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Polvo del camino. 35. El más viejo enemigo. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 35

El más viejo enemigo


Héctor Cortés Mandujano

 

Cineterapia: la psiquiatría y el psiquiatra a través de las películas (Edamex, 2005), del Dr. Rafael J. Salín-Pascual es un libro de doble interés: por un lado, este profesionista disecciona muchos de los padecimientos mentales (en varios me puse palomitas) que constituyen el nudo de su labor, y por el otro, revisa una serie de películas donde estos padecimientos son parte de la historia del filme.
            Analiza por ejemplo la cinta Las horas (Stephen Daldry, 2002), que cuenta tres historias vinculadas a la vida y el suicidio de Virginia Woolf, y su novela La señora Dalloway. El suicidio de Virginia no fue una decisión precipitada. Leonard contó en la televisión, 40 años después de la muerte de Virginia, algo que ellos dos habían decidido si los alemanes nazis tomaban Inglaterra: (p. 42) “cerraríamos las puerta de la cochera y nos suicidaríamos”. Ya tenían el veneno listo.
            Habla de la película Freud (John Huston, 1962) y cita (p. 53): “Conócete a ti mismo. Este es el inicio de la sabiduría. En este conocimiento yace la esperanza única de victoria del hombre sobre su más viejo enemigo: su familia”.
            Me entero que Barba Azul, ahora un cuento de niños, tuvo su modelo real en Guilles de Rais, quien confesó el 22 de octubre de 1440 “haber asesinado a unos trescientos niños. […] Los he matado y he cometido con ellos el pecado de sodomía lo mismo antes que después de su muerte, pero también durante ella”. Cuatro días más tarde lo ahorcaron.
            Sobre el sueño dice Salín-Pascual (p. 242): “Las regiones situadas por debajo de los hemisferios cerebrales (tallo cerebral) lanzan en forma aleatoria series de imágenes a la corteza occipital, como si ésta fuera una pantalla cinematográfica y de esta forma recibimos una activación sensorial mientras dormimos. A la mañana siguiente evocamos esa información nocturna y le agregamos eventos diurnos para darle un sentido. Así, todos los días hacemos una edición cinematográfica en donde unimos lo soñado y lo vivido. De esta forma, podemos decir que los sueños son el cine del cerebro”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración: HCM.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 34. Lo obsceno. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 34

Lo obsceno


Héctor Cortés Mandujano

Soy un pene que piensa

Henry Miller
 

En la revista Mula blanca # 11, septiembre-octubre 2014, de distribución gratuita, el poeta Jorge Esquinca publica poemas recientes de su Teoría del campo unificado. En “La zorra” cuenta (p. 20): “Es una zorra me dijo/ ¿Quién?/ La hija de la doña de la miscelánea/ Yo, por más que le buscaba la cola o las orejas picudas, nada./ Es de las que se dejan, insistió./ ¿Se dejan qué?/ Meter mano. Le das un veinte y se levanta la falda, tiene un conejo tibiecito./ Por fin, ¿zorra o conejo? […] Es una zorra, una piruja, es de las que se dejan. Y, además, le gusta. […] Le das un veinte, te vas con ella a la parte de atrás, donde guardan los costales, y le tocas su puchita./ ¿Su qué?/ Se siente suavecito y mojado”.
            Que las mujeres se dejen tocar o permitan la penetración no las hace putas ni zorras ni pirujas, dice Huberto Batis en su ensayo sobre Anaïs Nin [Estética de lo obsceno (y otras exploraciones pornotópicas), Universidad Autónoma del Estado de México, 1989: 124], porque “las mujeres mil veces penetradas pueden seguir siendo fundamentalmente vírgenes, intocadas, inafectadas”. 
            [Eso se discute en el arranque de la cinta Perros de reserva (Reservoir Dogs, 1992), de Quentin Tarantino, a propósito de la canción “Like a Virgin”, de Madonna.]
            El libro habla de varios autores que escribieron sobre erotismo, sexo, obscenidades. El escritor anónimo de la novela Irene dice (p. 50): “Es una manía burguesa arreglarlo todo en historias” y Batis lo secunda de inmediato: “Se hacen novelas de un pedazo de madera, de una gardenia, de un adulterio; hay escritores que cuentan la vida de otros o la suya propia al lector boquiabierto, al lector papamoscas”.
            Uno de esos autores que me dejó boquiabierto es Henry Miller (amante de Anaïs Nin, por cierto) con Trópico de cáncer. A él dedica Batis su ensayo mejor y más extenso, donde retoma opiniones de Miller dichas al crítico George Wickers (p. 69): “La gente lee para divertirse, para pasar el tiempo, para instruirse. Yo nunca leo para pasar el tiempo ni para ser instruido, yo leo para ser arrebatado fuera de mí mismo, para quedar extático. Siempre estoy buscando al autor capaz de hacerme olvidar de mí mismo”. 
Y él lo logró con varios de sus libros que asumen la sensualidad y la sexualidad sin tapujos. Fue, por supuesto, acusado de obsceno y esto respondió (p. 71): “¿Acaso no estamos en el filo de la era destructiva, de la guerra, de la enfermedad, de la pestilencia y de la hambruna? ¿Qué estamos tratando de decir con este ‘uso exagerado’ de la obscenidad? ¿Dónde está el peligro? […] Nunca digo nada que la gente no diga y haga todo el tiempo. No saco los temas del sombrero, sino de los alrededores, de lo cotidiano, de eso de cuya existencia la gente siempre se rehúsa a darse por enterada”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración: Alejandro Nuding.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 33. Dama cruel. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 33

Dama cruel
(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano

 

1
 
Leyó la carta con atención y pasmo. Su marido le contaba que se había encontrado, luego de la cruenta batalla, con tres brujas que le vaticinaban buenas nuevas. Menudencias algunas, como nuevos tratamientos nobles que reportarían quizás ingresos frescos, pero el vaticinio principal era que iba a ser rey.
            ¡Albricias!
            También le anunciaba que él llegaría, con el rey y su comitiva, a pasar una noche en el castillo. Que lo tuviera a punto, que instruyera a las cocineras, que… las naderías que los hombres pueden sugerir a una ama de casa que sabe bien su cuento.
            Dio las órdenes precisas, tomó en sus manos la carta, ya leída y casi memorizada, y salió rumbo a uno de los bosques adyacentes a su rica propiedad. Una pregunta la atenazaba: ¿Cómo podría volverse rey su marido si el rey estaba vivo y con buena salud, sin siquiera algún banal alifafe? 
            No distrajo su vista con las flores, las mariposas o los árboles, ni sus oídos con los silbidos del viento o el canto de las abubillas (si es que tales eran las que lanzaban al mundo sus voces gárrulas). Estaba ensimismada, volcada hacia sí misma, por eso su grito la sorprendió:
            —¡Claro, hay que matar al rey!
            Su grito pareció el conjuro exacto para que las tres brujas se le aparecieran.
            —Hola –dijo una.
            —Dama –dijo otra.
            —Cruel –dijo la última.
            Y pareció que sólo una hablaba.
 
2
 
Convencer a su marido no fue tan sencillo. Débil, lleno de subterfugios. ¿Cómo podía ser éste un gran guerrero, si más parecía una jovencita cuidando su virtud que un tosco varón que rompía cráneos, cortaba cabezas, mataba sin cesar?
            —¡Pero es el rey! 
            —Es un hombre, como tú. Ni más ni menos.
            —Pero lo hemos recibido en casa y ahora duerme confiado en el aposento que supone fuera de cualquier peligro.
            —Eso es bueno. Ya emborraché a los guardias, la puerta está abierta, entra y clávale en el corazón este cuchillo. Es tan pesado que no necesitarás tanta fuerza: entrará como el plomo en el agua.
 
3
 
No faltaron momentos ásperos; sin embargo, su marido fue ungido como rey. En la celebración, ella cuidó personalmente que en su copa se añadiera el veneno más volátil y más severo. Cuando él cayó muerto, ella subió al trono con toda majestad.
            Las invitadas principales a su coronación como reina fueron las tres brujas, ahora sus mejores amigas, sus hermanas.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración: HCM.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 32. Tres mujeres. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 32

Tres mujeres
(Cuento)

Héctor Cortés Mandujano

Si logro lo que busco, ¿qué obtendré?

Un sueño, un soplo, un borbotón de dicha.

¿Quién compra un día alegre y llora un mes,

o cambia eternidad por chucherías?

Shakespeare, en La violación de Lucrecia
 

No tenía muchas ganas de verla, pero ella me insistió en que fuera a la universidad a buscarla, porque quería contarme algo importante. 
          La entrada al campus supuso responder a una lista de preguntas, firmar un documento y dejar una identificación oficial.
          Llegué en un receso, supongo, porque los jóvenes se arracimaban en distintas ocupaciones (aunque algún solitario leía sin ver a nadie, una muchacha parecía meditar sentada sobre el pasto). La mayoría era de raza blanca, blanquísima, como si hubieran sido escogidos para un proyecto racista.
          No quedamos de vernos en ningún lugar especial; nos encontramos sin mostrar sorpresa en uno de los pasillos.
          —Hola.
          —Hola.
          —¿Tienes mucha prisa?
          —Depende –le dije–, ¿estás muy ocupada?
          —No, debo hablar con dos o tres personas. Creo que me basta media hora, ¿podrías esperarme en la cafetería?
 
2
 
La esperé leyendo un tratado sobre los encefalogramas, un asunto que me interesa mucho desde la operación de la abuela. Fue más o menos puntual en su llegada.
          —¿Nos vamos?
          —¿Adónde? Es un engorro entrar. Supuse que me citabas aquí, porque aquí platicaríamos. 
          —No. De hecho, no traigo coche. Nos iremos en el tuyo. Si quieres manejo yo, para no darte indicaciones de nuestro punto final.
          —Como quieras –le dije y le extendí las llaves.
 
3
 
Me llevó a un motel; lo que quería decir y hacer era obvio.
          No quise decirle que no quería involucrarme con la prima de mi ex; no me dio tiempo. Ya estaba desnuda y me desnudaba, besándome con una pasión que no le hubiera imaginado. Cuando estaba a punto del clímax, algo me hizo darme cuenta de que aquello era un sueño.
          Abrí los ojos y mi realidad era peor. Sara, una de mis mejores amigas, casi mi hermana, era quien estaba conmigo, en mi cuarto. Destapaba la bolsa de un condón.
          ¿Cómo llegamos a esto? Tal vez platicábamos y me dormí, como suelo hacerlo, como el narcoléptico contumaz que soy, y la acaricié mientras pensaba hacerlo con la mujer del sueño. Y una cosa llevó a la otra. 
          La vi tan concentrada, mientras me ponía la bolsa elástica, que no quise interrumpirla. Se me montó y me sentí con la culpa anticipada de haber quebrantado algo sagrado, nuestra amistad, por un momento de placer que podía encontrar con cualquier otra.
          Vi su gesto pícaro y me dejé llevar.
          Sin embargo, algo raro había en la escena.
 
4
 
Abrí los ojos y noté el rostro de mi mujer encima del mío, viéndome con curiosidad.
          Estaba amaneciendo.
          —Te desperté porque oí tu respiración agitada y hacías unos gestos extraños, ¿tuviste un mal sueño?
          —No uno –le dije–: dos.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración: HCM.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

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Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 31. Tres cosas. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 31

Tres cosas


Héctor Cortés Mandujano

 

Hay una vieja canción popular, que dice: “Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor; el que tenga las tres cosas, que le dé gracias a Dios”. No hablaré de ellas. Hay una historia en Leyendas medievales (Plaza & Janés, 1987), de Hermann Hesse, que se llama “Tres cosas”, donde un hombre busca (p. 100) “primero, abundancia sin escasez; segundo, alegría sin tristezas; tercero, luz o claridad sin oscuridad”. Tampoco hablaré de esto.
 
En su ensayo “Predestinados en el mar” (El XIX en el XXI, Sexto Piso, 2010: 125), Christopher Domínguez Michael habla de dos grandes autores, absortos en lo mismo (en Moby Dick y en Narración de Arthur Gordon Pym, respectivamente): “La blancura inunda la mirada de Melville y Poe. Para uno y otro lo blanco es el mal, lo mismo que el conocimiento”.
            Llegaré de nuevo al blanco, pero antes daré un rodeo.
 
John Carpenter, célebre director de cine norteamericano, ha logrado grandes éxitos con las audiencias. Uno de sus fracasos, aunque ahora película de culto, es The Thing (La cosa, 1982) donde pasó a la pantalla la novela corta de John W. Campbell. Los primeros minutos de esa cinta son de una maravillosa blancura, pues retrata los hielos de La Antártida: un helicóptero aparece y desaparece de la toma, y un perrito (o perrita, vaya usted a saber) bellísimo corre solo en aquella enorme extensión alba. 
            Por esos minutos delectables, magníficos (a mí me encantan los paisajes helados), vale la pena ver la peli.
Recuerdo que cuando terminé de verla, pensé que esa historia de terror extraterrestre bien merecía un remake. Como si lo hubiera convocado, el azar puso en mis narices The Thing, de 2011, ahora dirigida por Matthijs van Heijningen Jr. (con ese nombre pareciera innecesario agregar el Junior), con la misma premisa: una nave interplanetaria ha estado sepultada en los hielos de La Antártida por millones de años y hasta ella llegan científicos que quieren no sólo saber de la nave, sino de su misterioso tripulante.
             Dirigida con acierto, la cinta es entretenida y comparte con su antecesora varios giros dramáticos, pero el que me encantó (y que le da a ésta el adjetivo de precuela) es que, al final, un helicóptero llega hasta la base noruega donde ocurrió la múltiple tragedia, que no contaré, y se halla con un hombre sobreviviente. Cuando va a ayudarlo, un perro (o perra) bello sale corriendo hacia la blancura total del hielo.
            El sobreviviente dice al piloto que se suban al aparato y desde arriba, con un rifle de mira telescópica, pero con una puntería fatal, le dispara y le dispara al perrito que corre como loco y sin descanso. Es decir, el final de esta película es el inicio de la otra.
           ¿Por qué quieren matar al chuchito (o chuchita) tan lindo? No lo revelaré, claro, porque le echaría a perder las películas a quienes quieran verlas.
 
Hay otra Cosa filmada en 1951, en blanco y negro, dirigida por Christian Nyvy, en donde no le dan importancia al hielo. La acción no ocurre en La Antártida, sino en el Polo Sur. Me llamó la atención que en esta cinta sea una mujer la coprotagonista (Margaret Sheridan); en la versión de 2011 es también una mujer (Mary Elizabeth Winstead) quien lleva el rol protagónico. Al contrario, en la cinta de Carpenter sólo hay hombres en todos los papeles, con Kurt Rusell a la cabeza del reparto. Qué cosa.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración: HCM.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

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Polvo del camino. 30. Nadie se baña dos veces en el mismo río. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 30

Nadie se baña dos veces en el mismo río


Héctor Cortés Mandujano

Cinco millas de sierpe, como en un laberinto,

siguió el sagrado río por valles y collados,

hacia aquellas cavernas que no ha medido el hombre,

y se hundió con fragor en una mar sin vida

Samuel Taylor Coleridge en “Kubla Kan”
 

En varias versiones de mí mismo he sido arrastrado por un río:
 
De niño, desnudo, siento las aguas como lianas líquidas que me apresan las piernas y me jalan, me hunden, quieren que me quede a vivir, a morir en este incesante fluir donde incluso las verdes algas son seres feéricos no siempre de dulce corazón.
 
Joven, casi adolescente, lucho por alcanzar la orilla, pero siento el placer de sentir que soy tocado por completo por estas aguas lúbricas que son la amante más completa que podré encontrarme: ¿quién podrá acariciar al mismo tiempo mis genitales y mi espalda, mientras besa mis labios y mis pies, y mete sus dedos entre mis cabellos y juega con mis vellos púbicos, con la hirsuta pelambrera de mis sobacos? 
 
Tengo esposa e hijos, y los oigo gritar desde la orilla para que no me abandone a la corriente que en su proteica riada me quiere llevar al paraíso ignoto de la muerte. Me brotan poderosos músculos y el dios en que me convierto hace que el río abandone su intento de hacerse el todopoderoso –pobre– y se vuelva un charco al que doy una patada de desprecio. Escucho entonces los aplausos de los espectadores ante el desplante de mi personalidad divina y salgo orondo a recibir el homenaje de mis seres amados.
 
Estoy vestido completamente y no quiero jugar a la lucha potente a que me desafía el río y finjo dejarme llevar hasta que, en movimientos sorpresivos, en tres brazadas logro alcanzar una rama de la orilla y salgo. Piso el lodo mientras me incorporo chorreando y veo en un recodo, donde apenas se mueven las aguas, la mágica presencia de una eclosionada flor de loto. Detrás de mí, una mujer, bella como un ángel, se acerca y me abraza.
 
Pero la única realidad es que fui a caballo, de niño, con mi padre y mis hermanos hasta ese río grande, y me bañé varias veces en él, pero no tenía la corriente de mis sueños, ni pensé nunca en que las aguas fueran mi mejor amante ni creía por entonces que aquel río se volvería el sueño recurrente que a veces me asusta o me excita o exacerba mi vanidad onírica o me regala la nostalgia de aquellos tiempos felices...

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

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Polvo del camino. 29. Gigante rubio. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 29

Gigante rubio
(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano

 

La playa y el mar azul pasarían con notas de excelencia un examen del paisaje más bello. Pero yo no estaba allí para verlo ni para tomarle fotos. Lo supe cuando vi a mi lado el tobillo inmenso del gigante a quien, por más que intenté, no alcanzaba a ver en su estatura inmensa, prodigiosa, que se perdía hasta donde mi vista –con mi cabeza alzada y con una mano haciendo de visera para no sentir tan directos los rayos del sol– alcanzaba a llegar.
            No podía ver completo ni siquiera su pie, que supuse el derecho, porque hacia el otro lado se alzaba una columna que pensé era su otro tobillo.
            Algo me levantó con suavidad y sólo hasta que estuve en su palma izquierda –como en un inmenso campo de carne suave y rosada– me di cuenta que él me había levantado con su derecha.
          Puso su enorme dedo índice en mi cabeza y luego recorrió con él mi cuerpo desnudo. Ante sus proporciones, me sentía un muñequito de plastilina. Tomó mis piernas y rotó mis dos rodillas sin que yo sintiera dolor o incomodidad. Un dedo suyo hubiera bastado para aplastarme; sin embargo, sentía que donde me tocaba algo mejoraba, florecía, se pacificaba, se alegraba, crecía o disminuía. Su tacto era milagroso, transformador.
          Traté de ver su rostro y sólo alcancé a vislumbrar su quijada, sus labios que tenían una expresión de seriedad, algún asomo de su cabello rubio.
          En la pantalla de mi cerebro nació su voz, que me dijo cuatro cosas: eres rojo, siempre lo has sido; no tienes enfermedades de ningún tipo; tienes una fortuna en dólares que pronto llegará a tus manos, y no te olvides de esto: Rn-. Averigua.
          [Rn-, averigüé después, es como le ponen, en una cinta amarrada al dedito gordo del pie, a los bebés de padres desconocidos, y también es el símbolo del radón, un elemento químico que, con sus descendientes, dado que emana de la tierra, puede matar a seres humanos si se le aspira. En EE. UU. su aspiración está considerada la segunda causa de muerte por cáncer de pulmón, después del tabaco.]
Una de sus manos, no supe cuál, me trajo a casa. Me metió por las paredes, como si no existieran –“no existen”, sentí que decía– y me dejó en el cuarto iluminado por la luz fortísima que emanaba de su mano gigante.
          Hubiera querido creer, para tranquilizarme, que aquello fue un sueño. Pero no. Esta realidad está llena de realidades paralelas y el gigante rubio es mi doble, soy yo mismo en una dimensión a la que sólo puedo acceder cuando cierro los ojos y duermo.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

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Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 28. La palabra aguda es grave/III . Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 28

La palabra aguda es grave/III
(Y el diente de oro vuelve a brillar)

Héctor Cortés Mandujano

 

Nada tan fácilmente controlable (antes de las redes sociales) que la música popular. Por un lado, el gobierno, a través de una de sus secretarías, podía impedir que una canción no se reprodujera; por el otro, lo hacían las propias compañías de grabación que no querían perder dinero sacando una canción inapropiada.
            [Es paradigmático el cambio que, por presiones de la Benemérita Liga de la Decencia –que existió, no es un chiste–, se hizo a la letra de una canción de Agustín Lara: “Aunque no quiera Dios, lo quieres tú, lo quiero yo”, decía. ¡¿Qué!? Imposible, no se puede pasar por encima de la voluntad de Dios. La canción, por eso, dice ahora: “Aunque no quieras tú, ni quiera yo, lo quiere Dios”. Rodrigo de la Cadena comentó en Noche, boleros y son, en Canal Once, algo que había olvidado: José Antonio Méndez escribió en “La gloria eres tú”: “Dios dice que la gloria está en el cielo, que es de los mortales el consuelo al morir. Desdigo a Dios, porque al tenerte yo en vida, no necesito ir al cielo tisú, si alma mía: la gloria eres tú”. Oh, nadie puede desdecir a Dios y entonces la palabra cambió por Bendigo a Dios o Bendito Dios, aunque ambas hagan ilógica la idea original.]
            Por otra parte, la música se oía sólo en la radio, luego en los tocadiscos, después en la televisión (mi trazo histórico es de anchos brochazos), y se necesitaba que tuviera un máximo de minutos: cualquiera que se pasara de los tres, ya tenía problemas para reproducirse.
            Estaba, además, el asunto de los temas, que podrían reducirse a muy pocos: 1). Yo te amo-te amé-te amaré y tú me amas-me amaste-me amarás, donde cabe la mayoría de las canciones que reproducía la radio; 2). Yo te amo y tú no, y su reverso: tú me amas y yo no (me engañaste, me dejaste, te dejé por otra, etcétera): si un extraterrestre hubiera llegado a la tierra y hubiera decidido conocer a los terrícolas por sus canciones, se había encontrado que todo se refería al amor y al desamor; 3). Temas locales (“Qué bonito es Chihuahua”), 4). Nacionalistas (“Yo soy mexicano”, “México lindo y querido”) 5). Generales (“Madrigal”, “La feria de las flores”) y 6). Música para fiestas, que podía decir más o menos lo que fuera, pero no lógico ni serio (“El bobo de la yuca”, “La múcura”, “La pollera colorá”). Mis ejemplos son, obvio, de los años 40, 50, 60, los tiempos donde la radio era la reina.
            En términos de libertad expresiva, la televisión no hizo ni un mínimo cambio: el gobierno era el que mandaba y se buscaba “decencia”; más libertad había en el cine y el teatro, pero esos son otros rumbos.
            Dice Pável Granados, en Apague la luz… y escuche (Biblioteca del ISSSTE, 1999:73) que “la XEX comienza su admirable labor vetando algunas canciones pecaminosas”, entre ellas “Aventurera”, “Juan Charrasqueado”, “Pecadora”… pero “dicen que los compositores se ponían felices cuando les prohibían sus canciones, porque entonces se volvían éxitos seguros”.
            Pero las canciones entraban (entran) al cerebro y al corazón de los oyentes. Dice José Joaquín Blanco, en Crónica de la literatura reciente en México (1950-1980), editada por el INAH, en 1982, que fueron las “canciones de la radio, las exageraciones cachondas, sensibleras o claramente masturbatorias que hicieron de los autores de letras radiales, y hasta de las cantantes, la verdadera voz lírica”, en letras y voces de “José Alfredo Jiménez, Julio Jaramillo, Lolita de la Colina, Juan Gabriel, Rigo Tovar, Lucha Villa, Armando Manzanero, Gabriel Ruiz, Angélica María, José José, etcétera”.
            En una entrevista que hice a Armando Jiménez (en el desaparecido semanario Este Sur, hace años), autor de la célebre Picardía mexicana y cuya firma era un gallito inglés al que, como dice el versito sicalíptico, si “le quitas el pico y los pies”, es básicamente un falo erecto, la salida de su libro, en 1960, que ponía en letras de imprenta todas las groserías que los hombres escriben en el baño, fue el canto de cisne de la Liga de la Decencia. Si le creemos, a partir de allí se pudo decir casi lo que fuera en las canciones que se oían por la radio en forma de sugerencias: “¿Quieres ser mi amante?” (1974), de Camilo Sesto, o explícitamente: “Hoy tengo ganas de ti” (1976), de Miguel Gallardo, y “I Feel Love” (1977), de Donna Summer, que hace gráfica la posesión erótica mientras dice, en inglés: “Oh, es tan bueno, el cielo sabe, siento el amor”.
            Rotas las prohibiciones acerca del sexo y las groserías dichas con todas sus letras, quedaba por romper la más difícil, porque iba en contra directamente de los anuncios, es decir, del negocio: la duración de la pieza. Y aquí no hubo ninguna canción desafiante hasta que llegó una que rompió todos los esquemas que la radio y la televisión cuidaban con escrúpulo (lo importante en las programaciones eran los comerciales), porque duraba no los tres minutos consabidos, sino ¡7 minutos, 26 segundos!
            [Hay piezas, de blues y jazz fundamentalmente, que rebasaban los diez minutos, incluso: pero no las programaban en las radios comerciales ni tocaban en programas de televisión la versión completa.]
            La canción se llama “Pedro Navaja”, del álbum Siembra, de 1978. Rubén Blades, su compositor e intérprete, es un hombre al que se le notan las lecturas: la canción está inspirada en “Mack The Knife”, escrita por Bertolt Brecht para La ópera de los tres centavos (que grabó después Louis Armstrong, y que Blades canta a veces en vivo como preámbulo a su “Pedro…”); en la línea final de “Pedro Navaja”(antes del locutor que da el parte policiaco) dice Blades: “Como en una novela de Kafka, el borracho dobló por el callejón”.           
            En 1987, Blades grabó con la agrupación Seis del solar el álbum Agua de luna, cuyas canciones están inspiradas en cuentos de Gabriel García Márquez. El título más evidente es “Ojos de perro azul”, porque es el nombre de uno de los libros del Nobel de Literatura, pero si se las oyen y se conoce la obra de GGM es muy fácil relacionarlas. En el coro de “Isabel” dice “llueve en Macondo, relámpago, limpia un dolor ancestral”, que es casi el título del escritor colombiano: “Isabel viendo llover en Macondo” incluido, justamente, en su colección de cuentos Ojos de perro azul.
            García Márquez dijo, como un cumplido al músico, que nada le hubiera gustado más en el mundo que escribir “la historia hermosa y terrible de Pedro Navaja” (El País, 1 de diciembre de 1982). Y no hubo mejor piropo.

            Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración: HCM.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 27. Labor recomendada. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 27

Labor recomendada

Héctor Cortés Mandujano
(Minificción)

 

Sonó el teléfono rojísimo y yo contesté, desganado, el número desconocido. Era de tarde y yo arrastraba una afonía inexplicable. La voz masculina del otro lado de la línea sonaba joven. Luego de varios circunloquios me preguntó si estaba disponible esa noche. Le dije mis honorarios y no puso ningún reparo. Me dio los datos y quedé de estar en punto de las diez.
            Se sorprendió cuando me vio llegar.
            Lo imaginaba más joven –me dijo.
            Yo, en cambio, no los suponía tanto.
            Los dos eran una postal de apostura rayando en la adolescencia. Él, con el cuerpo trabajado en gimnasio, y ella radiante, de primorosa dentadura y mirada dulce. Helena y Paris redivivos. 
            ¿Y cuál es el problema?
            Mi novia no alcanza el orgasmo, pese a mis esfuerzos, y nos dijeron que usted es especialista en relaciones sexuales satisfactorias. Queremos que nos enseñe.
            Muy bien, ¿podemos ir a la recámara?
            ¿Quiere tomar algo antes?
            Sí, si me acompañan. Una copa de vino. 
            No supe si el muchacho mentía, porque cuando llegamos a la recámara, la joven y yo nos besamos, la desnudé y sin poner mucha sapiencia en el juego comenzó a jadear, y luego tuvo un orgasmo lleno de gritos y contorciones. Él no se perdió ningún detalle y cuando me pagó me dio una propina fuera de toda proporción. 
Quedó de recomendarme con sus amigos.
 
***
 
La cinta La vieja guardia (The Old Guard, 2020), recién estrenada en Netflix, es una exitosa muestra de corrección política. Fuera de que cuenta bien la historia de aventuras y está bien producida, dirigida y actuada, se amolda a los tiempos donde se pide inclusión: la dirige una mujer morena (Gina Prince-Bythewood), la protagonista es una blanca, pero no joven (Charlize Theron), líder de La vieja guardia (un grupo de justicieros inmortales); su evidente sucesora es una joven afroamericana (Kiki Layne). Tres mujeres en primeros planos: una morena, de 51 años; una blanca, de 45 años, y una jovencita, 28 años, afroamericana.
            El reparto lo complementan un belga (Matthias Schoenaerts), dos actores que son pareja gay en la trama: Marwan Kenzari (de nacionalidad neerlandesa) y Luca Marinelli (italiano); también actúan Chiwetel Ejiofor (británico) y la actriz que deja abierta la puerta a la secuela: Ngô Thanh Vân (vietnamita).
            Mujeres en los puestos principales, una pareja gay y un coctel interracial. Todos los requisitos bien cumplidos sin que salten, sin que choquen. La peli es entretenida, palomera. No tiene ninguna pretensión filosófica, pero se ponen buenos los chingadazos.

            Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración: Alejandro Nudding.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 26. La ética de los asesinos. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 26

La ética de los asesinos

Héctor Cortés Mandujano

 

La primera película que vi del director inglés Ben Wheatley (1972) fue El rascacielos (High-Rise, 2015), con el popular Tom Hiddleston –Loki, malvado hermano de Thor, en las películas de superhéroes– a la cabeza del reparto.
            Me llamó la atención la certeza, el firme trazo del director detrás del entramado de este rascacielos como metáfora de las clases sociales. Supe que tenía varias películas más y me lancé a verlas. 
            Sightseers (Turistas, 2012) supuso una sorpresa para mí, porque fue cuando comencé a disfrutar su estilo. Vaya que lo tiene: inicia de la cotidianidad más superflua hasta llegar a la hondura de, en su mayor parte, el corazón lóbrego de los asesinos en el que este director parece especializarse. Uno ve una peli que parece muy simple, cuando de pronto nos mete al remolino de lo siniestro, lo sanguinario, lo cruel. Esta cinta fue escrita por los propios protagonistas y no sólo vale la pena por todos los minutos en que nos tienen alucinados, sino también por el final que, en segundos, nos da un bofetón en la cara.
            Free Fire (Fuego cruzado, 2016) lo puso en las grandes ligas, pero le quitó bastante de su alma independiente. Es su película a lo Tarantino (los dos son muy buenos en la violencia gráfica, no exenta de humor negro), con Scorsese en la producción y un reparto multiestelar. Es la que menos me gusta.
            Down Terrace (La mafia, 2009) fue su debut en largometraje y es una cinta tremenda, genial. En una de las escenas, un verdugo es citado a un hogar donde padre e hijo son delincuentes, para que torture (le quite una oreja) a un hombre que suponen traidor. Llega el verdugo, pero con su hijo de tres años en brazos, a quien no pudo encargar con nadie. Ni siquiera lleva cuchillos y la madre es quien ofrece a su elección, de su cocina, el que guste. Humor de la más concentrada negrura. La madre tiene otra gran escena: uno de los matones, luego de comer algo que ella le preparó, muestra signos de alarma y le dice: “Me va a dar una embolia, Maggie, llama a una ambulancia”, y ella le contesta, con un gesto de hastío, de aburrimiento: “Te envenené, Eric”. 
            Vi también A Field in England (2013), en blanco y negro, extraña, violenta, genial, pero a la que quiero referirme es a Kill List (creo que por obviedad no le pusieron título en español, 2011), porque en ella hay también asesinos. Cuando los dos sicarios protagonistas cumplen sus encargos, uno de ellos nota que la víctima de la lista tiene abierta una página en su computadora y que algo veía. El asesino se enfurece por lo que ve y le pregunta sobre quién es el que hace eso. El otro se lo dice, antes de ser ultimado. Y el asesino se siente con la obligación moral de matar a quien es responsable de lo que ha visto en pantalla. Es un criminal a sueldo, pero el siguiente asesinato lo hará gratis, por su cuenta, por ética. Y eso hará que su destino se tuerza. 
            Hay que ver a Wheatley.
***
 
Dos queridos amigos me han dado sorpresas agradables en estos días: 
          1). Mónica Alejandra Robles Corzo (Mona Robot, como ha decidido llamarse artísticamente), a quien conozco y admiro desde que ella era adolescente, está a punto de estrenar la serie Onyx Equinox, que se transmitirá por la plataforma Crunchy Roll, especializada en anime. Moni hizo en Onyx el arte conceptual, el desarrollo visual y la investigación (la serie está ubicada en la mesoamericana precolombina y las letras de las canciones, en maya); 
          2). Roger Octavio Gómez Espinosa ha sido invitado oficialmente a presentar la ponencia La flama y la cicuta, en el IV Congreso Internacional Autores en busca de Autor, a celebrarse los próximos 17 y 18 de septiembre de 2020 (él estará el 17, a las 16:45), en el salón de actos de la Facultad de Filología, de la Universidad Complutense de Madrid. Su charla girará en torno a tres libros: Los viajeros al otro mundo, de Domingo de la Torre y Anselmo Pérez; Los últimos dioses, de Marceal Méndez, y a su propia novela: La lluvia en las hojas del platanar.
            Lo que más me gusta es que estos dos jóvenes, talentosos e inteligentes amigos míos han conseguido esto sin cobijarse en ninguna institución, sin que los proponga ninguna instancia gubernamental o universitaria, sino desde la independencia. Qué maravilla. ¡Felicidades! Como dicen en Villaflores: Nadita somos ve.

            Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración: H. C. M.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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