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Paso de fuego. Silencio y poesía. Alejandro Aldana

Por Alejandro Aldana*

 
Silencio y poesía *


Durante años la poesía escrita por hombres y mujeres indígenas permaneció en silencio para nosotros. Ellos permanecieron cantando en sus comunidades, bailando poemas, soñando ritmos y ritos. Sin poesía no hay celebración, se empobrece la ritualidad, enmudece la fiesta. Ese silencio fue en realidad una barrera construida por nosotros, nuestros oídos estaban atrofiados, aún no lograban limpiarse de la cochambre de la modernidad. Mientras tanto ellos arrullaban al maíz con cantos floridos, convocaban las lluvias con versos alados, enterraban a sus muertos con canciones ancestrales. 
           Nosotros seguimos levantando el muro del ruido, estaciones de radio vendiéndonos el último milagro, el rugido de los coches en las autopistas del supermercado, la tronante locución de televisores eternamente encendidos, el sonido del dinero cayendo metálico sobre nuestros huesos. Tuvieron que pasar algunas lunas para que poco a poco, lentamente, al ritmo del amor y el trabajo, fuéramos aprendiendo a escuchar. Una mañana, sin esperarlo, un colibrí chascó su lengua en nuestros oídos, las flores dejaron de solar en el agua y entonaron una dulce canción milenaria. Los poetas dijeron su palabra con ritmos novedosamente antiguos, el tseltal y el tsotsil se sometieron a la cadencia del abuelo fuego, el silencio dejó de ser una barrera, ahora era una nueva forma de hablar. El zoque, el ch´ol, el kanjobal, y todas las lenguas de los pueblos indígenas se escucharon en la luminosa noche de la poesía. 
          Este libro, es una pequeña muestra de ese canto liberado, libre para nuestros oídos, los poemas de estos autores y autoras nos hablan directamente a nosotros, se dejan escuchar para todo aquel quiera hacerlo. El silencio y el poema son Uno, el silencio que de tanto caminar se ha llenado de un profundo sentido, y el poema lo recibe en sus odres viejos.

Fotografía: Johannes Plenio.

*Sobre el texto:

“Silencio y poesía” es parte del prólogo de la colección Ahelo de reposo. Antología poética, Editorial Tifón, 2019, la cual reúne poemas bilingües de escritores de la zona altos de Chiapas, sur de México.

En esta revista estaremos compartiendo, en las próximas entregas, textos y poemas extraídos de dicha antología.

Sobre Alejandro Aldana Sellschopp

Investigador, promotor cultural, editor, ensayista y narrador.

Ha sido becario de: FOESCA (Emisiones 1999-2000 y 2000-2001), PACMYC, fue becario del FONCA (2003-2004) en el programa de Jóvenes Creadores en la modalidad de novela. Está incluido en la antología del FONCA – Jóvenes Creadores generación 2003-2004.

Ha publicado: Tiempo a Contrapunto (UNAM- Espacio Cultural Jaime Sabines),  Nudo de Serpientes (Novela). Su cuento Diario de un lobo está incluido en la antología Inventa la memoria (Alfaguara). La novela en Chiapas, antología (Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas en el 2018).

Paso de fuego. Vok’ebal. Angelina Suyul

Por Angelina Suyul*

 
Nacimiento
Germina de madrugada la hija de la luna 
aroma de hierbas la envuelven con su savia 
el rocío baña su simiente
al ritmo del amanecer;
como bromelia en un roble
riega sus raíces en el cálido seno de su madre.


Vok’ebal
Chvok’ stseb jmeme’tik ta ik’luman osil, 
chvole ta slekil muil vomoletik.
Li ts’ujul chatintasbe sva’leb
k’alal xojobaj lok’eltal jtotik;
k’ucha’al kilon-ech’ ta tulan 
tsk’i yibel ta sk’ixin kuxlej sme’.

Fotografía: Johannes Plenio.

*Sobre la autora:

Angelina Suyul (1984), Poeta Tsotsil. Antropóloga Social por la Universidad Autónoma de Chiapas. Coautora de dos antologías: Sbel Sjol yo’nton ik’ Memorias del viento publicado en el año 2006 y Ma’uk sti’ilal xch’inch’unel k’inal Silencio sin frontera publicado en el año 2011. Ac- tualmente asiste al taller literario “José Antonio Reyes Matamoros” impartido por el maestro Alejandro Aldana Sellschopp, Chiapas; e integrante del grupo Misiones por la Diversidad Cultural, por parte de la Secretaria de Cultura.

**Sobre el poema:

Poema de la colección Ahelo de reposo. Antología poética, Editorial Tifón, 2019.

Paso de fuego. Niños de la guerra. Jorge Abarca

Por Jorge Abarca*

 
Niños de la Guerra
 
En toda la amplitud de la llanura 
se abre el rencor a golpes de martillo, 
y se empuña el odio como un cuchillo 
en ese rostro lleno de amargura. 
 
En el drama que rompe la cordura
ay, la violencia jala del gatillo 
y el filo del encono en su colmillo, 
apunta al corazón de la locura. 
 
Como ráfaga, línea de metralla, 
profundo es el dolor en cuerpo abierto 
con que avanza en el campo de batalla. 
 
En un país distante al descubierto, 
como espectáculo en que el mundo calla:
tendida la inocencia como un muerto.       

Fotografía: Pixabay.

*Sobre el autor:

Jorge Abarca.

San Cristóbal de Las Casas; Chiapas. Egresado del Diplomado en Creación Literaria por El Espacio Cultural Jaime Sabines, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas 2009-2010. Miembro de la Organización Cultural “Abriendo Caminos: José Antonio Reyes Matamoros”. Ha sido antologado en Universo poético de Chiapas. Itinerario del siglo XXCONECULTA, Chiapas 2017Autor del libro La tragedia encendida de los hombres. Abriendo Caminos Editores, 2019.

**Sobre el poema:

“Niños de la guerra”, poema de la colección La tragedia encendida de los hombres, Abriendo Caminos Editores 2019.

Paso de fuego. Caleidoscopio. David Andrade

Por David Andrade*

Caleidoscopio

                                       
I
Caen demonios incendiando un reloj
ahí mueren escribiendo sonetos relativos al borde del           
                                            [universo
 
II
Un espejo se ahoga en el rostro del Hombre
y escribe su historia en el séptimo piso de una fuga de Bach

III
En un hotel de paso la dialéctica inventa nuevas caricias
y pierde su memoria histórica en una partida de póquer
 
                              (Del caos a la palabra, 2001).      
Fotografía: Shitterphoto.

*Sobre el autor:

David Andrade. Yajalón, Chiapas. Estudió en el VII Diplomado en Creación Literaria en la Escuela de Escritores (SOGEM) en San Cristóbal de Las Casas en el 1999. Es coautor de libro Del Caos a la Palabra en 2001. Dirigió la revista Espejo Humeante. Autor del libro Encadenados al Fuego en 2019. Es miembro de los colectivos literarios Los Amorosos del Espacio y Abriendo Caminos José Antonio Reyes Matamoros.

**Sobre el poema:

“Caleidoscopio”, poema de la colección Del caos a la palabra, 2001.

Paso de fuego. Del amor como maldición del tiempo. Alejandro Aldana Sellschopp

Del amor como maldición del tiempo

Por Alejandro Aldana Sellschopp

para: Luz y Emiliano

   

Tuve la fortuna de editar La lluvia en las hojas del platanar. En el lejano 2007, Héctor Cortés me llamó para contarme de la novela y su autor; pronto tuve el manuscrito, lo leí con calma, sopesando cada línea, marcando el ritmo de su prosa limpia, ubicando personajes y líneas argumentales, inmediatamente supe que estaba frente a un texto interesante; no podía creer que se tratara de una primera novela, la complejidad de la estructura me cautivó una vez que comprendí su detallada construcción. Publicamos el libro y pasé algunos meses regalándolo a amigos, escritores y lectores de toda estirpe. Los años pasaron, vinieron nuevos títulos, otros rostros y estilos literarios, hasta que una mañana Roger me llamó para contarme que se reeditaría su novela y me solicitaba una especie de prólogo o introducción. Volví al libro, nuevamente lo leí con atención, calibrando ritmos y tonos, tramas y subtramas; sin duda el libro merecía la reedición, reafirmé mi idea original, Roger Gómez Espinosa era un escritor talentoso, y me preguntaba, me sigo preguntando, por qué se alejó de la literatura, qué pudo ser tan fuerte para apartarlo del huracán de la creación. ¿Miedo disfrazado de prudencia? ¿Terror oculto en el consabido respeto al silencio? Y me pregunté una y través, me lo pregunto ahora, ¿Cómo te puedes curar del fuego?

            Heráclito Gonzáles nació porque así lo quiso, la voluntad se impuso al destino, la existencia no es más que retornar siempre, parece que nos dice el personaje desde su limbo eterno, el ser gira en torno a un punto concéntrico, se revoluciona en una espiral ascendente, la luz y la oscuridad se confunden en la vertiginosa levedad del tiempo. 

            Heráclito es el hijo de un panteonero, los trabajos de la muerte le son tan cercanos que no la teme, aprende a convivir con ella. Heráclito es un espíritu, un alma que vaga por las veredas de las montañas, es una historia que se cuenta en pueblos olvidados, un eco prolongado y oscuro.

            Roger Octavio Gómez crea un personaje que contiene muchas vidas, una diversidad de significaciones, la transliteratura se desarrolla al resignificar varias tradiciones: la griega, la prehispánica, las leyendas coloniales. El nombre mismo de Heráclito nos recuerda al filosofo presocrático Heráclito de Éfeso, conocido como El oscuro, quien afirmó: “Se unen: completo e incompleto, consonante-disonante, unísono-dísono, y de todos se hace uno, y de uno se hacen todos”, y la vida de Heráclito Gonzáles no es más que la búsqueda de los contrarios, la eliminación de la pluralidad para retornar a lo Uno. 

            En los pueblos infestados de moral cristiana y pequeño-burguesa, Heráclito es la parte negativa, se trata de un hombre pobre, que no tiene ni el consuelo del destino; por el contrario Alejandra es la luz, lo elevado, la sublimación de la existencia, el amor. El binomio dialéctico se establece desde su primer encuentro. 

            Roger Octavio, centra la posición económica y social del desventurado Heráclito, en su calzado; la primera vez que éste va a pedir la mano de Alejandra se presenta con huaraches, la segunda calza huaraches de cuero cocido y la tercera botines de cuero negro, “…hasta parecía un señor.” Lo negativo y lo positivo se buscan eternamente, no pueden ser sino en la unión, es por ello que el eterno retorno se convierte en un elemento de profunda significación. 

            El nombre Heráclito, nos lleva también al héroe griego Heracles, hijo de Zeus, que lo procrea con Alcmena haciéndose pasar por Anfitrión. Hera la mujer del jefe de los dioses, no soporta la infidelidad, una entre mil, de su consorte y trata, por todos los medios, de vengarse en la humanidad del desdichado Heracles, que en la cultura romana paso a llamarse Hércules. 

            Roger Gómez traslada al héroe mitológico al tiempo moderno, lo inserta en una tradición diferente, llena de rezos, velas, santos y supersticiones. Heráclito nos recuerda, al igual que Hércules, que la verdadera hazaña del hombre es superarse a través del trabajo, el esfuerzo personal es tan importante como la protección de los dioses. Es por ello que cuando Heráclito es “tentado” por el ingeniero agrónomo, que le promete ayudarlo a producir la tierra, éste le contesta: “No, señor, a mí me gusta esforzarme, así siento que las tortillas son mías. No me gusta que me regalen nomás por regalar, ni firmar cosas que no sé leer. Dígale al señor Anónimo, dígale que eso dijo Heráclito Gonzáles”, (Gómez Espinosa, 25:2007). 

            Hércules vive en un impasse, goza al mismo tiempo de la naturaleza divina y humana. Heráclito es el ahijado de los dioses, santos que desde lo alto observan su devenir en el mundo. La novela nos presenta un conciliábulo de santos chocarreros y, como los dioses griegos, llenos de todas las pasiones humanas. Estos benefactores guían y protegen a su ahijado, interceden por él, le enseñan el camino de la virtud, hasta que trágicamente lo abandonan. Heráclito queda a merced de su humanidad y se pierde, se ahoga. 

            Hércules representa al héroe que bebe sortear una serie de pruebas, doce trabajos, para liberarse de la nefasta influencia de Hera. Heráclito a su vez se presenta frente al finquero César, para resarcir la deuda de su abuelo, para ello realiza una continuidad de trabajos, para conseguir la ascesis, el mismo Heráclito pide la imposición de pruebas: “Usted dirá. El abuelo ya no puede y yo tengo fuerza para trabajar. Nomás que no me quiero quedar vendido como él. Póngame trabajos fuertes para pagarle pronto”, (Gómez Espinosa, 40:2007). 

            La primera tarea fue tan sencilla que pareció una broma de tan baladí, sin embargo, fue la más comprometedora de todas, ya que en su cumplimiento el muchacho se condenó al amor. Don César lo mandó a comprar azúcar a la tienda del pueblo, ahí conoció a Alejandra y le dijo con la desfachatez de la juventud que se casaría con ella. 

            La relación que se establece hacia la liberación de Heráclito es la siguiente: 

            Pobreza—Trabajos—encuentro con Alejandra—Trabajos—Amor realizado—Muerte—-Divinización.

            Pobreza: Heráclito es un joven que vive paupérrimamente, parece que su sino es vivir y morir pobre; sin embargo, la deuda contraída por su abuelo lo obliga a cambiar su situación, ahora deberá trabajar duro para resarcir la deuda. 

            Trabajos: Las pruebas comienzan con una sencilla tarea: comprar azúcar. Conseguir la dulzura de la vida lo conduce a edulcorar su relación, a transformar su mundo, al conocer a Alejandra. Ahora su situación es otra, buscará merecer a la muchacha, hija de un poderoso finquero. 

            Las pruebas colocan a Heráclito en una franca lucha con elementos mágicos. Naturaleza y magia se combinan. La segunda prueba fue la limpieza de los establos. No es más que la limpieza de los establos de Augías, donde la fuerza de Heráclito se hace patente.  

            La tercera prueba fue dominar a un jabalí, Roger Octavio Gómez Espinosa logra mimetizar dos correlatos: la mitología griega y la leyenda chiapaneca. El texto abandona su cualidad realista, para situarnos en una narración alimentada por el realismo mágico: los animales hablan, los muertos siguen vivos, los santos intervienen en la vida de los hombres. Heráclito coloca un freno en el hocico de la cerda, jabalí, para que no siga dañando las milpas. Estamos frente al mítico Jabalí erimantio y la cerda enfrenada.  

            El cuarto trabajo fue dominar a un puma que había matado al ganado de don César. Sin duda se establece la traslación del momento cuando Hércules mata al León de Nemea. Heráclito mata al león ahorcándolo con sus propias manos, lo cual nos da una idea de la fuerza del personaje. Fuerza física y determinación de carácter se unen en la hibrys de Heráclito.

            El quinto trabajo fue dominar al toro cimarrón, una portentosa bestia que comenzó a hacer estragos en la propiedad del patrón. Heráclito lo enfrentó toreándolo, la fuerza y velocidad del “héroe” logró cansar al animal hasta hacerlo desfallecer. Sin embargo, Heráclito no salió incólume, el toro lo hirió en el estómago. Una vez curado fue a la iglesia para agradecer a los santos por su recuperación, y ahí volvió a encontrarse con Alejandra. El Toro de Creta condujo a nuestro “héroe” a reencontrarse con la persona que se ha convertido en su verdadero destino.  

            El sexto trabajo fue atrapar una recua de yeguas. Se trata de Las Yeguas de Diomedes. Heráclito logra dominar a un tordillo que era el líder de las yeguas, lo domó con muchos esfuerzos, pero finalmente pudo llevar las yeguas a la finca. El caballo aquel se convirtió en su aliado, hasta que tuvo que cambiarlo por una mancuerna de bueyes, para lograr el amor de Alejandra; siempre el amor tras cada una de las pruebas, el amor como salvación y condena. 

            Heráclito cumple con seis de los doce trabajos de Hércules. Vendrán después nuevas pruebas, aquellas que el padre de Alejandra le impondrá como requisito para concederle la mano de su hija. Trabajar el huisachal hasta hacerlo producir. 

            Las pruebas o trabajos representaron para Hércules una forma de liberación, en el caso de Heráclito fueron su perdición, sin que éste se diese cuenta, ya que gracias a su cumplimiento se unió cada vez más a Alejandra, condenándose a la inmortalidad, a regresar eternamente a buscar su amor. 

            Heráclito muere y se diviniza, sin embargo, repetidas veces pide, exige regresar. El eterno retorno se platea como una dicotomía entre la necesidad que se establece en la naturaleza y el libre arbitrio del hombre. Aún cuando la idea del eterno retorno, podemos encontrarla en los griegos, Roger se apoya en las consideraciones de Federico Nietzsche, en el sentido de que volverán a suceder las mismas cosas, en los mismos momentos y en las mismas formas sin intervención externa. Cuando hablamos de intervención externa, nos referimos a la acción de dios; aquí Roger se aparta de Nietzsche, ya que sí existe intervención externa y es la de los santos que permiten el regreso constante. Es curioso que en el mundo de Heráclito dios pasa a formar parte de una realidad aparte, la autoridad divina la tienen los santos, y es que la sociedad que Roger nos muestra está construida con base a una religiosidad profunda, muy propia de los pueblos latinoamericanos, por lo que la relación con lo trascendental se establece desde la superstición: encender velas, rezar, pedir y agradecer. Los muertos no mueren del todo, siguen relacionados con los vivos de muchas maneras. Es por ello que en la novela percibimos la presencia marcada del mundo de Juan Rulfo, no es casualidad que uno de los personajes se llame Eduviges, cuya genealogía se remonta a Eduviges Dyada. 

            El lector tiene una novela interesante, con una estructura arriesgada, bien equilibrada, donde la polifonía apoya y enriquece el tejido narrativo. Narran los vivos y los muertos, el pueblo entero en un coro griego, que nos lleva por los caminos del infierno del amor, narra el alma de Heráclito, los testigos, los chismosos.             

Heráclito muere de una forma profundamente simbólica, se ahoga en un río, y de qué otra manera podía morir alguien con ese nombre, ahogado en el río del tiempo, ese tiempo que eternamente se muerde la cola.   

Fotografía: Tobias Rehbein.

Sobre Alejandro Aldana Sellschopp

Investigador, promotor cultural, editor, ensayista y narrador.

Ha sido becario de: FOESCA (Emisiones 1999-2000 y 2000-2001), PACMYC, fue becario del FONCA (2003-2004) en el programa de Jóvenes Creadores en la modalidad de novela. Está incluido en la antología del FONCA – Jóvenes Creadores generación 2003-2004.

Ha publicado: Tiempo a Contrapunto (UNAM- Espacio Cultural Jaime Sabines),  Nudo de Serpientes (Novela). Su cuento Diario de un lobo está incluido en la antología Inventa la memoria (Alfaguara). La novela en Chiapas, antología (Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas en el 2018).

Paso de fuego. Caballos. Jorge Abarca

Por Jorge Abarca*

Caballos
 
I
 
La noche fuma el último hálito de la tarde, 
el caballo de Troya en su imponente figura 
sobre la tierra encendida de los hombres arde. 
 
Con el fuego en las crines galopa con soltura 
y crece con el canto de muerte en movimiento
de filas de guerreros lanzados con locura. 
 
En la ciudad entera arrasada por el viento,
y el silencio en ruinas de las torres implacables 
entre la sangre de héroes con gran deslumbramiento: 
brilla el potro dorado con su aliento indomable. 
 
II
 
Desde Troya hasta el imperio de Kubla Khan
trotan los caballos con sus cascos luminosos,
su hermosura es un arma milenaria
en las inmensas praderas de la tarde.
 
Bellos y en manada, relinchan y piafan
dirigidos por la fuerza de un ejército,
que sueña con desolar ciudades
y hacer del firmamento una Guerra compartida.
 
III
 
El dios de los caballos,
surca los infinitos vientos de Ares,
estruendo que crece
para emboscar por la noche al universo.      

Fotografía: Pixabay.

*Sobre el autor:

Jorge Abarca.

San Cristóbal de Las Casas; Chiapas. Egresado del Diplomado en Creación Literaria por El Espacio Cultural Jaime Sabines, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas 2009-2010. Miembro de la Organización Cultural “Abriendo Caminos: José Antonio Reyes Matamoros”. Ha sido antologado en Universo poético de Chiapas. Itinerario del siglo XXCONECULTA, Chiapas 2017Autor del libro La tragedia encendida de los hombres. Abriendo Caminos Editores, 2019.

**Sobre el poema:

“Caballos”, poema de la colección La tragedia encendida de los hombres, Abriendo Caminos Editores 2019.

Paso de fuego. Parménides. David Andrade

Por David Andrade*

Parménides

                                     A Ulises Córdova
  
I
Dividí la verdad en dos mitades,
ruedas ardientes del hexámetro
que derrumba el mito de la cosmología.
 
Mi camino está marcado
por los días oscuros de la metafísica.
II
No existe la verdad absoluta,
anduve como salvaje
por tormentosos caminos de la Nada,
en el pensamiento errante de mortales.
III
Estoy encadenado al cielo,
al número eterno sin nombre.
IV
El signo de la noche es una esfera infinita,
espejo inmóvil que refleja la luz,
esencia indivisible del ser.
 
                              (Encadenados al fuego 2019).      
Fotografía: Shitterphoto.

*Sobre el autor:

David Andrade. Yajalón, Chiapas. Estudió en el VII Diplomado en Creación Literaria en la Escuela de Escritores (SOGEM) en San Cristóbal de Las Casas en el 1999. Es coautor de libro Del Caos a la Palabra en 2001. Dirigió la revista Espejo Humeante. Autor del libro Encadenados al Fuego en 2019. Es miembro de los colectivos literarios Los Amorosos del Espacio y Abriendo Caminos José Antonio Reyes Matamoros.

**Sobre el poema:

“Parménides”, poema de la colección Encadenados al fuego, 2019, editorial Tifón.

Paso de fuego. Música de guerra. Jorge Abarca

Por Jorge Abarca*

Música de Guerra
 
En toda la extensión del firmamento, 
oculta en la prisión de la venganza,
la lengua de la Guerra y su tormento
sobre la Tierra como sombra avanza.
 
Y en la verticalidad del lamento
y la furia del caos y de su lanza,
puñal al corazón del sufrimiento,
quietud en el latir de la esperanza.
 
Y en los primeros trazos de la noche:
una pausa en la herida del derroche
y una calma rotunda en el asombro.
 
Profundo es el latido de la Tierra,
del insaciable músculo de Guerra
encerrado en la música que nombro.      

Fotografía: Pixabay.

*Sobre el autor:

Jorge Abarca.

San Cristóbal de Las Casas; Chiapas. Egresado del Diplomado en Creación Literaria por El Espacio Cultural Jaime Sabines, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas 2009-2010. Miembro de la Organización Cultural “Abriendo Caminos: José Antonio Reyes Matamoros”. Ha sido antologado en Universo poético de Chiapas. Itinerario del siglo XXCONECULTA, Chiapas 2017Autor del libro La tragedia encendida de los hombres. Abriendo Caminos Editores, 2019.

**Sobre el poema:

“Música de guerra”, poema de la colección La tragedia encendida de los hombres, Abriendo Caminos Editores 2019.

Paso de fuego. Eurípides. David Andrade

Por David Andrade*


Eurípides

Nací en la tierra calcinada por la luz,
ciudad famosa por sus templos.
Crecí en el renacimiento de la muerte;
fui el encargado de llevar el fuego sacro de Apolo
a hogares donde regresaban los derrotados.
Soporté el peso de la guerra,
hui del pensar,
crucé los mares de Salamina, 
visité a Polignoto de Tasos, el de los colores violentos.
En la isla de Skiro encontré los huesos del mítico Teseo;
vi cómo asesinaban en Tracia a héroes.  
No encontraba mi camino,
en los murales de Mégara sólo hallé el drama humano,
¡desfiguré el mito para entender la realidad de la vida!
Construí la historia en cada muro 
de la derruida Atenas;
di forma al lenguaje, 
en la tragedia encontré la totalidad de la existencia;
deploré el destino de la mujer,
esencia indestructible de la materia de los sofistas. 
(Encadenados al fuego 2019).      
Fotografía: Shitterphoto.

*Sobre el autor:

David Andrade. Yajalón, Chiapas. Estudió en el VII Diplomado en Creación Literaria en la Escuela de Escritores (SOGEM) en San Cristóbal de Las Casas en el 1999. Es coautor de libro Del Caos a la Palabra en 2001. Dirigió la revista Espejo Humeante. Autor del libro Encadenados al Fuego en 2019. Es miembro de los colectivos literarios Los Amorosos del Espacio y Abriendo Caminos José Antonio Reyes Matamoros.

**Sobre el poema:

“Eurípides”, poema de la colección Encadenados al fuego, 2019, editorial Tifón.

Paso de fuego. Las ruinas de Troya. David Andrade

Por David Andrade*

Las ruinas de Troya

Todas las mañanas 
los pájaros me miran en los espejos, 
devoran mi sombra y mi negro destino;
dejan sobre la mesa el lápiz duro 
y la verdad muerta,
el canto disecado de las aves: 
¿sólo los caballos sabrán de mi muerte?
 
En el estudio donde todas las noches escribo
siguen los libros abiertos
en las mismas páginas,
en los mismos planos, 
las calles de la ciudad de altos muros. 
Ahora estoy postrado en la cama, 
no recuerdo nombres
ni fechas.
 
La luz se filtra entre las flores, 
las hiere 
hasta envejecerlas
                                y
arrancarles su perfume: 
fin último de la naturaleza.
 
 
La oscuridad es una vela que juega con el viento, 
quiere contarme el secreto de la geometría, 
imagen negándose
en la luz.
 
Ahora que no puedo ver
sólo existen las sombras 
de los objetos que nombro.
Todo dentro de mí gira:
estoy en Argos, 
soy la ciudad de Príamo; 
tengo las joyas de Helena,
estoy casado con una griega,
no me permiten seguir escavando en tu nombre      
                                                                                        Homero.  
 
¿Cuál es la medida exacta de mis ojos? 
Ahora me veo con el cuerpo herido 
lleno de llagas
a punto de morir.
Quién no ha muerto en el hilo de Ariadna,
en el violín ciego y oscuro;
tantas horas leyendo las mismas fojas,
buscando algo que me acercara a tu verdad;
pero tú te alejas como los albatros 
por el mar que borra huellas y ciudades. 
 
Nadie me recuerda, 
¿y si me recodaran? Qué sabrían de mí: 
¿todos los idiomas en que te busqué? 
¿Las figuras de barro? 
¿Esa sed de dromedario sin palabras?
¿En qué desierto me curé de tu piel? 
 
Agua y fuego el alfabeto
que marcó mi destino,
oráculo de noche sin estrellas,
días que calan los huesos.      
Fotografía: Shitterphoto.

*Sobre el autor:

David Andrade. Yajalón, Chiapas. Estudió en el VII Diplomado en Creación Literaria en la Escuela de Escritores (SOGEM) en San Cristóbal de Las Casas en el 1999. Es coautor de libro Del Caos a la Palabra en 2001. Dirigió la revista Espejo Humeante. Autor del libro Encadenados al Fuego en 2019. Es miembro de los colectivos literarios Los Amorosos del Espacio y Abriendo Caminos José Antonio Reyes Matamoros.

**Sobre el poema:

“Las ruinas de Troya”, poema de la colección Encadenados al fuego, 2019, editorial Tifón.