Líneas de desnudo. 98. Es como si mi tiempo se acabara. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 98

Es como si mi tiempo se acabara
Por Manuel Pérez-Petit

A Marco Antonio Alfaro Morales, Miguel Bárcena, Tamara Bruzoni, Eduardo Villegas, Nahum Torres, Roger Octavio Gómez Espinosa, Fernando Valdés, José Joaquín León, Gis Curto y Antonio Florido, con mi afecto, mi gratitud y mi compromiso, por lo que cada uno sabe.

Tan alejado de un sentido práctico y real como vivo –cada vez más a mi pesar–, reflexiono a menudo –al fin es una válvula de escape y compromiso– sobre de asuntos diversos a los que dedico tiempo no medido. Es frecuente que me abstraiga por algunos ratos especulando y conversando con el hombre que siempre va conmigo –y discúlpeseme, por favor, la licencia machadiana, pues yo también espero hablar a Dios un día– acerca del fuego como metáfora incluyente y universal, del peso de las ideas en las palabras y/o de las palabras en las ideas –a veces con la gravedad que amerita el asunto a veces con una levedad divertida–, de la imagen como voluntad de sentido y determinación, del ingenio como posible impostura y sucedáneo para la vida o el quehacer artístico o como surtidor de avances para la humanidad o de obras de arte genuinas, o del dolor de muelas que durante muchos años padecí y ya no padezco, del nudo que habita como un oso hambriento en mi garganta desde hace más de treinta y cinco años por amor o del asombroso y monumental compendio de errores que he sido y soy y me define...
            En los últimos tiempos confieso que lo hago sumido en un feroz, creciente e inaudito desprecio hacia mí mismo que me embarga y casi determina. De hace algo más de un año a esta parte vivo un sentimiento de orfandad y desarraigo que incluso me genera miedo, un conjunto de sensaciones que jamás antes he experimentado y que no proviene de la frustración –algo inherente al propio existir y a la que soy muy tolerante, igual que a la demora–, sino de algo que tendré que descubrir y que me inquieta sobre todo por ese desapego hacia mí mismo que quizá esté en su base. A la vez y en paralelo, casi sin darme cuenta, he incrementado mi empeño en cumplir mi vocación de servir a los demás en proyectos que admiro y para los que he recibido oportunidades providenciales que me permiten vaciarme más que nunca, como si el tiempo se acabara...
            En mi existencia actual de nubes personales y cumplimiento luminoso de anhelos, ando recibiendo oportunidades que siempre soñé, como la que muchos me siguen dando, desde el reconocimiento, el afecto o las expectativas con Kolaval, del que un autor y viejo conocido me dijo hace pocos días “es un proyectazo... uno de esos que llevan una vida... y es normal que cueste un montón” –y la verdad es que ningún otro proyecto editorial, y éste es el último que emprenderé en mi vida, me ha completado y me completa tanto como editor y, sin embargo, en cierto modo me está costando la vida–. 
            Oportunidades como la que me viene confiando –y de qué manera tan fecunda– desde hace muchos meses mi muy querido y admirable mentor Marco Antonio Alfaro Morales en el ámbito de la extensión de la cultura de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, México, que me realiza como nunca antes nada como gestor cultural, a la que estoy respondiendo de forma incondicional con todo lo que soy y tengo. 
            O como la que me da mi amigo del alma y antiguo compañero de la Universidad de Navarra, España, el sobre todo muy querido y gran periodista mexicano Miguel Bárcena, con el que me reencontré no hace mucho tras treinta años –y como ocurre con las amistades verdaderas– es como si no hubiéramos dejado de vernos, de volver a sentirme periodista con todas sus letras, que siempre lo fui hasta cuando no ejercí la profesión. La mayor felicidad que he experimentado en mi vida profesional ha tenido lugar trabajando en el periodismo, por lo que deben saber que ando como unas castañuelas por la puerta que me ha abierto Miguel, y a la que he accedido incondicional y dispuesto a todo. 
            O como la que me concede desde su –mi– Buenos Aires querido la querida Tamara Bruzoni, con quien, a pesar de que solo la conozco hace apenas meses, me unen ya tan estrechos lazos que siento que al conocerla hubiera conocido al –no ‘a’– otro yo mío aunque mejorado en muchos aspectos, a la que también admiro y a quien debo mucho, porque gracias a ella me siento, entre otras cosas, como no recuerdo en mi vida, de verdad docente, siendo la docencia una fuente de gozo para mí, con la alianza estratégica hispanoamericana que estamos creando entre Kolaval y su maravilloso y lleno de inquietudes y horizontes fecundos proyecto cultural Travel Plan & go! Magazine Digital, así como, a través de ella misma, con la galería virtual de arte contemporáneo colombiana És Gallery.
            O como, y aprovecho para anunciarlo, la que me regala el muy querido y admirado escritor, editor y maestro Eduardo Villegas Guevara, el gran coyote mayor, en su editorial Cofradía de coyotes, un clásico entre los clásicos mexicanos, con la próxima publicación de un libro mío, el cual, bajo el título “Llegó mi hora. Poesía casi completa 1983-1994”, me permite seguir cumpliendo la idea que concebí hace cinco años de publicar antes de cumplir los sesenta toda mi obra superviviente (nueve series poéticas, ocho ensayos y tres novelas, todo inédito, aparte de mi obra periodística y de lo ya publicado, como las dos primeras partes de mi trilogía narrativa-poética en cuatro libros acerca de la reconstrucción de la memoria “El año de las tormentas”, merced a la oportunidad que también recibo de mi querido amigo y editor Nahum Torres con su brillante proyecto, Ediciones Periféricas, que confío sea publicada completa de aquí al año próximo, lo cual depende de mí, pues aún debo dar por cerrada la tercera novela de la serie).
            O como, sin ir más lejos, la que, desde hace ya más de año y medio y deseo que por mucho más tiempo, me viene abriendo mi amigo chiapaneco el escritor Roger Octavio Gómez Espinosa en este Letras ideaYvoz, que me pone en la posibilidad, sobre todo, de dar cauce a mi observación de la realidad y a mis diatribas y expandirlas en este "Líneas de desnudo" que es de ustedes.
            O como las que me dan hoy con sobre todo su imprescindible amistad, y también con oportunidades, otras personas, como el editor mexicano Fernando Valdés con su entrañable  e histórica editorial Plaza y Valdés, llena de nobles ideales, el muy notable periodista y escritor español y también mentor José Joaquín León, la emprendedora mexicana Gis Curto con su amistad de tantos años ahora recobrada, mi entrañable Antonio Florido, escritor de tan altos vuelos como el tamaño de su corazón, y tanta gente maravillosa con la que me unen lazos de afecto y unas deudas impagables no solo de gratitud que sé que corresponderé porque soy persona de honor.
            Solo puedo sentirme satisfecho por estar teniendo la oportunidad de cumplir aquello a lo que he aspirado en mi vida: ser editor, gestor cultural, periodista, docente, escritor. Eso sí, me ha llegado todo de golpe, como si el tiempo se acabara.
            Puedo seguir creciendo, pues, con humildad, honestidad y afán de superación, creyendo y creando. Culminar poco a poco mis oficios y misiones para quizá irlos dando por cerrados en el momento que corresponda, con el afán, vocación y gratitud que me inculcaron desde pequeño en mi familia y en las instituciones educativas en que me formé, viviendo al servicio de los demás, pues todo lo que uno tiene y puede es para darlo, y solo así tiene sentido. De este modo, una vez cumplidas mis tareas podré llegar al final de mis días y cumplir mi deseo de hablar a Dios.
            ¿Tengo derecho, pues, gozando de tanto privilegio y teniendo tanto que agradecer y dar, a este sentimiento de orfandad y desarraigo que me aflige, al miedo que antes desconocía, a la tristeza, y a darle pábulo a todo ello en mis conversaciones conmigo mismo? Con toda rotundidad, no.
            Pudiera ser verosímil –y por desgracia lo es para muchos, pero no para mí, pues soy hombre de fe y eso me sostiene y me da la fuerza que no tengo– lo que escribió el poeta chileno Nicanor Parra (1914-2018) en su “Soliloquio del individuo”: “la vida no tiene sentido”. Yo todo lo hago con verdadero amor, aun con mi carga de dolor a cuestas, y todo lo cumpliré y, a la vez, todo lo dejaría por un amor verdadero. Es mi ventaja, lo confieso, y de ahí mi artículo de hoy, que solo he podido expresarlo con esta especie de distanciamiento y voz poética debido a que me embarga el pudor.
Julio de 1993. En la antigua redacción del diario ABC de Sevilla, hoy ubicada en otro lugar, junto a grandes profesionales andaluces de la información como Fernando Carrasco (q.e.p.d.), Juan Luis Pavón, José Luis Losa, Benito Fernández, Jesús Álvarez o Manuel Contreras, éste último hoy subdirector del periódico, el mismo cargo que tenía José Joaquín León cuando yo estuve trabajando allí. Como dato adicional, la concentración de periodistas ante una pantalla que refleja la imagen tuvo lugar, como en tantas otras ocasiones, en el despacho del propio José Joaquín. (La imagen proviene del archivo personal de su autor y fue publicada en Facebook el 9 de febrero de 2017. Me tomo la libertad de difundirla referenciando la autoría de la misma y la fuente).
Fotografía: ©Tomás Díaz Japón, 2013. 

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

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