El mundo que se fue/ 1

Una pasión en el desierto

Rafael Corzo Espinosa

 

Cuando el ejército francés al mando del gran corso Napoleón Bonaparte iba a la conquista de Egipto, cruzaron el desierto del Sahara y, cuentan que al pasar por las colosales pirámides les gritó: ¡Soldados de Francia, cuarenta siglos de historia os contemplan!
     Un soldado de la retaguardia quedó rezagado y se perdió en las dunas. Vagando, llegó a un oasis en el que había agua y palmas datileras, y una pequeña caverna.
     El caballo del soldado había muerto antes de llegar al oasis, así que tuvo que guarecerse en la caverna y sobrevivir comiendo dátiles.
     La primera noche escuchó maullidos, al poco rato vio asomarse a una leoparda. Echó mano a la balloneta pero el felino mostró una  actitud pacífica y se acercó restregándose en las piernas del soldado, ronroneando como una gata. Pasaron varios días y se estableció entre ellos un extraño romance. 
     La leoparda salía a comer la carne del caballo y por eso estaba tranquila, pero cuando se terminó ya miraba al soldado de manera extraña, éste al sentirse amenazado la hirió con la balloneta.
     La leoparda cayó, herida de muerte, miraba al soldado como diciendo: ¿Por qué me has matado?
     El militar dejó el oasis y cerca de ahí fue encontrado por un regimiento de franceses e incorporado a las filas.
     De ahí en adelante, el soldado vivió atormentado por crueles remordimientos que no lo dejarían nunca.
     Al terminar la campaña de Egipto, el protagonista de esta historia, contaba en los cafés de París, su gran tragedia, con lágrimas en los ojos.

Este curioso relato fue escrito por Honoré de Balzac, uno de mis autores favoritos.  
   
Fotografía: T.C., “Encarcelar la llamarada” de Rafael Corzo, 2013.
Fotografía: Tania Corzo

*Sobre los textos:

Los textos y las fotografías a la obra del maestro Rafael Corzo que estaremos publicando en esta columna fueron proporcionados por Tania, hija del artista, y son parte de una libreta en la que el escultor escribió varias notas en los últimos meses de su vida. Nos sorprende que muchas de las citas que realizó fueron directas de su memoria ya que el maestro no consultó ninguna fuente ya fuera escrita o digital, por una lado hacía tiempo que había donado su biblioteca personal, por otro, no era proclive a usar la Internet ni tecnologías modernas digitales.

El artista falleció el 19 de septiembre de 2020. Agradecemos a la familia Corzo por permitirnos compartir estos textos.

*Sobre el autor:

Rafael Corzo Espinosa

Escultor

Nació en la ciudad de Villaflores, Chiapas en 1938. Falleció el 19 de septiembre de 2020 en Copoya, Chiapas, México.

Dominó la acuarela y el dibujo desde muy chico. Siendo adolescente asistió a la clase de dibujo en la antigua prevocacional donde desarrolló y aprendió técnicas como la sombra, perspectiva, centrado, proporciones, etc. Después se trasladó a la Ciudad de México donde recibe un taller libre en la Academia de San Carlos. Posteriormente se trasladó a Copoya, Chiapas, donde comienza a ensayar la escultura con cemento, material que siempre pensó que tenía grandes cualidades plásticas. Después desarrolló una técnica usando malla metálica cernidora, que bautizó como “Ferro Cemento”, otra innovación fue policromar las figuras y sombrearlas.

Realizó diversas exposiciones individuales, listamos algunas: “El mundo que se fue”, 2016; Café Galería “El rumbo” 1997 (escultura); “Forma y colorines”, Café Galería “Este sur”, 1998; “Del juguetero” Museo Hermila Dominguez, Comitán, 2000; “La trilla del primate”, enero, 2005; “La talacha del Corsario”, Congreso del Estado; “Apocalipsis”, Galería UNACH, 2001; “De Centauros; Mitos y Reales” –  Centro Cultural Jaime Sabines, 2006; “La escultura en la tecnología” Museo Chiapas de Ciencia y Tecnología, abril, 2007; “La trilla del primate” Museo Chiapas, noviembre, 2008; “Apocalipsis” Museo de Arte Hermila Domínguez, Comitán, Chiapas.