Polvo del camino/ 54

Ratas muertas, ratas vivas

Héctor Cortés Mandujano

¿Cómo sugerir, por ejemplo, 

una ciudad sin palomas,

sin árboles, sin jardines, 

donde no puede haber aleteos ni susurro de hojas…?

Albert Camus, en La peste

 Aunque parece reportaje es novela, aunque habla de otro tiempo parece que se refiere al día de hoy, aunque se titula La peste podría llamarse El Covid.
            Albert Camus publicó La peste en 1947 (mi ejemplar es de Editorial Azteca, 1957). Comienza con la muerte de una rata, a la que se van sumando otras, cientos, miles, hasta que muere el primer ser humano y luego otro, otros, y cientos, miles. 
            Pero Camus era no sólo novelista, sino filósofo y hay líneas que lo demuestran (p. 6): “Los hombres y mujeres o bien se devoran rápidamente en eso que se llama el acto del amor, o bien se crean el compromiso de una larga costumbre a dúo”.
            La primera novela que leí de Camus, y la más famosa, es El extranjero y hace de ella una síntesis aquí (pp. 40-41): “En medio de una conversación, la vendedora había hablado de un proceso reciente que había hecho mucho ruido en Argel. Se trataba de un joven empleado que había matado a un árabe en la playa”. 
            Una verdad cardinal (p. 84): “La primera mitad de la vida de un hombre es una ascensión y la otra mitad un descenso”.
            Hay muchos ejemplos, en la pandemia que hemos padecido y padecemos, de quienes se cuidan a piedra y lodo, y se infectan, y hay los descuidados a los que nada pasa. Lo mismo en La peste (p. 93): “Hace cien años una epidemia de peste mató a todos los habitantes de una ciudad de Persia excepto, precisamente, al que lavaba a los muertos, que no había dejado de ejercer su profesión”.
            Rieux, el narrador, luego de tantas desgracias, ve (p. 186) “dos ratas vivas entrar por la puerta de la calle”. Se alegra, porque sabe que eso indica un descenso de la enfermedad. Qué cosa. Las ratas dan esperanza. Mueren las ratas, mueren los seres humanos; se salvan aquéllas, se salvan éstos. 
            También me llama la atención que, desde aquel tiempo, existieran los criminales histéricos. Rieux es alertado por un policía para que no transite por una calle, porque (p. 211) “hay un loco tirando a la gente”.
            El final de la peste en este libro no se aleja tampoco de nuestra realidad. Hay mucha alegría porque todo terminó, pero (p. 216) “esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás”.
 
            
Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Foto: Nadia Carolina Cortés Vázquez
Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com