Voces ensortijadas 158. Tarde de primavera en invierno. María Gabriela López Suárez


Tarde de primavera en invierno
María Gabriela López Suárez

Xóchitl había quedado de ir a visitar a sus primos el fin de semana, ellos vivían fuera de la ciudad. Ese viernes no demoró al salir del trabajo. Pasó a casa por su maleta, se cercioró de dejar bien cerrada las puertas y se dirigió a su destino.

Si algo disfrutaba Xóchitl era manejar saliendo de la ciudad, el viaje en carretera le provocaba una sensación de relajamiento y conexión con la naturaleza. Le encantaba ir observando el paisaje, siempre con precaución al conducir, así que agradecía la invitación que sus primos Alfredo y Jeshua le habían hecho para pasar con ellos ese fin.

Lo primero que observó fue que el tráfico no estaba tan pesado como había imaginado, eso era otro punto a favor para ella. Revisó la hora, eran 15 minutos pasadas las cinco de la tarde.

—Ojalá que alcance a ver el atardecer antes de llegar con los primos —pensó.

La luz de la tarde era sumamente intensa, no parecía una tarde de invierno. Las montañas que rodeaban el camino se veían verdes, por partes, decoradas por los rayos del sol que hacían una bella combinación con las sombras que algunas nubes dibujaban sobre ellas.

A medida que se alejaba de la ciudad la vista era más atractiva. Se iba encontrando con el verde de la naturaleza. Los árboles que rodeaban los alrededores comenzaban a florecer en tonos amarillo, rosa, rojo, dándole un aire primaveral a la atmósfera. Los pájaros comenzaban con su algarabía vespertina, como en la preparación previa para ir a posarse sobre los árboles, justo cerca de las seis de la tarde.
La petición de Xóchitl se había escuchado, ahí estaba el sol frente a ella, para que pudiera contemplar el ocaso mientras manejaba con dirección al poniente. El viento que se percibía a través de la ventana comenzó a sentirse frío. Después del atardecer las montañas se fueron cubriendo de neblina, como si las nubes descendieran y se posaran sobre ellas en la parte alta. El paisaje parecía como el de una tarde de primavera en invierno. Sin duda, era uno de los mejores regalos para cerrar el primer mes del año.

El timbre de su celular sonó, era Jeshua,
— Hola prima, ¿por dónde vienes? Ya te estamos esperando.

—Jeshua querido, linda tarde, ya merito estoy con ustedes, espero que haya chocolate calientito y pan, el clima lo apetece.

La carcajada de Jeshua se escuchó, mientras Xóchitl sonreía y apresuraba el paso.
Fotografía: ROGE

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 157. Campanitas de viento. María Gabriela López Suárez

Campanitas de viento

Por Maria Gabriela López Suárez
Ilse se apresuró a guardar el pedido de tapetes bordados que debía entregar ese sábado por la mañana. Su rostro dibujaba alegría, ese ingreso extra ayudaría con algunos gastos pendientes en la casa porque la cuesta de enero se hacía presente. Salió rumbo al restaurante de doña Gertrudis, dejó una nota a Rogelio, su esposo: Regreso al rato, fui a entregar los tapetes. Besos. 
           Caminó un par de cuadras y llegó a la parada del colectivo que la llevaría a su destino. No tardó mucho esperando. Llegó puntual, doña Gertrudis la esperaba. 
          —Buenos días doña Gertrudis, ¿cómo le va? Aquí está el trabajo, en los colores y formas que requirió.
          —Buenos días Ilse, muchas gracias. Me muero de curiosidad por ver cómo quedaron, de seguro muy bonitos, como los vi en las fotos —dijo, mientras abría con rapidez la bolsa para ver los productos.
           Ilse estaba atenta a la mirada de doña Gertrudis y a conocer su opinión, el corazón le latía más rápido de los nervios. 
           —No me equivoqué, están preciosos los tapetes, las imágenes de las fotos se quedaron cortas. Seguro que a los comensales les gustarán mucho. Muchas gracias.
           La sonrisa de Ilse y el agradecimiento por confiar en su trabajo no se hicieron esperar, recibió su pago y se despidió. Mientras iba de regreso a casa recordó que le hacían falta algunas cosas para la despensa, decidió pasar a la tienda que estaba camino a su domicilio. Solo compró lo necesario. 
           Retomó el camino a su hogar, las calles estaban con bastante movimiento, aunque sin la algarabía de fin de año, ni del día de reyes que había pasado. Se quedó pensando que quizá la cuesta de enero era una de las causas.
           Observó a cada persona que pasaba cerca de ella, todas caminaban con prisa y llevaban algo en la mano, lo más común eran bolsas del mandado y cajas. Los rostros eran serios, cada quien en su mundo. De pronto, escuchó sonidos de campanitas de viento, ¿y eso de dónde venía? Siguió caminando hasta que unos pasos adelante de ella descubrió a un chico que llevaba en la mano derecha un colgante con una diversidad de campanitas de viento que sonaban al mismo tiempo. El sonido era muy agradable. Justo le daban el toque ameno al caminar en las calles de la ciudad.
           Para sorpresa de Ilse, el chico que llevaba las campanitas tenía audífonos puestos, de inmediato se le vinieron preguntas a la mente, ¿le disgustaba el sonido de las campanitas que vendía? ¿Prefería escuchar música? ¿Y si alguien lo llamaba para pedirle le vendiera un juego de campanitas? En esto estaba cuando una chica que pasaba a su lado dijo en voz alta,
           —Mami ¿y si hoy comemos pizza? 
           —¡La comida! —dijo para sí Ilse—, olvidé recordarle a Rogelio que hoy le toca cocinar a él, espero que se haya acordado porque ya me dio hambre.
Photo by Gu00f6ku00e7e Erem on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 156. La bóveda celeste. María Gabriela López Suárez

La bóveda celeste

Por Maria Gabriela López Suárez
Rosaura guardó sus archivos y apagó la computadora. Ordenó rápidamente su espacio y se despidió de sus colegas del trabajo. Tenía dos años de haber iniciado labores en una preparatoria, en el área administrativa. Se colocó su gorro y bufanda, el frío era intenso en la calle.

Caminó sin prisa hasta la terminal de camiones para tomar el transporte que la llevaría a casa. El tiempo aproximado de distancia para llegar a su hogar era de una hora con treinta minutos. Compró su boleto, subió al autobús, tomó su lugar en el asiento número 5, ventanilla. Se frotó las manos y se colocó un poco de crema, el frío resecaba sus manos. Posteriormente, frotó de nuevo las manos y se las llevó al rostro. Sentía la vista cansada por el trabajo en la computadora, había olvidado sus lentes en casa. 

El camión inició el recorrido. Rosaura se colocó sus audífonos, eligió escuchar a Chambao y cerró los ojos. Déjate llevar, por las sensaciones. Que no ocupen en tu vía, malas pasiones… No tardó en relajarse. Abrió sus ojos y miró hacia la ventana, había oscurecido muy pronto.  Revisó su reloj iba a mitad del camino. Ya faltaba poco para llegar a casa. 

Se quedó contemplando el paisaje en la ventana, la bóveda celeste estaba hermosa. Tonos oscuros, azules y grisáceos decoraban, algunas nubecitas blancas se dejaban notar por partes. Las estrellas titilaban dándole un toque bello a la oscuridad que rodeaba esa noche en la carretera. Rosaura agradeció que no había tráfico, no solo porque llegaría en tiempo a casa sino porque menos luces permitían contemplar mejor el paisaje.

No pudo evitar recordar las veces que contempló la bóveda celeste con Nacho, su expareja, era un deleite para ambos. Hacía algunos meses que habían terminado su relación. Casi le ganaba el sentimiento de nostalgia cuando se le vino a la mente un recuerdo de la infancia, observar el cielo estrellado con doña Celia, su abuelita materna, ambas sentadas en el pasto, en una noche en el campo.

—¿Qué estrella te gusta más Rosaura?
—La más grande y brillante abuelita. ¿Y a ti?
—A mí la que está junto a la que te gusta, es pequeña pero brilla mucho. Cuando te sientas triste, acuérdate de observar las estrellas en la noche, mira qué bonito es es cielo, es un regalo de la naturaleza. Es inmenso y nosotros somos pequeñitos ante él. 

¡Qué razón tenía la abuelita Celia! Sonrió para sí, siguió observando el paisaje, se asomaban las luces de su terruño, mientras tarareaba Esa pregunta que te haces sin responder, dentro de ti está la respuesta para saber. Tú eres el que decide el camino a escoger...que tu futuro se forma a base de decisiones...
Photo by Camille Cox on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 155. Entre cartones. María Gabriela López Suárez

Entre cartones

Por Maria Gabriela López Suárez
Juana se levantó más temprano que de costumbre, su hora de entrada a trabajar a la panadería era a las 8 de la mañana. Sin embargo, en la víspera del Día de Reyes ya debían estar a las 7,30 para preparar las roscas. Salió de su casa a las 6,30. Normalmente le tomaba alrededor de una hora para llegar caminando a su trabajo cuando iba a paso lento y unos 40 minutos a paso rápido. Ese día prefirió estar unos minutos antes y evitar llegar tarde.

Durante su recorrido pensó que las calles estarían silenciosas, con poca gente y coches. Por el contrario, el tráfico estaba fluido y ya había gente dirigiéndose a sus espacios laborales. Juana observó a personas adultas mayores que estaban acomodando sus vendimias de dulces tradicionales, otros más de tamales, atoles y champurrado. Se le antojó comprar un champurrado. Revisó su reloj, le daba tiempo.

Al detenerse para comprar, después de pedir y pagar su bebida,  esperó un momento.

—¿Ya para el trabajo chula? Es usted madrugadora. Permítame tantito, ahorita le doy su champurrado. Se esmera que no encuentro la tapita del vaso —comentó la vendedora.

—Hoy entro más temprano, ya ve que mañana es Día de Reyes, nos toca hacer roscas en la panadería donde trabajo. La espero, no se apure, tengo unos minutitos de tiempo. Se me antojó el champurrado —dijo Juana que respiraba profundo para no impacientarse.

—Aquí tiene, que lo disfrute. ¡Suerte con las roscas!

—Muchas gracias, que tenga buen día.

Retomó el camino rumbo a la panadería. Se percató que una persona estaba acostada a la entrada de una tienda abandonada, donde antes vendían ropa. La persona estaba sobre cartones y también se cubría con ellos, solo se veían sus pies. Juana pensó que ojalá no sintiera frío. Se dio cuenta que los demás transeúntes ni volteaban a ver siquiera hacia el lado donde estaba la persona. Un tanto triste siguió su ruta. Por fin llegó a su destino, 15 minutos antes.

La panadería aún estaba cerrada, había llegado antes que Ruth, la encargada de abrir. Se sentó en una gradita que había, buscó en su bolsa su botella con gel antibacterial. Después de aplicarse en las manos, se dispuso a tomar su champurrado. Se conservaba tibio. ¡Qué rico estaba! Se alegró de haber llegado antes y de llevar algo para tomar.
 
Siguió disfrutando su bebida. Comenzó a pensar que ojalá tuvieran buen pedido de roscas. La algarabía por el Día de Reyes no tardaría en empezar, no solo en la panadería sino en la calle, en las tiendas, en los mercados, en las plazas. No pudo evitar recordar a la persona entre cartones. Le dieron ganas de compartirle una rebanada de rosca y alguna bebida caliente. Seguro que le vendría bien. Se hizo el propósito de pasar por la misma ruta de regreso a casa, llevaría la rebanada preparada para dejarla con la persona y  si aún estaba algún puesto de comida le compraría una bebida. Sería como el regalo de Día de Reyes que ella podía compartir. En eso estaba que no se percató de la llegada de Ruth.

—¡Juanita siempre tan puntual!  Buenos días, ¿cómo estás? Vamos a iniciar para salir temprano.

—Buen día Ruth, bien, bien, aquí terminando mi champurrado para empezar con ánimo el día.

Ambas sonrieron mientras subían la cortina para abrir el local.
Photo by Taufiq Klinkenborg on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 154. El valor del autocuidado. María Gabriela López Suárez

El valor del autocuidado

Por Maria Gabriela López Suárez
Verónica estaba sola en casa, preparaba el desayuno en el penúltimo día del mes de diciembre. Mateo, su hijo de cuatro años, estaba en casa de sus abuelitos paternos. Para sentirse acompañada prendió la radio. Escogió una estación al azar. Lo dejó en un programa donde anunciaron que la entrevistada hablaría sobre lo que debería tenerse en cuenta en los proyectos personales para el nuevo año. Le pareció un tema interesante.

Mientras cocinaba nopales con huevos revueltos, escuchó con atención sobre la importancia del autocuidado. Era algo que a ella normalmente se le olvidaba. Observó su mano izquierda, ahora podía mover con agilidad su muñeca, se le vino a la mente lo frágil que puede ser perder la salud en el momento menos esperado y lo valioso de contar con una asistencia médica de calidad profesional y humana.

Tenía pocos meses de haberse lastimado la muñeca de la mano izquierda. No le había dado importancia pero ya sentía muchas molestias. Recordó que le recomendaron a un traumatólogo, le dieron muy buenas referencias. Desde la primera consulta le inspiró confianza no solo por observar los  diversos títulos colgados en las paredes del consultorio, sino por el  trato amable, de escucha y resolución de sus dudas. Verónica tenía temor del diagnóstico que pudiera darle, después de los estudios que le mandó a hacer el médico, se confirmó que necesitaba una cirugía. Aún con los nervios y el miedo que le ocasionaba la operación, tomó la decisión de ser operada. La cirugía tuvo buen resultado. La recuperación estuvo respaldada por el acompañamiento médico, el apapacho familiar y la prescripción de las terapias para rehabilitarse.

Todo el proceso que había vivido en esa última temporada era sin duda de aprendizaje. En primer lugar, debía tener presente darse un tiempo para ella, escuchar su cuerpo y apapacharse. Su proceso de salud física había pasado por varias etapas, se sentía afortunada de haber llegado con el médico indicado para aportar a su mejora. Y sobre todo, reafirmaba que en todas las áreas profesionales, sobre todo en la médica, además de que las personas sean expertas en su campo de estudio deben tener en cuenta ser empáticas con quienes tratan. Cada paciente es diferente y merece ser tratado con respeto, algunas personas tienen más fortaleza, optimismo, otras son más nerviosas, impacientes, miedosas, tímidas o sociables. En fin, se sentía agradecida por la red que se había tejido a su alrededor y que habían abonado a su pronta recuperación, los cuidados de sus familiares, el afecto de las amistades, la paciencia y acompañamiento del fisioterapeuta en la rehabilitación.

Mientras seguía escuchando la entrevista, Verónica terminó de preparar una ensalada de "pico de gallo" y jugo de naranja para acompañar su desayuno. Se quedó con la reflexión que el valor del autocuidado era un propósito necesario no solo para el nuevo año sino para la vida, sin duda era uno de los mejores regalos que cada persona se podría hacer.
 
—Ahí aplica bien la frase, no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy —dijo para sí, al tiempo que degustaba lo bien que le había quedado su desayuno.

***

Aprovecho estas líneas para agradecer al público lector de las Voces ensortijadas por su acompañamiento en este 2022, por ser parte de cada línea, por sus comentarios y anécdotas con las que resuenan. Les deseo muy feliz y bendecido cierre de año. Asimismo, que el año 2023 ustedes y sus familias gocen de salud y plenitud para realizar sus proyectos. Un abrazo desde algún rincón de Chiapas, México.




Photo by Pixabay on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 153. Solsticio de invierno. María Gabriela López Suárez

Solsticio de invierno

Por Maria Gabriela López Suárez
Las tardes de invierno en mi querida Tuxtla Gutiérrez adquieren un toque especial cuando el clima se torna fresco, para quienes somos oriundos de este terruño es una sensación de clima frío que nos invita a sacar los suéteres, chales, bufandas para abrigarnos. Y si a ese clima fresco le agregamos una actividad para compartir la escritura en colectivo, es justo darnos la oportunidad de un grato apapacho para el corazón y para el alma. Eso fue para mí formar parte del Círculo de Escritura Femenina ‘13 lunas’, facilitado por Damaris Disner Lara.

Para quienes gustamos disfrutar deslizando la pluma, escribir es un acto que va más allá de plasmar letras, se convierte en una labor importante en la vida. Escribir pasa a formar parte de nuestro cotidiano y en un lenguaje a través del cual nos comunicamos a través del uso de palabras sencillas, coloquiales, en un afán de compartir sentires, pensamientos, anhelos, sueños, miedos, incertidumbres, alegrías, asombros y todo aquello que está resonando en nuestra vida.

El poder formar parte del Círculo de Escritura Femenina ‘13 lunas’ es una experiencia que quiero compartir brevemente con ustedes, el coincidir con mujeres  a quienes no tenía la oportunidad de conocer, más que a la facilitadora, ha significado una experiencia de vida con bellos aprendizajes. La guía de Damaris es una parte clave en el Círculo, así como también el que a través del dibujo y la escritura, como mujeres, resonemos en distintos temas que coinciden en diferentes etapas de nuestras vidas, desde la infancia, adolescencia hasta llegar a la edad adulta. 

La escritura y la escucha son elementos importantes en el Círculo, como lo son también el clima de confianza, empatía, respeto y sororidad ante cada texto que se comparte al leer. Si un nudo en la garganta atraviesa el sentir de quien lee, ese nudo puede dar paso a que fluya el llanto y sentirse cobijada entre quienes acompañan y escuchan. Escribir implica una labor valiosa, no solo para quien plasma los mensajes, que puede sanar a través de las líneas que va entretejiendo, sino también para quien escucha, resuena y se identifica con lo compartido. Escribir es un acto de valentía, de alzar la voz, de reconocer lo que una trae en su interior y dejarlo fluir en los textos, es una bella manera de sanar el alma y apapacharse.

Agradezco desde el corazón a Damaris y a cada una de las mujeres con las que coincidí, por el valor de sus mensajes, consejos, compartires y por hacer de esa noche de solsticio de invierno un bello regalo de fin de año en este 2022.

Aprovecho el espacio para desearles a ustedes y a sus familias muy feliz navidad y enviarles un abrazo con cariño.
Photo by Evie Shaffer on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 152. Reencontrarse. María Gabriela López Suárez

Reencontrarse

Por Maria Gabriela López Suárez
La tarde invernal era fría, la temperatura había descendido, Úrsula se ajustó la chamarra y acomodó su bufanda. Por suerte había jalado la bufanda delgada color azul turquesa, una de sus favoritas. Salió de su oficina y decidió ir a tomar un chocolate con cardamomo, su bebida preferida cuando sentía mucho frío. Esa vez no convocó a Patricio, Olga y Mariela, sus amistades de toda la vida. Sintió la necesidad de ir sola a degustar el chocolate.

El café al que solía ir quedaba cerca de su espacio laboral, alrededor de seis cuadras de distancia. Comenzó a caminar y sintió lo helado del viento que le acariciaba el rostro, tenía las manos frías, buscó en su bolso el par de guantes y se los colocó. Las calles estaban un tanto solitarias, sin transeúntes ni coches. Las lámparas ya realizaban su labor de iluminar calles y banquetas. 

Úrsula fijó la atención en su sombra proyectada en la banqueta al ir caminando, su paso era tranquilo, seguro. Observó a su alrededor, detuvo la mirada en los techos de las viviendas, algunos estaban decorados con maceteras, otros más con enredaderas. El paisaje del cielo pintaba las tonalidades propias de la época invernal. Mientras seguía su trayecto el farol de una vivienda la hizo voltear, observó un letrero Galería Lumiere.

—¿En qué momento pusieron esta galería? No me había percatado. Un día de estos paso a ver qué exposición hay, seguro que habrá algo interesante —dijo para sí.

De pronto, como si un imán la atrajera hacia la galería, regresó unos pasos y decidió conocer el espacio. ¿Para qué esperar más? Se dijo y entró. Era un lugar pequeño, con iluminación en tono cálido que le daba un aire confortable. Sus muebles eran de madera, en barniz color natural. El letrero del tema de la exposición indicaba que eran estampillas postales de diversos países de Europa, América y África, de la segunda mitad del siglo XX. Sin dudarlo decidió ver la exposición. La curaduría era excelente y las estampillas estaban muy bien cuidadas. 

Al salir de la galería sintió una sensación muy agradable, tenía tiempo de no registrar ese sentir, el motivo era que se había tiempo para ella. Mientras se dirigía a la cafetería, pensó que no imaginó que esa tarde tendría oportunidad de conocer una galería, ver una exposición y además degustar su chocolate con cardamomo. Era una manera de reencontrarse, algo que le hacía falta. Llegó a la cafetería, saludó y ordenó su bebida, se animó a pedir una rebanada de  rosca de mantequilla. Su chocolate no tardó en llegar, le dio un sorbo y degustó el sabor.

—Mmm, delicioso, no en vano es mi bebida preferida y la rosca le hace buena combinación.

De fondo se escuchaba la canción "Vas a encontrarte", "Levántate y camina, porque en cualquier esquina, vas a encontrarte, vas a encontrarte..."
Photo by Dima Valkov on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 151. Un esfuerzo sin prisas. María Gabriela López Suárez

Un esfuerzo sin prisas

Por Maria Gabriela López Suárez

Ningún libro vive la misma vida…

Horacio Vallejo

Diciembre ha llegado y el tic tac del reloj continúa incesante en su caminar, la vida va que vuela y en ese vuelo este año casi culmina. Sin duda que para mí el inicio de este mes ha quedado con un agradable sabor de boca, agradecimientos y bellos recuerdos. Justo el pasado 1 de diciembre, en el marco de las actividades del XXI Festival de Fotografía Tragameluz 2022 se presentó por segunda ocasión en la ciudad de San Cristóbal de Las Casas, el libro Voces Ensortijadas, Antología I. 2020-2021, de mi autoría, con el sello de la editorial Tifón. El espacio de presentación fue en Kinoki, Foro Cultural Independiente.

En esta ocasión tuve el honor y gusto que comentaran la obra Andrea Mendoza y Miguel de Jesús Hernández Paniagua, como moderador Alan Fuentes, a quienes agradezco profundamente compartir sus palabras y brindar su tiempo para esta presentación. Asimismo, a quienes hicieron espacio en su agenda para asistir y acompañarnos.

Vienen a mi memoria diversos instantes de la infancia en que solía copiar frases que me gustaban de algunos libros de texto y acompañarlas con dibujos, los libros han sido uno de mis grandes gustos desde que recuerdo. Asimismo, evoco la emoción que me han generado las presentaciones de libros. Ahora que tengo la oportunidad de poder compartir esta antología que no es un proyecto individual sino colectivo, me siento muy agradecida con la divinidad, con mi familia, con las amistades y con quienes he tenido la fortuna de coincidir en el caminar para ir tejiendo las redes que permiten ampliar los horizontes y cumpliendo proyectos.

Uno de los regalos más bellos con los que me quedo de las presentaciones de la antología I de Voces ensortijadas es cada mensaje que han compartido. El corazón siente bonito y agradece cuando escucho cómo las líneas que cada semana trazo pueden resonar en ustedes, público lector, cómo evocan recuerdos, experiencias, coincidencias, sentimientos, reflexiones, cómo los terruños cobran lugar y me permiten reafirmar la importancia de comunicar a través de las letras, de los relatos, de lo que acontece en lo común, en lo cotidiano. 

La antología I de las Voces ensortijadas es resultado de un esfuerzo sin prisas,  la autora de estas líneas espera que puedan conocer y disfrutar este trabajo, así como también poder seguir redactando historias, compartires y que ustedes puedan continuar acompañando esta travesía con su lectura. Gracias, gracias, gracias.

Video de la presentación de la antología «Voces ensortijadas» de María López Suárez, cortesía Rongo Rongo Chiapas.
Photo by Mehmet Turgut Kirkgoz on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 150. La esfera olvidada. María Gabriela López Suárez

La esfera olvidada

Por Maria Gabriela López Suárez

Mónica salió apresurada de su casa, ya estaba sobre tiempo para que Gonzalo y Mireya, sus amistades y colegas del trabajo, pasaran por ella. Se puso su mochila en la espalda, acomodó sus lentes, sacudió su cabello húmedo y se hizo una coleta. Sus amistades tenían como parte de su ruta diaria pasar justo en la calle que vivía Mónica, así que se habían organizado para que se fuera con ellos.

Revisó su reloj y se percató que ella había salido antes. Estaba diez minutos adelantada, respiró profundo, 

—¡Uff, qué alivio! Menos mal que soy yo la que esperaré un ratito y no ellos.

Mientras esperaba, vio que pasaban las personas frente a ella, algunas iban con calma, otras apresuradas. De esas últimas Mónica pensó que seguro se les había hecho tarde para ir al trabajo o a la escuela. Siguió recorriendo con la mirada su calle, pocas veces o casi nunca lo hacía. En esa cotidiana rutina de salir rápido y regresar cansada a casa había perdido ser observadora y descubrir qué hallaba de nuevo. 

La mirada de Mónica se dejó atrapar por un gato blanco que cruzó corriendo los techos de las casas situadas frente a la vivienda de ella. El gato se fue a colocar sobre los tejados de una casa, ahí se acomodó muy bien, tanto que podía pasar desapercibido. Después de eso, Mónica se quedó observando el cableado extenso que colgaba de los postes, le dio una especie de temor, su memoria trajo al presente el peligro de esos cables cuando había temblores.

Del temor pasó al relajamiento, además de los cables había lazos colgados en lo alto, de un extremo al otro de la calle, eran utilizados para colgar adornos en ciertas fiestas. De pronto, giró su mirada hacia el tejado donde estaba el gato blanco, pero su vista se posó sobre una esfera navideña que colgaba de uno de los lazos. La decoración dorada de la esfera se conservaba,

—¡Wow! No puedo creer que aún permanezca esta esfera, casi intacta, y  bien colgada.

Justo estaba por cumplirse un año que sus vecinos habían decorado la calle con motivos navideños. ¿Y qué había pasado con esa esfera? Se habían olvidado de ella, de quitarla. Su mente no daba crédito a que casi un año después ni ella se había dado cuenta de la esfera olvidada y eso que la tenía muy cercan. A Mónica se le figuró que como esa esfera podría pasar con las personas, que pudieran estar necesitadas de que alguien las escuchara, conversara con ellas o quisieran compartir lo que les pasaba. Sin embargo, en el ajetreo cotidiano nadie se percataba de eso, ni siquiera la gente más allegada.

Mientras bajaba la vista Mónica vio acercarse al auto donde iban Mireya y Gonzalo.

—Ahora sí te caíste de la cama Moni —dijo en voz alta Mireya.

El rostro de Mónica sonrió sin decir nada, en su mente seguía resonando la esfera olvidada. 
Photo by Mehmet Turgut Kirkgoz on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 149. Aliarse con el tiempo. María Gabriela López Suárez

Aliarse con el tiempo

Por Maria Gabriela López Suárez

Yesenia llegó con antelación a su cita para la entrevista laboral, era preferible esperar unos minutos a estar con el alma en un hilo por la posibilidad de llegar tarde. Ser impuntual restaba puntos para poder ser contratada. La puntualidad es una regla de oro, solía decir su tío Concepción.

Una de las asistentes le dijo que esperaría un rato porque iban demorados con las entrevistas. Yesenia dijo sonriente que no había problema, ella esperaba. Mientras tanto por dentro decía,

—¿Qué más me queda que esperar? Justo hoy que no traje alguno de los libros que me falta terminar de leer o retomar la lectura. 

Revisó su reloj, faltaban 15 minutos para la hora que la habían citado, más los minutos extra que ya le habían advertido. Decidió no sacar el celular, ahí tenía un par de libros que había descargado. Prefirió hacer otra cosa. En realidad no se le ocurría nada. 

Empezó a observar el espacio de espera, era un lugar pequeño con tres sillones en colores en tono pastel y textura aterciopelada. Había dos cuadros que decoraban las paredes, con motivos de cultura japonesa. Le pareció identificar en uno de ellos unas flores del cerezo. Las había visto en películas. En la sala, además de la persona recepcionista y ella había otra chica que quizá también estaba para la entrevista. Siguió el recorrido, los adornos navideños se hacían presentes con antelación a la temporada. Unas cajitas de colores muy llamativas lucían junto a un pinito de papel, estos detalles le daban un toque lindo a la atmósfera.
 
Miró de reojo a la chica que esperaba, estaba sumamente absorta en su teléfono celular. La persona de la recepción tenía la atención fija en la pantalla de la computadora. Yesenia dio un vistazo a la puerta que daba a la entrada de la sala, el cristal transparente le permitía ver el follaje verde de los árboles del parque situado frente a la oficina. Era un bello día soleado que contrastaba con el ambiente donde ella estaba, el aire acondicionado le sugería imaginarse que estaba en un lugar invernal y esto iba acorde a la decoración navideña.

Le tocó el turno de contemplar la mesita del centro. Halló una vasija de barro bellamente decorada con la técnica del laqueado, un ángel de cristal y unas velas de té. Siguió buscando qué observar y se detuvo en una de las esquinas de la mesa, el color de la madera era natural, sin barnizar. Tenía una parte redonda, donde se podía observar los anillos del árbol. Yesenia recordó que alguna vez le contaron que los anillos representan la edad que tiene un árbol, cuánto ha crecido por cada anillo. Comenzó a contar, intentando no perder la cuenta… 

—Veinte, veintiuno, veintidós, ay no, ya me confundí —dijo para sí. 
Mientras volvía a contar, había llegado a veintisiete, una voz la interrumpió.

—Yesenia del Carmen Hernández, pase a entrevista, por favor.

Sin titubear Yesenia se levantó con paso firme para la entrevista, al mismo tiempo que pensaba qué bella forma de aliarse con el tiempo se le había ocurrido. Ahora solo esperaba que le fuera muy bien y consiguiera el trabajo.
Photo by Andrey Grushnikov on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.