Universo breve. 2. Recordatorio oportuno. Damaris Disner

Recordatorio oportuno 

La gata café se acurrucó sobre la mesa. En esa posición era tan parecida al gato blanco. Recordó que desde que él murió no se sentaba a escribir en la terraza. Una notificación de Facebook le hacía saber que esa noche se colocaban las veladoras para las mascotas muertas. El golpe seco en el techo fue idéntico al que se oía en sus salidas nocturnas. No tuvo duda, fue su reclamo por pensar que regresaría en una gata; lo machista nunca se le iba a quitar. 

Beatus Ille. ¿Para qué sirve la filosofía?

…filosofía para vos y para ti…

Por Teoría en pocos minutos*

¿Para qué sirve la filosofía?

En apariencia una pregunta sencilla. Cuatro personas que hemos leído  cantidades razonables de libros de filosofía, no pudimos responderla sin llevarnos a planteos como: ¿Es útil realmente?, ¿cuál sería su utilidad?, ¿qué es realmente la filosofía?  Citas, tras citas, el trabajo pudo haber sido interminable.
          No es este espacio un sitio para ahondar en la complejidad de la filosofía, sino para dar una pincelada para que aquellos que aún no tienen contacto con ella, puedan tener una idea de que estamos hablando. Dicho esto, de múltiples cantidades de texto que compartimos decidimos, nombrar cada uno, las caractacteristicas principales de nuestro filósofo favorito, concluimos lo siguiente:

El filósofo es alguien qué: 1) duda de todo, por obvio que parezca; 2) responde a la medida de lo posible las interrogantes que se hace; 3) pretende un sistema (argumentos lógicos) para explicar el mundo; 4) es humilde con su sabiduría, no ostenta saber lo que no sabe; 5) y aunque suele estar en rivalidad con el "Poder" que impone su verdad, este pese a su humildad termina por cimentar nuevas formas de pensar en la sociedad.

Entonces ¿Sirve la filosofía? Si la connotación que tiene el verbo “servir” tiene que ver con la obtención de un bien material, no, la filosofía es lo que en la economía podría entenderse como un bien improductivo, así como lo es la música, el cine, la comedia, la escritura; el arte. Sirven en la medida en que tienen un espacio en la vida anímica de las personas, cómo cuando estás triste y tu canción favorita mejora tu día. Esto, empero, no dice que la filosofía no pueda tener una consecuencia remunerable, empleos como profesor, redactor, escritor, periodista, analista, YouTube divulgador: pueden producir moneda.  
          Pero, ¿en sí misma, qué uso le podemos dar a la filosofía? 
          1) Ser menos afable al Poder, tener mayor capacidad de argumentación, por ende no ser una oveja más.
Ejemplo: Cuando un presidente dice “El pueblo es sabio, y el elige democráticamente al mejor” el filósofo no dudara en preguntarse: ¿Es verdad que elegimos democráticamente? ¿Dónde comienza la democracia y dónde termina? ¿Qué es una decisión sabía? Quizás no sea tan sabio el pueblo que vota a una propuesta irrealizable de nación, quizá. 
          2) Despertar intelectualmente, tú y a los que te rodean, razonar sirve para resolver problemas; pueden ser de carácter político, moral, ético, religioso, psicológico. 
Ejemplo: ¿Es bueno mentir? ¿Solo si eso traerá beneficios? ¿O debemos decir la verdad por más dolorosa que sea? Esto seguro pensaría un filósofo. 
          3) “Todos bebemos esta gaseosa liquida, por tanto es una buena opción”, el filósofo se preguntará ¿La suma de personas que hacen algo le da más validez a eso? ¿Realmente es buena esa gaseosa? ¿Cómo puedo proponer una evaluación de la calidad de una gaseosa?

Como vemos, la filosofía invita a darle uso a nuestra capacidad de reflexionar, preguntarnos, responder. Sobre cualquier tema. Por ende ayuda a resolver problemas que quien se abstenga de la filosofía jamás resolvería, quizás ni si quiera este enterado del ¿cuándo?, ¿cómo?, ¿por qué?, de lo que pasa, y eso es básicamente estar dormido, la filosofía es atreverse a abrir los ojos, es atreverse a saber.  

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*Sobre Teroría en pocos minutos:

“Teoría en pocos minutos” es un grupo de autores** y estudiosos que busca difundir su conocimiento sobre humanismo y hacerlo accesible al público en general. Puedes seguirlos en: Teoría en pocos minutos.

**Sobre los autores:

Alejandro Segura Chávez. México, 1994. Redactor sobre Ciencia, psicología, filosofía, política, tecnología, literatura y poesía. Es Licenciado en Psicología por la Universidad de Guadalajara. Director del podcast Psico-Filosofando en Spotify. Divulgador en YouTube.

Daniel Omar Stchigel. Argentina, 1968. Redactor oficial en Noticias sobre Filosofía. Autor de más de veinte libros de filosofía fenomenológica y epistemología. Doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires. Profesor Universitario y Mágister en Psicoanálisis por la Universidad Argentina John F. Kennedy. Por catorce años fue profesor titular de Filosofía, Lógica, Antropología filosófica, Bioética, Deontología de la profesión docente y Desarrollo de las Corrientes Filosóficas. Es experto en Husserl, sobre quien basó su tesis de doctorado, y en Lacan, sobre quien hizo su tesis de magisterio.

Everardo Ivaán Contreras Brito. México, 1998. Redactor oficial de Crítica y Reseña Literaria. Recientemente publicó Poesía Estándar: Antología (2019). Licenciante de la carrera en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Chihuahua.

Francisco Tomás González Cabañas. Corrientes, Argentina, 1980. Ensayista. Licenciado en Filosofía por la USAL. Licenciado en Psicología por la UP. Licenciado en Ciencias Políticas por la UCA. Licenciado en Comunicación por la UCES.

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La cuarta pared. 6. Colibrí

Colibrí

(Minificción)

Por Bibiana López

“Mucha fe mero le tengo, porque él a mí me lo avisa todo, él me dice cada cosa, cada cosa, que nadie se puede imaginar

EnraizArte en Audiolibro Cantadora de historias.

-–¿Has escuchado o leído la leyenda del colibrí? –preguntó Amaranta a su amiga mientras subían la montaña.

–Sí, una leyenda maya… creo, dicen que cuando te visita uno es porque un ser querido fallecido te está visitando.

–Exacto, aunque dicen que las aves son las portadoras de mensajes del más allá… ¿tú crees esas cosas?

-–No creo, no sé, no me ha pasado.

–Algo como los milagros, no crees en ellos hasta que te ocurren.

Después se tomaron un tiempo para dejar correr el silencio de sus voces y escuchar la naturaleza a su alrededor, era una caminata pesada, pero les habían dicho que llegar a la cima valía la pena.

Los señalamientos decían que estaban a aproximadamente 30 metros de llegar, pero Amaranta decía no poder más, se sentó en una piedra y le dijo a Martha que siguiera sola, ella la esperaría ahí, después de unos instantes de conflicto Martha siguió. Amaranta tenia un mundo en su cabeza, de pronto de algún lugar llegó un colibrí, imaginó que le decía: vamos, tu puedes

Impulsada por renovadas energías se levantó, parecía que aquel colibrí la escoltaba al frente; pasó a lado de Martha dejándola unos cuantos metros atrás, cuando llego a la cima, en efecto, valía la pena.

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Fotografía: BBLA. 

Sobre la autora*
Bibiana B. López Álvarez
Comitán de Domínguez, estudiante de la licenciatura de Comunicación Intercultural en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), fue estudiante de intercambio en la Universidad Católica del Salvador (UNICAES) en Santa Ana, El Salvador.
Tallerista de teatro universitario. 
Fue parte de la creación de la obra "Caites o el destiempo de oficios a olvidar".

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Voces ensortijadas. 34. Se aceptan sugerencias. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 34

Se aceptan sugerencias

Por María Gabriela López Suárez

La tarde era luminosa y el viento soplaba sutilmente permitiendo refrescar la habitación donde se encontraba Iris atenta a su video conferencia. El tema que disertaban quienes eran ponentes versaba sobre el turismo comunitario, el impacto generado por la contingencia sanitaria y  los nuevos retos que tenían para trabajar. 

El sonido de un mensaje entrante la distrajo, había olvidado silenciar el teléfono. No pudo evitar leer el mensaje, era su editor. Iris colaboraba semanalmente en una revista electrónica. En esta ocasión el editor no le compartía enlace de alguna publicación como en otras ocasiones, sino que le recordaba que él saldría de viaje fuera del país y sugería, de ser posible, adelantar el envío de su colaboración para la publicación en tiempos.

Iris no tenía contemplado ese pendiente en su agenda. Trató de seguir atenta a la videoconferencia, ya estaba por finalizar. Sin embargo, asomó a su pensamiento el personaje de Mr. Winthrop, del cuento Canastitas en serie, del autor Bruno Traven en su libro Canasta de cuentos mexicanos, cuando este personaje extranjero  visita México y conoce a un artesano indígena en Oaxaca que hace canastitas y le pide le haga una serie de éstas.  El artesano le responde que él no podría hacer eso porque en cada canastita va una parte de su corazón, de su terruño, de la naturaleza. 

Justo Iris se identificó con el artesano indígena, ella no podría hacer una serie de colaboraciones y tenerlas en archivo, como si fuera una especie de ropa para cada día de la semana, porque cada uno de sus textos eran parte de su día a día. En cada colaboración estaban presentes historias, personajes reales y de ficción, así como elementos comunes,  a los que usualmente no se presta atención hasta que se plasman a través de las líneas. Cada golpe de sus dedos en las teclas de la computadora tenía una carga de emociones, distintas e inigualables.

La video conferencia terminó  y se quedó pensando en la sugerencia de su editor, cómo trabajar eso, adelantar sus textos. Al menos uno. De pronto, su mente dio un giro, hizo memoria las veces que ella había dado sugerencias a sus colegas, familiares, amistades, a su pareja, a la gente conocida, e incluso en algunas reuniones laborales donde no conocía a las personas.  La mayoría de las veces, sino es que siempre, eran aceptadas. Recordó toda la serie de sugerencias que hizo a su amigo Felipe, cuando llegó a visitarla del extranjero. Él fue quien la hizo consciente de eso: ¡Qué manera de sugerir la que tienes Iris! Volvió a su ahora. Sonrió y dijo para sí, ahora me toca a mí, se aceptan sugerencias. Aprovechando que estaba frente a la computadora inició la danza de sus dedos sobre el teclado, estaba ante un nuevo reto y  dispuesta a vivenciarlo con la carga de emociones y sentires que solía plasmar. Fueron asomando las ideas  para ir creando la historia de Tere y sus hermanas,  guías de turistas en Puebla.





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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 34. Lo obsceno. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 34

Lo obsceno


Héctor Cortés Mandujano

Soy un pene que piensa

Henry Miller
 

En la revista Mula blanca # 11, septiembre-octubre 2014, de distribución gratuita, el poeta Jorge Esquinca publica poemas recientes de su Teoría del campo unificado. En “La zorra” cuenta (p. 20): “Es una zorra me dijo/ ¿Quién?/ La hija de la doña de la miscelánea/ Yo, por más que le buscaba la cola o las orejas picudas, nada./ Es de las que se dejan, insistió./ ¿Se dejan qué?/ Meter mano. Le das un veinte y se levanta la falda, tiene un conejo tibiecito./ Por fin, ¿zorra o conejo? […] Es una zorra, una piruja, es de las que se dejan. Y, además, le gusta. […] Le das un veinte, te vas con ella a la parte de atrás, donde guardan los costales, y le tocas su puchita./ ¿Su qué?/ Se siente suavecito y mojado”.
            Que las mujeres se dejen tocar o permitan la penetración no las hace putas ni zorras ni pirujas, dice Huberto Batis en su ensayo sobre Anaïs Nin [Estética de lo obsceno (y otras exploraciones pornotópicas), Universidad Autónoma del Estado de México, 1989: 124], porque “las mujeres mil veces penetradas pueden seguir siendo fundamentalmente vírgenes, intocadas, inafectadas”. 
            [Eso se discute en el arranque de la cinta Perros de reserva (Reservoir Dogs, 1992), de Quentin Tarantino, a propósito de la canción “Like a Virgin”, de Madonna.]
            El libro habla de varios autores que escribieron sobre erotismo, sexo, obscenidades. El escritor anónimo de la novela Irene dice (p. 50): “Es una manía burguesa arreglarlo todo en historias” y Batis lo secunda de inmediato: “Se hacen novelas de un pedazo de madera, de una gardenia, de un adulterio; hay escritores que cuentan la vida de otros o la suya propia al lector boquiabierto, al lector papamoscas”.
            Uno de esos autores que me dejó boquiabierto es Henry Miller (amante de Anaïs Nin, por cierto) con Trópico de cáncer. A él dedica Batis su ensayo mejor y más extenso, donde retoma opiniones de Miller dichas al crítico George Wickers (p. 69): “La gente lee para divertirse, para pasar el tiempo, para instruirse. Yo nunca leo para pasar el tiempo ni para ser instruido, yo leo para ser arrebatado fuera de mí mismo, para quedar extático. Siempre estoy buscando al autor capaz de hacerme olvidar de mí mismo”. 
Y él lo logró con varios de sus libros que asumen la sensualidad y la sexualidad sin tapujos. Fue, por supuesto, acusado de obsceno y esto respondió (p. 71): “¿Acaso no estamos en el filo de la era destructiva, de la guerra, de la enfermedad, de la pestilencia y de la hambruna? ¿Qué estamos tratando de decir con este ‘uso exagerado’ de la obscenidad? ¿Dónde está el peligro? […] Nunca digo nada que la gente no diga y haga todo el tiempo. No saco los temas del sombrero, sino de los alrededores, de lo cotidiano, de eso de cuya existencia la gente siempre se rehúsa a darse por enterada”.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración: Alejandro Nuding.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 33. Dama cruel. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 33

Dama cruel
(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano

 

1
 
Leyó la carta con atención y pasmo. Su marido le contaba que se había encontrado, luego de la cruenta batalla, con tres brujas que le vaticinaban buenas nuevas. Menudencias algunas, como nuevos tratamientos nobles que reportarían quizás ingresos frescos, pero el vaticinio principal era que iba a ser rey.
            ¡Albricias!
            También le anunciaba que él llegaría, con el rey y su comitiva, a pasar una noche en el castillo. Que lo tuviera a punto, que instruyera a las cocineras, que… las naderías que los hombres pueden sugerir a una ama de casa que sabe bien su cuento.
            Dio las órdenes precisas, tomó en sus manos la carta, ya leída y casi memorizada, y salió rumbo a uno de los bosques adyacentes a su rica propiedad. Una pregunta la atenazaba: ¿Cómo podría volverse rey su marido si el rey estaba vivo y con buena salud, sin siquiera algún banal alifafe? 
            No distrajo su vista con las flores, las mariposas o los árboles, ni sus oídos con los silbidos del viento o el canto de las abubillas (si es que tales eran las que lanzaban al mundo sus voces gárrulas). Estaba ensimismada, volcada hacia sí misma, por eso su grito la sorprendió:
            —¡Claro, hay que matar al rey!
            Su grito pareció el conjuro exacto para que las tres brujas se le aparecieran.
            —Hola –dijo una.
            —Dama –dijo otra.
            —Cruel –dijo la última.
            Y pareció que sólo una hablaba.
 
2
 
Convencer a su marido no fue tan sencillo. Débil, lleno de subterfugios. ¿Cómo podía ser éste un gran guerrero, si más parecía una jovencita cuidando su virtud que un tosco varón que rompía cráneos, cortaba cabezas, mataba sin cesar?
            —¡Pero es el rey! 
            —Es un hombre, como tú. Ni más ni menos.
            —Pero lo hemos recibido en casa y ahora duerme confiado en el aposento que supone fuera de cualquier peligro.
            —Eso es bueno. Ya emborraché a los guardias, la puerta está abierta, entra y clávale en el corazón este cuchillo. Es tan pesado que no necesitarás tanta fuerza: entrará como el plomo en el agua.
 
3
 
No faltaron momentos ásperos; sin embargo, su marido fue ungido como rey. En la celebración, ella cuidó personalmente que en su copa se añadiera el veneno más volátil y más severo. Cuando él cayó muerto, ella subió al trono con toda majestad.
            Las invitadas principales a su coronación como reina fueron las tres brujas, ahora sus mejores amigas, sus hermanas.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración: HCM.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Paso de fuego. Intuición. Jorge Abarca

Por Jorge Abarca*

 
Intuición
 
Cercada en la prisión de la cordura
de pronto: la intuición despierta y vuela
más allá de la cúspide en la altura,
mariposa de luz dejando estela.
 
Y rompe las cadenas de moldura
con sus alas doradas en que anhela:
el cisma que sacude a la atadura,
la razón y su traje que encarcela.
 
Y tejiendo los hilos de la tarde,
en los lienzos luminosos en que arde,
se abre paso en la cárcel que la atrapa.
 
Sismo en el corazón de la obediencia
y en el latir exacto de la ciencia,
una grieta por donde el mundo escapa.
      

Fotografía: Pixabay.

*Sobre el autor:

Jorge Abarca.

San Cristóbal de Las Casas; Chiapas. Egresado del Diplomado en Creación Literaria por El Espacio Cultural Jaime Sabines, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas 2009-2010. Miembro de la Organización Cultural “Abriendo Caminos: José Antonio Reyes Matamoros”. Ha sido antologado en Universo poético de Chiapas. Itinerario del siglo XXCONECULTA, Chiapas 2017Autor del libro La tragedia encendida de los hombres. Abriendo Caminos Editores, 2019.

**Sobre el poema:

“Intuición”, poema de la colección La tragedia encendida de los hombres, Abriendo Caminos Editores 2019.

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Voces ensortijadas. 33. Los caminos del corazón. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 33

Los caminos del corazón

Por María Gabriela López Suárez

Bianca revisó el reloj, faltaban 40 minutos para la cita de trabajo que  tenía. Iba a buen tiempo, eligió la ruta menos congestionada para avanzar. Más valía esperar unos minutos que llegar después de la hora acordada.

Todos los semáforos le habían tocado en verde, hasta que llegó a uno que tuvo que esperar. Al detenerse observó la calle, tenía mucho rato que no pasaba por ese rumbo. La reconoció de inmediato, a media cuadra de ahí había vivido una de sus mejores amigas. Una a una a se fueron viniendo a la mente las anécdotas de los momentos compartidos, instantes de mucha felicidad y también de inmensa tristeza, una parte de su vida en ese espacio habitado, la calle.

El semáforo cambió a verde y Bianca siguió su camino. Mientras continuaba fue pensando en todas las historias que se tienen en los distintos espacios que conforman las calles, los senderos, las carreteras. Ella tenía sus calles favoritas, ésas que rememoraban la infancia, las salidas con sus primos y amistades de pequeña, las que eran caminos para ir de paseo con la familia, las que en complicidad con sus amigas  ideaban los encuentros amorosos para que parecieran fortuitos, las que eran ruta de las tradicionales salidas para fiestas y reuniones, las que atemorizaban por ser espacios solitarios y peligrosos, las que conducían a espacios no gratos y que se resistía a recorrer.

No solo estaban las calles de su ciudad natal sino las de espacios foráneos, aquellas a las que había regresado  en un segundo viaje y al recorrer iba recordando las experiencias y a la vez sumando nuevas, pero también las que, probablemente, no volvería a caminar  y estaban llenas de los instantes vividos, como cuando se animó a  bailar con sus amistades y cantar en una ciudad extranjera, o cuando se perdió de rumbo y repasó una y otra vez la misma ruta hasta hallar la dirección correcta.

Recordó los caminos pedregosos, senderos y veredas que había tenido la oportunidad de andar en sus travesías de estar en contacto con la naturaleza, algunos parecían estar llenos de mensajes ocultos en sus árboles, montañas, paredes rocosas. Cada camino estaba colmado de historias, memorias que se habían quedado no solo en la mente, sino en el corazón.  Se avivaban en la medida que se les traía de regreso, en alguna charla, anécdota, experiencia compartida o como aquella mañana, al haber puesto un momento de atención en una de las calles que pasaba.

Los caminos del corazón, pensó y sintió cómo se humedecían sus ojos. Detuvo el coche. Había llegado a su destino. Observó su rostrofrente al espejo y secó suavemente las lágrimas. Sonrió. Miró el reloj, estaba 15 minutos antes de la cita. Bajó del auto, comenzó a caminar. Ésa se sumaría a una de las calles para su memoria.





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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

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Voces ensortijadas. 32. Sentirse lacia. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 32

Sentirse lacia

Por María Gabriela López Suárez

El despertador sonó a las 7 de la mañana. Margarita decidió quedarse en cama un ratito más, era domingo y había tenido una semana intensa. Apenas empezaba a soñar cuando escuchó rascar la puerta,  era su perrita Canica, ella no perdonaba la hora del desayuno.

Se levantó, saludó a Canica quien respondió los buenos días aventándose sobre ella y moviendo la cola. Le dio su alimento y se fue a la cocina a preparar un té verde. Abrió la ventana y sintió los rayos del sol que se filtraban entre las ramas de los árboles del patio, acariciándole los ojos, era una luz brillante y a la vez suave. La noche anterior había llovido, aún estaban los charcos y el olor a naturaleza viva. Respiró profundamente y mientras sostenía la taza con té siguió sintiendo cómo la luz del amanecer penetraba suavemente sobre su su rostro. Agradeció la vida y se sintió nuevamente con energía para seguir en su travesía.

La semana se le había pasado volando, entre emociones y estrés. Al llegar la noche del sábado Margarita se sintió lacia, lacia. Recordó la primera vez que escuchó esa frase, en aquella clase en la universidad cuando su maestra de Literatura mexicana la dijo en un ejemplo: ¡Me siento lacia, lacia! Margarita no comprendió el significado, la maestra lo explicó pero, hasta ese momento, no había caído en la importancia de sentirse así.

Fue hasta el sábado cuando se le vino a la mente el término, al no saber qué adjetivo usar para expresar su sentir. Estaba decaída y lo que le seguía. En la noche se quedó contemplando el fuego de la vela que encendió, para aromatizar su habitación con un incienso. El fuego sagrado,  el abuelito fuego, como le llamaban en algunos rituales, hizo fijar su atención en la llama que era intensa y se mantuvo sin movimiento, eso le confortó un poco. Un cúmulo de pensamientos fueron asomándose, paso a paso, a su mente. Demasiado ruido en su interior ante el impávido abuelito fuego que la observaba. Decidió irse a descansar, con la esperanza de un nuevo día.

Su sueño estuvo lleno de aventuras, caminó mucho, recorrió rutas y calles nuevas, se halló personas conocidas y muy queridas. Su niña interior se hizo presente y por instantes se sintió como en un cuento. El amanecer del domingo, entre el cariño de Canica y los regalos de la mañana, hicieron que en su rostro se dibujara nuevamente una sonrisa. Largo camino había por andar. Era importante darse el espacio para sentirse lacia, era como hacer una pausa en la ruta de la vida. El secreto estaba en no estancarse en ese sentir sino continuar. Prendió la radio, que los ríos te sean propicios, que corran para el lado que quieras navegar, que las nubes cubran el sol cuando estés en el desierto, que nunca te falte el fuego, que nunca te falte el agua, que nunca te falte el amor…la canción bendición de dragón estaba al aire.





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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 32. Tres mujeres. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 32

Tres mujeres
(Cuento)

Héctor Cortés Mandujano

Si logro lo que busco, ¿qué obtendré?

Un sueño, un soplo, un borbotón de dicha.

¿Quién compra un día alegre y llora un mes,

o cambia eternidad por chucherías?

Shakespeare, en La violación de Lucrecia
 

No tenía muchas ganas de verla, pero ella me insistió en que fuera a la universidad a buscarla, porque quería contarme algo importante. 
          La entrada al campus supuso responder a una lista de preguntas, firmar un documento y dejar una identificación oficial.
          Llegué en un receso, supongo, porque los jóvenes se arracimaban en distintas ocupaciones (aunque algún solitario leía sin ver a nadie, una muchacha parecía meditar sentada sobre el pasto). La mayoría era de raza blanca, blanquísima, como si hubieran sido escogidos para un proyecto racista.
          No quedamos de vernos en ningún lugar especial; nos encontramos sin mostrar sorpresa en uno de los pasillos.
          —Hola.
          —Hola.
          —¿Tienes mucha prisa?
          —Depende –le dije–, ¿estás muy ocupada?
          —No, debo hablar con dos o tres personas. Creo que me basta media hora, ¿podrías esperarme en la cafetería?
 
2
 
La esperé leyendo un tratado sobre los encefalogramas, un asunto que me interesa mucho desde la operación de la abuela. Fue más o menos puntual en su llegada.
          —¿Nos vamos?
          —¿Adónde? Es un engorro entrar. Supuse que me citabas aquí, porque aquí platicaríamos. 
          —No. De hecho, no traigo coche. Nos iremos en el tuyo. Si quieres manejo yo, para no darte indicaciones de nuestro punto final.
          —Como quieras –le dije y le extendí las llaves.
 
3
 
Me llevó a un motel; lo que quería decir y hacer era obvio.
          No quise decirle que no quería involucrarme con la prima de mi ex; no me dio tiempo. Ya estaba desnuda y me desnudaba, besándome con una pasión que no le hubiera imaginado. Cuando estaba a punto del clímax, algo me hizo darme cuenta de que aquello era un sueño.
          Abrí los ojos y mi realidad era peor. Sara, una de mis mejores amigas, casi mi hermana, era quien estaba conmigo, en mi cuarto. Destapaba la bolsa de un condón.
          ¿Cómo llegamos a esto? Tal vez platicábamos y me dormí, como suelo hacerlo, como el narcoléptico contumaz que soy, y la acaricié mientras pensaba hacerlo con la mujer del sueño. Y una cosa llevó a la otra. 
          La vi tan concentrada, mientras me ponía la bolsa elástica, que no quise interrumpirla. Se me montó y me sentí con la culpa anticipada de haber quebrantado algo sagrado, nuestra amistad, por un momento de placer que podía encontrar con cualquier otra.
          Vi su gesto pícaro y me dejé llevar.
          Sin embargo, algo raro había en la escena.
 
4
 
Abrí los ojos y noté el rostro de mi mujer encima del mío, viéndome con curiosidad.
          Estaba amaneciendo.
          —Te desperté porque oí tu respiración agitada y hacías unos gestos extraños, ¿tuviste un mal sueño?
          —No uno –le dije–: dos.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración: HCM.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

La cuarta pared. 5. Gatuna

Gatuna

Por Bibiana López

“El Génesis lo calla pero el gato debe de haber sido el primer animal sobre la tierra...”

José Emilio Pacheco en “Biografía del gato”.

…Cuando escogí tu nombre no sabía lo que sé hoy, supongo que de alguna manera mi ser en el fondo sabía que tenías que llamarte así porque te convertirías en una leyenda.

Las personas que tenemos animales en casa creamos tal vez otro tipo de amor, uno muy sincero e inexplicable. Cualquiera que te veía apreciaba tu belleza, mi Ching y chang, divino por tu pelaje negro y blanco, me acuerdo mucho que mi papá siempre me decía que le comprara cremas o algún producto a mi cabello para que se viera bien y yo hacia lo mismo contigo tratando de que tuvieras el mejor alimento para que tu pelaje luciera.

Aun puedo sentir tu cabeza en mis manos aquella noche, cuando te fuiste de esta vida, siento no haber podido hacer más por ti, ahora añoro despertar contigo en mis piernas, verte jugar, que nos acompañes a comer, ir a traerte por las mañanas cuando ya no podías cruzar tú sola el patio, tus ataques hacia mí en forma de juego y otros porque seguramente algo te había molestado, cuando regreso de algún mandado no estás esperándome en la puerta de la casa y sólo trato de ver tu ojos y escuchar tu maullido.

Ahora asimilo que terminó nuestro tiempo y que dejaste en mí una huella inconfundible.

Tu nombre es una leyenda porque te hiciste reconocible y destacada, mi amada y siempre tú: Rambo.

PD. En un mundo paralelo estamos juntas corriendo en el patio.

Fotografía: BBLA. 

Sobre la autora*
Bibiana B. López Álvarez
Comitán de Domínguez, estudiante de la licenciatura de Comunicación Intercultural en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), fue estudiante de intercambio en la Universidad Católica del Salvador (UNICAES) en Santa Ana, El Salvador.
Tallerista de teatro universitario. 
Fue parte de la creación de la obra "Caites o el destiempo de oficios a olvidar".