Universo breve. 2. Recordatorio oportuno. Damaris Disner

Recordatorio oportuno 

La gata café se acurrucó sobre la mesa. En esa posición era tan parecida al gato blanco. Recordó que desde que él murió no se sentaba a escribir en la terraza. Una notificación de Facebook le hacía saber que esa noche se colocaban las veladoras para las mascotas muertas. El golpe seco en el techo fue idéntico al que se oía en sus salidas nocturnas. No tuvo duda, fue su reclamo por pensar que regresaría en una gata; lo machista nunca se le iba a quitar. 

Voces ensortijadas. 67. El canto del cuenco. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 67

Por María Gabriela López Suárez

El canto del cuenco

El miércoles había sido agotador para Gertrudis, en casa era la única que permanecía despierta. Terminó sus actividades, fue a lavar su rostro como acostumbraba hacerlo antes de dormir. Dejó que el agua tibia acariciara cada parte de la cara, con movimientos suaves se dio un masaje sintiendo el aroma del jabón de romero y disfrutando ese instante. 

Al terminar se detuvo un momento más para observarse frente al espejo. Pocas veces lo hacía, dando prioridad a otras actividades. Aún con el cansancio sus ojos permanecían alegres. Escuchó el canto del grillo que solía acompañar el paisaje sonoro de cada noche. Ese canto fue un incentivo para decidir que antes de dormir quería tocar su cuenco tibetano y relajarse.

Fue a su habitación, tomó cuidadosamente el cuenco entre sus manos. Recordó que hace un par de años lo había adquirido, pocas veces había intentado tocarlo. La vez que se lo entregaron tuvo una especie de inducción a su cuidado y uso. La persona que se lo vendió hacía terapias con cuencos y le explicó detalles importantes como el hablar con el cuenco, recordar que los materiales con los que fue hecho forman parte de la naturaleza y por lo tanto, no es un simple objeto. Había que pedirle permiso antes de tocarlo y cuidar que no se cayera. Dejarlo en un espacio específico y limpiarlo. A manera de ejemplo le mostró cómo se tocaba. Esa primera vez Gertrudis hizo varios intentos por hacer sonar el cuenco y no tuvo buenos resultados.

Ahora deseaba volver a intentarlo, ya en su habitación se sentó en el piso, se puso en postura de flor de loto y colocó en su regazo el cuenco. Comenzó a hablar con él. Posteriormente, con los ojos entrecerrados empezó a tocarlo, haciendo con una varita leves movimientos circulares alrededor del borde del cuenco. Éste fue guiando el movimiento de su mano de una manera sutil que parecía que desde siempre lo hubiera hecho. El cuenco fue comenzando a desprender sus sonidos y a vibrar de manera leve a intensa. La sensación que Gertrudis tuvo fue que había conexión entre el cuenco y ella. El canto del cuenco la iba relajando.

El movimiento de su mano fue disminuyendo hasta que el sonido del cuenco cesó y Gertrudis trató de escuchar hasta la última resonancia. Continuó respirando profundo. Esa noche era especial, para Gertrudis el cuenco había respondido a su petición y había hablado con ella. Permaneció con los ojos cerrados un momento más mientras escuchaba el canto del grillo, su acompañante cotidiano que ahora le recordaba era hora de ir a dormir.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 67. Equinus. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 67

Equinus*


Héctor Cortés Mandujano

Antes que hombres o dioses

eran caballos

Roberto Calasso, sobre los Asvin, en Ka

  
Tantos fonemas y su concreción deben obviarse
—abrir la puerta, meterlo todo, cerrar—
para que sea CABALLO el centro del blanco
(no como color, sino como diana):

El dueño de la flecha erótica ante unas ancas dispuestas.
La que produce protuberancias frecuentes al sur del cuerpo.
Domus libraria con todas sus adherencias.
El desvelo por el desecamiento o el calor excesivo:
          El Globo

          Sí, está Saint-John.
          No mucho más.

Sería empuñar el rojo manzano, mostrarlo lleno de
          campos y pacen,
          voces lóbregas, fantasmales,
          tropeles con ausentes bridas,
          sudor de carrera y viento que lo unta a la epidermis.

Sería cavar:
          cavo yo/ cava ya/ cava yo: caballo,
          sería el viento que es compañero de la saeta pequeña,
          niña, minotaura, masculina.
          Sería el pasado, evidentemente.
          Sería el ahora con la pausa puesta.

Campo e inclusive ciudad de los poetas:
           ¿ya no hay jinetes?

*Hace años escribí este texto. Era clarísimo, pero decidí hacer el juego de oscurecerlo, en
contra del parecer de Nietzsche quien escribió de los poetas, en Así hablaba Zaratustra,
como de aquellos que “enturbian todas sus aguas, para que parezcan profundas”. Me lo
encontré cuando revisaba mis archivos en busca de algo que no era esto. Yo sigo

encontrando alguna luz en esta bruma. Ojalá tú también lector, lectora. Si no, me podrás
embarrar en la cara lo de Nietzsche, que pongo a tus órdenes, en mi contra.




Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Foto: Catherine Bories
Fotografía: Linda Esquinca y Paloma, su yegua. Foto: Catherine Bories

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 66. La historia detrás de los libros. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 66

Por María Gabriela López Suárez

La historia detrás de los libros

Leer apapacha tu corazón.

Galería Rodolfo Disner

 
Mientras Bertha revisaba los mensajes en sus redes sociales se percató que había pasado la fecha en que se conmemoraba el Día Internacional del Libro. Halló textos y mensajes interesantes que recordaban la importancia de la lectura. Para ella era importante tener presente eso todos los días.
Echó un vistazo a algunos de sus libros, empezó a hacer memoria, cada uno tenía una historia de cómo había llegado a ella. Recordó el cuento de Kartush, escrito por Stephen Cosgrove, un obsequio que recibió de su mamá en la primaria y que leyó más de una vez en silencio y en voz alta. Los primeros libros que leyó en materias de literatura, como el de la Hojarasca, del autor Gabriel García Márquez; el de Azul, del autor Rubén Darío, que luego de darlo en calidad de préstamo jamás volvió a verlo. De esa experiencia aprendió a valorar más sus libros.
Fueron asomándose los libros favoritos como la novela Las aventuras de Tom Sawyer, del autor Mark Twain donde se identificó con algunos de los personajes; Clemencia del autor Ignacio Manuel Altamirano que la hizo viajar en el tiempo; Aura del autor Carlos Fuentes donde se sintió atrapada por la historia; La tumba del autor José Agustín, que la transportó a otra época en la literatura; La ley del amor de la autora Laura Esquivel que le fascinó por el tema, la música y la historieta como materiales adicionales al libro; La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada del autor Gabriel García Márquez que leyó más de una ocasión; Cuentos del autor Edgar Allan Poe donde aprendió a conocer el trabajo de este escritor. Algunos de estos libros habían sido obsequiados por sus papás, otros los había comprado ella con sus ahorros, todos tenían un valor simbólico.
También estaban los libros que había obtenido por obsequio de sus familiares y amistades. Recordaba con cariño el libro de la Canción de Bernadette del autor Franz Werfel, que le había heredado su abuelo materno. También estaba el de Crónica de una muerte anunciada de García Márquez, que ella había comprado en una edición de pasta suave, más sencilla y una amiga le había regalado la versión en pasta dura.
En esa fila de repasos llegó hasta la novela Grandes esperanzas del autor Charles Dickens. Normalmente las obras de autores extranjeros son escritas en su idioma original y son traducidas a otros idiomas, en este caso Bertha tenía tanto la versión en el idioma inglés, Great expectations como la versión en español. Era uno de los regalos que había recibido de un amigo inglés que sabía de su gusto por la literatura. Le llegó de sorpresa, envueltos cuidadosamente en un papel de color beige con pequeños detalles y un listón en tono verde claro con un lindo moño colocado en el centro. El obsequio iba acompañado de una tarjeta donde su amigo George le escribía que esperaba le gustara el regalo y pudiera leer la obra en ambas versiones.
El sonido del teléfono le hizo salir de su línea del tiempo. Era Lulú, una de sus amigas y gran amante de la lectura.
–¡Hola Bertha! ¿Qué haciendo?
–¡Hola Lulú! Ni te imaginas, recordando las historias detrás de los libros. ¿Te acuerdas que te obsequié el de Ciudades desiertas de José Agustín? ¿Lo leíste?—Comentó Bertha, mientras se acomodaba en un sillón para iniciar la conversación.


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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 66. 24 por segundo. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 66

24 por segundo


Héctor Cortés Mandujano

A mi amigo Alfredo Espinoza, quien instaló en mi computadora
no sé qué artilugio para que pueda ver todo el cine del mundo

  
Con poquísimas excepciones, he visto la lista completa de las películas nominadas al Oscar 2021, en todas las categorías. Lo que me llamó la atención fue cuántas tocan como tema central la injusticia del aparato gubernamental norteamericano, y cuántas tienen como elenco mayoritario a actores y actrices afroamericanos. 
	De las ocho nominadas a mejor película cuatro de ellas abordan asuntos varios, que súper simplifico: El padre (The Father, 2020, dirigida por Florian Zeller), que trascurre en Londres, trata las aristas terribles del alzheimer en un octogenario; Sound of Metal (2019, dirigida por Darius Marder) nos muestra la problemática sordera de un músico de rock; Mank (2020, dirigida por David Fisher) plantea dudas sobre la paternidad real del guion de la célebre cinta El ciudadano Kane; Minari (2020, dirigida por Lee Isaac Chung) es una historia familiar sobre la tierra de oportunidades que para los extranjeros es, se supone, la nación norteamericana.
	Las otras cuatro, la mitad, cada cual en su registro, hablan de las injusticias que comete el aparato de estado de EUA en sus propios ciudadanos: Nomadland (2020, dirigida por Chloé Zhao), si bien sutil, es una historia disidente que retrata la vida de aquellos que no piensan que su país propicie la calidez humana ni la empatía con los viejos; El juicio de los 7 de Chicago (The Trial of the Chicago 7, 2020, dirigida por Aaron Sorkin) muestra de manera palmaria las componendas de jueces, abogados, gente que tuerce la ley, desde el poder público, para castigar  la rebeldía social; Judas y el mesías negro (Judas and the Black Mesiah, 2021, dirigida por Shaka King), con elenco en su mayoría afroamericano, exhibe a las altas esferas de la inteligencia norteamericana que asesinan sin dudar a quien consideran peligroso, y Hermosa venganza (Promising Young Woman, 2020, dirigida por Emerald Fennell) cuenta la historia de cómo una joven puede ser violada por varios hombres, video incluido, sin que las autoridades (incluyendo una mujer) sienta empatía por el salvaje comportamiento masculino, lo que hace nacer a una vengadora que toma el castigo con sus propias manos.
	Se pensó que iban a incluir en este selecto grupo a The Mauritanian (2021, de Kevin Macdonald), pero tal vez tuvieron miedo: desenmascara la brutalidad, la tortura, la ilegalidad de tener a Mohamedou Ould Slahi encarcelado en Guantánamo durante 14 años, sin que se le acusara de ningún crimen, durante las administraciones de Buch a Obama. La película es valiente, inteligente, bien hecha y abre diciendo que no está basada en la vida real, sino que es la vida real, y restriega el lodo en la cara del gobierno que pedía la sentencia de muerte para alguien sobre el que no tenía ninguna prueba incriminatoria. Si yo hubiera sido miembro de la Academia hubiera luchado por incluir esta cinta y, por supuesto, hubiera votado por ella como mejor película. Pero no me invitan.

Las que tienen un elenco casi exclusivamente afroamericano son: La madre del blues (Ma Rainey’s Black Botom, 2020, dirigida por George C. Wolfe, nominación a mejor actor para Chadwick Boseman y a mejor actriz para Viola Davis), que habla de las peripecias en la grabación de un disco; Los Estados Unidos contra Billie Holiday (The United States vs. Billie Holiday, 2021, dirigida por Lee Daniels, nominación a Andra Day como mejor actriz protagónica), que muestra de nuevo la cara dura de la justicia de EUA contra los disidentes, especialmente si no son blancos, aunque sean tan famosos como lo fue y es Billie Holiday; Una noche en Miami (One Night in Miami, 2020, dirigida por Regina King, nominación a mejor actor de reparto para Leslie Odom Jr. y otras nominaciones), que reúne en el mismo lugar a cuatro afroamericanos famosos de la vida real (Jim Brown, Sam Cooke, Cassius Clay y Malcom X), que sufrieron en carne viva la discriminación racial (a Malcom X, incluso, lo mataron); Soul (2020, dirigida por Peter Docter y Kemp Powers, nominada a mejor película de animación), que cuenta la vida, la muerte y el regreso a la vida de un músico afroamericano; Dos perfectos desconocidos (Two Distant Strangers, 2020, dirigida por Trevon Free y Martin Desmond Roe, nominada a mejor cortometraje de ficción), que muestra los recurrentes asesinatos de afroamericanos a manos de policías blancos; A Love Song for Latasha (2019, dirigida por Sophia Nahli Allison, nominada a mejor cortometraje documental), que habla sobre la historia real de Latasha Harlins, una niña afroamericana asesinada a tiros por la dueña de una tienda, cuando fue a comprar una chuchería; su asesina salió absuelta; 5 sangres (Da 5 Bloods, 2020, dirigida por Spike Lee, nominada a mejor banda sonora), que habla de cinco afroamericanos que, como miles de su raza, fueron enviados a la guerra en defensa de un país que los discrimina…
	Tal vez alguna se me pasó, pero baste esta lista para decir que hasta hace muy poco no había nominados afroamericanos en ninguna categoría y ahora hay muchas, muchos. También por primera vez se propone como mejor película a dos cintas dirigidas por mujeres: Nomadland, de Chloé Zhao, y Hermosa venganza (Promising Young Woman), de Emerald Fennell, y hay muchas mujeres directoras en otras varias categorías. En eso, en alejarse del racismo y la misoginia, qué bueno, la industria estadounidense está haciendo bien las cosas. Ojalá lo mismo ocurra en la vida real y en todo el mundo.




Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración: Alejandro Nudding
Ilustración: Alejandro Nudding

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 65. Aguas con el agua. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 65

Por María Gabriela López Suárez

Aguas con el agua

 

Sofía despertó ese domingo contenta, con mucha energía; observó que la luz del sol estaba radiante. Era una clara señal que habría mucho calor y en efecto, así fue. Leves ráfagas de aire se dejaban sentir, eso era un gran regalo.

Tenía la intención de regar los árboles. Invitaría a Carlos y Elías, sus hermanos. Antes fue a revisar qué cantidad de agua quedaba en el tanque que tenían en casa. Al darse cuenta que tenía menos de la mitad, se quedó preocupada. Últimamente habían tenido muchos problemas con el suministro de agua. No les llegaba con frecuencia el servicio y la compra de pipas resultaba muy caro.

Aunque su familia había comenzando a administrar de mejor manera el agua, Sofía pensó que era necesario que pudieran reutilizar el agua del lavado de trastes o de ropa, se veía venir una temporada de estiaje que no sería nada fácil.

Fue al patio y observó que las hojas de los árboles de limón estaban tristes, se veían casi cerradas, opacas. La hojarasca que cubría sus raíces era la que permitía guardar un poco la humedad cuando eran regadas. Era indudable los árboles necesitaban agua. Comenzó a pensar qué haría para poder regarlos. Ojalá el servicio de agua llegara por la tarde.

El canto de los pájaros la distrajo un poco de su preocupación. Aún con el intenso calor el canto alegraba el paisaje sonoro, sumado al de una chicharra que se escuchaba de vez en vez. Sofía recordó que sus papás solían comentar que algunas aves cantan pidiendo agua, sobre todo cuando el clima es demasiado caluroso. Se quedó pensando en eso, al tiempo que escuchaba los diferentes cantos y veía moverse levemente las hojas de los árboles de mango.

Comenzó a remover la hojarasca de los árboles para cubrir las raíces. Su mente seguía pensando en la importancia de cuidar el agua, vino a su memoria un promocional que había escuchado hace muchos años en la radio, ciérrale, ciérrale, ciérrale porque se acaba. Se refería a cerrar la llave y cuidar el agua. El cuidado del agua era una tarea titánica que implicaba a toda la sociedad y por supuesto a los gobiernos, no podía olvidarse el derecho humano al agua. En eso estaba cuando escuchó gritar a Elías:

—¡Ya llegó el agua!
Los ojos de Sofía se iluminaron.

—Elías, por favor, pon a llenar el tanque, regaremos los árboles. Solo que aguas con el agua, no vaya a rebalsar. Recuerda que debemos almacenar y no desperdiciar.


Pintura de Rafael Corzo, cortesía de Tania Corzo

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 65. Matamos lo que amamos: vida y muerte de Valentón Grajales. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 65

Matamos lo que amamos: vida y muerte de Valentón Grajales*


Héctor Cortés Mandujano

Lo peor que le puede pasar a uno es que un sueño se vuelva realidad

Marcelino Champo, en Vida y destino en un corrido. Grandes éxitos de Valentón Grajales

  
Vida y destino en un corrido. Grandes éxitos de Valentón Grajales (Tifón, 2020), de Marcelino Champo, es un pensado rompecabezas sobre la vida de un cantante popular de ficción, que tiene muchas raíces metidas en la realidad social de nuestro país.
	Su nombre, de hecho, podríamos pensar que es una mezcla de Valentín Elizalde (un mal cantante que se volvió muy famoso a partir de su ejecución) y Julión Álvarez, que canta norteñas, y ha sido llevado y traído con acusaciones e informaciones de todo tipo. Valentón también es de Chiapas y le contó a una de sus amantes (capítulo X) de un pueblo donde una iglesia sumergida en el agua aparece de tanto en tanto, como en La Concordia, de donde, sí, es originario Julión.
	En el celebérrimo cuento “En el bosque”, de Ryunosuke Akutagawa, se cuenta una historia cruenta desde distintas voces, pero los hechos –ese es el propósito– no encajan, no coinciden; lo contrario ocurre en Vida y destino de un corrido, pues Champo ha decidido que, aunque haya muchos narradores, cada pieza agregue un elemento más que complete el cuadro general. Los breves capítulos, cada uno distinto en voz y sentido, embonan en el total de la novela con la perfección con que encajan lo cóncavo y lo convexo. Una de las gracias de un texto polifónico como éste es que pareciera obras de varios (aparece un periodista que escribe una nota, un entrevistador de televisión, el testimonio del fotógrafo que tomó la primera foto del cadáver), de varias (la señorita que entrevista al cuidador de la casa, la mamá que escribe una carta) y, así, el novelista oculto detrás, en este caso Marcelino, deviene organizador del material y, además, demiurgo.
	La brevedad de los capítulos –22, mezclados con cinco descripciones de video– permite que la información sobre la vida, la carrera y el asesinato de Valentón vaya fluyendo sin prisa, pero sin pausa. La riqueza del texto hace que, además de hablar de Valentón, los muchos otros (el hermano, el productor, el asesino), las varias otras (la teibolera, la cantante, la mamá) nos cuenten también rasgos de su vida. 
	La novela trascurre, en su mayor parte, en la Ciudad de México y en su variopinta construcción hay notas, canciones, reportajes, monólogos, fotografías descritas, diálogos, conferencias, entrevistas, metaficción (se habla de la película basada en esta novela), descripciones de video que son parte de una historia de secuestro, asesinato, narcotráfico y el oscuro revés de la actividad artística en nuestro país, donde es más fácil volverse millonario cantando lo que sea, sin cursar ninguna materia escolar, que volviéndose científico con múltiples posgrados.
	En dos discursos, capítulos VII y XVIII, se habla mal de los músicos clásicos que odian la música popular y de los actores de teatro que desprecian el cine de mayorías, tal vez cortes de caja del autor. Me llamó la atención en especial el capítulo I por las alusiones a Rulfo, a su Pedro Páramo: un muerto, Valentón, habla con su mamá muerta y justo como termina aquella novela magistral (Pedro volviéndose piedra) este capítulo inaugural cierra con estas palabras: “Mamá, qué triste es saber que la vida es un camino empinado, donde al menor descuido puedes caerte y quedarte ahí, frente a la nada, en medio de un montón de piedras”.
        La tortura y muerte de Valentón –Eloy Chanona Grajales, su nombre real– tiene como origen un trío sexual, que se sale de cauce. Aparece muerto, tirado, echado a la calle como basura. Venía de la nada y a ella volvió. Era hijo de padre ausente y madre prostituta, de una infancia de privaciones, que es caldo de cultivo para los artistas, como puede comprobarse con muchísimas biografías de gente conspicua.
	Conozco a Marcelino Champo desde que él era adolescente y comenzaba a aparecer como actor en obras de teatro; luego he leído y comentado sus primeras tentativas literarias que poco a poco se fueron volviendo papalotes a los que soltaba cada vez con mayor confianza el hilo.  Vida y destino en un corrido. Grandes éxitos de Valentón Grajales es ya una cometa en el centro del cielo. Y eso me da muchísimo gusto. Qué bueno que en Chiapas haya cada vez más y mejores novelistas. Felicidades, querido Marcelino.

*Texto leído en la presentación del libro. Telar Teatro. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. 16 de abril de 2021.


Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración: Juventino Sánchez
Ilustración: Juventino Sánchez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Líneas de desnudo. 46. I ciclo primavera-otoño de Kolaval 2021: Intervención de Antonio Florido en la presentación de La lluvia en las hojas del platanar. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 46

I ciclo primavera-otoño de Kolaval 2021: Intervención de Antonio Florido en la presentación de La lluvia en las hojas del platanar
Por Manuel Pérez-Petit

De nuevo, con todos los permisos que corresponden, me permito hoy reproducir el texto de Antonio Florido en el evento de presentación de la novela La lluvia en las hojas del platanar, del autor chiapaneco radicado en Jalisco, México, Roger Octavio Gómez Espinosa, número dos de la colección Biblioteca Hispanoamericana Kolaval (BHK), que tuvo lugar el pasado sábado día 10 de abril en el marco del I ciclo primavera-otoño de Kolaval 2021.

La lluvia en las hojas del platanar

            Como dice Karen Armstrong, “La novela, como el mito, nos enseña a ver el mundo de un modo diferente; nos muestra cómo mirar en el interior de nuestro corazón y cómo ver el mundo desde una perspectiva que va más allá de nuestro propio interés”.
            La novela que presento, La lluvia en las hojas del platanar, comienza así, “La costumbre esa de buscar explicaciones te hacía suponer que soñabas…”.  
            Sólo una frase. Una frase que engancha sobremanera a cualquier lector que busca lo diferente, porque nos alerta de lo sutil y complejo de la actividad artística y, en general, de toda actividad creadora. Busca y sueño, el constante desasosiego del hombre reflexivo que toma por bandera de vida la duda, la constante duda.  
            Condenado a buscar el regreso, el ansia constante por la perdura, por conseguir la eternidad en un instante, como afirma Roger Octavio.
            Estamos ante una historia de amor, en un contexto duplicado, entre el cielo y la tierra, mirando a los santos y demonios, al sufrir de los hombres clavados en la tierra. 
            Heráclito Ñuca o Heráclito González. Juego del nombre de todos los nombres. Sulivana será la encargada de contarnos esta historia, por mandado del viejo, que terminó de hablar y así se lo encomendó. 
            Nuestro autor es conceptual, más místico que racionalista, y con su palabra llega a conclusiones que la lógica no puede alcanzar.   
            La terquedad de un hombre-tierra, Heráclito, que se impone la obligación de cultivar unas tierras yermas. Nos habla de su trabajo, siempre con el arado por delante, cueste lo que cueste. Nos sumerge, así, en el eterno mito de Sísifo, trabajando como el primero para conseguir los favores de don Anastasio. Busca el consentimiento de este hacendado para casarse con Alejandra, su hija, pero la vida es difícil y difícil se le van presentando las circunstancias, el rechazo, la diferencia de estatus sociales. 
            El autor nos coloca por delante el mundo mágico y mítico de santos y demonios, que hacen lo que hacen, a su manera. Relación de dos mundos para dar un sentido ontológico a una novela que va más allá de los usos actuales.
            El lector se podría preguntar: ¿Estoy leyendo a Rulfo? ¿A Onetti? ¿A Quiroga? ¿A Juan José Arreola? ¿A Márquez? Y no lo podría asimilar porque nuestro autor bebe de todos y de nadie, es singular en su manera expresiva. Salvaje con las palabras y tiempos, a los que domina de una forma realmente sorpresiva.
            Ponerle veladoras a los santos ayuda, al menos eso cree el imaginario colectivo donde se desarrolla esta historia atemporal. 
            Cobra una especial importancia el sueño, lo más inviolable que tiene lugar en el interior del ser humano. En los sueños los santos y demonios viven. Nos desvían el destino y las decisiones a su antojo, una lucha sin cartel entre unos y otros; sin embargo, sobre la tierra está erguido el personaje de la narración, muriendo y volviendo a la vida de una forma recurrente, el eterno retorno de Nietzsche.
            Ya el título de la novela, La lluvia en las hojas del platanar, es hermoso hasta el crujido, pero uno avanza por ella y la belleza de las palabras le sorprende a cada instante; los sonidos y la liturgia que anida en sus párrafos; la continuidad de la prosa con algunos revoques de flashbacks. Juega con los tiempos de manera magistral, pero uno no se pierde porque ya entró, ya es parte, como lector, de Santa Lucía, de doña Candelaria, de Alejandra. 
            Muerte y renacimiento construidos con los ladrillos de la magia de Roger Octavio, un maestro que comienza a brillar como se merece.
            El autor nos vuelve a sorprender con el uso de las tres voces. A veces narra en primera persona, otras en segunda o tercera, adaptando la voz apropiada a la necesidad de lo contado. Difícil trabajo de creación que le da más valor, aún, al texto.
            “No soportas la soledad…”, nos dice, en una agonía constante, en un susurro develado. Alejandra murió y se ahogó Heráclito, pero ¡qué importan estos hechos cuando sabemos, cuando sentimos en el pozo de nuestras inquietudes, que el hombre es todos los hombres del mundo, y que tras Heráclito vendrá otro nombre, otro hombre distinto, o quizás el mismo. 
            Nos habla del Heráclito niño, de su abuelo, encadenando las generaciones y formando un destino que sólo la mitología y las creencias podrían cambiar. 
            Inundaciones, sequías, desvelos y angustias…sueños, soñar que se vive o vivir soñando, el Uno en el Todo, como un huso acromático que busca el infinito.
            También encontramos en esta novela reminiscencias de La nostalgia de Dios, de Pieter van der Meer.
            “Se acomodó el sombrero y pudieron ver su rostro. Yo soy Heráclito González. Ya estoy de vuelta”, 
            Sulivana de Ñuca nos afirma más todavía en el deseo de conocer a ese tal Heráclito, y a su vida toda, a su esposa e hijos, a su suegro con los desaires y con el orgullo por el hombre al que nunca quiso conocer. Sulivana espera mientras Heráclito mata a Nacho Tacuache, la huida, el lloro por la desdicha de su destierro… 
            La narrativa de Roger Octavio abunda en misterios y magia, cuando un hombre que se ahoga vuelve a la orilla y más que se ahoga y todavía más que regresa. Sus hijos mayores oyeron hablar de su padre, el tal Heráclito, y le ven en pena y el padre llora por la suerte de sus propios, por la palidez de su Alejandra, a la que solamente puede ver en sueños.
            “Hace siete años que moriste. Estás muerto y Alejandra te ha olvidado”, confiesa el narrador de la historia. “Alejandra-Penélope sigue tejiendo la red hablando consigo misma”. Aunque las fuerzas de la naturaleza se desaten en bruscas tempestades, la esperanza siempre perdura en la esencia de esta maravillosa novela.
            “Vivir casi siempre vale la pena. Morir también…”. 
            Termina la historia con el mensaje bellísimo del amor inmenso entre Heráclito y Alejandra, con la grandeza del enorme grano de maíz, representando esas noches en que tus abuelos te cuentan historias y tú te las crees y luego tú mismo se las cuentas a tus hijos y así de manera indefinida pero eterna.
Roger Octavio nos ha escrito una historia maestra no sólo para leerla una vez y otra sino para gozarla como yo he tenido la fortuna de hacer.

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Antonio Florido Lozano es un escritor español.
 
   
 Flyer del evento de presentación de La lluvia en las hojas del platanar.
Fotografía:  Flyer del evento de presentación de la novela La lluvia en las hojas del platanar, de Roger Octavio Gómez Espinosa, en el marco del I ciclo primavera-otoño de Kolaval 2021

https://youtu.be/pw8eutcBaEg

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 45. I ciclo primavera-otoño de Kolaval 2021: Intervención de Alejandro Ramírez-Arballo en la presentación de Las canciones de Eve. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 45

I ciclo primavera-otoño de Kolaval 2021: Intervención de Alejandro Ramírez-Arballo en la presentación de Las canciones de Eve
Por Manuel Pérez-Petit

Con todos los permisos que corresponden, me permito hoy reproducir el texto de Alejandro Ramírez-Arballo en el evento de presentación del libro de poemas Las canciones de Eve, del autor de Sonora, México, Ramón I. Martínez, que tuvo lugar el pasado jueves día 8 de abril en el marco del I ciclo primavera-otoño de Kolaval 2021.

Poesía, geografía y territorio

            Buenos días o buenas tardes, según sea su uso horario, según sea el día y la hora en los que escuchen mi voz. Quiero empezar esta breve reflexión agradeciendo a Ramón por haberme invitado a presentar su libro y a Manuel Pérez Petit por publicar “Las canciones de Eve”, un libro que le he pedido a Ramón escribir por los últimos veinte años más o menos, y esto que digo no es una exageración. Él, aquí presente, no me dejará mentir. Siempre he creído que la poesía que escribe Ramón Martínez merece una mayor producción y continuidad; aprovecho, pues, este momento para volver a recordárselo. Mi deseo es que después de este libro vengan otros más. Espero también que Editorial Kolaval no lo deje ir y lo presione para que siga escribiendo y compartiendo sus versos con todos nosotros. 
            Yo a Ramón lo conozco desde 1996 aproximadamente y desde entonces y a pesar de la distancia hemos mantenido un contacto directo gracias a la bendita tecnología; por aquellos años él y yo y algún amigo nuestro más nos encontrábamos ebrios por el descubrimiento de la poesía; creo que lo vivíamos todo con cierta inocencia, con esa sencillez con la que los niños juegan imaginando mundos que no existirán jamás por fuera del universo de su imaginación. Desde entonces, pues, he admirado su obra brevísima, sobre todo porque me gusta pensar que guarda en algún sitio muchos poemas que aún no ha publicado y que tarde o temprano verán la luz para regocijo de todos. 
            Ramón es un poeta que ejerce la poesía y lo hace con pleno dominio de sus poderes. Es además un poeta bien interesante y les voy a explicar por qué. Se trata de uno de esos pocos seres, si me apuran diría elegidos por los dioses de la lírica, que escribe desde un convencimiento profundo y no desde un mero formalismo; Ramón no sirve a otro amo que no sea el propio verso sobre la página. Pero hay más, todavía hay más: estamos en presencia de un poeta que abraza la poesía como ejercicio de autoconocimiento crítico no exento de belleza. En mis tiempos de juventud recuerdo a muchos poetas, entre los que probablemente me encontraba yo mismo, que repetíamos “mantras” que a esas alturas (estoy hablando a principios y mediados de los años noventa) ya estaban muy superados: la poesía del lenguaje. Todos los poemas que escribíamos por entonces se ajustaban a este modelo metapoético muy propio del siglo XX y que en el contexto finisecular, como digo, ya era una antigualla, pero como éramos jóvenes, provincianos y muy ignorantes, al menos yo, pues insistíamos en ello porque nos parecía que era el camino a seguir. Ahora recuerdo estas cosas con cierto enternecimiento.
            Los años que representan siempre experiencia, hacen que nuestra lectura del mundo cambie, casi siempre de un modo inconsciente. De tal manera que los poetas se transforman con el paso de los años, se transfiguran, se vuelven siempre otros. Nada me parece tan sospechoso como esos poetas que pasan toda una vida escribiendo una y otra vez el mismo poema. Y es que sucede que la poesía es sobre todo testimonio, el más profundo testimonio de la realidad interior de los hombres. Sin que nos demos cuenta, al escribir un poema estamos convocando fuerzas que han permanecido durante mucho tiempo largamente ignoradas y que de pronto se manifiestan, se formalizan y saltan desde la página.
            Ustedes se estarán preguntando hacia dónde voy con todo esto. ¿Se habrá confundido Alejandro y pensará que está en una de sus clases? Pues no, no es eso. Esta referencia es necesaria para entender algo que sucede con Ramón y con su más reciente libro. Me refiero a que su poesía ha transitado desde la página a la vida. Ha seguido el camino que debe seguir toda obra que, como suele suceder con las obras que valen la pena, se nutra de los poderes del mundo, de la realidad humana que nos rodea. 
            Las canciones de Eve es un libro de amor, es una declaración de amor y es también y ante todo un libro donde florece la poesía. Decir lo que se ama es honrarlo, pero decirlo desde el furor poético es redimirlo del desgaste natural de los días, volverlo único, irrepetible, imperecedero. 
            Que nadie se deje engañar por el título de este libro. Lo poemas cantan a la amada, es verdad, pero también cantan siempre a algo más; es natural que así sea. Los poetas entienden quizá como nadie más que el amante desea que su amor lo toque todo, lo despierte todo, lo transfigure todo. No es casualidad que sea así, el amor nos muestra la unión profunda que subyace a todas las cosas. Amar es escuchar el diálogo callado que sostiene la materia con sus formas. El poeta, pues, escucha y transcribe. No resisto decir una obviedad: la poesía es el lenguaje del amor.   
            La pregunta que tenemos que hacernos ahora mismo y siguiendo la lógica de mi exposición es la siguiente: ¿qué otras cosas ama y canta el poeta en este libro? Bueno, la respuesta ya se ha señalado en el prólogo que he escrito para este libro. El territorio. La voz poética que atraviesa todos estos poemas es siempre evocadora, se demora en la descripción plástica del paisaje: “Al filo de la tarde, frente al mar contemplo su desierto ondulado donde el oleaje de las gaviotas rompe dulcemente”. Este motivo se repite una y otra vez. La geografía bruta se convierte, por efecto de la palabra poética, en territorio, es decir, pertenencia vital, querencia pura dadora de sentido. El cuerpo de la amada es territorio y la geografía del desierto sonorense, citado literalmente “mar de Guaymas”, se yergue sobre sí mismo, con sensualidad, y danza y canta y habla, y responde al llamado de quien lo nombra desde la nostalgia. 
            Hay un concepto propio de la geografía cultural que recuerdo ahora mismo: el biosímbolo. Es decir, se trata de aquellos lugares que adquieren un valor simbólico para un grupo humano, como los santuarios o sitios históricos, por ejemplo; pues bien, la poesía de Ramón está llena de estos biosímbolos que deben ser leídos en clave y que nos proporcionan una gran cantidad de información sobre la propia biografía del poeta. Esto parece confirmar una vieja idea que repito desde hace muchos años: el único género auténticamente biográfico es la poesía. Las canciones de Eve parece demostrarlo.
            A pesar de todo lo dicho, a pesar de haber hablado aquí de la evidente transformación de la poesía de Ramón, es menester señalar que hay elementos estilísticos y temáticos que permanecen, que vuelven reconocible el rostro de su autor. Me detengo en dos características esenciales, una de carácter estilístico y la otra de tema y tono. La primera de ellas es que la poesía de Ramón propende a la brevedad precisa de quien utiliza el adjetivo como un pincel que se utiliza no para el trazo grueso sino para el retoque; el mundo de las cosas, es decir, el mundo de la materia se vuelve visible y auténtico en los detalles mínimos, en las sutilezas del observador ensimismado, si me permiten el término, un tanto fenomenológicamente. La anatomía femenina y la geografía pactan bajo la mirada de una voz poética que observa la realidad con el arrobo natural del que se deleita en la contemplación. Este carácter de embelesamiento me lleva al segundo punto: Ramón es un poeta místico en el sentido más amplio del término, en el sentido más noble, me atrevo a decir. La mística aquí es la sensualidad de un pacto vital con la vida; el místico busca siempre puntos de encuentro, de analogía, para decirlo en términos tomistas, que nos revelen la red de relaciones de sentido subyacente a lo que se nos muestra a los sentidos como algo dispar. El místico recupera esa vinculación última que comprueba que la vida no es caos sino terso flujo de acontecimientos. Comprende la verdad, la vive y la encarna; frente a ella no puede sino balbucear algo, ese no saber que es luz definitiva, como dijera San Juan de la Cruz.
            Me es fácil no pensar en este poemario como en una liturgia que acompasa ese tiempo sin tiempo de la conciencia poética. Eve y Ramón, como la pareja primordial, inauguran un tiempo sucesivo y un mundo mortal en el que todos somos peregrinos. No es casualidad que Ramón recupere elementos propios de la tradición veterotestamentaria: el exilio, la ceniza, el desierto y el árbol.
            Podemos decir, pues, según me lo parece, que Ramón ha sido sobre todo un poeta prudente. Ha sido capaz de escribir lo necesario, esperar, vivir, comprender hondamente su oficio. Su poesía es ahora mismo una poesía decantada que, como los ríos, vuelve siempre a su origen: la vida. Estos poemas han de leerse con gozo, con la dicha dolorosa de sabernos vivos para la muerte, es verdad, pero vivos, radicalmente vivos para que el amor opere en nosotros todos sus misterios. Poesía de profunda reconciliación, poesía que es al mismo tiempo un canto y una plegaria, una búsqueda apasionada de la comunión.

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Alejandro Ramírez-Arballo es profesor de cultura y literatura latinoamericanas en la Pennsylvania State University, poeta y escritor mexicano.
 
   
 Flyer del evento de presentación de Las canciones de Eve.
Fotografía:  Flyer del evento de presentación del libro de poemas Las canciones de Eve, de Ramón I. Martínez, en el marco del I ciclo primavera-otoño de Kolaval 2021

https://youtu.be/3xStYwAHZYU

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

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Voces ensortijadas. 64. En un abrir y cerrar los ojos. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 64

En un abrir y cerrar los ojos

Por María Gabriela López Suárez

 
El calor era intenso, según la aplicación del celular de Abril, marcaba los 38 grados. Seguramente eso era a la sombra, pensó.  El clima tan cálido le provocaba somnolencia, también le hacía evocar algunos paisajes que describía en su literatura Gabriel García Márquez. Esa tarde, decidió dejar a un lado celular y redes sociales y tomar una siesta. 
          Fue a su habitación, prendió el ventilador, se tiró sobre un tapete y se quedó mirando fijamente hacia arriba. Observó el movimiento de las aspas del ventilador azul que se combinaba con lo blanco del techo.  Solo esos dos elementos ante su vista. El espacio se fue refrescando.  
          Abril cerró los ojos.  Intentó poner la mente en blanco para poder relajarse y dormitar tranquilamente. Era un tarea titánica, cientos de pensamientos vinieron, cada uno en su respectivo momento. Seguía haciendo el esfuerzo, trató de concentrarse en dos sonidos el latido de su corazón y el ruido del ventilador que no cesaba de hacer su trabajo.
          La última frase que resonó en su mente e intentó relacionar con lo vivido, antes de dormirse, fue una de El principito, "Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos." 
          Abril entró en la dimensión de sus sueños, fueron varios, hizo una larga caminata. En uno de ellos observó a Tobías uno de sus amigos. Todo el tiempo lo vio a lo lejos, sin cruzar palabra alguna. Tobías se veía contento, conversador como solía ser. Mientras tanto Abril  pasó de una historia a otra. De pronto se descubrió en uno de los lugares que no conocía y se encontró a Alicia, una de sus compañeras en la universidad. La ciudad recorrida tenía calles angostas y largas, con edificios antiguos, altos, pintados en tonos entre marrón y ocre. Las dos iban animadamente, sin conversar pero contentas. Llegaron un punto donde  Abril se despidió de Alicia, le dio un abrazo y tomó otra ruta. 
         En cada sueño tuvo encuentros con personas que no conocía. De pronto hizo un receso, la historia cambió, tal como sucede en los sueños. Abril se detuvo en plena acera, se colocó en el suelo para observar una casa antigua que se movía lentamente, la fachada de ésta era como de caricatura con un diseño sumamente atractivo y colorido. Ahí permaneció largo tiempo mientras disfrutaba la vista y se mimetizaba con el paisaje. 
           Un ligero movimiento en su andar, justo cuando iba a cruzar de una acera a otra la hizo despertarse. Abrió los ojos y observó, ahí estaba el ventilador, escuchó su respiración. Cerró nuevamente los ojos, respiró profundamente. Había logrado su propósito, tomar una siesta. La imagen de ella en el piso en plena calle, observando la fachada en movimiento estaba presente todavía. Había sido un sueño muy loco, pero lo había disfrutado plenamente. Se quedó pensando en todos los espacios que había recorrido en un abrir y cerrar de ojos, mientras volvía a su mente la frase de El principito.



 
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 64. Rodolfo Disner, el fuego creador. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 64

Rodolfo Disner, el fuego creador*


Héctor Cortés Mandujano
Este es uno de los textos que escribí sobre mi querido maestro Rodolfo Disner.
Lo publico de nuevo en memoria de su bonhomía, su arte, su vida, con una bendición
para él y un abrazo a sus hijas, en especial a mi entrañable amiga Damaris
1

Aparece una mujer en la pantalla del cerebro, que tal vez venga del recuerdo o de la realidad cotidiana. Sale del corazón en el río caliente, camina por la sangre y baja hasta la mano donde se vuelve trazos, forma. ¿Era así? Claro. ¿Es ella? Sí.
Como en el milagro primigenio, nace en el barro (de una costilla de ella, ya se sabe, nacimos los hombres) y luego la misma mano que la creo, la pinta de colores, le agrega esmaltes cerámicos, óxidos metálicos, cobalto, manganeso, hierros amarillos, barbotina… y la mete al horno de donde sale el pan del arte.
Rodolfo Disner ha creado a la mujer.

2

Está en el cruce de todos los caminos, en las sibilinas voces que le hablan antes de cerrar los ojos y dormir, en las palomas blancas que abren las alas, en la fe de quienes que puede verlo caminar por las aguas…
Si se le abre la puerta, puede visitarnos a menudo; por eso, sin duda, está bastante cercano a Rodolfo Disner: lo ha visto con corona de espinas y sufre Rodolfo, a veces parece que ha bajado el rostro derrotado y llora Disner; pero en ocasiones tiene los brazos abiertos para que no olvidemos dar el corazón a los demás, abrazarnos, volar… Y está feliz Rodolfo Disner.

3

A mí, que encima de todos los políticos que en el mundo han sido pongo a Shakespeare; que me parece más importante la existencia y la escritura de Borges que todos los militares de todos los países, de todos los tiempos; que prefiero un poema de Emily Dickinson a todos los mítines desde donde un señor o una señora quieren vendernos cuentas de vidrio, ¿cómo no voy a aplaudir que de las manos de Rodolfo Disner nazcan de nuevo al mundo innúmeros Quijotes y Sirenas, cómo no va a alegrarme que los sueños de la imaginación pongan belleza –¡naden, vuelen, seres feéricos!– en la severa jeta de ese mundo infame de ambición y poder?

4

Hay la llamita temblorosa de una vela en un huracán, hay el fuego controlado que no quiere dar libertad a la naturaleza voraz de la ignición, hay el incendio que no puede ni quiere apagarse, hay la hoguera alrededor de la cual bailan las criaturas de la noche y hay el bendito corazón en llamas en la obra de Rodolfo Disner. Estos son los frutos del fuego creador, ascuas que no queman, lumbre –inquieta inmovilidad– del arte de este hombre nacido él mismo en la fragua de la costa chiapaneca. Descanse en paz, maestro.


Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Rodolfo Disner
* Este texto acompañó la expo-venta “Rodolfo Disner. Trayectoria”, compuesta de 23 cuadros, elaborados entre 2009 y 2012, que durante mayo y junio de 2017 estuvo abierta al público en el Museo de la Ciudad de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com