Revista

Líneas de desnudo. 22. El oficio de editar II. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 22

El oficio de editar II
Por Manuel Pérez-Petit
Lo venía hablando ayer mismo con un compañero de Kolaval. Todo el mundo cree que es escritor y todo el mundo cree que puede ser editor, y el caso es que todos los procesos históricos suponen una transformación fruto de lo cual llegamos a nuestro presente, el que nos toque, y las cosas no son tan fáciles como parecen. Esa evolución o complejización del proceso da en que hoy el editor tiene mucha menos importancia que nunca. Por el diletantismo imperante –pues todos creen creer que pueden ser editores–, por la desaparición del rigor –causado por el todo vale tan propio del legado de la Revolución francesa– o por la proliferación de la formación –todo el mundo recibe cursos sin parar como si ello les capacitara para formarse en profesión alguna o para poder presentarse ante posibles empleadores con un perfil cada vez más amplio, olvidando que el que vale para todo, en realidad, no vale para nada–. Decía un autor, José Joaquín León, gran periodista y editor de prensa, en un leve debate que se suscitó en el foro que tenemos de autores de nuestro modesto aunque ambicioso proyecto editorial: “Salvemos al editor, en trance de extinción”. Y en otra conversación –la primera a la que me refería en este artículo–, David Hidalgo, compañero desde España entre otras en las tareas editoriales de nuestra casa, me preguntaba: “¿Puede ser considerado el editor un superhéroe altruista de la cultura que lleva a cabo su labor (justiciero de los textos) en las sombras?”, a lo que yo contesté: “El editor, poéticamente hablando, es una especie de Indiana Jones del talento y, sobre todo, de la obra literaria, que puede ser hecha con el talento pero más que nada está hecha de voluntad y rigor”. Continuaron los debates, por lo que decidí adelantar en varios días esta segunda entrega de El oficio de editor. Luego, en nota de autor aparte, les anunciaré mi nuevo plan de publicación, una vez mi editor, Roger Octavio Gómez Espinosa, me lo ha aprobado. Sin embargo, el debate con David prosiguió, al punto de que le dije: “No se puede ser editor si se tiene mentalidad de funcionario. El editor es un emprendedor, alguien que rompe sus barreras mentales y es capaz de abrirse a lo inesperado…”
          Debo reconocer que me sorprendieron, y de manera grata, los diversos frentes de debate abiertos a colación de mi artículo de este martes, por estas y otras vías que no desglosaré acá para no agotar mi espacio disponible y entrar en materia a fondo, y lo cierto es que mientras el editor fue un gran motor del cambio en el mundo occidental durante el XVIII y el XIX hoy es un productor de objetos residuales en la cadena de consumo. Cuando no se entienden las Cortes de Cádiz de 1812 sin los doscientos periódicos que hubo en el proceso constitutivo gaditano, en una ciudad chiquitita, bien chiquitita; cuando no se entiende la gran literatura del siglo XVIII sin la prensa, porque Gulliver de Swift es una crónica parlamentaria, no una novela; cuando no se entiende el concepto de libelo sedicioso y los impresores los escribían y difundían en forma de panfletos periódicos tendenciosos para promover cambios en la sociedad, a fin de salvar la censura del sistema…, cuando no se conoce esto ni se comprende no nos puede sorprender –pues fue una constante en la historia– que, en la nueva sociedad que surgió tras la Revolución francesa, la censura fuera igual o peor que en la sociedad estamental previa, resultando además que el editor pasó de ser un protagonista del cambio social a convertirse en un elemento extraño e incómodo, pues acostumbrado ya a ser resistencia con mucha dificultad aceptaba el nuevo control. 
          A mí me recuerda aquello a Platón, en que la poesía se quedó al margen de la sociedad en Occidente, y, por tanto, ningún trabajo creativo o fruto del libre pensamiento tendría cabida en el concepto social por cuanto rompe con los esquemas que se pueden establecer como convencionales. Y así, a partir del siglo XIX, el concepto de artista romántico, que hace lo que quiere y rompe si quiere, supone una gran transformación y también un gran elemento de confusión, en el sentido de que altera el canon imperante. En nuestro tiempo –esto es, en los últimos dos siglos– el talento es un gran mal. Hasta finales del siglo XVIII se podía encauzar muy bien, pero ya a finales del XIX se convirtió en algo de libre disposición, pudiendo cada cual desarrollarlo a su mejor entender y surgiendo, en consecuencia, los problemas.  Yo he conocido mucho talento que no sirve para nada, muchas personas que tienen muchas ideas pero no desarrollan ninguna.  Y hoy el talento, en efecto, no sirve para nada. Es una fuente brutal de frustración, pues hay que tener una madurez personal muy sólida para poder manejarlo. Podríamos, no es menos cierto, analizar esta cuestión del talento, y es posible que lo haga en alguna de mis próximas entregas, pero a mi entender es, de entrada, un terrible mal de nuestro tiempo, y dejo aquí mi reflexión, para que no me digan que me encanta hacer amigos, no sin dejar de indicar que este problema es también hijo de la Revolución francesa, a su vez legataria, en última instancia, de Platón.
Cuando todo el mundo cree que puede hacer de todo, la mediocridad, o sea, la negación del talento, se sienta en el trono de la pirámide social. Su origen está en Platón, desde luego, y pasa por Santo Tomás de Aquino cuando a éste se le ocurrió sistematizar todo el conocimiento y, por si fuera poco, ponerlo al servicio de la fe, pues a partir de ahí surgió el debate en el barro del pensamiento que nos ha traído estos lodos de nuestro tiempo. Apenas un siglo después, Guillermo de Ockham lo revisó y –ojo al dato– negó la teoría de los Universales, que era aquello que sostenía y daba coherencia al pensamiento tomista, dando pie, un siglo después, a la Reforma protestante, rompimiento de la unidad de pensamiento de Europa, centro del universo incontestable de aquel tiempo.  No es casualidad que, también poco más de un siglo más tarde, surgieran dos figuras fundamentales para entender lo que hoy ocurre: John Locke y Thomas Hobbes. Es este último el que en su obra Leviatán escribe: “el hombre es un lobo para el hombre”, y sentencia que la sociedad es una “guerra de todos contra todos”, a partir de lo cual establece un orden social basado en celdas, en el que la libertad de uno termina donde empieza la libertad del otro, marcando el origen de la sociedad de solitarios que hoy existe.  
          Pareciera que estamos hablando de filosofía, pero estamos hablando de cosas reales.  De filósofos aferrados a la realidad que dictan la norma social. Hoy, sin embargo, un filósofo escribe algo y solo queda en el plano de los intelectuales. No sabemos qué pasará dentro de un siglo, pero es terrible lo del Leviatán, porque Thomas Hobbes diseña la sociedad que tenemos hoy, y aunque hay debates que revisan esto y dicen que la libertad de uno no termina donde empieza la libertad del otro, que nuestra sociedad no tendría que ser de solitarios, pues la libertad de uno termina donde empieza el deber que tiene uno de respetar la libertad del otro –si establecemos una secuencia lógica de que un derecho conlleva una obligación–, estos no dejan de ser pensamientos. Válgame dios de corregir a Thomas Hobbes, pero lo cierto es que está en el origen de la Revolución francesa, y en el de que a partir de cierto momento de la historia –finales del XVIII-principios del XIX– el concepto del artista y de las profesiones cambiara por completo y uno ya pudiera hacer lo que le diera la gana.  
Hoy por hoy todo el mundo escribe en una hiperinflación que tiene que ver con la confusión que nos invade.  No es lo mismo ser original que creativo.  Muchas veces nos basamos en nuestra capacidad de tener ocurrencias con las que escribir un libro que ofrecer a un editor… Y mi conclusión como tal es que el ochenta por ciento de la gente que escribe no sabe escribir. No es capaz, por ejemplo, de concebir una frase con sujeto, verbo y predicado. En fin. También hablaba hace un par de días de los diccionarios, que nacieron al calor de toda esa época convulsa.  Los diccionarios son el instrumento elemental tanto del escritor como del editor, pero nos encontramos con que la inmensa mayoría no los usa.
          ¿Cómo se separa hoy la función de editor de la del escritor? ¿Hasta qué punto, desde el ámbito profesional y/o moral, un editor tiene el poder o el permiso para entrar un poco, invadir un poco, lo que es la faceta de la obra creada por el  escritor o son compartimentos totalmente aparte? Bueno, son oficios diferentes. Normalmente un editor no debe ser escritor.  Hay una incompatibilidad de base. Otra cosa es que el editor pueda tener a otro editor para sus obras, porque la cuestión es que no puede editarse a sí mismo. Es mi caso, y funciona. Hay editores, desde luego, que son escritores. Los grandes editores de la historia, y un día hablaremos de varios de los más significativos, por ejemplo, no eran autores, o lo eran en secreto. El Impresor tampoco lo era, o, en todo caso, lo era de libelos que solían cocinarse en las trastiendas de las imprentas, en tertulias sediciosas con los autores de referencia de su casa. Pero el que es escritor tiene un texto que ha hecho con esfuerzo y rigor y voluntad y que pone en manos de un editor, de un productor de libros, y empieza a trabajar con él. Aquí no hay teoría, para la teoría se apunta uno a uno de esos cursos de formación que al final no sirven para nada. El editor tiene que tener suficiente cabeza para entender aquello sobre lo que no está de acuerdo, sin ir más lejos, y poder llevarlo a buen puerto.  No importa el gusto del editor sino la pertinencia del texto que está trabajando con el propio autor, que sea lo que tiene que ser. Lee en voz alta, pues la literatura entra por el oído y no por los ojos, y avanza con una lectura analítica a fin de dejar el texto en condiciones de ser reproducido, fino, lo cual es capital.
          (... Continuará…)

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Nota del autor
Sí, ya sé que hoy no es martes 2 de marzo, fecha para la que anuncié mi segunda entrega de El oficio de editor, pero, como he dicho, el debate suscitado antes de ayer me ha llevado a seguir en ello. Debo anunciar que esta semana habrá artículo mío, además de hoy, jueves, el sábado 25, y que a partir de la próxima semana, mi Líneas de desnudo en Letras, ideaYvoz aparecerán lunes, miércoles, viernes y domingo, no teniendo día fijo para ninguna de mis líneas. 
Fotografía: Portada del libro Leviathan, de Thomas Hobbes. 1651. La frase latina que aparece en la parte superior ("Non est potestas super terram quae comparetur ei", que se puede traducir como "No hay poder sobre la Tierra que se le compare") es una cita del Libro de Job. (La imagen es de dominio público)

Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Paso de fuego. Paulo Freire. 3. Alejandro Aldana

Por Alejandro Aldana*

¿Quién es ese hombre de la barba florida?

                                Para Luz y Emiliano



Las cinco etapas del pensamiento de Paulo Freire
 
 
El pensamiento de Paulo Freire se puede esquematizar en cinco etapas, las cuales son las siguientes: el oprimido, la esperanza, la autonomía, la indignación y la tolerancia. Es interesante como se reorganiza el contenido de un pensamiento que a través de los años se fue corrigiendo, alimentando de lecturas y experiencias. La filosofía de Freire es en sí misma un diálogo con sigo misma, pero también con la realidad vista como un espacio histórico. Para Freire la actualidad es un producto histórico, no surge de manera espontánea, tiene un devenir, una relación dialéctica. Aquí sin duda se alimenta del pensamiento de Hegel, muy probablemente filtrada por la obra de Carlos Marx. Los estadios del tiempo se corresponden a la diversidad de relaciones de la vida material, la economía y las estructuras económicas repercuten en las nuevas estructuras de las sociedades, sin perder de vista que esa producción se desarrolla en un contexto cultural, la convivencia espiritual forma parte de esa nueva realidad. Entendiendo lo espiritual como la manifestación de lo propiamente humano, y la educación es parte sustancial para la expresión del mundo espiritual de la humanidad. Una sociedad deshumanizada es una sociedad sin espiritualidad, el ser humano es un ser espiritual, el único ser que posee esa cualidad. 
            En el pensamiento de Freire es fundamental ubicar el modelo económico en el que se experimenta el proceso pedagógico, sabe que los pueblos que viven en la pobreza se encuentran regidos por estructuras económicas especificas. El capitalismo genera una situación social, política y económica propia de las relaciones dialécticas de dicho sistema económico. La escasez, la pobreza, la violación a los derechos humanos, la negación de garantías jurídicas, la deshumanización de las sociedades son resultado de un sistema que prioriza la generación de riqueza económica por encima de todo lo demás. Generar plusvalor es la urgencia de los mecanismos sociales y políticos. Acapara el excedente económico el objetivo único. Esta situación lleva a las sociedades a deshumanizarse, ya que la persona humana se convierte en un instrumento de una maquinaria que lo reemplaza sin ningún problema. 
            A partir del estudio de los mecanismos y las contradicciones del capitalismo, que hoy vive una crisis que se extiende en el tiempo, poco a poco el neoliberalismo va dejando de ser la supuesta respuesta a los problemas de la humanidad, hoy hasta los liberales comienzan a tomar distancia del neoliberalismo, se va desligitimando; pero inmediatamente comienza a remplazarse con otras estructuras económicas que de manera sistemática contraviene el espíritu humano. 
            Freire comprende que desde esta situación de crisis se debe plantear una nueva forma pedagógica. Entiende que en esa relación compleja es menester ubicar al opresor. La definición de este actor es fundamental, se convierte en una necesaria brújula que permitirá situarnos en la actualidad y su contexto. Este opresor intentara deshumanizar al oprimido. No es casual que el opresor en su gran mayoría es detentador de los medios y modos de producción, además de controlar y disponer del capital. Y el oprimido posee únicamente su fuerza de trabajo, vive en la escasez, no cuenta con los mecanismo viables para salir de ese circulo vicioso que es la explotación misma.
            Freire reflexiona desde la filosofía y la historia, entiende que una salida a ese circulo puede ser la educación, pero no la educación diseñada desde la mirada y los medios de los opresores. Una educación diseñada desde el opresor tiene un objetivo básico y es que el oprimido siga cada vez más oprimido. En el mejor de los casos es generar mano de obra barata, permitiéndole a este vivir medianamente cómodo. 
            Freire propone una educación popular, y este concepto tiene una ría importante, el pueblo entendido como ese conglomerado de desposeídos. Una educación que mediante el dialogo de saberes el educando pueda convertirse en actor que transforme su realidad.
            La educación desde el pueblo es liberadora, y para transformar la realidad es menester que se identifique una comunidad. El individuo pierde parte de su consustancialidad para fundirse en su ser social, ya que el individuo también tiene un ser social, ya que proviene de una sociedad que le permite vivir y desarrollarse en un conglomerado de personas que permiten la viabilidad de la vida humana. La transformación de la realidad solamente es necesario en comunidad. La educación por lo tanto debe pugnar por construir comunidad, fundar la vida en común, situación que el capitalismo se empeña en romper o quebrar. Para el capitalismo la formación de comunidad es un problema, ya que el individuo aislado, cosificado, incomunicado es mucho más fácil de controlar. 
             
            Esta primera etapa es sumamente importante porque ubica los actores de la relación: el opresor y el oprimido. Establece una pregunta medular: ¿quemes una educación opresora o libertadora? Al resolver ese cuestionamiento estaríamos delineando las cualidades y contenidos de la educación. 
            La escuela, por lo tanto, puede convertirse en un brazo operador del opresor o propiciador de la liberación. Opresor busca desde su paradigma educativo negar al oprimido toda posibilidad de realización humana, y es por ello que le quita la mínima posibilidad de que se observe como parte de una historia, se promueve una desvinculación con la comunidad, con la economía, con la historia. Al quitarle la posibilidad de tener un pasado, una raíz, el oprimido se pierde en una cápsula abstracta que flota en la nada, y es por ello que tiene menos posibilidades para ser consciente de sus problemas más inmediatos y de esta manera se imposibilita los mecanismo para la acción transformadora. Para cambiar la realidad es sumamente importante saber en qué lugar nos encontramos, cual es nuestro devenir y cuales son las condiciones objetivas y subjetivas que nos han llevado a la situación en la que nos encontramos. Conocernos a nosotros mismo como comunidad permitirá una acción libertadora más eficaz. 
            La segunda etapa es lo referente al conocimiento como lucha. El conocimiento desde el pensamiento de Freire es un todo complejo, multifactorial e integral. El conocimiento no se reduce a la mera información, es por ello que está en contra de una educación bancaria, donde el profesor deposita datos en el educando sin tener una relación crítica con esa información. La información se convierte en conocimiento cuando se realiza una aprehensión crítica, esto implica una reflexión más profunda, comparar los datos, contrastarlos, identificar sus contradicciones, llegar a conclusiones y posibles resoluciones a problemas reales. 
            El conocimiento tendrá una verdadera praxis revolucionaria, es decir lograra incidir en la transformación de la realidad, cuando se piense y se organice desde su propia integralidad. Es importante conocer desde la epistemología, pero además es menester contextualizar ese conocimiento. Uno es el conocimiento que se genera en los cubículos universitarios y se quedan en dichos recinto a alejados de una realidad práctica. El conocimiento que le interesa a Freire es uno muy diferente, este puede nacer en la calle, los mercados, la milpa, el mar, y también en las universidades. Ese conocimiento nace en el pueblo y se relaciona directamente con el pueblo. 
            El saber no se genera en una cápsula de abstracción, eso sucede en algunas ramas epistémicas como las matemáticas, la física, la física cuántica, etc. Pero los demás saberes son producidos desde la comunalidad. El conocimiento tiene por tanto una misión transformadora, despreciar al conocimiento es la peor falla en un proceso revolucionario. No basta tener muchas intenciones de liberarse, sino se conoce las circunstancias objetivas y subjetivas, la historia del territorio y la sociedad, las maneras den que se han desarrollado las relaciones de producción, et, etc, nos llevara a un desperdicio de tiempo, esfuerzo y en muchas ocasiones de vidas. 
            Paulo Freire nos invita a aprender todo el tiempo, jamás detener los procesos de aprendizaje; pero también debemos atraernos a generar conocimiento. Es necesario que en nuestro proceso educativo seamos conscientes de nuestra ardua tarea, ¿qué tipo de profesores somos?, ¿qué mundo queremos construir?, ¿con qué herramientas cuento?, etc, etc.
            El proceso del conocimiento es dinámico, no necesariamente se presenta en una forma lineal, unidireccional, autoritaria, inmovilizadora, acrítica, ahistórica. En su dinamismo se implica una relación dialéctica, dicha forma se establece desde la ubicación y cualificación de las contradicciones del fenómeno pedagógico. Si la movilidad es dialéctica es importante observar la manera como se mueven dichos fenómenos. Las contradicciones establecen sus cargas positivas y negativas, se conduce a una tesis, la antítesis y la síntesis. 
            La síntesis supera las contradicciones, pero no se instituye en verdad incuestionable, esa síntesis vuelve a su dinámica dialéctica. Freire nos dice que para conseguirlo necesitamos estar abiertos a todos los elementos de la construcción del conocimiento. Por lo tanto, se establece una relación dialógica, el profesor aprende tanto como el alumno, el alumno con los demás alumnos. Es importante escuchar, generar convivencia libre y democrática. 
            La tercera parte es Sueños y utopia. Soñar es una acción política, entendido el sueño como un proyecto, implica una posición frente al mundo, conlleva un método, un camino a seguir. El sueño es un concepto que Freire utiliza con frecuencia, pero el sueño es al mismo tiempo responsabilidad. Cuidado con lo que sueñas, ya que se puede hacer realidad. Esto nos lleva a pensar que en muchos procesos revolucionarios mediante la vía violenta, finalmente llegaron a triunfar en la optación del poder; pero ya sin armas, sin uniformes verde olivo, sin vivir en la clandestinidad, esos movimientos no supieron qué hacer con la revolución triunfante. Todo parece indicar que los grupos guerrilleros de izquierda desarrollaron excelentes maneras de luchar contra un gobierno opresor; pero jamás soñaron qué sucedería cuando ya dirigieran al país, y los fracasos son numerosos, dolorosos y frustrante. 
            La utopía y el sueño van de la mano, soñar y construir una utopia se retroalimentan. Freire hace hincapié sobre la relación de la lectura, es decir cuando se lee la palabra, también se realiza la lectura del mundo. Cuando leemos al mismo tiempo nos leemos. El acto de leer es abierto, el texto escrito no es cerrado, no es concluyente, al paso del tiempo el texto a perdido su intención autoritaria, la relación de lectura es dialógica, el lector participa directamente en la construcción del texto, el mensaje que se decodifica. 
            Leer el mundo es leer la vida en una retroalimentación constante. Como señalamos con anterioridad la relación es dialéctica. Al leer y releer el mundo estamos reescribiendo el mundo. Esto quiere decir una cosa importante, la lectura no es una práctica pasiva, por el contrario mueve el quehacer de la comunidad y del individuo. La reescritura de la vida no es más que el momento en que el sujeto lector deja su estatus pasiva y pasa a una actividad más directa con la comunidad, es actuar sobre la realidad. El sujeto se activa, no se conforma con contemplar el mundo, sino que se realiza en su ser precisamente en su acción comunitaria. Nuevamente la comuniladidad es consustancial a dicha escritura. El individuo en su mismisidad, en su autonomía como miembro aislado y cosificado impide la reescritura del mundo. La persona en su carácter de individuo no puede transforma la realidad, pensar que el sujeto cambiara el mundo siendo buen ciudadano es por decir lo menos un absurdo, ya que el mundo no es resultado de su acción individual, por el contrario el mundo se construye socialmente y por lo tanto su transformación es posiblemente solamente si la acción liberadora se hace de manera social, colectiva.
            Las etapas cuatro y cinco son: La esperanza y la autonomía. Es importante tener claro que las etapas se interrelacionan, se comunican, se retroaliemntan, no tienen fronteras cerradas, por el contrario son porosas, tienen un sinnúmero de vasos comunicantes, por ello de nada servirá cumplir con alguna o algunas etapas pero dejar de hacer otras. Esto se ha realizado en algunos lugares, donde se edulcora el pensamiento de Freire, quitándole su contenido político, lo cual equivale a quitarle el espíritu del modelo de la educación popular. No se trata de una visión religiosa, propiamente católica de la educación, donde el proceso se reduce el modelo a un cúmulo de buenas intensiones, que trata de evitar la confrontación de los actores fundamentales de la relación, me refiero al oprimido y el opresor. 
            La esperanza se nutre de los sueños, ya que es importante la proyección del modelo, respecto a que tipo de sociedad queremos, para después configurar el modelo pedagógico que nos servirá para lograr construir esa sociedad. Pensar en una educación que no se vincule a las formas económicas y políticas que imperan en la realidad sería un nuevo absurdo, ya que el educar se convertiría simplemente en instruir. Lo hemos dicho con anterioridad, educar no es generar mano de obra barata, producir piezas acríticas que se insertan en la maquinaria de producción capitalista. 
            EL sueño, la utopia y la esperanza van de la mano, se interrelacionan, se nutren. Solamente podremos tener esperanza en un proceso, siempre y cuando ya hemos soñado un orden de cosas, sabemos que queremos, tenemos trazado el camino hacia donde queremos ir. La esperanza nace y se refuerza con el conocimiento, mediante la ignorancia no se lograra formular un sueño posible, de nada serviría proyectar mundos imposibles, ya que la frustración no solamente afecta a las generaciones inmediatas al fenómeno, sino que alcanza varias generaciones más. Nada es tan perjudicial en el proceso revolucionario que una revolución derrotada. 
            Y para soñar, formular una utopía y tener esperanza es necesario realizarlo desde la autonomía. El proceso autonómico nos permite mirarnos a nosotros mismos como los sujetos reales del cambio o transformación. La autonomía implica libertad, pero la libertad no es posible sin responsabilidad. El sujeto del cambio seremos directamente nosotros, no vendrá otro u otros que cambien nuestra situación. La libertad produce temor ya que siempre será más cómodo que otro realice las acciones fundamentales de nuestras vidas, aun que esto implique nuestra sujeción a un aparato ideológico que nada tiene que ver con nosotros. 
            La esperanza es el trabajo direccionado, la disciplina con camino claro. La autonomía nos implica directamente, pero nos permite construir la vida que realmente buscamos y para ello es necesario una educación que contribuya a obtener ese objetivo. Freire nos proporciona esa educación. Un mecanismo fundamental en el proceso, ya que el educando podrá pensarse como el actor principal en la construcción de su historia. Los pueblos solamente podrán vivir de acuerdo a sus necesidades políticas, económicas, sociales, culturales, siempre y cuando viva en autonomía. No depender de otro u otros en ningún sentido. LOs pueblos podrán establecer relaciones con otros pueblos o países desde sus propias autonomías, es decir, desde su propio ser nacional. No someterse a la hegemonía de un imperio o economía más poderosa. 
            La educación que educa para la libertad, refiere que debemos configurarnos desde la autonomía. Libertad sin autonomía y viceversa es un nuevo absurdo. Un socio político y económico respeta nuestra propia forma cultural o política, sin embargo, al perder autonomía al mismo tiempo perdemos libertad. 
            La esperanza se nutre de todos estos elementos fundamentales, no existe otra forma de lograrlo y la educación es una piedra angular en esa relación, pues es aquello que nos prepara para hacer frente a nuestra realidad y vernos en el espejo de nuestro propio ser. 
              
(Continua en la siguiente entrega)...
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Fotografía:  Skully MBa , por Pexels

Sobre Alejandro Aldana Sellschopp

Investigador, promotor cultural, editor, ensayista y narrador.

Ha sido becario de: FOESCA (Emisiones 1999-2000 y 2000-2001), PACMYC, fue becario del FONCA (2003-2004) en el programa de Jóvenes Creadores en la modalidad de novela. Está incluido en la antología del FONCA – Jóvenes Creadores generación 2003-2004.

Ha publicado: Tiempo a Contrapunto (UNAM- Espacio Cultural Jaime Sabines),  Nudo de Serpientes (Novela). Su cuento Diario de un lobo está incluido en la antología Inventa la memoria (Alfaguara). La novela en Chiapas, antología (Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas en el 2018).

Líneas de desnudo. 21. El oficio de editar I. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 21

El oficio de editar I
Por Manuel Pérez-Petit

Debo confesar que me encanta ser editor. Me permite dedicarme a los demás y a sus cosas, y, además, me separa de mi obra de tal forma que ésta mejora y crece por sí sola en todos los sentidos, pues por el mismo ejercicio de la profesión que ejerzo vive desprovista de toda ambición. Y es en esa libertad y plenitud en la que existe la posibilidad de que algún día yo sea capaz de escribir algo reconocible y bueno, que será también el momento en que deje de escribir, que es la actividad, junto a la leer, a la que he dedicado más tiempo a lo largo de mi vida.
            El oficio de editor no se adquiere con un grado académico. Como en el periodístico, uno tiene que tener madera, por lo que en realidad no es “culpable” –y enfatizo haber puesto esta palabra entre comillas– de ser editor o periodista, sino que ha optado por serlo y, con mayor o menor grado de realismo, podrá llevar a cabo tal misión con suma, escasa o nula plenitud. Podría darse el caso de que alguien tuviera unos conocimientos técnicos extraordinarios y una capacitación fuera de toda duda y no pudiera ejercer de verdad ninguna de ambas profesiones, las cuales, de algún modo, van de la mano.
            El oficio de editor es complejo y desconocido, y hay que adquirirlo, desde luego, pero si no se tiene ese no sé qué que algunos llaman madera y otros olfato o califican con epítetos parecidos, y que se mueve en terrenos más cercanos a lo intuitivo que a lo racional, no se podrá nunca ejercer la profesión con el relieve que esta amerita y requiere, dada su trascendencia en la sociedad. Un error muy común es creer que ser editor es leer. O conocer a un diseñador o diseñar uno mismo y enviar a una imprenta un texto más o menos maquetado para que se hagan ejemplares. Lejos de eso, la función del editor es canalizar el proceso completo de puesta a disposición del lector de un texto, sea este narrativo, poético o visual. Y para ello debe tomar decisiones, pues en última instancia tiene en sus manos un material que debe convertir en objeto de consumo, pero sin olvidar que el libro hoy está a la cola en la lista de las preferencias de cualquier consumidor. Y eso no es fácil. 
            El trabajo del editor es muy cercano al del amanuense, que se niega a sí mismo para que brille el texto y no él. Es más, debe negarse a sí mismo al punto de estar por encima de sus gustos, preferencias y hasta sentimientos. Si no por criterios formados por encima de su propia estructura de pensamiento, el editor es alguien que tiene que tener mucha flexibilidad mental, aperturas de miras y capacidad de aprendizaje. Debe investigar, por ejemplo, y tratar el texto como propio y, a la vez, de su peor enemigo –o lo que es lo mismo, con amor y desapego–, debiendo fijar en su tarea incontables elementos que darán en un producto fino por el que merecerá la pena su trabajo, y es por ello que el editor debe ser una persona ilustrada y dotada de una capacidad lógica superior a la racional –que todo se entrena– y ser capaz de ser heurístico, esto es, de comprender a fondo dos cuestiones, enfrentarlas y generar un debate, que es el grado máximo de la lógica para la que las personas estamos capacitados, al menos hasta donde hemos descubierto, pues nuestra capacidad intelectiva es muy superior a la que en realidad desarrollamos. Su objetivo: negarse a sí mismo la capacidad de brillar para que brille el texto y, de paso, su autor. En ello juega un papel fundamental esa intuición que no se aprende sino de la que uno está en cierto modo dotado, aunque puede aprehenderse: la corazonada, la apuesta irracional, el corazón que uno le pone con cabeza a lo que hace para saber al golpe si sí o si no debe tomar una decisión respecto de una obra o, incluso, de un autor. Ser editor es como estar predispuesto a enamorarse a cada golpe de vista, en cada esquina, a vivir en el alambre, a jugársela, a apostar sin marcar las cartas, en un ejercicio que tiene tanto de aventurero como de sensatez… 
            No hay que ser muy perspicaz para llegar a la conclusión de que el editor es muy poco útil a la sociedad hoy en día, aunque no siempre fue así. A lo largo de la historia, ciertos roles –como el del editor o el periodista– han ido evolucionando y modificándose, en función del desarrollo de la tecnología y al calor del cambio de las mentalidades. Se trata, por lo general, de procesos lentos que en muy escasos momentos de la historia se han acelerado. Como en el caso del oficio del editor, tan antiguo como el lenguaje, pues ya éste, desde su origen primero, incluso el de señales o sonidos cuando aún el ser humano no era capaz de articular palabras ni establecer códigos complejos, era de manera constante modificado en aras de una eficiencia funcional, esto es, era editado. En un estado adánico no era necesario editar nada, pues todo era perfecto, pero cuando el hombre descubrió su miserabilidad y su limitación, asistió al nacimiento de la comunicación y de la necesidad de ponerse de acuerdo. Toda comunicación era elemental y tenía una función práctica, pero desde su origen necesitó de una corrección continua. De este modo, también surgió la tradición oral, en que toda narración se vio de manera paulatina transformada mediante continuas ediciones hasta que un día alguien la hizo por primera vez “canónica”, editándola, y esta vez por escrito, en ejemplares únicos que no mucho después fueron replicados y, en consecuencia, vueltos a editar. Y así, una vez tras otra hasta la baja Edad Media, en que al borde de la época que conocemos como Renacimiento, en Alemania, a mediados del siglo XV, un tal Gutenberg dio respuesta a la creciente necesidad de reproducción de los libros. Hasta entonces, el autor, anónimo por naturaleza en cuanto múltiple, era el editor de su propia obra, al fin y al cabo colectiva, con criterios más objetivables que subjetivos. La revolución “editorial” que supuso la imprenta de tipos móviles indujo a una transformación muy potente de la sociedad, pues permitió una inédita hasta entonces difusión y popularización de las ideas, los textos literarios o no y la cultura sin parangón, pasando a ser el impresor el editor de los textos, estatuto que perduraría por casi cuatrocientos años, no en vano el impresor tenía el medio para producir ejemplares en “masa”.
            Hasta finales de la Ilustración y el inicio de la Revolución francesa, ya en el último cuarto del siglo XVIII, el mundo era muy fácil de entender. Cualquier oficio tenía aprendices, oficiales y maestros. Uno hacía un proceso mediante el cual se convertía en maestro que a su vez tenía aprendices y oficiales, y formaba maestros... Toda expresión artística, por otra parte, contaba una historia y se llevaba a cabo por encargo de un benefactor, de alguien que la patrocinaba y/o la compraba: un miembro de la iglesia, de la aristocracia o de cualquier estamento de poder.  Todo el mundo nacía, además, sabiendo qué posición le correspondía en la sociedad. 
            Así, hasta la primera mitad del siglo XIX el editor no tenía conflicto a la hora de ser definido, porque el editor era el productor.  El autor llegaba a un impresor, alguien que tenía la imprenta, y le daba su texto, y éste lo componía, letra a letra en la caja de impresión, una especie de bandeja que luego entintaba y por la que pasaba, con su prensa, los pliegos de papel, en que quedaba impreso el resultado final de su trabajo. De ahí nació la expresión “a pie de imprenta”, referida a la labor de supervisión del último paso productivo del proceso editorial. Y como hasta la Revolución industrial era en la práctica la misma máquina que inventó Gutenberg, se generó, consolidó y evolucionó un oficio que cada día se iba pareciendo más a lo que hoy conocemos como el oficio de editar, acompañado en todo momento por un intenso proceso filosófico que puso las bases y fundamentó la tarea. 
            Durante el siglo XVIII, además, con las ideas de la Ilustración, surgió un concepto nuevo –en realidad antiguo, pero ahora con conciencia de serlo–, la burguesía, que tenía su origen en los pequeños artesanos que habían florecido en épocas medievales en las ciudades y se habían ido agrupando en gremios y, a su vez, reuniéndose por especialidades en los mismos barrios o vías, a los que dieron en llamar burgos. Esta es la razón por la que en muchas urbes antiguas de Europa, aunque también en América, existen calles con nombres de oficios, lo cual tiene que ver con que en otros tiempos si no en esas mismas vialidades en sus alrededores se reunían, por ejemplo, los toneleros, los ebanistas, los comerciantes de especias, los plateros, o, sin ir más lejos, los impresores. Pero todo cambió de manera radical durante ese famoso siglo XVIII, que dio lugar a la Revolución francesa, a partir de la cual ya de una manera efectiva cualquiera, con independencia de su posición social inicial podía evolucionar en la escala de la sociedad, lo cual se debe al crecimiento continuo de la burguesía durante esa centuria, que, desde sus albores, dio de qué hablar. En 1702 nace en Londres el primer periódico diario de la historia, The Daily Courant, merced al cual el impresor se convirtió también en el origen –de algún modo el proto empresario– de la comunicación. Teniendo a partir de ahí los impresores un renovado protagonismo se convirtieron, con la evolución y la transformación social y económica, en los impulsores de un nuevo concepto de empresa que cristalizaría cerca de doscientos años más tarde en lo que hoy conocemos como medios de comunicación.   
            La Revolución francesa, el gran hito de la época, es consecuencia en parte de todo ello. Hijo suyo en la práctica es el concepto de las convenciones, en que a partir de entonces hemos estado obligados a entendernos de una manera más racional –y a qué negarlo, más artificial que nunca–. Sin embargo, este acontecimiento histórico surgió porque durante todo el siglo XVIII el estado francés se había dedicado a vivir de espaldas a la realidad emitiendo enormes cantidades de deuda pública, al punto de llevar al estado al borde de la quiebra. En paralelo, la burguesía continuó creciendo y consolidándose como el poder de la economía real, y al ver que su estatus estaba cada vez más en peligro, dio un golpe de estado. Todo lo demás son visiones románticas.  La Revolución francesa, pues, se debe a la quiebra del estado francés y a la pujanza de la burguesía, que si no hubiera removido las instituciones establecidas se hubiera ido a la quiebra también. En ese desarrollo de la burguesía está la base de la posterior revolución industrial, así como la del desarrollo del capitalismo, en la que tenemos que enmarcar el hecho de que el editor pasara a ser, a partir de entonces, ya no un proto sino un auténtico empresario. 
            Una de las consecuencias positivas de todo ello fue la necesidad de sistematizarlo todo y, en consecuencia, verbigracia, crear diccionarios, pero este es un asunto del que hablaré como de otros más de fondo en mi Lineas de desnudo del próximo martes día 2 de marzo, titulado –por no ser más original– El oficio de editor II –y a saber cuánto dura la serie–, pues en lo sucesivo los martes dedicaré mi espacio en Letras, ideaYvoz a este oficio que muchos creen conocer y poco conocen de verdad.

 __________
Nota del autor
Y hasta puede que le solicite a mi amable editor en este medio, el bueno de Roger Octavio Gómez Espinosa la ampliación de el espacio que me tiene asignado de los tres artículos que publico a la semana a cuatro. Que Dios nos pille confesaos.
 
   
 “Imprenta francesa del siglo XVI. Bibliothèque Nationale de France, Département des manuscrits, Paris (la imagen es de dominio público”)
Fotografía:  “Imprenta francesa del siglo XVI. Bibliothèque Nationale de France, Département des manuscrits, Paris (la imagen es de dominio público”) 2009”

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Polvo del camino. 57. Ni de noche ni de día. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 57

Ni de noche ni de día
Héctor Cortés Mandujano

Súplica de Sett Badr, en Las mil y una noche

  
Faltaban un par de meses para que nos casáramos cuando morí en un accidente estúpido: retrocedí sin ver, en un sitio que no conocía, y caí en un abismo.
            Me dijeron, no sé si como premio o castigo, que me convertiría en tu ángel de la guarda, pero que no podrías escucharme ni verme; sin embargo, si en la noche hacías la pequeña oración me permitirías darte indicaciones que, esa era la ganga, no podrías desobedecer: yo decidiría tu destino.
            Tú y yo ya habíamos tenido un sinnúmero de sesiones sexuales, por supuesto, y así podríamos haber seguido; nuestra boda más bien atendía a la necesidad de tus padres de conservar el buen nombre, de no perder respetabilidad, de “ponerle placas al coche” como decía tu mamá, pretendiendo ser de avanzada con esa idea cursi y pacata.
            Nunca te oí decir la oración ni te pregunté si la decías antes de dormirte cuando no estabas conmigo, porque hubiera sido raro que, si teníamos sexo y podíamos pasar parte de la noche juntos, después de tanta obscenidad carnal salieras con él “Ángel de la guarda, dulce compañía…”; y ahora, quién lo diría, de eso dependía que pudiera desampararte o no.
            La dijiste en la primera noche en que me puse, invisible, al lado de tu cama, y luego pediste resignación por mi muerte: te la concedí. Después, con el paso del tiempo, empezaste a sugerir un nuevo hombre en tu vida y yo me hice el sordo, y así seguí hasta esta noche en que, vieja y olvidada, ya pasados tus ochenta años, pediste morir. 
            Te hice tu gusto, no faltaba más, pero tu muerte será dulce (como mi compañía): morirás mientras duermes. 
            Te veo al rato, mi amor.
 
***
 
Mi gato Zapata, alias el Gordo, vivió 20 años con nosotros. Mi amigo Juventino Tito Sánchez lo conoció ya grande, pero le tomó cariño, tanto que para conmemorar su vida hizo una escultura dentro de una caja de cristal y me la regaló. Gracias, Tito. Zapata vive…
 
            
Contactos: hectorcortesm@gmail.com

«El gordo Zapata», creación: Juventino Sánchez
Fotografía: "El gordo Zapata", creación de Juventino Sánchez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 57. El canto del gallo. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 57

El canto del gallo

Por María Gabriela López Suárez

Aurora despertó en la madrugada con el canto del gallo, por un momento pensó que ya era hora de levantarse. Revisó el reloj, aún faltaban cuatro horas. Vaya que era madrugador, pensó. Mientras conciliaba el sueño escuchó de nueva cuenta el canto del gallo, le pareció que tenía un toque particular,  algo ronco y no tan prolongado como los que había escuchado  de otros gallos.

Por más que intentó apaciguar la mente para volver a dormir, vinieron los paisajes sonoros del canto de gallos, jamás había puesto atención en ellos. Ahora que lo pensaba eran distintos, uno a uno fueron pasando por su mente los gallos que había escuchado cantar. Se detuvo en el gallito blanco, que era de una raza peluda. Ese gallo parecía de seda, su plumaje era blanco, brillante, con su cresta roja,  le daba un aire de elegancia que contrastaba con su tamaño mediano, distinto al de cualquier gallo que ella conocía.
La primera vez que Aurora lo vio le pareció que era una gallina, hasta que le indicaron lo contrario y lo escuchó cantar.  Recordó que aparte de su pelaje, a Aurora le llamó la atención el porte que adquiría cuando inflaba el pecho y alzaba el cuello para cantar; el canto era potente y con su toque particular. El gallo blanco se transformaba al emitirlo. Aurora percibía que en cada canto había una dosis de entusiasmo y fuerza. Para ella era muy alegre escucharlo.

Algo había leído del significado del canto de los gallos, que era para atraer a las hembras y espantar a otros machos. Sin embargo, para Aurora en esa reflexión de madrugada, el canto de los gallos era un ejemplo de que las cosas se pueden hacer mejor cuando hay entusiasmo, fuerza y se infla el pecho para respirar profundo y luego dejar fluir las cosas. 

Aurora dejó de escuchar el canto del gallo, mientras iba dejándose arrullar por el canto de los grillos que aún permanecían en coro antes del amanecer.
Foto de jinjireh en Pexels

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Líneas de desnudo. 20. El elegido 1: Neo, un caso contradictorio. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 20

El elegido 1: Neo, un caso contradictorio

Por Manuel Pérez-Petit

 El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) define la voz ‘elegido’ como “predestinado”, y aclara “(II para lograr la gloria)”... Debo confesar que me quedé patidifuso al comprobar la “bondad” de nuestro diccionario de referencia, al cual no puedo excusar por el hecho de que ya no es “español”, o sea, de la Real Academia Española, sino de la Asale (Asociación de Academias de la Lengua Española), gracias a Dios, porque a día de hoy el español de España, con toda su riqueza, está, con mucha probabilidad, más cerca de la cola que de la cabeza en la lista de los “españoles”. No sé si España liderará algún día la fortaleza del idioma español en el mundo, pero es indudable que a fecha de hoy está muy lejos de que se cumpla esa posibilidad, y yo, que he viajado a lo largo y ancho del continente americano, puedo atestiguarlo. Será tema de otro Líneas de desnudo nuevo en este proyecto fabuloso de Letras, ideaYvoz del que espero ser digno algún día y del que de momento acepto con humildad la oportunidad que me ofrece.
            Decía que me quedé patidifuso cuando fui a comprobar la definición de ‘elegido’ en el DRAE, y verán por qué. Si buscamos en el mismo DRAE la entrada ‘gloria’ nos encontraremos con catorce acepciones, además de once formas compuestas con esa palabra. De las acepciones, llaman la atención –si nos atenemos a lo que nos atañe– la primera, la tercera y la cuarta (“Reputación, fama y honor extraordinarios que resultan de las buenas acciones y grandes cualidades de una persona”, “Persona o cosa que ennoblece o ilustra en gran manera a otra u otras –poniendo como ejemplo “Ramón y Cajal es gloria de España”– y “Majestad, esplendor, magnificencia”), siendo las demás irrelevantes a nuestra tarea de este momento. Se puede deducir que, a la luz del DRAE, un ‘elegido’ es un predestinado para lograr reputación, fama y honor extraordinarios que resulten de sus buenas acciones y grandes cualidades, o para lograr ennoblecer a los demás, o para lograr majestad, esplendor, magnificencia o que posee dichas cualidades o que puede poseerlas. Dicotomía es –como diría el maestro Yoda–. Descarta el DRAE, en sentido estricto, que pueda darse todo ello en uno solo, y no hace referencia alguna al grado de conciencia de la persona respecto al hecho de ser un –o el– elegido. Tampoco olvidemos que el instrumento regulador de la riqueza lingüística del español debe ir, por su propio estatuto, un paso atrás en relación a la realidad del idioma, a fin de evitar, por ejemplo, incorporar voces que pudieran ser pasajeras o fruto de la moda –un dato importante es saber que la moda es lo que pasa de moda– y, por lo tanto, ser efímeras y no quedarse al final en el acervo de la lengua viva, para tener mayor claridad a la hora de limpiar, fijar y dar esplendor al idioma…
            En Matrix, trilogía de películas escrita y dirigida por las hermanas Wachowski que comenzó su andadura en 1999 y cuyas secuelas fueron de 2003 (The Matrix Reloaded y The Matrix Revolutions), Neo (interpretado por Keanu Reeves), un informático con doble vida –durante el día es programador y por la noche, jácker– es el elegido, según Morfeo (Laurence Fishburne), líder de los que podríamos denominar rebeldes, para terminar con la guerra que tiene sumido al mundo en una realidad virtual, sometido todo ser humano –o casi todo– a una esclavitud total por parte de inteligencias artificiales, en un futuro que se corresponde –curioso dato– con el final del siglo XX. Los rebeldes, que son los pocos que han conseguido librarse del dominio de las máquinas y la dictadura de la realidad virtual, viven en la ciudad de Zion y son sometidos a un brutal acoso continuo por parte de los agentes, liderados por Smith (Hugo Weaving), un siniestro personaje que aunque muere al final de la primera entrega de la saga –a manos de Neo– continúa vivo en las siguientes –no hay que olvidar que todo es virtual–. Morfeo –un auténtico héroe, capitán de la nave Nabucodonosor/Nebicaneser– está tan convencido de la condición de elegido de Neo que no duda, por ejemplo, en una emboscada de los agentes, en entregarse a éstos para que Neo pueda escapar, convirtiendo a partir de entonces en una misión fundamental para éste su rescate. A qué decir que Neo es un tipo miserable y en nada su perfil se corresponde con el arquetipo del héroe –y ni siquiera con el de antihéroe–. No alcanza reputación ni honor extraordinarios –el concepto de fama merece consideración aparte–, y mucho menos ennoblece a otras personas o  es capaz de lograr majestad, esplendor o magnificencia. Es, por no abundar, un delincuente –ya no un pirata sino un capitán pirata– que adquiere cualidades –por el asombroso, extraordinario e insoportable entrenamiento que recibe– en el mundo en que le toca vivir y las emplea en la búsqueda de su interés particular o del interés del grupo que representa. Como si tuviera una concentración excepcional de “midiclorianos” –formas de vida microscópicas inteligentes que, originadas desde la base de la vida, en el centro de la galaxia, dotan de La Fuerza, como veremos en el artículo que tengo preparado acerca de los Skywalker, padre e hijo, elegidos en diferente sentido, pero elegidos, en Star Wars–, Neo resulta ser un ser dotado de manera excepcional para la lucha contra el sistema, con una cualidades que, potenciadas de manera adecuada le convertirán en el “héroe” que –toma ya–, según una profecía, acabaría con las máquinas que lo gobiernan todo, la Matrix, en la que todo es considerado “cosa”, creada y controlada de forma artificial. 
            En un caso parecido al de Blade Runner (1982, Ridley Scott), The Matrix se convirtió de inmediato en más que una película de culto, se popularizó de manera espectacular y hasta ha dejado su legado en la cultura popular, teniendo una incidencia clara en la filosofía, la literatura y el cine desde entonces, así como en las más diversas industrias. No en vano, tanto su planteamiento filosófico y ético como sus referencias provienen de la más potente tradición de la literatura de ciencia ficción y la filosofía, llegando a plantear de una manera fehaciente la cuestión de lo que es o no es real. No hay duda de que se trata de una película en alto grado filosófica ante la que continuamente el espectador se ve obligado a plantearse cuestiones o problemas más propios de la ontología que del entretenimiento. Y aún así, entretiene y hasta divierte. Cualquiera de las tres partes. Y ojo que ya se anunció la cuarta...
            Pero deseo volver a Neo. Desconocedor de su potente naturaleza y condición, en su vida cotidiana va observando que hay cosas que no funcionan, que su mundo no es del todo el que debiera ser, lo cual le predispone a buscar fuera, sin ni siquiera saber qué hay. En ésas, se le presenta la ocasión de conocer a Morfeo, circunstancia en la que éste pone mucho empeño, por otra parte, lo cual facilita que se den las cosas. El pobre Neo ni se imagina por lo que pasará antes de convertirse en el líder de la revuelta, y además no tiene ni la conciencia de serlo ni la voluntad. Lo demás en las películas es de una lógica aplastante –hasta hay un traidor en las filas de Morfeo que, desde el primer momento, hace por sabotear su cruzada– y solo sorprende en parte, pues quizá nunca la intención de las realizadoras de la saga fuera sorprender al espectador por la vía de los giros inesperados o de la complicación argumental. Y está bien así, y a los resultados me remito. Pero Neo –que en ningún momento imagina lo que le espera y que refuerza luego su papel de cabeza de proyecto con una historia de amor relativamente convincente–  nunca dejará de ser un pirata para el que el fin justifica los medios. Por tanto, y poniendo este caso como ejemplo, el DRAE quizá se equivoque al definir la voz ‘elegido’ solo hablando de virtudes o refiriéndose a “lograr la gloria”. O quizá se equivoque este cronista al entender que la gloria y la miseria van de la mano. En el caso de Neo, la miseria pesa más en la gloria que la gloria misma, pues la alcanza a cualquier precio. En definitiva, consideremos a Neo un elegido frío, distante y contradictorio, de los que no sirven como modelo de vida, pues con el todo vale que él practica de manera magistral no se consigue luchar contra la maldad ni contra ningún totalitarismo. Y menos modelo aún como para enfrentarse al poder omnímodo del nuevo statu quo de la Era Distópica, en la que ya estamos inmersos. Una lástima. Sigamos buscando elegidos y reflexionando acerce de lo que es y supone serlo... 

(... Continuará…)

 __________
Nota del autor
Comienzo con este artículo una serie acerca del concepto de el elegido, que tiene muchos perfiles y por el que pasaré por la literatura, las artes y el cine en búsqueda de modelos que puedan incluso ser válidos para nuestra nueva tesitura en el mundo, pero también al margen de ello. Alternaré esta serie con la de la distopía o con la “de mi carpintería”, así como con otros artículos que dedico a otros asuntos. Reconozco tener muchos temas pendientes –varios de los cuales han sido comprometidos por mí mismo en mis artículos, que iré desgranando poco a poco. No duden en echarle un vistazo a mi espacio martes, viernes y domingo, días de su publicación. Agradezco la creciente correspondencia que, por diversos medios, recibo a colación de mis textos. Ojalá tenga la capacidad de dar satisfacción a todos mis amables lectores.
 
   
 “©M. P.-P., 2009”
Fotografía:  “©M. P.-P., 2009”

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 19. La oración definitiva de tus ojos. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 19

La oración definitiva de tus ojos

Por Manuel Pérez-Petit

 Pues si de llenarnos de alegría se trata ante lo que se nos viene encima, un 28 de abril no de ese mismo año del que hablábamos ayer sino del siguiente publiqué: "El poema perfecto yo me encuentro desplegando y mi aliento por tus montes al encontrarme, amor, y si te encontrara, al encontrarte así en nuestro hallazgo, en estos paraísos imposibles, inencontrable luz y así encontrada en nuestra arquitectura y los susurros, encontrado en tu cuello y empapado y reencontrada tú entre mis ojos (...)”, e indiqué que era un fragmento del poema "Yo quiero ser de musgo y caramelo ", escrito en abril, poema que, con mis naufragios y despojos, hoy está perdido –y me temo que para siempre y que sea inencontrable–, y un par de años después escribí este poema en versículos blancos de treinta sílabas cada uno sin signos de puntuación ni mayúsculas que ubiqué en mi serie El aura de tu tez, fechado en Lima, Perú, en mayo de 2012, que acabo de encontrar:
 
     soy la cicatriz y me limpio sin pudor en un poema eterno repleto de meandros silenciosos
     capaz de alzar las aguas de todos los océanos y colocar uno a uno cada pez en cada estrella
     de convocar y reunir en un arca cubierto de brotes a todos los seres de luz más palpitantes
     más allá de cualquier siempre conocido en los confines de tus piernas o en los pliegues de tus largos sueños
     de prender el candil que permanezca fiel a sus raíces y cuyos brazos se levanten en el templo
     con una exigua cantidad de aceite llenos de reconquista y luminarias y de afán de poner orden
     de recoger las espinas de mi carne con la soltura que transita por estos cauces de mis sienes
     como se yergue un cóndor sobre tus ojos al momento en que te echas a bailar y rebrota de tus labios
     de beber el caldo de la muerte que se cocina en peroles en todas las esquinas y transformarlo
     en tu néctar filosofal que convierte en vida todo lo que toca en tanto todo gira en torno a ti
     de ser el lazarillo de mis brazos en mi ceguera gracias a la gracia de tus labios que me donas
     en este ir a ti rodeado de luciérnagas y temblores y caricias que pronuncian solo un nombre
     de vivir en la mirada atenta y feroz de nuestro perpetuo calendario aún más allá de los pliegues
     rodeado de alcaravanes a cielo abierto y de los delfines que se ríen y juegan en tus faldas
     de estar cubierto por los rojos y arracimados ceibos de tus avenidas deliciosas y sembradas
     como el que camina rumbo a su abrazo favorito lleno de preñez cosido a tus llamas y tus ríos
     de beberte bajo el manto del gallo que me alza y me corona con radiante sol sobre campo de plata
     abriendo de paso el grifo de la luz que es y que contiene el óvalo enmarcado entre el olivo y el laurel
     de reconocer que esto nos resume pese a que sabemos que el mundo está por levantarse todavía
     una balanza un cerro un caballo y un buey dentro de cuatro cuarteles esmalte azul lazo celeste y sol
     de conocer que en este parto en que ahora por fin soy con mi fe me adentro en la fortaleza de este monte
     sobre las aguas cuajado de dolor y tiburones para hallarte sin pausa en este eterno buscarte
     de habitar en la estación en que evacuo los resquicios de mi muerte junto a la memoria de tus jaguares
     muertas las dentelladas de las llanuras que te circunvalan no tan llenas ya de pumas ni avestruces
     de hervir a zarpazos de besos imposibles mi sangre y elevar la oración definitiva de tus ojos
en tanto habitan en los humedales de mi espalda tus caimanes preferidos y cardiosaludables
     de recorrer la senda que atraviesa los continentes y en la que todo se dirige a ti y así te nombra
     hallarte por fin para hallarme y de una vez nacerme de una vez y bendita seas por para nosotros
     todos los territorios se rindan claridad sin cercas rellena de cantos en los dones que hoy nos brotan
     flora y fauna de este reto de la patria sin bandera con sentido abiertos en canal para ensartarnos
     desnudos de una vez sin tiempo posible en esta hora en punto y son estos tus anhelos los míos los nuestros
     plenitud de creer crecer crear es la mirada la que nos dice amor y con valor cierto se asoma
     de nuestro vientre al mundo nuestro ser con su cuerpo completo y sin cicatrices y limpios por fin joder
     hechos uno solo e inmunes y decididos en esta ecuación que nunca nadie pudo saber que supo
     con esta carta de naturaleza de nuestra condición original total mítica y pentatéutica
     que nuestra casa en que habitamos no tiene muros ni puertas ni ventanas sino extensiones tan abiertas
     que nuestra nueva enseña rayas azules acostadas se proyectan diáfanas en extensas alfombras
     y cuchillas que apenas se hacen seres por la soltura de tu acción y la gracilidad con que te empleas
     en tu continuo hacer y deshacerme en tu labor de catequista por la nueva vida en que somos uno
     y así de este modo ya embarcados en el gozo preferido que pueda llegar el día en que podamos
     decirnos con voz clara de una vez ya que ha llegado la hora exacta de nacer y de un beso ya nazcamos
__________
Nota del autor
Si no llenamos los tanques de nuestras propias vidas de amor estaremos perdidos. No es una premonición sino una realidad. Aún así, a mis lectores les digo que ya empieza a preocuparme mi índice de azúcar, por lo que volveré enseguida a las andadas.
 
   
  “Antequera bajo un cielo que se abre, ©M. P.-P., 2009″
Fotografía: “Antequera bajo un cielo que se abre, ©M. P.-P., 2009"

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Paso de fuego. Paulo Freire. 2. Alejandro Aldana

Por Alejandro Aldana*

¿Quién es ese hombre de la barba florida?

                                Para Luz y Emiliano



Algunos aspecto del pensamiento de Paulo Freire
 
 
La vida de Paulo Freire nos da cuenta de un camino hacia la consciencia. Un hombre que se hace a través del dolor, de conocer de manera directa las vicisitudes de la pobreza, las carencias más elementales para lograr la realización del ser humano. Quizá el pensamiento de Freire se significa al observar que la educación es un mecanismo real que permite la transformación de las sociedades, su propuesta se constituyó en una de las formas de realizar un verdadero cambio social, pero desde la paz, es decir que no pugna por el uso de la violencia para la liberación. 
            Freire ubica de manera luminosa la estrecha relación entre las cualidades de la vida material, lease los medios de producción, los modos de producción, las formas de distribución de la riqueza, la estructura económica, las diversas formas en que se establece la lucha de clases y la educación. Freire hace hincapié en una educación que va más allá de la instrucción, no puede aceptar que la educación se instrumentalice, lo que lleva a los paradigmas pedagógicos a convertirse en herramientas en la preparación de obreros que no pasaran de ser mano de obra barata. El educando se objetiviza, se cosifica, perdiendo sus cualidades más humanas, perdiendo la posibilidad de desarrollar su pensamiento crítico. 
            El pensamiento de Freire abandona como metodología el discurso autoritario, no se presenta como un detentador de la verdad, no pretende instaurarse como una discursividad única e incontrovertible, por el contrario busca la duda como método, problematizar para posteriormente construir desde el dialogo una nueva forma de entender el mundo. 
            La genealogía del pensamiento de Freire parte desde las circunstancias de su vida, la experiencia como fuente de una reflexión cada vez más profunda e innovadora. Pero como lo señalamos más arriba, Freire desde muy joven frecuenta las bibliotecas, lee ferozmente, no discrimina diferentes tópicos, vuelve una y otra vez a los clásicos portugueses, observa la necesidad de una nueva explicación sobre el fenómeno de la educación. Al percatarse que la educación no es un fenómeno que se genera en un espacio de abstracción, voltea a la obra de Carlos Marx, Federico Engles, y otros pensadores progresistas, comunistas, liberales y reinterpreta sus lecturas bíblicas. Freire se doctorará en filosofía, es decir conoce a profundidad los cambios que ha sufrido el pensamiento de la humanidad, además entiende que la historia de las ideas y las reflexiones sobre la cultura son necesarias para crear una nueva forma de enseñar en las aulas, también comprende que la escuela va mucho más allá de un edificio distribuido en aulas, Paulo Freire comprende que en un contexto de pobreza y escasez la educación se aplica desde espacialidades de la educación no formal. 
              
(Continua en la siguiente entrega)...
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Fotografía:  Skully MBa , por Pexels

Sobre Alejandro Aldana Sellschopp

Investigador, promotor cultural, editor, ensayista y narrador.

Ha sido becario de: FOESCA (Emisiones 1999-2000 y 2000-2001), PACMYC, fue becario del FONCA (2003-2004) en el programa de Jóvenes Creadores en la modalidad de novela. Está incluido en la antología del FONCA – Jóvenes Creadores generación 2003-2004.

Ha publicado: Tiempo a Contrapunto (UNAM- Espacio Cultural Jaime Sabines),  Nudo de Serpientes (Novela). Su cuento Diario de un lobo está incluido en la antología Inventa la memoria (Alfaguara). La novela en Chiapas, antología (Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas en el 2018).

Líneas de desnudo. 18. Vivir es amar. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 18

Vivir es amar

Por Manuel Pérez-Petit

 
De vez en cuando la vida nos besa en la boca –permítanme que comience con el primer verso de aquella canción maravillosa de Joan Manuel Serrat, “De vez en cuando la vida”–, pues en días como éste uno es besado, en la boca, en la frente o en la mano, que es lo mismo, por la magia con mayúsculas que nos alumbra, y quizá por ello querría haber comenzado hoy con otra frase. Muy parecida, pero otra… En fin, lo intentaré…
            De vez en cuando la magia nos besa en la boca… 
            Queda bien. 
            Sigo adelante, y me pregunto: ¿Qué diferencia hay entre la magia y la vida, y más en días como éste, en la que la vida a colores se despliega/ como un atlas,/ nos pasea por las calles/ en volandas…?
            —¿Que te pasa hoy, Manuel?, ¿tan enamorado estás? Si yo ya lo sé...
            —Pues sí, la verdad, pero lo que tengo sobre todo es alegría de vivir.
            —A ver, lo nuestro marcha, corazón, no te preocupes, aunque no te entiendo bien del todo. Tú mismo vienes escribiendo últimamente artículos llenos de pesimismo y alerta ante lo que se nos viene encima…
            —Es verdad, y después de mucho meditar he llegado a la conclusión de que hay que recuperar eso, la alegría de vivir, enamorarse hasta los tuétanos, como la clave para enfrentarse a los efectos del nuevo orden de la Era distópica que nos aflige.
            —¡Qué lindo eres!. Sigue, sigue, a ver a dónde nos llevas.
            —Pues verás. Yo creo en los milagros, creo en la vida, y en que la vida es un milagro y en que el milagro es la magia, y por eso entiendo que entre magia y vida en realidad no hay diferencia… Y creo que la magia es encontrarnos, vernos sin habernos mirado, escucharnos sin llegar a oírnos, sentirnos abrazados a miles de kilómetros, llorar juntos y convertir nuestras lágrimas en alimento del alma, reír como descosidos sin razón aparente en gestos espontáneos llenos de sentido, conocernos… Eso, conocernos es la vida, el milagro, la magia…
            —Ay, mi vida…
            —Pero también llamamos magia a otras cosas que son solo fruto de la Providencia, que tampoco tienen truco, pues no te hablo de la prestidigitación sino de la misma vida, de los milagros, del fuego que nace en nuestras manos por las buenas, sin aviso, de las perlas irrompibles de tus ojos, de que por nuestro amor hasta Dios se hace presente en nosotros, pues en Dios no hay ilusión ni ensoñación sino realidad palpable y tangible, e incluso aunque no lo queramos en nuestras existencias Dios se hace presente… Ay, mi amor precioso, ¡qué difícil lo hacemos todo!, ¡cómo nos complicamos! ¡Cómo nos hemos complicado siempre…! 
            —Pues sí. Pero nos queremos tal como somos y nos tenemos el uno al otro...
            —Es una seguridad, desde luego…, pero uno no desea tanto la seguridad como la plenitud. Y de eso también estamos servidos, milagro de mi vida, y, con todo, mira, mi anhelo, recién en estos días he recuperado varios fragmentos de lo que yo llamo mi carpintería y los leo y me quedo perplejo con cómo antes me lo planteaba todo. Fíjate cómo fue, en parte, mi 2010. El 28 de enero escribí: “El pecado es enamorarse. Lo que nos queda es vivir. Y a algunos a los que ni casi eso, nos queda, al menos, escribir, y seguir luchando... Y enamorarnos…, ay…”
            —¿”El pecado es enamorarse”? Qué fuerte, Manuel, ¿por qué?
            —Espera, espera, que continúa. En mis cuadernos no hay nada desde ese día hasta el 17 de marzo, en que anoté: “En la isla en que el águila devora a la serpiente, sobre el lago que ya no existe pero tiembla, mi Anáhuac, mi también posible patria prometida, estará en la tierra, en el agua, en el aire, en el fuego, en lo inasible... En la dignidad, que nace de uno mismo, en la fe, que es el motor que me impulsa en este trasiego en que arrastro por el mundo mis escombros de luz y lo que soy, en la capacidad de amar y ser amado…”
           —Claro, fue poco después de que llegaras a México....
           —Exacto, pero ese mismo día publiqué otra cosa. Te la leo: “No habrá bestia que me tumbe, ni conjuro ni alquimia que pueda turbar mi caminar seguro y firme hacia la muerte, el momento en que el amor se hace inhumano por gigantesco, por entrar en Dios definitivamente... Y así he de morirme –y no corre prisa–: en la condena de amar, loco reloco de amor sin medida... Y así es como vivo, y ésa es mi fuerza y mi victoria sobre el daño: amo, y porque amo soy invencible…”
           —Estabas enamorado ya entonces.
           —Mucho. No recuerdo hasta ahorita, mi amor, haber estado tan enamorado en toda mi vida como entonces. Pero fíjate en la secuencia que continuó, y todas son publicaciones de Facebook que hoy ya no existen: El 2 de abril : “Te quiero porque me quiero y soy en y contigo más yo que en mí mismo”. El 4 de abril: “Eres la Geografía, nuestra fertilidad; este milagro nuestro, la tierra prometida... Y resucito en ti para que nazca el Fuego... Eres yo y en ti soy y para vivir muero…” 
            —Es muy bello…
            —Fíjate que yo vivía varios metros sobre el suelo, ido y viviendo una fantasía, hipersensible e inmaduro, como el 5 de abril, que pasó algo que ni recuerdo por lo que escribí: “La nada es una realidad y una condena. La nada es lo que hay... Reconocer la nada es un espanto... Cada día es más terrible la palabra, cualquier palabra que tenga vocación de vida... ¿Cuántas veces ha de tener uno que bajar a los infiernos? ¿Cuántas levantarse? ¿Cuántas resistir esta galerna que se repite y repite y que no cesa?” 
            —Pues sí que estabas neurótico.
            —Como la mayor parte de mi vida, y así nunca pude ser un hombre adecuado para ninguna mujer. ¿Ahora comienzas a comprender lo que te digo? Verás, el 9 de abril, repuesto, por lo visto, de la contrariedad del día 5, escribí: “... por elevación te encuentro y en el silencio lleno de palabras que sólo nosotros conocemos ya somos uno..., y un instante es, desde siempre, siempre en cada uno de tus besos…”, y el 18: “Soy un hombre y un escritor lleno de gozo que cree, crece, crea, muere y renace continuamente, creyendo, creciendo, creando y volviendo a morir en cada uno de tus besos... Nuestra lluvia nos empapa de fuego desde el 5 de marzo de 2010, fecha de nuestro nacimiento. Te amo. Y hasta conocerte no he sabido nunca qué era amar y ser amado... Tu Manuel”. 
            —Ya eras “minero” entonces, como bien dices…
            —Sí, pero aquella historia pasó, y por eso la puedo recrear. El 11 de mayo alguien puso en el muro de ella: “El amor, a quien pintan ciego, es vidente y perspicaz, porque el amante ve cosas que el indiferente no ve, y por eso ama (José Ortega y Gasset)”. La verdad es que no cotejé la cita, pero me sirvió para declararle definitivamente mi amor de la manera más cursi y ñoña que puedas imaginar… Sí, sí, no te rías, que aún apenas 5 días después, volví a publicar: “En ti soy el hombre más dichoso, más feliz, más completo y más grande que pueda imaginarse..., en nosotros... En nuestro siempre, que es el siempre más siempre que nunca ha sido…” Y la verdad es que hoy me resulta hasta ridículo haber sido el autor de esas frases, que me parecen de esas que escriben las adolescentes en sus carpetas de apuntes de clase…
            —No seas tan duro contigo, amor, son etapas por las que uno pasa…
            —Ya, pero luego, el 14 de junio, publiqué: “ Mas no debo mirar al cielo, porque al verte me vuelvo ciego, y no es la ceguera que anhelo, pues ya siendo tu prisionero sólo tus ojos ser yo quiero (Coplilla improvisada y sin medir. M. P.-P., junio 2010)”
            —Estabas contento entonces…
            —Claro que lo estaba, y mucho, como un perdido, y, sin embargo, el 5 de julio publiqué: “Hoy me declaro en huelga de emociones”. No sé qué pasaría, pero algo pasó, sin duda.
            —Alguna discusión. El amor tiene esas cosas.
            —Pues no, fíjate que tengo una teoría. Hace once años yo no era capaz de amar, ni como ahora ni de ningún modo. No tenía ni la madurez ni la entidad como ser humano para ello. Aunque la tenía presente al menos en teoría, ni percibía la magia inherente a la vida. No era capaz de asirla con mis manos.
            —Pero ya tenías más de cuarenta años.
            —Pues ni aún así. Y por eso antes me preguntaba; ¿Qué diferencia hay entre la magia y la vida?, en tanto tomaba prestados los primeros versos de la famosa y hermosa canción de Serrat... Yo no sabía andar de puntillas, y, por tanto, no me podía aplicar a mí mismo aquella estrofa de la canción que dice: De vez en cuando la vida/ se nos brinda en cueros/ y nos regala un sueño/ tan escurridizo/ que hay que andarlo de puntillas/ por no romper el hechizo, claro, y rompía el hechizo, éste y todos, una y otra vez, con tanta facilidad como idiotez manifiesta. Por eso yo no podía ser feliz como un niño/ cuando sale de la escuela, ni podía tomarme un café con la vida, ni darme cuenta cuando ésta se soltaba el pelo y me invitaba a salir con ella a escena, y me sobraban palabras por todas partes...y sin saber qué pasaba, yo me encontraba a mísmo, chupando un palo sentado sobre una calabaza, porque nunca tuve en cuenta que De vez en cuando la vida/ afina con el pincel:/ se nos eriza la piel/ y faltan palabras/ para nombrar lo que ofrece/ a los que saben usarla.
            —Pero ahora es diferente. Eres un gran hombre, y por eso te amo.
            —Uno setenta y cinco, que tampoco es para exagerar. Cincuenta y cuatro años, que ya me vale y aún no aprendo. Un irredento soñador, por si fuera poco. Empeñado en hacer lo que todos desaconsejan. Y casi acabo de nacer, pues siento que por fin me ha llegado la hora, aunque siento que aún estoy en el camino. No sé, lo que sé es que te amo.
            —Yo también te amo…
            —Allá tú, mi cielo precioso. Espero que no quieras que te escriba un poema o algo así, porque cuando uno ama es cuando es menos fecundo de verdad. Tan cerca está de la magia y de Dios que se vuelve estéril. En fin, que de vez en cuando la magia –perdón, la vida– te besa en la boca y es tan colmadora que no hay poema que pueda compararse con vivir, pues vivir es amar. 
   
  «©Carlos Franco, dibujo con retrato para el cartel del recital “Poesía en tres dimensiones”, de M. P.-P., lápiz sobre papel, 21 x 29 cms., 2004» 

Ilustración:   © M. P.-P., 2004 

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Voces ensortijadas. 56. Silencios, entre voz, música y efectos. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 56

Silencios, entre voz, música y efectos

Por María Gabriela López Suárez

¿Silencio? Que idea tenemos del silencio, quizá lo primero es que en algún espacio, sea familiar, escolar, laboral, entre amistades, normalmente piden que uno calle:
          –Guarda silencio, por favor.
          O en un tono más imperativo:  ¡Te callas!, ¡cállate! O  a manera de petición, ¿por qué no te callas?
          Sin embargo, hay otros silencios que nos acompañan en lo cotidiano, que son significativos y necesarios. Hoy les comentaré un poco sobre ese tipo de silencios y los aliados que le acompañan: la voz, la música y los efectos. Estos elementos forman parte de uno de los medios de comunicación con más de cien años de existencia, la radio.
          La cajita de sonidos como me gusta llamarle a la radio, es justamente una cajita mágica que permite entrelazar, la voz, la música y los efectos para crear las producciones radiofónicas que cotidianamente escuchamos y hemos escuchado a lo largo de nuestra vida. Los silencios cobran vida en las narrativas de cuentos, lectura de poemas, cartas,  expresiones, muestras de respeto, condolencias  y también crean un poco de angustia cuando por alguna falla técnica o  humana se convierten en las no deseadas lagunas radiofónicas. Sí, esos momentos que nos parecen eternos cuando la radio que sintonizamos se queda muda y qué decir de los nervios que sentimos quienes estamos frente al micrófono cuando estos silencios se hacen presentes.
          Hablar de la radio, para mí es hacer referencia a uno de los medios con el que crecí y que forma parte de mi formación profesional básica, sin embargo, su importancia va más allá de lo personal y profesional. Es decir, la radio constituye un medio clave para la ciudadanía, para los grupos, para los pueblos de diversas partes de Chiapas, México y el mundo.  La radio no solamente informa, entretiene, educa, denuncia, invita a reflexionar y tomar conciencia sobre los temas que nos presenta y también a usar la imaginación para recrear los sonidos que nos transmite acompañados de las voces en su diversidad de lenguas y efectos sonoros.
          La radio se ha ido diversificando con el paso del tiempo en la riqueza de sus contenidos, los formatos en que se presenta  y en la adaptación a su versión digital, con todo y eso, continúa vigente y no pasa de moda. 
          El 13 de febrero se festejó el Día Mundial de la Radio. ¡Muchas felicidades a mis colegas radialistas apasionadas y apasionados!  ¡Felicidades especiales a mis colegas del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz que celebra su 15 aniversario en el mes de febrero! 
         Les invito a cerrar un momento los ojos, pensar en los silencios, entre voz, música y efectos que, a través de la radio, les han acompañado en algún instante de su vida. Que la radio siga vigente y siendo parte de nuestra vida. Larga vida a la radio y a sus radialistas.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.