Polvo del camino. 61. Apuntes de oído, 2. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 61

Apuntes de oído, 2
Liliana Felipe: Y váyanse a joder como les guste


Héctor Cortés Mandujano

  
Liliana Felipe nació en Argentina, en 1954, pero desde hace muchos años vive en nuestro país y se ha nacionalizado mexicana. Desde hace años, también, es pareja pública de la actriz Jesusa Rodríguez (aunque se casaron en 2010), con quien codirigió y animó, por mucho tiempo, el mítico bar El Hábito en la Ciudad de México donde, por cierto, reapareció para volverse internacionalmente famosa, con 80 años a cuestas, Chabela Vargas.
	Liliana es pianista, compositora e intérprete. Sus 23 discos, hasta el 2019, los ha grabado en forma independiente y la mayoría con el sello de Ediciones El Hábito. Evidentemente no se le pudo ni se le puede ver por televisión ni pasan sus canciones por la radio. Es irreverente (hizo una versión del “Huapango” de Moncayo, con coros que repiten las palabras caca y popó, por ejemplo), no se detiene ante las llamadas “malas palabras” (deja de cantar y termina “Como Madame Bovary” con un grito contra los políticos corruptos: “Que se vayan a la puta madre que los recontramilreparió”) y es abiertamente lesbiana, feminista, vegana, defensora de los derechos humanos y de los animales no humanos. Artista y militante. Nada fácil de encarar para la superficialidad con se manejan los contenidos televisivos.
         Muchas de sus canciones son coyunturales (el TLC, las elecciones de cierto momento, algunos políticos que ya no están en funciones: Hank, Salinas, Cedillo, el canciller Derbez…), pero son señalamientos para que no se olvide lo que nos hicieron; sus dardos en general van dirigidos contra la religión, la política, los roles sexuales, la edad, la estupidez humana, los asuntos sociales; es decir, ha tenido y tiene mucha tela de dónde cortar.
         Es una artista a la que se le notan las lecturas. Ha puesto música a poemas de Fernando Pessoa (especialmente en su disco Tabaquería, 1997), Xavier Villaurrutia (“Nuestro amor”, que ha sido cantada por muchas intérpretes), Oliverio Girondo (“Se presienten”, “Todo era amor”), musicalizó la serie de descripciones sexuales de Henry Miller sobre el coño en Trópico de capricornio (“Los sexos de Miller”) y, entre varias referencias más, dice con tono perfecto el texto terrible y certero “Los nadies”, de Eduardo Galeano… 

“A nadie” (Que 20 años no es nada, 2009) es una de sus canciones emblemáticas y tal vez la más versionada. La cantan Eugenia León, Margie Bermejo, Susana Zavaleta, Regina Orozco… Es una canción rara porque, aunque hace descripciones del fantasma a quien se la canta, nunca lo ha conocido; o sea, está dedicada a nadie. Dice: “Porque puede que te falte entusiasmo antagonista, porque puede que te sobre moralina y seas panista. […] Por eso no estás conmigo, por eso no estoy contigo”.
          “Mala” (Elotitos tiernos, 1992) es, creo, la primera canción que escuché de Liliana (con Astrid Hadad) y me encantó por las extravagantes comparaciones que hace: “Mala como la mentira, el mal aliento y el estreñimiento; mala como la censura, como rata pelona en la basura. Mala como la miseria, como foto de licencia. […] Mala por donde la mires, mala como una endodoncia… […] Pero qué bonita, chingao”.
          “A su merced” (Elotitos tiernos, 1992) es también una canción que ha sido interpretada por varias más y es un danzón en toda la barba. Es muy divertida y, me parece, muy creativa. Es una conversación entre frutas: “Platicaban las naranjas que las limas son bien fresas, que la vulgar mandarina se siente tan tangerina, y aconsejadas las tunas por la pérfida manzana, se agarraron de botana a las pobres aceitunas. Todo pasa, todo pasa, hasta la ciruela pasa”.

Te comparto lector, lectora, algunas líneas de sus muchas canciones, de sus muchos discos:
En “Mujer inconveniente” (de Elotitos tiernos, 1992): “Soy una mujer inconveniente; de esas que son fieles, relativamente”.
          En “Como Madame Bovary” (de Trucho, 2002): “Como Madame Bovary, todos tenemos un amante por ahí; como Madame Butlefly, todos tenemos un suicidio en Stand by… Como Madame Pompadour, tanta miseria nos da un toque de glamour”.
          En “Pero no te extraño” (de Oh noche, 1996, Eugenia León): “Y yo no te extraño, estoy como el caño, el caño de un baño, mojada por dentro y seca al revés”.
          En “También la belleza” (de Elotitos tiernos, 1992): “No me dejes sola como un calendario…”.
          En “Tienes que decidir” (de Tan chidos, 2005): “Tienes que decidir quién prefieres que te mate: un comando terrorista o tu propio gobierno para salvarte del comando terrorista. […] Tienes que decidir cómo prefieres morir: de hambre natural, de asco terminal, de pago de predial, ahorcada con tu chal, debiendo un dineral, cruzando de ilegal…”.
          En “Sentirlo todo” (de Elotitos tiernos, 1992): “Yo soy como la madeja: se me confunden las moralejas”.
          En “Si Diosito” (de Mil veces mil, 2008): “Si Diosito hubiera querido que no me masturbara o masturbase, me hubiera puesto el sexo más abajo o las manos más arriba, o las chichis en la espalda”.
          En “Si por el vicio” (de Trucho, 2002): “Por lo que fue brindaremos, voy al súper y tú cierras la llavecita del gas. Déjame escrito un adiós, una receta; cuando regrese no te quiero ver la jeta. Será el olvido como un dulce de chayote…”.
          En “No me daba cuenta” (de Liberación animal, 2019): “No me daba cuenta y como no me daba cuenta, no me daba cuenta de que no me daba cuenta…”.
          En “Las histéricas” (de Vacas sagradas, 2000): “¡Ay, Segismundo, cuánta vanidad! Infantiloide y malsano, el orgasmo clitoriano. ¡Ay, Segismundo, cuánta vaginalidad!, el orgasmo clitoriano, se te escapa de la mano. ¡Ay, Segismundo, cuánta vanidad! De tan macho, ya no encaja, no me digas que el placer es pura paja. […] Ya no sé si ponerle punto final o ponerle punto G”.

Mis dos discos favoritos: Elotitos tiernos (1992) y ¡Que devuelvan! (1996, Danzonera Dimas con Eugenia León). Mis 10 canciones favoritas: “A nadie”, “Mala”, “Mujer inconveniente”, “Como Madame Bovary”, “San Miguel Arcángel” (con Eugenia León), “Pero no te extraño”, “Sobreviví” (con Margie Bermejo), “También la belleza”, “También los jóvenes envejecen” (con Eugenia León) y “Los sexos de Miller”. El subtítulo de esta columna la tomé de su canción “Chivo expiatorio”.


Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración: Juventino Sánchez
Ilustración: Juventino Sánchez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 60. La salsa verde. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 60

La salsa verde

Por María Gabriela López Suárez

Con cariño , en tu memoria, tía Emelia

Las partidas físicas de los seres amados llegan en el momento menos esperado, cuando me enteré de la tuya tía se me vinieron a la mente los recuerdos de los instantes que compartimos contigo. Es asombroso cómo nuestra mente, corazón y los sentidos se conectan de inmediato en esta evocación de la memoria, todos ellos cobijados en el sentimiento del amor. 
         Una a una se dejaron venir las imágenes de la infancia y adolescencia, como una especie de memoria fotográfica pero  acompañadas de olores y sabores. Uno de mis primeros recuerdos fue tu sazón al cocinar, apareció sin lugar a dudas esa salsa verde inigualable que cocinabas y con la que nos deleitaste cuando estabas de visita en casa. La probamos más de una vez y en todas las ocasiones tuvo ese sabor tan delicioso que no he vuelto a probar. 
         Nunca te pregunté el ingrediente secreto, no sé si lo tenías, y como dice mi colega Delmar Penka en su obra Te sututet ixtabil, El giro de la pelota, “la falta de un soporte nos deja abierta la posibilidad de reinventar el pasado”. Por eso, hago uso de los recuerdos para tratar de encontrar ese elemento que hacía de tu salsa verde una deliciosa acompañante en las comidas, quizá era una manera de compartirnos tu cariño. 
         Aparece también tu imagen con la paciencia que siempre percibí en ti, el sentido del humor y tu franqueza, las anécdotas en las charlas, el consentir a tus sobrinos y  de nuevo, surge la cocina, esa mezcla de colores, olores y sabores que se integraban en los platillos. El sabor a la gastronomía del centro del país, donde el tomate verde y el picante no podían faltar. He ahí la insistencia de la salsa verde, probablemente ese sazón tan peculiar en ti era de familia, herencia de tu mamá y hermanas.  No lo sé.  De lo que sí estoy segura es que tú también sabías que te quedaba deliciosa, asoma a mis oídos una frase, que trato de reconstruir, después de una ocasión que preparaste tu salsa:
          – Sí que me quedó rebuena.
          De nuevo se dibujan en mi mente los sabores, ahora viene el ponche, me gustó desde que lo probé cuando lo preparaste en una cena de Navidad. Nunca te dije que me gustó tanto que lo trasladé a mi aporte culinario en casa. Cada Navidad lo preparó, le hice un ajuste a tu receta, no le agrego tamarindo.
           Gracias tía,  por el cariño que nos diste y los recuerdos que guardaremos en la memoria y el corazón.
 
Photo by Julia Volk on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 60. La vía secreta. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 60

La vía secreta
(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano

  
El hombre le pidió que fuera de noche a su casa. No era la mejor idea, pero su trabajo de traductora no siempre era fuente de contratos. Ni modo. 
           Cuando hablaron por teléfono la voz masculina le pareció cálida, amable, confiable. Tal vez su voz fuera como él. Cruzó los dedos.
           Llegó a la dirección y tocó el timbre. Le abrió la puerta un joven, que se apoyaba en un bastón.
           —Perdona, no quise decirte. Por eso no podía verte en otro lado, tuve un accidente. Pasa…
           La sala estaba recargaba de adornos, fotografías, cuadros, libros.
           —Preparé una mesita en el jardín, es por allí…
            Cuando ella caminaba en el rumbo que le había indicado, sonó de nuevo el timbre.
           —Ahora te alcanzo, sigue…
           Oyó otra voz masculina. Otra persona llegaba.

Encendió un cigarrillo y en ese momento, como bólido, el recién llegado, a quien no tuvo posibilidad de ver antes, se le lanzó encima. La tiró con el impulso y cayeron juntos; ella se rehízo antes que él y, para detener el nuevo ataque, levantó la pierna y el tacón de su zapatilla se hundió en la garganta de su agresor. La fuerza con que él caía y la fuerza con que ella levantó la entrenada pierna hicieron una punta fatal, definitiva.
	Él se retorció y ella se quitó el zapato. Se escuchaban los estertores cuando el anfitrión, con la torpeza de su caminar, arrastrando la pierna, llegó.
	—¡Dios mío!, ¿estás bien? Parece que este loco venía detrás tuyo y se metió sin mi permiso.
	Él le tendió una mano y ella se incorporó. Los dos vieron al muerto.
	—¿Lo conocías? –dijo él.
	—No.
	—¿Y qué vamos a hacer? –dijo él.
	—No sé.
	Se quedaron en silencio, se sentaron.

Como pudieron, más con la fuerza de ella que de él, que se dolía de la pierna y de un brazo, lo metieron en una bolsa de basura; limpiaron las huellas, subieron el cadáver al coche y con él salieron hacia la carretera. Avanzaron dos horas y en un lugar que creyeron solitario hicieron una fosa y lo arrojaron, lo cubrieron de tierra. Volvieron juntos. Era de madrugada, ella se quedó a dormir en la alcoba y él en un sillón de la sala.
	Pasó el tiempo y nada se supo del muerto. Ella y él se casaron poco después del incidente. Siguen casados. Son felices.
 

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración: Juventino Sánchez
Ilustración: Juventino Sánchez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Paso de fuego. Paulo Freire. 4. Alejandro Aldana

Por Alejandro Aldana*

¿Quién es ese hombre de la barba florida?

                                Para Luz y Emiliano



Actualidad del pensamiento de Paulo Freyre
 
 
Paulo Freire entendió que la educación representaba una espetera fundamental para la transformación de los pueblos que se encuentra en situación de pobreza. Ubicó que América Latina poseía una historia común que se establece desde las culturas mesoamericanas y adquieren una nueva cohesión a partir de la conquista española. Freire tiene una formación académica muy completa, pero su mundo vital sumó una visión nueva y más completa sobre la realidad. En sus diferentes trabajos y contacto con los barrios pobres y el proletariado de diversos países le permitió conocer al oprimido. Freire observa que el oprimido busca ser como su opresor, lo percibe como la realización excelente, la superación de su propio ser en el ser de ese otro que sin saber porque tiene mayores recursos económicos. 
	El oprimido se cosifica, pierde su pensamiento crítico, es por ello que necesita una educación que le permita remirarse, volver a develar el espejo de la conciencia que le muestre su verdadero rostro, en el fondo también se trata de un problema del origen y la identidad. 
	La relación oprimido-opresor se establece desde la colonialidad, el colonizado, el oprimido, busca “ascender” en una supuesta jerarquía social para parecerse cada vez más a su opresor. Es por ello que se desclasa, pretende pertenecer a una esfera social, política y económica a la que no pertenece, por lo tanto tiende a discriminar a sus iguales, en el entendido que si desprecia a sus compañeros de clase, este dejará de ser un oprimido. 
	Una de las aportaciones más importantes y de gran actualidad en el pensamiento de Freire es la búsqueda de conectar lo público con lo popular. ¿A qué se refería? Bueno, Freire comprende que las sociedades de América Latina se componen de una diversidad reinante, esa es su característica fundamental y Freire entiende que esa es su verdadera riqueza. Nuestros pueblos cuentan con una variedad importante de culturas, lenguajes, idiomas, danzas, tejidos, formas diferentes de ver el tiempo, el espacio, tienen su propia cosmovisión, esas miradas no caven en las percepciones del mundo occidental. 
	La educación durante años y años, incluso hoy mismo, tienden a jerarquizar esas percepciones, donde en la sima de la pirámide se encuentra la mirada occidental. La cultura de occidente se convierte en la autoridad única, la detentada de una verdad que se instituye desde un supuesto prestigio dado por su importancia. 
	Freire por el contrario pugna por una educación que contempla las visiones locales, regionales, comunitarias, pero también la visión occidental. Freire no niega la mirada occidental, más bien la comprende en su verdadera profundidad, no pretende negarla o erradicarla en el proceso de educación. Freire plantea un diálogo de las miradas, sin conceder jerarquía donde unas se entiendan como mejores o peores. 
	El oprimido, colonizado, se encuentra atrapado en un circulo vicioso, pretende ser como su propio opresor, pero no comprende del todo cómo esta establecida la relación de opresión. La escuela, según Freire, es un agente externo, que no está o no debe estar sometida a ese circulo vicioso, por el contrario la educación debe permitir la superación dialéctica de dicha relación de explotación. 
	Freire plantea que se debe contemplar de igual manera la experiencia de los estudiantes, sus formas de vida, sus intereses, las formas de socializar, su cosmovisión, su lengua, su cultura y el conocimiento institucionalizado, en una tendencia clara de retroalimentación. 
	En ocasiones algunos malos lectores de la obra de Freire hablan de una negación del conocimiento occidental, para priorizar los saberes y el conocimiento regional, de esta manera estamos simple y sencillamente traicionando pensamiento de Freire. Pretender que el conocimiento que es necesario para revertir una relación de colonización sea solamente el conocimiento local. Esto nos llevaría a dar la espalda al mundo, y Freire jamás propuso algo tan absurdo. 
	Freire hace hincapié en que es necesario conocer al otro, es una relación con la otredad, ese otro que nos es extraño, conocerlo implica comprenderlo y respetarlo. Solamente cuando conocemos al otro, puedo comenzar a saber quién soy yo. A partir del otro yo puedo ser. El otro me incluye, lo incluyo. Cuando veo que el otro observa el mundo de una manera diferente a la mía, yo entiendo que somos diferentes y que yo soy. 
	Para Freire el ser humano no es un ente terminado. Esto nos llevaría a entender que la persona es únicamente un ser pasivo. Por el contrario, Freire entiende que el ser humano es un ser en proceso de creación, se está formando a través e su vida, así es un sujeto activo, que decide e incide en la realidad. El educador no se ha terminado de constituir, por lo tanto no es el detentador de una verdad, en realidad sigue aprendiendo, se sigue completando en su propio ser y solamente puede lograrlo mediante su vida en comunidad.       
 
Photo by Skully MBa on Pexels.com

Fotografía:  Skully MBa , por Pexels

Sobre Alejandro Aldana Sellschopp

Investigador, promotor cultural, editor, ensayista y narrador.

Ha sido becario de: FOESCA (Emisiones 1999-2000 y 2000-2001), PACMYC, fue becario del FONCA (2003-2004) en el programa de Jóvenes Creadores en la modalidad de novela. Está incluido en la antología del FONCA – Jóvenes Creadores generación 2003-2004.

Ha publicado: Tiempo a Contrapunto (UNAM- Espacio Cultural Jaime Sabines),  Nudo de Serpientes (Novela). Su cuento Diario de un lobo está incluido en la antología Inventa la memoria (Alfaguara). La novela en Chiapas, antología (Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas en el 2018).

Voces ensortijadas. 59. Vas a encontrarte. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 59

Vas a encontrarte

Por María Gabriela López Suárez

El día en el campo le había sentado bien a Vanessa, estar en contacto con los árboles, las flores, escuchar el canto de diferentes aves y en particular ver a un colibrí era una manera de conectar con ella misma. Justo la parte en que menos ponía atención por estar siempre al pendiente de la agenda de actividades que tenía y en las demás que, normalmente, no podía negarse a participar.

Sin embargo, con el paso del tiempo había ido aprendiendo a reconocer su cuerpo, quien comenzaba a manifestar su cansancio de diferente manera, hasta llegar un punto en el que debía hacer pausa para retomar el paso.

Esa mañana despertó temprano y decidió regalarse ese día para disfrutar sin prisa. El parque al que asistió era una especie de pulmón del lugar donde vivía. Era un espacio mágico, así lo sentía ella.

Al llegar se percibía otro ambiente, los árboles frondosos daban la bienvenida, junto con el aroma a bosque, a plantas y la sensación de frescura que hace sentirse apapachado. La diversidad de flores eran como la cereza del pastel, a medida que caminaba en los andadores se encontraba una flor distinta en varios colores. 

Vanessa se dejó atrapar por el aleteo de un colibrí, ahí permaneció varios instantes, observando la rapidez con que movía las alas. Trajo a su mente lo que recordaba, quizá era la presencia de uno de sus seres queridos que había regresado a saludarle o también, como se pensaba en las culturas precolombinas, era un buen augurio para sí misma.

Sintió mucha paz y a la vez alegría, al tiempo que recordaba la letra de una de sus canciones favoritas, Vas a encontrarte,

Vas a encontrarte, vas a encontrarte...Porque todo se acaba colocando, aunque parezca que al puzzle le faltan piezas, o que las instrucciones de montaje estaban equivocadas. Finalmente, todo encaja, como se ensamblan las maderas, como se encuentran dos imanes, cuando es la hora, todo llega.

Sonrío mientras sentía que los ojos se le humedecían. El canto de los pájaros siguió acompañando el recorrido que retomó después de su pausa.
 
Photo by Djalma Paiva Armelin on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 59. ¿Por qué no te suicidas?. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 59

¿Por qué no te suicidas?
Héctor Cortés Mandujano

  
En “Conmoción”, el capítulo quinto de la quinta temporada de los Peaky Blinders (serie británica creada por Steven Knigh), Barney ha permanecido durante diez años en un manicomio, porque fue soldado, un gran tirador, y todas las terribles experiencias de la guerra le hicieron perder contacto con la realidad.
	Va a visitarlo Tommy Shelby, el líder brutal y complejo (actuado por el enorme actor Cillian Murphy) de los Peaky. Barney está confinado en una celda miserable y tiene puesta permanentemente una camisa de fuerza. Así ha estado por años.
	Tommy necesita su fría sangre asesina y su puntería para terminar con un enemigo poderoso. Antes le ofrece otra salida: una pastilla que combina el opio y el cianuro, que le dará sueño en un principio y lo matará después, sin dolor. Barney sabe que ese sería el fin de su vida inmunda, pero no quiere, no acepta la muerte como solución.
	Tommy le dice algo así: “Yo sé porque no quieres morir: recuerdas a aquella mesera francesa”. 
	Barney se lo confirma y agrega: “Y también creo que las cosas pueden cambiar”.
	La escena es breve y eficaz.
	Pero es ficción.

***

                                          ¡Qué bello podría ser el mundo!,

                                          citado por Victor E. Frankl

En El hombre en busca de sentido (se publicó por primera vez en 1946; mi edición es de Editorial Herder, 1999), el psicoanalista Vicktor E. Frankl cuenta cómo sobrevivió a los campos de exterminio nazi: tenía la certeza de que algo iba a cambiar, pese a que lo habían convertido en un número y ya no tenía emociones de asco, piedad u horror.
	Con su experiencia vital y profesional fundó la logoterapia, que busca justamente hallar un sentido a la vida (p. 138): “La logoterapia mira más bien al futuro, es decir, a los cometidos y sentidos que el paciente tiene que realizar en el futuro”. Gordon W. Allport, en el prefacio, asegura que Frankl preguntaba generalmente a los pacientes con múltiples padecimientos (p. 9), “¿por qué no se suicida usted?”, como la pregunta inicial para hallar el sentido de vivir.
	El psicoanalista, vuelto el animal más maltratado, más sobajado, aprendió mucho de su naturaleza (p. 72): “El ‘tamaño’ del sufrimiento humano es absolutamente relativo, de lo que se deduce que la cosa más nimia puede originar las mayores alegrías”.
	Dice Frankl (p. 101): “La pregunta que a mí, personalmente, me angustiaba era esta otra: ¿tiene algún sentido este sufrimiento, todas estas muertes? Si carecen de sentido, entonces tampoco lo tiene sobrevivir al internamiento”. Así (p. 110): “El prisionero que perdía la fe en el futuro -en su futuro- estaba condenado”.
	Otra pregunta (p. 126): “¿Qué es, en realidad, el hombre? Es el ser que siempre decide lo que es”. Por eso (p. 147): “Los campos de concentración nazi fueron testigos […] de que los más aptos para la supervivencia eran aquellos que sabían que les esperaba una tarea por realizar”. Mucho que aprender.
 

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración: Juventino Sánchez
Ilustración: Juventino Sánchez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 58. Tardes de primavera. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 58

Tardes de primavera

Por María Gabriela López Suárez

Rebeca y Julián habían salido temprano al mercado por la despensa de la semana, el tiempo se había pasado muy pronto y era poco más del mediodía. El sol brindaba unos rayos intensos que se equilibraban con las ráfagas de aire que se percibían por instantes. 

En su camino de regreso a casa decidieron sentarse en una de las bancas del parque que les quedaba de paso. Una bella ceiba les invitaba a dejarse cobijar por su sombra.    Mientras tomaban un respiro comenzaron a platicar sobre la primavera que estaba iniciando, la ceiba que tenían a un lado comenzaba a mudar de hojas. El clima de ese día indicaba que estaría muy cálida la temporada primaveral.

De pronto se hizo un silencio, ambos prestaron atención al canto de los pájaros que parecían estar más que contentos en las ramas de la ceiba, al tiempo que percibían el aire que por momentos soplaba con intensidad. Más allá de ellos estaban un papá y sus hijos dando de comer arroz a las palomas. Se veía que los niños disfrutaban la actividad.  Y como si fuera una especie de oasis, a lo lejos, venía un señor ataviado con su sombrero, empujando el carrito de paletas de hielo. 

A manera de complicidad las miradas de Rebeca y Julián se cruzaron, ambos rieron. Les apetecía degustar unas paletas. 
          –¡Señor de las paletas! ¡Señor de las paletas!
          Comenzó a gritar Rebeca, haciendo también el llamado con el movimiento de la mano. Julián se levantó para ir al encuentro del señor quien se acercaba a paso lento.
         –Buena tarde, ¿de qué sabores  son las paletas?– preguntó Julián.
         –Traigo de agua, en sabor fresa, tamarindo, limón, piña y sandía. También hay de crema en sabores fresa, vainilla y rompope.

Pidió una paleta de sabor tamarindo y otra de limón. Agradeció al señor de las paletas, quien al mismo paso que llegó hasta ellos se retiró.
Mientras degustaban las paletas Julián y Rebeca recordaron que los parques eran espacios lindos para compartir las tardes de primavera, aprovechando las áreas verdes que aún tenía la ciudad y haciendo una pausita necesaria en las actividades cotidianas.

Continuaron el camino a casa, aún les quedaban tareas por hacer, entre ellas, cocinar los camarones al mojo de ajo que había prometido preparar Julián.
Photo by Thiago Calamita on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 58. Sexto piso. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 58

Sexto piso
Héctor Cortés Mandujano

Lo que se recuerda, vive

La actriz Frances McDormand, en la película Nomadland

  
Lees estas palabras que tus dedos escriben en los torpes brincos sobre el teclado, mientras piensas en algo ocurrido hace mucho: el niño flaquísimo y descalzo que lleva jalando, en la mano derecha, una cuerda atada a un burrito, que es tu compañero para ir a traer agua. En realidad, no jalas la cuerda, porque el asno te sigue sin reflejar ninguna emoción en su rostro, que parece apacible.
            Ya pasaste la primera tranca y a los lados del caminito hay árboles de coyol (has sentido el dolor de sus largas espinas en la planta del pie) y vas cantando una canción de José Alfredo Jiménez (Dame un beso delante de la gente, dame un beso delante de tu madre…), que, referida a un viejo que se enamora de una jovencita, nada tiene que ver con tus seis-siete años de niño ranchero.
            Ahora eres un adolescente que ve desde una ventana el anochecer. Tienes ganas de llorar y no sabes por qué. No te gusta la vida ni el mundo, ni la familia ni las amistades. No te gustas tú. Te sientes solo, enormemente, terriblemente solo. Has leído a Fuentes y una frase de La muerte de Artemio Cruz se está encarnando en ti: “Al final, estamos solos”. La frase ahora te hace desdichado, pero cuando la entiendas bien te hará feliz.
            Estás borracho y te sientes enamorado de esa mujer. Está contigo, desnuda, y dice que te ama. No lo crees, pero la besas y de nuevo ensayas la pasión que te llevará hasta la anhelada y momentánea desaparición de tu conciencia, a ese instante en que estás unido a la nada, al momento en que llegas al Blanco total (ya leíste a Paz).
            Tus dedos saltan hacia la memoria de aquella mañana en que nació tu hija. Cuántas emociones, cuánto miedo. ¿Cómo alguien como tú, que nada sabe de nada, es capaz de traer a otro, a otra, a este desconcierto, a este páramo de preguntas sin respuesta? Pero hay también, detrás del miedo, amor, ternura, esperanza…
            La memoria es veloz, los dedos lentos, y apenas puedes fijar el instante e intentas convertirlo en palabras cuando tu mente ya dejó atrás la infancia, la adolescencia, el sexo desenfrenado y promiscuo, la paternidad, los varios bemoles de la vida, y se ha movido a aquel doble arco iris, al árbol que mueve el viento, a la montaña imponente, al caballo que corre frente a ti, a la vaca noble, a la serpiente del arroyo, a los nidos de chorcha, a la lluvia donde te mojaste como si fueras el niño que ya no, al rostro de aquella muchacha, a los ojos de tu mujer, al pastel donde apagas las velitas y unes tu aliento al de Camilo, tu nieto más pequeño.
            Te felicitan muchas, muchos. Y lo agradeces. Te mandan mensajes, canciones, correos, grabaciones, te sientes querido, pero sabes que falta este fragmento vital donde debes estar solo, ahora que ya sabes lo maravillosa que puede llegar a ser la soledad, y te ves, te sonríes, te abrazas a ti mismo y te dices, con el amor que has aprendido a tenerte, y con el tono con el que hablas a lo más amado, a lo más íntimo, a lo más tuyo: Feliz cumpleaños, querido Héctor, qué bueno que estás, que sigues, que seguirás conmigo.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración: Juventino Sánchez
Ilustración: Juventino Sánchez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Paso de fuego. Paulo Freire. 3. Alejandro Aldana

Por Alejandro Aldana*

¿Quién es ese hombre de la barba florida?

                                Para Luz y Emiliano



Las cinco etapas del pensamiento de Paulo Freire
 
 
El pensamiento de Paulo Freire se puede esquematizar en cinco etapas, las cuales son las siguientes: el oprimido, la esperanza, la autonomía, la indignación y la tolerancia. Es interesante como se reorganiza el contenido de un pensamiento que a través de los años se fue corrigiendo, alimentando de lecturas y experiencias. La filosofía de Freire es en sí misma un diálogo con sigo misma, pero también con la realidad vista como un espacio histórico. Para Freire la actualidad es un producto histórico, no surge de manera espontánea, tiene un devenir, una relación dialéctica. Aquí sin duda se alimenta del pensamiento de Hegel, muy probablemente filtrada por la obra de Carlos Marx. Los estadios del tiempo se corresponden a la diversidad de relaciones de la vida material, la economía y las estructuras económicas repercuten en las nuevas estructuras de las sociedades, sin perder de vista que esa producción se desarrolla en un contexto cultural, la convivencia espiritual forma parte de esa nueva realidad. Entendiendo lo espiritual como la manifestación de lo propiamente humano, y la educación es parte sustancial para la expresión del mundo espiritual de la humanidad. Una sociedad deshumanizada es una sociedad sin espiritualidad, el ser humano es un ser espiritual, el único ser que posee esa cualidad. 
            En el pensamiento de Freire es fundamental ubicar el modelo económico en el que se experimenta el proceso pedagógico, sabe que los pueblos que viven en la pobreza se encuentran regidos por estructuras económicas especificas. El capitalismo genera una situación social, política y económica propia de las relaciones dialécticas de dicho sistema económico. La escasez, la pobreza, la violación a los derechos humanos, la negación de garantías jurídicas, la deshumanización de las sociedades son resultado de un sistema que prioriza la generación de riqueza económica por encima de todo lo demás. Generar plusvalor es la urgencia de los mecanismos sociales y políticos. Acapara el excedente económico el objetivo único. Esta situación lleva a las sociedades a deshumanizarse, ya que la persona humana se convierte en un instrumento de una maquinaria que lo reemplaza sin ningún problema. 
            A partir del estudio de los mecanismos y las contradicciones del capitalismo, que hoy vive una crisis que se extiende en el tiempo, poco a poco el neoliberalismo va dejando de ser la supuesta respuesta a los problemas de la humanidad, hoy hasta los liberales comienzan a tomar distancia del neoliberalismo, se va desligitimando; pero inmediatamente comienza a remplazarse con otras estructuras económicas que de manera sistemática contraviene el espíritu humano. 
            Freire comprende que desde esta situación de crisis se debe plantear una nueva forma pedagógica. Entiende que en esa relación compleja es menester ubicar al opresor. La definición de este actor es fundamental, se convierte en una necesaria brújula que permitirá situarnos en la actualidad y su contexto. Este opresor intentara deshumanizar al oprimido. No es casual que el opresor en su gran mayoría es detentador de los medios y modos de producción, además de controlar y disponer del capital. Y el oprimido posee únicamente su fuerza de trabajo, vive en la escasez, no cuenta con los mecanismo viables para salir de ese circulo vicioso que es la explotación misma.
            Freire reflexiona desde la filosofía y la historia, entiende que una salida a ese circulo puede ser la educación, pero no la educación diseñada desde la mirada y los medios de los opresores. Una educación diseñada desde el opresor tiene un objetivo básico y es que el oprimido siga cada vez más oprimido. En el mejor de los casos es generar mano de obra barata, permitiéndole a este vivir medianamente cómodo. 
            Freire propone una educación popular, y este concepto tiene una ría importante, el pueblo entendido como ese conglomerado de desposeídos. Una educación que mediante el dialogo de saberes el educando pueda convertirse en actor que transforme su realidad.
            La educación desde el pueblo es liberadora, y para transformar la realidad es menester que se identifique una comunidad. El individuo pierde parte de su consustancialidad para fundirse en su ser social, ya que el individuo también tiene un ser social, ya que proviene de una sociedad que le permite vivir y desarrollarse en un conglomerado de personas que permiten la viabilidad de la vida humana. La transformación de la realidad solamente es necesario en comunidad. La educación por lo tanto debe pugnar por construir comunidad, fundar la vida en común, situación que el capitalismo se empeña en romper o quebrar. Para el capitalismo la formación de comunidad es un problema, ya que el individuo aislado, cosificado, incomunicado es mucho más fácil de controlar. 
             
            Esta primera etapa es sumamente importante porque ubica los actores de la relación: el opresor y el oprimido. Establece una pregunta medular: ¿quemes una educación opresora o libertadora? Al resolver ese cuestionamiento estaríamos delineando las cualidades y contenidos de la educación. 
            La escuela, por lo tanto, puede convertirse en un brazo operador del opresor o propiciador de la liberación. Opresor busca desde su paradigma educativo negar al oprimido toda posibilidad de realización humana, y es por ello que le quita la mínima posibilidad de que se observe como parte de una historia, se promueve una desvinculación con la comunidad, con la economía, con la historia. Al quitarle la posibilidad de tener un pasado, una raíz, el oprimido se pierde en una cápsula abstracta que flota en la nada, y es por ello que tiene menos posibilidades para ser consciente de sus problemas más inmediatos y de esta manera se imposibilita los mecanismo para la acción transformadora. Para cambiar la realidad es sumamente importante saber en qué lugar nos encontramos, cual es nuestro devenir y cuales son las condiciones objetivas y subjetivas que nos han llevado a la situación en la que nos encontramos. Conocernos a nosotros mismo como comunidad permitirá una acción libertadora más eficaz. 
            La segunda etapa es lo referente al conocimiento como lucha. El conocimiento desde el pensamiento de Freire es un todo complejo, multifactorial e integral. El conocimiento no se reduce a la mera información, es por ello que está en contra de una educación bancaria, donde el profesor deposita datos en el educando sin tener una relación crítica con esa información. La información se convierte en conocimiento cuando se realiza una aprehensión crítica, esto implica una reflexión más profunda, comparar los datos, contrastarlos, identificar sus contradicciones, llegar a conclusiones y posibles resoluciones a problemas reales. 
            El conocimiento tendrá una verdadera praxis revolucionaria, es decir lograra incidir en la transformación de la realidad, cuando se piense y se organice desde su propia integralidad. Es importante conocer desde la epistemología, pero además es menester contextualizar ese conocimiento. Uno es el conocimiento que se genera en los cubículos universitarios y se quedan en dichos recinto a alejados de una realidad práctica. El conocimiento que le interesa a Freire es uno muy diferente, este puede nacer en la calle, los mercados, la milpa, el mar, y también en las universidades. Ese conocimiento nace en el pueblo y se relaciona directamente con el pueblo. 
            El saber no se genera en una cápsula de abstracción, eso sucede en algunas ramas epistémicas como las matemáticas, la física, la física cuántica, etc. Pero los demás saberes son producidos desde la comunalidad. El conocimiento tiene por tanto una misión transformadora, despreciar al conocimiento es la peor falla en un proceso revolucionario. No basta tener muchas intenciones de liberarse, sino se conoce las circunstancias objetivas y subjetivas, la historia del territorio y la sociedad, las maneras den que se han desarrollado las relaciones de producción, et, etc, nos llevara a un desperdicio de tiempo, esfuerzo y en muchas ocasiones de vidas. 
            Paulo Freire nos invita a aprender todo el tiempo, jamás detener los procesos de aprendizaje; pero también debemos atraernos a generar conocimiento. Es necesario que en nuestro proceso educativo seamos conscientes de nuestra ardua tarea, ¿qué tipo de profesores somos?, ¿qué mundo queremos construir?, ¿con qué herramientas cuento?, etc, etc.
            El proceso del conocimiento es dinámico, no necesariamente se presenta en una forma lineal, unidireccional, autoritaria, inmovilizadora, acrítica, ahistórica. En su dinamismo se implica una relación dialéctica, dicha forma se establece desde la ubicación y cualificación de las contradicciones del fenómeno pedagógico. Si la movilidad es dialéctica es importante observar la manera como se mueven dichos fenómenos. Las contradicciones establecen sus cargas positivas y negativas, se conduce a una tesis, la antítesis y la síntesis. 
            La síntesis supera las contradicciones, pero no se instituye en verdad incuestionable, esa síntesis vuelve a su dinámica dialéctica. Freire nos dice que para conseguirlo necesitamos estar abiertos a todos los elementos de la construcción del conocimiento. Por lo tanto, se establece una relación dialógica, el profesor aprende tanto como el alumno, el alumno con los demás alumnos. Es importante escuchar, generar convivencia libre y democrática. 
            La tercera parte es Sueños y utopia. Soñar es una acción política, entendido el sueño como un proyecto, implica una posición frente al mundo, conlleva un método, un camino a seguir. El sueño es un concepto que Freire utiliza con frecuencia, pero el sueño es al mismo tiempo responsabilidad. Cuidado con lo que sueñas, ya que se puede hacer realidad. Esto nos lleva a pensar que en muchos procesos revolucionarios mediante la vía violenta, finalmente llegaron a triunfar en la optación del poder; pero ya sin armas, sin uniformes verde olivo, sin vivir en la clandestinidad, esos movimientos no supieron qué hacer con la revolución triunfante. Todo parece indicar que los grupos guerrilleros de izquierda desarrollaron excelentes maneras de luchar contra un gobierno opresor; pero jamás soñaron qué sucedería cuando ya dirigieran al país, y los fracasos son numerosos, dolorosos y frustrante. 
            La utopía y el sueño van de la mano, soñar y construir una utopia se retroalimentan. Freire hace hincapié sobre la relación de la lectura, es decir cuando se lee la palabra, también se realiza la lectura del mundo. Cuando leemos al mismo tiempo nos leemos. El acto de leer es abierto, el texto escrito no es cerrado, no es concluyente, al paso del tiempo el texto a perdido su intención autoritaria, la relación de lectura es dialógica, el lector participa directamente en la construcción del texto, el mensaje que se decodifica. 
            Leer el mundo es leer la vida en una retroalimentación constante. Como señalamos con anterioridad la relación es dialéctica. Al leer y releer el mundo estamos reescribiendo el mundo. Esto quiere decir una cosa importante, la lectura no es una práctica pasiva, por el contrario mueve el quehacer de la comunidad y del individuo. La reescritura de la vida no es más que el momento en que el sujeto lector deja su estatus pasiva y pasa a una actividad más directa con la comunidad, es actuar sobre la realidad. El sujeto se activa, no se conforma con contemplar el mundo, sino que se realiza en su ser precisamente en su acción comunitaria. Nuevamente la comuniladidad es consustancial a dicha escritura. El individuo en su mismisidad, en su autonomía como miembro aislado y cosificado impide la reescritura del mundo. La persona en su carácter de individuo no puede transforma la realidad, pensar que el sujeto cambiara el mundo siendo buen ciudadano es por decir lo menos un absurdo, ya que el mundo no es resultado de su acción individual, por el contrario el mundo se construye socialmente y por lo tanto su transformación es posiblemente solamente si la acción liberadora se hace de manera social, colectiva.
            Las etapas cuatro y cinco son: La esperanza y la autonomía. Es importante tener claro que las etapas se interrelacionan, se comunican, se retroaliemntan, no tienen fronteras cerradas, por el contrario son porosas, tienen un sinnúmero de vasos comunicantes, por ello de nada servirá cumplir con alguna o algunas etapas pero dejar de hacer otras. Esto se ha realizado en algunos lugares, donde se edulcora el pensamiento de Freire, quitándole su contenido político, lo cual equivale a quitarle el espíritu del modelo de la educación popular. No se trata de una visión religiosa, propiamente católica de la educación, donde el proceso se reduce el modelo a un cúmulo de buenas intensiones, que trata de evitar la confrontación de los actores fundamentales de la relación, me refiero al oprimido y el opresor. 
            La esperanza se nutre de los sueños, ya que es importante la proyección del modelo, respecto a que tipo de sociedad queremos, para después configurar el modelo pedagógico que nos servirá para lograr construir esa sociedad. Pensar en una educación que no se vincule a las formas económicas y políticas que imperan en la realidad sería un nuevo absurdo, ya que el educar se convertiría simplemente en instruir. Lo hemos dicho con anterioridad, educar no es generar mano de obra barata, producir piezas acríticas que se insertan en la maquinaria de producción capitalista. 
            EL sueño, la utopia y la esperanza van de la mano, se interrelacionan, se nutren. Solamente podremos tener esperanza en un proceso, siempre y cuando ya hemos soñado un orden de cosas, sabemos que queremos, tenemos trazado el camino hacia donde queremos ir. La esperanza nace y se refuerza con el conocimiento, mediante la ignorancia no se lograra formular un sueño posible, de nada serviría proyectar mundos imposibles, ya que la frustración no solamente afecta a las generaciones inmediatas al fenómeno, sino que alcanza varias generaciones más. Nada es tan perjudicial en el proceso revolucionario que una revolución derrotada. 
            Y para soñar, formular una utopía y tener esperanza es necesario realizarlo desde la autonomía. El proceso autonómico nos permite mirarnos a nosotros mismos como los sujetos reales del cambio o transformación. La autonomía implica libertad, pero la libertad no es posible sin responsabilidad. El sujeto del cambio seremos directamente nosotros, no vendrá otro u otros que cambien nuestra situación. La libertad produce temor ya que siempre será más cómodo que otro realice las acciones fundamentales de nuestras vidas, aun que esto implique nuestra sujeción a un aparato ideológico que nada tiene que ver con nosotros. 
            La esperanza es el trabajo direccionado, la disciplina con camino claro. La autonomía nos implica directamente, pero nos permite construir la vida que realmente buscamos y para ello es necesario una educación que contribuya a obtener ese objetivo. Freire nos proporciona esa educación. Un mecanismo fundamental en el proceso, ya que el educando podrá pensarse como el actor principal en la construcción de su historia. Los pueblos solamente podrán vivir de acuerdo a sus necesidades políticas, económicas, sociales, culturales, siempre y cuando viva en autonomía. No depender de otro u otros en ningún sentido. LOs pueblos podrán establecer relaciones con otros pueblos o países desde sus propias autonomías, es decir, desde su propio ser nacional. No someterse a la hegemonía de un imperio o economía más poderosa. 
            La educación que educa para la libertad, refiere que debemos configurarnos desde la autonomía. Libertad sin autonomía y viceversa es un nuevo absurdo. Un socio político y económico respeta nuestra propia forma cultural o política, sin embargo, al perder autonomía al mismo tiempo perdemos libertad. 
            La esperanza se nutre de todos estos elementos fundamentales, no existe otra forma de lograrlo y la educación es una piedra angular en esa relación, pues es aquello que nos prepara para hacer frente a nuestra realidad y vernos en el espejo de nuestro propio ser. 
              
(Continua en la siguiente entrega)...
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Fotografía:  Skully MBa , por Pexels

Sobre Alejandro Aldana Sellschopp

Investigador, promotor cultural, editor, ensayista y narrador.

Ha sido becario de: FOESCA (Emisiones 1999-2000 y 2000-2001), PACMYC, fue becario del FONCA (2003-2004) en el programa de Jóvenes Creadores en la modalidad de novela. Está incluido en la antología del FONCA – Jóvenes Creadores generación 2003-2004.

Ha publicado: Tiempo a Contrapunto (UNAM- Espacio Cultural Jaime Sabines),  Nudo de Serpientes (Novela). Su cuento Diario de un lobo está incluido en la antología Inventa la memoria (Alfaguara). La novela en Chiapas, antología (Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas en el 2018).

Líneas de desnudo. 21. El oficio de editar I. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 21

El oficio de editar I
Por Manuel Pérez-Petit

Debo confesar que me encanta ser editor. Me permite dedicarme a los demás y a sus cosas, y, además, me separa de mi obra de tal forma que ésta mejora y crece por sí sola en todos los sentidos, pues por el mismo ejercicio de la profesión que ejerzo vive desprovista de toda ambición. Y es en esa libertad y plenitud en la que existe la posibilidad de que algún día yo sea capaz de escribir algo reconocible y bueno, que será también el momento en que deje de escribir, que es la actividad, junto a la leer, a la que he dedicado más tiempo a lo largo de mi vida.
            El oficio de editor no se adquiere con un grado académico. Como en el periodístico, uno tiene que tener madera, por lo que en realidad no es “culpable” –y enfatizo haber puesto esta palabra entre comillas– de ser editor o periodista, sino que ha optado por serlo y, con mayor o menor grado de realismo, podrá llevar a cabo tal misión con suma, escasa o nula plenitud. Podría darse el caso de que alguien tuviera unos conocimientos técnicos extraordinarios y una capacitación fuera de toda duda y no pudiera ejercer de verdad ninguna de ambas profesiones, las cuales, de algún modo, van de la mano.
            El oficio de editor es complejo y desconocido, y hay que adquirirlo, desde luego, pero si no se tiene ese no sé qué que algunos llaman madera y otros olfato o califican con epítetos parecidos, y que se mueve en terrenos más cercanos a lo intuitivo que a lo racional, no se podrá nunca ejercer la profesión con el relieve que esta amerita y requiere, dada su trascendencia en la sociedad. Un error muy común es creer que ser editor es leer. O conocer a un diseñador o diseñar uno mismo y enviar a una imprenta un texto más o menos maquetado para que se hagan ejemplares. Lejos de eso, la función del editor es canalizar el proceso completo de puesta a disposición del lector de un texto, sea este narrativo, poético o visual. Y para ello debe tomar decisiones, pues en última instancia tiene en sus manos un material que debe convertir en objeto de consumo, pero sin olvidar que el libro hoy está a la cola en la lista de las preferencias de cualquier consumidor. Y eso no es fácil. 
            El trabajo del editor es muy cercano al del amanuense, que se niega a sí mismo para que brille el texto y no él. Es más, debe negarse a sí mismo al punto de estar por encima de sus gustos, preferencias y hasta sentimientos. Si no por criterios formados por encima de su propia estructura de pensamiento, el editor es alguien que tiene que tener mucha flexibilidad mental, aperturas de miras y capacidad de aprendizaje. Debe investigar, por ejemplo, y tratar el texto como propio y, a la vez, de su peor enemigo –o lo que es lo mismo, con amor y desapego–, debiendo fijar en su tarea incontables elementos que darán en un producto fino por el que merecerá la pena su trabajo, y es por ello que el editor debe ser una persona ilustrada y dotada de una capacidad lógica superior a la racional –que todo se entrena– y ser capaz de ser heurístico, esto es, de comprender a fondo dos cuestiones, enfrentarlas y generar un debate, que es el grado máximo de la lógica para la que las personas estamos capacitados, al menos hasta donde hemos descubierto, pues nuestra capacidad intelectiva es muy superior a la que en realidad desarrollamos. Su objetivo: negarse a sí mismo la capacidad de brillar para que brille el texto y, de paso, su autor. En ello juega un papel fundamental esa intuición que no se aprende sino de la que uno está en cierto modo dotado, aunque puede aprehenderse: la corazonada, la apuesta irracional, el corazón que uno le pone con cabeza a lo que hace para saber al golpe si sí o si no debe tomar una decisión respecto de una obra o, incluso, de un autor. Ser editor es como estar predispuesto a enamorarse a cada golpe de vista, en cada esquina, a vivir en el alambre, a jugársela, a apostar sin marcar las cartas, en un ejercicio que tiene tanto de aventurero como de sensatez… 
            No hay que ser muy perspicaz para llegar a la conclusión de que el editor es muy poco útil a la sociedad hoy en día, aunque no siempre fue así. A lo largo de la historia, ciertos roles –como el del editor o el periodista– han ido evolucionando y modificándose, en función del desarrollo de la tecnología y al calor del cambio de las mentalidades. Se trata, por lo general, de procesos lentos que en muy escasos momentos de la historia se han acelerado. Como en el caso del oficio del editor, tan antiguo como el lenguaje, pues ya éste, desde su origen primero, incluso el de señales o sonidos cuando aún el ser humano no era capaz de articular palabras ni establecer códigos complejos, era de manera constante modificado en aras de una eficiencia funcional, esto es, era editado. En un estado adánico no era necesario editar nada, pues todo era perfecto, pero cuando el hombre descubrió su miserabilidad y su limitación, asistió al nacimiento de la comunicación y de la necesidad de ponerse de acuerdo. Toda comunicación era elemental y tenía una función práctica, pero desde su origen necesitó de una corrección continua. De este modo, también surgió la tradición oral, en que toda narración se vio de manera paulatina transformada mediante continuas ediciones hasta que un día alguien la hizo por primera vez “canónica”, editándola, y esta vez por escrito, en ejemplares únicos que no mucho después fueron replicados y, en consecuencia, vueltos a editar. Y así, una vez tras otra hasta la baja Edad Media, en que al borde de la época que conocemos como Renacimiento, en Alemania, a mediados del siglo XV, un tal Gutenberg dio respuesta a la creciente necesidad de reproducción de los libros. Hasta entonces, el autor, anónimo por naturaleza en cuanto múltiple, era el editor de su propia obra, al fin y al cabo colectiva, con criterios más objetivables que subjetivos. La revolución “editorial” que supuso la imprenta de tipos móviles indujo a una transformación muy potente de la sociedad, pues permitió una inédita hasta entonces difusión y popularización de las ideas, los textos literarios o no y la cultura sin parangón, pasando a ser el impresor el editor de los textos, estatuto que perduraría por casi cuatrocientos años, no en vano el impresor tenía el medio para producir ejemplares en “masa”.
            Hasta finales de la Ilustración y el inicio de la Revolución francesa, ya en el último cuarto del siglo XVIII, el mundo era muy fácil de entender. Cualquier oficio tenía aprendices, oficiales y maestros. Uno hacía un proceso mediante el cual se convertía en maestro que a su vez tenía aprendices y oficiales, y formaba maestros... Toda expresión artística, por otra parte, contaba una historia y se llevaba a cabo por encargo de un benefactor, de alguien que la patrocinaba y/o la compraba: un miembro de la iglesia, de la aristocracia o de cualquier estamento de poder.  Todo el mundo nacía, además, sabiendo qué posición le correspondía en la sociedad. 
            Así, hasta la primera mitad del siglo XIX el editor no tenía conflicto a la hora de ser definido, porque el editor era el productor.  El autor llegaba a un impresor, alguien que tenía la imprenta, y le daba su texto, y éste lo componía, letra a letra en la caja de impresión, una especie de bandeja que luego entintaba y por la que pasaba, con su prensa, los pliegos de papel, en que quedaba impreso el resultado final de su trabajo. De ahí nació la expresión “a pie de imprenta”, referida a la labor de supervisión del último paso productivo del proceso editorial. Y como hasta la Revolución industrial era en la práctica la misma máquina que inventó Gutenberg, se generó, consolidó y evolucionó un oficio que cada día se iba pareciendo más a lo que hoy conocemos como el oficio de editar, acompañado en todo momento por un intenso proceso filosófico que puso las bases y fundamentó la tarea. 
            Durante el siglo XVIII, además, con las ideas de la Ilustración, surgió un concepto nuevo –en realidad antiguo, pero ahora con conciencia de serlo–, la burguesía, que tenía su origen en los pequeños artesanos que habían florecido en épocas medievales en las ciudades y se habían ido agrupando en gremios y, a su vez, reuniéndose por especialidades en los mismos barrios o vías, a los que dieron en llamar burgos. Esta es la razón por la que en muchas urbes antiguas de Europa, aunque también en América, existen calles con nombres de oficios, lo cual tiene que ver con que en otros tiempos si no en esas mismas vialidades en sus alrededores se reunían, por ejemplo, los toneleros, los ebanistas, los comerciantes de especias, los plateros, o, sin ir más lejos, los impresores. Pero todo cambió de manera radical durante ese famoso siglo XVIII, que dio lugar a la Revolución francesa, a partir de la cual ya de una manera efectiva cualquiera, con independencia de su posición social inicial podía evolucionar en la escala de la sociedad, lo cual se debe al crecimiento continuo de la burguesía durante esa centuria, que, desde sus albores, dio de qué hablar. En 1702 nace en Londres el primer periódico diario de la historia, The Daily Courant, merced al cual el impresor se convirtió también en el origen –de algún modo el proto empresario– de la comunicación. Teniendo a partir de ahí los impresores un renovado protagonismo se convirtieron, con la evolución y la transformación social y económica, en los impulsores de un nuevo concepto de empresa que cristalizaría cerca de doscientos años más tarde en lo que hoy conocemos como medios de comunicación.   
            La Revolución francesa, el gran hito de la época, es consecuencia en parte de todo ello. Hijo suyo en la práctica es el concepto de las convenciones, en que a partir de entonces hemos estado obligados a entendernos de una manera más racional –y a qué negarlo, más artificial que nunca–. Sin embargo, este acontecimiento histórico surgió porque durante todo el siglo XVIII el estado francés se había dedicado a vivir de espaldas a la realidad emitiendo enormes cantidades de deuda pública, al punto de llevar al estado al borde de la quiebra. En paralelo, la burguesía continuó creciendo y consolidándose como el poder de la economía real, y al ver que su estatus estaba cada vez más en peligro, dio un golpe de estado. Todo lo demás son visiones románticas.  La Revolución francesa, pues, se debe a la quiebra del estado francés y a la pujanza de la burguesía, que si no hubiera removido las instituciones establecidas se hubiera ido a la quiebra también. En ese desarrollo de la burguesía está la base de la posterior revolución industrial, así como la del desarrollo del capitalismo, en la que tenemos que enmarcar el hecho de que el editor pasara a ser, a partir de entonces, ya no un proto sino un auténtico empresario. 
            Una de las consecuencias positivas de todo ello fue la necesidad de sistematizarlo todo y, en consecuencia, verbigracia, crear diccionarios, pero este es un asunto del que hablaré como de otros más de fondo en mi Lineas de desnudo del próximo martes día 2 de marzo, titulado –por no ser más original– El oficio de editor II –y a saber cuánto dura la serie–, pues en lo sucesivo los martes dedicaré mi espacio en Letras, ideaYvoz a este oficio que muchos creen conocer y poco conocen de verdad.

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Nota del autor
Y hasta puede que le solicite a mi amable editor en este medio, el bueno de Roger Octavio Gómez Espinosa la ampliación de el espacio que me tiene asignado de los tres artículos que publico a la semana a cuatro. Que Dios nos pille confesaos.
 
   
 “Imprenta francesa del siglo XVI. Bibliothèque Nationale de France, Département des manuscrits, Paris (la imagen es de dominio público”)
Fotografía:  “Imprenta francesa del siglo XVI. Bibliothèque Nationale de France, Département des manuscrits, Paris (la imagen es de dominio público”) 2009”

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.