Polvo del camino/ 47

Buenos días, medianoche

Héctor Cortés Mandujano

El cerebro tiene pasillos más grandes

que los pasillos reales

Emily Dickinson, en el poema 670
  

Emily Dickinson es una de mis poetas de cabecera. Compro cualquier libro que me encuentro de ella y lo leo, aunque casi todos los poemas ya los haya leído o los conozca. Son breves y hermosos, y los escribió para sí misma, que es la mejor forma de hablar de ella, de mí y de cualquiera.
            Y esto no es mera retórica.
            Nació y murió en Amherst, Massachusets, EE. UU. (1830-1886). Pasó la mayor parte de su vida en casa, sin casi salir de ella, sin dejar su pueblo natal; en los últimos años, casi no salía de su habitación. Nunca se casó y sólo tuvo amigos por correspondencia. 
            Excepto cinco de sus poemas (tres de ellos publicado sin su firma y otro sin que la autora lo supiera) su voluminosa obra, de casi mil ochocientos poemas, permaneció inédita hasta después de su muerte. Su escritura no respetaba las reglas clásicas de la puntuación y le encantaba poner guiones que volvían extraños sus versos. Hay muchos libros que conservan su particularísima forma de escritura, lo que aleja a los lectores básicos. Se le considera, sin embargo, una de las poetas fundamentales de Norteamérica y del mundo.
            Leo en uno de mis lectores electrónicos El viento comenzó a mecer la hierba, con traducción de Enrique Goicolea e ilustraciones de Kike de la Rubia, publicado en 2014.
            Dickinson no puso título a sus libros, porque, como ya se dijo, no publicó ninguno en vida; tampoco tituló ninguno de sus poemas, sólo los numeró (yo usé para el título de esta columna el primer verso del poema 425, que me encanta, aunque estoy seguro que ya lo usé para titular una Casa de citas, mi otra columna. No importa). 
            Te comparto lector, lectora, el número 347 para que, en una de esas, admires como yo el alma de esta mujer maravillosa.
 
            Cuando la noche está acabada
            y el amanecer se aproxima tanto
            que podemos percibir las distancias,
            es tiempo de alisarnos el pelo
            y acariciarnos las mejillas.
            De preguntarnos cómo pudimos preocuparnos
            por esa vieja y desvanecida Medianoche
            que, hace sólo una hora, nos aterrorizó.  
   

Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración de HCM
Ilustración: HCM

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com