Polvo del camino/ 329
“Tenemos que hablar contigo”
Héctor Cortés Mandujano
Me gustan mucho las películas, cuyo final reformula la historia, la desmiente incluso. Hay que tener claridad y atención extrema en el guion y la puesta en escena para que los últimos minutos nos digan que lo que vimos antes no era eso sino esto. Me siento un niño feliz cuando se descubre en una peli la falsedad con maestría sutil.
El ejemplo más socorrido y popular es El sexto sentido (1999, de M. Night Shyamalan) que, justo cuando termina, nos explica por qué el psicólogo puede hablar con el niño que ve muertos. La brevísima escena final nos propone, espléndidamente, una historia distinta a la que acabamos de ver. Yo habría quitado, incluso, el reembobinado rapidísimo que el autor-director nos regala para que quede claro el engaño.
Otro ejemplo es Swimming Pool (2003, de François Ozon). La trama minuciosa lleva a una escritora inglesa a una casa de Francia donde ocurre un asesinato y vemos durante largo rato, en pelotas, a la bellísima Ludivine Sagnier. Pero el último minuto hace que nos demos cuenta de que la película en realidad apostó más a la imaginación que a la realidad. Gran trabajo actoral de Charlotte Rampling.
Nunca había visto, eso sí, que en películas de dibujos animados por computadora ocurriera algo así, hasta que vi la fantasía musical Hechizados (2024, dirigida por Vicky Jenson, con guion de Linda Woolverton, Lauren Hynek y Elizabeth Martin), una peli para niños que casi inicia con un secreto que la princesa Ellian y su corte han guardado bien hasta ese momento: los reyes, sus padres, se han convertido, desde hace un año, en monstruos indomables.
Sus padres fueron al Bosque Oscuro de la Oscuridad Eterna y allí ocurrió algo que los transformó. La princesa, quinceañera, tiene que ir con ellos al bosque para recuperar a sus padres y salvar el reino.
En la cinta, que es divertida, con muchas canciones, ocurren un sinnúmero de peripecias, que entretienen y divierten, hasta que se llega al secreto de la transformación: el rey Solon y la reina Ellsmere se volvieron monstruos porque se la pasaban peleando.
La solución, para que la vida de ambos pueda tener felicidad y paz, es que no vivan juntos, que se separen. La hija sufre al principio con esa decisión. La entiende después, y sus padres reinan desde castillos distintos.
La princesa, entonces, vive contenta.
O sea, la película explica el divorcio a los niños, con una historia disfrazada de cuento de hadas. No sé si los pequeños entenderán a cabalidad el sentido no tan obvio de la cinta, pero creo que para los adultos se presenta una oportunidad magnífica de abrir la conversación...

*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.
Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com