El mundo que se fue. 3. Balleneros. Rafael Corzo Espinosa

El mundo que se fue/ 3

Balleneros

Rafael Corzo Espinosa

 

El clásico de la historia de balleneros es Mobi Dick escrita por Herman Melville que cuenta como era la caza de ballenas en el pasado.  El cetáceo era arponeado de manera manual, con una cuerda en la argolla del arpón. La leyenda de la ballena blanca que obsesionaba a los marinos que querían capturarla a toda costa, es muy romántica ya que Mobi Dick volcaba a las embarcaciones.
          Tras años de búsqueda por fin fue arponeada y los marinos vieron con asombro que era un cachalote blanco.
          Este ecocidio evolucionó con el tiempo y hoy la industria ballenera emplea arpones que son disparados con cañones emplazados en las proas de las embarcaciones cazadoras. El arpón lleva un explosivo que estalla en el interior del gigantesco y pacífico mamífero.
          Muerta la ballena es remolcada al gigantesco barco e izada a cubierta por medio de grúas, para ser destazada.
          Los destazadores son extraños hombres de varias nacionalidades; el perfil psicológico de estos aventureros me parece interesante: son misóginos, alcohólicos y dados a la soledad.
          Una vez destazado el animal, los restos son llevados al laboratorio donde se transforman en multitud de productos como cosméticos, alimentos, carnes en conserva, etc. 
La temporada dura ocho meses, en los que atracan en diversos puertos europeos para  la comercialización del producto.
            Las ballenas estuvieron al borde de la extinción hasta que organizaciones ecologistas dieron la alerta. Muchos gobiernos lucharon por detener este ecocidio, foros y conferencias se organizaron, sólo Japón no aceptó las medidas tomadas.   
   
Fotografía: T.C., «Secamiento global» de Rafael Corzo.
Fotografía: Tania Corzo

*Sobre los textos:

Los textos y las fotografías a la obra del maestro Rafael Corzo que estaremos publicando en esta columna fueron proporcionados por Tania, hija del artista, y son parte de una libreta en la que el escultor escribió varias notas en los últimos meses de su vida. Nos sorprende que muchas de las citas que realizó fueron directas de su memoria ya que el maestro no consultó ninguna fuente ya fuera escrita o digital, por una lado hacía tiempo que había donado su biblioteca personal, por otro, no era proclive a usar la Internet ni tecnologías modernas digitales.

El artista falleció el 19 de septiembre de 2020. Agradecemos a la familia Corzo por permitirnos compartir estos textos.

*Sobre el autor:

Rafael Corzo Espinosa

Escultor

Nació en la ciudad de Villaflores, Chiapas en 1938. Falleció el 19 de septiembre de 2020 en Copoya, Chiapas, México.

Dominó la acuarela y el dibujo desde muy chico. Siendo adolescente asistió a la clase de dibujo en la antigua prevocacional donde desarrolló y aprendió técnicas como la sombra, perspectiva, centrado, proporciones, etc. Después se trasladó a la Ciudad de México donde recibe un taller libre en la Academia de San Carlos. Posteriormente se trasladó a Copoya, Chiapas, donde comienza a ensayar la escultura con cemento, material que siempre pensó que tenía grandes cualidades plásticas. Después desarrolló una técnica usando malla metálica cernidora, que bautizó como “Ferro Cemento”, otra innovación fue policromar las figuras y sombrearlas.

Realizó diversas exposiciones individuales, listamos algunas: «El mundo que se fue», 2016; Café Galería “El rumbo” 1997 (escultura); “Forma y colorines”, Café Galería “Este sur”, 1998; “Del juguetero” Museo Hermila Dominguez, Comitán, 2000; “La trilla del primate”, enero, 2005; “La talacha del Corsario”, Congreso del Estado; “Apocalipsis”, Galería UNACH, 2001; “De Centauros; Mitos y Reales” –  Centro Cultural Jaime Sabines, 2006; “La escultura en la tecnología” Museo Chiapas de Ciencia y Tecnología, abril, 2007; “La trilla del primate” Museo Chiapas, noviembre, 2008; “Apocalipsis” Museo de Arte Hermila Domínguez, Comitán, Chiapas.

Paso de fuego. Paulo Freire. 1. Alejandro Aldana

Por Alejandro Aldana*

Paulo Freire: ¿Quién es ese hombre de la barba florida?

                                Para Luz y Emiliano



Paulo Freire es un hombre que avanza en la noche de la humanidad, se ilumina con una tea cuyo fuego se comparte como el pan de los pobres, Freire es un prometeo moderno, fue capaz de subir al cielo de los dioses y les arrebató algunas llamas. El hombre de la barba florida bajo a la tierra, tocó con sus pies descalzos el lodo de las veredas y repartió el fuego a los hombres y mujeres. 
            El 21 de septiembre de 1921 nació Freire en Recife Brasil, hijo de un policía y una ama de casa. Pasó pocos años en su pueblo natal, lugar que siempre estaría en su memoria, recordaría aquellos años en los que veía a su padre don Joaquín Temístocles, un hombre que amaba profundamente a sus hijos, sus manos no estaban hechas para golpear, sino para construir, y a su madre, doña Edeltrudis Neves, que se ocupaba de la familia, que era muy pobre. 
            Ya en 1921 la pobreza se agudizó al desencadenarse la crisis general, por lo que tuvieron que emigrar a la ciudad de Jaboatao. Ahí, en ese lugar, Paulo se convertiría en hombre, perdió la inocencia ante la pobreza, al observar la pobreza de los demás, entendió que no solamente su familia se encontraba en una situación económica precaria, sino que además existían muchas otras familias que estaban pasando por lo mismo. Al paso de los años, vuelve otra crisis económica; pero ahora se trata de un crack económico de niveles insospechados, en 1929 la economía de los E.U hace implosión y su resonancia repercute en todo el mundo. Brasil no es la excepción, si la familia de Freire ya era pobre, ahora se habían convertido en miserable. Si la economía nacional se encontraba en banca rota, la familia de Freire sufrió un revés profundo, don Joaquín falleció, lo cual los llevó a una situación muy complicada. Paulo, aún niño, tuvo que convertirse en cabeza de familia. 
            El conocimiento de la pobreza lo llevó a los once años a prometiese que lucharía contra la pobreza, para que otros niños no la sufriera en el futuro. Solamente cuando logremos entender que Freire fue un niño que conoció directamente la pobreza, podremos comprender las raíces de su pensamiento. La precaución de Freire por la pobreza y ver en la educación una forma de liberación tiene una directa relación con la vida de Paulo Freire. 
            La vida de Freire es ilustrativa para reconceptualizar el concepto de educación, la cual la entiende desde una construcción multifactorial, la educación se puede o se debe aprehender desde varios frentes, es imposible tratar de observar una sola y única manera de comprender el proceso educativo. 
            
Paulo Freire llegó a los quince años sin poder escribir correctamente, pero atendiendo a un proceso de formación desde la educación no formal, el muchacho se convirtió en un lector voraz, asistía regularmente a la Universidad Federal para leer a los clásicos portugueses. Freire entendió varias cosas de aquella experiencia: que una persona puede ser hábil en algunas cosas, pero inhábil en otras, él no podía escribir con corrección, pero había leído más que sus compañeros de clase y algunos profesores. También entiende que la formación no necesariamente pasa por la educación formal, y además logra reflexionar sobre la importancia de la lectura, en la lógica de que saber leer puede llevarnos a liberarnos. 
            Freire estudia Derecho, pero no ejerce su profesión. Se casa con Elsa María Oliveira, una mujer clave en la vida de Paulo. Su compañera le abrió una nueva manera de entender el mundo: la educación. Elsa era una profesora que logró interesar a su esposo en los procesos educativos. Freire se convirtió en director del Departamento de Educación y Cultura, donde realiza sus primeros acercamientos directos con los procesos pedagógicos, comienza un profundo estudio sobre las estructuras en que se desarrolla la educación y los problemas que se presentan sobre todo en un contexto de pobreza. Freire contempla la situación en que viven los educandos, no ignora que las circunstancias también forman parte del proceso de enseñanza, sabe que el aula no es un espacio que se convierte en una cápsula que se abstrae de la realidad. Realidad y educación van de la mano, son parte consustancial, son inseparables, ya que forman un todo que se retroalimenta. 
            Sociedad, política, educación, historia, se mezclan en un tejido único e indivisible. Un modelo educativo no puede ignorar su integralidad, y pretender que únicamente debe interesar la instrucción. De lo contrario estaríamos ante la instrumentalización de la educación, una educación que instruye, pero pierde su verdadero espíritu humanista.
            Freire comprende todo esto en su quehacer como director, podemos decir que es ahí donde nacen los principios de su pensamiento. Posteriormente es director de Extensión Cultural de la Universidad de Recife, y comienza a trabajar en el noroeste de Brasil, un lugar muy pobre, donde se enfrenta a quince millones de analfabetos. Freire ve la gran oportunidad de aplicar su método y los resultados son extraordinarios, en muy poco tiempo miles de personas aprenden a leer y escribir. El gobierno, sorprendido por los resultados, decide adoptar el método de Freire para aplicarlo a nivel nacional. Paulo Freire pasa a dirigir el departamento de INEA, Educación para Adultos. Los resultados vuelven a ser excelentes. 
            Un movimiento insurreccional destituye al gobierno que apoyaba el programa educativo de Freire, la represión se extiende en todo el país, viene un tiempo oscuro, persecuciones, tortura, desaparecidos, negación de libertades, violaciones de los derechos humanos. Freire es detenido y encarcelado, experiencia que abonará a la conformación de su modelo educativo. Ahora entiende a los perseguidos, vive en carne propia lo que implica ser perseguido, incomunicado, y quedar desprotegido frente aun estado represor. Ahora está más convencido que la educación es el mecanismo para lograr la liberación de los pueblos. Al ser liberado, Freire viaja de inmediato a Chile para refugiarse, una nueva experiencia ilustra a Paulo, ahora es su condición de exiliado. Vivir lejos de la nación, no poder reintegrarse a la vida que siempre fue parte de su existencia. Freire se convierte en un pedagogo que aprende de la realidad directa, las circunstancias son formadoras de una forma de ver el mundo. 
            En Chile Freire se integra a laborar a la Universidad, y su método se aplica desde las políticas públicas. Y nuevamente los resultados son importantes. Su fama crece y en el mundo entero se reconoce su valiosa aportación a la educación, lo cual lo lleva a convertirse en consultor de la UNESCO. 
            Al sufrir el golpe de estado contra el gobierno de Salvador Allende provoca que Freire tenga que salir nuevamente de urgencia. Ahora queda claro que el método de Paulo Freire es incómodo a gobiernos autoritarios, antidemocráticos, ya que en cada golpe de estado se toma la resolución de suspender la aplicación de un modelo que ha dado excelentes resultados. La educación popular es insurreccional, progresista, democrática y liberadora, esos son algunos de los elementos que incomodan a las políticas antiprogresistas e incluso liberales. 
            Posteriormente viaja a Harvard para impartir clases, y después se traslada a vivir a Ginebra para trabajar en el Consejo Mundial de Iglesias. Freire conocerá prácticamente todo el mundo, aplicando su método en las regiones más pobres del orbe. Es hasta 1980 cuando Freire puede regresar a Brasil para seguir trabajando por la educación, la actividad de Freire en su país se hace ferviente, asesora organizaciones, imparte cátedra, publica libros, milita en el PT, da conferencias. 
            Paulo Freire falleció el 2 de mayo de 1996, dejando un profundo legado para los pueblos del mundo. Pero en la pregunta de ¿quién es ese hombre de la barba florida?, nos lleva a contemplar su vida, pero al entender la vida como una experiencia entregada a la liberación de los pueblos. Comprender que la educación es un elemento fundamental para lograr la liberación. Es por ello que a continuación analizaremos algunas de las principales ideas del modelo pedagógico de Paulo Freire. 
 
(Continua en la siguiente entrega)...
Photo by Skully MBa on Pexels.com

Fotografía:  Skully MBa , por Pexels

Sobre Alejandro Aldana Sellschopp

Investigador, promotor cultural, editor, ensayista y narrador.

Ha sido becario de: FOESCA (Emisiones 1999-2000 y 2000-2001), PACMYC, fue becario del FONCA (2003-2004) en el programa de Jóvenes Creadores en la modalidad de novela. Está incluido en la antología del FONCA – Jóvenes Creadores generación 2003-2004.

Ha publicado: Tiempo a Contrapunto (UNAM- Espacio Cultural Jaime Sabines),  Nudo de Serpientes (Novela). Su cuento Diario de un lobo está incluido en la antología Inventa la memoria (Alfaguara). La novela en Chiapas, antología (Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas en el 2018).

Líneas de desnudo. 15. Distopía VIII: La nueva Era (3). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 15

Distopía VIII: La nueva Era (y 3)

Manuel Pérez-Petit

 
Sin preámbulos, al grano, que es gerundio. El punto diecinueve de la lista de veinte de The Economist dice: “Todo se va a lo natural y saludable. Comida, experiencias y forma de interactuar. 100% natural es lo de hoy. Producir los propios alimentos, meditar y ejercitarse, pasan a ser parte del día a día. La permacultura y los sistemas de producción personales eficientes crecen exponencialmente. Cada quien quiere poder satisfacer sus necesidades comestibles sanas personales. Consumir local pero real. Ser más sano es el “nuevo lujo”. Los productos suntuosos pierden valor y justificación. El reciclado regresa con mucho más fuerza después de un año de desperdicios incontrolables, ahora con grandes tecnologías que inician y resuelven realmente los problemas generados en el pasado”, y tiene toda la lógica del mundo. A ver, si la mayoría se va al desempleo, la clase media está condenada a la desaparición y las diferencias entre los muy pocos muy ricos y los muy muchos muy pobres –que además estaremos obligados a ahorrar– es más grande que nunca, lo normal es que, en efecto, yo tenga que terminar cultivando mis propias lechugas. En consecuencia, todo será “100%” natural y saludable. Tendremos mucho tiempo disponible, por lo que “producir, meditar y ejercitarse” será parte de nuestro día a día. A ver, volvemos no ya al siglo XVIII sino al Neolítico, al origen mismo de la civilización, al tener que asumir nuestra nueva función social: seremos agricultores y autoabasteceremos nuestras necesidades –dice porque “cada quién quiere poder satisfacer sus necesidades”, toma ya–, pero en lo que no podamos autoabastecernos, iremos al mercado local, y no deberá extrañarnos si, tal como indica la nueva realidad, tendremos que acudir al intercambio de bienes y/o servicios. Un kilo de tomates por un par de plátanos…, dado que será más fácil tener una tomatera que un platanar en la propia casa… Y claro que será real, comeremos lo más ricos y reales tomates y plátanos que nunca hayamos comido, las mejores berenjenas, los más deliciosos higos… ¿Los lujos? Ya no habrá lujos, que es un dislate. Y la tecnología, pese a todo, tendrá también un carácter protagónico en todo ello, aplicando su ley en nada menos que un mundo mejor –el que dictan los nuevos dirigentes, gurús de la nueva esperanza–; mejor dicho, más limpio y sano. El reciclado de los desperdicios, en esta nueva vida bucólica, pastoril y campestre será una estrella del nuevo marco del bienestar general. Y esto es lo que nos espera. Punto pelota. Ajo y agua, que diría el castizo –a joderse y a aguantarse, para los no iniciados–. Esto es lo que ya comenzamos a tener encima. Y el que no se consuele será porque no quiera. 
          Ahora permítanme que abunde en lo esencial: Si vamos a ir en bicicleta a todas partes, con la consiguiente reducción del parque vehicular, la fisonomía de nuestras ciudades cambiará. Como muchos viven en edificios de departamentos, pienso yo que habrá que asignar trozos de calle para otorgar a cada ciudadano un terreno suficiente a fin de que cultive sus alimentos, sobre todo a los que no puedan irse al campo –la mayoría– o a los que no les llegue con las azoteas de sus casas –porque carezcan de ellas o porque haya tantos vecinos en el edificio que no haya terreno suficiente para todos–. Y todo a precios muy asequibles y de muy cómoda amortización. Ya no será lo normal ver capas asfálticas en nuestras calles. De este modo, así como a la muerte de la democracia, de la libertad, del estatuto humano de la persona y del poder del pueblo, asistimos, de paso, de igual modo, con la misma alegría y alborozo, por dictado de quien corresponda, al renacimiento de aquello de, y de manera literal, “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, pero a lo bestia, sin solución de continuidad, y no solo porque lo digan los expertos de The Economist, que, al fin y al cabo, solo son voceros de alto standing. 
            Habrá una gran mayoría que no solo se quede desempleada, se vea obligada a ahorrar, a hacer trueques para obtener lo necesario para vivir, a vestir siempre igual, a estar super tecnificada y super controlada, a obedecer…, sino que, además, seremos nuestros propios agricultores, “señores” de nuestra propia tierrita –que pagaremos, trabajaremos y cuidaremos como dios manda, y de cuyo rendimiento también tributaremos de manera religiosa y puntual tal como las nuevas leyes impongan, aunque ni siquiera sepamos que es una legona –palabra con que se designa a la azada o azadón, instrumento esencial en el trabajo del agricultor, en muchos lugares de la España rural–. Estaremos obligados, por si fuera poco, a hacer meditación y a ejercitarnos. Haremos realidad los designios de una raza humana más alta, más bella, más fuerte. Lógicamente, todo lo tóxico deberá ser proscrito, salvo, claro está, el soma que nos den para reconducirnos. Podremos en efecto, meditar, pero pensar ya no; pensar es terrible para la nueva Era. Al que piense habrá que, de manera paternal e implacable, ponerlo en revisión y hacia el buen camino, el de la docilidad, porque si no somos dóciles el sistema nos reprenderá y corregirá...
            Claro, ahora caigo en el veinte –expresión no recogida en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), así que tranquilos– de por qué los veinte famosos puntos de The Economist me ponen los vellos de punta –igual a los demás, que no lo creo, les trae sin cuidado–. No hay nada más que ver que a los veinte le sobran diecinueve, dado que todo está condensado en el último: “El mundo está viendo este año como un nuevo inicio. Un renacimiento. La gente replanteará sus metas personales, de trabajo, de salud, de dinero y espirituales. Vienen grandes oportunidades para satisfacer todos esos requerimientos y cambios de pensamiento. Un nuevo inicio con valores más reales. Muchos comportamientos se transforman y nunca regresarán. Acumular, consumir y vivir por lo material pasa al lado negativo de la conversación”. Lean bien, dice: “El mundo está viendo…” ¿No les entran ganas de salir corriendo? Habla de un “renacimiento” y dice que la gente “replanteará su vida”... Yo me la llevo replanteando mucho tiempo sin que me digan lo que yo, como parte del mundo, estoy viendo. Pero se refiere a la gente –insisto, ya no a las personas, sino a la masa, que es lo que conviene al sistema que imponen–. 
Muerta la democracia, muerta la libertad, muerto el ser humano individual, muerta incluso la conciencia –pues ellos, los que sean, la sustituyen con el nuevo discurso–, muerta la espontaneidad –que no cabe en un sistema tan avanzado–, muerta, para colmo, la posibilidad de la locura… Solo cabe en el nuevo mundo de la Era distópica ser cordero, estar en el rebaño, obedecer… Qué lindo panorama. La vida será como hacer flan sin huevo ni leche ni azúcar, y casi sin molde.
            Pero es más, por si no tuviéramos ya bastante, la lista de los pontífices de The Economist añade un párrafo adicional, con el que ya me quedo sin palabras: “La innovación, la tecnología, lo natural y el pensamiento lateral son la base de la nueva realidad. Seguir haciendo lo mismo sin replantearse en 2021 es ir directo al desfiladero. Todos están a tiempo de encontrar nuevos caminos. Las directrices están definidas. Simplemente hay que encontrar las nuevas rutas personales o empresariales”.
            Alguien me preguntó el otro día acerca de las curvas que se nos venían y que yo había anunciado sin enunciar en otro artículo de esta misma serie dedicada a la distopía. ¿Les parecen pocas las que tenemos encima? Y ojo a lo del desfiladero, que ahí es en donde nos darán soma. Y hasta que se nos salga por las orejas. No en vano, “Las directrices están definidas”. No le deseo este mundo mejor a nadie. Ni aunque se pueda llamar Huxley. Y me pregunto en dónde estará el puerto del que salir hacia el exilio. 

 (… Continuará…) 
 
   
Fotografía:   © “Escapando al mar, M. P.-P., 2009"

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Voces ensortijadas. 55. Tamales, tamales. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 55

Tamales, tamales

Por María Gabriela López Suárez

Cada viernes de final de mes, la familia de Antonia solía reunirse a cenar tamales, era una costumbre que tenían desde hace más de dos décadas. Se organizaban para cooperar en los gastos. Normalmente, la tía Bertha era quien los preparaba, a manera de fiesta, se podía degustar tamales de mole, de bola, de verduras, de anís y no podían faltar los de chipilín con queso. Ese platillo gastronómico era una inversión de tiempo, esfuerzo y amor por la cocina. En esta ocasión la tía Bertha había tenido un imprevisto y avisó que no podría cocinarlos.
     Doña Luz, la mamá de Antonia, quedó como encargada de conseguir los tamales. Antonia se ofreció a ir a comprarlos. Su mamá le indicó la cantidad y variedad que debía comprar. En punto de las 5 de la tarde salió para hacer el mandado. Siguió la recomendación de la ruta que debía tomar para llegar a los lugares donde vendían los tamales, ir por calles transitadas y estar pendiente si notaba algo fuera de lo común, sin dudar en llamar a la casa.
     Antonia llegó a su primer destino, la casa de la esquina que tenía como característica, además del letrero se venden tamales,  el decorado en sus paredes con repello rústico y las rejas de la entrada que la remontaban a las casas de antaño, como las que aparecían en las anécdotas que les contaba su abuelita Nieves. Hizo el pedido y al no hallar toda la variedad de tamales que llevaba en la lista siguió la segunda recomendación, irse al mercado. 
     Emprendió el paso a ritmo ligero, iba contenta y observando con atención todo a su paso. La tarde era luminosa. Antonia pasó bajo un árbol donde los cotorros tenían tremenda fiesta. Se detuvo y alzó la vista, los cantos se entremezclaban, ahí revoloteaban de una rama a otra. No puedo evitar recordar algo que le decía su tía Bertha,
     –¡Ay Toni,  a veces eres tan escandalosa como los cotorros!
Ahora entendía un poco mejor la comparación. Sonrió, le pareció que el escándalo era sinónimo de alegría.
     Pasó por una calle que siempre le llamaba la atención, la de los graffitis. Además del colorido tan alegre que decoraba las paredes, los rostros pintados eran muy expresivos. Fue deteniéndose por instantes para observar el material de adobe que asomaba por los bordes, de pronto quedó frente al rostro de Frida Kahlo, la reconoció de inmediato, le pareció muy bello graffiti. Su tío Julián, a quien le gustaba mucho hablar de temas culturales, le había platicado un poco de la obra de la pintora. 
Al llegar al mercado eligió el último puesto para comprar el encargo. Se sorprendió al ver la cantidad y variedad de tamales que tenían en ollas muy grandes. Surtió la lista de tamales que faltaban y regresó a casa. 
     Para cerrar su recorrido se topó con otro bello graffiti, el rostro de una mujer zoque, una señora mayor. Los detalles estaban tan cuidados que parecía un retrato fotográfico ampliado. Miró su reloj, eran las seis de la tarde, estaba justo a tiempo para llevar el pedido, que por cierto, ya le venía cansando por el peso. Sin embargo, valía la pena, llevaba el encargo y había disfrutado la caminata.
     Al llegar a casa tocó el timbre, al tiempo que gritaba:
     – Tamales, tamales, ya están aquí los tamales.
Photo by Raul Juarez on Pexels.com

Fotografía: Raúl Juárez

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 55. Negros ojos asesinos. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 55

Negros ojos asesinos

Héctor Cortés Mandujano

 Leí Las mil y una noches cuando era niño y recuerdo con precisión el asombro que me produjeron varias de sus historias que están asentadas en mi memoria. Vuelvo a leer ese libro prodigioso, de cajas chinas, ahora en tres ediciones muy distintas.
            Una, de la que hablaré ahora, es de Editorial Porrúa, 1992. En el prólogo, dice Teresa E. Rhode que (p. IX) “el primer intento para dar a conocer esta hermosa colección de narraciones orientales fue hecho en 1704, por el diplomático Antoine Galland, quien afirmó haber encontrado el manuscrito árabe en Siria”, aunque (p. XII) “la mayoría de los eruditos está de acuerdo en que fueron escritas entre los siglos VII y XVI de nuestra era y también en que el argumento es el resultado de una lenta mezcla folklórica”.
            En “Historia del jorobado, con el sastre, el corredor nazareno, el intendente y el médico judío…” hay una de las numerosas afirmaciones amorosas de un hombre al conocer a la mujer. Me llama la atención que no sea el corazón el centro sentimental (p. 137): “Sentí que el amor apuñalaba mi hígado”.
            Esta historia, como muchas, está llena de sexualidad, violencia y asesinatos en torno al amor y la ambición, generalmente. De nuevo el hombre sobre la mujer (p. 140): “Vi que se me acercaba la joven, adornada con perlas y pedrería, luminosa la cara y asesinos los negros ojos”.
            El barbero silencioso (que es súper parlanchín) tiene seis hermanos y cada uno de ellos tiene un apodo. Me hizo reír el quinto, El-Aschá, a quien apodan (p.161) “la camella preñada”.
            El barbero silencioso es detenido por equivocación con otros diez. Los llevan frente al califa y éste le dice al portaalfanje (p. 170): “¡Corta inmediatamente la cabeza a esos diez malvados!”; el hombre cumple la orden, pero al barbero lo han puesto al final de la fila: “Cuando llegó a mí, el número de cabezas cortadas era precisamente el de diez, y no tenía orden de cortar ni una más. Se detuvo, por tanto, y dijo al califa que sus órdenes estaban cumplidas”. Uf.
            Bacbac, el tercer hermano del barbero, era ciego y era un profesional, cuenta el barbero (p. 177): “Era mendigo de oficio, y uno de los principales de la cofradía de los pordioseros de Bagdad, nuestra ciudad”.
            En la “Historia de Ghanem y Fetnah”, el eunuco Kafur dio un enorme susto a la familia de su amo diciéndole que éste había muerto y al amo diciéndole lo contrario: ya no tenía familia. Su amo lo compró aún a sabiendas que su vicio era la mentira. Cuando amo y familia se encuentran y descubren el infundio, el amo manda que emasculen a Kafur. Cuando ya ha sido mutilado, su amo le dice (p. 205): “Así como tú me has abrasado el corazón queriendo arrebatarme lo que más quería, así te lo quemo yo a ti, quitándote lo que querías más”.
            No creo que haya notado tanto sexo y violencia en mi lectura infantil. Pero quién sabe. Tal vez por eso Las mil y una noches es uno de mis libros favoritos.
 
***
 
Presentamos mi obra La divinidad del monstruo en Patio Petul, en San Cristóbal de Las Casas, y fuimos recibidos con cálida amabilidad por Lupita Calvo, Isabel Araujo (nos dio prestado su cuarto para usarlo como camerino) y quienes componen ese colectivo. También llenaron las funciones, nos aplaudieron y nos llenaron de frases lindas los asistentes, el público. Alfredo Espinoza, mi compañero en escena; Nadia Cortés, maquillista y vestuarista; Dalí Saldaña, iluminador; Daniel Dávila, músico, quedamos muy contentos y muy agradecidos. Mil gracias.
 
            
Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Foto: Patio Petul
Fotografía: Patio Petul

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Líneas de desnudo. 14. Distopía VII: La nueva era (2). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 14

Distopía VII: La nueva era (2)

Manuel Pérez-Petit

 
‘Ahí Troya’, sí, en el sentido que el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) indica: “para dar a entender que solo han quedado las ruinas y señales de una población o edificio, o para indicar un acontecimiento desgraciado o ruinoso”. Esto es lo hay, sin más adornos. Y ya que nuestros paternales dirigentes del mundo se aplican en lo de ‘arda Troya’, si, arda, tal como lo leen, ‘arda Troya’, que, según el DRAE, es otra expresión coloquial que “Denota el propósito o determinación de hacer algo sin reparar en las consecuencias o resultados”, porque así están actuando, sin casi excepción alguna, esto es lo que tenemos, y quizá hasta nos lo hayamos ganado. 
          Siguiendo con el famoso listado de veinte puntos de la revista The Economist sobre el nuevo mundo que nos toca, en el que ninguno de nosotros hemos sido arte ni parte pero con el que nos toca tragar por las buenas –digo por las buenas, porque por las malas, ojo, nos puede condenar a ser desterrados a una isla, al modo de Un mundo feliz, o a tomar soma, o sabe Dios si incluso a desaparecer del mapa...–, estamos aviaos.
            Veíamos ayer –bueno, en el último artículo–, cómo en la primera mitad del listado brillaban por su ausencia dos palabras: “persona” y “libertad”. Claro, esto tiene su sentido por cuanto esos dos conceptos lo normal es que queden anulados si de hacer un totalitarismo global –por razón del “bien común”– se trata, y yo estoy convencido de que de ello se trata, pues todo lo indica. Como en las mejores fantasías de ciencia ficción, la tecnología lo dirigirá todo, bajo el gobierno implacable de oscuros personajes en aún más oscuros despachos… El punto once dice: “La educación nunca regresará igual. Se vuelve presencial pero tecnológicamente adaptativa. Cada quien lo que necesita. Estudiar offline y online será lo normal. Las escuelas y universidades se transforman en un esquema híbrido para siempre. Se regresa al esquema de contratar gente muy preparada para llenar puestos importantes, pero se aceptan candidatos sin título universitario, para puestos menos importantes, que tengan la experiencia necesaria”. ¿No es distópìco? ¿De verdad me van a decir que no lo es? Yo les diré lo que es: una aberración de bulto redondo. A ver, no les pita en el oído ese “Cada quien lo que necesita”. ¿Quién va a dictar lo que necesite cada quién en su educación? Piensen. O hay que tener muchos hijos que sean capaces de romper con el nuevo estatuto impuesto o no tener ninguno… 
            Tragar, tragar y tragar, porque es al final de lo que se trata, como se expresa en el punto trece: “La economía personal se contrae, se utilizan nuevas formas de generar transacciones comerciales y la gente ahorra más. Un porcentaje alto del gasto familiar se destina a actividades que antes no se pagaban y viceversa. La compra de artículos como ropa elegante se sustituye por prendas casuales. Sigue la transformación radical de hábitos en 2021. La electrónica sigue siendo el producto más apreciado y adquirido por un año más”. A ver, recapitulemos, hasta el momento: la tecnología toma un protagonismo central en nuestras vidas, alguien –o alguienes– deciden por nosotros en todos los ámbitos las decisiones que son solo nuestras, el desempleo es y será devastador, aunque podremos vivir en donde queramos y hasta nos dedicaremos a ahorrar –de la risa que me entra me tengo que poner babero–,  no tenemos derecho a equivocarnos –pues alguien, como ya ha quedado dicho, designa sin réplica posible nuestra educación, nuestros hábitos y hasta cada minuto de nuestras vacaciones–, no tenemos derecho a vestirnos como queramos –siguiendo con fidelidad este punto trece el designio es claro–… La era Distópica es el fin del género humano. Ya comprendo con peras y manzanas por qué esas dos palabras –”persona” y “libertad”– ya no existen.
            —Manuel, que se saltó usted el punto doce…
            —¿El doce? Ah, pues sí, pero fíjese, y luego no se me queje, en su tenor literal: “El sistema médico se adaptó a lo digital con tecnología a distancia para siempre. Una cita médica en teleconferencia será lo normal. La gente seguirá con pruebas de Covid rápidas por todo 2021 para sentirse seguros. La vacuna se acelera mucho pero encontrará grandes retos en el camino. Los grandes hospitales replantean su operación por las crisis económicas que han sufrido por el Covid 19. La gente se enferma menos de virus, bacterias y enfermedades por mal manejo de alimentos gracias a una limpieza recurrente del individuo común”. Ya ve, es un punto equis. Los que peor lo tienen son los ciudadanos de los países carentes de un sistema público universal de salud, pero eso no es novedad, pues si tendremos menos dinero, ¿cómo podremos pagar salud privada? Vayamos al sistema de salud al que vayamos, público o privado, nadie se librará en el fondo de ser cada vez más conejillo de indias. Estamos vendidos, pero eso no ha cambiado: ya lo estábamos antes..
            —Es usted un agorero…
            —No sé, mi amigo. Si ser realista es ser agorero, haga lo que le decía en el artículo anterior, la del avestruz, y meta su cabeza en un agujero, a ver si eso le libra de lo que pasa… Continúo con el catorce, pues, que abunda en otros anteriores: “El comercio sigue creciendo pero en línea; entran jugadores como Facebook, Tik-Tok y YouTube a competir con Amazon. Cierra un porcentaje cercano al 50% de tiendas físicas globales. Las tiendas sobreviven gracias a ser experiencias y show rooms, pero el comercio real para finales del 2024 será mayor en línea que presencial en muchos rubros. Los grandes centros comerciales quedarán atrapados en el tiempo. Muy pocos sobrevivirán a largo plazo”. Bien, siempre he sido partidario de los mercados, las tiendas de barrio y el pequeño y mediano comercio…
            —¿Pero no se ha enterado usted que esos comercios están condenados a desaparecer?
            —Ostras, Pedrín, tiene otra vez usted toda la razón, mi amigo… ¿Sabe qué le digo? En efecto, lo tendremos que comprar todo por internet, dando nuestros datos y hasta nuestra sangre y sudor… Estaremos controlados hasta la extenuación… ¿Y mis aguacates? ¿Quién escogerá mis aguacates? ¿Por qué tendré que aceptar que otro, en el peor de los casos un androide, elija mis lechugas o mis plátanos?
            —Pero si a usted no le gustan las lechugas…
            —¿Y quién le ha dicho eso? Ahora me encantan más que nunca las lechugas, ea, y por lo que veo tendré que cultivarlas yo mismo para no tener que comprarlas… ¡Qué desastre!
            —Si usted lo dice…
            —Sí, lo digo, y no dude que estoy pensando en romper mi smartphone y recuperar mi viejo nokia analógico, a ver si me encuentran. Y si me encuentran, romperé el nokia y volveré al teléfono de centralita, si es que existe aún, o me haré de un palomar con palomas mensajeras… 
            —Cálmese, que está usted volviéndose loco.
            —Puede ser, amigo mío, puede ser, pero no sé qué reacción tendría usted si hubiera leído el punto quince de la lista…
            —¿Y qué dice?
            —Ahora verá. Se lo leo literal, como los otros, para que no falte ni una coma. Escuche atento: “El cambio climático será un tema muy hablado y apoyado. Grandes industrias seguirán en la transformación y se utilizará la A.I. para comprenderlo y operarlo mejor. La adopción de bicicletas como transporte principal seguirá creciendo gracias a la transformación de las ciudades. Pasaremos del tema Covid al del Cambio Climático como tema principal de forma natural. Una oportunidad de unión global para ayudar a transformar y resolver los grandes temas”. Toma ya, ahora nos dicen en qué debemos desplazarnos, como en la China comunista de los años duros, y que conste que me encantan las bicicletas; incluso hay una pintada en la fachada de mi casa… Pero es que ya tenemos hasta plan de estado único. Digo yo que le podrían llamar Huxley a la nueva unión global en cuya concepción, desarrollo e implantación por decreto esos tipos sin rostro se frotan las manos.
            —Bueno, Manuel, ya me voy, le dejo en paz.
            —Es usted inteligente, se va cuando llega lo mejor… ¿Sabe usted que el punto dieciséis dice: “Nuevos modelos de información y noticias por suscripción con más transparencia ayudarán a dar contenidos sin tanto “Fake news”. La credibilidad y transparencia será la piedra angular de todas las empresas. La gente está cansada de tanta información y prefiere sistemas curados por expertos para interactuar. La inmediatez seguirá siendo muy valorada”. Igual los “Fake news” han sido una tendencia orquestada desde los de arriba para sumar una excusa más que justifique, en su afán de control, la implantación de la nueva Era…
            —Ya está usted delirando…
            —¿Delirando? No lo digo yo, lo dicen estos sabihondos pontífices que además tienen en sus manos no solo el timón sino el mango de la sartén en que usted y yo nos encontramos…
            —No lo creo…
            —Pues luego no se sorprenda cuando nos rocíen con aceite, porque fíjese usted en lo que dice el punto diecisiete: “La salud mental se vuelve un tema recurrente y grandes plataformas ayudan a la gente a sobrellevar las situaciones de agresividad, soledad y angustia que han vivido al estar aisladas. Uno de los grandes costos de 2020 es la complicación para trabajar nuevamente en equipo. Mucho que trabajar, mucho que replantear. Las crisis de liderazgo en las empresas cada día serán más comunes”. ¡La salud mental! A ver, si la salud mental es una especie en vías de extinción, por Dios. Ya verá usted que todos al final vestiremos igual, tendremos lo mismo, llevaremos un número en el pecho, obedeceremos como autómatas…
            —Me está usted pintando la cosa, Manuel, como para salir corriendo.
            —Eso habrá que hacer, al menos los que puedan… Y agárrese a la silla, porque le voy a leer el dieciocho: “Las grandes problemáticas como la educación, la salud, la energía, la seguridad, la política, la destrucción de la clase media, toman los reflectores y se desarrollan soluciones por parte de las empresas tecnológicas. Se invierten grandes capitales al hacer el bien, mientras que se resuelven los problemas globales. Emprendimiento social en su máxima expresión con resultados económicos muy sustanciosos”. Para “hacer el bien” dice, ¡para “hacer el bien”!, y que “se resuelven los grandes problemas globales”... A lo que se ve, la unión global esa tan cacareada es una nueva versión del Imperio, y que yo sepa Luke Skywalker no está entre nosotros…
            —Bueno, bueno, pues ya que está, léame, por favor, el diecinueve y el veinte de una vez.
            —Hoy no lo haré mi amigo, porque son para echarles de comer aparte… Espero que los lea en mi próxima entrega de Líneas de desnudo, pero le aseguro que estamos perdidos. Lo vengo diciendo y nadie me pela… Que arde Troya es lo único que tenemos seguro, ya mismo, delante de nuestras narices. Que no habrá piedra sobre piedra. Los mismos que matan son ya los jueces del asesinato. Eso sí, hoy ya somos los más limpios y desinfectados de la historia.
            —Eso es bueno al menos, ¿no?
            —¿Para qué, mi amigo, queremos ser más limpios y desinfectados que nunca si no es para meternos en un laboratorio y que hagan con nosotros lo que quieran? No lo digo yo, lo dicen los expertos de The Economist. Tome nota y espere a mi próximo artículo. Si creíamos que nuestro mundo era retorcido, el nuevo mundo, además de suponer una involución de más de doscientos años para la Humanidad, es el summum de lo retorcido. Como bien dice el DRAE, “una cosa que no se puede superar”.

 (… Continuará…) 
 
   
Fotografía:  © M. P.-P., 2009

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 13. Distopía VI: La nueva era (1). Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 13

Distopía VI: La nueva era (1)

Manuel Pérez-Petit

Que entramos con este 2021 (año 1 p.p.) en la Era Distópica no es solo una conjetura, un hallazgo intuitivo o un capricho de agorero. Y tampoco que, en realidad, la Era Distópica es una regresión gigantesca para la Humanidad. ¿Quién cree hoy ya en la democracia si, a las primeras de cambio, en aras al terrible –y luego explicaré la razón por la que lo califico así– “bien común”, los dirigentes democráticos han sido capaces de tomar medidas impensables en una democracia, que atentan contra el sentido de lo democrático, por ejemplo, o hasta los expertos más sesudos reconocen, al menos de manera tácita, que estamos en el umbral de una nueva Era, como se ve en el famoso texto de veinte puntos basado en las opiniones de 50 expertos que la revista The Economist –oh, pontífices del mundo– publicó en noviembre del año pasado como quién descubre el hilo negro, como si en el fondo ya no lo supiéramos? Podemos meter la cabeza como el avestruz en un hueco cualquiera o taparnos ojos, bocas y oídos –por aquello de que ojos que no ven, corazón que no siente–. Podríamos apuntarnos al tan de moda negacionismo… ¿Negacionismo de qué? De lo que sea, faltaría más, y seamos como un “don meopongo”, un tipo que en el saber popular español siempre se opone a todo, o como “un contreras”, apelativo que el saber popular mexicano se aplica a todo aquel que siempre va contra lo que sea. Podríamos regresar al campo, irnos a vivir a la montaña, convertirnos en eremitas en el desierto, volver a coleccionar insectos como en la escuela –al fin y al cabo, los insectos son el mayor ejemplo de supervivencia que pueda encontrarse en la naturaleza–, o podríamos ser quizá más sanos y desterrar, verbigracia, la idea de “nueva normalidad” porque lo que nos arrastra –literal– es un “nuevo mundo”…
            Debo reconocer que estuve a punto de borrar el párrafo precedente, como sí hice con varios que había escrito con anterioridad para comenzar esta entrega de mi Líneas de desnudo, no en vano esto da hasta miedo. Veamos qué dice The Economist, ¡en veinte puntos nada menos!, de lo que nos espera: Comienza con un a mi entender ñoño y perverso axioma: “Los humanos deseamos volver a socializar”, y aplica de inmediato la mayor: “pero el trabajo a distancia básicamente se quedará igual”. 
            ¿Sabe alguien lo que eso supone? Pues por si no lo saben con certeza, yo mismo se lo digo: Los humanos –ya ni casi con la consideración de “personas”– ya no somos libres. Y The Economist me da la razón cuando continúa con ese primer punto, que, literal, concluye: “El modelo mixto de trabajo es irreal, simplemente seguiremos trabajando en línea desde nuestras casas cada vez más adaptadas y con reuniones en lugares divertidos y diferentes cada mes para socializar y conectar. Se crearán múltiples espacios para grandes juntas digitales con todas las soluciones resueltas. Nadie quiere vivir en el tráfico ni en esa vorágine de información y trabajo otra vez”. Con esto último parece querer la famosa revista encontrar un lado amable a lo anterior, sin indicar, como era esperable, quién es el vocero que establece lo que queremos los “humanos”, porque por lo visto queremos diversión y liberarnos de las incomodidades de la vida moderna. ¿Alguien preguntó a alguien? Curioso el dato, porque, de momento, en este primer número de la lista no se habla de “libertad” en ningún sitio. Pero vayamos al segundo: “Las oficinas cierran en un porcentaje altísimo y ese modelo atrasado es retomado por tecnologías disruptivas. Cada día tendremos más asistentes digitales para trabajar en forma eficiente. Esos grandes corporativos serán recordados por siempre como los enormes mamuts de 1980-2020 en extinción. La gente no siempre trabajó así y no trabajará por siempre en ese mismo esquema”. Aquí el vocablo “humano” ha sido sustituido por el más impersonal “gente”. Dato interesante, pues resulta ser este punto uno de los más amables de todo el listado. Está bien, ya no habrá “grandes corporativos” hacinadores de personal. En la Era Distópica lo que se aplica es la ley del palo y la zanahoria.
            El tercer punto se refiere también al trabajo, y curioso tema es este, pues, de darle al trabajo el protagonismo principal a la lista que pretende definir el nuevo mundo…: “Los hoteles de trabajo desaparecen en un 50% por lo menos. Nunca regresan los viajes, congresos o reuniones de trabajo como eran, si es que se pueden hacer en línea. El turismo de trabajo desaparece prácticamente. Las llamadas se convierten en videollamadas. Las juntas internacionales en juntas en línea. Los grandes congresos en sistemas tecnológicos. Nuevos lanzamientos de productos en forma digital y tecnologías novedosas. Congresos apoyados por A.I. para recibir experiencias personales”. Fantástica realidad, pues si se trata de hacer negocios esto funciona de maravilla y reduce los costos empresariales de manera exponencial. Que todo sea el capital. De los hoteles, qué decir. Que tengan suerte y se sepan reciclar. Es la vida.
            El cuarto punto nos habla a nosotros, menos mal, que ya era hora: “Las casas se vuelven más tecnológicas y adaptadas al trabajo diario. Muchas empresas se dedicarán a solucionar las necesidades de trabajar desde casa. La casa cambia de ubicación. Hoy se puede vivir fuera de una gran ciudad, trabajar igual y generar el mismo valor. La ubicación física pasa a un segundo término para las empresas, pero a un primer término para los trabajadores”. Bien, sigue sin aparecer la palabra “persona” y se refiere a la gente como “trabajadores”. Toma ya. Podría entenderse este punto por la posibilidad de elegir con libertad en qué lugar del mundo se desea vivir. Para mí, que soy un extranjero en toda tierra, es un sueño, desde luego, pero aquí importo poco. Lo que en realidad este cuarto punto indica es el engañabobos de la nueva realidad. Lo dicho: palo y zanahoria. No serás libre, pero podrás vivir en donde quieras, pendejo, claro que otra cosa es que puedas.
            El quinto vuelve a la carga con lo que parece primordial en el nuevo mundo: “La productividad ya no depende de un jefe que te revise, ahora es por medio de plataformas que te ayudan a medir resultados, KPI’s y tiempos eficientes. La forma de contratar personal se replantea. Contratar al mejor del mundo hoy es más fácil, económico y eficiente. No habrá diferencia entre contratar personal local y extranjero. Hoy todos somos globales”. Que Dios oiga a The Economist. Gracias. 
            El sexto se despacha ya en términos de distopía pura: “Todo lo repetitivo se vuelve virtual y en esquema de suscripción. Desde iglesias, arte, gimnasios, cines, entretenimientos. A veces iremos a cosas físicas pero los números no darán para mantener las infraestructuras físicas que se tenían antes. Menos lugares podrán mantener algunos modelos abiertos. Servicios sofisticados a domicilio por medio de VR llegarán muy pronto”. Se acabó, debo deducir, lo de ir a misa los domingos, por no ir más lejos. Es una especie en extinción, como ir al súper o a un concierto. Lo terrible de este punto es que vuelve a recalcar la negación de la libertad. Alguien, quien sea, está dictando qué debemos hacer. Ya empiezo a comprender por qué hasta el momento no se ha empleado la palabra “persona”.
            El séptimo es profético: “Las empresas que no inviertan por lo menos 10% en nuevas tecnologías desaparecerán. La empresa tradicional llegó a su fin en 2020. Ya solo queda esperar a su muerte definitiva. Con recursos limitados las empresas requieren más certidumbre y mejores inversiones. Una empresa tecnológica, nueva y fresca hoy, puede desbancar a una que lleva haciendo lo mismo en los últimos 50 años. Así como el modelo de “dark kitchen” ha crecido muchos servicios copiarán el modelo”. Menos mal que Kolaval –y permítanme que hable de mis cosas– sí es una empresa “nueva y fresca”, tanto que podríamos decir que se asemeja a una manzana. Y es que solo las empresas que parezcan verdura o fruta tienen futuro, al menos por lo que dice la revista.
            No puedo negar que el octavo punto es divertido: “El turismo por entretenimiento regresa totalmente fortalecido en el segundo semestre de 2021, siempre acompañado con mucha tecnología en su operación, desde la compra, la operación y las experiencias a recibir. La gente aprecia más que nunca visitar lo natural pero con soluciones altamente tecnológicas. Lugares más remotos, experiencias más auténticas apoyadas con asistencia digital 24/7. La interacción es la base del entretenimiento del futuro. Ser parte, experimentar algo auténtico y descubrir información en forma dinámica”, pero también es engañoso. ¿Nos quieren dar a entender que el turismo –actividad que desprecio pero que comprendo que sea del gusto general– que viene, a ver, viene a ser como el de “Jurassic Park”? Dios no lo quiera. Viajar, y lo digo por experiencia, es una de las mayores fuentes de gozo que uno puede tener en la vida, pero perderse viajando es una experiencia extraordinaria, poco recomendable si se busca y maravillosa si es azarosa. Yo, que me perdí de noche en un bosque en Laponia y puedo contarlo, lo puedo atestiguar. Es un ejemplo de miles, pero esa “ayuda” tan completa al viajero es también un control completo del viajero. Se está negando, de paso, la posibilidad de la locura.
            Y tan controlados intentarán tenernos a todos como el punto nueve consagra: “El manejo de datos personales se vuelve más delicado y las grandes plataformas cambiarán. La gente regresa a pagar cosas por suscripción por el sentido de transparencia que involucra. Prefieren pagar que regalar sus datos. Las grandes marcas hoy valen por su credibilidad. Todo se puede copiar o replicar menos el prestigio. El valor de la empresa hoy depende de muchos factores y no nada más de su venta anual”. Movidos por un sentido perverso –por cuanto negador de uno mismo– de la seguridad, parece que ahora no tendremos nada sin pagar ni dar nuestros datos, en un ejercicio de negación ya total de nuestra privacidad. Miedo da lo que nos espera, perdón, lo que ya tenemos encima. Y entre otras cosas lo que tenemos encima es precisamente la clave de nuestra nueva esclavitud, expresada –incluso con complaciente compasión– en el punto diez: “La fuerza laboral se reduce dramáticamente y se le dan muchas operaciones simples a la A.I. Para 2024 el A.I. ya manejará operaciones complicadas en millones de lugares. Pero la adopción general inicia en 2021. Se aproxima una temporada de despidos globales muy grande. El desempleo se da por razones multifactoriales y no solamente por la crisis económica”, dando en una de las razones principales que justifican la nueva Era: si las personas –palabra que sigue sin aparecer– ven reducidos sus recursos es más fácil dominarlas. Tan simple como sencillo. Ver para creer. 
            Seguiré con la lista de The Economist en mi próximo artículo, y aún le dedicaré otro más dentro de esta serie acerca de la distopía, pero quisiera abundar en un detalle cuya explicación anuncié al comienzo de este “artículo” –y pongo la palabra entre comillas porque hoy, por lo visto, todo vale, y desconozco incluso si se puede definir mi texto como artículo–. Me refería al “bien común” como terrible motivo en la toma de decisiones por parte de los dirigentes “democráticos” del mundo. ¿Por qué terrible? En mi opinión, porque nadie está capacitado para decidir lo que las personas necesitamos sin contar con las personas. La democracia, pues, es lo que ha muerto, en efecto. Como si volviéramos al tiempo de las monarquías absolutistas. Total, un nuevo mundo de hace más de doscientos años.
 
(… Continuará…) 
 
   
Fotografía:  © M. P.-P., 2009

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 12. Decálogo de mi pensamiento. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 12

Decálogo de mi pensamiento

Manuel Pérez-Petit

A todos ellos.

DECÁLOGO DE MI PENSAMIENTO
 
1. Renuncio a la prisa. No conozco el tiempo; no soy esclavo del reloj ni del calendario. Creo que la emoción, la acción y el pensamiento radican en la cabeza y se rigen por otras pulsaciones.
 
2. Apuesto por escuchar tanto o más que lo que hable. No hablaré, en consecuencia, más que lo suficiente, que siempre será mucho, pues hay mucho que aprender cuando se escucha a los demás.
 
3. Apuesto por apreciar la comunicación personal como vía de redención de ansiedades y deseos y alternativa eficaz para la exposición de tribulaciones, intereses y proyectos personales y/o colectivos.
 
4. Apuesto por valorar todas las opiniones como importantes. No me disculparé por decir lo que pienso, aportar mis propios planteamientos, referencias, materiales o ideas, o por poner mi corazón sobre la mesa.
 
5. Apuesto por ser yo mismo siempre, con todo lo que suponga, como siempre ha sido y debería ser, y seré consecuente, libre y leal, pues eso es lo que hace que las cosas merezcan de verdad la pena.
 
6. Apuesto por conocer a los demás. Sé que nadie tiene solo una sola dimensión, que todos valen mucho más incluso que lo que piensan de sí mismos, y la aventura de compartirse es una extraordinaria lección continua de vida.
 
7. Apuesto por la verdad. La mentira es la negación de la inteligencia. Por ello, renuncio al cinismo, a la mentira, a la uniformidad, a la maledicencia, a la hipocresía, a la soberbia, al gregarismo y a imponerle a nadie mis ideas.
 
8. Apuesto por un axioma más: Me importan más las cosas que unen que las que separan. La diversidad, la desemejanza y la disparidad no solo no disgregan sino que que nos hacen más ricos y fuertes.
 
9. Apuesto por la confrontación como estímulo, por apreciar la diferencia, por respetar a todos. Por ser consciente de mi condición. La humildad será mi llave para crecer.
 
Y 10. Haré siempre lo que me dicte el corazón, que radica en la cabeza como todo lo demás, y esto me llevará siempre a superar las palabras y a desarrollar mi capacidad de amar con hechos. Extenderé sin pudor mis manos para “decir” con claridad que amo. Y seré libre.
 
Madrid, España, octubre de 2004.    


__________
 
Nota del autor
Algún día hablaré también de la TertuLía de los miércoles o de los doce, que promoví en la primavera de 2004 con los artistas plásticos españoles Carlos Franco y Manuel Franquelo y que fundamos en efecto entre doce (el poeta y traductor Antonio Bueno Tubía, los músicos y compositores Santi Vega, Javier Paxariño, Juan Antonio Lleó y Juan Manuel Ruiz, los artistas plásticos Sergio Sanz, Francisco Higuera y Modesto Trigo y el filósofo Ilia Galán, además de nosotros tres) bajo los auspicios iniciales de la actriz Lía Chapman –por quién acuñamos el nombre de "TertuLía"– y en cuyo restaurante de la calle Reina de Madrid comenzamos a reunirnos, como a ver qué pasaba y resultó tener un espíritu perdurable. Entre abril de 2004 y junio de 2005 estuve coordinando la TertuLía, que se reunió por aquel tiempo en diversos sitios de Madrid capital e incluso salió de la capital de España por algunos motivos extraordinarios. Por aquellos espacios tertulianos aparecieron personalidades que se fueron incorporando al grupo con la naturalidad con la que se respira: el poeta Marcos-Ricardo Barnatán, la periodista y escritora Rosa Pereda, el filósofo Ignacio Gómez de Liaño, la antropóloga Mari Carmen Caillot, los escultores Gonzalo Sánchez Mendizábal, Amador Braojos o Alberto Bañuelos Fournier, los artistas plásticos, visuales y/o experimentales Antonio Alvarado, Carlos Urbina, Julio Castellano, Lisi Prada, Carlos Ossorio García de Oteyza, Claudia Bonollo o Cecilia Canal, la crítica y poeta María Escribano, la galerista Belén Rivas García-San Miguel, el humanista, cineasta y escritor Joaquín Lledó, la fotógrafa Magali Berenguer, los editores Máximo Higuera o Jesús Tablate y una larga lista de personas excepcionales que sería interminable de enumerar, por no contar la de los invitados que tuvimos y con los que mantuvimos siempre conversaciones memorables que quedan para el recuerdo, pues nunca hubo registro alguno de las sesiones, ni de las sesiones abiertas que hacíamos a veces, una de las cuales está sirviendo como ilustración al presente texto. De todos se puede encontrar abundante información, por tratarse de personalidades del mundo de la cultura, por lo que ha sensación de ser un privilegiado por gozar de su amistad personal es aún mayor. Pese a los años transcurridos, hoy sigue vivo el espíritu de la TertuLía, aunque ya no tengan lugar reuniones hace mucho tiempo. Éste texto que traigo hoy aquí es de octubre de ese mismo año fundacional y nació de una necesidad que tuve en un momento determinado. Y lo publico por su, a mi entender, indudable valor para cualquiera. Al fin y al cabo, ya tiene 17 años. O sea, que está alcanzando su mayoría de edad. Y yo brindo por ello.


   
Fotografía: “Sesión abierta de la TertuLía, 2015. Archivo personal M. P.-P."

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Voces ensortijadas. 54. Ya huele a primavera. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 54

Ya huele a primavera

Por María Gabriela López Suárez

Ese jueves Leonor había pasado más de siete horas frente a la computadora, sin dar un receso a la vista y al cuerpo. Quería finalizar el informe de actividades que le habían solicitado en su trabajo.  Llevaba más de la mitad de la semana en esa tarea. En la mañana apenas había bebido unos tragos de café y comido un sandwich que se preparó antes de comenzar su faena. Tenía la ventaja que le habían permitido trabajar desde casa en esos días, así que decidió hacer una pausa y salir a caminar. 
          Se asomó a la ventana, el sol resplandecía, fue por la gorra, las gafas para el sol y un bote con agua. Tomó sus llaves y salió de casa. Con toda intención dejó el celular, para despejarse un rato y disfrutar el momento. Caminó rumbo al parque que estaba como a diez cuadras de su casa. Se prometió estar atenta a lo que veía y olvidarse por esos instantes del informe laboral.
          El clima era cálido, en realidad no parecía que estuvieran en invierno. Se percibía un aire que no era fresco pero, al menos, era como una especie de caricia ante el sol intenso. Leonor se percató que aunque había comercios abiertos, el tráfico era moderado, lo que agradeció.
          Iba a paso lento. Su rostro dibujó una enorme sonrisa cuando avizoró los primeros árboles que le daban la bienvenida al parque. Desde ese momento sintió el cambio en la atmósfera, el follaje de todos los árboles daba cobijo a caminantes que, como ella, buscaban refugiarse ante los rayos intensos del sol. 
          Siguió caminando, observó que algunos de los árboles florecían, era un mosaico de colores el que podía percibirse en cada flor desde el  blanco, rojo, pétalo de rosa, naranja, hasta el amarillo. Estas últimas eran las de su color favorito. Se quitó las gafas. Alzó la vista para tratar de calcular qué altura tendrían esos árboles tan frondosos, aunque no era buena para esos menesteres, les dio un aproximado de 25 a 30 metros. 
          Se sentó en una de las bancas de cemento, colocadas en los alrededores del parque. Bebió unos tragos de agua. Empezó a mirar con detenimiento lo que le rodeaba. A lo lejos había un señor con su pequeño hijo que jugaba con el triciclo. Más allá una pareja de enamorados. 
          Escuchó el concierto del aire meciendo las hojas de los árboles, el canto de los pájaros revoloteando en las ramas buscando su lugar; percibió un remanso de paz al sentirse envuelta en esos instantes de la tarde, era una especie de oasis en la ciudad y ella estaba ahí disfrutándolo. Cerró los ojos un momento, sintió los aromas de la naturaleza.
          –Ya huele a primavera– , dijo a manera de susurro.
          – Papá, papá, te voy a ganar si no te apuras.
          Sin abrir los ojos, Leonor imaginó que el niño del triciclo estaba cerca de donde ella se encontraba.    
          Era hora de volver a casa. Su mente y cuerpo agradecían esa pausa. Abrió lentamente sus ojos. Volteó a su lado derecho y vio al niño entusiasmado a bordo del triciclo que intentaba a toda costa llegar antes que el papá. 
          Tomó su bote, terminó el agua que quedaba, se colocó nuevamente las gafas  y emprendió el regreso a casa.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 54. Ratas muertas, ratas vivas. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 54

Ratas muertas, ratas vivas

Héctor Cortés Mandujano

¿Cómo sugerir, por ejemplo, 

una ciudad sin palomas,

sin árboles, sin jardines, 

donde no puede haber aleteos ni susurro de hojas…?

Albert Camus, en La peste

 Aunque parece reportaje es novela, aunque habla de otro tiempo parece que se refiere al día de hoy, aunque se titula La peste podría llamarse El Covid.
            Albert Camus publicó La peste en 1947 (mi ejemplar es de Editorial Azteca, 1957). Comienza con la muerte de una rata, a la que se van sumando otras, cientos, miles, hasta que muere el primer ser humano y luego otro, otros, y cientos, miles. 
            Pero Camus era no sólo novelista, sino filósofo y hay líneas que lo demuestran (p. 6): “Los hombres y mujeres o bien se devoran rápidamente en eso que se llama el acto del amor, o bien se crean el compromiso de una larga costumbre a dúo”.
            La primera novela que leí de Camus, y la más famosa, es El extranjero y hace de ella una síntesis aquí (pp. 40-41): “En medio de una conversación, la vendedora había hablado de un proceso reciente que había hecho mucho ruido en Argel. Se trataba de un joven empleado que había matado a un árabe en la playa”. 
            Una verdad cardinal (p. 84): “La primera mitad de la vida de un hombre es una ascensión y la otra mitad un descenso”.
            Hay muchos ejemplos, en la pandemia que hemos padecido y padecemos, de quienes se cuidan a piedra y lodo, y se infectan, y hay los descuidados a los que nada pasa. Lo mismo en La peste (p. 93): “Hace cien años una epidemia de peste mató a todos los habitantes de una ciudad de Persia excepto, precisamente, al que lavaba a los muertos, que no había dejado de ejercer su profesión”.
            Rieux, el narrador, luego de tantas desgracias, ve (p. 186) “dos ratas vivas entrar por la puerta de la calle”. Se alegra, porque sabe que eso indica un descenso de la enfermedad. Qué cosa. Las ratas dan esperanza. Mueren las ratas, mueren los seres humanos; se salvan aquéllas, se salvan éstos. 
            También me llama la atención que, desde aquel tiempo, existieran los criminales histéricos. Rieux es alertado por un policía para que no transite por una calle, porque (p. 211) “hay un loco tirando a la gente”.
            El final de la peste en este libro no se aleja tampoco de nuestra realidad. Hay mucha alegría porque todo terminó, pero (p. 216) “esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás”.
 
            
Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Foto: Nadia Carolina Cortés Vázquez
Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com