Casa de citas. 802. Abstracto. Héctor Cortés Mandujano

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Casa de citas/ 802

Abstracto
Héctor Cortés Mandujano

Arte abstracto (Taschen, 2017, traducido por Francisco Caro), de Dietmar Elger, es un libro de gran formato, y al mismo tiempo un ensayo y un catálogo.
En las primeras páginas define su tema central (pp. 7-9): “Antes, la expresión artística tenía un carácter mimético: reproducía el mundo tal como lo veía el artista. [...] la pintura abstracta abre nuevas e insospechadas posibilidades: Puede ser autónoma y no tiene por qué referirse a una realidad conocida. [...] En la pintura abstracta, los colores y las formas subsisten sin el sistema de referencia de un mundo objetual exterior”.
Después del ensayo general, Elger hace un ensayo por cada artista y cada cuadro que se publica con la calidad garantizada de Taschen (esta editorial está especializada en pinturas, fotografías, obras de arte). Dice Picasso (p. 28): “El arte abstracto no existe. Siempre tienes que empezar por algo. Después puedes eliminar todas las huellas de la realidad. Entonces no existe ningún peligro más porque la idea de la cosa ha ido dando lugar a un signo imperecedero”.
En sus ensayos, generalmente cita al autor. Dice Kasimir Malevich (p. 36): “El realismo del cuadro consiste en la presencia simultánea de tres grandes requisitos pictóricos: las líneas, las formas y los colores”; dice Elger sobre el suprematismo (una corriente de la pintura abstracta de 1915, p. 38): “Con el suprematismo, la pintura desechó por primera vez su función de instrumento que ofrece una descripción de la realidad para convertirse en una parta autónoma de la misma. El realismo de la pintura de Malevich consiste en el realismo de los cuadriláteros de colores” (Elger se refiere específicamente al cuadro “Suprematismo”, de 1915, de Kasimir Malevich).
Escribe Dietmar Elger sobre Paul Klee (p. 52): “Las obras de Klee no son abstracciones puras; al menos el título las reduce a un orden figurativo u objetual (habla del cuadro “Caminos principales y caminos laterales”). Klee es un verdadero maestro de la invención de signos abreviados y claves referenciales”.
Piet Mondrian opina (p. 56): “La emoción de la belleza se ve entorpecida siempre por la aparición de la ‘cosa’; por eso, la cosa ha de desaparecer de la representación plástica”.
Jackson Pollock chorreaba o aventaba la pintura al cuadro, sin buscar ninguna representación figurativa; por eso (p. 58) “las composiciones no presentan ningún sentido espacial, no hay arriba ni abajo. El artista trataba la superficie pictórica con la misma intensidad en todas partes. Una vez acabada la composición, el pintor decidía la orientación del lienzo para su presentación en la pared”.
George Mathieu introdujo el concepto de velocidad en la pintura (pp. 66-67): “Ante más de dos mil personas, Mathieu pintó un lienzo de doce metros en veinte minutos. [...] ‘Creo que la velocidad del acto creativo es una de las principales premisas de mi pintura. En todo caso, soy el primer pintor que introduce el concepto de velocidad en la pintura occidental. Estoy convencido de que solo la velocidad de la acción hace posible captar y expresar aquello que emerge de las profundidades del espíritu sin que su manifestación espontánea se vea contenida y modificada por la reflexión y la intervención racional”.
Ad Reinhardt hizo algo radical (p. 78): “A principios de los años cincuenta desterró de la pintura la visibilidad de las pinceladas y la profusión colorista. Desde entonces fue simplificando cada vez más sus composiciones. En lo sucesivo, el artista confeccionará la estructura de sus imágenes empleando exclusivamente superficies geométricas de colores rojos, azules y negros en diferentes matices. Desde 1960 hasta su temprana muerte en 1967, Reinhardt pintó únicamente lienzos negros de formato cuadrado de 60 por 60 pulgadas (152,6 cm)”.
Hay gente que se planta ante un cuadro y pregunta qué es. Sucede con más frecuencia ante la pintura abstracta. Habría que contestar lo que dice Frank Stella (p. 82): “Lo que ves es lo que ves”.

***

Leo Muertos incómodos (falta lo que falta), novela policiaca escrita a cuatro manos entre el Subcomandante Marcos y Paco Ignacio Taibo II, editada por Joaquín Mortiz en 2005.
Para los capítulos que le tocó escribir, los pares, Taibo II usa a su personaje más famoso, Héctor Belascoarán Shayne, y para los que escribe el Subcomandante inventa a un miembro del EZ, Elías Contreras, quien, como representante de la Comisión de Investigación, une sus esfuerzos de investigación y deducción con Belascoarán para detener a un ubicuo Morales, responsable de demasiados delitos para ser un solo individuo.
En la novela confluyen muchos personajes reales (periodistas, políticos, etcétera) a quienes se les llama por su nombre. En los capítulos donde aparece Elías, el Subcomandante es una presencia constante (no como narrador, sino como personaje).
Por la costumbre que tienen muchos de leer mientras defecan, uno de los personajes entra a un baño reluciente donde hay un póster que dice (p. 32): “El estreñimiento promueve la lectura”.
Elías tiene que salir de la Selva Lacandona e ir a la Ciudad de México para realizar su investigación. Tiene para eso que explicar sus razones, aunque los demás inventan algunas. Julio Secreto dice (p. 51) “que Elías iba para averiguar cuándo era la Marcha del Orgullo Gay en la que Sub se haría presente y saldría, simultáneamente, de la selva y del clóset”.
Conversan mientras juegan dominó y hablan de la propensión de los presidentes a hablar de que todo va bien (p. 73): “Que siempre dice que estamos creciendo, que la economía crece, y dice números, que el siete, que el cinco, que el trece, que el medio. ¿De dónde los saca? No coinciden con los números de nadie. Si este güey dirigiera la Lotería Nacional no le tocaba a nadie nunca. ¿Cuál economía que crece? Será la suya, chingá -dice el Gallo, que no solía ser vehemente en cuestiones políticas, pero que sabía bastante de matemáticas”.
Hablan de un presidente específico, antes de que lo fuera (p. 89): “A López Obrador lo atacan no porque le tengan miedo por ser populista o de izquierda. No es ni una cosa ni otra. En sus cuatro años de gobierno no ha hecho sino tratar de congraciarse con los de arriba. Lo que pasa es que él va adelante en la carrera por el premio mayor”.
Elías se vuelve amigo de un travesti, en vías de trans (p. 115): “Y entonces ella me dijo que no es una ella sino un él. Y entonces, como no muy le entendí, ella se levantó la falda y ahí se miró su ése-cómo-se-llama haciendo bulto en su calzón”.
La novela es muy woke y muy política. Bastante entretenida.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

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Fotografía: Júlia Isanta Muñoz: https://www.pexels.com/photo/black-and-white-photo-of-bags-of-herbs-at-a-market-24345843/




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 339. Penetrar el misterio. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 339
Evocadas páginas de otro libro/ XX
Penetrar el misterio
Héctor Cortés Mandujano

Federico se escapó, dice un ciprés caviloso.
Pregúnteselo al dolor, que sabe más que nosotros.

De la canción “Federico”, de Alberto Cortez

Lo vi, desde la tranca de la finca, que estaba en la parte alta, caminar hacia el arroyo de la parte baja. Apenas se había despedido de mí y vuelto el cuerpo para irse, cuando le apareció en un flanco la imagen etérea de una mujer; en los dos primeros pasos, otra se le puso en el otro flanco y luego una más lo comenzó a seguir. Y otra.
No llevaba ni diez pasos y varios niños lo rodeaban, apenas dibujados por el aire circundante. Lo vi ya en los terrenos bajos y no sólo iban, revoloteando a su lado, mujeres y niños, sino también dos caballos (uno pinto, otro melado) y varias vacas. Todos eran ectoplasmas que él parecía no ver, pero para mí eran claramente distinguibles.
También se empezó a formar un batallón de sus amigos queridos, a los que pude reconocer no obstante que eran fantasmas.
El caminante real era mi padre. Mi madre no iba en la orquesta fantasmal. Ni yo. Sólo sus amantes y sus otros hijos.
Vi cuerpos muertos a los lados del camino. A mi abuela –su madre– y a un sinnúmero de gente que igual parecía vitorearlo que injuriarlo.
Él cantaba, podía oír su voz afinada.
Desde mi atalaya se veían los árboles enormes que crecían a la vera del agua, y debajo de sus sombras majestuosas, aunque el día era luminoso, la oscuridad borraba cualquier posibilidad de penetrar con mi vista lejana la negrura compacta.
Enfrente del hombre, entonces, comenzó a crecer una montaña que poco a poco comenzó a volverse un par de gigantescas piernas femeninas, abiertas como alas, cuyo centro coincidía exactamente con la oscuridad que producía la sombra arbórea.
Mi padre no se detuvo y se metió completo, sin dudar, en medio de las piernas, en el misterio del sexo...
Y nunca más volví a verlo.

[“Salía al campo y lo seguía una orquesta de seres inanimados” escribió Carlos Monsiváis en “El teólogo de avanzada y su repertorio anacrónico”, de su libro Nuevo catecismo para indios remisos (Siglo XXI, 1982, p. 59).]


Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 338. Tardecita veraniega. María Gabriela López Suárez

Fotografía: MGLS:
Voces ensortijadas  


Tardecita veraniega

María Gabriela López Suárez


Amalia terminó de hacer las labores de casa al tiempo que escuchaba los truenos que anunciaban la lluvia que comenzaba a caer y que quizá podía permanecer toda la tarde. Recordó que su comadre Lupita la había invitado a comer ese día. Amalia la llamó para decirle que esperaría a que terminara de llover para ir a la comida.

La lluvia se prolongó un par de horas. De tal modo que Amalia se quedó a comer en su casa y llamó nuevamente a Lupita para decirle que llegaría más tarde para que tomaran café con pan. Ella llevaría el pan.

Cuando Amalia salió de casa observó el cielo, se había despejado casi por completo. Algunos nubarrones grises se asomaban en el lado poniente de la ciudad. Percibió que la lluvia había dejado ese grato aroma a tierra mojada que le recordaba su niñez y también un viento fresco que acompañaba la tarde.

Observó que había mucho tráfico vehicular, además de gente que, como ella, iba y venía caminando, algunos con sus mascotas. Parecía como que la lluvia había dado tregua, esto era un detonante para que la gente saliera de sus casas, o al menos eso imaginaba Amalia. El paisaje de la tarde era muy agradable.

En su camino a la panadería contempló la algarabía de los zanates que se posaban en la parte baja de algunos árboles, además de otras aves que entonaban sus cantos desde las ramas más altas. La lluvia había dejado varios espejos de agua, así les llamaba Amalia a los charcos que se formaban. Le encantaba ver el reflejo de las imágenes sobre el agua, para ella semejaban a espejos. Y también contempló las alfombras de pétalos que se formaban bajo los árboles de flamboyant.

Agradeció la lluvia que había caído, por haber refrescado el clima, y también porque ella tenía la oportunidad de disfrutar esa tardecita veraniega.

El aroma a pan comenzó a sentirse, ya estaba a menos de una cuadra para llegar a la panadería. Comenzó a pensar en qué panes compraría para compartir el cafecito con la comadre Lupita.
Fotografía: MGLS:
Fotografía: MGLS:

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Casa de citas. 801. Curar la enfermedad de las palabras. Héctor Cortés Mandujano

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Casa de citas/ 801

Curar la enfermedad de las palabras
Héctor Cortés Mandujano

Una idea, para ser admitida, debe probar su ancianidad;
una obra de arte, para agradar, debe inspirarse en un modelo antiguo

Sartre,
en ¿Qué es la literatura?

Aunque tiene muchos años de publicado (mi ejemplar es de Losada, 1950, traducción de Aurora Bernárdez, regalo de mi amiga Linda Esquinca), el ensayo ¿Qué es la literatura?, de Jean-Paul Sartre, me parece que aún tiene mucha actualidad. Vean si no. Dice Sartre en la introducción sobre el papel histórico de los escritores (p. 8): “Antes, el poeta se tenía por un profeta y resultaba algo muy digno; luego se convirtió en un paria y un réprobo, lo que todavía era aceptable. Pero, hoy, ha descendido a la categoría de los especialistas”.
Sartre sabe de lo que habla, porque atacó varios géneros: la novela, el cuento, el ensayo, la dramaturgia y, claro, la filosofía. El escritor se parece al político, dice (p. 40): “Lo que se sabe es poca cosa y debe decidir a partir de lo que sabe”.
¿Qué conoce el escritor? Las palabras, el lenguaje (pp. 47-48): “Para el poeta, el lenguaje es una estructura del mundo exterior. El que habla está situado en el lenguaje, cercado por las palabras; estas son las prolongaciones de sus sentidos, sus pinzas, sus antenas, sus lentes; ese hombre las maneja desde dentro, las siente como siente su cuerpo, está rodeado de un cuerpo verbal del que apenas tiene conciencia y que extiende su acción por el mundo”.
Sartre busca modos de presentar sus ideas, de que se entiendan (p. 61): “Un sollozo completamente desnudo no es bonito: molesta. Un buen razonamiento molesta también, como Stendhal lo había advertido. Pero un razonamiento que oculte un sollozo es precisamente lo que buscamos”.
Se vale de ejemplos, de cuentos (p. 67): “Un aprendiz de pintor preguntaba a su maestro: ‘¿cuándo debo estimar que mi cuadro está acabado?’. Y el maestro contestó: ‘Cuando puedas contemplarlo con sorpresa, diciéndote: ‘¡Soy yo quien ha hecho esto!’. Lo que equivale a decir: nunca. Pues esto equivaldría a contemplar la propia obra con ojos ajenos y a revelar lo que se ha creado”.
Escribe (p. 73): “La belleza de la naturaleza no tiene nada de comparable con el arte. La obra de arte no tiene finalidad; estamos de acuerdo con Kant. Pero es en sí misma un fin”.
Un escritor no lo es sin lector (pp. 75-76): “El autor escribe para dirigirse a la libertad de los lectores y requerirla a fin de que haga existir la obra. […] Cuando disfruto de un paisaje, sé muy bien que no soy yo quien lo ha creado, pero sé también que, sin mí, las relaciones que se establecen ante mis ojos entre los árboles, los follajes, la tierra y la hierba no existirían en modo alguno”.
El medio y el público (p. 92): “El medio es determinante: el medio produce al escritor. […] El público, por el contrario, llama al autor, es decir, plantea problemas a su libertad”, porque (p. 94) “debe satisfacer cierta demanda”. Además (p. 97): “En el fondo, no se paga al escritor: se le alimenta, bien o mal, según las épocas. No puede ser de otro modo, porque su actividad es inútil; no es modo alguno útil y es a veces perjudicial que la sociedad adquiera conciencia de sí misma”.
Los escritores escriben para las clases ilustradas, las privilegiadas y (p. 101) “no se les pide ya que sean guardianes de los dogmas, sino simplemente que no sean sus detractores. […] El público del escritor continúa siendo estrictamente limitado. En su conjunto, es denominado la sociedad y este nombre designa una fracción de la corte, del clero, de la magistratura y de la burguesía rica”. No pertenece generalmente a esos ámbitos (p. 112): “El escritor disfruta a veces de los favores de una marquesa, pero se casa con la criada o con la hija del albañil”.
El siglo XVIII, dice Sartre, no era pan comido para un escritor (p. 116): “Una obra del espíritu era entonces un acto por partida doble, porque producía ideas que iban a ser el origen de trastornos sociales y porque ponía en peligro a su autor”. Eso pasó, ahora la burguesía ha absorbido a la nobleza y los autores atienden a este público unificado (p. 118): “Han perdido toda esperanza de salir de su clase de origen. Hijos de padres burgueses, leídos y pagados por burgueses, seguirán siendo burgueses: la burguesía les ha encerrado como en una prisión”.
Si quiere triunfar, el escritor no debe ser difícil (p. 120): “La facilidad se vende mejor: es el talento encadenado y que se resuelve contra sí mismo, el arte de asegurar con discursos armoniosos y previstos y de mostrar con campechanía que el mundo y el hombre son mediocres, transparentes, sin sorpresa, sin amenazas y sin interés”. Es la receta (p. 122): “No se le pide que restituya la extrañeza y opacidad del mundo, sino que lo disuelva en impresiones elementales y subjetivas que hagan más fácil la digestión del mismo: tampoco se le pide ya que vuelva a encontrar en lo más profundo de su libertad los más íntimos movimientos del corazón, sino que confronte sus ‘experiencias’ con la de sus lectores”. Así (p. 123): “El público no teme ninguna sorpresa; puede comprar a ojos ciegos. Pero la literatura ha sido asesinada. […] No es casualidad que hayan escrito malos libros; si han tenido talento, ha sido necesario esconderlo. Los mejores se han negado […] la unificación radical de su público induce al autor a escribir por principio contra todos sus lectores”.
Dice que varios autores clásicos han dicho de distintas maneras esto (p. 130): “Es con los buenos sentimientos como se hace mala literatura”. Paulhan escribe y lo cita Sartre (p. 147): “Todos saben que hay en nuestro tiempo dos literaturas: la mala, que es propiamente ilegible –es muy leída–; y la buena, que no se lee”.
En las notas de final de un capítulo cita varias ideas no necesariamente suyas (p. 153): “Creo que la multitud, el rebaño, será siempre odioso. Lo único importante es un reducido grupo de inteligencias, siempre las mismas, que se pasan la antorcha (Croiste, 3 de septiembre de 1871)”, y “El pueblo es un eterno menor de edad y siempre estará en la última fila, ya que el número, la masa, es ilimitado”.
Escribe (p. 237): “La función de un escritor es llamar al pan pan y vino al vino. Si las palabras están enfermas, a nosotros toca curarlas”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com


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*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 338. Rumbo al infierno. Héctor Cortés Mandujano

La ilustración es de Juan Ángel Esteban Cruz.

  
Polvo del camino/ 338

Apuntes de oído/ 26
Rumbo al infierno
Héctor Cortés Mandujano

Creo que fue “Sin precaución” la primera rola que escuché del grupo San Pascualito Rey (del álbum Valiente, de 2011). Me sorprendió y me gustó su inicio sin vueltas: “Espero que detrás de tus ojos/ no haya un barranco con rumbo al infierno/ porque voy corriendo”.
De los fundadores, arrancaron en el 2000, sólo están en el grupo Pascual Reyes y Juan Morales (batería y coros). Pascual es la voz del grupo. Me gusta: es grave, masculina y se mueve muy bien en el rock, en las baladas, en los varios ritmos que explora el grupo.
Sigue: “Que tus manos no guarden/ espinas podridas que escondan algún veneno/ porque desnudo me acerco”.
La voz profunda, la música lenta. Hay un notorio rastro de dolor en la interpretación. Parece que quien canta pasó por ese espinero. Dice el estribillo: “Sin precaución andaré, no preguntaré de tus heridas, de tus silencios y batallas perdidas.
“Sin precaución andaré, no preguntaré. Con los ojos cerrados y el futuro olvidado estaré a tu lado”.
Tienen muchas producciones, muchos videos y conciertos que pueden verse en redes, pero esta canción, tal vez porque fue la primera que escuché de ellos, me sigue gustando mucho: “El instinto me lleva a ti/ como al animal que quiere morir/ que quiere olvidar/ que quiere dejar su vida en la orilla/ en un misterio/ en tu mar abierto/ en tus secretos/ en tus recuerdos”.
No es que parezcan roqueros los del grupo; su vocalista, incluso, parece un chavo muy alivianado, vestido con normalidad y un corte de pelo tradicional: escribo esto recordando su concierto, en 2018, en el Cervantino de Guanajuato, disponible en YouTube: todos los demás van de negro, el vocalista con camisa clara, chaleco café, jeans, cabello corto y bigote rasurado.
Lo que sí es que su música tira más a lo oscuro. Han dicho que el estilo del grupo es “Dark guapachoso”, “Mariachi cósmico” o “Durangótico”, entre otras definiciones. “Sin precaución”, sin embargo, aunque tiene un arreglo rockero –con un amago calentón, de trópico– y Pascual tiene un timbre de hombre devastado, es más bien una canción de amor.
Su final es abrupto. Hay sólo silencio después de que él dice, por segunda vez: “Espero que detrás de tus ojos no haya un barranco”...

La ilustración es de Juan Ángel Esteban Cruz.
La ilustración es de Juan Ángel Esteban Cruz.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 337. El tiempo, un acompañante en la vida. María Gabriela López Suárez

Fotografía: MGLS.
Voces ensortijadas  
El tiempo, un acompañante en la vida
María Gabriela López Suárez


A mi niña interior, que algún día soñó con escribir.
Al público lector y radioescucha de las Voces ensortijadas.



Observo el cielo, hay un bello paisaje soleado, el verde acompaña a la naturaleza, qué gusto me da contemplar el paisaje. Me siento agradecida y afortunada de estar en un espacio laboral rodeado de árboles y montañas. La temporada de lluvias también favorece este regalo.

Estoy en un aula, mi labor este día es aplicar un examen de nuevo ingreso a la universidad. Hay rostros diversos de chicas y chicos, sonrientes, serios, se perciben los nervios y la incertidumbre. No es para menos, están en un examen para ingresar a estudiar la carrera que han elegido. El esfuerzo y ánimo de sus familias también está puesto en eso.

Ver a las juventudes me genera entusiasmo y me evoca a mi etapa en la licenciatura. Los exámenes siempre me daban nervios (aún me siguen dando). Recuerdo que cuando los presentaba tenía el tiempo de poder hacer un repaso para corroborar las respuestas. En una ocasión para una certificación en inglés no me percaté que había que escribir con lapicero una historia, lo hice a lápiz. Pocos minutos antes de que terminara el tiempo para entregar la prueba me di cuenta. Mi corazón latió más fuerte, me centré en ir repintando el texto con lapicero y borrando cuidadosamente el rastro del lápiz. Terminé en tiempo y forma.

Ahora escucho el movimiento de las hojas del cuadernillo de preguntas, el sonido del borrador que usan, algún lápiz o sacapuntas que cae y también varios bostezos. Observó movimientos de pies, lo percibo como inquietud y nervios. El paisaje sonoro de las aves se escucha por instantes, con algarabía. El sonido de mis pasos se oye levemente, entre el recorrido que hago al interior del aula.

El tiempo puede ser muy breve, pausado, fugaz o eterno, quizá depende de dónde estamos, con quiénes, en qué época del año y las actividades que hagamos. Como en este examen, las chicas y chicos seguramente quieren que el tiempo sea lento. Para mí el tiempo es un acompañante en la vida. El paso de los años puede permitir verlo como un aliado.

Hablando del tiempo, escribo estas líneas con profunda gratitud en el marco del noveno aniversario de esta columna. Para mí ha sido una hermosa oportunidad de aprendizajes, de nuevas experiencias, de conocer personas, divulgar historias, crear personajes, recorrer territorios, compartir perspectivas, reflexionar sobre distintos temas y desarrollar la escritura por placer.

Gracias por el espacio a Letras, idea y voz que me ha permitido divulgar esta columna, a Radio Siberia a través de Tropikalia por la oportunidad de que la columna sea en formato radiofónico. Gracias al público lector y radioescucha que la hace suya y resuena con ella.
Fotografía: MGLS.
Fotografía: MGLS.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Casa de citas. 800. Relaja todos tus músculos, excepto uno. Héctor Cortés Mandujano

Photo by James Collington: https://www.pexels.com/photo/black-and-white-cinematic-camera-setup-outdoors-30697923/

Casa de citas/ 800

Relaja todos tus músculos, excepto uno
Héctor Cortés Mandujano

Cada cien columnas celebro contigo lector, lectora, la maravilla que es saberte del otro lado de la página o la pantalla. ¡Llegamos a 800!
Muchas gracias, te abrazo.

***

Recuerdo algunas escenas de la versión cinematográfica, pero hasta ahora leo Bailando con lobos (Ediciones Grijalvo, 1998), de Michael Blake. Gocé su lectura. La novela se ciñe al modo clásico de contar y lo hace bien. Me gustaron mucho sus comparaciones, en especial ésta, que se refiere a un muchacho comanche cuando ve por primera vez al hombre blanco. No sabe qué hacer (p. 117): “Todo le daba vueltas, como semillas en una matraca”.

***

Vi la película Las niñas bien (2018, escrita y dirigida por Alejandra Márquez Abella), basada en el libro homónimo de Guadalupe Loaeza, que no he leído. La cinta es muy buena. De allí este chiste clasista, ubicado en el sexenio de López Portillo, que me encantó:
Le pregunta una niña de la Ibero a una niña de la Anáhuac:
—¿Tu papá está en la lista de los sacadólares?
—No.
—¡Qué naco!

***

¿Acaso una mujer no tiene lengua para eso?

Ethel Krauze,
en “Lo que su cuerpo me provoca”

Mi querida amiga Gladys Fuentes Milla me regaló su libro antológico Sobre seis letras cabalga el deseo (Editorial Canto de Zenzontle, 2023), donde la acompañan las también poetas Ethel Krauze, Gela Manzano, Kyra Galván, Leticia Luna y Socorro Trejo Sirvent.
Es un libro de poesía erótica, cuyos versos, a veces, son muy explícitos. Escribe, por ejemplo, Ethel Krauze, en “Lo que su cuerpo me provoca”, sobre su marido (p. 19): “Que su vara de varón/ parta mi mar/ en dos,/ y libere su simiente/ en la tierra que le tengo prometida”. Luego dice que a su marido lo llaman (p. 20): “el señor del Mástil y el Martillo/ por su en-verga-dura/ larga y dura”.
Gela Manzano escribe a su pareja en “Cuando llueve en Santa Clara” (p. 34): “Aullaremos como lobos torso a torso/ con el sudor a cuestas. […] oleremos a sal/ a musgo/ a alga marina”.
Gladys Fuentes Milla cuenta y canta en “Veinte” (pp. 55-56): “La vida es un vértigo desde que te apetezco/ desde que sueño abrirme para que mueras dentro/ […]/ y me desgarro en temores ancestrales por beber la delicia/ de tu semen/ ávida de llenarme en el sacro lugar de tu existencia/ con afán de aluzar estas penumbras/ de tener sobre el vientre tus locuras/ el empuje de tu ardor entre mi carne”.
Kyra Galván dice en “Mecánica de los cuerpos terrestres” (pp. 67-68): “porque tu lengua era mi madre alimentándome/ y tu miembro era mi padre./ Eras mi figura masculina y femenina a un tiempo./ Eras el vientre materno:/ mi boca llena de pechos, lenguas, falo,/ mi tajo colmado de saliva y músculo”. A ella pertenece el verso que titula esta columna y tiene una brevísima “Ars Erótica”, que trascribo completamente:

Me levantaste en un soplo
–pirueta en el aire–
y no nos desuncimos un milímetro.

Escribe Leticia Luna, en “La canción del alma” (p. 86 y 88): “La brasa de la noche es una pira/ cuando enciendes o exaltas,/ fragmentas o penetras/ en mi nombre furtivo./ […]/ tu falo adquiere mi vocación de orquídea,/ vive alegre, da floración perpetua”.
Socorro Trejo Sirvent, por último, escribe en “Invitación” (p. 101): “Acércate a la hoguera de mis senos:/ te auguro que no encontrarás mejor destino/ Derrama licores sobre mi pelvis de canela:/ no te alcanzará la vida para tanta muerte”.

***

Leo la extraña y divertida novela Griego busca griega (Tusquets, 1987), del suizo Friedrich Dürrenmatt: un oficinista cualquiera conoce a una mujer por un mensaje en el periódico al que alude el título. A partir de ese momento la gente importante comienza a saludarle, le dan un ascenso increíble en su trabajo, le regalan una mansión, su vida se vuelve una locura. La novela, al final, propone dos finales, uno feliz y otro desgraciado.
Inmediatamente después de terminar ésta, en un volantazo, que no lo fue tanto, leo Chin Chin el teporocho (SEP, 1985), del tepiteño Armando Ramírez. Aquí también Michelle transforma la vida de un don nadie y lo vuelve teporocho, por decepción. Es este borrachín quien cuenta la novela que no tiene ni acentos ni reglas ortográficas (quien lee debe decidir acentos, cambios de narrador y todas las zarandajas que suelen tener los libros correctos) y donde se le habla constantemente al lector, invitándolo a un trago, a que entienda que la historia es parte de “una enfermedad” que se llama vida, a que escriba en unas líneas lo que quiera…
Vi la película hace mucho y ya había leído esta novela que propone nuevas formas de contar, fuera del canon y la solemnidad, como varias mexicanas famosas: El vampiro de la colonia Roma, de Luis Zapata; La princesa del Palacio de Hierro, de Gustavo Sainz; La tumba y De perfil, de José Agustín, etcétera.
Es divertida y violenta. Me volvió a gustar.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

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Fotografía: James Collington: https://www.pexels.com/photo/black-and-white-cinematic-camera-setup-outdoors-30697923/




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 337. El nacimiento del 10 de mayo en México. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

  
Polvo del camino/ 337

El nacimiento del 10 de mayo en México
Héctor Cortés Mandujano


Leo El 10 de mayo (SEP, 1982), de Marta Acevedo, un libro que es parte de una colección elegante, con fotografías e ilustraciones. Pensé que sería un libro banal y no.
La celebración de este día y la exaltación de la madre como ejemplo de abnegación, amor, sacrificio (habrán madres así, sin duda) y demás cursilerías con que suelen adornarlas fue resultado de una propuesta publicada en el diario Excélsior, el 13 de abril de 1922, como respuesta a lo que llamó su autor, Rafael Alducin, también director del diario (p. 10), “el reparto de folletos inmorales”, en Yucatán, entre marzo y abril de ese año, que en realidad, fuera de los planteamientos más bien ideológicos, proponían a los eventuales padres y madres un básico control natal.
Alducin en Excélsior, en cambio, proponía, como respuesta a la (p. 9) “campaña suicida y criminal en contra de la maternidad […] hacer un monumento de amor y de ternura a la que nos dio el ser”.
El gobernador de Yucatán, a partir del 1 de febrero de 1922, era Felipe Carrillo Puerto, organizador del Partido Socialista Obrero (p, 14), “que más tarde se convertiría en el Partido Socialista del Sureste” y que propuso, entre otras cosas (p. 15), “la regulación de la natalidad”.
Excélsior y su director, en su cruzada para establecer el 10 de mayo como Día de las Madres, tuvieron como fáciles aliados (p. 32) “a la escuela, la Iglesia, el espectáculo, la beneficencia y el comercio”, que repitieron lo escrito por Alducin (p. 40): “La madre mexicana, por sus virtudes, por su bondad ingénita, por su abnegación sin límites, por su amor incomparable al honor y a la familia, donde halla sus mayores goces y sus más altas reflexiones es acreedora a nuestro respeto y constante veneración”. Dice Marta Acevedo (p. 42): “la industria cultural, el radio y el cine primero, la televisión y las fotonovelas después, han machacado con constante uniformidad en la imagen patrocinada por Excélsior”.
Alducin y el diario se fueron de frente y lograron que se erigiera, en la Ciudad de México, el monumento a la madre. En cambio, el 10 de mayo de 1971, las Mujeres en Acción Solidaria hicieron una manifestación de protesta, en el centro del país, con volantes que, entre otras cosas, decían de la madre (p. 65): “Es una ciudadana de segunda clase, puesto que no se le considera como elemento productivo dentro de la economía. La niña, la mujer, la madre, somos muñecas de cuerda con disco atrás; funcionamos conforme a lo que está grabado en el disco, desde generaciones atrás. ¡Dejemos de ser muñecas!”.
En otros volantes dicen (p. 66): “El mito de la madre consiste en exaltar la función biológica de la mujer para encubrir el hecho de como ser humano pensante y autónomo no se le deja desarrollarse. [...] Sí, nos dio a vida, pero no vemos que por ese hecho deba sacrificar sus ambiciones y desarrollo individual. Casi siempre el renunciar a ellos impone a los hijos una relación cargada de opresión y culpa”.
Evidentemente, yo habría estado no con Excélsior, sino con las mujeres de Yucatán, en 1922, y con las Mujeres en Acción Solidaria, en 1971. Nunca tuve mamitis.
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 336. El canto de las ranas. María Gabriela López Suárez

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Voces ensortijadas  

El canto de las ranas
María Gabriela López Suárez


El día había pasado volando. Irene preparó su cena. Tenía ganas de comer bolillo dorado, untado con mantequilla y una pizca de azúcar. Para tomar eligió preparar atole de amaranto. Se tomó su tiempo para cocinar. El aroma del atole se esparció por la pequeña cocina.

El clima había estado muy caluroso durante el día, comenzaba a refrescar. Abrió las ventanas que daban al comedor, percibió el viento y sintió una sensación tan agradable que le alegró el corazón.

Irene arregló la mesa, colocó su tapete favorito. Se sirvió atole en una de sus tazas preferidas, una de color rojo que tenía al frente una flor de margarita. Prendió la televisión para ver alguna película mientras cenaba. No tenía alguna elección en particular. Se quedó viendo Comer, rezar, amar, con Julia Roberts. La película llamó su atención. Empezó a resonar con algunos mensajes. Lo que más le agradó fue darse el tiempo para cocinar, disfrutar su cena sin prisa y seguir percibiendo el viento. Apagó el televisor.

Se asomó a la ventana y agradeció que sus vecinos tenían varios árboles. Para ella era un gran regalo, no solo le brindaban sombra durante el día, sino que, en días calurosos como ése, le permitían disfrutar del viento. Observó el cielo, se veía un poco nublado. Era difícil precisar si era por anuncio de lluvia o por la contaminación que últimamente lo cubría. Deseó que lloviera. Todas las personas de su colonia, los árboles, los pájaros y ella anhelaban ese regalo.

Recordó que cuando era niña había tenido experiencias muy agradables en casa de sus abuelitos. Las que anunciaban la lluvia eran las ranas. La primera vez que escuchó el canto de las ranas no supo identificar qué era, hasta que le dijeron. La sorprendió el sonido tan fuerte del canto, así como la bella armonía de escuchar el canto de varias ranas, eran como una especie de coro. Irene también se acordó de una historia del pueblo maya que había leído sobre la relación del canto de las ranas y Chaac, el dios de la lluvia.

Ya era hora de irse a dormir, tenía que madrugar al día siguiente. En su cama, Irene comenzó a escuchar a lo lejos el canto de las ranas y luego unos truenos en el cielo. No supo si era realidad o parte de sus sueños.
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Fotografía: Giovanni: https://www.pexels.com/photo/frog-on-ground-17052566/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Casa de citas. 799. Hacerse mundo. Héctor Cortés Mandujano

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Casa de citas/ 799

Hacerse mundo
Héctor Cortés Mandujano

Hoy el escritor creyendo bajar a los infiernos,
se contenta con bajar a la calle

Maurice Blanchot,
Citado por Ida Vitale,
en Resurrecciones y rescates

Ida Vitale (1923, Montevideo, Uruguay) es una poeta con muchísimas publicaciones y reconocimientos. El libro Resurrecciones y rescates (Fondo de Cultura Económica de España, 2019) no contiene poemas, sino una selección de los muchos artículos que ha publicado en varios medios de distintos países. La edición es elegante, cuidada.
Dice Ida (p. 37): “Citamos siempre ‘Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí’, de Monterroso, como el cuento más breve del mundo. Un poema de amor brevísimo y completo sería: ‘Quisiera ser convexo para tu mano cóncava’, si Gerardo Diego no hubiera cometido el error de prolongar lo ya suficiente”.
Cita a Quevedo (p. 66): “Cocodrilos descubiertos/ son poetas vengativos;/ que a los que se comen vivos/ los lloran después de muertos”.
Luigi Malerba, en 1980 (p. 72) “escribió Las gallinas pensativas, breves textos cuyas protagonistas son, como es obvio, gallinas”. No tienen nombre, salvo una –la más famosa de las 131 más quince añadidas después– que se llama Natalia: “Una gallina llamada Natalia había decidido escribir una novela, pero no le vinieron a la cabeza ni la trama, ni los personajes ni el título ni el estilo de la escritura. Fue así que aquella gallina veleidosa escribió en cambio sus recuerdos de infancia y tuvo mucho éxito entre las ocas”.
Escribe, cuando habla de César Aira (p. 129): “El mundo, no lo olvidemos, es un oxímoron en acción”.
En el texto que escribe sobre José Ángel Valente cita varios de sus versos. Me encantaron. Un fragmento (p. 217): “Tu cuerpo baja/ lento hacia mi deseo./ Ven. / No llegues”. Dos versos (p. 221): “La única forma perfecta del amor/ es la soledad”. Y estos (p. 223): “Un hombre ha muerto, pero dime que soy de verdad, que estoy en pie, que es cierto el aire, que no puedo morir”.
Habla de Octavio Paz (p. 247): “Paz aparece como el modelo más constante de un tipo de poeta que no acepta una actitud iluminada y vehicular. Que se mueve en un círculo denso de referencias, crea a partir de un análisis, analiza a partir de su creación y elabora paralelamente arte y teoría del arte. […] No se da hoy en lengua española un cuerpo tan coherente de creación poética y crítica como el que nos ofrece”.
No he leído al poeta Enrique Casaravilla Lemos, pero me gustaron mucho estos dos versos suyos (p. 298): “Ningún misterio iguálate, ninguna/ carne como la tuya; flor nocturna”.

***

Los libros de César Aira son generalmente breves, algunos incluso brevísimos. No ocurre así con La liebre (Editorial Era, 2017), que es una novela de extensión promedio (272 páginas) y que responde al modo de experimentación novelística de este justamente célebre autor argentino.
No puedo decir que me encantó el final, porque Aira decidió jugar con el procedimiento absurdo que tenía el teatro del Siglo de Oro español, que creaba una serie de enredos para rematar con que todos los personajes eran hijos y padres perdidos hasta ese momento. En fin…
La novela, aun así, supone páginas donde podemos gozar de la pericia narrativa y la imaginación de Aira. Clarke, el inglés protagonista, irá al desierto de Argentina (p. 27): “En un relámpago de intuición, en su cabeza pueril y veleidosa, llegó al fondo del darwinismo y le dio la vuelta completa. Toda transformación era una vuelta en redondo. La eternidad misma era una transformación, era el presente, la figura de la felicidad, y todas esas palabras podían reemplazarse unas por otras”.
En Argentina se encuentra con Cafulcurá, quien resulta todo un pensador y en una conversación le dice a Clarke (p. 34): “Al mundo se lo crea para que coincida con el sistema personal, para que el hombre se haga mundo”.
En toda la novela, Clarke (y Carlos y Gauna sus acompañantes) entra en contacto con distintas tribus indias, que tienen incluso teorías acerca de lo engañoso de la realidad (p. 93): “Era como encontrar bellas mujeres a cada paso, salvo que las mujeres no estaban, porque no había nadie, con lo que además se evitaban todos los engorros de la realidad”.

***


Lavoisier. La química moderna. La revolución está en el aire (RBA Coleccionables, 2023), de Adela Muñoz Páez, cuenta vida y obra de Antoine-Laurent Lavoisier (1743-1794), científico francés que dio lustre a su país, Francia, quien le correspondió guillotinándolo.
Este químico, cuyo nombre aparece en todos los libros que hablan de esa ciencia, no tuvo problemas económicos, porque heredó (p. 13) “una fortuna de su abuela”.
Durante años, la ciencia creyó que existía un elemento llamado flogisto que era (p. 32) “la materia y el principio del fuego, aunque no [el] fuego en sí mismo”, hasta que Lavoisier desmontó el equívoco y, además, inventó una palabra que ahora se usa comúnmente. La palabra oxígeno.
Francia y el mundo le debe mucho a los descubrimientos de este hombre, quien generó a su alrededor una serie de calumnias y de infundios, generados por la envidia, que lo llevaron a ser encarcelado y luego guillotinado el 8 de mayo de 1794.
Joseph-Louis Lagrange escribió un día después (p. 140): “No les ha hecho falta más que un momento para cortar su cabeza y puede que cien años no basten para producir una parecida”.

Contacto: hectorcortesm@gmail.com
Photo by Luis  Vargas: https://www.pexels.com/photo/adventurer-with-staff-overlooking-mexican-highlands-35888874/
Fotografía: Luis Vargas: https://www.pexels.com/photo/adventurer-with-staff-overlooking-mexican-highlands-35888874/




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com