Líneas de desnudo/ 20

Neo, un caso contradictorio

Por Manuel Pérez-Petit

 El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) define la voz ‘elegido’ como “predestinado”, y aclara “(II para lograr la gloria)”... Debo confesar que me quedé patidifuso al comprobar la “bondad” de nuestro diccionario de referencia, al cual no puedo excusar por el hecho de que ya no es “español”, o sea, de la Real Academia Española, sino de la Asale (Asociación de Academias de la Lengua Española), gracias a Dios, porque a día de hoy el español de España, con toda su riqueza, está, con mucha probabilidad, más cerca de la cola que de la cabeza en la lista de los “españoles”. No sé si España liderará algún día la fortaleza del idioma español en el mundo, pero es indudable que a fecha de hoy está muy lejos de que se cumpla esa posibilidad, y yo, que he viajado a lo largo y ancho del continente americano, puedo atestiguarlo. Será tema de otro Líneas de desnudo nuevo en este proyecto fabuloso de Letras, ideaYvoz del que espero ser digno algún día y del que de momento acepto con humildad la oportunidad que me ofrece.
            Decía que me quedé patidifuso cuando fui a comprobar la definición de ‘elegido’ en el DRAE, y verán por qué. Si buscamos en el mismo DRAE la entrada ‘gloria’ nos encontraremos con catorce acepciones, además de once formas compuestas con esa palabra. De las acepciones, llaman la atención –si nos atenemos a lo que nos atañe– la primera, la tercera y la cuarta (“Reputación, fama y honor extraordinarios que resultan de las buenas acciones y grandes cualidades de una persona”, “Persona o cosa que ennoblece o ilustra en gran manera a otra u otras –poniendo como ejemplo “Ramón y Cajal es gloria de España”– y “Majestad, esplendor, magnificencia”), siendo las demás irrelevantes a nuestra tarea de este momento. Se puede deducir que, a la luz del DRAE, un ‘elegido’ es un predestinado para lograr reputación, fama y honor extraordinarios que resulten de sus buenas acciones y grandes cualidades, o para lograr ennoblecer a los demás, o para lograr majestad, esplendor, magnificencia o que posee dichas cualidades o que puede poseerlas. Dicotomía es –como diría el maestro Yoda–. Descarta el DRAE, en sentido estricto, que pueda darse todo ello en uno solo, y no hace referencia alguna al grado de conciencia de la persona respecto al hecho de ser un –o el– elegido. Tampoco olvidemos que el instrumento regulador de la riqueza lingüística del español debe ir, por su propio estatuto, un paso atrás en relación a la realidad del idioma, a fin de evitar, por ejemplo, incorporar voces que pudieran ser pasajeras o fruto de la moda –un dato importante es saber que la moda es lo que pasa de moda– y, por lo tanto, ser efímeras y no quedarse al final en el acervo de la lengua viva, para tener mayor claridad a la hora de limpiar, fijar y dar esplendor al idioma…
            En Matrix, trilogía de películas escrita y dirigida por las hermanas Wachowski que comenzó su andadura en 1999 y cuyas secuelas fueron de 2003 (The Matrix Reloaded y The Matrix Revolutions), Neo (interpretado por Keanu Reeves), un informático con doble vida –durante el día es programador y por la noche, jácker– es el elegido, según Morfeo (Laurence Fishburne), líder de los que podríamos denominar rebeldes, para terminar con la guerra que tiene sumido al mundo en una realidad virtual, sometido todo ser humano –o casi todo– a una esclavitud total por parte de inteligencias artificiales, en un futuro que se corresponde –curioso dato– con el final del siglo XX. Los rebeldes, que son los pocos que han conseguido librarse del dominio de las máquinas y la dictadura de la realidad virtual, viven en la ciudad de Zion y son sometidos a un brutal acoso continuo por parte de los agentes, liderados por Smith (Hugo Weaving), un siniestro personaje que aunque muere al final de la primera entrega de la saga –a manos de Neo– continúa vivo en las siguientes –no hay que olvidar que todo es virtual–. Morfeo –un auténtico héroe, capitán de la nave Nabucodonosor/Nebicaneser– está tan convencido de la condición de elegido de Neo que no duda, por ejemplo, en una emboscada de los agentes, en entregarse a éstos para que Neo pueda escapar, convirtiendo a partir de entonces en una misión fundamental para éste su rescate. A qué decir que Neo es un tipo miserable y en nada su perfil se corresponde con el arquetipo del héroe –y ni siquiera con el de antihéroe–. No alcanza reputación ni honor extraordinarios –el concepto de fama merece consideración aparte–, y mucho menos ennoblece a otras personas o  es capaz de lograr majestad, esplendor o magnificencia. Es, por no abundar, un delincuente –ya no un pirata sino un capitán pirata– que adquiere cualidades –por el asombroso, extraordinario e insoportable entrenamiento que recibe– en el mundo en que le toca vivir y las emplea en la búsqueda de su interés particular o del interés del grupo que representa. Como si tuviera una concentración excepcional de “midiclorianos” –formas de vida microscópicas inteligentes que, originadas desde la base de la vida, en el centro de la galaxia, dotan de La Fuerza, como veremos en el artículo que tengo preparado acerca de los Skywalker, padre e hijo, elegidos en diferente sentido, pero elegidos, en Star Wars–, Neo resulta ser un ser dotado de manera excepcional para la lucha contra el sistema, con una cualidades que, potenciadas de manera adecuada le convertirán en el “héroe” que –toma ya–, según una profecía, acabaría con las máquinas que lo gobiernan todo, la Matrix, en la que todo es considerado “cosa”, creada y controlada de forma artificial. 
            En un caso parecido al de Blade Runner (1982, Ridley Scott), The Matrix se convirtió de inmediato en más que una película de culto, se popularizó de manera espectacular y hasta ha dejado su legado en la cultura popular, teniendo una incidencia clara en la filosofía, la literatura y el cine desde entonces, así como en las más diversas industrias. No en vano, tanto su planteamiento filosófico y ético como sus referencias provienen de la más potente tradición de la literatura de ciencia ficción y la filosofía, llegando a plantear de una manera fehaciente la cuestión de lo que es o no es real. No hay duda de que se trata de una película en alto grado filosófica ante la que continuamente el espectador se ve obligado a plantearse cuestiones o problemas más propios de la ontología que del entretenimiento. Y aún así, entretiene y hasta divierte. Cualquiera de las tres partes. Y ojo que ya se anunció la cuarta...
            Pero deseo volver a Neo. Desconocedor de su potente naturaleza y condición, en su vida cotidiana va observando que hay cosas que no funcionan, que su mundo no es del todo el que debiera ser, lo cual le predispone a buscar fuera, sin ni siquiera saber qué hay. En ésas, se le presenta la ocasión de conocer a Morfeo, circunstancia en la que éste pone mucho empeño, por otra parte, lo cual facilita que se den las cosas. El pobre Neo ni se imagina por lo que pasará antes de convertirse en el líder de la revuelta, y además no tiene ni la conciencia de serlo ni la voluntad. Lo demás en las películas es de una lógica aplastante –hasta hay un traidor en las filas de Morfeo que, desde el primer momento, hace por sabotear su cruzada– y solo sorprende en parte, pues quizá nunca la intención de las realizadoras de la saga fuera sorprender al espectador por la vía de los giros inesperados o de la complicación argumental. Y está bien así, y a los resultados me remito. Pero Neo –que en ningún momento imagina lo que le espera y que refuerza luego su papel de cabeza de proyecto con una historia de amor relativamente convincente–  nunca dejará de ser un pirata para el que el fin justifica los medios. Por tanto, y poniendo este caso como ejemplo, el DRAE quizá se equivoque al definir la voz ‘elegido’ solo hablando de virtudes o refiriéndose a “lograr la gloria”. O quizá se equivoque este cronista al entender que la gloria y la miseria van de la mano. En el caso de Neo, la miseria pesa más en la gloria que la gloria misma, pues la alcanza a cualquier precio. En definitiva, consideremos a Neo un elegido frío, distante y contradictorio, de los que no sirven como modelo de vida, pues con el todo vale que él practica de manera magistral no se consigue luchar contra la maldad ni contra ningún totalitarismo. Y menos modelo aún como para enfrentarse al poder omnímodo del nuevo statu quo de la Era Distópica, en la que ya estamos inmersos. Una lástima. Sigamos buscando elegidos y reflexionando acerce de lo que es y supone serlo... 

(... Continuará…)

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Nota del autor
Comienzo con este artículo una serie acerca del concepto de el elegido, que tiene muchos perfiles y por el que pasaré por la literatura, las artes y el cine en búsqueda de modelos que puedan incluso ser válidos para nuestra nueva tesitura en el mundo, pero también al margen de ello. Alternaré esta serie con la de la distopía o con la “de mi carpintería”, así como con otros artículos que dedico a otros asuntos. Reconozco tener muchos temas pendientes –varios de los cuales han sido comprometidos por mí mismo en mis artículos, que iré desgranando poco a poco. No duden en echarle un vistazo a mi espacio martes, viernes y domingo, días de su publicación. Agradezco la creciente correspondencia que, por diversos medios, recibo a colación de mis textos. Ojalá tenga la capacidad de dar satisfacción a todos mis amables lectores.
 
   
 “©M. P.-P., 2009”
Fotografía:  “©M. P.-P., 2009”

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.