Líneas de desnudo/ 15

Distopía VIII: La nueva Era (y 3)

Manuel Pérez-Petit

 
Sin preámbulos, al grano, que es gerundio. El punto diecinueve de la lista de veinte de The Economist dice: “Todo se va a lo natural y saludable. Comida, experiencias y forma de interactuar. 100% natural es lo de hoy. Producir los propios alimentos, meditar y ejercitarse, pasan a ser parte del día a día. La permacultura y los sistemas de producción personales eficientes crecen exponencialmente. Cada quien quiere poder satisfacer sus necesidades comestibles sanas personales. Consumir local pero real. Ser más sano es el “nuevo lujo”. Los productos suntuosos pierden valor y justificación. El reciclado regresa con mucho más fuerza después de un año de desperdicios incontrolables, ahora con grandes tecnologías que inician y resuelven realmente los problemas generados en el pasado”, y tiene toda la lógica del mundo. A ver, si la mayoría se va al desempleo, la clase media está condenada a la desaparición y las diferencias entre los muy pocos muy ricos y los muy muchos muy pobres –que además estaremos obligados a ahorrar– es más grande que nunca, lo normal es que, en efecto, yo tenga que terminar cultivando mis propias lechugas. En consecuencia, todo será “100%” natural y saludable. Tendremos mucho tiempo disponible, por lo que “producir, meditar y ejercitarse” será parte de nuestro día a día. A ver, volvemos no ya al siglo XVIII sino al Neolítico, al origen mismo de la civilización, al tener que asumir nuestra nueva función social: seremos agricultores y autoabasteceremos nuestras necesidades –dice porque “cada quién quiere poder satisfacer sus necesidades”, toma ya–, pero en lo que no podamos autoabastecernos, iremos al mercado local, y no deberá extrañarnos si, tal como indica la nueva realidad, tendremos que acudir al intercambio de bienes y/o servicios. Un kilo de tomates por un par de plátanos…, dado que será más fácil tener una tomatera que un platanar en la propia casa… Y claro que será real, comeremos lo más ricos y reales tomates y plátanos que nunca hayamos comido, las mejores berenjenas, los más deliciosos higos… ¿Los lujos? Ya no habrá lujos, que es un dislate. Y la tecnología, pese a todo, tendrá también un carácter protagónico en todo ello, aplicando su ley en nada menos que un mundo mejor –el que dictan los nuevos dirigentes, gurús de la nueva esperanza–; mejor dicho, más limpio y sano. El reciclado de los desperdicios, en esta nueva vida bucólica, pastoril y campestre será una estrella del nuevo marco del bienestar general. Y esto es lo que nos espera. Punto pelota. Ajo y agua, que diría el castizo –a joderse y a aguantarse, para los no iniciados–. Esto es lo que ya comenzamos a tener encima. Y el que no se consuele será porque no quiera. 
          Ahora permítanme que abunde en lo esencial: Si vamos a ir en bicicleta a todas partes, con la consiguiente reducción del parque vehicular, la fisonomía de nuestras ciudades cambiará. Como muchos viven en edificios de departamentos, pienso yo que habrá que asignar trozos de calle para otorgar a cada ciudadano un terreno suficiente a fin de que cultive sus alimentos, sobre todo a los que no puedan irse al campo –la mayoría– o a los que no les llegue con las azoteas de sus casas –porque carezcan de ellas o porque haya tantos vecinos en el edificio que no haya terreno suficiente para todos–. Y todo a precios muy asequibles y de muy cómoda amortización. Ya no será lo normal ver capas asfálticas en nuestras calles. De este modo, así como a la muerte de la democracia, de la libertad, del estatuto humano de la persona y del poder del pueblo, asistimos, de paso, de igual modo, con la misma alegría y alborozo, por dictado de quien corresponda, al renacimiento de aquello de, y de manera literal, “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, pero a lo bestia, sin solución de continuidad, y no solo porque lo digan los expertos de The Economist, que, al fin y al cabo, solo son voceros de alto standing. 
            Habrá una gran mayoría que no solo se quede desempleada, se vea obligada a ahorrar, a hacer trueques para obtener lo necesario para vivir, a vestir siempre igual, a estar super tecnificada y super controlada, a obedecer…, sino que, además, seremos nuestros propios agricultores, “señores” de nuestra propia tierrita –que pagaremos, trabajaremos y cuidaremos como dios manda, y de cuyo rendimiento también tributaremos de manera religiosa y puntual tal como las nuevas leyes impongan, aunque ni siquiera sepamos que es una legona –palabra con que se designa a la azada o azadón, instrumento esencial en el trabajo del agricultor, en muchos lugares de la España rural–. Estaremos obligados, por si fuera poco, a hacer meditación y a ejercitarnos. Haremos realidad los designios de una raza humana más alta, más bella, más fuerte. Lógicamente, todo lo tóxico deberá ser proscrito, salvo, claro está, el soma que nos den para reconducirnos. Podremos en efecto, meditar, pero pensar ya no; pensar es terrible para la nueva Era. Al que piense habrá que, de manera paternal e implacable, ponerlo en revisión y hacia el buen camino, el de la docilidad, porque si no somos dóciles el sistema nos reprenderá y corregirá...
            Claro, ahora caigo en el veinte –expresión no recogida en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), así que tranquilos– de por qué los veinte famosos puntos de The Economist me ponen los vellos de punta –igual a los demás, que no lo creo, les trae sin cuidado–. No hay nada más que ver que a los veinte le sobran diecinueve, dado que todo está condensado en el último: “El mundo está viendo este año como un nuevo inicio. Un renacimiento. La gente replanteará sus metas personales, de trabajo, de salud, de dinero y espirituales. Vienen grandes oportunidades para satisfacer todos esos requerimientos y cambios de pensamiento. Un nuevo inicio con valores más reales. Muchos comportamientos se transforman y nunca regresarán. Acumular, consumir y vivir por lo material pasa al lado negativo de la conversación”. Lean bien, dice: “El mundo está viendo…” ¿No les entran ganas de salir corriendo? Habla de un “renacimiento” y dice que la gente “replanteará su vida”... Yo me la llevo replanteando mucho tiempo sin que me digan lo que yo, como parte del mundo, estoy viendo. Pero se refiere a la gente –insisto, ya no a las personas, sino a la masa, que es lo que conviene al sistema que imponen–. 
Muerta la democracia, muerta la libertad, muerto el ser humano individual, muerta incluso la conciencia –pues ellos, los que sean, la sustituyen con el nuevo discurso–, muerta la espontaneidad –que no cabe en un sistema tan avanzado–, muerta, para colmo, la posibilidad de la locura… Solo cabe en el nuevo mundo de la Era distópica ser cordero, estar en el rebaño, obedecer… Qué lindo panorama. La vida será como hacer flan sin huevo ni leche ni azúcar, y casi sin molde.
            Pero es más, por si no tuviéramos ya bastante, la lista de los pontífices de The Economist añade un párrafo adicional, con el que ya me quedo sin palabras: “La innovación, la tecnología, lo natural y el pensamiento lateral son la base de la nueva realidad. Seguir haciendo lo mismo sin replantearse en 2021 es ir directo al desfiladero. Todos están a tiempo de encontrar nuevos caminos. Las directrices están definidas. Simplemente hay que encontrar las nuevas rutas personales o empresariales”.
            Alguien me preguntó el otro día acerca de las curvas que se nos venían y que yo había anunciado sin enunciar en otro artículo de esta misma serie dedicada a la distopía. ¿Les parecen pocas las que tenemos encima? Y ojo a lo del desfiladero, que ahí es en donde nos darán soma. Y hasta que se nos salga por las orejas. No en vano, “Las directrices están definidas”. No le deseo este mundo mejor a nadie. Ni aunque se pueda llamar Huxley. Y me pregunto en dónde estará el puerto del que salir hacia el exilio. 

 (… Continuará…) 
 
   
Fotografía:   © “Escapando al mar, M. P.-P., 2009"

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.