Revista

Universo breve. 2. Recordatorio oportuno. Damaris Disner

Destacado

Recordatorio oportuno 

La gata café se acurrucó sobre la mesa. En esa posición era tan parecida al gato blanco. Recordó que desde que él murió no se sentaba a escribir en la terraza. Una notificación de Facebook le hacía saber que esa noche se colocaban las veladoras para las mascotas muertas. El golpe seco en el techo fue idéntico al que se oía en sus salidas nocturnas. No tuvo duda, fue su reclamo por pensar que regresaría en una gata; lo machista nunca se le iba a quitar. 

Voces ensortijadas. 348. ¿Viva México? ¡Que viva México! María Gabriela López Suárez

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Voces ensortijadas 348

¿Viva México? ¡Que viva México!
María Gabriela López Suárez




Hortensia se resistía a salir de casa después de la celebración de las fiestas patrias. Le daba una especie de flojera. Sin embargo, la despensa en casa ya no tenía más víveres para cocinar. Emprendió el camino no tan temprano, después de las diez de la mañana. Se dispuso a hacerlo con la mejor actitud para no tardar en volver a casa.

Se topó con la buena fortuna que el trayecto de su recorrido tenía poca gente, era día feriado y no todos los comercios estaban abiertos. La ciudad se veía distinta, más tranquila. El día era bellamente soleado.

A unos pocos metros de haber caminado vio que permanecían las vallas que ponían para el evento del desfile. La actividad ya había terminado. El paisaje de las calles no era agradable, mucha basura regada por todos lados, vasos desechables, envolturas de alimentos, papeles, popotes. Vio a su alrededor y la basura estaba tirada muy cerca de los botes que tenía la labor de recolectarla. A Hortensia le costaba comprender cómo es que habiendo donde colocar la basura, más de una persona decidía tirarla al piso.

Respiró profundo y siguió su camino. A los pocos pasos vio a una señora adulta mayor, sentada en una gradita, a la entrada de una nevería, a un lado tenía una cajita llena de pequeños dulces. Los estaba vendiendo. Observó el rostro de la señora, no estaba atenta a vender sino entretenida viendo una pantalla grande dentro de la nevería, había una película.

Caminó un poquito más y se topó con un señor adulto mayor que cargaba una mochila al hombro, el peso era no liviano. El rostro del señor se veía cansado. Por la mente de Hortensia pasaron preguntas, ¿dónde está la familia de estas personas adultas mayores? ¿Tendrán un hogar? Lo que veía era contrastante con la serie de adornos coloridos en verde, blanco y rojo, los colores patrios de la bandera mexicana que decoraban las calles y algunos comercios que estaban abiertos.

Apresuró el paso e hizo la compra de su despensa. Regresó casi por la misma ruta, tenía la intención de comprarle dulces a la señora que estaba en la nevería. Ahí estaba, en el mismo lugar, aún tenía muchos dulces en venta. Hortensia se los compró todos. La señora mostró el rostro de alegría y le agradeció la compra.

Mientras regresaba a casa Hortensia pensó en las distintas realidades que pasaban en la patria, en el terruño y la frase que se solía decir en las fiestas patrias, pero la puso como pregunta, ¿Viva México? Recordó el rostro de la señora cuando le compró los dulces y sin titubear Hortensia dijo para sí, ¡Que viva México!
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Fotografía: David Rosales: https://www.pexels.com/photo/man-resting-on-bench-in-puebla-mexico-33365315/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Líneas de desnudo. 182. El amor verdadero y la fe. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 182

La fe
Por Manuel Pérez-Petit

Todo es falso. Carezco de sentimientos. Mi "intelectualidad" es impostada, vacua, fatua, fruto de mi buena memoria, que me permite transformar en algo creíble lo que solo es cuento. Todo es falso en mí. Soy el peor y más patético inútil, un desecho, un paria en toda su extensión. Soy despreciable, un ser propicio al que vomitar en la cara toda la mezquindad del mundo sin diálogo alguno. Incluso tengo la culpa de aquello que desconozco por completo. Soy el bufón al que insultar, despreciar y apedrear desde la más fría indiferencia, al que propinar todas las bofetadas del catálogo. El blanco indicado para el escarnio arquetípico y ejemplar. Una vez alguien propuso que me encerraran en una caja llena de ratas rabiosas y me tiraran al océano. Créanme que no entiendo nada. Si digo ‘amor’ me dan portazos con aludes de piedra, cuando soy de lo más amoroso. Si digo ‘gracias’, carcajadas destempladas con dientes podridos y aliento a queso rancio, cuando la generosidad y la gratitud son el motor de mi vida. Debo ser malvadísimo, despreciabilísimo y tantos ‘ísimos’ como en negativo puedan imaginarse. 
Tristérrimo, no sé cuánto habrá que esperar, en medio del desastre endiablado de mi vida, lleno de zarzas y fresas y guanábanas y macetas y oníricas estampas por enmarcar en nuestras cejas levantadas al solo toque de una palabra mía, una de esas que resultan ser pura engañifa y lejos de ser leídas no ameritan más que una hoguera trepidante, al dolor que me revienta y pide muerte, y muerte, hasta por agotamiento, ha de encontrar. Claro está que moriré si no hay remedio, como no lo habrá, pero no será por decisión mía. Lo siento por los que dictan la sentencia.
Pudiera ser que yo fuera el rey de la lascivia y los pecados, pero dándome igual como me da la opinión ajena, me entrego a la esperanza de un amor verdadero y, sobre todo, a ese don de manantial sereno que Dios –lo único que basta- me concedió: la fe.
Aguas serenas del río Araquil, afluente del Arga, afluente del Ebro, a su paso por Izcue, Cendea de Olza, Navarra, España.
Fotografía: © M. P.-P., 2026.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Escritor, editor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, ha publicado nueve libros de poesía y tres novelas así como numerosos artículos y ensayos, manteniendo en la actualidad y desde 2020 la columna Líneas de desnudo en la revista mexicana de fomento a la lectura Letras, ideaYvoz, que concibe como el repositorio de su obra breve. Su obra, que permanece en gran parte inédita, ha sido antologada o premiada en media docena de países. Inició su labor en el quehacer editorial en 1990, habiendo tenido a su cargo en proyectos editoriales propios y ajenos cerca de un millar de ediciones de títulos de todos los géneros y de autores de una veintena de países. En 2020 puso en marcha Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Después de 20 años de trabajo profesional en España, México y Andorra, en 2010 se estableció en México y creó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Viene participando en la organización de eventos culturales y para la promoción del libro y la lectura en diversos países e impartiendo cursos de literatura y talleres de creatividad y/o redacción tanto para particulares, de manera individual o grupal, como para empresas desde hace 20 años, ejerciendo la mentoría como base vocacional de su actividad cultural y docente. Como periodista ha trabajado en diarios y publicaciones periódicas de España y México y en medios de internet y radio, a los que sigue estando vinculado. Fue director de Comunicación en el Servicio Andaluz de Salud, director editorial de intereconomia.com, adjunto a la presidencia del Instituto Europeo de Márketing, Comunicación y Publicidad, director de opinión de France Telecom España, director de relaciones públicas de la Fundación Leo Matiz o director editorial de AlmuzaraMéxico, entre otros puestos de responsabilidad. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec para la recolección de libros en donación y su distribución tanto en bibliotecas y espacios culturales existentes como para la creación de nuevos lugares destinados a ello de los ámbitos rural y marginal urbano de México.

Casa de citas. 811. Masticar el caldo. Héctor Cortés Mandujano

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Casa de citas/ 811

Masticar el caldo
Héctor Cortés Mandujano

Se sentían unidos por aquella cosa inefable y sin amos que es la vida

Salvador Satta,
en El día del juicio

Salvador Satta (1902-1976), italiano, fue un jurista reconocido en su país. Hacia el final de su vida escribió la novela El día del juicio, que, publicada póstumamente, ganó premios y lectores. Yo supe de ella por la recomendación que George Steiner, uno de mis ensayistas de cabecera, hizo en uno de los varios libros suyos que he leído.
El día del juicio (Anagrama, 1983), de Salvador Satta, con traducción de Joaquín Jordá y prólogo de Steiner, habla del matrimonio y sus incomprensiones, que se agudizan en la vejez; de cómo la madre es el amor en el hogar y el padre la lejanía y la provisión; de la incomprensión humana entre personas que están unidas por la sangre y la misma historia...
La historia se centra en los Sanna, quienes viven en Cerdeña. Hablan también de otras personas (p. 24): “Don Gabriele Mannu, como todos los Mannu, era rico y vivía en la miseria; pero había estado en Roma, había estudiado y había vuelto ingeniero a un pueblo donde desde hacía cien años no se levantaba una casa”.
Las personas desaparecen, también los objetos (p. 25): “Una lámpara como aquella valdría hoy quién sabe cuánto, pero los Sanna, con su maldito instinto de disolución, no han dejado la menor huella de su pasado. La muerte es eterna y efímera en Cerdeña no sólo para los hombres sino también para las cosas”.
Don Sebastiano Sanna, protagonista, tiene sus ideas (p. 75): “Todas esas cosas que se escriben sobre los padres y sobre los hijos, todos esos dramas, son para mí literatura, y la famosa pedagogía es una paternidad en frío, y nada más. Cada cual es padre de sí mismo e hijo de sí mismo, esa es mi idea”.
Los hijos crecen y comienzan a juzgar a su padre, don Sebastiano, a no estar de acuerdo con él (p. 159): “¿Qué sabían ellos de la vida, de esta invisible tela de araña en la cual uno cae como una mosca, y no hace más que agitarse para escapar a la araña que corre desde el centro donde está en acecho?”.
Me encantó esta frase (p. 195): “Don Sebastiano, en la mesa, masticaba el caldo, como él decía a los hijos cuando eran lentos en comer”.
Don Sebastiano (p. 218) “tenía, en 1914, sesenta y cuatro años, que en aquella época eran muchos, pero los llevaba perfectamente”.

***

Leo Reflexiones literarias (Gobierno del Estado de México, 2006), de Giacomo Leopardi, con traducción de Guillermo Fernández, que (p. 53) “Leopardi comenzó a llevar a partir del año 1817”.
Dice (p. 95): “Por darle gusto a los críticos, se escribe: 1. Con temor, cosa mortífera. 2. Se buscan cosas insólitas, finezas, humor, mil bagatelas”.
Escribe (p. 225): “El entusiasmo y la inspiración, esenciales para la poesía, no son cosa perdurables. Tampoco duran mucho en quien lee”.

***

Si yo le dijera: mate a ese hombre, ¿lo haría?

Polina a su enamorado,
en El Jugador,
de Dostoyevski

El narrador en El jugador, apuntes de un joven (Ediciones Destino, 1993), de Dostoyevski, con traducción de Ángel C. Tomás, lamentablemente uno de los poquísimos libros que me quedaban por leer de la ingente cantidad que escribió este ruso genial, está enamorado sin esperanzas de Polina y se lo confiesa (p. 52): “¿Y por qué se enfada conmigo? ¿Por el hecho de llamarme esclavo? ¡Aprovéchese de mi esclavitud, aprovéchese! ¿Sabe que un día u otro la he de matar? Pero no la mataré por celos o porque haya dejado de amarla, sino, simplemente, porque a veces siento deseos de comérmela”.
Le sigue diciendo (p. 53): “Sabe usted, además, que es peligroso que paseemos juntos: experimento muchas veces deseos de golpearla, de mutilarla, de estrangularla. ¿Cree usted que no llegaría a tanto? Me pone a veces en estado febril. [...] La amo sin esperanza alguna y sé que después de eso la amaré mil veces más. Si la mato algún día, tendré que matarme yo también; tardaré en hacerlo cuanto pueda para sentir ese dolor insoportable de su ausencia”.

***

En la revista Tierra Adentro 99 (agosto-septiembre, 1999), dedicada a revisar vida y obra de Jaime Sabines (1926-1999), Claudio Isaac escribe un texto donde expone varios trapitos sucios del poeta y su hermano Juan, aunque ello esté envuelto en una crónica bien contada: “Esperando a Jaime Sabines. Historia de una filmación”.
No hablaré de lo de Jaime, porque me llamó más la atención lo que narra de Juan (p. 52): “recuerdo una mañana en que Jaime y yo nos vimos en una cantina con Juan, que llevaba días sin dormir, atormentado. Había baleado la fachada de la casa de su querida después de haber ganado en el Hipódromo. Sus actos descabellados obedecían a la lógica de ‘afortunado en el juego, desdichado en amores’. Si su caballo favorito entraba en primer lugar, sin duda su amante la estaba engañando”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

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Fotografía: Yunus Tuğ: https://www.pexels.com/photo/cozy-antique-shop-with-vintage-collectibles-33630610/




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 348. Ahora les toca a ustedes/ VIII. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 348
Ahora les toca a ustedes/ VIII
Héctor Cortés Mandujano

[Escojo lo que creo puede resultar interesante de lo que me mandan. Esto es un resumen y una antología. Ustedes hablan aquí...]

Abril de 2025

Sobre el libro Chiapas, las tareas de Sísifo, que coescribí con Jorge López Arévalo y Óscar Alejandro Figueroa Gutiérrez, escribió Hilda María Jiménez Acevedo el siguiente texto, del cual hice este resumen:

Agradezco la invitación de Héctor Cortés Mandujano y de Jorge López Arévalo para comentar su más reciente publicación Chiapas las tareas de Sísifo, que comparten en coautoría con Óscar Alejandro Figueroa Gutiérrez. Una combinación diferente: un prolífico escritor de novelas, ensayos, cuentos, obras de teatro; un economista científico reconocido y crítico muy conocedor de la realidad chiapaneca, y un académico, Óscar Alejandro, vinculado con el sector empresarial.
La lectura del libro se hace fácil, porque tiene un lenguaje sencillo y claro, con datos muy puntuales, muy contundentes, y además presenta algunas propuestas muy concretas.
Sísifo, según la mitología griega, recibió como castigo la tarea de empujar una piedra hasta la cima de una montaña. Cuando estaba a punto de llegar a lo alto, la piedra rodaba hacia abajo y tenía que volver a empezar la tarea de subirla nuevamente, y así una y otra vez.
El símil que hacen los autores con Sísifo es que, en Chiapas, gobernador tras gobernador se suceden en la tarea de resolver los problemas del estado prometiendo llevarlo hasta la cima y dejar de estar en los últimos lugares; al final dicen que avanzamos, pero la realidad muestra que seguimos igual, hasta abajo. Así llega otro y otro a seguir con la tarea de Sísifo. “Cada sexenio se vuelve a empezar de cero partiendo del penúltimo o último lugar en casi todo”, dicen.
El libro muestra aspectos y datos contundentes de la realidad socioeconómica de Chiapas, pone el dedo en la llaga “sin condescendencias”. Hace algunas preguntas y presenta algunos proyectos viables, con la intensión de romper el castigo y concluir por fin la tarea de Sísifo, con la esperanza de que los gobernadores ya no sean un Sísifo más. Chiapas tiene el potencial y los recursos con los cuales transformar su triste situación que injustamente lo caracterizan y que determinan condiciones injustas de desigualdad, pobreza y marginación para la población.
Se reconoce que si bien la federación tiene una deuda por la explotación y uso de sus principales recursos (agua y gas natural) determinados como federales, que el estado no puede usar en su beneficio, los gobernantes no han luchado y no han tenido la voluntad firme de cambiar las condiciones de los decretos por unos más justos.
En el libro se observan las visiones de un economista académico y otras del sector empresarial. Se aprecia que para entender el crecimiento/decrecimiento económico de Chiapas hace falta considerar múltiples dimensiones y funciones que están interconectadas (la espacial, la temporal, la social, la económica, la financiera, la ecológica, la política, la institucional y, sin duda, la ética). Chiapas es un sistema integrado, articulado, complejo y dinámico, que como tal debe ser comprendido y considerado si se quiere avanzar hacia un desarrollo que sea sostenible, teniendo como objetivos centrales el desarrollo humano y social para mejorar las condiciones, el nivel y la calidad de vida de manera equitativa y equilibrada de la población. [...]
[...] El libro induce a reflexionar sobre la necesidad de una ruptura cualitativa de valores, principios, premisas, modelos y paradigmas asentados, que no han funcionado, para buscar un cambio de orientación y otras maneras de hacer las cosas aprovechando sus recursos y potencialidades. Ya basta de que, como dice Jorge, “muchas cosas lleguen tarde a Chiapas o nunca lleguen”. [...]


Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 347. A las faldas de la montaña. María Gabriela López Suárez

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Voces ensortijadas 347

A las faldas de la montaña

María Gabriela López Suárez


Beatriz llegó mas temprano que el resto de sus compañeras para la reunión que habían organizado. Estaban por emprender un nuevo proyecto y todas estaban entusiasmadas. El punto de reunión era la escuela primaria que había en el pueblo donde vivían. Doña Carmina, una de las personas que trabajaban en la escuela la dejó pasar. Beatriz la saludó y dijo que esperaría a sus compañeras Lulú, Martina y Patricia. Se sentó en una de las banquitas que había en el pequeño jardín.

Mientras Beatriz esperaba a sus compañeras revisó los materiales que le tocaba llevar, les dio una breve lectura, verificó que todo estuviera en orden y los guardó. Una ráfaga de viento frío la hizo buscar su suéter. Se lo puso. Miró su reloj, faltaban diez minutos para el horario acordado.

Se levantó de la banquita y caminó para observar el jardín. Le pareció muy bello. Tenía apenas un par de años de haber llegado a vivir al pueblo y era la segunda ocasión que estaba adentro de la primaria. Observó que las banquitas tenían diversos colores, eso le daba un toque alegre a la vista. Había árboles que seguramente daban muy buena sombra en días soleados. Esa tarde tenía dos paisajes en el cielo, por un lado, se apreciaban tonos grisáceos y del otro tenía pinceladas en tono azul decorado con nubecitas blancas. Percibió que el viento se tornaba más frío.

El jardín estaba cercado, Beatriz identificó que era con llantas que tenían detalles tan bien cuidados que le daban un toque especial y combinaban con los colores de las banquitas. Se sintió contenta que ahí fuera su lugar de reunión.

Volvió a sentarse en la banquita donde había dejado sus cosas. Tenía frente a ella el paisaje de las montañas que rodeaban a la escuela. Contempló lo imponente del paisaje. Recordó que de niña siempre le gustaba dibujar montañas. Imaginaba lo que había en ellas, las definía con trazos circulares y coloreaba en tono verde oscuro. Esa tarde estaba frente a uno de los paisajes que más le impresionaba. Admiró lo hermoso de la naturaleza. Se sintió sumamente agradecida de estar ahí, en ese momento respirando, con mucha paz, a las faldas de la montaña.

A lo lejos escuchó que alguien tocaba el portón de la escuela. Se levantó para abrir. Eran Martina y Lulú. La reunión no tardaba en comenzar.
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Fotografía: Maria M.: https://www.pexels.com/photo/breathtaking-mountain-landscape-scenic-view-33603099/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Casa de citas. 810. El fui y el seré me ponen tristes. Héctor Cortés Mandujano

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Casa de citas/ 810

El fui y el seré me ponen tristes
Héctor Cortés Mandujano

En la colección Autores selectos (Editorial Tomo, 2009), leo seis libros de Aldous Huxley (1894-1963): Los escándalos de Crome, El sombrero mexicano, El pequeño Arquímedes, Un mundo feliz, Nueva visita a Un mundo feliz, y El genio y la diosa.
En Los escándalos de Crome (1921) se reúnen varios personajes en una finca. Conversan. Dice Dionisio (p. 30): “La vida, los hechos, las cosas resultan horriblemente complicadas; y las ideas, hasta las más dificultosas, engañosamente sencillas. En el mundo de las ideas todo resulta claro; en la vida real, todo es oscuro y embrollado”.
Mientras termina su vaso de oporto y se sirve otro, Mr. Scogan dice (p. 85): “En este preciso momento, los más espeluznantes horrores se están produciendo por todos los rincones del mundo. Las gentes son aplastadas, acuchilladas, descuartizadas, mutiladas; sus cadáveres se pudren y sus ojos se corrompen con todo lo demás. Alaridos de dolor y de espanto vibran por los aires a una velocidad de mil cien pies por segundo. Después de haber viajado así durante tres segundos, se hacen completamente imperceptibles. Estos hechos son muy angustiosos, pero ¿dejamos por ello de disfrutar la vida? La mayoría de nosotros, no”.
Dice Dionisio, de nuevo, al hablar de literatura (p. 112): “Esa es la piedra de toque del temperamento literario; la sensación de magia, el sentimiento de que las palabras tienen un poder. La parte verbal, técnica, de la literatura es sencillamente una extensión de la magia. Las palabras son la invención primera y más grandiosa del hombre. [...] Con palabras justas y armoniosas los magos hacían salir sus conejos de los sombreros vacíos y espíritus de los elementos. Sus descendientes, los literatos, continúan todavía el proceso ensamblando sus fórmulas verbales y temblando de gozo y temor ante el poder del encanto producido”.
Dionisio toma un libro que tiene una advertencia: “Privado. No abrirlo”. Eso le hace recordar lo que escribían en la preparatoria (p. 124): “Negro es el cuervo, negra la corneja, pero más negro todavía el ladrón que roba este libro”.
Una bruja lee la mano a una muchacha y le dice, con precisión, dónde y cuándo se hallará un hombre, con características muy específicas (ni muy guapo, ni muy joven), p. 139: “Él le preguntará: ‘¿Podría usted indicarme el camino del Paraíso?’, y usted le contestará: ‘Sí, yo se lo mostraré’, y se irá usted con él hacia el bosquecillo de avellanos. Lo que no puedo descifrar bien es lo que sucederá después.
“Hubo un silencio.
“—Pero ¿eso es de veras? –preguntó la blanca figura.
“La bruja se encogió de hombros.
“—Yo me limito a decirle a usted lo que leo en su mano. Buenas tardes. Son seis peniques.”

Salvo en el título, El sombrero mexicano (1924) sólo alude al país, porque uno de los personajes compra un sombrero aquí. En El pequeño Arquímedes (1924) una pareja de vacaciones en Italia conoce al niño protagonista, Guido, que es muy inteligente (p. 194): “era tan precoz, sensato y juicioso como suelen serlo los hijos de familias pobres, quienes han de bastarse a sí mismos desde que aprenden a andar”.

Vuelvo a leer Un mundo feliz (1932), el más famoso de los libros de Huxley, esa historia distópica. En una demostración de cómo se educan a los niños, se les muestran flores y libros y cuando los niños quieren tocarlos, sufren una descarga eléctrica (p. 231): “Han sido vacunados contra los libros y la botánica para toda la vida”. No se necesitan seres a quienes la belleza parezca necesaria. La sensibilidad puede ser peligrosa.
Los padres ya no cuidan a sus hijos, lo hace el Estado. No se permiten las reproducciones vivíparas, los niños nacen en laboratorios.
Conversa el Salvaje con el Interventor (p. 358):
“—[...] todo eso son idioteces. Escribir cuando no se tiene nada que decir.
“—Precisamente. Pero ello exige un genio enorme.”
Una frase del Interventor (p. 362): “La felicidad es un patrón muy duro”. (El título de esta columna está tomado de esta novela.)

En Nueva visita a Un mundo feliz (1958), el autor revisa ensayísticamente cuanto de lo que planteó en su novela ya se ha vuelto realidad. Concluye (p. 470): “Tal vez las fuerzas que amenazan actualmente a la libertad son demasiado fuertes para ser resistidas por mucho tiempo. Sin embargo, tenemos el deber de hacer cuanto podamos para resistirlas”.

El genio y la diosa (1958), la última novela de esta compilación, vuelve al principio: un grupo de personas que conversan. Empieza con un diálogo justamente (p. 473): “Lo fastidioso en la novela –dijo John Rivers–, es que tiene sentido. La realidad nunca lo tiene”.
Rivers de nuevo (p. 484): “Los niños necesitan la muerte para sentir una nueva emoción, repugnantemente deliciosa. [...] ¿No recuerda qué agudas eran sus sensaciones de niño, qué intensamente lo sentía todo? El deleite de las fresas y la crema, el horror del pescado, el infierno del aceite de ricino... ¡Y la tortura de tener que levantarse y recitar delante de toda la clase!”.
Comentan sobre los cuentos de Poe donde se entierran a gente viva. Dice el personaje (p. 487): “Por eso aconsejan que se ponga en el testamento: no me entierren sin haber tocado las plantas de mis pies con un hierro al rojo. Si no nos despertamos, todo está en regla y pueden seguir con el entierro”.
Ahora le toca a Henry James el análisis, a la pulcritud de sus criaturas (p. 492): “Y las damas y los caballeros de las novelas de Henry James: ¿eran seres que podían decidirse alguna vez a ir al retrete?”.
Uno de los personajes cita a Blake (p. 525): “Lo que siempre se muestra en la ramera/ la expresión del deseo satisfecho,/ nuestra esposa mostrárnoslo debiera”.
Hace una alusión al Hamlet de Shakespeare para justificar el remate de un diálogo (p. 526): “ ‘¿Qué leéis, mi señor?’ ‘Palabras, palabras, palabras’ Y ¿qué es una palabra? Respuesta: Cadáveres, cadáveres, cadáveres”.

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Fotografía: Daniel Nava: https://www.pexels.com/photo/manos-graficas-27554443/




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 347. El recuerdo como hoja al viento. Héctor Cortés Mandujano

La ilustración es de Camilo Herrera Cortés.

 Polvo del camino/ 347

El recuerdo como hoja al viento
Héctor Cortés Mandujano

Las niñas y los niños de esta breve colección de apuntes tienen mala ortografía, aunque cursen el sexto de primaria.
Olvidemos eso y centrémonos en lo que dicen: Evocan pérdidas.
Los abuelos y los perros compiten por el primer lugar, aunque también aparece, por ejemplo, un boleto al concierto de Luis Miguel como dolor latente.
La niñez, se ha dicho mucho, es un presente continuo.
El pasado es breve y el futuro, inconmensurable.
Lo que importa es el juego del instante y lo demás, lo que va pasando, se arrumba en un depósito abstracto que más tarde descubriremos se llama recuerdo.
Sin embargo, aquí niñas y niños cuentan qué perdieron y qué sienten por eso.
Todavía están empezando en este almacén de vida donde no siempre se gana y en donde, por suerte, también existe el olvido.
La vida es ávida y desmemoriada, dice Roa Bastos, y esa es siempre una esperanza.
A ver cuánto permanece en sus corazones esto que ahora les ha dolido: tal vez lo que le dura al viento la hojita que cae del árbol. Ojalá.

[Presentación del breve libro Cosas pérdidas, publica por Tifón, 2024]

***

Agosto de 2026. Dos correos recientes y un préstamo. 1). Me escribió Carlos Valentín Barreto, realizador argentino, quien me propuso hacer un Book Trailer cinematográfico de mi texto “Los contravenenos del día” (Polvo del camino 343 y 344). Me dice, entre otras cosas: “La premisa en potentísima: un escritor que descubre que su esposa es una poderosa narcotraficante. Hay tensión, secreto, riesgo, contraste y una pregunta inmediata que puede atrapar a cualquier lector”. Su trabajo espléndido puede verse en Valentín Barreto Audiovisual. Book Trailers & Producciones Audiovisuales. Muy agradecido con la propuesta.
2). Juan Carlos Rodríguez Barreño, de España, me envió, en Epub, su libro La inteligencia nunca estuvo sola, que surgió de una pregunta: “¿Qué parte de nuestro pensamiento estamos dejando de ejercer desde que empezamos a pensar con la IA?”. Uno de sus alumnos (Juan Carlos enseña matemáticas, física y química en un colegio de Madrid) sembró la duda que ahora es un libro a la venta en Amazon. Muchas gracias por el envío. Lo comentaré en alguna columna posterior.
3). Mi amiga Damaris Disner me dio en préstamo Chu’lelal (Gobierno de México, 2024), de Cristina Patishtán López (Chamula, Chiapas, 1993), un libro bilingüe, tsotsil y español, de esta certera y joven narradora. Los seis cuentos que integran el volumen muestran a una autora solvente y dueña de eficaces recursos narrativos. Como objeto, el libro es también muy lindo y las ilustraciones de Katia González (Tsebal Chon) me encantaron. Muy recomendable.
El mundo es una aldea global. Gracias por leerme desde donde estés. Un abrazo.
La ilustración es de Camilo Herrera Cortés.
La ilustración es de Camilo Herrera Cortés.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 346. La poesía, estímulo para la vida. María Gabriela López Suárez

Photo by Stiven Rivera: https://www.pexels.com/photo/young-woman-sitting-at-a-table-and-speaking-on-a-microphone-17558082/


Voces ensortijadas 346

La poesía, estímulo para la vida
María Gabriela López Suárez


Marlene revisó la cartelera de actividades culturales que habría en el transcurso de la semana. Halló en ella una variedad de eventos, desde exposiciones fotográficas, pictóricas, proyección de películas, presentaciones de libros, conciertos de diversos géneros musicales, tertulias literarias, círculos de poesía, obras de teatro y ferias de libros. Leyó la cartelera más de una vez, en realidad quería ir a varios eventos, pero solo podría ir a dos actividades en la semana.

Llamó a Felipe y Mariela, dos de sus mejores amistades, para invitarles a los eventos. Normalmente iban juntos a actividades culturales. Aceptaron ir con ella a ver una obra de teatro, pero no coincidían para la primera actividad que Marlene eligió, ir a un círculo de poesía.

Aunque le costó decidirse para ir sola, Marlene se dio la oportunidad de realizar una nueva actividad que le llamaba mucho la atención. En realidad, ella no escribía poesía, ni leía, pero si disfrutaba mucho de literatura como novelas y cuentos. Así que tenía un referente para ella importante.

El evento del círculo de poesía era la primera actividad que estaba en su agenda. Miró el reloj, faltaba alrededor de hora y media. Se entretuvo revisando algunos pendientes en su casa y cuando se dio cuenta ya faltaba media hora para que el evento iniciara. Así que se apresuró para salir y llegar a tiempo.

Marlene llegó al centro cultural, bellamente decorado por unos árboles de bugambilia en tonos blanco, rosa y morado, vio en el patio central un círculo formado por sillas y justo en ese momento una chica hacia el llamado para que se integraran. Marlene se sentó y enseguida comenzaron a sentarse otras personas a su alrededor. La chica que dirigía la actividad se presentó y explicó la dinámica. Marlene sintió alivio cuando escuchó que no era necesario escribir o leer poesía para estar ahí.

Cada participante fue compartiendo su interés por estar ahí. Ámbar, la chica que guiaba, generó un clima de confianza entre las personas asistentes. De tal forma que se fue creando un espacio ameno, sensible, donde la palabra fluía. En menos de lo que pensó Marlene estaba escuchando y conversando sobre los diferentes temas sobre los que se escribe poesía. Ámbar leyó un par de poemas de unos libros que llevaba. Sin duda alguna, esa tarde Marlene no solo se había dado la oportunidad para hacer una nueva actividad, sino que ella y las personas que acompañaron el círculo de poesía habían coincidido no solo en el espacio y el tiempo sino en que es la poesía, estímulo para la vida, además de una bella forma de interacción y de acercar corazones.
Photo by Stiven Rivera: https://www.pexels.com/photo/young-woman-sitting-at-a-table-and-speaking-on-a-microphone-17558082/
Fotografía: Stiven Rivera: https://www.pexels.com/photo/young-woman-sitting-at-a-table-and-speaking-on-a-microphone-17558082/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Casa de citas. 809. Rumbo a la gran novela. Héctor Cortés Mandujano

Photo by Edgar Rodrigo: https://www.pexels.com/photo/tuxtla-gutierrez-cathedral-16757182/


Rumbo a la gran novela
(Notas sobre tres novelas de Ney Antonio Salinas)
Héctor Cortés Mandujano

Conversé en una cafetería con Ney Antonio Salinas, por primera vez. Antes nos habíamos visto en una mesa redonda sobre la novela negra en Chiapas. Y antes, me cuenta, hace años, platicamos por mail.
Ya me había dicho del aprecio que tiene sobre mi novela Aún corre sangre por las avenidas. En nuestra conversación fue más específico: la tiene a mano siempre, fue tal vez el primero o el segundo en comprar un libro de la primera edición y ha comprado después varios ejemplares. Ve esa novela escrita por mí como un logro literario.
Leo Sombras de la avenida (Coneculta Chiapas, 2020), de Ney, y descubro puntos de contacto con aquella mía. La más obvia es la palabra “avenida” en el título, luego que es una novela sobre el crimen y, finalmente, que la acción trascurre en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.
Pero es la de Ney una novela original, singular.
Me parece una apuesta riesgosa que empiece con tantas reflexiones de un personaje que no conocemos. El narrador discurre sobre la noche y la pobreza, la rebelión, el amor por una prostituta, Tuxtla… Siguen cartas de amor numeradas, lo que hace suponer un macizo de ellas. No es el arranque de una novela que siga el canon.
Nos enteramos después que quien nos habla es un ingeniero, que fue excelente estudiante y ahora es velador; también intentó la poesía en un taller, donde fue rechazado, como fueron rechazadas sus cartas. Le escribe a Fabiola. [Un personaje muy similar a éste, ingeniero, sin trabajo, pobre y odiador, aparece estelarmente en otra novela de Ney; también aparece un hombre con machete, una maleta llena de dinero y la novela termina entre corchetes: Soledades concurridas, Pinos Alados, 2024]
No entramos aun al quid de la historia, porque lo que sigue es información varia y genérica entre corchetes [p. 39: “¿Qué sería de las veintidós personas de apellido Hitler que aparecían en el directorio de Nueva York antes de la Segunda Guerra Mundial y que al terminar ésta no figuraban?”]. También hubo y hay barruntos de lenguaje chiapaneco, que no siempre parecen apropiados.
Llegamos a los capítulos donde ya aparecen tres personajes principales: Max, Fabiola, Amanda. Sus vidas están enlazadas y son incluso vecinos. Se cuenta, intermitentemente, sobre ellos, del pasado al presente, con una resolución ambigua: un grito y una persona con un machete, un asesinato.
Pareciera una novela divagante. Y no es.
Con Max, Fabiola y Amanda como protagonistas capitulares, la novela empieza a esclarecer la inicial lobreguez.
El personaje llamado Él pone en la mesa todas las piezas del ajedrez. Se llama Flores Nathanael del Carpio. Dio dinero, amor y vida para que Fabiola saliera adelante. Ella después se casó con Max, quien tuvo amoríos antes con Amanda. Nathanael quedó en la miseria, Fabiola se volvió rica.
Nathanael conoce a Armando Chávez, ingeniero, poeta y velador, que es quien inicia con largas reflexiones la novela. Es velador en un almacén de Max y está enamorado de Fabiola.
Armando se enreda cada vez en sí mismo. Se vuelve parachico y pide limosna, aunque es millonario (por un robo lento y continuado en el almacén). Es el hombre del machete que mata a la mamá de Amanda. Y sigue matando…
La novela termina con datos varios, escritos ente corchetes.

He leído tres novelas de Ney: Sombras de la avenida, Soledades concurridas y Sino de Lestrigón. Es notorio el cambio en los títulos: el primero es descriptivo, el segundo es un oxímoron que, como tal, une dos conceptos contrarios, y el tercero es una alusión a la mitología griega.
Las tramas no cambian mucho, ni los procedimientos. Las tres novelas tienen como tema central un crimen (aunque ocurren varios en cada una) y un espacio físico: Tuxtla Gutiérrez. Los personajes son muy parecidos: estudiantes de excelencia, que viven vidas paupérrimas, hasta que se convierten en una suerte de vengadores de su propio destino, que son conocedores de cierto tipo de música (ópera y jazz en Soledades concurridas), leen a autores muy específicos (Thomas Pynchon, por ejemplo) y escriben poesía (Sino de Lestrigón tiene un capítulo de poemas) o cartas amoroso-poéticas (en Sombras de la avenida, el personaje fue expulsado, decíamos, de un taller de poesía).
[No conozco tanto a Ney como para afirmar que los tics culturales de sus personajes son los suyos, pero a veces esas tipicidades estorban un poco a la verosimilitud, como lo hacen también los nombres de sus héroes y antihéroes que suenan a juegos gratuitos.]
Los cortes abruptos de una historia a otra en Sombras de la avenida, se repiten de manera más tajante en Soledades concurridas (Sino de Lestrigón es más convencional en su arquitectura: hay un lago flashback, de presentación, y luego un trascurrir sin cortes) y hay en las tres algo que Kundera, en El arte de la novela, no recomienda: la reunión de personajes disímbolos en un mismo lugar, es decir, la venta del Quijote adonde llegan personajes que no podrían juntarse más que como una necesidad del autor de ponerlos allí, en contra de la lógica de la vida real, para que la escena que tiene en mente suceda. En las novelas de Ney esas casualidades se dan con frecuencia.
Creo que Ney encontrará el camino para convertir lo que de momento parecen (no que lo sean) tropiezos narrativos en aciertos novelísticos. No es fácil escribir una novela, y mucho menos cuatro, como lo ha hecho él. Tampoco es usual que alguien –en Chiapas, digo– se proponga y haga una saga sobre un mismo tema en un mismo lugar.
Hay páginas en el inicio de Sino de Lestrigón que me gustan mucho: aunque creo que en ellas hay un exceso de exabruptos (mentadas de madre y demás), al mismo tiempo la escritura de Ney, aquí y allá, vuela alto.
No me gusta la exaltación de lo lumpen (casi como sinónimo de bondad herida que se transforma en venganza) ni la justificación de lo criminal, a partir de la manida idea de “Los motivos del lobo”. Creo que Ney debe dar un paso adelante de ello.
Emmanuel Carballo dice con claridad algo que yo he entendido desde hace mucho: los lectores en este país pertenecemos a la pequeña burguesía, los que editan libros también y los escritores somos absolutamente pequeños burgueses. Nos guste o no. Si no, estaríamos trabajando de albañiles o de meseros o de asesinos o de narcotraficantes, en lugar de estar oyendo música exquisita o leyendo libros inmensos o escribiendo poemas, obras de teatro, cuentos y novelas. No se trata de defender nuestra causa, si es que la hay, ni atacar a los otros estamentos sociales, pero sí tener claro que Crimen y castigo, Macbeth, El ruido y la furia, y los mil libros que han atravesado épocas, no son importantes y trascendentales porque se refieran a una clase social, sino porque ante todo y sobre todo, como todo el arte que vale la pena, hablan de seres humanos, no importa cuánta fortuna material tengan o de cuánta carezcan. Ser campesino o señor feudal, en la literatura, es nomás un punto de partida. Lo que hagas con ello es lo que será o no una muesca en la historia del lector.
Ney, me parece, es un escritor que ha empezado a caminar, está caminando y puede llegar a la gran novela. Espero que así sea.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Photo by Edgar  Rodrigo: https://www.pexels.com/photo/tuxtla-gutierrez-cathedral-16757182/
Fotografía: Edgar Rodrigo: https://www.pexels.com/photo/tuxtla-gutierrez-cathedral-16757182/




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 346. Anochecer. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 346

Lo que hubiera quedado en el tintero/ V

Anochecer
Héctor Cortés Mandujano

Mi amigo y yo conversábamos, en Tuxtla Gutiérrez, en la sala de su casa. Fue atardeciendo y la noche llegó. Ni él ni yo nos levantamos para encender la luz. Mi mujer y la suya se oían conversando animadas en otra parte de la casa; con las luces encendidas, claro.
Hubo un momento de silencio en nuestra charla y yo recordé que, cuando niño, varias veces caminé en la oscuridad de los pasillos, del corredor, de las estancias de El Ciprés, la finca donde nací.
También en los campos pude verme caminar por los potreros mientras salía la luna y me ayudaba a mirar la vaca echada, el toro moviendo la cola, los caballos comiendo pasto, los árboles vueltos bultos, las sombras de los cerros...
Tal vez mis recuerdos más sentidos parecen sueños.
Dos que vuelven cada tanto a mi memoria tienen que ver conmigo y un caballo que, supongo, no era el mismo.
Uno. Vengo de Nuevo México, el pueblo cercano. Me mandaron a comprar cosas. El camino carretero, tan familiar en el día, se vuelve misterioso con tantos ruidos que inducen a la sospecha: algo o alguien camina o repta sobre las hojas secas de la orilla: ¿una serpiente, una persona, un perro perdido, un espanto?
Aunque haya luna, los árboles vuelven oscuro todo. El caballo resopla, bufa cada tanto. Alcanzo a notar como sus orejas van hacia adelante o hacia atrás, como tratando de desentrañar los lenguajes del coro de grillos y cigarras que nos acompañan o simplemente poniendo atención a lo que pueda pasar: para reparar, tirar a su jinete y salir corriendo. Resuenan sus cascos en el camino, como si tuviera expansores de sonidos en sus patas. Yo vengo callado, también atento, medroso.
Llegamos al arroyo de la finca, que sale al camino del pueblo. La luna está untada a la superficie líquida y se mueve según los caprichos del agua. El caballo se detiene a beber. Subimos un poco y no falta mucho para ver la blanca construcción donde me sentiré seguro, aunque la única luz que habrá será la de un quinqué o la del fogón. De allí soy.
Dos. En otra ocasión voy por los caminos de otro rancho, San Antonio, donde nació mi mamá. Lo conozco menos y es más imprevisible. ¿Por qué ando solo en el campo, montado en este caballo? No lo sé.
Buena parte del camino es hondo y lo que me queda a ras del rostro es el suelo de arriba, los troncos de los árboles y, obvio, los animales nocturnos, que siento me pueden brincar a la cara. No ocurre, pero esa experiencia que se repitió no sé si muchas veces me quedó tan presente, que la sueño con frecuencia.
Mis pensamientos duran unos segundos.
Mi amigo se levanta y enciende la luz.
Mi niñez, la noche, mis miedos, los caballos desaparecen...

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com