Ingeniero en Comunicaciones y Electrónica por el IPN. Maestro en Finanzas Estratégicas por la UVG. Maestro en Estudios Humanísticos por el ITESM. Tiene estudios de Especialidad en Tecnologías de la Información por el ITTELMEX. Certificado como Co-Associated Project Manager por el PMI. Actualmente cursa el Master en Creatividad Literaria en Español en la Universidad de Salamanca. Promotor cultural y escritor. Ha publicado novela, cuento, artículos literarios y técnicos.
Hoy viajé a Tuxtla. Las nubes no acostumbran a cerrar filas por la melancolía del viajero; callo y asiento, resignado, porque donde vivo actualmente no hay fresnos ni álamos, sólo batallas diarias por un plato de comida.
Vamos varios en el transporte y hay una lucha invisible de todos contra todos: el que lleva prisa, el que no deja de teclear en su celular, el que escucha música sin audífonos, el albañil libidinoso, la joven que habla y habla y va feliz por haber asistido a un concierto de reguetón y ningún atisbo de piedad para la anciana con sus ojitos de selvas y manglares que viaja sola a su destino: el olvido. “Las gentes son horribles. Y uno es tan horrible como ellas”, sentenció José Revueltas.
Llegué a Tuxtla con el peso en el alma de todo lo que vi. Pero mi ciudad, como una foto de Win Wenders de 1977, sigue vigente, no se la comieron los pájaros, conserva su luz y su sombra, su sol voraz, las calles que me llevan a un amigo: el escritor Héctor Cortés Mandujano. Hay siglos que duran cuatro horas de conversación –esta vez analizando la estructura de La muerte me da, de Cristina Rivera Garza. Y de películas que ganaron el Oscar.
Ha publicado los libros Pollito Card, UNICAH; Prohibido degollar patos, Editorial Almada Broders; Nunca sonrías a Optimus Prime, Espejitos de papel Editores, Puerto Rico; Bruce Wayne y la generación X (un concierto de rock para Chulpan Khamatova); Baxter Memories (vida y obra de Víctor Von Doom), Tifón editorial. Lo puedes seguir en su Blog poético Popotitos 22.
Sexo y luz: cinco libros de Anne Carson (Segunda de cinco partes) Héctor Cortés Mandujano
Los poemas en prosa de Unas pocas palabras, de Anne Carson, son breves, van a lo suyo y suponen, en términos generales, enseñanzas aprendidas de gente antigua. En “Unas pocas palabras sobre las esperanzas” dice (p. 172): “La vida es aprender”. Escribe en “Unas pocas palabras sobre las geishas” (p. 178): “La cuestión de las geishas y el sexo siempre ha sido compleja. […] De hecho, como sabréis, las primeras geishas fueron hombres (bufones y tamborileros)”. Tiene algunas que se salen del curso de las otras, por ejemplo (p. 182) Unas pocas palabras sobre Gertrude Stein a eso de las 9:30 p.m., que cito completamente (p. 182): “Qué curioso. ¡No tenía ni idea! El día de hoy ha terminado”. Algunos son breves relatos (p. 190): Unas pocas palabras sobre las decepciones musicales: “Prokófiev estaba enfermo y no pudo asistir a la interpretación de su sonata para piano no. 1 tocada por otro. La escuchó por teléfono”. Habla de sexo en Unas pocas palabras sobre la desfloración, antes y después de que ésta ocurrió (pp. 214-215): “Recorrí Venecia bramando, bajo y sobre los puentes, pero ya no estabas. Más tarde ese mismo día llamé por teléfono a tu hermano. ¿Qué le pasa a tu voz? Dijo”. Unas pocas palabras sobre lo importante y lo trivial, comienza con una lista de ambas (p. 218): “Las cosas importantes son el viento, la maldad, un buen caballo de combate, las preposiciones, el amor inextinguible, la manera en que los pueblos eligen a su rey. Entre las cosas triviales está la tierra, los nombres de las escuelas de filosofía, el estado de ánimo y no estar con ánimo, la hora exacta”. Habla mucho, decíamos, sobre artes visuales (p. 234): Unas pocas palabras sobre Van Gogh. “Bebo porque quiero entender el cielo amarillo, el gran cielo amarillo, dijo Van Gogh. Cuando miraba el mundo veía los clavos que sujetan los colores a las cosas y veía que los clavos sufrían”. Hay varios sobre el placer, como Unas pocas palabras sobre el hedonismo (p. 292): “Cuando te veo bailar se crea una despiadada inmensidad, como un marinero en un mar en calma chicha. Deseos tan redondos como melocotones brotan en mí durante toda la noche, ya no recojo lo que cae”. Este es el final (p. 300): EPÍLOGO DE LA AUTORA. Unas pocas palabras sobre los epílogos. “Un epílogo debería desaparecer de la piel rápidamente, como una friega de alcohol. He aquí un ejemplo, de la abuela de Emily Tennyson, la entrada íntegra del diario del día de su boda, el 20 de mayo de 1765: Acabé Antígona, me casé con el obispo”.
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Canicula di Anna es sobre un pintor antiguo, siglo XV, quien vivió y murió en 448-523, “al que llamaban Perugino,/ un coetáneo de Miguel Ángel y maestro de Rafael”. Carson arroja datos del tiempo, el lugar, los habitantes y luego se concentra en el protagonista (pp. 315-316): “El pintor, en todo caso, no es un hombre feliz./ Una mujer, como siempre, es el problema”. No se sabe el nombre de la mujer (p. 318): “Creo que me gustaría llamarla Anna”. Esa es una ventaja (p. 327): “Aquí no la conocen. Esto es, ¡tengo libertad para inventármela!”. El libro se mueve a muchos lados, a muchos temas, cambia de épocas, aparece en el poema la poeta, y vuelve a Anna y al pintor (p. 491): “Pero escuchando a escondidas a Anna hoy descubrí —¡qué será lo siguiente!— que pasó cinco años de su adolescencia en un convento./ ‘Era despiadada’ ”. Luego, Anna es una mujer contemporánea. En el epílogo, Anne Carson dice que (p. 620): “Después de contar una historia se producen algunos instantes de silencio. Después las palabras continúan. Porque siempre querrías saber algo más”, y luego establece las posiciones autora-lector-lectora (p. 625): “¿De qué lado de la puerta estás? No lo sabes. ¿De qué lado estoy yo? Me corresponde a mí decírtelo”. Continúa (pp. 627-628): “tras haberte retenido conmigo durante tanto tiempo, me parece que sí que tengo algo que ofrecerte. No la información misteriosa, íntima y reconfortante que habrías querido, sino algo que te acompañe, y con toda seguridad es lo mejor de lo que soy capaz. Es simplemente el hecho, mientras bajas las escaleras y caminas por las calles oscuras, mientras percibes formas, mientras contraes matrimonio o hablas bruscamente o esperas un tren, mientras empiezas a imaginar, mientras escudriñas cada marca, simplemente el hecho de mis ojos en tu espalda”. Y el libro concluye.
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La vida de las ciudades es el cuarto libro. Es breve. Tiene una introducción (p. 632): “Las ciudades son la ilusión de que de alguna forma las cosas están relacionadas: mi pera, tu invierno. “Soy una especialista en ciudades, a Dios gracias”. Dice después (p. 638): “no hay ciudades vacías (sólo especialistas vacíos)”.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Hace muchos años apareció Roger Octavio Gómez Espinosa en uno de mis talleres y desde entonces forjamos una amistad que ha permanecido intacta, pese a que ya no vivimos ni siquiera en el mismo estado de la República. Estamos, eso sí, en permanente contacto y por eso fue más o menos natural que se inscribiera, en los tiempos de pandemia, al primer taller virtual de dramaturgia que di. La idea era que, en diez sesiones, los inscritos pensaran, diseñaran y escribieran una obra que leeríamos, para exponerla a los demás del grupo, en la sesión número once. Después de mi primera clase, cada cual fue avanzando a su paso, pero Roger –no recuerdo si en la segunda o tercera sesión– ya había terminado una obra a la que le puse muchos peros, porque tenía un lenguaje muy simbólico y era sobre una poeta suicida. Me pareció intelectualizada y densa. Sin mucho prurito, Roger se deshizo de esa obra y escribió otra. Tampoco paso mi escéptico modo de pensar: si no tienes productor, no escribas algo que lo más probable es que se vuelva alimento para el cajón de objetos olvidados. En teatro, insistí, decir una peluca es comprar una peluca y mencionar una máquina interestelar, como era el caso, es meterse en mil problemas de dinero, de materiales, de construcción. Y entonces apareció Acrofobia. Aunque las clases eran colectivas y cada cual hablaba de sus propias problemáticas de escritura, yo sesionaba con cada uno por aparte. Acrofobia desde el principio me pareció buena idea. Roger y yo hablábamos de ella, y yo le proponía soluciones a algunas cuestiones que lo ponían inseguro. En ciertos momentos yo pensaba, y así le decía: “No te preocupes por eso, será asunto de los actores y el director”. Supe que me había puesto yo mismo la soga al cuello cuando Roger me dijo, una vez terminada la obra, y celebrada por mí, que la había escrito pensando en que yo la dirigiera y la actuáramos Alfredo Espinoza y yo. Que en nosotros se había inspirado para crear los personajes.
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Alfredo y yo veníamos del montaje de La divinidad del monstruo, una obra mía, donde éramos los únicos personajes, y yo tengo total confianza en su talento interpretativo. Comenzamos a ensayar Acrofobia y a resolver las varias minucias que tiene volver un texto escrito en una realidad teatral. Escribí una versión en español de la canción escrita originalmente en niolamashiano y con Alfredo improvisamos varios diálogos ceñidos a la idea de nuestros personajes y a la idea del autor. Invitamos a varias personas a ayudarnos: Daniel Dávila hizo una música muy linda y muy triste que cantó en el idioma de estos seres extraños (un escritor suicida y un bombero atípico) y en español; Ulises Peimberth nos ayudó con el paisaje sonoro y la escenografía, en la que también participó Daniel; Jazmín Zea nos asesoró con el vestuario y Rudy Laddaga nos dio prestado un proyector, que luego, generoso como es, nos regaló, para solucionar la parte sustantiva del montaje. Juan Ángel Esteban Cruz hizo un cartel muy creativo que usamos en la difusión. Y nos lanzamos al estreno. Desde la primera función gozamos la capacidad de empatía que Roger logró con los dos personajes: el viejo escritor, que no conoce muy bien el idioma en el que habla y no busca la simpatía del público, y el joven bombero que es muy simpático y que, al final, nos da una sorpresa que hace que parte del público llore. Fue muy emocionante ver cómo aquello que estuvo en la mente de Roger, que fue volviéndose palabras en el papel, ahora era para la gente la realidad de dos seres que se volvían, por lo menos mientras duraba la obra, parte de sus emociones, sus risas, sus lágrimas… Roger llegó a la última función de la primera temporada y aplaudió de pie cuando llegamos al final. Nos confesó, después, que se sintió tan emocionado, que quiso llorar (o lloró, no me acuerdo), lo que para nosotros fue un halago, porque, como yo sé por carne propia, no siempre el director es el mejor amigo del dramaturgo. Creo que Roger ha escrito espléndidos cuentos (y, por ponerlo de ejemplo, uno magistral: “La nave del sol naciente”, de su libro Soltar las riendas), una gran novela (La lluvia en las hojas del platanar) y una obra de teatro, Acrofobia, que ha logrado una conexión profunda y humana con los distintos públicos que la han celebrado y aplaudido. No puedo sentirme más satisfecho de haber puesto mi grano de arena para que floreciera su escritura. Y todavía, afortunadamente, hay mar de fondo en su talento abisal.
[Prólogo de la edición de Acrofobia, publicada por Editorial Tifón en 2022]
Ilustración: HCM.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Vibrar al ritmo de la música María Gabriela López Suárez
La feria del pueblo había iniciado, para Mariela eran fechas que esperaba con mucha emoción. De las cosas que más le gustaban eran los bailables que se presentaban y la música de los grupos tradicionales que llegaban de pueblos cercanos. Desde pequeña había aprendido a apreciar esas actividades; en su familia participaban en la feria con la preparación de dulces en conserva que vendían en un pequeño puesto en la plaza.
A Mariela le gustaba participar en bailables cuando estudió la primaria, después disfrutó más observarlos. Luego de terminar la secundaria comenzó a tener más interés en la música, le gustaba ir a presentaciones de grupos musicales de la región. En ocasiones iba con su familia, a veces con sus amistades.
En esta celebración de la feria Mariela tenía la encomienda de ir a ayudar a su familia en la venta de dulces. Eso le gustaba, pero lo que más le atraía era la posibilidad de poder estar cerca del escenario donde se llevarían a cabo los bailables y tocarían los grupos de música.
La primera ocasión que hubo ambas actividades Mariela no pudo asistir, habían tenido la fortuna de tener mucha demanda de dulces. El jueves se presentaría otro grupo de danza y habría música de tambor y flauta de carrizo, eso le hizo mucha ilusión a Mariela. La tarde del jueves de nueva cuenta comenzó a llegar bastante clientela, Mariela ya no alcanzó a ver la presentación del grupo de danza. Pero para su buena suerte una de las clientas fue su tía Domi, a quien le pidió que la cubriera un rato en la venta de dulces. Sin dudarlo la tía Domi aceptó.
El corazón de Mariela latía con más rapidez, no sabía si de la emoción o de los nervios por haberse salido del puesto. Lo cierto era que valía la pena. Llegó en el momento oportuno. El grupo comenzaba a tocar. Buscó un lugar estratégico para poder ver y escuchar bien. Tres personas integraban el grupo, un señor tocaba la flauta, una chica y un chico los tambores. Las melodías trajeron muchos recuerdos para Mariela. Las tres personas ejecutaban sus instrumentos con tanta pasión, que ella sintió su corazón vibrar al ritmo de la música. Si alguien le hubiera preguntado en ese momento qué sentía, no habría podido responder con palabras porque la música es un hermoso lenguaje que se siente en todo el cuerpo. La presentación terminó. Mariela se sumó a aplaudir, su corazón vibraba de alegría y gratitud.
Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL).
Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural.
Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos. En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo. Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.
¿Cómo se construye una persona buena? ¿En el lento avance del agua cuando cierro los ojos y sueño con eso; en una forma de vida moderada: un caracol bajo la lluvia, por ejemplo? ¿En y con Kierkegaard y su libro Los lirios del campo, las aves del cielo? ¿Rezando, orando? ¿O como hace unos años, solo, luchando, solo, contra la cocaína y los flashbacks que me ubicaban en una escuela con otros niños corriendo tras una pelota? ¿En la promesa –tan humana, por cierto, de no volver hacerlo? Y hacerlo. Y ver cómo ese mundo, tan ajeno, se desmoronaba. ¿En los perros y su dolorosa agonía por el abandono y la crueldad –ese despeñadero donde caemos todos? ¿En el juego diferido de la NFL cuando sólo había una tele? ¿En las manos de mi madre sobre mi rostro perdonándome todos mis pecados? ¿En las mismas manos de mi madre donde corrieron los galgos oscuros de la muerte tras la presa: un hombre que se devoraba a sí mismo? ¿En legítima defensa: exigiendo la ternura de los gatitos recién nacidos? Luis Daniel Pulido
Ha publicado los libros Pollito Card, UNICAH; Prohibido degollar patos, Editorial Almada Broders; Nunca sonrías a Optimus Prime, Espejitos de papel Editores, Puerto Rico; Bruce Wayne y la generación X (un concierto de rock para Chulpan Khamatova); Baxter Memories (vida y obra de Víctor Von Doom), Tifón editorial. Lo puedes seguir en su Blog poético Popotitos 22.
Sexo y luz: cinco libros de Anne Carson (Primera de cinco partes) Héctor Cortés Mandujano
qué dulce es ir a nadar dentro de ella Anne Carson
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Leo en uno de mis lectores electrónicos Agua corriente (1995), reunión de cinco libros de mi admirada Anne Carson (1950, Toronto, Canadá). Desde la primera vez que la leí quedé prendado de su inteligencia y su talento. Mimnermo: las pinturas cerebrosexuales es el primero, con traducción de Andrés Catalán (lector electrónico y libro, obsequios de mi querido amigo Sarelly Martínez). Mimnermo fue, según Wikipedia (Carson no tiene ninguna nota informativa), “un poeta y músico griego de finales del siglo VII a. C.”. Carson es especialista en literatura griega y mezcla en su libro las cursivas, que pertenecen a Mimnermo, y las normales suyas que dialogan con aquel. No se le puede leer con inocencia. Carson hace versos de aparente facilidad (p. 21): “¿Ves el sol?— La construí yo”. Me gusta incluso que no haya concordancia, pues hay que pensar más antes de dejar en paz ese verso y saltar al otro. Es pródiga en revelaciones (p. 36): “La juventud es un sueño al que acudo cada noche y del que me despierto con sólo este pequeño manojo saltarín de arterias en la mano”, que une el pensamiento de Carson con el de Mimnermo. Plantea certezas (p. 43): “el sino del sol es el afán diario”. El libro propone desde la tapa los géneros de poesía y ensayo. La parte ensayística de éste, Mimnermo y los movimientos del hedonismo, abre con una confesión (p. 75): “Sé nadar como los demás, pero tengo mejor memoria que los demás, no he olvidado mi antiguo no saber nadar. Y como no lo he olvidado, mi saber nadar es inútil y en consecuencia no sé nadar”. Sobre su personaje dice (pp. 81-82): “Lo cierto es que tan sólo menciona dos placeres y no los denomina así. No hay vino en los versos de Mimnermo, ni baños tibios, ni animales huyendo, ni cerezas ni seda ni huesos de color azul pálido, ni dados, ni noches de canciones bufas. Todo tiene lugar en algún sitio apartado del mundo en un estado de réplica estática, como un niño que se pasara la noche hablando consigo mismo”. Los placeres son sexo y luz, dice Carson que dijo Mimnermo de quien en este ensayo ya clarifica vida y obra, y a quien cita a partir de los versos de este mismo libro (pp. 88-89): “Sólo estamos a medio camino del verso central de nuestra juventud cuando empezamos a ver cómo nos oscurecemos. […] Se nos sedujo a pensar que éramos inmortales y de repente todo se termina”. Y más (pp. 94-95): “Como el sexo, la luz no es una pregunta hasta que estamos a oscuras. Mimnermo no tiene una respuesta que ofrecer. En cambio (pues es un erudito después de todo) sí una epistemología”.
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En el prólogo a Unas pocas palabras (1992), de Anne Carson, el segundo libro de esta recopilación, nos dice Margaret Christakos que (p. 131) “En las últimas décadas Carson nos ha mostrado cómo empujar la antigua poesía a través de la corteza de la nueva poesía”, y que sus obras son “experimentales y multigénero”. Christakos (su texto es de 2014) nos da muchos datos biográficos de la autora y rastrea las lecturas de Carson en varios de sus libros (pp. 160-161): “Resulta fascinante hacer una lectura cruzada de los textos que Carson escribió en torno a las primeras etapas de su carrera, con el propósito de sondear la reputación de una escritora que ha sido calificada cada vez más de ‘inescrutable’, y de explorar los procesos de extracción literaria que incluyen su intensa formación en el mundo geofísico y metavisual” (las últimas dos categorías que menciona Margarte se refieren, según yo, a la estancia infantil de Carson en Ontario, Canadá; a la nieve eterna e inmovilizante, y a que Unas pocas palabras, y algunos otros libros, están centrados en la imagen: pintura, retrato, dibujo, etcétera, no importa mucho que sean reales o imaginarios). En la introducción, dice la propia Carson (pp. 165-166): “Haré cualquier cosa para evitar el aburrimiento. Es la labor de una vida. Es imposible llegar a saber suficiente, a trabajar suficiente, a utilizar los infinitivos y los participios de forma suficientemente rara, a impedir el movimiento con la suficiente rudeza, a abandonar la mente suficientemente rápido”. Luego siguen los cincuenta y tres poemas en prosa, que, nos dice, reproducen las ideas que le dieron tres ancianas …
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Castigos y muertes en los Hermanos Grimm Héctor Cortés Mandujano
Fue embarcada junto con su cómplice en un navío perforado y llevada a alta mar, donde pronto fueron tragados por las olas
Hermanos Grimm, en “Las tres hojas de la serpiente”
Ya se sabe. Los llamados cuentos infantiles clásicos fueron tomados de las versiones orales que corrían de boca en boca. Cuando los hermanos Grimm los publicaron y se dieron cuenta que los adultos los leían a sus hijos (p. 9) “fueron suavizando las historias hasta alcanzar una versión definitiva en 1857”, dice mi bello ejemplar Rapunzel y otras historias (RBA Coleccionables, 2022), de Jacob y Wilhem Grimm, ilustrado por Arthur Rackham. ¿Suavizando? Cómo estarían, que aún hoy parecen terribles. En “Hermanito y hermanita” se castiga a la bruja y a su hija (p. 32): “la hija fue conducida al bosque, donde la destrozaron las fieras; mientras que la bruja, condenada a la hoguera, expió sus crímenes con una muerte miserable y cruel”. En “Los tres enanitos del bosque”, el rey pregunta a la vieja que castigo merecería alguien que hiciera lo que ella hizo; la vieja, obvio, no sabe que la han descubierto y dice (p. 58): “Pues cuando menos que la metan en un tonel erizado de clavos puntiagudos y, desde la cima del monte, lo echen a rodar hasta el río. “A lo que replicó el rey: “—Has pronunciado tu propia sentencia. “Y, mandando traer un tonel como ella había dicho, hizo meter en él a la vieja y a su hija, y después de clavar el fondo, lo hizo soltar por la ladera, por la que bajó rodando y dando tumbos hasta el río”. En “Blancanieves” la madrastra pide que maten a su hijastra; el cazador se compadece de ella, mata a un jabalí (p. 61) “lo degolló, le sacó los pulmones y el hígado y se los llevó a la reina como prueba de haber cumplido su mandato. La perversa mujer los entregó al cocinero para que se los guisara, y se los comió convencida de que comía la carne de Blancanieves”. A la madrastra, al final, como castigo, le ponen unas zapatillas al rojo vivo (p. 74): “Cogiéndolas con tenazas, la obligaron a ponérselas, y hubo de bailar con ellas hasta que cayó muerta”. En “Los doce hermanos”, la mala es la suegra (p. 188): “La malvada suegra hubo de comparecer ante un tribunal y fue condenada. Metida en una tinaja de aceite hirviendo y de serpientes venenosas, encontró en ella la vieja una muerte espantosa”. En “El amadísimo Rolando” la hija fea pide a su madre bruja que le quite el delantal a su hermana bonita. Ella le dice (p. 217): “No te preocupes, hija mía, lo tendrás. Hace tiempo que tu hermanastra se ha hecho merecedora de morir; esta noche, cuando duerma, entraré y le cortaré la cabeza”. No lo logra, claro, y mata a la fea. Un violín encantado hace que la bruja baile en un espinero (p. 220): “las espinas le rasgaron todos los vestidos y le desgarraron la piel, dejándola ensangrentada y maltrecha. Y como el músico no cesaba de tocar, la bruja tuvo que seguir bailando hasta caer muerta”. Los niños, me imagino, dormían felices, llenos de paz…
Ilustración: María Montserrat Arango Cossio.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Margarita revisó qué hora era, 13:45. Suspiró profundo. Se levantó de su asiento, necesitaba estirarse un momento. Tenía casi tres horas trabajando en la máquina de coser. Bebió un poco del agua que tenía en su bote. Caminó hacia la ventana. Sintió los rayos del sol que fueron un grato regalo para su pausa. Estiró la espalda y llevó los brazos hacia arriba. Permaneció así unos segundos, sintió que la espalda le agradecía ese movimiento.
Volteó a ver la máquina, su herramienta de trabajo. Aún le faltaba terminar la encomienda que le había dado su tía Elisa. Margarita tenía seis meses trabajando con su tía, quien era costurera. Doña Elisa le enseñó cuestiones básicas y Margarita aprendió pronto. Por cuestiones económicas Margarita había dejado de estudiar al concluir la preparatoria. Una de sus metas era ser maestra de educación preescolar. Encontró en la costura una manera de poder ayudarse para ahorrar y pagar sus estudios.
El trabajo en la costura había sido de muchos aprendizajes para Margarita, casi siempre terminaba sus encomiendas antes del tiempo establecido. Esta ocasión era diferente, tenía más pedidos de la tía Elisa y el tiempo de entrega era menor que en veces anteriores. Ese día se sentía con tensión en la espalda. De ahí que había decidido hacer una pausa. Se quedó contemplando unos minutos el paisaje que tenía frente a la ventana. La concentración en el trabajo le había hecho olvidar que el pueblo en el que vivía era hermoso. La casa de su tía Elisa estaba ubicada en una parte alta, desde ahí la vista era muy bella. Para el deleite de su vista y su corazón vio pasar varias aves, algunas solas, otras en parvadas. Tuvo la oportunidad de observar a algunas desde que emprendían el vuelo hasta perderlas de vista.
Algo que maravillaba a Margarita era cómo las aves podían mantener el vuelo. Veía en ellas hacer unos aleteos seguidos, luego pausaban el aleteo y volaban nuevamente, aleteaban casi de manera sincronizada, hacían pausa y mantenían el vuelo. Mientras seguía observando a las aves, el rostro de Margarita dibujó una sonrisa, se imaginó que ella era una de esas aves. Había emprendido el vuelo cuando decidió costurar para poder ir a la universidad, ahora tenía un gran reto, mantener el vuelo para llegar a cumplir esa meta. Perdió de vista a las aves. Era hora de regresar a su encomienda.
Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL).
Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural.
Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos. En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo. Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.
Las cuatro estaciones de Atenea y Azul Damaris Disner
El día 11 de octubre se conmemora el Día Internacional de la Niña, establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en el año 2011. Por lo que me parece pertinente compartir el cuestionamiento de Eunice Atenea, durante nuestro taller de Escritura Creativa. Me preguntó si me gustaba mi trabajo de escritora, sin dudarlo le dije que sí. Sonrío complacida. Creo que en cada sesión de los martes yo aprendo más de ellas, que ellas de mí. Publico la exploración literaria que realizaron Atenea y Azul, ambas niñas de 10 años.
Previamente, escuchamos las “Cuatro Estaciones” de Vivaldi, visualizamos los olores, sonidos y colores que relacionan con cada una y escribieron textos, donde parte del juego era incluir onomatopeyas. He aquí el resultado. Los cuatro primeros son de Eunice Atenea y los cuatro últimos de Azul. Espero que los disfruten tanto como yo al leerlos. Cuando una niña escribe y publica hay un estandarte de libertad que se eleva con aplomo y belleza.
Primavera Eunice Atenea
Las flores nacen en las hierbas verdes. El sol brillante ilumina el camino. Yo veo el cielo azul. Las flores huelen a amor y a paz.
Verano Eunice Atenea
Llega el verano, el sol calienta mis hombros, las hojas risueñas pintan el arcoíris.
Otoño Eunice Atenea
El otoño dice: ¡Clas, clas, tructru! Es una canción. Las hojas caen como lluvia.
Al poco rato llueven hojas de colores
Invierno Eunice Atenea
El invierno tiene frío ¡Brrrrrrrr! Todos llevan suéter, hacemos fogatas. El 24 y el 25 son los mejores días. Destapamos regalos, comemos dulces. Nos desvelamos. Cuando el sol sale abrimos los ojos con frío y amor.
Primavera Azul
Los pájaros cantan alegremente, las mariposas vuelan por todas partes.
¡Bzzz! Hacen las abejas. El sol brillante refleja la felicidad. Un deslumbrante arcoíris aparece en el cielo azul. Y aunque hace tanto calor todos viven entre paz y amor.
Verano Azul
¡Ñam! ¡Ñam! En verano como muchos helados. ¡Piii! ¡Piii! Hacen los autos porque ya quieren llegar a las lágrimas azules. Y casi la onomatopeya me atropella.
Otoño Azul
Llega el otoño ¡Crash, crash! Hacen las hojas, las pisan las personas que pasan.
¡Fuuuh! Hace el viento mientras que lágrimas empiezan a caer desde el cielo azul, que poco a poco se vuelve grisáceo.
Prendo una fogata y me pongo una manta.
Invierno Azul
¡Chap! ¡Chap! Hacen las botas mientras pisan la nieve blanca.
¡Brrr! Tengo tanto frío, se me congelan las pestañas.
Cuando llega la cena navideña nadie siente frío porque es más grande el amor, la paz y la tranquilidad.
Es importante dar a conocer los siguientes datos obtenidos textualmente de la página oficial de la ONU y de su apartado: Objetivos para las niñas: ¿Qué ha cambiado para las niñas?Los derechos de las adolescentes a lo largo de 30 años
● Actualmente, 133 millones de niñas no asisten a la escuela. ● Las adolescentes de entre 15 y 19 años tienen más probabilidades de no asistir a la escuela, no tener un empleo ni recibir formación que sus homólogos masculinos. ● Casi 4 de cada 10 adolescentes y mujeres jóvenes no terminan la educación secundaria superior. ● Casi 1 de cada 4 adolescentes de entre 15 y 19 años que han estado casadas o han tenido pareja han sufrido violencia por parte de su pareja a lo largo de su vida. ● Más de un tercio de los adolescentes de entre 15 y 19 años consideran que está justificado que un marido pegue a su mujer en determinadas circunstancias. ● En todo el mundo, las niñas de entre 5 y 14 años dedican 160 millones de horas diarias más al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que los niños de la misma edad.
Por ello, que las niñas escriban y publiquen en libertad es un paso importante, mucho más importante de lo que la mayoría de los adultos consideran.
Colofón Columnístico
El viernes 23 de octubre a las 5 PM, en la FIL Unach se presentarán con lectura de textos propios Atenea y Azul, además de Samantha Velasco Barajas, moderando Vanya Pinto Camacho. Una mesa de niñas escritoras. Gracias infinitas a la poeta Rosy Vázquez por su confianza en el talento de la niñez. Entrada libre.
El poemario de mi autoría ¿Papá es un pez? con ilustraciones de Panchito de Espantapájaros editorial, se presentará el miércoles 21 de octubre a las 4:30 PM en el Lobby del Centro de Convenciones de la FIL Unach. Gracias a Nayeli Moreno y a Mar Camacho por el espacio otorgado. Entrada libre.
Es originaria de Tonalá, Chiapas. Estudió la licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de Chiapas. Ha cursado tres diplomados nacionales convocados por el INBA y diversas instituciones, en la disciplina de teatro. También ha participado en varias ferias y festivales nacionales e internacionales.
Ha recibido los siguientes reconocimientos “Raíces y Anhelos”, Expresiones Artísticas, (Ayuntamiento de Tonalá, Chiapas y Fundación Casa del Aguila. 2024); Galardón por su trayectoria cultural (Revista Tendencia y AMMJE 2024); “Pergamino Juan Rulfo” (Asociación de Escritores y Poetas Chiapanecos A.C. 2023); Primer lugar (dramaturgia) en el 2do. Concurso Nacional de Literatura para Niños y Niñas (Gobierno de Guanajuato. 2021).
Desde hace once años dirige la Galería Rodolfo Disner, espacio cultural independiente, donde se encuentra la Sala de Lectura para la Niñez Cáscara de Mar.
Entre sus publicaciones para las infancias están el Memorama de Poesía Cáscara de Mar (2018), el álbum ilustrado Las Cuentas de Mara (2021), el poeMIAUrio Malabarista de Azotea (poemas para leer en el tejado) en el año 2022, el CuaderMIAUrio de actividades literarias y Heriberto (rompecabezas literario) 2023. Se dedica, desde hace 23 años, a impartir talleres y escribir para la niñez.
Con un abrazo al querido amigo que está detrás del seudónimo
Mi amigo me envía un PDF con su libro autobiográfico, de largo subtítulo: El acróbata del viento. Una novela sobre la memoria, la gratitud y las personas que sostienen nuestras alas cuando olvidamos cómo volar. Lo firma con un seudónimo: José Pérez Brenman y sobre él escribe en tercera persona. Está a la venta en Amazon. El libro y el lenguaje es reflexivo (p. 9): “Todo está conectado. El cielo y los sueños. La bipolaridad y las visitas. La memoria rota y los años de budismo. Los accidentes —hubo uno, grande, que cambió todo, y llegaremos a él— y la comprensión que llegó después del accidente. El aikido y la vacuidad. Roberto y la infancia. Ángel Martínez Bravo y la muerte como maestra. Las luces en el cielo que no son de ninguna aerolínea que José conozca, y él conoce todas. Todo está conectado y este libro es el intento —imperfecto, fragmentario, honesto— de trazar el mapa de esa conexión”. Habla de su padre (p. 14): “Cuando hablaba del futuro, parecía no estar imaginándolo. Parecía recordarlo. José creció escuchando aquellas versiones del mundo”, y de la madre: (pp. 17-18): “Si el padre le enseñó a José que el mundo podía estar lleno de misterios, la madre le enseñó que aún en medio del misterio debía existir un lugar al cual regresar. Ella fue la fuerza invisible”. En su recorrido vital, después de los padres llega la mujer (p. 28): “Scarlett: La mujer que decidió permanecer cuando muchas otras personas habrían salido corriendo. Con los años, José comprendió que el amor no se demuestra durante los días tranquilos. Se demuestra durante las tormentas. Y Scarlett había atravesado más tormentas de las que cualquier persona debería enfrentar. Había soportado sus terrores nocturnos. Sus despertares abruptos. Sus silencios. Sus obsesiones. Sus búsquedas espirituales. Sus preguntas imposibles”. Y luego la hija, Gabriela, a quien también toma como maestra. Uno más (pp. 39-40): “El maestro no siempre aparece con una túnica antigua ni vive en un pantano remoto. A veces aparece en una sala sencilla, en una enseñanza tranquila, en una frase que parece pequeña hasta que parte la vida en dos. Esa frase llegó a través de Geshe Kelsang Gyatso, fundador de la tradición Kadampa. Geshela había escrito muchos libros, pero uno de ellos tocó a José con una fuerza especial: Océano de Néctar. Allí encontró la palabra. Vacuidad. No fue una palabra más. Fue una llave”. José va cambiando (pp. 41-42): “Según las enseñanzas que comenzaba a estudiar, nada existía de manera independiente, sólida o permanente. Todo surgía en dependencia de causas y condiciones. Todo aparecía ante la mente. Todo carecía de existencia verdadera. La mente, aunque inmaterial, podía producir mundos enteros. Como la electricidad que no se parece a las imágenes de un televisor, pero permite que esas imágenes aparezcan”. Lo bueno es que (p. 43) “Ya no había un Dios vigilante castigándolo desde afuera. Había responsabilidad. Había causa y efecto. Había mente. Y había camino”; (p. 65): “Durante años había querido encontrar los secretos del universo. Ahora comenzaba a sospechar que el verdadero secreto era mucho más sencillo. Aprender a amar. Y aprender a dejar ir”. Su vida lo lleva a ver, con un desconocido, una nave extraterrestre (pp. 101-102): “Había una conclusión a la que José había llegado muchos años atrás. Si las abducciones existían, no ocurrían necesariamente en el plano físico. Aquella idea no provenía de libros. Ni de grupos ufológicos. De hecho, nunca perteneció a ninguno. Nació de sus propias experiencias. Y de una intuición difícil de explicar. La sensación persistente de que algo había ocurrido. La extraña certeza de que una parte de él había sido intervenida. No como una herida visible. No como una cicatriz. Sino como una modificación imposible de describir. Había momentos en los que estaba convencido de portar algo. […] Una alteración. Una marca. Una información”. La nave llega, después, hasta su casa, donde duerme con su mujer (pp. 104-105): “Los sonidos de la noche habían desaparecido. Y entonces apareció aquel ruido. No provenía de ningún lugar. O quizá provenía de todas partes. Era un sonido mecánico. Profundo. Impersonal. Una vibración imposible. José y Scarlett despertaron al mismo tiempo. Inmóviles. Paralizados. Conscientes. Aterrorizados”. La experiencia fue, para él, definitiva (pp. 106-107): “Hasta que todo cesó. El silencio regresó. Los animales tardaron horas en tranquilizarse. Y la vida continuó. Pero algo había cambiado. José comenzó a fragmentarse. Al principio fueron pequeños vacíos. Después aparecieron recuerdos duplicados. Dos versiones igualmente convincentes de un mismo acontecimiento. Más tarde comenzó a despertar con la certeza de encontrarse en otra fecha. Algunas mañanas estaba seguro de que era martes cuando habían pasado semana. Algunas mañanas estaba seguro de que era martes cuando habían pasado semanas. Otras veces creía estar viviendo años atrás. Los recuerdos recientes comenzaron a desdibujarse. La memoria de mediano plazo permanecía. La memoria profunda seguía llenando los vacíos. Pero las costuras comenzaban a abrirse”. Lo provocado por la nave, continuó (pp. 121-122): “José no se dio cuenta del momento exacto en que sucedió. No hubo un estruendo. No hubo un instante dramático. Simplemente un día descubrió que había perdido algo que lo había acompañado toda la vida. Había perdido el valor. No el valor de enfrentar peligros. Ni el valor de morir. Ese nunca lo perdió. Había perdido el valor para vivir”. Se deja ir, hasta que su hija lo rescata, lo lleva a vivir con él (p. 125): “Y vigilaba. Siempre vigilaba. Como una centinela. Como una madre. Como un padre. Como una hija”. Se invierten los papeles (pp. 143-144): “A veces los hijos se convierten en padres. Y a veces los padres deben aprender la lección más difícil de todas. Aceptar ser amados”. El final es ficción, claramente: José desaparece. Mi amigo, el que está detrás del seudónimo, me vino a visitar ayer, y platicamos, reímos, seguimos haciendo planes para el futuro. Y eso ya no es parte de la historia que cuenta el libro…
Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración: María Montserrat Arango Cossio.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).