La gata café se acurrucó sobre la mesa. En esa posición era tan parecida al gato blanco. Recordó que desde que él murió no se sentaba a escribir en la terraza. Una notificación de Facebook le hacía saber que esa noche se colocaban las veladoras para las mascotas muertas. El golpe seco en el techo fue idéntico al que se oía en sus salidas nocturnas. No tuvo duda, fue su reclamo por pensar que regresaría en una gata; lo machista nunca se le iba a quitar.
No me siento real hoy, no me siento real la mayor parte del tiempo.
Sin caer en el cliché de la simulación, pero en donde soy un fantasma en un mundo que me busca y me exige, donde yo solo actúo, veo y me levanto en automático. Siento, me entristezco, sonrío de vez en cuando, hablo, soy y, aun así, no me siento real hoy.
Me detuve a pensar en Nietzsche, en el nihilismo, el existencialismo, en Sísifo, me sentí Samsa al despertar esperando regresar conmigo misma al caer la noche y madrugada poder reconectar con mi espiritualidad.
¿Es así? ¿Es acaso que, si no es una piedra sobre una montaña, sea la noche que cae y regresa la mañana? ¿Es entonces, que estoy destinada a un ciclo eterno de irrealidad como Sísifo lo estuvo por castigo?
Me siento irreal, siento todo, pero ya lo dijo Plath, estoy limitada. ¿Es acaso que esta excitación, este escalofrío, la tristeza y las ganas de sentir miedo, son meramente reflejos del fantasma en el que me convierto?
Me pregunto entonces, si soy real, si a Gregorio realmente le preocupaba llegar tarde a trabajar o el mero hecho de su nueva realidad y los eventos que se perdería a posterioridad. Siento todo, y lo siento ahogado como si estuviera encerrada en vidrio que enmudece mis sentidos.
Desperté abrumada, cansada, no era un escarabajo, peor, era un fantasma.
Liminar es una puerta de entrada para escritores emergentes que nos han brindado sus escritos para colaborar con este ejercicio de generosidad que implica la escritura. Bienvenidos.
*Sobre la autora:
V. Balltre
Escritora emergente
Valeria Trejo, para conocer en el mundo literario como V. Balltre, es una escritora emergente originaria de Chiapas. Su obra se centra principalmente en la poesía, los cuentos cortos y las prosas, formatos con los que explora las emociones y la cotidianidad de manera profunda. Aunque su trayectoria es aún incipiente y se podría considerar amateur, ha realizado algunas publicaciones en páginas web y ha creado un compendio de libros propios aún inéditos. Para V. Balltre, este espacio representa un importante paso en su camino literario. Sus escritos se nutren de las pequeñas cosas de la vida diaria y onírica, que ella transforma ya sea en belleza o en melancolía, plasmando esas sensaciones en sus textos con sinceridad y sensibilidad.
Una nueva vuelta al sol María Gabriela López Suárez
Matilde percibió los rayos del sol que atravesaban la cortina de su cuarto. Antes de que la alarma de su reloj sonara ya estaba despierta. Imaginó que faltarían unos minutos antes de las seis de la mañana, confió en su intuición. Decidió quedarse unos instantes más en la cama. Agradeció a la divinidad ese día tan especial. Respiró profundo. El sonido de la alarma se escuchó.
−¡Vamos Matilde! Es hora de levantarse. ¡Hoy es tu cumpleaños! −se dijo, entre tanto se quitaba la cobija.
Se sentó en el borde de la cama. Comenzó a hacer los ejercicios de fisioterapia que tenía como rutina cada mañana. Se puso de pie, estiró sus brazos lo más que pudo y luego se relajó. Fue al baño. Cepilló sus dientes. Se lavó la cara con su jabón favorito, romero con lavanda. Se detuvo unos instantes frente al espejo. Contempló su rostro, las líneas de expresión estaban bien dibujadas, los hilos de plata decoraban sus cabellos. Se detuvo con especial atención en sus ojos, le gustó encontrar en ellos ese brillo que solía recordar en cada momento emotivo, como ese día.
Buscó su teléfono celular. Estaría pendiente de las llamadas de sus hijos, demás familiares y amistades. Lo dejó sobre la mesa del comedor. Fue a la cocina. Se le antojó prepararse un café con leche. Mientras hacía la bebida observó sus manos bellamente decoradas con pecas. Abrió y cerró las manos, agradeció el poder hacerlo sin malestar alguno. Buscó en la alacena si tenía algunas galletas, encontró unas de mantequilla que le había regalado su amiga Lucía.
Antes de revisar el celular, que ya había sonado con el tono de mensajes, buscó su taza favorita y un plato de los que usaba para las ocasiones especiales. Ahí puso sus galletas y se sentó a tomar su cafecito. Recordó su imagen frente al espejo. Era muy afortunada y bendecida en tener una nueva vuelta al sol. Se alegró de tener regalos tan valiosos como salud, familia, amistades, su entusiasmo por la vida, un techo donde vivir, alimentos que compartir y un cúmulo de experiencias diversas de las que había aprendido y agradecía.
El celular sonó, era Mercedes, su hija menor, quien la llamaba para cantarle las mañanitas y decirle que pasarían por ella en un rato más para ir a festejar la vida.
Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL).
Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural.
Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos. En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo. Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.
Cuando [el gobierno] me preguntó, ‘¿Cuánto vale tu rancho?’, yo dije, ‘¿Cuánto vale tu ojo?’
Eulalio Hernández, ganadero de Chilón
Regalo de mi amado sobrino David, leo Enemigos íntimos. Terratenientes, poder y violencia en Chiapas (UNAM y otras, 2015), de Aaron Bobrow-Strain, con traducción de Isabel Vericat Núñez. En la introducción clarifica el sentido de su investigación (p. 17): “Esta es la historia de unos caciques locales que cayeron en desgracia: hombres y mujeres cuyo mundo de privilegio racial, poder político y monopolio terrateniente, cuidadosamente defendido, acabó desmoronándose”. “En los municipios de Chilón y Sitalá” es donde sucede gran parte de la historia de invasiones de tierras (p. 18), “entre febrero de 1994 y finales de 1998”. Dice Aaron (p. 25): “Sostengo que en los años previos a 1994, los terratenientes ya se encontraban encajonados entre las luchas indígenas por el territorio cada vez más organizadas y el apoyo político y económico en declive del Estado neoliberal mexicano”. Cuenta el autor que entrevistó (p. 28) “a más de 50 terratenientes, activos y retirados, que abarcaban cuatro generaciones”; también habló (p. 29) “con lideres de invasiones de tierras, curas, monjas y activistas religiosos laicos; trabajadores de los derechos humanos; funcionarios del gobierno y otras personas estrechamente asociadas a los movimientos campesinos en Chilón”. Reconoce que la suya no es una “narración objetiva” y que escribe en contra (p. 308) “de los burdos binarios de buenos y malos”. Los terratenientes ven las tierras que fueron suyas y los hombres que le obedecían, dice el autor, como un pasado que los enferma de rabia y diabetes, pero los nuevos dueños indígenas siguen (p. 54) “el mismo patrón y material del clientelismo corrupto y violento que los de sus predecesores ladinos”. El libro habla de cómo se fueron fundando las fincas, cómo la religión fue partícipe en la conformación de las relaciones entre indígenas y terratenientes, y de cómo, también, las rebeliones previas a la del 94 (1712, Golonchán en 1980, etcétera) abonaron el campo de disputas e incomprensiones. Aaron cita la declaración de un terrateniente a Christine Eber (p. 104): “Quítale el aguardiente al indio, y ¿qué pasará con el café? Las plantaciones de café funcionan con aguardiente, como un automóvil funciona con gasolina”; el autor se repregunta: “Quítale el aguardiente al indio, y ¿qué sucedería con las categorías de peón y patrón? La existencia misma de peones y patrones como sujetos descansaba históricamente en los mecanismos bastante burdos de la ebriedad”. El trago hacía que el peón se endeudara con el patrón, ya fuera por el alcohol mismo o por los problemas que tuviera bajo su influjo (si entraba a la cárcel, el patrón pagaba la multa y la cobraba con trabajos interminables). La religión buscó quitar esta esclavitud al alcohol (p. 108): “No es sorprendente que hoy las comunidades organizadas en torno a la teología católica de la liberación o el EZLN prohíban a los militantes beberlo”. Cuando los campesinos presionaban para tener tierras, los terratenientes los amenazaban, (p. 145) “los campesinos también amenazaban e intimidaban a los terratenientes, pero estos respaldaban sus fechorías con la amenaza siempre presente de tener el apoyo del Estado”. Golonchán, en 1980, donde mataron a varios campesinos (p. 158) “simboliza un momento en el que ‘el gobierno actuaba rápidamente y con mano dura’ para proteger los derechos de propiedad”. Otro elemento conflictivo fue que la región se volvió ganadera y esto (p. 161) “tuvo también consecuencias devastadoras para la supervivencia de los campesinos”, porque con la ganadería, según declara Alejandro Díaz (p. 174), “dejó de ser conveniente tener [peones residentes] en nuestras fincas” y ese sentimiento de abandono (p. 175) “que tenían los campesinos no tardó en transformarse en rabia y movilización”. En 1994 (p. 195) “El viernes de Carnaval y durante la segunda semana de febrero, miles de campesinos indígenas tomaron 40 propiedades que abarcaban más de 2.000 hectáreas en Chilón. A lo largo de la primavera y el verano siguieron más invasiones”. Los terratenientes, que comprobaron que las autoridades no iban a realizar desalojos, decidieron mejor (p. 209) “cooperar con los planes de adquisición del gobierno”. En el terreno de los hechos, pues, las invasiones se volvieron legales. Algunos terratenientes, entonces (p. 219), “organizaron las invasiones de sus propias tierras por grupos campesinos que se prestaban a cooperar. Los dirigentes indígenas campesinos también manipularon las invasiones en beneficio propio”. Pasaron antes varios conflictos (p. 220): “A principios de los setenta, a pesar de las intervenciones del ejército mexicano en favor de los terratenientes ladinos, los tsotsiles de San Andrés Larráinzar libraron una exitosa campaña para proscribir a los residentes no indígenas del municipio. De San Andrés, las confrontaciones entre indígenas y ladinos se desparramaron a Simojovel, Teopisca, Venustiano Carranza, Chalchihuitán, Mitontic y Chenalhó”. Después de las invasiones, el paisaje cambió en Chilón (p. 232): “Casas de tablones de pino se elevan en los campos donde alguna vez pastó el ganado, y de noche el humo azul de los fogones y el aroma de tortillas de maíz suspendidos en el aire de los que alguna vez fueron los pastizales más productivos de Chilón”. La diferencia es que (p. 235) “los ladinos, me dice Rodolfo Domínguez, invierten en la producción con el objetivo de crear ganancias, mientras que los indígenas ‘cultivan para el consumo del hogar, no por la producción’. O como lo aclara Miguel Utrilla, ‘Los indígenas solo trabajan por necesidad, para comprar cosas que necesitan en aquel momento, y después paran de trabajar’ ”. En las páginas finales, Aaron Bobrow-Strain habla de que en la campaña de Pablo Salazar Mendiguchía, gobernador de Chiapas de 2000 a 2006, después de una reunión, donde las expectativas eran polos opuestos (p. 297), “los líderes indígenas me dijeron que confiaban en que el candidato apoyara la continuación de la reforma agraria, mientras que los ladinos me aseguraron que, una vez elegido, Salazar iba a empezar de inmediato a expulsar a los invasores […] No obstante, a fin de cuentas, la victoria de Salazar no produjo ni la oleada de la nueva redistribución agraria que algunos líderes indígenas esperaban ni satisfizo el hambre de desahucios y ‘orden’ que tenían los terratenientes”. Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Háctor Antes, durante y después de los aplausos/ VI Imágenes nómadas, 4 de 4
Después de hacer funciones en Oaxaca, Puebla y Guerrero, volvimos a Chiapas para hacer cuatro representaciones de mi obra La divinidad del monstruo, en San Cristóbal y Tuxtla, como cierre de Gira Nacional por Espacios Independientes promovida por el Teatro Helénico, en 2021. En San Cristóbal dimos la primera presentación con la sala llena en el Teatro Petul; nuestros anfitriones, Lupita y su esposo, con su equipo, son muy amables con nosotros, lo mismo que el público. Es reconfortante, después de estar en los varios lados donde estuvimos, sentir la calidez de nuestra gente, en nuestro estado. El diálogo fluye natural, como arroyo de montaña, después de la función. Al día siguiente, como nos quedamos todos en una casa airbnb, y nos acompañan los que no fueron a la gira (mi mujer, mi sobrino Daniel, mis nietos y Daniel Dávila, quien puso música a la canción que canta Nadia), les contamos anécdotas de lo que nos pasó. Nos detenemos en lo que nos dijo un espectador, doctor en antropología, en Guerrero: que la obra es ritualista, que mi personaje es una divinidad y el personaje que interpreta Alfredo es un hombre que no puede acercarse a mí, que no me puede tocar, que me baila, que me rinde pleitesía... La canción que usamos hasta ahora es más bien un rock, y Danny, el músico, a quien le cae el veinte en ese momento, se propone hacer otra versión: una música donde nadie cante, donde sólo se oigan susurros, mi voz que dice el texto y mis risas burlonas. Grabamos la nueva versión y la estrenamos en Tuxtla. Quedó muy bien, nos gusta mucho, y es la que seguimos y seguiremos usando en las funciones del futuro.
En Tuxtla nos presentamos en el lugar donde se estrenó la obra: Telar Teatro, de nuestro querido e inolvidable amigo Carlos Ariosto, muerto lamentablemente en su mejor momento. En el estreno tuvimos que dar dos funciones, porque no cupo la gente que llegó a vernos. Carlitos estaba feliz; él fue, creemos, el mayor admirador de La divinidad..., porque siempre estuvo en cada función fascinado por la conexión que la obra hacía con el público. En todos nuestros programas de mano, en todas las funciones de ésta y de otras obras, que sin excepción estrenamos en Telar, mientras él estuvo vivo, estuviera presente o ausente, agradecíamos su bondad, su alegría contagiosa, su generosidad, su hacernos sentir como en casa. A mí, incluso, me dio las llaves para que pudiéramos entrar en cualquier momento. Más confianza que ésa, imposible. Carlitos ha sido para nosotros, los que integramos no sólo el equipo de La divinidad..., sino también para los otros grupos creativos (de los montajes de Acrofobia, Algo sobre el mayor Sabines, Lamentación de Dido, Audiencia de Los Confines, Al lado de una tumba abierta, etcétera), un elemento más, tan importante y tan valioso como cualquiera de nosotros. Era parte de los grupos y estaba con nosotros en escena, aunque fuera espectador. Mónica Corzo, cuando Carlitos estaba enfermo, dijo algo que define la amistad que tuvimos con él: “He tratado de encontrarle defectos y no he podido”. Por fortuna, tanto en público como en privado, yo tuve la suerte de decirle a nuestro amado amigo lo mucho que agradecía su apoyo constante y total, y cuánto lo quería por su maravillosa humanidad, por su amistad a toda prueba. Estas palabras son un abrazo fraternal para ti, querido Carlitos, dondequiera que estés...
Cortesía del autor.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Cuatro meses, cuatro días y quizá cuatro horas después regreso, aún doliente por la más grande ausencia que siempre supe que sería pero que nunca imaginé de qué manera*, para hablar del día de la revelación. No de la más que extraordinaria y reciente película de Steven Spielberg (1946), a cuya legión de admiradores me sumo por su inteligencia y su carga de profundidad comunicable y compartible, sino del mío. Me hacía sentir que era yo mismo. Pensaba que estaba viviendo, cumpliendo una misión, y un día sentí que había pasado al caos. Empecé a dejar de ser, atrapado en una especie de juego que siempre tomaba en serio y en el que siempre perdía, que en realidad no me aportaba, en el que a base de ponerme trampas me iba yendo a pique. Me aliviaba creer que lo disimulaba bien, que seguía teniendo el control. Cada vez con mayor ahínco construía mentiras cada vez más sólidas. Para ser un buen mentiroso, como para ser un buen escritor, hay que tener una gran memoria, y yo la tengo. Me iba llenando de frustración. Esquizo, no quería, no podía parar, demoliéndome paso a paso. A veces se me escapaban cosas como que yo era el mejor escritor de mis propias editoriales –en las que jamás me autopubliqué–, y, con la misma rapidez, plegaba velas como si hubiera sido demasiado espontáneo. Es solo un caso; podría exponer muchos. Nunca tuve problemas de autoestima. Adolecí respecto a mí y mi ejercicio de la libertad de un profundo abandono de mí mismo. He descuidado mi obra, empeñado en evitar tener que asumir mis responsabilidades conmigo mismo. Y no digo ni mucho menos que no haya merecido ni merezca la pena. Sin embargo, por años viví hundiéndome, dejando de lado mi misión, convertido en creador de excusas para tapar mi cobardía o mi negligencia o mi vagancia –o todo ello a la vez– en el proceso de autodestrucción que concluyó no mi día de la revelación, siete de enero de dos mil veintiséis, sino hace cuatro meses, cuatro días y algo más de cuatro horas, en que tuve conciencia de mi anunciado entonces proceso de disolución, y ya no puedo esquivar mis responsabilidades. Debo hacer lo que debo. Me guía el más potente ángel de la guarda que pueda concebirse. Por primera vez en mi vida he alcanzado el sentido. __________ * v. Hasta pronto, ángel mío y Balada del todo.
Retrato a lápiz de M. P.-P., por José Luis, pintor de la plaza de Montmartre (París,1989)
Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, ha publicado nueve libros de poesía y tres novelas así como numerosos artículos y ensayos, manteniendo en la actualidad y desde 2020 la columna Líneas de desnudo en la revista mexicana de fomento a la lectura Letras, ideaYvoz, que concibe como el repositorio de su obra breve. Su obra, que permanece en gran parte inédita, ha sido antologada o premiada en media docena de países. Inició su labor en el quehacer editorial en 1990, habiendo tenido a su cargo en proyectos editoriales propios y ajenos cerca de un millar de ediciones de títulos de todos los géneros y de autores de una veintena de países. En 2020 puso en marcha Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Después de 20 años de trabajo profesional en España, México y Andorra, en 2010 se estableció en México y creó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Viene participando en la organización de eventos culturales y para la promoción del libro y la lectura en diversos países e impartiendo cursos de literatura y talleres de creatividad y/o redacción tanto para particulares, de manera individual o grupal, como para empresas desde hace 20 años, ejerciendo la mentoría como base vocacional de su actividad cultural y docente. Como periodista ha trabajado en diarios y publicaciones periódicas de España y México y en medios de internet y radio, a los que sigue estando vinculado. Fue director de Comunicación en el Servicio Andaluz de Salud, director editorial de intereconomia.com, adjunto a la presidencia del Instituto Europeo de Márketing, Comunicación y Publicidad, director de opinión de France Telecom España, director de relaciones públicas de la Fundación Leo Matiz o director editorial de AlmuzaraMéxico, entre otros puestos de responsabilidad. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec para la recolección de libros en donación y su distribución tanto en bibliotecas y espacios culturales existentes como para la creación de nuevos lugares destinados a ello de los ámbitos rural y marginal urbano de México.
Esperanza revisó si había guardado el pequeño paraguas en su bolsa. Estaba lista para salir a comprar telas, hilos y encajes para los manteles que le habían encargado. La temporada de lluvias había llegado y una noche antes había llovido muy fuerte.
−Por si las dudas, mejor me llevo el paraguas, no me agarre el aguacero a medio camino −se dijo en voz alta, mientras dejaba una nota a sus hijos diciendo que iba a hacer un mandado y no tardaría en volver.
Para su sorpresa el cielo se estaba despejando, quedaban pocos tonos grises y se asomaban las nubes aborregadas. Ésas que son características después de una intensa noche lluviosa. El sol despertaba poco a poco y ya dejaba sentir sus cálidos rayos. Las calles conservaban restos de la lluvia, entre ellos varios charquitos y la sensación de humedad ya comenzaba a evaporarse.
En su camino Esperanza observó las hojas de los árboles que aún tenían gotas de lluvia y les daban un toque bello. Mientras avanzaba hacia la tienda de las telas, fue poniendo atención en todo el cambio que había generado la lluvia. A lo lejos contempló el verde de los cerros. Escuchó el canto de las aves, alcanzó a identificar el canto del cenzontle y también de los zanates. Le pareció que era un canto de alegría, de gratitud, seguramente por el agua de la lluvia.
El paisaje de la naturaleza se había transformado. Los árboles florecían. Se deleitó la vista con las flores de mayo en diversos colores. Los árboles de flamboyant también presumían sus flores rojas y anaranjadas que hacían una hermosa combinación con el follaje verde de sus hojas.
Se alegró de haberse levantado temprano. Levantó la vista al cielo y luego bajó la mirada y se encontró uno de esos regalos, en los que muy raras veces se pone atención. Contempló a una hormiga que rápidamente avanzaba llevando un trocito del pétalo de alguna flor. Iba con tal prisa que a Esperanza se le asemejó que así solía andar ella cuando iba a hacer sus mandados, pero esa mañana no llevaba tal prisa. −Después de la lluvia hay tantos regalos que pueden pasar desapercibidos, −pensó. Siguió su camino, ya estaba cerca de la tienda.
Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL).
Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural.
Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos. En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo. Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.
Polvo del camino/ 334 Ahora les toca a ustedes/ VII Héctor Cortés Mandujano
[Escojo lo que creo puede resultar interesante de lo que me mandan. Esto es un resumen y una antología. Ustedes hablan aquí...]
Abril 2025 ARENILLA CARTA A MARIANA, DONDE SE DICE QUE EL LIBRO HACE BIEN Alejandro Molinari
Querida Mariana: en la carta de ayer te dije que el 23 de abril se celebra el Día Internacional del Libro. ¡Ah, qué buen guateque! Dicho día se celebra con diversos actos. Para Chiapas es buena noticia saber que un día después, el 24 de abril 2025, en el año donde el mundo celebra el Centenario del Nacimiento de Rosario Castellanos, los tres autores del libro “Chiapas. Las tareas de Sísifo”, estarán en el auditorio del primer piso del edificio B, del Palacio Legislativo de San Lázaro, en la Ciudad de México. Irán para presentar en la Cámara de Diputados, altísima tribuna del país, el libro que escribieron. Como comentaristas estarán Jesús Ramírez Cuevas, Efraín Gurría Penagos y como moderador el diputado Joaquín Zebadúa Alba. Este libro ya se presentó en la Universidad Autónoma de Chiapas (mi universidad), que ahora celebra sus cincuenta años de fundación; en la Universidad Descartes y ahora se presentará en el Palacio Legislativo de San Lázaro. ¡Bien! Ahí, al lado de los comentaristas y moderador estarán los tres autores chiapanecos: Héctor Cortés Mandujano, Jorge López Arévalo y Óscar Alejandro Figueroa Gutiérrez. Bien, porque es un libro que, de manera sencilla explica un tema complejísimo: “¿por qué en Chiapas, que es tan evidentemente rico, hay gente tan pobre?” “Chiapas no crece, ¡decrece!” Mi amigo Héctor, amigo de hace muchísimos años, vino a Comitán y en la terraza de la casa de Paco sostuvimos una agradable charla, él habló y yo escuché. Cuando vino Consuelo Sáizar a dar una conferencia acerca de Rosario Castellanos dijo, en un momento, que ella de chavala no había tenido conciencia de estar cerca de grandes intelectuales. A mí no me sucede eso. Siempre procuro ser consciente de estar frente a un personaje, así me pasa con Héctor. Sé que él es mi gran amigo, pero también sé que cuando estoy con él estoy frente a uno de los grandes creadores de Chiapas; quienes lo conocen saben que él tiene una altísima cultura y posee una gran capacidad para seducir a las audiencias con su plática sabrosa. Lo escuché. Hice bien. Una vez que estuve en el municipio donde Héctor nació: Villaflores, porque la Rial Academia de la Lengua Frailescana me hizo el honor de concederme el galardón “Sombrero de la Ocurrencia” (reconocimiento que también obtuvo Héctor), después que Javier Espinosa Mandujano recibió su galardón y dio su mensaje, me paré frente al micrófono y dije que cuando la inteligencia habla yo hago silencio. En este libro, la inteligencia de Héctor, la de Jorge y la de Óscar Alejandro ¡hablan!, lo hacen por todos nosotros, quienes vivimos en este espléndido y, a la vez, miserable estado de Chiapas. El texto de presentación del libro está a cargo del Doctor Oswaldo Chacón Rojas, quien recientemente ocupó la rectoría de la UNACH, hombre también de gran inteligencia y dispuesto a hacer brillar nuestra universidad. ¿Qué tal que, como siempre, hago silencio y dejo que él hable, para que mirés por dónde va el libro? Te paso copia del fragmento que aparece en la contraportada y que es un extracto de la presentación escrita por nuestro rector:
“Chiapas. Las tareas de Sísifo” es, en síntesis, un libro que analiza sin condescendencias muchas problemáticas de esta entidad del sur: la migración, el analfabetismo, las varias aristas que tienen los problemas económicos, la desaparición de los bosques, el desempleo, la pobreza, el poco provecho que tiene para Chiapas su enorme riqueza hídrica… “Al mismo tiempo, propone proyectos realizables para dejar de ser el estado con los últimos lugares en casi todos los rubros. Hay aquí, pues, análisis y propuestas que merecen conocerse”.
Posdata: en este libro hay “análisis y propuestas que merecen conocerse”, dice el doctor Oswaldo. Sí, estoy de acuerdo. Hoy, en la Cámara de Diputados muchas personas conocerán estos análisis y propuestas. Es un libro, como dicen los clásicos, ¡de avanzada! Nuestro estado necesita esta reflexión. ¿A poco no todo mundo dice que Chiapas es un estado riquísimo, pero, asimismo y contradictoriamente, es un estado pobrísimo? ¿Por qué? Mi amigo Héctor, brillante escritor, nos presenta un análisis chipocludo en forma sencilla, comprensiva. ¡Bien! ¡Qué buena celebración del libro, un día después de su día internacional!
¡Tzatz Comitán!
Ilustración: HCM.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Voces ensortijadas El regalo de la escritura María Gabriela López Suárez
Con respeto y gratitud: A los grupos que facilité clases en este semestre.
Desde que descubrí que la escritura significa más que una herramienta valiosa para comunicarnos, para comunicarme, para intercambiar mensajes o redactar textos académicos, ésta ha tomado una parte clave en mi vida. En esta ocasión retomo parte de mi sentir como docente en el nivel de educación superior.
La etapa universitaria es importante, en ella se pueden desarrollar las habilidades que cada estudiante tiene y descubrir las que pueden adquirirse. Como docente tengo muchos retos con las nuevas generaciones a las que acompaño en su formación en licenciatura y posgrado, uno de ellos es: ¿cómo despertar el interés por la escritura más allá del ámbito académico ante el uso incesante de la tecnología, de los teléfonos celulares y ahora de la inteligencia artificial?
Hoy quiero compartir el regalo de la escritura que me brindó el grupo de cuarto semestre en Taller de géneros de opinión. Valoro desde el corazón la confianza y el esfuerzo en cada texto plasmado en sus columnas y crónicas. Les comparto que en las clases suelo pedir los textos escritos a mano y en cada ejercicio revisado logré percibir emociones diversas, alegrías, tristezas, retos, dificultades, incertidumbres, gusto por la música, la literatura, la escritura, el anime, los videojuegos, la gastronomía, la astronomía, el cine. En los textos la escritura fluyó, esa escritura que permite trascender fronteras, donde se percibe la seguridad en los temas que les gusta trabajar, con las que se puede resonar y con las que aprendí a conocer un poco más sobre cada estudiante.
La atmósfera que acompañó el ciclo escolar enero-junio de 2026 estuvo llena de distintas emociones, algunos días un poco más grises otros un tanto más soleados, llenos de ánimo y acompañados del canto de las aves, de la lluvia, del viento, pero también del silencio. Hay quienes iniciaron el ciclo y concluyeron, otros, otras, se quedaron en el camino. Sin duda, agradezco mucho los aprendizajes nuevos que cada estudiante y cada grupo me brindó. ¡Felices vacaciones!
Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL).
Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural.
Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos. En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo. Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.
Catorce libros (Cuento corto) Héctor Cortés Mandujano
El crítico y ensayista Beronni me parece admirable por tres razones: la primera por usar sólo un nombre y no dar ningún dato biográfico en sus libros ni ceder a las presiones –supongo que las tendrá o las tuvo– de dar entrevistas o aparecer en algún lado diciendo que él o ella es él o ella; la segunda es que no juega a mostrarse en ningún otro género que el ensayo literario, y la tercera es haber tenido la claridad desde el principio de hacer los únicos libros que, creo, quiso hacer: catorce, que llevan los títulos de los días de la semana I y II. No hay en su caso, como en muchos otros, el libro escondido, el que encontró algún crítico en una remota librería; el manuscrito escondido en una caja misteriosa ni ninguna de otras zarandajas que las editoriales usan para vender basura de famosos. Hace no mucho, en uno de mis sueños, al salir de un extraño zoológico, me hallé los catorce libros suyos, puestos en rimero y en orden en una de las bancas de la salida. Pertenecen a su primera edición, de gran formato, en un papel que simula el cartón, cuyas portadas sólo tienen su nombre y el título: Beronni Domingo I, Beronni Domingo II, Beronni Lunes I, Beronni Lunes II… No sé cómo le hizo, pero los libros aparecieron al mismo tiempo en varios idiomas (inglés, francés, alemán, italiano, español, ruso…), de modo que adivinar el posible dato de su nacionalidad se terminó con eso; por otra parte, sus libros no suelen privilegiar un continente y así leemos la convivencia entre autores de México con los clásicos de China, Portugal y África; no hay prevalencia entre Francia y Egipto ni parecen importarle más los daneses que los escritores de Puerto Rico. Se pensaría que leyó todos los libros del mundo y luego, con humor, inteligencia y erudición encontró el hilo negro, el agua tibia que antes de él o ella (el suyo es un nombre ambiguo o un apellido: Beronni) nadie había imaginado siquiera. Leí sus libros, recuerdo, en la biblioteca de uno de mis amigos ricos (Salatiel), antes de que se fuera a vivir al extranjero. Recuerdo aún la tipografía amable y grande, el interlineado generoso, los blancos que regalaban a cada página el aire necesario para que las palabras no parecieran dentro de una jaula, sino bailando en un campo de gladiolas blancas, flores de vida y de muerte. Aunque sean el mayor referente, el único más bien, de las literaturas de todos los países de todos los tiempos no tuvieron lo que pudiera llamarse una campaña internacional; aparecieron con modestia (es un decir, la primera edición es lujosa), con sus propias panoplias para la lucha descarnada entre los lanzamientos de best sellers, los nuevos libros de autores consagrados y los miles de novedades diarias.
Cuando vi aquella colección puesta ante mí, en una banca solitaria, por supuesto que pensé en robármelos, pero no llevaba coche, no había ningún taxi (hay que caminar un tramo largo para salir a la carretera) y tuve miedo de que fuera una prueba para exhibirme como ladrón. Hojeé, eso sí, aquí y allá, varios volúmenes y me detuve en la página 63 de Miércoles II donde analiza en un párrafo no tan largo unos diez libros canónicos para llegar a la conclusión de que un buen libro debe combinar con sabiduría la dramaturgia, la novela, el cuento, la poesía, el guion cinematográfico, la música, la pintura, la escultura, la danza, todas las artes… No podría trascribir alguna línea de lo que leí, porque lamentablemente olvidé casi todo en el momento en que desperté de aquel sueño.
Ilustración: HCM.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Cuando el alma se agüita María Gabriela López Suárez
Era pasado el mediodía del miércoles cuando el cielo comenzó a nublarse, Verónica percibió al interior de su espacio de trabajo que el sol se había ocultado.
− ¿A poco lloverá tan temprano? Ojalá que no. El solecito está lindo, alegra el día− dijo Verónica mientras se asomaba a la ventana.
Ese día no había llegado a trabajar su compañera Selene, con quien compartía espacio en la oficina. Verónica echaba de menos su presencia porque ese día no tenía con quién conversar durante la jornada. Terminó de revisar la base de datos que le habían encomendado un día anterior. Se sintió contenta de que había avanzado con ese pendiente que urgía a sus jefes. Así podría continuar con las labores correspondientes a su área.
Poco le duró la felicidad porque al revisar su correo recibió solicitudes para revisar dos bases de datos. La encomienda era para Selene y para ella, pero al no llegar su compañera, Verónica tenía que atenderlas y entregar los resultados al día siguiente. Por su mente pasaron varias ideas. Observó el reloj, sintió que su corazón latía con más rapidez. Se levantó y fue a preparar café. Necesitaba despejarse un poco.
Mientras preparaba el café comenzó a escuchar la lluvia, primero unas gotas leves que, en poco tiempo, se convirtió en una lluvia fuerte. Se asomó a la ventana, observó el cielo grisáceo y no alcanzó a contemplar los árboles que había a lo lejos, la lluvia lo impedía. Volvió a desear que en lugar de lluvia hubiera sol. Se quedó unos minutos frente a la ventana, percibió el aroma a tierra mojada.
Volvió por el café, se sirvió un poco en una taza. Antes de mirar el reloj, decidió quedarse unos minutos apreciando la lluvia. El aroma del café la llenó de energía, probó la bebida y le pareció deliciosa. Respiró profundo, al exhalar sintió que soltó la preocupación que le generaban las nuevas encomiendas urgentes. Se percató que la lluvia cesaba. El cielo se fue despejando. Los pájaros comenzaron a cantar con tal alegría, que daba gusto escucharlos. En breve tiempo el sol salió nuevamente.
Verónica quedó asombrada de lo que había sucedido en tan poco tiempo. Se sintió más tranquila. Regresó a su escritorio, terminó su último sorbo de café. Inició con la primera de las encomiendas y avanzó hasta terminarla. Decidió que la segunda tarea la trabajaría al día siguiente.
Al terminar su día laboral, mientras iba a casa, reflexionó sobre la importancia de poner atención para identificar cuando el alma se agüita, qué se puede hacer y cómo sobrellevarlo. Ese día la lluvia, el café, los pájaros y el sol habían sido sus aliados para confortarla. Recordó la algarabía del canto de los pájaros mientras aún percibía el olor a tierra mojada.
Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL).
Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural.
Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos. En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo. Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.