La gata café se acurrucó sobre la mesa. En esa posición era tan parecida al gato blanco. Recordó que desde que él murió no se sentaba a escribir en la terraza. Una notificación de Facebook le hacía saber que esa noche se colocaban las veladoras para las mascotas muertas. El golpe seco en el techo fue idéntico al que se oía en sus salidas nocturnas. No tuvo duda, fue su reclamo por pensar que regresaría en una gata; lo machista nunca se le iba a quitar.
Concierto en madrugada María Gabriela López Suárez
La ola de calor que había en la región tenía agotada a la población de la ciudad en la que vivía Hermila. En su colonia el tema del intenso calor se había vuelto una plática recurrente. A Hermila le gustaba escuchar las distintas estrategias que tenían las personas para mitigar el calor. Ponían atención cuando platicaban con su mamá. Doña Chepita, la vecina que tenían frente a su casa, recomendaba preparar cafecito y agregarle una pizca de azúcar, pedía que tuvieran cuidado para que no estuviera muy caliente, no fueran a quemarse la lengua. Don Isidro, otro vecino, sugería preparar café, endulzado al gusto, pero agregarle cubitos de hielo y tomarlo helado. Martina, hija de doña Chepita, prefería prepararse una limonada natural, agregar hielo, poca azúcar y una pizca de sal y bicarbonato, para ella era un suero casero.
Doña Estela, otra vecina, ponía a remojar una pequeña toalla en agua templada, ni fría ni caliente, la exprimía y se colocaba sobre el cuello. Había que estar al pendiente para que cuando se quitara lo fresco de la toalla se volviera a remojar y repetir el proceso. Jorge, el hijo de doña Estela y amigo de Hermila, contaba que para él lo mejor era comer paletas de hielo, eso le refrescaba.
A Hermila le gustaban las propuestas de bebidas frías y paletas. El sábado, al mediodía, se sentía agotaba. Intentó preparar el café helado. Algo falló en la cantidad de café que puso porque quedó demasiado amargo, para su gusto, y no lo tomó. Decidió prepararse una limonada. Le gustó cómo quedó el sabor, bien tanteado de azúcar, sal, bicarbonato y limón. Se bebió rápido la limonada. Después de comer sintió de nuevo las ganas de beber más limonada, para su mala suerte ya no había limones. Recordó que la vez más reciente que había ido al mercado el precio del kilo de limón estaba muy caro. Decidió no distraerse más. Tenía que leer un libro con más de 300 hojas para un reporte escolar que entregaría el lunes.
Fue a su cuarto, acomodó un tapete sobre el piso, abrió la ventana. Prendió el ventilador y se sentó para iniciar su lectura. Se recargó sobre la pared. Aunque el ventilador estaba a la máxima velocidad el aire se sentía muy caliente. Hermila comenzó a bostezar. Releyó una página más de tres veces. Se quedó dormida.
Una sensación de aire fresco la despertó. Un poco desconcertada buscó a tientas el apagador de la luz. ¿Qué hora era? ¿Cuánto tiempo había dormido? Era la 1:20 am. Se sentía renovada. El olor a tierra mojada invadió el cuarto. Había llovido, lo suficiente para generar esa ráfaga de aire que la despertó. Apagó el ventilador. Dejó la ventana abierta. Retomó la lectura, el ritmo comenzó a fluir. Después de unos minutos detuvo la lectura. Prestó atención, el canto de los grillos se escuchaba. Era un concierto en madrugada. Cerró el libro. Dejó que los grillos arrullaran su sueño.
Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL).
Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural.
Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos. En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo. Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.
Por el Polvo del camino 318, “Leer y vivir”, donde cuento la experiencia de un lector que decidió probar si el estrangulamiento produce placer y eyaculación, recibí varios mensajes de, curiosamente, lectoras. Rocío: “La pareja que experimentó lo que leyó en tu libro. Impactante”. Andrómeda: “Qué buena anécdota”. Leonora: “Buenísimo. ¿Ya ves, tocayo? Tú también educas, como Rosseau”. Tania: “Y qué buen polvo... el que tuvo el amigo. Como dices, ese sí es un lector comprometido”. Natividad: “¡Qué lector tan arriesgado! Afortunadamente vive para contarlo”. Damaris: “Jaja, buenísimo. También me surgió la duda, peroooo 1) no tengo quién me baje de la silla, 2) ¿En las mujeres también pasa?, 3) ¿Venirse es irse?”. Google dice que “la asfixia erótica, que involucra el ahorcamiento para buscar placer, es una práctica documentada desde el siglo XVII, inicialmente usada para tratar disfunciones sexuales y vinculada a la erección y eyaculación en víctimas de ahorcamientos públicos (erección mortal)”. La hipoxifilia, como se le llama técnicamente, es una práctica que puede ser mortal. Han muerto muchas celebridades en el intento, aparte de los miles anónimos. Hay muchas novelas, cuentos, películas que han tocado el tema, y su estudio (erección y eyaculación incluida) es parte de la materia de derecho penal. Lamentablemente, la respuesta placentera que cuenta el técnico forense en mi novela Aún corre sangre por las avenidas, sólo ocurre (por cuestiones de nuestra diferencia genital) en los hombres, aunque ahora está de moda, entre jóvenes y adolescentes, el ahorcamiento femenino para buscar placer. Escribe Cecilia Barría (BBC News Mundo) en “Asfixia erótica: los peligros de una práctica de moda entre los jóvenes que pone en riesgo especialmente a las mujeres”, que investigadores de la Universidad de Hamburgo publicaron en 2024 que en Alemania (y en Estados Unidos) el 40% de los adultos menores de 40 años han incorporado el sexo violento consensuado (azotar, tirar del cabello, asfixiar) en sus relaciones íntimas... En Islandia el porcentaje sube a 44% y en Australia es del 50%. México ya es, también, obvio, parte de esta moda... En El invencible verano de Liliana (Random House, 2023), Cristina Rivera Garza cita la investigación de Jacquelyn Campbell, “enfermera especialista en violencia doméstica y violencia íntima de pareja”, quien cita como factores de riesgo específicos (p. 53) “las amenazas de muerte, la estrangulación, o el sexo forzado”.
Ilustración: Luis Daniel Pulido.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Entre la escucha y la escritura María Gabriela López Suárez
Las gotas de lluvia comenzaron a caer, no eran ni las tres de la tarde. Mateo, el jefe de Sonia, le recordó que en una hora daría inicio el taller de escritura. Sonia se apresuró a la salita donde se llevaría a cabo la actividad. En el pasillo sintió el aroma a tierra mojada. Respiró profundo. Amaba ese aroma.
Al llegar a la salita revisó si las sillas estaban acomodadas. Se cercioró que la mesa estuviera con el mantel en color marrón y que también hubiera hojas blancas, lápices y bolígrafos al centro. Echó un vistazo hacia la ventana, el ruido de la llovizna le hizo recordar que el taller iniciaba pronto. Deseó que no hubiera una lluvia torrencial para que el público llegara.
Antes de salir de la pequeña sala, Sonia observó el lugar, aunque todo estaba en orden sentía que algo hacía falta. Cerca de la ventana vio un espacio para colocar un jarrón con flores. Sin dudarlo, fue a su oficina, compartiría las rosas blancas que la acompañaban ese día. Recordó cuando había llegado a trabajar a ese espacio cultural, llevó rosas, una blanca y una amarilla. Eran algo simbólico, la presencia de la naturaleza como parte de la vida. Regresó a su oficina. Preparó café y llevó la cafetera a la salita.
El deseo de Sonia se hizo escuchar, la lluvia cesó. Mateo fue a supervisar el lugar y posteriormente, se retiró. Sonia era la encargada de recibir a la escritora que facilitaría el taller. Estaba emocionada, a ella le gustaba leer y también se había inscrito. La escritora Dinorah Jade llegó minutos antes del inicio. Sonia la saludó y le dio la bienvenida. Poco a poco fue llegando el público. El grupo era pequeño, 13 personas, en su mayoría mujeres, solo llegaron dos varones. Había varias generaciones, mujeres adolescentes, jóvenes y adultas mayores. En el caso de los varones, eran el hijo adolescente y el padre adulto joven.
Dinorah acompañó al grupo con distintas dinámicas. La intención no solo era escribir sino identificar por qué, para quién, sobre qué y cuándo escribir. Sonia estaba atenta a sus roles, como anfitriona en el espacio cultural y como participante en el taller.
Desarrollaron varios ejercicios de escritura, a partir de preguntas que implicaban conectar con sus emociones. Cuando tocó el turno de compartir lo escrito, Sonia sintió que su corazón latía más rápido. El grupo estaba atento a la escucha de cada texto. Dinorah compartía sus comentarios, alentando a seguir escribiendo. Sonia esperó hasta la segunda ronda de lectura para leer un texto. Su tono de voz mostró sus nervios, poco a poco fue tomando seguridad. Concluyó contenta.
En el cierre cada asistente agradeció a la tallerista, al espacio cultural y a cada participante. Esa tarde lluviosa le había dado muchos aprendizajes a Sonia y a las demás personas, entre la escucha y la escritura se podían generar herramientas valiosas para la convivencia cotidiana, respetuosa y amorosa.
Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL).
Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural.
Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos. En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo. Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.
Tanta soberbia el hombre, y no sirve más que pa juntar moscas
JLB, en “El hombre de la esquina rosada”
Me hallé de casualidad, en YouTube, con la película Hombre de la esquina rosada (dirigida por René Mugica, en 1962), título famoso de Borges, donde, como una rareza en su producción cuentística, usa el lunfardo, el lenguaje orillero (arrabalero) de Argentina, con mucha soltura. La historia no sólo se ha vuelto cine, sino también teatro, ballet, una suite que escribió Borges y musicalizó Astor Piazzolla, e incluso una moneda conmemorativa. No le gustó, cuando se volvió famoso, que su cuento fuera tan popular (“cometí la imprudencia de escribir un cuento titulado El hombre de la esquina rosada”), pero ante la decisión del público el artista poco tiene que hacer. Se publicó por primera vez, con otro título (“Leyenda policial”), en 1927, en la revista Martín Fierro, y después de otras publicaciones formó y forma parte del célebre volumen Historia universal de la infamia, desde 1935. Comencé a ver la cinta sin muchas expectativas y me fue sorprendiendo: qué bien hecha está, qué bien actuada, qué bien adaptaron la historia, qué bella es La Lujanera (la actriz Susana Campos). El barrio, donde trascurre mayormente la trama, es retratado con solvencia; Francisco Real, el Corralero, es encarnado por un actor que sabe su oficio (Francisco Petrone), lo mismo que Rosendo Juárez, el Pegador (Jacinto Herrera). La lucha entre ambos, donde triunfa el primero, se escenifica con sapiencia. El personaje que da título a la narración y a la película (en el cuento es quien cuenta el cuento, se supone que a Borges; en la película aparece desde el principio) me pareció en la cinta débil, incluso afeminado. Eso, sin embargo, vuelve más potente el relato, porque subraya mejor la hazaña; es decir, no hay enemigo pequeño, el aparentemente insignificante puede vencer al diestro: David mató a Goliat. Hay tantas escenas con bailes y tumultos que fluyen como si fueran reales. El director tomó las mejores decisiones para contar la fatal historia de un cuchillero experto que pierde la gloria y la vida ante un contrincante bisoño, que no da muerte al otro por venganza, sino porque él, antes, ha humillado a su ídolo. Dijo Borges de esta película (tomo la cita de Wikipedia): “De todas las adaptaciones cinematográficas de mi obra, sólo hubo una buena: el mal cuento Hombre de la esquina rosada inspiró un excelente film con el mismo título, dirigido por René Mugica. “Era éste un film admirable, muy superior al relato endeble en el cual se inspiró. Lo demás que se ha hecho prefiero callarlo. […] También hicieron otras películas de las cuales no quiero acordarme. […] Aunque participé en alguno de los guiones, luego todo aquel trabajo fue transformado de tal manera –quizá mejorado– que yo no lo reconocí al ver el producto final”.
Ilustración: HCM.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
El asfalto en primavera María Gabriela López Suárez
El reloj marcó las 8:40 de la mañana, Claudia observó atenta la hora, verificó que en las cajas estuvieran todos los productos de papelería que tenía que entregar a don Armando y a doña Gertrudis, dos de sus mejores clientes. Guardó cuidadosamente los pedidos en la cajuela de su coche y se dispuso a ir a dejar los materiales.
Al salir de casa sintió que el calor estaba fuerte, aunque era de mañana. Revisó la aplicación en su celular, indicaba 25 grados. Claudia pensó para sí que sería un día muy caluroso. Había sido buena idea salir a esa hora.
A pesar de lo anterior, el tráfico estaba lento, así que demoró para llegar a su primer destino. Decidió ir a entregar primero el pedido al domicilio más alejado, que era el de doña Gertrudis. Por lo regular, Claudia sabía ubicarse bien para encontrar las direcciones, pero esta vez se le había complicado un poco, sus referencias ya habían sido modificadas. Varias partes de esa colonia estaban irreconocibles, así que aplicó el refrán, preguntando se llega a Roma. Antes de consultar al Google maps prefirió preguntar a la gente. Más tardo en llegar al domicilio que en entregar el pedido.
Como el domicilio de don Armando estaba hacia el lado poniente de la ciudad y ella se hallaba en el oriente le pareció que para no demorarse más buscaría un atajo. Así lo hizo y de pronto, se encontró en una esquina en donde estaban reparando la calle y el paso para los coches era más que lento.
Antes de que empezara a ponerse nerviosa, Claudia decidió que esperaría con paciencia. Recordó que don Armando le había comentando que ese día cerraría su negocio al mediodía, así que Claudia tenía alrededor de una hora y treinta minutos para hacer la entrega del pedido. El viento cálido se coló a través de la ventana de su coche. Vio pasar a varias personas con sombrilla en mano, los rayos del sol estaban intensos. Observó con detenimiento que cada vez había menos árboles en la ciudad. El calor se percibía sofocante mientras avanzaba el día. Su mirada se posó en el asfalto de las calles que podía divisar desde donde estaba esperando el avance de los coches. No cabía duda que cada día proliferaba más el asfalto en los distintos rincones de la ciudad. En lugar de poder apreciar áreas verdes, o el colorido de las flores como sucedía en otras ciudades, ahí el asfalto en primavera era lo más distintivo.
Respiró profundo. Anheló que pronto las lluvias pudieran refrescar un poco el ambiente y apapachar a la tierra, cada vez más cubierta por el concreto y el asfalto. El sonido de claxon del auto que estaba detrás de ella la hizo salir de su pensamiento. El tráfico comenzaba a fluir. Mientras avanzaba a su destino Claudia siguió deseando sentir el aroma a tierra mojada, aroma a vida y a naturaleza.
Fotografía: Michaela St.
Sobre la autora:
Maria Gabriela López Suárez
Catedrática, periodista, escritora y comunicadora
Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL).
Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural.
Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos. En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo. Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.
Cuando llegué a hacer trámites a esa oficina no me di cuenta de cómo era la persona que me atendía detrás de la ventanilla. Oí sólo su voz femenina y joven. Para la segunda o la tercera vez me preguntó mi nombre. En la cuarta o la quinta platicamos brevemente, porque la cola se hacía cada vez más larga y la gente comenzó a protestar. Le pedí mejor su número, a la siguiente, y me envió un wasap. Comenzamos a platicar y nos hicimos amigos telefónicos, hasta que quedamos de vernos para tomar un café, que terminó en la cama de un motel. No nos preguntamos demasiado en ninguna de nuestras sesiones, que eran cada vez más frecuentes, hasta que un día me dijo que saldría de vacaciones y estaría fuera durante un mes. Le mandé un mensaje y no me contestó. Me dejó en visto. Encogí los hombros. Una más.
Mi secretaría me dijo que había un hombre esperándome. Que quería tratar conmigo algo personal. —Dígale que pase. Era un joven, no mal vestido, bien rasurado, de buenos modales. Me saludó con mucha cortesía. —¿En qué le puedo servir? No lo pensó. Pareció un discurso ensayado. —Mire, la muchacha con la que ha estado viéndose en moteles es mi esposa. No lo vine a ver para reclamarle, aunque creo que, siendo yo su esposo, tengo ciertos derechos sobre ella y le voy a pedir que me pague por las veces que la ha tenido. No sé cuántas sean, pero por lo menos han sido dos. ¿Le parece que está bien esta cantidad? Me dio un papelito donde venía una cifra, multiplicada por dos. —¿Cómo sé que en realidad usted es su esposo? —Porque traigo el acta de matrimonio, si quiere verla, y ella está fuera del edificio, esperando. Si quiere la llamo… Pensé con rapidez y decidí pagarle. Él recibió los billetes en silencio. Se puso de pie y me extendió la mano. —Agradezco su comprensión –me dijo. Ya estaba por salir cuando regresó hasta mí. —¿Quiere verla otra vez? Ahora ya sabe la tarifa.
[Dice Onelio Jorge Cardoso, narrador cubano, en “El hombre marinero” (Cuentos. Editorial Pueblo y Educación, 1990, p. 141): “…matar o hacer lo que hizo un tipo una vez, que le cobró un peso a su rival en trance de haberlo descubierto con su mujer y luego se fue de la casa para darle a entender a su compañera de diez años, que así se trata a las mujeres que pueden ser de otro cualquiera además de uno”.]
Ilustración: Luis Daniel Pulido.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
La curiosidad por el cuarzo María Gabriela López Suárez
Leonora decidió caminar rumbo al vivero que estaba por la casa de su abuelito Joaquín, tenía ganas de comprar una planta, aún no se decidía si quería un árbol frutal, un árbol de bugambilia en tono coral o una orquídea. Mientras iba al vivero iba pensando por cuál propuesta se decidiría. Se acordó que un elemento primordial era el espacio del que disponía para poder tener un árbol frutal o uno de bugambilia. No sabía qué árbol frutal sería, quizá limón, naranja o limón mandarina. De lo que si estaba segura era de que sus bugambilias favoritas eran las de color coral. ¿Y qué tipo de orquídea elegiría? Su mente era una maraña de pensamientos. Se centró en su camino y decidió que su corazón la guiaría para la elección.
Al entrar al vivero la recibió un letrero muy llamativo y bonito que decía: Bienvenidas las personas amantes de la vida y la naturaleza, este espacio es para ustedes. Entró al lugar y siguió la señalética, minutos después la recibió Olivia, una chica que se presentó y dijo que estaría atenta para brindarle la información que Leonora necesitara.
A medida que iba caminando y adentrándose en el vivero Leonora encontró varias rutas, sombra, sol, suculentas y cactáceas, frutales y huerto, orquídeas. Eligió ir primero por las suculentas y cactáceas. Se dejó atrapar por toda la belleza de las suculentas, con toda la calma fue leyendo los nombres y observando las características de cada una, Echeveria Purple Pearl, fue una de las que llamó su atención. Estaba tan absorta en el tema que no se percató que un niño estaba a su lado.
̶ ¡Hola! ¿Cómo te llamas? ̶ dijo el niño, con alrededor de siete años. ̶ ¡Hola! Soy Leonora, ¿cuál es tu nombre? ̶ Me llamó Mati, ¿qué haces acá? ¿Vienes por plantas o por un cuarzo? ̶ ¿Cuarzo? ¿Acaso venden minerales y piedras también? ̶ preguntó Leonora.
Mati dijo que no, le pidió que lo acompañara y le mostraría su tesoro. Leonora aceptó la invitación. En el camino él le fue platicando que el cuarzo era su piedra favorita y que tenía muchas. Dijo cómo había ido conociendo de las piedras. Terminaron la ruta de suculentas, pasaron plantas de sombra, sol, al final había un árbol con un par de bancos. Hasta ahí llegaron con Mati, él le pidió que ella se sentara, se fue y regresó en menos de un par de minutos. Llevaba entre sus manos una cajita de madera rústica, muy bella. Antes de que la abriera le pidió a Leonora que cerrara los ojos, le mostraría su tesoro. Una vez que Mati dio la indicación, Leonora abrió los ojos y quedó maravillada ante la cantidad de piedras de cuarzo que había dentro de la cajita. Todas las piezas eran de cuarzo en bruto.
Luego de una amena charla con Mati, él le obsequió una piedrita. Se despidió de ella y se escabulló entre las rutas del vivero. Leonora buscó el camino de regreso y volvió al de las suculentas y cactáceas. Sin lugar a dudas eligió llevarse una Echeveria Purple Pearl, la curiosidad por el cuarzo la había llevado a seguir otra ruta, finalmente había regresado a la ruta que la había atrapado. Agradeció desde el corazón a Mati por el cuarzo y la ayuda, que sin saber, le había dado para su elección y buscó a Olivia para comprar la suculenta.
Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL).
Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural.
Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos. En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo. Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.
Háctor Antes, en y después de los aplausos/ V Imágenes nómadas, 3 de 4
Llegamos a Chilpancingo, Guerrero, como parte de la gira de La divinidad del monstruo (Gira Nacional por Espacios Independientes promovida por el Teatro Helénico, 2021), y una atenta señora joven nos llevó hasta las instalaciones de De la Mancha, el grupo de teatro que fue nuestro perfecto anfitrión. El escenario, de madera, estaba construido en el patio y la casa tenía dos cuartos que fueron puestos amablemente a nuestro servicio. Alfredo y Dalí tomaron uno, y mi hija Nadia y yo descansamos en el otro. Fue la primera vez que nos separamos, porque hasta antes de aquí (en Oaxaca y en Puebla) convivíamos, como dice Cri Cri, desde la mañanita hasta el anochecer, en el mismo cuarto, en las mismas actividades. De todos modos, aquí nos seguíamos moviendo como cardumen, juntos a todos lados. Creo que fue después de que regresamos de comer (fuimos a una plaza comercial), que conocimos a Víctor, staff y todólogo en De la mancha, un hombre que se volvió entrañable para nosotros, porque no cesó de darnos su amable compañía, su conocimiento, su solidaridad. Se volvió un amigo que parecía serlo de toda la vida. Víctor nos llevó a una mezcalería; el dueño, cuyo nombre no recuerdo, viene de una dinastía dedicada a ello, pero es también doctor en antropología y su casa está llena de máscaras. No hay un espacio donde no haya una. Nos explicó sobre varias, las que le preguntamos, con una sapiencia total y una voz pausada. Nos invitó muchos caballitos de mezcal y compramos varias botellas. Fue a nuestra primera función, que tuvo una excelente entrada, y al final nos hizo un comentario que cambió la música de la obra, en cuanto Daniel Dávila, nuestro músico, lo supo en nuestro regreso a Chiapas. La gente aplaudió y preguntó mucho en esa primera función, y el after fue muy feliz, muy animado. Una muchacha, miembro del grupo anfitrión, nos contó al día siguiente (la función tuvo incluso gente de pie) que a ella la obra la había hecho reflexionar sobre su vida y que había decidido ir a visitar a sus conocidos y amigos para invitarlos a que fueran a vernos. De allí el tumulto. Alfredo baila en la obra y Víctor, que es gordito, veía a mi compañero en escena pasado de peso. Al ver la agilidad que Alfredo muestra en el escenario, le reclamó: “Los gordos no bailamos, ni podemos hacer los movimientos que tú haces: eres un falso gordo”. En la segunda función, al final, la conversación se fue volviendo muy larga, porque la gente no dejaba de levantar las manos para hacer alguna pregunta. “Tres más y ya”, dijimos. En la respuesta de la pregunta final, dije que normalmente las obras de teatro intentan acariciar las emociones (hacen llorar, reír, sentir angustia, tensión, etcétera) y que yo había querido, con mi obra, acariciar la inteligencia de los espectadores. El público nos aplaudió de nuevo y cuando se levantaban para irse, un joven dijo en voz muy alta: “A mí sí la obra me acarició la inteligencia, me estimuló el cerebro, me hizo eyacular por dentro: no sólo tocó mi mente, la masturbó”. Nos pareció un elogio muy divertido. Creo que los cuatro integrantes regresamos de Guerrero llenos de sentimientos lindos. Y así, llegamos a Chiapas...
Imágen porporcionada por el autor.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Sentir, saber, ver, oír, que ella no muere ni vive, que no está pero sigue ahí, como Dinia (mi mejor amiga) al final de sus días, como mi amigo Óscar recién fallecido, como otros cuantos y cuantas que se han ido de mí, así como mi última relación, agonizando. No es fácil. Ni lo será. Montsy sigue en ese esqueleto, ella sigue siendo quien es y ha sido y a la vez es otra. No sé si me reconoce, no sé si la reconozco y al mismo tiempo sé que nos sabemos mirar. Observamos nuestro dolor, mutuas, unidas, lejanas sólo en distancia, juntas porque somos de siempre hermanas. Estoy con ella y con toda mi alma ahí, a su lado, aunque no pueda cuidarla o darle otra vez su medicamento como en mi juventud o infancia o hace algunos meses cuando mi pantorrilla no era tormento. La fibromialgia me abraza como a ella lo hace su delgadez, su tolerancia al dolor, su fortaleza invisible, su amiga la muerte, así como mi transformación. Le he dicho a mi hija, la más chica, que no me deje estar así, que nada más me lleve al bosque o al mar, frente a un río o a un árbol, para dejarme morir. No voy a querer sondas, ni máquinas, ni medicamentos que perpetúen mi agonía aquí. Mucho menos alimento. No quiero digerir nada en esos días más que mis últimas vistas, memorias y alientos. Mi decisión es esa, vivo con fibromialgia y moriré para liberarme de ella, no la quiero seguir alargando, ni quiero sentirme todavía disautonoma en esas fechas. Espero que vengan en muchos años, eso sí y que mientras tanto logre quedarme aquí lo mejor posible. Hoy, la muerte de mi hermana se corre en cámara lenta, me duele profundo; su degradación, su cuerpo rígido que deben mover para que no se paralice más, sus ojos en ese par de huecos que todavía rescatan a su pupila observando… no sé qué tanto mira si su alrededor es el mismo desde hace más de tres años, ese cuarto, esa cama fija, esa casa y a mi madre. Nuestra madre. Son estos dos, dos dolores distintos, es ella y es su cuidadora quien no podría estar más cansada y aún así cada día se agota más. Más de sesenta años de vida, sin precisión pues su adopción secreta nos dejó con los signos de interrogación en la piel. Oculta su existencia o no, ella, mi madre, es quien la cuida a diario, a mi hermana. No sé cuánto tiempo me queda con ambas y lamento el que sea que sea por hoy, pues la tristeza se instala de vez en cuando a decirme eso. Y lloro un poco más. Porque Montsy, no está viva por completo, pero respira, no está enteramente muerta pero muere. Sigue caída, despierta y de pie en su espíritu, que da ese ejemplo de mujer que decidió encarnarse así como alma impoluta y sabia, pienso yo. Escribo para sanarme, y sano un diminuto porcentaje esta situación de duelo anticipado. La amaré por siempre, la amo, las amo, así como sigo amando muchas cosas muertas, que dejaron vida inmensa en alguna parte de mí.
Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.
Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de cuarenta libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía. Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres. Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo. Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.
Reconocimientos: ● Premio International Latino Book Awwards 2024 (ILBA24) otorgado a la antología poética Vivas las queremos: Voces del mundo contra el feminicidio, en coautoría.
●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales. ● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en México desde 2002. ● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario Milenio.
Obra publicada: En el corazón del arce (El Tintero Taller Ed., 2024); Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero Taller Ed.), 2023; Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.); Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel); Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera poesía (2005, RAIA Editorial).
Las hojas que el viento se lleva María Gabriela López Suárez
En menos de lo que esperaba Inés llegaron las tan ansiadas vacaciones de Semana Santa. Se sintió afortunada de haber ahorrado para pagar sus pasajes y poder ir a visitar a su familia. Estaba consciente de que su padre hacia un gran esfuerzo por sostener el pago de los estudios de licenciatura que ella cursaba en otro estado de la República Mexicana. Además de ella, don Benito tenía una hija y un hijo que estudiaban la preparatoria y secundaria. La madre de Inés había muerto dos años antes de que ella ingresara a la universidad.
Partió para su terruño con una maleta en donde llevaba pocas cosas, entre ellas unos dulces regionales para compartir con su familia y eso sí, el corazón lleno de emoción, cariño y ganas de abrazar a sus seres queridos.
El asiento que había elegido Inés estaba justo a la mitad del autobús, en ventanilla. Se había prometido que aprovecharía al máximo para observar el paisaje antes de que tuviera ganas de dormir. Tenía la ventaja de haber comprado su boleto con salida antes de las 3 de la tarde, le tocaría contemplar el atardecer. Calculó que llegaría a casa alrededor de las 7 de la mañana.
El camión inició su recorrido, el cupo iba lleno. Inés tenía como compañera de asiento a una señora adulta mayor, buena conversadora, quien no tardó en tomar una siesta. Inés se colocó sus audífonos, eligió escuchar a Jorge Drexler y se puso a contemplar el paisaje. Estaban por salir de la ciudad cuando el autobús se detuvo casi cerca de un crucero. Al principio Inés pensó que era por el alto del semáforo, pero el tiempo se prolongó. Se asomó un poco más a la ventana y se percató que había más coches y camiones en espera. No tardaron algunas personas pasajeras en levantarse a preguntar qué había sucedido. Inés alcanzó a escuchar que había un accidente. Tenían que esperar. Decidió no estresarse. Volteó a ver a su compañera de asiento, dormía profundamente.
En tanto el camión retomaba su curso Inés siguió atenta al paisaje. Observó que había tres adolescentes, dos chicas y un chico, con atuendo de payasos, ensayaban malabares con pelotas sobre un pequeño camellón. Estaban bajo la sombra de un árbol de tamaño mediano. Inés admiraba con qué habilidad podían mover sus manos sin que las pelotas se cayeran. De pronto, la atención de ella se centró en las fuertes ráfagas de viento que hicieron caer muchas hojas amarillas del árbol -que cubría del sol a las chicas y el chico-. Como si fuera una especie de imagen animada, las hojas no cesaban de caer. Para Inés fue una imagen muy bella y a la vez muy fuerte, lo tomó como una metáfora, que las hojas que el viento se lleva eran como los recuerdos y experiencias tristes y desagradables, que ya no necesitaban estar en su vida, pero a las que agradecía porque sin duda había aprendido a partir de ellas. Mientras el camión reanudaba su camino Inés siguió observando el paisaje, al tiempo que tarareaba, cada uno da lo que recibe. Y luego recibe lo que da. Nada es más simple. No hay otra norma. Nada se pierde. Todo se transforma. Todo se transforma.
Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL).
Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural.
Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos. En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo. Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.