Por Alejandro Aldana*

¿Quién es ese hombre de la barba florida?

                                Para Luz y Emiliano



Actualidad del pensamiento de Paulo Freyre
 
 
Paulo Freire entendió que la educación representaba una espetera fundamental para la transformación de los pueblos que se encuentra en situación de pobreza. Ubicó que América Latina poseía una historia común que se establece desde las culturas mesoamericanas y adquieren una nueva cohesión a partir de la conquista española. Freire tiene una formación académica muy completa, pero su mundo vital sumó una visión nueva y más completa sobre la realidad. En sus diferentes trabajos y contacto con los barrios pobres y el proletariado de diversos países le permitió conocer al oprimido. Freire observa que el oprimido busca ser como su opresor, lo percibe como la realización excelente, la superación de su propio ser en el ser de ese otro que sin saber porque tiene mayores recursos económicos. 
	El oprimido se cosifica, pierde su pensamiento crítico, es por ello que necesita una educación que le permita remirarse, volver a develar el espejo de la conciencia que le muestre su verdadero rostro, en el fondo también se trata de un problema del origen y la identidad. 
	La relación oprimido-opresor se establece desde la colonialidad, el colonizado, el oprimido, busca “ascender” en una supuesta jerarquía social para parecerse cada vez más a su opresor. Es por ello que se desclasa, pretende pertenecer a una esfera social, política y económica a la que no pertenece, por lo tanto tiende a discriminar a sus iguales, en el entendido que si desprecia a sus compañeros de clase, este dejará de ser un oprimido. 
	Una de las aportaciones más importantes y de gran actualidad en el pensamiento de Freire es la búsqueda de conectar lo público con lo popular. ¿A qué se refería? Bueno, Freire comprende que las sociedades de América Latina se componen de una diversidad reinante, esa es su característica fundamental y Freire entiende que esa es su verdadera riqueza. Nuestros pueblos cuentan con una variedad importante de culturas, lenguajes, idiomas, danzas, tejidos, formas diferentes de ver el tiempo, el espacio, tienen su propia cosmovisión, esas miradas no caven en las percepciones del mundo occidental. 
	La educación durante años y años, incluso hoy mismo, tienden a jerarquizar esas percepciones, donde en la sima de la pirámide se encuentra la mirada occidental. La cultura de occidente se convierte en la autoridad única, la detentada de una verdad que se instituye desde un supuesto prestigio dado por su importancia. 
	Freire por el contrario pugna por una educación que contempla las visiones locales, regionales, comunitarias, pero también la visión occidental. Freire no niega la mirada occidental, más bien la comprende en su verdadera profundidad, no pretende negarla o erradicarla en el proceso de educación. Freire plantea un diálogo de las miradas, sin conceder jerarquía donde unas se entiendan como mejores o peores. 
	El oprimido, colonizado, se encuentra atrapado en un circulo vicioso, pretende ser como su propio opresor, pero no comprende del todo cómo esta establecida la relación de opresión. La escuela, según Freire, es un agente externo, que no está o no debe estar sometida a ese circulo vicioso, por el contrario la educación debe permitir la superación dialéctica de dicha relación de explotación. 
	Freire plantea que se debe contemplar de igual manera la experiencia de los estudiantes, sus formas de vida, sus intereses, las formas de socializar, su cosmovisión, su lengua, su cultura y el conocimiento institucionalizado, en una tendencia clara de retroalimentación. 
	En ocasiones algunos malos lectores de la obra de Freire hablan de una negación del conocimiento occidental, para priorizar los saberes y el conocimiento regional, de esta manera estamos simple y sencillamente traicionando pensamiento de Freire. Pretender que el conocimiento que es necesario para revertir una relación de colonización sea solamente el conocimiento local. Esto nos llevaría a dar la espalda al mundo, y Freire jamás propuso algo tan absurdo. 
	Freire hace hincapié en que es necesario conocer al otro, es una relación con la otredad, ese otro que nos es extraño, conocerlo implica comprenderlo y respetarlo. Solamente cuando conocemos al otro, puedo comenzar a saber quién soy yo. A partir del otro yo puedo ser. El otro me incluye, lo incluyo. Cuando veo que el otro observa el mundo de una manera diferente a la mía, yo entiendo que somos diferentes y que yo soy. 
	Para Freire el ser humano no es un ente terminado. Esto nos llevaría a entender que la persona es únicamente un ser pasivo. Por el contrario, Freire entiende que el ser humano es un ser en proceso de creación, se está formando a través e su vida, así es un sujeto activo, que decide e incide en la realidad. El educador no se ha terminado de constituir, por lo tanto no es el detentador de una verdad, en realidad sigue aprendiendo, se sigue completando en su propio ser y solamente puede lograrlo mediante su vida en comunidad.       
 
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Fotografía:  Skully MBa , por Pexels

Sobre Alejandro Aldana Sellschopp

Investigador, promotor cultural, editor, ensayista y narrador.

Ha sido becario de: FOESCA (Emisiones 1999-2000 y 2000-2001), PACMYC, fue becario del FONCA (2003-2004) en el programa de Jóvenes Creadores en la modalidad de novela. Está incluido en la antología del FONCA – Jóvenes Creadores generación 2003-2004.

Ha publicado: Tiempo a Contrapunto (UNAM- Espacio Cultural Jaime Sabines),  Nudo de Serpientes (Novela). Su cuento Diario de un lobo está incluido en la antología Inventa la memoria (Alfaguara). La novela en Chiapas, antología (Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas en el 2018).