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Voces ensortijadas. 79. El equipaje en la vida. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 79

Por María Gabriela López Suárez

El equipaje en la vida

 

Roberta se levantó más temprano que de costumbre a mitad de semana, debía realizarse unos estudios médicos. Se dio un baño rápido, se cambió y tomó un bolso de tela, colocó su cartera, teléfono, el estuche de sus gafas oscuras, sus llaves y un paquete de toallas sanitizantes. Observó su reloj, estaba a buen tiempo. El laboratorio quedaba aproximadamente a 20 minutos de su casa, si lo hacía caminando.

Mientras llegaba a su destino alzó la vista al cielo, aún estaba con pocas nubes, en partes color celeste y el sol ya estaba dando muestra que en un rato estaría más que intenso. Sintió su brazo derecho ligero, hasta olvidó que llevaba su bolso. Se puso a repasar lo que había colocado ahí, en realidad era lo que iba a necesitar en esa salida, era mucho menos peso de lo que acostumbraba cargar. Se sintió muy a gusto de no llevar más que lo necesario.

Lo anterior la llevó a observar a las personas que estaban caminando. Delante de ella iba un señor, solo llevaba el teléfono celular en su mano, más adelante una chica con una mochila pequeña en la espalda. Del otro lado de la acera, una señora con una morraleta. En esa misma calle mujeres que iban con su bolso y su lonchera y un señor mayor con su bastón en la mano. Siguió atenta a las demás personas que se fue topando y observaba qué tantas cosas llevaban consigo.
Luego se puso a pensar que algo similar sucede cuando se viaja. Ella era de las personas que normalmente creía que requería muchas cosas y así llenaba su maleta. Sin embargo, en más de una ocasión no había usado todo lo que empacaba ocupando un espacio que luego le hacía falta para guardar cosas nuevas. Se le vino a la mente que algo así era el equipaje en la vida, lo ideal era llevar solo lo necesario, como había hecho ella esa mañana. Y evitar cargar con cosas que generan más peso o abarcan un lugar que puede quedar libre para llenarlo con otras cosas que se adquieran en el camino. Ahora entendía mejor lo que le dijo en alguna ocasión su primo Emmanuel cuando salieron de paseo.

—¿Todo eso vas a llevar para el viaje? Solo estaremos 3 días. Yo llevo una mochila y está ligera. Aprendé a hacer práctica Robertita, ni creas que te vamos a ayudar a cargar tus maletas.

Vaya que Emmanuel tenía razón, aprender a ser práctica era toda una tarea que podía ser útil sobre todo para el equipaje en la vida. Aminoró su paso porque ya estaba en la esquina del laboratorio. Revisó el reloj, justo a tiempo, se había hecho los 20 minutos calculados.



Fotografía por Pexels

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 79. Luz. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 79

Luz
(Fragmento inédito de mi novela Tamma)

Héctor Cortés Mandujano

Mientras tenéis luz, creed en la luz, para ser hijos de la luz

San Juan, XII, 36, citado por Tostói, en sus Aforismos

“Dar a luz” dicen cuando una mujer pare a un niño. “Alumbrar” le dicen al acto de permitir que algo nazca. ¿Toma la luz el recién nacido de la madre, lo recibe del mundo al que sale? La luz está en todas partes, todo es luz o todo puede serlo. 
        Parir es luz, nacer es luz, y los seres nacemos en el tiempo, que es “el oro de la vida”, y en el tiempo iluminado, del nacimiento a la “muerte”, recorremos nuestro existir: un día es el inicial y en el otro se termina, se supone, nuestra estancia en el mundo. Se apaga la luz. 
	Y el nacimiento y la muerte son los dos polos en la existencia del árbol, del animal, de la roca, del río… Pero hay otra existencia: lo que pensamos, lo que soñamos existe, se vuelve algo que cambia: la palabra “sol” se puede volver “soledad”, “soldado”, “solsticio”, y si sueño con un mar de ángeles, ese mar puede volverse una pintura, una canción, una novela: se ilumina.
	Pensé en el rostro de una pantera blanca. Y ya vive.  Y si planto la idea en otros seres, la pantera blanca existirá no sólo para mí.
	Nada muere. No sé quién fue un antepasado mío. Si investigo y descubro que se llamaba Pedro o Marte su existencia comienza a iluminarse, a llenarse de luz: se enamoró de una muchacha morena y se casó con ella; cuando él murió, ya sus hijos eran hombres de bien: uno fue relojero, otro campesino, otro… Ese hombre desconocido no ha muerto, porque después de muchos encuentros entre gente desconocida (para mí) nacieron los que serían mis conocidos abuelos, mis amados padres y finalmente yo, de quien nacerán interminablemente varias palabras, muchas cosas nuevas, quizás hijos que luego se multiplicarán por muchos años en los que, si me recuerdan y aunque no, seguiré viva. Seré una de las luces que podrá buscar en su interior cualquiera de mis descendientes.
	La vida es luz y los muertos son luz, porque no mueren: forman parte de nuevas vidas.
	El pájaro que canta en la rama, fuera de la ventana de mi casa, es la más reciente nidada que viene desde hace años aquí, desde hace mucho tiempo, y en su canto está el canto de muchos otros que se supone están muertos; están vivos en esas plumas brillantes, en esa canción eterna que oyeron otros oídos antes que los míos y que forman parte de mí.
	Nuestra vida transcurre en el tiempo y nadie es uno solo, sino la acumulación de distintas vidas que nos pueden dar luz, si queremos. Un hecho terrible puede poner oscuridad en nuestro corazón o luz, depende de lo que queramos. Lo que está dentro de mí puede ser amor u odio, depende de mí.
	Mi madre me abandonó para seguir a Seft, lo que podría haber sido oscuridad para mí; pero eso me hizo llegar hasta el castillo negro, hizo que me convirtieran en ratona y eso me hizo ayudar a muchas mujeres. El abandono de mi madre no fue, entonces, oscuridad, sino luz. No fue abandono, sino oportunidad. No lloro por eso, me alegro…
	Si aprendo que la luz que está en todo es también mía, me ilumino e ilumino más: el pájaro canta y soy parte de su canto al oírlo, el río queda en mí cuando me baño en él, el viento es mío, soy la noche, soy todos los hombres y todas las mujeres y todos los niños y soy una anciana y un recién nacido porque formo parte de la vida, soy la vida, y ésta se desarrolla hoy, en este día, en este instante, en este cuerpo que es una concentración de tiempos, luces, vidas. Soy del tiempo y nací en la luz: el tiempo es luz, soy luz, la luz.



Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración Alejandro Nudding




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 78. Entre flores y piedritas. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 78

Por María Gabriela López Suárez

Entre flores y piedritas

 

Priscila había pedido a sus padres que quería pasar las vacaciones de verano en el campo, en casa de su tía Gertrudis y su tío Melchor, además de tener muchas ganas de estar con Judit y Ozías, sus primos, le animaba estar en contacto con la naturaleza. Los padres de Priscila accedieron a su petición, le vendría muy bien unos días en el campo, Priscila había permanecido en casa estudiando en línea por la contingencia sanitaria.

Gertrudis y Melchor recibieron con gran cariño a Priscila y qué decir de Ozías y Judit estaban encantados de poder convivir y jugar con ella. 

Sus primos habían terminado el ciclo escolar de manera distinta a ella, las clases no habían sido de manera virtual sino haciendo actividades en cuadernillos y, en ocasiones, tuvieron la presencia de su maestra en casa, que les llegó a dar asesorías, juntando a otros niños y niñas cercanos. Ahí la conexión a internet era un lujo que la mayoría de habitantes no podía costear.

Desde que llegó, Priscila se puso a ayudar en las labores de la casa, disfrutaba dar de comer a las gallinas. Ozías le había mostrado algunos tips de cómo hacer para no tenerles miedo a que le picaran, así se sentía más segura y ya se animaba a realizar la labor solita. Le llamaba mucho la atención la manera en que bebían agua, pensaba que degustaban poco a poco el líquido. También sentía bonito de que al verla con el tazón en el que llevaba maíz la siguieran de manera ordenada, como si fueran en una procesión, de esas que hacían en su barrio. 

En las mañanas Judit, Priscila y Ozías ayudaban en las actividades de la casa, las tardes las tenían libres para jugar. El campo era el sitio perfecto para inventar juegos y crear historias, eso pensaba Priscila. A sus diez años le encantaba que le contaran historias, Judit era una magnífica narradora y Ozías era genial haciendo efectos para recrearlas.

Priscila admiraba a Judit, era tan solo dos años mayor que ella pero tenía un amplio repertorio de historias para contar, entre cuentos y leyendas. Judit decía que eso lo aprendía de cada texto que leía y  de los relatos que le contaban sus padres y otros familiares.

Una de las mañanas en que Priscila regaba las plantas, se quedó observando una parte en el patio, entre flores y piedritas  había un bello escenario para hacer un teatro guiñol. Imagino que los lazos para tender ropa podrían ser cortineros y que con retazos de tela podrían hacer sus guiñoles. Judit sería la cuenta cuentos y Ozías haría los efectos, ella movería los guiñoles y el público serían tía Gertrudis, tío Melchor y las gallinas.

Los ojos de Priscila brillaban de emoción ante la idea que se le había ocurrido. No pudo contenerse y comenzó a llamar a sus primos.

—¡Judit, Ozías! Vengan, vengan, les tengo una propuesta que  les encantará.

Mientras se escuchaban los pasos apresurados que iban hacia donde estaba Priscila, ella continuaba observando el escenario.

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 78. El rostro como un mapa. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 78

El rostro como un mapa
(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano


Soy un gran vendedor porque sé interpretar los rostros de las personas. Sé, así, con quién cerraré un negocio y con quién no. Voy a la segura.
	En el terreno personal, por muy hábiles que hayan sido las mujeres con quienes me he ligado, descubro sus intenciones. Por eso soy soltero. Es difícil engañarme. Para mí, el rostro de una persona es un mapa, un dibujo minucioso con todas las indicaciones: peligro, arenas movedizas, pantano, animales feroces, cuidado con el perro…
	Digo esto porque muy recientemente tuve un desayuno de trabajo con, pongamos un nombre, Sergio. No somos amigos, pero él intenta convencerme y convencerse de que sí. Lo dejo hacer, pues me conviene.
	Ya habíamos acordado el asunto de negocios que a mí me llevaba y estábamos errando en una conversación tópica. En cierto momento él levantó la mano para saludar a alguien que llegaba y éste fue a nuestra mesa. Se saludaron con un abrazo efusivo. Me lo presentó. Fernando, pongamos.
	Se habían conocido de adolescentes, tenían muchos años de no verse y conversaron del pasado como de algo mágico. Los veía exultantes y esperé el momento oportuno para retirarme y dejarlos revivir su amistad a sus anchas. Antes de que lo hiciera, Sergio dijo que eran tan amigos que, incluso, tuvieron durante mucho tiempo la misma amante sin que ninguno de los dos se molestara. Noté un ligero pasmo en la cara de Fernando. “Ah, Claudia”, dijo Sergio, “cuánto placer le debemos”.
	Vi mi reloj y aduje un compromiso, me despedí de ambos. Saludé en otra mesa a otro de mis clientes, me entretuve unos momentos. Decidí ir a los sanitarios antes de abandonar el restaurante.
	No había bajado la palanca del depósito cuando escuché que alguien más entraba. Me pareció oír un quejido y después, ya con claridad, un llanto soterrado. Bajé la palanca y el hombre se metió en la cabina de al lado. Oí que respiraba con más tranquilidad y le escuché hablar por teléfono, con una voz en sordina y alterada por la rabia, el dolor. Reconocí a Fernando. Dijo lo que dijo con palabras gruesas que yo encubro porque me repugnan las vulgaridades.
	—¿Claudia? Estoy con Sergio y él me dijo algo horrible, que va a cambiar para siempre nuestro matrimonio. ¿Por qué nunca me dijiste que fue tu amante todo el tiempo que fuimos novios? 
  




Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración Héctor Ventura




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Paso de fuego. Fractal. Alejandro Aldana

Por Alejandro Aldana*

Fractal
Breve historia del neoliberalismo

                                Para Luz y Emiliano






Rafael Lemus, aquel enfant terrible de la revista Letras Libres, presentó apenas unas semanas su Breve Historia de nuestro neoliberalismo. Lemus realiza un profundo análisis sobre la génesis y desarrollo del neoliberalismo en México, así como su influencia en los diversos grupos culturales de nuestro país. La mirada de Rafael Lemus se convierte en un punto de vista privilegiado, ya que formó parte del Consejo Editorial de la revista Letras Libres, es decir conoce de primera mano de lo que habla, convivió al rededor de diez años con los escritores de dicha publicación. 

	El libro puede leerse como una larga continuación a la carta que Lemus publicó el cinco de diciembre de 2013, donde renunciaba a la revista Letras Libres. En la misiva Rafael Lemus afirmaba que se separaba de la revista porque censuraba toda práctica de izquierda. En uno de los párrafos nuestro autor dice: “Ocupada en censurar toda práctica de izquierda, la revista desatiende sistemáticamente asuntos que me parecen cruciales: la desigualdad, la exclusión, la precariedad económica. Consagrada a defender un liberalismo que terminó por volverse hegemónico, apenas si hace la crítica de nuestro presente, de las sociedades capitalistas y democracias liberales en que vivimos”. 
	Rafael Lemus coloca el foco epistemológico de su estudio en el nacimiento del neoliberalismo mexicano a partir del gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988), recordemos que Carlos Salinas de Gortari fue el flamante Secretario de Propagación y Presupuesto de esa administración priísta, y muy seguramente tuvo mucho que ver en ese viraje de la política mexicana. Una vez consumado el fraude electoral de Salinas, el neoliberalismo alcanza su momento de mayor hegemonía, vinieron las privatizaciones, las reformas a la Constitución de 1917, sobre todo en materia agraria, se aplicó un liberalismo económico intenso, se privilegió controlar las estadísticas macroeconómicas en detrimento de los sectores más empobrecidos de nuestro país. 
	Nuestro autor perfila el nacimiento y desarrollo hegemónico del neoliberalismo, desde la participación de los grupos culturales más poderosos de México: me refiero a los miembros de las revistas Plural y Vuelta fundadas por Octavio Paz, y Nexos. Para Lemus estos intelectuales fueron gradualmente virando sus posiciones políticas hasta convertirse en los verdaderos propagandistas del neoliberalismo, para ello formularon un discurso mediante el cual se criticó con acritud cualquier signo de populismo, se declaró finalizado el radicalismo político, se esmeraron en promover la visión tecnocrática, se sostuvo que conceptos como libertad individual y sistema de mercado eran inseparables, donde otro sistema económico por su “naturaleza” eran antidemocráticos, se exaltó a la estructura empresarial del Estado. Ahora se requerían empresarios, emprendedores y no luchadores sociales, defensores de los Derechos Humanos, ni mucho menos disidentes al régimen que eran inmediatamente señalados de violentos, desestabilizadores y en el mejor de los casos se les estigmatizaba como trasnochados ideológicos.
	En Breve historia de nuestro liberalismo podemos apreciar los virajes ideológicos de Octavio Paz, quién tuvo una juventud inclinada hacia el socialismo, después coqueteó sin definirse realmente en su praxis como anarquista, para posteriormente perfilarse como un intelectual liberal, terminando en su vejes como un ideólogo abierto del neoliberalismo. Paz finalizó sus años anclado en una derecha anquilosada, contribuyó desde sus artículos y estudios a darle el tiro de gracia al nacionalismo-revolucionario que durante años fue la bandera del PRI, durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), Paz se regodea en su relación estrecha con el gobierno, expande en sus revistas la bienvenida a un sistema que privilegiaba el individualismo económico y la democracia liberal representativa, ahora era el mercado quien se encargaría de regular al Estado.
	El libro es un interesante viaje histórico a través de nuestra historia resiente, y logra explicar de alguna forma, la posición claramente conservadora de intelectuales como Enrique Krause, Héctor Aguilar Camín, Gabriel Zaid, entre muchos otros, frente al presente gobierno. Intelectuales y escritores que al paso de los tres años de haber tomado el poder Andrés López Obrador se han convertido en los abajo firmantes  más entusiastas, aún cuando dicha posición política los coloque como voceros de la clase empresarial más reaccionaria de México.  
Photo by Maris Rhamdani on Pexels.com

Sobre Alejandro Aldana Sellschopp

Investigador, promotor cultural, editor, ensayista y narrador.

Ha sido becario de: FOESCA (Emisiones 1999-2000 y 2000-2001), PACMYC, fue becario del FONCA (2003-2004) en el programa de Jóvenes Creadores en la modalidad de novela. Está incluido en la antología del FONCA – Jóvenes Creadores generación 2003-2004.

Ha publicado: Tiempo a Contrapunto (UNAM- Espacio Cultural Jaime Sabines),  Nudo de Serpientes (Novela). Su cuento Diario de un lobo está incluido en la antología Inventa la memoria (Alfaguara). La novela en Chiapas, antología (Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas en el 2018).

Voces ensortijadas. 77. Las visitantes. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 77

Por María Gabriela López Suárez

Las visitantes

 

Las despedidas no eran de los temas preferidos de Martina, le dejaban un dejo de nostalgia y a veces, como en esta ocasión, un poco más allá de eso. Para ella cada despedida era distinta, estaban aquellas con las que tenía la fortuna de volver a encontrarse con las personas o seres que amaba, despedidas momentáneas, por decirlo de alguna manera. A veces los encuentros eran más próximos, otros más lejanos.
Pero también estaban las que más le pesaban, esas que de manera sorpresiva cambian el rumbo del caminar y desafortunadamente, los encuentros no vuelven a darse, por la trascendencia de los seres amados.

Aunque había tenido experiencias diversas aún no lograba asimilar del todo las despedidas para siempre. Esa semana de verano sería inolvidable para ella y su familia, la noticia de que sus tres perritas, fieles compañeras habían trascendido dio un vuelco en sus sentimientos. La mente y el corazón hicieron conexión de inmediato, como una especie de película fueron viniendo uno a uno los recuerdos y anécdotas con cada una, los momentos alegres, las travesuras que hacían, las veces que dejó que la acariciaran y dejaran su ropa llena de lodo, las sacudidas que se daban cuando tenían poco ánimo de ser bañadas, los paseos vespertinos que tuvieron juntas y una de las imágenes más bellas verlas correr en el campo, libremente y felices.

El ambiente se percibía nostálgico para la familia. El ritmo de la vida no sería el mismo, las carreras y juegos entre ellas habían cesado, se hacían presentes los silencios en la seguía; aún con el dolor que sentía, estaba muy agradecida con la divinidad y la vida de haber tenido la oportunidad de que las perritas llegaran a ser parte de su familia. La mirada de cada una de ellas la llevaba grabada en su mente y corazón.

Mientras les depositaba una ofrenda floral e intentaba respirar profundo se quedó observando el ambiente. Ahora la morada de las tres fieles compañeras estaba bajo árboles, se escuchaba el canto de los pájaros, se sentían los rayos del sol. El día era bello, como un recordatorio para Martina que aunque haya momentos grises en el cielo, este se despeja y el sol brilla con intensidad en otro instante. Comenzaron a hacer presencia bellas mariposas, de colores diversos, en tonos naranja, azul, blanco y amarillo. Para Martina era una muestra de que sus perritas estaban de vuelta, ellas eran las visitantes. Cerró suavemente los ojos, dejándose acariciar por el viento que mecía las hojas, mientras sentía cómo sus ojos se humedecían y las lágrimas rodaban sobre sus mejillas.

Fotografía: Pexels

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 77. ¡Ah, la pobreza! Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 77

¡Ah, la pobreza!

Héctor Cortés Mandujano




La llamaron en español Las pobres gentes (Editora Nacional, 1950, traducción de Alfonso Nadal). Es un error, que quizás no lo era cuando se publicó, agregarle una ese al sustantivo, pues la palabra gente es plural. Es la primera novela de Fedor Dostoiewski, publicada en 1846, en la revista rusa “Anales de la Patria”.
	Tuvo una historia previa singular. Dostoiewski tenía un compañero de vivienda, Grigorovich, a quien  –nos cuenta Nadal en la Noticia preliminar– leyó Fedor la novela de un tirón (p. 15) “sin descansar un momento”; después (p. 16), “Dostoieswski ha contado en su diario cómo (Grigorovich) le arrebató el manuscrito y se lo llevó inmediatamente a Nekrassov”, a quien se lo leyó, también, “en voz alta”. Nekrassov “dio a conocer el manuscrito a Bielinski” y éste lo hizo publicar. Lecturas en voz alta, de un tirón: maravillas que se han perdido.
	[Yo, modestamente, leí también en voz alta y sin pausa, a mi mujer y mi hija, mi novela Aún corre sangre por las avenidas, cuando recién la terminé de escribir. Las dos me escucharon atentas. Un beso desde estas líneas para ambas.]
	Las pobres gentes está escrita a base de cartas entre el pobre viejo Makar Dyevushkin y la joven huérfana Varvara Alexyevna, de quien está enamorado sin esperanzas (el tema lo usó Fedor con frecuencia. En La tímida (Editora Nacional, 1960), por ejemplo, otra de sus novelas breves, que recién leí, los personajes son muy parecidos. De hecho, el propio Dostoieswki, cuando ya era mayor, se casó con una jovencita). Los dos personajes son pobres en extremo (el título de esta columna la tomé de una de las exclamaciones de Makar), de allí que la decisión de Varvara sea dejar atrás al viejo enamorado y a la pobreza, aunque eso no le reporte necesariamente felicidad.
	Fedor no entronizaba su labor. Hace decir a su personaje (p. 154): “La novela es una estupidez escrita estúpidamente, sólo para entretener gente ociosa. […] Shakespeare es también un necio que escribió una serie de necedades para hacer reír a la gente”.
	Makar se sabe perdido cuando conoce a su rival en amores: es rico y, además, lo contrario que él (p. 229) “es un hombre guapo, guapo, muy guapo”; pero no entiende por qué una mujer puede aceptar a un hombre si no es por amor. Su pregunta a Varvara, sobre los lujos en el vestido, me hizo gracia (p. 242): “¿Para qué quieres golillas y perifollos?”.
	Con esta novela bien tramada (las cartas se mezclan con textos de diarios y trascripciones de libros) nació a la fama pública un hombre que sería capaz de escribir y regalarnos varias obras maestras; aunque Dostoiewski, dice mi ejemplar, nació en Moscú, en 1821, y murió, con toda precisión, “en San Petersburgo el 28 de enero de 1881, a las 8:38 de la noche”, evidentemente, sigue vivo.



Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración Héctor Ventura




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 76. Evocadas páginas de otro libro/1. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 76

Evocadas páginas de otro libro/ 1
Uno de los condenados

Héctor Cortés Mandujano





Dos meses y diecisiete días después de que Noé cumplió seiscientos años, comenzó el diluvio. Ya tenía él construida el arca con todos los detalles –trescientos codos de longitud, cincuenta codos de anchura y treinta de altura– que Dios le había indicado.
	Esperaba ver aparecer en el horizonte de su vista las parejas de animales no limpios y las siete parejas de animales limpios que subirían a la amplia barca que sería la única donde sobrevivirían él, su extensa familia y los animales rastreros, volátiles, ápteros, silvestres y domesticados. Los elegidos. No sabía muy bien en qué consistía su limpieza, pero creía, confiaba en que los animales sí.
	No discutía órdenes y sabía que los demás seres humanos y toda carne que se moviera sobre la tierra, una vez que el arca abandonara la dársena donde se hallaba dispuesta (también eso le había sido especificado), serían muertos por Dios.
	No sabía ni estaba interesado en saber cómo se enterarían los animales de estos designios, pero no fue sorpresa para él ver la enorme fila que venía, con la naturalidad de los milagros, en dirección al arca. Algunos ejemplares le gruñían o silbaban, le barritaban o zureaban y a todos respondía Noé con monosílabos, un poco aburrido de esas menudencias, porque le había sido otorgado el don de las lenguas humanas y animales para realizar esta misión que, pensaba, sería conocida y repetida, quizá, en el futuro infinito.
	No eran conversaciones, por supuesto, sino sólo alguna palabra animal dicha como júbilo o alarma, como profecía o como bienaventuranza. A Noé le daba igual lo que le dijeran, porque él podía conversar con el mayor poder del mundo, de modo que poco le interesaba lo que le dijera este urogallo o aquel rinoceronte ignorantes de la amplitud del cielo, el fuego de los volcanes, la profundidad del mar.
	Resultaba cansado para Noé esperar a que la inmensa fila fuera acomodándose en la espaciosa arca y no era cómoda la lluvia que, fina y fuerte, se metía en sus ojos y volvía pastosos sus cabellos blancos. No era exactamente un portero, porque los animales sabían su cuento y su cuenta, ni verificaba a las parejas que en una y siete entraban a veces mudas y a veces, decíamos, con una exclamación. 
	No se le ocurrió que algún humano o gigante (“había gigantes en la tierra en aquellos días”) o animal no elegido llegara hasta allí, porque de esa separación entre los que serían sobrevivientes o asesinados por designio divino él no había sido más que informado.
	Al final de la inmensa fila que, por suerte, pensó Noé, ya estaba en su mayoría dentro de la barca, había un solo animal extraño. Noé preguntó sobre su pareja y escuchó su voz terrosa, pedregosa.
	—Soy el único, el último.
	—Dios no me habló de ti, ¿cómo te llamas?
	—Vanterro –dijo.
	—No creo que puedas subir. Sólo se admiten parejas.
	—¿Entonces?
	—Quédate. Estás condenado a morir.

Cuando Noé soltó amarras vio que aquel ser ya no estaba completamente en la superficie: parecía penetrar en la tierra, vivir debajo, como si fuera lodo reseco, piedra. Levantó la mano y le dijo adiós. 
El ser no hizo ningún movimiento en respuesta. Siguió hundiéndose, hasta desaparecer.



Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Fotografía Nadia Carolina Cortés Vázquez




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 76. Escribir para compartir. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 76

Por María Gabriela López Suárez

Escribir para compartir


El clima cálido que se percibe en esta temporada lluviosa me acompaña en este texto que voy redactando para ustedes. Vienen a mi mente varias de las experiencias, personajes, relatos, sucesos, instantes que han ido  nutriendo cada entrega semanal de las Voces ensortijadas.

La imaginación sumada a lo que se puede observar en lo cotidiano son ingredientes que he ido descubriendo en cada texto que escribo. Uno de los elementos que disfruto del género periodístico de la columna es su flexibilidad para abordar la diversidad de temas sobre los que uno se interese. Así, en estas Voces ensortijadas, ustedes han leído algunos escritos informativos, otros que buscan ser una especie de relatos con personajes creados que nos dejan enseñanzas o nos invitan a la reflexión. 

Cada semana es un nuevo reto que tengo para ir definiendo y eligiendo qué temática habré de trabajar que pueda ser de interés para el público lector. Estas Voces ensortijadas son un tejido en colectivo, las líneas escritas dejan de pertenecer a la autora cuando ustedes las hacen suyas, cuando resuenan con algo del texto, se identifican con sus personajes o con los mensajes que lleva implícita cada entrega.

Hoy les comparto con agradecimiento y emoción que este proyecto que puse en marcha en 2017 llega a su cuarto aniversario. Escribir para compartir es uno de los regalos más bellos que hoy tengo. La escritura es tan noble que permite no solo plasmar en ella emociones, inquietudes, preocupaciones, reflexiones, evocaciones, sino que se convierte en una compañera inseparable, esa consejera que es sabia y nos guía cuando lo requerimos. Se escribe por placer y eso alimenta el espíritu.

En este cuarto aniversario de las Voces ensortijadas agradezco desde el corazón a quienes forman parte de esa inspiración cotidiana, a cada lector, lectora que dedica espacio de su valioso tiempo para no solo leer sino escribir sus comentarios, hacerme llegar sus opiniones, sugerencias, reflexiones y las anécdotas que evocan. Cada mensaje es un estímulo que me inspira y anima a seguir con la escritura.  Gracias por permitirme llegar a ustedes y por brindarme un espacio en su caminar.

Agradezco el valioso apoyo de la Revista Letras, ideaYvoz por brindarme espacio para la divulgación; a mis compañeros, compañeras que me han invitado a que las Voces ensortijadas también sean grabadas y se divulguen en espacios radiofónicos como Palabras Sonoras y Tropikalia. De igual manera, doy gracias a la divinidad y al universo por permitirme llegar a este cuarto aniversario y que las ideas sigan fluyendo con el mismo ánimo y entusiasmo de la vez primera.
  
 

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas. 75. Un mar de fueguitos. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 75

Por María Gabriela López Suárez

Un mar de fueguitos

Lucina y su familia estaban en la sobremesa, Joaquina, su madre preguntó a Rogelio el hermano mayor de Lucina, un adolescente, que les contara sobre el libro que estaba leyendo. Vio que lo había dejado sobre un sillón de la sala. Rogelio empezó a relatar que el libro era interesante, le había llamado mucho la atención primero por el título El libro de los abrazos, apenas llevaba leyendo 25 páginas, pero le gustaban los relatos de su autor, Eduardo Galeano.
Joaquina dibujó una sonrisa en su rostro, ella le había recomendado leer esa obra. Mientras tanto Lucina escuchaba atenta lo que decían, para tomar parte en la conversación.

—¿Roge de qué hablan en ese libro?

En ese momento por la mente de Lucina pasó el anhelo de poder aprender a leer bien para que ella también pudiera entender mejor las conversaciones de la gente mayor. 

–De muchas  cosas Lucina, de la gente, de pueblos, de historias, de países. Hay cosas que no entiendo muy bien, pero vuelvo a leer y busco las palabras que no sé, más cuando habla de cosas históricas, así siento que voy aprendiendo. Pero el primer relato es uno de mis favoritos, dejen les leo. 

Fue por el libro y comenzó la lectura.

“Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”.

Joaquina le felicitó por su interés en la lectura, compartió que a ella también le gustaba ese relato, El mundo, era uno de sus favoritos. Lucina se quedó callada, pensativa. Joaquina se percató y le preguntó.

—¿Qué pasó Lucina? ¿No te gustó el relato?

Los ojos de Lucina expresaban asombro.

—Es que me quedé pensando eso de los fuegos, ¿cómo puedo saber si tengo uno de esos fuegos que dice el libro? ¿Y si no lo tengo, qué pasa? —preguntó con preocupación.

Rogelio quería comentar pero observó a su mamá quien había tomado la iniciativa, se acercó y abrazó a Lucina.

—No tienes por qué preocuparte, conforme vayas creciendo te darás cuenta  que todos somos un mar de fueguitos, tú ya tienes un fueguito que irá creciendo y cambiando con el paso del tiempo. Lo importante es que sepas que lo tienes y es muy valioso, por eso Galeano, el autor del relato nos recuerda que cada persona brilla con luz propia.

El rostro de Lucina sonrió y volteó a ver a Rogelio, quien estaba atento a  ellas. 

—Cuando aprenda a leer bien quiero que me prestes tu libro Roge.

—Sí, con mucho gusto Luci. Ahora qué les parece si comemos el postre. Hay helado de sabor napolitano.  
 

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.