició la inteligencia, me estimuló el cerebro, me hizo eyacular por dentro: no sólo tocó mi mente, la masturbó”.
Nos pareció un elogio muy divertido.
Creo que los cuatro integrantes regresamos de Guerrero llenos de sentimientos lindos. Y así, llegamos a Chiapas...


Imágen porporcionada por el autor.
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*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

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Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 324. Demasiadas mujeres, demasiados hombres. Héctor Cortés Mandujano

La ilustración es de Luis Daniel Pulido.

Polvo del camino/ 324

Apuntes de oído/ 25
Demasiadas mujeres, demasiados hombres
Héctor Cortés Mandujano

Cuando eres joven todo son filetes,
pero con el tiempo debes pasar a los cortes más baratos

Monsieur Gustave (Ralph Fiennes),
en la cinta El gran hotel Budapest,
de Wes Anderson

“Demasiadas mujeres”, que interpreta C. Tangana en el álbum El madrileño (2021), compuesta por varios autores (Bizarrap, Don Patricio y más), y “Hombres”, compuesta e interpretada por Tessa Ía, del álbum Correspondencia (2015), hablan de mujeres y hombres como instrumentos de placer, o con la condescendiente mirada del hombre y la mujer que ve al otro sexo desde el recuerdo o con el fugaz interés de una posible sesión erótica. Pareciera que da lo mismo una que otra, otro que uno... O quién sabe, tal vez en la diversidad que plantea uno y otra late el deseo de hallar una/uno que sea el/la más o menos definitiv@.
Las visiones no se parecen demasiado. En la canción de C. Tangana el hombre es quien, en general, se asume culpable de que las relaciones no funcionen; en la de Tessa ella ve a los hombres y los clasifica, pero no sabemos qué piensa ella de sí misma...
Dice C. Tangana: “Desfilaba en Milán, con 21 campañas de Prada y ahora duerme aquí. ¿Cuánto faltará para que empiece a odiar la forma que tengo de amarla tan mal, mi manera de huir, que no puedo parar?”.
Dice Tessa: “Hombres que huelen a puro cubano, les tienden la cama y les besan la mano. Hombres que huelen a silla de cuero, regalan anillos con hilos. Hombres con tronos que truenan los dedos...”.
Dice C. Tangana: “No he olvidado el olor de la que me follé en el baño de un garito, borracho en Berlín, escuchando un techno que me hacía empujarla como un animal, música del infierno que sonará el día de mi funeral. Aún me acuerdo de ti”.
Dice Tessa: “Extiendes la mano, la toman de regalo. Prometen amor, pero, ¡neh!: Festín de promesas y tragos sin fondo. Arriba, en las mesas, son juegos del ego”.
Otras mujeres más de C. Tangana: “No me puedo olvidar de la que me dijo que siempre pa’ siempre estaría pa’ mí; de la que decía que solo una noche, y después no hubo más; de la que se fue con mis ganas de amar, mis ganas de vivir: no las he vuelto a encontrar”.
Otros hombres de Tessa: “Hombres de traje, parecen tatuajes. Pechito palomo y plumas de pavorreal, es todo lo que necesitan para impresionar”.
El estribillo de C. Tanga es: “Demasiadas mujeres, demasiadas mujeres, demasiadas mujeres...”.
El estribillo de Tessa es: “Y no entiendo su tienda del amor, y no entiendo su tienda del amor...”.
No sé si los retratos sean sacos que todos y todas se puedan poner, pero alguna razón han de tener él y ella... Cada cual que decida.

La ilustración es de Luis Daniel Pulido.
La ilustración es de Luis Daniel Pulido.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

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Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 323. Libros muertos. Héctor Cortés Mandujano

La ilustración es de HCM.

Polvo del camino/ 323

Libros muertos
(Cuento corto)
Héctor Cortés Mandujano

Fue tan natural que no podría decir que me asombró: vi a una niña en una esquina de la ciudad (yo iba a tomarme un café), ella me vio a los ojos y ¡desapareció!
No hice ni gestos. Pensé que estaba cansado, que era una ilusión o un truco barato, pero bien hecho. Hasta que la vi de nuevo.
Se acercó y me dijo:
—¿Cómo le haces para verme?
—Te veo nomás.
—Nadie más que tú me ve. Estoy muerta, soy un fantasma.
—¿Ah, sí? No lo pareces.
Se volvió aire.
Supongo que ella le dijo a otros muertos: a la anciana que me esperó a la entrada de mi casa; a la muchacha que me encontré, cruzada de piernas, en mi sala; a los dos niños que me acompañaron hasta mi oficina…
Ninguno me pidió algo en especial. No recordaban, dijeron a mi pregunta, a ningún familiar, a nadie. Estaban en todas partes, aunque no los vieran. Se les hacía una maravilla platicar naderías conmigo, porque yo les contaba de olores, sabores, sentimientos que ellos ya no tenían. Era su puente con la vida.
Actuaban con discreción y en la calle o frente a los demás, aunque a veces me rodeaban, no me dirigían la palabra ni me interrumpían ni me preguntaban. Les dije que los iría viendo en mi casa en ciertas horas, por grupos, para conversar, y llegaban en gran número. Los tomé como un trabajo agradable.
Hasta que llegó Armonio.
Era un hombre mayor, vestido con elegancia y de muy correcto trato.
Me dijo que era un vampiro muerto. Le habían clavado en el corazón una estaca y la idea de Stoker, en Drácula, era una falsedad: “No nos volvemos polvo, sólo morimos”.
Era bastante instruido, parecía dominar muchos temas.
—Me encanta leer –me confesó.
—¿Y qué lees?
—Tenemos varias bibliotecas.
—¿Tenemos?
—Pertenezco a un grupo de vampiros lectores.
—¿Y podrías traerme un libro?
—Con gusto.
El libro no lo podría ver nadie ni leer ningún humano. ¿Por qué yo sí? No sé. Se llamaba La estructura de la nada, de G. M. Gandolf. Y era un libro de ciencia muy avanzado.
Se lo devolví, luego de disfrutarlo.
En mi cumpleaños, Armonio me dijo que invitaría a su sociedad de vampiros cultos. Y llegaron con sus colmillos largos, vestidos hasta con capas, muy cinematográficos. Cada uno me regaló un libro.
Ahora, aparte de mis ejemplares físicos y electrónicos, tengo una biblioteca en crecimiento de libros invisibles, de libros muertos, que renacen cada vez que pongo mis ojos en sus líneas iluminadoras…
La ilustración es de HCM.
La ilustración es de HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 322. Regalo de cumpleaños. Héctor Cortés Mandujano

La ilustración se explica en el texto.

Polvo del camino/ 322

Lo que hubiera quedado en el tintero/III

Regalo de cumpleaños
Héctor Cortés Mandujano

Efraín Bartolomé y yo somos amigos desde hace muchos años. Escribimos/ escribí incluso un libro biográfico sobre él: Los versos y la sangre. En el vientre del atanor (Unicach-Coneculta, 2010) y recién terminamos el segundo volumen.
He presentado, por eso, a su invitación, muchos de sus libros, y hemos viajado juntos, con nuestras mujeres, la Güera y Pillita, a varias partes del estado, del país y del extranjero.
Generalmente pasan en Chiapas sus cumpleaños, generalmente nos invitan y generalmente le/ les regalo un libro que pienso puede gustarles, interesarles. En 2024, un poco antes del cumpleaños de Efraín, el 15 de diciembre, se me ocurrió juntar los varios textos que he escrito sobre él y su obra, y publicar un libro que sería su regalo.
Revisé los archivos de mi computadora y un disco duro externo donde tengo textos de otros tiempos y fui armando el rompecabezas. Recordé de pronto el texto que escribimos juntos para presentar Los versos y la sangre, donde jugábamos con la idea de que había un mariachi contratado que nunca aparecía en escena. Pillita, Efraín y yo presentamos el libro con este divertimento en Tuxtla, Cintalapa, Arriaga, Tuxtla Chico, Tapachula, San Cristóbal de Las Casas, Comitán y Ocosingo, en Chiapas, y en el Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de México.
Pasaron los años y ahora que buscaba ese texto no lo hallé por ningún lado en mis archivos electrónicos. Decidí pedírselo a él. Para que no pudiera hacerse una idea del regalo que tramaba le conté una mentira: que había contado a mis amigos Sharon Hernández y Eric Cruz, cantantes de ópera, del espectáculo aquel, pero no había encontrado el texto para leérselos. Me lo envió y me dijo que le gustaría volver a montarlo. Le dije que sí. Invitamos a que se nos uniera Eric y, catorce años después, volvimos a presentar Los versos y la sangre, y Dos tipos de cuidado, en una primera función, el 07 de diciembre de 2024, en Tuxtla, en Casa Conejo, y luego en casa de nuestra amiga Linda Esquinca, el 21 de febrero de 2025.
Sin explicarles mucho, pedí a Sharon y a Eric que si Efraín les decía algo sobre una charla que se supone habíamos tenido sobre el espectáculo reaccionaran con normalidad. Así lo hicieron. Efraín, luego de la función, les leyó una nota que él escribió en Facebook sobre la “charla” que había sido responsable de lo que acabábamos de representar con gran éxito.
Yo seguí armando el libro, con la complicidad, el diseño y la impresión a cargo de Juventino Sánchez, que entregué al poeta el 16 de diciembre, un día después de su cumpleaños. Es un libro único, por supuesto, fuera de comercio. Total felicidad de Efraín y Pillita, que mereció abrazos y brindis, ante aquello que nunca se esperaron: un libro, en gran formato, que titulé Algo sobre la obra de Efraín Bartolomé y que tiene, en portada y contraportada, dos fotos espléndidas tomadas a nosotros por Guadalupe Belmontes Stringel, Pillita, en Nueva York.
Allí les conté que la charla con Sharon y Eric fue una invención mía, para pedirle el texto sin levantar sospechas. Efraín dijo algo cierto y simpático: “Y esa mentira dio origen a que de nuevo nos subiéramos a escena y la pasáramos tan bien”.

La ilustración se explica en el texto.
Fotografía de: Guadalupe Belmontes Stringel.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 321. Aquella única vez. Héctor Cortés Mandujano

La ilustración es de HCM.

Polvo del camino/ 321

Aquella única vez
(Cuento corto)
Héctor Cortés Mandujano


Mi mamá era una mujer común física, emocional y espiritualmente; Alma, en cambio, nuestra vecina, madre de Enrique, mi mejor amigo, era excepcional: bellísima, una artista en sus movimientos (parecía bailar cuando caminaba), que cantaba como los ángeles, con un cuerpo que era una apología a la perfección femenina.
Mi madre, además, soportó todos los años que vivió a mi padre, que era un asno, y Alma no vivió mucho tiempo con ningún hombre, porque era autosuficiente, culta e inteligente, con variados trabajos que asumía con profesionalismo y probada capacidad. Nos dio prestado dinero para sacarnos de distintos atolladeros y no tardé demasiado en descubrir, desde niño, que estaría irremediablemente enamorado de ella, que no habría nadie que pudiera desplazarla o superarla.
Pasé muchas noches en casa de Enrique y varias veces tuve la oportunidad de que Alma me estrechara contra su pecho. Dormía feliz, entonces, y mi día siguiente era el mejor de todos. Me besó en la frente, en las mejillas, y para mí aquellas ocasiones eran visitas al paraíso.
Pasó el tiempo.
Papá murió y mis dos hermanas y yo comenzamos a trabajar para traer dinero a casa. Enrique siguió siendo mi mejor amigo y Alma, la mujer a la que seguía viendo hipnotizado y la única habitante de mis sueños.
A mis 19 años, resuelto a no tener a ninguna que no fuera parecida o se acercara un poco a mi diosa, era célibe. Quedé solo en casa porque mi madre y ms hermanas hicieron un viaje al mar cercano. No quise ir. Me bañé para leer un rato antes de dormir.
Tocaron a la puerta y pensé que era Enrique. Fui a abrir, con la toalla enredada a mi cintura. Era Alma. Entró y antes de que hablara, por un movimiento torpe que hice, la toalla cayó y quedé desnudo frente a ella.
Me vio, me pareció, entre admirada y divertida.
—Vaya con el niño –dijo.
No me moví. Sentí que tal vez haría el ridículo más espantoso si hiciera la confesión que guardaba desde niño, pero la hice:
—Alma, siempre he estado enamorado de ti.
—Lo sé, precioso –dijo y me abrazó. Luego me empujó con suavidad hasta mi recámara.
Lo que pasó después no podría describirlo con palabras: nací, morí y volví a nacer y a morir, sucesivamente.
Ella, ya vestida, me besó con ternura los labios y me dijo al oído:
—Esto nunca pasó ni volverá a pasar, ¿okey? Sé feliz sin mí, niño hermoso.
Se fue. Oí un ruido en la ventana que daba al patio y que no se me ocurrió cerrar ni cubrir. Era Enrique. Nos había visto, quedaba claro.
Busqué a mi amigo al día siguiente; salimos a caminar, en silencio. Le dije:
—Sé que me odias por lo que pasó ayer.
Suspiró, antes de contestarme:
—No, no te odio, te envidio.

La ilustración es de HCM.
La ilustración es de HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 320. Nuestros propios sepulcros. Héctor Cortés Mandujano

La ilustración es de Jacobo Herrera Cortés.

Polvo del camino/ 320

Nuestros propios sepulcros
Héctor Cortés Mandujano

Veo difícil que la poesía se encarne en el hombre bruto

Fernando Aramburu,
en Vetas profundas

Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) escribió un libro donde habla de 40 poemas que le gustan: Vetas profundas (Tusquets, 2019). Dice el autor (p. 10): “Este es el libro, no de un experto, tampoco de un lego, sino de un degustador que de manera razonada y, a poder ser, clara intenta trasmitir sus sensaciones de lectura, a menudo con relación a hechos de su experiencia vital”.
Está, en los 40, “Voy a dormir”, de Alfonsina Storni (1892-1938), el último de sus poemas, que dice en uno de sus versos (p. 26): “Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame”. Lo escribió en octubre de 1938; (p. 29) “en la madrugada del 25 de octubre, la escritora se llega bajo la lluvia hasta una escollera y se arroja a las aguas frías. Por la mañana, dos obreros encuentran su cadáver en la playa”. El título, dice Aramburu, quiso decir “Voy a morir” y a la nodriza a quien habla es la muerte, su muerte.
“Sé que escribo bien y eso es todo. Pero no me sirve para que me quieran” (p. 86), cita Aramburu a Alejandra Pizarnik, otra poeta suicida.
Reflexiona Fernando sobre lo que hace que nazca el “prodigio poético”. Son tres componentes (pp. 101- 102): “El primero es la escritura o, si se prefiere, la técnica. […] El segundo componente es la emoción fundida en el lenguaje […] Y el tercero consiste en la variedad de asuntos, visiones, ideas, que constituyen el universo intelectual del poeta”.
Escribe cuando habla del poema “Gritando no morir”, de Blas de Otero (p. 132): “Para el poeta, Dios, al crear la vida, creó la muerte”.
El famoso Soneto V, de Garcilaso de la Vega, termina con estos versos definitivos (p. 166): “por vos nací, por vos tengo la vida,/ por vos he de morir, y por vos muero”. Los dedicó a Isabel Freyre, la mujer de quien estaba enamorado. Aramburu dice que él lo dijo al oído a alguna muchacha, con quien no tuvo suerte. Se pregunta (p. 170): “¿Me habría consolado saber que Isabel Freyre, lejos de caer rendida al lenguaje superior de Garcilaso, se casó con otro?”.
“[Represéntase la brevedad de lo que se vive y cuán nada parece ser lo que se vivió]”, de Francisco de Quevedo, dice en dos versos (p. 196): “Ayer se fue; mañana no ha llegado; […] soy un fue, y un será, y un es cansado”. Dice Aramburu (p. 200): “Desde los pañales del recién nacido hasta la mortaja del difunto, la vida (hoy, mañana y ayer) se ha pasado en un soplo; una vida en la que uno, testigo de sus incesantes defunciones, es tumba donde yacen sus anteriores edades. Quevedo enuncia este pensamiento en una célebre carta de 1635 dirigida a Manuel Serrano del Castillo: ‘Hoy cuento con cincuenta y dos años, y en ellos cuento otros tantos entierros míos. Mi infancia murió irrevocablemente; murió mi niñez, murió mi juventud, murió mi mocedad; ya también falleció mi edad varonil. Pues ¿cómo llamo vida una vejez que es sepulcro donde yo propio soy entierro de cinco difuntos que he vivido?’ ”.


La ilustración es de Jacobo Herrera Cortés.
La ilustración es de Jacobo Herrera Cortés.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 319. Morir juntos. Héctor Cortés Mandujano

La ilustración es de Luis Daniel Pulido.

Polvo del camino/ 319

Morir juntos
Héctor Cortés Mandujano

Recientemente se han presentado al público dos películas que buscar poner luz en hechos bajo la sombra de dos autores icónicos de la literatura mundial: Shakespeare y Cervantes.
Hamnet (2025), dirigida por Chloé Zhao (Pekín, 1982), está basada en la novela homónima de Maggie O’Farrell, coautora del guion junto con la directora. Zhao es, desde mi punto de vista, una artista de los pies a la cabeza. Conozco los cinco filmes que tiene hasta ahora (Songs My Brothers Taught Me, The Raider, Nomadland, Eternals) y todos me parecen geniales.
Hamnet, la novela y la película, parten de la misteriosa identidad de William Shakespeare, ya vuelto lugar común: no pueden ser el mismo un señor del campo, común, enterrado sin pompa en su natal Stratford, que el rey de Londres, el mayor dramaturgo inglés y universal que ha parido este mundo. Ríos de tinta han corrido para intentar desvelar ese misterio. La cinta y la novela solucionan eso con un epígrafe: “Hamlet y Hamnet son el mismo nombre, intercambiables en los registros de Stratford, a finales del siglo XVI y comienzos del XVII”. Lo mismo se dice de los dos Shakespeare. Hay una letra que los diferencia.
Sobre esa base O’Farell escribió una novela, que no me pareció nada del otro mundo cuando la leí (la comenté en una Casa de citas), y sobre ella Chloé Zhao hizo una película prodigiosa, que inventa la vida del Shakespeare de Stratford que se enamora, se vuelve dramaturgo, se va a Londres y deja a su familia en el pueblo. Aquí, los dos Shakespeare, el del pueblo y el de Londres, son el mismo. Hamnet es la bisagra entre los dos. El de Stradford, en la vida real, tuvo un hijo que se llamó Hamnet; el otro, todos lo sabemos, escribió una obra de teatro que se llama Hamlet.
La actriz Jessie Buckley, madre de Hamnet en la cinta, merece todos los premios. Es impresionante.
El cautivo (2025), escrita y dirigida por Alejandro Amenábar (hispano-chileno, 1972) inventa lo que pudo haber ocurrido con Cervantes cuando fue cautivo en Argel, en 1575. Se sabe que intentó escapar y aquí se recrean sus intentos. Ya puestos a imaginar, Amenábar propone que Cervantes y el bajá responsable de la cárcel donde estaba cautivo tuvieron un romance gay.
En el filme nos encontramos con un Cervantes (el actor Julio Peña) ya con el brazo izquierdo inutilizado por heridas de arcabuz (no era manco, como inexactamente se ha repetido) y dueño de una formidable imaginación, que seduce tanto a sus compañeros de cautiverio como al poderoso bajá.
En esta cinta como en Hamnet (allá son más bien verbales) hay un montón de guiños a sus obras: los sacerdotes que le consiguen el rescate son la viva imagen de Don Quijote y Sancho, aparecen los célebres molinos de viento y varias minucias más. La peli se sostiene muy bien, porque Amenábar es también un maestro en su oficio.
Lo único en lo que se debe tener cuidado es en creer que lo que vemos son retratos reales de Shakespeare y Cervantes. Nada que ver. Las dos películas son agradecibles y bien logrados actos de imaginación.
Ha sido también, supongo, la loca imaginación que nos ha hecho tragarnos el cuento de que los dos murieron el mismo día (la vida de Cervantes está documentada, la de Shakespeare es fantasmal): el 23 de abril de 1616. En honor a ellos se celebra en esa fecha el Día Internacional del Libro. Y vaya que los dos tienen que ver con ese maravilloso artefacto...

[José Luis Ruiz Abreu, director de la Librería del Fondo de Cultura Económica, en Tuxtla, me ha mandado de regalo un paquete con diez libros de la colección Para el veinticinco. Me los entregó mi amigo Sarelly Martínez, lo que ya es un regalo más. Las ediciones están geniales y los diez títulos me encantaron nomás de verlos. Me sentí feliz, como si me hubieran concedido diez deseos. Mil gracias, querido José Luis, un abrazo.]

La ilustración es de Luis Daniel Pulido.
La ilustración es de Luis Daniel Pulido.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com