Casa de citas. 800. Relaja todos tus músculos, excepto uno. Héctor Cortés Mandujano

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Casa de citas/ 800

Relaja todos tus músculos, excepto uno
Héctor Cortés Mandujano

Cada cien columnas celebro contigo lector, lectora, la maravilla que es saberte del otro lado de la página o la pantalla. ¡Llegamos a 800!
Muchas gracias, te abrazo.

***

Recuerdo algunas escenas de la versión cinematográfica, pero hasta ahora leo Bailando con lobos (Ediciones Grijalvo, 1998), de Michael Blake. Gocé su lectura. La novela se ciñe al modo clásico de contar y lo hace bien. Me gustaron mucho sus comparaciones, en especial ésta, que se refiere a un muchacho comanche cuando ve por primera vez al hombre blanco. No sabe qué hacer (p. 117): “Todo le daba vueltas, como semillas en una matraca”.

***

Vi la película Las niñas bien (2018, escrita y dirigida por Alejandra Márquez Abella), basada en el libro homónimo de Guadalupe Loaeza, que no he leído. La cinta es muy buena. De allí este chiste clasista, ubicado en el sexenio de López Portillo, que me encantó:
Le pregunta una niña de la Ibero a una niña de la Anáhuac:
—¿Tu papá está en la lista de los sacadólares?
—No.
—¡Qué naco!

***

¿Acaso una mujer no tiene lengua para eso?

Ethel Krauze,
en “Lo que su cuerpo me provoca”

Mi querida amiga Gladys Fuentes Milla me regaló su libro antológico Sobre seis letras cabalga el deseo (Editorial Canto de Zenzontle, 2023), donde la acompañan las también poetas Ethel Krauze, Gela Manzano, Kyra Galván, Leticia Luna y Socorro Trejo Sirvent.
Es un libro de poesía erótica, cuyos versos, a veces, son muy explícitos. Escribe, por ejemplo, Ethel Krauze, en “Lo que su cuerpo me provoca”, sobre su marido (p. 19): “Que su vara de varón/ parta mi mar/ en dos,/ y libere su simiente/ en la tierra que le tengo prometida”. Luego dice que a su marido lo llaman (p. 20): “el señor del Mástil y el Martillo/ por su en-verga-dura/ larga y dura”.
Gela Manzano escribe a su pareja en “Cuando llueve en Santa Clara” (p. 34): “Aullaremos como lobos torso a torso/ con el sudor a cuestas. […] oleremos a sal/ a musgo/ a alga marina”.
Gladys Fuentes Milla cuenta y canta en “Veinte” (pp. 55-56): “La vida es un vértigo desde que te apetezco/ desde que sueño abrirme para que mueras dentro/ […]/ y me desgarro en temores ancestrales por beber la delicia/ de tu semen/ ávida de llenarme en el sacro lugar de tu existencia/ con afán de aluzar estas penumbras/ de tener sobre el vientre tus locuras/ el empuje de tu ardor entre mi carne”.
Kyra Galván dice en “Mecánica de los cuerpos terrestres” (pp. 67-68): “porque tu lengua era mi madre alimentándome/ y tu miembro era mi padre./ Eras mi figura masculina y femenina a un tiempo./ Eras el vientre materno:/ mi boca llena de pechos, lenguas, falo,/ mi tajo colmado de saliva y músculo”. A ella pertenece el verso que titula esta columna y tiene una brevísima “Ars Erótica”, que trascribo completamente:

Me levantaste en un soplo
–pirueta en el aire–
y no nos desuncimos un milímetro.

Escribe Leticia Luna, en “La canción del alma” (p. 86 y 88): “La brasa de la noche es una pira/ cuando enciendes o exaltas,/ fragmentas o penetras/ en mi nombre furtivo./ […]/ tu falo adquiere mi vocación de orquídea,/ vive alegre, da floración perpetua”.
Socorro Trejo Sirvent, por último, escribe en “Invitación” (p. 101): “Acércate a la hoguera de mis senos:/ te auguro que no encontrarás mejor destino/ Derrama licores sobre mi pelvis de canela:/ no te alcanzará la vida para tanta muerte”.

***

Leo la extraña y divertida novela Griego busca griega (Tusquets, 1987), del suizo Friedrich Dürrenmatt: un oficinista cualquiera conoce a una mujer por un mensaje en el periódico al que alude el título. A partir de ese momento la gente importante comienza a saludarle, le dan un ascenso increíble en su trabajo, le regalan una mansión, su vida se vuelve una locura. La novela, al final, propone dos finales, uno feliz y otro desgraciado.
Inmediatamente después de terminar ésta, en un volantazo, que no lo fue tanto, leo Chin Chin el teporocho (SEP, 1985), del tepiteño Armando Ramírez. Aquí también Michelle transforma la vida de un don nadie y lo vuelve teporocho, por decepción. Es este borrachín quien cuenta la novela que no tiene ni acentos ni reglas ortográficas (quien lee debe decidir acentos, cambios de narrador y todas las zarandajas que suelen tener los libros correctos) y donde se le habla constantemente al lector, invitándolo a un trago, a que entienda que la historia es parte de “una enfermedad” que se llama vida, a que escriba en unas líneas lo que quiera…
Vi la película hace mucho y ya había leído esta novela que propone nuevas formas de contar, fuera del canon y la solemnidad, como varias mexicanas famosas: El vampiro de la colonia Roma, de Luis Zapata; La princesa del Palacio de Hierro, de Gustavo Sainz; La tumba y De perfil, de José Agustín, etcétera.
Es divertida y violenta. Me volvió a gustar.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

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Fotografía: James Collington: https://www.pexels.com/photo/black-and-white-cinematic-camera-setup-outdoors-30697923/




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 337. El nacimiento del 10 de mayo en México. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

  
Polvo del camino/ 337

El nacimiento del 10 de mayo en México
Héctor Cortés Mandujano


Leo El 10 de mayo (SEP, 1982), de Marta Acevedo, un libro que es parte de una colección elegante, con fotografías e ilustraciones. Pensé que sería un libro banal y no.
La celebración de este día y la exaltación de la madre como ejemplo de abnegación, amor, sacrificio (habrán madres así, sin duda) y demás cursilerías con que suelen adornarlas fue resultado de una propuesta publicada en el diario Excélsior, el 13 de abril de 1922, como respuesta a lo que llamó su autor, Rafael Alducin, también director del diario (p. 10), “el reparto de folletos inmorales”, en Yucatán, entre marzo y abril de ese año, que en realidad, fuera de los planteamientos más bien ideológicos, proponían a los eventuales padres y madres un básico control natal.
Alducin en Excélsior, en cambio, proponía, como respuesta a la (p. 9) “campaña suicida y criminal en contra de la maternidad […] hacer un monumento de amor y de ternura a la que nos dio el ser”.
El gobernador de Yucatán, a partir del 1 de febrero de 1922, era Felipe Carrillo Puerto, organizador del Partido Socialista Obrero (p, 14), “que más tarde se convertiría en el Partido Socialista del Sureste” y que propuso, entre otras cosas (p. 15), “la regulación de la natalidad”.
Excélsior y su director, en su cruzada para establecer el 10 de mayo como Día de las Madres, tuvieron como fáciles aliados (p. 32) “a la escuela, la Iglesia, el espectáculo, la beneficencia y el comercio”, que repitieron lo escrito por Alducin (p. 40): “La madre mexicana, por sus virtudes, por su bondad ingénita, por su abnegación sin límites, por su amor incomparable al honor y a la familia, donde halla sus mayores goces y sus más altas reflexiones es acreedora a nuestro respeto y constante veneración”. Dice Marta Acevedo (p. 42): “la industria cultural, el radio y el cine primero, la televisión y las fotonovelas después, han machacado con constante uniformidad en la imagen patrocinada por Excélsior”.
Alducin y el diario se fueron de frente y lograron que se erigiera, en la Ciudad de México, el monumento a la madre. En cambio, el 10 de mayo de 1971, las Mujeres en Acción Solidaria hicieron una manifestación de protesta, en el centro del país, con volantes que, entre otras cosas, decían de la madre (p. 65): “Es una ciudadana de segunda clase, puesto que no se le considera como elemento productivo dentro de la economía. La niña, la mujer, la madre, somos muñecas de cuerda con disco atrás; funcionamos conforme a lo que está grabado en el disco, desde generaciones atrás. ¡Dejemos de ser muñecas!”.
En otros volantes dicen (p. 66): “El mito de la madre consiste en exaltar la función biológica de la mujer para encubrir el hecho de como ser humano pensante y autónomo no se le deja desarrollarse. [...] Sí, nos dio a vida, pero no vemos que por ese hecho deba sacrificar sus ambiciones y desarrollo individual. Casi siempre el renunciar a ellos impone a los hijos una relación cargada de opresión y culpa”.
Evidentemente, yo habría estado no con Excélsior, sino con las mujeres de Yucatán, en 1922, y con las Mujeres en Acción Solidaria, en 1971. Nunca tuve mamitis.
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Casa de citas. 799. Hacerse mundo. Héctor Cortés Mandujano

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Casa de citas/ 799

Hacerse mundo
Héctor Cortés Mandujano

Hoy el escritor creyendo bajar a los infiernos,
se contenta con bajar a la calle

Maurice Blanchot,
Citado por Ida Vitale,
en Resurrecciones y rescates

Ida Vitale (1923, Montevideo, Uruguay) es una poeta con muchísimas publicaciones y reconocimientos. El libro Resurrecciones y rescates (Fondo de Cultura Económica de España, 2019) no contiene poemas, sino una selección de los muchos artículos que ha publicado en varios medios de distintos países. La edición es elegante, cuidada.
Dice Ida (p. 37): “Citamos siempre ‘Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí’, de Monterroso, como el cuento más breve del mundo. Un poema de amor brevísimo y completo sería: ‘Quisiera ser convexo para tu mano cóncava’, si Gerardo Diego no hubiera cometido el error de prolongar lo ya suficiente”.
Cita a Quevedo (p. 66): “Cocodrilos descubiertos/ son poetas vengativos;/ que a los que se comen vivos/ los lloran después de muertos”.
Luigi Malerba, en 1980 (p. 72) “escribió Las gallinas pensativas, breves textos cuyas protagonistas son, como es obvio, gallinas”. No tienen nombre, salvo una –la más famosa de las 131 más quince añadidas después– que se llama Natalia: “Una gallina llamada Natalia había decidido escribir una novela, pero no le vinieron a la cabeza ni la trama, ni los personajes ni el título ni el estilo de la escritura. Fue así que aquella gallina veleidosa escribió en cambio sus recuerdos de infancia y tuvo mucho éxito entre las ocas”.
Escribe, cuando habla de César Aira (p. 129): “El mundo, no lo olvidemos, es un oxímoron en acción”.
En el texto que escribe sobre José Ángel Valente cita varios de sus versos. Me encantaron. Un fragmento (p. 217): “Tu cuerpo baja/ lento hacia mi deseo./ Ven. / No llegues”. Dos versos (p. 221): “La única forma perfecta del amor/ es la soledad”. Y estos (p. 223): “Un hombre ha muerto, pero dime que soy de verdad, que estoy en pie, que es cierto el aire, que no puedo morir”.
Habla de Octavio Paz (p. 247): “Paz aparece como el modelo más constante de un tipo de poeta que no acepta una actitud iluminada y vehicular. Que se mueve en un círculo denso de referencias, crea a partir de un análisis, analiza a partir de su creación y elabora paralelamente arte y teoría del arte. […] No se da hoy en lengua española un cuerpo tan coherente de creación poética y crítica como el que nos ofrece”.
No he leído al poeta Enrique Casaravilla Lemos, pero me gustaron mucho estos dos versos suyos (p. 298): “Ningún misterio iguálate, ninguna/ carne como la tuya; flor nocturna”.

***

Los libros de César Aira son generalmente breves, algunos incluso brevísimos. No ocurre así con La liebre (Editorial Era, 2017), que es una novela de extensión promedio (272 páginas) y que responde al modo de experimentación novelística de este justamente célebre autor argentino.
No puedo decir que me encantó el final, porque Aira decidió jugar con el procedimiento absurdo que tenía el teatro del Siglo de Oro español, que creaba una serie de enredos para rematar con que todos los personajes eran hijos y padres perdidos hasta ese momento. En fin…
La novela, aun así, supone páginas donde podemos gozar de la pericia narrativa y la imaginación de Aira. Clarke, el inglés protagonista, irá al desierto de Argentina (p. 27): “En un relámpago de intuición, en su cabeza pueril y veleidosa, llegó al fondo del darwinismo y le dio la vuelta completa. Toda transformación era una vuelta en redondo. La eternidad misma era una transformación, era el presente, la figura de la felicidad, y todas esas palabras podían reemplazarse unas por otras”.
En Argentina se encuentra con Cafulcurá, quien resulta todo un pensador y en una conversación le dice a Clarke (p. 34): “Al mundo se lo crea para que coincida con el sistema personal, para que el hombre se haga mundo”.
En toda la novela, Clarke (y Carlos y Gauna sus acompañantes) entra en contacto con distintas tribus indias, que tienen incluso teorías acerca de lo engañoso de la realidad (p. 93): “Era como encontrar bellas mujeres a cada paso, salvo que las mujeres no estaban, porque no había nadie, con lo que además se evitaban todos los engorros de la realidad”.

***


Lavoisier. La química moderna. La revolución está en el aire (RBA Coleccionables, 2023), de Adela Muñoz Páez, cuenta vida y obra de Antoine-Laurent Lavoisier (1743-1794), científico francés que dio lustre a su país, Francia, quien le correspondió guillotinándolo.
Este químico, cuyo nombre aparece en todos los libros que hablan de esa ciencia, no tuvo problemas económicos, porque heredó (p. 13) “una fortuna de su abuela”.
Durante años, la ciencia creyó que existía un elemento llamado flogisto que era (p. 32) “la materia y el principio del fuego, aunque no [el] fuego en sí mismo”, hasta que Lavoisier desmontó el equívoco y, además, inventó una palabra que ahora se usa comúnmente. La palabra oxígeno.
Francia y el mundo le debe mucho a los descubrimientos de este hombre, quien generó a su alrededor una serie de calumnias y de infundios, generados por la envidia, que lo llevaron a ser encarcelado y luego guillotinado el 8 de mayo de 1794.
Joseph-Louis Lagrange escribió un día después (p. 140): “No les ha hecho falta más que un momento para cortar su cabeza y puede que cien años no basten para producir una parecida”.

Contacto: hectorcortesm@gmail.com
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Fotografía: Luis Vargas: https://www.pexels.com/photo/adventurer-with-staff-overlooking-mexican-highlands-35888874/




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 336. No madres, mujeres. No brujas, madres. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 336

No madres, mujeres. No brujas, madres
Héctor Cortés Mandujano

Vi el documental Brujas (escrito y dirigido por Elizabeth Sankey, 2024) que analiza, entre otras cosas, a partir de su propia experiencia, la salud mental post-parto y, aún más, la falta de amor e incluso el rechazo que algunas madres sienten por sus hijos.
Como suele ocurrirme con algunas de las cosas que leo y veo, decidí pensar en un caso cercano y específico: mi mamá y yo.
Creo, desde mi propia experiencia, que las madres no tienen la obligación de querer a sus hijos. Lo comenté con dos mujeres al azar y sus posiciones fueron extremas: “¿Para qué abren las patas, entonces”; “Si no quieren tener hijos, que los aborten”. Les dije que no era tan fácil, que no hay información suficiente ni dinero ni capacidad de enfrentar al marido (a veces es él quien dizque quiere tener hijos), a la familia, a la sociedad. No se movieron de sus trece. En fin.
Me parece que los hijos alteran, para bien y para mal, la vida de las mujeres en especial (los padres se cuecen aparte), ya sea que tengan trabajos formales o no, ambiciones, expectativas, deseos que no se colmen con cuidar niños (que, dicho en general, son una lata de tiempo completo). Quedar embarazada es un asunto biológico: con tener relaciones sexuales en ciertos días basta, no hay filtros. Cualquiera –con las excepciones del caso– puede quedar embarazada y tener descendencia. El asunto viene después: ¿Qué hago con este bicho que no me deja dormir, que requiere cuidados todo el tiempo y que después quiere atención y tiempo, más tiempo, más tiempo?
Si se le ve al futuro, un hijo puede ser una piedra que habrá que arrastrarse de por vida. Puede ser muy enfermizo de bebé y de niño, y convertir la vida de cualquiera en un infierno; puede ser un adolescente terrible y no dejar de joder sin pausa; y luego puede volverse drogadicto, borracho, tener mal humor, ser un cabrón o un haragán. El papá lo mandará al diablo en cuanto pueda, pero lo más seguro es que la mamá esté pendiente de él, lo cuide e incluso lo quiera. Aplíquese lo mismo a una hija, porque aquí sí hay igualdad de géneros. Y a quien sea de LGBTQ+, aquí sí hay inclusión total.
¿Qué es un hijo para una mamá? No tengo idea.
Mi madre, pobre, tuvo varios, varias, y creo que ninguna, ninguno le halló el modo. Tenía sus tipicidades, como cualquiera. No imagino cómo podría haber sido el hijo ideal para ella. La verdad es que, en mi caso, vivimos separados mucho tiempo; después de largas temporadas en mi niñez, en que nos vimos poco, la distancia entre los dos, como dice José Alfredo, se hizo cada día más grande.
No pasaríamos ni ella ni yo el examen de madre-hijo típicos. Podíamos vivir el uno sin el otro, sin problemas ni reclamaciones. Desde que dejé la finca El Ciprés, donde viví hasta los once años, me daba igual verla una vez al año o nunca. No me brincaba el corazón si la veía ni me produjo nunca, creo, sentimientos dulces ni terribles. Era mi madre, nomás, ese viejo trasto conceptual con tanta basura emocional encima. Tejimos entre los dos, me parece, una indiferencia, que a mí siempre me vino bien.
Como podrá notarse, la imagen de la madre abnegada me da flojera. Las mujeres no son madres, son mujeres. No son brujas, son madres. Seres humanos, pues.
No sé si mi mamá me quiso de bebé (mi primo Miguel dice que me adoraba), pero no me molesta la idea, a la luz del documental Brujas, que no hubiera querido tenerme ni me hubiera querido en ningún momento. Tenía todo el derecho del mundo. Estoy agradecido con ella por haberme parido y cuidado el tiempo que lo hizo. Y ya. Que además me quisiera, como dice una canción de Sabina, sería pedirle demasiado.
Entiendo, pues, que las madres no quieran a sus hijos. Me parece normal, también, que los hijos les paguen con la misma moneda.

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Casa de citas. 798. Ladinos e indígenas. Héctor Cortés Mandujano

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Casa de citas/ 798

Ladinos e indígenas
Héctor Cortés Mandujano

Cuando [el gobierno] me preguntó, ‘¿Cuánto vale tu rancho?’,
yo dije, ‘¿Cuánto vale tu ojo?’

Eulalio Hernández,
ganadero de Chilón

Regalo de mi amado sobrino David, leo Enemigos íntimos. Terratenientes, poder y violencia en Chiapas (UNAM y otras, 2015), de Aaron Bobrow-Strain, con traducción de Isabel Vericat Núñez.
En la introducción clarifica el sentido de su investigación (p. 17): “Esta es la historia de unos caciques locales que cayeron en desgracia: hombres y mujeres cuyo mundo de privilegio racial, poder político y monopolio terrateniente, cuidadosamente defendido, acabó desmoronándose”.
“En los municipios de Chilón y Sitalá” es donde sucede gran parte de la historia de invasiones de tierras (p. 18), “entre febrero de 1994 y finales de 1998”. Dice Aaron (p. 25): “Sostengo que en los años previos a 1994, los terratenientes ya se encontraban encajonados entre las luchas indígenas por el territorio cada vez más organizadas y el apoyo político y económico en declive del Estado neoliberal mexicano”.
Cuenta el autor que entrevistó (p. 28) “a más de 50 terratenientes, activos y retirados, que abarcaban cuatro generaciones”; también habló (p. 29) “con lideres de invasiones de tierras, curas, monjas y activistas religiosos laicos; trabajadores de los derechos humanos; funcionarios del gobierno y otras personas estrechamente asociadas a los movimientos campesinos en Chilón”. Reconoce que la suya no es una “narración objetiva” y que escribe en contra (p. 308) “de los burdos binarios de buenos y malos”.
Los terratenientes ven las tierras que fueron suyas y los hombres que le obedecían, dice el autor, como un pasado que los enferma de rabia y diabetes, pero los nuevos dueños indígenas siguen (p. 54) “el mismo patrón y material del clientelismo corrupto y violento que los de sus predecesores ladinos”.
El libro habla de cómo se fueron fundando las fincas, cómo la religión fue partícipe en la conformación de las relaciones entre indígenas y terratenientes, y de cómo, también, las rebeliones previas a la del 94 (1712, Golonchán en 1980, etcétera) abonaron el campo de disputas e incomprensiones.
Aaron cita la declaración de un terrateniente a Christine Eber (p. 104): “Quítale el aguardiente al indio, y ¿qué pasará con el café? Las plantaciones de café funcionan con aguardiente, como un automóvil funciona con gasolina”; el autor se repregunta: “Quítale el aguardiente al indio, y ¿qué sucedería con las categorías de peón y patrón? La existencia misma de peones y patrones como sujetos descansaba históricamente en los mecanismos bastante burdos de la ebriedad”. El trago hacía que el peón se endeudara con el patrón, ya fuera por el alcohol mismo o por los problemas que tuviera bajo su influjo (si entraba a la cárcel, el patrón pagaba la multa y la cobraba con trabajos interminables).
La religión buscó quitar esta esclavitud al alcohol (p. 108): “No es sorprendente que hoy las comunidades organizadas en torno a la teología católica de la liberación o el EZLN prohíban a los militantes beberlo”.
Cuando los campesinos presionaban para tener tierras, los terratenientes los amenazaban, (p. 145) “los campesinos también amenazaban e intimidaban a los terratenientes, pero estos respaldaban sus fechorías con la amenaza siempre presente de tener el apoyo del Estado”. Golonchán, en 1980, donde mataron a varios campesinos (p. 158) “simboliza un momento en el que ‘el gobierno actuaba rápidamente y con mano dura’ para proteger los derechos de propiedad”.
Otro elemento conflictivo fue que la región se volvió ganadera y esto (p. 161) “tuvo también consecuencias devastadoras para la supervivencia de los campesinos”, porque con la ganadería, según declara Alejandro Díaz (p. 174), “dejó de ser conveniente tener [peones residentes] en nuestras fincas” y ese sentimiento de abandono (p. 175) “que tenían los campesinos no tardó en transformarse en rabia y movilización”.
En 1994 (p. 195) “El viernes de Carnaval y durante la segunda semana de febrero, miles de campesinos indígenas tomaron 40 propiedades que abarcaban más de 2.000 hectáreas en Chilón. A lo largo de la primavera y el verano siguieron más invasiones”. Los terratenientes, que comprobaron que las autoridades no iban a realizar desalojos, decidieron mejor (p. 209) “cooperar con los planes de adquisición del gobierno”.
En el terreno de los hechos, pues, las invasiones se volvieron legales. Algunos terratenientes, entonces (p. 219), “organizaron las invasiones de sus propias tierras por grupos campesinos que se prestaban a cooperar. Los dirigentes indígenas campesinos también manipularon las invasiones en beneficio propio”.
Pasaron antes varios conflictos (p. 220): “A principios de los setenta, a pesar de las intervenciones del ejército mexicano en favor de los terratenientes ladinos, los tsotsiles de San Andrés Larráinzar libraron una exitosa campaña para proscribir a los residentes no indígenas del municipio. De San Andrés, las confrontaciones entre indígenas y ladinos se desparramaron a Simojovel, Teopisca, Venustiano Carranza, Chalchihuitán, Mitontic y Chenalhó”.
Después de las invasiones, el paisaje cambió en Chilón (p. 232): “Casas de tablones de pino se elevan en los campos donde alguna vez pastó el ganado, y de noche el humo azul de los fogones y el aroma de tortillas de maíz suspendidos en el aire de los que alguna vez fueron los pastizales más productivos de Chilón”. La diferencia es que (p. 235) “los ladinos, me dice Rodolfo Domínguez, invierten en la producción con el objetivo de crear ganancias, mientras que los indígenas ‘cultivan para el consumo del hogar, no por la producción’. O como lo aclara Miguel Utrilla, ‘Los indígenas solo trabajan por necesidad, para comprar cosas que necesitan en aquel momento, y después paran de trabajar’ ”.
En las páginas finales, Aaron Bobrow-Strain habla de que en la campaña de Pablo Salazar Mendiguchía, gobernador de Chiapas de 2000 a 2006, después de una reunión, donde las expectativas eran polos opuestos (p. 297), “los líderes indígenas me dijeron que confiaban en que el candidato apoyara la continuación de la reforma agraria, mientras que los ladinos me aseguraron que, una vez elegido, Salazar iba a empezar de inmediato a expulsar a los invasores […] No obstante, a fin de cuentas, la victoria de Salazar no produjo ni la oleada de la nueva redistribución agraria que algunos líderes indígenas esperaban ni satisfizo el hambre de desahucios y ‘orden’ que tenían los terratenientes”.
Contactos: hectorcortesm@gmail.com

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Fotografía: Peter Caretta: https://www.pexels.com/photo/black-and-white-wooden-pergola-pathway-in-park-32550881/




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Héctor Cortés Mandujano

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Polvo del camino. 335. Imágenes nómadas, 4 de 4. Héctor Cortés Mandujano

Cortesía del autor.

Polvo del camino/ 335

Háctor
Antes, durante y después de los aplausos/ VI
Imágenes nómadas, 4 de 4

Después de hacer funciones en Oaxaca, Puebla y Guerrero, volvimos a Chiapas para hacer cuatro representaciones de mi obra La divinidad del monstruo, en San Cristóbal y Tuxtla, como cierre de Gira Nacional por Espacios Independientes promovida por el Teatro Helénico, en 2021.
En San Cristóbal dimos la primera presentación con la sala llena en el Teatro Petul; nuestros anfitriones, Lupita y su esposo, con su equipo, son muy amables con nosotros, lo mismo que el público. Es reconfortante, después de estar en los varios lados donde estuvimos, sentir la calidez de nuestra gente, en nuestro estado. El diálogo fluye natural, como arroyo de montaña, después de la función.
Al día siguiente, como nos quedamos todos en una casa airbnb, y nos acompañan los que no fueron a la gira (mi mujer, mi sobrino Daniel, mis nietos y Daniel Dávila, quien puso música a la canción que canta Nadia), les contamos anécdotas de lo que nos pasó. Nos detenemos en lo que nos dijo un espectador, doctor en antropología, en Guerrero: que la obra es ritualista, que mi personaje es una divinidad y el personaje que interpreta Alfredo es un hombre que no puede acercarse a mí, que no me puede tocar, que me baila, que me rinde pleitesía...
La canción que usamos hasta ahora es más bien un rock, y Danny, el músico, a quien le cae el veinte en ese momento, se propone hacer otra versión: una música donde nadie cante, donde sólo se oigan susurros, mi voz que dice el texto y mis risas burlonas. Grabamos la nueva versión y la estrenamos en Tuxtla. Quedó muy bien, nos gusta mucho, y es la que seguimos y seguiremos usando en las funciones del futuro.

En Tuxtla nos presentamos en el lugar donde se estrenó la obra: Telar Teatro, de nuestro querido e inolvidable amigo Carlos Ariosto, muerto lamentablemente en su mejor momento.
En el estreno tuvimos que dar dos funciones, porque no cupo la gente que llegó a vernos. Carlitos estaba feliz; él fue, creemos, el mayor admirador de La divinidad..., porque siempre estuvo en cada función fascinado por la conexión que la obra hacía con el público.
En todos nuestros programas de mano, en todas las funciones de ésta y de otras obras, que sin excepción estrenamos en Telar, mientras él estuvo vivo, estuviera presente o ausente, agradecíamos su bondad, su alegría contagiosa, su generosidad, su hacernos sentir como en casa. A mí, incluso, me dio las llaves para que pudiéramos entrar en cualquier momento. Más confianza que ésa, imposible.
Carlitos ha sido para nosotros, los que integramos no sólo el equipo de La divinidad..., sino también para los otros grupos creativos (de los montajes de Acrofobia, Algo sobre el mayor Sabines, Lamentación de Dido, Audiencia de Los Confines, Al lado de una tumba abierta, etcétera), un elemento más, tan importante y tan valioso como cualquiera de nosotros. Era parte de los grupos y estaba con nosotros en escena, aunque fuera espectador.
Mónica Corzo, cuando Carlitos estaba enfermo, dijo algo que define la amistad que tuvimos con él: “He tratado de encontrarle defectos y no he podido”.
Por fortuna, tanto en público como en privado, yo tuve la suerte de decirle a nuestro amado amigo lo mucho que agradecía su apoyo constante y total, y cuánto lo quería por su maravillosa humanidad, por su amistad a toda prueba.
Estas palabras son un abrazo fraternal para ti, querido Carlitos, dondequiera que estés...
Cortesía del autor.
Cortesía del autor.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 334. Ahora les toca a ustedes/ VII. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 334
Ahora les toca a ustedes/ VII
Héctor Cortés Mandujano

[Escojo lo que creo puede resultar interesante de lo que me mandan. Esto es un resumen y una antología. Ustedes hablan aquí...]

Abril 2025
ARENILLA
CARTA A MARIANA, DONDE SE DICE QUE EL LIBRO HACE BIEN
Alejandro Molinari

Querida Mariana: en la carta de ayer te dije que el 23 de abril se celebra el Día Internacional del Libro. ¡Ah, qué buen guateque! Dicho día se celebra con diversos actos.
Para Chiapas es buena noticia saber que un día después, el 24 de abril 2025, en el año donde el mundo celebra el Centenario del Nacimiento de Rosario Castellanos, los tres autores del libro “Chiapas. Las tareas de Sísifo”, estarán en el auditorio del primer piso del edificio B, del Palacio Legislativo de San Lázaro, en la Ciudad de México. Irán para presentar en la Cámara de Diputados, altísima tribuna del país, el libro que escribieron. Como comentaristas estarán Jesús Ramírez Cuevas, Efraín Gurría Penagos y como moderador el diputado Joaquín Zebadúa Alba.
Este libro ya se presentó en la Universidad Autónoma de Chiapas (mi universidad), que ahora celebra sus cincuenta años de fundación; en la Universidad Descartes y ahora se presentará en el Palacio Legislativo de San Lázaro. ¡Bien! Ahí, al lado de los comentaristas y moderador estarán los tres autores chiapanecos: Héctor Cortés Mandujano, Jorge López Arévalo y Óscar Alejandro Figueroa Gutiérrez.
Bien, porque es un libro que, de manera sencilla explica un tema complejísimo: “¿por qué en Chiapas, que es tan evidentemente rico, hay gente tan pobre?” “Chiapas no crece, ¡decrece!”
Mi amigo Héctor, amigo de hace muchísimos años, vino a Comitán y en la terraza de la casa de Paco sostuvimos una agradable charla, él habló y yo escuché. Cuando vino Consuelo Sáizar a dar una conferencia acerca de Rosario Castellanos dijo, en un momento, que ella de chavala no había tenido conciencia de estar cerca de grandes intelectuales. A mí no me sucede eso. Siempre procuro ser consciente de estar frente a un personaje, así me pasa con Héctor. Sé que él es mi gran amigo, pero también sé que cuando estoy con él estoy frente a uno de los grandes creadores de Chiapas; quienes lo conocen saben que él tiene una altísima cultura y posee una gran capacidad para seducir a las audiencias con su plática sabrosa. Lo escuché. Hice bien. Una vez que estuve en el municipio donde Héctor nació: Villaflores, porque la Rial Academia de la Lengua Frailescana me hizo el honor de concederme el galardón “Sombrero de la Ocurrencia” (reconocimiento que también obtuvo Héctor), después que Javier Espinosa Mandujano recibió su galardón y dio su mensaje, me paré frente al micrófono y dije que cuando la inteligencia habla yo hago silencio.
En este libro, la inteligencia de Héctor, la de Jorge y la de Óscar Alejandro ¡hablan!, lo hacen por todos nosotros, quienes vivimos en este espléndido y, a la vez, miserable estado de Chiapas.
El texto de presentación del libro está a cargo del Doctor Oswaldo Chacón Rojas, quien recientemente ocupó la rectoría de la UNACH, hombre también de gran inteligencia y dispuesto a hacer brillar nuestra universidad. ¿Qué tal que, como siempre, hago silencio y dejo que él hable, para que mirés por dónde va el libro?
Te paso copia del fragmento que aparece en la contraportada y que es un extracto de la presentación escrita por nuestro rector:


“Chiapas. Las tareas de Sísifo” es, en síntesis, un libro que analiza sin condescendencias muchas problemáticas de esta entidad del sur: la migración, el analfabetismo, las varias aristas que tienen los problemas económicos, la desaparición de los bosques, el desempleo, la pobreza, el poco provecho que tiene para Chiapas su enorme riqueza hídrica…
“Al mismo tiempo, propone proyectos realizables para dejar de ser el estado con los últimos lugares en casi todos los rubros. Hay aquí, pues, análisis y propuestas que merecen conocerse”.


Posdata: en este libro hay “análisis y propuestas que merecen conocerse”, dice el doctor Oswaldo. Sí, estoy de acuerdo. Hoy, en la Cámara de Diputados muchas personas conocerán estos análisis y propuestas. Es un libro, como dicen los clásicos, ¡de avanzada! Nuestro estado necesita esta reflexión. ¿A poco no todo mundo dice que Chiapas es un estado riquísimo, pero, asimismo y contradictoriamente, es un estado pobrísimo? ¿Por qué?
Mi amigo Héctor, brillante escritor, nos presenta un análisis chipocludo en forma sencilla, comprensiva. ¡Bien! ¡Qué buena celebración del libro, un día después de su día internacional!

¡Tzatz Comitán!
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 333. Catorce libros. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/333

Catorce libros
(Cuento corto)
Héctor Cortés Mandujano


El crítico y ensayista Beronni me parece admirable por tres razones: la primera por usar sólo un nombre y no dar ningún dato biográfico en sus libros ni ceder a las presiones –supongo que las tendrá o las tuvo– de dar entrevistas o aparecer en algún lado diciendo que él o ella es él o ella; la segunda es que no juega a mostrarse en ningún otro género que el ensayo literario, y la tercera es haber tenido la claridad desde el principio de hacer los únicos libros que, creo, quiso hacer: catorce, que llevan los títulos de los días de la semana I y II.
No hay en su caso, como en muchos otros, el libro escondido, el que encontró algún crítico en una remota librería; el manuscrito escondido en una caja misteriosa ni ninguna de otras zarandajas que las editoriales usan para vender basura de famosos.
Hace no mucho, en uno de mis sueños, al salir de un extraño zoológico, me hallé los catorce libros suyos, puestos en rimero y en orden en una de las bancas de la salida. Pertenecen a su primera edición, de gran formato, en un papel que simula el cartón, cuyas portadas sólo tienen su nombre y el título: Beronni Domingo I, Beronni Domingo II, Beronni Lunes I, Beronni Lunes II
No sé cómo le hizo, pero los libros aparecieron al mismo tiempo en varios idiomas (inglés, francés, alemán, italiano, español, ruso…), de modo que adivinar el posible dato de su nacionalidad se terminó con eso; por otra parte, sus libros no suelen privilegiar un continente y así leemos la convivencia entre autores de México con los clásicos de China, Portugal y África; no hay prevalencia entre Francia y Egipto ni parecen importarle más los daneses que los escritores de Puerto Rico.
Se pensaría que leyó todos los libros del mundo y luego, con humor, inteligencia y erudición encontró el hilo negro, el agua tibia que antes de él o ella (el suyo es un nombre ambiguo o un apellido: Beronni) nadie había imaginado siquiera.
Leí sus libros, recuerdo, en la biblioteca de uno de mis amigos ricos (Salatiel), antes de que se fuera a vivir al extranjero. Recuerdo aún la tipografía amable y grande, el interlineado generoso, los blancos que regalaban a cada página el aire necesario para que las palabras no parecieran dentro de una jaula, sino bailando en un campo de gladiolas blancas, flores de vida y de muerte.
Aunque sean el mayor referente, el único más bien, de las literaturas de todos los países de todos los tiempos no tuvieron lo que pudiera llamarse una campaña internacional; aparecieron con modestia (es un decir, la primera edición es lujosa), con sus propias panoplias para la lucha descarnada entre los lanzamientos de best sellers, los nuevos libros de autores consagrados y los miles de novedades diarias.

Cuando vi aquella colección puesta ante mí, en una banca solitaria, por supuesto que pensé en robármelos, pero no llevaba coche, no había ningún taxi (hay que caminar un tramo largo para salir a la carretera) y tuve miedo de que fuera una prueba para exhibirme como ladrón. Hojeé, eso sí, aquí y allá, varios volúmenes y me detuve en la página 63 de Miércoles II donde analiza en un párrafo no tan largo unos diez libros canónicos para llegar a la conclusión de que un buen libro debe combinar con sabiduría la dramaturgia, la novela, el cuento, la poesía, el guion cinematográfico, la música, la pintura, la escultura, la danza, todas las artes…
No podría trascribir alguna línea de lo que leí, porque lamentablemente olvidé casi todo en el momento en que desperté de aquel sueño.
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 332. Los otros enemigos. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Julio Antonio.

 Polvo del camino/332 

Los otros enemigos
Héctor Cortés Mandujano

1

Aunque la palabra bestia tiene un carácter peyorativo cuando se aplica a los humanos (persona ruda e ignorante), no la tiene para nombrar a las que sí lo son.
La Real Academia de la Lengua sólo contempla tres posibilidades sobre estos animales. Son bestias los cuadrúpedos, los domésticos de carga y los monstruos o seres fantásticos.
Julio Antonio, en este espléndido libro de grabados, Colección de bestias, amplía el significado y agrega incluso a los insectos y a los moluscos.
La imaginación, además, hace que el oso hormiguero vuele o parezca volar; el caracol parezca coronado de flores y el pangolín sea un pequeño árbol móvil.
El libro se complementa con textos breves de Diana Itzel Bonilla Córdova.

2

Es notoria la ausencia de animales que vuelen, salvo el escarabajo que no es el mayor ejemplo de conquista aérea.
Tiene poca destreza para el vuelo: es una caja, un estuche con alas.

3

El cielo abierto y el agua explícita están también fuera de esta colección, aunque la tortuga, el cocodrilo y el cangrejo sugieran el líquido ausente; aunque encima de cada uno de ellos esté la sempiterna capa que cubre la tierra.
Es esta una colección de animales e insectos rastreros, que viven –lo mismo que los animales bípedos y ápteros, que somos nosotros– sobre la superficie terráquea que nos da certeza para andar y sustento, vida.

4

El grabado es una técnica que pone un toque de misterio al dibujo. Las líneas gruesas y la delgadez en el trazo, la tinta pródiga, cierta saturación en el espacio que ha elegido Julio Antonio hace que cada imagen sugiera territorios; por ejemplo, la lluvia parece caer encima y al lado del cocodrilo que sale de la oscuridad donde ha quedado invisible su cola.

5

El cangrejo, en cambio, muestra unas patas, cuya semejanza con las flores es evidente (belleza peligrosa, hermosas pinzas) y un laberinto donde parece habitar, como si su actividad principal fuera el pensamiento, dar vueltas en la caverna de la contemplación permanente.

6

El elemento principal en los grabados de Julio Antonio son las flores, muy escasamente desenvueltas; son en general capullos cerrados en sí mismos, sin querer mostrarse con la impudicia de lo abierto, con su beldad a salvo de miradas extrañas.
Son acompañantes de estos animales, de estos insectos, de estos moluscos que aquí, lo mismo que las flores, están saliendo de su cueva, de su hogar, y también se guardan con timidez de las miradas de los otros animales enemigos, especialmente de nosotros, los humanos…

[Prólogo del libro Colección de bestias, Tifón, 2024]
Ilustración: Julio Antonio.
Ilustración: Julio Antonio.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 331. ¿Literatura o realidad? Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Luis Daniel Pulido.

Polvo del camino/ 331

Lo que hubiera quedado en el tintero/ IV

¿Literatura o realidad?
Héctor Cortés Mandujano

Escribí a cuatro manos, con mi amigo Roger Octavio Gómez Espinosa, la novela Tesoros en el naufragio (Editorial Tifón, 2024).
Cuando decidimos presentarla, dado que él vive en Guadalajara y yo en Chiapas, con la asesoría y el trabajo comprometido de otro de nuestros amigos, Alfredo Espinoza, pudimos conectarnos desde Casa Conejo en Tuxtla, hasta El Forito, en Guadalajara. Nuestra presentación fue, así, presencial y virtual, alternativamente.
Roger y yo ya habíamos platicado que, sin querer, la novela fue tomando cosas nuestras, especialmente de nuestras infancias. En la presentación mencioné una escena de Tesoros…, que yo escribí: el abuelo de nuestro personaje, Víctor, es asesinado en el campo, sin que nunca se sepa quién lo mató. Eso ocurrió con mi abuelo materno. La escena es autobiográfica.
Roger me sorprendió cuando dijo que pensó que esa escena me la había contado. A su abuelo también lo mataron en el campo y nunca se supo quién.
Tremenda coincidencia en un hecho que no es tan usual, creo.

Roger tuvo como presentadora en Guadalajara a Nadia Arce y yo, en Tuxtla, a Mónica Corzo. Como había problemas de enlace, mientras lo solucionaban, mi querida Mónica y yo comenzamos a hablar de la novela, en una charla frente al público, aunque con los micrófonos apagados, y llegamos a otra escena donde Víctor, ya adulto, luego de salir de una depresión terrible, le pregunta a Vero, quien es su amiga desde niña, si ella en algún momento ha estado enamorada de él. Vero le dice que todo el tiempo. Que es el amor de su vida y que por eso nunca quiso separarse de él; al mismo tiempo nunca quiso tenerlo como compañero amoroso, porque eso destruiría más tarde o más temprano su amor. “Y yo quiero estar enamorada para siempre de ti”, le dice.
Moni me contó que eso le ha pasado a ella. Uno de sus mejores amigos es su amor desde niña. Nunca ha querido que él lo sepa, porque prefiere seguir enamorada de él a que la decepcione la rutina, el desgaste…
Mejor la ilusión que la realidad.
“Esas páginas del libro -me dijo-, me tocaron profundamente, porque hablan de algo que era muy secreto, que nadie sabía, que nadie sabe.”
La novela, pues, dejó la ficción y se metió en varias vidas.
La realidad se volvió literatura y la literatura, realidad.

Ilustración: Luis Daniel Pulido.
Ilustración: Luis Daniel Pulido.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com