Polvo del camino. 57. Ni de noche ni de día. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 57

Ni de noche ni de día
Héctor Cortés Mandujano

Súplica de Sett Badr, en Las mil y una noche

  
Faltaban un par de meses para que nos casáramos cuando morí en un accidente estúpido: retrocedí sin ver, en un sitio que no conocía, y caí en un abismo.
            Me dijeron, no sé si como premio o castigo, que me convertiría en tu ángel de la guarda, pero que no podrías escucharme ni verme; sin embargo, si en la noche hacías la pequeña oración me permitirías darte indicaciones que, esa era la ganga, no podrías desobedecer: yo decidiría tu destino.
            Tú y yo ya habíamos tenido un sinnúmero de sesiones sexuales, por supuesto, y así podríamos haber seguido; nuestra boda más bien atendía a la necesidad de tus padres de conservar el buen nombre, de no perder respetabilidad, de “ponerle placas al coche” como decía tu mamá, pretendiendo ser de avanzada con esa idea cursi y pacata.
            Nunca te oí decir la oración ni te pregunté si la decías antes de dormirte cuando no estabas conmigo, porque hubiera sido raro que, si teníamos sexo y podíamos pasar parte de la noche juntos, después de tanta obscenidad carnal salieras con él “Ángel de la guarda, dulce compañía…”; y ahora, quién lo diría, de eso dependía que pudiera desampararte o no.
            La dijiste en la primera noche en que me puse, invisible, al lado de tu cama, y luego pediste resignación por mi muerte: te la concedí. Después, con el paso del tiempo, empezaste a sugerir un nuevo hombre en tu vida y yo me hice el sordo, y así seguí hasta esta noche en que, vieja y olvidada, ya pasados tus ochenta años, pediste morir. 
            Te hice tu gusto, no faltaba más, pero tu muerte será dulce (como mi compañía): morirás mientras duermes. 
            Te veo al rato, mi amor.
 
***
 
Mi gato Zapata, alias el Gordo, vivió 20 años con nosotros. Mi amigo Juventino Tito Sánchez lo conoció ya grande, pero le tomó cariño, tanto que para conmemorar su vida hizo una escultura dentro de una caja de cristal y me la regaló. Gracias, Tito. Zapata vive…
 
            
Contactos: hectorcortesm@gmail.com

«El gordo Zapata», creación: Juventino Sánchez
Fotografía: "El gordo Zapata", creación de Juventino Sánchez

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 57. El canto del gallo. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 57

El canto del gallo

Por María Gabriela López Suárez

Aurora despertó en la madrugada con el canto del gallo, por un momento pensó que ya era hora de levantarse. Revisó el reloj, aún faltaban cuatro horas. Vaya que era madrugador, pensó. Mientras conciliaba el sueño escuchó de nueva cuenta el canto del gallo, le pareció que tenía un toque particular,  algo ronco y no tan prolongado como los que había escuchado  de otros gallos.

Por más que intentó apaciguar la mente para volver a dormir, vinieron los paisajes sonoros del canto de gallos, jamás había puesto atención en ellos. Ahora que lo pensaba eran distintos, uno a uno fueron pasando por su mente los gallos que había escuchado cantar. Se detuvo en el gallito blanco, que era de una raza peluda. Ese gallo parecía de seda, su plumaje era blanco, brillante, con su cresta roja,  le daba un aire de elegancia que contrastaba con su tamaño mediano, distinto al de cualquier gallo que ella conocía.
La primera vez que Aurora lo vio le pareció que era una gallina, hasta que le indicaron lo contrario y lo escuchó cantar.  Recordó que aparte de su pelaje, a Aurora le llamó la atención el porte que adquiría cuando inflaba el pecho y alzaba el cuello para cantar; el canto era potente y con su toque particular. El gallo blanco se transformaba al emitirlo. Aurora percibía que en cada canto había una dosis de entusiasmo y fuerza. Para ella era muy alegre escucharlo.

Algo había leído del significado del canto de los gallos, que era para atraer a las hembras y espantar a otros machos. Sin embargo, para Aurora en esa reflexión de madrugada, el canto de los gallos era un ejemplo de que las cosas se pueden hacer mejor cuando hay entusiasmo, fuerza y se infla el pecho para respirar profundo y luego dejar fluir las cosas. 

Aurora dejó de escuchar el canto del gallo, mientras iba dejándose arrullar por el canto de los grillos que aún permanecían en coro antes del amanecer.
Foto de jinjireh en Pexels

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Líneas de desnudo. 20. El elegido 1: Neo, un caso contradictorio. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 20

El elegido 1: Neo, un caso contradictorio

Por Manuel Pérez-Petit

 El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) define la voz ‘elegido’ como “predestinado”, y aclara “(II para lograr la gloria)”... Debo confesar que me quedé patidifuso al comprobar la “bondad” de nuestro diccionario de referencia, al cual no puedo excusar por el hecho de que ya no es “español”, o sea, de la Real Academia Española, sino de la Asale (Asociación de Academias de la Lengua Española), gracias a Dios, porque a día de hoy el español de España, con toda su riqueza, está, con mucha probabilidad, más cerca de la cola que de la cabeza en la lista de los “españoles”. No sé si España liderará algún día la fortaleza del idioma español en el mundo, pero es indudable que a fecha de hoy está muy lejos de que se cumpla esa posibilidad, y yo, que he viajado a lo largo y ancho del continente americano, puedo atestiguarlo. Será tema de otro Líneas de desnudo nuevo en este proyecto fabuloso de Letras, ideaYvoz del que espero ser digno algún día y del que de momento acepto con humildad la oportunidad que me ofrece.
            Decía que me quedé patidifuso cuando fui a comprobar la definición de ‘elegido’ en el DRAE, y verán por qué. Si buscamos en el mismo DRAE la entrada ‘gloria’ nos encontraremos con catorce acepciones, además de once formas compuestas con esa palabra. De las acepciones, llaman la atención –si nos atenemos a lo que nos atañe– la primera, la tercera y la cuarta (“Reputación, fama y honor extraordinarios que resultan de las buenas acciones y grandes cualidades de una persona”, “Persona o cosa que ennoblece o ilustra en gran manera a otra u otras –poniendo como ejemplo “Ramón y Cajal es gloria de España”– y “Majestad, esplendor, magnificencia”), siendo las demás irrelevantes a nuestra tarea de este momento. Se puede deducir que, a la luz del DRAE, un ‘elegido’ es un predestinado para lograr reputación, fama y honor extraordinarios que resulten de sus buenas acciones y grandes cualidades, o para lograr ennoblecer a los demás, o para lograr majestad, esplendor, magnificencia o que posee dichas cualidades o que puede poseerlas. Dicotomía es –como diría el maestro Yoda–. Descarta el DRAE, en sentido estricto, que pueda darse todo ello en uno solo, y no hace referencia alguna al grado de conciencia de la persona respecto al hecho de ser un –o el– elegido. Tampoco olvidemos que el instrumento regulador de la riqueza lingüística del español debe ir, por su propio estatuto, un paso atrás en relación a la realidad del idioma, a fin de evitar, por ejemplo, incorporar voces que pudieran ser pasajeras o fruto de la moda –un dato importante es saber que la moda es lo que pasa de moda– y, por lo tanto, ser efímeras y no quedarse al final en el acervo de la lengua viva, para tener mayor claridad a la hora de limpiar, fijar y dar esplendor al idioma…
            En Matrix, trilogía de películas escrita y dirigida por las hermanas Wachowski que comenzó su andadura en 1999 y cuyas secuelas fueron de 2003 (The Matrix Reloaded y The Matrix Revolutions), Neo (interpretado por Keanu Reeves), un informático con doble vida –durante el día es programador y por la noche, jácker– es el elegido, según Morfeo (Laurence Fishburne), líder de los que podríamos denominar rebeldes, para terminar con la guerra que tiene sumido al mundo en una realidad virtual, sometido todo ser humano –o casi todo– a una esclavitud total por parte de inteligencias artificiales, en un futuro que se corresponde –curioso dato– con el final del siglo XX. Los rebeldes, que son los pocos que han conseguido librarse del dominio de las máquinas y la dictadura de la realidad virtual, viven en la ciudad de Zion y son sometidos a un brutal acoso continuo por parte de los agentes, liderados por Smith (Hugo Weaving), un siniestro personaje que aunque muere al final de la primera entrega de la saga –a manos de Neo– continúa vivo en las siguientes –no hay que olvidar que todo es virtual–. Morfeo –un auténtico héroe, capitán de la nave Nabucodonosor/Nebicaneser– está tan convencido de la condición de elegido de Neo que no duda, por ejemplo, en una emboscada de los agentes, en entregarse a éstos para que Neo pueda escapar, convirtiendo a partir de entonces en una misión fundamental para éste su rescate. A qué decir que Neo es un tipo miserable y en nada su perfil se corresponde con el arquetipo del héroe –y ni siquiera con el de antihéroe–. No alcanza reputación ni honor extraordinarios –el concepto de fama merece consideración aparte–, y mucho menos ennoblece a otras personas o  es capaz de lograr majestad, esplendor o magnificencia. Es, por no abundar, un delincuente –ya no un pirata sino un capitán pirata– que adquiere cualidades –por el asombroso, extraordinario e insoportable entrenamiento que recibe– en el mundo en que le toca vivir y las emplea en la búsqueda de su interés particular o del interés del grupo que representa. Como si tuviera una concentración excepcional de “midiclorianos” –formas de vida microscópicas inteligentes que, originadas desde la base de la vida, en el centro de la galaxia, dotan de La Fuerza, como veremos en el artículo que tengo preparado acerca de los Skywalker, padre e hijo, elegidos en diferente sentido, pero elegidos, en Star Wars–, Neo resulta ser un ser dotado de manera excepcional para la lucha contra el sistema, con una cualidades que, potenciadas de manera adecuada le convertirán en el “héroe” que –toma ya–, según una profecía, acabaría con las máquinas que lo gobiernan todo, la Matrix, en la que todo es considerado “cosa”, creada y controlada de forma artificial. 
            En un caso parecido al de Blade Runner (1982, Ridley Scott), The Matrix se convirtió de inmediato en más que una película de culto, se popularizó de manera espectacular y hasta ha dejado su legado en la cultura popular, teniendo una incidencia clara en la filosofía, la literatura y el cine desde entonces, así como en las más diversas industrias. No en vano, tanto su planteamiento filosófico y ético como sus referencias provienen de la más potente tradición de la literatura de ciencia ficción y la filosofía, llegando a plantear de una manera fehaciente la cuestión de lo que es o no es real. No hay duda de que se trata de una película en alto grado filosófica ante la que continuamente el espectador se ve obligado a plantearse cuestiones o problemas más propios de la ontología que del entretenimiento. Y aún así, entretiene y hasta divierte. Cualquiera de las tres partes. Y ojo que ya se anunció la cuarta...
            Pero deseo volver a Neo. Desconocedor de su potente naturaleza y condición, en su vida cotidiana va observando que hay cosas que no funcionan, que su mundo no es del todo el que debiera ser, lo cual le predispone a buscar fuera, sin ni siquiera saber qué hay. En ésas, se le presenta la ocasión de conocer a Morfeo, circunstancia en la que éste pone mucho empeño, por otra parte, lo cual facilita que se den las cosas. El pobre Neo ni se imagina por lo que pasará antes de convertirse en el líder de la revuelta, y además no tiene ni la conciencia de serlo ni la voluntad. Lo demás en las películas es de una lógica aplastante –hasta hay un traidor en las filas de Morfeo que, desde el primer momento, hace por sabotear su cruzada– y solo sorprende en parte, pues quizá nunca la intención de las realizadoras de la saga fuera sorprender al espectador por la vía de los giros inesperados o de la complicación argumental. Y está bien así, y a los resultados me remito. Pero Neo –que en ningún momento imagina lo que le espera y que refuerza luego su papel de cabeza de proyecto con una historia de amor relativamente convincente–  nunca dejará de ser un pirata para el que el fin justifica los medios. Por tanto, y poniendo este caso como ejemplo, el DRAE quizá se equivoque al definir la voz ‘elegido’ solo hablando de virtudes o refiriéndose a “lograr la gloria”. O quizá se equivoque este cronista al entender que la gloria y la miseria van de la mano. En el caso de Neo, la miseria pesa más en la gloria que la gloria misma, pues la alcanza a cualquier precio. En definitiva, consideremos a Neo un elegido frío, distante y contradictorio, de los que no sirven como modelo de vida, pues con el todo vale que él practica de manera magistral no se consigue luchar contra la maldad ni contra ningún totalitarismo. Y menos modelo aún como para enfrentarse al poder omnímodo del nuevo statu quo de la Era Distópica, en la que ya estamos inmersos. Una lástima. Sigamos buscando elegidos y reflexionando acerce de lo que es y supone serlo... 

(... Continuará…)

 __________
Nota del autor
Comienzo con este artículo una serie acerca del concepto de el elegido, que tiene muchos perfiles y por el que pasaré por la literatura, las artes y el cine en búsqueda de modelos que puedan incluso ser válidos para nuestra nueva tesitura en el mundo, pero también al margen de ello. Alternaré esta serie con la de la distopía o con la “de mi carpintería”, así como con otros artículos que dedico a otros asuntos. Reconozco tener muchos temas pendientes –varios de los cuales han sido comprometidos por mí mismo en mis artículos, que iré desgranando poco a poco. No duden en echarle un vistazo a mi espacio martes, viernes y domingo, días de su publicación. Agradezco la creciente correspondencia que, por diversos medios, recibo a colación de mis textos. Ojalá tenga la capacidad de dar satisfacción a todos mis amables lectores.
 
   
 “©M. P.-P., 2009”
Fotografía:  “©M. P.-P., 2009”

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 19. La oración definitiva de tus ojos. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 19

La oración definitiva de tus ojos

Por Manuel Pérez-Petit

 Pues si de llenarnos de alegría se trata ante lo que se nos viene encima, un 28 de abril no de ese mismo año del que hablábamos ayer sino del siguiente publiqué: "El poema perfecto yo me encuentro desplegando y mi aliento por tus montes al encontrarme, amor, y si te encontrara, al encontrarte así en nuestro hallazgo, en estos paraísos imposibles, inencontrable luz y así encontrada en nuestra arquitectura y los susurros, encontrado en tu cuello y empapado y reencontrada tú entre mis ojos (...)”, e indiqué que era un fragmento del poema "Yo quiero ser de musgo y caramelo ", escrito en abril, poema que, con mis naufragios y despojos, hoy está perdido –y me temo que para siempre y que sea inencontrable–, y un par de años después escribí este poema en versículos blancos de treinta sílabas cada uno sin signos de puntuación ni mayúsculas que ubiqué en mi serie El aura de tu tez, fechado en Lima, Perú, en mayo de 2012, que acabo de encontrar:
 
     soy la cicatriz y me limpio sin pudor en un poema eterno repleto de meandros silenciosos
     capaz de alzar las aguas de todos los océanos y colocar uno a uno cada pez en cada estrella
     de convocar y reunir en un arca cubierto de brotes a todos los seres de luz más palpitantes
     más allá de cualquier siempre conocido en los confines de tus piernas o en los pliegues de tus largos sueños
     de prender el candil que permanezca fiel a sus raíces y cuyos brazos se levanten en el templo
     con una exigua cantidad de aceite llenos de reconquista y luminarias y de afán de poner orden
     de recoger las espinas de mi carne con la soltura que transita por estos cauces de mis sienes
     como se yergue un cóndor sobre tus ojos al momento en que te echas a bailar y rebrota de tus labios
     de beber el caldo de la muerte que se cocina en peroles en todas las esquinas y transformarlo
     en tu néctar filosofal que convierte en vida todo lo que toca en tanto todo gira en torno a ti
     de ser el lazarillo de mis brazos en mi ceguera gracias a la gracia de tus labios que me donas
     en este ir a ti rodeado de luciérnagas y temblores y caricias que pronuncian solo un nombre
     de vivir en la mirada atenta y feroz de nuestro perpetuo calendario aún más allá de los pliegues
     rodeado de alcaravanes a cielo abierto y de los delfines que se ríen y juegan en tus faldas
     de estar cubierto por los rojos y arracimados ceibos de tus avenidas deliciosas y sembradas
     como el que camina rumbo a su abrazo favorito lleno de preñez cosido a tus llamas y tus ríos
     de beberte bajo el manto del gallo que me alza y me corona con radiante sol sobre campo de plata
     abriendo de paso el grifo de la luz que es y que contiene el óvalo enmarcado entre el olivo y el laurel
     de reconocer que esto nos resume pese a que sabemos que el mundo está por levantarse todavía
     una balanza un cerro un caballo y un buey dentro de cuatro cuarteles esmalte azul lazo celeste y sol
     de conocer que en este parto en que ahora por fin soy con mi fe me adentro en la fortaleza de este monte
     sobre las aguas cuajado de dolor y tiburones para hallarte sin pausa en este eterno buscarte
     de habitar en la estación en que evacuo los resquicios de mi muerte junto a la memoria de tus jaguares
     muertas las dentelladas de las llanuras que te circunvalan no tan llenas ya de pumas ni avestruces
     de hervir a zarpazos de besos imposibles mi sangre y elevar la oración definitiva de tus ojos
en tanto habitan en los humedales de mi espalda tus caimanes preferidos y cardiosaludables
     de recorrer la senda que atraviesa los continentes y en la que todo se dirige a ti y así te nombra
     hallarte por fin para hallarme y de una vez nacerme de una vez y bendita seas por para nosotros
     todos los territorios se rindan claridad sin cercas rellena de cantos en los dones que hoy nos brotan
     flora y fauna de este reto de la patria sin bandera con sentido abiertos en canal para ensartarnos
     desnudos de una vez sin tiempo posible en esta hora en punto y son estos tus anhelos los míos los nuestros
     plenitud de creer crecer crear es la mirada la que nos dice amor y con valor cierto se asoma
     de nuestro vientre al mundo nuestro ser con su cuerpo completo y sin cicatrices y limpios por fin joder
     hechos uno solo e inmunes y decididos en esta ecuación que nunca nadie pudo saber que supo
     con esta carta de naturaleza de nuestra condición original total mítica y pentatéutica
     que nuestra casa en que habitamos no tiene muros ni puertas ni ventanas sino extensiones tan abiertas
     que nuestra nueva enseña rayas azules acostadas se proyectan diáfanas en extensas alfombras
     y cuchillas que apenas se hacen seres por la soltura de tu acción y la gracilidad con que te empleas
     en tu continuo hacer y deshacerme en tu labor de catequista por la nueva vida en que somos uno
     y así de este modo ya embarcados en el gozo preferido que pueda llegar el día en que podamos
     decirnos con voz clara de una vez ya que ha llegado la hora exacta de nacer y de un beso ya nazcamos
__________
Nota del autor
Si no llenamos los tanques de nuestras propias vidas de amor estaremos perdidos. No es una premonición sino una realidad. Aún así, a mis lectores les digo que ya empieza a preocuparme mi índice de azúcar, por lo que volveré enseguida a las andadas.
 
   
  “Antequera bajo un cielo que se abre, ©M. P.-P., 2009″
Fotografía: “Antequera bajo un cielo que se abre, ©M. P.-P., 2009"

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Paso de fuego. Paulo Freire. 2. Alejandro Aldana

Por Alejandro Aldana*

¿Quién es ese hombre de la barba florida?

                                Para Luz y Emiliano



Algunos aspecto del pensamiento de Paulo Freire
 
 
La vida de Paulo Freire nos da cuenta de un camino hacia la consciencia. Un hombre que se hace a través del dolor, de conocer de manera directa las vicisitudes de la pobreza, las carencias más elementales para lograr la realización del ser humano. Quizá el pensamiento de Freire se significa al observar que la educación es un mecanismo real que permite la transformación de las sociedades, su propuesta se constituyó en una de las formas de realizar un verdadero cambio social, pero desde la paz, es decir que no pugna por el uso de la violencia para la liberación. 
            Freire ubica de manera luminosa la estrecha relación entre las cualidades de la vida material, lease los medios de producción, los modos de producción, las formas de distribución de la riqueza, la estructura económica, las diversas formas en que se establece la lucha de clases y la educación. Freire hace hincapié en una educación que va más allá de la instrucción, no puede aceptar que la educación se instrumentalice, lo que lleva a los paradigmas pedagógicos a convertirse en herramientas en la preparación de obreros que no pasaran de ser mano de obra barata. El educando se objetiviza, se cosifica, perdiendo sus cualidades más humanas, perdiendo la posibilidad de desarrollar su pensamiento crítico. 
            El pensamiento de Freire abandona como metodología el discurso autoritario, no se presenta como un detentador de la verdad, no pretende instaurarse como una discursividad única e incontrovertible, por el contrario busca la duda como método, problematizar para posteriormente construir desde el dialogo una nueva forma de entender el mundo. 
            La genealogía del pensamiento de Freire parte desde las circunstancias de su vida, la experiencia como fuente de una reflexión cada vez más profunda e innovadora. Pero como lo señalamos más arriba, Freire desde muy joven frecuenta las bibliotecas, lee ferozmente, no discrimina diferentes tópicos, vuelve una y otra vez a los clásicos portugueses, observa la necesidad de una nueva explicación sobre el fenómeno de la educación. Al percatarse que la educación no es un fenómeno que se genera en un espacio de abstracción, voltea a la obra de Carlos Marx, Federico Engles, y otros pensadores progresistas, comunistas, liberales y reinterpreta sus lecturas bíblicas. Freire se doctorará en filosofía, es decir conoce a profundidad los cambios que ha sufrido el pensamiento de la humanidad, además entiende que la historia de las ideas y las reflexiones sobre la cultura son necesarias para crear una nueva forma de enseñar en las aulas, también comprende que la escuela va mucho más allá de un edificio distribuido en aulas, Paulo Freire comprende que en un contexto de pobreza y escasez la educación se aplica desde espacialidades de la educación no formal. 
              
(Continua en la siguiente entrega)...
Photo by Skully MBa on Pexels.com

Fotografía:  Skully MBa , por Pexels

Sobre Alejandro Aldana Sellschopp

Investigador, promotor cultural, editor, ensayista y narrador.

Ha sido becario de: FOESCA (Emisiones 1999-2000 y 2000-2001), PACMYC, fue becario del FONCA (2003-2004) en el programa de Jóvenes Creadores en la modalidad de novela. Está incluido en la antología del FONCA – Jóvenes Creadores generación 2003-2004.

Ha publicado: Tiempo a Contrapunto (UNAM- Espacio Cultural Jaime Sabines),  Nudo de Serpientes (Novela). Su cuento Diario de un lobo está incluido en la antología Inventa la memoria (Alfaguara). La novela en Chiapas, antología (Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas en el 2018).

Líneas de desnudo. 18. Vivir es amar. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 18

Vivir es amar

Por Manuel Pérez-Petit

 
De vez en cuando la vida nos besa en la boca –permítanme que comience con el primer verso de aquella canción maravillosa de Joan Manuel Serrat, “De vez en cuando la vida”–, pues en días como éste uno es besado, en la boca, en la frente o en la mano, que es lo mismo, por la magia con mayúsculas que nos alumbra, y quizá por ello querría haber comenzado hoy con otra frase. Muy parecida, pero otra… En fin, lo intentaré…
            De vez en cuando la magia nos besa en la boca… 
            Queda bien. 
            Sigo adelante, y me pregunto: ¿Qué diferencia hay entre la magia y la vida, y más en días como éste, en la que la vida a colores se despliega/ como un atlas,/ nos pasea por las calles/ en volandas…?
            —¿Que te pasa hoy, Manuel?, ¿tan enamorado estás? Si yo ya lo sé...
            —Pues sí, la verdad, pero lo que tengo sobre todo es alegría de vivir.
            —A ver, lo nuestro marcha, corazón, no te preocupes, aunque no te entiendo bien del todo. Tú mismo vienes escribiendo últimamente artículos llenos de pesimismo y alerta ante lo que se nos viene encima…
            —Es verdad, y después de mucho meditar he llegado a la conclusión de que hay que recuperar eso, la alegría de vivir, enamorarse hasta los tuétanos, como la clave para enfrentarse a los efectos del nuevo orden de la Era distópica que nos aflige.
            —¡Qué lindo eres!. Sigue, sigue, a ver a dónde nos llevas.
            —Pues verás. Yo creo en los milagros, creo en la vida, y en que la vida es un milagro y en que el milagro es la magia, y por eso entiendo que entre magia y vida en realidad no hay diferencia… Y creo que la magia es encontrarnos, vernos sin habernos mirado, escucharnos sin llegar a oírnos, sentirnos abrazados a miles de kilómetros, llorar juntos y convertir nuestras lágrimas en alimento del alma, reír como descosidos sin razón aparente en gestos espontáneos llenos de sentido, conocernos… Eso, conocernos es la vida, el milagro, la magia…
            —Ay, mi vida…
            —Pero también llamamos magia a otras cosas que son solo fruto de la Providencia, que tampoco tienen truco, pues no te hablo de la prestidigitación sino de la misma vida, de los milagros, del fuego que nace en nuestras manos por las buenas, sin aviso, de las perlas irrompibles de tus ojos, de que por nuestro amor hasta Dios se hace presente en nosotros, pues en Dios no hay ilusión ni ensoñación sino realidad palpable y tangible, e incluso aunque no lo queramos en nuestras existencias Dios se hace presente… Ay, mi amor precioso, ¡qué difícil lo hacemos todo!, ¡cómo nos complicamos! ¡Cómo nos hemos complicado siempre…! 
            —Pues sí. Pero nos queremos tal como somos y nos tenemos el uno al otro...
            —Es una seguridad, desde luego…, pero uno no desea tanto la seguridad como la plenitud. Y de eso también estamos servidos, milagro de mi vida, y, con todo, mira, mi anhelo, recién en estos días he recuperado varios fragmentos de lo que yo llamo mi carpintería y los leo y me quedo perplejo con cómo antes me lo planteaba todo. Fíjate cómo fue, en parte, mi 2010. El 28 de enero escribí: “El pecado es enamorarse. Lo que nos queda es vivir. Y a algunos a los que ni casi eso, nos queda, al menos, escribir, y seguir luchando... Y enamorarnos…, ay…”
            —¿”El pecado es enamorarse”? Qué fuerte, Manuel, ¿por qué?
            —Espera, espera, que continúa. En mis cuadernos no hay nada desde ese día hasta el 17 de marzo, en que anoté: “En la isla en que el águila devora a la serpiente, sobre el lago que ya no existe pero tiembla, mi Anáhuac, mi también posible patria prometida, estará en la tierra, en el agua, en el aire, en el fuego, en lo inasible... En la dignidad, que nace de uno mismo, en la fe, que es el motor que me impulsa en este trasiego en que arrastro por el mundo mis escombros de luz y lo que soy, en la capacidad de amar y ser amado…”
           —Claro, fue poco después de que llegaras a México....
           —Exacto, pero ese mismo día publiqué otra cosa. Te la leo: “No habrá bestia que me tumbe, ni conjuro ni alquimia que pueda turbar mi caminar seguro y firme hacia la muerte, el momento en que el amor se hace inhumano por gigantesco, por entrar en Dios definitivamente... Y así he de morirme –y no corre prisa–: en la condena de amar, loco reloco de amor sin medida... Y así es como vivo, y ésa es mi fuerza y mi victoria sobre el daño: amo, y porque amo soy invencible…”
           —Estabas enamorado ya entonces.
           —Mucho. No recuerdo hasta ahorita, mi amor, haber estado tan enamorado en toda mi vida como entonces. Pero fíjate en la secuencia que continuó, y todas son publicaciones de Facebook que hoy ya no existen: El 2 de abril : “Te quiero porque me quiero y soy en y contigo más yo que en mí mismo”. El 4 de abril: “Eres la Geografía, nuestra fertilidad; este milagro nuestro, la tierra prometida... Y resucito en ti para que nazca el Fuego... Eres yo y en ti soy y para vivir muero…” 
            —Es muy bello…
            —Fíjate que yo vivía varios metros sobre el suelo, ido y viviendo una fantasía, hipersensible e inmaduro, como el 5 de abril, que pasó algo que ni recuerdo por lo que escribí: “La nada es una realidad y una condena. La nada es lo que hay... Reconocer la nada es un espanto... Cada día es más terrible la palabra, cualquier palabra que tenga vocación de vida... ¿Cuántas veces ha de tener uno que bajar a los infiernos? ¿Cuántas levantarse? ¿Cuántas resistir esta galerna que se repite y repite y que no cesa?” 
            —Pues sí que estabas neurótico.
            —Como la mayor parte de mi vida, y así nunca pude ser un hombre adecuado para ninguna mujer. ¿Ahora comienzas a comprender lo que te digo? Verás, el 9 de abril, repuesto, por lo visto, de la contrariedad del día 5, escribí: “... por elevación te encuentro y en el silencio lleno de palabras que sólo nosotros conocemos ya somos uno..., y un instante es, desde siempre, siempre en cada uno de tus besos…”, y el 18: “Soy un hombre y un escritor lleno de gozo que cree, crece, crea, muere y renace continuamente, creyendo, creciendo, creando y volviendo a morir en cada uno de tus besos... Nuestra lluvia nos empapa de fuego desde el 5 de marzo de 2010, fecha de nuestro nacimiento. Te amo. Y hasta conocerte no he sabido nunca qué era amar y ser amado... Tu Manuel”. 
            —Ya eras “minero” entonces, como bien dices…
            —Sí, pero aquella historia pasó, y por eso la puedo recrear. El 11 de mayo alguien puso en el muro de ella: “El amor, a quien pintan ciego, es vidente y perspicaz, porque el amante ve cosas que el indiferente no ve, y por eso ama (José Ortega y Gasset)”. La verdad es que no cotejé la cita, pero me sirvió para declararle definitivamente mi amor de la manera más cursi y ñoña que puedas imaginar… Sí, sí, no te rías, que aún apenas 5 días después, volví a publicar: “En ti soy el hombre más dichoso, más feliz, más completo y más grande que pueda imaginarse..., en nosotros... En nuestro siempre, que es el siempre más siempre que nunca ha sido…” Y la verdad es que hoy me resulta hasta ridículo haber sido el autor de esas frases, que me parecen de esas que escriben las adolescentes en sus carpetas de apuntes de clase…
            —No seas tan duro contigo, amor, son etapas por las que uno pasa…
            —Ya, pero luego, el 14 de junio, publiqué: “ Mas no debo mirar al cielo, porque al verte me vuelvo ciego, y no es la ceguera que anhelo, pues ya siendo tu prisionero sólo tus ojos ser yo quiero (Coplilla improvisada y sin medir. M. P.-P., junio 2010)”
            —Estabas contento entonces…
            —Claro que lo estaba, y mucho, como un perdido, y, sin embargo, el 5 de julio publiqué: “Hoy me declaro en huelga de emociones”. No sé qué pasaría, pero algo pasó, sin duda.
            —Alguna discusión. El amor tiene esas cosas.
            —Pues no, fíjate que tengo una teoría. Hace once años yo no era capaz de amar, ni como ahora ni de ningún modo. No tenía ni la madurez ni la entidad como ser humano para ello. Aunque la tenía presente al menos en teoría, ni percibía la magia inherente a la vida. No era capaz de asirla con mis manos.
            —Pero ya tenías más de cuarenta años.
            —Pues ni aún así. Y por eso antes me preguntaba; ¿Qué diferencia hay entre la magia y la vida?, en tanto tomaba prestados los primeros versos de la famosa y hermosa canción de Serrat... Yo no sabía andar de puntillas, y, por tanto, no me podía aplicar a mí mismo aquella estrofa de la canción que dice: De vez en cuando la vida/ se nos brinda en cueros/ y nos regala un sueño/ tan escurridizo/ que hay que andarlo de puntillas/ por no romper el hechizo, claro, y rompía el hechizo, éste y todos, una y otra vez, con tanta facilidad como idiotez manifiesta. Por eso yo no podía ser feliz como un niño/ cuando sale de la escuela, ni podía tomarme un café con la vida, ni darme cuenta cuando ésta se soltaba el pelo y me invitaba a salir con ella a escena, y me sobraban palabras por todas partes...y sin saber qué pasaba, yo me encontraba a mísmo, chupando un palo sentado sobre una calabaza, porque nunca tuve en cuenta que De vez en cuando la vida/ afina con el pincel:/ se nos eriza la piel/ y faltan palabras/ para nombrar lo que ofrece/ a los que saben usarla.
            —Pero ahora es diferente. Eres un gran hombre, y por eso te amo.
            —Uno setenta y cinco, que tampoco es para exagerar. Cincuenta y cuatro años, que ya me vale y aún no aprendo. Un irredento soñador, por si fuera poco. Empeñado en hacer lo que todos desaconsejan. Y casi acabo de nacer, pues siento que por fin me ha llegado la hora, aunque siento que aún estoy en el camino. No sé, lo que sé es que te amo.
            —Yo también te amo…
            —Allá tú, mi cielo precioso. Espero que no quieras que te escriba un poema o algo así, porque cuando uno ama es cuando es menos fecundo de verdad. Tan cerca está de la magia y de Dios que se vuelve estéril. En fin, que de vez en cuando la magia –perdón, la vida– te besa en la boca y es tan colmadora que no hay poema que pueda compararse con vivir, pues vivir es amar. 
   
  «©Carlos Franco, dibujo con retrato para el cartel del recital “Poesía en tres dimensiones”, de M. P.-P., lápiz sobre papel, 21 x 29 cms., 2004» 

Ilustración:   © M. P.-P., 2004 

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Voces ensortijadas. 56. Silencios, entre voz, música y efectos. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 56

Silencios, entre voz, música y efectos

Por María Gabriela López Suárez

¿Silencio? Que idea tenemos del silencio, quizá lo primero es que en algún espacio, sea familiar, escolar, laboral, entre amistades, normalmente piden que uno calle:
          –Guarda silencio, por favor.
          O en un tono más imperativo:  ¡Te callas!, ¡cállate! O  a manera de petición, ¿por qué no te callas?
          Sin embargo, hay otros silencios que nos acompañan en lo cotidiano, que son significativos y necesarios. Hoy les comentaré un poco sobre ese tipo de silencios y los aliados que le acompañan: la voz, la música y los efectos. Estos elementos forman parte de uno de los medios de comunicación con más de cien años de existencia, la radio.
          La cajita de sonidos como me gusta llamarle a la radio, es justamente una cajita mágica que permite entrelazar, la voz, la música y los efectos para crear las producciones radiofónicas que cotidianamente escuchamos y hemos escuchado a lo largo de nuestra vida. Los silencios cobran vida en las narrativas de cuentos, lectura de poemas, cartas,  expresiones, muestras de respeto, condolencias  y también crean un poco de angustia cuando por alguna falla técnica o  humana se convierten en las no deseadas lagunas radiofónicas. Sí, esos momentos que nos parecen eternos cuando la radio que sintonizamos se queda muda y qué decir de los nervios que sentimos quienes estamos frente al micrófono cuando estos silencios se hacen presentes.
          Hablar de la radio, para mí es hacer referencia a uno de los medios con el que crecí y que forma parte de mi formación profesional básica, sin embargo, su importancia va más allá de lo personal y profesional. Es decir, la radio constituye un medio clave para la ciudadanía, para los grupos, para los pueblos de diversas partes de Chiapas, México y el mundo.  La radio no solamente informa, entretiene, educa, denuncia, invita a reflexionar y tomar conciencia sobre los temas que nos presenta y también a usar la imaginación para recrear los sonidos que nos transmite acompañados de las voces en su diversidad de lenguas y efectos sonoros.
          La radio se ha ido diversificando con el paso del tiempo en la riqueza de sus contenidos, los formatos en que se presenta  y en la adaptación a su versión digital, con todo y eso, continúa vigente y no pasa de moda. 
          El 13 de febrero se festejó el Día Mundial de la Radio. ¡Muchas felicidades a mis colegas radialistas apasionadas y apasionados!  ¡Felicidades especiales a mis colegas del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz que celebra su 15 aniversario en el mes de febrero! 
         Les invito a cerrar un momento los ojos, pensar en los silencios, entre voz, música y efectos que, a través de la radio, les han acompañado en algún instante de su vida. Que la radio siga vigente y siendo parte de nuestra vida. Larga vida a la radio y a sus radialistas.
Photo by Skitterphoto on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 56. Caminar sobre el agua. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 56

Caminar sobre el agua
Héctor Cortés Mandujano

¡Oh, Señor, dueño de los corazones,

soberano de las almas, haz que en adelante me amen sin que yo ame!

Súplica de Sett Badr, en Las mil y una noche

 En Las mil y una noches (Editorial Alba, 1999) leo una historia que no recuerdo haber leído antes (no es extraño, se supone que esta obra tiene 17 volúmenes): “Historia de la docta Simpatía”. En el tercer volumen, que comentaré no aquí, sino en Casa de citas, dice el epílogo que cuando Schehrazada contó esta historia estaba embarazada de su primer hijo (tuvo tres).
            Abul-Hassan tuvo un padre muy rico, que al morir le dejó una gran fortuna que él dilapidó. Lo único que le quedó de todo aquello fue una esclava llamada Simpatía, quien comparece ante el califa (Abul quiere vendérsela) y quien a su vez la somete a un interrogatorio, a través de varios sabios a su servicio. Simpatía gana a todos, como dice el mito que hizo nuestra sor Juana Inés de la Cruz cuando era una joven que todavía no pensaba en ser religiosa.
            Le preguntan de cualquier materia. Explica en una de sus respuestas los tres tipos de estrellas (p. 284): “Unas cuelgan de la bóveda celeste como antorchas, y sirven para alumbrar la tierra; otras están suspendidas de manera invisible en el aire, y sirven para iluminar los mares; y las estrellas de la tercera categoría, se mueven a voluntad entre los dedos de Alá”.
            Le preguntan (p. 286): “¿Qué cosa empezó siendo de madera y terminó gozando vida propia?”.
            Y responde: “La vara que tiró Moisés para que se convirtiera en serpiente. Según las circunstancias, esta misma vara clavada en el suelo podía transformarse en árbol frutal, en un frondoso árbol muy grande para resguardar del ardor del sol a Moisés, o en un perro enorme que guardara el rebaño durante la noche”.
            “Cuál es el goce de un instante?”, le dicen, y responde (p. 288): “¡El goce del amor sólo dura un instante!”.
 
En “Historia de Ibn Al-Mansur y los dos jóvenes” el califa Harún Al-Rashid tiene insomnio y pide que le cuenten una historia (que termina cuando el califa está roncando), pero antes Mansur, su porta alfanje, le sugiere algo muy poético (p. 364): “Contemplaremos las estrellas y sus incrustaciones magníficas, y admiraremos la belleza de la luna que avanza lentamente en medio de ellas y desciende hasta el río para bañarse en el agua”. 
 
En “Historias de Yamlika, princesa subterránea” hay una anécdota que, sin que sea su objetivo, “explica” cómo Jesús caminaba sobre las aguas: un vegetal (p. 382) “con cuyo jugo basta frotar la planta de los pies para poder caminar sobre la superficie del mar”. 
 
***
 
La semana pasada, en mis agradecimientos por la puesta en escena de La divinidad del monstruo, olvidé a uno de mis infaltables amigos: Juventino Tito Sánchez (me mandó un emoji con un gatito a punto de llorar). Es mi diseñador de cabecera y el diseño del cartel publicitario hizo que el Tigre Moreno, según sus propias palabras, decidiera ir a vernos. Fue, el Tigre, uno de nuestros más entusiastas espectadores.
            Pero a Tito también agradezco que, por su amable intervención, el generoso Edilberto Vázquez, a quien todavía no conozco en persona, me regalara tres árboles maravillosos que ya son parte de mi patio: pumpuchuti, sospo y matilisguate. Gracias, gracias, gracias.
 
            
Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Pumpunchuti. Foto: HCM
Fotografía: "Pumpunchuti", HCM

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Líneas de desnudo. 17. Escribir de amor. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 17

Escribir de amor

Por Manuel Pérez-Petit

 
Escribir no es inevitable. Para mí, por ejemplo, lo es como un ejercicio de la voluntad; quiero decir, escribo porque quiero, no porque no pueda evitar escribir, que puedo hacerlo –evitarlo–, que nadie tenga la menor duda. Es mi manera de ser libre. Y además pienso que eso de escribir porque no se pueda no escribir tendría que ser catalogado como patología, como el coleccionismo, pues de algún modo no dejaría de ser una especie o subespecie del trastorno obsesivo-compulsivo y tener, en consecuencia, su consiguiente espacio en los manuales de los psicoterapeutas, cuando no en los de los psiquiatras…
          Buen comienzo éste, pienso, para hacer amigos, jejeje, pero tal como lo pienso lo escribo, quizá esta vez porque no pueda no escribirlo.
          Escribir de amor es otra cosa. Cierto que el enamoramiento trastorna la percepción de la realidad, pero es algo de lo que nadie puede sustraerse. Enamorarse te lleva a una dimensión distinta. Escribí una vez hace muchos años que enamorarse te vuelve bobo, y creo aún hoy que es una afirmación cierta. Escribir por amor lo ha hecho todo el mundo alguna vez, pero eso no convierte a todos en escritores. Confieso que estando enamorado es cuando más trabajo me ha costado escribir algo. Después ya no, pues soy amigo de cocinar mis obras en frío. Cuando se trata de escritores de verdad – o sea, que trabajan en el oficio de escribir con constancia y consistencia– que, al enamorarse, escriben también de haberse enamorado, de la flor de loto de su amada o de cómo el cielo, el agua, la tierra, el fuego y hasta el canto de los pájaros que, de repente, se hacen diferentes a sus sentidos por el embaucamiento del amor florecido como por ensalmo y sin razones demostrables sino porque sí… Eso de que las cosas surjan porque sí, como un milagro, que donde no había nada de repente surja la Vida, sí, la vida con mayúsculas, por la posibilidad –que uno entiende real, pero quién sabe– de plenitud en otro con quien se aspira a ser uno solo, o que ese amor, como en el caso de Florentino Ariza en El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez (1927-2014), sea ya un estigma –si no obsesión–, para toda la vida, me resulta un disparate. Hermoso, inspirador y hasta envidiable, pero disparate, y más en un día como hoy, con San Valentín, flores, libros y bombones por todas partes, dispuestos como venimos estando todos a la fantasía. Como bien debería saberse, pues su lectura tendría que ser generalizada, en El amor en los tiempos del cólera se cuenta la historia de Florentino Ariza, un empleado de telégrafos en un pueblo costero colombiano, en época de guerra civil y epidemia de cólera, quien, con solo un golpe de vista y una correspondencia posterior, se enamora de la hija de un hacendado, al punto de declararle: “su fidelidad a toda prueba y su amor para siempre”, y ella, Fermina Daza, su “diosa coronada”, lo acepta, pero el padre de ésta los descubre y se lleva a la chica lejos, a fin de que olvide ese amor... No les haré lo que llaman spoiler, pero el drama está servido… Florentino ama a Fermina toda la vida, pero su juramento...
          El amor tiene su miga y es muy trastornante, en efecto, lo digo por experiencia. Me costó muchos años adquirir nervios de acero y temple para evitar sucumbir sin lucha a los cantos de sirena del amor. Yo era muy enamoradizo, y eso no es conveniente, lo aseguro, como tampoco lo es, ni sano siquiera, no enamorarse nunca. Como Odiseo –héroe al que conocemos por lo general como Ulises, que es la versión latina de su nombre– en La Odisea, atribuida a Homero, la primera historia de amor jamás escrita, no me hice atar sino que yo mismo me até al palo mayor de mi deriva –perdón, de mi nave– para no caer en las trampas que para mí fue siempre enamorarme. Como bien se sabe, La Odisea narra el viaje de regreso de Troya a Ítaca de uno de los líderes griegos victoriosos de la famosa guerra que por el amor de Paris a Helena determinó el devenir en el Mediterráneo oriental hace unos tres mil años. Fue Odiseo, además, el caudillo de las tropas que ingresaron a la ciudad de Troya metidas en el gigantesco caballo de madera que tanta fama tiene hasta nuestros días.
            Curiosos personajes, Florentino y Odiseo, como curiosos también Fermina y Penélope, que aunque, de algún modo, hicieron, en el interín de muchos años –una más de cincuenta y la otra unos veinte–, su vida –Fermina entregándose a su marido, Juvenal, y luchando por su dignidad frente a todo, dado que su corazón era de Florentino, y Penélope buscando una tras otra la excusa, tejiendo y destejiendo el sudario para el rey Laertes que era la condición que puso a sus pretendientes que la acosaban como paso previo a aceptar a alguno de ellos, de entre los que debía elegir, dado que se daba por segura la muerte de Odiseo en batalla y, por tanto, se le consideraba a la reina libre de su compromiso matrimonial–, en el fondo de sus corazones permanecieron fieles a su amor verdadero… Curioso que Florentino distinga entre fidelidad y lealtad, por ejemplo, y bien que lo hace, o que Odiseo busque más regresar –no sin distraerse– a su isla y su trono que el amor de su esposa, a qué engañarnos. Todo héroe tiene sus miserias. Es más complejo el caso de Ariza, pues de igual modo distingue alma y cuerpo en cuanto a lo que al amor se refiere.
            Si hablamos de amor, siempre recuerdo a Rainer María Rilke (1875-1926), quizá el poeta más importante de su época y, desde luego, el más trascendente a toda la poesía posterior en muchas literaturas. Nacido en Praga, actual República Checa, pero de lengua alemana, tuvo gran reconocimiento en vida, al punto de viajar por gran parte de Europa y hasta mantener una muy abundante correspondencia con todas las figuras culturales y artísticas de su época. Como es natural también recibía muchas cartas de personas desconocidas para él. A finales de otoño de 1902, Rilke recibió una carta de un joven poeta desconocido, de nombre Franz Xaver Kappus, que le enviaba sus ensayos poéticos a fin de recibir una opinión sincera. Fue el comienzo de una correspondencia de diez cartas, la primera de las cuales, fechada en París el 17 de febrero de 1903, ha resultado ser, del mismo modo, la más famosa. En la misiva, Rilke le dice al joven aprendiz de poeta: (...) No escriba versos de amor. Rehuya, al principio, formas y temas demasiado corrientes: son los más difíciles. Pues se necesita una fuerza muy grande y muy madura para poder dar de sí algo propio ahí donde existe ya multitud de buenos y, en parte, brillantes legados. Por esto, líbrese de los motivos de índole general (...) (traducción de Luis López Nieves). No escriba versos de amor… Es un consejo que quizá deberíamos seguir todos, pero debemos rendirnos a la evidencia de que los versos de amor son los más abundantes y prolíficos de la historia de la literatura… No en vano, el amor es la fuente más pura de la fecundidad. Yo, que escribo de amor, puedo, de igual manera, atestiguarlo. El amor, siendo cierto, es de esas pocas cosas milagrosas que aún con su naturaleza permanente nunca dejan de asombrarnos. Es la vida. Y el diverso y generalizado legado literario universal del amor es incontable e inagotable. El amor es donación, o así lo entiendo; negación de uno mismo y a la par entrega en el otro para la construcción de un nuevo yo plural que, a su vez, deberá ser incontable e inagotable...
            Valga como reflexión a la “frivolidad” –dicho sea con respeto– de la celebración del Día del amor, que, todos los años tal fecha como la de hoy, 14 de febrero, festividad de San Valentin, celebramos con alborozo, aunque a veces olvidamos que el día del amor debería ser todos los días, como el día de escribir para todos los escritores de verdad. Pero está bien así. 
   
 ©M. P.-P., 2009
Fotografía:  ©M. P.-P., 2009

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 16. Amor en alejandrinos. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 16

Amor en alejandrinos (un poema inédito)

Por Manuel Pérez-Petit

 
Mi amor...
 
 
Quizá por nuestro amor estoy hinchado de sequía
y están mis avenidas y calles anegadas,
y así me imanto a ti y al lugar para morirme,
el único placer en que me hallo y yo soy puro,
y acaso sea incapaz la tormenta con sus pelos
de aguarme en un instante el instante que nos dura
mi vida en su dureza y nos dure mi existencia
en esta eternidad, de este modo, eternamente...
 
... Mi amor, y sobre todo si es cosa de ser roble,
besarte siendo vientre en murmullos espasmódicos,
al fuego que nos ata armado de fiereza
al palo principal y en la fórmula que guardas,
y así naufrago en ti para ser de nuevo líquido,
y en este caminar de las plumas tembloroso
en flujos desatados unimos nuestros seres
al viaje que en tus gozos nos funde y nos amarra;
mi amor, y si es que es cosa de darte así mis llaves ,
de darte mi jornada y mi ayuno en la vigilia
negarme a consumir de una vez mis propias sombras,
saciado de esta luz de caricias y milagros,
caer en tus molinos, perderme en tentaciones
que pones con balandros en parques de tu esclavo,
besando de este modo dolores agridulces
que surgen de tu boca distinta y alevosa
y en medio de los árboles, árbol levantarnos.
 
... Mi amor, y sobre todo si es cosa de volar
profundo, reafirmar las raíces que eclosionan,
mirar todos los cielos que tapan nuestros cielos 
de un golpe que distinga un lucero de los otros,
ponerlos a la lumbre, que todas las estrellas
conozcan los encantos del cosmos, y cocinen
secretos encendidos que guardas en arcones
con todas las cucharas del libro en que trazando
un taco de almanaque me creas y me eriges;
mi amor, y si es que es cosa de entrarnos y envolvernos
en círculos que exploten, vibrar en negro y blanco
exactos conociéndonos todos los colores,
capaces como somos de hacer todas las cosas
por nuestra decisión suave y firme de ser otros
y ser nosotros mismos, libérrimos y osados,
indómitos delfines dispuestos a invadirnos,
siguiendo tus decretos fielmente y sin enmiendas.
 
... Mi amor, y sobre todo si es cosa de ser prisma,
pirámide mayor y jamás imaginada,
guardar nuestro sudor en los frascos transparentes,
dejar estos corales al mundo, ser cristales
cayendo en pedrerías simplísimas e ignotas,
que dejen la constancia fehaciente de mis rotos,
de cómo muerdo el polvo en las guerras que libramos
y pierdo una tras otra batallas y preguntas;
mi amor, y si es que es cosa de verbos y exhibirnos
mostrar urgente a todos los átomos de mí,
semillas de este rayo de Adán en que renazco,
y dar a conocer que soy tuyo, que soy nuestro,
y cómo me deshago en trofeos que te guardas,
hacer el laberinto y jugar y deshacerlo
en mangas de camisa y pudores, y en manzanas
del árbol que ya es tuyo y nos cubre con sus hojas,
reinar amamantados por ti en tu regazo.
 
... Mi amor, y sobre todo si es cosa de embarcarnos
colmados en tu higuera, vendándonos los ojos
con tino para vernos y ver nuestro misterio,
y ver entre tus pliegues de magia y de maíces
la alquimia del quehacer progresivo de tus frutos,
tu acción de encantamiento que crece como crece
la casa que muy juntos hacemos con miradas
raciales y destreza y absenta y tus albures;
mi amor, y si es que es cosa de hacernos y aprehendernos,
de ser como el trasfondo profundo de tus fotos,
tu raza, tus caprichos de diosa y tus diademas,
vencer con las miradas abiertas en el cruce
crucial la tentación, chocolate, de ser piedra,
sabernos de memoria lecciones escondidas,
y hacer con metalurgia la playa hoja de parra
uniendo nuestras manos de océano invencible,
y en mar coleccionable acostarnos y ser higos.
 
... Mi amor, y sobre todo si es cosa de enterrarnos
en caldos y en bizcochos que crecen por sí solos
en ti y en tus mareas descritas en el cielo
que es mío y permanente, y tu huerto en que cultivo
mi ser con tus abonos al borde de entregarme,
donado al nuevo día, y, sereno doblemente,
hacer nuestro "de" "efe" sin cielos ensuciados,
construir estos lúcidos azules de ataraxia;
mi amor, y si es que es cosa de agujas y alfileres,
Distrito Federal, primavera que rezuma
las luces de tu boca y sus ecos de tormenta,
surcar la inflamación de tus flores y costuras,
fundar esta odisea de amarnos y reírnos
batiendo nuestra marca y la toda transparencia
recrear y establecer nuestro canon indeleble
pintando el mapamundi, la diana de mis dardos,
la nueva edad de amor que nos toca inaugurar.
 
... Mi amor, y sobre todo si es cosa de escribir
también con el aliento, las vísceras, las huellas...,
jugándonos denarios del alma y de la sangre,
sangrando a borbotones sin tiempo y sin demora,
que en nuestro transitar, proveniente de los mares,
supimos que no existen más dioses que galopen
a lomos de caballos, que paren los relojes,
decreten el registro y el censo de la risa;
mi amor, y si es que es cosa de todos los despojos,
morir ya de una vez, de una vez resucitar,
poción de eternidad y de acero, la ecuación
perfecta en esta sed en que somos inmortales,
la nueva realidad sin piedad inauguremos
con fiestas desplegadas, carteles y ambrosías,
la historia de las flores rehagamos opulenta,
de cómo comenzó nuestro reino la locura,
que sobre los obstáculos siempre ya reinamos.
 
... Mi amor, y sobre todo si es cosa de placeres
en tazas de café y en tequilas muy derechos,
de faros con su filtro que es causa saludable,
felices celebrar el big bang de nuestras horas,
la música inaudita que sacia sin saciar,
los trozos de mi cuerpo que sobran y son todos,
tus ríos ordinarios de imanes que me enhebran
mecido en las musgosas veredas de tus labios;
mi amor, y si es que es cosa de luces y portentos,
de alzar con convicción nuestra copa de ángel roto,
las alas atrevidas que mecen nuestras faltas
mortales permisibles que llevan su visado
de fábrica y nos llevan al mismo Paraíso,
la paz establecida por fin en la unidad
de nuestra identidad, y ecuménicos perdidos
los versos componemos, diabluras cardinales,
visiones que amanecen en plena elevación.
 
... Mi amor, y sobre todo si es cosa de leernos
lo nuestro del revés y leer la biblioteca
que es nuestra del revés y de hablar en cien idiomas,
quedándonos desnudos de golpe y del revés,
absortos en la suite favorita y capicúa
que ausencia tan celosa nos guarda aunque ya sepa
que somos los grumetes, que nunca volveremos,
que estamos navegándonos lejos de su entorno;
mi amor, y si es que es cosa de hablar así esta noche,
volcados en la lluvia y para que no cese,
conscientes como somos que Dios somos nosotros,
que Dios mismo bendice los gestos que son nuestros,
con este atrevimiento atrevido que cargamos
en aras de coser la bandera y atrevernos
a dar la vuelta al mundo al derecho y del revés
y ver como fumar nos carece de sentido
sin risas, decidir de una vez hoy suicidarnos.
 
... Mi amor, y sobre todo si es cosa de este exilio,
volver a nuevo ser, regresar y navegar
así nuestros conjuntos y redes descaradas,
palacio y monumento de vida y de lujuria,
mi gula favorita, soberbia que me engancha,
me adhiero sin demora y a golpes a tu sede,
fervor yo te declaro y cruzo el Rubicón,
tus olas, tus timones, tus ojos astrolabios;
mi amor, y si es que es cosa de naves y veleros
que surquen coronados miserias, las expulsen,
aparten y eliminen, llegar entoloachados,
consciente así de ser otro ser ya peregrino,
con guisos perdurables crecer y hasta engordarnos
en sangre, refrescarnos por grutas y misterios
gloriosos que son tuyos, en zócalos picantes
pasear por tus vahídos y senos de guanábana,
tan ebrios que tus trucos empapan nuestras llamas.
 
... Mi amor, y sobre todo si es cosa de tesoros,
el yelmo encasquetarme, la mina descifrar
y ser tu adorador y tu atlante y adentrarme
por todo lo que Dios y nosotros bien sabemos
que guardas y atesoras, tu clave indescifrada
y aún no vista y rauda unidad de este misterio
de ser y de sentido que clava esta verdad
clamando minería de mí y matemática;
mi amor, y si es que es cosa de alzarnos en campañas,
de entrar en rebelión, escribir cuantos libelos
reclamen tus patrones, hacer revolución
de aldabas sediciosas, que somos incurables,
llenarnos de ternura, de humor, de claridad,
palabras connotantes de nuestra independencia,
llenándonos de carne y coraje, declarando
total soberanía de ti sobre mi pecho,
que soy tu abanderado y lidero tus legiones.
 
... Mi amor, y sobre todo si es cosa militante,
de hallarnos, descubrirnos en salsas de este gozo,
que somos comestibles, que el árbol de la ciencia
se encuentra en nuestros cuerpos floridos por tus aguas,
que nuestros manantiales del lecho de tu espalda
renacen, que se rinde el arcano en tu presencia,
que somos tus volutas convulsas e invencibles,
y somos nacimiento perpetuo de tus ojos;
mi amor, y si es que es cosa de montes y llanuras,
de cuerpos que se niegan a ser antigüedades,
geógrafos de seda y salinas ambiciosas
al norte de las cosas del mundo y sus confines,
de pieses que son alas que muestras y hago mías
contigo y con tus gemas, del sol y tus dominios,
ya hechos transparencia anhelarnos y anhelar
con todas nuestras fuerzas tu nuevo ser nosotros,
que llegue sin tardanza el momento de morirme.
 
Es ésta mi hidropía, ya ves, eternamente...
No niego que no tengo remedio, dictadora,
que apenas sobrevivo, que soy tu servidumbre,
que soy eternamente..., ya sabes, un sediento
de todo lo que es tuyo... Ya ves, mi vocación:
morir –y es para siempre– y me muero para siempre,
y hoy muero más que nunca y me muero porque vivo,
y más que nunca, y más que ya nunca vivir quiero...
 
 
 
México, Distrito Federal, abril-junio de 2010 

__________
 
Nota del autor
Traigo aquí este poema de 203 versos alejandrinos blancos como comienzo de una serie de tres publicaciones diversas que dedicaré nada menos que al amor, eso de lo que nadie puede sustraerse. Se trata de trece estrofas, siendo la primera y la última compuesta de ocho versos y las centrales de diecisiete, en dos partes unidas de ocho y nueve versos cada una. Pertenece a la serie Mexicaminerías, incluida en mi libro Sin Tierra soy (Tintanueva ediciones, México, 2013), del que se excluyó a última hora este poema, por entender mi editor, el gran Federico Corral Vallejo, que merecía una publicación aparte. Debo reconocer que el amigo Federico me ha buscado varias veces para hacer realidad ese propósito, pero que siempre me he escabullido de esa posibilidad por mi indolencia y desapego con respecto a mi propia obra. Tardé en escribir este poema dos meses, y ha permanecido inédito hasta el día de hoy. En parte por pudor y en parte por desidia. Sé que es una barbaridad, pero quede como regalo a los lectores y, sobre todo, a este proyecto maravilloso de Letras, ideaYvoz y a su gran jefe, Roger Octavio Gómez Espinosa, que me da la oportunidad de estar aquí. Sirva para descansar un poco de la muy dura serie acerca de la distopía, a la que regresaré la siguiente semana, y con no pocas curvas. Sale y vale. 
   
Ilustración: “Portada de Sin tierra soy, de Manuel Pérez-Petit (Tintanueva ediciones, México, 2013)"

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.