Trabajo en alturas. 30. En la frontera de sí mismo. Roger Octavio Gómez

En la frontera de sí mismo
Por Roger Octavio Gómez Espinosa

¿De quién es este lenguaje

por donde me deslizo

para no llegar a ningún

sitio?

Óscar Oliva, en «Hesitación»
¿Cómo se suicida un poeta o un escritor? Y cuando emito esta pregunta no me refiero a la persona sino al desdoblamiento que existe en seres cotidianos, dentro de sí, un ente poético que busca emitir, con palabras, una expresión artística.
        En Nostalgia, de Mircea Cârârescu, Piedad Bonnet, prologuista del volumen, lo cita: “Cuando escribí el último poema de Res decidí suicidarme como poeta para comenzar otra vida dentro de la literatura…” (Editorial Impedimenta, 2020: 8). A eso me refiero. Mircea, sin embargo, dice que no pudo suicidar al poeta que hay en él, sólo consiguió suicidar su poesía, y siendo poeta comenzó a escribir relatos.

Cuando estudiaba un máster en Creatividad Literaria en la U. de Salamanca, el profesor Arturo Guichard dijo en más de una ocasión, lo parafraseo: que ante un sentimiento vivo no se puede escribir de inmediato sino hasta que la experiencia ha comenzado a ser parte de un recuerdo, esto es, no puedes escribir, o no debes hacerlo, sobre una emoción que aún está a flor de piel. Es quizá por esto que he tardado en intentar escribir sobre lo que representó para mi presenciar el montaje de mi obra teatral Acrofobia, en aquel 3 septiembre de 2022, en la pequeña Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México.
	Tantas las emociones y tan perdurables que aún hoy, a semanas del evento, no puedo decir que esté capacitado emocionalmente para escribir este texto. No sé cuándo podré estarlo. 
	Acrofobia la concebí para tratar el tema del suicidio literario, como el que alude Mircea Cârârescu, pero también para tratar de explicar cómo percibo que un escritor puede ser salvado cuando se entera que sus palabras pueden tocar a otros. 
        Las palabras, por otro lado, en el teatro se convierten en una plataforma para permitir una trasliteración, esto es, sustituir unos signos por otros. El arte de la actuación que hace renacer nuevos sentidos, comenzar otra vida, a partir de un guion. Ofrecer a mujeres y hombres que buscan en los canales del arte una tabla que les alegre, como espectadores, un instante que a su vez pueda ser recordado. Huellas virtuosas de memoria. Una cadena que ansiamos, ante nuestra finitud, que sea infinita.
	Qué bello es contemplar a los actores desdoblar sus personalidades para poseer y dar vida a los personajes de una obra, qué bello cuando dan cada fibra de sí para posarse en la orilla de esos precipicios que se llaman escenarios. Cuando las luces iluminan los rostros maquillados, los cuerpos vestidos para la ocasión. La música y los paisajes sonoros, las voces vibrantes. Qué hermoso cuando cada elemento resuena en un recinto que se convierte, por instantes también, en un espacio teatral.

Hay tanta soledad al momento de escribir, tanta como la que ha de sentir el actor que se posa en la frontera de sí mismo para ser el trasmisor de la ficción a una realidad que cobra vida en el espectador. Hay tanta luz en el texto que es leído, en la obra que es recreada, en la pintura que cobra sentido, en el poema que muestra algo más que palabras. 
	Me temo que cada escritor muere al lanzarse al vacío de la hoja en blanco y no sabe con certeza si podrá volver a tener la oportunidad de comenzar otra vida literaria al confrontar de nuevo la necesidad de intentar escribir ese texto único que, paradojas de la razón, se alimenta de cada palabra ya dicha por otros. Imagino que una troupe renace en cada representación. Se lanzan también a esos vacíos en los que buscan con ansias recrear nuevas realidades. ¡Ah!, vale mucho la pena. Si pudiera lograr describir sobre cuánta vida sentí al verlos convertir un espacio oscuro en un universo luminiscente, pero no puedo…

Es cierto, no estoy capacitado aún. Qué torpes resultan mis palabras. Si yo sólo quería decir: gracias, y con este nudo en las manos he balbuceado tanto que al final me temo que he dicho, nada. Mientras logro superarlo, que flote hacia ustedes esta emoción que no me deja ni siquiera agradecer…

+++

Dedicado a Telar Teatro y su Marabunta Colectivo Escénico. A Héctor Cortés Mandujano, actor, director y siempre mi maestro; a Alfredo Espinoza, gran actor y amigo; Dalí Saldaña, por la luz en el preciso momento; Daniel Dávila, que supo dar voz a esa canción que aún tarareo; Jazmín Zea, qué sería del actor sin su vestuario. Daniel Dávila y Ulises Peimberth, ingeniosos escenógrafos y paisajistas sonoros. Juan Ángel Esteban Cruz, cuánto talento depositado en el cartel y en los programas de mano. Rudy Laddaga, tan generoso no sólo en lo material sino en sus palabras. Carlos Ariosto, qué sería del teatro libre sin soñadores como él. A mis amigas y amigos, tan entrañables. A ese público que con su aplauso dio sentido a un texto que, ante el vacío, voló.
Fotografía: AE

Trabajo en alturas. 29. ¿Qué sabrá él de alguien? Roger Octavio Gómez

¿Qué sabrá él de alguien?
Por Roger Octavio Gómez Espinosa

Hace ya más de un año me pidieron que compartiera, en un foro, un poema que me gustara. Pasé la vista por mi memoria y por los libros de mis modestos libreros. Varios poetas se ofrecieron de voluntarios. Fue difícil. Pensé en Pesoa, Szymborska (que la amaría si estuviera viva pero la venero en sus letras), Paz, Pacheco. Las antologías de Julio Ortega y Ovidio Jiménez. Sor Juana Inés De la Cruz. Mi admirado Miguel Hernández. Nunca consideré a Jaime Sabines ni a Rosario Castellanos, pero me tentó mucho la poesía de Efraín Bartolomé y Oscar Oliva. Pizarnik. José Lezama Lima. 
          Al final, una decisión había que tomar: Me decanté por la contemporaneidad de un poeta que disfruto leer aunque en el mundo es quizá poco conocido, que no dora las palabras pero trabaja en las imágenes y aborda temáticas complejas con un desparpajo aparente: Luis Daniel Pulido (Con su eterónimo Víctor Von Doom):

Jao contra Jao (canto al pie de tu montaña)
Yo, Gran Jefe Apache
casarme con mujer empoderada:
destello rápido de pájaros,
dice: lava los trastes

Mujer se va a marchas
con mujeres inmortales;
amigas de mujer no tener miedo
a Manitú, oso Grizzli, SAT,
notificaciones de Hacienda

Mujer agarra ratón de coleta
y mata ratón;
ya no pedir pisotón de Gran Jefe,
ya no pedir que cambie foco fundido,
ya no necesitar mi llave Stilson

Yo, Gran Jefe Apache,
casarme con mujer empoderada;
ella ya no ave de suave plumaje,
ella ave de todas las tormentas:
prohibido fumar pipa en sala,
subir pies en mesa,
ver el juego de los Redskins de Washington,
buscar mar al alba en la cama

Mujer no sabe que yo bloquearla de Facebook
y que mañana beberé cerveza con mis amigos

El tambor de guerra es mío,
sonoridad ser puñal sin filo

--Yo sí le voy, le voy a Gran Jefe --iluminan
los espíritus la montaña


***
El pasado 5 de septiembre de 2022 coincidí en Tuxtla Gutiérrez con Luis Daniel Pulido, le pedí permiso para compartir hoy su poema en esta revista, accedió gustoso. Me obsequió también un ejemplar de su más reciente libro: ¿Qué se yo de nadie?, Editorial Arboleda, Costa Rica, 2021; una antología con lo mejor del trabajo del poeta. En hora buena para Daniel y para sus lectores.
***

Bibliografía:
Pulido, Luis Daniel (2018). Baxter Memories (Vida y obra de Víctor Von Doom), México: Editorial Tifón. 

Fotografía: ROGE

Trabajo en alturas. 28. Cada paso, una voz. Roger Octavio Gómez

Cada paso, una voz
Por Roger Octavio Gómez Espinosa

Fue exactamente el 27 de enero de 2020 cuando María Gabriela López Suárez me contactó en un mensaje de texto para ofrecerse como escritora voluntaria para el proyecto virtual Letras, ideaYvoz. Damaris, una amiga en común nos había puesto en contacto. Leí uno de sus textos y me pareció simplemente poderoso. De inmediato me puse a trabajar en crear el espacio cibernético para poder alojar su columna Voces ensortijadas. Por fortuna para nuestros lectores, a María Gabriela le pareció bien la propuesta que le ofrecíamos y desde entonces no ha dejado de mandar sus entregas cada domingo. En este libro celebramos un volumen de 100 textos que estoy seguro que se acumularán para 100 libros más.
	Hay en las cosas sencillas una grandeza que no puede ser alcanzada por los ambiciosos oropeles. Así, el cuento de la abuela, la receta de la tía, el juego de los niños, una tarde veraniega, un pajarillo herido, la canción que se resiste a dejar de ser tarareada, una mujer trabajando, un ama de casa escogiendo las especias, una marchante o una nube movida por invisibles vientos pueden ser la materia prima con que María Gabriela genera voces, sin aspavientos, que detonan textos capaces de hacer eco en sus lectores. Una a una, cada palabra es enlazada a través de un hilo conductor: la sencillez. Es esto lo que da poder a la voz de esta escritora y empodera al mismo tiempo a los protagonistas de sus microensayos: la gente común: como tu, como ellas, como nosotros, como vos, como yo.  
	Esta escritora no es improvisada, además de catedrática tiene un grado de doctora por la Universidad de Alicante, y muchos otros estudios en el ámbito de la investigación intercultural, mas sospecho que no es de su trayectoria académica de donde saca la técnica para indagar en la vida diaria y trasladarla al ámbito ensayístico. Hay una sabiduría profunda que quizá nace de la intuición y de un sentido especial para detectar, en la cotidianidad, lo extraordinario. La sabiduría ancestral de quien escucha a los mayores. 
	Cuando buscaba escritores para este proyecto comenté que el objetivo era estimular la lectura. Con los textos de María Gabriel aquello es trascendido. Además de haber alcanzado a lectores de muchas latitudes, no sólo estimula la lectura sino la escucha y, también, el gusto por observar los detalles. 
	No soy precisamente un hombre religioso, sin embargo, confieso, con cada lectura a la columna Voces ensortijadas me nace dar gracias por estar, por saber que cada uno de nuestros pasos es una voz que se ensortija en un entramado de pequeños acontecimientos que provoca el pulso de sentirse animado. Con una vida que espera, simplemente, ser vivida.
	Agradezco con profundidad a esta escritora el permitirnos compartir sus letras en el ejercicio virtual Letras, ideaYvoz. Festejo su gran generosidad y, con esto, hacernos generosos. 

***
[Se publica, por fin, el Volumen I de un libro llamado Voces ensortijadas que recaba las primeras 100 columnas que fueron publicada en Letras, ideaYvoz. El presente texto es una brave introducción que acompaña dicho libro]
Ilustración: Erik García Briones. «Carátula del libro Voces ensortijadas, editorial Tifón»

Trabajo en alturas. 27. Los hijos de Torres. Roger Octavio Gómez

Los hijos de Torres
Por Roger Octavio Gómez Espinosa

Hace algunos años me tocó presenciar una clase de Jorge Volpi sobre literatura de no-ficción. Traté de buscarla en las redes, no la encontré. Rescato de mi memoria breves registros y que me parece agregan a este ejercicio de promover la lectura. Por un lado, trató el tema de A sangre fría de Truman Capote como una novela considerada fundacional del género, (recordemos que incluso Capote intentó desmarcarse del Nuevo Periodismo Norteamericano) sin embargo, agregó que una novela latinoamericana, de Jorge Walsh: Operación masacre (1957) se anticipó a Capote quien publicó la suya en 1966. Lo cierto es que Capote tuvo un gran éxito y es probable que muchos de los que lo acompañaron tomaran de él y no de Walsh los elementos para la literatura basada en abordaje de hechos no-ficticios. 
          Volpi indicaba que la literatura de no-ficción tenía la ambición de ser tratada como ficción, pero con gran apego a hechos reales donde hasta los detalles mínimos, como la ropa de los personajes, debería tener una base real o, al menos, documentada. 
          Otra cosa que recuerdo de aquella clase es que recomendaba ver “Fargo” (la serie y la película) de los hermanos Coen y que nos fijáramos en un detalle: que pretendía estar basada en hechos reales. Aunque los hechos de Fargo son ficticios, el simple hecho de mencionar que está basada en hechos reales cambiaba la percepción del espectador. 
          Esto último me lleva a la otra obra: Jusep Torres Campalans, de Max Aub. En el libro La broma literaria en nuestros días: Max Aub, Francisco Ayala, Ricardo Gullón, Carlos Ripol, César Tiempo; Estelle Irizarry engloba a esta obra de Max Aub, precisamente, como una broma literaria. No estoy muy de acuerdo con Irizarry, pero júzguelo usted en la siguiente liga: 

Disponible en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-broma-literaria-en-nuestros-das--max-aub-francisco-de-ayala-ricardo-gulln-carlos-ripoll-csar-tiempo-0/html/ff121e92-82b1-11df-acc7-002185ce6064_5.htm, consultada el 17 de marzo de 2021). 

Estaría más de acuerdo con la idea de que Aub se adelantó a muchos, incluido los Coen, para cambiar la percepción del receptor, de tal manera que, al plantear una realidad, sin aclarar que fuera basada en la ficción, se estaba desarrollando un planteamiento de no-ficción o, en términos actuales, haciendo un “pacto ambiguo” con el desconcertado lector. Jusep Torres Campalans (1958) –también anticipada a la de capote– es tomada por muchos críticos como una gran broma, sin embargo, una broma que ha hecho dudar a los menos expertos sobre la existencia o no de un hombre real apellidado Torres Campalans. 
         Yo soy de Chiapas, el lugar en México que indica Aub como punto de retiro de el “genio” de la pintura biografiado por Aub, conozco a personas que aseguran conocer a personas que conocen a su vez a descendientes de Torres viviendo como campesinos en la sierra Chiapaneca; a veces las bromas se vuelven realidad, porque en mi tierra también ronda el fantasma de Bruno Traven y de otros tantos que la visitaron.

¿Qué tipo de obra son?, me preguntan. 
 
A sangre fría, de Capote es, para mí, literatura de no-ficción. Usa un hecho real, pero con las herramientas de la literatura para ser presentada.

Jusep Torres Campalans (1958), de Max Aub, no sé qué decir. Usa elementos que usualmente eran documentos para plantear un hecho real y demostrar veracidad (más que verosimilitud) para presentar un hecho ficticio. ¿Literatura de no-ficción de ficción? Mi opinión es que quizá no-ficción es más bien un nombre que apela a los recursos usados para conformar obras de este tipo. Lo que tengo claro es que no son bromas.

Pero, insisten: ¿en qué lugar de mi librero las pondría? En las de no-ficción, a ambas, incluído a Walsh. 

¿Qué opinas avispado lector?
Trailer Acrofobia, Marabunta Colectivo Escénico y Telar Teatro

Trabajo en alturas. 26. El arte de matar por descuido. Roger Octavio Gómez

El arte de matar por descuido
Por Roger Octavio Gómez Espinosa

Me encontré con una breve selección de cuentos que realizó para fines didácticos la profesora Celia Corral Cañas cuando fui estudiante de un Máster en creatividad Literaria en la Universidad de Salamanca: 

•	Gabriel García Márquez, “Sólo vine a hablar por teléfono”.
•	Julio Cortázar, “Bestiario”.
•	Paloma Díaz Mas, “La niña sin alas”.
•	Samanta Schweblin, “Pájaros en la boca”.

Les comparto las impresiones, también breves, que entonces tuve y que me parece que te puede servir a tí, estimado lector, para recrear esa magia que la cuentística puede brindarnos:

1
Es una línea delgada, y hasta subjetiva, la que separa el mundo de los cuerdos del de los locos. Esta parece ser la tesis de García Márquez en "Yo sólo vine a hablar por teléfono", título endecasílabo y bien logrado, considero, aunque no tan poderoso como otros; menciono esto porque en García Márquez los títulos de sus cuentos son por sí solos objeto de análisis, al menos para mí. En este cuento a partir de un accidente menor se tuerce el rumbo de una historia que pudo haber sido simple para tomar una camino existencialista y absurdo, de manera hábil, en la línea de Camus. 

2	
García Márquez tiene una manera de escribir contagiosa, con una sencillez que es producto de una habilidad complicada, diría que prodigiosa, algo así como el abrazo de oso de Herculina: “entrenada en el arte de matar por descuido”. Con tanta fuerza abrazó y abrasa (válganme la “s” y la “z”) que influyó a muchos escritores, varios se consumieron en su estilo, pero otros más lograron textos como el de Paloma Díaz Mas en "La niña sin alas", donde una niña precisamente no tiene alas en un universo donde volar es para los humanos tan normal como para nosotros nacer con cinco dedos en cada mano. Ya que arriba mencioné el asunto de los títulos, me parece que Díaz Mas nos quedó a deber con el suyo, poco agregó a la historia y nos dio información anticipada que quizá a algunos lectores avispados no les guste. No es fácil ser Paloma en una selección que tiene a Cortázar y García Márquez. Sin embargo, este cuento me hizo pensar en que puede servir para un análisis de iceberg, hay una porción mayor debajo de lo que se asoma en el texto, temas ordinarios que son tratados bajo otra perspectiva. Los hombres que vuelan son un tema recurrente en la imaginación popular, la maternidad, las capacidades diferentes; lograr que esos temas vuelen con honestidad y darle una buena vuelta de tuerca es el diferencial a perseguir.

3
Cómo disfruté leer a Samanta Schweblin, "Pájaros en la boca", no la conocía. El cuento nos lleva a un final esperado y, sin embargo, acudí con gusto a ese final gracias a la limpieza con Schweblin trata el cuento.

4
Cortázar, por su lado, en Bestiario, ¿qué se puede agregar a “Bestiario” que no se haya dicho?, quizá que es de esos textos que me gustaría haber escrito y a los que aspiro alcanzar. Nos traslada a un ambiente donde cabe lo realmaravilloso, pero con una mayor exigencia al lector y en esto supera a los cuentos anteriores de la selección. Es Cortázar, no se puede estar distraído ni andar con paso flojo porque lo deja a uno rezagado. Como ya saben, “Bestiario” (el cuento) es parte de una colección de cuentos recabada en un libro también llamado Bestiario, donde la realidad es trastocada de tal forma que arrasa al lector, me parece que es acá donde Julio ya muestra el estilo cortazariano en su pureza. Las bestias no son como en otros libros con títulos similares, de otros autores, de apreciación “zoológica” sino de bestialidad psicológica y monstruosa. Ríos de tinta han corrido y siguen manando. Es un texto impresindible que debes leer una y otra vez. 
Trailer Acrofobia, Marabunta Colectivo Escénico y Telar Teatro

Trabajo en alturas. 25. El que no sabe entenderte. Roger Octavio Gómez

El que no sabe entenderte
Por Roger Octavio Gómez Espinosa

No eres tú, Poesía Contemporánea, soy yo el que no sabe entenderte. Y es que vengo de leer a poetas campesinos, a poetas que eran vendedores de telas, a los que enfrentaron con palabras metralletas y a los que dejaron sus estudios por problemas económicos que trajeron las guerras. Hablo de Miguel Hernández, Jaime Sabines, Wislawa Szymborska, Loynaz, Bartolomé, Oliva, Lorca, Machado, esos otros... 

O será que ya estoy en los albores de una edad en la que me parece que lo pasado fue mejor. El caso es que no pude encontrar poesía en los poemas de Luis Alberto de Cuenca. Y no puedo aceptar que un señor que es miembro de academias abra su poema diciendo: “Me gusta cuando dices tonterías/ cuando metes la pata/ cuando mientes”, además de que me parece muy pobre la reminiscencia a Neruda, no aporta más imágenes ni artilugios verbales, el lenguaje de De Cuenca se mueve en un nivel que está más cercano al lenguaje común, digamos que es un lenguaje cotidiano acomodado, y quizá sea esto lo que se espera de lo contemporáneo y yo no sea un lector contemporáneo sino alguien que se quedó atascado en su propio pasado. En “La malcasada”, quizá el poeta busque encontrar la poesía en la vida común, pero ya Sabines nos había dicho: “Cuando tengas ganas de morirte no alborotes tanto, muérete y ya” de tal manera que en nuestro tedio adolescente nos despertaba a la vida y no sabíamos ni por qué. Que si “Viajar a Marte o al cuarto de la plancha pero contigo” es poesía, no la encuentro. Tampoco aporta elementos nuevos a la tan cantada búsqueda de acompañamiento amoroso ni siquiera a las propuestas indecorosas, o quizá le compuso el poema a un equipo de telefonía celular, pero debería tener otro título. Es posible que De Cuenca use conscientemente las frases comunes y el lenguaje ordinario para crear un elemento poético, pero de la forma en que está construido me hace más bien pensar que plasmó lo que vemos para un público que no exige más de él. 
 
Poesía contemporánea, no eres tú... Soy yo que quizá me voy convirtiendo en un viejo metido en un joven maduro, de esos que se resisten a lo nuevo. Te confieso, sin embargo, que en “Vademecum” de Raúl Vacas veo un excelente ejercicio de versificación y métrica, y mueve mi mundo de palabras y digo: bien, me ha ganado, ha usado un código diferente y creado musicalidad. Veo el vislumbre ingenioso. 
     También te he visto en los versos de Ben Clark y en los de Almudea Guzmán. Con los de Andrés Newman me esforcé de verás y no te hallé, y es que Goytisolo se me aparecía con las “Palabras para Julia”, que sin ser su mejor poema podría ser muy contemporáneo y arrasar.

Cuando me acerco a ti, poesía, "gata arisca que se me aleja y que me araña si la atrapo", espero que me lleves más allá del discurso cotidiano o que con lo ordinario me crees un universo extraordinario. Que tus poetas den un uso especial al lenguaje y que construyan con éste imágenes. Pero estamos en "un mundo raro" tan lleno de imágenes y es quizá por eso que tus poetas "contemporáneos" se sustraen y nadan en la superficie porque las aguas profundas ya fueron exploradas. Me arriesgo, y lo sabes, a ser linchado en las "redes sociales" por recitar el credo del joven Miguel de que “todo es confuso, menos tu vientre” y que el cuarto de la plancha sería el universo si estuvieras ahí, simple, sin motes ni agregados, sola tú: Poesía. 
Ilustración: Cartel de Marabunta Colectivo Escénico, por Juan Ángel Esteban Cruz

Trabajo en alturas. 24. Aquí pasan cosas probables. Roger Octavio Gómez

Aquí pasan cosas probables
Por Roger Octavio Gómez Espinosa

Se trata aquí de analizar la relación o diferencia entre los cuentos «El gato negro», (1843) de Edgar Allan Poe; «El rayo de luna» de Gustavo Adolfo Bécquer; «El reloj de Bagdad», de Cristina Fernández Cubas, por un lado. En una segunda partida tenemos los cuentos «Adiós, Cordera» (1983) de Leopoldo Alas, “Clarín”; «El revólver», (1985) de Emilia Pardo Bazán, y «Aquí pasan cosas raras» de Luisa Valenzuela.

Un lector medianamente suspicaz puede notar que, en el orden en que los he listado hay una graduación, no sólo en el tiempo de su publicación, sino en lo que Anderson Imbert (2020) registra, desde un ángulo pedagógico y bajo una análisis práctico, que viaja en la línea en que se pudieran presentar las mímesis de las realidades, o realidad, en un relato y que se sintonizarían entre dos puntos equidistantes: lo probable y la improbable. Pero también dos campos primarios: lo «no real» versus lo «real», entrecomillado ya que en tales términos hay sendas páginas de pensadores que obviaremos. 

Mi reto: intentar aclarar y desenredar el galimatías que se agolpa en mi cabeza con sólo ver los títulos. 

La línea de lo «no real»
Iniciamos el viaje de lectura con un cuento imprescindible: «El gato negro», cuyo autor cimentó bases firmes para la cuentística moderna y que permitió una compuerta para la generación de la narrativa fantástica: Edgar Alan Poe. Lo fantástico en su pureza: un cuento que apela ser una experiencia real, «No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia...» Un inicio que con variantes se ha vuelto un mecanismo muy recurrente; sin embargo, los acontecimientos son afectados por un hecho que coloca al lector en el umbral de lo irracional, donde las explicaciones basculan entre lo sobrenatural y hacia el hecho de que el protagonista es un alcohólico que sufre delirios y cambios violentos de carácter causados por su adicción. Sin embargo, quien nos narra las acciones es el mismo protagonista y las emite en un grado que hacen brindar explicaciones diversas, no sólo la locura temporal del protagonista sino, también, la existencia de hechos sobrenaturales que se manifiestan en su mascota: un gato negro. 

En «El rayo de luna», nos encontramos no sólo al Bécquer cuentista, sino al Bécquer que cubre el rango de frecuencias del pos-románticismo y el neoplatonismo que caracterizaron su obra, un escritor que fue prologado por Machado como precursor del modernismo en lengua española. Encontrar un paralelismo biográfico con Poe es posible, ambos huérfanos y genios, pero más, abarcaron la poesía, la crónica y la narrativa; también lo sublime y lo prosaico; en ambos escritores vemos un registro que abarca lo popular y el, mal llamado, culto. Bécquer es un escritor que se desenvuelve en una época donde estaba en auge el realismo y no ha de haber sido fácil la aceptación por parte de la crítica de un pensamiento que plasma la búsqueda de un ideal que sabe inalcanzable. En el cuento leído no puedo evitar referirme a sus rimas, tan icónicas, donde se describe lo ideal, lo sublime, en el amor una mujer, o mujeres, y principalmente su «Rima 40 ». El cuento, por otra parte, simula iniciar con el mecanismo que mencioné en Poe: advertirnos que narrará algo que tiene bases en la realidad. Sin embargo, en Bécquer esto será un engaño, nos predispone para lo fantástico más nos lleva por otro camino. El personaje de Bécquer persigue lo que parece ser una mujer, luego el máximo ideal femenino, y cuando sospechamos que persigue un fantasma se devela un simple rayo de luna, ha perseguido una luz blanca que había sido magnificada por la imaginación del protagonista quien queda en un estado de sufrimiento tal que le impide volver a contactar un mundo en el que ha descubierto lo efímero. Nada en este mundo, parece decir Bécquer, tiene sentido si lo que se atisba como lo ideal (lo platónico) no se puede concretar, es un fantasma imaginario, un rayo de luna que ha confundido los sentidos. Nadie lo comprende, la figura del romántico contra el pragmatismo que le invita a palpar una vida que no es más que «luz blanca». ¿Es un cuento misterioso? No. El narrador dice que se basa en una leyenda que tiene un componente real, más la solución a las posibles respuestas se dan en la psicología del personaje que despierta a una realidad que no es apreciada por la mayoría y que lo colocaría como dudoso, los razonamientos de un loco; lo extraño, la postura de un romántico. Diría que es un cuento filosófico y, sin que llegue a lo didáctico, por lo tanto, realista.

En «El reloj de Bagdaj», Cristina Fernández Cubas nos presenta el uso formal, en la literatura contemporánea, de la tradición fantástica en la línea de Poe, pero también en la de Henry James. Un objeto introducido en la casa, un reloj antiguo, parece ser el causante de las peripecias que cambian la fortuna de los personajes del cuento. Las fantasías de niños y las supersticiones de las viejas nanas permiten acrisolar la posible incursión de lo sobrenatural, diabólico, en la casa, la cual de por sí era ya habitada por ánimas mansas. Tal incursión quizá sea una fantasía generada por la aversión que causa el objeto fabricado en una tierra infiel, árabe; “no cristiano” y por lo tanto dudoso. Mas, ¿es todo aquello producto de la imaginación? Al final, la protagonista ve en el padre adusto un gesto, uno que nos comparte como prueba de que los hechos maravillosos no tenían sólo una explicación lógica sino también irracional y maravillosa: que las animas y fantasmas son reales.

La selección «real»
En la selección «realista» tenemos en primer lugar a Leopolodo Alas “Clarín” con «Adiós, Cordera», un cuento inscrito plenamente en el naturalismo, que es una proyección del realismo hacia el determinismo, que se opone, además, al romanticismo y que llega a negar a aquel realismo que le sirvió de base. Veo en la estructura del cuento tres capas, la primera es la descripción del universo donde habitan dos niños: Rosa y Pinín, quienes gastan el día en apacentar por los caminos a una vieja vaca, la cual parece suplir el hueco que ha provocado la orfandad materna. Cuidan además de que la vaca no se acerque a las vías del tren. Curiosamente, a modo de nota, Bécquer en su labor de corresponsal periodístico en la inauguración del ferrocarril del Norte (Suárez, 1995), el tren parece ser una esperanza de progreso y caballo secular del movimiento de la vida. Pero en Clarín las vías ferroviarias representan la línea fría e inmutable que causa disturbios en la placidez rural. Los niños cuidan que la vaca no cruce las vías, el ferrocarril es mortal. Las presiones económicas provocan que el padre tenga que vender a La Cordera, hay gran resistencia por su parte, sube el precio en un acto desesperado, un «sofisma del cariño» de ese hombre rudo. Las presiones son tantas, no se puede resistir a lo que ya está determinado, tiene que venderla. Lo niños observan con rencor hacia el ferrocarril que se lleva a las reses para ser consumidas por seres que viven más allá, donde se celebra el progreso. La segunda línea del cuento es el reflejo del destino de La Cordera en el espejo de Pinín, quien crece y se vuelve un mozo fuerte y que es reclutado por el rey para ir a la guerra. Es llevado en el tren, a morir. La tercera línea es el despertar del lector en esta realidad, con la crudeza que la ficción tratada como lo hace Clarín coloca en la conciencia. A pesar de los años que pasan, el cuento es fresco, ni siquiera la inserción de palabras de un lenguaje rural español confunden. En mi país no hay levas oficiales para la guerra, mas desesperados campesinos mexicanos viajan al norte, en tren, en busca de esperanza en un país que nos desprecia, para evitar las levas que sí existen: las del narcotráfico, pero pienso también en las olas migratorias de africanos hacia Europa. Más de alguno llevará los recuerdos de sus pérdidas y gritará en su partida: «¡Adiós, Rosa! ¡Adiós, Cordera!»

Emilia Pardo Bazán en «El revólver» nos presenta la narración de una mujer que sufrió la violencia psicológica ejercida primero por una sociedad que la instaba a contraer matrimonio y, luego, por un esposo inseguro que sufría celos enfermizos. Hay, como en el cuento de Clarín una exposición objetiva de sucesos, sin moralina, y que sin embargo muestra con crudeza los hechos. Platicando con un profesor, Héctor Cortés, comentaba que (lo parafraseo libremente) si se atravesaba un barrio peligroso en la noche, con un maletín de dinero, era inseguro, pero que tal inseguridad se incrementaba exponencialmente si quien caminaba por esas calles era una mujer con minifalda. Ser mujer es más peligroso en el mundo hispano y latino que lo que ningún hombre pueda imaginar. Emilia Pardo Bazán plasma en pocos párrafos un cuento que puede develar parte de esa situación.

En «Aquí pasan cosas raras» Luisa Valenzuela, un narrador intradiegético nos brinda un acercamiento a las peripecias psicológicas que sufren Mario y Pedro cuando encuentran dos objetos que alguien olvidó: un portafolios, primero y, después, un saco. El temor de que alguien los pueda seguir o que los puedan ver como «sospechosos de algo», los ponen alertas hacia algo que parece ser sólo producto de una imaginación temerosa pero que se convierte en un motivo para irnos presentando, en lo aparentemente ordinario, el ambiente decadente en el que moran. No es que el mundo haya cambiado por el hecho de hacer contacto con los objetos, sino que sus instintos se han movido de tal manera que perciben el mundo real. Cada día la rutina nos hace enmascarar situaciones que, por tan rutinarias, dejamos de percibir. Luisa Valenzuela desenmascara esa rutina. ¿Podemos hablar aquí de un neo-naturalismo? Los hechos son presentados, no hay discursos denunciantes ni moralinas, la vida de los protagonistas parece estar determinada por su medio ambiente y no la pueden cambiar. Vemos que los protagonistas temen a la policía más que sentirse seguros con la presencia de ellos, estudiantes que son apresados, un hombre que no soporta su suerte y llora en público por no poder encontrar trabajo, los chismorreos en los cafés, en fin, lo que viven a diario, pero desde una nueva perspectiva. Mientras leía este cuento no pude evitar recordar el que citamos unos párrafos arriba: «El reloj de Bagdad», donde la intromisión de un objeto mueve la psique de los protagonistas y en apariencia precipita el nudo de la historia. Los protagonistas dejan los objetos que les han causado tal desequilibrio de temores y vuelven al mundo ordinario, ajenos de nuevo a las cosas raras que pasan.

A modo de conclusión
Los cuentos, dice Enrique Anderson Imbert, «por ser poéticos, escapan a toda clasificación lógica» (178), sin embargo, él mismo lo aclara, hay una finalidad didáctica en la intención de clasificarlos. El mismo Anderson quita al lector un poco del poder de construcción que había dado la escuela semiótica de Roland Barthes que declaraba la «muerte del autor», considero que a falta de un autor (como lector ideal) que explique los sentidos intencionales en el cuento, el lector atento sigue siendo el mejor portador de una autoridad que gana en el momento de hacerse presente en el acto de la lectura. Las posibilidades didácticas que da, por otro lado, la lectura de la crítica bien intencionada no quita el disfrute, lo lúdico, de intentar hacer una reinterpretación de sentidos y escribirlos en un ensayo. Salvadas las distancias con la crítica, me ha gustado mucho leer, pero también escribir sobre mi lectura y exponer sentidos que quizá no puso el autor, o quizá sí. 

Bibliografía

Velasco, Emilia. (2020) Selección de textos para la materia de Narrativa Breve. Material proporcionado para fines didácticos, consultado el 24 de septiembre de 2020. Universidad de Salamanca, aula virtual. 

Anderson Imbert, Enrique. “Cuentos realistas y no realistas” en Teoría y técnica del cuento, pp. 166-178, 4ª edición. Material proporcionado para fines didácticos, consultado el 24 de septiembre de 2020. Ed. Ariel letras.

Suárez, Ana (1995). “Bécquer en el espíritu de la Castilla Azoriana” en El Gnomo 4. Boletín de estudios becquerinanos. Rubio, José, director. Universidad de Zaragoza.  

Merino, José María (2015). Cuentos del reino secreto. Barcelona: Alfaguara.

Sargatal, Alfred. “Esquema de análisis de un cuento” en Introducción al cuento literario. Introducción al género y guía didáctica. PP. 337-339. Fragmento proporcionado para fines didácticos. Ed. Laertes.

Zavala, Lauro. “La dimensión fantástica en la minificción hispanoamericana”, material proporcionado con fines didácticos, consultado el 9 de septiembre de 2020.
Ilustración: Cartel de Marabunta Colectivo Escenico, por Juan Ángel Esteban Cruz

Trabajo en alturas. 23. Literatura para despertar niños. Roger Octavio Gómez

Literatura para despertar niños
Por Roger Octavio Gómez Espinosa

Son varias las lecturas que realicé a la novela Perseo TS, de Luis Rincón, o más bien, fueron varios los puntos de vista que tomé para leerla. Uno fue desde la perspectiva de quien conoce la historia (que no la obra) de viva voz del autor. Cuando Luis le estaba dando forma y nos contaba sobre su proyecto, yo me preguntaba cómo le haría él para lograr refrescar un mito tan recurrido, mezclarlo con sus vivencias y dirigirla, además, a un público muy exigente: el infantil y juvenil. Me sorprendió el resultado cuando la leí ya publicada. Me sorprendió más cuando la sometí a una prueba de fuego: Leérsela en voz alta a mis hijos. 
          Se las comencé a leer con la ingenua idea de que era para que se durmieran; resultó que los desvelaba porque querían que les leyera el siguiente capítulo. Les interesó tanto que llegué a usarla como medio de coerción –si no hacen la tarea, no les leo el siguiente capítulo, en fin, lo que hace todo papá desesperado por un par de hijos normalmente traviesos–. A la mañana siguiente, continuaban entusiasmados. Perseo saltó del libro al juego infantil. Maximus Gladiator, uno de los personajes, fue personificado por mi hijo en múltiples batallas imaginarias por toda la casa y Palas Atenea, la infalible diosa, lazó rayos desde la mano de mi hija que luchaba contra su molestoso hermano. Cuando finalizamos la novela me preguntaron en coro: “¿Cuándo va a salir la segunda temporada?”
	Durante la preparación de este ensayo, recordé una definición que hizo Stephen King (en Mientras Escribo, Plaza y Janes) sobre la literatura: Dice que escribir es un ejercicio de telepatía. Cuando se hace bien, hay una comunicación virtual entre los lectores y el autor sin que tenga que mediar más medio que la imaginación. Hay puntos en el que las mentes se comunican con nitidez. Esta novela es de esas, de las buenas y de las que generan puntos “telepáticos”. 
	Harold Bloom, un importante crítico, dice que leer sirve para fortalecer nuestra personalidad y averiguar cuáles son nuestros intereses más auténticos. Este autor coincide con la opinión de Augusto Monterroso sobre que el acto de leer es un asunto personal y no social. Este último opina que escribir es “una chifladura que habría que disfrutar como tal para que los demás puedan recibir parte de ese goce” (en Viaje al centro de la fábula, 1989). Leer literatura es y debe ser: gozo. 
	Menciono esto porque Luis Rincón es un autor que ha evolucionado dentro de la literatura infantil y juvenil. Se ha alejado de los clichés y formalismos que habían aquejado a los textos dirigidos a niños y logró posicionar su literatura de tal manera que la enfocó a los verdaderos niños. A lectores inteligentes que exigen historias con peso, sustanciosas y complejas.      

También recordé mis años como estudiante de nivel superior. En especial una materia en la que me enseñaban álgebra booleana y su aplicación a la tecnología. Resulta que realizamos en papel, usando estas matemáticas y lo que se llamaba “compuertas” (and, or, nor, nand, xor, xnan) (¿hay algún ingeniero en electrónica entre el público?)… En fin, que una de las tareas fue hacer un organismo que no pudiera realizarse más que con álgebra. Podíamos crear lo que fuera, incluso un dispositivo para comunicación telepática. La limitante (que era lo que quería demostrar el profesor) era la tecnología del momento. Es decir, se nos pudo haber ocurrido crear una máquina de realidad virtual pero en papel (hablo de hace apenas 20 años). Resulta que Luis creó, sin álgebra booleana ni tecnología de punta una “tableta” de realidad virtual que, además, si se lee en conjunto puede llevar a una comunicación telepática. Por si fuera poco, metió dentro de ella a los dioses y mitos griegos; creando, además, un espacio transdimensional.  La literatura se acerca al futuro y crea futuro. La imaginación llega a la realidad mucho antes que la realidad misma. En algunos años tendremos dispositivos que generen espacios transdimensionales, así como llegamos a tener los submarinos de Verne o los helicópteros de Da Vinci. La literatura no tiene límites y por eso se anticipa al futuro. Las mentes infantiles no tienen límite y por eso no se les puede limitar la literatura que se dirige a ellos. Vean (mostrar el libro y hojearlo), es un libro con muchas letras, con pocos dibujitos. Léanlo y verán que dentro han una tableta llamada Perseo TS que crea realidades virtuales y que permite a padres e hijos comunicarse telepáticamente.
	Aunque la historia que nos presenta Luis tiene como base el precioso mito griego de Perseo y Medusa, coloca a un héroe que el lector puede palpar: a él mismo. Uno puede identificarse con el protagonista y, realmente, entrar en un mundo virtual para luchar contra criaturas terribles en un espacio que Luis define como “transdimensional”. Los trajes de los personajes, por otro lado, muestran la personalidad de cada uno de los personajes y, también, desnuda la personalidad de los lectores. Son avatares que se parecen mucho al avatar hindú: la encarnación de una deidad. Somos Perseo, la Gorgona, las Grayas, los héroes y los monstruos, y lo seguimos siendo cuando cerramos el libro. 
	La novela Perseo TS ostenta el "Premio Internacional Invenciones de Narrativa Infantil y Juvenil". En el título tan largo de tal galardón, me gustaría llamar la atención que se trata de una distinción sobre narrativa y centrar en que esta es un género literario. Sin pretender entrar en controversia con tantas definiciones existentes, la literatura se refiere a una expresión artística y está destinada a causar un placer estético. No es un libro de texto ni tiene la finalidad de aleccionar a jóvenes y niños, tampoco es un libro ingenuo; toca sentimientos, miedos, valor, expresión humana que trasciende. Esta novela, como ya se ha dicho y como su título indica, rescata los mitos griegos; pero hace algo más: los pone a nuestro alcance y nos da la oportunidad de entrar en un espacio donde podemos ser los héroes y tener la oportunidad de luchar en situaciones que superan nuestro poder físico, pero estaremos vestidos con trajes especiales que no ayudarán a vencer lo que se nos ponga enfrente, incluso a nosotros mismos. 

A los que son padres de familia o que convivan con pequeños genios, les recomiendo hacer la lectura en voz alta, de tal manera que puedan hacer más fuerte el ejercicio telepático que significa leer literatura. Tengan en cuenta que este no es un libro para dormir niños; es, como toda literatura infantil debe ser: para despertarlos. Léanlo con cuidado, porque puede despertar también al niño que vive en cada uno de nosotros.

[El presente texto fue leído durante una presentación de la novela Perseo TS, de Luis Antonio Rincón García en 2016 en la librería del FCE José Emilio Pacheco de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México]
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Trabajo en alturas. 22. Golondrinas en los caparazones de las tortugas. Roger Octavio Gómez

Golondrinas en los caparazones de las tortugas
Por Roger Octavio Gómez Espinosa

No sé cuándo concibió Cortázar el universo de los "Cronopios", "Famas" y "Esperanzas". Sé que en 1962 fue publicado Historias de cronopios y famas. Gracias a la publicación póstuma de Papeles Inesperados, puedo saber también que el propio Cortázar se asumió o intentó asumirse como Cronopio. En la introducción a Rayuela de mi libro editado por Cátedra mencionan Historia de cronopios... como divertidas (2018: 18) y en la introducción a Cuentos completos/1, Mario Vargas Llosa las menciona como “el más travieso de sus libros” (Cortázar: 2009: 16), además de asegurar que para Julio Cortázar escribir era El Juego.  
          En Bob Dylan el mundo también es un juego para los maestros de la guerra: Masters of war/ Build to destroy/ you play with my word/ like it`s your litle toy...  El juego y la travesura, aunque suelen ser divertidos, no son algo inocente o inofensivo. Grandes fuerzas se mueven y nuevos universos nacen para irremediablemente tocar el nuestro. Estoy de acuerdo, Cortázar juega con las palabras; se divierte, quizá; mas no considero que escriba con inocencia ni sólo para divertir.

1962 fue el año de la “crisis de los misiles” posicionados en Cuba, el año del encarcelamiento de Mandela y la muerte de Marilyn Monroe. Un año antes, 1961 prometía cambios de rumbo: Kennedy había asumido la presidencia de Estados Unidos y muerto Leónidas Trujillo en República Dominicana, Yuri Gagarin se inmortalizaba con el primer vuelo espacial, en Alemania se levantaba el muro de Berlín y en América fallaba la invasión estadounidense de Bahía de Cochinos. Los años 60 fueron la década en la que la música popular “pasó de estar sometida al férreo control de la industria a convertirse en vehículo para la total libertad de expresión” (Paytress, 2016: 43) Los hijos de los baby boomers buscaban el timón. La década de Rayuela, donde la música era jazz evocando libertad, o el ansia de esta.
           Los estudiantes de Francia en el 68 hacen una revuelta que tiene eco en varias partes del mundo, los de México, en Tlatelolco, son corderos enmudecidos por una matanza. Varias paredes tenían grafitis con la imagen del Che Guevara, muerto en 1967 en Bolivia. Los 60 parecen una época en la que “mano dura” se blande con orgullo, los capitanes no sueltan el timón a la juventud “desenfrenada” que sube la voz y busca medios para expresarla. Esperanzas contra Cronopios, quizá, o contra Famas.  
            En 1971 Pablo Neruda recibe el premio Nobel y como nos refiere el propio Cortázar en Papeles inesperados, el Club de Estocolmo le regaló un Cronopio de Felpa que Neruda festejó con un mensaje: “¡Cronopios de todos los países, uníos! Contra los tontos, los dogmáticos, los siniestros, los amarillos, los acurrucados, los implacables, los microbios. ¡Cronopios! ¡De frente, marchen!” (2009), era 1971, México reprimía de nuevo con violencia a sus estudiantes y 2 años después el golpe militar de Chile le hizo recordar a Julio aquella frase y Neruda moría en un hospital que dictaminarían como muerte por cáncer de próstata. En 1972, febrero, sucedía la masacre del Domingo Sangriento en Irlanda del Norte. La mano dura se prolongaba. Septiembre negro en las Olimpiadas de Múnich. 
            La frase-reacción de Neruda quizá pueda darnos una pista de cómo fue la recepción del libro de Cortázar en ciertos círculos. El año de su publicación, la época, arroja pistas del contexto en que salió a la luz y la posible lectura que tuvo, además de la de los lectores que sólo vieron en ella textos divertidos. 

¿Por qué Historias de cronopios y famas me lleva a buscar en los hechos periodísticos y populares para clasificarlos como si el mundo cambiara cada 10 años? Baby boomers, X generations, zombies y demás. 70`s, 80`s, 90`s, actualidad. Quizá porque somos clasistas y clasificacioncitas para explicarnos el mundo. Necesitamos crear testigos, reaprender y registrar las cosas nimias, las que nos parecen grandes y no lo son, las que nos parecen pequeñas y tampoco lo son: cómo se suben las escaleras, lo que un reloj significa, cómo hay qué comportarse en un velorio, cómo llorar, cómo tener miedo. 
              En mi primera juventud me tocó vivir una época donde la guerra que más llamó la atención fue la de la Coca Cola Company versus PepsiCo, donde la televisión era el instrumento para dirigir a la opinión pública, en un país donde se dictaba la vida pública e intelectual bajo el control de un partido político hegemónico. El mundo que aparecía ante mis ojos era una enorme cortina de humo que alternaba con electrones que se ordenaban en un cinescopio. La comunidad intelectual, como en el pasado porfiriano de México, se plegaba al hombre en el poder y lo aplaudía. Cronopios, Famas y Esperanzas eran anécdotas que pocos alcanzaron a comprender y que, sin embargo, partiendo de la aparente inocencia y basados en lo divertidos que parecían, estos relatos dejaron semillas que germinarían en la maduración de lectores posteriores. 

Historias de cronopios y famas es un libro de relatos que está dividido en cuatro partes: "Manual de instrucciones", "Ocupaciones raras", "Material plástico" e "Historias de cronopios y famas".
	La cuarta parte a su vez está dividida en dos secciones: I. Primera y aún incierta aparición de los cronopios, famas y esperanzas. Fase mitológica; II. Historias de cronopios y famas.
          En el cuento con que abre la “Fase mitológica”, "Costumbres de los famas", un Fama que baila Catala y Tregua frente a un almacén es agredido por Esperanzas. —Permítame iniciar con mayúsculas en los personajes de este universo cortazariano—. Cortázar nos narra en tercera persona la suerte de un Fama agredido por unos Esperanzas y quien termina, de alguna manera, confortado por unos Cronopios. El narrador nos explica que el Fama había sido lastimado por los Esperanzas ya que los provocó bailando tregua y catala, que en este universo es considerado irritante tanto por Cronopios como por Esperanzas. Un Esperanza pide al Fama que no baile tregua y catala, que en vez de eso baile algo llamado espera. El Fama no hace caso y sigue, provocador, con su danza. Una pandilla de Esperanzas reduce a golpes al Fama. Al parecer los Cronopios, aunque se han molestado también con la impertinencia del Fama, son más tolerantes y se compadecen del Fama herido. La manera de confortarlo es rodeándolo y diciéndole: “Cronopio cronopio cronopio”. Los Esperanzas, que además usan como asistentes unos peces de flauta, “como el Rey del mar” aclara el narrador, lo han dejado ahí, en una soledad pesada que se aligera con las palabras reconfortantes de los Cronopios.
           Bajo la borrosa lupa de una primera lectura el cuento tiene la apariencia sencilla, juguetona y traviesa que otros lectores han visto, en apenas 23 líneas se asoma en el mar de la literatura lo que parece ser un minúsculo témpano que boga con impulso propio. Un tempanito “inocente” y casual. Los marineros avezados deben reconocer que es peligroso minimizar los icebergs por pequeños que parezcan, pero suelen olvidar comentarlo a sus vigías. 
	"Costumbres de los famas" parece un cuento absurdo y, sin embargo, abre el portal de un universo paralelo, nuevo en cada lectura, donde los organismos se agrupan en clases cuyos comportamientos están definidos por sus prototipos. 
            Recordemos que para Julio Cortázar el cuento equivale a una fotografía que recorta un fragmento de la realidad, pero “de tal manera que ese recorte actúe como una explosión que abre de par en par una realidad más amplia, como una visión dinámica que trasciende espiritualmente el campo abarcado por la cámara.” (Aspectos del Cuento, Julio Cortázar, cit. en Nguyen Baraldi 2020). Si vemos este cuento como una fotografía quizá podríamos describirla como sigo:
           Un Fama yace ensangrentado, rodeado por Cronopios, “esos objetos verdes y húmedos”; al fondo, los agresores se retiran impunes. No es una imagen divertida, aunque esté protagonizada por seres de apariencia ingenua que se desplazan por un mundo duro, frio, intolerante. Es casi la fotografía que vi en las noticias matutinas y que me llegó de un usuario de redes sociales: un hombre sangriento rodeado por otros seres que con sus celulares le tomaban fotografías y videos que pronto subirían también a las redes sociales para denunciar la impunidad con que el crimen organizado ha actuado. Con la diferencia que nadie dice: "Cronopio cronopio cronopio".
           No es que Cortázar nos advirtiera futuros ni que percibiera que sus textos seguirían vigentes, él sólo fotografiaba una impresión de su momento y la revelaba, pero la visión espiritual de la imagen trascendía el foco de lo que el escritor era testigo. De esta manera el texto (si es bueno) sobrepasa la época y el momento, porque nos deja apuntes de una realidad que puede acoplarse a otras realidades, y épocas. Somos nuevos lectores los que hoy hacemos recepción de estos cuentos, en épocas nuevas, circunstancias distintas y, sin embargo, descubrimos que somos tan Cronopios, tan Famas, tan Esperanzas. Cortázar sólo había oprimido un obturador para congelar una imagen en la que cambiaban los paisajes, más no los protagonistas. 
            El lenguaje es sencillo y claro, lo cual, si se considera que existe una receta en la que para escribir historias complicadas hay que optar por la redacción sencilla, pensaríamos que optó por esta, pero siguiendo a Hemingway, los vigías nos deberían advertir que estamos ante un iceberg descomunal, mas como dije antes: nunca lo hacen y nuestras naves soberbias se hunden, pesadas y torpes, cada que releemos textos como Historias de cronopios y famas y no encontramos explicaciones hasta que el mar helado de nuestra realidad nos toca. 
Es la segunda década del siglo XXI y aún no sabemos bailar tregua, catala, espera, envejeceremos recordando la época en que ansiábamos cantar con libertad y repetiremos el mismo error de nuestros padres: someter con violencia a nuestros jóvenes o a los que piensan diferente, votaremos por los señores de la guerra y dejaremos en manos de los que vienen la tarea de remendar nuestros destrozos. 
            En pleno siglo XXI en México en un lugar llamado Ayotzinapa desaparecieron 40 estudiantes que organizaron una manifestación, sin que a la fecha aparezcan sus restos. Nos sentimos orgullosos de haber presenciado la caída del muro aquel que estaba en Berlín, mas indirectamente apoyamos nuevos muros, como el del Brexit, el de Trump, el de Centroamérica, de mares negros y mediterráneos, el renacer de los neo-ismos. Aún las mujeres buscan un trato igualitario y los niños un mundo seguro donde no los roben o sean presas de las más terribles monstruosidades. 
              Si tan sólo fuéramos capaces de pintar golondrinas en los caparazones de las tortugas, admiradoras de la velocidad, en vez de ignorarlas o burlarnos de ellas, entenderíamos el ritmo de "catala, tregua y espera", al escribir “Cronopio cronopio cronopio” en cada texto seríamos entendidos, saludaríamos con un sincero buenas salenas lector lector y congelaríamos imágenes que trascenderían el foco de nuestras miradas.

Bibliografía:


Beristaín, Helena. (2006). Diccionario de retórica y poética. México: Editorial Porrua, SA de CV.

Cortázar, Julio (2002). Cuentos completos/1. España: Alfaguara.

Cortázar, Julio (2009). Papeles inesperados. España: Alfaguara.

Cortázar, Julio (2018). Rayuela. España: Cátedra Andrés Amorós, ed. 

Cortés Mandujano, Héctor. (2009). Apuntes genéricos sobre cuento. México: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas.

Lynskey, Dorian (). 33 revoluciones por minuto. Historia de la canción de protesta. Miguel Izquierdo, trad. España/México/Argentina: Malpaso. 

Nguyen Baraldi, Kim, Calle del Orco. Blog de literatura. Disponible en:
 http://calledelorco.com consultado el 1 de abril de 2020.

Paytress, Mark (2016). La historia del rock. La historia definitiva del rock, el punk, el metal y otros estilos. E.U.A.: Parragon

Prado, Gloria. (1992). Creación, recepción y efecto. México: Diana. pp. 7-27.



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Trabajo en alturas. 21. La flama y la cicuta V. Roger Octavio Gómez

La flama y la cicuta V

Por Roger Octavio Gómez Espinosa

[La flama y la cicuta fue leído por el autor como una comunicación preparada para el “IV Congreso Internacional Autores en busca de Autor”, organizado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y el Proyecto Dios en la Literatura Contemporánea (PDLC), 2020.  En esta serie de entregas se presentó el texto completo.]

La flama y la cicuta V

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La finalidad del arte, dice Andrei Tarkovski, “consiste más bien en preparar al hombre para la muerte...” (66), es en vida cuando le buscamos sentido. Cuando acudimos a ella, a la obra de arte, en busca de que nos revele algún misterio o nos conmueva, nos lo revela y nos conmueve, no llegamos a comprenderlos en su totalidad y no siempre nos conmueve en magnitudes similares, incluso a veces ni siquiera percibimos la revelación. Cuando tenemos la suerte de percibir algo, pareciera que hay un mensaje que en cada acercamiento nuevo cambia: ¿Será que nosotros somos los que llegamos con diferentes sentidos, modificados, renovados en cada acercamiento a la obra de arte? Eso me sucede cada que me aproximo a Efraín Bartolomé, poeta chiapaneco nacido en Ocosingo, Chiapas, un pueblo fundado en una de las entradas a la Selva Lacandona. En su poema “Casa de los monos”, perteneciente al volumen Ojo de Jaguar, el poeta cierra con un fragmento que evoca lo que, a mí, en mi último acercamiento, me parece la métrica de la vida de un hombre: el instante.

           ...Que se caiga este amor de la ceiba más alta
           Que vuele y llore y se arrepienta
           Que se ahogue este asombro hasta volverse tierra
           Aroma de los jobos
           Perro de agua
           Hojarasca

Cual si fuera una hoja que se desprende, boga el conjuro del poeta hasta el suelo lleno de vida, de aromas y sonidos. Como si la caída midiera el transcurso de la existencia terrenal de un hombre. Cuántas veces se desprende un hombre del árbol para vivir ese viaje hacia el suelo que es nutriente de las hojas que están por nacer o por caer. En el conjunto de poemas que conforman el libro Ojo de jaguar la voz del poeta nos posiciona en la exuberancia de una naturaleza que simplemente existe. No hay menciones directas a lo divino o a deidad alguna, sino que es la voz que se nos presenta como una revelación mística. Presenciamos a la poesía como un vehículo que nos hace percibir la materialización del misterio que invoca.
          ¿La divinidad en lo terrenal? ¿Dios habitando la naturaleza? Quizá es sólo una propuesta de nuevos templos, diferentes a los arquitectónicos, a los de piedra, metal, lógica, dinero y academia que amenazan con dejar sin hogar a esta divinidad que es también Diosa, luz de luna, inspiradora de coyotes, conejos, elegidos y de la gente sencilla que ve la redención a diario en el brote de una semilla o en una hoja que se desprende.

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En una misma región geográfica, Chiapas, encontramos pues que la deidad es muy terrenal en los mitos orales, que estos alimentan a una literatura que la posiciona en su realidad y que, sin embargo, tales manifestaciones generan una concepción diferente de la divinidad eurocentrista y, antes bien, las visiones introducidas de occidentes son redefinidas para generar una cosmovisión enriquecida. Tal mitología oral puede ser recopilada y generar otras formas de expresión que pueden ser luego interpretadas o perderse en la vorágine del olvido. La actitud de los viajeros Domingo de la Torre y Anselmo Pérez (en Los viajeros al otro mundo, ver la entrega I de esta serie) me parece que es muy adecuada para explorar los mundos, con una mirada de extrañeza, desde afuera, incluso de este lado de nuestras fronteras culturales, como dice Tarkoksky que se sitúa Da Vinci en sus cuadros: “...desde afuera, desde una esquina, con una mirada absolutamente tranquila, esa mirada que también caracteriza a Johann Sebastian Bach y León Tolstoi.” (131)
          Ítalo Calvino (2020), en su ensayo Por qué leer a los clásicos cierra citando a Cioran con un pasaje sobre Sócrates aprendiendo un aria para flauta justo antes de beber la cicuta: ¿para qué aprender a tocar un aria para flauta si pronto se cumpliría su condena de muerte? “Para saberla antes de morir” (20), responde el filósofo. 
          Pero, a propósito de Calvino, ¿quiénes son los clásicos?, ¿hay un sólo canon a leer?, ¿una sola fuente a consultar? Sí, una sola fuente: la flama de las manifestaciones humanas.
         La literatura es una luz, parte de la flama que emana de nuestra civilización, pero nuestra civilización no es sólo occidental, es terrestre. El universo es nuestra cicuta, sus leyes tienen ya sobre nosotros un destino escrito, una pena que se cumplirá cuando tenga que cumplirse, como aquella hoja que se separó del árbol, o el Ello que vive en un Él total y que vaciará de vida un cuerpo que luego retornará o que se alejará como el Santiago tseltal que se fue en una nube y dejó vacío el caparazón que lo representaba. Mas hay que intentar aprender a tocar «el aria para flauta» que está ahí sólo para saberla, leer también esas pequeñas notas que suenan y se conciben porque quizá esas pequeñas manifestaciones contengan realmente lo divino, Dios en la literatura contemporánea –que es contemporánea también en las antípodas–, nuestra divinidad.

 
Lista de obras citadas:

Bartolomé, Efraín. Ojo de jaguar. Audiolibro en la voz del autor. México: SChRTyC, 2012.

Calasso, Roberto. Las bodas de Cadmo y Harmonía. Barcelona: Anagrama, 1990.

Calvino, Ítalo. Por qué leer los clásicos. Editorial Ciruela. Consultado el 5 de febrero de 2020 en: https://usal.uvirtual.org/campus/mod/resource/view.php?id=44973

Cortés Mandujano, Héctor. Casa de citas. Volumen I. México: Editorial Tifón, 2018.

Cortés Mandujano, Héctor. La divinidad del monstruo. México: Editorial Tifón, 2020.

De La Torre, Domingo, Anselmo Pérez y Robert M. Laughlin. Jxanviletik ta namal balamil. Los viajeros al otro mundo. México: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, Biblioteca popular de Chiapas, 2006.

Gómez Espinosa, Roger Octavio. La lluvia en las hojas del platanar. España: Kolaval, 2020.

Graves, Robert. La Diosa Blanca, 1. Trad. Luis Echávarri. Editor digital Rusli/ ePub r1.0, 1948

INEGI. México: Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática, consultado el 10 de agosto de 2020, disponible en: 
https://www.inegi.org.mx/inegi/quienes_somos.html

Méndez, Marceal. Slajibal ajawetik. Los últimos dioses. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2010. 
	
Pozas, Ricardo. Juan Pérez Jolote. México: FCE Colección Popular, 1952.

Rubial García, Antonio. Conferencia “Los mitos de la conquista”. México: CEHM Fundación Carlos Slim, 2019. Consultada el 10 de agosto de 2020. Disponible en:
Salgado, Dante. Efraín Bartolomé: invocación del Misterio. México: Editorial Praxi / UABCS, 2016. Tarkovski, Andrei. Esculpir el tiempo. Reflexiones sobre el arte, la estética y la poética del cine. Madrid: Ediciones RIALP, S.A., 1991 Viqueira, Juan Pedro. Encrucijadas chiapanecas. Economía, religión e identidades. México: El Colegio de México, 2002.
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