Revista

Líneas de desnudo. 5. Deseo de fuego. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 5

Deseo de fuego

Manuel Pérez-Petit

Hago una breve cesura en mi serie ensayística acerca de la distopía –no tan distópica, como se puede y podrá comprobar–, a la que regresaré la semana próxima, para detenerme por un día, hoy, 25 de diciembre del nefasto año 0 de la era de la p., perdón, pandemia, al borde del año 1 d.p. –d.p. corresponde a ‘después de la p. pandemia’–, al fin y al cabo, en este nuevo calendario al que habremos de acostumbrarnos, lleno de oscuridad y apenas llama, desarraigo del sentido del tacto, emponzoñamiento general y enfermedad mental más que vírica entre otras lindezas, pero también, miren por dónde, de posibilidad de crecimiento interior y de ver más que de mirar con ojos nuevos; para detenerme, digo, al final de un año en que hemos conocido más grises que nunca en nuestras vidas y los colores se nos han han desvaneciendo como por efecto de magia, provocando en muchos tanto dolor como ilusiones de nuevos horizontes no tan futuros, cuando no la propia negación, o, lo que es peor, incluso la autonegación, pues, entre otros motivos, eso de mirar hacia adentro, no por decisión propia sino casi por decreto, en demasiadas ocasiones resulta incluso peor que indigesto; para detenerme, digo, en unos seres que no son cuento ni apenas fantasía, aunque ésta los ha hecho arder por todas partes desde tiempos inmemoriales.
     Son reales; yo los he visto paseando con Sibelius y con sangre –y ni se imaginan cómo– en un bosque al borde del lago Inari, en Laponia, junto a iglesias de madera sin repintes y caminos sin retorno; en el desierto de Juárez, perdido en flores sin igual con Jorge Luis Borges junto a El Paso y el recuerdo de los centauros del desierto; en el claroscuro de las orillas imparables del río Paraná en Zárate o en Corrientes, caminando con Macedonio por avenidas y avenidas de divertimentos; en los manglares de Nicaragua, de Rama a Bluefields, con Cardenal recitando versos arrodillados; en los brazos de un Dante sometido a exilio junto a la cúpula imposible de Brunelleschi; comiendo salmón en Estocolmo con Greta Garbo, su reina Cristina; en los palmerales de Palm Springs, paseando por N Indian Canyon drive bajo chorros de vapor de agua a cincuenta grados a la sombra y en el parque de atracciones de Santa Mónica, subidos a la noria de los deseos; bajando la Cordillera –así, con mayúscula– a punto de entrar y extraviarme en el barrio Lastarria de Santiago; en las hordas de trigales de los campos de Castilla, a dónde ni Machado llegó; en los rincones más escondidos de mi imaginación por el pirineo navarro, camino de Roncesvalles y la retaguardia del ejército de Carlomagno; ahogado en máscaras en la plaza de San Marcos, a punto de entregarme en incondicional armisticio a los canales de mármol más famosos del universo; desorientado en la Alhambra pese a que me acompañaba Washington Irving; subiendo las rampas de la Giralda tras las manzanas de oro; adentrándome en los volcanes más voluptuosos de Costa Rica tras haberme enamorado en Tortuguero, tan cerca de Limón que hasta la música escuece… Los he visto saltar de las páginas de docenas de libros al sillón en que estaba sentado para que les abriera hueco o ponerse a mis pies, encenderme la pipa o un cigarrillo y hasta asar castañas, para deleite de las fiestas invernales bajo inmensas nevadas incluyentes. He volado con ellos, me han rescatado de las fauces de demasiados peligros a los que estoy, por otra parte, acostumbrado a exponerme, los he abrazado tantas veces como días tiene mi consciencia y hasta, a veces, dormido en sus lomos o incluso besado en la boca. 
     Quizá por ello soy uno de ellos también, el menor de entre los de su especie. Los conozco bien. Cuando estuve solo estaban conmigo y cuando estuve en multitudes se subían a mi espalda, donde luchaban con mi ángel de la guarda para ver quién podía más y podía conmigo. Pese a lo que se pueda colegir de esto último y contra la opinión generalizada, son seres de bondad, dotados de gran nobleza y fuentes de calor inigualables. 
     Yo deseo que esta Navidad sea la de la conjura de los dragones, que tienen la ventaja de que nadie cree que existan, pero yo puedo atestiguar que sí. Y quizá eso explique muchas cosas. Deseo que su llama inextinguible sea la que nos contagie y nos ponga la corona de triunfantes reyes de la existencia. Que ardamos como los seres gestantes que en realidad somos, que construyamos con fuego una nueva vida. No para llevar la contraria a la p., que al fin y al cabo es, por lo visto, aún inevitable, sino para apostar, el día en que conmemoramos el nacimiento del Niño-Dios, como nunca antes, por la vida.


   
Fotografía: © M. P.-P., 2009

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Voces ensortijadas. 48. El regalo de la tia Toñi. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 48

El regalo de la tia Toñi

Por María Gabriela López Suárez

Faltaban pocos días para la celebración de la Navidad, Maribel estaba triste, la situación económica en su familia no era buena y eso le había impedido ahorrar para los regalos que le gustaba compartir. A sus nueve años había aprendido a ahorrar desde dos años atrás, Mónica, su hermana mayor, le había enseñado.
     Mientras pensaba cómo podría hacer para tener regalos, escuchó el sonido del timbre de su casa. Se asomó en la ventana y vio que era la tía Toñi, hermana de su mamá. Abrió la puerta.
     –Buenos días hija, ¿cómo están?
     –¡Hola tía Toñi! Bien, ¿y tú? Pasa, por favor.
     El rostro de Maribel reflejaba tristeza. La tía Toñi entró a casa, les llevaba una jarra con arroz con leche que había preparado. Era una de sus especialidades. Ambas se dirigieron a la cocina.
     –¿Y la demás gente en esta casa? ¿Acaso siguen durmiendo?
     –No tía, salieron al mercado. Yo preferí quedarme, no me siento con ánimo.
     –A ver hija, ¿qué te pasa? Ya me preocupaste. Eso sí que es raro, a ti te encanta salir. Cuéntame, tal vez pueda ayudarte.
     Los ojos de Maribel  se fijaron en la tía Toñi que había servido dos tazas con el arroz con leche preparado y le invitaba a sentarse para platicar.  La niña sintió un halo de esperanza con la llegada de la tía Toñi. Le explicó que no tenía dinero suficiente para comprar los chocolates y las galletas que año con año decoraba y regalaba a su familia. No se le ocurría qué otra cosa podría regalarles, su alcancía estaba prácticamente vacía.
     –¡Ay Maribel! Así que eso es lo que te tiene atormentada.
     –¿Te parece poco tía?
     –No quise decir eso, más bien no es para que te angusties. Te contaré una experiencia, me pasó algo similar. Pero vamos niña toma tu arroz con leche que se enfría.
     –¿En serio tía Toñi?  Platícame. 
     Mientras cada una iba degustando su bebida, la tía Toñi le compartió una anécdota de su  infancia, cuando era el cumpleaños de su mamá y al no tener dinero para comprar un regalo  se le ocurrió que no siempre era necesario regalar algo comprado, también podría ser algo elaborado por ella. Así que empezó a juntar los retazos de papel crepe de diversos colores que tenía e hizo un ramillete de flores. 
     El rostro de Maribel fue cambiando mientras escuchaba a su tía, sus ojos tenían otro brillo. Recordó que guardaba hojas de diferentes colores y pegatinas que le habían regalado en su cumpleaños. Además contaba con  lapiceros de colores, crayolas, tijeras y pegamento. 
     –Tu abuelita se sintió muy contenta con ese ramillete de flores y lo conservó muchos años hasta que fueron perdiendo el color. Lo más valioso es la intención con la que haces el obsequio, aunque sea un detalle sencillo. Así que niña, seguro que tú puedes hacer algo.
     –¡Qué bonito detalle para la abuelita! ¡Muchas gracias tía Toñi! Eres mi ángel navideño. Yo no sé hacer flores, pero si me gustaría elaborar unas tarjetas, tengo los materiales para hacerlas. 
     Maribel se levantó para abrazar y besar a su tía Toñi, quien le correspondió. Ambas sonrieron.
     –Por cierto tía, casi me olvidaba, muchas gracias por el arroz con leche. Te quedó bien rico, como siempre. 
     –Por nada hija. Recuerda que las penas con pan son menos.

Fotografía: Xanty Mendoza

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 48. Dos apuntes sobre el amor y una mujer. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 48

Dos apuntes sobre el amor y una mujer

Héctor Cortés Mandujano

Mejor destino son los besos que la sabiduría

E. E. Cummings, en «VII:208»
  

Dice Fidalma, una de las personajas de mi obra de teatro Trascripción, Palimpsesto:
“Era su rostro un pedazo de piedra. Sus ojos, si no te veían, daban lo mismo abiertos que cerrados. Así tal vez su corazón. Un mármol, una laja de monte donde ningún sentimiento había puesto su impronta. 
          “La nada era su expresión.
          “No hablaba con nadie y tal vez su cerebro nunca poseyó una idea propia. No se puede saber. Yo viví con él y era como si fuera un dios oscuro, dormido, a punto de despertar. Fue mi hombre porque fue el único que me interesaba: ¿cómo perder el tiempo con alguien que se sabe las canciones de moda, que ve televisión, que cree que es importante leer o ver películas? Él era una fortaleza inamovible. Cuando ponía sus ojos en mí, pensaba que así miraban en el pasado infinito las esfinges, la Gorgona, los monstruos desaparecidos. Era impenetrable y por eso lo amaba…”.
 
***
 
Leo El banquete (Ediciones Folio, 2006, traducción de Luis Gil), de Platón que, en realidad, como se sabe, es uno de los famosos diálogos de Sócrates, que escribió su alumno Platón.
            Lo he leído varias veces (y he escrito sobre los tres sexos y el nacimiento del amor, según Aristófanes, que es uno de los comensales, en varias ocasiones) y ahora de nuevo hallo que compartir contigo lector, lectora.
            Fedro, otro de los comensales, es quien dice esto (p. 26):
            “Y es hombre vil aquel enamorado vulgar que ama más el cuerpo que el alma y que, además, ni siquiera es constante, ya que está enamorado de una cosa que no es constante, pues es tan pronto como cesa la lozanía del cuerpo, del que precisamente está enamorado, se marcha en un vuelo, tras mancillar muchas palabras y promesas. En cambio, el que está enamorado de un carácter virtuoso lo sigue estando a lo largo de toda su vida, ya que está inseparablemente fundido con una cosa estable”.
 
***
 
En una de las famosas sesiones de A fondo, entrevistas realizadas por el periodista Joaquín Soler Serrano, entre 1976 y 1981, conversa con Octavio Paz, en 1977, y éste responde a la pregunta de Soler: De los personajes históricos de México, ¿cuál es el que resulta más grato a la sensibilidad de Octavio Paz?
            —Una mujer, que además no pertenece a la historia de México, sino a la literatura: sor Juana Inés de la Cruz. Me parece que es la persona más importante que ha tenido no sólo México, sino incluso la América de habla española.  

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración de HCM
Ilustración: HCM

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Líneas de desnudo. 4. Distopía II: No tan del pasado. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 4

Distopía II: No tan del pasado

Manuel Pérez-Petit

Ejemplo de toda esta reflexión acerca de la distopía y la realidad y paradigma de que la distopía no sólo se presenta ya en escenarios futuristas, Juego de Tronos, los libros y la serie de televisión, han derivado en estos últimos  años en un fenómeno merecedor de estudio aparte. Se trata de un monstruoso drama de fantasía, aderezado con grandes dosis de violencia basado en la saga literaria creada por George Raymond Richard Martin, más conocido como George R. R. Martin (New Jersey, Estados Unidos, 1948), prolífico autor que alcanzó la fama universal con Canción de Fuego y Hielo, una saga que comenzó a publicarse en 1996. La opera magna de Martin cuenta una historia en tercera persona desde los puntos de vista de más de 30 personajes. En cuanto a su valor literario, Martin ha sido criticado por su exuberancia en la descripción de los blasones, la indumentaria y los lemas de las casas que integran su universo. Pero su escritura es atrapante y fresca, y quizá ahí radique el éxito de la obra, cuya inspiración se encuentra en el medievo inglés en torno a la llamada guerra de las Dos Rosas, nombre acuñado en el Romanticismo al enfrentamiento armado de las casas de Lancaster y de York por el trono de Inglaterra, en la sucesión de Eduardo III y que daría lugar a la entronización de Enrique VII, padre de Enrique VIII, y en la que muchos consideran de manera errónea –y algún día hablaremos del concepto saga– la madre de todas las sagas de la literatura fantástica: El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien, asunto éste –el de la “madre”– que merecería otra reflexión adicional, pues en este caso de las distopías y la literatura fantástica –dos asuntos, no uno, aunque a veces entren en convergencia–, al contrario que en el Derecho natural, madres no hay nunca solo una.
    La geografía de Juego de Tronos consiste en dos continentes: Poniente, donde se establecen los Siete Reinos, monárquicos y con una estamento nobiliraio de gran influencia, Y Essos, una tierra muy extensa que alberga culturas arcaicas y salvajes que se rigen más por métodos de conquista y esclavitud. Hay tres líneas argumentales en la saga: la crónica de la guerra civil dinástica por el control del Poniente entre varias familias nobles, en donde el principal ente catalizador es Tyrion Lannister, el enano más listo del reino, la creciente amenaza de los llamados “Caminantes blancos” y de los salvajes, apenas contenida por un inmenso muro de hielo que protege el norte, custodiado por la Guardia de la noche, una orden que acoge a proscritos, violadores y personas en busca de redenciones personales y cuya figura principal recae en el bastardo de Invernalia: Jon Snow, y, por último, el viaje de Daenerys Targaryen, la hija exiliada del rey que fue asesinado quince años antes en otra guerra civil anterior al comienzo de la historia, que busca regresar a Poniente a fin de reclamar sus derechos. Las tres historias interactúan entre sí y son codependientes, en un marco de unicidad fragmentada en que se desarrolla toda esta historia de historias, en la que los personajes son complejos y están inmersos en un proceso de desarrollo constante, cambios de trama violentos y repentinos e intrigas políticas que bien podrían hacer reflexionar no sólo por sí mismas sino en relación al presente y a un probable indeseable futuro, con bases llenas de realismo. En su complejidad estructural, los protagonistas están sometidos a un constante vaivén de situaciones que les lleva a tomar decisiones que casi nunca están fundamentadas en virtudes o valores sino en la conveniencia y a veces como medidas de último recurso. La moral es un eje que juega un papel tan secundario que incluso en el contexto se puede considerar desprestigiado. La violencia, el incesto, la religión y la sexualidad se convierten en elementos indispensables, y la magia cuenta con un protagonismo en el desarrollo argumental muy leve y hasta sutil, llena de ambigüedad y oscuridad, por lo que aparece –al contrario de lo que se podría presuponer– en muy contadas ocasiones, lo cual marca una distancia significativa entre Canción de Fuego y Hielo y otras historias adscritas al género fantástico. El eje central no es la lucha entre el bien y el mal, sino la lucha política y la guerra civil, o sea, que la obra está concebida como un universo que se mira a sí mismo, y en ellas apenas aparecen –casi ni siquiera sugeridas- amenazas externas. Y eso también da para pensar, y no poco.
     Resulta cautivante la cantidad de fronteras que esta historia ha traspasado. No podemos negar que fue gracias a su adaptación televisiva que los libros cobraron importancia mundial. Y esta adaptación, concebida por los productores David Benioff y D.B. Weiss, ha demostrado que la gente está ansiosa por consumir historias complejas, saturadas de personajes y situaciones, que poco a poco se van entretejiendo. Aderezada con una banda sonora de primera, a cargo de Ramin Djawadi, y por los directores que han estado a cargo de los episodios durante sus temporadas, Juego de Tronos es una joya audiovisual que merece la pena ser vista y estudiada. 
     Y ahora más que nunca, puesto que parece no una historia basada en el pasado sino una crónica de la más rabiosa actualidad mundial. Y si no, enumeren cuantas similitudes puedan existir entre Juegos de Tronos, una hitoria distópica en un escenario del pasado, con lo que hoy ocurre y está ocurriendo en el mundo.

(Continuará…)

   
Fotografía: © M. P.-P., 2008

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

El mundo que se fue. 1. Una pasión en el desierto. Rafael Corzo Espinosa

El mundo que se fue/ 1

Una pasión en el desierto

Rafael Corzo Espinosa

 

Cuando el ejército francés al mando del gran corso Napoleón Bonaparte iba a la conquista de Egipto, cruzaron el desierto del Sahara y, cuentan que al pasar por las colosales pirámides les gritó: ¡Soldados de Francia, cuarenta siglos de historia os contemplan!
     Un soldado de la retaguardia quedó rezagado y se perdió en las dunas. Vagando, llegó a un oasis en el que había agua y palmas datileras, y una pequeña caverna.
     El caballo del soldado había muerto antes de llegar al oasis, así que tuvo que guarecerse en la caverna y sobrevivir comiendo dátiles.
     La primera noche escuchó maullidos, al poco rato vio asomarse a una leoparda. Echó mano a la balloneta pero el felino mostró una  actitud pacífica y se acercó restregándose en las piernas del soldado, ronroneando como una gata. Pasaron varios días y se estableció entre ellos un extraño romance. 
     La leoparda salía a comer la carne del caballo y por eso estaba tranquila, pero cuando se terminó ya miraba al soldado de manera extraña, éste al sentirse amenazado la hirió con la balloneta.
     La leoparda cayó, herida de muerte, miraba al soldado como diciendo: ¿Por qué me has matado?
     El militar dejó el oasis y cerca de ahí fue encontrado por un regimiento de franceses e incorporado a las filas.
     De ahí en adelante, el soldado vivió atormentado por crueles remordimientos que no lo dejarían nunca.
     Al terminar la campaña de Egipto, el protagonista de esta historia, contaba en los cafés de París, su gran tragedia, con lágrimas en los ojos.

Este curioso relato fue escrito por Honoré de Balzac, uno de mis autores favoritos.  
   
Fotografía: T.C., «Encarcelar la llamarada» de Rafael Corzo, 2013.
Fotografía: Tania Corzo

*Sobre los textos:

Los textos y las fotografías a la obra del maestro Rafael Corzo que estaremos publicando en esta columna fueron proporcionados por Tania, hija del artista, y son parte de una libreta en la que el escultor escribió varias notas en los últimos meses de su vida. Nos sorprende que muchas de las citas que realizó fueron directas de su memoria ya que el maestro no consultó ninguna fuente ya fuera escrita o digital, por una lado hacía tiempo que había donado su biblioteca personal, por otro, no era proclive a usar la Internet ni tecnologías modernas digitales.

El artista falleció el 19 de septiembre de 2020. Agradecemos a la familia Corzo por permitirnos compartir estos textos.

*Sobre el autor:

Rafael Corzo Espinosa

Escultor

Nació en la ciudad de Villaflores, Chiapas en 1938. Falleció el 19 de septiembre de 2020 en Copoya, Chiapas, México.

Dominó la acuarela y el dibujo desde muy chico. Siendo adolescente asistió a la clase de dibujo en la antigua prevocacional donde desarrolló y aprendió técnicas como la sombra, perspectiva, centrado, proporciones, etc. Después se trasladó a la Ciudad de México donde recibe un taller libre en la Academia de San Carlos. Posteriormente se trasladó a Copoya, Chiapas, donde comienza a ensayar la escultura con cemento, material que siempre pensó que tenía grandes cualidades plásticas. Después desarrolló una técnica usando malla metálica cernidora, que bautizó como “Ferro Cemento”, otra innovación fue policromar las figuras y sombrearlas.

Realizó diversas exposiciones individuales, listamos algunas: «El mundo que se fue», 2016; Café Galería “El rumbo” 1997 (escultura); “Forma y colorines”, Café Galería “Este sur”, 1998; “Del juguetero” Museo Hermila Dominguez, Comitán, 2000; “La trilla del primate”, enero, 2005; “La talacha del Corsario”, Congreso del Estado; “Apocalipsis”, Galería UNACH, 2001; “De Centauros; Mitos y Reales” –  Centro Cultural Jaime Sabines, 2006; “La escultura en la tecnología” Museo Chiapas de Ciencia y Tecnología, abril, 2007; “La trilla del primate” Museo Chiapas, noviembre, 2008; “Apocalipsis” Museo de Arte Hermila Domínguez, Comitán, Chiapas.

Polvo del camino. 47. Buenos días, medianoche. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 47

Buenos días, medianoche

Héctor Cortés Mandujano

El cerebro tiene pasillos más grandes

que los pasillos reales

Emily Dickinson, en el poema 670
  

Emily Dickinson es una de mis poetas de cabecera. Compro cualquier libro que me encuentro de ella y lo leo, aunque casi todos los poemas ya los haya leído o los conozca. Son breves y hermosos, y los escribió para sí misma, que es la mejor forma de hablar de ella, de mí y de cualquiera.
            Y esto no es mera retórica.
            Nació y murió en Amherst, Massachusets, EE. UU. (1830-1886). Pasó la mayor parte de su vida en casa, sin casi salir de ella, sin dejar su pueblo natal; en los últimos años, casi no salía de su habitación. Nunca se casó y sólo tuvo amigos por correspondencia. 
            Excepto cinco de sus poemas (tres de ellos publicado sin su firma y otro sin que la autora lo supiera) su voluminosa obra, de casi mil ochocientos poemas, permaneció inédita hasta después de su muerte. Su escritura no respetaba las reglas clásicas de la puntuación y le encantaba poner guiones que volvían extraños sus versos. Hay muchos libros que conservan su particularísima forma de escritura, lo que aleja a los lectores básicos. Se le considera, sin embargo, una de las poetas fundamentales de Norteamérica y del mundo.
            Leo en uno de mis lectores electrónicos El viento comenzó a mecer la hierba, con traducción de Enrique Goicolea e ilustraciones de Kike de la Rubia, publicado en 2014.
            Dickinson no puso título a sus libros, porque, como ya se dijo, no publicó ninguno en vida; tampoco tituló ninguno de sus poemas, sólo los numeró (yo usé para el título de esta columna el primer verso del poema 425, que me encanta, aunque estoy seguro que ya lo usé para titular una Casa de citas, mi otra columna. No importa). 
            Te comparto lector, lectora, el número 347 para que, en una de esas, admires como yo el alma de esta mujer maravillosa.
 
            Cuando la noche está acabada
            y el amanecer se aproxima tanto
            que podemos percibir las distancias,
            es tiempo de alisarnos el pelo
            y acariciarnos las mejillas.
            De preguntarnos cómo pudimos preocuparnos
            por esa vieja y desvanecida Medianoche
            que, hace sólo una hora, nos aterrorizó.  
   

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración de HCM
Ilustración: HCM

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 47. Las maravillas de la escritura. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 47

Las maravillas de la escritura

Por María Gabriela López Suárez

Yo no decido sobre lo que voy a escribir. No, yo espero a que algo ocurra

José Saramago en «Entrevista» por Pilar Pita (1998, La revista)

Ernestina contempló cómo caía la tarde frente a su ventana, aún no lograba asimilar lo que había sucedido en su familia, intentaba hacer una reflexión para entender. Los problemas eran algo con lo que no solía lidiar muy bien. Esa ocasión no lloró, recordó aquel consejo que alguna vez le había dicho Julián, uno de sus compañeros del bachillerato: cuanto te sientas mal, muy mal, respira, respira y toma un traguito de agua. Ella hizo lo primero y le funcionó para calmar la tensión y  sentir menos tristeza. 
     Mientras estaba atenta con la vista hacia el cielo comenzó a buscar las formas de las nubes, poco a poco se fueron desvaneciendo a medida que el sol se ocultaba. Vio la parvada de pájaros que con prisa estaba buscando el lugar donde pernoctarían. Siguió observando y una nueva oleada, ahora de cotorros, pasó cantando con toda su algarabía. 
Siguió respirando, lento, profundo, de manera consciente. Fue sintiendo cómo iba llegando la tranquilidad a su corazón y a su interior. Se quedó pensando que el consejo de Julián era muy acertado, aún cuando él era muy relajista y ella no habría imaginado a él haciéndolo. 
     Sintió cómo su rostro iba dejando a un lado la tensión, quién era ella para intentar solucionar las situaciones de las otras personas. Fue en busca de su libreta y sus lápices de colores. No era la mejor dibujante, pero eso también le ayudaba a desestresarse.
     Comenzó a trazar algunas líneas, fue intentando dar forma a un árbol rodeado de pequeñas ardillas, imaginó ser una de ellas, la más intrépida y aventurera. Coloreó el dibujo. No le llevó mucho tiempo el ejercicio. Lo observó. Sintió la necesidad de crear una especie de historia, quizá un pequeño cuento que podría ilustrar con su dibujo. Intentarlo valdría la pena. Tomó lápiz y papel, enseguida se le vinieron a la mente los consejos de sus profes de Literatura en la secundaria y preparatoria. Indudablemente uno podía descubrir las maravillas de la escritura hasta que la ponía en práctica. Ésa era una buena ocasión para hacerlo. Inició el texto, acompañada del cantar de un grillo que indicaba que la noche había llegado.
     -En el bosque, Lochi, la inquieta ardilla...
Photo by Frank Cone on Pexels.com

Fotografía: Frank Cone

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Líneas de desnudo. 3. Distopía I: No tan ficticio. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 3

Distopía I: No tan ficticio

Manuel Pérez-Petit

El diccionario de la Real Academia Española (DRAE) define la palabra ‘distopía’ como “Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana”. Debería entenderse que esta ‘sociedad futura’ pertenece más al mundo de la fantasía que al de la realidad, y de hecho muchas veces disciplinas artísticas como el cine y la literatura han abundado en ello, para alimento de nuestra tradicional capacidad de asombrarnos. Es el género de anticipación, que engloba entre otros subgéneros a la ciencia ficción o la anticipación sociológica, y que cuenta desde hace decenios con una notable abundancia de obras y con una más que consolidada aceptación general más allá del público popular, en el que se encuadran las expresiones actuales distópicas, ya no en su concepción clásica, con escenarios irreconocibles para el mundo actual, no vinculados ni referenciados a nada existente, sino en marcos claramente identificables. En los últimos años, esa ficticia sociedad ha tomado otros vestuarios y apariencias, como el del género histórico o pseudohistórico, contando con exactitud lo mismo que cualquier historia que cuente un posible ‘futuro’. Sin embargo, esto es aparente, porque en realidad todo es aquí anticipación, pese a que sea ambientado en una supuesta Edad media anglosajona o del medio oriente. Pese a todo, hasta este punto todo es correcto. Los caminos de la fantasía permiten todas las licencias, y en ellos el principio de verosimilitud se plantea en términos de coherencia interna del relato. El asunto está en que tal y como las cosas andan hoy en el mundo resulta que toda esa fantasía no parece de tan dificultosa probabilidad de existencia, sino que más bien pareciera haberse hecho realidad. Y eso preocupa, y de ahí que vaya a dedicar las tres últimas columnas de este año y la primera del próximo a la materia, desde diversas perspectivas y disciplinas. Sobre todo, como colofón pesadillesco a este distópico 2020.
     El cine y la literatura han imaginado y dibujado como casi ningunas otras expresiones artísticas el futuro de las ciudades o su probable futurible, inmersas las nuevas urbes en mundos más o menos distópicos que, en cualquier caso, generan per se reflexión, discusión y hasta nuevos planteamientos filosóficos. Unas veces son películas basadas en obras literarias y otras con guiones originales, como es el caso de “The Fifth Element (El quinto elemento)” (1997, Luc Besson), en que se muestra un diseño urbanístico que va de lo post-apocalíptico a lo futurista, mezclando espacios urbanos en que los autos vuelan en medio de rascacielos de proporciones abismales, en un universo dominado por una decadencia moral y humana que se manifiesta en la propia narrativa y en los argumentos esgrimidos que a su vez se trasladan a los escenarios del filme: tras las fachadas impecables y relucientes, la pobreza y la inmoralidad descienden a los sótanos de la propia vida y a las banquetas, entre tuberías oxidadas y chorros de vapor caliente, en tanto el horizonte muestra un grado de contaminación en el aire que da que pensar respecto a los posibles escenarios de un futuro no tan ficticio. Y todo ello de manera indefectible lleva al downtown –centro de la ciudad– de Los Angeles, California. ¿Pasearon alguna vez por allá y vieron esos rascacielos espectaculares, y acaso se les ocurrió rodearlos y ver sus fachadas traseras? ¿Qué encontraron a pie de calle a espaldas de tanto cristal y acero relucientes?
     No solo muy distante de esta película sino precedente de la misma en cierto modo, hay otra mucho más famosa, basada en parte en la novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, de Philip K. Dick, que, es sin duda, muy significativa respecto a la arquitectura y la planeación urbanística: “Blade Runner” (1982, Ridley Scott), en la cual en la más arquetípica megalópolis del futuro la distopía queda al descubierto en sus horizontes interminables de edificios, poblados por anuncios luminosos al por mayor y, sobre todo, por la desmesura del capital, en que el gobierno queda ensombrecido por un corporativismo marcado a fuego en la vida cotidiana. ¿Y a qué decir que refiere a Nueva York?
     Esta misma tendencia a mostrar futuros que han progresado a costa de crisis y pobreza se encuentra en no pocas películas. “Children of men (Niños del hombre)” (2007, Alfonso Cuarón), basada en la novela homónima de P. D. James, muestra una urbe  superpoblada –que en este caso resulta ser la capital de Reino Unido, Londres–, que pareciera una ciudad amurallada, sometida al yugo de un control militar estricto, lo cual la aísla aún más del exterior, en cuyos espacios públicos hay sin ir más lejos grafitis con mensajes desesperados que no pasan desapercibidos, vestigios de vandalismo propio de los años noventa del siglo XX, aunque la historia esté ambientada en un supuesto 2027, tras 18 años de infertilidad del género humano.
     Los anteriores son ejemplos indiscutibles, condición no aplicable a otras obras, como “Robocop” (1987, Paul Verhoeven), que plasma un “utópico” 2015, lo cual, si se admitiera en comparación con el año verdadero resulta sobrepasado. Está ambientada, no obstante, en un Detroit, Michigan, Estados Unidos, que ha sufrido en los últimos años los estragos de una enorme depresión económica, además de encontrarse regido por el crimen organizado, lo cual, por otra parte, no está nada lejos de la realidad.
     Podríamos hablar y hablaremos en esta serie de otros casos de una popularidad extraordinaria y su vinculación con esta sorprendente realidad de hoy, pero a vueltas con que somos urbanitas, al menos en mayoría, y podemos abstraer y significar en las propias aglomeraciones urbanas lo que pasa en el conjunto del mundo –asumiendo de algún modo el todo por la parte–, nuestro entorno de ciudades controladas y gobiernos democráticos que aplican medidas totalitarias en virtud del “bien común”, justificados en la pandemia, que estamos viviendo en la actualidad me da qué pensar que una de las consecuencias de todo este 2020 será que adquiriremos, por vía de la necesidad, una nueva manera de asombrarnos. Por eso, le podríamos incluso proponer al DRAE una redefinición del significado de la voz “distopía”, que podría quedar del siguiente modo: “Representación ficticia o no de una sociedad actual de características negativas causantes de la alienación humana”.

(Continuará…) 
   
Fotografía: © M. P.-P., 2009

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Voces ensortijadas. 46. ¿A qué sabe la navidad? María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 46

¿A qué sabe la navidad?

Por María Gabriela López Suárez

La noche se acercaba tranquila y hermosa: era el 24 de diciembre, es decir, que pronto la noche de Navidad cubriría  nuestro hemisferio con su sombra sagrada  y animaría a los pueblos cristianos con sus alegría íntimas...

Ignacio Manuel Altamirano en, Navidad en las montañas

Verónica y su familia aprovecharon que el día había amanecido soleado para poner en marcha su paseo por el bosque. Venían postergando su salida debido a la temporada de lluvias que parecía no cesar. Así que ese sábado, por fin, se logró la salida.
     Llegaron al destino, la familia se había congregado como hacía tiempo no lo hacían, los tíos,  primos, sobrinos. Era un gran jolgorio. Cada quien fue instalándose, colocaron mantas sobre el pasto y fueron acomodando los alimentos para compartir.
     Una vez sentados cómodamente en el pasto, comenzaron a desayunar. Había variedad de alimentos, tipo buffet, quesadillas, chicharrón con ensalada de pico de gallo, frijoles refritos, nopales asados, frutas, pan regional, bebidas de chocolate, café, jugo de naranja. Y para el postre un pastel de zanahoria que Verónica había preparado. Mientras compartían los alimentos, algunos salían con bromas o comentarios chuscos, otros más recordaban que era un lindo día  por la  oportunidad de reunirse nuevamente y  hubo quien evocó la memoria de familiares que habían partido físicamente, mencionándolos con cariño.
     Verónica estaba muy feliz, observó a toda la familia, era un gran regalo. Disfrutó el olor a pino que les brindaban los árboles que les rodeaban. Eran árboles altos y con ese tono verde tan hermoso que parece que uno solo podrá hallar en las películas o cuentos. El canto de los pájaros era parte del paisaje sonoro que les acompañaba; cerca de ahí corría un arroyo. Era un escenario muy bello y lleno de vida.
     Justo faltaba poco tiempo para celebrarse la Navidad. Mientras observaba  a sus familiares y reía con las ocurrencias que escuchaba, Verónica se quedó pensando en el significado que tenía para ella esta festividad. ¿A qué sabe la Navidad? Lejos de tener la imagen de la niñez, de recibir regalos, que por cierto, no dejaba de causarle emoción, ahora la apreciaba de distinta manera. Los regalos no eran precisamente los presentes materiales que recibía, ni el llenarse de adquisiciones que luego quedaban arrumbadas, sino todos esos instantes y presencias de los que podía disfrutar, como esa mañana en familia.
     La Navidad, ahora, sabía a gozar de salud, a compartir tiempo y espacio con los seres amados, a escuchar el canto de las aves, el sonido del mar cuando mueve las olas, a sonreír al contemplar un paisaje, al ser solidaria ante una necesidad, al escuchar a quien la necesitara. Cada una de esas experiencias era un regalo para agradecer. La Navidad había adquirido otro sabor, y no precisamente tenía que esperarse hasta el mes de diciembre para darse cuenta que en todo el año se podía vivir.
     La tía Federica pidió a Verónica que fuera ella quien partiera el pastel, para comenzar a degustar el postre. Verónica asintió sonriendo, mientras pensaba para sí,
     -He aquí el sabor de la Navidad. 

Fotografía: RODNAE Productions 

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 46. Dinosaurio tambaleante. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 46

Dinosaurio tambaleante

Héctor Cortés Mandujano

 

Harold Bloom (1930-2019), este enorme crítico que para desgracia del mundo murió hace poco, y de cuyos libros me he nutrido, escribió el voluminoso Novelas y novelistas. El canon de la novela (Páginas de Espuma-Colofón, 2013, traducido por Eduardo Berti).
            Revisa vida y obra de una ochentena de novelistas, nacidos, el primero, Miguel de Cervantes, en 1547, y la última Amy Tan, en 1952. Más de 400 años de literatura. De ellos, sólo tres son hispanoamericanos y sólo dos escribieron en español: Cervantes, el portugués José Saramago y Gabriel García Márquez.
            A Bloom le parece que hay sólo 18 grandes novelas en Norteamérica y, tomémoslo como una recomendación de alguien que sabe los que dice: (p. 273) “considerando estos dieciocho libros, si tuviera que llevarme uno solo a la celebérrima isla desierta, optaría por Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain”.
            Para leer y escribir uno se tiene que retirar de redes sociales, fiestas y otras obligaciones que los demás quieren que adquiramos. Dice Bloom (p. 385): “Me considero un crítico literario que ha tratado acerca de todos los asuntos imaginables, pero desde algún tiempo me veo enfrentado a una montaña de correo que me es imposible no solo responder, sino siquiera atender, si es que deseo seguir leyendo, escribiendo, enseñando y viviendo”.
            Cita a Leslie Stephen, padre de mi adorada Virginia Woolf (p. 417): “Cualquier piedra que uno patea sobrevivirá a la fama de Shakespeare”.
            Milena Jenenská escribe sobre su novio Franz Kafka (p. 427): “Fue un ermitaño, un hombre introspectivo a quien la vida le daba temor […] Veía el mundo repleto de demonios invisibles que asaltan y destrozan al hombre indefenso”.
            El libro se mueve hacia muchos lados. Por ejemplo, dice Bloom, en el ensayo donde habla de García Márquez (p. 779): “Me han informado, de muy buena fuente, que el más anciano de los dictadores Duvalier de Haití, el ilustre Papa Doc, ordenó que todos los perros negros de su nación fueran degollados porque creía que su principal enemigo se había convertido en un perro negro”. 
            Se retrata como lector que busca placer (p. 801): “Como el arcaico sobreviviente que soy, un dinosaurio que aún se tambalea por los pasillos de las universidades de Yale y de Nueva York, sigo leyendo en procura de una experiencia estética”.
            Cita un fragmento de Beloved, de mi admirada Toni Morrison (p. 804): “El amor no es nunca mejor que el amante. La gente inicua ama inicuamente, los violentos aman violentamente, las personas débiles aman débilmente, las estúpidas aman estúpidamente, pero el amor de una persona libre nunca es seguro”.
            Por fortuna, Bloom dejó muchos libros geniales, que habrá que leer y releer.  
   

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración de HCM
Ilustración: HCM

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com