Voces ensortijadas. 332. Cuando el alma se agüita. María Gabriela López Suárez

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Voces ensortijadas  

Cuando el alma se agüita
María Gabriela López Suárez


Era pasado el mediodía del miércoles cuando el cielo comenzó a nublarse, Verónica percibió al interior de su espacio de trabajo que el sol se había ocultado.

− ¿A poco lloverá tan temprano? Ojalá que no. El solecito está lindo, alegra el día− dijo Verónica mientras se asomaba a la ventana.

Ese día no había llegado a trabajar su compañera Selene, con quien compartía espacio en la oficina. Verónica echaba de menos su presencia porque ese día no tenía con quién conversar durante la jornada. Terminó de revisar la base de datos que le habían encomendado un día anterior. Se sintió contenta de que había avanzado con ese pendiente que urgía a sus jefes. Así podría continuar con las labores correspondientes a su área.

Poco le duró la felicidad porque al revisar su correo recibió solicitudes para revisar dos bases de datos. La encomienda era para Selene y para ella, pero al no llegar su compañera, Verónica tenía que atenderlas y entregar los resultados al día siguiente. Por su mente pasaron varias ideas. Observó el reloj, sintió que su corazón latía con más rapidez. Se levantó y fue a preparar café. Necesitaba despejarse un poco.

Mientras preparaba el café comenzó a escuchar la lluvia, primero unas gotas leves que, en poco tiempo, se convirtió en una lluvia fuerte. Se asomó a la ventana, observó el cielo grisáceo y no alcanzó a contemplar los árboles que había a lo lejos, la lluvia lo impedía. Volvió a desear que en lugar de lluvia hubiera sol. Se quedó unos minutos frente a la ventana, percibió el aroma a tierra mojada.

Volvió por el café, se sirvió un poco en una taza. Antes de mirar el reloj, decidió quedarse unos minutos apreciando la lluvia. El aroma del café la llenó de energía, probó la bebida y le pareció deliciosa. Respiró profundo, al exhalar sintió que soltó la preocupación que le generaban las nuevas encomiendas urgentes. Se percató que la lluvia cesaba. El cielo se fue despejando. Los pájaros comenzaron a cantar con tal alegría, que daba gusto escucharlos. En breve tiempo el sol salió nuevamente.

Verónica quedó asombrada de lo que había sucedido en tan poco tiempo. Se sintió más tranquila. Regresó a su escritorio, terminó su último sorbo de café. Inició con la primera de las encomiendas y avanzó hasta terminarla. Decidió que la segunda tarea la trabajaría al día siguiente.

Al terminar su día laboral, mientras iba a casa, reflexionó sobre la importancia de poner atención para identificar cuando el alma se agüita, qué se puede hacer y cómo sobrellevarlo. Ese día la lluvia, el café, los pájaros y el sol habían sido sus aliados para confortarla. Recordó la algarabía del canto de los pájaros mientras aún percibía el olor a tierra mojada.
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Fotografía: Justin Wolfert: https://www.pexels.com/photo/close-up-photo-of-water-droplets-8100262/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 331. Soltar el miedo. María Gabriela López Suárez

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Voces ensortijadas  

Soltar el miedo

María Gabriela López Suárez


Esa tarde del miércoles era una fecha importante para Alicia, presentaría un proyecto artístico en una convocatoria que había esperado con mucho entusiasmo. No tenía la tarea fácil, había alrededor de más de 15 proyectos con temas afines. Muchas de las personas postulantes tenían trayectoria en el ámbito de las artes, eran como solía decirse, artistas consolidados.

Alicia preparó la defensa de su proyecto. Ensayó en casa, frente a su familia, amistades y de un par de docentes de su universidad, con quienes había entablado amistad. Los comentarios que le hicieron le ayudaron para fortalecer algunos puntos a la hora de exponer, su postura, el tono de su voz, la seguridad y, sobre todo, hablar de manera clara, sin prisas y respetando el tiempo que le habían otorgado. Uno de los grandes retos era exponer el proyecto en solo diez minutos.

El turno de Alicia era el quinto. Cada participante entraba a un salón donde estaba el jurado, ahí permanecían el tiempo de exposición y otros treinta minutos más mientras les hacían las observaciones y tenían diez minutos para responder a los cuestionamientos realizados.

Cuando llamaron a la cuarta participante Alicia comenzó a sentir un vacío en el estómago, empezó a mover las manos, los nervios se estaban manifestando. Recordó una recomendación clave, respirar profundo, lo hizo tres veces. Sintió que se calmó un poco.

Llegó el turno de Alicia. Entró al salón. Era pequeño, bien iluminado, con una pantalla grande para proyectar su material. Observó al jurado, eran tres varones, de entre 50 y 60 años. Artistas con trayectoria, pensó Alicia. ¿Y las mujeres artistas? ¿Por qué están ausentes en el jurado? Antes de que su mente siguiera generando más preguntas dieron inicio al ritual de la presentación. Alicia mantuvo la calma, presentó su proyecto sin contratiempos. Se sintió tranquila y segura.

En los comentarios del jurado, a través de uno de los participantes, expresó ideas con tintes misóginos desacreditando el trabajo. Alicia escuchó atenta, su mente procesaba la respuesta, su corazón latía rápidamente, atendió el respirar profundo para mantener la calma. Recordó las veces que de niña calló y no expresó su sentir. Pensó en su proyecto donde estaba puesto esfuerzo, amor, pasión y muchas horas de trabajo. Le tocó el turno de dar respuesta, sintió las miradas atentas a qué diría. Sin titubear respondió cada interrogante y manifestó su sentir sobre esa forma violenta de desacreditar un trabajo, refirió la importancia de respetar la participación de las mujeres en las artes y la ausencia de ellas en el jurado. Percibió el calor en su rostro mientras expresaba su mensaje, su corazón latía con rapidez, pero el tono de su voz era claro, seguro. Terminó su participación. Se despidió del jurado. Notó un silencio incómodo.

Mientras iba a casa pensó que el solo hecho de participar ya la hacía ganadora y que había un gran aprendizaje en esa sesión, soltar el miedo para defender su palabra, sus ideas, su trabajo y su valor y respeto como mujer artista. Observó el cielo, el paisaje era bello. Ese era otro gran regalo.
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Fotografía: Aviz Media: https://www.pexels.com/photo/unrecognizable-teenager-jumping-on-park-alley-4336962/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 330. El encuentro con la chicharra. María Gabriela López Suárez

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Voces ensortijadas  


El encuentro con la chicharra
María Gabriela López Suárez



El calor estaba en su máxima intensidad, desde dentro de casa Cristina veía cómo las plantas tenían las hojas agachadas. El sol no tardaría en ocultarse. Le gustaba contemplar la puesta del sol. Desde niña llamaba su atención, como un acto de magia, que de un instante a otro el sol se ocultaba detrás de la montaña que alcanzaba a ver desde su casa.

Salió al patio y levantó la vista al cielo, con tristeza se percató que no podría ver cómo el sol se despedía esa tarde. El cielo estaba cubierto de bruma; percibió en sus ojos una especie de ardor, como cuando la calidad del aire no es buena. Seguramente debe haber fuertes quemas, es la temporada, pensó para sí.

Decidió quedarse en el patio. Se sentó en su silla favorita y alcanzó a escuchar el canto de algunos pájaros, era una especie de anuncio del atardecer. Percibió que el clima estaba menos caluroso, al menos un poquito. Se alegró. A lo lejos alcanzó a escuchar un sonido que le hizo volver años atrás, a su infancia. Comenzó de leve a más fuerte. Lo identificó sin dificultad, era el canto de las chicharras.

Ese paisaje sonoro era cada vez menos común sobre todo en los espacios urbanos, se sintió afortunada de escucharlo. En su infancia era frecuente el canto de las chicharras. En ocasiones cantaban al mediodía, en los días muy cálidos. En otras, en la tarde, casi cerca del momento del ocaso. Justo como el instante en que se encontraba.
No pudo evitar traer al presente la primera vez que vio a una chicharra. Era una tarde cálida de primavera, las chicharras cantaban, casi como de costumbre. De pronto, don Antonio, el papá de Cristina fue hacia donde ella estaba, traía en la mano a un pequeño animalito. Era una chicharra. Se la mostró. Jamás había visto alguna. Se las imaginaba distintas, de gran tamaño, prendidas en los árboles.

Al tenerla tan cerca le pareció hermosa. Le asombraron sus enormes ojos; tenía las alas con detalles muy bellos, como si fueran una especie de alas mágicas. Lo que más llamó su atención fue escuchar ese sonido tan potente y cerca de ella, sonido que hacía ese animalito pequeño. El encuentro con la chicharra fue breve. Don Antonio la soltó y enseguida emprendió el vuelo. Había sido un hermoso regalo.

El calor cesó. Cristina comenzó a percibir una grata sensación de viento. El canto de las chicharras había terminado. Le habían alegrado el corazón, recordando lo maravilloso de la naturaleza y lo importante que era su cuidado para la vida.
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Fotografía: G. Cortez: https://www.pexels.com/photo/brown-insect-on-tree-6162133/Photo by G. Cortez: https://www.pexels.com/photo/brown-insect-on-tree-6162133/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 329. Se busca a. María Gabriela López Suárez

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Voces ensortijadas  

Se busca a…
María Gabriela López Suárez

A mi mamá y a las ancestras de mi linaje.
A las madres buscadoras.


El autobús arrancó puntual a su destino, Verónica se acomodó en su asiento. Aún sentía la agitación de haber llegado corriendo al andén. Justo a tiempo, dijo para sí. Intentó ir pausando su respiración. Se alegró de que no tenía acompañante en el otro asiento, cerró los ojos y comenzó a respirar profundamente. Dejó a un lado su mochila. Sintió muy agradable el aire acondicionado.

Su semana había sido intensa; era el tercer viaje que hacía fuera de la ciudad donde vivía. Viajar le gustaba, era parte de los gajes de su oficio. Sin embargo, esos viajes habían sido no tan cercanos y sentía cansancio.

Era fotógrafa de alimentos, le gustaba. Tenía un par de años trabajando en una empresa y también se organizaba para hacer trabajos independientes. Había tenido la oportunidad de conocer la gastronomía de distintos lugares en el país, disfrutaba conocer la comida en los pueblos, sobre todo porque tenía la oportunidad de conocer la historia de cómo había surgido cada platillo. En la medida que se fue relajando, comenzó a reflexionar sobre la importancia de tener un espacio laboral en el que realizaba las cosas que le gustaban.

El camión se detuvo en un semáforo. Verónica corrió la cortina. Observó un poste que tenía varios anuncios de personas desaparecidas. Aunque los anuncios no estaban en buen estado, sino despintados y despegándose, atraparon su atención. Se busca a …, decían todos. Se preguntó, ¿cuántas personas desaparecidas había en ese lugar, en otra ciudad, en los estados, en el país? ¿Cómo se llegaba a tanta indiferencia para normalizar las desapariciones? ¿Qué hacían las autoridades? El autobús siguió su paso. Verónica pensó que estaba próximo a celebrarse el 10 de mayo, día de las madres, muchas personas desaparecidas eran hijas, hijos e incluso madres que hacían falta en sus hogares, en sus familias. ¿Qué celebración tendrían las madres? Ninguna, seguirían en la lucha diaria desde sus trincheras, con el dolor, la impotencia, pero también la fortaleza, la resiliencia y la esperanza que surge del trabajo de mujeres en colectivo.

Respiró profundo, pensó en las mujeres fuertes y amorosas de su linaje. Desde el corazón les agradeció su presencia.
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Fotografía: Uriel Venegas: https://www.pexels.com/photo/group-of-women-in-headscarves-20142824/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 328. Concierto en madrugada. María Gabriela López Suárez

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Voces ensortijadas  


Concierto en madrugada
María Gabriela López Suárez


La ola de calor que había en la región tenía agotada a la población de la ciudad en la que vivía Hermila. En su colonia el tema del intenso calor se había vuelto una plática recurrente. A Hermila le gustaba escuchar las distintas estrategias que tenían las personas para mitigar el calor. Ponían atención cuando platicaban con su mamá. Doña Chepita, la vecina que tenían frente a su casa, recomendaba preparar cafecito y agregarle una pizca de azúcar, pedía que tuvieran cuidado para que no estuviera muy caliente, no fueran a quemarse la lengua. Don Isidro, otro vecino, sugería preparar café, endulzado al gusto, pero agregarle cubitos de hielo y tomarlo helado. Martina, hija de doña Chepita, prefería prepararse una limonada natural, agregar hielo, poca azúcar y una pizca de sal y bicarbonato, para ella era un suero casero.

Doña Estela, otra vecina, ponía a remojar una pequeña toalla en agua templada, ni fría ni caliente, la exprimía y se colocaba sobre el cuello. Había que estar al pendiente para que cuando se quitara lo fresco de la toalla se volviera a remojar y repetir el proceso. Jorge, el hijo de doña Estela y amigo de Hermila, contaba que para él lo mejor era comer paletas de hielo, eso le refrescaba.

A Hermila le gustaban las propuestas de bebidas frías y paletas. El sábado, al mediodía, se sentía agotaba. Intentó preparar el café helado. Algo falló en la cantidad de café que puso porque quedó demasiado amargo, para su gusto, y no lo tomó. Decidió prepararse una limonada. Le gustó cómo quedó el sabor, bien tanteado de azúcar, sal, bicarbonato y limón. Se bebió rápido la limonada. Después de comer sintió de nuevo las ganas de beber más limonada, para su mala suerte ya no había limones. Recordó que la vez más reciente que había ido al mercado el precio del kilo de limón estaba muy caro. Decidió no distraerse más. Tenía que leer un libro con más de 300 hojas para un reporte escolar que entregaría el lunes.

Fue a su cuarto, acomodó un tapete sobre el piso, abrió la ventana. Prendió el ventilador y se sentó para iniciar su lectura. Se recargó sobre la pared. Aunque el ventilador estaba a la máxima velocidad el aire se sentía muy caliente. Hermila comenzó a bostezar. Releyó una página más de tres veces. Se quedó dormida.

Una sensación de aire fresco la despertó. Un poco desconcertada buscó a tientas el apagador de la luz. ¿Qué hora era? ¿Cuánto tiempo había dormido? Era la 1:20 am. Se sentía renovada. El olor a tierra mojada invadió el cuarto. Había llovido, lo suficiente para generar esa ráfaga de aire que la despertó. Apagó el ventilador. Dejó la ventana abierta. Retomó la lectura, el ritmo comenzó a fluir. Después de unos minutos detuvo la lectura. Prestó atención, el canto de los grillos se escuchaba. Era un concierto en madrugada. Cerró el libro. Dejó que los grillos arrullaran su sueño.
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Fotografía: Rakhmat Suwandi: https://www.pexels.com/photo/grasshopper-on-dewy-green-leaves-in-darkness-36077121/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 327. Entre la escucha y la escritura. María Gabriela López Suárez

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Entre la escucha y la escritura
María Gabriela López Suárez

Las gotas de lluvia comenzaron a caer, no eran ni las tres de la tarde. Mateo, el jefe de Sonia, le recordó que en una hora daría inicio el taller de escritura. Sonia se apresuró a la salita donde se llevaría a cabo la actividad. En el pasillo sintió el aroma a tierra mojada. Respiró profundo. Amaba ese aroma.

Al llegar a la salita revisó si las sillas estaban acomodadas. Se cercioró que la mesa estuviera con el mantel en color marrón y que también hubiera hojas blancas, lápices y bolígrafos al centro. Echó un vistazo hacia la ventana, el ruido de la llovizna le hizo recordar que el taller iniciaba pronto. Deseó que no hubiera una lluvia torrencial para que el público llegara.

Antes de salir de la pequeña sala, Sonia observó el lugar, aunque todo estaba en orden sentía que algo hacía falta. Cerca de la ventana vio un espacio para colocar un jarrón con flores. Sin dudarlo, fue a su oficina, compartiría las rosas blancas que la acompañaban ese día. Recordó cuando había llegado a trabajar a ese espacio cultural, llevó rosas, una blanca y una amarilla. Eran algo simbólico, la presencia de la naturaleza como parte de la vida. Regresó a su oficina. Preparó café y llevó la cafetera a la salita.

El deseo de Sonia se hizo escuchar, la lluvia cesó. Mateo fue a supervisar el lugar y posteriormente, se retiró. Sonia era la encargada de recibir a la escritora que facilitaría el taller. Estaba emocionada, a ella le gustaba leer y también se había inscrito.
La escritora Dinorah Jade llegó minutos antes del inicio. Sonia la saludó y le dio la bienvenida. Poco a poco fue llegando el público. El grupo era pequeño, 13 personas, en su mayoría mujeres, solo llegaron dos varones. Había varias generaciones, mujeres adolescentes, jóvenes y adultas mayores. En el caso de los varones, eran el hijo adolescente y el padre adulto joven.

Dinorah acompañó al grupo con distintas dinámicas. La intención no solo era escribir sino identificar por qué, para quién, sobre qué y cuándo escribir. Sonia estaba atenta a sus roles, como anfitriona en el espacio cultural y como participante en el taller.

Desarrollaron varios ejercicios de escritura, a partir de preguntas que implicaban conectar con sus emociones. Cuando tocó el turno de compartir lo escrito, Sonia sintió que su corazón latía más rápido. El grupo estaba atento a la escucha de cada texto. Dinorah compartía sus comentarios, alentando a seguir escribiendo. Sonia esperó hasta la segunda ronda de lectura para leer un texto. Su tono de voz mostró sus nervios, poco a poco fue tomando seguridad. Concluyó contenta.

En el cierre cada asistente agradeció a la tallerista, al espacio cultural y a cada participante. Esa tarde lluviosa le había dado muchos aprendizajes a Sonia y a las demás personas, entre la escucha y la escritura se podían generar herramientas valiosas para la convivencia cotidiana, respetuosa y amorosa.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 326. El asfalto en primavera. María Gabriela López Suárez

Fotografía: Michaela St.
Voces ensortijadas  

El asfalto en primavera

María Gabriela López Suárez

El reloj marcó las 8:40 de la mañana, Claudia observó atenta la hora, verificó que en las cajas estuvieran todos los productos de papelería que tenía que entregar a don Armando y a doña Gertrudis, dos de sus mejores clientes. Guardó cuidadosamente los pedidos en la cajuela de su coche y se dispuso a ir a dejar los materiales.

Al salir de casa sintió que el calor estaba fuerte, aunque era de mañana. Revisó la aplicación en su celular, indicaba 25 grados. Claudia pensó para sí que sería un día muy caluroso. Había sido buena idea salir a esa hora.

A pesar de lo anterior, el tráfico estaba lento, así que demoró para llegar a su primer destino. Decidió ir a entregar primero el pedido al domicilio más alejado, que era el de doña Gertrudis. Por lo regular, Claudia sabía ubicarse bien para encontrar las direcciones, pero esta vez se le había complicado un poco, sus referencias ya habían sido modificadas. Varias partes de esa colonia estaban irreconocibles, así que aplicó el refrán, preguntando se llega a Roma. Antes de consultar al Google maps prefirió preguntar a la gente. Más tardo en llegar al domicilio que en entregar el pedido.

Como el domicilio de don Armando estaba hacia el lado poniente de la ciudad y ella se hallaba en el oriente le pareció que para no demorarse más buscaría un atajo. Así lo hizo y de pronto, se encontró en una esquina en donde estaban reparando la calle y el paso para los coches era más que lento.

Antes de que empezara a ponerse nerviosa, Claudia decidió que esperaría con paciencia. Recordó que don Armando le había comentando que ese día cerraría su negocio al mediodía, así que Claudia tenía alrededor de una hora y treinta minutos para hacer la entrega del pedido.
El viento cálido se coló a través de la ventana de su coche. Vio pasar a varias personas con sombrilla en mano, los rayos del sol estaban intensos. Observó con detenimiento que cada vez había menos árboles en la ciudad. El calor se percibía sofocante mientras avanzaba el día. Su mirada se posó en el asfalto de las calles que podía divisar desde donde estaba esperando el avance de los coches. No cabía duda que cada día proliferaba más el asfalto en los distintos rincones de la ciudad. En lugar de poder apreciar áreas verdes, o el colorido de las flores como sucedía en otras ciudades, ahí el asfalto en primavera era lo más distintivo.

Respiró profundo. Anheló que pronto las lluvias pudieran refrescar un poco el ambiente y apapachar a la tierra, cada vez más cubierta por el concreto y el asfalto. El sonido de claxon del auto que estaba detrás de ella la hizo salir de su pensamiento. El tráfico comenzaba a fluir. Mientras avanzaba a su destino Claudia siguió deseando sentir el aroma a tierra mojada, aroma a vida y a naturaleza.
Fotografía: Michaela St.
Fotografía: Michaela St.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 325. La curiosidad por el cuarzo. María Gabriela López Suárez

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Voces ensortijadas  


La curiosidad por el cuarzo
María Gabriela López Suárez

Leonora decidió caminar rumbo al vivero que estaba por la casa de su abuelito Joaquín, tenía ganas de comprar una planta, aún no se decidía si quería un árbol frutal, un árbol de bugambilia en tono coral o una orquídea. Mientras iba al vivero iba pensando por cuál propuesta se decidiría. Se acordó que un elemento primordial era el espacio del que disponía para poder tener un árbol frutal o uno de bugambilia. No sabía qué árbol frutal sería, quizá limón, naranja o limón mandarina. De lo que si estaba segura era de que sus bugambilias favoritas eran las de color coral. ¿Y qué tipo de orquídea elegiría? Su mente era una maraña de pensamientos. Se centró en su camino y decidió que su corazón la guiaría para la elección.

Al entrar al vivero la recibió un letrero muy llamativo y bonito que decía: Bienvenidas las personas amantes de la vida y la naturaleza, este espacio es para ustedes. Entró al lugar y siguió la señalética, minutos después la recibió Olivia, una chica que se presentó y dijo que estaría atenta para brindarle la información que Leonora necesitara.

A medida que iba caminando y adentrándose en el vivero Leonora encontró varias rutas, sombra, sol, suculentas y cactáceas, frutales y huerto, orquídeas. Eligió ir primero por las suculentas y cactáceas. Se dejó atrapar por toda la belleza de las suculentas, con toda la calma fue leyendo los nombres y observando las características de cada una, Echeveria Purple Pearl, fue una de las que llamó su atención. Estaba tan absorta en el tema que no se percató que un niño estaba a su lado.

̶ ¡Hola! ¿Cómo te llamas? ̶ dijo el niño, con alrededor de siete años.
̶ ¡Hola! Soy Leonora, ¿cuál es tu nombre?
̶ Me llamó Mati, ¿qué haces acá? ¿Vienes por plantas o por un cuarzo?
̶ ¿Cuarzo? ¿Acaso venden minerales y piedras también? ̶ preguntó Leonora.

Mati dijo que no, le pidió que lo acompañara y le mostraría su tesoro. Leonora aceptó la invitación. En el camino él le fue platicando que el cuarzo era su piedra favorita y que tenía muchas. Dijo cómo había ido conociendo de las piedras. Terminaron la ruta de suculentas, pasaron plantas de sombra, sol, al final había un árbol con un par de bancos. Hasta ahí llegaron con Mati, él le pidió que ella se sentara, se fue y regresó en menos de un par de minutos. Llevaba entre sus manos una cajita de madera rústica, muy bella. Antes de que la abriera le pidió a Leonora que cerrara los ojos, le mostraría su tesoro. Una vez que Mati dio la indicación, Leonora abrió los ojos y quedó maravillada ante la cantidad de piedras de cuarzo que había dentro de la cajita. Todas las piezas eran de cuarzo en bruto.

Luego de una amena charla con Mati, él le obsequió una piedrita. Se despidió de ella y se escabulló entre las rutas del vivero. Leonora buscó el camino de regreso y volvió al de las suculentas y cactáceas. Sin lugar a dudas eligió llevarse una Echeveria Purple Pearl, la curiosidad por el cuarzo la había llevado a seguir otra ruta, finalmente había regresado a la ruta que la había atrapado. Agradeció desde el corazón a Mati por el cuarzo y la ayuda, que sin saber, le había dado para su elección y buscó a Olivia para comprar la suculenta.

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Fotografía: Mr. Pugo: https://www.pexels.com/photo/close-up-of-clear-quartz-crystal-on-dark-surface-35451967/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 324. Las hojas que el viento se lleva. María Gabriela López Suárez

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Voces ensortijadas


Las hojas que el viento se lleva
María Gabriela López Suárez

En menos de lo que esperaba Inés llegaron las tan ansiadas vacaciones de Semana Santa. Se sintió afortunada de haber ahorrado para pagar sus pasajes y poder ir a visitar a su familia. Estaba consciente de que su padre hacia un gran esfuerzo por sostener el pago de los estudios de licenciatura que ella cursaba en otro estado de la República Mexicana. Además de ella, don Benito tenía una hija y un hijo que estudiaban la preparatoria y secundaria. La madre de Inés había muerto dos años antes de que ella ingresara a la universidad.

Partió para su terruño con una maleta en donde llevaba pocas cosas, entre ellas unos dulces regionales para compartir con su familia y eso sí, el corazón lleno de emoción, cariño y ganas de abrazar a sus seres queridos.

El asiento que había elegido Inés estaba justo a la mitad del autobús, en ventanilla. Se había prometido que aprovecharía al máximo para observar el paisaje antes de que tuviera ganas de dormir. Tenía la ventaja de haber comprado su boleto con salida antes de las 3 de la tarde, le tocaría contemplar el atardecer. Calculó que llegaría a casa alrededor de las 7 de la mañana.

El camión inició su recorrido, el cupo iba lleno. Inés tenía como compañera de asiento a una señora adulta mayor, buena conversadora, quien no tardó en tomar una siesta. Inés se colocó sus audífonos, eligió escuchar a Jorge Drexler y se puso a contemplar el paisaje. Estaban por salir de la ciudad cuando el autobús se detuvo casi cerca de un crucero. Al principio Inés pensó que era por el alto del semáforo, pero el tiempo se prolongó. Se asomó un poco más a la ventana y se percató que había más coches y camiones en espera. No tardaron algunas personas pasajeras en levantarse a preguntar qué había sucedido. Inés alcanzó a escuchar que había un accidente. Tenían que esperar. Decidió no estresarse. Volteó a ver a su compañera de asiento, dormía profundamente.

En tanto el camión retomaba su curso Inés siguió atenta al paisaje. Observó que había tres adolescentes, dos chicas y un chico, con atuendo de payasos, ensayaban malabares con pelotas sobre un pequeño camellón. Estaban bajo la sombra de un árbol de tamaño mediano. Inés admiraba con qué habilidad podían mover sus manos sin que las pelotas se cayeran. De pronto, la atención de ella se centró en las fuertes ráfagas de viento que hicieron caer muchas hojas amarillas del árbol -que cubría del sol a las chicas y el chico-. Como si fuera una especie de imagen animada, las hojas no cesaban de caer. Para Inés fue una imagen muy bella y a la vez muy fuerte, lo tomó como una metáfora, que las hojas que el viento se lleva eran como los recuerdos y experiencias tristes y desagradables, que ya no necesitaban estar en su vida, pero a las que agradecía porque sin duda había aprendido a partir de ellas. Mientras el camión reanudaba su camino Inés siguió observando el paisaje, al tiempo que tarareaba, cada uno da lo que recibe. Y luego recibe lo que da. Nada es más simple. No hay otra norma. Nada se pierde. Todo se transforma. Todo se transforma.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 323. Los sonidos que habitan el caminar. María Gabriela López Suárez

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Voces ensortijadas

Los sonidos que habitan el caminar
María Gabriela López Suárez


El tour que había organizado Miranda y sus amistades para recorrer una ciudad ubicada al sur del estado donde vivían era para el fin de semana. Todas estaban conscientes que era un gran reto, querían visitar espacios naturales, recorrer calles, visitar mercados, museos y degustar el café que era una de las bebidas tradicionales más recomendadas del lugar.

Después de ponerse de acuerdo, que no fue un proceso tan fácil, Reyna, Ricardo, Miranda, Felipe e Iris comenzaron a hacer la visitar por el lugar. Decidieron primero dar un recorrido por las principales calles, ahí fueron conociendo callejones más visitados, observaron murales, bellos jardines y calles limpias. Para Miranda eso fue algo muy importante. El centro de la ciudad era pequeño pero la basura estaba depositada en los botes, tal parecía que la gente que habitaba ahí también ponía su esfuerzo porque Miranda observó con atención cómo la gente hacía uso de los botes para poner ahí envolturas, mientras consumían algún alimento en la calle.

A Felipe y Reyna les tocó guiar el recorrido a dos museos que había, uno era público y el más pequeño privado. Reyna era historiadora así que fue una experiencia muy enriquecedora para el grupo. La visita a los mercados fue una de las actividades que más gustó a las amistades. Iris solía cocinar comida local, así que se dio a la búsqueda de los lugares donde vendían platos tradicionales y alimentos que podían comprar para llevar y compartir con sus familias.

La degustación del café quedó a cargo de Ricardo, no era barista, pero era de lo que más solían tomar café y solía preguntar mucho sobre esta bebida a cada cafetería que iba. También gustaba ir a eventos donde había catación de café. Fueron a dos cafeterías, en ambos el café era delicioso. Los estilos de los lugares eran distintos y ambos eran agradables.

Tocó el turno a Miranda, ella indagó sobre los espacios naturales de la ciudad. Eligió un jardín botánico, un aviario y un parque que era una especie de reserva. Miranda era amante de estos espacios, así que disfrutó al máximo esa visita. Mientras recorría cada espacio iba en silencio. En cada lugar hizo un pequeño descanso, entre tanto el grupo de sus amistades se adelantaba. En esos descansos prestó suma atención a los sonidos, todos eran bellos. Algunos más intensos, otros más sutiles. Hizo memoria de los sonidos que había en los recorridos anteriores, en calles, mercados, cafeterías, museos. Pensó también en los sonidos de sus amistades, las charlas, las risas y en sus propios sonidos, los que sentía en su cuerpo en cada recorrido, eran importantes.

El fin de semana había sido intenso, se había logrado el propósito, pero Miranda había tenido un regalo más, identificar y sentir los sonidos que habitan el caminar.
Photo by Alexander Sampietro: https://www.pexels.com/photo/pouring-coffee-in-cafe-22230650/
Fotografía: Alexander Sampietro: https://www.pexels.com/photo/pouring-coffee-in-cafe-22230650/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.