Líneas de desnudo. 98. Es como si mi tiempo se acabara. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 98

Es como si mi tiempo se acabara
Por Manuel Pérez-Petit

A Marco Antonio Alfaro Morales, Miguel Bárcena, Tamara Bruzoni, Eduardo Villegas, Nahum Torres, Roger Octavio Gómez Espinosa, Fernando Valdés, José Joaquín León, Gis Curto y Antonio Florido, con mi afecto, mi gratitud y mi compromiso, por lo que cada uno sabe.

Tan alejado de un sentido práctico y real como vivo –cada vez más a mi pesar–, reflexiono a menudo –al fin es una válvula de escape y compromiso– sobre de asuntos diversos a los que dedico tiempo no medido. Es frecuente que me abstraiga por algunos ratos especulando y conversando con el hombre que siempre va conmigo –y discúlpeseme, por favor, la licencia machadiana, pues yo también espero hablar a Dios un día– acerca del fuego como metáfora incluyente y universal, del peso de las ideas en las palabras y/o de las palabras en las ideas –a veces con la gravedad que amerita el asunto a veces con una levedad divertida–, de la imagen como voluntad de sentido y determinación, del ingenio como posible impostura y sucedáneo para la vida o el quehacer artístico o como surtidor de avances para la humanidad o de obras de arte genuinas, o del dolor de muelas que durante muchos años padecí y ya no padezco, del nudo que habita como un oso hambriento en mi garganta desde hace más de treinta y cinco años por amor o del asombroso y monumental compendio de errores que he sido y soy y me define...
            En los últimos tiempos confieso que lo hago sumido en un feroz, creciente e inaudito desprecio hacia mí mismo que me embarga y casi determina. De hace algo más de un año a esta parte vivo un sentimiento de orfandad y desarraigo que incluso me genera miedo, un conjunto de sensaciones que jamás antes he experimentado y que no proviene de la frustración –algo inherente al propio existir y a la que soy muy tolerante, igual que a la demora–, sino de algo que tendré que descubrir y que me inquieta sobre todo por ese desapego hacia mí mismo que quizá esté en su base. A la vez y en paralelo, casi sin darme cuenta, he incrementado mi empeño en cumplir mi vocación de servir a los demás en proyectos que admiro y para los que he recibido oportunidades providenciales que me permiten vaciarme más que nunca, como si el tiempo se acabara...
            En mi existencia actual de nubes personales y cumplimiento luminoso de anhelos, ando recibiendo oportunidades que siempre soñé, como la que muchos me siguen dando, desde el reconocimiento, el afecto o las expectativas con Kolaval, del que un autor y viejo conocido me dijo hace pocos días “es un proyectazo... uno de esos que llevan una vida... y es normal que cueste un montón” –y la verdad es que ningún otro proyecto editorial, y éste es el último que emprenderé en mi vida, me ha completado y me completa tanto como editor y, sin embargo, en cierto modo me está costando la vida–. 
            Oportunidades como la que me viene confiando –y de qué manera tan fecunda– desde hace muchos meses mi muy querido y admirable mentor Marco Antonio Alfaro Morales en el ámbito de la extensión de la cultura de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, México, que me realiza como nunca antes nada como gestor cultural, a la que estoy respondiendo de forma incondicional con todo lo que soy y tengo. 
            O como la que me da mi amigo del alma y antiguo compañero de la Universidad de Navarra, España, el sobre todo muy querido y gran periodista mexicano Miguel Bárcena, con el que me reencontré no hace mucho tras treinta años –y como ocurre con las amistades verdaderas– es como si no hubiéramos dejado de vernos, de volver a sentirme periodista con todas sus letras, que siempre lo fui hasta cuando no ejercí la profesión. La mayor felicidad que he experimentado en mi vida profesional ha tenido lugar trabajando en el periodismo, por lo que deben saber que ando como unas castañuelas por la puerta que me ha abierto Miguel, y a la que he accedido incondicional y dispuesto a todo. 
            O como la que me concede desde su –mi– Buenos Aires querido la querida Tamara Bruzoni, con quien, a pesar de que solo la conozco hace apenas meses, me unen ya tan estrechos lazos que siento que al conocerla hubiera conocido al –no ‘a’– otro yo mío aunque mejorado en muchos aspectos, a la que también admiro y a quien debo mucho, porque gracias a ella me siento, entre otras cosas, como no recuerdo en mi vida, de verdad docente, siendo la docencia una fuente de gozo para mí, con la alianza estratégica hispanoamericana que estamos creando entre Kolaval y su maravilloso y lleno de inquietudes y horizontes fecundos proyecto cultural Travel Plan & go! Magazine Digital, así como, a través de ella misma, con la galería virtual de arte contemporáneo colombiana És Gallery.
            O como, y aprovecho para anunciarlo, la que me regala el muy querido y admirado escritor, editor y maestro Eduardo Villegas Guevara, el gran coyote mayor, en su editorial Cofradía de coyotes, un clásico entre los clásicos mexicanos, con la próxima publicación de un libro mío, el cual, bajo el título “Llegó mi hora. Poesía casi completa 1983-1994”, me permite seguir cumpliendo la idea que concebí hace cinco años de publicar antes de cumplir los sesenta toda mi obra superviviente (nueve series poéticas, ocho ensayos y tres novelas, todo inédito, aparte de mi obra periodística y de lo ya publicado, como las dos primeras partes de mi trilogía narrativa-poética en cuatro libros acerca de la reconstrucción de la memoria “El año de las tormentas”, merced a la oportunidad que también recibo de mi querido amigo y editor Nahum Torres con su brillante proyecto, Ediciones Periféricas, que confío sea publicada completa de aquí al año próximo, lo cual depende de mí, pues aún debo dar por cerrada la tercera novela de la serie).
            O como, sin ir más lejos, la que, desde hace ya más de año y medio y deseo que por mucho más tiempo, me viene abriendo mi amigo chiapaneco el escritor Roger Octavio Gómez Espinosa en este Letras ideaYvoz, que me pone en la posibilidad, sobre todo, de dar cauce a mi observación de la realidad y a mis diatribas y expandirlas en este "Líneas de desnudo" que es de ustedes.
            O como las que me dan hoy con sobre todo su imprescindible amistad, y también con oportunidades, otras personas, como el editor mexicano Fernando Valdés con su entrañable  e histórica editorial Plaza y Valdés, llena de nobles ideales, el muy notable periodista y escritor español y también mentor José Joaquín León, la emprendedora mexicana Gis Curto con su amistad de tantos años ahora recobrada, mi entrañable Antonio Florido, escritor de tan altos vuelos como el tamaño de su corazón, y tanta gente maravillosa con la que me unen lazos de afecto y unas deudas impagables no solo de gratitud que sé que corresponderé porque soy persona de honor.
            Solo puedo sentirme satisfecho por estar teniendo la oportunidad de cumplir aquello a lo que he aspirado en mi vida: ser editor, gestor cultural, periodista, docente, escritor. Eso sí, me ha llegado todo de golpe, como si el tiempo se acabara.
            Puedo seguir creciendo, pues, con humildad, honestidad y afán de superación, creyendo y creando. Culminar poco a poco mis oficios y misiones para quizá irlos dando por cerrados en el momento que corresponda, con el afán, vocación y gratitud que me inculcaron desde pequeño en mi familia y en las instituciones educativas en que me formé, viviendo al servicio de los demás, pues todo lo que uno tiene y puede es para darlo, y solo así tiene sentido. De este modo, una vez cumplidas mis tareas podré llegar al final de mis días y cumplir mi deseo de hablar a Dios.
            ¿Tengo derecho, pues, gozando de tanto privilegio y teniendo tanto que agradecer y dar, a este sentimiento de orfandad y desarraigo que me aflige, al miedo que antes desconocía, a la tristeza, y a darle pábulo a todo ello en mis conversaciones conmigo mismo? Con toda rotundidad, no.
            Pudiera ser verosímil –y por desgracia lo es para muchos, pero no para mí, pues soy hombre de fe y eso me sostiene y me da la fuerza que no tengo– lo que escribió el poeta chileno Nicanor Parra (1914-2018) en su “Soliloquio del individuo”: “la vida no tiene sentido”. Yo todo lo hago con verdadero amor, aun con mi carga de dolor a cuestas, y todo lo cumpliré y, a la vez, todo lo dejaría por un amor verdadero. Es mi ventaja, lo confieso, y de ahí mi artículo de hoy, que solo he podido expresarlo con esta especie de distanciamiento y voz poética debido a que me embarga el pudor.
Julio de 1993. En la antigua redacción del diario ABC de Sevilla, hoy ubicada en otro lugar, junto a grandes profesionales andaluces de la información como Fernando Carrasco (q.e.p.d.), Juan Luis Pavón, José Luis Losa, Benito Fernández, Jesús Álvarez o Manuel Contreras, éste último hoy subdirector del periódico, el mismo cargo que tenía José Joaquín León cuando yo estuve trabajando allí. Como dato adicional, la concentración de periodistas ante una pantalla que refleja la imagen tuvo lugar, como en tantas otras ocasiones, en el despacho del propio José Joaquín. (La imagen proviene del archivo personal de su autor y fue publicada en Facebook el 9 de febrero de 2017. Me tomo la libertad de difundirla referenciando la autoría de la misma y la fuente).
Fotografía: ©Tomás Díaz Japón, 2013. 

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 97. Lo que continua. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 97

Lo que continua
Por Manuel Pérez-Petit

Algo más de cuarenta días con sus respectivas algo más de cuarenta noches han pasado desde el aunque pueda parecer lo contrario no tan lejano 13 de marzo en que saqué mi Locos con Rusia, que tanto predicamento y debate tuvo… En realidad ha sido una parada en boxes –si se me permite el símil automovilístico–, un ‘en esta bajo, hasta luego que vuelva a subirme’ en mi Líneas de desnudo que siempre ha tenido, como bien siempre dije, vocación de repositorio definitivo para toda mi obra breve e incluso para más cosas. Y al fin el fin de ese hasta luego no anunciado pero tácito ha llegado. Regreso, pues, a la casa común de este “mi” Letras ideaYvoz de mi entrañable amigo y admirable escritor y promotor de la lectura Roger Octavio Gómez Espinosa, del que nunca me fui, maravilloso enclave en que un día encontré el lugar en que encontrarme, un lugar para mis palabras. Y por no pocas razones.

El autor
Mi cuarentena –léase mi ausencia– ha dado de sí como si fueran años. Es un signo de nuestro tiempo: el vértigo. Porque el mundo está loco, qué barbaridad, pero el mundo somos nosotros... ¡Qué de cosas han pasado y no durante tan solo algo más de cuarenta días...! Las hay que siguen siendo como antes y las hay que no, pero hoy voy a señalar tres de las primeras, pese a que podría de unas y otras describir trescientas...
            Continua sin caer a día de hoy la desconocida hasta hace bien poco ciudad de Mariúpol en Ucrania, que mantiene su particular resistencia numantina desde hace semanas ante el feroz y lleno de crueldad asedio de los ejércitos rusos de Putin, en un capítulo que pasará  la historia de la humanidad como ejemplo de resiliencia, equiparando a esta ciudad ucraniana a la Numancia atacada por los romanos, que Escipión tomó y destruyó en 133, o, en tiempos recientes, a los de la Alepo siria antes de su destrucción total a manos también de los rusos putinianos en 2016, o la llamada por entonces Leningrado del asedio nazi que terminó en enero de 1944, nevada por completo, sin haber caído en manos de los de Hitler. Y mientras sigue el asedio, se ha confirmado en esta maldita guerra que el objetivo del Kremlin es tomar todo el sur de Ucrania y conectar su territorio con el de Transnistria, región oriental de Moldavia, ya controlada por las hordas rusas desde hace tiempo, lo cual evidencia de manera definitiva el carácter de simple y vulgar matón de barrio de Vladímir Putin, en cuya prepotencia va a estar su derrota.
            Continua en la Presidencia de México, como debe ser por mandato constitucional –y a qué cuento viene poner en duda el mismo–, Andrés Manuel López Obrador, a quien se le ocurrió la idea –permítanme decir en conciencia y con respeto que bananera, aunque sé que esto me reportará algunos insultos y enemistades– de someterse a un plebiscito popular para continuar en su puesto, en la línea, impropia de una nación como México, de un populismo de perfil bajo que, de haber salido vinculante –se necesitaba una participación del cuarenta por ciento del censo, pero esta fue solo del veinte en el referéndum celebrado el pasado 10 de abril–, hubiera conducido a una profunda reforma del país, cuya Constitución consagra el principio de no reelección como inalienable. La última ocurrencia de López Obrador, en consecuencia, ha sido abrir la puerta a reducir la participación mínima para hacer vinculantes próximos referéndums. 
            Y continua, a mi pesar esta vez en la memoria, la bicicleta pintada en la pared de la casa de Kolaval en Pachuca, porque ya no existe, pues la propiedad del edificio –con un criterio de muy dudosa naturaleza, entre otras cosas porque con lo fea que es la colonia, la bicicleta era al final una especie de patrimonio cultural a preservar incluso por las autoridades, un elemento mucho más que decorativo– la ha cubierto con una saña ejemplar, nocturnidad y alevosía, con una especie de espuerta de cal como si fuera un Ignacio Sánchez Mejías cualquiera, muerto en la plaza a la cinco de la tarde, en forma de pintura plástica de blanco maldito inmaculado –allá que el polvo se lo coma–, y debo porque no puedo ni quiero evitarlo ponerme a cantar tal afrenta al buen gusto como si yo fuera un Federico García Lorca cualquiera –que más quisiera yo–. Sirva también este último elemento como elegía, pues en estos próximos días haré una mudanza que me llevará lejos del panteón en que un día estuvo “mi” bicicleta. 
            Son tres situaciones las de hoy aquí y podrían haber sido otras y muchas más, tantas cosas como se amontonan en la olla exprés que llevo sobre mis hombros, desde antes y durante estos algo más de cuarenta días y noches. Pero una vez puesto en marcha el changarro de mi escritura breve, les seguiré contando en medio del mundo de la locura, tanta que hasta el Real Betis de mis entretelas ha ganado la Copa de S.M. El Rey en España. ¡Viva el Betis!
Ante la bicicleta pintada en la pared de la casa de Kolaval en Pachuca de Soto, Hidalgo, México, solía yo poner muchos fines de semana y con motivo de algunas celebraciones festivas, una mesa de venta de libros y otros enseres, en un bazar sin fecha fija que siempre recibió muchas visitas. Esta vez traigo a acá esta foto de un día en que vinieron a visitarme mis amigos y autores Marisa D’Santos y Óscar Baños Huerta.
Fotografía:©M. P.-P., 2021.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 96. Locos con Rusia. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 96

Locos con Rusia
Por Manuel Pérez-Petit

Hay una guerra en Europa en la que participan, de un modo u otro, casi todas las naciones del planeta. De esto a una III Guerra Mundial solo existe una distancia imperceptible: un “error humano”, que tiemble un dedo perdido sobre un botón inadecuado en el momento más inoportuno, o que un misil “despistado” caiga por unos metros adentro de Polonia o Rumanía, países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)... La inmensa mayor parte del mundo está tomando medidas contra Putin. No contra Rusia, aunque sean los rusos los que estén pagando, de momento, el desvarío iluminado de un tal Vladímir (1952) que se cree el zar Goliat de todas las rusias y al que le espera una brutal caída a los infiernos. Hay quién observa señales de que está enfermo –y no hace falta ser un genio para saber que lo está, del cuerpo o del alma o de ambos–, pero estoy convencido de que los propios rusos –o los oligarcas a los que amamantó o los chinos o el héroe Volodímir Zelenski (1978) al frente de su ejército de davides– lo quebrarán. Las condenas y sanciones van y vienen como buldóceres contra la madre Rusia, pero en realidad son contra Putin, al que parece, con su estilo de matón de barrio, que le da igual, pero ya veremos por cuánto tiempo. Mientras, a la mayoría se les llena la boca con la palabra ‘Rusia’.
            Es digno de observar: muchos no saben ni qué hacer para adquirir notoriedad y ser noticia ante esta barbarie que está teniendo lugar en Ucrania. Por muy importantes que se sientan o deseen llegar a ser, la idiotez anida en ellos con profundo arraigo. Con sus declaraciones y decisiones se califican a sí mismos y creyéndose más listos que el resto se convierten en el paradigma de la negación de la inteligencia y la ridiculez sin medida, y digo esto último porque encima defienden sus posturas dándose por ofendidos si uno no concuerda con sus ocurrencias, o, por ejemplo, les hace preguntas al respecto, como a mí me ha pasado, claro que yo no soy nadie para ellos, y, por tanto, mis preguntas las consideran impertinencias.
            Es el caso de la declaración de la ‘Conferencia de Directores de Ferias Internacionales del Libro’, que comunica la decisión de 14 ferias de 13 países de “suspender contacto con cualquier editor oficial de la Federación rusa e invitar a editores y autores de Ucrania a exhibir sus títulos en nuestras ferias sin costo alguno”, y que solo conocemos por unas declaraciones del secretario general de la misma, el guatemalteco David Unger (1950), publicadas en una revista de negocios especializada en la industria editorial y firmada por el editor en jefe de la misma, titulada: “Directores de ferias del libro sobre Ucrania: 'No podemos permanecer en silencio'”. La ironía es de manual –para lo que dijeron, ¿por qué no se quedaron en silencio?–. La peor parte le está tocando al pobre Unger, “obligado” a defender lo indefendible –igual fue una ocurrencia suya–, mientras ninguna de sus ferias dice ni esta boca es mía. No abundo en ello; lean o relean mi “El misterio del documento de la FIL” y, de paso, la reacción de Paco Ignacio Taibo II (1949)* a tal disparate, y también al de la Orquesta Filarmónica de Cardiff, que eliminó de su programa la obertura 1812 de Chaikovski, por la invasión... 
            Todos están borrachos de y con Rusia, y eso parece que justifica la sarta de ocurrencias que se está dando: puro homenaje a la estupidez. A ver, Rusia nada tiene que ver en esto. Todas las medidas tomadas contra ese país están encaminadas a que Putin detenga la guerra y, en última instancia, a que caiga de una vez de su poltrona. El mundo anda al borde de la madre de todas las catástrofes: una posible III Guerra Mundial... ¿Vamos a dejar de leer a Aleksandr Pushkin (1799-1837), a León Tolstói (1828-1910), a Borís Pasternak (1890-1960) o a Anna Ajmátova (1889-1966); de escuchar a Nikolái Rimski-Kórsakov (1844-1908), a Ígor Stravinski (1882-1971) o al propio Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893); de ver películas de Andréi Tarkovski (1932-1986), de Nikita Mijalkov (1945) o de Serguéi Eisenstein (1898-1948)…, bueno, los pocos que en realidad lo hacemos, solo porque ahora haya tontos de capirote que sean tan incultos y tengan tanto afán de protagonismo como para proponer un veto, ¡un veto!, como si a Putin le importara lo más mínimo, nada menos que a la cultura rusa? 
            Lo que tendrían que hacer los de las ferias –los de éstas y todas las demás– es invitar a Zelenski, que, además de actor es guionista y, por tanto, escritor, miren por dónde, a todas ellas, y los de la orquesta galesa –y el resto de las orquestas del mundo– hacer solo conciertos con obras rusas y ucranianas. Ahora más que nunca, y en el ámbito de la cultura con mayor sentido, deberíamos leer rusos, escuchar rusos, ver cine ruso, estudiar Rusia, disfrutar lo ruso, promover lo ruso, que bien conocemos, y hacer lo propio con lo de Ucrania, que deberíamos conocer, y más que nunca..., e ignorar declaraciones extravagantes y desgraciadas o ir a conciertos de orquestas que ni saben lo que es la música. Esta sí es nuestra guerra, digan lo que digan, y nuestras armas son integradoras y no excluyentes, plurales, abiertas, universales. El cultivo y el aprecio de las artes y el pensamiento, con sus valores perennes de libertad, convivencia y tolerancia, es el germen de la paz en el mundo, no los vetos. A ver si se enteran: no es tiempo de tontos ni de locos, y tampoco de listos u oportunistas. Es el momento de arrimar el hombro todos a una y de aquello que, por lo visto, escasea demasiado: es la hora exacta de la grandeza de miras, el corazón y la inteligencia.

*https://elcomentario.ucol.mx/enfada-a-taibo-ii-censura-del-mundo-contra-los-creadores-rusos/ 
Volodímir Zelenski (1978), presidente ucraniano, una de las pocas personas que aún no ha dicho una sola tontería respecto a la guerra con que Putin pretender someter a Ucrania, actor y guionista que debería ser invitado a todas las ferias del libro del mundo. Retrato oficial (publicado bajo licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional).
Fuente de la fotografía: president.gov.ua. 

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 95. El misterio del documento de la FIL. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 95

El misterio del documento de la FIL
Por Manuel Pérez-Petit

No sé cuántos editores rusos asisten a las diversas ferias internacionales; no sé, tampoco, cuántos editores oficiales tiene Rusia, ni qué editan. Lo que es claro es que excluir a las editoriales por las acciones de su gobierno nos llevaría a excluir a muchos de los editores de muchos otros países que nutren las ferias, para convertirlas en “compartimentos estancos” y destruir los lazos que el libro, los libros, intentan unir; es censurar el conocimiento y tomar partido en una guerra de muchos intereses. Esa medida no beneficia a los pueblos, a ninguno y sí atenta contra el valor de las culturas. Las ferias son espacio de pluralidad, de acercamiento, de intercambio: la cultura puede ser el último bastión de la humanidad: lo que nos hace humanos. Las ferias del libro, en fin, antes que negocios, deben ser espacios para convocar a la libertad y el entendimiento a través de la palabra, eliminando la intransigencia: la de las armas, la de las exclusiones.

Carlos Anaya-Rosique, en Facebook, 9/03/2022
El pasado 7 de marzo la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) publicó una declaración de la ‘Conferencia de Directores de Ferias Internacionales del Libro’ en la que participaban las de Bogotá, Bolonia, Bruselas, Budapest, Frankfurt, Gotemburgo, Guadalajara, Jerusalén, Leipzig, Praga, Sao Paulo, Seúl, Taipei y Varsovia: “(...) deploramos categóricamente el uso de la fuerza por parte del régimen ruso. No podemos permanecer en silencio ni indiferentes ante la transformación de Ucrania en un campo de exterminio por parte de Rusia. Por lo tanto, decidimos suspender contacto con cualquier editor oficial de la Federación rusa e invitar a editores y autores de Ucrania a exhibir sus títulos en nuestras ferias sin costo alguno”. Pero la declaración desapareció por completo de la faz de la FIL en menos de 48 horas.
            Podríamos encargarle el caso a Sherlock Holmes, el famoso detective inventado por Sir Arthur Conan Doyle (1859-1930), por su uso de los métodos científicos, de observación y deducción, pero yo apostaría en esta ocasión por Hercules Poirot, creación de Agatha Christie (1890-1976), por su práctica detectivesca basada en la psicología y en el estudio de la naturaleza humana. O a mí, que lo tengo muy claro, y que no me vendría mal un empleo.
            Experto como soy en hacer amigos, ya lo avisé en mi “¿Adónde vas, FIL?”: “La sensación que tengo es que la FIL, a la que le sobran pelotas, si me permiten, y le falta valentía, está desgastada, desnortada, desorientada, carente de propuestas imaginativas, ciega ante la posibilidad de que existan nuevos horizontes, sin frescura, incapacitada para innovar, vacía de autocrítica, llena de autosatisfacción, impotente ante la posibilidad de renovarse y encantada en exceso de conocerse”.  
            La declaración “fantasma”, a la que no hay, por cierto, referencia alguna en las páginas de internet de los otros firmantes, es de manual del disparate. ¿Qué significa eso de “cualquier editor oficial”? ¿Qué es eso de “invitar a editores y autores de Ucrania a exhibir sus títulos en nuestras ferias sin costo alguno”? ¿Va en serio? Sin costo alguno deberíamos ir algunos que, habiendo llevado siempre parte de la mejor literatura y en libros de mayor calidad que la media, nos hemos dejado la piel en y por la FIL y que por ser pequeños llevamos años malviviendo al borde de la quiebra sin que la FIL nos mire. Las ferias del libro debieran ser para el negocio de los editores, no para el de los organizadores. Para todos, no para los que tengan capital. Tan editores son los grandes como lo somos los pequeños. Y también los ucranianos, faltaría más. Y “sin costo” para los que no podemos y hemos hecho méritos. 
            Es el misterio de la declaración desaparecida. Ante la declaración no he leído nada más acertado ni lúcido que lo del maestro Carlos Anaya-Rosique que antecede a estas líneas, pues, en efecto, las ferias “deben ser espacios para convocar a la libertad y el entendimiento a través de la palabra”. No para hacer el ridículo. Y salvo que lo expliquen bien o nuestros detectives favoritos lo esclarezcan, esta vez los dinosaurios lumbreras de la FIL se han cubierto de gloria más que nunca. Deberían jubilarse. O alguien debería hacer rodar cabezas. Aunque sea por la imagen de la propia FIL, que debería ser el orgullo del idioma español y no un esperpento.
La declaración desaparecida.
Fuentes de la fotografía (cualquiera sirve):
– https://www.eluniversal.com.mx/cultura/guerra-rusia-ucrania-ferias-de-libro-suspenden-contacto-con-editores-de-la-federacion-rusa.
– https://publishnews.es/conferencia-de-directores-de-ferias-internacionales-del-libro-condenan-la-invasion-rusa/

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 94. Feminismo. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 94

Feminismo
Por Manuel Pérez-Petit

A Karla Jara, Adriana Labardini, Maru Reyes o América Santiago, mexicanas excepcionales por su compromiso, su corazón y su inteligencia. Al nombrarlas, simbolizo en ellas a todas las personas que creen, crecen y crean en la construcción de un mundo no solo igualitario sino justo y completo, definitivo.

Conozco tanto a mujeres como a hombres admirables, de igual modo que conozco a mujeres y hombres detestables, realidades hermosas y también desoladoras, situaciones llenas de vida y entornos en que impera la muerte. La vida se da en todos por igual y la realidad es la misma para todo ser humano. Mi capacidad de entendimiento es limitada, como la de cualquiera, y lo mismo le pasa a mi capacidad de comprensión. En todo el planeta todos sin excepción somos iguales y debemos serlo, pero la igualdad, por mucho que tenga de ideal –en el sentido de propuesta, y quizá por ello–, no existe a pie de calle.
            La mayor de las lacras de la Humanidad desde siempre ha sido y es la desigualdad de género. Tiene sentido, pues, que exista el feminismo, y aún lo tiene más que los hombres, que tanto nos dedicamos a predicar y tan poco ejemplo ofrecemos, debamos ser o seamos feministas, porque estoy convencido de que debiéramos serlo si lo que queremos es un mundo mejor y más completo. O incluso, de manera más elemental, por una cuestión de Derecho natural.
            Para mí, el artículo ideal es el que se tarda en leer tres minutos, que es mi objetivo como autor, por lo que no me detendré aquí en aspectos históricos o en la desigualdad aberrante generalizada que se manifiesta en todos los órdenes, y ni siquiera en la muy pobre definición que de la voz ‘feminismo’ se da en el Diccionario de la Lengua Española (DLE) –con dos acepciones: “Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre” y “Movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes del feminismo”–, como tampoco en qué se debe hacer para revertir esto y construir una sociedad igualitaria de verdad en todo el mundo, clave para alcanzar la justicia y el orden natural de la propia vida. 
            No es lucha de sexos, y siendo una cuestión cultural no se trata tampoco ni de una revolución ni de un quítate tú que me pongo yo. Se equivoca el que lo vea como la tarea de imponer nada a nadie. No es una guerra en la que tenga que haber vencedores ni vencidos. Debe ser fruto de un convencimiento elemental del que ninguna persona puede sustraerse y al que todos y cada uno podemos llegar de forma desapasionada, solo con el uso de la razón y el ejercicio de nuestra humanidad. El feminismo no es solo asunto de las mujeres; debe ser de todos. Y fruto de la comunión en la condición humana, todos deberíamos tener como meta que llegue el día en que superemos el feminismo. 
            Estamos muy lejos de ese reto esencial. Lo conseguiremos cuando la igualdad sea real, en nuestra diferencia y en nuestra complementariedad, desde el respeto más sagrado. Más aún, cuando por encima de ser mujer u hombre seamos, ante todo, personas. En ese momento, en el que de una vez la justicia en su más amplio sentido se haga carne de forma definitiva y el orden natural de las cosas prevalezca, el feminismo carecerá de sentido, y podremos afirmar que vivimos, por fin, en un mundo completo, en que mujeres y hombres vayamos de la mano en la construcción de un nuevo amanecer que dé lugar a un horizonte pleno y definitivo.
8 de junio de 2019. 7:12 de la mañana. Nuevo amanecer en Tuxpan de Rodríguez Cano, estado de Veracruz de la Llave, México (imagen cortesía de su autora).
Fotografía: ©Mayté Flores Ayala Mancera.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 93. Pacifismo. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 93

Pacifismo
Por Manuel Pérez-Petit

En su más amplio sentido, el pacifismo es la actitud de quien ama la paz. Se trata de una disposición de ánimo manifestada de algún modo en la acción. De ninguna manera se manifiesta en la pasividad, y mucho menos en la indiferencia. Es una postura ética que requiere de acción y de una acción determinada y clara. También es un conjunto de doctrinas que se oponen a la guerra y a la violencia, sea cual sea el motivo que hayan generado éstas, y emplea medios para sus objetivos como la no violencia activa, la diplomacia, la desobediencia civil, el boicot, la objeción de conciencia, las campañas de divulgación y la educación por la paz, entre otros.
            El 26 de junio de 1945 fue firmada la Carta de las Naciones Unidas (ONU), cuyo preámbulo es un manifiesto pacifista que exige acabar con las guerras. Fue redactado por los representantes de los 50 países fundadores de la institución, los cuales, reunidos por tal motivo al principio en San Francisco, California, Estados Unidos, la estuvieron redactando con posterioridad durante dos meses, poniendo así el germen de la constitución de la propia ONU, que tuvo lugar el 24 de octubre de ese mismo año, ya habiendo contado con la firma de todos los países. Pero fue un poco antes, con Mahatma Gandhi (1869-1948), que nació el pacifismo moderno, por su liderazgo del Movimiento de independencia indio entre 1942 y 1947, en que apostar por la paz le supuso cárcel y hasta ser asesinado.
            Resulta una paradoja que la mayor parte de los grandes pacifistas de la modernidad han sido asesinados. Tal es el caso de Martin Luther King (1929-1968), pastor y dirigente estadounidense, principal líder del Movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, del músico británico John Lennon (1940-1980), miembro de The Beatles, que lanzó en 1971 la canción "Imagine", en que pedía al mundo que la violencia acabara, o del arzobispo salvadoreño Óscar Romero (1917-1980), defensor de los oprimidos y enemigo de la violencia que ejercían en su país la extrema derecha nacionalista y el ejército, que fue asesinado mientras oficiaba una misa. Pocos pacifistas se han librado de terminar siendo asesinados. Quizá el caso más notable de estos últimos años ha sido el de Nelson Mandela (1918-2013), abogado y activista que luchó por la emancipación racial de Sudáfrica junto al Congreso Nacional Africano con el que gobernó el país a fines de la década de los 90 tras estar 27 años en prisión, y murió por causas naturales. 
            Visto lo visto con solo unos pocos ejemplos de muchos casos, está claro que el de Mandela es excepcional y que en el mundo en que vivimos predicar la paz y actuar por ella es peligroso y puede llevar incluso a la muerte, y a una muerte violenta... ¿En qué mundo vivimos? Pues en el nuestro, que ha sido así toda la vida. 
            Dada la violencia inherente a la naturaleza y la condición humanas, declararse pacifista, pues, no es solo quedarse en dar discursos –ni siquiera encendidos– acerca de la fraternidad universal sino llevar adelante con todas sus consecuencias una actitud decidida en favor de la paz que, por consiguiente, conlleve acciones determinadas a ese objetivo, lo cual, sobre todo, requiere voluntad, un fuerte ejercicio de la voluntad, al que, por lo general, no estamos en realidad dispuestos. ¿O sí?
Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828): Pelea a garrotazos, óleo sobre lienzo, pintado sobre 1820-1823 (la imagen es de dominio público). El cuadro original se encuentra en Madrid, España, en el Museo del Prado (http://www.museodelprado.es/coleccion/galeria-on-line/galeria-on-line/obra/duelo-a-garrotazos/), Madrid, España.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 92. Guerra y literatura: Contra la parálisis. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 92

Guerra y literatura: Contra la parálisis
Por Manuel Pérez-Petit

El horror paraliza y escribir acerca de la guerra al ser esta un horror es paralizante, y, sin embargo, tendríamos que estar más familiarizados con ella de lo que estamos en realidad, verla, en consecuencia, con mayor naturalidad, y afrontarla con otra madurez, pues todos, al menos en el mundo Occidental, hemos crecido leyendo obras literarias que tratan de la guerra.
            Desde los tiempos de Homero con la Ilíada, que, escrita en griego antiguo, nos cuenta la cólera de Aquiles, que dio lugar a la guerra de Troya, origen de la Grecia clásica, e incluso antes, la guerra ha sido y es uno de los grandes temas de la literatura universal, y no solo eso: todas las naciones de la tierra son, de algún modo, “hijas” de la guerra, como puede constatarse en los cantares épicos y de gesta clásicos y medievales, que precedieron al nacimiento de las grandes naciones y culturas europeas. Anterior al ciclo artúrico y escrito en inglés antiguo, el Beowulf, con el que los académicos no se ponen de acuerdo, datando su escritura en diferentes fechas que van del siglo VIII al XII, es una historia de la guerra en que se habla de las invasiones nórdicas y germánicas que están en el origen de Inglaterra. La Canción de Roldán, escrita en francés antiguo bien avanzado el siglo XI, el cantar de gesta escrito en lengua romance –esto es, derivada del latín– más antiguo, narra la emboscada que, por parte de los vascones, en Roncesvalles, Navarra, España, sufrió la retaguardia del ejército de Carlomagno en el siglo VIII, que es la gran gesta conformadora de Francia. El Cantar de Mío Cid, compuesto en español antiguo alrededor del año 1200 d.C. y que está en el origen de la nación española, relata el proceso de recuperación de la honra de su protagonista, Rodrigo Díaz de Vivar, el Campeador, que se dirime al final con fuertes actos de guerra y de violencia. El Cantar de los nibelungos, epopeya nacional alemana escrita alrededor del siglo XIII en alto alemán medio –una especie de protoalemán– es un poema que nos traslada a los orígenes de lo germánico, también basado en la guerra y la lucha por el poder.
            Todas estas obras y otras tenían por objetivo preservar la historia o la mitología y, sobre todo, los conflictos originarios de cada identidad a fin de reforzar la memoria colectiva del pueblo y no solo no lo paralizaban sino que los motivaban para emprender en favor de sus ideales. Desde la Alta Edad Media y el comienzo del Renacimiento, la literatura de la guerra abandonó en gran medida su tradicional pedagogía identitaria y su narrativa histórica para convertirse en fuente de debate, ficción y pensamiento, y desde entonces –hablamos de los comienzos de la denominada Edad Moderna– la guerra nos es tan familiar como el amor. Por ello, la podemos percibir como natural, aunque nos horrorice. Y por esta misma razón no debería paralizarnos, sino activarnos, movilizarnos, y no solo con testimonios. Porque podemos hacer mucho, pero lo que no podemos de ningún modo es abandonar nuestras vidas por esa parálisis. Dediqué mi “Dolor ejemplificante” “A Manuel de Luque Soult, amigo de la infancia, y a su hija ucraniana, que ojalá llegue pronto a casa”, y en relación a ello hacía referencia a una información publicada por el periódico español Diario de Sevilla, “​Familias de acogida sevillanas piden ayuda para rescatar a los niños en Ucrania”. Bien, al cabo de los días y habiéndose desplazado a la zona de conflicto su mujer y su hijo, Manuel y los suyos han conseguido rescatar no solo a su hija ucraniana sino a tres menores más del horror de la guerra, y todos volarán mañana de Varsovia a Barcelona. 
            Si nos paralizáramos tanto ante la guerra no sería posible que tuvieran lugar milagros como éste.
Bandera de Ucrania




*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 91. El regreso de la radio. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 91

El regreso de la radio
Por Manuel Pérez-Petit

El 28 de junio de 1914, el archiduque Francisco Fernando de Austria (1863-1914) visitó Sarajevo, la capital de Bosnia. Allí, un grupo de seis militantes de la organización revolucionaria Joven Bosnia, grupo juvenil de la organización secreta Mano Negra, se habían reunido en la calle donde estaba previsto que pasara la caravana del archiduque con la intención de asesinarlo. La historia parece sacada de un cómic o del Universo Cinematográfico de Marvel, pero fue real, y desencadenó la I Guerra mundial, hace poco más de un siglo. La “Gran Guerra”, como la llamaron en su momento, que tuvo lugar entre el 28 de julio de 1914 y el 11 de noviembre de 1918, la primera de la historia que tuvo carácter global, pues contó con la participación de todas las grandes potencias industriales y militares del mundo, dejó la escalofriante cifra de entre nueve y diez millones muertos, y supuso el desarrollo definitivo de un medio de comunicación: la radio.
            Durante la “Gran Guerra”, que marcó el paso de los conflictos bélicos antiguos –caballerosos, en los que el vencedor compensaba al vencido, por ejemplo– y los modernos que hoy conocemos, tuvo la radio un desarrollo que supuso que a partir de hace ahora un siglo pasara a estar en millones de hogares en el mundo como un medio de entretenimiento e información insustituible y entrañable.
            Hubo una época en mi juventud en que fui muy aficionado a la radio, y hasta tuve varios receptores multibanda y captaba señales de muchos lugares del mundo, tanto de onda media como, sobre todo, de onda corta, y eso me apasionaba, dejando en mí una devoción definitiva por ese medio de comunicación que luego, de manera profesional he tenido y tengo la oportunidad de hacer desde el otro lado, el de la emisión, primero en España y luego, sobre todo, en México. Hacer radio hoy es para mí tan sorprendente y apasionante como lo ha sido desde hace muchos años escucharla. Era excitante imaginar cómo eran físicamente las personas que nos hablaban desde ese aparato extraño y familiar, cuyas tripas eran de bombillas y que luego evolucionaron a ser circuitos, y cada vez se hizo más pequeño y hasta portátil y de bolsillo... Ese romanticismo, como muchos otros, ya se ha perdido. 
            Pero hoy, Miércoles de ceniza, día santo cristiano de oración y ayuno, en que, en el comienzo de la Cuaresma, los creyentes reconocemos ser polvo y que en polvo nos convertiremos, la British Broadcasting Corporation, conocida por todos como la BBC, ha informado de la reactivación de su servicio de radio en onda corta para informar de Ucrania, recuperando un medio analógico que ya se creía obsoleto por sus costes y la implantación de internet desde hace más de un decenio, y eso me ha retrotraído a mi infancia, en que aún habiendo televisión la radio me apasionaba, aunque sobre todo me lleva a reflexionar acerca de la transformación del mundo, incluso en un posible regreso a cierto tipo de romanticismo, que puede suponer esta guerra absurda y cruel que nos atañe a todos, y ante la que nadie puede ser indiferente.
Mapa difundido hoy, miércoles 2 de marzo de 2022, por la BBC del alcance de sus emisiones en el territorio de la guerra Ruso-ucraniana, en que ha iniciado el reinicio de sus emisiones de onda corta en Ucrania.
https://www.bbc.com/

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Manuel Pérez-Petit

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Sevilla, España, 1967.

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Líneas de desnudo. 90. La metáfora de la navaja. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 90

La metáfora de la navaja
Por Manuel Pérez-Petit

A mi padre no le gustaba la playa, pero mi madre nos llevaba a mi hermana y a mí todos los veranos de vacaciones a alguna. No recuerdo bien si en la playa de Matalascañas, Huelva, o Chipiona, Cádiz, o en ambas, alguna vez alguien me llevó, coincidiendo con la hora de la bajamar, pertrechado con un saquito de sal gruesa y una cesta con palo largo que a mí me recordaba a un cazamariposas, a la misma orilla del mar.
            —Manolo, agáchate y mira la arena. ¿Ves ahí una especie de ocho?
            —Sí, sí… 
            —Pues toma un pellizco de sal de la bolsa y échalo encima.
            Tomé diligente un puñadito de sal con mis dedos índice, corazón y pulgar, la eché en el sitio indicado y me quedé mirando con fijeza, como si se tratara de un pastel que dijera ‘cómeme’ pero al que aún no me atrevía a hincar el diente. Enseguida, aquel ‘ocho’ se puso a escupir algo como una salivita medio espumosa y zas: surgió de la arena un prodigio. 
            —Cógela como te dije antes, ¡cógela, rápido! —escuché, pero me quedé inmóvil, por lo que mi amigo reaccionó con rapidez y con un movimiento veloz de su mano la agarró con fuerza y la extrajo. 
            —Es que si no, se vuelve a esconder, ¿sabes?
            Repetimos la ‘operación’ varias veces y en alguna de ellas ya sí me atreví, superada la mezcla de pudor y asco inicial, a coger alguna. Al cabo de un rato, teníamos la cesta llena y yo mostraba entre orgulloso e impactado por mi proeza mis dedos llenos de leves arañazos. Esa misma noche, antes de acostarnos, diluimos en una cubeta una buena cantidad de sal en agua e introdujimos en ella las navajas en vertical. Esa noche me costó dormir. Me imaginaba a mí mismo entre dos conchas curvas, no como si fuera una de ellas sino siéndolo, y me excitaba pensar que la arena de aquella playa me protegía del mundo y aseguraba mi libertad.
            A la mañana siguiente, repetimos la operación en la misma cubeta pero con agua y sal renovadas por una hora más. De esa forma, quedaron limpias de arena. Las pusimos en una fuente cubierta por un paño húmedo y las dejamos reposar. Ese mediodía las comimos a la plancha con ajo y perejil. Y esa tarde me quedé absorto imaginando que la libertad de la navaja tenía sentido por su posibilidad de terminar siendo una delicia para el paladar.
            La navaja es un molusco lamelibranquio –”tiene simetría bilateral, región cefálica rudimentaria, branquias foliáceas y pie ventral en forma de hacha”, según dice el Diccionario de la Lengua Española (DLE)– bivalvo –esto es, que tiene dos valvas (conchas, para entendernos), que las protegen y, a la vez, son frágiles–, que habita en fondos marinos poco profundos enterrada en la arena. Yo diría que es un milagro del mar y, más allá de una delicatessen –rica, por si fuera poco, en proteínas, pobre en grasas, abundante en vitamina B12, potasio, fósforo, sodio, hierro y selenio–, una metáfora, porque yo me pregunto si seríamos capaces de echarnos sal a nosotros mismos para ver si lo mucho bueno que atesoramos cada uno surge del fango de nuestras propias vidas y entre dos conchas curvas que nos protejan, en apariencia fuertes pero delicadas, al modo de una navaja, podamos expandir tanta luz como en realidad, seamos conscientes o no de ello, albergamos en pos de hacer un mundo mejor. Y entonces, desprendernos de las valvas y expandir como nunca aquello que está llamado a hacer solo el bien: la libertad.
January Matalascanas Parc Natural Donana – Master Mythos Spain Photography 1990. (Publicado bajo licencia 
Creative Commons Atribución 3.0 Unported).
Fuente de la fotografía: http://www.panoramio.com/photo/106906130.

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Manuel Pérez-Petit

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Sevilla, España, 1967.

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Líneas de desnudo. 89. Dolor ejemplificante. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 89

Dolor ejemplificante
Por Manuel Pérez-Petit

A Manuel de Luque Soult, amigo de la infancia, y a su hija ucraniana, que ojalá llegue pronto a casa

Advierto que voy a evitar los adjetivos en el presente ‘Líneas de desnudo’ porque si los empleara sería una locura. Dejaré esa tarea a los amables lectores que tengo, que no son pocos por lo visto. No puedo garantizar los datos, entre otros motivos porque mantener la cabeza fría, y para hablar de esto, en nuestra tesitura es complicado, pero desde 1899 y hasta el día de hoy, viernes 25 de febrero de 2022, se han desarrollado al menos 206 conflictos armados o guerras en el mundo, que han afectado a la práctica totalidad del planeta. He estado llevando a cabo una búsqueda lo más pormenorizada posible. Solo en el siglo XX he podido registrar 135..., pero al llegar al siglo XXI... Nada menos que 71 guerras han tenido lugar en los poco más de 20 años de la presente centuria, y esto sin contar la guerra que comenzó antes de ayer en Ucrania. Bien es cierto que unas han tenido mayor trascendencia y/o magnitud que otras, que en algunas no ha tenido ni muertos, pero todas tienen en común el haber sido confrontaciones bélicas, basadas en el uso de las armas, que, en el fondo, es una manera nada inteligente pero muy humana de resolver divergencias.
            Usar la fuerza ha sido a lo largo de la historia, y no solo en tiempos recientes, uno de los primeros recursos en emplearse, con lo cual hasta podríamos estar acostumbrados a ver la guerra como algo natural. Los medios de comunicación nos lo permiten y en la mayor parte de las ocasiones esos conflictos tienen lugar lejos de nuestras casas, no nos afectan. Podemos hasta comer mientras vemos atentados a la vida en la pantalla. La mayor parte hemos crecido con ellos en calidad de espectadores, y aunque tuvieran lugar a unos pocos cientos de kilómetros de donde nos encontráramos siempre nos eran ajenos. Algunas veces nos han apelado y obligado a tomar postura y otras hemos sentido cierta repulsión o sentimientos o nos hemos sentido espantados. En alguna ocasión, incluso, hemos sentido la necesidad de participar en defensa de nuestros ideales o de la identificación que hayamos experimentado con alguna de las partes.
            Hablábamos el pasado miércoles en mi “¿Todo vale?” de la publicidad. Desde siempre toda conflagración ha otorgado a la propaganda un papel protagonista, y no es menos cierto que cada vez las contiendas armadas han sido más complejas, por el simple mecanismo de sumar diversos tipos de guerra preexistentes en la última que tiene lugar. Ahora, toda guerra es preventiva, psicológica, tecnológica y, si me apuran, santa. Podemos suponer que también biológica, pero ante toda guerra existe el temor a que se convierta en nuclear, con tantas miles de ojivas atómicas como existen dispersas por el mundo. 
            Lo único que sabemos a ciencia cierta hoy es que la Rusia de Putin ha invadido Ucrania, y la gente muere de manera impune. Hay una herida sangrante en el centro de Europa, que amenaza con convertirse en hasta una III Guerra mundial, pues esta vez no deja indiferente a casi nadie. Y esta vez, como en algunos otros casos, genera dolor. 
            Hay varios tipos de dolor. Pero quiero centrarme en un caso concreto, publicado hoy en el periódico español Diario de Sevilla. La información lleva por título: “​​Familias de acogida sevillanas piden ayuda para rescatar a los niños en Ucrania”. Léanlo, por favor, porque es ejemplificante. Se trata de un dolor que despierta la fe en la compasión humana y la esperanza, ese balcón que se abre a la luz desde la oscuridad, que es algo que nos falta, y mucho, en nuestros días.
            No es algo nuevo y se ha manifestado en la historia de diferentes modos y en diversas circunstancias. Sin ir más lejos, en mi amado México, el presidente Lázaro Cárdenas –a través de su esposa, Amalia Solórzano Bravo, integrante del ‘Comité de Ayuda a los Niños del Pueblo Español’–  consiguió rescatar, en 1937, a casi medio millar de niños de la atrocidad de la Guerra civil española, conocidos como los “Niños de Morelia”.
            Pero estamos en el siglo XXI, que es –y a los datos me remito– el más belicoso de la historia, lo cual nos debería apelar a fin de que nos llenemos de razones no para justificar la sinrazón sino para negarla y hacerla desaparecer de nuestras vidas.
Hacienda Micuautla, en Tepeyehualco, estado de Puebla, México. (Imagen cortesía de su autora)
Fotografía: ©Mayté Flores Ayala Mancera.

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