Polvo del camino/ 56

Caminar sobre el agua
Héctor Cortés Mandujano

¡Oh, Señor, dueño de los corazones,

soberano de las almas, haz que en adelante me amen sin que yo ame!

Súplica de Sett Badr, en Las mil y una noche

 En Las mil y una noches (Editorial Alba, 1999) leo una historia que no recuerdo haber leído antes (no es extraño, se supone que esta obra tiene 17 volúmenes): “Historia de la docta Simpatía”. En el tercer volumen, que comentaré no aquí, sino en Casa de citas, dice el epílogo que cuando Schehrazada contó esta historia estaba embarazada de su primer hijo (tuvo tres).
            Abul-Hassan tuvo un padre muy rico, que al morir le dejó una gran fortuna que él dilapidó. Lo único que le quedó de todo aquello fue una esclava llamada Simpatía, quien comparece ante el califa (Abul quiere vendérsela) y quien a su vez la somete a un interrogatorio, a través de varios sabios a su servicio. Simpatía gana a todos, como dice el mito que hizo nuestra sor Juana Inés de la Cruz cuando era una joven que todavía no pensaba en ser religiosa.
            Le preguntan de cualquier materia. Explica en una de sus respuestas los tres tipos de estrellas (p. 284): “Unas cuelgan de la bóveda celeste como antorchas, y sirven para alumbrar la tierra; otras están suspendidas de manera invisible en el aire, y sirven para iluminar los mares; y las estrellas de la tercera categoría, se mueven a voluntad entre los dedos de Alá”.
            Le preguntan (p. 286): “¿Qué cosa empezó siendo de madera y terminó gozando vida propia?”.
            Y responde: “La vara que tiró Moisés para que se convirtiera en serpiente. Según las circunstancias, esta misma vara clavada en el suelo podía transformarse en árbol frutal, en un frondoso árbol muy grande para resguardar del ardor del sol a Moisés, o en un perro enorme que guardara el rebaño durante la noche”.
            “Cuál es el goce de un instante?”, le dicen, y responde (p. 288): “¡El goce del amor sólo dura un instante!”.
 
En “Historia de Ibn Al-Mansur y los dos jóvenes” el califa Harún Al-Rashid tiene insomnio y pide que le cuenten una historia (que termina cuando el califa está roncando), pero antes Mansur, su porta alfanje, le sugiere algo muy poético (p. 364): “Contemplaremos las estrellas y sus incrustaciones magníficas, y admiraremos la belleza de la luna que avanza lentamente en medio de ellas y desciende hasta el río para bañarse en el agua”. 
 
En “Historias de Yamlika, princesa subterránea” hay una anécdota que, sin que sea su objetivo, “explica” cómo Jesús caminaba sobre las aguas: un vegetal (p. 382) “con cuyo jugo basta frotar la planta de los pies para poder caminar sobre la superficie del mar”. 
 
***
 
La semana pasada, en mis agradecimientos por la puesta en escena de La divinidad del monstruo, olvidé a uno de mis infaltables amigos: Juventino Tito Sánchez (me mandó un emoji con un gatito a punto de llorar). Es mi diseñador de cabecera y el diseño del cartel publicitario hizo que el Tigre Moreno, según sus propias palabras, decidiera ir a vernos. Fue, el Tigre, uno de nuestros más entusiastas espectadores.
            Pero a Tito también agradezco que, por su amable intervención, el generoso Edilberto Vázquez, a quien todavía no conozco en persona, me regalara tres árboles maravillosos que ya son parte de mi patio: pumpuchuti, sospo y matilisguate. Gracias, gracias, gracias.
 
            
Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Pumpunchuti. Foto: HCM
Fotografía: "Pumpunchuti", HCM

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com