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Paso de fuego. Silencio y poesía. Alejandro Aldana

Por Alejandro Aldana*

 
Silencio y poesía *


Durante años la poesía escrita por hombres y mujeres indígenas permaneció en silencio para nosotros. Ellos permanecieron cantando en sus comunidades, bailando poemas, soñando ritmos y ritos. Sin poesía no hay celebración, se empobrece la ritualidad, enmudece la fiesta. Ese silencio fue en realidad una barrera construida por nosotros, nuestros oídos estaban atrofiados, aún no lograban limpiarse de la cochambre de la modernidad. Mientras tanto ellos arrullaban al maíz con cantos floridos, convocaban las lluvias con versos alados, enterraban a sus muertos con canciones ancestrales. 
           Nosotros seguimos levantando el muro del ruido, estaciones de radio vendiéndonos el último milagro, el rugido de los coches en las autopistas del supermercado, la tronante locución de televisores eternamente encendidos, el sonido del dinero cayendo metálico sobre nuestros huesos. Tuvieron que pasar algunas lunas para que poco a poco, lentamente, al ritmo del amor y el trabajo, fuéramos aprendiendo a escuchar. Una mañana, sin esperarlo, un colibrí chascó su lengua en nuestros oídos, las flores dejaron de solar en el agua y entonaron una dulce canción milenaria. Los poetas dijeron su palabra con ritmos novedosamente antiguos, el tseltal y el tsotsil se sometieron a la cadencia del abuelo fuego, el silencio dejó de ser una barrera, ahora era una nueva forma de hablar. El zoque, el ch´ol, el kanjobal, y todas las lenguas de los pueblos indígenas se escucharon en la luminosa noche de la poesía. 
          Este libro, es una pequeña muestra de ese canto liberado, libre para nuestros oídos, los poemas de estos autores y autoras nos hablan directamente a nosotros, se dejan escuchar para todo aquel quiera hacerlo. El silencio y el poema son Uno, el silencio que de tanto caminar se ha llenado de un profundo sentido, y el poema lo recibe en sus odres viejos.

Fotografía: Johannes Plenio.

*Sobre el texto:

“Silencio y poesía” es parte del prólogo de la colección Ahelo de reposo. Antología poética, Editorial Tifón, 2019, la cual reúne poemas bilingües de escritores de la zona altos de Chiapas, sur de México.

En esta revista estaremos compartiendo, en las próximas entregas, textos y poemas extraídos de dicha antología.

Sobre Alejandro Aldana Sellschopp

Investigador, promotor cultural, editor, ensayista y narrador.

Ha sido becario de: FOESCA (Emisiones 1999-2000 y 2000-2001), PACMYC, fue becario del FONCA (2003-2004) en el programa de Jóvenes Creadores en la modalidad de novela. Está incluido en la antología del FONCA – Jóvenes Creadores generación 2003-2004.

Ha publicado: Tiempo a Contrapunto (UNAM- Espacio Cultural Jaime Sabines),  Nudo de Serpientes (Novela). Su cuento Diario de un lobo está incluido en la antología Inventa la memoria (Alfaguara). La novela en Chiapas, antología (Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas en el 2018).

Paso de fuego. Del amor como maldición del tiempo. Alejandro Aldana Sellschopp

Del amor como maldición del tiempo

Por Alejandro Aldana Sellschopp

para: Luz y Emiliano

   

Tuve la fortuna de editar La lluvia en las hojas del platanar. En el lejano 2007, Héctor Cortés me llamó para contarme de la novela y su autor; pronto tuve el manuscrito, lo leí con calma, sopesando cada línea, marcando el ritmo de su prosa limpia, ubicando personajes y líneas argumentales, inmediatamente supe que estaba frente a un texto interesante; no podía creer que se tratara de una primera novela, la complejidad de la estructura me cautivó una vez que comprendí su detallada construcción. Publicamos el libro y pasé algunos meses regalándolo a amigos, escritores y lectores de toda estirpe. Los años pasaron, vinieron nuevos títulos, otros rostros y estilos literarios, hasta que una mañana Roger me llamó para contarme que se reeditaría su novela y me solicitaba una especie de prólogo o introducción. Volví al libro, nuevamente lo leí con atención, calibrando ritmos y tonos, tramas y subtramas; sin duda el libro merecía la reedición, reafirmé mi idea original, Roger Gómez Espinosa era un escritor talentoso, y me preguntaba, me sigo preguntando, por qué se alejó de la literatura, qué pudo ser tan fuerte para apartarlo del huracán de la creación. ¿Miedo disfrazado de prudencia? ¿Terror oculto en el consabido respeto al silencio? Y me pregunté una y través, me lo pregunto ahora, ¿Cómo te puedes curar del fuego?

            Heráclito Gonzáles nació porque así lo quiso, la voluntad se impuso al destino, la existencia no es más que retornar siempre, parece que nos dice el personaje desde su limbo eterno, el ser gira en torno a un punto concéntrico, se revoluciona en una espiral ascendente, la luz y la oscuridad se confunden en la vertiginosa levedad del tiempo. 

            Heráclito es el hijo de un panteonero, los trabajos de la muerte le son tan cercanos que no la teme, aprende a convivir con ella. Heráclito es un espíritu, un alma que vaga por las veredas de las montañas, es una historia que se cuenta en pueblos olvidados, un eco prolongado y oscuro.

            Roger Octavio Gómez crea un personaje que contiene muchas vidas, una diversidad de significaciones, la transliteratura se desarrolla al resignificar varias tradiciones: la griega, la prehispánica, las leyendas coloniales. El nombre mismo de Heráclito nos recuerda al filosofo presocrático Heráclito de Éfeso, conocido como El oscuro, quien afirmó: “Se unen: completo e incompleto, consonante-disonante, unísono-dísono, y de todos se hace uno, y de uno se hacen todos”, y la vida de Heráclito Gonzáles no es más que la búsqueda de los contrarios, la eliminación de la pluralidad para retornar a lo Uno. 

            En los pueblos infestados de moral cristiana y pequeño-burguesa, Heráclito es la parte negativa, se trata de un hombre pobre, que no tiene ni el consuelo del destino; por el contrario Alejandra es la luz, lo elevado, la sublimación de la existencia, el amor. El binomio dialéctico se establece desde su primer encuentro. 

            Roger Octavio, centra la posición económica y social del desventurado Heráclito, en su calzado; la primera vez que éste va a pedir la mano de Alejandra se presenta con huaraches, la segunda calza huaraches de cuero cocido y la tercera botines de cuero negro, “…hasta parecía un señor.” Lo negativo y lo positivo se buscan eternamente, no pueden ser sino en la unión, es por ello que el eterno retorno se convierte en un elemento de profunda significación. 

            El nombre Heráclito, nos lleva también al héroe griego Heracles, hijo de Zeus, que lo procrea con Alcmena haciéndose pasar por Anfitrión. Hera la mujer del jefe de los dioses, no soporta la infidelidad, una entre mil, de su consorte y trata, por todos los medios, de vengarse en la humanidad del desdichado Heracles, que en la cultura romana paso a llamarse Hércules. 

            Roger Gómez traslada al héroe mitológico al tiempo moderno, lo inserta en una tradición diferente, llena de rezos, velas, santos y supersticiones. Heráclito nos recuerda, al igual que Hércules, que la verdadera hazaña del hombre es superarse a través del trabajo, el esfuerzo personal es tan importante como la protección de los dioses. Es por ello que cuando Heráclito es “tentado” por el ingeniero agrónomo, que le promete ayudarlo a producir la tierra, éste le contesta: “No, señor, a mí me gusta esforzarme, así siento que las tortillas son mías. No me gusta que me regalen nomás por regalar, ni firmar cosas que no sé leer. Dígale al señor Anónimo, dígale que eso dijo Heráclito Gonzáles”, (Gómez Espinosa, 25:2007). 

            Hércules vive en un impasse, goza al mismo tiempo de la naturaleza divina y humana. Heráclito es el ahijado de los dioses, santos que desde lo alto observan su devenir en el mundo. La novela nos presenta un conciliábulo de santos chocarreros y, como los dioses griegos, llenos de todas las pasiones humanas. Estos benefactores guían y protegen a su ahijado, interceden por él, le enseñan el camino de la virtud, hasta que trágicamente lo abandonan. Heráclito queda a merced de su humanidad y se pierde, se ahoga. 

            Hércules representa al héroe que bebe sortear una serie de pruebas, doce trabajos, para liberarse de la nefasta influencia de Hera. Heráclito a su vez se presenta frente al finquero César, para resarcir la deuda de su abuelo, para ello realiza una continuidad de trabajos, para conseguir la ascesis, el mismo Heráclito pide la imposición de pruebas: “Usted dirá. El abuelo ya no puede y yo tengo fuerza para trabajar. Nomás que no me quiero quedar vendido como él. Póngame trabajos fuertes para pagarle pronto”, (Gómez Espinosa, 40:2007). 

            La primera tarea fue tan sencilla que pareció una broma de tan baladí, sin embargo, fue la más comprometedora de todas, ya que en su cumplimiento el muchacho se condenó al amor. Don César lo mandó a comprar azúcar a la tienda del pueblo, ahí conoció a Alejandra y le dijo con la desfachatez de la juventud que se casaría con ella. 

            La relación que se establece hacia la liberación de Heráclito es la siguiente: 

            Pobreza—Trabajos—encuentro con Alejandra—Trabajos—Amor realizado—Muerte—-Divinización.

            Pobreza: Heráclito es un joven que vive paupérrimamente, parece que su sino es vivir y morir pobre; sin embargo, la deuda contraída por su abuelo lo obliga a cambiar su situación, ahora deberá trabajar duro para resarcir la deuda. 

            Trabajos: Las pruebas comienzan con una sencilla tarea: comprar azúcar. Conseguir la dulzura de la vida lo conduce a edulcorar su relación, a transformar su mundo, al conocer a Alejandra. Ahora su situación es otra, buscará merecer a la muchacha, hija de un poderoso finquero. 

            Las pruebas colocan a Heráclito en una franca lucha con elementos mágicos. Naturaleza y magia se combinan. La segunda prueba fue la limpieza de los establos. No es más que la limpieza de los establos de Augías, donde la fuerza de Heráclito se hace patente.  

            La tercera prueba fue dominar a un jabalí, Roger Octavio Gómez Espinosa logra mimetizar dos correlatos: la mitología griega y la leyenda chiapaneca. El texto abandona su cualidad realista, para situarnos en una narración alimentada por el realismo mágico: los animales hablan, los muertos siguen vivos, los santos intervienen en la vida de los hombres. Heráclito coloca un freno en el hocico de la cerda, jabalí, para que no siga dañando las milpas. Estamos frente al mítico Jabalí erimantio y la cerda enfrenada.  

            El cuarto trabajo fue dominar a un puma que había matado al ganado de don César. Sin duda se establece la traslación del momento cuando Hércules mata al León de Nemea. Heráclito mata al león ahorcándolo con sus propias manos, lo cual nos da una idea de la fuerza del personaje. Fuerza física y determinación de carácter se unen en la hibrys de Heráclito.

            El quinto trabajo fue dominar al toro cimarrón, una portentosa bestia que comenzó a hacer estragos en la propiedad del patrón. Heráclito lo enfrentó toreándolo, la fuerza y velocidad del “héroe” logró cansar al animal hasta hacerlo desfallecer. Sin embargo, Heráclito no salió incólume, el toro lo hirió en el estómago. Una vez curado fue a la iglesia para agradecer a los santos por su recuperación, y ahí volvió a encontrarse con Alejandra. El Toro de Creta condujo a nuestro “héroe” a reencontrarse con la persona que se ha convertido en su verdadero destino.  

            El sexto trabajo fue atrapar una recua de yeguas. Se trata de Las Yeguas de Diomedes. Heráclito logra dominar a un tordillo que era el líder de las yeguas, lo domó con muchos esfuerzos, pero finalmente pudo llevar las yeguas a la finca. El caballo aquel se convirtió en su aliado, hasta que tuvo que cambiarlo por una mancuerna de bueyes, para lograr el amor de Alejandra; siempre el amor tras cada una de las pruebas, el amor como salvación y condena. 

            Heráclito cumple con seis de los doce trabajos de Hércules. Vendrán después nuevas pruebas, aquellas que el padre de Alejandra le impondrá como requisito para concederle la mano de su hija. Trabajar el huisachal hasta hacerlo producir. 

            Las pruebas o trabajos representaron para Hércules una forma de liberación, en el caso de Heráclito fueron su perdición, sin que éste se diese cuenta, ya que gracias a su cumplimiento se unió cada vez más a Alejandra, condenándose a la inmortalidad, a regresar eternamente a buscar su amor. 

            Heráclito muere y se diviniza, sin embargo, repetidas veces pide, exige regresar. El eterno retorno se platea como una dicotomía entre la necesidad que se establece en la naturaleza y el libre arbitrio del hombre. Aún cuando la idea del eterno retorno, podemos encontrarla en los griegos, Roger se apoya en las consideraciones de Federico Nietzsche, en el sentido de que volverán a suceder las mismas cosas, en los mismos momentos y en las mismas formas sin intervención externa. Cuando hablamos de intervención externa, nos referimos a la acción de dios; aquí Roger se aparta de Nietzsche, ya que sí existe intervención externa y es la de los santos que permiten el regreso constante. Es curioso que en el mundo de Heráclito dios pasa a formar parte de una realidad aparte, la autoridad divina la tienen los santos, y es que la sociedad que Roger nos muestra está construida con base a una religiosidad profunda, muy propia de los pueblos latinoamericanos, por lo que la relación con lo trascendental se establece desde la superstición: encender velas, rezar, pedir y agradecer. Los muertos no mueren del todo, siguen relacionados con los vivos de muchas maneras. Es por ello que en la novela percibimos la presencia marcada del mundo de Juan Rulfo, no es casualidad que uno de los personajes se llame Eduviges, cuya genealogía se remonta a Eduviges Dyada. 

            El lector tiene una novela interesante, con una estructura arriesgada, bien equilibrada, donde la polifonía apoya y enriquece el tejido narrativo. Narran los vivos y los muertos, el pueblo entero en un coro griego, que nos lleva por los caminos del infierno del amor, narra el alma de Heráclito, los testigos, los chismosos.             

Heráclito muere de una forma profundamente simbólica, se ahoga en un río, y de qué otra manera podía morir alguien con ese nombre, ahogado en el río del tiempo, ese tiempo que eternamente se muerde la cola.   

Fotografía: Tobias Rehbein.

Sobre Alejandro Aldana Sellschopp

Investigador, promotor cultural, editor, ensayista y narrador.

Ha sido becario de: FOESCA (Emisiones 1999-2000 y 2000-2001), PACMYC, fue becario del FONCA (2003-2004) en el programa de Jóvenes Creadores en la modalidad de novela. Está incluido en la antología del FONCA – Jóvenes Creadores generación 2003-2004.

Ha publicado: Tiempo a Contrapunto (UNAM- Espacio Cultural Jaime Sabines),  Nudo de Serpientes (Novela). Su cuento Diario de un lobo está incluido en la antología Inventa la memoria (Alfaguara). La novela en Chiapas, antología (Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas en el 2018).

Paso de fuego. Soñar Grecia. Alejandro Aldana Sellschopp

Soñar Grecia

Por Alejandro Aldana Sellschopp

para: Luz y Emiliano

La tragedia encendida de los hombres es al mismo tiempo un espacio expresivo: el poema, y un espacio geográfico: Grecia. Sin duda no hay una cultura más citada y reelaborada que la griega, Jorge Abarca regresa a Itaca para observar con sus modernos ojos el mundo de Pericles del siglo V a.C., camina por las empolvadas veredas de los pueblos donde surgió parte de la filosofía presocrática, relee sus preceptos, y escucha a lo lejos las rapsodias homéricas. 

            Jorge escribe sus poemas entendiendo que Occidente debe los puntales más profundos de su civilización a Grecia, por lo que ubica a los griegos como uno de los padres de las artes y las ciencias; pero sobre todo del humanismo. 

            Abarca explora los conceptos antiguos: poema y poeta. Si bien, para Platón el más grande poeta es Homero, Jorge posa su mirada tanto en la épica homérica, como en la  lírica de Arquíloco:  

“Su nombre lleva el peso de un demonio 

con la llama en la punta de su lanza, 

quemante partitura con que avanza 

en los inmensos mares de los Jonios”.

            Vemos al poeta rebelde, su lanza mata al enemigo; pero también destila versos rabiosos, ahí va cruzando el mar de los Jonios dispuesto a contribuir a la colonización de tasos. Arquíloco es pieza fundamental en el libro, ya que conjuga los dos oficios que alimentan a su vena poética: Arquíloco fue a la vez soldado y poeta. 

            En Arquíloco podemos ubicar al poeta que se constriñe a su individualidad, canta su sentir desde su propia experiencia; sin embargo, Jorge Abarca nos muestra la otra cara, la voz épica en Homero:

“Soy Homero, la nota más brillante

del alfabeto y su música de aliento,

en los amaneceres palpitantes

de toda la amplitud del firmamento”.

  En ambos poemas, los versos fluctúan en aproximaciones silábicas al endecasílabo; los ritmos se modulan a partir de la temática y la naturaleza del lenguaje elegido. Al hablar de Arquíloco, el autor lo hace a través de una voz poética que se ubica en la omnisciencia, observa y retrata; por el contrario en Homero la voz enuncia desde la primera persona, su grandeza se describe en la fuerza de los versos. Homero se presenta como la nota más brillante del alfabeto, un alfabeto creado desde las florituras de los Fenicios; pero también a partir del lenguaje primigenio del poema.

            El soneto que abre el poemario centra su temática en la guerra, una constante en todo el libro. El poema lucha desde los recursos de la estética contra la inmisericorde guerra a grado tal que la convierte en sujeto, ésta se desenvuelve en toda su ferocidad, se yergue  en el ritmo de los versos para llenarse de contenidos semánticos. La Guerra es ahora un ser que se individualiza, adquiere personalidad y nueva fuerza. Abarca nos muestra el siguiente terceto: 

“Profundo es el latido de la Tierra,

del insaciable músculo de Guerra

encerrado en la música que nombro”.

            Jorge Abarca realiza sus prolegómenos anunciándonos la naturaleza estética de su libro, el músculo de Guerra está encerrado en la música de los poemas. Y es menester decir que nuestro autor construye su poesía desde una rigurosa elaboración de estructuras musicales, tonos y semitonos, metros clásicos y versos libres que se armonizan para conseguir excelentes pasajes poéticos. Sus sonetos y tercetos encadenados parten de tonos altos, rozando en muchas ocasiones los ecos del canto.

            Jorge Abarca escribe sobre Grecia sabiendo que los filósofos y héroes que aparecen en sus versos han sido soñados por miles de hombres y mujeres durante siglos, entiende que sus creaturas son parte de ese sueño inmemorial, y esa es su apuesta, invitarnos a soñarnos en la Grecia antigua.             En el poema Los minoicos  nos aproxima a la grandeza griega, es decir el poeta tiene una organización cronológica de su material, los minoicos aparecen como ese pueblo prehelénico que habitó la isla de Creta, la siguiente estrofa es ejemplar:

“En todo el esplendor del firmamento 

    de los antiguos cretenses, como Minos, 

una forma de luz su pensamiento: 

sobre el olivo, los vinos y el trigo”.

 Jorge Abarca encuentra su respiración “natural” en el endecasílabo, este tipo de verso lo encontremos en todo el poemario, por momentos recurre a las rimas asonantes y en otras a las consonantes. Abarca refiere a la cultura minoica como un momento de esplendor, Minos representa a los antiguos habitantes de la isla de Creta, y realiza la comparación trópica al decirnos que el pensamiento de dicho pueblo era luminoso, y el remate del cuarteto goza de singular belleza en su construcción de enumeración, colores y texturas, sonidos, tonos y semitonos. Los sustantivos: olivo, vinos y trigo, tienen la combinación fonética parecida, fijando los sonidos rectores en dos vocales, la i y o, el orden a su vez es preciso, primero la i y después la o.

            Jorge Abarca presenta al poema a la manera de Antonio Quillis, al comprender al poema como un texto lingüístico en el cual el lenguaje, tomado en su conjunto de significante y significado como materia artística, alcanza una nueva dimensión formal, que, en virtud de la intención del poeta, se realiza potenciando los valores expresivos del lenguaje por medio de un ritmo pleno. 

            La combinación de significante y significado y sus diversas implicaciones estéticas se encuentran sumamente cuidadas por Abarca, jamás pierde de vista que, a pesar de las rigurosas estructuras que utiliza, está frente a una materia artística, sentimiento, visión sensual y técnica logran acoplarse para generar una forma nueva de expresión. Abarca potencializa los valores expresivos del lenguaje mediante el cuidado de los ritmos. Nuestro autor marca su tonalidad en lo alto, la partitura se compone desde ese primer acorde.

            La tragedia encendida de los hombres es una invitación para viajar por un sueño, recorrer en la cresta del ritmo lugares ignotos y familiares, ver nuestro propio rostro en el brillante escudo de los héroes homéricos, observar a la humanidad en los ojos de Príamo y en el noble gesto de Aquiles, escuchar el eco de la luz en el profundo pensamiento de los filósofos y sus elucubraciones. Este libro es una puerta de excelentes versos hacia el infinito.  

Fotografía: Tobias Rehbein.

Paso de fuego. 3. El lenguaje proteico como espacio dialógico. Alejandro Aldana Sellschopp

La poesía como conocimiento/ Parte 3

El lenguaje proteico como espacio dialógico  

Alejandro Aldana Sellschopp

para: Luz y Emiliano

David Andrade escribe su poesía desde una perspectiva muy interesante, nos habla de un mundo que deviene después de la separación entre el hombre y el lenguaje, no pretende regresar al lenguaje primigenio, por el contrario se reafirma en la propuesta de Michael Foucault que en su libro Las palabras y las cosas afirma la separación lenguaje-hombre, imposibilitando a éste la natural representación del mundo, a partir de ahí el lenguaje adquiere su contenido analógico, y Andrade escribe sus versos en esa vertiente de aproximación, sabe que no toca al mundo antiguo, lo propone, lo acerca y su aproximación es siempre fugas. Es por ello que los versos son polisémico en la medida que son inevitablemente un bosquejo de lo real, los poemas son abiertos desde su propia composición semántica, no poseen la verdad de nada, tan solo la invitación a la intencionalidad. 

            Andrade parece decirnos que la poesía es una de las fuentes del conocimiento, entiende que la imaginación y el mundo emotivo generan conocimiento, que en el poema se perfeccionan en el lenguaje poético. Es decir, que el lenguaje poético es lo suficientemente flexible que se convierte en receptáculo de estas posibilidades expresivas como ningún otro lenguaje puede permitírselo.  

Fotografía: Vincent Gerbouin.

Paso de fuego. 2. Una aproximación a un concepto de poesía. Alejandro Aldana Sellschopp

La poesía como conocimiento/ Parte 2

Una aproximación a un concepto de poesía

Alejandro Aldana Sellschopp

para: Luz y Emiliano

David Andrade replantea el concepto de poesía, ¿qué entender por la funcionalidad del lenguaje desde lo propiamente poético? El poema nos presenta un verdadero problema conceptual, el lector se enfrenta a una textualidad que indica su naturaleza poética desde el ritmo mismo de los versos, por la cualidad del lenguaje desde el que se compone y por la metatextualidad, entendida desde una convención que corresponde a la estructura social dada. En estos poemas el lenguaje es transgresor al apartarse de la significación del lenguaje referencial común, por lo que el poema es visto como parte del conocimiento sensible, pero también participa del conocimiento racional. Ya Octavio Paz en El arco y la lira diserta sobre la fuente del poema como conocimiento al decirnos que la poesía es conocimiento, salvación, abandono. Andrade combina con eficacia las dos vertientes, el mundo sensual es parte de su tejido de significación, pero también forma parte el ejercicio del pensamiento, la reflexión, el mundo de las ideas. Sentir y pensar en los versos, dejando su impronta para determinar los ritmos desde su naturaleza fonética. En este poemario encontramos un concepto de poesía como elemento de la consciencia y del lenguaje.

            La poesía forma parte de la cadena significativa de la expresión, y como expresión es una espacialidad surcada por varias posibilidades epistémicas, establece un diálogo desde su raíz literaria y filosófica. Andrade nos dice que el verso en su lenguaje poético no se limita a lo puramente emotivo y evocativo, además lo integra su posibilidad de reflexión lógica. El lenguaje poético es polivalente, no podemos atemorizarlo como verdadero o falso, Ricoeur nos dice que el lenguaje de la metáfora, del símbolo, en general el lenguaje analógico forma parte de la conjetura con respecto a la realidad.

Fotografía: Pixabay.

Paso de fuego. 1. El mito desde la modernidad. Alejandro Aldana Sellschopp

La poesía como conocimiento/ Parte 1

El mito desde la modernidad

Alejandro Aldana Sellschopp

para: Luz y Emiliano

Encadenados al fuego de David Andrade parte de una consideración fundamental en la historia de las ideas, que el mito es un fenómeno discursivo que se retroalimenta de la poesía. La mitificación forma parte consustancial de los poético, lo filosófico, lo religioso, su origen es en términos del sentido polisémico. Andrade deja muestra clara de ello en su poemario, sus composiciones logran establecer unidades de sentido que pasan por lo puramente poético hasta platearnos verdaderos problemas o cuestiones filosóficas. 

            David Andrade nos refiere que el mito de origen griego está alimentado de una genealogía sostenida en el arte. En Encadenados al fuego se observa al fenómeno mitológico como un entramado de significación abierta, comprende que el mito es un contenedor paradigmático, y gracias a esa naturaleza es posible intentar una nueva reinterpretación desde la mirada moderna. Occidente no ha dejado de mirar la mitología clásica a través de la historia, resignificando sus contenidos. Andrade vuelve la vista hacia dioses y demonios clásicos, busca con profundidad en el alma de hombres, mujeres y héroes.

            En los poemas de Andrade podemos constatar la reapropiación de un mundo lejano, el tiempo y el espacio han dejado su impronta, ahora se actualizan en estos versos. Gottfield Herder que la mitología clásica en sí misma cuenta con una estructura poética que aún se puede utilizar para escribir literatura; pero con la consideración de que se realice mediante una imitación libre. Andrade lo realiza desde esa perspectiva, sin duda su aguda mirada se ubica desde la modernidad, por lo tanto, nos exige una lectura detenida, profunda y activa. 

            En Encadenados al fuego se inserta un discurso que parte de nuevos contenidos lingüísticos para montarse, desde la mirada del montaje como técnica poética, en un campo semántico que tiene su propia dinámica de significación. Philipp Moritz afirma que la mitología debe inscribirse en el lenguaje de la fantasía. Es cierto que la relación que ofrece David Andrade es una mirada secularizada, los mitos han perdido su sentido religioso, ahora se plantean como el constructo de una cultura. 

            Ahora bien, la perspectiva de Andrade está mediada por la filosofía de los románticos, ya que nos presenta al mito como una unidad entre el ser humano y la naturaleza. Por momentos los versos nos hablan de la lejanía de los hombres y el mundo, parece que es imposible que puedan tocarse esencialmente, sin embargo, poco a poco la integración, el retorno a la naturaleza se vuelve a experimentar. 

            Andrade logra contener una posición filosófica con la capacidad de síntesis de la poesía, propone un paradigma frente a las preguntas y respuestas de la propia filosofía. Ahora nos dice que es mediante los mecanismos de la estética como podemos acceder a un mundo nuevo, entendiendo que la obra de arte, como afirmaba Schiller es la única obra de la libertad. 

Fotografía: Shitterphoto.

Trabajo en alturas