Polvo del camino/ 58

Sexto piso
Héctor Cortés Mandujano

Lo que se recuerda, vive

La actriz Frances McDormand, en la película Nomadland

  
Lees estas palabras que tus dedos escriben en los torpes brincos sobre el teclado, mientras piensas en algo ocurrido hace mucho: el niño flaquísimo y descalzo que lleva jalando, en la mano derecha, una cuerda atada a un burrito, que es tu compañero para ir a traer agua. En realidad, no jalas la cuerda, porque el asno te sigue sin reflejar ninguna emoción en su rostro, que parece apacible.
            Ya pasaste la primera tranca y a los lados del caminito hay árboles de coyol (has sentido el dolor de sus largas espinas en la planta del pie) y vas cantando una canción de José Alfredo Jiménez (Dame un beso delante de la gente, dame un beso delante de tu madre…), que, referida a un viejo que se enamora de una jovencita, nada tiene que ver con tus seis-siete años de niño ranchero.
            Ahora eres un adolescente que ve desde una ventana el anochecer. Tienes ganas de llorar y no sabes por qué. No te gusta la vida ni el mundo, ni la familia ni las amistades. No te gustas tú. Te sientes solo, enormemente, terriblemente solo. Has leído a Fuentes y una frase de La muerte de Artemio Cruz se está encarnando en ti: “Al final, estamos solos”. La frase ahora te hace desdichado, pero cuando la entiendas bien te hará feliz.
            Estás borracho y te sientes enamorado de esa mujer. Está contigo, desnuda, y dice que te ama. No lo crees, pero la besas y de nuevo ensayas la pasión que te llevará hasta la anhelada y momentánea desaparición de tu conciencia, a ese instante en que estás unido a la nada, al momento en que llegas al Blanco total (ya leíste a Paz).
            Tus dedos saltan hacia la memoria de aquella mañana en que nació tu hija. Cuántas emociones, cuánto miedo. ¿Cómo alguien como tú, que nada sabe de nada, es capaz de traer a otro, a otra, a este desconcierto, a este páramo de preguntas sin respuesta? Pero hay también, detrás del miedo, amor, ternura, esperanza…
            La memoria es veloz, los dedos lentos, y apenas puedes fijar el instante e intentas convertirlo en palabras cuando tu mente ya dejó atrás la infancia, la adolescencia, el sexo desenfrenado y promiscuo, la paternidad, los varios bemoles de la vida, y se ha movido a aquel doble arco iris, al árbol que mueve el viento, a la montaña imponente, al caballo que corre frente a ti, a la vaca noble, a la serpiente del arroyo, a los nidos de chorcha, a la lluvia donde te mojaste como si fueras el niño que ya no, al rostro de aquella muchacha, a los ojos de tu mujer, al pastel donde apagas las velitas y unes tu aliento al de Camilo, tu nieto más pequeño.
            Te felicitan muchas, muchos. Y lo agradeces. Te mandan mensajes, canciones, correos, grabaciones, te sientes querido, pero sabes que falta este fragmento vital donde debes estar solo, ahora que ya sabes lo maravillosa que puede llegar a ser la soledad, y te ves, te sonríes, te abrazas a ti mismo y te dices, con el amor que has aprendido a tenerte, y con el tono con el que hablas a lo más amado, a lo más íntimo, a lo más tuyo: Feliz cumpleaños, querido Héctor, qué bueno que estás, que sigues, que seguirás conmigo.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración: Juventino Sánchez
Ilustración: Juventino Sánchez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com