Librero del uroboro. 20. Versos de vida y muerte. Ilse Ibarra Baumann

Versos de vida y muerte

Por Ilse Ibarra Baumann

Al leer Versos de vida y muerte (Amoz Oz, Ed. Siruela) automáticamente regresé a mi infancia, aunque el libro no tiene nada de infantil. Trata de un “escritor”, protagonista principal (sin nombre), que va a la presentación de su último libro. En el camino, antes de llegar al Centro Cultural, pasa por un café. Ahí imagina una historia sobre la mesera, le inventa un nombre, un novio, un abandono… Después llega a la presentación y sigue ensimismado en sus historias, pero esta vez sus personajes son: el conferenciante, un joven poeta, el señor mayor pelón que está en la última fila, la chica con cara de ardilla que lee un párrafo de su novela… 
          ¿Porqué me acuerdo de mi infancia? Recuerdo mis juguetes: los Fisher Price, little people. Tenía el camper, la cabaña y el barco en cada uno de ellos venían unos cuatro muñecos, al juntarlos tendría unos doce. Uno de mis personajes principales era Carlos. Entre ellos se tejía historias hogareñas. Había un perro, un Capitan, su mujer que también podía ser su madre, o su novia o su hermana. En fin, les daba nombres y papeles a esos personajes. 

Amos Oz tiene la delicadeza de repetir en páginas más adelante, seguro para los de mala memoria, quién era el personaje. Hay como un eco permanente en su obra. Encima en este libro en especial, al final ha puesto a los participantes de la obra. 
Esta novela es un entretejido de ficción y realidad. Podría usarse para tomar ideas sobre la construcción de personajes, sin embargo no atrapa tanto (aunque su escritura es magnífica), cada personaje está disperso, no se relaciona mas que en la mente del “escritor”.
Fotografía: I. I. B




Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. En 2021 obtuvo un Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Librero del uroboro. 19. El principe destronado. Ilse Ibarra Baumann

El príncipe destronado

Por Ilse Ibarra Baumann

Delibes nos narra un día normal en la casa de Quico, un niño de tres años a punto de cumplir cuatro, desde que despierta: contento de no haberse hecho pis en la cuna, hasta que se duerme. Quico es el quinto de una familia de seis. Su hermana Cris lo ha destronado. Cada capítulo avanza por la hora del día. 
          Pese a no estar narrada en primera persona, y de ser Quico el protagonista, toda la novela se ve a la altura del niño, como de nuestras rodillas para abajo. Pero hay un acercamiento infantil de esa tercera persona, pues al narrar no dice “la mamá esto o lo otro” sino “mamá…”
          En esta novela sentí cierta afinidad con la película “Roma” de Cuarón. En la casa de Quico trabajan dos personas en el servicio: Domi y Vito. También aparece mucho su hermano Juan que no fue al cole por estar enfermo. La narración no es nada cruda. Tiene muchos diálogos, la mayoría son de Quico. En ellos hay modismos ibéricos que a veces no entendía por mi español de México. 
          Qué bella novela y su escritura. Por algo Delibes fue reconocido con tantos premios, entre ellos el Príncipe de Asturias de las Letras 1982 y el Cervantes en 1993.
Fotografía: I. I. B




Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. En 2021 obtuvo un Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Librero del uroboro. 18. Y Murakami tampoco. Ilse Ibarra Baumann

Y Murakami tampoco

Por Ilse Ibarra Baumann

No sé porqué compré este libro (Como un espectro Miao Dao de Joyce Carol Oates). Si me lo recomendaron o lo leí en alguna novela. Joyce Carol es una estadounidense que escribe novela gótica. 
            Este tipo de literatura, donde siento que prendí el canal de Investigación Discovery, el de los asesinatos, no me gusta. Además sus comparaciones son tan simples que por dentro dices: “¡No, no digas eso!”
           La primera novela trata de una estudiante que se embaraza de su profesor de filosofía. Pasan los días y él la ignora. Después ella se involucra con un hombre de 60 años, otro profesor y poeta. Pretende usarlo para que la ayude con el embarazo. 
           En esta novela la misoginia llega a una situación tan extrema que termina en feminicidio. 
           En la solapa del libro viene una pequeña biografía de la autora. Al final dice que ella es una de las futuras candidatas al premio Nobel. Lo dudo. Como también lo dudo de Murakami. 

Antier me preguntó mi hija “qué ves de diferente en una literatura de premio Nobel, o del premio Princesa de Asturias contra la demás literatura”. “Veo sencillez en lo cotidiano y muchas veces lo amargo de ciertas situaciones comunes, además de una excelente forma narrativa que estás tan inmerso en la obra que no te fijas ni en los tiempos ni las voces narrativas”. 
           Hoy subí una cita de Miguel Delibes (premio Princesa de Asturias), es algo tan simple que podría pasar desapercibido en una mala obra, no en un excelente escritor. Pero, sobre Miguel Delibes hablemos en la siguiente entrega.
Fotografía: I. I. B




Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. En 2021 obtuvo un Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Librero del uroboro. 17. Vida y época de Michael K. Ilse Ibarra Baumann

Vida y época de Michael K

Por Ilse Ibarra Baumann

Desde mi parapeto, aquí donde no se mezcla uno con la pobreza, leí cómodamente la vida de Michael K. Un jardinero de labio leporino sin padre ni hermanos que, a instancias de su madre, se la lleva de Ciudad del Cabo en plena guerra civil para regresar al campo, a aquel recuerdo de su niñez donde no vivió tanta miseria.  La madre no llega a la tierra deseada, se muere en el camino, pero él, sí. Vive circunstancias que uno nomás de leerlo, sufre, o piensa en por qué no hace esto, o aquello, también llegan momentos donde lo entiendes. Entiendes su lógica tan extraña, tan de nadie. Y aunque utiliza varias voces narrativas, el lector no pone atención a ellas, está tan enfrascado en la historia que la primera, la segunda y la tercera voz del singular se vuelven insustanciales a primera vista. Vida y época de Michael K es también una novela circular: regresa a donde empezó. Como yo vuelvo a mi parapeto, aunque ahora, incomoda. 
Fotografía: I. I. B




Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. En 2021 obtuvo un Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Librero del uroboro. 17. Memoria de chica. Ilse Ibarra Baumann

Memoria de chica

Por Ilse Ibarra Baumann

Una de mis amigas virtuales, a quien leo porque también le gusta la literatura, hizo un comentario corto sobre Annie Ernaux. Algo así como “hay que leerla”. Yo desconocía que ganó el Noble de literatura en el 2022, sin embargo anoté su nombre en mis notas del iPhone y al poco tiempo compré dos de sus obras en una librería. 
         Ya saben, cuando uno ve un racimo de libros del mismo autor, se pone a leer la contraportada para ver cuál le convence (debería leer primero el que se considera el mejor). Seguro que por ser mujer y por la nostalgia del pasado tomé este que ven aquí. 
          La obra de Ernaux es autobiográfica (supongo que todas lo son de alguna manera), y porque soy chismosa, y porque tiene el atrevimiento de exhibirse, para mí ya tiene palomita. 
La técnica de esta novela me gustó, habla en primera persona (un poco) y recalca el: Yo. Casi toda está escrita en tercera persona del singular: “Ella”. 
         Al escribir esta novela Ernaux ronda los setenta años, al rememorar su pasado, con el tiempo tan lejano (diacrónico), ya no se siente Yo (la vieja) y la aparta para ser Ella, la lejana (la joven). 
        A ratos la narrativa resulta rebuscada. Como perdida en laberintos existencialistas. 

“A aquella chica del invierno de 1959, la veo en una afirmación orgullosa de la voluntad, empeñada en perseguir fines que le van hundiendo poco a poco en la desgracia. Una especie de voluntad desdichada”. 

De hecho siente una influencia (a sus 19 años) por la obra de Sartre. Esta inspiración la lleva a tener arranques que quizás no hubiera tenido si no lo lee a temprana edad. 

“He empezado a hacer de mí un ser literario, alguien que vive las cosas como si un día debieran escribirse.”
Fotografía: I. I. B




Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. En 2021 obtuvo un Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Librero del uroboro. 16. Una historia de amor y oscuridad. Ilse Ibarra Baumann

Una historia de amor y oscuridad

Por Ilse Ibarra Baumann

Estaba tranquila porque sabía que estaba esperándome en mi buró. Teníamos una relación algo así como el novio que viene a checar cada noche y con el que no quieres cortar porque lo amas. Hoy que ya lo terminé me siento triste. De hecho estoy muy triste. Era un libro de muchas páginas y desde la primera hoja hizo que le quisiera. Como si me hubiera regalado rosas rojas en el segundo renglón, y después leía un poco más y me daba rosas rosas y así. Iba dejando regalos o cumplidos o me daba a conocer sus situaciones vulnerables o me entristecías por sus aprehensiones o me ponía a indagar en el internet sobre los bundistas, los sionistas, los bújaros, los fedayines, sobre Ben Gurión, Menahem Begin... o me deslumbraba por sus conocimientos.

Cuando alguien te vuelve su confidente es porque ha encontrado en ti seguridad, quizás algo de sensatez y también de amistad. ¿Será que Amos Oz pensó que todo el que leyera este libro debía tener algo de eso? En esta obra, que para mí es lo mejor que le he leído, me abrió las puertas de su corazón. Me habló de sus padres, de sus abuelos, de sus tías, de sus vecinos, de los compañeros suyos y de sus padres, y de muchas personas más que se cruzaron en su camino. También habló de él, se sentía el vertedero de los temores o los anhelos de sus padres (como todos, supongo). En pocas palabra, hizo del lector su confidente de algo tan personal como los secretos de su vida y, además, ejemplificó el anhelo y la resignación de los judíos con que recibieron su tierra prometida.

Fotografía: I. I. B




Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. En 2021 obtuvo un Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Librero del uroboro. 15. El verbo se hizo sexo. Ilse Ibarra Baumann

El verbo se hizo sexo

Por Ilse Ibarra Baumann

He aquí este hallazgo que se reedita por tercera vez 91 años después. Las dos primeras ediciones fueron en 1931. Yo pensé (malamente) que la novela iba a dar testimonios milagrosos por parte de la santa y me encuentro con que es una mujer que ve visiones y son, más bien, síntomas de alguna patología psiquiátrica. 
          Al final de la novela la madre Teresa escribe sus revelaciones por petición del Santo Oficio quienes trataban de enjuiciarla para poder quemarla. Ella cuenta que ve a Dios: Jesús hombre, a quien ha convertido en ángel, trae un dardo de oro que le mete en las entrañas y la hace temblar y ver el mundo maravilloso. De ahí el título del libro: El verbo se hizo sexo. 

Ramón J. Sender exhibe la condición terrenal de Teresa de Ávila. 

“Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.

Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.”
Fotografía: I. I. B
Fotografía: cottonbro

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas. Actualmente cursa el Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Parábolas del uroboro. 14. Verdad oculta en la ironía. Ilse Ibarra Baumann

Por Ilse Ibarra Baumann

Al borde de la ironía

            

Cuando se habla de verdad se está en tierra firme. No hay dobleces ni disimulos; no hay burlas o engaños. Esta zona pertenece a la formalidad, a los valores que ocupan un lugar real. 

Cuando la ironía se presenta con toques de verdad el valor de lo dicho se ha fragmentado, representa la imagen de un espejo roto. Esta posibilidad fuera de orden no puede ser absoluta, por lo tanto, está en el borde de que su “verdad” carezca de seriedad. “La seriedad del serio no le conviene a la seriedad de la ironía: en la medida en que ésta emprende otro camino, su verdad será de distinta naturaleza.” (Schoentjes, 2003, p. 179). 

El lenguaje es asombroso, cuando se habla se remueve desde el interior; a veces se altera la significación y cambia el rumbo pero siempre se está en constante vaivén, si el decir en serio es estabilizar una idea, el irónico tratará de modificarla; mejorará su agilidad mental de dualidad al paso del tiempo y de la práctica para terminar siendo un irónico agudo, sus acciones se tornan inmanentes a su modo de expresar y muchas veces pasarán inadvertidas en el ámbito exterior, apenas si dejarán rastro; pero por dentro se ha configurado; él es producto de una disciplina.

No hay manera de evitar que sus acciones se labren. Él es por lo que hace y se retroalimenta regresando a su verdad oculta. Para el crítico literario canadiense Northrop Frye: 

“El término ironía designa una técnica que consiste en mostrarse inferior a lo que en realidad se es; esto en literatura se convierte casi siempre en una técnica que consiste en decir lo menos para significar lo más, o, de manera más general, se trata de una disposición verbal que se aparta de toda afirmación directa o de su propio sentido manifiesto” (Schoentjes, 2003: 182)

Northrop regresa en su definición a la antigua ironía socrática: “yo sólo sé que no sé nada”. El significado, en resumen, que dio Helena Beristaín sobre la ironía es: oponer el significado para burlarse. Se podría decir que el fin último de la ironía es dejar en ridículo a alguien. 

Pero dentro de esta figura que afecta la lógica del pensamiento se han adosado otras que pueden componer una estructura parecida. “La ironía cuenta con muchas prácticas, como la sátira, el humor y lo cómico, el sarcasmo y el cinismo, y la parodia.” (Schoentjes, 2003, p. 183). 

La sátira, que viene del latín y etimológicamente hablando proviene de satura, representa algo colmado, saturado. El fin de los versos satíricos era poner a alguien en ridículo por sus defectos morales o las causas que éste origina infringiendo abusos a la sociedad. 

La diferencia que estriba entre estas dos figuras como lo menciona Pierre Schoentjes sería: “Mientras que la ironía propone una pregunta y se esfuerza por poner en entredicho las verdades, la sátira impone una respuesta inferida de una norma moral rígida”. (Schoentjes, 2003, p. 185). 

El satírico se siente poseído de una moral superior, hoy día está tan adolecida la moral que es difícil encontrar a la sátira como un ejercicio literario en crecimiento. “La ironía es siempre (…) una adhesión, se muestra más lúcida y menos moralizadora que la sátira. El irónico puede ser crítico, pero cuando lo es, se expresa al menos en una cierta comunión de espíritu con su víctima.”  (Schoentjes, 2003, p. 186). 

Este servicio que le presta la víctima es necesario para salir un momento de su mundo, se ríe de lo que lo frustra pero sin hacer evidente su desilusión. El irónico no critica para dar una retroalimentación, anda buscando los errores de los demás en los que él pueda tener una cabida de solidaridad disimulada. “La ironía es mejor pedagogo que la sátira en tanto pide la participación del que interpreta. (…) la agresividad de la sátira va mucho más allá que la de la ironía.” (Schoentjes, 2003, p. 186). 

El sarcasmo es una cierta ironía pero en sentido cruel o ridículo. Un ejemplo de la diferencia entre estas dos figuras que se asocian lo da Hugo Pratt en su obra en voz de uno de sus personajes: “«Tú quisieras ser irónico, pero sólo llegas a sarcástico (…) y entre los dos hay la misma diferencia que entre un eructo y un suspiro.»” (Schoentjes, 2003, p. 193).

El cinismo es un acto fuera de las normas, es el desprecio hacia los convenios sociales que resalta sobre lo demás. Para la escuela cínica liderada por Diógenes, el hombre virtuoso es aquel que satisface su vida con las modestas necesidades que da la naturaleza. Si el hombre se apega al poder, a la riqueza, a los placeres… entonces se vuelve despreciable y lo harán entrar en razón arguyendo el desvarío de sus ideas de manera peyorativa hasta llevarlo a la insolencia. 

“La maldad del cinismo no se explica por una animosidad hacia una persona, pues los ataques más bien se dirigen para socavar los cimientos convencionales de la moral de los hombres para encontrar una ética que estaría próxima a la naturaleza. (…) el cinismo vuelve todas las verdades del revés y se procura su satisfacción viendo la ruina que deja tras de sí” (Schoentjes, 2003, p. 194).

El pastiche representa la imitación de una obra ya sea por su fondo o su forma. Se sustenta en el intertexto y reincide en el acercamiento y la verosimilitud hacia el texto literario. Esta práctica se puede concebir de dos maneras: por la admiración al autor que lo lleva a una imitación fiel (podría lindar con el plagio) o por señalar (irónicamente) los defectos en las que incurre el autor. 

“La ironía del pastiche es, pues, una ironía obtenida mediante el acrecentamiento de las particularidades estilísticas y la exageración de los juicios aceptados. Mediante la hipérbole, la ironía se apoya en un ejercicio de expansión (…) utiliza la antífrasis cuando, so pretexto de magnificar a un autor, lo que hace es mostrar sus defectos” (Schoentjes, 2003, p. 196-197).

La parodia es imitación de una obra, de un género, de un estilo, de un tema en forma de burla. A diferencia del pastiche, permite que la imitación que realiza sea adivinada. Cuando el autor logra transmitir esta exhibición de su dominio dentro de obras clásicas (aunque no siempre tiene que recurrir a cánones de la literatura), demuestra sus conocimientos sobre los demás. 

Don Quijote de la Mancha es una parodia a las novelas de caballería. “el término parodia se usa mucho hoy día para referirse a las ironías que tienen relación con la intertextualidad, desde la alusión concreta hasta la reescritura, pasando por las (seudo-)citas de longitud variable” (Schoentjes, 2003 p. 200), y siendo irónicos y congruentes con todo este apartado.

(Continúa en la siguiente entrega…)

Fotografía: cottonbro

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas. Actualmente cursa el Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Sobre el artículo:

Los textos de las serie corresponden al volumen <<La ironía, esencia de Juan José Arreola, con énfasis en La parábola del trueque>>.

Parábolas del uroboro. 13. Verdad oculta en la ironía. Ilse Ibarra Baumann

Por Ilse Ibarra Baumann

El zorro en el espejo

Al analizar el sentido irónico se determina su carácter de ser. Equiparar a la ironía con otros objetos es fijarla a la fama que se ha hecho a lo largo de su historia. Este disimulo manipulado por el hombre, que a la vez es lineal-perfecto y secreto-imperfecto ha sido relacionado con el zorro. 

es la tradición popular la que atribuye a este animal las mismas cualidades y defectos del irónico: los dos son inteligentes y hábiles, pero al tiempo simuladores y peligrosos. La ironía es astucia y toda la ambigüedad de esta palabra, sus connotaciones positivas y negativas se encuentran encarnadas perfectamente en la figura del zorro. (Schoentjes, 2003, p. 169)

La astucia del zorro lleva a la desconfianza. En el momento en que se emplea a este animal como objeto de artimaña para sus propios fines, se puntualiza en que el ejecutor de la fábula parte de unos conocimientos verdaderos incapaces de generar consideración. 

A lo largo de la literatura se encuentra este tipo de comparación dando una doble vía al significado ya que encajonar a la ironía en una sólo idea resulta insuficiente. Tomar al zorro como ícono de artimaña ha sido usado por muchos escritores, entre ellos está Shakespeare: “Falso de corazón, ligero de oído (…) en astucia, un zorro” (Shakespeare, 1982, p. 43). 

El creador de los dobles sentidos siente la obligación de enseñanza a su adversario, lo hará ver sus errores partiendo de un hecho real. Familiarizado con los yerros que lo han vuelto más consciente de su realidad, hará que los malos momentos aparezcan en boca de otros o en situaciones de otros. 

La espada, con su doble filo, actúa también como un emblema más de la ironía. La lengua también se considera una espada de doble filo. Por un lado hiere y por el otro se protege ¿se miente o se dice enserio? ¿Cómo se puede conocer el bien sin haber probado el mal? 

Lo irónico se encuentra cuando se exhibe el bien y trata de alcanzar la maldad. Sin embargo, si se expusiera el mal (que llama más la atención) se caería a la impotencia de la realidad. En la vil flaqueza humana cargada de errores, el necio rumbo del hombre. Pierre Schoentjes dice: 

Mientras que la imagen del arma acentúa la agresión en la ironía, la de la máscara recuerda el disimulo que le es propio. Este cambio de acento no significa que haya desaparecido toda idea de violencia: la caperuza del verdugo es una máscara e, incluso fuera del contexto del castigo, se reconoce la superioridad del enmascarado sobre el que va a cara descubierta. (Schoentjes, 2003, p. 172)  

La máscara actúa como un instrumento que se coloca antes de, muchas veces se adapta tanto que su fingimiento se vuelve casi real, digamos que dentro existe una doble influencia: positiva y negativa o real y ficticia. 

Como dice Octavio Paz en Máscaras mexicanas “En suma, entre la realidad y su persona establece una muralla” (Paz, 1972, p. 26) pero es una muralla de desdicha, porque se ha optado por no respetar la condición humana y trata de figurarla. “¿hasta qué punto el mentiroso de veras miente, de veras se propone engañar?; ¿no es él la primera víctima de sus engaños y no es así mismo a quien se engaña? El mentiroso se miente a sí mismo: tiene miedo de sí.” (Paz, 1972, p. 30) 

Pero la máscara no puede ser perene, una y otra vez se superpone y poco a poco va revelando esa realidad oculta que trata de confundir.

            Otra de las representaciones de la ironía es el espejo que desarrolla una o más imágenes a la ya existente. Para Schoentjes a diferencia de la máscara que cubre la cara, el espejo pone una misma cara que es un doble. Lewis Carroll en Al otro lado del espejo cita la palabra clave con la que Alicia dice la mitad de sus cosas que es “Finjamos…” por lo tanto va a fingir que la imagen que aparece en el espejo recobra una vida distinta a la que es, sin embargo le dice a Kitty: “los libros son más o menos iguales a los nuestros, sólo que las palabras corren a la inversa. Lo sé, porque he acercado uno de nuestros libros al espejo, y luego sostienen otro en la otra habitación.” (Carroll, 1972, p. 121) 

            Aquí existe un juego de analogía, que si bien es lo mismo, su posición es relativa. “La inversión irónica que realiza el espejo no abarca sólo el yo, sino también el mundo. Por eso trastorna la jerarquía entre el arte y la naturaleza, entre la representación y la realidad” (Schoentjes, 2003, p. 176) 

El espejo actúa como un medio virtual para mirar la representación mejor de un objeto, nos lo duplica. Se sabe que no son dos, sino que la superficie plana ha robado la imagen para generar nuevos estímulos.   

            El zorro, la espada, la máscara y el espejo son parte de los artificios con los que cuenta el irónico en su turbación al haber enfrentado este mundo real, le permite distanciar lo que es de lo que desea. Muchas veces es preferible abdicar detrás de, que enfrentar. Se ha engañado él mismo y será mejor aparentar modestia que vanagloriarse. Por eso, cuando Pierre Schoentjes menciona la cita del Diario de Jules Renard: “La ironía es el pudor de la humanidad” (Schoentjes, 2003: 172) no se sabe si es preferible conmoverse del irónico que condenar sus burlas. Entre su ser y su parecer ha puesto un muro; al fallarse internamente trata de redimir su culpa insertando a la vida el sueño ideal o mofándose de él. Faltándole al respeto lo ve de cerca en la informalidad.

(Continúa en la siguiente entrega…)

Fotografía: cottonbro

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas. Actualmente cursa el Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Sobre el artículo:

Los textos de las serie corresponden al volumen <<La ironía, esencia de Juan José Arreola, con énfasis en La parábola del trueque>>.

Parábolas del uroboro. 12. Verdad oculta en la ironía. Ilse Ibarra Baumann

Por Ilse Ibarra Bauman

Componentes de la ironía

Este juego de conciencia está compuesto por el irónico, la víctima y el observador. En muchas ocasiones la intención del irónico pasa de largo sin hacer mella en el blanco, sin embargo, los demás que están presentes captan el juego de palabras que va de un sentido literal a uno oculto. Uno de los ejemplos que pone Schoentjes:

“… en Madame Bovary cuando Carlos escribe a Rodolfo para hacerle saber que «su mujer está a su disposición». Pretende simplemente anunciarle que está lista para el paseo a caballo, pero la frase se lee como si le diera permiso para seducir a Emma. Carlos hace aquí ironía muy a su pesar; en realidad, él es el blanco de la ironía de Flaubert, que al poner en la pluma de Carlos palabras cuya carga no comprende el personaje, hace ironía a través de él. (Schoentjes, 2003, p. 162-163) 

El lector se ha sentado a la mesa del irónico y constituirá en algunas circunstancias, también, sus propios objetivos. Y de algún modo representará otra posibilidad de aguijonear su mundo imperfecto. 

Entonces el lector que pudo pasar como observador, ha cambiado de sitio como víctima para dar sentido al momento irónico. Sin embargo, como se vio anteriormente, no 

siempre resulta eficaz en el irónico este juego; él está necesitado de que su astucia sea interpretada.

Desde esa duplicidad: víctima-verdugo; uno incluye y el otro accede. La víctima será sometida manteniéndola en un escalón más abajo, dejándole un sitio ignorado donde la razón del irónico lo supere, este deja para él una posición más enaltecida desde donde pueda dominarlo.

Cuando se permite el acceso se abre un canal, no sólo de burla, sino de pertenencia a una comunidad que ha decidido: señalar al chivo expiatorio como si éste requiriera de una llamada de atención. “No es raro que la ironía denuncie los defectos compartidos por las personas que constituyen el grupo, incluso los valores constitutivos. La forma indirecta que adopta la crítica permite de alguna manera la expresión de una verdad que no se podría decir abiertamente” (Schoentjes, 2003, p. 165). 

Al no poder estar abiertamente; al requerir como recurso la aprobación y en suma abrirle camino, es lo que permite su existencia. Cada hombre y/o cada grupo tiene sus aficiones organizadas en una estructura tradicional, es decir, en un orden definido de prioridades. 

Cuando este orden ahoga a un individuo y cae en la cuenta que su mundo perfecto el cual está formado de imperfecciones, trata de tapar con un dedo su desilusión; ataca ya sea de forma consciente o instintiva. 

Es por eso que el irónico vive más consciente y sabe que su mundo está rodeado de imperfecciones. “Desde la doble perspectiva de la posición que ocupa y de la moral, Dios es entonces el irónico supremo: es quien se encuentra por encima de todo y de todos y guía a su antojo los destinos de los hombres.” (Schoentjes, 2003, p. 170)

Adelantarse al significado no literal no supone someterse a la ironía, sino precisamente aceptar las dos posibilidades. Atrincherarse es una forma de mantener un juicio, sólo desde esta posición se puede caer en la cuenta de la duplicidad del juego, por un lado la broma y por otro las limitaciones imperfectas del mundo real del irónico que desde su escondite contribuyen parte del mundo colectivo. “Si la ironía crea o refuerza la cohesión dentro de una comunidad, su funcionamiento estriba en la armonía del grupo y en compartir valores comunes. Cada comunidad posee una forma propia de escuchar o leer que corresponde a la mirada que lanza el mundo” (Schoentjes, 2003, p. 165). 

La interpretación parte de una experiencia de su temporalidad. El yo (como ser) en el ahora. No se puede decir que el ser actual es la realidad, sino ese cúmulo de pasado y de imaginación. Lo que se presenta ante los ojos del hombre, su obra, es lo que equivale a sus fines. 

Se puede decir que su propósito es llevar el acto hacia sus límites, unos límites que van en uniformidad para entender que dentro de esa comunidad, la uniformidad domina. Las expresiones que parten de la vida en común: donde se permanece y se envejece, dan lugar al carácter de ser da cada cual, y esto a la formación de su estilo. 

Constituidos en este mundo que sortea contextos desenvainados con doble filo, lo primero que se debe plantear es la posición desde la cual se genera el hecho irónico. Dejarse llevar por una doble idea es el fin: cuestionarse, fijarse en lo que aún no se ha fijado. 

“La ironía es, en efecto, una forma de agresión: el irónico se burla de su víctima pareciendo que le hace un cumplido (…) El objetivo de la ironía es el de batir al adversario en su propio terreno fingiendo estar de acuerdo con sus premisas, con sus valores, con sus maneras de razonar, para exponer que en el fondo son absurdos.” (Schoentjes, 2003, p. 169) 

Por lo tanto, en el entender de la ironía va algo más allá que está lejos de la forma. No hay un determinado entendimiento normal. Dominar la burla no es algo que se pueda calcular de antemano. Distinguir al sentido figurado de lo que no se aprecia y percatarse de que se ha tomado en serio es permanecer despierto, descartar el significado desperfecto que no embona en el contexto.

Divertirse al observar la ironía puede ser un arma de dos filos, pues se está tan cerca de la batalla que al tomar el arma y hacer uso de ella también se está cerca de asestarse. Cuidado, inquietud, gozo, son algunas impresiones cuando sabemos que la más bonita espanta. Las personas que creen a ciencia ciega asumen como algo definitivo lo que se ha dicho, sin embargo se puede estar soñando cuando se está despierto.

Max Scheler en El saber y la cultura afirma las leyes generales: las leyes de la naturaleza y las morales. El preferir un valor a otro son parte de las transformaciones del hombre. “Las imágenes ligadas a la ironía (…) evocan destrucción; por ello, la ironía no sirve para fundar un sistema, sino para minar sus cimientos”  (Schoentjes, 2003, p. 172) 

La existencia humana está viciada y estos arrebatos son los gritos contaminados de miedo, de sentirse fallados de sí mismos.

(Continúa en la siguiente entrega…)

Fotografía: cottonbro

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas. Actualmente cursa el Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Sobre el artículo:

Los textos de las serie corresponden al volumen <<La ironía, esencia de Juan José Arreola, con énfasis en La parábola del trueque>>.