Polvo del camino/ 11

Gente necia
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano
 
Cuando iba por las escaleras de caracol hacia la azotea, casi al llegar apareció el hombre con una pistola en la mano y sin dudarlo me disparó. 
           Los tres primeros balazos se me clavaron en la pierna izquierda –piquetes de zancudo–, uno cerca de la tetilla izquierda y dos más en la cara. 
           Lo vi con sorpresa y él me miró asustado. 
Sacó otra pistola y de nuevo disparó. No puse atención en los lugares donde me dio. No era mal tirador y todos llegaron a mi cuerpo. 
            Con más susto y con la preparación de un sicario con muchos recursos sacó un cuchillo cuando me tuvo cerca y me cercenó la garganta –una comezón mínima– y después me clavó el arma en el corazón.
            Ni siquiera pestañee. 
Él, demudado, no sabía qué más hacer. 
            Yo lo hice a un lado con un empujón y llegué hasta mi camisa blanca tendida al sol. Revisé si ya estaba seca: sí estaba, la descolgué, me la puse en los hombros y comencé a bajar.
            Él ya había cargado de nuevo sus pistolas y me siguió disparando mientras yo bajaba. Hay gente que no entiende.
Fotografía: Axel Vandenhirtz.