Revista

Polvo del camino. 44. El río de las bolsas negras. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 44

El río de las bolsas negras
(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano

 

Mi mujer y yo fuimos a un lugar que parecía inaccesible, para pasar unos días solos en el campo. Dejamos el carro varios kilómetros atrás, donde pensamos que nadie lo vería porque no había caminos. Mi pericia en las máquinas y mi conocimiento de terrenos mostrencos nos hizo llegar hasta allí sin percances.
            Caminamos mucho y al pie de la montaña hallamos el ensueño: piedras fabulosas, árboles enormes, un río caudaloso y cantarín, vecino al lugar donde nos instalamos.
            Dormimos después de apagar la fogata y ver las estrellas hasta que se nos cerraban los ojos. 
          De madrugada me desperté sin razón alguna (es un decir, porque siempre hay razones desconocidas) y salí de la tienda de campaña. El río hacía su maravillosa canción gárrula; las cigarras y los grillos, la suya. Mi vista erró hasta que noté que las piedras tenían una negrura mayor que el resto del conjunto. 
           Me acerqué con cuidado a una de ellas y sentí que no era una piedra, sino una especie de bolsa de nylon negro. Eso parecía su textura. Era demasiado extraño para pensar eso y ya, dejarlo por la paz. Rasgué para tener más certeza (no había aún tanta claridad) e hice un pequeño orificio.
          El tacto me sugirió piel humana. Abrí con cuidado la bolsa y asomó el cuerpo desnudo de una mujer, su rostro iluminado por la franca sonrisa:
          —Hola, me dijo.
          Me pidió que la ayudara a quitar las bolsas de sus compañeras y pronto tuve frente a mí un ejército de mujeres desnudas, sonrientes. 
          —Muchas gracias, me dijo una de ellas, ya puedes irte a dormir.
 
Las piedras seguían siendo piedras al día siguiente, pero hubo, como si fuera magia, una eclosión de flores: el campo era un festín bellísimo de formas y colores, que no existía el día anterior. 
          Mi mujer estaba asombrada. 
          Yo no. 
          Sabía el secreto.
 
   

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
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Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 43. Las cajitas de madera. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 43

Las cajitas de madera

Por María Gabriela López Suárez

Violeta se dispuso a acomodar las cosas en el armario, lo tenía algo desordenado. Mientras comenzaba la labor puso algo de música para ambientar; halló prendas de ropa que ya no usaba, algunas que creía extraviadas como un par de sus bufandas favoritas.
     – Justo a tiempo, ahora que ya viene el invierno, encontré la bufanda de chiffon y la que me obsequió la tía Angélica.
      Siguió la labor de ir separando lo que obsequiaría, lo que usaría y lo que requería ser depurado. Abrió las gavetas, en algunos tenía cajitas, en ellas solía guardar lo que eran sus tesoros, aretes, collares, pulseras, tarjetas, cartas, notas, fotos y detalles pequeños.
      La caja que solía tener a mano era la de los aretes, collares y pulseras. Sin embargo, también tenía la que le había obsequiado su suegra, una cajita muy linda, con decorado sobre la tapa y pintada en tonos blanco, rosa y toques dorados. Como era casi una costumbre, se sentó a revisar el contenido y a leer los mensajes.  Enseguida pasó a su caja favorita, la que era de su abuelita materna, bellamente tallada, barnizada en tono ébano con pequeños detalles en color mostaza. Ésa era como una caja mágica y se sentía muy contenta de conservarla.
     En ella su abuelita Chabelita solía guardar sus tesoros más preciados, desde cartas, fotos de sus familiares, recetas médicas, una que otra publicidad, hasta agujas, hilos y botones. La  mente de Violeta se situó años atrás, en el cuarto de la abuelita, sentada junto a ella, viéndola con atención. Doña Chabelita ataviada con su vestido de manga tres cuartos, color blanco con flores rosas y detalles azules,  portando sus gafas en tono plata, el cabello ondulado con la deadema café oscuro y las manos  ocupadas  abriendo su caja y sacando algunos objetos guardados. Era como un ritual, los sacaba para acomodarlos. Violeta observaba y a veces hacía una que otra pregunta, sin dejar de maravillarse ante la magia que, para ella, se producía en ese momento. 
      De niña, se quedaba pensando, por qué su abuelita guardaba con tanto cuidado y amor esas cosas. Ahora lo comprendía. En las cajitas de madera se conservaban trocitos con la esencia de los instantes, las experiencias, los recuerdos de las personas amadas, era como una manera de atesorar parte de lo más preciado en la vida y traerlo al presente cada vez que el corazón lo necesitara.
      La melodía Amul interpretada en La voz de Snatam Kaur la hizo volver al presente, al tiempo que acariciaba con cariño la cajita de madera, recuerdo de la abuelita y ahora parte de sus tesoros. 
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 43. El frío corazón, la muerte azul. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 43

El frío corazón, la muerte azul

Héctor Cortés Mandujano

 

No es fácil entrar al ceñido breñal del pasado, cuando se tienen pocos documentos que nos puedan servir de arma que muestren un camino en la oscuridad que supone la nada escrita, el ágrafo infinito. Eso hace A. E. Taylor (Fondo de Cultura Económica, 1961) en El pensamiento de Sócrates, pues sus únicas ayudas son tres autores –Jenofonte, Aristófanes, Platón– que hablaron, no siempre biográficamente, de este maestro que (como Jesús, como Buda) no dejó nada de sí escrito.
      Para llegar a ciertos datos tiene Taylor que hacer inferencias, deducciones, aunque hay algunos hechos más o menos probados. Uno de ellos es que Sócrates fue (p. 30) “hijo de Sofronisco y de Fenarete”; él (p. 32) “artesano, estatuario o cantero” y ella (su nombre “parece indicar que era mujer de buena familia”) con hijo de otro marido.
     En sus Recuerdos, Jenofonte habla (p. 59) “sobre la vida ascética de Sócrates, sus escasas ropas, sus pies descalzos y su pobre comida […] su negativa a cobrar honorarios a sus compañeros por los servicios que les hacía”. Platón, en su Apología, cuenta de la (p. 64) “declaración del oráculo de Delfos de que ‘ningún hombre viviente era más sabio que Sócrates’ ”.
     También sabemos que se casó con Jantipa, con quien tuvo tres hijos (p. 75), “el más pequeño de los cuales parece haber sido un niño en brazos”. Jantipa y el pequeñuelo se supone que pasaron con él la noche antes de su ejecución.
      Sócrates no era cómodo para el Estado, de modo que fue acusado por Melito (p. 88) “de no rendir culto a los dioses a quienes rinde culto el Estado […] de corromper a los jóvenes. El acusador público pide la pena de muerte”.
     La acusación, como vemos, no es clara. No se podía, dice Taylor, decir con claridad la razón de las acusaciones que eran, quizás, que Critias y Alcibíades (p. 95: “los dos hombres que más hicieron por arruinar a su ciudad nativa”) fueron sus amigos y aprendieron en sus discursos lo que después sirvió (p. 94) “para sus propios fines”.
     No se pudo probar que tuvo alumnos o escuela, porque no cobraba (ironizó ante Anito, su contrincante en el juicio, sobre el particular) y lo de no rendir culto suena a endeble pretexto.
     La cicuta que le fue dada para su muerte, y que él tomó por propia mano, es una droga que (p. 105) “obraba por enfriamiento, avanzando hacia arriba desde los pies, y la muerte, acompañada por un espasmo, se producía al afectarse el corazón”. En Borges oral, dice Borges (Bruguera, 1979:40): “La muerte azul le va subiendo por los pies”. Murió, sin aspavientos, rodeado de sus amigos, salvo Platón.
     Su mejor discípulo no estuvo en su muerte, dice Borges, porque cuando se refirió a ello, en tercera persona, escribió (p. 31) “la frase más conmovedora que Platón escribió en su vida, señalada por Max Brod: Platón, creo, estaba enfermo”.
     [En Los filósofos griegos de Tales a Aristóteles (FCE, 1953), de W. K. C. Guthrie, dice (p. 82): “Sócrates replicó que durante toda su vida había gozado de los beneficios que las leyes de Atenas concedían a los ciudadanos, y ahora que esas mismas leyes juzgaban conveniente que muriese, sería injusto y desagradecido si eludiese su aplicación. Por otra parte, ¿quién podía asegurarle que no iba a entrar en una existencia mejor que la que hasta entonces había conocido? Y, con la mayor serenidad de ánimo, bebió la cicuta en el año 399 a. c., a la edad de setenta”.]
     A Sócrates, los políticos reinantes (p. 107) “deseaban echarlo de Atenas. Pero no había deseo alguno de quitarle la vida […] Un cuarenta y cinco por ciento de sus jueces estuvo por la absolución”.
     Hubiera sido absurdo acusarlo de lo que realmente era el problema para el Estado:  ser inteligente y culto, porque esas características siempre han puesto nerviosos a los gobernantes cuando no las pueden poner de su lado con prebendas, con premios o, en la modernidad, con becas. 
     A Joseph Goebbels, propagandista de Hitler, se le atribuye la frase “Cuando escucho la palabra cultura saco la pistola”. Los griegos la inventaron, parece, con otra variante: “Cuando escucho la palabra inteligencia saco el veneno”. 
 
   

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
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Fotografía: Mario Robles

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Voces ensortijadas. 42. Pásele, pásele marchantita. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 42

Pásele, pásele marchantita

Por María Gabriela López Suárez

    


La lluvia había dado tregua ese fin de semana. Carmina se alegró, por fin podría salir al mercado a hacer las compras para la despensa y cubrir el pendiente de su prima Eleonora que vivía en Querétaro. Hacía más de un mes que le había pedido un encargo de chocolate chiapaneco. 
     Ir al mercado era una de las actividades que disfrutaba Carmina. En cada uno encontraba un mosaico de colores, olores y riqueza en la mezcla de las culturas reflejada en los productos que se podían hallar. Además, comprar en ellos era una forma de  contribuir a la economía local. De ahí que no era en vano cuando solían recomendarle que al visitar otro lugar no podía perderse ir al mercado.
     Esa mañana entró al mercado del centro y observó que no había tanta gente para ser fin de semana. Se fue al puesto de camarón seco, saludó al vendedor con el que solía comprar,
     –Buenos días– , dijo Carmina.
     –Buen día, ¿cómo le va? ¿Todo bien?
     –Sí, muchas gracias. ¿Cómo va el negocio con esta temporada de lluvias?
     –Al mal tiempo buena cara– respondió el vendedor.
    Carmina terminó de comprar y se despidió. Mientras buscaba el puesto de las especias, para el pedido del chocolate, se quedó repasando la frase del comerciante del camarón. Otra característica que le gustaba de los mercados era la riqueza del habla local, el uso de refranes, los modismos o regionalismos que se intercambiaban.  Riqueza que estaba vinculada a lo cotidiano y era una manera creativa de expresarla. Así, fueron viniendo a su mente algunos refranes que había aprendido en casa, a todo se acostumbra uno menos a no comer; en casa del jabonero, el que no cae resbala; ¡ya nos cayó el chahuistle!; salió con que a Chuchita la bolsearon; la mula no era arisca, las patadas la hicieron; cuando el río suena es que agua llueva; candil de la calle, oscuridad de su casa; no se puede chiflar y tragar pinole a la vez; solo el que carga su morral sabe lo que traeárbol que nace torcido jamás su tronco endereza.
     En eso estaba cuando llegó al puesto de las especias recibiendo el saludo de la vendedora,
     –Pásele, pásele marchantita, ¿qué va a llevar?
     –Quiero dos kilos de chocolate artesanal, de bolita, por favor.
     Mientras esperaba su pedido, los ojos de Carmina se deleitaban observando la diversidad de especias que tenían en el puesto, entre ellas canela, pimienta, jengibre, clavo, cardamomo; los colores de los granos de maíz, la variedad de chiles secos, el totomoxtle (las hojas secas del maíz para envolver tamales) y un sinfín de productos locales que daban el toque especial a los platillos y bebidas. Los olores se mezclaban creando una atmósfera agradable a su olfato.
     –Eleonora, segurito que me pedirías otros productos, además de chocolate, si conocieras este puesto –, dijo para sí Carmina, al tiempo que sonreía pensando, ojos que no ven, corazón que no siente.

Foto de Frans Van Heerden en Pexels

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 42. La palabra aguda es grave/ IV (Al final a la primavera). Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 42

La palabra aguda es grave/ IV (Al final a la primavera)

Héctor Cortés Mandujano

Donde oigas cantar, siéntate tranquilamente,

los malvados no tienen canciones

Citado por Dietrich Schwanitz
 

Como ya lo hice con la música popular antes, decidí escribir sobre la clásica. Desde su origen hasta La consagración de la primavera, pensé. Pero tenía que revisar varios libros para no arar en el vacío, así que pospuse la idea. 
            Leí La cultura. Todo lo que hay que saber (Taurus, 2002), de Dietrich Schwanitz, que por supuesto no tiene el todo que propone su subtítulo; sin embargo, hallé allí mi tarea hecha, de modo que casi todo lo que diga aquí, entrecomillado o no, tiene como referencia el apartado “Historia de la música” (de la página 303 a la 326) de ese libro. Arrancamos con esta cita: “También a los griegos les debemos la palabra ‘música’ […]: el arte de las musas”.
            “Los instrumentos más antiguos fueron la voz humana y los instrumentos de percusión. Para hacer ruido, la voz o un par de leños eran algo que siempre se tenía a mano. […] Y dicho invento contiene ya los dos elementos fundamentales de la música: el ritmo y la tonalidad.” 
            “Los primeros instrumentos fueron la flauta y el tambor. Los progresos realizados en el trabajo del metal trajeron las primeras trompetas. Se crearon distintos instrumentos de cuerda y, con la invención de la escritura, se hicieron los primeros intentos por dotar a la música de una notación.”
            Música medieval. “Antiguamente, en la liturgia estaba completamente prohibido el uso de instrumentos, sólo se podía alabar a Dios con himnos. […] La innovación musical más importante en el ámbito de la música religiosa medieval fue el desarrollo de la polifonía. […] A diferencia de lo que ocurría en el coro, en las piezas polifónicas no interpretaban la misma melodía, sino melodías distintas, lo que revolucionó la concepción de la música. […] Hemos dado con el temido campo de la armonía.”
            Barroco. “Al final del Renacimiento nació algo completamente nuevo: la ópera. Siguiendo el programa del Renacimiento, se quiso recuperar la tragedia antigua. […] A partir de las oberturas de las óperas se desarrollaron las sinfonías, y a partir de la danza la suite. […] La época barroca estableció también las leyes de la armonía. Estas leyes no ordenaban al artista qué debía componer, pero sí qué constituían la gramática de la música que hacía posible el entendimiento entre el artista y el público.”
            El periodo clásico. “Abarca desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta aproximadamente el primer cuarto del siglo XIX. […] En la época de Beethoven “se inventa el metrónomo, lo que le permite determinar el compás con total exactitud.”
            Romanticismo. “En busca del arte total, Wagner intenta reunir todas las artes bajo el dominio de la música. El texto, la música, los decorados y la coreografía se funden con una intensidad hasta entonces desconocida.” 
            La música moderna. “Gustav Mahler (1860-1911) es considerado el primer compositor moderno. […] Para ejecutar su Sinfonía de los mil se necesitan mil trescientos setenta y nueve músicos. Stravinski confió en las formas tradicionales, en parte clásicas y en parte arcaicas, y las organizó con tanta ironía que su música logró escandalizar al público. La consagración de la primavera chocó tanto por su temática pagana como por su ritmo excesivo.”
            Y de ahí pal real.
 
   

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*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Voces ensortijadas. 41. Cartas para enamorarse. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 41

Cartas para enamorarse

Por María Gabriela López Suárez

    


Eloísa estaba buscando información en la internet, el sonido del viento y la algarabía de las gallinas en el patio hicieron que se asomara por la ventana. El clima estaba frío, el sol alumbraba de vez en vez y las ramas de los árboles se mecían al ritmo del viento. Abrió la ventana y sintió el soplo gélido en el rostro.  Regresó a su actividad. 
     En el incesante mundo de información que suele hallarse en la red, Eloísa buscaba datos que ampliaran sus referencias sobre el patrimonio tangible e intangible de las culturas precolombinas de México. Llamó particularmente su atención el papel que, posterior a esa época, tuvieron las cartas para describirlo. 
     Hizo una pausa. Se quedó pensando en las cartas, ese medio de comunicación tan usado hace algunas décadas y del que ella también había sido partícipe. Ahora, un medio, olvidado ante la vorágine tecnológica. Su memoria se remontó a las tantas cartas que solía escribir a sus amistades locales, de otros estados, países y las cartas que también recibía como respuesta.
      Lo que más motivaba a Eloísa para escribir las cartas eran las historias que contaba a través de las líneas. En cada carta trataba de ser lo más descriptiva sobre lo que narraba. Además, solía hacer una decoración especial a las hojas. Escribía con dedicación y usando sus colores favoritos en las tintas con las que redactaba cada texto. Los sobres solían ir no tan ligeros, porque regularmente escribía un par de hojas completas, de ambos lados. Papel le hacía falta, pero el sobre ya no podría dar cabida a más hojas. Eso pensaba. Cuando le era posible adjuntaba alguna postal, separador o algún detalle que complementara el mensaje de la carta.
     Recordó las veces que recibía cada carta, la emoción le embargaba. Cuando la otra parte le decía que ya había enviado la carta, vía telefónica o a través de algún familiar o persona conocida, comenzaba para ella la cuenta regresiva de los días en que llegaría a sus manos el texto. Una vez que la recibía, la leía con avidez. Repetía la lectura. Era una especie de estar conversando con la persona que le escribía, en cada momento que leía las líneas. Además de lo anterior, Eloísa gustaba observar las letras, alcanzaba a percibir  también ciertos elementos del estado de ánimo con que las habían escrito. Ese intercambio de historias era algo mágico, un poco tardado por el tiempo en que las cartas solían ser recibidas, pero valía la pena una vez que llegaban a su destino.
      En cada carta recibida se había enamorado de lugares, de sabores, de paisajes, de historias compartidas, de películas comentadas, de canciones, libros leídos, aventuras o travesías. Había conocido diversos rincones a través de una carta . La escritura y la lectura se conjuntaban haciendo un intercambio sin igual. Para Eloísa las cartas más significativas en su vida eran una especie de tesoros que aún conservaba y solía leer cada que las hallaba. 
     ––Los tiempos han cambiado, ahora las cartas son un medio en desuso, en su lugar se intercambian audio cartas o video cartas, cada una con sus encantos. Sin embargo, ese toque especial de las cartas para enamorarse se las llevan las cartas escritas ––señaló para sí Eloísa. 
     El barullo de las gallinas la hizo volver a su tarea que aún no terminaba.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 41. Dostoievski dándome vueltas. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 41

Dostoievski dándome vueltas

Héctor Cortés Mandujano

 
Recuerdo con exactitud la impresión que me produjeron dos novelas de Fiódor Dostoievski (1821-1881), leídas en mi juventud: Crimen y castigo y Los hermanos Karamásov. Pese al tiempo pasado desde entonces, las tengo frescas en la memoria. Luego he leído varias más (Humillados y ofendidos, El doble…), sin aquel impacto.
            Sin embargo, más o menos recientemente, me hallé Noches blancas y El diario de Raskolnikov, en un solo volumen, y las leí; casi inmediatamente me sumergí en la biografía Dostoyevski, la vida de un escritor, de Geir Kjetsaa, y quise leerlo, de nuevo, a mayor profundidad.
            Busqué en mi biblioteca y encontré que tengo en espera dos: El jugador El príncipe idiota.
            Pero me hallé en el libro de ensayos El XIX en el XXI, de Chistopher Domínguez Michael, un texto que me interesó mucho sobre una de sus novelas, Los endemoniados, y traté de hallar el libro físico, sin éxito; entonces, pedí a mi amigo Roger Octavio Gómez Espinosa que me la consiguiera en pdf y, amable y veloz como es, lo hizo un rato después de mi petición.
            Allí estaba mi siguiente libro a leer de Dostoievski. 
          Por esos mismos días, mi amiga Linda Esquinca me escribió para decirme que hubo un tiempo que había leído mucho a Fiódor y que me mandaba fotos de sus portadas para que yo escogiera los libros que quisiera como regalo. 
Alineación de astros. 
          Hice mi lista y ahora son feliz poseedor, gracias a la lindura de Linda, de los siguientes títulos: Los endemoniados, Un ladrón honrado, Notas desde el subterráneo, Las noches blancas, Las pobres gentes, La tímida, Un corazón débil, El sepulcro de los vivos, Un pequeño héroe y Stepantchikovo, más los que ya tenía y tengo. 
          ¿Así o más suertudo?
 
***
 
Leí de estos nuevos/viejos libros Los endemoniados (hice un par de Casa de citas sobre ello, que publicaré en lo futuro) y Las noches blancas (Editora Nacional, 1953) que, aparte de esa historia, incluye tres más: “El sueño de un hombre ridículo”, una maravilla donde un hombre muere y vuelve a nacer: qué inteligente era Fiódor; “Un árbol de navidad y una boda” y “Prohartehin”, que son ambas muestras magistrales de cómo se escriben relatos redondos.
            En Las noches blancas, el traductor, Alfonso Nadal, pide al lector algo rarísimo, que yo nunca había leído (p. 13): “Lector: Permíteme unas palabras antes que la emoción que producen las páginas de este libro haga inoportuno cuanto de él pudiera decirte. Sólo quiero rogarte que ames a Dostoievski como a un santo”…  

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Fotografía: Pexels.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Beatus Ille. Wittgenstein

…filosofía para vos y para ti…

Por Teoría en pocos minutos*

Wittgenstein

PRIMER WITTGENSTEIN 
El primer Wittgenstein del Tractatus Lógico- Pshilosophicus (1922)  nos va a decir lo siguiente: 
“Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”
Donde el mundo, sería el conjunto de la totalidad de los hechos (no de las cosas), estos hechos pueden constituir hechos complejos, así como los átomos conforman moléculas, y la realidad seria el entramado de hechos simples (positivos si son verdaderos y negativos si son falsos). 
Su obra va a girar entorno, a la elucidación (única tarea de la filosofía) sobre lo que es un problema y un pseudoproblema (subproducto del lenguaje).  Apoyado en el empirismo lógico y la lógica proposicional, dirá que un problema es aquel que se puede resolver a partir de los hechos, es decir que las proposiciones validas son las que permiten ir a la realidad y darnos el veredicto de si tal proposición es falsa o verdadera. Ergo, un pseudoproblema serían las proposiciones que apelan a entidades metafísicas, el ejemplo más claro es el de Dios, por más filosofía que se haga si la proposición “Dios existe” no se puede remitir a los hechos, entonces no es un problema verdadero. 
Entonces, no es que Wittgenstein fuer ingenuo, él no quería poner límites al pensamiento, sino a su expresión en lenguaje, por ello decía que de lo que no se puede hablar era mejor callar. 
Para Wittgenstein habría un isomorfismo, entre la proposición lógica y los hechos, por ello un hecho verdadero debería encajar en la proposición de otros hechos verdaderos, de no ser así, tendríamos una contradicción insostenible. 

SEGUNDO WITTGEINSTEIN
El segundo Wittgenstein reconoce lo siguiente: 
Hace cuatro años tuve ocasión de volver a leer mi primer libro (el Tractatus logico-philosophicus) y de explicar sus pensamientos. Entonces me pareció de repente que debía publicar juntos esos viejos pensamientos y los nuevos: que éstos sólo podían recibir su correcta iluminación con el contraste y en el trasfondo de mi viejo modo de pensar.
Pues, desde que hace dieciséis años comencé a ocuparme de nuevo de filosofía, hube de reconocer graves errores en lo que había suscrito en ese primer libro. 
Wittgenstein L (1953) Investigaciones de la Filosofía
Y aunque no negando su obra anterior de 1922, se va a centrar en la experiencia humana, y en las dificultades de compartirla fielmente, sino mediante el uso del lenguaje. Llegando así a conclusiones insospechables sobre el  cómo entendemos la experiencia ajena. 
Sería también posible -aunque no verificable- la suposición de que una parte de la humanidad tuviese una sensación de rojo y otra parte otra. 
Wittgenstein L (1953) Investigaciones Filosóficas
 
No puede decirse que los demás saben de mi sensación solo por mi conducta- pues de mí no puede decirse que sepa de ella. Yo la tengo. 
Esto es correcto: tienen sentido decir de otros que están en duda sobre si yo tengo dolor; pero no decirlo de mí mismo. 
Wittgenstein L (1953) Investigaciones Filosóficas 
 
También en esta obra, habla de los juegos del lenguaje, de como  más que un símbolo, lo importante es entender este en relación con su sistema: 
La pregunta « ¿Qué es realmente una palabra?» es análoga
a «¿Qué es una pieza de ajedrez?».
Wittgenstein L (1953) Investigaciones de Filosóficas
Así, en esta obra va a poner en tela juicio, la universalidad de la experiencia, si es que lo empírico de la experiencia del otro, no es más que aprehendido por los límites del lenguaje que empleo para entender tal experiencia.  

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*Sobre Teroría en pocos minutos:

«Teoría en pocos minutos» es un grupo de autores** y estudiosos que busca difundir su conocimiento sobre humanismo y hacerlo accesible al público en general. Puedes seguirlos en: Teoría en pocos minutos.

**Sobre los autores:

Alejandro Segura Chávez. México, 1994. Redactor sobre Ciencia, psicología, filosofía, política, tecnología, literatura y poesía. Es Licenciado en Psicología por la Universidad de Guadalajara. Director del podcast Psico-Filosofando en Spotify. Divulgador en YouTube.

Daniel Omar Stchigel. Argentina, 1968. Redactor oficial en Noticias sobre Filosofía. Autor de más de veinte libros de filosofía fenomenológica y epistemología. Doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires. Profesor Universitario y Mágister en Psicoanálisis por la Universidad Argentina John F. Kennedy. Por catorce años fue profesor titular de Filosofía, Lógica, Antropología filosófica, Bioética, Deontología de la profesión docente y Desarrollo de las Corrientes Filosóficas. Es experto en Husserl, sobre quien basó su tesis de doctorado, y en Lacan, sobre quien hizo su tesis de magisterio.

Everardo Ivaán Contreras Brito. México, 1998. Redactor oficial de Crítica y Reseña Literaria. Recientemente publicó Poesía Estándar: Antología (2019). Licenciante de la carrera en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Chihuahua.

Francisco Tomás González Cabañas. Corrientes, Argentina, 1980. Ensayista. Licenciado en Filosofía por la USAL. Licenciado en Psicología por la UP. Licenciado en Ciencias Políticas por la UCA. Licenciado en Comunicación por la UCES.

Voces ensortijadas. 40. Nuestros fieles difuntos. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 40

Nuestros fieles difuntos

Por María Gabriela López Suárez

    


El tiempo va que vuela en su vertiginoso tic-tac. El cambio del clima, el olor que se esparce a través del viento, los colores en las flores de temporada, nos van indicando que se acerca noviembre. De las cosas que disfruto en esta época es el color que se observa en las flores silvestres que crecen en el campo. Si uno sale de viaje, en carretera, podrá contemplar cómo el amarillo y el verde se van convirtiendo en una especie de tapices que van decorando el paisaje y se van entremezclando. El tono amarillo cambia según el tipo de flor, desde el tono claro como las flores de candox o tronadora (como también se le conoce), otras que llamo girasoles silvestres, hasta algunas que tienen un tono amarillo más intenso como la flor de zorrito (así le llaman en mi familia) o las de cempasúchil en tono naranja. Y qué decir de los tonos diversos con los que decoran los dulces de temporada.
     Noviembre es el mes en que desde la diversidad cultural de México recordamos, en un día especial, a las personas que han trascendido. No me refiero a que solo ese día se les recuerde, sino que esta fecha tiene significados en nuestras culturas y se torna en un sentido de fiesta, envuelto en aromas, colores, sabores y el compartir la memoria colectiva. Una tradición que se celebra desde hace muchas generaciones, que se ha modificado a través del tiempo pero que permanece.
     Aunque desde hace más de un mes, algunos comercios han decorado con motivos alusivos al Día de Muertos, sabemos que la celebración del dos de noviembre de 2020 será distinta. En primer lugar porque muchas de las personas que son familiares o amistades han fallecido en lo que va de este año, estoy casi segura que a varias de ellas no imaginamos perderlas tan pronto y a algunas no tuvimos la oportunidad de despedirlas como acostumbramos en los velorios.  
     Y en segundo lugar, los panteones no tendrán el movimiento acostumbrado debido a la contingencia sanitaria en que permanecemos. Cada persona lo vivirá de manera distinta, no solo en la parte de los sentires, sino en la económica también. Muchas familias dependen de la venta de flores, de frutas de la temporada, de los alimentos que se preparan en esta festividad y que suelen ponerse afuera de los panteones. 
     Cada familia tendrá su propia manera de celebrar a sus fieles difuntos, a nuestros fieles difuntos. Honrar su memoria y recordarlos con amor  y respeto, es algo que podemos hacer desde casa. Desde la elaboración del altar, colocándoles la ofrenda, o también asistir a los panteones, de manera previa y respetando la sana distancia.
     Ya que menciono los altares, les comparto que, me ha dado mucho gusto  hallar en los mercados locales los dulces de temporada, con figuras diversas, de calaveritas, coronas, flores, animales, elaborados a base de azúcar y pintados en tonos rosa y verde. No estoy segura si son tradicionales de Tuxtla Gutiérrez, pero  los conozco desde la infancia. También están los barquillos rellenos de dulces de coco, de camote y una diversidad de dulces de gomitas de grenetina con figuras de pan de muerto y calaveras. El apoyo al comercio local también es importante. 
     El 2 de noviembre será diferente, es parte de uno de los retos en este año que está por culminar, sin embargo, no pasará desapercibido mientras nuestros fieles difuntos permanezcan en nuestra memoria y corazones. Y la ofrenda o celebración que cada persona o familia realice será una de las diversas maneras de tenerles presentes.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Paso de fuego. Te: el sendero del signo luminoso. 4. Alejandro Aldana

Por Alejandro Aldana*

Te ∞: el sendero del signo luminoso *

                                Para Luz y Emiliano

Continuación:


III.- Te ∞ e intertextualidad
 
La intertextualidad establece una estrecha relación con el concepto de sujeto. Desde la modernidad se estatuyó una noción de sujeto que implicaba la idea de creación artística vinculada a la originalidad de los productos estéticos. La posmodernidad cambiará el paradigma, en un proceso paulatino se disuelven dichas características del antiguo concepto de autor. El autor deja de ser una realidad individualizada (Foucault), donde su existencia sólo se perfecciona en el acto mismo de escritura, que como mencionamos anteriormente es el texto, el texto como acto/acción.
            Desde esta perspectiva el texto es un espacio de confluencias textuales, un diálogo de diferentes enunciaciones, su realidad deja de ser puramente textual para convertirse en intertextual. Te ∞ cuenta con una vertiente intertextual interesante; sin embargo, los factores de esa intertextualidad no son evidentes, el autor juega con la información mediante la maleabilidad del ritmo y la música, los discursos que se funden en el poema no se plantean como una burda transposición de significados e intenciones de sentido, por el contrario la traslación se hace a partir de patrones fonéticos, logrando una resignificación, por lo que los enunciados aparecen con un nuevo contenido poético:
 
            Otrora in mundo el iracundo Sol salvaje
            empero ahora solamente
            un astro dominado
            sol domesticado
            estrella fulminada
            que lluvia gira alrededor de ti
            en cenizas
                           de perseidas
            su eterno                   polvo enamorado.
 
La composición de los versos nos remite al soneto de Francisco de Quevedo Amor constante, más allá de la muerte, la relación o referencialidad se establece por lo menos en dos niveles de significación, la primera y más evidente es el diálogo entre los versos de Ulises Córdova y los de Quevedo, pero además se plantea una intercomunicación que se ubica en el subtexto. Veamos el poema de Quevedo:
 
            Cerrar podrá mis ojos la postrera
            sombra que me llevare el blanco día,
            y podrá desatar esta alma mía
            hora a su afán ansioso lisonjera;
 
            mas no, de esotra parte, en la ribera,
            dejará la memoria, en donde ardía:
            nadar sabe mi llama la agua fría,
            y perder el respeto a ley severa.
 
            Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
            venas que humor a tanto fuego han dado,
            medulas que han gloriosamente ardido,
 
            su cuerpo dejará, no su cuidado;
            serán ceniza, mas tendrá sentido;
            polvo serán, mas polvo enamorado.
   
Córdova resignifica la palabra ceniza, la pluraliza y la hace dialogar con el tejido significativo de su poema, la palabra encuentra su justo espacio dentro del discurso desde dos vertientes, por un lado cumple una función semántica y de sentido, las “cenizas” dan continuidad al verso “que lluvia gira alrededor de ti”, una lluvia que se precipita desde un sol domesticado, la ceniza tiene un efecto de levedad, una caída lenta e ingrávida, inmediatamente se engarza con el verso “de perseidas”, palabra en sí misma musical, haciendo referencia a la lluvia de meteoros, el sentido está pues perfectamente construido, el lector/receptor que intente leer desde una textualidad rígida o convencional se perderá del verdadero poema. En todo poema textual siempre hay por lo menos otro poema que se expresa desde el subtexto. La segunda relación dialógica se establece desde la interrelación de sentido desde la naturaleza subtextual. Quevedo habla de un dios que ha sido prisión, Ulises refiere un iracundo Sol salvaje; el sol en diversas culturas se ha concebido como dios, es importante observar el planteamiento gráfico del verso, la palabra Sol está escrita en mayúsculas, no sólo para convertirlo en sujeto, sino también para manifestar su importancia jerárquica, en posición de Dios. El poeta español configura un mapa conceptual desde el fuego, utilizando las palabras: fuego, ardido, ceniza. Córdova construye el suyo desde esa relación: Sol salvaje, sol domesticado, estrella, cenizas, perseidas. La intertextualidad, si bien tiene su origen en conceptos tradicionales como imitatio o aemulatio, en los poemas de Ulises esa concepción está muy lejana, el autor no busca imitar a Quevedo, es evidente que el objetivo es otro, rompe con la autoridad del poeta español, estableciendo una incorporación de los versos desde una realidad de igualdad, los dioses del Olimpo de la poesía son retirados de sus altos y enmohecidos nichos, para secularizarlos. El poema se convierte así en una confluencia de relaciones con la tradición o tradiciones, es innegable que la producción poética de Ulises Córdova tiene como una de sus tradiciones a la poesía española, podemos observarla desde su primer libro Manual para no olvidar morir.

(Continua en la siguiente entrega)...

Fotografía: Miguel Á. Padriñán, por Pexels

*Sobre el texto:

«Te ∞: el sendero del signo luminoso» es un ensayo que analiza la obra del libro de Ulises Córdova, poeta mexicano nacido en San Cristobal de Las Casas.

En esta revista estaremos compartiendo, en las próximas cuatro entregas, el ensayo completo del maestro Aldana.

Sobre Alejandro Aldana Sellschopp

Investigador, promotor cultural, editor, ensayista y narrador.

Ha sido becario de: FOESCA (Emisiones 1999-2000 y 2000-2001), PACMYC, fue becario del FONCA (2003-2004) en el programa de Jóvenes Creadores en la modalidad de novela. Está incluido en la antología del FONCA – Jóvenes Creadores generación 2003-2004.

Ha publicado: Tiempo a Contrapunto (UNAM- Espacio Cultural Jaime Sabines),  Nudo de Serpientes (Novela). Su cuento Diario de un lobo está incluido en la antología Inventa la memoria (Alfaguara). La novela en Chiapas, antología (Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas en el 2018).