Revista

Polvo del camino. 20. La empatía de los heterosexuales. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 20

La empatía de los heterosexuales

Héctor Cortés Mandujano

 
Lo más común es oír a los miembros de la comunidad LGBTTTIQ (lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transgéneros, transexuales, intersexuales, queers) quejarse de que, casi exclusivamente, los heterosexuales los discriminan, los insultan, les hacen bulling…
            El documental Circus of Books (2020), en Netflix, sobre la apertura y cierre de una tienda porno gay en Los Ángeles, dirigido por Rachel Mason, muestra la otra cara.
            Barry y Karen Mason, padres de la directora, fundaron en los ochenta, cuando eran recién casados, y porque no hallaban en el campo laboral nada que les redituara lo suficiente para vivir dignamente, la tienda de libros, películas, discos y juguetes sexuales, Circus of Books, especializada en el mundo gay. 
            Lo curioso es que ambos eran, son heterosexuales.
            Les nacieron tres hijos, y ante ellos, los familiares y los amigos, ocultaron sus actividades comerciales que, además, se diversificaron cuando comenzaron a producir cintas pornográficas, homoeróticas. Eran adorados por la comunidad y enfrentaron amenazas de cierre y cárcel, sin cejar en su empeño de tener disponible para los gays lo mejor y más diverso en materia de productos sexuales.
            Pero llegó el internet y el negocio comenzó a dejar de serlo; también los hijos crecieron y uno de ellos les confesó que era homosexual. Sisma familiar. El padre lo tomó muy bien, pero para la madre fue una tragedia. Era un contrasentido que ella, tan amiga de tantos con esa opción sexual no pudiera serlo de su hijo.
           Pero fueron a charlas, conversaron, aprendieron y se volvieron, desde hace tiempo, y hasta hoy que son dos ancianos (él muy sonriente, ella muy adusta), parte del conglomerado humano que, sin ser gays, defiende las causas de la comunidad LGBTTTIQ.
           Hubo que cerrar la tienda.
           Pero el ejemplo ahí está: los seres humanos somos lo mismo –tan iguales, tan hermanos–, aunque tengamos distintos modos de ejercicio sexual.
 
***      
 
[Antonio Vázquez García fue, entre otras cosas, el hermano de mi mujer, mi cuñado. Durante casi cuarenta años tuve con él una amistad sin fisuras, y fui testigo de su bonhomía; su buen humor sin pausas; su sencillez, su humildad y su facilidad para hacerse amigo de cualquiera, de todos.
            Fue secuestrado y muerto, injustamente. No se le tuvo la piedad que merecen las buenas personas.
            Bendigo su vida, su recuerdo, su espíritu, y abrazo con estas líneas a mis amadas sobrinas Dayi y Lupita, y a mi adorable comadre Lety, su viuda.
            Con toda seguridad, mi compadre, tan noble y bueno que era, habrá perdonado a sus victimarios que sólo tienen como santo y seña la espiral oscura de la violencia para conseguir dinero manchado de sangre. Con seguridad descansa en paz, mi querido compadre Tono.]
Ilustración: Nadia Carolina Cortés Vázquez.

Universo breve. 15. Los tiempos de mamá. Damaris Disner

Los tiempos de mamá

Por Damaris Disner

—¿Y hasta cuándo, mamá, podré salir al parque? 

— Cuenta con tus deditos diez.

— Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve… uno, dos…

— Después del nueve, ¿qué sigue?

— Salir de aquí, mamá. Eso sigue.

— Tina, aún no. Contarás hasta diez, después lo vas a multiplicar por cuatro.

— ¿Diez por cuatro, mamá?

— Sí.

— No me gustan las matemáticas, yo solo quiero salir de casa.

— Serán sólo unos días, luego podrás ir al parque.

— ¿Y con quién?

— Pues conmigo, Tina.

— Mamá, pero ya para qué, cuando te lo pedía nunca tenías tiempo.

— Ahora sí tengo.

— De qué sirve tener a mamá todo el día sino puede llevarme al parque. Ay, mamá, porque no eres como Cleo que deja a sus hijos jugar en los tejados. No le pone hora ni condiciones.

— Cleo es una gata, Tina. Los gatos pueden andar en los tejados.

— Yo soy una niña y puedo andar en los parques.

— Tina, vete a dormir.

— ¿Vendrás conmigo?

— Sabes que no puedo, tu tía se asustaría al verme. Aún no deja de llorar mi muerte.

.

Fotografía:  Rafael Guajardo.

Parábolas del uroboro. 13. Verdad oculta en la ironía. Ilse Ibarra Baumann

Por Ilse Ibarra Baumann

El zorro en el espejo

Al analizar el sentido irónico se determina su carácter de ser. Equiparar a la ironía con otros objetos es fijarla a la fama que se ha hecho a lo largo de su historia. Este disimulo manipulado por el hombre, que a la vez es lineal-perfecto y secreto-imperfecto ha sido relacionado con el zorro. 

es la tradición popular la que atribuye a este animal las mismas cualidades y defectos del irónico: los dos son inteligentes y hábiles, pero al tiempo simuladores y peligrosos. La ironía es astucia y toda la ambigüedad de esta palabra, sus connotaciones positivas y negativas se encuentran encarnadas perfectamente en la figura del zorro. (Schoentjes, 2003, p. 169)

La astucia del zorro lleva a la desconfianza. En el momento en que se emplea a este animal como objeto de artimaña para sus propios fines, se puntualiza en que el ejecutor de la fábula parte de unos conocimientos verdaderos incapaces de generar consideración. 

A lo largo de la literatura se encuentra este tipo de comparación dando una doble vía al significado ya que encajonar a la ironía en una sólo idea resulta insuficiente. Tomar al zorro como ícono de artimaña ha sido usado por muchos escritores, entre ellos está Shakespeare: “Falso de corazón, ligero de oído (…) en astucia, un zorro” (Shakespeare, 1982, p. 43). 

El creador de los dobles sentidos siente la obligación de enseñanza a su adversario, lo hará ver sus errores partiendo de un hecho real. Familiarizado con los yerros que lo han vuelto más consciente de su realidad, hará que los malos momentos aparezcan en boca de otros o en situaciones de otros. 

La espada, con su doble filo, actúa también como un emblema más de la ironía. La lengua también se considera una espada de doble filo. Por un lado hiere y por el otro se protege ¿se miente o se dice enserio? ¿Cómo se puede conocer el bien sin haber probado el mal? 

Lo irónico se encuentra cuando se exhibe el bien y trata de alcanzar la maldad. Sin embargo, si se expusiera el mal (que llama más la atención) se caería a la impotencia de la realidad. En la vil flaqueza humana cargada de errores, el necio rumbo del hombre. Pierre Schoentjes dice: 

Mientras que la imagen del arma acentúa la agresión en la ironía, la de la máscara recuerda el disimulo que le es propio. Este cambio de acento no significa que haya desaparecido toda idea de violencia: la caperuza del verdugo es una máscara e, incluso fuera del contexto del castigo, se reconoce la superioridad del enmascarado sobre el que va a cara descubierta. (Schoentjes, 2003, p. 172)  

La máscara actúa como un instrumento que se coloca antes de, muchas veces se adapta tanto que su fingimiento se vuelve casi real, digamos que dentro existe una doble influencia: positiva y negativa o real y ficticia. 

Como dice Octavio Paz en Máscaras mexicanas “En suma, entre la realidad y su persona establece una muralla” (Paz, 1972, p. 26) pero es una muralla de desdicha, porque se ha optado por no respetar la condición humana y trata de figurarla. “¿hasta qué punto el mentiroso de veras miente, de veras se propone engañar?; ¿no es él la primera víctima de sus engaños y no es así mismo a quien se engaña? El mentiroso se miente a sí mismo: tiene miedo de sí.” (Paz, 1972, p. 30) 

Pero la máscara no puede ser perene, una y otra vez se superpone y poco a poco va revelando esa realidad oculta que trata de confundir.

            Otra de las representaciones de la ironía es el espejo que desarrolla una o más imágenes a la ya existente. Para Schoentjes a diferencia de la máscara que cubre la cara, el espejo pone una misma cara que es un doble. Lewis Carroll en Al otro lado del espejo cita la palabra clave con la que Alicia dice la mitad de sus cosas que es “Finjamos…” por lo tanto va a fingir que la imagen que aparece en el espejo recobra una vida distinta a la que es, sin embargo le dice a Kitty: “los libros son más o menos iguales a los nuestros, sólo que las palabras corren a la inversa. Lo sé, porque he acercado uno de nuestros libros al espejo, y luego sostienen otro en la otra habitación.” (Carroll, 1972, p. 121) 

            Aquí existe un juego de analogía, que si bien es lo mismo, su posición es relativa. “La inversión irónica que realiza el espejo no abarca sólo el yo, sino también el mundo. Por eso trastorna la jerarquía entre el arte y la naturaleza, entre la representación y la realidad” (Schoentjes, 2003, p. 176) 

El espejo actúa como un medio virtual para mirar la representación mejor de un objeto, nos lo duplica. Se sabe que no son dos, sino que la superficie plana ha robado la imagen para generar nuevos estímulos.   

            El zorro, la espada, la máscara y el espejo son parte de los artificios con los que cuenta el irónico en su turbación al haber enfrentado este mundo real, le permite distanciar lo que es de lo que desea. Muchas veces es preferible abdicar detrás de, que enfrentar. Se ha engañado él mismo y será mejor aparentar modestia que vanagloriarse. Por eso, cuando Pierre Schoentjes menciona la cita del Diario de Jules Renard: “La ironía es el pudor de la humanidad” (Schoentjes, 2003: 172) no se sabe si es preferible conmoverse del irónico que condenar sus burlas. Entre su ser y su parecer ha puesto un muro; al fallarse internamente trata de redimir su culpa insertando a la vida el sueño ideal o mofándose de él. Faltándole al respeto lo ve de cerca en la informalidad.

(Continúa en la siguiente entrega…)

Fotografía: cottonbro

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas. Actualmente cursa el Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Sobre el artículo:

Los textos de las serie corresponden al volumen <<La ironía, esencia de Juan José Arreola, con énfasis en La parábola del trueque>>.

Paso de fuego. Caleidoscopio. David Andrade

Por David Andrade*

Caleidoscopio

                                       
I
Caen demonios incendiando un reloj
ahí mueren escribiendo sonetos relativos al borde del           
                                            [universo
 
II
Un espejo se ahoga en el rostro del Hombre
y escribe su historia en el séptimo piso de una fuga de Bach

III
En un hotel de paso la dialéctica inventa nuevas caricias
y pierde su memoria histórica en una partida de póquer
 
                              (Del caos a la palabra, 2001).      
Fotografía: Shitterphoto.

*Sobre el autor:

David Andrade. Yajalón, Chiapas. Estudió en el VII Diplomado en Creación Literaria en la Escuela de Escritores (SOGEM) en San Cristóbal de Las Casas en el 1999. Es coautor de libro Del Caos a la Palabra en 2001. Dirigió la revista Espejo Humeante. Autor del libro Encadenados al Fuego en 2019. Es miembro de los colectivos literarios Los Amorosos del Espacio y Abriendo Caminos José Antonio Reyes Matamoros.

**Sobre el poema:

«Caleidoscopio», poema de la colección Del caos a la palabra, 2001.

Polvo del camino. 19. La palabra aguda es grave/ 1. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 19

La palabra aguda es grave/ 1
(Caballo+corre=campo)

Héctor Cortés Mandujano

Otra costumbre de la tribu son los poetas. A un hombre se le ocurre

ordenar seis o siete palabras, por lo general enigmáticas

Jorge Luis Borges,en El informe de Brodie

Escribir.
Qué fácil, qué complicado.
Lo hace el analfabeto funcional en un mensaje de su cel, lo hace el poeta que va a ganar el concurso en ciernes. Los dos deciden romper las reglas (el primero porque no las conoce; el otro, en el mejor de los casos, porque es “rebelde”) y escriben “Todoz Vien en Caza”.
 
El caballo corre por el campo, oración simple que guarda el orden convencional y no requiere ningún otro signo auxiliar (acento, punto, coma) para volverse comprensible. 
Pero eso es para redactores y yo soy un creador, dirá el poeta, y no toleraría quedarme en esa condición básica. 
            Julio Verne publicó, en 1873, La vuelta al mundo en 80 días, y Julio Cortázar, jugando, en 1967, subvirtió el orden y publicó La vuelta al día en 80 mundos. Y hubo más de uno que se sorprendió con la descolocación.
            Corre, por el campo, el caballo. Aparece la coma, porque cuando la oración se desordena la coma supone el esclarecimiento, mata la posible anfibología.
            Hay más de diez formas de escribir correctamente esta oración simple.
            Puedo hacer una oración cortazariana: “Por el caballo corre el campo”.
            Puedo hacer (y como ya repetí Puedo hacer, hice una aliteración: soy un generador de tropos) que, en una invención de terror pánico (y presumo mi conocimiento de los griegos), corran los animales, las personas y en el colmo (vengan las admirativas) ¡corre el campo por el caballo!
            Y para ganar un concurso de poesía hago el jueguito de usar lo obvio con apariencia extraordinaria:
            
Corre
            Campo
            Caballo
            Por
            El
            El
 
            Y, si no gano, ironizo con una perífrasis, que viene en el manual básico de los poetas que quieren ser populares: 
            ¡Maldito el que crea que esto NO es un poema!
 
(Ah, Sabines, cuántas barbaridades se cometen en tu nombre.)
Ilustración: Nadia Carolina Cortés Vázquez.

Voces ensortijadas. 19. Aprender a perder para ganar. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 19

Aprender a perder para ganar

María Gabriela López Suárez

El día esperado había llegado, Rebeca estaba ansiosa por saber cómo le había ido con su proyecto de campaña para el cuidado y preservación de las abejas. Esperó después de la comida para ver los resultados. Había trabajado arduamente por tres meses para diseñarlo y participar en la convocatoria emitida por la organización de temas ambientales. Los primeros tres lugares serían premiados, el primero con financiamiento para el  proyecto, el segundo con la contratación de servicios para asesoría por un periodo de seis meses y el tercero con un taller ofertado por la organización.

Prendió la computadora y buscó rápidamente la página, se fue a la pestaña de resultados de convocatorias. Hizo una lectura escaneada, no halló su nombre. Fue con más detenimiento, de uno en uno, sin encontrarse en la lista. Con desánimo realizó una última revisión. No estaba entre las tres finalistas.

Sintió varios nudos en la garganta. Se quedó algunos minutos frente al monitor, intentando hallar en su mente alguna respuesta a sus interrogantes, ¿por qué no había quedado? Su proyecto estaba completo, reunía los requisitos y le habían revisado el documento algunos colegas dándole buen augurio. 

No aguantó y se soltó a llorar de impotencia y tristeza, hasta que sintió que ya no le quedaba una lágrima más. Sintió alivió, como un peso menos de encima. Apagó la computadora. Se recostó sobre su cama, abrazó un cojín y cerró los ojos. No tardó en quedarse dormida.

Despertó al sentir el aire frío que se colaba por la ventana del cuarto, ya comenzaba a caer la tarde. Se levantó, por un instante había olvidado la convocatoria. Se asomó a la ventana, vio el paisaje, empezaban a prenderse una a una las luces de las casas. Como todavía eran pocas se distrajo contándolas, llegó hasta 53, en un instante se prendieron más y más.  Sintió que eran como destellos de luz para fortalecer su ánimo. Revisó su reloj, eran las 7 de la noche.

La realidad estaba ahí nuevamente. Respiró profundo y se le vino a la mente una frase que su tío Rube, le dijo alguna ocasión en su infancia, cuando jugaban a la lotería:

—Rebe, aprende a perder para ganar, solo es un juego, no te enojes.  

Ella solía perder en los juegos de lotería, eso la entristecía mucho. En ese momento no entendió el sentido de la frase, ahora sí. No había quedado entre las finalistas, eso le dolía, entristecía y desanimaba. Sin embargo, había ganado muchas cosas en el tiempo de preparación, que serían útiles para otros proyectos y para su vida personal. 

Alguien tocó a la puerta de su cuarto.

—Rebeee, ¿estás ahí? Hoy es día de tamales y arroz con leche con doña Trini. ¿Vamos?

Era Flor, su hermana mayor. 

—¡Voyyy, dame unos minutos!

Rebeca se puso frente al espejo, limpió su rostro, vio sus ojos un tanto hinchados. Se acomodó el cabello en una coleta, se pintó los labios con su color favorito. Aprender a perder para ganar, musitó. Al tiempo que pensaba, las penas con pan son menos, intentando dibujar una sonrisa.

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Fotografía:  Matheus Bertelli  

Parábolas del uroboro. 12. Verdad oculta en la ironía. Ilse Ibarra Baumann

Por Ilse Ibarra Bauman

Componentes de la ironía

Este juego de conciencia está compuesto por el irónico, la víctima y el observador. En muchas ocasiones la intención del irónico pasa de largo sin hacer mella en el blanco, sin embargo, los demás que están presentes captan el juego de palabras que va de un sentido literal a uno oculto. Uno de los ejemplos que pone Schoentjes:

“… en Madame Bovary cuando Carlos escribe a Rodolfo para hacerle saber que «su mujer está a su disposición». Pretende simplemente anunciarle que está lista para el paseo a caballo, pero la frase se lee como si le diera permiso para seducir a Emma. Carlos hace aquí ironía muy a su pesar; en realidad, él es el blanco de la ironía de Flaubert, que al poner en la pluma de Carlos palabras cuya carga no comprende el personaje, hace ironía a través de él. (Schoentjes, 2003, p. 162-163) 

El lector se ha sentado a la mesa del irónico y constituirá en algunas circunstancias, también, sus propios objetivos. Y de algún modo representará otra posibilidad de aguijonear su mundo imperfecto. 

Entonces el lector que pudo pasar como observador, ha cambiado de sitio como víctima para dar sentido al momento irónico. Sin embargo, como se vio anteriormente, no 

siempre resulta eficaz en el irónico este juego; él está necesitado de que su astucia sea interpretada.

Desde esa duplicidad: víctima-verdugo; uno incluye y el otro accede. La víctima será sometida manteniéndola en un escalón más abajo, dejándole un sitio ignorado donde la razón del irónico lo supere, este deja para él una posición más enaltecida desde donde pueda dominarlo.

Cuando se permite el acceso se abre un canal, no sólo de burla, sino de pertenencia a una comunidad que ha decidido: señalar al chivo expiatorio como si éste requiriera de una llamada de atención. “No es raro que la ironía denuncie los defectos compartidos por las personas que constituyen el grupo, incluso los valores constitutivos. La forma indirecta que adopta la crítica permite de alguna manera la expresión de una verdad que no se podría decir abiertamente” (Schoentjes, 2003, p. 165). 

Al no poder estar abiertamente; al requerir como recurso la aprobación y en suma abrirle camino, es lo que permite su existencia. Cada hombre y/o cada grupo tiene sus aficiones organizadas en una estructura tradicional, es decir, en un orden definido de prioridades. 

Cuando este orden ahoga a un individuo y cae en la cuenta que su mundo perfecto el cual está formado de imperfecciones, trata de tapar con un dedo su desilusión; ataca ya sea de forma consciente o instintiva. 

Es por eso que el irónico vive más consciente y sabe que su mundo está rodeado de imperfecciones. “Desde la doble perspectiva de la posición que ocupa y de la moral, Dios es entonces el irónico supremo: es quien se encuentra por encima de todo y de todos y guía a su antojo los destinos de los hombres.” (Schoentjes, 2003, p. 170)

Adelantarse al significado no literal no supone someterse a la ironía, sino precisamente aceptar las dos posibilidades. Atrincherarse es una forma de mantener un juicio, sólo desde esta posición se puede caer en la cuenta de la duplicidad del juego, por un lado la broma y por otro las limitaciones imperfectas del mundo real del irónico que desde su escondite contribuyen parte del mundo colectivo. “Si la ironía crea o refuerza la cohesión dentro de una comunidad, su funcionamiento estriba en la armonía del grupo y en compartir valores comunes. Cada comunidad posee una forma propia de escuchar o leer que corresponde a la mirada que lanza el mundo” (Schoentjes, 2003, p. 165). 

La interpretación parte de una experiencia de su temporalidad. El yo (como ser) en el ahora. No se puede decir que el ser actual es la realidad, sino ese cúmulo de pasado y de imaginación. Lo que se presenta ante los ojos del hombre, su obra, es lo que equivale a sus fines. 

Se puede decir que su propósito es llevar el acto hacia sus límites, unos límites que van en uniformidad para entender que dentro de esa comunidad, la uniformidad domina. Las expresiones que parten de la vida en común: donde se permanece y se envejece, dan lugar al carácter de ser da cada cual, y esto a la formación de su estilo. 

Constituidos en este mundo que sortea contextos desenvainados con doble filo, lo primero que se debe plantear es la posición desde la cual se genera el hecho irónico. Dejarse llevar por una doble idea es el fin: cuestionarse, fijarse en lo que aún no se ha fijado. 

“La ironía es, en efecto, una forma de agresión: el irónico se burla de su víctima pareciendo que le hace un cumplido (…) El objetivo de la ironía es el de batir al adversario en su propio terreno fingiendo estar de acuerdo con sus premisas, con sus valores, con sus maneras de razonar, para exponer que en el fondo son absurdos.” (Schoentjes, 2003, p. 169) 

Por lo tanto, en el entender de la ironía va algo más allá que está lejos de la forma. No hay un determinado entendimiento normal. Dominar la burla no es algo que se pueda calcular de antemano. Distinguir al sentido figurado de lo que no se aprecia y percatarse de que se ha tomado en serio es permanecer despierto, descartar el significado desperfecto que no embona en el contexto.

Divertirse al observar la ironía puede ser un arma de dos filos, pues se está tan cerca de la batalla que al tomar el arma y hacer uso de ella también se está cerca de asestarse. Cuidado, inquietud, gozo, son algunas impresiones cuando sabemos que la más bonita espanta. Las personas que creen a ciencia ciega asumen como algo definitivo lo que se ha dicho, sin embargo se puede estar soñando cuando se está despierto.

Max Scheler en El saber y la cultura afirma las leyes generales: las leyes de la naturaleza y las morales. El preferir un valor a otro son parte de las transformaciones del hombre. “Las imágenes ligadas a la ironía (…) evocan destrucción; por ello, la ironía no sirve para fundar un sistema, sino para minar sus cimientos”  (Schoentjes, 2003, p. 172) 

La existencia humana está viciada y estos arrebatos son los gritos contaminados de miedo, de sentirse fallados de sí mismos.

(Continúa en la siguiente entrega…)

Fotografía: cottonbro

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas. Actualmente cursa el Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Sobre el artículo:

Los textos de las serie corresponden al volumen <<La ironía, esencia de Juan José Arreola, con énfasis en La parábola del trueque>>.

Paso de fuego. Del amor como maldición del tiempo. Alejandro Aldana Sellschopp

Del amor como maldición del tiempo

Por Alejandro Aldana Sellschopp

para: Luz y Emiliano

   

Tuve la fortuna de editar La lluvia en las hojas del platanar. En el lejano 2007, Héctor Cortés me llamó para contarme de la novela y su autor; pronto tuve el manuscrito, lo leí con calma, sopesando cada línea, marcando el ritmo de su prosa limpia, ubicando personajes y líneas argumentales, inmediatamente supe que estaba frente a un texto interesante; no podía creer que se tratara de una primera novela, la complejidad de la estructura me cautivó una vez que comprendí su detallada construcción. Publicamos el libro y pasé algunos meses regalándolo a amigos, escritores y lectores de toda estirpe. Los años pasaron, vinieron nuevos títulos, otros rostros y estilos literarios, hasta que una mañana Roger me llamó para contarme que se reeditaría su novela y me solicitaba una especie de prólogo o introducción. Volví al libro, nuevamente lo leí con atención, calibrando ritmos y tonos, tramas y subtramas; sin duda el libro merecía la reedición, reafirmé mi idea original, Roger Gómez Espinosa era un escritor talentoso, y me preguntaba, me sigo preguntando, por qué se alejó de la literatura, qué pudo ser tan fuerte para apartarlo del huracán de la creación. ¿Miedo disfrazado de prudencia? ¿Terror oculto en el consabido respeto al silencio? Y me pregunté una y través, me lo pregunto ahora, ¿Cómo te puedes curar del fuego?

            Heráclito Gonzáles nació porque así lo quiso, la voluntad se impuso al destino, la existencia no es más que retornar siempre, parece que nos dice el personaje desde su limbo eterno, el ser gira en torno a un punto concéntrico, se revoluciona en una espiral ascendente, la luz y la oscuridad se confunden en la vertiginosa levedad del tiempo. 

            Heráclito es el hijo de un panteonero, los trabajos de la muerte le son tan cercanos que no la teme, aprende a convivir con ella. Heráclito es un espíritu, un alma que vaga por las veredas de las montañas, es una historia que se cuenta en pueblos olvidados, un eco prolongado y oscuro.

            Roger Octavio Gómez crea un personaje que contiene muchas vidas, una diversidad de significaciones, la transliteratura se desarrolla al resignificar varias tradiciones: la griega, la prehispánica, las leyendas coloniales. El nombre mismo de Heráclito nos recuerda al filosofo presocrático Heráclito de Éfeso, conocido como El oscuro, quien afirmó: “Se unen: completo e incompleto, consonante-disonante, unísono-dísono, y de todos se hace uno, y de uno se hacen todos”, y la vida de Heráclito Gonzáles no es más que la búsqueda de los contrarios, la eliminación de la pluralidad para retornar a lo Uno. 

            En los pueblos infestados de moral cristiana y pequeño-burguesa, Heráclito es la parte negativa, se trata de un hombre pobre, que no tiene ni el consuelo del destino; por el contrario Alejandra es la luz, lo elevado, la sublimación de la existencia, el amor. El binomio dialéctico se establece desde su primer encuentro. 

            Roger Octavio, centra la posición económica y social del desventurado Heráclito, en su calzado; la primera vez que éste va a pedir la mano de Alejandra se presenta con huaraches, la segunda calza huaraches de cuero cocido y la tercera botines de cuero negro, “…hasta parecía un señor.” Lo negativo y lo positivo se buscan eternamente, no pueden ser sino en la unión, es por ello que el eterno retorno se convierte en un elemento de profunda significación. 

            El nombre Heráclito, nos lleva también al héroe griego Heracles, hijo de Zeus, que lo procrea con Alcmena haciéndose pasar por Anfitrión. Hera la mujer del jefe de los dioses, no soporta la infidelidad, una entre mil, de su consorte y trata, por todos los medios, de vengarse en la humanidad del desdichado Heracles, que en la cultura romana paso a llamarse Hércules. 

            Roger Gómez traslada al héroe mitológico al tiempo moderno, lo inserta en una tradición diferente, llena de rezos, velas, santos y supersticiones. Heráclito nos recuerda, al igual que Hércules, que la verdadera hazaña del hombre es superarse a través del trabajo, el esfuerzo personal es tan importante como la protección de los dioses. Es por ello que cuando Heráclito es “tentado” por el ingeniero agrónomo, que le promete ayudarlo a producir la tierra, éste le contesta: “No, señor, a mí me gusta esforzarme, así siento que las tortillas son mías. No me gusta que me regalen nomás por regalar, ni firmar cosas que no sé leer. Dígale al señor Anónimo, dígale que eso dijo Heráclito Gonzáles”, (Gómez Espinosa, 25:2007). 

            Hércules vive en un impasse, goza al mismo tiempo de la naturaleza divina y humana. Heráclito es el ahijado de los dioses, santos que desde lo alto observan su devenir en el mundo. La novela nos presenta un conciliábulo de santos chocarreros y, como los dioses griegos, llenos de todas las pasiones humanas. Estos benefactores guían y protegen a su ahijado, interceden por él, le enseñan el camino de la virtud, hasta que trágicamente lo abandonan. Heráclito queda a merced de su humanidad y se pierde, se ahoga. 

            Hércules representa al héroe que bebe sortear una serie de pruebas, doce trabajos, para liberarse de la nefasta influencia de Hera. Heráclito a su vez se presenta frente al finquero César, para resarcir la deuda de su abuelo, para ello realiza una continuidad de trabajos, para conseguir la ascesis, el mismo Heráclito pide la imposición de pruebas: “Usted dirá. El abuelo ya no puede y yo tengo fuerza para trabajar. Nomás que no me quiero quedar vendido como él. Póngame trabajos fuertes para pagarle pronto”, (Gómez Espinosa, 40:2007). 

            La primera tarea fue tan sencilla que pareció una broma de tan baladí, sin embargo, fue la más comprometedora de todas, ya que en su cumplimiento el muchacho se condenó al amor. Don César lo mandó a comprar azúcar a la tienda del pueblo, ahí conoció a Alejandra y le dijo con la desfachatez de la juventud que se casaría con ella. 

            La relación que se establece hacia la liberación de Heráclito es la siguiente: 

            Pobreza—Trabajos—encuentro con Alejandra—Trabajos—Amor realizado—Muerte—-Divinización.

            Pobreza: Heráclito es un joven que vive paupérrimamente, parece que su sino es vivir y morir pobre; sin embargo, la deuda contraída por su abuelo lo obliga a cambiar su situación, ahora deberá trabajar duro para resarcir la deuda. 

            Trabajos: Las pruebas comienzan con una sencilla tarea: comprar azúcar. Conseguir la dulzura de la vida lo conduce a edulcorar su relación, a transformar su mundo, al conocer a Alejandra. Ahora su situación es otra, buscará merecer a la muchacha, hija de un poderoso finquero. 

            Las pruebas colocan a Heráclito en una franca lucha con elementos mágicos. Naturaleza y magia se combinan. La segunda prueba fue la limpieza de los establos. No es más que la limpieza de los establos de Augías, donde la fuerza de Heráclito se hace patente.  

            La tercera prueba fue dominar a un jabalí, Roger Octavio Gómez Espinosa logra mimetizar dos correlatos: la mitología griega y la leyenda chiapaneca. El texto abandona su cualidad realista, para situarnos en una narración alimentada por el realismo mágico: los animales hablan, los muertos siguen vivos, los santos intervienen en la vida de los hombres. Heráclito coloca un freno en el hocico de la cerda, jabalí, para que no siga dañando las milpas. Estamos frente al mítico Jabalí erimantio y la cerda enfrenada.  

            El cuarto trabajo fue dominar a un puma que había matado al ganado de don César. Sin duda se establece la traslación del momento cuando Hércules mata al León de Nemea. Heráclito mata al león ahorcándolo con sus propias manos, lo cual nos da una idea de la fuerza del personaje. Fuerza física y determinación de carácter se unen en la hibrys de Heráclito.

            El quinto trabajo fue dominar al toro cimarrón, una portentosa bestia que comenzó a hacer estragos en la propiedad del patrón. Heráclito lo enfrentó toreándolo, la fuerza y velocidad del “héroe” logró cansar al animal hasta hacerlo desfallecer. Sin embargo, Heráclito no salió incólume, el toro lo hirió en el estómago. Una vez curado fue a la iglesia para agradecer a los santos por su recuperación, y ahí volvió a encontrarse con Alejandra. El Toro de Creta condujo a nuestro “héroe” a reencontrarse con la persona que se ha convertido en su verdadero destino.  

            El sexto trabajo fue atrapar una recua de yeguas. Se trata de Las Yeguas de Diomedes. Heráclito logra dominar a un tordillo que era el líder de las yeguas, lo domó con muchos esfuerzos, pero finalmente pudo llevar las yeguas a la finca. El caballo aquel se convirtió en su aliado, hasta que tuvo que cambiarlo por una mancuerna de bueyes, para lograr el amor de Alejandra; siempre el amor tras cada una de las pruebas, el amor como salvación y condena. 

            Heráclito cumple con seis de los doce trabajos de Hércules. Vendrán después nuevas pruebas, aquellas que el padre de Alejandra le impondrá como requisito para concederle la mano de su hija. Trabajar el huisachal hasta hacerlo producir. 

            Las pruebas o trabajos representaron para Hércules una forma de liberación, en el caso de Heráclito fueron su perdición, sin que éste se diese cuenta, ya que gracias a su cumplimiento se unió cada vez más a Alejandra, condenándose a la inmortalidad, a regresar eternamente a buscar su amor. 

            Heráclito muere y se diviniza, sin embargo, repetidas veces pide, exige regresar. El eterno retorno se platea como una dicotomía entre la necesidad que se establece en la naturaleza y el libre arbitrio del hombre. Aún cuando la idea del eterno retorno, podemos encontrarla en los griegos, Roger se apoya en las consideraciones de Federico Nietzsche, en el sentido de que volverán a suceder las mismas cosas, en los mismos momentos y en las mismas formas sin intervención externa. Cuando hablamos de intervención externa, nos referimos a la acción de dios; aquí Roger se aparta de Nietzsche, ya que sí existe intervención externa y es la de los santos que permiten el regreso constante. Es curioso que en el mundo de Heráclito dios pasa a formar parte de una realidad aparte, la autoridad divina la tienen los santos, y es que la sociedad que Roger nos muestra está construida con base a una religiosidad profunda, muy propia de los pueblos latinoamericanos, por lo que la relación con lo trascendental se establece desde la superstición: encender velas, rezar, pedir y agradecer. Los muertos no mueren del todo, siguen relacionados con los vivos de muchas maneras. Es por ello que en la novela percibimos la presencia marcada del mundo de Juan Rulfo, no es casualidad que uno de los personajes se llame Eduviges, cuya genealogía se remonta a Eduviges Dyada. 

            El lector tiene una novela interesante, con una estructura arriesgada, bien equilibrada, donde la polifonía apoya y enriquece el tejido narrativo. Narran los vivos y los muertos, el pueblo entero en un coro griego, que nos lleva por los caminos del infierno del amor, narra el alma de Heráclito, los testigos, los chismosos.             

Heráclito muere de una forma profundamente simbólica, se ahoga en un río, y de qué otra manera podía morir alguien con ese nombre, ahogado en el río del tiempo, ese tiempo que eternamente se muerde la cola.   

Fotografía: Tobias Rehbein.

Sobre Alejandro Aldana Sellschopp

Investigador, promotor cultural, editor, ensayista y narrador.

Ha sido becario de: FOESCA (Emisiones 1999-2000 y 2000-2001), PACMYC, fue becario del FONCA (2003-2004) en el programa de Jóvenes Creadores en la modalidad de novela. Está incluido en la antología del FONCA – Jóvenes Creadores generación 2003-2004.

Ha publicado: Tiempo a Contrapunto (UNAM- Espacio Cultural Jaime Sabines),  Nudo de Serpientes (Novela). Su cuento Diario de un lobo está incluido en la antología Inventa la memoria (Alfaguara). La novela en Chiapas, antología (Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas en el 2018).

Voces ensortijadas. 18. Nutrir el alma. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 18

Nutrir el alma

María Gabriela López Suárez

Josefina estaba terminando de cepillarse los dientes cuando escuchó  el claxon, era el colectivo de don Genaro que había llegado para llevarla al trabajo. Se apresuró a ver el reloj, eran las 7:20 de la mañana. –¿Y ahora qué le habrá pasado? Vino 20 minutos antes, sin avisar. ¡Ay, no! –Dijo en tono desesperado.

Tomó su bolsa, jaló su refrigerio. Salió corriendo, no sin antes cerciorarse de cerrar bien la puerta.

Subió al carro y saludó a don Genaro. El conductor explicó a Josefina que había llegado antes porque había un retén en el camino que siempre tomaban. Ahora necesitaba recorrer otro tramo y le llevaría unos minutos más.

–¡Muy bien! Gracias por preverlo don Genaro, usted siempre tan cuidadoso –señaló. Por dentro su corazón aún estaba agitado por la prisa de los últimos minutos.

Revisó el reloj nuevamente, 7:27, faltaba un rato para llegar al rumbo donde vivían Corina y Mateo, sus colegas del trabajo. Josefina era quien vivía más lejos, fuera de la ciudad. Por eso pasaban primero por ella. Pensó que aún le daba tiempo para dormitar unos minutos. Se dio cuenta que no podría, don Genaro iba escuchando música y tarareando alegremente la canción Buenos días señor sol, del cantante Juan Gabriel. 

En realidad la canción no le disgustaba a Josefina, por el contrario, el ritmo le fue contagiando y decidió observar el paisaje,  era un rumbo que no conocía. Se percató que aún llevaba entre las manos la bolsa del refrigerio. No recordaba qué se había preparado para comer ese día. Con la actitud de niña curiosa revisó rápidamente, granola, fruta picada, panecillos de cacao que le habían quedado de la cena y su bote con agua. Nada mal para amortiguar el hambre y también, son cosas nutritivas, pensó.

 Volvió la vista al paisaje, el sol comenzaba a asomarse detrás de  las montañas,  lo nutritivo quedó resonando en su mente. ¿Y qué hay de nutrir el alma? Alguna ocasión se lo había preguntado,  últimamente lo tenía en el olvido.  Estuvo a punto de preguntar a don Genaro qué pensaba de nutrir el alma,  pero él seguía cantando,  ahora le hacía coro a Joaquín Sabina. 

Así que Josefina empezó a tener un diálogo interno. ¿Para qué nutrir el alma? Para estimular el caminar cotidiano, ése lleno de vicisitudes, de ires y venires, de alegrías y tristezas, para continuar con nuevos bríos después de tropezar o caer. ¿Qué nutre mi alma? Con la vista puesta en los árboles floreciendo en primavera fue respondiéndose, estar en contacto con la naturaleza, amar a mi familia, mi pareja, mis amistades, enlodarme las manos mientras remuevo la tierra para apapachar las flores, viajar en autobús y a través de la literatura, cocinar para compartir, oler flores, guardar pétalos y hojas en la mitad de los libros, respirar conscientemente, escuchar anécdotas de mis ancestros y mi pueblo, hacer las libretas con hojas recicladas que me pide Corina y su hijo Joshua…

–Lic. Jose, ¿le molesta el volumen de la música? Hasta ahora me di cuenta que no le pregunté y nomás me puse a cantar –comentó don Genaro.

–Para nada don Genaro, hay que empezar alegres el día. Sabe, cantar es una manera de nutrir el alma. ¡Mire qué rápido llegamos! Ahí están ya en la puerta Corina y Mateo saludando con su mano, listos  para ir al trabajo –dijo entusiasta Josefina, mientras agitaba la mano afuera de la ventana respondiendo al saludo.

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Fotografía:  Aldo Picaso 

Polvo del camino. 18. Chihiro. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 18

Chihiro

Héctor Cortés Mandujano
 

 
Hay muchas referencias mitológicas en la célebre y multipremiada cinta de animación japonesa El viaje de Chihiro (2001, dirigida por Hayao Miyazaki). Menciono las más obvias. Chihiro, una adolescente, va con sus padres a su nueva casa; extravían el camino y deciden entrar caminando por un túnel que, sin que lo sepan, separa el mundo de los vivos y los muertos (el Hades griego separaba los mundos con el río Estigia); los padres son convertidos en cerdos (como lo hacía Circe con los que visitaban su isla, excepción hecha de Ulises), para salir de ese mundo hay que regresar por el túnel y no volver la vista (como le aconsejaron a Orfeo cuando falló –volvió la vista– al intentar salvar a Eurídice; como se calcó en la Biblia con Lot y su mujer).
            Me llamó la atención algo más. Chihiro se vuelve una esclava de la bruja, porque ésta le robó su nombre. Haro, el muchacho del que se enamora, le recuerda cómo se llama. Ella al final podrá salvar a sus padres y volver al reino de los vivos. Pero, ¿cómo salvar a Hiro, quien tampoco sabe su nombre? Chihiro recuerda que una vez estuvo a punto de ahogarse en un río y que éste, amoroso, la salvó. Kohaku se llamaba (se ha secado) y ese es ahora, en presencia humana, Haro. La muchacha se enamoró del dios del río, del río que la ama. Dice el nombre y Hiro, su río, su amor, será salvo.
            Los ríos son sexualmente activos y tienen descendencia. Frazer, en La rama dorada, cuenta que en uno de los pleitos entre Zeus y su esposa Hera, el dios dijo, para despertar los celos de su mujer, “que se iba a casar con la ninfa Platea, hija del río Asopo”.
            No sólo los ríos pueden ser parejas sexuales. En la misma obra, Frazer cuenta que era normal en los antiguos y antiguas enamorarse de un árbol. En el Diccionario de mitología universal (Editores Mexicanos Unidos, 2003) de Aurelio Millas se cuenta que (p. 48) “El rey de Tesalia llamado Ixión, copula con una nube que tenía la figura de Hera, engendrando a los centauros”.
            Y en La diosa blanca, Robert graves escribe: “Palas el Titán, que era hermano de Astreo (‘estrellado’) y de Perses (‘destructor’) […] se casó –sea lo que fuere lo que eso significa– con el río Estigia en Arcadia”. Otra referencia de El viaje de Chihiro, una peli imperdible.
Ilustración: HCM.