Universo breve. 2. Recordatorio oportuno. Damaris Disner

Recordatorio oportuno 

La gata café se acurrucó sobre la mesa. En esa posición era tan parecida al gato blanco. Recordó que desde que él murió no se sentaba a escribir en la terraza. Una notificación de Facebook le hacía saber que esa noche se colocaban las veladoras para las mascotas muertas. El golpe seco en el techo fue idéntico al que se oía en sus salidas nocturnas. No tuvo duda, fue su reclamo por pensar que regresaría en una gata; lo machista nunca se le iba a quitar. 

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Voces ensortijadas. 86. Tejiendo ideas. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 86

Por María Gabriela López Suárez

Tejiendo ideas

Asunción se levantó muy temprano el sábado, el arrullo de la llovizna la adormeció la noche anterior y fue también el que la despertó. Había viajado a su casa el fin de semana y en la región donde vivía llovía la mayor parte del año. 

Nadie de su familia estaba despierto. Fue a la cocina, se preparó un té de jengibre. Luego abrió una de las ventanas de la sala y se quedó contemplando el paisaje. Su montaña vecina no se distinguía, aunque la llovizna había cesado ahora permanecía una densa capa de neblina. 

Comenzó a beber el té. El airecillo de la mañana le había dado frío, fue por un suéter a su cuarto. Decidió quedarse ahí un rato más. Su mirada se posó en el cesto donde guardaba un bordado que tenía un par de semanas que no tocaba. Se levantó, tomó el cesto y sacó la manta, observó que estaba a medio terminar. Había retomado el bordado recientemente, como una manera de relajarse cuanto se sentía muy estresada, pero también se percató que cuando bordaba disfrutaba mucho la manera en que su mente iba pensando en cómo entrelazar colores, puntadas y dar vida a la figura dibujada en la manta.

El bordado que estaba haciendo tenía en su mayoría tonos en color marrón, rojo y naranja, los colores cálidos eran de sus favoritos. Dio otro sorbo a su té, después se acomodó sobre la cama y comenzó a bordar. Mientras iba haciendo cada puntada se le vino a la mente que tenía que realizar una tarea en equipo. Esa idea no le agradaba, solía tener resistencia al trabajo en colectivo. Sus experiencias en años escolares anteriores habían sido desafortunadas, ella y alguien más hacían el trabajo y el resto del equipo salía beneficiado. 

Hizo el intento por dejar de pensar en ese pendiente para disfrutar del bordar, sin embargo, la idea seguía asomándose. Pausó por un instante, observó cómo iba el bordado y se fijó detenidamente en la gama de colores que se mezclaban. Continuó su labor, al tiempo que se fue imaginando que cada color de las hilazas era como un integrante de un equipo, la acción final era terminar el bordado y cada uno de los hilos daba la pauta para colorear la figura de la manta. Es decir, era necesaria la participación de cada uno. Terminó de rellenar la figura de dos cántaros y  guardó su bordado.

Bebió el último trago de té. Se quedó pensando que si el trabajo en equipo fuera como bordar no estaba tan mal, era una manera de ir tejiendo ideas y poniéndolas en orden para realizar la encomienda. Recordó que hace tiempo leyó en el Libro de los saberes una frase que le gustó mucho, el autor era Meterio, un marakame  huichol, "juntar los momentos en un solo corazón, un corazón de todos, nos hará sabios, un poquito más para enfrentar lo que venga. Sólo entre todos sabemos todo". 

Asunción decidió darse la oportunidad de poner en práctica su actividad por equipo como si estuviera bordando. Salió de su cuarto, seguían durmiendo en casa. Sintió los rayos del sol que había despertado, se asomaba sobre la montaña vecina y la saludaba a través de la ventana.

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 86. Vida marital. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 86

Vida marital


Héctor Cortés Mandujano

Yo busco, yo persigo, yo reboso

fuerza de amor, que de mi forma vierto:

Vivo extra-mí: mi cuerpo sin reposo, vertido ya en el amor, es cuerpo muerto.

José Martí, en “La ví ayer, la ví hoy”
En el canto X, “De cómo Brunequilda fue recibida en Worms”, de El cantar de los nibelungos, escrito en el siglo XIII, Gunter quiere tener intimidad por primera vez con Brunegilda, su esposa, una guerrera muy fuerte, quien sólo pudo ser vencida (condición para casarse) por Sigfrido, el héroe de los primeros cantos, y posterior cuñado de Gunter, quien ordena su muerte y desencadena la brutal venganza que es la parte más impactante de la historia.
	Cuando Gunter quiere poseer a Brunegilda, decíamos, ésta no quiere; él intenta obligarla, ella lo vence y lo ata sin mayor esfuerzo; Gunter cuenta a Sigfrido su humillación y éste, invisibilizado por un sortilegio (se pone un casco del tesoro de los nibelungos), lucha con ella y es casi muerto. Pero la derrota y Gunter finalmente la toma, la hace suya. Brunegilda cree que su marido es poderoso y se somete.
	[Leer El cantar de los nibelungos es toda una experiencia; en especial por los cantos finales donde hay tanta matanza descrita, tantas luchas cruentas con espada, tanta sangre… Espeluznante.]

La cinta Malcolm y Marie (2021, dirigida por Sam Levinson) me recordó esa vieja historia. Malcolm es un director de cine, que ha triunfado con su primera película y Marie, su mujer, le reclama que haya usado su historia como argumento, que no le haya agradecido públicamente y que, siendo ella actriz, no la haya contratado para interpretarse a sí misma. No tienen intimidad esa noche, claro, y aunque tal vez sigan juntos, la discusión ha abierto muchas heridas, que quién sabe cómo se cierren.

En La buena esposa (The Wife, 2018, dirigida por Björn Runge), la actriz Gleen Close representa a la esposa de un escritor que ha ganado el Premio Nobel de Literatura. Él comienza a marearse por la fama hasta que somos testigos de la escena explosiva del matrimonio donde nos descubren la verdad: la escritora es ella, a quien no le interesa figurar, y él sólo se ha aprovechado, con el acuerdo de ambos, del talento de su mujer.

En la vida real, Sofía Adréyevna Tolstáya (1862-1910) fue esposa de León Tolstói y copiadora de su obra. Uno de los varios problemas que cruzó este matrimonio (que tuvo trece hijos) fue que Sofía, dado que copiaba los libros de su marido –y que también era escritora– quiso, quería poner su nombre en las portadas como coautora. No le faltaba algo de razón, pues copió siete veces la voluminosa y genial Guerra y paz, y algo le habrá agregado, seguro.

En varias funciones de mi obra de teatro La divinidad del monstruo, y a veces a pregunta expresa, he dicho que la obra se llamó inicialmente La patria de la irrealidad; para que la gente no pensara que tenía contenido político, decidí rebautizarla y le propuse a mi mujer dos títulos, para ver cuál le gustaba. Ya los olvidé, pero en uno estaba la palabra divinidad y en otro la palabra monstruo. Mi mujer escuchó mal, unió justamente esas palabras y me regaló un título que me encanta. Gracias, mi vida.



Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración: Luis Villatoro




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

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Voces ensortijadas. 85. Todavía no hay nadie. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 85

Por María Gabriela López Suárez

Todavía no hay nadie


Eréndira revisó su reloj, faltaban 8 minutos para que iniciara su reunión virtual con Juan, Gloria y Benito, con quienes estudiaba la licenciatura. Tenían un trabajo por equipo y habían acordado reunirse al mediodía.  No le gustaba llegar tarde pero esa mañana salió a comprar ingredientes para sus galletas. A mitad de la contingencia sanitaria había decidido hacer galletas para apoyar sus gastos en la escuela. Bajó  rápido del colectivo, corrió hacia su casa. Apenas estaba a tiempo.

Entró apresuradamente a su domicilio. Se quitó el calzado, hizo su limpieza para sanitizarse. Dejó su bolsa con el mandado. Se percató que estaba sola en casa. 

Fue a su cuarto, prendió la computadora y buscó el enlace para ingresar. Sentía el palpitar de su corazón más que rápido. Miró el reloj, 12:08, respiró profundo y entró a la sala virtual. Ahí estaba Juan, el más puntual de su equipo, lo saludó y le pidió disculpas por el retraso. Juan dijo que no tenía problema. 
Mientras llegaban Gloria y Benito, empezaron a platicar de cómo les había ido en la semana. En eso estaban cuando ingresó Gloria, 

—¡Hola! Buen día. Estaba preocupada por llegar tarde, pero veo que todavía no hay nadie.

Eréndira se quedó pensando, ¿acaso Juan y ella no contaban? ¿Eran nadie para Gloria? Como un flashazo vinieron a su mente las veces que de niña ella acompañó a su abuelita Chole a los rezos. Cuando solían llegar a alguna casa y coincidían con doña Sofía, una vecina del barrio, siempre solía decir esa frase, "todavía no hay nadie, yo que estaba preocupada". Eréndira jalaba de la blusa a su  abuelita y con su voz no tan débil le decía,

—Abue, ¿por qué doña Sofía dice eso? ¿Nosotras no contamos?  ¿Somos nadie? 

Doña Chole la volteaba a ver y le tomaba de la mano suavemente, mientras le decía:

—En la casa platicamos.

Esa plática con su abue nunca se dio, pero Eréndira creció pensando que si alguien estaba en un espacio y un lugar contaba su voz y su presencia, por lo tanto, debía ser tomada en cuenta. Regresó a su reunión virtual. Pensó que Juan diría algo, observó su rostro en la pantalla, él solo se limitó a saludar a Gloria. Eréndira prendió su micrófono y dijo,

—¡Hola Gloria! Bienvenida, Juan y yo estamos ya estamos acá, contigo ya somos tres. Solo falta Benito. Así que ya habíamos dos y ahora te sumaste.

Gloria sonrió, se disculpó por llegar tarde y por haber dicho eso. Les mencionó que era una frase que solía usar y no recordaba cómo la había aprendido. Finalmente, Benito se integró, con algunas fallas en su conexión. La reunión se realizó y después de tomar acuerdos se despidieron.


Eréndira se dispuso a limpiar los productos que había comprado, mientras lo hacía no pudo evitar recordar la frase, "todavía no hay nadie". Y evocó a Eduardo Galeano, con "Los nadies", uno de los textos de su obra El libro de los abrazos. En eso estaba cuando escuchó que la puerta de la casa se abrió y una voz dijo, 

—¿Hay alguien en casa? 

Era su mamá. Había llegado.

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 85. Más de 200 aviones sobre el cielo de Atenas. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 85

Más de 200 aviones sobre el cielo de Atenas


Héctor Cortés Mandujano

He leído tal vez una veintena de libros de Roald Dahl (1916-1990), pero Volando solo (Alfaguara, 1988), uno que leí recientemente, ha sido quizás el que más me ha gustado. Es autobiográfico, continuación de Boy, que habla de su infancia.
	En Volando solo Roald se va como empleado de Shell a Dar es Salaam, en Tanganica, hoy Tanzania. En su barco de ida le pasan anécdotas divertidas; una de ellas con la señorita Tefusis, una anciana que cortaba incluso las naranjas con tenedor y cuchillo, porque (p. 18) “los dedos son cosas repugnantemente sucias. Piense sólo en lo que se hace con ellos. […] Los dedos no son más que herramientas. Son las herramientas de jardinería del cuerpo, las palas y las horquillas. Los metemos en todas partes”. Aún más (pp. 18-19): “¡Los dedos de las manos son asquerosos y sucios, pero los de los pies…! ¡Los de los pies son como reptiles venenosos!”.
	Hay dos relatos escalofriantes, ya cuando vive en Tanganica, sobre dos serpientes venenosas y agresivas: la mamba negra y la mamba verde; sin embargo, la historia de simba (en swahili es león) puede resumirse. Le dicen (p. 40): “¡Un león enorme se está comiendo a la mujer del cocinero!”, y lo ven (p. 41) “llevando orgullosamente a la mujer en la boca al igual que un perro que se aleja con un buen hueso”. Lo asustan con una bala y suelta a su presa. La sorpresa es que ella se incorpora sin un rasguño y explica (pp. 42-43): “Me quedé quieta en su boca, fingiendo que estaba muerta, y ni siquiera me ha roto la ropa. […] Me llevaba tan suavemente como si hubiera sido uno de sus cachorros”.
	Cuenta también una historia notable sobre los sapos que cantan cuando se hayan dispuestos para el sexo. Llega la hembra y siguen cantando, sin hacer caso de ella (p. 63): “La ignora totalmente y continúa sentado, lanzando su canto a las estrellas, mientras la hembra aguarda paciente a su lado. Espera y espera. El macho sigue cantando sin cesar, a veces durante varias horas, y lo que realmente sucede es que el macho está tan enamorado de su voz que se olvida por completo de por qué comenzó a croar. […] Ella pierde la paciencia y comienza a empujarle con una de las patas delanteras y, sólo entonces, sale el macho del trance y se vuelve y se une a ella”.
	La segunda parte del libro es cuando se convierte en piloto de guerra y participa como tal en el conflicto bélico entre Inglaterra y la Alemania de Hitler. Son poquísimos aviones ingleses que han sido destacados en Grecia, doce, contra los muchísimos alemanes, y dan pelea. Se hallan los doce en el cielo sobre Atenas y aparecen cientos de aviones alemanes (p. 134): “Testigos de tierra dicen que no habría menos de doscientos aquella mañana. Rompimos la formación y cada hombre tuvo que preocuparse de sí mismo. Comenzaba lo que llegó a conocerse como la batalla de Atenas”. Es impresionante cómo Roald y varios pilotos ingleses más (sólo derribaron a cinco) lograron sobrevivir en aquella circunstancia.
	Intentan matar a los sobrevivientes en el campo de aterrizaje de Eleusis, Grecia, pero sobreviven y se trasladan a un pequeño campo de Megara. Allí, escondidos en una colina, son testigos de cómo un avión alemán bombardea un barco; deja caer (p. 146) “un gran bulto de metal negro que descendió bastante lentamente”. Ven cómo el barco explota. Roald narra sin melodramatismo el hecho (p. 147): “Mirábamos al petrolero ardiendo. Nadie había escapado con él con vida, pero había un cierto número de cuerpos achicharrados flotando en el agua. La corriente o la marea iba acercando lentamente los cuerpos a la orilla”.  
	 Gran libro.


Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración: Luis Villatoro




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 84. La ceiba. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 84

Por María Gabriela López Suárez

La ceiba


Rosaura, Roberto y Ruth habían salido a trotar como todas las mañanas, aparte que les era útil para su actividad física, les resultaba divertido convivir como hermanos. De regreso a casa, Rosaura, la hermana mayor les propuso retomar la ruta de los andadores, además de estar arbolada permitía que hicieran su actividad con menos transeúntes. Aceptaron.
Roberto y Ruth iban casi al mismo ritmo, Rosaura iba detrás de ellos, atenta para no quedarse mucho. Ella era quien les había propuesto hacer actividad conjunta, sus hermanos adolescentes habían aceptado. Rosaura disfrutaba mucho esa convivencia, además, le resultaba grato observar los paisajes, cada mañana era distinto, hallaba algún motivo diferente con el cual asombrarse.

Iban casi cerca de su destino cuando pasaron por un andador, el hogar de una bella ceiba, situada a la mitad del camino. Desde lejos Rosaura observó cómo el follaje de sus ramas se mecía al vaivén del viento que soplaba esa mañana. Le pareció que estaba frente a un paisaje nuevo, aunque ya la conocía la ceiba le resultó imponente, alrededor de 30 metros de altura. Fue bajando su ritmo para hacer una pausa y observarla de cerca. Llamó a sus hermanos.

—¡Ruth, Roberto! Hagamos una pausa, vengan.

—¿Te sientes bien? —Preguntó Roberto.

—¿Te acalambraste? —Inquirió Ruth.

—Nada de eso, solo quiero que observemos algo.

Cuando llegaron se percataron que Rosaura estaba con la vista hacia arriba, en la parte alta de la ceiba. No preguntaron qué buscaba, se sumaron a la contemplación del paisaje. En una de las ramas había una paloma blanca. Se veía tan linda, reposando.

Se sentaron en unas bancas de cemento, alrededor de la ceiba. Rosaura les contó que la ceiba era un árbol sagrado en la cosmovisión de los pueblos mesoamericanos, en especial para la cultura maya. En lengua maya le llamaban ya’axche, que significa árbol verde. La importancia de este árbol era ser conector entre el cielo y el inframundo.

Ruth y Roberto escuchaban con atención a Rosaura. Ruth se animó a interrumpir,

—¡Orale! ¿Cómo sabes esto?
Rosaura dijo que algo había leído en libros y también en sus clases de historia. Pero también recordó que en pláticas de personas mayores también había escuchado el respeto a la ceiba. Además, les dijo que ese árbol lo había conocido de pequeña. Hizo memoria de cuando vio las espinas gruesas que tenía en el tallo verde, cómo fue creciendo y con el paso del tiempo su tronco cambió de color, se engrosó y se hizo resistente. Las espinas ya no se observaban, era una ceiba madura.

También les pidió que pusieran atención en un detalle, la ceiba había sido mutilada en algunas de sus ramas más bajas. Seguro había sido doloroso en su momento, pero sus heridas habían sanado. Ahí estaba imponente y bella, dándoles cobijo esa mañana a la paloma y a ellos. La ceiba además de ser sagrada, era un ejemplo de cómo afrontar la vida y permanecer a pesar de las batallas. Ellos eran afortunados de tenerla en su caminar.

Roberto sonrió y agradeció a Rosaura esa pausa. No tenía idea del valor de ese árbol, que era parte de su cotidianidad. Ruth se acercó a Rosaura y la abrazó. El aleteo de la paloma les hizo volver la vista y comenzar a prepararse para reanudar su camino a casa.

Fotografia: Pexels

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 84. Palabras como el corazón, como el mundo. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 84

Palabras como el corazón, como el mundo


Héctor Cortés Mandujano

No condeno yo las palabras que son como vasos selectos y preciosos,

sino el vino del error que en ellos nos servían ebrios maestros

San Agustín en Las Confesiones

Las palabras están hechas para transformarnos. 
        Digo soy millonario y de inmediato sé que tengo yates, un castillo, muchas cuentas de inversión, varios viajes pendientes a escogidos puntos del planeta y tal vez cierto tedio por tenerlo todo.
	Digo soy pobre y mi pantalón se llena de orificios y mi camisa está rota y sucia, camino con hambre y sed por las calles, y la gente se asusta de mi aspecto. Pero quizás, si la nombro, tengo esperanza.
	Vuelo, digo, y siento el aire sobre mi rostro y casi enfrente el pico de la montaña con la que estoy a punto de estrellarme porque, por la emoción, no he puesto la atención debida en mi trayectoria.
	Soy un pez y soy un anciano y luego una niña y después el pasto que crece y se come el caballo, que también soy yo.
	Digo que soy el cielo y siento en la panza como me crecen las estrellas, me quema el sol y me acaricia la luna.
	Y digo mundo…

Las palabras nos pueden hacer desgraciados o felices, nos alejan y nos acercan, hieren y acarician. 
        Por eso, es mejor decir aquellas que más nos cobijan, que más nos hacen falta, que más nos vuelven humanos, fraternos; que nos convierten en la misma vida, el mismo mundo, el mismo corazón: en amor y en paz.


Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 83. Tomar un respiro. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 83

Por María Gabriela López Suárez

Tomar un respiro


El sol estaba en su máximo esplendor ese mediodía del sábado, a Josefina le había tocado ir por el mandado. Leonor, su hermana había salido de comisión y regresaría por la noche. A Josefina no le apeteció ir hasta el mercado, se había despertado tarde y lo caluroso del clima poco le animaba para ir. Vio como un gran beneficio que cerca de su casa hubiera una verdulería.

Después de un tomar un baño se dispuso a arreglarse. Luego, escribió la lista de cosas a comprar, la revisó cuidadosamente para que no se le olvidara algo. Jaló su sombrero de palma, su bolsa de tela, su monedero, sin olvidar sus lentes para el sol. Guardó las llaves de la casa en la bolsa izquierda de su pantalón y salió.

La bienvenida que le dio el sol le hizo recordar que, aunque el calor estaba intenso, le vendría bien ese baño de sol para terminar de despertarla y le ayudaría a que se produjera más serotonina en su organismo. Algo había leído sobre eso. En pocas palabras, asolearse un poco le traería beneficios.

Se dirigió a la verdulería, caminó alrededor de 8 cuadras. Llegó a su destino. Antes de comenzar por la búsqueda de verduras, legumbres y frutas, observó la manera en que estaban colocados cada uno de los productos. La organización de las verduras y frutas era algo que solía gustarle, hallaba armonía en la colocación y mezcla de colores que se apreciaba, además de los olores que predominaban. En el apartado donde estaban las legumbres y especias sucedía lo mismo, cada producto se dejaba ver sobre una muestra cuidadosamente colocada sobre costales abiertos.

Surtió la lista del mandado, guardó su compra en la bolsa y se dispuso a regresar a casa. A tan solo un par de cuadras para llegar decidió tomar un atajo. En su colonia tenían la fortuna de contar con algunas calles con aceras arboladas que, en días como esos, eran una especie de oasis. Eligió una que le invitaba a transitar por ella, tenía una especie de caminito lleno de hojarasca, antes de mitad de la calle un bello árbol de almendra daba cobijo a quien pasara por ahí.
Inició su caminar y observó que era la única transeúnte, luego se percató que había un señor sentado en unas graditas, afuera de una casa, bajo un árbol de guayaba. El sol seguía intenso, Josefina se felicitó por haber llevado su sombrero de palma, aparte de gustarle mucho, le hacía imaginar que le daba un carácter de misterio, sumado a sus gafas de sol.

Ya quería llegar a casa, su mente no dejaba de hacer ruido con las actividades pendientes que tenía. Cuando estuvo más cerca del señor, observó que tenía a su lado una mochila, como de trabajo, y una gorra. Infirió que se había detenido a descansar un instante, no era para menos el calor estaba sofocante. Josefina dio las buenas tardes y pasó a su lado. El señor le respondió, degustaba tranquilamente una guayaba. Se veía que disfrutaba ese momento.

El ruido de la mente de Josefina pareció apaciguarse un poco, la imagen del señor le hizo darse cuenta que siempre es importante tomar un respiro. Le contagió no solo tranquilidad, sino que le recordó la paz y alegría que se tiene al estar en contacto con la naturaleza. Cuando se percató ya estaba a unos pasos de su casa. Esa salida le había dejado la tarea de que ella también necesitaba tomar un respiro.


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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 83. ¿Quieres que te dé atole con el dedo? Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 83

¿Quieres que te dé atole con el dedo?


Héctor Cortés Mandujano

La mentira es, si no la madre, la nodriza de la bondad.

[…] La simulación, a la larga, se suprime a sí misma, y

los nuevos órganos e instintos son los frutos inesperados

del jardín de la hipocresía

Federico Nietzsche, en Aurora


Sueño incesantemente y suelo recordar con precisión lo que sueño. Por eso, varias de mis novelas, obras de teatro, cuentos y textos no son más que trascripciones de mi actividad onírica.
	En ocasiones, alguien a quien he dado llamar mi maestro (a veces es joven, a veces viejo; hablamos en un castillo, en la selva, en la playa), me da charlas sobre la vida y la muerte, cuyos conceptos aparecen aquí y allá en lo que escribo.  
	Hago este prolegómeno porque ayer por la noche (este ayer sin fecha sobre el que suelo escribir) soñé que daba una clase de tres horas sobre un concepto que yo inventé en mi sueño, a partir de dos palabras (una cinematográfica, otra teatral) y que explicaba a mis oyentes: “Corte escénico –les decía– es cualquier párrafo que podemos aislar de una narración, en el que se pueden identificar el tiempo, el espacio, el tipo de narrador y varias instancias más de la técnica narrativa usada para construir el relato”.
	Ponía como ejemplo a mis alumnos un texto mío (que no he escrito en la realidad) que se llama “¿Quieres que te dé atole con el dedo?”, y era sobre dos amigos –un hombre y una mujer– que por distintas circunstancias tienen que pasar la noche juntos. Se acuestan en camas separadas y luego de desearse buenos sueños, ella le dice a él –ya están a oscuras– que siempre ha querido tener una noche apasionada con alguien que le finja amor con promesas y palabras encendidas, que no tengan que ser ciertas, pero que sean convincentes; y que si él puede hacerlo ella también lo hará, sin que al día siguiente la amistad sufra variaciones.
	Él acepta incondicionalmente y se besan, se juran amor, se dicen y escuchan todo lo que alguna vez hubieran querido oír, decir a alguien, y tienen una noche maravillosa.
	Cuando desperté, mi memoria caprichosa, como si pensara sola en un posible epígrafe para el cuento que no he escrito, recordó el bolero “Miénteme”, de Armando Domínguez Borrás, quien nació en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, en 1921. Según mi top de canciones 2020, que hace en forma automática Spotify, el servicio electrónico donde generalmente oigo música, fue mi tercera canción favorita del año pasado. Me gusta mucho, en especial porque creo que la verdad exacta sobre el amor, la amistad, los cariños familiares no la podremos saber nunca, y tenemos que conformarnos con las mentiras bien hechas, es decir, aquellas que se dicen y tienen perfecta o aceptable concordancia con los actos. No querría ni quiero que alguien me diga que me quiere y me trate mal, por ejemplo.
	Yo, como en el bolero, suelo tener la convicción de que no hay diferencia entre la mentira (“Te quiero”) que es complementaria con el acto, porque ello parece “verdad” o es la verdad más aproximada que podemos conocer, es lo mejor a lo que podemos aspirar, porque si nos empeñáramos en pedirle juramentos irreprochables de amor, amistad o fidelidad a nuestros cercanos sería una pesadez y tal vez, eso sí, escucharíamos muchas mentiras flagrantes.
	Yo, como don Armando, si alguien le da “a mi vivir la dicha con su amor fingido”, no tengo empacho en pedirle “miénteme más”…

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Fotografía: Daniel Dávila




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

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Paso de fuego. La mente del escritor. Alejandro Aldana

La mente del escritor

Para Luz y Emiliano

Por Alejandro Aldana*



Bruno Estañol fue un excelente escritor tabasqueño, eminente médico neurólogo, investigador incansable, novelista, cuentista y ensayista. Cada vez que termino de leer cualquiera de sus obras, me pregunto una y otra vez, ¿cómo es posible que se conozca tan poco su obra? ¿A caso es indispensable la cada vez más denigrante actitud de vedette para figurar en las marquesinas literarias? Estañol estaba tan lejos de todo ese bullicio mundano. 
	Nuestro autor se inscribe en una tradición, cada vez más escasa, de escritores que lo mismo estudian al mundo desde una mirada científica, además de poseer una profunda vocación humanista. Para estos pensadores la filosofía es tan necesaria como la poesía y la historia. Bruno Estañol nos habla desde la aparente sencillez que imprime la sabiduría, es sin duda un filosofo al que le interesa sobremanera la forma de decir las cosas, no teme tener ideas, contrastarlas, confrontarlas y recuperarlas provistas de nuevas posibilidades cognitivas. 
	La mente del escritor es un libro apasionante desde muchos frentes. Nos deslumbra por la erudición del autor, su capacidad expresiva y la belleza con la que establece las más extraordinarias relaciones entre diversas esferas del conocimiento. El lector podrá ver al científico indagando sobre una variedad importante de temas, al filósofo disertando y preguntándose sin el más mínimo temor. Estañol conoce el alma humana, se asoma a ese precipicio con valentía, aún sabiendo que es probable que al final no encuentre nada. Encontrar no es el objetivo, de lo que se trata es de buscar. Lo importante es el proceso de la búsqueda, el placer de hallar nuevas puertas y ventanas para volver al principio, siempre recomenzar, como un Sísifo de la ciencia y el arte. 
	Bruno Estañol trata de responder a las preguntas que por años se han hecho fisiólogos, neurólogos, médicos y psicólogos con respecto al funcionamiento del cerebro; pero nuestro autor va un poco más allá, intenta establecer ese funcionamiento cerebral con la extrañeza de la creación poética, y me refiero al proceso creativo en su más amplia expresión. 
	El neurólogo estudia al cerebro en su más pura materialidad, pero a su vez el filósofo y el narrador se doblegan frente al misterio de la creación. El ser humano es entendido desde su bipolaridad, su dualismo, por un lado tenemos al cuerpo y sus implicaciones fisiológicas, pero además se contempla al espíritu, comprendiendo que es precisamente esa combinación la que nos permite observarnos como seres capaces de producir belleza. 
	El propio Estañol nos cuenta que Freud, otro hombre de ciencia, además de escritor y filósofo, intentó acercarse al núcleo del proceso creador. Escribió brillantemente sobre Dostoyevsky, Leonardo Da Vinci y otros artistas, para finalmente reconocer que el proceso creativo es algo que el psicoanálisis no puede conocer. 
	Estañol, novelista y neurólogo, afirma que es muy probable que el inconsciente participa directamente en la elección de los temas, que en muchas ocasiones tienen que ver con el mundo interior del escritor, la historia de una novela no se escoge deliberadamente, más bien se devela o si se quiere, se revela al creador. La consciencia participa del proceso creativo cuando dicho escritor arremete a la formalidad de la obra. 
	Nuestro autor hace hincapié en las posibilidades de la memoria, su utilidad, la necesidad de la expresión de sus contenidos, aún cuando estos no se presenten de manera consciente. Los recuerdos sufren una transformación óntica, se convierten en material de los sueños y las pesadillas, para que en el momento del acto creativo reaparezcan transformados en símbolos y detonadores emocionales. Contenidos que en muchas ocasiones, ni el propio escritor logra comprenderlos del todo. 
	Estañol nos dice que todo ese cúmulo de ideas, sensaciones, impresiones se revelan como algo profundamente significante, es decir, la polisemia se compone de esas pasiones, dolores y obsesiones. Es ahí donde podemos ubicar el origen de lo que se ha dado en llamar la obra maestra. 
	La mente del escritor  es un tour de force sobre el misterio de la creación humana. 
  
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Sobre Alejandro Aldana Sellschopp

Investigador, promotor cultural, editor, ensayista y narrador.

Ha sido becario de: FOESCA (Emisiones 1999-2000 y 2000-2001), PACMYC, fue becario del FONCA (2003-2004) en el programa de Jóvenes Creadores en la modalidad de novela. Está incluido en la antología del FONCA – Jóvenes Creadores generación 2003-2004.

Ha publicado: Tiempo a Contrapunto (UNAM- Espacio Cultural Jaime Sabines),  Nudo de Serpientes (Novela). Su cuento Diario de un lobo está incluido en la antología Inventa la memoria (Alfaguara). La novela en Chiapas, antología (Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas en el 2018).

Voces ensortijadas. 82. Incienso de copal. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 82

Por María Gabriela López Suárez

Incienso de copal



Esa mañana Eduviges estaba terminando de acomodar algunas cosas en la sala de su casa cuando percibió un agradable aroma a incienso, tenía tiempo que no sentía ese aroma. Intentaba acordarse qué aroma sería, era intenso pero a la vez relajante. El olor se colaba a través de las ventanas, supuso que quizá provenía de casa de sus vecinos, a Joaquín y Azucena les gustaban las velas aromáticas y los inciensos.

El sentido del olfato hizo conexión con la memoria y la remontó a las celebraciones que solían hacían hacer en casa, el aroma le resultaba muy familiar. Mientras seguía intentando acordarse del nombre del incienso su mirada se detuvo en una fotografía de sus ancestras, parte de su linaje materno. En esa imagen, en blanco y negro, estaba su bisabuelita, su abuelita y dos tías abuelas. Tomó la fotografía de la mesa de los retratos y observó detalladamente cada elemento, el escenario se veía como en el patio de una casa, las mujeres estaban sentadas, juntas. Ninguna sonreía, estaban serias pero los rostros se veían apacibles, los rasgos de cada una eran tan claros.

Aunque esa imagen la había visto otras ocasiones no se había detenido para identificar elementos como los que ahora observaba. Calculó el año de la fotografía, al ver el reverso se llevó la sorpresa al hacer la sumatoria, tenía en sus manos un tesoro, más de 8 décadas transcurridas. Se sintió agradecida de poder tener la oportunidad de conocer a algunas de sus ancestras a través de esa imagen.

Intentó imaginar los retos a los que se enfrentaron en la vida. Recordó anécdotas que su mamá le había contado. Los esfuerzos de la bisabuelita y la abuelita para sacar adelante a su familia. Luego se quedó pensando, ¿qué evento sucedió para que se tomaran esa fotografía? ¿Cómo accedieron las mujeres mayores a hacerlo? Supuso que había sido algo importante.

Mientras estaba concentrada ahora en ese tema seguía percibiendo el aroma a incienso, y como una especie de chispazo se le vino a la mente, es incienso de copal. Sí, el bello aroma era de copal, pero cómo se le había pasado el nombre, desde su niñez lo había percibido; ese aroma era parte de las tradiciones, el que acompañaba las celebraciones de Todos santos y Día de los fieles difuntos, los rezos de la familia y también las ocasiones especiales para agradecer la vida.

Regresó nuevamente la vista a la fotografía, sintió como si hubiera una conexión especial entre el recuerdo de las ancestras y ese aroma a copal que continuaba percibiendo. Dejó la imagen sobre la mesa de los retratos. Se dirigió a la puerta para ir a casa de sus vecinos, además de agradecerles el regalo aromático, quería preguntarles, ¿dónde podría conseguir el incienso de copal?


Fotografia: Pexels

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.