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Universo breve. 2. Recordatorio oportuno. Damaris Disner

Destacado

Recordatorio oportuno 

La gata café se acurrucó sobre la mesa. En esa posición era tan parecida al gato blanco. Recordó que desde que él murió no se sentaba a escribir en la terraza. Una notificación de Facebook le hacía saber que esa noche se colocaban las veladoras para las mascotas muertas. El golpe seco en el techo fue idéntico al que se oía en sus salidas nocturnas. No tuvo duda, fue su reclamo por pensar que regresaría en una gata; lo machista nunca se le iba a quitar. 

Voces ensortijadas 122. Respira, respira. María Gabriela López Suárez

Respira, respira

Por María Gabriela López Suárez

El canto de un ave despertó a Cristina, había conciliado el sueño pasada la media noche y su propósito ese sábado era despertar tarde. No pudo hacerlo.  En cuanto escuchó el canto abrió los ojos, como si fuera una especie de alarma matutina, con la diferencia que no se levantó de golpe, como solía hacerlo entre semana para apagar la alarma del reloj. Recordó que era sábado y no tenía ningún compromiso.

Permaneció unos minutos en cama, tratando de cerciorarse que en realidad era el canto de un ave lo que escuchaba, cuando lo confirmó se levantó de la cama para abrir la ventana de su cuarto. Se sentía afortunada de que el edificio donde vivía con su familia tenía algunos árboles alrededor, eran los únicos que había en el condominio y justo frente a su ventana estaba uno de esos árboles. 
Descubrió posando en una de sus ramas al pájaro que estaba concentrado en su cantar, era de tamaño pequeño, con el pecho rojo y las plumas negras, una bella combinación. Se quedó unos instantes contemplando el paisaje y escuchando el canto.

Regresó a su cama,  reviso qué hora era, las 6:30 de la mañana —aún es de madrugada para ser fin de semana —pensó. Estaba indecisa si seguía durmiendo o ya se levantaba, sintió la ráfaga de aire fresco que se colaba por la ventaba abierta. 

Tenía la mente llena de ruido, había estado en situaciones de estrés por cuestiones familiares y laborales y justo por eso quería dormir mucho, para ver si lograba descansar y levantarse con más ánimo. El canto del ave seguía deleitándola, en ese momento le dieron ganas de ser ese pájaro que lejos de enojarla por haberla desmañanado le brindaba el regalo de su melodía.

Decidió que ya no dormiría, se asomó nuevamente a la ventana, no tardaba en darle los buenos días el sol. Se quedaría despierta e intentaría hacer un ejercicio de meditación ayudándose de algún video guía. Una de sus compañeras del trabajo le había comentado que la meditación era una herramienta útil para disminuir el estrés, la respiración era el ingrediente esencial.  —Ante una situación de ansiedad, respira, respira —solía decirle Paola. También se le vino a la mente una frase que le compartió en alguna ocasión una de sus amigas, Mente quieta, espalda recta y corazón tranquilo. Eso era lo que necesitaba en ese momento. 

Buscó uno de los videos que le habían recomendado para meditar, colocó una manta en el piso, se acomodó sobre ella en una postura cómoda. Escuchó la voz que guiaba la meditación, inhale lento y profundo, exhale… comenzó a sentir cómo su cuerpo se relajaba y a escuchar su propia respiración.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Trabajo en alturas. 12. La esfera-universo de Atxaga. Roger Octavio Gómez

Los hijos del fraile y el filandón (3)
La esfera-universo de Atxaga

Por Roger Octavio Gómez Espinosa

Decíamos en el artículo anterior que el cuento puede dejar en la mente una  una imagen que puede visualizarse y que rememora la totalidad del cuento, pero también lo que lo trasciende y que dicha impresión era similar a la que deja la fotografía al capturar un "momento justo". Pero hay más analogías que pueden ayudar al lector interesado en los cuentos a recrear acercamientos intuitivos a la lectura. Veamos el de la esfera-universo:


La esfera-universo en Atxaga
Cuando se habla de la esfericidad de un cuento imagino una de esas esferas con agua que venden actualmente en las tiendas de baratijas traídas de China pero que al parecer tuvieron una gran tradición en los países occidentales. Dentro hay figuritas de plástico que recuerdan algún motivo o escena, generalmente navideña, que vive una tormenta blanca cada que se les agita. Los elementos están ahí, estáticos, y lo que se agrega es la imaginación del espectador y el movimiento que revive una tormenta invernal. Las hay ya con muchas variantes, algunas tienen música, otras luces, pero son entes cerrados, si se les quiere agregar algo habría que abrirlas y eso las pone en el alto riesgo de ser destruidas sin remedio.
          Bernardo Atxaga en su cuento “Saldría a pasear todas las noches” reúne lo que a mí me parece una esfera de cristal del tipo de las que intenté describir arriba, pero percibidas desde el punto de vista de dos protagonistas: Katharina y Marie. Dos agitaciones a la esfera. Hay dos historias separadas, que suceden en un mismo universo narrativo donde se unen por una serie de vasos comunicantes, algunos nítidos otros velados: dos mujeres, una niña y una adulta, cada quien en su propia trama tienen razones para no salir de casa por las noches; un tren que atraviesa la ciudad provoca evocaciones de distinta índole a las protagonistas; el recuerdo de un traslado de caballos hacia un puerto que los llevará a América donde, quizá, sean consumidos como carne; la pérdida de algo, una de un amor que no la busca más, otra de un viejo rocín que tampoco volverá. Son los vasos comunicantes que menciono los que hacen que esta historia cumpla con la unidad narrativa y con las otras condiciones que nos sugiere Cortázar, un asalto de box contado dos veces, una fotografía vista desde dos ángulos distintos.
         Mi maestro, Héctor Cortés Mandujano, defiende la idea de el "cuento-artefacto". Un artefacto no debe conterner elementos de más porque cualquier agregado estorba. Y esta idea se puede aplicar a casi cualquier elemento de la vida cotidiana. Si a un martillo se le agrega ornamentos o garigoleos estrafalarios, será un martillo adornado, mas el aderezo no necesariamente ayudará que el artefacto cumpla su función primaria: martillar; incluso puede estorbarlo. Como la esfericidad que veíamos en Axtaga: ninguna molécula de ese cuento está fuera de sus límites, lo único que la trasciende es la imaginación del lector que puede agitar una y otra vez la esfera que se excitará dando una impresión mimética de vida pero que no dejará salir ni una gota, ni una molécula, a menos que se rompa y se dañe irremediablemente. Un buen cuento lo es en su simplicidad y, así, soporta el paso del tiempo y a los críticos más extraviados.

Conclusiones
Si lo que interpreté de alguna lecturas, de mi somera experiencia y de mis recuerdos sobre mis “filandones” de velorio es medianamente acertado, concluyo que para que se pueda brindar la intensidad, tensión y significados necesarios a la narración oral, que en más de una ocasión llega a concretarse en grandes cuentos orales, se requiere de una habilidad especial por parte de su narrador quien se manifiesta por una pulsión vocacional, pero también por la práctica que le da el seguir tales impulsos. De igual manera para que el cuento literario escrito logre el estilo necesario y suficiente requiere del talento de su autor, pero también de habilidades que se obtienen con la práctica y la lectura de los otros. 
          Quizá no haya leyes para la construcción de un cuento, pero sí hay felices coincidencias o esquemas que se repiten en las obras consagradas, cada cual con sus variantes. Esto hace posible enseñar, como lo hacen muchos conocedores del oficio, como Julio Cortázar, y aprender de tales enseñanzas, como intentamos hacerlo nosotros los lectores que queremos indagar en la escritura creativa para acercarnos, un poco cada vez, a los grandes exponentes de los géneros narrativos breves. 
          Una manida frase atribuida al budismo zen dice que cuando el alumno está listo aparece el maestro. Mientras éste llega, hay tanto por leer, tanto por indagar, tanto por des-aprender. 
          No sé si esté a la altura de los excelentes maestros con los que me encontrado durante mi vida. Seguro sí estoy de que siempre agradezco enormemente que me hayan compartido mapas de los senderos que, para sus alumnos, listos o no, han trazado. 

Bibliografía
Anderson Imbert, Enrique. “Cuentos realistas y no realistas” en Teoría y técnica del cuento, pp. 166-178, 4ª edición. Material proporcionado para fines didácticos, consultado el 24 de septiembre de 2020. Ed. Ariel letras.

Cortázar, Julio (1971). “Algunos aspectos del cuento” en Cuadernos hispanoamericanos, no. 255, marzo de 1971. José Antonio Maraval, director. Madrid: Revista mensual de Cultura Hispánica. 

Cortés Mandujano, Héctor (2009). Apuntes genéricos sobre el cuento. México: UNICACH.

Martín Sarmiento, José María, (director) (1984). El filandón. [Cinta cinematográfica]. España: Fundación Villalar.

Merino, José María (2015). Cuentos del reino secreto. Barcelona: Alfaguara.

Velasco Marcos, Emilia (2020). “Cuentos de Villa-Matas, Axtaga y Rivas, 20200930”, carpeta electrónica con cuentos recopilados con fines didácticos, consultado el 1 de octubre de 2020.

Velasco Marcos, Emilia (2020). “Sobre el cuento”, resumen de ideas de Julio Cortázar recabadas con fines didácticos, consultado el 1 de octubre de 2020.
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Cajón de rubores. 22. Niebla. Antonio Florido

Niebla

Por Antonio Florido

“En toda obra se unen un deseo, una idea, la acción y la materia”

Paul Valery
Se deriva un miedo personal del que pocos podrían dudar si se les diera el caso. Es un fuerte sobre la superficie que respira en los años atrasados de la historia. Aquello sucedió, y luego vino otro y sopló sobre la vela de su eco, porque los hechos se muestran, a veces, muy tozudos (alguien apuntó que demandantes); porque los acontecimientos divergentes nacen de la tragedia de querer artear con un pincel y ser dolido. Yo me lo figuro de un color como rojizo, hondo, triste, el que prieta mientras ves, en dos figuras arreciadas, en el centro definido, por un filo plateado que te inunda, arde. Es lo principal. Que qué representa, dice. Un reparto diminuto, perder poquita cosa, adueñar lo tuyo propio, amorear con el destino. Que qué dice, o representa, sigue. No más que una locura. La ilusión en plata, madero de la tierra argenta, el querer a toda costa extender el horizonte. No más que eso.
         (Por qué he de morir si la plana veladura de este abrazo seguirá viviendo).  
         -¿Podrías esculpir tus emociones?
         -Ni que lo pienses. Lo único que hago es buscar y no lo encuentro.
         -¿La concordia te refieres, un tacítisimo acuerdo?
         -Tus ojos. Tus ciegas intuiciones. Busco el alma tuya. El nido de tu nombre. Indago sin cesar, figurativa, alocadamente.
         -Pero ya no hay tiempo, ¡cucha! No hubo caso. Todos miran.
         -Sí. Quieren la opresión para estar allí, de pie, observando como búhos.
         -¿Crees que no servirá de nada? ¿Nuestro encuentro? ¿Nuestra muerte?
         -No. Englóbate. Muérete si es lo que deseas. Ellos decidirán, si acaso.
         (Mostrar un nivel de intensidad es necesario si lo que dedeas expresar es la narración dolorosa de lo que se relató en aquel cuadro)

           ¡Ahhhh!
         Por tanto, detén tu cavilar, observa, abre bien los brazos, hincha el pecho cuanto puedas, traga esa muerte que te adora, siente. Más allá sólo la cálida ternura de la sangre del rival. Emergió de la obscuridad, piensa en eso. Lo hizo con el lazo suave del silencio. Estuvo escondido lo que dura una vida de recelos. Incordió tras el árbol, sostuvo las quijadas, tomó su tiempo, aire. Después salió la luz sobre el agua en filo, lució el horizonte… Un hombre hierro, un ser de plata, gris, espejoso. Sonó como la lanza cuando se clava. Crujió el ansia, se hizo cuatro brazos en la zona inacabada de ese bosque. Uno hincó sus ojos, el otro reprendió lo que pudo. Los dos se fueron rejuntando en un amor incomprensible. 
         (No se sabe ¿? cómo terminó la riña. Tal vez ganara uno, tal vez el otro fuera). 
         Ahora ando, camino por las cuadras. Voy sabiendo en los demás la trágica tesitura acuñada por los años. Miro al niño que no habla, viejo sabio que se intuye, hombre adusto sobre la acera, mujer con la ira refrenada. En los ojos cristalinos nace el aura de un deseo. Yo camino, insisto, largo, voy sencillo, lento, sólo quiero eclectitud, medio giro en gesto. Hacer lo que se pueda, entrar y ver, sentir. 
          Un rojo intenso firma el trazo del olvido. Algunos piensan en el pasado, en lo que fue; otros, distraídos, quizás fabulen o traduzcan el sentido gesto del pintor. Por aquí el grito sordo del encuentro. Aparece la nostalgia, el color rosado que se riza. 
          Han salido. Nace la memoria, la quejura india que se nubla. Más allá, entre nieblas vespertinas, surge el alma, quema, duele.
	Deseo, Idea, Acción, Materia1.

El abrazo (1980). Jorge González Camarena (Jalisco, 1908-Ciudad de México, 1980)
Reflexión del nacimiento de la cultura mexicana, la búsqueda de reconciliación y el respeto a la riqueza indígena.
         Un guerrero águila entierra su lanza en un soldado español y éste, al mismo tiempo, clava su espada en el cuerpo del indígena.
        Una crítica a las divergentes propuestas ante las revisiones historicistas de tener un grupo llamado los hispanistas que menosprecian los logros alcanzados por las civilizaciones mesoamericanas y que establecen que la occidentalización de América representó no sólo modernidad sino la civilidad. Esas son formas que no están valorando la riqueza y la grandilocuencia de nuestras culturas ancestrales.

*Sobre el autor:

Antonio Florido Lozano

Narrador, ensayista y poeta

Carmona, España, 1965.

Desde 2011 ha publicado ocho novelas y tres libros de cuentos. Su obra ha merecido una docena de premios nacionales en España. Su novela Blattaria (2015) fue llevada al cine en 2019 en una coproducción peruana-española. Afirma ser “un autor neoexistencialista que aborda asuntos éticos y de actualidad, como la violencia (interior, de contexto y doméstica), el maltrato a los ancianos, la muerte digna, la intolerancia hacia la homosexualidad, la decadencia moral del ser humano…”, y le gusta ser considerado “un escritor vertical y conceptual”.

Colaborador habitual de numerosas revistas de arte y literatura de varios países hispanoamericanos, desde hace quince años es también columnista en diversos medios de comunicación.

Polvo del camino. 121. Los días de Scherezada. Héctor Cortés Mandujano

Evocadas páginas de otro libro/VI
Los días de Scherezada

Héctor Cortés Mandujano

Me saca de quicio con sus historias de topos,

de hormigas, del encantador Merlín, de dragones

peces sin aletas, grifos de roídas alas, cuervos en muda,

leones yacentes, gatos rampantes y otras mil extravagancias.

La noche pasada me tuvo nueve horas por lo menos

enumerando los nombres de los principales demonios y sus adláteres

William Shakespeare, en Enrique IV, primera parte
 
El rey Schahriar estaba harto de ordenar el asesinato de mujeres. Su primera esposa lo había engañado, él lo había descubierto palpablemente, y desde entonces se casaba, poseía a la mujer en turno en la noche de bodas y luego la madrugada marcaba la ejecución de la muchacha desflorada. ¡Qué saqueo del jardín de la belleza! No era óbice que, ni para el sexo ni para la muerte, a ellas no les tomaran consentimiento.
	Era difícil, a veces, deshacerse de la joven de boca dulce; de aquella cuyas caderas parecían una invención prodigiosa; de la otra de pechos opimos; de ésta, la de ahora mismo bajo su cuerpo, de movimientos fantásticos. ¿Quedarse con ella? ¿Y si también lo engañaba? La esposa infiel había fingido amarlo sin dobleces. Maldita sea. 
	—Que la maten.
	Durante un tiempo el rey sintió un especial placer mórbido al saber que este cuerpo fresco, este suave perfume, esta vagina recién estrenada, sería, horas más tarde, no más que un cadáver. Sentía su poder al máximo. Una doncella sacrificada a su sexo, como si ello fuera la máxima distinción, la última puerta. Vienen a mí y luego no les queda más que morir.

El hombre es animal de hábitos: quiere comer a ciertas horas, conversar con amistades, con afinidades electivas, disfrutar del goce erótico en distintas camas, beber líquidos embriagantes, consumir drogas que lo saquen de la cotidianidad, pero quiere, al final, después de todas las actividades crápulas a las que le lleve el desenfreno, llegar al seno amoroso de una mujer que lo quiera y lo conozca más que nadie. Recargar allí su cabeza y en esa almohada soñar que la vida es algo más que un cuerpo que suda, come, traga, hace el amor. El hombre quiere repartir su tiempo en el putero más sucio, de noche, y en el hogar purísimo, de día. Necesita errar por la noche de vicios, pero quiere a la esposa fiel en casa, a la mujer como vestal irrenunciable.
	A eso aspiraba el rey. Por eso, cuando Scherezada se ofreció como su esposa, a sabiendas del fin boreal, el hombre poderoso se relamió los bigotes y sintió el principio de una erección. Una víctima propicia, una mujer que sabía que por retozar un rato a su lado pagaría con la noche eterna. Las mujeres previas lloraban, en ocasiones, mientras él las poseía; o hacían notoria la desesperación por consentirle sus caprichos, por rebajar su dignidad, por lamerlo completamente para salvar la vida. Siempre él las elegía y hasta ahora se encontraba con una voluntaria. 
        —Tal vez sea muy fea, pensó.
	Scherezada tenía unos ojos que parecían cerca de la lágrima, cerca del placer; una boca de labios delgados y unos dientes maravillosos. Su risa era deslumbrante, su voz llena de inflexiones. 20 años. Carne suave y ágil, buena grupa.
	Se celebraron las fiestas recurrentes y el rey la llevó hasta su lecho. Ella le dio un beso apasionado, que lo puso a punto:
	—Bien mío, le dijo entonces, te pido posponer este encuentro que he soñado tantas veces, porque mi hermana menor no puede dormir si yo no le cuento una de las historias que bullen en mi mente.
	El deseo pospuesto se escancia mejor, lo sabía, y accedió a la petición. Entró la adolescente y su ya ahora esposa comenzó con una historia que lo dejó subyugado. Cuántas sugerencias en la voz, qué suavidad de ademanes, cuántos caminos de la historia. No se dio cuenta de la hora, del desvelo. Llegó la madrugada. ¿Cómo matar a esta mujer que era una hipnótica maga de la palabra, y que, además, todavía no poseía? Le otorgó licencia de vida por un día más.
	Lo mismo sucedió con la noche siguiente y la siguiente. A la séptima, luego que se hubo ido la hermanita, el rey, aunque cansado, desnudó a Scherezada y ésta bailó a horcajadas sobre su vientre; mientras la poseía le contó una historia sobre cómo el pene real, transformado en pájaro de encantos, entraba en una cueva donde le esperaban muchos misterios, infinitas aventuras. El rey oía arrobado el relato, mientras empujaba y jadeaba; no quería explotar para no interrumpir lo que la mujer decía en su flexible voz. No pudo más. Se sintió morir. La mujer, al oído, le dijo sibilina:
	—Te esperan mil y una noches mejores que ésta.
	El rey dormía de día. En la noche escuchaba el cuento dicho a la hermana menor, una adolescente menuda y silenciosa, y por las madrugadas gozaba con las historias que esta bruja del lenguaje le contaba sobre sus propios ejercicios eróticos, a los que ya se sabía esclavizado.
	La gente en su demarcación vivía una vida donde no se notaba la presencia de la autoridad, salvo en los casos de delito flagrante. El vértigo imaginativo de Scherezada y su sapiencia en materia de cama tenían al rey en una cápsula de tiempo y espacio donde nada más importaba la historia nocturna y el sexo de madrugada.

Hubo que ocuparse de asuntos oficiales y oyó únicamente la historia nocturna. Renunció al sexo, por un par de días, con la dificultad con la que un alcohólico rechaza la botella que le ofrecen. Comió con su mujer y durante la comida ella le contó la historia del platillo delicioso, de las frutas exóticas y del vino que degustaron al final. 
	En el día siguiente le fabuló sobre el ropaje que vestían y la silla alta desde donde el rey daba órdenes irrevocables. El hombre había tornado casi a la mudez, pues uno de sus vicios era escuchar a esa mujer que parecía ser dueña de las palabras exactas, de la fantasía intensa, del origen inventado de todas las cosas.
	Cuando de nuevo retornaron al sexo, en una madrugada, el rey sintió tal explosión de placer que para pagarlo decidió testar en favor de Scherezada sus bienes materiales, el oro inconmensurable del que era propietario. Pensó varias veces, incluso, que podía morir al tocar el paraíso del orgasmo y que ese era el mejor reinado que hombre alguno pudiera tener.
	En ocasiones, cuando se retiraba a descansar a su rico aposento de almohadones de plumas, perfumes delicados y velos sutiles, Scherezada le cantaba canciones venidas de algún confín desconocido, con una garganta que parecía tener anidadas voces de pájaros prodigiosos. Su mujer le rodeaba, le circundaba en vigilia y sueños, en día y noche.

Pasaron los años. El rey ya no era tan joven y su cuerpo resentía con mayores achaques las desveladas. Se le demandaba más sobre asuntos de estado, algunas rebeliones esporádicas, cuestiones de hacienda. En Scherezada también empezaban a notarse los daños del tiempo. Su voz ya no alcanzaba todos los registros y a veces desafinaba; los cuentos no siempre lograban el suspenso perfecto, el final redondo. El rey ya no estaba tan dispuesto para el sexo y ella, en algunos momentos, parecía perder la compostura. Y llegaba a los gritos, al llanto y a las reclamaciones.
	No fue fácil para el rey llegar a la decisión. Quería paz, quería volver a dormir a pierna suelta, se sentía fatigado, enfadado de tanta cháchara verbal, de tantas demandas sexuales. Quería regresar al tiempo en donde un vaso era sólo un vaso y no una historia interminable. 
Cuando el verdugo levantó la cimitarra, a Scherezada se le ocurrió un magnífico cuento sobre las armas. Y se le quedó atrapado en el cofre del cráneo; en la cabeza, recogida en un cesto de holanes rosas, de donde había brotado un innumerable río de historias locas. Se le enterró con todas las pompas oficiales. 

[En el original de Las mil y una noches, al final, el rey Schahriar y Scherezada siguen casados y han tenido tres hijos. El hermano del rey se casa con la hermana de Scherezada. Todo queda en familia.]

Contactos: hectorcortesm@gmail.com.

Ilustración: HCM




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Absenta 18. Las flores y los muertos. Erik García Briones

Las flores y los muertos

EGB

Sobre el autor:

Erik García Briones

Tapachula, Chiapas, México, 1983

Ilustrador, artista visual y diseñador gráfico

Soy un fuerte creyente de que el conocimiento es Poder y de que el cambio está en la autogestión, no solo para un cambio en nuestro interior sino en el medio que nos rodea llegando a cada persona. He explorado la pintura, la ilustración y el diseño desde el 2013 con mi primera explosión en resonancia con los oficios; la creación de la marca Chiapas Wo’oj me permitió mostrar los colores típicos de Chiapas a través de diseño.

Poco a poco la escritura fue enriqueciendo las formas en las que me expresaba, ahora experimento con la narrativa gráfica y los cómics porque me parece que el texto y la imagen establecen un fuerte vínculo que proporciona variedad y riqueza a mi narrativa.

Voces ensortijadas 121. El jolgorio. María Gabriela López Suárez

El jolgorio

Por María Gabriela López Suárez

Rita aceptó la invitación de sus amistades Carlos y Sarita para visitar a los abuelitos de ellos que vivían fuera de la ciudad, en un ejido. Pasarían ahí el fin de semana. Salieron a la primera luz del día, justo al alba, el clima era muy agradable y el paisaje sumamente bello. 

El camino no estuvo mal, la carretera estaba en buenas condiciones, probablemente porque aún no era temporada de lluvias. Antes de llegar a la casa de doña Esther y don Toño pasaron por un tramo de terracería como de dos kilómetros aproximadamente. Era el indicio de que estaban cerca de su destino.
Fueron recibidos con  mucha alegría, Sarita y Carlos presentaron a Rita con sus abuelitos, quienes le dieron la bienvenida.

—Mucho gusto hija, estás en tu casa, humilde pero llena de amor —dijo doña Esther.

—Las amistades de nuestros nietos son también nuestras, siéntete en familia —comentó don Toño.

—Gusto en conocerles, Sarita y Carlos me han platicado  mucho sobre ustedes y este bello lugar, muchas gracias por el recibimiento. Les traje pan para compartir —mencionó Rita.

Acomodaron sus cosas en el cuarto donde dormirían y luego se fueron a dar una caminata para conocer el huerto y el terreno aledaño, para que después ayudaran a preparar el desayuno. El huerto tenía muchos árboles frutales y el piso estaba cubierto de hojarasca, eso le daba un efecto especial de sonido al caminar, además de cumplir con una función ambiental importante para la tierra.

El cielo estaba bellamente decorado con nubes blancas y el azul celeste de fondo le daba un lindo toque al paisaje, las ráfagas de aire hacían que la intensidad del sol fuera más llevadera. El arbolado que había favorecía no solo el clima, la sensación de calor era menor, sino que también albergaba a muchos invitados.

Rita comenzó a caminar rumbo a los árboles de mango y toronja, un concierto de aves estaba justo en ese momento. Alzaba la vista intentando identificar a cada intérprete, eran de distintos tamaños y colores y sus cantos iban alternándose, como en sincronía.

Siguió caminando rumbo a la casa, escuchó la voz de doña Esther y se dirigió a donde estaba. Descubrió que platicaba con sus gallinas y guajolotes mientras les daba de comer. La abuelita no se percató de la presencia de Rita, quien guardó silencio al tanto que observaba con alegría el gran jolgorio que tenían las aves mientras les repartían la comida. Además del paisaje sonoro,  se apreciaban las gallinas de diversos colores, blancas, coloradas, negras y las de nuca pelona, los guajolotes permanecían juntos. Jamás había presenciado un momento así, era una especie de fiesta en el gallinero.

El rostro de Rita dibujó una sonrisa, se sentía agradecida de estar en ese lugar y con la familia de sus amistades, esa mañana había presenciado el jolgorio de aves de corral que quedaría grabado en su mente y corazón. Sin duda había regalos, como ése, que eran gratuitos y hermosos, solo había que poner atención en lo cotidiano.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Cajón de rubores. 21. Dolor. Antonio Florido

Dolor

Por Antonio Florido

    

Dicen, la creatividad, pero no saben que se trata de una lucha feroz y constante, un castigo irreductible que no acaba, donde el pensamiento navega al socaire de sus ansias; la creatividad, sí, como lucha para controlar las ideas y los medios al alcance. Ahora bien, uno observa con detenimiento y concluye que ese artilugio del infierno lo expresa ella con los nervios de sus ojos. Vean. La nacieron con la vida agotada, marcada a fuego, con un rostro definido. Es una mujer que matiza con el color desesperado de una angustia de vida.

Pinta, vive, ríe, llora…

Me asomo y la veo con el cuerpo inclinado. Trabaja tenaz, incansable, no se rinde. Levanta la cabeza de vez en cuando, como quien no quiere. De a poco abandona el trabajo, mira al exterior a través de la ventana, ralentiza sus maneras, reflexiona, acerca el pincel a la húmeda tela atirantada, retoca lo que rumia que no cumple. Así en el tiempo muerto de cada mañana. Ella, obcecada en ganarle la partida a este llanto que se acerca. Ni siquiera entiende que un día pintará con más garbo.

(Aquel día nadie quiso detenerla, nadie pudo, nadie supo. Tenía que suceder. Era necesario para el mundo).

Continúo dibujando su silueta, me sitúo en aquel pensamiento profundo, noto el dolor que se aproxima. Pero ella, ella, no transige. Es una hembra excesiva, paciente, delicada, toda realidad. Vean, si no. Uno sólo. Azul amarronado, triste, recta, seria. Oigan, digo. No es más que una circunstancia que nadie quiso, un recodo de la calle, el sonido incansable que retruena, horror en un grito fulgurado, luego…, luego cuerpos en el suelo, y esa mujer trazada en grueso, miren, vean, no se cansen, es el boceto que transpira, el dolor que nos llama. En la vida es difícil mantener la simetría, sin embargo, ahí está, plana, rebosante, forma la exclamación encarnada de toda mujer que se precie, el destello imparable sobre el lienzo que le cubre.

Deja los instrumentos sobre la mesa. Es así, créanme. Sale de la habitación alumbrando el pasillo con su pena. Pasa junto a mí y no me ve, no repara. Parece que no anda, vuela. Quiero apresar esa melena negra, quiero apartarla del camino, ser ella, camuflarme, cambiar mi vida toda por su vida, pero el tiempo pasa, es, sucede, como el desgarramiento al saber que nada puedo. Sí, observen, analicen, háganme caso. Pintó su vida para todos nosotros, para todas las letras y anhelos clarificados. Salúdenla, se lo merece. Su nombre sonará por mucho tiempo y los colores de sus días, de sus ansias, como el rubor de su trágica, triste elocuencia.

Es la noche. Ella, sobre la cama, duerme, sueña. Mañana volverá sobre lo mismo. Para qué, digo. Para todo. Para ser el mundo, el tiempo derretido sobre el amor de un padre que sospecha, que tal vez emerja en el sufrimiento de perder, de no ser posible aquello que sucede, que comienza en la rabia del error, que demuda en color de su risa. Aquella mar entre los dos. Aquel castigo, aquella pena. Bajo el cuello enterrada la columna de su vida. Sí, así fue. Una mordedura en la carne que comienza su existir.
 
Desde aquí clavo el rumor del mundo en los ojos del que pinta de esta forma. Sólo resta esperar. Ver el astro en el cisco de la noche. Esperanzar mi querencia, mi ser en pleno. Mientras tanto el tiempo irá gimiendo, las miradas, ausencias de comer en todo caso, recordar como lo hace el enfermo que no sana, y querer, a toda costa, y amar, incansablemente, y soñar, con que todo pasa, y vivir, aunque yo muera.


La columna rota (1944). Frida Kahlo (Coyoacán, 1907-ibid. 1954)




*Sobre el autor:

Antonio Florido Lozano

Narrador, ensayista y poeta

Carmona, España, 1965.

Desde 2011 ha publicado ocho novelas y tres libros de cuentos. Su obra ha merecido una docena de premios nacionales en España. Su novela Blattaria (2015) fue llevada al cine en 2019 en una coproducción peruana-española. Afirma ser “un autor neoexistencialista que aborda asuntos éticos y de actualidad, como la violencia (interior, de contexto y doméstica), el maltrato a los ancianos, la muerte digna, la intolerancia hacia la homosexualidad, la decadencia moral del ser humano…”, y le gusta ser considerado “un escritor vertical y conceptual”.

Colaborador habitual de numerosas revistas de arte y literatura de varios países hispanoamericanos, desde hace quince años es también columnista en diversos medios de comunicación.

Absenta 17. Creo que. Erik García Briones

Creo que

EGB
EGB
EGB

Sobre el autor:

Erik García Briones

Tapachula, Chiapas, México, 1983

Ilustrador, artista visual y diseñador gráfico

Soy un fuerte creyente de que el conocimiento es Poder y de que el cambio está en la autogestión, no solo para un cambio en nuestro interior sino en el medio que nos rodea llegando a cada persona. He explorado la pintura, la ilustración y el diseño desde el 2013 con mi primera explosión en resonancia con los oficios; la creación de la marca Chiapas Wo’oj me permitió mostrar los colores típicos de Chiapas a través de diseño.

Poco a poco la escritura fue enriqueciendo las formas en las que me expresaba, ahora experimento con la narrativa gráfica y los cómics porque me parece que el texto y la imagen establecen un fuerte vínculo que proporciona variedad y riqueza a mi narrativa.

Trabajo en alturas. 11. La composición fotográfica en Villa-Matas. Roger Octavio Gómez

Los hijos del fraile y el filandón (3)
La composición fotográfica en Villa-Matas

Por Roger Octavio Gómez Espinosa

En el articulo de la semana pasada hablábamos de que el cuento, según una analogía de Cortázar es un elemento que debe vencer por knockout, pero también un artilugio que se puede comparar a una fotografía, diferente a la novela que sería una película. Veamos si puedo aclararlo:

La composición fotográfica en Villa-Matas
En «La hora de los cansados», Enrique Villa-Matas nos presenta a un narrador testigo que se detiene a contemplar a los pasajeros que llenan de súbito los andenes de una estación de metro. Por una manía de cuentista, se interesa por la vida de los otros, es una especie de vouyerista de las actitudes mundanas. Ve a un viejo que carga un maletín pesado. Lo sigue. A pesar de su aparente edad, sin embargo, el viejo se mueve con agilidad. El viejo a su vez parece seguir a un hombre de color que se ha detenido a comprar un objeto religioso.  La cadena de persecución continúa hasta la catedral y en el camino nos vamos enterando de las líneas argumentativas que el personaje se va planteando, como la de que el viejo quizá traiga una bomba. El hombre pierde a su perseguido y se ve de pronto persiguiendo al «negro».  Abandona la empresa. Mas nos enteramos de que ahora el perseguido es él. El hombre de color lo persigue y lo alcanza. El protagonista se ve en la necesidad de contar sobre su actividad de cuentista. El afrodescendiente que en un principio parece agresivo resulta ser un hombre tranquilo y hasta bondadoso. Un estallido los sorprende. El viejo quizá sí traía una bomba. 
	Si buscáramos aplicar la idea de la fotografía en este cuento en un principio pensaríamos que estamos ante muchas imágenes. Sin embargo, pensemos en estas como parte de lo que los fotógrafos llaman «la composición». 
	Cuando se habla de la composición de una imagen se refiere a los elementos que se encuadran en una toma. A los elementos que quedan capturados. Pensemos pues en los acontecimientos narrados como elementos. El metro, la hora en que ocurre, la persecución triple en círculo, la catedral y la explosión final. Los elementos capturados, sin embargo, apelan y señalan hacia un elemento principal que llama la atención, interior: el motivo, que a su vez apela hacia algo que lo trasciende. Qué tan trascendental sea ese motivo y que tan bello sea el conjunto de elementos depende de la habilidad del fotógrafo o, en este caso, del cuentista. 
        Queda, pues, impresa una imagen que puede visualizarse y que rememora la totalidad del cuento, pero también lo que lo trasciende.


[En la próxima entrega, si sigues interesado, amable lector, usaremos la analogía del cuento como esfera de nieve]



Referencias:

Cortázar, Julio (1971). “Algunos aspectos del cuento” en Cuadernos hispanoamericanos, no. 255, marzo de 1971. José Antonio Maraval, director. Madrid: Revista mensual de Cultura Hispánica. 

Martín Sarmiento, José María, (director) (1984). "El filandón". [Cinta cinematográfica]. España: Fundación Villalar.

Velasco Marcos, Emilia (2020). “Sobre el cuento”, resumen de ideas de Julio Cortázar recabadas con fines didácticos, consultado el 1 de octubre de 2020.

Velasco Marcos, Emilia (2020). “Cuentos de Villa-Matas, Axtaga y Rivas, 20200930”, carpeta electrónica con cuentos recopilados con fines didácticos, consultado el 1 de octubre de 2020.


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Polvo del camino. 121. 15 metros, 3″, 8/8, 16 milímetros. Héctor Cortés Mandujano

Apunte de oído/ 8
15 metros, 3", 8/8, 16 milímetros

Héctor Cortés Mandujano

Este mundo es un atajo

el sufrimiento es un traje,

que siempre viste el de abajo

León Chávez Teixeiro, en «Adela Fernández»
Son tres largas canciones las que vienen a mi mente cuando pienso en León Chávez Teixeiro (Ciudad de México, 1936): “Cipriano Hernández Martínez” (un traidor a la huelga. Le dice su patrón: “Te aumentaré tu jornal, sin me señalas muy bien quién me va a alborotar”, y señala a Juvenal, a quien matan), “Mujer, se va la vida, compañera” (una crónica minuciosa acerca de los trabajos infinitos en el día a día de las mujeres pobres: “Se va la vida, se va al agujero, como la mugre en el lavadero”) y, la que más me impactó, desde el título, cuando la oí hace muchos años: “15 metros, 3”, 8/8, 16”. 
          Las tres están en las reformulaciones que, como homenaje, hicieron cantantes cómplices (Guillermo Briseño, El David Aguilar, Francisco Barrios,  Gerardo Enciso…) en el disco “La chava de la Martín Carrera” (Wikipedia dice que el disco fue editado en 2010, Spotify que en 2020). Son 25 canciones. “Cipriano…” la canta Roberto González, “Se va la vida…”, Los Morales y Óscar Chávez, y “15 metros…”, Nina Galindo, es decir, cantantes como él: marginales, libres, inconformes, varios muertos, varios participantes del movimiento rupestre de los 70: Rafael Catana, Emilia Almazán, Roberto González, Nina Galindo… Por supuesto, si no se les ha oído hay que conocerlas con la voz del compositor, plena de humanidad, de emociones concentradas. 
          León tuvo una infancia difícil y comenzó muy joven como músico callejero, y también como acompañante de movimientos sociales (fue militante del Partido Mexicano del Proletariado), lo que se refleja muy claramente en sus canciones.
         “15 metros, 3”, 8/8, 16” cuenta paralelamente varias historias que le están pasando a un obrero: una lámina que le corta cuatro dedos/ una chava que lo cortó; el dolor por la herida física, el dolor por la herida de amor… La canción enlaza la fiebre por las dos cosas, la ayuda del líder sindical para que el patrón no lo despida y al final, lo que me parece lindo, el reconocimiento de que la mujer se ha ido, no va a volver y pueden ser amigos, compañeros, en la trasformación de la pasión al amor y luego a la amistad. Comparto contigo lector, lectora, algunos fragmentos significativos de esta gran rola.
          Dice en su inicio: “15 metros, tres pulgadas, ocho octavos, 16 milímetros de espesor, y la lámina corrió, resbaló como navaja, en mi mano se detuvo, cuatro dedos me cortó, igual que me hiciste tú. Recordé cuando te fuiste, tu mirada dura y fría, me empezó a dar calentura, repetiste un seco “no”. Unos compas me atendieron… […] el patrón está molesto, pues la banda se paró. Me cortaste de tu vida”.
Consigue un mes de incapacidad, algo de atención médica: “Las heridas me dolieron, casi tanto como tú, casi tanto como tú”.
         Pasan los días. “Ya mi mano se curó, tu figura no he olvidado, tú me echaste de tu lado, eres libre y tu sentir no se arrima a mi costado, 15 metros, ocho octavos”.
	Pasan el accidente, el dolor (que incluye la cortada de la mano, la cortada del amor) y llega el equilibrio: “La ternura de tu risa, la recuerdo mi querida María Luisa. En tu vida hoy tan lejana, me daré por bien servido, compañera combatiente, si recuerdas al amigo, me visites por mi casa, te daré un café caliente”.
	León Chávez no tiene muchos discos (una decena apenas) a sus 86 años, ni mucha difusión. Hay canciones suyas que, me parece, deben seguirse oyendo.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com.

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz**




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

**Sobre Juan Ángel Esteban Cruz:

**Juan Ángel Esteban Cruz. Cintalapa, Chiapas, México. Diseñador gráfico, maestro en mercadotecnia y publicidad. Su trabajo se ha publicado en numerosos diarios, libros y revistas de México y el extranjero.

De su más reciente exposición (2021) «Palinodia del cuerpo» el maestro Cortés Mandujano opina que «Juan Ángel Esteban Cruz mira y pinta desde la profunda oscuridad somos nosotros, que él es…»