Líneas de desnudo/ 19

La oración definitiva de tus ojos

Por Manuel Pérez-Petit

 Pues si de llenarnos de alegría se trata ante lo que se nos viene encima, un 28 de abril no de ese mismo año del que hablábamos ayer sino del siguiente publiqué: "El poema perfecto yo me encuentro desplegando y mi aliento por tus montes al encontrarme, amor, y si te encontrara, al encontrarte así en nuestro hallazgo, en estos paraísos imposibles, inencontrable luz y así encontrada en nuestra arquitectura y los susurros, encontrado en tu cuello y empapado y reencontrada tú entre mis ojos (...)”, e indiqué que era un fragmento del poema "Yo quiero ser de musgo y caramelo ", escrito en abril, poema que, con mis naufragios y despojos, hoy está perdido –y me temo que para siempre y que sea inencontrable–, y un par de años después escribí este poema en versículos blancos de treinta sílabas cada uno sin signos de puntuación ni mayúsculas que ubiqué en mi serie El aura de tu tez, fechado en Lima, Perú, en mayo de 2012, que acabo de encontrar:
 
     soy la cicatriz y me limpio sin pudor en un poema eterno repleto de meandros silenciosos
     capaz de alzar las aguas de todos los océanos y colocar uno a uno cada pez en cada estrella
     de convocar y reunir en un arca cubierto de brotes a todos los seres de luz más palpitantes
     más allá de cualquier siempre conocido en los confines de tus piernas o en los pliegues de tus largos sueños
     de prender el candil que permanezca fiel a sus raíces y cuyos brazos se levanten en el templo
     con una exigua cantidad de aceite llenos de reconquista y luminarias y de afán de poner orden
     de recoger las espinas de mi carne con la soltura que transita por estos cauces de mis sienes
     como se yergue un cóndor sobre tus ojos al momento en que te echas a bailar y rebrota de tus labios
     de beber el caldo de la muerte que se cocina en peroles en todas las esquinas y transformarlo
     en tu néctar filosofal que convierte en vida todo lo que toca en tanto todo gira en torno a ti
     de ser el lazarillo de mis brazos en mi ceguera gracias a la gracia de tus labios que me donas
     en este ir a ti rodeado de luciérnagas y temblores y caricias que pronuncian solo un nombre
     de vivir en la mirada atenta y feroz de nuestro perpetuo calendario aún más allá de los pliegues
     rodeado de alcaravanes a cielo abierto y de los delfines que se ríen y juegan en tus faldas
     de estar cubierto por los rojos y arracimados ceibos de tus avenidas deliciosas y sembradas
     como el que camina rumbo a su abrazo favorito lleno de preñez cosido a tus llamas y tus ríos
     de beberte bajo el manto del gallo que me alza y me corona con radiante sol sobre campo de plata
     abriendo de paso el grifo de la luz que es y que contiene el óvalo enmarcado entre el olivo y el laurel
     de reconocer que esto nos resume pese a que sabemos que el mundo está por levantarse todavía
     una balanza un cerro un caballo y un buey dentro de cuatro cuarteles esmalte azul lazo celeste y sol
     de conocer que en este parto en que ahora por fin soy con mi fe me adentro en la fortaleza de este monte
     sobre las aguas cuajado de dolor y tiburones para hallarte sin pausa en este eterno buscarte
     de habitar en la estación en que evacuo los resquicios de mi muerte junto a la memoria de tus jaguares
     muertas las dentelladas de las llanuras que te circunvalan no tan llenas ya de pumas ni avestruces
     de hervir a zarpazos de besos imposibles mi sangre y elevar la oración definitiva de tus ojos
en tanto habitan en los humedales de mi espalda tus caimanes preferidos y cardiosaludables
     de recorrer la senda que atraviesa los continentes y en la que todo se dirige a ti y así te nombra
     hallarte por fin para hallarme y de una vez nacerme de una vez y bendita seas por para nosotros
     todos los territorios se rindan claridad sin cercas rellena de cantos en los dones que hoy nos brotan
     flora y fauna de este reto de la patria sin bandera con sentido abiertos en canal para ensartarnos
     desnudos de una vez sin tiempo posible en esta hora en punto y son estos tus anhelos los míos los nuestros
     plenitud de creer crecer crear es la mirada la que nos dice amor y con valor cierto se asoma
     de nuestro vientre al mundo nuestro ser con su cuerpo completo y sin cicatrices y limpios por fin joder
     hechos uno solo e inmunes y decididos en esta ecuación que nunca nadie pudo saber que supo
     con esta carta de naturaleza de nuestra condición original total mítica y pentatéutica
     que nuestra casa en que habitamos no tiene muros ni puertas ni ventanas sino extensiones tan abiertas
     que nuestra nueva enseña rayas azules acostadas se proyectan diáfanas en extensas alfombras
     y cuchillas que apenas se hacen seres por la soltura de tu acción y la gracilidad con que te empleas
     en tu continuo hacer y deshacerme en tu labor de catequista por la nueva vida en que somos uno
     y así de este modo ya embarcados en el gozo preferido que pueda llegar el día en que podamos
     decirnos con voz clara de una vez ya que ha llegado la hora exacta de nacer y de un beso ya nazcamos
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Nota del autor
Si no llenamos los tanques de nuestras propias vidas de amor estaremos perdidos. No es una premonición sino una realidad. Aún así, a mis lectores les digo que ya empieza a preocuparme mi índice de azúcar, por lo que volveré enseguida a las andadas.
 
   
  “Antequera bajo un cielo que se abre, ©M. P.-P., 2009″

Fotografía: “Antequera bajo un cielo que se abre, ©M. P.-P., 2009"

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.