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Voces ensortijadas. 57. El canto del gallo. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 57

El canto del gallo

Por María Gabriela López Suárez

Aurora despertó en la madrugada con el canto del gallo, por un momento pensó que ya era hora de levantarse. Revisó el reloj, aún faltaban cuatro horas. Vaya que era madrugador, pensó. Mientras conciliaba el sueño escuchó de nueva cuenta el canto del gallo, le pareció que tenía un toque particular,  algo ronco y no tan prolongado como los que había escuchado  de otros gallos.

Por más que intentó apaciguar la mente para volver a dormir, vinieron los paisajes sonoros del canto de gallos, jamás había puesto atención en ellos. Ahora que lo pensaba eran distintos, uno a uno fueron pasando por su mente los gallos que había escuchado cantar. Se detuvo en el gallito blanco, que era de una raza peluda. Ese gallo parecía de seda, su plumaje era blanco, brillante, con su cresta roja,  le daba un aire de elegancia que contrastaba con su tamaño mediano, distinto al de cualquier gallo que ella conocía.
La primera vez que Aurora lo vio le pareció que era una gallina, hasta que le indicaron lo contrario y lo escuchó cantar.  Recordó que aparte de su pelaje, a Aurora le llamó la atención el porte que adquiría cuando inflaba el pecho y alzaba el cuello para cantar; el canto era potente y con su toque particular. El gallo blanco se transformaba al emitirlo. Aurora percibía que en cada canto había una dosis de entusiasmo y fuerza. Para ella era muy alegre escucharlo.

Algo había leído del significado del canto de los gallos, que era para atraer a las hembras y espantar a otros machos. Sin embargo, para Aurora en esa reflexión de madrugada, el canto de los gallos era un ejemplo de que las cosas se pueden hacer mejor cuando hay entusiasmo, fuerza y se infla el pecho para respirar profundo y luego dejar fluir las cosas. 

Aurora dejó de escuchar el canto del gallo, mientras iba dejándose arrullar por el canto de los grillos que aún permanecían en coro antes del amanecer.
Foto de jinjireh en Pexels

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas. 56. Silencios, entre voz, música y efectos. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 56

Silencios, entre voz, música y efectos

Por María Gabriela López Suárez

¿Silencio? Que idea tenemos del silencio, quizá lo primero es que en algún espacio, sea familiar, escolar, laboral, entre amistades, normalmente piden que uno calle:
          –Guarda silencio, por favor.
          O en un tono más imperativo:  ¡Te callas!, ¡cállate! O  a manera de petición, ¿por qué no te callas?
          Sin embargo, hay otros silencios que nos acompañan en lo cotidiano, que son significativos y necesarios. Hoy les comentaré un poco sobre ese tipo de silencios y los aliados que le acompañan: la voz, la música y los efectos. Estos elementos forman parte de uno de los medios de comunicación con más de cien años de existencia, la radio.
          La cajita de sonidos como me gusta llamarle a la radio, es justamente una cajita mágica que permite entrelazar, la voz, la música y los efectos para crear las producciones radiofónicas que cotidianamente escuchamos y hemos escuchado a lo largo de nuestra vida. Los silencios cobran vida en las narrativas de cuentos, lectura de poemas, cartas,  expresiones, muestras de respeto, condolencias  y también crean un poco de angustia cuando por alguna falla técnica o  humana se convierten en las no deseadas lagunas radiofónicas. Sí, esos momentos que nos parecen eternos cuando la radio que sintonizamos se queda muda y qué decir de los nervios que sentimos quienes estamos frente al micrófono cuando estos silencios se hacen presentes.
          Hablar de la radio, para mí es hacer referencia a uno de los medios con el que crecí y que forma parte de mi formación profesional básica, sin embargo, su importancia va más allá de lo personal y profesional. Es decir, la radio constituye un medio clave para la ciudadanía, para los grupos, para los pueblos de diversas partes de Chiapas, México y el mundo.  La radio no solamente informa, entretiene, educa, denuncia, invita a reflexionar y tomar conciencia sobre los temas que nos presenta y también a usar la imaginación para recrear los sonidos que nos transmite acompañados de las voces en su diversidad de lenguas y efectos sonoros.
          La radio se ha ido diversificando con el paso del tiempo en la riqueza de sus contenidos, los formatos en que se presenta  y en la adaptación a su versión digital, con todo y eso, continúa vigente y no pasa de moda. 
          El 13 de febrero se festejó el Día Mundial de la Radio. ¡Muchas felicidades a mis colegas radialistas apasionadas y apasionados!  ¡Felicidades especiales a mis colegas del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz que celebra su 15 aniversario en el mes de febrero! 
         Les invito a cerrar un momento los ojos, pensar en los silencios, entre voz, música y efectos que, a través de la radio, les han acompañado en algún instante de su vida. Que la radio siga vigente y siendo parte de nuestra vida. Larga vida a la radio y a sus radialistas.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas. 55. Tamales, tamales. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 55

Tamales, tamales

Por María Gabriela López Suárez

Cada viernes de final de mes, la familia de Antonia solía reunirse a cenar tamales, era una costumbre que tenían desde hace más de dos décadas. Se organizaban para cooperar en los gastos. Normalmente, la tía Bertha era quien los preparaba, a manera de fiesta, se podía degustar tamales de mole, de bola, de verduras, de anís y no podían faltar los de chipilín con queso. Ese platillo gastronómico era una inversión de tiempo, esfuerzo y amor por la cocina. En esta ocasión la tía Bertha había tenido un imprevisto y avisó que no podría cocinarlos.
     Doña Luz, la mamá de Antonia, quedó como encargada de conseguir los tamales. Antonia se ofreció a ir a comprarlos. Su mamá le indicó la cantidad y variedad que debía comprar. En punto de las 5 de la tarde salió para hacer el mandado. Siguió la recomendación de la ruta que debía tomar para llegar a los lugares donde vendían los tamales, ir por calles transitadas y estar pendiente si notaba algo fuera de lo común, sin dudar en llamar a la casa.
     Antonia llegó a su primer destino, la casa de la esquina que tenía como característica, además del letrero se venden tamales,  el decorado en sus paredes con repello rústico y las rejas de la entrada que la remontaban a las casas de antaño, como las que aparecían en las anécdotas que les contaba su abuelita Nieves. Hizo el pedido y al no hallar toda la variedad de tamales que llevaba en la lista siguió la segunda recomendación, irse al mercado. 
     Emprendió el paso a ritmo ligero, iba contenta y observando con atención todo a su paso. La tarde era luminosa. Antonia pasó bajo un árbol donde los cotorros tenían tremenda fiesta. Se detuvo y alzó la vista, los cantos se entremezclaban, ahí revoloteaban de una rama a otra. No puedo evitar recordar algo que le decía su tía Bertha,
     –¡Ay Toni,  a veces eres tan escandalosa como los cotorros!
Ahora entendía un poco mejor la comparación. Sonrió, le pareció que el escándalo era sinónimo de alegría.
     Pasó por una calle que siempre le llamaba la atención, la de los graffitis. Además del colorido tan alegre que decoraba las paredes, los rostros pintados eran muy expresivos. Fue deteniéndose por instantes para observar el material de adobe que asomaba por los bordes, de pronto quedó frente al rostro de Frida Kahlo, la reconoció de inmediato, le pareció muy bello graffiti. Su tío Julián, a quien le gustaba mucho hablar de temas culturales, le había platicado un poco de la obra de la pintora. 
Al llegar al mercado eligió el último puesto para comprar el encargo. Se sorprendió al ver la cantidad y variedad de tamales que tenían en ollas muy grandes. Surtió la lista de tamales que faltaban y regresó a casa. 
     Para cerrar su recorrido se topó con otro bello graffiti, el rostro de una mujer zoque, una señora mayor. Los detalles estaban tan cuidados que parecía un retrato fotográfico ampliado. Miró su reloj, eran las seis de la tarde, estaba justo a tiempo para llevar el pedido, que por cierto, ya le venía cansando por el peso. Sin embargo, valía la pena, llevaba el encargo y había disfrutado la caminata.
     Al llegar a casa tocó el timbre, al tiempo que gritaba:
     – Tamales, tamales, ya están aquí los tamales.
Photo by Raul Juarez on Pexels.com

Fotografía: Raúl Juárez

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas. 54. Ya huele a primavera. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 54

Ya huele a primavera

Por María Gabriela López Suárez

Ese jueves Leonor había pasado más de siete horas frente a la computadora, sin dar un receso a la vista y al cuerpo. Quería finalizar el informe de actividades que le habían solicitado en su trabajo.  Llevaba más de la mitad de la semana en esa tarea. En la mañana apenas había bebido unos tragos de café y comido un sandwich que se preparó antes de comenzar su faena. Tenía la ventaja que le habían permitido trabajar desde casa en esos días, así que decidió hacer una pausa y salir a caminar. 
          Se asomó a la ventana, el sol resplandecía, fue por la gorra, las gafas para el sol y un bote con agua. Tomó sus llaves y salió de casa. Con toda intención dejó el celular, para despejarse un rato y disfrutar el momento. Caminó rumbo al parque que estaba como a diez cuadras de su casa. Se prometió estar atenta a lo que veía y olvidarse por esos instantes del informe laboral.
          El clima era cálido, en realidad no parecía que estuvieran en invierno. Se percibía un aire que no era fresco pero, al menos, era como una especie de caricia ante el sol intenso. Leonor se percató que aunque había comercios abiertos, el tráfico era moderado, lo que agradeció.
          Iba a paso lento. Su rostro dibujó una enorme sonrisa cuando avizoró los primeros árboles que le daban la bienvenida al parque. Desde ese momento sintió el cambio en la atmósfera, el follaje de todos los árboles daba cobijo a caminantes que, como ella, buscaban refugiarse ante los rayos intensos del sol. 
          Siguió caminando, observó que algunos de los árboles florecían, era un mosaico de colores el que podía percibirse en cada flor desde el  blanco, rojo, pétalo de rosa, naranja, hasta el amarillo. Estas últimas eran las de su color favorito. Se quitó las gafas. Alzó la vista para tratar de calcular qué altura tendrían esos árboles tan frondosos, aunque no era buena para esos menesteres, les dio un aproximado de 25 a 30 metros. 
          Se sentó en una de las bancas de cemento, colocadas en los alrededores del parque. Bebió unos tragos de agua. Empezó a mirar con detenimiento lo que le rodeaba. A lo lejos había un señor con su pequeño hijo que jugaba con el triciclo. Más allá una pareja de enamorados. 
          Escuchó el concierto del aire meciendo las hojas de los árboles, el canto de los pájaros revoloteando en las ramas buscando su lugar; percibió un remanso de paz al sentirse envuelta en esos instantes de la tarde, era una especie de oasis en la ciudad y ella estaba ahí disfrutándolo. Cerró los ojos un momento, sintió los aromas de la naturaleza.
          –Ya huele a primavera– , dijo a manera de susurro.
          – Papá, papá, te voy a ganar si no te apuras.
          Sin abrir los ojos, Leonor imaginó que el niño del triciclo estaba cerca de donde ella se encontraba.    
          Era hora de volver a casa. Su mente y cuerpo agradecían esa pausa. Abrió lentamente sus ojos. Volteó a su lado derecho y vio al niño entusiasmado a bordo del triciclo que intentaba a toda costa llegar antes que el papá. 
          Tomó su bote, terminó el agua que quedaba, se colocó nuevamente las gafas  y emprendió el regreso a casa.
Photo by Skitterphoto on Pexels.com

Fotografía: Skitterphoto

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas. 53. Todo cambia. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 53

Todo cambia

Por María Gabriela López Suárez

La tarde soleada motivó a Aurelia para salir a la calle, había prometido a sus hijos que, en la semana, cocinarían galletas de nueces y pasitas. A la hora de revisar la alacena se percató que no tenía la mitad de ingredientes, antes que le ganara la flojera aprovechó esa luz motivadora.
          Mientras se dirigía a la tienda pasó por las calles a las que ella había bautizado como Calle de la esperanza, esquina con No me olvides, esos nombres le surgieron como resultado del significado que tenía para ella un lugar que justo se ubicaba en la esquina mencionada, al que tenía tiempo no solía visitar.
              Atentamente observó que la casa, a la que guardaba especial afecto, estaba en restauración. Se detuvo unos minutos frente a ella, en espera que algún trabajador saliera y pudiera preguntar qué había pasado con el centro de meditación. Mientras tanto empezó a hacer memoria de cada uno de los rincones que conocía de ese lugar, su pasillo de entrada, las áreas destinadas para las actividades de canto, meditación, hasta llegar a su espacio favorito, el jardín. Ahí había plantas de lavanda, ruda, romero, sábila, tulipanes, pata de elefante, entre muchas más. Todas generaban un espacio de armonía a la casa. Entre los regalos más bellos que había recibido de él, además de los diversos aromas de las plantas,  estaba la presencia de colibríes que solían llegar de vez en vez a degustar el néctar de las flores.
          El sonido del celular la trajo de vuelta al ahora; revisó, era un mensaje de Enrique, uno de sus niños, le preguntaba si tardaría mucho en llegar para que pudieran preparar las galletas. Aurelia le dijo que estaba en eso, que no demoraba. Respiró profundo, como una especie de honrar la memoria de lo que agradecía a ese lugar. 
           Siguió su camino a la tienda, le faltaba poco para llegar. Comenzó a tararear la canción que compusiera el chileno Julio Numhauser Navarro, Todo cambiaCambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo...cambia, todo cambia. 
           Justamente habría cambios en esa casa, no podía evitar la nostalgia, pero afloraba también la alegría y el agradecimiento por lo aprendido, lo compartido, la gente que había conocido y las prácticas que eran, ahora, parte de su día a día. 
          –Me parece que además de nueces y pasitas, también compraré ralladura de coco y grageitas, así tendremos más sabores para las galletas –, dijo para sí, apresurando el paso de su andar y silbando la canción.
Photo by Daniel Wander on Pexels.com

Fotografía: Daniel Wander

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas. 52. El último paseo. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 52

El último paseo

Por María Gabriela López Suárez

Georgina anheló que el día fuera soleado, el universo se lo concedió. Al mediodía se encaminó con su mamá llevando una ofrenda de flores amarillas,  la morada  que visitarían se ubicaba en un espacio lleno de vegetación, donde los susurros del viento solían escucharse suavemente al mecer las hojas de los árboles y  también se apreciaba el trinar de distintas aves. 
     Mientras caminaban a su destino iban en silencio, solamente se escuchaba el crash, crash de sus pasos acariciando la hojarasca. La memoria de Georgina iba repasando los recuerdos con el Dragón, el último de los integrantes de una familia de perros labradores que se había sumado a los perros que tenían en casa. No tenía muy presente cómo había sido de pequeño, de adulto aún era juguetón; por alguna razón que ella nunca comprendió, no logró integrarse del todo con los demás perros que ya tenían en su familia.
     Georgina siempre lo percibió como un espíritu libre, además de ser muy noble y buen acompañante. A ella le gustaba contemplar cómo recorría el campo, aún cuando fuera temporada de lluvias. Le gustaba saludarlo intercambiando miradas, los ojos color café claro que denotaban la nobleza del animal contrastaban con su pelaje color negro, en tono brillante. Siempre solía extenderle la mano derecha cuando ella acariciaba su cabeza.
     Desde hace unos meses el Dragón había comenzado mal de salud, sus ojos  se habían cubierto del velo que trae consigo el paso de los años. Pese a eso y que su corazón había presentado algunos fallos, su ánimo persistía. En algún momento de los que surgen del corazón, Georgina le había agradecido el tiempo compartido con la familia, adelantándose a esos momentos que no se desea que lleguen.
     En el último paseo nocturno sus miradas se conectaron, esos ojos cafés con tono de melancolía  era uno de los recuerdos con los que Georgina se quedaba en el corazón y en la memoria. El día menos pensado el corazón del Dragón dejó de latir y pasó al descanso. 
     –Es aquí–,dijo la mamá de Georgina, haciéndola volver al presente.
     Georgina asintió con la cabeza y procedieron a depositar la ofrenda de flores. El tono de los pétalos era un amarillo alegre, como alegres eran los recuerdos que quedaban en los corazones de las experiencias compartidas con el Dragón. Para ellas, como seguramente otras personas, los perros no solamente eran mascotas sino integrantes que se sumaban a la familia y también merecían ser honrados y recordados. Ambas guardaron silencio, mientras Georgina observaba una presencia que les acompañaba, una bella mariposa negra con bordes rojos se posaba en las hojas de uno de los árboles que hacían sombra a la tumba.
Photo by Daniel Frank on Pexels.com

Fotografía: Daniel Frank

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas. 51. Ella baila sola. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 51

Ella baila sola

Por María Gabriela López Suárez

El reloj marcó las 10 de la noche, Ruth revisó su teléfono, su jornada laboral había concluido. Se quitó el delantal y se despidió de sus compañeros. Tomó su bolsa y se retiró a casa. 
          Como de costumbre caminó sobre una de las calles principales del barrio rumbo a su domicilio. Solía hacer eso, primero, porque era uno de los espacios más transitados por la noche; segundo porque le gustaba despejarse de su jornada en la cafetería, observando los anuncios que colocaban, a manera de mural, sobre diversas actividades. Se acercó a uno de ellos, repasó rápidamente la información y su atención se detuvo en Clases de danzaterapia. Tomó foto al cartel para revisarlo en casa. Siguió su trayecto.
          Un rato después de haber llegado a casa y cenado, se sentó para leer el cartel de la danzaterapia. Le pareció interesante, no tenía idea de qué irían las clases, tampoco tenía alguna compañera o amiga para ir, pero se animó a tomar una clase para conocer. Le vendría bien hacer una actividad nueva. Ahora faltaba ver los horarios y días. Las clases eran por las tardes, su hora laboral, sin embargo, para su buena fortuna, una de las sesiones coincidía en su día libre, miércoles. Justo al día siguiente.
          Ruth esperó con ansias que dieran las seis de la tarde para estar en su primera clase de danzaterapia. Llegó minutos antes. Preguntó dónde era el salón, atravesó un pasillo, subió unas escaleras metálicas en forma de caracol, bellamente decoradas por flores de huele de noche. Estaba nerviosa. Minutos después llegó la chica que impartía las clases, dijo que esperarían un momento más para ver si llegaban otras personas. Mientras tanto Ruth fue preparándose, recorrió el salón donde sería la clase. Le pareció un espacio ameno, tenía ventanales grandes y podían verse los tejados de las casas, así como una parte del cielo. El piso era de duela, se veía muy limpio. En eso estaba cuando entró la maestra acompañada de otra chica. La clase daría inicio.
          Empezaron con la presentación de cada una, Luisa era la maestra, Cecilia la compañera de la clase ese día. Luisa fue indicando los beneficios de la danzaterapia en la salud. Mencionó que una de las partes principales eran los movimientos físicos con ritmo para explorar y expresar las emociones. A medida que iba escuchando Ruth se emocionaba de haber decidido ir a la clase. Llegó el momento de iniciar la sesión de la danzaterapia. Luisa indicó que para fluir en el baile cerraran los ojos y comenzaran a danzar sobre el espacio, como cada una de ellas fuera sintiendo el compás de la música y estuvieran atentas al momento que ella les diera alguna indicación.
          Nuevamente Ruth sintió que los nervios le invadían, no se consideraba buena bailando. Luisa les fue guiando, estaban ahí cada una desde su interior, reconociéndose y explorando sus emociones, dejando a un lado los prejuicios. Poco a poco Ruth fue sintiendo la música,  teniendo confianza en sí misma, en el espacio, en las personas que le acompañaban, viviendo una experiencia agradable, sin la timidez que le daba al bailar frente a otras personas. Ella baila sola, se ama, se respeta y se escucha, iba resonando en su mente, mientras cada parte de su cuerpo lo iba sintiendo y expresando.
          La sesión concluyó hora y media después. Al final de la danza hubo agradecimiento y compartir de las vivencias. Se despidieron. El rostro de Ruth reflejaba relajamiento, dibujaba también una sonrisa, al tiempo que su mente seguía repasando Ella baila sola, se ama, se respeta y se escucha.
Photo by Engin Akyurt on Pexels.com

Fotografía: Engin Akyurt

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas. 50. Leer para conocer. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 50

Leer para conocer

Por María Gabriela López Suárez

Era la tarde del segundo día del nuevo año, Joaquina estaba decidiendo qué hacer, ver una película, empezar a programar su agenda de actividades o leer uno de tantos libros que tenía pendiente. Prefirió hacer lo último, fue a la mesita donde estaban acomodadas las obras literarias, empezó a buscar algún título, retomó uno que había comenzado a leer hace meses, Historias de la Alcarama, del autor Abel Hernández, periodista español.
       Colocó una cobija y se sentó en el piso, en su rincón favorito para la lectura. El viento de la tarde soplaba fuertemente, le llegaba un ligero airecillo frío hasta donde estaba acomodada, la ventana del cuarto estaba abierta. Recordó las cabañuelas, era 2 de enero, según ese conocimiento local estaba pintando el mes de febrero.
       Inició la lectura, llamaron su atención dos elementos, primero, la frase Universal es lo local sin paredes, de Miguel Torga colocada antes de iniciar la historia; segundo, un mapa que ubicaba con mucha precisión la localización  de Sarnago, pueblo en las tierras altas de Soria, en la Sierra de la Alcarama, en España, lugar de origen del autor e inspiración para su obra literaria. A juicio de  Joaquina, eran detalles importantes para ubicar al público lector.
          Hizo una pausa, justo en ese instante recordó cómo había adquirido el libro. Ella solía tener un gusto especial por la lectura, en la universidad se percató que los libros que se llaman de segunda mano son una excelente opción de leer para conocer, así como también, hacer intercambio de libros o trueque en los espacios donde se incentiva el hábito de la lectura.
          Justo en uno de los puestos de libros de segunda mano, después de haber hecho un repaso  minucioso el título del libro llamó su atención, al leer la sinopsis  no dudo en adquirirlo. La crónica era uno de sus géneros favoritos y Abel Hernández hacía eso en su obra, retornó a la lectura… “Este misterioso atractivo de Sarnago entre gentes de toda condición no sólo no ha disminuido con la muerte del pueblo, sino que ha ido en aumento, como si San Bartolomé, el patrón del pueblo y de los caballeros templarios, no se resignara a permanecer recluido en un cuartucho. Una poderosa fuerza interior me ha obligado a mí mismo a recuperar la memoria de mi infancia y confiarte a ti, Sara, estas historias, en la que pretendo reflejar lo que va de ayer a hoy...”.
          Joaquina hizo una segunda pausa, la luz del sol comenzaba a disminuir, se levantó a prender el foco de la habitación. Alcanzó a contemplar el ocaso frente a la ventana. Se quedó pensando en la historia que comenzaba a leer, luego se ubicó en el presente, a lo lejos podía contemplar uno de los cerros de la ciudad donde ella vivía, cuántos años habrían de pasar para que ese cerro se perdiera entre las luces que poblaban los alrededores… por instantes su  mirada se perdió en el horizonte intentando encontrar una respuesta. El sol se ocultó y Joaquina regresó a su lectura, “Me dio la idea de escribirte estas cartas…”
Photo by Ekrulila on Pexels.com

Fotografía:  Ekrulila

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas. 49. Tarde soleada, cielo azulado. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 49

Tarde soleada, cielo azulado

Por María Gabriela López Suárez

Escribo estas líneas, desde uno de mis espacios favoritos, en contacto con la naturaleza, envuelta en los aromas de hinojo, estafiate y ajenjo, naturaleza viva, mientras siento cómo el viento sopla suavemente y el clima regala una tarde cálida, una de las últimas del año 2020. 
     A escasos días de despedir el 2020 vienen a mi mente, quizá también a las de ustedes, una serie de memorias de tantas historias vividas en este inolvidable año. Es muy probable que algunas personas quieran que ya estrenemos año, no es para menos, el actual ha estado lleno de sorpresas y no del todo gratas, de experimentar sucesos inesperados, de despedir físicamente a seres queridos de una manera alejada nada habitual, de adentrarnos en una nueva serie de caminos para andar, para trabajar, para convivir, para resistir. 
     Sin embargo, es importante reconocer que también ha sido un año que nos ha dado oportunidad para detenernos a repensar el ritmo en el que se vive, del cuidado que debemos tener a la naturaleza, a nuestra alimentación, a nuestra salud, de la importancia que tienen los instantes y que la convivencia con los seres queridos es un elemento fundamental para lo cotidiano.
     Ha  dado pauta a despertar la creatividad y a darnos cuenta que, si bien, la tecnología ha sido una herramienta clave en distintos ámbitos de las actividades que desarrollamos, el contacto personal, cara a cara es algo invaluable, algo que se extraña, como por ejemplo, los abrazos, los apapachos. 
     En este año, en algunas de las entregas de las Voces ensortijadas he querido recuperar y compartir, con toques de ficción, determinadas historias observadas en lo cotidiano, en este 2020, que al igual que a ustedes para mí ha estado lleno de retos y de aprendizajes.
     Agradezco el acompañamiento que me han dado en cada lectura, relato y experiencia compartida. Es muy grato leer sus comentarios y que, en ocasiones, logren resonar e identificarse con las Voces ensortijadas. Gracias a la revista Letras, idea y voz por el espacio para divulgarlas.  
     En esta tarde soleada, cielo azulado, desde el corazón va para el público lector y sus seres amados mis mejores deseos en este 2021, que el universo y la divinidad les bendigan enormemente y que tengan un armonioso cierre del 2020.
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Fotografía: Lucas Pezeta

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas. 48. El regalo de la tia Toñi. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 48

El regalo de la tia Toñi

Por María Gabriela López Suárez

Faltaban pocos días para la celebración de la Navidad, Maribel estaba triste, la situación económica en su familia no era buena y eso le había impedido ahorrar para los regalos que le gustaba compartir. A sus nueve años había aprendido a ahorrar desde dos años atrás, Mónica, su hermana mayor, le había enseñado.
     Mientras pensaba cómo podría hacer para tener regalos, escuchó el sonido del timbre de su casa. Se asomó en la ventana y vio que era la tía Toñi, hermana de su mamá. Abrió la puerta.
     –Buenos días hija, ¿cómo están?
     –¡Hola tía Toñi! Bien, ¿y tú? Pasa, por favor.
     El rostro de Maribel reflejaba tristeza. La tía Toñi entró a casa, les llevaba una jarra con arroz con leche que había preparado. Era una de sus especialidades. Ambas se dirigieron a la cocina.
     –¿Y la demás gente en esta casa? ¿Acaso siguen durmiendo?
     –No tía, salieron al mercado. Yo preferí quedarme, no me siento con ánimo.
     –A ver hija, ¿qué te pasa? Ya me preocupaste. Eso sí que es raro, a ti te encanta salir. Cuéntame, tal vez pueda ayudarte.
     Los ojos de Maribel  se fijaron en la tía Toñi que había servido dos tazas con el arroz con leche preparado y le invitaba a sentarse para platicar.  La niña sintió un halo de esperanza con la llegada de la tía Toñi. Le explicó que no tenía dinero suficiente para comprar los chocolates y las galletas que año con año decoraba y regalaba a su familia. No se le ocurría qué otra cosa podría regalarles, su alcancía estaba prácticamente vacía.
     –¡Ay Maribel! Así que eso es lo que te tiene atormentada.
     –¿Te parece poco tía?
     –No quise decir eso, más bien no es para que te angusties. Te contaré una experiencia, me pasó algo similar. Pero vamos niña toma tu arroz con leche que se enfría.
     –¿En serio tía Toñi?  Platícame. 
     Mientras cada una iba degustando su bebida, la tía Toñi le compartió una anécdota de su  infancia, cuando era el cumpleaños de su mamá y al no tener dinero para comprar un regalo  se le ocurrió que no siempre era necesario regalar algo comprado, también podría ser algo elaborado por ella. Así que empezó a juntar los retazos de papel crepe de diversos colores que tenía e hizo un ramillete de flores. 
     El rostro de Maribel fue cambiando mientras escuchaba a su tía, sus ojos tenían otro brillo. Recordó que guardaba hojas de diferentes colores y pegatinas que le habían regalado en su cumpleaños. Además contaba con  lapiceros de colores, crayolas, tijeras y pegamento. 
     –Tu abuelita se sintió muy contenta con ese ramillete de flores y lo conservó muchos años hasta que fueron perdiendo el color. Lo más valioso es la intención con la que haces el obsequio, aunque sea un detalle sencillo. Así que niña, seguro que tú puedes hacer algo.
     –¡Qué bonito detalle para la abuelita! ¡Muchas gracias tía Toñi! Eres mi ángel navideño. Yo no sé hacer flores, pero si me gustaría elaborar unas tarjetas, tengo los materiales para hacerlas. 
     Maribel se levantó para abrazar y besar a su tía Toñi, quien le correspondió. Ambas sonrieron.
     –Por cierto tía, casi me olvidaba, muchas gracias por el arroz con leche. Te quedó bien rico, como siempre. 
     –Por nada hija. Recuerda que las penas con pan son menos.

Fotografía: Xanty Mendoza

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.