Universo breve. 2. Recordatorio oportuno. Damaris Disner

Recordatorio oportuno 

La gata café se acurrucó sobre la mesa. En esa posición era tan parecida al gato blanco. Recordó que desde que él murió no se sentaba a escribir en la terraza. Una notificación de Facebook le hacía saber que esa noche se colocaban las veladoras para las mascotas muertas. El golpe seco en el techo fue idéntico al que se oía en sus salidas nocturnas. No tuvo duda, fue su reclamo por pensar que regresaría en una gata; lo machista nunca se le iba a quitar. 

Líneas de desnudo. 1. Cajón de sastre. Manuel Pérez Petit

Líneas de desnudo/ 1

Cajón de sastre


Manuel Pérez Petit

Andábamos el buen Roger Octavio y un servidor cavilando hace tiempo en torno a mi inclusión como colaborador en este blog de altos vuelos y supervivencia admirable y contracorriente en este mundo que nos toca. Él, por su abnegada labor de mantenimiento de un proyecto tan poco redituable y tan ingrato tantas veces como éste de promoción de la lectura, asunto del que, miren por donde, algún conocimiento –y sobre todo, experiencia– tengo. Y yo, en la necesidad –relativa, a qué negarlo–, de darle cauce, incluso río arriba, en parte al menos a lo que llevo en la cabeza… En eso estábamos cuando le dije: “Se llamará ‘Cajón de sastre’...” Y asintió.
          Bajo el mostrador de los sastres suele haber una gaveta en cuyo interior hay todo tipo de elementos para el trabajo de su oficio, todos mezclados. Como metáfora, con ‘cajón de sastre’ se designa al contenedor en que se almacenan cosas sin orden ni concierto. Es también ‘cajón de sastre’ un término periodístico que desde el siglo XVIII alude a secciones de carácter misceláneo en realidad y en las que todo cabe, como incluso hoy puede observarse en los medios de comunicación en secciones como sociedad, por ejemplo, y en multitud de espacios de opinión. Hasta aquí, a mí, que tengo más ideas que capacidades y mejor voz que letras, me encajaba. Soy periodista de carrera y editor de profesión actual, buenas maneras de estar siempre en el “mundo” de las letras, dicho sea de paso. 
          Según el Diccionario de la Real Academia Española –que ahora es de la Asale, la Asociación de Academias de la Lengua Española, gracias a Dios–, la expresión masculina coloquial ‘cajón de sastre’ tiene dos acepciones. La primera es “Conjunto de cosas diversas y desordenadas”, y la segunda: “Persona que tiene en su imaginación gran variedad de ideas desordenadas y confusas”. Por si fuera poco, siempre en la voz ‘cajón’, añade otra expresión, ‘ser de cajón algo’, con una sola acepción: “1. loc. verb. coloq. Ser evidente u obvio, estar fuera de toda duda o discusión”. Sirva esta columna semanal, que saldrá todos los viernes en Letras, ideaYvoz, para sacar a la luz variedad de ideas y cosas diversas a fin, entre otros motivos, de ver si alguna vez encontramos, mediante la duda y la discusión, algo que sea de cajón –cuestión no tan importante, de todos modos– y nos merezca la pena compartir –dicho en el más amplio sentido de la palabra, lo cual sí es de capital importancia, al menos para el que esto suscribe–. 
          Lo cierto es que estaba dispuesto a llamar a este espacio ‘Cajón de sastre’, pero me he acordado de repente del poema “Credo poético”, de Miguel de Unamuno, que me impactó hace cerca de cuarenta años:
 
CREDO POÉTICO
 
Piensa el sentimiento, siente el pensamiento;
que tus cantos tengan nidos en la tierra,
y que cuando en vuelo a los cielos suban
tras las nubes no se pierdan.
 
Peso necesitan, en las alas peso,
la columna de humo se disipa entera,
algo que no es música es la poesía,
la pesada sólo queda.
 
Lo pensado es, no lo dudes, lo sentido.
¿Sentimiento puro? Quien en ello crea,
de la fuente del sentir nunca ha llegado
a la vida y honda vena.
 
No te cuides en exceso del ropaje,
de escultor, no de sastre es tu tarea,
no te olvides de que nunca más hermosa
que desnuda está la idea.
 
No el que un alma encarna en carne, ten presente,
no el que forma da a la idea es el poeta
sino que es el que alma encuentra tras la carne,
tras la forma encuentra idea.
 
De las fórmulas la broza es lo que hace
que nos vele la verdad, torpe, la ciencia;
la desnudas con tus manos y tus ojos
gozarán de su belleza.
 
Busca líneas de desnudo, que aunque trates
de envolvernos en lo vago de la niebla,
aun la niebla tiene líneas y se esculpe;
ten, pues, ojo, no las pierdas.
 
Que tus cantos sean cantos esculpidos,
ancla en tierra mientras tanto que se elevan,
el lenguaje es ante todo pensamiento,
y es pensada su belleza.
 
Sujetemos en verdades del espíritu
las entrañas de las formas pasajeras,
que la Idea reine en todo soberana;
esculpamos, pues, la niebla.
 
Poesías, 1907.
 
Y, en este giro inesperado, me quedo, pues, con ese “(...) No te cuides en exceso del ropaje,/ de escultor, no de sastre es tu tarea,/ no te olvides de que nunca más hermosa/ que desnuda está la idea (...), y no menos con ese imperativo: “(...) Busca líneas de desnudo (...)”, por lo que en consecuencia, he decidido, ante el cajón de sastre que me alumbra, llamar a esta columna “Líneas de desnudo”. No se la pierdan los viernes, habrá mucha tela que cortar… Y si no sirve para nada, al menos nos divertiremos.
 
   
Fotografía: ©M. P.-P., 2009.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

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Voces ensortijadas. 44. Habitar el olvido. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 44

Habitar el olvido

Por María Gabriela López Suárez

Con cariño  para las compañeras del Cerss  5, SCLC

… en donde esté una piedra solitaria

sin inscripción alguna

donde habite el olvido

allí estará mi tumba.

Gustavo Adolfo Becker en “Rima LXVI”
Alba despertó deseando que la mañana dibujara un paisaje soleado, tenía muchas ganas de sentirse acariciada por los rayos del sol.  Habían  pasado varios días nublados que poco ayudaban a su estado de ánimo. Desde que había recaído de la enfermedad que padecía, su entusiasmo había mermado. Sin embargo, tenía la certeza que todo estaría bien, era necesario seguir las indicaciones médicas. De ahí la necesidad que tenían su corazón y espíritu porque el sol saliera con todo su resplandor.
          Su deseo fue cumplido, los rayos del sol alumbraron con tal intensidad que la invitaban a tomar un baño de luz para recargarse de energía. Así lo hizo. Salió al patio de su casa, se situó cerca  de los árboles, cerró los ojos y alzó el rostro al cielo, permitiéndose sentir el resplandor matutino.
          Permaneció así unos instantes. Sintió cómo su cuerpo agradecía ese gesto; animada se dispuso a realizar las labores correspondientes en el jardín, ésa era una de las actividades que tenía para ese  día. Al momento de ir cortando la maleza lo fue haciendo con sumo cuidado y atención, para ella era poco grato que invadiera el espacio donde tenía sus flores. Sin embargo, se percató que si no tenía cuidado al hacerlo podría dañar sus flores. De alguna manera, agradeció que la maleza estuviera ahí, de lo contrario no se habría dado espacio para el cuidado de sus plantas.
           En eso estaba cuando comenzó a reflexionar que la maleza era como las cosas desagradables que suceden en la vida, no se podían obviar y había que aprender a convivir con ellas, aprender a habitar el olvido. Ir afrontando cada situación difícil era un gran reto, no tenía la receta secreta, pero estaba segura que una herramienta importante era estar bien desde el interior, escuchar al cuerpo, a la mente, al corazón y poner atención a todo lo que sucedía alrededor.
           Terminó su labor muy contenta, cortó algunas flores para colocar en el jarrón que tenía en la sala. Hecho esto jaló una silla, se sentó frente a la ventana y contempló cómo el sol  alumbraba el día.  Al tiempo que pensaba que, indudablemente, la vida era así, como los paisajes de cada día, podrían aparecer algunos grises y nublados,  incitando a hacer pausas en el andar, voluntaria o involuntariamente. Había que aceptarlos, era parte de la tarea, pero siempre debía mantenerse la esperanza y tener la certeza que los días soleados llegan y hay que estar preparados para eso. 
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Beatus Ille. Wittgenstein

…filosofía para vos y para ti…

Por Teoría en pocos minutos*

Wittgenstein

PRIMER WITTGENSTEIN 
El primer Wittgenstein del Tractatus Lógico- Pshilosophicus (1922) nos va a decir lo siguiente: 
         “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Donde el mundo, sería el conjunto de la totalidad de los hechos (no de las cosas), estos hechos pueden constituir hechos complejos, así como los átomos conforman moléculas, y la realidad seria el entramado de hechos simples (positivos si son verdaderos y negativos si son falsos). 
          Su obra va a girar entorno, a la elucidación (única tarea de la filosofía) sobre lo que es un problema y un pseudoproblema (subproducto del lenguaje).  Apoyado en el empirismo lógico y la lógica proposicional, dirá que un problema es aquel que se puede resolver a partir de los hechos, es decir que las proposiciones validas son las que permiten ir a la realidad y darnos el veredicto de si tal proposición es falsa o verdadera. Ergo, un pseudoproblema serían las proposiciones que apelan a entidades metafísicas, el ejemplo más claro es el de Dios, por más filosofía que se haga si la proposición “Dios existe” no se puede remitir a los hechos, entonces no es un problema verdadero. 
           Entonces, no es que Wittgenstein fuera ingenuo, él no quería poner límites al pensamiento, sino a su expresión en lenguaje, por ello decía que de lo que no se puede hablar era mejor callar. 
           Para Wittgenstein habría un isomorfismo, entre la proposición lógica y los hechos, por ello un hecho verdadero debería encajar en la proposición de otros hechos verdaderos, de no ser así, tendríamos una contradicción insostenible. 

SEGUNDO WITTGEINSTEIN
El segundo Wittgenstein reconoce lo siguiente: 
         Hace cuatro años tuve ocasión de volver a leer mi primer libro (el Tractatus logico-philosophicus) y de explicar sus pensamientos. Entonces me pareció de repente que debía publicar juntos esos viejos pensamientos y los nuevos: que éstos sólo podían recibir su correcta iluminación con el contraste y en el trasfondo de mi viejo modo de pensar.
          Pues, desde que hace dieciséis años comencé a ocuparme de nuevo de filosofía, hube de reconocer graves errores en lo que había suscrito en ese primer libro. 
          Wittgenstein L (1953) Investigaciones de la Filosofía. Y aunque no negando su obra anterior de 1922, se va a centrar en la experiencia humana, y en las dificultades de compartirla fielmente, sino mediante el uso del lenguaje.            Llegando así a conclusiones insospechables sobre el  cómo entendemos la experiencia ajena. 
         Sería también posible -aunque no verificable- la suposición de que una parte de la humanidad tuviese una sensación de rojo y otra parte otra. 
Wittgenstein L (1953) Investigaciones Filosóficas
 
No puede decirse que los demás saben de mi sensación solo por mi conducta- pues de mí no puede decirse que sepa de ella. Yo la tengo. 
         Esto es correcto: tienen sentido decir de otros que están en duda sobre si yo tengo dolor; pero no decirlo de mí mismo. 
          Wittgenstein L (1953) Investigaciones Filosóficas 
 
También en esta obra, habla de los juegos del lenguaje, de como  más que un símbolo, lo importante es entender este en relación con su sistema: 
        La pregunta « ¿Qué es realmente una palabra?» es análoga a «¿Qué es una pieza de ajedrez?».
Wittgenstein L (1953) Investigaciones de Filosóficas
         
Así, en esta obra va a poner en tela juicio, la universalidad de la experiencia, si es que lo empírico de la experiencia del otro, no es más que aprehendido por los límites del lenguaje que empleo para entender tal experiencia.  

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*Sobre Teroría en pocos minutos:

“Teoría en pocos minutos” es un grupo de autores** y estudiosos que busca difundir su conocimiento sobre humanismo y hacerlo accesible al público en general. Puedes seguirlos en: Teoría en pocos minutos.

**Sobre los autores:

Alejandro Segura Chávez. México, 1994. Redactor sobre Ciencia, psicología, filosofía, política, tecnología, literatura y poesía. Es Licenciado en Psicología por la Universidad de Guadalajara. Director del podcast Psico-Filosofando en Spotify. Divulgador en YouTube.

Daniel Omar Stchigel. Argentina, 1968. Redactor oficial en Noticias sobre Filosofía. Autor de más de veinte libros de filosofía fenomenológica y epistemología. Doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires. Profesor Universitario y Mágister en Psicoanálisis por la Universidad Argentina John F. Kennedy. Por catorce años fue profesor titular de Filosofía, Lógica, Antropología filosófica, Bioética, Deontología de la profesión docente y Desarrollo de las Corrientes Filosóficas. Es experto en Husserl, sobre quien basó su tesis de doctorado, y en Lacan, sobre quien hizo su tesis de magisterio.

Everardo Ivaán Contreras Brito. México, 1998. Redactor oficial de Crítica y Reseña Literaria. Recientemente publicó Poesía Estándar: Antología (2019). Licenciante de la carrera en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Chihuahua.

Francisco Tomás González Cabañas. Corrientes, Argentina, 1980. Ensayista. Licenciado en Filosofía por la USAL. Licenciado en Psicología por la UP. Licenciado en Ciencias Políticas por la UCA. Licenciado en Comunicación por la UCES.

Polvo del camino. 44. El río de las bolsas negras. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 44

El río de las bolsas negras
(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano

 

Mi mujer y yo fuimos a un lugar que parecía inaccesible, para pasar unos días solos en el campo. Dejamos el carro varios kilómetros atrás, donde pensamos que nadie lo vería porque no había caminos. Mi pericia en las máquinas y mi conocimiento de terrenos mostrencos nos hizo llegar hasta allí sin percances.
            Caminamos mucho y al pie de la montaña hallamos el ensueño: piedras fabulosas, árboles enormes, un río caudaloso y cantarín, vecino al lugar donde nos instalamos.
            Dormimos después de apagar la fogata y ver las estrellas hasta que se nos cerraban los ojos. 
          De madrugada me desperté sin razón alguna (es un decir, porque siempre hay razones desconocidas) y salí de la tienda de campaña. El río hacía su maravillosa canción gárrula; las cigarras y los grillos, la suya. Mi vista erró hasta que noté que las piedras tenían una negrura mayor que el resto del conjunto. 
           Me acerqué con cuidado a una de ellas y sentí que no era una piedra, sino una especie de bolsa de nylon negro. Eso parecía su textura. Era demasiado extraño para pensar eso y ya, dejarlo por la paz. Rasgué para tener más certeza (no había aún tanta claridad) e hice un pequeño orificio.
          El tacto me sugirió piel humana. Abrí con cuidado la bolsa y asomó el cuerpo desnudo de una mujer, su rostro iluminado por la franca sonrisa:
          —Hola, me dijo.
          Me pidió que la ayudara a quitar las bolsas de sus compañeras y pronto tuve frente a mí un ejército de mujeres desnudas, sonrientes. 
          —Muchas gracias, me dijo una de ellas, ya puedes irte a dormir.
 
Las piedras seguían siendo piedras al día siguiente, pero hubo, como si fuera magia, una eclosión de flores: el campo era un festín bellísimo de formas y colores, que no existía el día anterior. 
          Mi mujer estaba asombrada. 
          Yo no. 
          Sabía el secreto.
 
   

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
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Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

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Voces ensortijadas. 43. Las cajitas de madera. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 43

Las cajitas de madera

Por María Gabriela López Suárez

Violeta se dispuso a acomodar las cosas en el armario, lo tenía algo desordenado. Mientras comenzaba la labor puso algo de música para ambientar; halló prendas de ropa que ya no usaba, algunas que creía extraviadas como un par de sus bufandas favoritas.
     – Justo a tiempo, ahora que ya viene el invierno, encontré la bufanda de chiffon y la que me obsequió la tía Angélica.
      Siguió la labor de ir separando lo que obsequiaría, lo que usaría y lo que requería ser depurado. Abrió las gavetas, en algunos tenía cajitas, en ellas solía guardar lo que eran sus tesoros, aretes, collares, pulseras, tarjetas, cartas, notas, fotos y detalles pequeños.
      La caja que solía tener a mano era la de los aretes, collares y pulseras. Sin embargo, también tenía la que le había obsequiado su suegra, una cajita muy linda, con decorado sobre la tapa y pintada en tonos blanco, rosa y toques dorados. Como era casi una costumbre, se sentó a revisar el contenido y a leer los mensajes.  Enseguida pasó a su caja favorita, la que era de su abuelita materna, bellamente tallada, barnizada en tono ébano con pequeños detalles en color mostaza. Ésa era como una caja mágica y se sentía muy contenta de conservarla.
     En ella su abuelita Chabelita solía guardar sus tesoros más preciados, desde cartas, fotos de sus familiares, recetas médicas, una que otra publicidad, hasta agujas, hilos y botones. La  mente de Violeta se situó años atrás, en el cuarto de la abuelita, sentada junto a ella, viéndola con atención. Doña Chabelita ataviada con su vestido de manga tres cuartos, color blanco con flores rosas y detalles azules,  portando sus gafas en tono plata, el cabello ondulado con la deadema café oscuro y las manos  ocupadas  abriendo su caja y sacando algunos objetos guardados. Era como un ritual, los sacaba para acomodarlos. Violeta observaba y a veces hacía una que otra pregunta, sin dejar de maravillarse ante la magia que, para ella, se producía en ese momento. 
      De niña, se quedaba pensando, por qué su abuelita guardaba con tanto cuidado y amor esas cosas. Ahora lo comprendía. En las cajitas de madera se conservaban trocitos con la esencia de los instantes, las experiencias, los recuerdos de las personas amadas, era como una manera de atesorar parte de lo más preciado en la vida y traerlo al presente cada vez que el corazón lo necesitara.
      La melodía Amul interpretada en La voz de Snatam Kaur la hizo volver al presente, al tiempo que acariciaba con cariño la cajita de madera, recuerdo de la abuelita y ahora parte de sus tesoros. 
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 43. El frío corazón, la muerte azul. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 43

El frío corazón, la muerte azul

Héctor Cortés Mandujano

 

No es fácil entrar al ceñido breñal del pasado, cuando se tienen pocos documentos que nos puedan servir de arma que muestren un camino en la oscuridad que supone la nada escrita, el ágrafo infinito. Eso hace A. E. Taylor (Fondo de Cultura Económica, 1961) en El pensamiento de Sócrates, pues sus únicas ayudas son tres autores –Jenofonte, Aristófanes, Platón– que hablaron, no siempre biográficamente, de este maestro que (como Jesús, como Buda) no dejó nada de sí escrito.
      Para llegar a ciertos datos tiene Taylor que hacer inferencias, deducciones, aunque hay algunos hechos más o menos probados. Uno de ellos es que Sócrates fue (p. 30) “hijo de Sofronisco y de Fenarete”; él (p. 32) “artesano, estatuario o cantero” y ella (su nombre “parece indicar que era mujer de buena familia”) con hijo de otro marido.
     En sus Recuerdos, Jenofonte habla (p. 59) “sobre la vida ascética de Sócrates, sus escasas ropas, sus pies descalzos y su pobre comida […] su negativa a cobrar honorarios a sus compañeros por los servicios que les hacía”. Platón, en su Apología, cuenta de la (p. 64) “declaración del oráculo de Delfos de que ‘ningún hombre viviente era más sabio que Sócrates’ ”.
     También sabemos que se casó con Jantipa, con quien tuvo tres hijos (p. 75), “el más pequeño de los cuales parece haber sido un niño en brazos”. Jantipa y el pequeñuelo se supone que pasaron con él la noche antes de su ejecución.
      Sócrates no era cómodo para el Estado, de modo que fue acusado por Melito (p. 88) “de no rendir culto a los dioses a quienes rinde culto el Estado […] de corromper a los jóvenes. El acusador público pide la pena de muerte”.
     La acusación, como vemos, no es clara. No se podía, dice Taylor, decir con claridad la razón de las acusaciones que eran, quizás, que Critias y Alcibíades (p. 95: “los dos hombres que más hicieron por arruinar a su ciudad nativa”) fueron sus amigos y aprendieron en sus discursos lo que después sirvió (p. 94) “para sus propios fines”.
     No se pudo probar que tuvo alumnos o escuela, porque no cobraba (ironizó ante Anito, su contrincante en el juicio, sobre el particular) y lo de no rendir culto suena a endeble pretexto.
     La cicuta que le fue dada para su muerte, y que él tomó por propia mano, es una droga que (p. 105) “obraba por enfriamiento, avanzando hacia arriba desde los pies, y la muerte, acompañada por un espasmo, se producía al afectarse el corazón”. En Borges oral, dice Borges (Bruguera, 1979:40): “La muerte azul le va subiendo por los pies”. Murió, sin aspavientos, rodeado de sus amigos, salvo Platón.
     Su mejor discípulo no estuvo en su muerte, dice Borges, porque cuando se refirió a ello, en tercera persona, escribió (p. 31) “la frase más conmovedora que Platón escribió en su vida, señalada por Max Brod: Platón, creo, estaba enfermo”.
     [En Los filósofos griegos de Tales a Aristóteles (FCE, 1953), de W. K. C. Guthrie, dice (p. 82): “Sócrates replicó que durante toda su vida había gozado de los beneficios que las leyes de Atenas concedían a los ciudadanos, y ahora que esas mismas leyes juzgaban conveniente que muriese, sería injusto y desagradecido si eludiese su aplicación. Por otra parte, ¿quién podía asegurarle que no iba a entrar en una existencia mejor que la que hasta entonces había conocido? Y, con la mayor serenidad de ánimo, bebió la cicuta en el año 399 a. c., a la edad de setenta”.]
     A Sócrates, los políticos reinantes (p. 107) “deseaban echarlo de Atenas. Pero no había deseo alguno de quitarle la vida […] Un cuarenta y cinco por ciento de sus jueces estuvo por la absolución”.
     Hubiera sido absurdo acusarlo de lo que realmente era el problema para el Estado:  ser inteligente y culto, porque esas características siempre han puesto nerviosos a los gobernantes cuando no las pueden poner de su lado con prebendas, con premios o, en la modernidad, con becas. 
     A Joseph Goebbels, propagandista de Hitler, se le atribuye la frase “Cuando escucho la palabra cultura saco la pistola”. Los griegos la inventaron, parece, con otra variante: “Cuando escucho la palabra inteligencia saco el veneno”. 
 
   

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
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Fotografía: Mario Robles

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 42. Pásele, pásele marchantita. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 42

Pásele, pásele marchantita

Por María Gabriela López Suárez

    


La lluvia había dado tregua ese fin de semana. Carmina se alegró, por fin podría salir al mercado a hacer las compras para la despensa y cubrir el pendiente de su prima Eleonora que vivía en Querétaro. Hacía más de un mes que le había pedido un encargo de chocolate chiapaneco. 
     Ir al mercado era una de las actividades que disfrutaba Carmina. En cada uno encontraba un mosaico de colores, olores y riqueza en la mezcla de las culturas reflejada en los productos que se podían hallar. Además, comprar en ellos era una forma de  contribuir a la economía local. De ahí que no era en vano cuando solían recomendarle que al visitar otro lugar no podía perderse ir al mercado.
     Esa mañana entró al mercado del centro y observó que no había tanta gente para ser fin de semana. Se fue al puesto de camarón seco, saludó al vendedor con el que solía comprar,
     –Buenos días– , dijo Carmina.
     –Buen día, ¿cómo le va? ¿Todo bien?
     –Sí, muchas gracias. ¿Cómo va el negocio con esta temporada de lluvias?
     –Al mal tiempo buena cara– respondió el vendedor.
    Carmina terminó de comprar y se despidió. Mientras buscaba el puesto de las especias, para el pedido del chocolate, se quedó repasando la frase del comerciante del camarón. Otra característica que le gustaba de los mercados era la riqueza del habla local, el uso de refranes, los modismos o regionalismos que se intercambiaban.  Riqueza que estaba vinculada a lo cotidiano y era una manera creativa de expresarla. Así, fueron viniendo a su mente algunos refranes que había aprendido en casa, a todo se acostumbra uno menos a no comer; en casa del jabonero, el que no cae resbala; ¡ya nos cayó el chahuistle!; salió con que a Chuchita la bolsearon; la mula no era arisca, las patadas la hicieron; cuando el río suena es que agua llueva; candil de la calle, oscuridad de su casa; no se puede chiflar y tragar pinole a la vez; solo el que carga su morral sabe lo que traeárbol que nace torcido jamás su tronco endereza.
     En eso estaba cuando llegó al puesto de las especias recibiendo el saludo de la vendedora,
     –Pásele, pásele marchantita, ¿qué va a llevar?
     –Quiero dos kilos de chocolate artesanal, de bolita, por favor.
     Mientras esperaba su pedido, los ojos de Carmina se deleitaban observando la diversidad de especias que tenían en el puesto, entre ellas canela, pimienta, jengibre, clavo, cardamomo; los colores de los granos de maíz, la variedad de chiles secos, el totomoxtle (las hojas secas del maíz para envolver tamales) y un sinfín de productos locales que daban el toque especial a los platillos y bebidas. Los olores se mezclaban creando una atmósfera agradable a su olfato.
     –Eleonora, segurito que me pedirías otros productos, además de chocolate, si conocieras este puesto –, dijo para sí Carmina, al tiempo que sonreía pensando, ojos que no ven, corazón que no siente.

Foto de Frans Van Heerden en Pexels

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 42. La palabra aguda es grave/ IV (Al final a la primavera). Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 42

La palabra aguda es grave/ IV (Al final a la primavera)

Héctor Cortés Mandujano

Donde oigas cantar, siéntate tranquilamente,

los malvados no tienen canciones

Citado por Dietrich Schwanitz
 

Como ya lo hice con la música popular antes, decidí escribir sobre la clásica. Desde su origen hasta La consagración de la primavera, pensé. Pero tenía que revisar varios libros para no arar en el vacío, así que pospuse la idea. 
            Leí La cultura. Todo lo que hay que saber (Taurus, 2002), de Dietrich Schwanitz, que por supuesto no tiene el todo que propone su subtítulo; sin embargo, hallé allí mi tarea hecha, de modo que casi todo lo que diga aquí, entrecomillado o no, tiene como referencia el apartado “Historia de la música” (de la página 303 a la 326) de ese libro. Arrancamos con esta cita: “También a los griegos les debemos la palabra ‘música’ […]: el arte de las musas”.
            “Los instrumentos más antiguos fueron la voz humana y los instrumentos de percusión. Para hacer ruido, la voz o un par de leños eran algo que siempre se tenía a mano. […] Y dicho invento contiene ya los dos elementos fundamentales de la música: el ritmo y la tonalidad.” 
            “Los primeros instrumentos fueron la flauta y el tambor. Los progresos realizados en el trabajo del metal trajeron las primeras trompetas. Se crearon distintos instrumentos de cuerda y, con la invención de la escritura, se hicieron los primeros intentos por dotar a la música de una notación.”
            Música medieval. “Antiguamente, en la liturgia estaba completamente prohibido el uso de instrumentos, sólo se podía alabar a Dios con himnos. […] La innovación musical más importante en el ámbito de la música religiosa medieval fue el desarrollo de la polifonía. […] A diferencia de lo que ocurría en el coro, en las piezas polifónicas no interpretaban la misma melodía, sino melodías distintas, lo que revolucionó la concepción de la música. […] Hemos dado con el temido campo de la armonía.”
            Barroco. “Al final del Renacimiento nació algo completamente nuevo: la ópera. Siguiendo el programa del Renacimiento, se quiso recuperar la tragedia antigua. […] A partir de las oberturas de las óperas se desarrollaron las sinfonías, y a partir de la danza la suite. […] La época barroca estableció también las leyes de la armonía. Estas leyes no ordenaban al artista qué debía componer, pero sí qué constituían la gramática de la música que hacía posible el entendimiento entre el artista y el público.”
            El periodo clásico. “Abarca desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta aproximadamente el primer cuarto del siglo XIX. […] En la época de Beethoven “se inventa el metrónomo, lo que le permite determinar el compás con total exactitud.”
            Romanticismo. “En busca del arte total, Wagner intenta reunir todas las artes bajo el dominio de la música. El texto, la música, los decorados y la coreografía se funden con una intensidad hasta entonces desconocida.” 
            La música moderna. “Gustav Mahler (1860-1911) es considerado el primer compositor moderno. […] Para ejecutar su Sinfonía de los mil se necesitan mil trescientos setenta y nueve músicos. Stravinski confió en las formas tradicionales, en parte clásicas y en parte arcaicas, y las organizó con tanta ironía que su música logró escandalizar al público. La consagración de la primavera chocó tanto por su temática pagana como por su ritmo excesivo.”
            Y de ahí pal real.
 
   

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
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Fotografía: HCM.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

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Voces ensortijadas. 41. Cartas para enamorarse. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 41

Cartas para enamorarse

Por María Gabriela López Suárez

    


Eloísa estaba buscando información en la internet, el sonido del viento y la algarabía de las gallinas en el patio hicieron que se asomara por la ventana. El clima estaba frío, el sol alumbraba de vez en vez y las ramas de los árboles se mecían al ritmo del viento. Abrió la ventana y sintió el soplo gélido en el rostro.  Regresó a su actividad. 
     En el incesante mundo de información que suele hallarse en la red, Eloísa buscaba datos que ampliaran sus referencias sobre el patrimonio tangible e intangible de las culturas precolombinas de México. Llamó particularmente su atención el papel que, posterior a esa época, tuvieron las cartas para describirlo. 
     Hizo una pausa. Se quedó pensando en las cartas, ese medio de comunicación tan usado hace algunas décadas y del que ella también había sido partícipe. Ahora, un medio, olvidado ante la vorágine tecnológica. Su memoria se remontó a las tantas cartas que solía escribir a sus amistades locales, de otros estados, países y las cartas que también recibía como respuesta.
      Lo que más motivaba a Eloísa para escribir las cartas eran las historias que contaba a través de las líneas. En cada carta trataba de ser lo más descriptiva sobre lo que narraba. Además, solía hacer una decoración especial a las hojas. Escribía con dedicación y usando sus colores favoritos en las tintas con las que redactaba cada texto. Los sobres solían ir no tan ligeros, porque regularmente escribía un par de hojas completas, de ambos lados. Papel le hacía falta, pero el sobre ya no podría dar cabida a más hojas. Eso pensaba. Cuando le era posible adjuntaba alguna postal, separador o algún detalle que complementara el mensaje de la carta.
     Recordó las veces que recibía cada carta, la emoción le embargaba. Cuando la otra parte le decía que ya había enviado la carta, vía telefónica o a través de algún familiar o persona conocida, comenzaba para ella la cuenta regresiva de los días en que llegaría a sus manos el texto. Una vez que la recibía, la leía con avidez. Repetía la lectura. Era una especie de estar conversando con la persona que le escribía, en cada momento que leía las líneas. Además de lo anterior, Eloísa gustaba observar las letras, alcanzaba a percibir  también ciertos elementos del estado de ánimo con que las habían escrito. Ese intercambio de historias era algo mágico, un poco tardado por el tiempo en que las cartas solían ser recibidas, pero valía la pena una vez que llegaban a su destino.
      En cada carta recibida se había enamorado de lugares, de sabores, de paisajes, de historias compartidas, de películas comentadas, de canciones, libros leídos, aventuras o travesías. Había conocido diversos rincones a través de una carta . La escritura y la lectura se conjuntaban haciendo un intercambio sin igual. Para Eloísa las cartas más significativas en su vida eran una especie de tesoros que aún conservaba y solía leer cada que las hallaba. 
     ––Los tiempos han cambiado, ahora las cartas son un medio en desuso, en su lugar se intercambian audio cartas o video cartas, cada una con sus encantos. Sin embargo, ese toque especial de las cartas para enamorarse se las llevan las cartas escritas ––señaló para sí Eloísa. 
     El barullo de las gallinas la hizo volver a su tarea que aún no terminaba.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

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Polvo del camino. 41. Dostoievski dándome vueltas. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 41

Dostoievski dándome vueltas

Héctor Cortés Mandujano

 
Recuerdo con exactitud la impresión que me produjeron dos novelas de Fiódor Dostoievski (1821-1881), leídas en mi juventud: Crimen y castigo y Los hermanos Karamásov. Pese al tiempo pasado desde entonces, las tengo frescas en la memoria. Luego he leído varias más (Humillados y ofendidos, El doble…), sin aquel impacto.
            Sin embargo, más o menos recientemente, me hallé Noches blancas y El diario de Raskolnikov, en un solo volumen, y las leí; casi inmediatamente me sumergí en la biografía Dostoyevski, la vida de un escritor, de Geir Kjetsaa, y quise leerlo, de nuevo, a mayor profundidad.
            Busqué en mi biblioteca y encontré que tengo en espera dos: El jugador El príncipe idiota.
            Pero me hallé en el libro de ensayos El XIX en el XXI, de Chistopher Domínguez Michael, un texto que me interesó mucho sobre una de sus novelas, Los endemoniados, y traté de hallar el libro físico, sin éxito; entonces, pedí a mi amigo Roger Octavio Gómez Espinosa que me la consiguiera en pdf y, amable y veloz como es, lo hizo un rato después de mi petición.
            Allí estaba mi siguiente libro a leer de Dostoievski. 
          Por esos mismos días, mi amiga Linda Esquinca me escribió para decirme que hubo un tiempo que había leído mucho a Fiódor y que me mandaba fotos de sus portadas para que yo escogiera los libros que quisiera como regalo. 
Alineación de astros. 
          Hice mi lista y ahora son feliz poseedor, gracias a la lindura de Linda, de los siguientes títulos: Los endemoniados, Un ladrón honrado, Notas desde el subterráneo, Las noches blancas, Las pobres gentes, La tímida, Un corazón débil, El sepulcro de los vivos, Un pequeño héroe y Stepantchikovo, más los que ya tenía y tengo. 
          ¿Así o más suertudo?
 
***
 
Leí de estos nuevos/viejos libros Los endemoniados (hice un par de Casa de citas sobre ello, que publicaré en lo futuro) y Las noches blancas (Editora Nacional, 1953) que, aparte de esa historia, incluye tres más: “El sueño de un hombre ridículo”, una maravilla donde un hombre muere y vuelve a nacer: qué inteligente era Fiódor; “Un árbol de navidad y una boda” y “Prohartehin”, que son ambas muestras magistrales de cómo se escriben relatos redondos.
            En Las noches blancas, el traductor, Alfonso Nadal, pide al lector algo rarísimo, que yo nunca había leído (p. 13): “Lector: Permíteme unas palabras antes que la emoción que producen las páginas de este libro haga inoportuno cuanto de él pudiera decirte. Sólo quiero rogarte que ames a Dostoievski como a un santo”…  

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
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Fotografía: Pexels.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com