Líneas de desnudo/ 12

Decálogo de mi pensamiento

Manuel Pérez-Petit

A todos ellos.

DECÁLOGO DE MI PENSAMIENTO
 
1. Renuncio a la prisa. No conozco el tiempo; no soy esclavo del reloj ni del calendario. Creo que la emoción, la acción y el pensamiento radican en la cabeza y se rigen por otras pulsaciones.
 
2. Apuesto por escuchar tanto o más que lo que hable. No hablaré, en consecuencia, más que lo suficiente, que siempre será mucho, pues hay mucho que aprender cuando se escucha a los demás.
 
3. Apuesto por apreciar la comunicación personal como vía de redención de ansiedades y deseos y alternativa eficaz para la exposición de tribulaciones, intereses y proyectos personales y/o colectivos.
 
4. Apuesto por valorar todas las opiniones como importantes. No me disculparé por decir lo que pienso, aportar mis propios planteamientos, referencias, materiales o ideas, o por poner mi corazón sobre la mesa.
 
5. Apuesto por ser yo mismo siempre, con todo lo que suponga, como siempre ha sido y debería ser, y seré consecuente, libre y leal, pues eso es lo que hace que las cosas merezcan de verdad la pena.
 
6. Apuesto por conocer a los demás. Sé que nadie tiene solo una sola dimensión, que todos valen mucho más incluso que lo que piensan de sí mismos, y la aventura de compartirse es una extraordinaria lección continua de vida.
 
7. Apuesto por la verdad. La mentira es la negación de la inteligencia. Por ello, renuncio al cinismo, a la mentira, a la uniformidad, a la maledicencia, a la hipocresía, a la soberbia, al gregarismo y a imponerle a nadie mis ideas.
 
8. Apuesto por un axioma más: Me importan más las cosas que unen que las que separan. La diversidad, la desemejanza y la disparidad no solo no disgregan sino que que nos hacen más ricos y fuertes.
 
9. Apuesto por la confrontación como estímulo, por apreciar la diferencia, por respetar a todos. Por ser consciente de mi condición. La humildad será mi llave para crecer.
 
Y 10. Haré siempre lo que me dicte el corazón, que radica en la cabeza como todo lo demás, y esto me llevará siempre a superar las palabras y a desarrollar mi capacidad de amar con hechos. Extenderé sin pudor mis manos para “decir” con claridad que amo. Y seré libre.
 
Madrid, España, octubre de 2004.    


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Nota del autor
Algún día hablaré también de la TertuLía de los miércoles o de los doce, que promoví en la primavera de 2004 con los artistas plásticos españoles Carlos Franco y Manuel Franquelo y que fundamos en efecto entre doce (el poeta y traductor Antonio Bueno Tubía, los músicos y compositores Santi Vega, Javier Paxariño, Juan Antonio Lleó y Juan Manuel Ruiz, los artistas plásticos Sergio Sanz, Francisco Higuera y Modesto Trigo y el filósofo Ilia Galán, además de nosotros tres) bajo los auspicios iniciales de la actriz Lía Chapman –por quién acuñamos el nombre de "TertuLía"– y en cuyo restaurante de la calle Reina de Madrid comenzamos a reunirnos, como a ver qué pasaba y resultó tener un espíritu perdurable. Entre abril de 2004 y junio de 2005 estuve coordinando la TertuLía, que se reunió por aquel tiempo en diversos sitios de Madrid capital e incluso salió de la capital de España por algunos motivos extraordinarios. Por aquellos espacios tertulianos aparecieron personalidades que se fueron incorporando al grupo con la naturalidad con la que se respira: el poeta Marcos-Ricardo Barnatán, la periodista y escritora Rosa Pereda, el filósofo Ignacio Gómez de Liaño, la antropóloga Mari Carmen Caillot, los escultores Gonzalo Sánchez Mendizábal, Amador Braojos o Alberto Bañuelos Fournier, los artistas plásticos, visuales y/o experimentales Antonio Alvarado, Carlos Urbina, Julio Castellano, Lisi Prada, Carlos Ossorio García de Oteyza, Claudia Bonollo o Cecilia Canal, la crítica y poeta María Escribano, la galerista Belén Rivas García-San Miguel, el humanista, cineasta y escritor Joaquín Lledó, la fotógrafa Magali Berenguer, los editores Máximo Higuera o Jesús Tablate y una larga lista de personas excepcionales que sería interminable de enumerar, por no contar la de los invitados que tuvimos y con los que mantuvimos siempre conversaciones memorables que quedan para el recuerdo, pues nunca hubo registro alguno de las sesiones, ni de las sesiones abiertas que hacíamos a veces, una de las cuales está sirviendo como ilustración al presente texto. De todos se puede encontrar abundante información, por tratarse de personalidades del mundo de la cultura, por lo que ha sensación de ser un privilegiado por gozar de su amistad personal es aún mayor. Pese a los años transcurridos, hoy sigue vivo el espíritu de la TertuLía, aunque ya no tengan lugar reuniones hace mucho tiempo. Éste texto que traigo hoy aquí es de octubre de ese mismo año fundacional y nació de una necesidad que tuve en un momento determinado. Y lo publico por su, a mi entender, indudable valor para cualquiera. Al fin y al cabo, ya tiene 17 años. O sea, que está alcanzando su mayoría de edad. Y yo brindo por ello.


   
Fotografía: “Sesión abierta de la TertuLía, 2015. Archivo personal M. P.-P."

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.