Polvo del camino/ 23

Mi suerte como lector

Héctor Cortés Mandujano

 
Tal vez lo he contado ya, pero un nombre que está en mis agradecimientos de lector, siempre, es Luis Gamboa Ricci. Él me abrió la puerta de su biblioteca cuando yo era un jovencito pobre y gracias a su generosidad leí, uno a uno, recién salidos, los libros de García Márquez, Cortázar, Fuentes, Vargas Llosa, Borges y un inmenso etcétera, que yo no hubiera tenido posibilidad de comprar. Tan bueno era este hombre (lo seguirá siendo, por supuesto) que compraba las novedades y me daba el libro reluciente para que yo quitara la envoltura y pasara los ojos por primera vez sobre las páginas nuevas, asombrosas. 
            Tengo amigas y amigos que me regalan, apenas salen, los libros que escriben. Deben ser cientos a estas alturas. 
            He tenido a lo largo de mi vida linda gente que me ha regalado uno, dos, tres libros en sucesivas ocasiones. Menciono al tuntún los que me han regalado más de dos: Margarita, Mirna, Roger Octavio, Tito, mi hija… 
            Héctor Herrera, viudo del entrañable Emilio Carballido, y amigo desprendido, me envió varias cajas con la colección completa de la revista y las antologías de Tramoya, que dirigió toda su vida Carballido. Gran emoción fue para mí recibir los cientos de ejemplares.
            Nedda G. de Anhalt, amiga querida, me ha regalado muchos libros: de Reynaldo Arenas, Octavio Paz, Guillermo Cabrera Infante (que fueron también amigos suyos) y especialmente una veintena de Sergio Galindo (otro amigo suyo), de quien estoy leyendo la obra completa, gracias a la maravillosa Nedda.
            Mi querido amigo Sarelly Martínez me trajo, hace años, una bolsa de novedades que yo le había encargado. Era una treintena de libros por los que yo suspiraba, él me los compró en un viaje al centro de la república (se supone que yo le daría el dinero) y, gran amigo como es, me los obsequió. Después me ha regalado varios libros físicos, hasta que me regaló un lector electrónico con miles de libros; después, como si no bastara, me regaló otro lector con cientos de nuevos libros. Nadie le gana a generoso conmigo.
            Pero hay otra amiga entrañable que tiene cabida perfecta en este recuento: Linda Esquinca. Me ha regalado tanto: lámparas antiguas, una máquina de escribir, reproducciones de cuadros, discos, objetos varios y libros, muchos libros: uno primero, luego tres, luego una cajita, y hace muy poco dos cajas con más de una cincuentena de títulos magistrales, de autores geniales: Víctor Hugo, Hegel, Descartes, Cicerón, Aristóteles, Nietzsche, Sartre, Reyes, Moliere, Kant, Balzac, Tagore, Graham Greene, Daudet, Camus, Mauriac, Papini… Además, agregó una granada colección de Perry Mason y Sherlock Holmes, que son botanitas deliciosas. Qué más pedir a este regalo redondo, perfecto.
            He tenido la gracia que los hados me han otorgado para tener muchas amistades maravillosas, muchos amores geniales, muchas alegrías sin cuento. Como lector, evidentemente, he corrido también con muchísima suerte.
***
 
El pasado miércoles 24 de junio, murió nuestro amado gato Zapata. Vivió con nosotros durante 20 años y su vida, creemos, fue muy feliz porque hizo lo que quiso dentro y fuera de nuestra casa. Lo adorábamos y su belleza no se eclipsó, sino hasta su muerte. La foto que acompaña este escrito la tomó mi hija cinco días antes de su deceso y se puede notar, sin merma, su espléndida belleza. La muerte no existe, claro: Zapata sigue vivo. 
Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez.