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Polvo del camino. 45. La vida sexual de Catherine M. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 45

La vida sexual de Catherine M.

Héctor Cortés Mandujano

 

Hace tiempo compré y leí La vida sexual de Catherine M. (Anagrama, 2001), que tan explícitamente como su título indica son los recuerdos de la reputada crítica de arte Catherine Millet, quien, como la Joe de Lars von Trier en Ninfomaniaca(2013), nomás que ésta en la vida real, se ha pasado por las armas a multitudes de hombres (y alguna que otra mujer). 
          También empieza por la infancia y en su primera línea confiesa (p. 9): “De niña, me preocupaban mucho las cuestiones de número”, pero (p. 11) “hasta que nació la idea de este libro, nunca había pensado demasiado en mi sexualidad. Sin embargo, era consciente de haber tenido relaciones múltiples a una edad precoz, lo que no es muy habitual, sobre todo en las chicas, al menos en mi medio social”.
            Ya entrando en materia, cuenta que iba a fiestas de (pp. 19-20) “hasta ciento cincuenta personas […] de entre las cuales podemos calcular que yo acogía el sexo de alrededor de una cuarta o quinta parte, según todas las modalidades: en las manos, en la boca, por el coño y por el culo”. Hasta en eso hay rutinas (p. 31): “La pauta era la misma: unas manos recorrían mi cuerpo, yo agarraba pollas, giraba la cabeza a derecha y a izquierda para chuparlas, mientras que otras empujaban en mi vientre”.
            Cuando comenzó, con ayuda de otros, las sesiones maratónicas de sexo (cien o más hombres) cobraba una tarifa baja, a veces, y por su mal cálculo de los tipos que hacían fila (p. 47) “delante de la cama y hasta el pasillo” de un hotel le precisaban: “Te van a follar cien, y sin lavarte”; aún más (p. 48): “Llegaremos por la noche y te quedarás hasta el mediodía de la mañana siguiente.” “Pero estaré cansada.” “Podrás dormir, ellos te seguirán follando. Y volveremos al día siguiente, y el dueño del hotel traerá un perro y algunos pagarán por ver cómo te jode el chucho”. Lo hizo por años y en construcciones para obreros a los que ni siquiera alcanza a ver, en el campo, en casas, en casetas, y lamía todo lo que le pusieran enfrente; no ponía problema, según su relato, a recibir sobre su cuerpo orina o heces.
            Confiesa (p. 226): “He follado ingenuamente durante una gran parte de mi vida. Con esto quiero decir que acostarme con hombres era una actividad natural que no me preocupaba sobremanera” y (p. 236) “puesta a dominar, prefiero montar a horcajadas a un hombre tendido de espaldas”.
            Pero no necesita ni hombres ni a nadie para sentir placer (p. 244): “Me hago pajas con la puntualidad de un funcionario. Al despertar, o en pleno día, con la espalda recostada en la pared, las piernas separadas, un poco dobladas, nunca al acostarme. Paladeo igualmente el acto de masturbarme (que) bien envainada por una verga de lo más real”.
 
   

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración de Alejandro Nudding
Ilustración: Alejandro Nudding

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 44. El río de las bolsas negras. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 44

El río de las bolsas negras
(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano

 

Mi mujer y yo fuimos a un lugar que parecía inaccesible, para pasar unos días solos en el campo. Dejamos el carro varios kilómetros atrás, donde pensamos que nadie lo vería porque no había caminos. Mi pericia en las máquinas y mi conocimiento de terrenos mostrencos nos hizo llegar hasta allí sin percances.
            Caminamos mucho y al pie de la montaña hallamos el ensueño: piedras fabulosas, árboles enormes, un río caudaloso y cantarín, vecino al lugar donde nos instalamos.
            Dormimos después de apagar la fogata y ver las estrellas hasta que se nos cerraban los ojos. 
          De madrugada me desperté sin razón alguna (es un decir, porque siempre hay razones desconocidas) y salí de la tienda de campaña. El río hacía su maravillosa canción gárrula; las cigarras y los grillos, la suya. Mi vista erró hasta que noté que las piedras tenían una negrura mayor que el resto del conjunto. 
           Me acerqué con cuidado a una de ellas y sentí que no era una piedra, sino una especie de bolsa de nylon negro. Eso parecía su textura. Era demasiado extraño para pensar eso y ya, dejarlo por la paz. Rasgué para tener más certeza (no había aún tanta claridad) e hice un pequeño orificio.
          El tacto me sugirió piel humana. Abrí con cuidado la bolsa y asomó el cuerpo desnudo de una mujer, su rostro iluminado por la franca sonrisa:
          —Hola, me dijo.
          Me pidió que la ayudara a quitar las bolsas de sus compañeras y pronto tuve frente a mí un ejército de mujeres desnudas, sonrientes. 
          —Muchas gracias, me dijo una de ellas, ya puedes irte a dormir.
 
Las piedras seguían siendo piedras al día siguiente, pero hubo, como si fuera magia, una eclosión de flores: el campo era un festín bellísimo de formas y colores, que no existía el día anterior. 
          Mi mujer estaba asombrada. 
          Yo no. 
          Sabía el secreto.
 
   

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
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Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 43. El frío corazón, la muerte azul. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 43

El frío corazón, la muerte azul

Héctor Cortés Mandujano

 

No es fácil entrar al ceñido breñal del pasado, cuando se tienen pocos documentos que nos puedan servir de arma que muestren un camino en la oscuridad que supone la nada escrita, el ágrafo infinito. Eso hace A. E. Taylor (Fondo de Cultura Económica, 1961) en El pensamiento de Sócrates, pues sus únicas ayudas son tres autores –Jenofonte, Aristófanes, Platón– que hablaron, no siempre biográficamente, de este maestro que (como Jesús, como Buda) no dejó nada de sí escrito.
      Para llegar a ciertos datos tiene Taylor que hacer inferencias, deducciones, aunque hay algunos hechos más o menos probados. Uno de ellos es que Sócrates fue (p. 30) “hijo de Sofronisco y de Fenarete”; él (p. 32) “artesano, estatuario o cantero” y ella (su nombre “parece indicar que era mujer de buena familia”) con hijo de otro marido.
     En sus Recuerdos, Jenofonte habla (p. 59) “sobre la vida ascética de Sócrates, sus escasas ropas, sus pies descalzos y su pobre comida […] su negativa a cobrar honorarios a sus compañeros por los servicios que les hacía”. Platón, en su Apología, cuenta de la (p. 64) “declaración del oráculo de Delfos de que ‘ningún hombre viviente era más sabio que Sócrates’ ”.
     También sabemos que se casó con Jantipa, con quien tuvo tres hijos (p. 75), “el más pequeño de los cuales parece haber sido un niño en brazos”. Jantipa y el pequeñuelo se supone que pasaron con él la noche antes de su ejecución.
      Sócrates no era cómodo para el Estado, de modo que fue acusado por Melito (p. 88) “de no rendir culto a los dioses a quienes rinde culto el Estado […] de corromper a los jóvenes. El acusador público pide la pena de muerte”.
     La acusación, como vemos, no es clara. No se podía, dice Taylor, decir con claridad la razón de las acusaciones que eran, quizás, que Critias y Alcibíades (p. 95: “los dos hombres que más hicieron por arruinar a su ciudad nativa”) fueron sus amigos y aprendieron en sus discursos lo que después sirvió (p. 94) “para sus propios fines”.
     No se pudo probar que tuvo alumnos o escuela, porque no cobraba (ironizó ante Anito, su contrincante en el juicio, sobre el particular) y lo de no rendir culto suena a endeble pretexto.
     La cicuta que le fue dada para su muerte, y que él tomó por propia mano, es una droga que (p. 105) “obraba por enfriamiento, avanzando hacia arriba desde los pies, y la muerte, acompañada por un espasmo, se producía al afectarse el corazón”. En Borges oral, dice Borges (Bruguera, 1979:40): “La muerte azul le va subiendo por los pies”. Murió, sin aspavientos, rodeado de sus amigos, salvo Platón.
     Su mejor discípulo no estuvo en su muerte, dice Borges, porque cuando se refirió a ello, en tercera persona, escribió (p. 31) “la frase más conmovedora que Platón escribió en su vida, señalada por Max Brod: Platón, creo, estaba enfermo”.
     [En Los filósofos griegos de Tales a Aristóteles (FCE, 1953), de W. K. C. Guthrie, dice (p. 82): “Sócrates replicó que durante toda su vida había gozado de los beneficios que las leyes de Atenas concedían a los ciudadanos, y ahora que esas mismas leyes juzgaban conveniente que muriese, sería injusto y desagradecido si eludiese su aplicación. Por otra parte, ¿quién podía asegurarle que no iba a entrar en una existencia mejor que la que hasta entonces había conocido? Y, con la mayor serenidad de ánimo, bebió la cicuta en el año 399 a. c., a la edad de setenta”.]
     A Sócrates, los políticos reinantes (p. 107) “deseaban echarlo de Atenas. Pero no había deseo alguno de quitarle la vida […] Un cuarenta y cinco por ciento de sus jueces estuvo por la absolución”.
     Hubiera sido absurdo acusarlo de lo que realmente era el problema para el Estado:  ser inteligente y culto, porque esas características siempre han puesto nerviosos a los gobernantes cuando no las pueden poner de su lado con prebendas, con premios o, en la modernidad, con becas. 
     A Joseph Goebbels, propagandista de Hitler, se le atribuye la frase “Cuando escucho la palabra cultura saco la pistola”. Los griegos la inventaron, parece, con otra variante: “Cuando escucho la palabra inteligencia saco el veneno”. 
 
   

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Fotografía: Mario Robles

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 42. La palabra aguda es grave/ IV (Al final a la primavera). Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 42

La palabra aguda es grave/ IV (Al final a la primavera)

Héctor Cortés Mandujano

Donde oigas cantar, siéntate tranquilamente,

los malvados no tienen canciones

Citado por Dietrich Schwanitz
 

Como ya lo hice con la música popular antes, decidí escribir sobre la clásica. Desde su origen hasta La consagración de la primavera, pensé. Pero tenía que revisar varios libros para no arar en el vacío, así que pospuse la idea. 
            Leí La cultura. Todo lo que hay que saber (Taurus, 2002), de Dietrich Schwanitz, que por supuesto no tiene el todo que propone su subtítulo; sin embargo, hallé allí mi tarea hecha, de modo que casi todo lo que diga aquí, entrecomillado o no, tiene como referencia el apartado “Historia de la música” (de la página 303 a la 326) de ese libro. Arrancamos con esta cita: “También a los griegos les debemos la palabra ‘música’ […]: el arte de las musas”.
            “Los instrumentos más antiguos fueron la voz humana y los instrumentos de percusión. Para hacer ruido, la voz o un par de leños eran algo que siempre se tenía a mano. […] Y dicho invento contiene ya los dos elementos fundamentales de la música: el ritmo y la tonalidad.” 
            “Los primeros instrumentos fueron la flauta y el tambor. Los progresos realizados en el trabajo del metal trajeron las primeras trompetas. Se crearon distintos instrumentos de cuerda y, con la invención de la escritura, se hicieron los primeros intentos por dotar a la música de una notación.”
            Música medieval. “Antiguamente, en la liturgia estaba completamente prohibido el uso de instrumentos, sólo se podía alabar a Dios con himnos. […] La innovación musical más importante en el ámbito de la música religiosa medieval fue el desarrollo de la polifonía. […] A diferencia de lo que ocurría en el coro, en las piezas polifónicas no interpretaban la misma melodía, sino melodías distintas, lo que revolucionó la concepción de la música. […] Hemos dado con el temido campo de la armonía.”
            Barroco. “Al final del Renacimiento nació algo completamente nuevo: la ópera. Siguiendo el programa del Renacimiento, se quiso recuperar la tragedia antigua. […] A partir de las oberturas de las óperas se desarrollaron las sinfonías, y a partir de la danza la suite. […] La época barroca estableció también las leyes de la armonía. Estas leyes no ordenaban al artista qué debía componer, pero sí qué constituían la gramática de la música que hacía posible el entendimiento entre el artista y el público.”
            El periodo clásico. “Abarca desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta aproximadamente el primer cuarto del siglo XIX. […] En la época de Beethoven “se inventa el metrónomo, lo que le permite determinar el compás con total exactitud.”
            Romanticismo. “En busca del arte total, Wagner intenta reunir todas las artes bajo el dominio de la música. El texto, la música, los decorados y la coreografía se funden con una intensidad hasta entonces desconocida.” 
            La música moderna. “Gustav Mahler (1860-1911) es considerado el primer compositor moderno. […] Para ejecutar su Sinfonía de los mil se necesitan mil trescientos setenta y nueve músicos. Stravinski confió en las formas tradicionales, en parte clásicas y en parte arcaicas, y las organizó con tanta ironía que su música logró escandalizar al público. La consagración de la primavera chocó tanto por su temática pagana como por su ritmo excesivo.”
            Y de ahí pal real.
 
   

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Fotografía: HCM.

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Héctor Cortés Mandujano

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Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 41. Dostoievski dándome vueltas. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 41

Dostoievski dándome vueltas

Héctor Cortés Mandujano

 
Recuerdo con exactitud la impresión que me produjeron dos novelas de Fiódor Dostoievski (1821-1881), leídas en mi juventud: Crimen y castigo y Los hermanos Karamásov. Pese al tiempo pasado desde entonces, las tengo frescas en la memoria. Luego he leído varias más (Humillados y ofendidos, El doble…), sin aquel impacto.
            Sin embargo, más o menos recientemente, me hallé Noches blancas y El diario de Raskolnikov, en un solo volumen, y las leí; casi inmediatamente me sumergí en la biografía Dostoyevski, la vida de un escritor, de Geir Kjetsaa, y quise leerlo, de nuevo, a mayor profundidad.
            Busqué en mi biblioteca y encontré que tengo en espera dos: El jugador El príncipe idiota.
            Pero me hallé en el libro de ensayos El XIX en el XXI, de Chistopher Domínguez Michael, un texto que me interesó mucho sobre una de sus novelas, Los endemoniados, y traté de hallar el libro físico, sin éxito; entonces, pedí a mi amigo Roger Octavio Gómez Espinosa que me la consiguiera en pdf y, amable y veloz como es, lo hizo un rato después de mi petición.
            Allí estaba mi siguiente libro a leer de Dostoievski. 
          Por esos mismos días, mi amiga Linda Esquinca me escribió para decirme que hubo un tiempo que había leído mucho a Fiódor y que me mandaba fotos de sus portadas para que yo escogiera los libros que quisiera como regalo. 
Alineación de astros. 
          Hice mi lista y ahora son feliz poseedor, gracias a la lindura de Linda, de los siguientes títulos: Los endemoniados, Un ladrón honrado, Notas desde el subterráneo, Las noches blancas, Las pobres gentes, La tímida, Un corazón débil, El sepulcro de los vivos, Un pequeño héroe y Stepantchikovo, más los que ya tenía y tengo. 
          ¿Así o más suertudo?
 
***
 
Leí de estos nuevos/viejos libros Los endemoniados (hice un par de Casa de citas sobre ello, que publicaré en lo futuro) y Las noches blancas (Editora Nacional, 1953) que, aparte de esa historia, incluye tres más: “El sueño de un hombre ridículo”, una maravilla donde un hombre muere y vuelve a nacer: qué inteligente era Fiódor; “Un árbol de navidad y una boda” y “Prohartehin”, que son ambas muestras magistrales de cómo se escriben relatos redondos.
            En Las noches blancas, el traductor, Alfonso Nadal, pide al lector algo rarísimo, que yo nunca había leído (p. 13): “Lector: Permíteme unas palabras antes que la emoción que producen las páginas de este libro haga inoportuno cuanto de él pudiera decirte. Sólo quiero rogarte que ames a Dostoievski como a un santo”…  

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Fotografía: Pexels.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

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Polvo del camino. 40. Tenet y el Santo. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 40

Tenet y el Santo

Héctor Cortés Mandujano

 
Santo contra el hacha asesina (1965, dirigida por José Díaz Morales), con las torpezas narrativas del caso, pero con la eficacia de hacer que el público supla sus deficiencias, cuenta la historia de cómo lo ocurrido en el siglo XVI, que involucra al Santo, el enmascarado de plata, y a su enamorada, tiene repercusiones en el tiempo actual: el Santo mató a su rival en amores, en una lucha de espadas (dicho sin albur) y éste viajó en el tiempo para vengarse de uno y de otra varios siglos después. 
            La fórmula les funcionó a los productores del Santo y supongo que hicieron varias por el estilo. Otra que vi es El mundo de los muertos (1969, dirigida por Gilberto Martínez Solares), donde además del Santo aparece el Blue Demon. El planteamiento es el mismo: algo ocurrido hace mucho tiempo se vuelve presente, a partir de que una bruja se posesiona del cuerpo de la amada (Pilar Pellicer) del Santo; aquí ocurre incluso la muerte de ella y el Santo atraviesa la puerta que divide este mundo del otro, para traerla de nuevo a la vida. Le ayuda el Blue Demon en esta epopeya que parece tomada de la clásica leyenda griega de Orfeo y Eurídice.
 
A Christopher Nolan (Londres, 1970) le da por torcerle el rabo a varios temas: la memoria, en Memento (2000); el cansancio extremo, en Insomnia (2002); la enemistad y la envidia, en The Prestige (2006); el caos, en The Dark Knight(2008); los sueños en Inception (2010) y su tema más recurrente, el desorden del tiempo, en Interstellar (2014) y en Dunkirk (2017).
            En su cinta más reciente, Tenet (2020), Christopher Nolan, con mucho más presupuesto e ideas que los escritores y productores del Santo, juega un poco más con el tiempo: en el futuro hay nueve algoritmos que destruirían el mundo en todas sus instancias temporales, y la científica que los conoce decide esconderlos en un lugar donde nadie los halle. Decide que sea en su pasado, que es el presente para nosotros (los personajes de la película y los espectadores).
            Pero un maloso (Keneth Branagh) descubre el asunto de los algoritmos y se hace de ellos. Como él ya va a morir, decide que todos lo acompañemos. Gracias a Dios todavía hay héroes y se meten en ese desbarajuste de tiempos, donde a veces la pistola dispara y hace un hoyo, si está en el presente, o dispara y devuelve la bala al cilindro, y quita el hoyo, si está en el futuro. Las bombas también explotan y hacen estropicios, o explotan y lo arreglan; la gente corre para atrás o para adelante, dependiendo de en qué tiempo estén. 
            Lo que más me llamó la atención fue una idea que uno de los personajes dice así como así: el mundo no fue creado en el remotísimo pasado en el que nos han hecho creer, sino en el futuro hacia el que vamos avanzando; es decir, el mundo siempre ha caminado para atrás, pero no lo sabíamos hasta que este hombre, Nolan, que hubiera hecho maravillas con el Santo, nos lo vino a contar. Bendito sea.  

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Fotografía: HCM.

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Héctor Cortés Mandujano

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Polvo del camino. 39. Fraternidad. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 39

Fraternidad
(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano

 
1
 
El hombre de baja estatura, moreno, tenía ojos de muñeca.
Estacionó su viejo coche frente a una taquería que tenía todos los visos de estar a punto de cerrar; entró en la penumbra.
            Buenas noches, ¿todavía tiene serv…? ¡Cari!
            ¡Muñeco!
            La mujer dejó los trastes que lavaba y fue hasta el hombre a quien abrazó como si quisiera asfixiarlo.
            Roberto también abrazó, apretó, buscó la boca.
Nada más dijeron.
            Ella bajó la cortina y sobre el piso, desnudos, enfebrecidos, se reencontraron.
 
2
 
¡Qué sabroso estuvo! ¿Por qué no subes? En la primera puerta está Pelancha. Ha llorado mucho por la injusticia que cometió contigo. Averiguamos y era mentira. Ve, ándale.
            Pelancha salía del baño cuando lo vio, medio desnudo en medio de su cuarto.
            Dejó caer la toalla y dijo “Muñeco, Muñeco, Muñeco”, mientras él la tomaba sobre la cama.
            Te buscamos y ya no estabas. Nadie nos dijo qué habías hecho, adónde te habías ido. Dejamos el barrio y nos venimos aquí, para poner una taquería y vivir más holgadas, cada una en su cuarto. Al lado está Fe. ¿Crees que podrás todavía, te alcanza para ella?
 
3
 
Abrió la puerta y el grito de Fe fue el primero de los grititos siguientes.
          Roberto durmió aquella noche muy contento y ellas felices de tenerlo de nuevo.
          Nada había cambiado.
 
***
 
Mi mujer y yo vamos con alguna frecuencia a Tzimol, Chiapas, y nos hospedamos en un hotel, La palapa de Modín, una casa adaptada; atienden su propietaria y su familia, quienes ya nos saludan con cálida amistad. Ella es además la cocinera y nos encanta lo que nos sirve en el restaurante, frente a la laguna donde nada un banco de mojarras (el cardumen es cuando los peces son de distinta especie); a la salida de nuestro cuarto pasa un arroyo de potente cauce, y dan vueltas por el jardín enormes patos y pavorreales; a veces (como en la imagen) también anda por ahí un caballo.
            No tengo mucha fe en mi talento de fotógrafo, pero en la más reciente vez que fuimos tomé varias instantáneas que me gustaron y que comparto y compartiré contigo, lector, lectora…  

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Fotografía: HCM.

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Héctor Cortés Mandujano

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Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 38. Mujeres, hombres, niños. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 38

Mujeres, hombres, niños

Héctor Cortés Mandujano

 

En Alice (1990), escrita y dirigida por Woody Allen, la protagonista, una rica que siente que consume su vida en vanidades, decide escribir y toma un curso; cuando intenta concretar su pensamiento ante la máquina aparece su musa (vestida en el absurdo anacrónico con que nos la representa la antigua cultura griega) y le dice que su profesor no tiene intenciones de enseñarla, que sólo quiere acostarse con ella. 
     Alice, interpretada por Mia Farrow, la contradice y afirma que su maestro es muy profundo. 
     La musa, nada sutil, retoma el término: “Profundo es donde te la quiere meter”.
 
***
 
Antes de medianoche ((Before Midnight, 2013, dirigida por Richard Linklater), es la tercera cinta de la magnífica trilogía que comprende, además, Antes del amanecer y Antes del atardecer. 
     En una de las escenas, frente a una mesa donde comparten la sal y el vino (la película transcurre en Grecia), conversan varios personajes. 
     Una mujer cuenta que su mamá, enfermera, era quien recibía a los que volvían de la anestesia, luego de una operación por accidente. 
     Las mujeres, le contó su madre, lo primero que hacían al abrir los ojos era preguntar por sus hijos, por su marido, por los otros involucrados. 
     Los hombres, apenas volver a la realidad, buscaban con la vista si nada les había pasado en el pene.
 
***
 
Luis Buñuel fue muy amigo de Salvador Dalí y de Federico García Lorca, aunque con él tuvo problemas, porque no aceptaba su homosexualidad. Un perro andaluz (1929), la primera película escrita por Dalí y Buñuel, y dirigida por éste, se supone que fue una especie de insulto a García Lorca, según Ian Gibson, en Luis Buñuel. La forja de un cineasta universal (1900-1938), enorme y cuidadosa investigación de casi mil páginas (Debolsillo, 2015). 
     Luego Buñuel dijo que Lorca no sólo era un artista, sino que, al margen de lo genial que era su poesía, su teatro (p. 173), “la obra maestra era él […] Cuando lo conocí, en la Residencia de Estudiantes, yo era un atleta provinciano bastante rudo. Por la fuerza de nuestra amistad él me transformó, me hizo conocer otro mundo. Le debo más de cuanto podría expresar”.
     García Lorca publicó un poema surrealista en La gaceta Literaria (15 de enero de 1929), que se refiere a los hijos (p. 308): “Es necesario tener doscientos hijos y entregarlos a la degollación. Solamente de esta manera será posible la autonomía del lirio silvestre”.  

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 37. Música, política y poesía en Calabacitas tiernas. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 37

Música, política y poesía en Calabacitas tiernas

Héctor Cortés Mandujano

 

En Calabacitas tiernas (¡Ay, qué bonitas piernas!), de 1949, dirigida por Gilberto Martínez Solares, su estrella principal, Germán Valdés Tin Tan, hace tres referencias que seguirán existiendo muchos años después en la música popular, en la política mexicana y hasta en la alta poesía.
            La primera es su grito de batalla que, con algunas variantes, usa en otras películas: Aquí está su pachucote. Lo dice en Calabacitas… cuando ha decidido suicidarse, pero empieza a ver pasar muchachas bonitas. A quien dirige su grito, incluso, se va corriendo y deja tirada su bicicleta. Ese grito lo usa el grupo de ska mexicano La maldita vecindad y los hijos del quinto patio en su célebre canción “Pachuco”, que es parte del famoso y emblemático disco El Circo, que esta agrupación puso a circular en 1991. La película y el disco forman parte de la lista de las/los cien películas/discos mejores de nuestro país.
            La segunda es cuando finge ser un empresario (un poco porque lo obligan, un poco porque le conviene) y, para que quede claro que él es quien todo lo puede, dice: Me canso ganso, dijo el zancudo, cuando volar no pudo… La frase Me canso ganso la usó Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, en su toma de protesta, el 1 de diciembre de 2018, lo que ha dado lugar a un sinnúmero de especulaciones sobre el sentido en que la dijo. [No quiero decir que Tin Tan haya inventado la frase, porque no lo sé, pero evidentemente él, con esta película, la popularizó. También la usan en otra peli, No me defiendas, compadre (1949), de Tin Tan.]
            La tercera es al revés: Tin Tan, dado su carácter de improvisador, o Gilberto Martínez Solares (quien también es autor del guion, junto con Eduardo Ugarte y Juan García) le hacen un homenaje al enorme poeta chileno Vicente Huidobro y concretamente a su espectacular poema Altazor o El viaje en paracaídas, publicado en 1931, que en uno de sus versos dice: “Los cuatro puntos cardinales son tres: el sur y el norte”.  Tin Tan revisa las fotos que un representante de artistas le muestra. Cuando le enseña las fotos de dos señoras mayores y un poco excedidas de peso, el representante obsequioso opina: “Derrochan temperamento y gracia por los cuatros costados”, y Tin Tan responde: “Sí, por los cuatro puntos cardinales, que son tres: éste y el otro”.
            Como en muchas de sus películas, en ésta todo ocurre en un desorden, en un caos que al final tiene un arreglo, un equilibrio precario. El título corresponde a los dos Tin Tan (el real y el de un espejo encantado, quien canta, conversa y se burla de su sosias). Cuando Rosita Quintana, hermosa y simpática, sale de su cuarto, un Tin Tan le dice “Calabacitas tiernas”, en alusión a su fresca belleza, y el del espejo completa: “¡Ay, qué bonitas piernas!”.
            [Lo de las piernas era tan cierto que Luis Buñuel las muestra a todo lo que dan en una escena inolvidable de Susana, carne y demonio, de 1951.] 
 
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En otra película del mismo cómico, El gato sin botas (1956), canta él una canción de Chava Flores que dice: “Yo soy el pirata de pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo”, que repitió, muchos años después, palabra por palabra, Joaquín Sabina en su canción “La del pirata cojo”. No sigo porque, como dijo Nietzsche, la repetición es infinita…

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración: Alejandro Nudding.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 36. Caja de colores. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 36

Caja de colores
(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano

 

Cuando era muy joven me di cuenta de que en mi vida había demasiados colores. De niña no me fijé y borroneé con mis lápices todo aquello que se me pusiera enfrente; de adolescente hubo demasiados negros y grises, porque fue en esa etapa donde viví mis peores etapas de depresión.
            Cuando me percaté de que la vida era una caja de colores, seleccioné aquellos que me iban bien y sólo usé ésos, con distintos matices. Los demás, a la caja, que cerré con cuidado.
            Hubo que escoger un hombre y me decanté por uno que me parecía más o menos monótono, porque ya había conocido algunos de colores estridentes, chillantes, de los que hui como la peste. Pasivo, tranquilo, afable. Así era mi estable pareja.
            Levanté una empresa de la nada y me volví una directora responsable y capaz; mi mano derecha resultó ser un joven que, en un principio, me pareció gay, hasta que descubrí su masculinidad profunda. Un día me confesó su admiración, por mi invariabilidad de carácter. Le conté mi teoría de los lápices.
            Él me dijo que para hacer lo que había hecho se requería no sólo inteligencia, sino voluntad, disciplina, virtudes que él no tenía: “Mi vida saca los colores que quiera y con ellos ha pintado mi pasado, me pinta ahora y seguirá pintado mi futuro. No tengo control sobre los lápices”.
            Decidí ayudarlo y lo volví mi amante. Me encantaban, en la entrega, sus amarillos dulces, sus naranjas tiernos, sus violetas agresivos, sus azules dominantes. Pero eran de él y yo los gozaba como cuando te comes un helado, pero sabes que esa frialdad que toca tu lengua viene de fuera, que tú no estás hecha de hielo.
            Un día descubrí, sin querer, que mi joven amante tenía otra pareja y que mi marido, el comprensivo, el pasivo, también tenía a alguien más. 
            Es decir, yo controlaba mis colores, pero la vida, a través de mis hombres, y transitivamente, a través de sus respectivas amantes, me volvía a pintar de formas que escapaban de mi control. 
           Nunca puedes cerrar la caja, concluí, porque la vida es una explosión de colores que, por mucho que hagas, te pintará con muchas y diversas rayas imprevistas.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com