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Voces ensortijadas. 13. Gardenias, jazmines y sicqueté. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 13

Gardenias, jazmines y sicqueté

María Gabriela López Suárez

Eloísa había terminado de hacer sus compras en el mercado, la emergencia sanitaria hacía que algunas personas como ella realizaran sus actividades de manera rápida en la calle. En la medida de lo posible trataba de quedarse en casa, solamente salía para abastecer la despensa por varios días.  

Iba de regreso a casa cuando vio una señora que llevaba envueltas en papel periódico flores de coyol, propias de la temporada de Semana Santa. Las reconoció de inmediato, por la textura y también por el dulce aroma que estas flores desprendían. Pensó por un instante en comprar algunas para llevar y colocar en casa, buscó rápidamente con su vista y no halló.

Caminó unos pasos más y una deliciosa mezcla de aromas de flores hizo volver su vista, ahí estaba una señora y dos niñas vendiendo flores de jazmín, gardenias y collares de sicqueté. Eloísa había olvidado que era la temporada en que vendían las flores de sicqueté en forma de collares, así como las ensartas de flores de mayo. Aunque no vio estas últimas a la venta en el único puesto ambulante de flores.

No pudo resistir la tentación de comprar unos ramitos de gardenias, el aroma era tan agradable, que le hacía evocar la naturaleza,  la frescura del campo y le dio una sensación de alegría. También se animó a llevar  collares de sicqueté, estaban muy fresquitas, eso avivaba el color naranja y el tamaño pequeño  de sus flores.

Mientras le envolvían sus gardenias Eloísa observó a la señora vendedora y a sus niñas, tenían sus bandejas con flores, listas para partir por si las autoridades las llegaban a mover del lugar donde estaban vendiendo. Ninguna usaba cubrebocas. La vendedora pidió a una de las niñas, Lupita, que pusiera los collares de sicqueté en una bolsita. Lupita, una niña con no más de diez años, estaba ataviada con un pequeño mandil de cuadritos donde colocaba las monedas de las ventas, tenía una sonrisa que le transmitió alegría, paz y entusiasmo a Eloísa, quien les agradeció los productos y se fue.

Rumbo a casa vino a su mente la imagen de Lupita y su familia, sin duda, no podían hacer caso a la  petición de quedarse en casa, eso era un lujo. Y aunque quizá sabían que se exponían, necesitaban salir y vender para obtener ingresos, así como ellas, había muchas personas más. Agradeció la oportunidad de haber aportado al menos con un granito de arena en la economía de aquella familia.

Llegó a su domicilio, se lavó muy bien las manos, dejó las bolsas con el mandado y fue a colocar las flores de gardenias en un jarrón. Los collares de sicqueté los puso alrededor del jarrón y cerró los ojos para percibir de nueva cuenta el aroma de gardenias, jazmines y sicqueté.  

Fotografía: Rk Preetham.

Beatus Ille. Dañorante. Luis Flores Romero

De Luis Flores Romero*

Dañorante*

Por su seguridad, no se recargue en la nostalgia;
todo eso que pasó, torpeza que pasó, tropiezo,
fracaso, malpaso que pasó, no sirve, no insista, no llore:

nada está detrás del subibaja imaginario del hubiera.
Si su pensamiento es un castillo de fantasmas,
girar hacia el presente es el único prudente movimiento:

lo anterior se borra, lo anterior se barre, 
agárrese de aquí por más que sea difícil 
apretar el botón de suprimir. Para nostalgiar,

oprima uno; para ilusionarse, oprima dos;
para no volver, oprima cero, oprímase las ganas; 
para continuar trabado, cuelgue, cuélguese

de sus recuerdos: todavía no hay ahora. 
Dejar caer el hoy en los desórdenes vividos 
es como no querer quitarse los calzones

con los que alguna vez se fue dichoso. Y a pesar 
de que la dicha ya se fue, el atormentado
se atornilla en su pasado, se ensucia en su silencio.

No se recargue en esa melancólica pared: 
el pasado no se quiebra. No se azote: 
puede quebrarse usted. 

Fotografía: Pixabay.

Sobre el poema:

«Dañorante» es parte de la colección Estación Gentuza, Premio Nacional de Poesía «Ramón López Velarde» 2017. Editado por la Universidad Autónoma de Zacatecas, 2018.

Sobre el autor:

Luis Flores Romero (Lufloro Panadero). Nació en la Ciudad de México en 1987. Estudió Letras Hispánicas en la unam. Ha publicado poesía en algunas revistas impresas y electrónicas. Ha impartido talleres de versificación y creación poética. Es autor del poemario Gris urbano, publicado en 2013 por la uacm, y de Sonetos ñerobarrocos, publicado en 2016. Becario, en el área de poesía, de la Fundación para las Letras Mexicanas durante los periodos 2010-2011 y 2011-2012, y del fonca en el periodo 2015-2016. Desde 2014 conduce un programa de literatura en Radio unam. En redes sociales, con el heterónimo de Lufloro Panadero, comparte versos satíricos. Premio Nacional de Poesía «Ramón López Velarde» 2017.

Voces ensortijadas. 12. El celofán color amarillo. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 12

El celofán color amarillo

María Gabriela López Suárez

Era domingo de Pascua, Alba se había propuesto cocinar ejotes capeados rellenos de quesillo. Abrió el refrigerador, sacó los ejotes que previamente había lavado y se dispuso a cortarles las orillas (siguiendo la receta de su mamá). Al terminar recordó que no había sacado el quesillo. Buscó al interior del refrigerador y se dio cuenta que no había.  Sin embargo, al fondo vio un trozo cubierto con papel celofán amarillo que le salvó la comida, era queso crema.

Abrió el papel celofán, enseguida se topó con la capa de papel aluminio y después sacó el queso. No pudo evitar cortar una rebanada  y saborearla antes de iniciar la labor de cocinar. El queso crema era de sus favoritos. Observó la etiqueta, provenía del municipio de Ocozocoautla, mejor conocido por la población chiapaneca como Coita.

Comenzó a preparar los ejotes, la parte que menos le parecía divertida era cuando tenía que costurarlos  para evitar que el queso se saliera y el capeado quedara bien. En esa labor estaba cuando el papel celofán atrapó su atención. El color amarillo le traía muchos recuerdos.

Su memoria se remontó a la niñez, veía los quesos en casa, sus papás solían obsequiarlos a los familiares que les visitaban. Recordó las charlas que escuchaba, en ellas siempre mencionaban que los quesos chiapanecos eran deliciosos, por eso eran tan preciados por quienes los recibían. Había una diversidad de ellos, desde el queso fresco, el crema, el de doble crema, el quesillo, el que tenía verduras y chile, el queso asadero hasta el famoso queso bola. Entre los nombres de algunos municipios  donde los producían recordó  Cintalapa, Rayón, Pijijiapan, Villaflores, Villacorzo, Ocosingo, Ocozocoautla.

En su imaginario el celofán color amarillo con el que cubrían los quesos era representación de un sabor muy grato al paladar y un sabor para compartir con los seres queridos.

– Comprá el del papelito amarillo, del que viene de Pijijiapan, ése sale bueno – . Solía decir la tía Inés a doña Gloria, mamá de Alba, cuando ella le preguntaba qué queso le sugería comprar.

Alba se puso contenta de haber terminado de costurar los ejotes, capeó los huevos y bañó ahí cada montoncito de ejotes. Se dispuso a freírlos, los escurrió del aceite y luego los dejó cocinar en caldillo de tomate, agregó hierbas de olor para que la comida tomara sabor.

Mientras tapaba la olla y percibía el aroma de la comida se quedó pensando, cuántas historias tenían las cosas más comunes, como el celofán color amarillo.

Fotografía: Lukas.

Parábolas del uroboro. 6. Juan José Arreola, crítica. Ilse Ibarra Baumann

Juan José Arreola, Crítica

Por Ilse Ibarra Bauman

El ensayista y poeta mexicano, premio Nobel de literatura, Octavio Paz alude a la literatura de Juan José Arreola como “la vida misma pero inmovilizada o petrificada por la memoria, la imaginación y la ironía… Ha logrado un estilo inconfundible, abundante en precisiones, ornamentado siempre por el triunfo de la inteligencia”. Revista Tierra Adentro

A su vez, en esta misma página, el narrador y poeta argentino Jorge Luis Borges, quien tuvo la literatura de Arreola dentro de su biblioteca; lo describe en pocas palabras “Si me obligaran a cifrar a Juan José Arreola en una palabra que no fuera su propio nombre (y nada nos impone ese requisito), esa palabra, estoy seguro, sería libertad. Libertad de una ilimitada imaginación, regida por una lúcida inteligencia”. Al tener la facultad de dar vida a lo irreal, empequeñece el orden de la vida humana que justifica sus modos, acciones, deseos y más anhelos. Con pocas frases la transforma en una ficción completamente verosímil.

            Hablar de los textos literarios de Arreola es entrecruzar la vida y la obra del autor. Pese a que su legado es breve, el crédito que obtuvo de él ante el mundo fue y sigue siendo numeroso. 

Su estilo es, como le llamó él: de filigrana. Una filigrana puntual en tono irónico y a la vez humorístico que pasa sobre la fantasía. Lo absurdo se vuelve posible. La posibilidad en su obra desafía la lógica y la convierte en realidad, un abismo de hechos fortuitos que pone en tela de juicio al lector. La Biblia fue uno de los textos a los que más acudió. Como lo cita Saúl Yurkievich “Arreola suele infundir a sus escritos cierta dimensión teológica. Ella dimana de su fe y de su inquietud religiosas. Arreola está moral e imaginariamente penetrado por sus orígenes católicos” (Arreola, Obras, p.26). 

Su literatura es amena sobre la superficie, tanto que se convierte en humorística, pero debajo de toda esa apariencia existe una infinita tristeza del Ser, esa degradación perenne del género humano y sobre todo de la mujer. La razón está siempre en pugna con el espíritu.

Depura tanto en el fondo como en la forma, supo apreciar todos los matices de la escritura. Esta limpieza la aprendieron muchos de sus alumnos. José Agustín recuerda el aprendizaje como: “el primer maestro que tuve propiamente fue Arreola, lo cual para mí significó la enseñanza de rigor, la economía y la depuración. Me hizo ver que todo texto era perfectible”. (Juan José Arreola por José Agustín. “Retrato hablado, 36 años después.” en la revista Tierra Adentro). Puede ser coloquial y dar un giro inesperado apretando el estilo para volverlo elegante como Sinesio de Rodas. Incluso dentro del mismo cuento se puede encontrar un personaje culto y el otro popular, pese a que se contraponen se complementan. Estos cambios son parte de la universalidad de su obra. Va de la tradición a la innovación. Esta tradición viene desde la historia del hombre, es parte de su folklore y se bifurca en el aquí y ahora. Condensó el texto sin que perdiera el sentido. 

Arreola se atribuyó los oficios del pasado: “soy herrero por parte de madre y carpintero a título paterno” y los adaptó al aprendizaje de la literatura dándole el nombre de “carpintería del buen oficio y del buen trabajo” según lo recuerda José Agustín. El lenguaje es una masa que se moldea, lleva un orden más allá de la razón.  El lenguaje se vuelve poético al unir las palabras.

Tener la idea, la atmósfera y escribirla no era todo. El inicio del texto, la primera frase y el final eran primordiales para hacerlo redondo. Así lo menciona José Agustín en la revista Tierra Adentro:

Decía cosas rarísimas que me encantaban; por ejemplo:

–Si tú acabas un cuento con una palabra aguda dejas como una especie de llamada de atención; es como un toque de corneta. Entonces el lector se queda de alguna manera como esperando algo. En cambio, si lo terminas en una palabra grave, el texto como que se asienta y la gente tiene la tendencia a pensar que está concluido. Si lo terminas con una esdrújula, aparte de que es muy elegante y suena muy bonito, de alguna manera la esdrújula tiende a hacer que el lector se introvierta y haga suyo el texto. Si vas a trabajar un texto misterioso, poético, no utilices muchos monosílabos ni interjecciones, sino más bien frases largas, cadenciosas, que vayan generando la atmósfera de cierta oscuridad. 

Encontrar el núcleo que detone un estilo de literatura puede llevar años, incluso nunca hallarlo. Pero como se sabe, la literatura se hace con literatura y los gustos llevan a agrupar al sujeto creativo con personas análogas a esos deseos. 

A hondar en ese engranaje que atrae y que algunos buscan su diversión. Para un mexicano será más puntual mezclarse a su lengua. Para Juan José Arreola fue detonante la literatura castellana de Luis de Góngora y Francisco de Quevedo. El mecanismo que utilizan en el juego de palabras es asombroso. Y como dice Arreola refiriéndose a Góngora “ni siquiera le tenía miedo a las palabras feas”. Pero no sólo lo atrajo el manejo extraordinario de los versos y su ritmo, sino el insulto a la mujer: “Sí, nos puede engañar el rostro atractivo, de manzana, de una mujer, y ser ella una gaznápira”. De Quevedo recordó: 

“A los suspiros di la voz al canto;/ la confusión inunda la alma mía;/ mi corazón es reino del espanto”. Eso es metafísica pura: “Mi corazón es reino del espanto”. ¿Por qué corazón se vuelve de pronto reino y el territorio del espanto? Porque ese hombre sintió que la vida y el amor, las experiencias humanas, eran espantosas. Él vivió el espanto metafísico del Ser. (“Ya sólo puedo hablar de las cosas que viven en mi memoria. Un testimonio de Juan José Arreola. Víctor Manuel Pazarín.” En la revista Tierra Adentro)

Tiempo después, por estos grandes poemas castellanos, se dio cuenta que la literatura no puede hacerse con buenos sentimientos, si fuera así, sería una mala literatura.

            En Confabulario, al expresarse se enfrenta consigo mismo en múltiples formas y en distintos tiempos. “En todos los textos he tratado de expresar mi versión de una serie de aspectos de la conducta personal. El drama es para mí (…) estar en el mundo, querer ser algo y parar en otra cosa por las contingencias que ocurren en la vida.” (Carballo, 1994, p. 443). 

Observar el mundo, desear lo que ofrece y no lograrlo, avalan sus cuentos. Pueden trascender a un futuro inspirado en la fantasía o modificar su pasado abusando de la narrativa, pero ahí está todo el deseo comprimido, tan comprimido que muchos cuentos que contaban con veinte cuartillas acabaron condensados en una o dos. “Ésta es, dicho en pocas palabras, la condensación, la poda de todo lo superfluo” (Carballo, 1994, p. 443). Resumir cuartillas y terminarlas en unas cuantas líneas fue parte de su estilo puro y concreto.

            Uno de los temores del escritor es el bloqueo. Quizás uno de los temores del estudiante es la tesis, entre mayor se vuelve la presión, mayor se vuelve la ansiedad. Es como el sueño ante el insomnio, se sabe que se debe dormir, que existen horas por delante, sin embargo no se llega al letargo. En la convivencia alumno-maestro José Emilio Pacheco fue una pieza clave para esos momentos de asedio en los que vivió Arreola al no dar forma a una de sus obras pese a la obligación que había adquirido: Bestiario. Cita esta angustia del deber ser pero… 

“Ahora comprendo la angustia de Arreola. Mientras más perentoria es la urgencia de entregar un libro más imposible se vuelve el sentarse a hacerlo…temor al rechazo, deseo de perfección, ansiedad de no estar a la altura de lo que se hizo antes, autocastigo al privarnos de la actividad que más satisfactoria nos resulta…” (“Amanuense de Arreola. Historia del Bestiario. José Emilio Pacheco” en la revista Tierra Adentro, agosto-septiembre de 1998).

En Bestiario se reúnen múltiples fondos de la representación humana: el religioso-teológico; afectivo: “viéndolo bien, el sapo es todo corazón”; lo erótico: “Lo ataca desde la periferia hasta el centro, con abundantes secreciones de jugo gástrico, embalsamándolo en capas sucesivas”; la moda de la mujer la convierte en algo grotesco como lo hace en avestruz: “carente de espíritu a más no poder, emprende luego con todo su cuerpo una serie de variaciones procaces sobre el tema del pudor y la desvergüenza.”; la lujuria; lo depravado y muchos temas más.

Como lo cita Saúl Yurkievich “Arreola mezcla todas las concepciones naturales, mágicas, la mítica, la animista con la científica” (Arreola, 2012)

Se ha hablado muy poco de Arreola como novelista. La feria, al parecer se tomó por un sentimentalismo de su pueblo (que representa el espacio en la novela) como se refirió a su primer cuento: Sueño de navidadLa feria es una novela polifónica fragmentaria. 

Para ahondar en la narrativa latinoamericana es preciso investigar en La nueva novela hispanoamericana de Carlos Fuentes escrito en 1969, y tristemente no se menciona La feria. Vicente Leñero dijo:

“…no tenemos para analizar más novelas que La feria; no tenemos ninguna otra. Pienso que esa precisión del detalle, es amor por lo local, el vecino, el chisme; La feria es una novela chismosa… y eso es muy de Arreola. ¡Las tías, las que están en la panadería, el peluquero, el sacristán!… Un poco ese pequeño mundo que recordó Arreola, con ese pequeño detalle del chisme, del corre-ve-y dile, de la historia completa del personaje, de la historia del pueblo, retorcido de pronto… (Leñero, 1995, p. 45)

Esto de las muchas palabras por decir, esto del chisme (que resulta una palabra de intercambio de historias baratas) hizo a un lado su estilo de filigrana. Al escribir más, desacostumbró a su lector a su ya familiar y exquisito estilo pulcro de gota a gota. Con La feria, desentonó su forma.

            La mujer es parte fundamental en la obra de Arreola. Es su espolón y su petróleo, es la vida de su literatura y en el fondo es su ruina. La ama tanto que esta sublimación se convierte en coraje. 

Como dice Octavio Paz en “Juan José Arreola: del actor y el orfebre”, en Siga las señales de Marco Antonio Campos: ‘“¿Homenaje a Otto Weininger? Más bien, homenaje a la mujer”. Sin la mujer no se explica la obra de Arreola y sin la obra no se explica Arreola. No sería nadie.’ (Campos, 1989). 

Esta disyuntiva con la que internamente vive y se separa del común universal, esta pugna de los sexos: hombre y mujer trató de disolverla en algunos cuentos como lo es “El rinoceronte”, sin embargo se vuelve lapidario en “Una mujer amaestrada”. Él se consideró un ser incompleto, pero ¿para completarse debía pulverizar a la mujer a su más mínima falla? Se justifica y está inmerso en un callejón sin salida, piensa que en el origen la humanidad fue bisexual pero vuelve a caer en un supuesto y no en su realidad. La mujer toma parte de esa impotencia que vivió en su imaginación. Pretendió florear su flaqueza y minimizarla, al parecer, dentro de su escala humana.

Todos los que desarmamos la estructura femenina, nos equivocamos (…) Coincido en muchos puntos con el pensamiento de Weininger: creo, por ejemplo, en una soledad radical que brota de la separación primaria de ese ser platónico que contenía, en una sola masa biológica, al hombre y a la mujer. Estamos llenos de esa nostalgia. La separación original ha intoxicado de rencor a uno y a otro. Todo lo que se denomina en literatura y en historia lucha de los sexos proviene de ese resentimiento, de esa separación. El ser humano era un bien común unitario, completo y bisexual. (Carballo, 1994, p. 444)

Dentro de varios momentos de la historia de la humanidad y de la literatura, Arreola reúne un conjunto de narraciones de personajes que en muchas ocasiones se han arrancado la venda de los ojos, y decidieron, por gusto, por necesidad o por fatalidad, desencantarse. 

Algunos han perdido la fe y van en búsqueda de un ideal. Otros, sin embargo, están parados frente a la certeza misma, que existe y más que adaptarse: la enfrenta. Sus modelos parten de una individualidad hacia una colectividad. Todos actúan siguiendo el patrón universal que es hombre en sociedad. El Ser y el no Ser está siempre latente, siempre responde pero ¿para ironizar, para recordar, para debatir o para castigar? “No aprendí nada a la fuerza. Todo lo que no me vino por los poetas no me entró por ninguna otra vía, ni aritmética, ni nada.” (Entrevista de la Universidad de Granada). 

Como maestro supo colocarse detrás del texto. Abrirse a nuevos estilos y tratar de encontrar en ellos su objetividad. José Agustín menciona: 

“abrirse, ajustarse a las necesidades de lo que se estaba planteando. Me enseñó que los textos tienen una legalidad interna así como su propia estructura que es irrepetible, y que gran parte de la eficacia de la corrección y de la calidad de los textos consiste en que esa legalidad interior sea respetada y sea llevada a sus máximas posibilidades”. (Juan José Arreola por José Agustín. Retrato hablado, 36 años después.” en la revista Tierra Adentro, agosto-septiembre de 1998)   

Sus obras y sus alumnos nos muestran el trabajo que irradia ante la creación. Predicó de acuerdo a una lógica de finísimo orden y limpieza: de filigrana. “No he tenido tiempo de ejercer la literatura. Pero he dedicado todas las horas posibles para amarla. Amo el lenguaje por sobre todas las cosas y venero a los que mediante la palabra han manifestado el espíritu” (“Juan José Arreola: vida, lenguaje y espectáculo. Ignacio Ortiz Monasterio” en la revista Tierra Adentro).

Llevó los temas como: la crítica social, el matrimonio, la moral y la religión a un sentido específico y después viró ante la torpeza del hombre en el mundo contemporáneo arrastrando su pasado histórico. 

En esa depuración de decir todo en poco espacio y abarcar tantos temas de la humanidad en ellos, hizo una obra escasa y condensada. En el artículo “Dios entre Arreola y la literatura fantástica de Pablo A.J. Brescia.” en la revista Tierra Adentro, agosto-septiembre, 1998 dice: “la escritura de Arreola es una escritura de tono y de estilo particulares: tono humorístico, de fina ironía; estilo preciso y cuidado, trabajado hasta la filigrana”. Si amó el lenguaje por sobre todas las cosas, supo que “La palabra es más rápida que la capacidad de asombro” Arreola, entrevista en la Universidad de Granada 1993. 

            No queda más que asombrarse ante este escritor que ha sido capaz de analizar cada comportamiento del Ser para transmitir que de lo poco, se dan abundancias.

(Continúa en la siguiente entrega…)

Foto: Breakingpic

Polvo del camino. 12. Enseñanza. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 12

Enseñanza

Héctor Cortés Mandujano

Así hicieron los dioses,

así hacen los hombres

Adagio hindú,

citado por Mircea Eliade

 
 
Una voz en sueños me dijo: “Si entiendes que tu cuerpo es sagrado –dado que es parte del universo, del infinito, de la eternidad– nada de lo que entre en él, inmaterial o físico (pensamientos o comida, por ejemplo), podrá dañarlo o, más todavía, todo lo que entre en él se volverá sagrado”. 
            Escribí la nota sobre este sueño recién me desperté (y, con otras palabras, la incluí en mi obra de teatro La divinidad del monstruo); días después leí El mito del eterno retorno (Editorial Planeta, 1985), de Mircea Eliade. Este hombre (su nombre me parece femenino) explica con suficiencia, sapiencia y claridad las hierofanías: la presencia divina en cualquier hecho terrestre. Su libro es un prodigio, un regalo. 
            Habla de cómo la gente rinde pleitesía a una piedra, por ejemplo (p. 12): “Una roca se muestra como sagrada porque su propia existencia es una hierofanía, es lo que el hombre no es. Resiste el tiempo, su realidad se ve duplicada por la perennidad”.
           Las danzas celebran lo divino y las plantas se vuelven mágicas porque las tocó un dios (p. 13): “El hombre arcaico no conoce ningún acto que no haya sido planteado y vivido anteriormente por otro, otro que no era un hombre. Lo que él hace, ya se hizo. Su vida es la repetición ininterrumpida de gestos inaugurados por otros”.
            Dios es el padre, la virgen es la madre, Jesús es el hijo: la divinidad es ejemplo de la vida de una familia cualquiera, tratamos de poner divinidad a nuestra pedestre condición de mortales (p. 17): “El mundo que nos rodea, civilizado por la mano del hombre, no adquiere más validez que la que debe al prototipo extraterrestre que le sirvió de modelo. El hombre construye según un arquetipo”.
            Eliade explica como prácticamente todo en el mundo es un retorno y hasta las orgías están dedicadas a alguna divinidad (p. 26): “Todo ritual tiene un modelo divino, un arquetipo”; el día de descanso (el sabat) simula al día en que Dios descansó, después de crear al mundo; las escrituras dicen “que os améis los unos a los otros, como yo os he amado” y así, imitamos a Dios, cuando amamos; el matrimonio también es una repetición de la unión del cielo y la tierra (p. 28): “Yo soy el cielo –dice el marido–, tú eres la tierra”. 
            Hay poco que no sea sagrado (p. 32): “Sólo son ‘profanas’ aquellas actividades que no tienen significación mítica, es decir, que carecen de modelos ejemplares”. Casi ninguna.
Fotografía: Nextvoyage.

Universo breve. 11. Marta. Damaris Disner

Marta

Por Damaris Disner

Abandonó el quehacer de la casa e intentó limpiar su mirada. Desde ese día, el cochambre de las hornillas son peccata minuta

Fotografía: Wallace Chuck.

Polvo del camino. 11. Gente necia. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 11

Gente necia
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano
 
Cuando iba por las escaleras de caracol hacia la azotea, casi al llegar apareció el hombre con una pistola en la mano y sin dudarlo me disparó. 
           Los tres primeros balazos se me clavaron en la pierna izquierda –piquetes de zancudo–, uno cerca de la tetilla izquierda y dos más en la cara. 
           Lo vi con sorpresa y él me miró asustado. 
Sacó otra pistola y de nuevo disparó. No puse atención en los lugares donde me dio. No era mal tirador y todos llegaron a mi cuerpo. 
            Con más susto y con la preparación de un sicario con muchos recursos sacó un cuchillo cuando me tuvo cerca y me cercenó la garganta –una comezón mínima– y después me clavó el arma en el corazón.
            Ni siquiera pestañee. 
Él, demudado, no sabía qué más hacer. 
            Yo lo hice a un lado con un empujón y llegué hasta mi camisa blanca tendida al sol. Revisé si ya estaba seca: sí estaba, la descolgué, me la puse en los hombros y comencé a bajar.
            Él ya había cargado de nuevo sus pistolas y me siguió disparando mientras yo bajaba. Hay gente que no entiende.
Fotografía: Axel Vandenhirtz.

Parábolas del uroboro. 5. Juan José Arreola, obra. Ilse Ibarra Baumann

Obra de Juan José Arreola

Por Ilse Ibarra Bauman

Hablar de la obra de Juan José Arreola es penetrar en los sentimientos del hombre. Él escribe desde una posición personal que está arraigada a sus costumbres pero con efecto innovador. Incorpora lo arbitrario (como primer plano) a la razón, a través de la ironía. Revela, desde una percepción más intuitiva, la fatalidad del hombre desde un fondo muy divertido con dejos crueles. Hacer reír al lector común y se salvaguarda a través de la burla sin que éste perciba el trasfondo melancólico del origen.  

Entre sus primeras obras dramáticas están: La sombra de la sombra, Rojo y negro y Tierra de Dios (con esta obra sufrió años por la irreverencia que tuvo hacia los asuntos religiosos). En el teatro no se consideró célebre, estas piezas son inéditas. Las que sí se editaron: La hora de todos y Tercera llamada, ¡Tercera! las considera fracasos. Actuó Becado por el Instituto Francés de América Latina.

            Sueño de navidad es el primer cuento de Arreola. Lo toma como una de sus primeras y pocas pruebas de sentimentalismo, se editó en el periódico de su pueblo: El vigía, y nunca más se volvió a editar. 

En la conferencia que dio en la Universidad de Granada en 1993 lo nombró como El barco, inspirado en un cuento de Leónidas Andréiev (queda claro el hecho intertextual que existe en el cuento El silencio: “Oía a la gente salir de la iglesia, oía cantar a los sochantres ante el ataúd, e intentaba levantar la mano para hacer la señal de la cruz. Pero la mano no le obedecía. Quería decir: «¡Adiós, Vera!» Pero tenía la lengua pesada como una masa inerte.”). 

El cuento de Arreola trata de un niño que le da una cachetada a un compañero en el recreo unos días antes de navidad. No puede dormir porque su mano está entre entumida y culpable, no haya qué hacer. La mete entre las sábanas, debajo de la almohada, quisiera quitársela y arrojarla. Esto que el niño siente es el remordimiento, está arrepentido por hacer, pero si no lo hacer también estaría agobiado. De este cuento recuerda una de sus primeras frases literarias: “se arrancaba torpemente con las manos girones de sueño”. 

Su primer libro fue Varia invención que se editó en 1949. Este primer libro lo coloca como gran escritor.

El trabajo que realiza en el Fondo de Cultura Económica como corrector le abrió la puerta a gran parte de la forma de su obra “encontré en la brevedad de la solapa el camino de la concisión literaria. De las solapas del Fondo nace probablemente mi vocación de crear cuentos breves.” (Carballo, 1994, p. 442). 

Pero, sobre todo, sus conocimientos literarios se ensanchan. Corrigió dos veces Las grandes culturas de la humanidad de Turner, gracias a este libro organizó dentro de su biblioteca cerebral toda la información que poseía; tenían un orden.

Confabulario fue editado en 1952 por el Fondo de Cultura Económica. Esta recopilación de cuentos fue modificada en 1961 y 1971. Arreola no estuvo dispuesto a dejar sus historias en camisa de fuerza, así que en las ediciones que le siguieron a la primera trató de limpiar la individualidad de sus textos para dejarlos más pulimentados, además agregó nuevos.  Confabulario es el resultado de sus sentimientos. 

La formación de Bestiario, textos que se entregaron en diciembre de 1958, fue una obra prácticamente dictada como lo menciona José Emilio Pacheco “los escribí con pluma Sheaffers de tinta verde y luego los pasé a máquina Royal para que Arreola los revisase”. Christopher Domínguez Michael en la Antología de la narrativa mexicana del siglo XXrecuerda y le da el epíteto de “amanuense de Arreola” a José Emilio Pacheco. 

Para el 15 de diciembre de ese año, Arreola debería entregar los textos a la Universidad Nacional Autónoma de México, si no lo hacía la Universidad haría uso de sus abogados para que Arreola devolviera el adelanto. 

Ya no recuerdo si la idea fue mía o de Vicente Leñero, Eduardo Lizalde o el propio Fernando del Paso, a quien treinta y cinco años después Arreola iba a dictarle en Guadalajara el primer tomo de sus Memorias. Sea como fuere, el 7 de diciembre, ya con el agua al cuello, me presenté en Elba y Lerma a las ocho de la mañana, hice que Arreola se arrojara en un catre, me senté a la mesa de pino, saqué papel, pluma y tintero y le dije: me dicta o me dicta.

Arreola se tumbó de espaldas en el catre, se tapó los ojos con la almohada y me preguntó:

–¿Por cuál empiezo?

Dije lo primero que se me ocurrió:

–Por la cebra.

Entonces, como si estuviera leyendo un texto invisible, el Bestiario empezó a fluir de sus labios:… (“Amanuense de Arreola. Historia del Bestiario. José Emilio Pacheco.” en la revista Tierra Adentro, agosto-septiembre de 1998).

Esta obra no fue hecha por un experto en fisiología, sino por un observador del comportamiento humano y animal con alta dosis de matiz cristiano y fantástico. Al comparar a los animales con los hombres no es del todo halagador, desprestigia al segundo y utiliza la carnada (el animal en esta ocasión tiene una doble acepción) para ridiculizar la condición humana. El animal no sólo cumple el modelo del hombre, sino también se revela como lo sobrehumano.

En 1963, periodo de convalecencia, acomoda sus papeles y se encuentra con un gran número de textos que ha escrito de su tierra natal, esto dará inicio a su única novela: La feria que es la historia de su pueblo. Es una novela donde convergen gran variedad de géneros: la minificción, el cuento, la canción, la pieza de teatro, el poema, la parábola, citas bíblicas, la oratoria, la crónica, el ensayo entre otros. La primera edición se realizó en 1963. Estos años son también años de esplendor para Gabriel García Márquez, Mario Vargas llosa, Juan Rulfo entre otros. Por lo cual no tuvo una buena crítica.

Publica Palindroma en 1971, que es un género de textos legibles de izquierda a derecha y viceversa. También conocidos como verso sotádico, o verso jánico, o verso cáncrico, o frase capicúa, o frase retroactiva (como los llamaba Antonio Alatorre).  “Are cada Venus su nevada cera”, Juan José Arreola.

Arreola aprovechó  cualquier anécdota intrascendente para expresar la vida humana y sus avatares. Cita a Montaigne: “Yo soy la materia de mi libro” (Arreola, 2012, p. 686). Fue estricto con sus textos aunque todos pertenecen a una confesión. 

Su obra está sujeta a una comedia que no suprime escenas trágicas. Rompe las reglas de los hábitos, afectos e intereses relacionados con su formación y, sobre todo, con el amor ilimitado de una mujer. Decir ilimitado como sinónimo de lo absoluto es contra lo que él lucha. Contra la construcción perene de un sentimiento que jamás podrá permanecer inmobil, sujeto a un estado fijo pese a que la humanidad declare: te amaré por siempre

A sus personajes los ve en diagonal. Primero los presenta en línea recta creados con necesidades y compromisos sociales verdaderos. Después los quebranta y conflictúa en su existencia poniéndolos en situaciones penosas e irreales pero con un trasfondo que pertenece a los altibajos de su vida personal. Elaboró una literatura, como dice, acrisolada que puede encerrarse en una sóla cuartilla y abarca las pesadumbres más estrechas del ser humano. 

(Continúa en la siguiente entrega…)

Foto: Breakingpic

Voces ensortijadas. 11. ¡Al agua patos! María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 11

¡Al agua patos!

María Gabriela López Suárez

Enfrascada en el trabajo en línea que estaba haciendo desde casa Dinora no había reparado que el viento estaba soplando de manera distinta. Las gallinas, pollitos y patos estaban tranquilamente en el patio. Se asomó por instantes y percibió la sensación de frescura, como cuando se anuncia la lluvia. Alzó la vista al cielo, vio nubarrones grises. Ella quería aprovechar al máximo el tiempo, avanzar con las actividades que tenía pendientes. El ritmo de su cotidianidad había cambiado desde el inicio de la cuarentena por el Covid-19.  Así que regresó a lo suyo.

Se preguntaba si todas las personas que estaban trabajando desde sus hogares habían encontrado la forma de organizarse ante esta crisis de salud. Ahora entendía que no es lo mismo hacer algún pendiente laboral en casa que estar trabajando ahí de continuo.  De pronto sentía que la tarde ya había caído y ella seguía en el trabajo. Hacía sus espacios de receso, no precisamente para hacer lo que deseaba sino para atender tareas en casa. Recordó nuevamente que los roles de las mujeres eran distintos, siempre estaban ocupadas en algo que hacer.

Sin embargo, no todo era tan angustiante, valoraba mucho su trabajo, se sentía afortunada y bendecida de poder estar en casa con sus familiares, haciendo caso a la frase más recomendada de esos días: Quédate en casa.

La parte que más le causaba cierta incomodidad era a la hora de estar informándose por la televisión, en los diferentes noticieros y cadenas televisivas la información era similar. Seguían anuncios de prevención, entrevistas con especialistas en salud, eso era importante, pero también percibía que la sensación de infundir miedo no dejaba de estar presente. En otros espacios informativos, no precisamente noticiosos, hacían la recomendación de no consumir aquellos mensajes que infundieran el miedo, la preocupación, el pánico. Las personas especialistas en terapias de sanación sugerían mantenerse en alta vibración.

Seguía concentrada en la revisión de un presupuesto económico cuando escuchó que las gotas de agua caían fuertemente. Salió al patio y observó que las gallinas corrían a guarecerse, cuidando a sus polluelos. Los truenos comenzaron a escucharse fuertemente y de manera continua. La lluvia se intensificó en instantes.

Dinora dejó su trabajo para apreciar la lluvia, sintió el olor a tierra mojada. Se quedó pensando que un par de días antes había deseado que lloviera, los árboles lo necesitaban, los percibía tristes y la tierra estaba agrietada de tanta sequía. El llamado de su mamá la hizo volver al presente.

– ¡Dinora, ven, mira!- dijo doña Patricia.

-¡Qué bonito! ¡Al agua patos!- exclamó Dinora.

Ante ellas estaba un paisaje natural tan bello, además de la lluvia, mientras las gallinas y pollitos huían del agua, los patos disfrutaban al máximo la caída torrencial de agua. Se habían formado pequeños charcos que les servían de estanques para nadar. Y ahí estaba la comunidad de patos, sin dejar de zambullirse y aletear, se veían muy felices. 

Dinora agradeció desde su corazón la lluvia de esa tarde. Esos pequeños detalles eran regalos y el recordatorio que cada instante en la vida es importante. Que hacer las pausas necesarias permite darle sentido a la vida. 

Deseó que las personas que tenían la oportunidad de estar en casa por el Covid-19, además de cuidarse, pudieran encontrarle los lados lindos del permanecer sin salir. Para Dinora también era una oportunidad de volver la vista a su interior, de sentirse, reconocerse y amarse, para poder estar en armonía con los seres que la rodeaban.

Comenzó a oscurecer. La lluvia siguió y los patos continuaron disfrutando estar bajo el agua.

Fotografía: Nur Andi Ravsanjani Gusma.

Beatus Ille. La bruja. Lufloro Panadero

De Lufloro Panadero*

La bruja

Me dijo: ando en pretensiones de chuparme a usted;
y yo: fíjese, nomás, qué coincidencia,
yo ando en pretensiones de que me chupe usted.
Y luego, de su ritmo carne carne ritmo 
probablemente le nacía la jarana, 
de ahí la copla loca, lo
caliente de la copla donde
íbamos cayendo, yendo yo, viniendo ella,
dándole vuelo a la hilacha, bonito es volar,
íntimos, tensos, telúricos, ay qué bonito es volar
a las dos de la mañana. Pulse, bruja, la jarana;
dulce traigo la caricia; bruja, deme su delicia,
páseme pronto a la alcoba porque yo seré la escoba 
donde va a volar usted a las dos de la mañana;
a las dos de la mañana su jarana tiene sed,
pero tiene solución, y por eso a mí me toca
ser botella o ser canción para llegar a su boca;
ser canción o ser botella para que me tome usted. 
Yendo yo, viniendo ella, música lúbrica mutua; 
señores, lo cierto es que el mundo es un gordo egoísta: 
la bruja no quiere llevarme de nuevo al cerrito,
y a mí se me nota lo toro si la necesito,
si pienso en lo exacto de su chupación. Concluyo:
ni menos bruja ni más bruja, simplemente
de una a otra escoba la volátil, ay mamá, se va,
se va riendo, va riendo, mientras tanto
el quebradizo de uno está barriendo
su despedazada situación. 

Fotografía: Ruvim.

Sobre el autor:

Luis Flores Romero. Nació en la Ciudad de México en 1987. Estudió Letras Hispánicas en la unam. Ha publicado poesía en algunas revistas impresas y electrónicas. Ha impartido talleres de versificación y creación poética. Es autor del poemario Gris urbano, publicado en 2013 por la uacm, y de Sonetos ñerobarrocos, publicado en 2016. Becario, en el área de poesía, de la Fundación para las Letras Mexicanas durante los periodos 2010-2011 y 2011-2012, y del fonca en el periodo 2015-2016. Desde 2014 conduce un programa de literatura en Radio unam. En redes sociales, con el heterónimo de Lufloro Panadero, comparte versos satíricos.