Revista

Polvo del camino. 40. Tenet y el Santo. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 40

Tenet y el Santo

Héctor Cortés Mandujano

 
Santo contra el hacha asesina (1965, dirigida por José Díaz Morales), con las torpezas narrativas del caso, pero con la eficacia de hacer que el público supla sus deficiencias, cuenta la historia de cómo lo ocurrido en el siglo XVI, que involucra al Santo, el enmascarado de plata, y a su enamorada, tiene repercusiones en el tiempo actual: el Santo mató a su rival en amores, en una lucha de espadas (dicho sin albur) y éste viajó en el tiempo para vengarse de uno y de otra varios siglos después. 
            La fórmula les funcionó a los productores del Santo y supongo que hicieron varias por el estilo. Otra que vi es El mundo de los muertos (1969, dirigida por Gilberto Martínez Solares), donde además del Santo aparece el Blue Demon. El planteamiento es el mismo: algo ocurrido hace mucho tiempo se vuelve presente, a partir de que una bruja se posesiona del cuerpo de la amada (Pilar Pellicer) del Santo; aquí ocurre incluso la muerte de ella y el Santo atraviesa la puerta que divide este mundo del otro, para traerla de nuevo a la vida. Le ayuda el Blue Demon en esta epopeya que parece tomada de la clásica leyenda griega de Orfeo y Eurídice.
 
A Christopher Nolan (Londres, 1970) le da por torcerle el rabo a varios temas: la memoria, en Memento (2000); el cansancio extremo, en Insomnia (2002); la enemistad y la envidia, en The Prestige (2006); el caos, en The Dark Knight(2008); los sueños en Inception (2010) y su tema más recurrente, el desorden del tiempo, en Interstellar (2014) y en Dunkirk (2017).
            En su cinta más reciente, Tenet (2020), Christopher Nolan, con mucho más presupuesto e ideas que los escritores y productores del Santo, juega un poco más con el tiempo: en el futuro hay nueve algoritmos que destruirían el mundo en todas sus instancias temporales, y la científica que los conoce decide esconderlos en un lugar donde nadie los halle. Decide que sea en su pasado, que es el presente para nosotros (los personajes de la película y los espectadores).
            Pero un maloso (Keneth Branagh) descubre el asunto de los algoritmos y se hace de ellos. Como él ya va a morir, decide que todos lo acompañemos. Gracias a Dios todavía hay héroes y se meten en ese desbarajuste de tiempos, donde a veces la pistola dispara y hace un hoyo, si está en el presente, o dispara y devuelve la bala al cilindro, y quita el hoyo, si está en el futuro. Las bombas también explotan y hacen estropicios, o explotan y lo arreglan; la gente corre para atrás o para adelante, dependiendo de en qué tiempo estén. 
            Lo que más me llamó la atención fue una idea que uno de los personajes dice así como así: el mundo no fue creado en el remotísimo pasado en el que nos han hecho creer, sino en el futuro hacia el que vamos avanzando; es decir, el mundo siempre ha caminado para atrás, pero no lo sabíamos hasta que este hombre, Nolan, que hubiera hecho maravillas con el Santo, nos lo vino a contar. Bendito sea.  

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Fotografía: HCM.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 39. Entretejer el cabello. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 39

Entretejer el cabello

Por María Gabriela López Suárez

    


Casi estaba por ocultarse el sol.  El clima era agradable. El calor se había apaciguado. Esa tarde Gertrudis decidió darse un espacio para ella. Fue a su habitación, prendió un incienso y comenzó a escuchar la canción Reloj  de campana. Tócame las horas para que despierten las mujeres todas.  Se sentó en el piso, con las piernas cruzadas, con postura de flor de loto.
         Soltó su cabello y comenzó a peinarlo con sus dedos, permitió que cada hebra se fuera dejando consentir. Hizo memoria, tenía mucho, mucho tiempo de no peinarse con conciencia. Entre las prisas y las actividades cotidianas solía peinarse con rapidez y ponía más atención en el peinado de Bianca, su pequeña hija, quien disfrutaba cuando le cepillaba el cabello, decía que la ponía contenta.
          Gertrudis  comenzó a entretejer  su cabello en dos trenzas. Recordó ese peinado que solía hacerse su abuelita paterna, entrelazando listones en sus trenzas. Siempre le gustó cómo le quedaba, nunca se le ocurrió preguntarle cómo le hacía. Mientras iba formando sus trenzas Gertrudis tarareaba la canción de fondo, para que despierten las mujeres todas…
          El peinarse era un pretexto para también ir sintiendo su respiración, tranquila y consciente. Mientras sus dedos iban formando las trenzas vino a su mente una leyenda que había leído hace algún tiempo sobre el significado de las trenzas en las mujeres. Según la leyenda cuando las mujeres se sentían tristes debían trenzarse para que al ir entrelazando sus cabellos ahí se quedará atrapada la tristeza y no corriera al resto del cuerpo porque podía enfermarlo. Se decía que los cabellos son tan resistentes y fuertes como las raíces del ahuehuete. Para soltar la tristeza había que soltar el cabello cuando el viento soplara para que la llevara lejos.
          La leyenda le había gustado, por la metáfora de cómo atrapar la tristeza y no dejar que fluyera. La parte que más le había llamado la atención era la comparación de la resistencia del cabello con las raíces del árbol. Esa tarde ella no se sentía triste, más bien tenía ganas de consentirse y entretejer el cabello era la manera que le pareció más idónea.  Se sintió relajada, agradecida con sus ancestras, con la naturaleza, con su cabello, sus manos… en ese momento la canción de fondo iba llegando a su fin y la terminó de tararear  porque de sus hijas ella necesita, porque de sus hijas ella necesita que canten y dancen llenas de contento, que canten y dancen llenas de contento, invocando siempre los cuatro elementos.
Photo by Mitch Kesler on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 39. Fraternidad. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 39

Fraternidad
(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano

 
1
 
El hombre de baja estatura, moreno, tenía ojos de muñeca.
Estacionó su viejo coche frente a una taquería que tenía todos los visos de estar a punto de cerrar; entró en la penumbra.
            Buenas noches, ¿todavía tiene serv…? ¡Cari!
            ¡Muñeco!
            La mujer dejó los trastes que lavaba y fue hasta el hombre a quien abrazó como si quisiera asfixiarlo.
            Roberto también abrazó, apretó, buscó la boca.
Nada más dijeron.
            Ella bajó la cortina y sobre el piso, desnudos, enfebrecidos, se reencontraron.
 
2
 
¡Qué sabroso estuvo! ¿Por qué no subes? En la primera puerta está Pelancha. Ha llorado mucho por la injusticia que cometió contigo. Averiguamos y era mentira. Ve, ándale.
            Pelancha salía del baño cuando lo vio, medio desnudo en medio de su cuarto.
            Dejó caer la toalla y dijo “Muñeco, Muñeco, Muñeco”, mientras él la tomaba sobre la cama.
            Te buscamos y ya no estabas. Nadie nos dijo qué habías hecho, adónde te habías ido. Dejamos el barrio y nos venimos aquí, para poner una taquería y vivir más holgadas, cada una en su cuarto. Al lado está Fe. ¿Crees que podrás todavía, te alcanza para ella?
 
3
 
Abrió la puerta y el grito de Fe fue el primero de los grititos siguientes.
          Roberto durmió aquella noche muy contento y ellas felices de tenerlo de nuevo.
          Nada había cambiado.
 
***
 
Mi mujer y yo vamos con alguna frecuencia a Tzimol, Chiapas, y nos hospedamos en un hotel, La palapa de Modín, una casa adaptada; atienden su propietaria y su familia, quienes ya nos saludan con cálida amistad. Ella es además la cocinera y nos encanta lo que nos sirve en el restaurante, frente a la laguna donde nada un banco de mojarras (el cardumen es cuando los peces son de distinta especie); a la salida de nuestro cuarto pasa un arroyo de potente cauce, y dan vueltas por el jardín enormes patos y pavorreales; a veces (como en la imagen) también anda por ahí un caballo.
            No tengo mucha fe en mi talento de fotógrafo, pero en la más reciente vez que fuimos tomé varias instantáneas que me gustaron y que comparto y compartiré contigo, lector, lectora…  

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Fotografía: HCM.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Paso de fuego. Te: el sendero del signo luminoso. 3. Alejandro Aldana

Por Alejandro Aldana*

Te ∞: el sendero del signo luminoso *

                                Para Luz y Emiliano

Continuación:


II.- Pragmática poética o lírica   
                       
El texto poético es una comunicación lingüística; sin embargo, se trata de una realidad textual de naturaleza especial, ya que su funcionalidad se distingue por elementos que se agotan y perfeccionan en su propia singularidad expresiva. El lenguaje del poema no busca la pura referencialidad, contiene un elemento estético que lo hace una expresión única. La intención comunicativa del poeta no exige la prontitud de su comprensión, como suele suceder en una plática. En principio el constructo del poema no tiene ninguna finalidad práctica, informativa o ideológica. Los versos no requieren explicación alguna para que logren producir su intensión de sentido. Cuando Córdova escribe: “Pues los amantes Son Si son locura / Donde cambian los nombres No la cura / Y cambian los demonios Nunca el mal”, la polisemia de los versos anulan su función de referencialidad en una primerísima lectura, existen otros niveles de significación, el texto obliga al lector/receptor a participar en la construcción de significados, la complementariedad es fundamental gracias a un conocimiento común, es decir, que el lector/receptor tiene que identificar el código que el autor está formulando. El discurso poético no codifica su intención comunicativa de manera explícita. Al leer el texto de Ulises sabemos que estamos frente a un poema, ya que la presentación gráfica del texto lo indica, el verso se estructura como unidad mínima de unidad semántica y fonética. Otro elemento de su naturaleza es la disposición rítmica de las palabras, el autor logra una partitura que se establece a partir de tonos y semitonos, inflexiones, repeticiones de palabras, como en los versos antes mencionados; tenemos pautas repetitivas que cumplen una función musical, en el primer verso encontramos en dos ocasiones la palabra son, posteriormente la sonoridad se establece en una rima consonante: locura y cura. La palabra cambian se repite en el verso dos y tres, a manera de rima interna.
            Uno de los problemas en el estudio del discurso poético es su marginación de la discursividad de la ficción. Durante siglos se ha preferido hablar de subjetividad como forma de excluir la ficcionalidad, negando así su carácter de representación imaginaria. A partir del Romanticismo se entendió al poema lírico como una confesión veraz, se aseguraba que el discurso poético representaba o incluso proyectaba la auténtica subjetividad del poeta. El poema es un acto del habla, la acción que producimos al hacer una emisión es denominada acto del habla o acto ilocutivo. El texto poético no puede leerse como expresiones verdaderas o falsas, contiene elementos ficcionales, se convierte en ficción ya que como afirma B. Herrenstein Smith, el poema no representa cosas, sino que se trata de un discurso que representa cosas. Tradicionalmente el discurso de la ficción se ubicó en el arte dramático y la narración, dejando fuera al discurso poético.
            La exclusión de lo poético dentro del discurso de la ficción proviene desde la antigüedad clásica, que se formuló a partir de las modalidades enunciativas de Platón y Aristóteles. Desde la perspectiva de Platón las obras de ficción no tienen una verdadera naturaleza estética, más bien persiguen objetivos alternos o parasitarios, ya sean políticos o morales. La dimensión poco ejemplar de los personajes o caracteres de las tragedias, provocó que el filósofo rechazara las obras dramáticas. En su libro La República manifiesta la exclusión de los poetas de la polis, admitiendo únicamente los himnos dedicados a dioses y héroes.   
          El análisis de la poesía lírica nos muestra que el discurso poético constituye un tipo de mensaje, que es muy diferente al uso estándar de la lengua. La lectura lírica de un texto implica una serie de convenciones, es decir, que el lector/receptor se posiciona frente al texto con una disposición de comunión. Octavio Paz abordó el tema en diversos momentos de su obra: “Parece que es una verdad admitida por casi todos la relativa naturaleza inaprensible de la realidad —todo lo que somos, todo lo que nos envuelve, nos sostiene y, simultáneamente, nos devora y alimenta— es más rica y cambiante, más viva, que todas las ideas y sistemas que pretenden contenerla. La cultura y el conocimiento no son más que una convención, un artificial acuerdo y un orden falaz, pues a cambio de reducir la rica y casi ofensiva espontaneidad de la naturaleza a la rigidez de nuestras ideas, la mutilan de una parte en sí, su parte más verdadera y fascinante: su naturalidad” (Paz, 2014:228).
           Las convenciones mediatizan la relación entre el lector y el texto, contribuyendo de manera importante en su decodificación. Este planteamiento nos lleva a la discusión sobre el yo enunciador lírico, que parte siempre de una enunciación previa y por lo tanto es ficticio. La relación se problematiza cuando es difícil establecer límites claros entre el yo hablante del poema y el yo autor. En la historia de la poesía podemos señalar algunos poemas transparentes, en los que se establecen vasos comunicativos evidentes entre las dos vertientes del yo. Lo más frecuente es que el yo lírico se convierte en una máscara del yo autor. En el caso de Te ∞, es claro que el yo lírico se identifica hasta confundirse con la voz del yo autor. Dicha observación se obtiene al realizar un análisis contextual de la obra poética de Ulises Córdova, nos encontramos con una voz perfectamente definida, inconfundible, con tonos y semitonos recurrentes, la ironía en la modulación fonética y semántica del verso, una búsqueda de un lenguaje que pueda decirlo todo, que reduzca el profundo abismo entre la palabra y la cosa; pero las palabras en su unidad conceptual pierden sus contenidos convencionales, la palabra se resignifica, quiere decir otra cosa, en ocasiones incluso se contradice en una negación dialéctica para convertirse en una palabra síntesis, es decir, el contenido renace, se perfecciona en una nueva contextualización. En su libro Tiro de gracia leemos la siguiente estrofa:
 
              Así que
                            eres Narcisa
              Catadora de sangre
              Que se sirve hoy de la mía
              ¿Para domar a la noche?
              ¿Domesticar a la muerte?
 
La disposición de los espacios permite romper con la significación estándar del lenguaje, después del Así que observamos un silencio que se suspende en el texto, para terminar en la configuración de un alguien llamada Narcisa. El Así que adquiere un tono de franca ironía, malicia en la manera de enunciar, se establecen por lo menos dos niveles de significación, literalmente el verso es muy diferente de la lectura desde su contextualidad. El discurso poético de Ulises Córdova se construye desde referencias fonéticas y rítmicas. La música es una de sus más limpias cualidades, el poema es una partitura que suena en su compleja estructura armónica. En Te infinito leemos:
 
              Infarto en lámpara de púlsar
              lumbre  pero late y sombra
              de fanal que da la espalda
              a veces  pero siempre es luz
              de lunipiano albor de cítirastro
              eterna madrugada y corazón...  
 
La cadencia es exacta, los tonos y semitonos fonéticos se combinan logrando una armonía de modulaciones ascendentes, la combinación de los sonidos emulan los contrastes visuales del poema, la luz y la sombra luchan en una lenta, tersa, lucha de los signos. Aun cuando la estructura estrófica parte del verso libre y blanco, existe una regularidad silábica que oscila entre octosílabos, realizando dos semi-remates en un parámetro de endecasílabos. En una primera e inocente lectura el lector/receptor puede perder el sentido del texto, el orden de las palabras puede parecerle extraño, los versos encabalgados desconciertan, parece que las palabras de uso vulgar como: lámpara, lumbre, sombra, espalda, luz, madrugada, corazón, han perdido su significado y se han llenado de nuevos contenidos, quieren decir otra cosa, y para llegar a esa otra cosa es necesario leer de una manera no convencional, la pragmática lírica nos permite acercarnos a esa otra cosa.
            La poesía entendida como poiesis, es imitación y por lo tanto ficción. El discurso poético constituye un elemento artificial, entendido como algo ajeno a la manifestación natural. Esta relación problematiza el intento de realizar diversas jerarquizaciones del discurso mediante juicios de valor sobre el concepto de verdad. Un lector/receptor inocente puede desilusionarse al saber que los sentimientos expresados en el poema carecen de verdad, pero no por tratarse de mentiras, sino porque para la lírica no tiene relevancia la veracidad o la simulación de lo verdadero. El poeta logra representar situaciones o estados de ánimo mediante el uso de la técnica sometiendo su materia lírica a principios de la verosimilitud. En Te ∞, en la mayoría de los poemas, la voz lírica, que ya dijimos se trata muy probablemente de la voz del yo autor, habla de manera referencial, es decir, se refiere a una segunda persona que no es identificada; pero que está presente en todo el discurso poético. El poeta ha estructurado su libro desde un planteamiento dialógico, por momentos enuncia desde su individualidad, desde su yo enunciante, en otros utiliza el nosotros implícita o explícitamente. Sirvan de ejemplos las siguientes estrofas:
 
              Amor: Y seguido somos
              lo que se va a decir después
              no importa Quién = nadie más que tú.
 
El poeta utiliza la palabra Amor para referenciar a ese otro u otra con quien dialoga, Amor se convierte en un modo de enunciar a esa persona, en lugar de un nombre propio prefiere un giro del lenguaje, una forma coloquial en la que los amantes suelen llamarse. Amor se convierte en un tú. Posteriormente tenemos un signo : (dos puntos) que pierde su función gramatical o sintáctica, para integrarse al discurso poético en una equivalencia de palabra, el poeta cambia la funcionalidad de los signos para mudarlos en palabras que resignifican los versos, al leer escuchamos: “Amor (dos puntos) Y somos / lo que se va a decir después / no importa Quién (igual) nadie más que tú”. El yo autoral nos muestra una representación, no sabemos si en efecto esa otra persona a quien habla existe verdaderamente, si en verdad él cree que son lo que se va a decir después. Eso ya no importa. La discusión no se establece entre verdad o ficción. Más bien estamos frente a lo que Genette denominó la oposición entre lo real particular y lo universal artístico. El problema no es de referencialidad sino de la misma naturaleza de la textualidad literaria. Pozuelo Yvancos habla de tres elementos al respecto: la ficcionalidad es un rasgo de la textualidad literaria, la especificidad del modo de comunicación parte de la existencia del “hablar imaginario”, el estatuto comunicativo del discurso poético presupone un hablante ficticio.

(Continua en la siguiente entrega)...

Fotografía: Miguel Á. Padriñán, por Pexels

*Sobre el texto:

«Te ∞: el sendero del signo luminoso» es un ensayo que analiza la obra del libro de Ulises Córdova, poeta mexicano nacido en San Cristobal de Las Casas.

En esta revista estaremos compartiendo, en las próximas cuatro entregas, el ensayo completo del maestro Aldana.

Sobre Alejandro Aldana Sellschopp

Investigador, promotor cultural, editor, ensayista y narrador.

Ha sido becario de: FOESCA (Emisiones 1999-2000 y 2000-2001), PACMYC, fue becario del FONCA (2003-2004) en el programa de Jóvenes Creadores en la modalidad de novela. Está incluido en la antología del FONCA – Jóvenes Creadores generación 2003-2004.

Ha publicado: Tiempo a Contrapunto (UNAM- Espacio Cultural Jaime Sabines),  Nudo de Serpientes (Novela). Su cuento Diario de un lobo está incluido en la antología Inventa la memoria (Alfaguara). La novela en Chiapas, antología (Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas en el 2018).

Beatus Ille. Heidegger

…filosofía para vos y para ti…

Por Teoría en pocos minutos*

Heidegger

Martin Heidegger (1889-1976) es considerado el filósofo más grande del siglo XX. Su objetivo fue, en la huella de la filosofía clásica, la medieval y la romántica, contra el saber científico-técnico, pero sin prescindir de él, recuperar para la filosofía la importancia de la tarea, olvidada, de pensar. ¿Y qué era pensar para Heidegger? Para él era ante todo una misión. Una misión que, por supuesto, en búsqueda de una verdad que vaya más allá del sentido común, entendido en su época como opinión pública, lo llevó a extraviarse, a ver en los movimientos de masas del pueblo alemán el nuevo despertar de la visión griega del mundo que nunca fue. 
     Quizás Heidegger fue demasiado optimista, y como suele pasar con los filósofos que creen oler en el aire de los acontecimientos radicales un fin de los tiempos de la decadencia y un nuevo renacer espiritual, se equivocó fatalmente. Sin embargo, no podemos negar la fuerza de su pensar, un pensar que mira las cosas que se le presentan de costado, buscando su lado de atrás, esa verdad que queda oculta generalmente por ese brillo de novedad y fuerza que en el caso del nazismo lo desorientó a él mismo. Pero luego de ese traspié, quizás imperdonable, Heidegger no volvió a caer en las garras del deslumbre por la novedad. Al contrario, frente a la imposición de un saber científico anónimo y antipoético, Heidegger no dejó nunca de notar lo que en su seducción de poder se escondía, lo que se olvidaba y perdía. Justamente si algo caracteriza a nuestra época es el olvido. 
     Heidegger decía: tras los entes queda escondido lo que los hace ser. Y es así cómo tras los actos del político elegido por el pueblo, que cree, engañosamente, que lo elije, como el político cree, engañosamente, que puede hacer con el poder, se oculta la verdad de que el poder es quien hace con nosotros. El poder es una fuerza más antigua que los hombres, y en la ilusión de querer dominarlo, tenerlo, y controlarlo, es él quien nos tiene a nosotros. 
     No otra cosa ocurre con la muerte, que lejos de producir angustia, como en los existencialistas, en Heidegger es lo que debe ser visto claramente para tomar la decisión de conducirse según el llamado del ser que se manifiesta como mandato a través de la voz de la conciencia, que no es moral, pues nos exige llegar a ser, y no quedarnos en la mera existencia, en ese mero estar arrojados a un mundo que no elegimos y que en esta civilización contemplamos como un espectáculo fascinante y pavoroso.
    Pensar, entonces, no es para Heidegger caer en el hechizo de la visión mágica del mundo. A diferencia de los pensadores románticos tiene en claro que los dioses han muerto. Pero está a la espera activa de dioses nuevos, pues no cree que estemos en el fin de los tiempos. 
     El Ser es un trasfondo inagotable, cada época es una manifestación suya, y aunque el proceso no tiene un sentido único, tampoco puede detenerse. Por eso, más que un dormir, el pensar de Heidegger es un despertar del hechizo de haber llegado a la consumación de la humanidad con el dominio científico técnico del mundo. Su rescate de la poesía como otra modalidad del lenguaje que revela el ser en un mundo diferente no es un refugio frente a una realidad desencantada sino la muestra y el anticipo de nuevos recorridos, que deben seguirse tímidamente. 
     Heidegger es consciente de que la democracia ruidosa coexiste con el silencio del bosque, que la supercarretera no acaba con los pequeños senderos que sólo los habitantes de una patria conocen. El taller del artesano no desaparece con el surgimiento de la máquina, ni la tranquila contemplación del paisaje se acaba con la televisión, que acerca las informaciones de los lugares más distantes y las pone en un mismo aquí y ahora que solo es ruido y confusión.
     Hay muchos mundos en el mundo, y el pensar del filósofo no puede descuidar ninguno, pues es el pastor del Ser, y en su palabra da cobijo a todos los mundos.  

Photo by Quang Nguyen Vinh on Pexels.com

*Sobre Teroría en pocos minutos:

«Teoría en pocos minutos» es un grupo de autores** y estudiosos que busca difundir su conocimiento sobre humanismo y hacerlo accesible al público en general. Puedes seguirlos en: Teoría en pocos minutos.

**Sobre los autores:

Alejandro Segura Chávez. México, 1994. Redactor sobre Ciencia, psicología, filosofía, política, tecnología, literatura y poesía. Es Licenciado en Psicología por la Universidad de Guadalajara. Director del podcast Psico-Filosofando en Spotify. Divulgador en YouTube.

Daniel Omar Stchigel. Argentina, 1968. Redactor oficial en Noticias sobre Filosofía. Autor de más de veinte libros de filosofía fenomenológica y epistemología. Doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires. Profesor Universitario y Mágister en Psicoanálisis por la Universidad Argentina John F. Kennedy. Por catorce años fue profesor titular de Filosofía, Lógica, Antropología filosófica, Bioética, Deontología de la profesión docente y Desarrollo de las Corrientes Filosóficas. Es experto en Husserl, sobre quien basó su tesis de doctorado, y en Lacan, sobre quien hizo su tesis de magisterio.

Everardo Ivaán Contreras Brito. México, 1998. Redactor oficial de Crítica y Reseña Literaria. Recientemente publicó Poesía Estándar: Antología (2019). Licenciante de la carrera en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Chihuahua.

Francisco Tomás González Cabañas. Corrientes, Argentina, 1980. Ensayista. Licenciado en Filosofía por la USAL. Licenciado en Psicología por la UP. Licenciado en Ciencias Políticas por la UCA. Licenciado en Comunicación por la UCES.

Voces ensortijadas. 38. Los mundos en el corazón. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 38

Los mundos en el corazón

Por María Gabriela López Suárez

Joaquina estaba concentrada cortando las uñas de las manos a Benjamín. De fondo se escuchaba el canto de algunos pájaros que solían visitar el patio de la casa. Benjamín permanecía quieto mientras su mamá o papá le realizaban esa labor. Sabía muy bien que si se movía podrían lastimarle. A Joaquina le provocaba un poco de nervios esa tarea, por eso prefería estar en silencio. Esa mañana Benjamín rompió el silencio cotidiano.
     –Mami, ¿de qué tamaño es nuestro corazón?
En ese momento Joaquina había tomado la lima para seguir el contorno de la uña en turno. Mientras comenzaba a limarla, su  mente empezó a buscar respuestas. El pequeño tenía cuatro años y estaba iniciando con la etapa de preguntar el por qué de las cosas. Por su mente pasó la respuesta, empuña una de tus manos, suelen decir que ése es el tamaño del corazón de cada persona.  Sin embargo, le pareció que ahí estaba dejando fuera los sentimientos que caben y tienen lugar en el corazón. Trató de dar la respuesta que le pareció, en ese momento, más acertada y le dijo:
     –El corazón tiene el tamaño de un pequeño mundo.
Los ojos de Benjamín se fijaron en los de Joaquina,  que dejó de limar la uña del dedo meñique de la mano derecha y observó el rostro de asombro de su hijo.
     –¿Entonces, es como un mundo chiquito? ¿Podemos tener eso dentro de nosotros? Pero… ¿es algo mágico?
Ahora el rostro de asombro pasó a ser el de Joaquina, ante tantas preguntas.  Lo sentó sobre sus piernas. 
     –Todas las personas llevamos un pequeño mundo en nuestro corazón y es mágico como dices. Imagínate, es un órgano importante para la vida, es muy trabajador, bombea la sangre a todo el cuerpo, todos los días, de mañana a la noche. Y en él viven cada una de las personas que amas, mamá, papá, abuelitos, hermanos, hermanas, tías, tíos, amigos, amigas, mascotas, gente que vas conociendo mientras vas creciendo.
     –¿Todo eso cabe en el corazón?
     –Y me falta más, los lugares que conoces, paisajes, cuentos, adivinanzas, juegos… Y también ahí se guardan a veces los momentos que no son felices. Cuando vayas creciendo irás descubriendo los mundos en el corazón.
Benjamín se quedó escuchando, volteó a verla, sonrió y le dio un beso. Joaquina no supo si era por haber quedada respondida su pregunta o porque  simplemente le había nacido hacerlo.  
     –Bueno jovencito, seguiré cortando tus uñas, venga esa mano izquierda.
Photo by Porapak Apichodilok on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 38. Mujeres, hombres, niños. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 38

Mujeres, hombres, niños

Héctor Cortés Mandujano

 

En Alice (1990), escrita y dirigida por Woody Allen, la protagonista, una rica que siente que consume su vida en vanidades, decide escribir y toma un curso; cuando intenta concretar su pensamiento ante la máquina aparece su musa (vestida en el absurdo anacrónico con que nos la representa la antigua cultura griega) y le dice que su profesor no tiene intenciones de enseñarla, que sólo quiere acostarse con ella. 
     Alice, interpretada por Mia Farrow, la contradice y afirma que su maestro es muy profundo. 
     La musa, nada sutil, retoma el término: “Profundo es donde te la quiere meter”.
 
***
 
Antes de medianoche ((Before Midnight, 2013, dirigida por Richard Linklater), es la tercera cinta de la magnífica trilogía que comprende, además, Antes del amanecer y Antes del atardecer. 
     En una de las escenas, frente a una mesa donde comparten la sal y el vino (la película transcurre en Grecia), conversan varios personajes. 
     Una mujer cuenta que su mamá, enfermera, era quien recibía a los que volvían de la anestesia, luego de una operación por accidente. 
     Las mujeres, le contó su madre, lo primero que hacían al abrir los ojos era preguntar por sus hijos, por su marido, por los otros involucrados. 
     Los hombres, apenas volver a la realidad, buscaban con la vista si nada les había pasado en el pene.
 
***
 
Luis Buñuel fue muy amigo de Salvador Dalí y de Federico García Lorca, aunque con él tuvo problemas, porque no aceptaba su homosexualidad. Un perro andaluz (1929), la primera película escrita por Dalí y Buñuel, y dirigida por éste, se supone que fue una especie de insulto a García Lorca, según Ian Gibson, en Luis Buñuel. La forja de un cineasta universal (1900-1938), enorme y cuidadosa investigación de casi mil páginas (Debolsillo, 2015). 
     Luego Buñuel dijo que Lorca no sólo era un artista, sino que, al margen de lo genial que era su poesía, su teatro (p. 173), “la obra maestra era él […] Cuando lo conocí, en la Residencia de Estudiantes, yo era un atleta provinciano bastante rudo. Por la fuerza de nuestra amistad él me transformó, me hizo conocer otro mundo. Le debo más de cuanto podría expresar”.
     García Lorca publicó un poema surrealista en La gaceta Literaria (15 de enero de 1929), que se refiere a los hijos (p. 308): “Es necesario tener doscientos hijos y entregarlos a la degollación. Solamente de esta manera será posible la autonomía del lirio silvestre”.  

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

La desgarradura. Por Antonio Florido

Por Antonio Florido*

La desgarradura

La infancia encajonada, atraída en la distancia que otorgan los años, un cuadro arriba, en apariencia sencillo, uno de esos cuadros por el que casi todo el mundo pasaría deprisa en un museo. El pintor ha inventado un gris, un tono difuso, apagado, melancólico, para mí, que me limito a mirar, a ver, a observar el dibujo tirando de mí, atrayente, en su esencia desprendida. Y de pronto me detengo, a pesar de que me queda poco tiempo y de que el museo es enorme, el dibujo me atrapa y me obliga a volcar la mirada, a sentirla. Dos tarros de vidrio, de ese vidrio antiguo que aún no conocía bien el plomo y su magia, traspasando dos cabezas cortadas, de venganza, de odio, o de tristeza y de añoranza por lo perdido sin remedio. Abajo, escrutando sonriente como sólo lo saben hacer la ignorancia y la envidia, un ser espantoso, risueño, que acapara la visión y la enmudece. Cuatro esquinas abandonadas sobre la pared del museo, pendiente la tela de unos hilos finísimos, casi invisibles.
          Hay muchas personas que, como yo, lo miran. Pero luego siguen su prisa en la comedia de esta vida que te empuja, como en un circo donde el espectáculo sigue y sigue, sin pausa, hasta la desmesura, hasta que sientes llegar las arcadas que anuncian tu derrota.

Un pintor se detuvo, antes que yo, frente al lienzo, cuando éste se mostraba desnudo. Intentó algún trazo después de unos días frenéticos y de unas noches olvidadas, un hombre insomne, imaginando la locura tomando la forma engañosa de la cordura, para que después, con el tiempo, los demás comprendan. Ese pintor, solamente esboza, traza, figura sobre la tela, es decir, pinta, sólo eso, sin más, con el terror aún en el cuerpo, incapaz de sacar al exterior toda la savia de lo misterioso. Así, su cuadro no ha dejado nunca de ser un mero cuadro más, como tantos y tantos miles y millones de dibujos de niños grandes que juegan a entretenerse.
          Sin embargo, en este lienzo que observo hay algo distinto, algo que huele a destello, tal vez un grito callado, un lamento con los labios cosidos, una desgarradura del alma cuando desea salirse del cuerpo. No se trata, pues de un simple cuadro. Es arte. Una obra de arte. Porque el arte debe nacer del sufrimiento, del dolor, de la duda certera y perseverante, de la incongruencia, de la exacerbación. El arte, la obra de arte, no está hecha para la ignorancia. Huye de ella, se esconde, disimula, se oculta, desdeña a las masas que no comprenden -en la estulticia y en la embriaguez de las cosas terrenales- el dolor del artista cuando busca la soledad para abrir la cremallera de su pecho.
          Niña con cabeza de burro que mira de soslayo. ¿Es ella la que observa o el bruto? ¿Quién? Y un niño escondido, temeroso, que también huye de la esencia de la pincelada porque sabe con la inocencia de sus años, que más tarde que pronto estará ahí para siempre, representado con su atuendo ridículo, enorme, monstruoso. La inocencia me clama aquellos años del recuerdo. Tal vez no se trate más que una quebradura del artista al que se le irá, al que se le va, al que se le fue el padre, hace tanto. Quizás aparezca el recuerdo de un vigilante que le intimida detrás de la ventana, no sé, no sé, de manera insistente, abstrusa, engreída, un vigilante de mirada incisiva, acaparadora. Pero esas cabezas a cuajo es la pura ejecución donde el arte se ha desprendido de la mano del artista. Imagino el esbozo y los trazos principales, la figurativa y hermosa simetría, la belleza buscada; imagino, digo, insisto, el pincel sobre la paleta cargada de colores, con las cerdas retorcidas, la mano y los dedos apretando rabiosos sobre los distintos matices que ansía, y después, el aire roto porque el pincel se acerca lentamente a la tela y la besa suavemente, en un amor callado, en un odio callado, y todo lo forma con el nervio de sus brazos, por no querer gritar, por no querer llorar ni lamentarse, por renunciar a la rajadura que se presenta, inesperadamente. El artista destroza el pincel sobre la tela buscando precisamente esa pincelada impar, la pincelada del desempate, de la tristeza sacada de dentro, en el estudio lleno de recuerdos que suspiran, que gimen, que ruegan porque ese artista sea capaz de expresarlos en una simple tela sin marco.
          Una realidad subsumida en la plena realidad no necesita límites, ni separaciones, ni simulacros. Es ella. Ella misma la que se manifiesta de manera inconcusa como desdoble de la plena realidad aparente. La gente sigue pasando delante del lienzo, apenas una ligera mirada, y el temor a quedarse parado delante porque tal vez imaginen que sentirán lo mismo que yo, cuando lo hago.
          No intento analizar la obra, eso lo dejo para los expertos, para los pintores, es decir, para esos artistas fracasados que lo único que saben es pintar. Yo me limito a observar, a sentir, a padecer la enfermedad crónica que ya entró en mí. No hay por tanto, remedio. Estoy infectado. El arte es eso. Y cuando alguien lo consigue, se separa de la masa, y se sabe liberado. Ya la obra es ella misma. Un ente distinto. Sin nombre. ¿Acaso se puede nombrar el latigazo de un rayo, o la hermosura de una puesta de sol, o una mañana que se encara y se despereza ante ti? Hay cosas innombrables. Y el arte es una de ellas.

Vale.
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Ilustración: Luis Camacho Campoy

Sobre Antonio Florido Lozano

Narrador, ensayista y poeta.

Antonio Florido Lozano nació en Carmona, España, en 1965. Desde 2011 ha publicado ocho novelas y tres libros de cuentos. Su obra ha merecido una docena de premios nacionales en España. Su novela Blattaria (2015) fue llevada al cine en 2019 en una coproducción perruana-española. Afirma ser “un autor neoexistencialista que aborda asuntos éticos y de actualidad, como la violencia (interior, de contexto y doméstica), el maltrato a los ancianos, la muerte digna, la intolerancia hacia la homosexualidad, la decadencia moral del ser humano…”, y le gusta ser considerado “un escritor vertical y conceptual”.

Colaborador habitual de numerosas revistas de arte y literatura de varios países hispanoamericanos, desde hace quince años es también columnista del periódico digital español www.periodistadigital.com.

Sobre Luis Camacho Campoy

En la obra gráfica de Luis Camacho, ya sea en sus cuadros o dibujos, el óxido y la herrumbre, la suciedad y el metal se convierten en la pátina de la tristeza que cubre, absolutamente todo el universo agónico de un ser que espera; dejando, en larga agonía, habitaciones, puertas y pasillos vacíos sin retorno, sin un principio ni un fin, como ojos que al mirar exhalan angustia y olvido.

Soledad plúmbea habitada por una luz azulada y tibia, que tímidamente e inevitable ante las miradas, asoma por un escueto ángulo hacia la vida y la esperanza.

Lo puedes seguir en la Web: www.luiscamachocampoy.com

Voces ensortijadas. 37. Los paisajes sonoros en lo cotidiano. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 37

Los paisajes sonoros en lo cotidiano

Por María Gabriela López Suárez

El movimiento de las hojas meciéndose al ritmo al que caía la llovizna arrulló el sueño de Violeta esa noche. En algún momento de la madrugada despertó, no supo el motivo, se quedó atenta, ya no escuchaba la lluvia. ¿Acaso había cesado? Se sintió extraña de no escuchar ningún sonido, ni siquiera el de sus perritas que solían hacer sus rondas nocturnas afuera de casa. Por instantes, entre el aturdimiento del despertar repentino y el silencio que percibía pasó por su mente que quizá había perdido el sentido del oído. A lo lejos, muy lejos, le pareció escuchar los ladridos de los perros vecinos. Eso se convirtió en su nuevo arrullo y la mente dejó de preocuparse.

A la mañana siguiente estaban ahí el trinar de los pájaros, el rasguño de las perritas en la puerta en señal de pedir el desayuno. Violeta amaneció contenta, podía escuchar los distintos sonidos. Mientras daba de comer a las perritas se percató que aunque el cielo estaba nublado, se comenzaba a asomar  el sol en alguna parte. Ese rayito de luz era un gran regalo. Escucho el silbido del viento, al instante que sus pasos iban creando sonidos al entrar en contacto  con el lodo del patio, la lluvia por más de dos días había dejado sus huellas de manera contundente. 

Violeta fue poniendo especial atención a cada ruido que escuchaba, el camión repartidor del gas no descansaba ni en fines de semana. Los cantos de los pájaros le parecieron como una interpretación de improviso donde se encuentran los artistas  y  deciden hacer un palomazo. Cada entonación era bella, de vez en cuando se unían los cantos de los gallos.

El frío de la mañana le hizo apetecer un ponche de frutas, así que comenzó a prepararlo. El sonido del cuchillo cortando las manzanas, guayabas y jengibre, también estuvo en su atención. Puso a hervir la bebida y recordó que la jarra cambiaba de tono cuando ponía a preparar el café. Mientras estaba en esa reflexión escucho las pisadas de Manchas y Gringa, se hacían presentes dejando huellitas de lodo en la sala, entraban   y salían.

Mientras limpiaba las huellas, Violeta seguía atendiendo a los sonidos, el agua, el trapeador al limpiar el piso, al exprimirlo. Su sentido del olfato le recordó que había puesto a hervir ponche.  Se lavó las manos, se sirvió ponche, el sonido de verter la bebida en la taza y revolver la fruta le recordaron lo que su amigo Pepe le había comentado sobre la radio. La radio tiene elementos básicos, voz, música y efectos y el silencio también juega un papel esencial. Los paisajes sonoros en lo cotidiano eran una especie de inspiraciones para la radio, pensó en las radionovelas o en los radiocuentos. Se sintió muy afortunada de poder escuchar todos esos paisajes sonoros en su día a día. Comenzó a beber su ponche, le había quedado muy rico. Volvió la vista a la sala, de nueva cuenta tendría que hacer aseo, las huellas decorativas habían regresado.





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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 37. Música, política y poesía en Calabacitas tiernas. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 37

Música, política y poesía en Calabacitas tiernas

Héctor Cortés Mandujano

 

En Calabacitas tiernas (¡Ay, qué bonitas piernas!), de 1949, dirigida por Gilberto Martínez Solares, su estrella principal, Germán Valdés Tin Tan, hace tres referencias que seguirán existiendo muchos años después en la música popular, en la política mexicana y hasta en la alta poesía.
            La primera es su grito de batalla que, con algunas variantes, usa en otras películas: Aquí está su pachucote. Lo dice en Calabacitas… cuando ha decidido suicidarse, pero empieza a ver pasar muchachas bonitas. A quien dirige su grito, incluso, se va corriendo y deja tirada su bicicleta. Ese grito lo usa el grupo de ska mexicano La maldita vecindad y los hijos del quinto patio en su célebre canción “Pachuco”, que es parte del famoso y emblemático disco El Circo, que esta agrupación puso a circular en 1991. La película y el disco forman parte de la lista de las/los cien películas/discos mejores de nuestro país.
            La segunda es cuando finge ser un empresario (un poco porque lo obligan, un poco porque le conviene) y, para que quede claro que él es quien todo lo puede, dice: Me canso ganso, dijo el zancudo, cuando volar no pudo… La frase Me canso ganso la usó Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, en su toma de protesta, el 1 de diciembre de 2018, lo que ha dado lugar a un sinnúmero de especulaciones sobre el sentido en que la dijo. [No quiero decir que Tin Tan haya inventado la frase, porque no lo sé, pero evidentemente él, con esta película, la popularizó. También la usan en otra peli, No me defiendas, compadre (1949), de Tin Tan.]
            La tercera es al revés: Tin Tan, dado su carácter de improvisador, o Gilberto Martínez Solares (quien también es autor del guion, junto con Eduardo Ugarte y Juan García) le hacen un homenaje al enorme poeta chileno Vicente Huidobro y concretamente a su espectacular poema Altazor o El viaje en paracaídas, publicado en 1931, que en uno de sus versos dice: “Los cuatro puntos cardinales son tres: el sur y el norte”.  Tin Tan revisa las fotos que un representante de artistas le muestra. Cuando le enseña las fotos de dos señoras mayores y un poco excedidas de peso, el representante obsequioso opina: “Derrochan temperamento y gracia por los cuatros costados”, y Tin Tan responde: “Sí, por los cuatro puntos cardinales, que son tres: éste y el otro”.
            Como en muchas de sus películas, en ésta todo ocurre en un desorden, en un caos que al final tiene un arreglo, un equilibrio precario. El título corresponde a los dos Tin Tan (el real y el de un espejo encantado, quien canta, conversa y se burla de su sosias). Cuando Rosita Quintana, hermosa y simpática, sale de su cuarto, un Tin Tan le dice “Calabacitas tiernas”, en alusión a su fresca belleza, y el del espejo completa: “¡Ay, qué bonitas piernas!”.
            [Lo de las piernas era tan cierto que Luis Buñuel las muestra a todo lo que dan en una escena inolvidable de Susana, carne y demonio, de 1951.] 
 
***
 
En otra película del mismo cómico, El gato sin botas (1956), canta él una canción de Chava Flores que dice: “Yo soy el pirata de pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo”, que repitió, muchos años después, palabra por palabra, Joaquín Sabina en su canción “La del pirata cojo”. No sigo porque, como dijo Nietzsche, la repetición es infinita…

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración: Alejandro Nudding.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com