Universo breve. 2. Recordatorio oportuno. Damaris Disner

Recordatorio oportuno 

La gata café se acurrucó sobre la mesa. En esa posición era tan parecida al gato blanco. Recordó que desde que él murió no se sentaba a escribir en la terraza. Una notificación de Facebook le hacía saber que esa noche se colocaban las veladoras para las mascotas muertas. El golpe seco en el techo fue idéntico al que se oía en sus salidas nocturnas. No tuvo duda, fue su reclamo por pensar que regresaría en una gata; lo machista nunca se le iba a quitar. 

Líneas de desnudo. 54. ¡Jag Jánuca Sameaj! Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 54

¡Jag Jánuca Sameaj!
Por Manuel Pérez-Petit

En este 2021 (p. año II de la Era de la p. pandemia), desde el pasado domingo 28 de noviembre y hasta el próximo lunes 6 de diciembre el pueblo judío celebra el Janucá, fiesta de las luces o luminarias, más necesaria que nunca, si cabe, en la desolación en que el mundo se ha convertido de no mucho tiempo a esta parte.
            Se trata de una fiesta movible, una celebración hebrea que inicia el 25 de kislev según el calendario judío, y se extiende por ocho días corridos, hasta el día 2 de tevet, y con la que se conmemora la derrota de los helenos y la recuperación de la independencia judía a manos de los macabeos y la purificación del templo de Jerusalén de los iconos paganos, de la que se recuerda de manera especial el milagro del candelabro, que se mantuvo prendido durante ocho días con una exigua cantidad de aceite. Eso ocurrió hace más de dos mil doscientos años. Acerca de esta historia, sus antecedentes, su desarrollo y su trascendencia, se puede consultar y leer una gran cantidad de textos y documentación de bastante fácil acceso, y la verdad es que merece la pena.
            En 2009 celebré por primera vez el Janucá. Aunque soy católico –y convencido– debo reconocer mi afecto y simpatía por el pueblo judío. La misma Iglesia Católica reconoce al judaísmo como "el hermano mayor" del cristianismo, pero de manera independiente de ello, observo en la intimidad y celebro con humildad, admiración y respeto desde entonces las principales celebraciones judías. He tenido y tengo grandes amigos que son judíos y hasta en mis proyectos editoriales he dedicado especial atención a ellos, al punto de que incluso presumo de ser editor de muchos de ellos, que me han concedido el honor de confiarme siempre brillantes obras literarias. 
            En aquella ocasión, hace ahora doce años, estuve prendiendo una vela diaria –más la central del candelabro, januquilla o menorá, que se prende siempre–, y escribiendo un pensamiento, que recogí en mi poema “Prendí ocho velas y ocho pensamientos durante ocho días para conmemorar la luz”, perteneciente a mi serie “Mi pensamiento”, escrita entre 2005 y 2010, que solo fue publicada de manera fragmentaria en mi libro “Creo en los milagros, antología personal 1985-2009 (primera edición, Cascada de palabras; segunda edición ampliada y revisada, Morvoz, Hyperversos y Trajín, 2011, México), y que releído y revisado, traigo aquí. 

Prendí ocho velas y ocho pensamientos durante ocho días para conmemorar la luz 

A Marcos-Ricardo Barnatán y a Armando Felipe Soltanovich Goldman, por diferentes razones y la misma.

            Primera vela: Vivir con fe
            Manuel Pérez-Petit cree que tantas cosas por las que merece vivir al final se convierten en lo mismo: en despedida, y cree que toda despedida es un encuentro, por lo que se mantiene a la espera, y encenderá… por primera vez en su vida, con todos los respetos y lleno de fe, las ocho velas que recuerdan el milagro.

            Segunda vela: Amar a la pareja
            Paciencia es lo que ahora tengo, pero también sufrimiento. Por lo que me ha pasado, por mi propia vida. Por mi impotencia, mis limitaciones..., por ser tan asequible a las sirenas. Me conozco mejor, pero ando sin rumbo y sin asiento. Ya no me lamento por los errores. Me asumo como nunca. No estoy derrotado, pese a que me cubre un manto de derrota. Ahora prendo luces. Y cada vela me recuerda que mi patria está en la mujer que amo.

            Tercera vela: Amar a los hijos
            No escribo para que me leas. Escribo porque no quiero no escribir. Y escribo, por ejemplo, para que podamos pasear tomados de la mano, asomarnos a este mar, y sentir el vértigo y el fuego de mirarte..., y también por eso enciendo cada día una vela, y la prendo en mí, porque yo mismo soy, de alguna forma, el candelabro que me recuerda que, en realidad, escribo para que me quieras. Y dado que el amor es la fertilidad, doy a mis hijos mi vida.

            Cuarta vela: Ser buena persona
            Busco la luz que sólo en el fuego que agrando cada día habita, como habita en los silencios que siendo impuestos hago míos y a los que derroto con esfuerzo. Busco la luz y hay treguas que estorban, pero nunca me estorbará la vela que es fuego, que es silencio, que está en mí, que vive en ti y que hoy, por cuarto día, al comenzar la noche, me abre de nuevo los ojos, pese a que aún ando ciego.

            Quinta vela: Amor a la familia
            La vida dirigida desde fuera de la vida sólo puede ser dirigida hacia la destrucción de la misma vida. Al que disiente se le tilda de exótico, se le aparta, condena y reprende. ¿Por qué no cejan en su empeño de dirigir las vidas y se rinden al hecho de que la vida nunca acaba? Hay pánico a la vida, a la luz, al amor, a la familia... Pero hoy, por quinto día, me reafirmo en la familia como base de mi vida y lo simbolizo en la vela que he de prender por todos los milagros.

            Sexta vela: Alegría
            Recuerdo lo de T. S. Eliot: "¿Dónde está la vida que hemos perdido viviendo, dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento, dónde está el conocimiento que hemos perdido en información?", y me doy, una y otra vez, con el mismo muro, y aun sabiendo que tengo todas las batallas perdidas de antemano me considero ganador... Hoy prendo la vela para no perder mi ignorancia, mi inocencia, mi visión y mi vivencia de la alegría.

            Séptima vela: Amor a la vida
            No sé qué haré con mi vida, mientras tomo los limones que son cada uno de mis días, ni sé que haré con el fuego, con esta zarza ardiente que me mantiene en pie, incansable, sólido como mástil invencible, con el candelabro que soy y me recuerda el milagro, con mi manifiesta inutilidad y este desierto... Si acaso sé que seguiré entregándome a la tarea de aceptarme, seguiré mirando al mar, seguiré de pie, seguiré andando…, solidificando mi fe y mi amor innegociables.

            Octava vela
            Creo en los milagros, y en que los milagros son fruto de la fe, el amor, la voluntad... y de ser traslúcido...

            Hasta aquí el poema. Que la luz reservada para los justos pueda mantenerse en todas nuestras vidas y sea para que seamos sanos y aumenten en nosotros las bendiciones. En la era de la desolación cobra más sentido que nunca que la fiesta de la luz sea en nosotros mismos y con los nuestros, para todo el pueblo de Israel, que en realidad somos todos, y que nuestras lágrimas sean instrumento del encuentro con el amor. Y es nuestra tarea: Iluminar al mundo.
            
 Mi januquilla de 2017
Fotografía:  Al no tener januquilla, hice esto en 2017. ©M. P.-P.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Photo by Eva Elijas on Pexels.com

Voces ensortijadas 97. Abrazando el invierno. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 97

Abrazando el invierno

Por María Gabriela López Suárez

Mientras se dirigía a su casa Luisa observó la puesta de sol, para cuando llegó a su destino éste se había ocultado. Sin embargo, aún quedaban esos destellos de luz en el cielo que pintan el paisaje en tonos azul claro con tintes de color gris, en diferentes matices.

Abrió el portón y se despidió del conductor que la había llevado a su domicilio. Caminó hacia la entrada de la  casa, alrededor de unos treinta y cinco  metros. Sintió que el aire estaba más fresco, le apeteció ponerse una chalina. Apresuró el paso. Escuchó unas voces, eran Esther, su mamá, y Rafa, su hijo de cinco años.

Rafa salió a su encuentro y la abrazó como solía hacerlo cuando ella llegaba de su jornada laboral. Luisa correspondió la muestra de cariño y saludó a su mamá. Dejó su bolsa, comenzó a platicar y preguntarles cómo les había ido en el día; después fue por su chalina. 

Les propuso que para cenar prepararan crepas, en la despensa había champiñones y queso manchego,  aún quedaba mermelada de guayaba que ella había hecho, así que podían elegir entre crepas saladas o dulces. Toda la familia estuvo de acuerdo en cenar crepas de ambos ingredientes.

Como todas las tardes Luisa fue a colocar el candado en el portón de la entrada, con la chalina puesta se sintió más reconfortada porque el aire había enfriado. Observó el cielo, las nubes viajaban rápidamente. La montaña que se veía desde su casa comenzaba a desdibujarse en lo alto, la neblina caía. El paisaje también permitía deleitarse distinguiendo las estrellas, en esos momentos es cuando Luisa deseaba conocer un poco más sobre astronomía y esos cuerpos celestes.  

Procedió a poner el candado, se cercioró que estuviera bien cerrado el portón. Luego se quedó unos instantes observando el paisaje, la postal que tenía frente a ella era sumamente hermosa, el coro de los grillos le daba el fondo musical perfecto. Una ráfaga de viento frío le acarició el rostro, la montaña había sido cubierta en tu totalidad por la neblina y la magia que envolvía el ambiente le hizo sentir que estaba abrazando el invierno. En su dinámica cotidiana había olvidado que ya estaban en esa época del año.
 
Se acomodó la chalina y caminó a la casa, Esther y Rafa ya la esperaban para preparar la cena. A ella le apetecía cenar crepas saladas, aunque pensándolo bien, no estaría mal compartir una crepa dulce con Rafa y le propondría a doña Esther que los deleitara contando cuentos.
 


Photo by Eva Elijas on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Líneas de desnudo. 53. Universal Almudena. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 53

Universal Almudena
Por Manuel Pérez-Petit

Si alguna vez la vida te maltrata, acuérdate de mí, que no puede cansarse de esperar aquel que no se cansa de mirarte.

Luis García Montero, esposo de Almudena Grandes, en la dedicatoria de su libro «Almudena» (Valparaiso Ediciones, 2015)

No soy de los que corren hacia las celebridades para cruzar un ‘hola’ o pedirles esa ridiculez de una foto con ellas –soy enemigo de las fotografías y ni con mis amistades me las saco; cuando lo he hecho ha sido por causa de fuerza mayor, como demostrar que sigo en la brecha y no me arredro nunca por nada, o por compromiso–, y por eso nunca me saqué una foto con ella, pese a habérmela cruzado en varias ocasiones, tanto en Madrid como en México.
            Ahora que estamos de FIL, y la FIL da para tanto, recuerdo una bronca que tuve con algunos de los integrantes de mi equipo de promovendedores en la de 2013. Uno de los días de aquella feria firmaba libros nada menos que Vargas Llosa, lo cual resultaba excitante, y tuve que afrontar la deserción momentánea de más de la mitad de mi gente de Sediento Ediciones solo porque querían ir a hacer cola, que les firmara un libro el peruano-español y sacarse una foto con él. El que menos tardó hora y media en regresar al stand... La condición humana tiene esas cosas, y yo, que soy liberal y amante irredento de la libertad ajena, lo comprendí y acepté al minuto de enojarme. Es lo que tienen las figuras, y es normal. Al año siguiente, en que el país invitado era Argentina, María Kodama se dio un paseo por la Expo Guadalajara, y corrió la voz como la pólvora y cientos de gentes formaron la cola del cometa, tras su estela...
            Ayer, 27 de noviembre de 2021, estaba en la elaboración de mi artículo de hoy, y andaba en la duda de si convertirlo en uno más acerca de la vida misma o de hablar sobre escribir, que es cuestión pesada pero necesaria –y más a estas alturas–, o sobre la propia FIL, a la que dedicaré con seguridad en estos mismos días un artículo, cuando saltó por todas partes la noticia del fallecimiento de la escritora Almudena Grandes, a quien yo no conocí nunca personalmente pero cuya personalidad y obra conozco y reconozco. Leí en el Instagram de mi querida Lucía Etxebarría: “​​Aunque los gustos literarios son personales y cada cual tiene el suyo, probablemente Almudena Grandes era la mejor escritora española de mi generación”, y creo que dio en el clavo, pues siendo cierta la segunda parte de la publicación no lo es menos la primera. En efecto, los gustos literarios son diversos y complejos, como lo son las posturas ideológicas y las actitudes ante la vida. Y en este aspecto se podría diferir o confrontar respecto a Almudena Grandes, pero nadie podrá negar su compromiso vital, su sensibilidad y su conexión con la vida y con la literatura. Con la vida en el sentido de que nadie es desgajable ni de su propia historia ni de la historia en sí...
        Me viene ahora a la memoria una famosa conferencia de Ricardo Gullón (1908-1991) acerca de Juan Ramón Jiménez (1881-1958), en la que defendía que Juan Ramón era universal pero no cosmopolita, pues si bien el cosmopolita es de todas partes y, por tanto, de ninguna, el universal ahonda tanto en lo suyo que llega al río en que fluye lo que de común entrañable y permanente tenemos todos. No tengo la cita a mano, ni la referencia concreta, pero lo que el famoso crítico literario venía a decir era esto, y esto mismo se le puede aplicar a Almudena Grandes, y no solo a su obra, sino también a su testimonio vital. 
            Yemina Pollini, de la Universidad Nacional de Mar de Plata, publicó en 2012 una entrevista a Almudena Grandes titulada “Escribir es atravesar un espejo” (CELEHIS-Revista del Centro de Letras Hispanoamericanas. Año 11 - Nro 14 - Mar del Plata, ARGENTINA, 2002; pp 347-362), en la que, entre otros muchos temas, hablaba de la memoria: A mí la memoria me parece un tema central. Es un tema central en mis libros porque casi siempre son novelas de la memoria. Los personajes reconstruyen su propia memoria. La memoria me parece central también en el oficio de un novelista. Yo te diría que toda ficción es autobiográfica. Lo que ocurre es que lo autobiográfico no tiene siempre el mismo sentido. Cuando hablamos en el lenguaje coloquial, lo autobiográfico es la vida vivida objetivamente en el plano único de la realidad temporal. Lo autobiográfico para un escritor es todo. Escribir es mirar el mundo y, en ese sentido, es dar una visión personal del mundo con todos los ingredientes de su memoria, con todo lo que nos ha determinado para que seamos como somos. 
            Y yo personalmente creo que esto la definía y que por eso está justificada su condición de persona y escritora universal.  
 Almudena Grandes con Luis García Montero en la FIL 2012.
Fotografía:  Imagen publicada bajo licencia Creative Commons CC BY 4.0. Origen: https://diario.madrid.es/blog/notas-de-prensa/poesia-teatro-y-musica-centran-la-tercera-jornada-de-madrid-en-la-fil/

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Polvo del camino. 97. La venosa. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 97

La venosa

Héctor Cortés Mandujano



Aunque supongo que la venden en todas partes fue en Oaxaca donde probé la cerveza Vicky con agregados a su sabor. Me llamó la atención lo que dice la etiqueta de la primera que tomé (sólo dos, no vayan a creer): “Chela chingona con chamoy y mango”.
	Recordé que fue polémico el comercial de Victoria, su cerveza emblemática: “La primera cerveza hecha con lo más chingón de México”. Remarca la publicidad, para que quede claro el mensaje, la palabra chingón.
	Hubo durante muchos años prohibiciones tácitas y escritas sobre no decir palabrotas en el cine: se decía, con eufemismos, hijos de la guayaba o de la tostada, hasta que las mentadas de madre fueron lo más socorrido de nuestro cine; en la televisión abierta son ya más permisivos, porque Youtube y las redes pulverizaron la prohibición; en los periódicos ahora menudean; en las canciones que pasaban en la radio sólo se sugerían (La rajita de canela, Voy a apagar la luz, Qué culpa tiene la estaca, etcétera), hasta que empezaron a decirse sin el menor recato…
	Los conductores, noticiarios, actores y actrices, gente famosa, ocultaban su modo de hablar. Que Sara García, la abuelita del cine nacional, dijera groserías parecía el fin del mundo. Ahora es normal que todo mundo en todos lados llame al pan, pan y al sobaco, sobaco sin ruborizarse.
	El único bastión donde la prohibición no hizo mella casi nunca fue en los libros, tal vez porque, aunque a algunos regímenes totalitarios les parecen peligrosos, tienen y siempre han tenido pocos lectores. Que se vayan a la chingada, pensaron quizás.
	Pero la última puerta, creo, que se está derrumbando es la publicidad y los nombres de los negocios. Se tenía miedo, también supongo, de que la gente se alejara del producto o del negocio que tuviera alguna mala palabra. Pero no ha sucedido, sigo suponiendo, con la cerveza Victoria.
	En los negocios siempre han tratado de esconder la palabra con sugerencias más o menos creativas, más o menos simples. Por ejemplo, llamar a un motel Rapid-inn en Tuxtla (sobre el Libramiento Sur) o una taquería Ay Güey (en la Quinta Norte) o cosas así.
	Por eso me sorprendió que en pleno Tuxtla Gutiérrez, capital del estado de Chiapas, frente a la Plaza Cristal, sin duda la más popular, la que más gente recibe, hubiera una cantina que se llamara sin darle muchas vueltas, con meridiana claridad, Don Vergas. En la entrada, además, con un albur sin rebuscar, escribieron: “Siéntate a gusto”. 
	Antes hubo una cantina que se llamaba el Chomeme (otro subterfugio para referirse a la verga) y otra El abajeño (que democráticamente se refería a los dos sexos); es decir se podía hacer alusiones al sexo usando trucos verbales que parecían, por el nombre sonoro de Don Vergas, se irían a dormir a las redes de la modosidad. 
	Chingón se dice hasta en las mejores familias y Verga ha sido la palabra más condenada y, por lo mismo, la que más dice la gente en Chiapas. Victoria pone la palabra chingón como una palabra común y Don Vergas normalizaba la satanizada expresión sobre el falo y abría la posibilidad de que algún otro negocio se llamara con otras palabras que existen pero se esconden por educación, por prudencia, por hipocresía, por tantas cosas… 
Don Vergas duró llamándose así durante meses, pero le llegó, supongo, la  admonición amenazante y ahora, con los remilgos de no hincarse ante la autoridad y dar su brazo a torcer, se llama con la misma tipografía y colores Don Vengas, que ya suena absurdo. Según yo hubiera sido mejor que cambiaran completamente de nombre, porque así nomás parece que –en acatamiento a la orden de le cambias o le cambias– se hubieran hecho la jarocha…
 



 


Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Ilustración: Alejandro Nudding




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Cajón de rubores. 3. Fisonomía 3-Homenaje al Cuadro. Antonio Florido

Cajón de rubores / 3

Fisonomía 3 
Homenaje al Cuadro

Por Antonio Florido

       


En Órganos sin cuerpo, Zizek parece recordarnos que nunca abandonamos la constancia de Ser Algo, de Ser Nada. Llegar a los extremos y comprobar que no posees, que jamás tuviste la gracia de conservar el entendimiento. Se ha hablado mucho sobre la esencia del Arte, que si penetra en el hombre, que si sale del mismo. Pero aquí asistimos a la cuadratura del pensamiento, a la agudeza del ojo que se esfuerza en ver más allá de la simple tonalidad. La forma acaso no coincida con la Forma primigenia e ideal. El color se muestra enervado, y gasta sus fuerzas en un vahído que se diluye en la lejana línea del otro cuadrado, del llano que arde, como si dijéramos, con las espigas ardientes e invisibles que sólo llegamos a intuir. El Ser necesita un sueño para poder levantar la episteme que le llama. Un sueño amansado, lento y sereno, o amarillo, a la manera de una pintura irreconocible a primera vista. Esto no sucede en este caso. Vemos un día radiante. Un sol bragado en constante lucha con el azul del cielo imaginario, una ceguera que nos inocula el miedo al paso inevitable del Tiempo. Vemos el color y corremos al espejo. Necesitamos comprobar cuánto hemos envejecido desde las altas horas de la noche, con el embozo endedado y los ojos abiertos, la mente despierta, agria. Algunos hablan de pretensión y de histeria, de vana melancolía al reconocer que no somos capaces de ningún regocijo. Algunos escriben sobre la sobria unicidad, vital y espontánea. De lo que sucede a nuestro alrededor, de lo que creemos que pasa, de aquello que anhelamos en el horizonte. Esos algunos observan, sentados sobre la amarilla tierra, el amarillo futuro que se les viene encima. Ya notan cómo sus huesos se agrietan, encerrados en el hueco cremoso; ya oyen el hervor de sus tuétanos, la despedida de los familiares, los gemidos y llantos. Algunos hacen algo. Otros hacen nada, sólo comparar la irrisoria voluntad de querer y no poder con la cruel asonancia del mundo, con el diapasón que calla, que nunca dijo nada en su movimiento loco.

Una figura a dos voces. El amarillo de Van Gogh, como afirma Hoffman, (¡qué hermoso es el amarillo!), y la perspectiva que desaparece o se yergue. Reunir nuestro cerebro y el universo en un local amarillo, en un campo inocente y oro, con una mirada pajiza que embobe la mirada del otro, es el misterio, uno de los grandes misterios de la vida, del orgullo al ser. Posible deambular por los ciegos pantanales ambarinos. Sentir y creer acaso sean la misma cosa. Idéntico despliegue de las facultades de entender o mirar hacia otro lado. La eterna discusión de ver el Todo en una herida y la Nada en una agónica explosión de risotadas.

Incorporación de formas, inflexiones, ángulos y distancias.


El Hombre como símbolo perseverante, en busca de lo inalcanzable. El Ser en el cómico intento, repetido hasta la locura, de comprender un cuadro, una figura, una alegoría salvaje de la naturaleza, quizás una invención impensada, un sueño imposible de alcanzar, una tragedia, un patio de butacas vacío, un silencio y frío, demasiado frío para ser calmado por el oro sumiso de una joya triste, rota.

 
 

 

Homenaje al cuadrado (1964). Josef Albers (1888-1976)




*Sobre el autor:

Antonio Florido Lozano

Narrador, ensayista y poeta

Carmona, España, 1965.

Desde 2011 ha publicado ocho novelas y tres libros de cuentos. Su obra ha merecido una docena de premios nacionales en España. Su novela Blattaria (2015) fue llevada al cine en 2019 en una coproducción peruana-española. Afirma ser “un autor neoexistencialista que aborda asuntos éticos y de actualidad, como la violencia (interior, de contexto y doméstica), el maltrato a los ancianos, la muerte digna, la intolerancia hacia la homosexualidad, la decadencia moral del ser humano…”, y le gusta ser considerado “un escritor vertical y conceptual”.

Colaborador habitual de numerosas revistas de arte y literatura de varios países hispanoamericanos, desde hace quince años es también columnista en diversos medios de comunicación.

Líneas de desnudo. 52. ¿Eres tú el que organiza la tertulia? (y 2). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 52

¿Eres tú el que organiza la tertulia? (y 2)
Por Manuel Pérez-Petit

Aquellos años ya son, en efecto, cosa de un pasado relativo que en realidad no es pasado, porque no es menos cierto que somos lo que somos en parte por lo que fuimos, como le comentaba a César González Cajete en la publicación que con tanta amabilidad hizo en su Facebook publicitando el primer artículo de esta sencilla serie de dos con que pretendo cumplir mi promesa realizada en mi segundo Líneas de desnudo, Mi primer poema, y, de paso, honor a quien honor merece, reconocer lo mucho que recibí y lo aún más que debo a aquellos años en la Universidad de Navarra cuyas enseñanzas tampoco –y soy proverbial en desaprovechar lo mucho bueno recibido– aprendí a aplicar en la vida, aunque me hicieron hombre en el más pleno sentido de la palabra. Y sí, en efecto, soy lo que soy gracias a ello...
            Decía que teníamos muy buenos maestros allí, y es cierto… En aquella Universidad de Navarra, de algún modo un microcosmos en apariencia casi al margen del mundo pero en realidad con las raíces bien ancladas en el mundo, dispuestos a transformar el mundo con amor, sí, con amor apasionado y amor a cada día y a nuestro entorno, y, con mayor o menor grado de consciencia, a hacer endecasílabos de la prosa de cada día y no solo como aplicación práctica intencionada en nuestras vidas y nuestro quehacer público de ese muy famoso consejo que tanto había repetido en vida el fundador de la universidad, San Josemaría Escrivá, sino como supremo acto de voluntad en nosotros mismos y más teniendo en cuenta el valor universal de la frase, máxima o proverbio o consigna que, por otra parte, ahora, vista con el paso de los años y en nuestra realidad presente, cobra un valor y una actualidad singulares. A eso nos dedicábamos, sí, a hacer endecasílabos con la prosa de cada día… Y por eso éramos genuinos y genuinamente inclusivos, afectuosos, comprometidos...
            ¿Buenos maestros? ¿Cómo no íbamos a tener buenos maestros? Empezando por don Luka Brajnovic, un auténtico maestro de ésos que transpiraban sabiduría mucho más que conocimiento o información –pues el sabio lo tiene todo pero ni es pedante ni arrogante ni acompleja sino que genera pasión, buscando, además, que la admiración sea para lo que enseña y no para él (importa más amar que el hecho de quien ama)–, con una naturalidad y una sencillez hipnóticas, y que una vez en el Faustino le dijo a mi madre que yo no debía dejar de escribir ni un solo día de mi vida, aunque fuera cinco minutos. Pero no solo era don Luka… Nuestra lista de gratitudes –porque de eso se trata– no cabría en el artículo, y a todos los nombrados se les podría buscar y todos son notables… Maestros del mundo académico –mucho más que solo conocimiento–, de la literatura –y desde luego de la lectura, sin la que la capacidad de amar es mucho más reducida–, de la vida. Venidos de fuera y cazados a lazo para que compartieran con nosotros un rato de su tiempo, llegados con interés previo de conocernos o vecinos nuestros o habitantes de esos edificios singulares del no menos singular valle del río Sadar en que, a las afueras de Pamplona, se ubicaba y ubica la universidad, ese mismo espacio en que, expandido a la ciudad, marcamos durante años el territorio de nuestra acción de poetas, incluso con y en quienes no escribían ni escribieron nunca verso alguno...
            En mi caso particular no podría dejar de destacar a don Norberto González Gaitano, cuya amistad supuso aprendizajes que iban siempre más allá de lo exigible en un maestro, a don Manuel Casado Velarde, hombre de extrema y delicada sabiduría, a don Esteban López-Escobar, a quien siempre –y no sé bien por qué aunque en el fondo lo sepa, me lo imaginaba paseando por campus emblemáticos como los de Stanford, Harvard o Cambridge, elegante hasta en el vestir a la par que transmitía que sabía de lo que hablaba, a don Eduardo Terrassa, con quien hablé de literatura más que con nunca nadie, o a don Ignacio Arellano, que abrió como nunca nadie antes o después el siglo de Oro para mis ojos, pero también al filólogo José Antonio Millán Alba, a quien quien siempre visitaba en Madrid y que me abrió la amistad del poeta Pedro Antonio Urbina (1936-2008), a Manuel Fontán del Junco, a Enrique Alarcón Moreno, que supo siempre más de santo Tomás que el propio Santo Tomás de Aquino, a Javier de Navascués o al gran Tomás Yerro (1950-2021), muchísimo más que escritor y crítico literario...  Y podría seguir y seguir, aunque aquí lo dejo...
            Años después de aquellos años, el catedrático de literatura Ángel Raimundo Fernández González (1925-2008) nos referenció en su Historia literaria de Navarra: el siglo XX: poesía y teatro. (Pamplona: Gobierno de Navarra (Institución Príncipe de Viana), 2003, ISBN: 84-235-2462-0), y hasta en dos ocasiones, para referenciar el nacimiento del Liceo (p. 805) y la publicación de Primera Claridad, y en concreto en este último caso a César, Ana Gurrea, Lydia Gutiérrez, Ricardo Inogés, Miguel Ángel Irigaray, Mari Cruz Zamarbide y a mí mismo (pp. 806-807), consagrando de este modo al reconocimiento formal lo que bien pudiera haber sido una experiencia de tipo personal como tantas abundan.
            Pues bien, en medio de todo ello, yo era el personaje –prefiero pensar que uno, pero por lo visto no–, y así cobra aún más pertinencia el título de esta modesta, agradecida y hermosa para mí serie de dos artículos, porque era la frase que más veces oí durante cuatro años, y no era por mí sino por lo que yo no solo representaba sino que también en realidad era: un instrumento para hacer posible que la vida, sin dejar de serlo, fuera poesía. Y por eso tiene sentido que mis novelas de la trilogía de la reconstrucción de la memoria, El año de las tormentas, que se centran de manera fundamental en esos años, comiencen con esa pregunta. Pero en realidad yo era lo que era por las personas con las que la providencia tanto en la tertulias como en la vida me permitió unirme: con todos ellos y con Javi Laforet, Luis Resola, Xavi Escribano, Inma Cánovas, Beatriz Rodríguez, Pilar Pérez o hasta, entre otros muchos, la propia protagonista de mi modesta propuesta narrativa, Antea... Merecen más la pena que yo y fueron el privilegio para mi vocación de ser, dar y servir.
	Y no solo lo fueron, porque si es cierto lo que es, que uno es lo que es también por lo que fue, lo son.
 Página de agradecimientos en la edición de Primera Claridad, antología poética del Liceo Navarro
Imagen destacada (superior): logotipo original del Liceo Navarro hecho en azulejo sevillano, ©Eva Leal.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 51. ¿Eres tú el que organiza la tertulia? (1). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 51

¿Eres tú el que organiza la tertulia? (1)
Por Manuel Pérez-Petit

Nos conocimos por la literatura, en aquellos tiempos puros en que nos importaba más ser que tener y dar más que recibir, mostrar nuestra autenticidad por encima de todo y ser nosotros mismos. Escribíamos y compartíamos nuestras inquietudes con tanta verdad como inocencia. Era más importante servir que ser servidos, darle rienda suelta a nuestro afán de creer, crecer y crear. Nos inducíamos unos a otros a pensar y a sentir con nuestros propios esbozos de escritos y discutíamos acerca de lo que nos parecía lo profundo y lo potente.
            Qué poco nos importaba que sucedieran muchas o pocas cosas en nuestros relatos, que estuvieran logrados los poemas, que los ensayos no se terminaran nunca. Cada cosa debía llegar en su momento, y no es menos cierto que teníamos muy buenos maestros. Qué era el tiempo sino estación de paso. Lo importante era sentir, buscar las referencias, reflexionar en común sobre aquello que estábamos convencidos de que nos merecía la pena. Pensar y asombrarnos, escribirlo lo “mejor” posible y compartirlo, contagiarnos, dejarnos la huella señalada para continuar nuestra senda.
            Éramos permeables y nos autoexigíamos. Vivíamos enamorados. Buscábamos consejos, los cotejábamos, ansiábamos encontrar modelos para superar las metas y superarnos, estadíos desde los que partir hacia nuevos horizontes en nuestros viajes respectivos. En nada nos parecíamos unos a otros. Cada uno con su estilo, sus obsesiones, sus debilidades, sus expectativas. Ninguno estábamos exentos de pecado, salvo el de buscar la claridad, y en ello encontrábamos el confort necesario y la fuerza para renunciar al conformismo. Éramos honestos. Asumíamos una responsabilidad impropia de nuestra edad. Y nadábamos en nuestras limitaciones. Si hasta lo dijo el profesor Jaume Farrés, en la presentación de “Primera claridad”, "99 páginas exquisitamente editadas..." –según el periódico 'Diario de Navarra'–, la antología poética del grupo, el que yo mismo promoví y ayudé a fundar y coordiné durante años, en el que estábamos todos e incluso algunos más, reunidos, y cuya realidad propició nuestro encuentro: Me hubiera gustado veros menos prudentes, que comprendiérais que no solo os expresais sino que estáis creando, y creando en el linaje arriesgado de Unamuno, que rechazó la musicalidad del verso… Por esas mismas fechas, un articulista del diario 'Navarra hoy', Lamberto Pérez, se hizo eco de esas palabras y publicaba en su columna: Hay en estos días en el aire ecos de zarabanda poética…, y es verdad que eso era, y que representó para nosotros un punto culminante de lo que éramos, apenas tres años después de haber nacido. 
            Recuerdo haber llegado a la Universidad y enseguida ponerme a pensar qué podía organizarse. Hablé con una compañera de clase, Alba Fité, que tenía un hermano en tercero, Toni, y llamamos a otros: por su parte, Fernando Martínez Vallvey, Vicente Pérez, Toni Gratacós, Idoia Jiménez, Rafael de Ribot y él mismo; por la mía, además de mí, Eva Leal, Julio Pinel y César González Cajete. Nos reunimos una mañana en el entonces cubículo de la secretaría de alumnos de la Facultad, justo a un costado del Faustino, y en una hoja de papel doblado escribimos a máquina nuestros comienzos. De todos ellos pueden saberse cosas y encontrar referencias, aunque entonces no éramos nadie. Esto tan simple lo levantó todo. Nos pusimos bajo los auspicios y el tutelaje de don Luka Brajnovic y comenzamos a reunirnos cada quince días… 
            Cuánto ha cambiado todo desde entonces... Hubo un recital poco después en el Aula Magna de la Universidad, que organizó el filósofo Ilia Galán y en el que leímos muchos... César, admirador irredento por entonces de Milan Kundera; Juan Gracia Armendáriz, un narrador extraordinario; Inma Cánovas, que luego se decantó por la escritura de cine; mi extraordinaria paisana Eva Leal; Fernando Martínez Vallvey, alumno aventajado del inolvidable gran maestro suyo y mío don Luka, que ha sentado cátedra después en la Universidad de Salamanca; Javi Laforet, un artista de fuerza descontrolada; el gran Ángel Alcalá, poeta y novelista de vuelos transatlánticos..., y ahí pusimos, aunque no fuera un evento organizado por nosotros, la primera piedra real del monumento que fuimos capaces de erigir en los siguientes años. De aquella lectura de poesía en la que el propio Ilia montó escándalo y que supuso que la rectoría prohibiera más eventos de alumnos en lo sucesivo en tan solemne espacio… 
           Y, en efecto, tiene sentido la pregunta que encabeza este artículo, porque la tertulia era eso: “la” tertulia, no una tertulia y tampoco una tertulia con apellidos; la que fundamos diez estudiantes de la Universidad de Navarra tal día como hoy, un 21 de noviembre, aunque de 1987, hace 34 años, con el nombre de “Liceo Navarro”. 
            El 4 de diciembre del año pasado, 2020, en mi artículo Mi primer poema, segunda entrega de mi ‘Líneas de desnudo’, hacía una referencia específica a la misma, y, no sé muy bien si como aviso a navegantes o simple propósito, afirmaba: Un día puede que escriba en este espacio acerca del Liceo Navarro, y ahora creo que ya ha llegado el momento.   
            “¿Eres tú el que organiza la tertulia?” Así comienzan las tres novelas de mi trilogía de la reconstrucción de la memoria, El año de las tormentas, cuyas cuatro partes se centran, por los misterios de la autoficción en aquellos años de plenitud y de primera claridad... 

(Continuará...)

 __________
Nota del autor
Agradezco de corazón a Eva Leal su generosidad en cuanto a ayudarme a reconstruir la memoria de un tiempo que siendo viejo es más nuevo que ninguno.
 
   
 Artículo del periodista español Javier Errea en el Diario de Navarra con motivo de la presentación de Primera Claridad, antología poética del Liceo Navarro, publicado el 12 de diciembre de 1990.
Fotografía:  Cortesía de Eva Leal.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

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Voces ensortijadas 96. La regla de las 3 erres. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 96

La regla de las 3 erres

Por María Gabriela López Suárez

Roberta había dispuesto que, en casa, esa semana harían depuración de lo que no utilizaban, para donarlo si estaba en buen estado o desecharlo si no era útil. Lo primero que pensó fue en el cuarto de su hijo Roberto. Él solía guardar muchas cosas que luego no ocupaba. 

Cuando estaban desayunando le comunicó la noticia a Roberto, él la quedó viendo. Roberta conocía esa mirada, significaba  algo como, no me entiendes mamá, todo es útil en su momento. 

La tarea comenzó y Roberta tenía práctica en eso, en un par de días juntó tres cajas con cosas para depurar y dos bolsas con ropa y calzado para donar. La tarde del miércoles decidió dar su revisión para ver cómo iba Roberto en su actividad, lo encontró en su cuarto con varias hojas de papel debidamente apiladas, unas libretas en proceso de deshojar y unos frascos de vidrio que ella había colocado en lo que iría para la basura.

Roberto observó el rostro de su mamá, intuyó que le diría algo y acertó.

—¿Y en qué se supone que avanzaste? Yo ya seleccioné las cosas que sirven, las que no, pero veo que ya fuiste a recoger cosas que van para la basura.
   
—Sabía que me dirías algo, pero esta ocasión no seguiré acumulando cosas, lo prometo. Te explicaré mi idea. 

Roberto recordó lo que había aprendido en algunas clases de la secundaria en su materia de Ciencias, y eso era lo que estaba  tratando de aplicar. Le explicó a su mamá que la idea de ella era muy buena, separar las cosas para donar las que servían y tirar a la basura las que no usaban. Sin embargo, podrían hacer algo más en beneficio del medio ambiente, aplicar la regla de las tres erres reducir, reciclar y reutilizar. Eso era lo que él intentaba hacer con las hojas, darles otro uso porque tenían un lado limpio, con ellas haría libretas pequeñas, sabía que a Roberta le encantaban. En cuanto a sus libretas aún podría ocuparlas para otro ciclo escolar con las hojas que estaban sin usar. Respecto a los frascos de vidrio los podían decorar y reutilizar para guardar semillas en la despensa; la otra idea era para obsequiarlos como dulceros o semilleros en alguna fecha del año.
 
Las ideas de su hijo le parecieron muy interesantes a Roberta, quien escuchaba con atención y recordaba haber leído en un periódico hace algunos años que se cortaban 500 mil árboles diarios y que para fabricar una tonelada de papel se requerían de 15 árboles. Era un impacto fuerte para la naturaleza. Esa tarde ella había aprendido algo nuevo, Roberto le había dado la lección de las tres erres y por otro lado, ella ya se estaba imaginando que le gustaría tomar parte en la elaboración de libretas y decoración de frascos. 


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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 96. Palinodia del cuerpo. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 96

Palinodia del cuerpo
(Sobre la exposición de Juan Ángel Esteban Cruz)

Héctor Cortés Mandujano




1. La muchacha, enamorada de sí misma, ve sus pupilas hermosas en el espejo. Detrás de ellas, una bola blanca y sanguinolenta, llena de misteriosas conexiones, está oculta en el interior de su rostro, como sarmentosa raíz oscura, en el revés de su ojo. 
         Debajo de su ombligo lúbrico, piel adentro, las costillas flotan mientras la sangre escurre, camina, corre, brota de un manantial recurrente y cansino. Sus pechos opimos muestran a ilusos la majestuosa apariencia superficial de la belleza, mientras late debajo un corazón hecho de viejos y revueltos huesos sangrantes.  

2. Levanta el pedante su brazo admonitorio y cree decir palabras que no son más que ecos repetidos de la nada eterna y sucesiva. El hombre vivo es sólo el montón de huesos que sostienen la ilusión de los cabellos, los labios, el sexo. La vida es la última línea de claridad, en el ocaso, antes de que caiga sobre ella la noche definitiva, unánime.

3. Aquel hombre genial, esta mujer encantadora, ese niño inocente, y también la vieja sabia, el anciano insoportable… todas, todos, alguna vez seremos comida fácil para los insectos que acomodarán los cráneos mondos sobre sus patas implacables, para los zopilotes que esperarán con paciencia nuestro último suspiro y que desdeñarán nuestras joyas para yantar a gusto en nuestras vísceras, en nuestra carne magra. Nos volveremos sólo huesos que roer para quien, después, será comido por otros, hasta llegar al revuelto polvo al que nos integraremos antes de volvernos aire, luz, vacío, nada…

¿Cuántos órganos se involucran en el acto mágico de ver? Muchos, algunos tan invisibles como la memoria: veo esos ojos y recuerdo a una mujer a la que quise, miro la tarde y mi padre muerto me pide que caminemos juntos. Además, el color no existe. Y el tiempo es una mezcla inextricable de ayeres, este instante y tal vez mañanas. Vemos distinto cuando somos niños, cuando jóvenes, de viejos. Y somos todos los sexos, todos los animales, todas las posibilidades: los mundos, los universos.
	Juan Ángel Esteban Cruz mira y pinta desde la profunda oscuridad que somos nosotros, que él es. Tiene la luz de la inteligencia y la sombra del arte que camina dando palos de ciego. Sabe que detrás de la bella escenografía están las maderas empatadas, los clavos enmohecidos, el cartón rompiéndose, y eso le importa más que la boca pintada con el uso maestro del bilé. 
         Esta exposición es su visión panóptica y su mirada fija; lo que ve, imagina y sueña en la duermevela, el sueño paradójico, la pesadilla.
	El otro salto es saber cómo nuestra mirada puede volverse esa raya, ese color, aquel dibujo, esta obra. Y allí ya entra el concepto, que es un quebradero de cabeza: arte. El arte es volver a nuestros orígenes, se ha dicho desde la filosofía. Y somos esqueletos, sangre, negruras, alimento para otros, carnada, misterio. Eso nos dicen estas imágenes.
	El ojo, el cerebro, la memoria, la mano, la vida de Juan Ángel Esteban Cruz están en estas representaciones que nos inquietan, nos inquieren, nos envuelven en algo que está más allá de él, que las hizo, y más allá de nosotros, que las contemplamos. 
        En ese más allá donde tiembla el agua del manantial interminable del arte eterno, de la muerte que nos espera, que nos hace señas obscenas y, a la par, guiños sugerentes. 

4. Parece que los cuerpos se retractaran de su vestido de carne en las pinturas de Juan Ángel: El gallo es una aparición de huesos y ectoplasma, que intenta cantar en el aire gris de la no materia. No termina la tortura en el esqueleto que se halla atado con alambre de púas y parece gritar piedad desde su boca seca, desde sus ojos huecos. Es bello el pez azul que, como Caronte de espléndida cola, parece arrastrar un cadáver en las aguas de la muerte, pero en las aguas rojas el pez también es una colección de huesos, una aparición que aletea, con la grandiosidad de su veste carmesí, en las profundidades de la nada…

5. Al imago no llegan estas imágenes, estas apariciones, son palinodia del cuerpo: el gazapo bicéfalo es devorado o alimentado, lo mismo da (¿quién dice que no es lo mismo estar vivo que muerto?), por un homúnculo femenino, mientras parecen caer en un abismo azul de resplandores rojizos. La muerte escarlata toca la tarantela de los muertos. La mujer y la calavera están a punto de pasarse, en un beso, el pez violeta del amor.

*Texto incluido en la exposición Palinodia del cuerpo, de Juan Ángel Esteban Cruz, inaugurada el 19 de noviembre de 2021, en Telar Teatro, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas 



 


Contactos: hectorcortesm@gmail.com.     

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Cajón de rubores. 2. Fisonomía 2-La Jirafa Nubia. Antonio Florido

Cajón de rubores / 2

Fisonomía 2 
La Jirafa Nubia

Por Antonio Florido

       
Ware expresa la humildad que nace en su sentir como la comparación entre lo diminuto y lo fantástico. Tan así que el cuerpo alargado que mira impone su criterio derramando un castaño definido en la altura. De la nada surge, crece; yergue su figura hasta lo alto, donde en el cielo se percibe un cuello manso y poderoso, diríamos casi humano. Pasamos de la altivez inicial a la calma de la emoción, en una aquiescencia premeditada, o tal vez nacida del mundo para todos los tiempos. Más allá, vean, la cabeza se hunde en el mutismo. Observa silenciosa las tantas figuras trianguladas, como si el occidente buscase la respuesta a sus desvaríos. En otro lado de la historia un rey piensa en su obra, mira por la ventana del palacio y espera. El pintor, oculto tras una mancha azulada, lacea y muere de pronto, recuerda a su soberano, al requerimiento que apremia, y de tanto los colores van surgiendo, como por arte de magia, del extremo picudo, verde, azul, blanco…
          Bajo los hombres las sombras se quedan marcadas en unos verdes intensos, pintan obscuridades; así las patas del animal, en una fuga inevitable, hasta la rayana del cielo que luce un celeste tranquilo. 
          El animal confía en sí mismo, ajeno al trato y al porvenir. No es más que el secreto de Missiroli: El silencio, el maquillaje y Dios. Tres pilares, tres hombres, tres lecturas y tres sentimientos en la mente.
          Como si el tiempo se hubiese parado, incapaz de atravesar el vacío de la ventana por donde el rey continúa observando, en una ilusión que desaparece envuelta en sueños, la cosa se aquieta. Ahora, en la otra esquina de la ciudad, un sirviente desnuda a su amo. El hombre lo va despojando de los vestidos sucios y rotos. El artista aparece con los ojos cerrados, piensa en su obra. Tantos meses de caminatas le han servido para entender que todo tesoro permanece siempre oculto, detrás de la prisa y las obsesiones huecas. Recuerda cuando los indígenas le mostraron al animal. Manso, feliz, sonriente, con su cabeza inclinada, servil. En la trasera un matorral casi imperceptible (quizás imaginado), anticipa un bosque sin fin y, más allá, la meseta desierta perdida en el infinito llano. Pero ahora tenía ante él la oportunidad de comunicar con su paleta los demonios y santos que le mordían el alma…
         Hay algo de desconcierto en la obra nubia. No sabremos nunca dónde comienza y dónde acaba, ¿es, acaso, una leyenda, una trama, un entretenimiento fútil, un sueño pasajero, una necesidad innecesaria? Me refiero a todo. A la realidad más real, la que llamamos nuestra, a la realidad más pequeñita, la encuadrada por la geometría, como atributo de la sustancia que nos creó; ¿dónde empieza el color, dónde el sueño, dónde, insisto, la vida soñada en un sueño de vida, en un paisaje malva de vida, de muerte, de fin?
         La jirafa nubia permanece en silueta permanente, la hermosa jirafa, la coqueta jirafa salpicada de barro, la gigantesca jirafa de Sudán. Y, por encima, lo UNO, clavando sus ojos en las cabezas obtusas de los comerciantes. 
         Thoreau afirma que “en literatura sólo lo salvaje nos atrae”. También en la pintura, en el arte, en la vida; siempre lo salvaje se nos muestra con un mensaje ignoto y misterioso, recóndito, como el horror cósmico de Cthulhu, como las sombras volcadas sobre los blancos lienzos impacientes.
 
 

 

La jirafa nubia, Jacques-Laurent (1767- 1848)




*Sobre el autor:

Antonio Florido Lozano

Narrador, ensayista y poeta

Carmona, España, 1965.

Desde 2011 ha publicado ocho novelas y tres libros de cuentos. Su obra ha merecido una docena de premios nacionales en España. Su novela Blattaria (2015) fue llevada al cine en 2019 en una coproducción peruana-española. Afirma ser “un autor neoexistencialista que aborda asuntos éticos y de actualidad, como la violencia (interior, de contexto y doméstica), el maltrato a los ancianos, la muerte digna, la intolerancia hacia la homosexualidad, la decadencia moral del ser humano…”, y le gusta ser considerado “un escritor vertical y conceptual”.

Colaborador habitual de numerosas revistas de arte y literatura de varios países hispanoamericanos, desde hace quince años es también columnista en diversos medios de comunicación.