Casa de citas/ 802
Abstracto
Héctor Cortés Mandujano
Arte abstracto (Taschen, 2017, traducido por Francisco Caro), de Dietmar Elger, es un libro de gran formato, y al mismo tiempo un ensayo y un catálogo.
En las primeras páginas define su tema central (pp. 7-9): “Antes, la expresión artística tenía un carácter mimético: reproducía el mundo tal como lo veía el artista. [...] la pintura abstracta abre nuevas e insospechadas posibilidades: Puede ser autónoma y no tiene por qué referirse a una realidad conocida. [...] En la pintura abstracta, los colores y las formas subsisten sin el sistema de referencia de un mundo objetual exterior”.
Después del ensayo general, Elger hace un ensayo por cada artista y cada cuadro que se publica con la calidad garantizada de Taschen (esta editorial está especializada en pinturas, fotografías, obras de arte). Dice Picasso (p. 28): “El arte abstracto no existe. Siempre tienes que empezar por algo. Después puedes eliminar todas las huellas de la realidad. Entonces no existe ningún peligro más porque la idea de la cosa ha ido dando lugar a un signo imperecedero”.
En sus ensayos, generalmente cita al autor. Dice Kasimir Malevich (p. 36): “El realismo del cuadro consiste en la presencia simultánea de tres grandes requisitos pictóricos: las líneas, las formas y los colores”; dice Elger sobre el suprematismo (una corriente de la pintura abstracta de 1915, p. 38): “Con el suprematismo, la pintura desechó por primera vez su función de instrumento que ofrece una descripción de la realidad para convertirse en una parta autónoma de la misma. El realismo de la pintura de Malevich consiste en el realismo de los cuadriláteros de colores” (Elger se refiere específicamente al cuadro “Suprematismo”, de 1915, de Kasimir Malevich).
Escribe Dietmar Elger sobre Paul Klee (p. 52): “Las obras de Klee no son abstracciones puras; al menos el título las reduce a un orden figurativo u objetual (habla del cuadro “Caminos principales y caminos laterales”). Klee es un verdadero maestro de la invención de signos abreviados y claves referenciales”.
Piet Mondrian opina (p. 56): “La emoción de la belleza se ve entorpecida siempre por la aparición de la ‘cosa’; por eso, la cosa ha de desaparecer de la representación plástica”.
Jackson Pollock chorreaba o aventaba la pintura al cuadro, sin buscar ninguna representación figurativa; por eso (p. 58) “las composiciones no presentan ningún sentido espacial, no hay arriba ni abajo. El artista trataba la superficie pictórica con la misma intensidad en todas partes. Una vez acabada la composición, el pintor decidía la orientación del lienzo para su presentación en la pared”.
George Mathieu introdujo el concepto de velocidad en la pintura (pp. 66-67): “Ante más de dos mil personas, Mathieu pintó un lienzo de doce metros en veinte minutos. [...] ‘Creo que la velocidad del acto creativo es una de las principales premisas de mi pintura. En todo caso, soy el primer pintor que introduce el concepto de velocidad en la pintura occidental. Estoy convencido de que solo la velocidad de la acción hace posible captar y expresar aquello que emerge de las profundidades del espíritu sin que su manifestación espontánea se vea contenida y modificada por la reflexión y la intervención racional”.
Ad Reinhardt hizo algo radical (p. 78): “A principios de los años cincuenta desterró de la pintura la visibilidad de las pinceladas y la profusión colorista. Desde entonces fue simplificando cada vez más sus composiciones. En lo sucesivo, el artista confeccionará la estructura de sus imágenes empleando exclusivamente superficies geométricas de colores rojos, azules y negros en diferentes matices. Desde 1960 hasta su temprana muerte en 1967, Reinhardt pintó únicamente lienzos negros de formato cuadrado de 60 por 60 pulgadas (152,6 cm)”.
Hay gente que se planta ante un cuadro y pregunta qué es. Sucede con más frecuencia ante la pintura abstracta. Habría que contestar lo que dice Frank Stella (p. 82): “Lo que ves es lo que ves”.
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Leo Muertos incómodos (falta lo que falta), novela policiaca escrita a cuatro manos entre el Subcomandante Marcos y Paco Ignacio Taibo II, editada por Joaquín Mortiz en 2005.
Para los capítulos que le tocó escribir, los pares, Taibo II usa a su personaje más famoso, Héctor Belascoarán Shayne, y para los que escribe el Subcomandante inventa a un miembro del EZ, Elías Contreras, quien, como representante de la Comisión de Investigación, une sus esfuerzos de investigación y deducción con Belascoarán para detener a un ubicuo Morales, responsable de demasiados delitos para ser un solo individuo.
En la novela confluyen muchos personajes reales (periodistas, políticos, etcétera) a quienes se les llama por su nombre. En los capítulos donde aparece Elías, el Subcomandante es una presencia constante (no como narrador, sino como personaje).
Por la costumbre que tienen muchos de leer mientras defecan, uno de los personajes entra a un baño reluciente donde hay un póster que dice (p. 32): “El estreñimiento promueve la lectura”.
Elías tiene que salir de la Selva Lacandona e ir a la Ciudad de México para realizar su investigación. Tiene para eso que explicar sus razones, aunque los demás inventan algunas. Julio Secreto dice (p. 51) “que Elías iba para averiguar cuándo era la Marcha del Orgullo Gay en la que Sub se haría presente y saldría, simultáneamente, de la selva y del clóset”.
Conversan mientras juegan dominó y hablan de la propensión de los presidentes a hablar de que todo va bien (p. 73): “Que siempre dice que estamos creciendo, que la economía crece, y dice números, que el siete, que el cinco, que el trece, que el medio. ¿De dónde los saca? No coinciden con los números de nadie. Si este güey dirigiera la Lotería Nacional no le tocaba a nadie nunca. ¿Cuál economía que crece? Será la suya, chingá -dice el Gallo, que no solía ser vehemente en cuestiones políticas, pero que sabía bastante de matemáticas”.
Hablan de un presidente específico, antes de que lo fuera (p. 89): “A López Obrador lo atacan no porque le tengan miedo por ser populista o de izquierda. No es ni una cosa ni otra. En sus cuatro años de gobierno no ha hecho sino tratar de congraciarse con los de arriba. Lo que pasa es que él va adelante en la carrera por el premio mayor”.
Elías se vuelve amigo de un travesti, en vías de trans (p. 115): “Y entonces ella me dijo que no es una ella sino un él. Y entonces, como no muy le entendí, ella se levantó la falda y ahí se miró su ése-cómo-se-llama haciendo bulto en su calzón”.
La novela es muy woke y muy política. Bastante entretenida.
Contactos: hectorcortesm@gmail.com

*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.
Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com


















