Revista

Parábolas del uroboro. 14. Verdad oculta en la ironía. Ilse Ibarra Baumann

Por Ilse Ibarra Baumann

Al borde de la ironía

            

Cuando se habla de verdad se está en tierra firme. No hay dobleces ni disimulos; no hay burlas o engaños. Esta zona pertenece a la formalidad, a los valores que ocupan un lugar real. 

Cuando la ironía se presenta con toques de verdad el valor de lo dicho se ha fragmentado, representa la imagen de un espejo roto. Esta posibilidad fuera de orden no puede ser absoluta, por lo tanto, está en el borde de que su “verdad” carezca de seriedad. “La seriedad del serio no le conviene a la seriedad de la ironía: en la medida en que ésta emprende otro camino, su verdad será de distinta naturaleza.” (Schoentjes, 2003, p. 179). 

El lenguaje es asombroso, cuando se habla se remueve desde el interior; a veces se altera la significación y cambia el rumbo pero siempre se está en constante vaivén, si el decir en serio es estabilizar una idea, el irónico tratará de modificarla; mejorará su agilidad mental de dualidad al paso del tiempo y de la práctica para terminar siendo un irónico agudo, sus acciones se tornan inmanentes a su modo de expresar y muchas veces pasarán inadvertidas en el ámbito exterior, apenas si dejarán rastro; pero por dentro se ha configurado; él es producto de una disciplina.

No hay manera de evitar que sus acciones se labren. Él es por lo que hace y se retroalimenta regresando a su verdad oculta. Para el crítico literario canadiense Northrop Frye: 

“El término ironía designa una técnica que consiste en mostrarse inferior a lo que en realidad se es; esto en literatura se convierte casi siempre en una técnica que consiste en decir lo menos para significar lo más, o, de manera más general, se trata de una disposición verbal que se aparta de toda afirmación directa o de su propio sentido manifiesto” (Schoentjes, 2003: 182)

Northrop regresa en su definición a la antigua ironía socrática: “yo sólo sé que no sé nada”. El significado, en resumen, que dio Helena Beristaín sobre la ironía es: oponer el significado para burlarse. Se podría decir que el fin último de la ironía es dejar en ridículo a alguien. 

Pero dentro de esta figura que afecta la lógica del pensamiento se han adosado otras que pueden componer una estructura parecida. “La ironía cuenta con muchas prácticas, como la sátira, el humor y lo cómico, el sarcasmo y el cinismo, y la parodia.” (Schoentjes, 2003, p. 183). 

La sátira, que viene del latín y etimológicamente hablando proviene de satura, representa algo colmado, saturado. El fin de los versos satíricos era poner a alguien en ridículo por sus defectos morales o las causas que éste origina infringiendo abusos a la sociedad. 

La diferencia que estriba entre estas dos figuras como lo menciona Pierre Schoentjes sería: “Mientras que la ironía propone una pregunta y se esfuerza por poner en entredicho las verdades, la sátira impone una respuesta inferida de una norma moral rígida”. (Schoentjes, 2003, p. 185). 

El satírico se siente poseído de una moral superior, hoy día está tan adolecida la moral que es difícil encontrar a la sátira como un ejercicio literario en crecimiento. “La ironía es siempre (…) una adhesión, se muestra más lúcida y menos moralizadora que la sátira. El irónico puede ser crítico, pero cuando lo es, se expresa al menos en una cierta comunión de espíritu con su víctima.”  (Schoentjes, 2003, p. 186). 

Este servicio que le presta la víctima es necesario para salir un momento de su mundo, se ríe de lo que lo frustra pero sin hacer evidente su desilusión. El irónico no critica para dar una retroalimentación, anda buscando los errores de los demás en los que él pueda tener una cabida de solidaridad disimulada. “La ironía es mejor pedagogo que la sátira en tanto pide la participación del que interpreta. (…) la agresividad de la sátira va mucho más allá que la de la ironía.” (Schoentjes, 2003, p. 186). 

El sarcasmo es una cierta ironía pero en sentido cruel o ridículo. Un ejemplo de la diferencia entre estas dos figuras que se asocian lo da Hugo Pratt en su obra en voz de uno de sus personajes: “«Tú quisieras ser irónico, pero sólo llegas a sarcástico (…) y entre los dos hay la misma diferencia que entre un eructo y un suspiro.»” (Schoentjes, 2003, p. 193).

El cinismo es un acto fuera de las normas, es el desprecio hacia los convenios sociales que resalta sobre lo demás. Para la escuela cínica liderada por Diógenes, el hombre virtuoso es aquel que satisface su vida con las modestas necesidades que da la naturaleza. Si el hombre se apega al poder, a la riqueza, a los placeres… entonces se vuelve despreciable y lo harán entrar en razón arguyendo el desvarío de sus ideas de manera peyorativa hasta llevarlo a la insolencia. 

“La maldad del cinismo no se explica por una animosidad hacia una persona, pues los ataques más bien se dirigen para socavar los cimientos convencionales de la moral de los hombres para encontrar una ética que estaría próxima a la naturaleza. (…) el cinismo vuelve todas las verdades del revés y se procura su satisfacción viendo la ruina que deja tras de sí” (Schoentjes, 2003, p. 194).

El pastiche representa la imitación de una obra ya sea por su fondo o su forma. Se sustenta en el intertexto y reincide en el acercamiento y la verosimilitud hacia el texto literario. Esta práctica se puede concebir de dos maneras: por la admiración al autor que lo lleva a una imitación fiel (podría lindar con el plagio) o por señalar (irónicamente) los defectos en las que incurre el autor. 

“La ironía del pastiche es, pues, una ironía obtenida mediante el acrecentamiento de las particularidades estilísticas y la exageración de los juicios aceptados. Mediante la hipérbole, la ironía se apoya en un ejercicio de expansión (…) utiliza la antífrasis cuando, so pretexto de magnificar a un autor, lo que hace es mostrar sus defectos” (Schoentjes, 2003, p. 196-197).

La parodia es imitación de una obra, de un género, de un estilo, de un tema en forma de burla. A diferencia del pastiche, permite que la imitación que realiza sea adivinada. Cuando el autor logra transmitir esta exhibición de su dominio dentro de obras clásicas (aunque no siempre tiene que recurrir a cánones de la literatura), demuestra sus conocimientos sobre los demás. 

Don Quijote de la Mancha es una parodia a las novelas de caballería. “el término parodia se usa mucho hoy día para referirse a las ironías que tienen relación con la intertextualidad, desde la alusión concreta hasta la reescritura, pasando por las (seudo-)citas de longitud variable” (Schoentjes, 2003 p. 200), y siendo irónicos y congruentes con todo este apartado.

(Continúa en la siguiente entrega…)

Fotografía: cottonbro

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas. Actualmente cursa el Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Sobre el artículo:

Los textos de las serie corresponden al volumen <<La ironía, esencia de Juan José Arreola, con énfasis en La parábola del trueque>>.

Paso de fuego. Niños de la guerra. Jorge Abarca

Por Jorge Abarca*

 
Niños de la Guerra
 
En toda la amplitud de la llanura 
se abre el rencor a golpes de martillo, 
y se empuña el odio como un cuchillo 
en ese rostro lleno de amargura. 
 
En el drama que rompe la cordura
ay, la violencia jala del gatillo 
y el filo del encono en su colmillo, 
apunta al corazón de la locura. 
 
Como ráfaga, línea de metralla, 
profundo es el dolor en cuerpo abierto 
con que avanza en el campo de batalla. 
 
En un país distante al descubierto, 
como espectáculo en que el mundo calla:
tendida la inocencia como un muerto.       

Fotografía: Pixabay.

*Sobre el autor:

Jorge Abarca.

San Cristóbal de Las Casas; Chiapas. Egresado del Diplomado en Creación Literaria por El Espacio Cultural Jaime Sabines, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas 2009-2010. Miembro de la Organización Cultural “Abriendo Caminos: José Antonio Reyes Matamoros”. Ha sido antologado en Universo poético de Chiapas. Itinerario del siglo XXCONECULTA, Chiapas 2017Autor del libro La tragedia encendida de los hombres. Abriendo Caminos Editores, 2019.

**Sobre el poema:

«Niños de la guerra», poema de la colección La tragedia encendida de los hombres, Abriendo Caminos Editores 2019.

Voces ensortijadas. 20. La bandita radiofónica. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 20

La bandita radiofónica

Con  cariño y admiración 

a mis colegas  del equipo de Los Colores de la Voz

María Gabriela López Suárez

A lo largo de nuestra vida podemos tener una serie de encuentros y desencuentros con las personas que convivimos, sea en lo laboral, escolar, social, etc. Sin embargo, en esas experiencias sin duda, hallamos personas que se convierten en aliadas, con las que podemos contar cuando lo necesitemos, algo así como una bandita de colegas,amistades, cuates, familia que están en buenos y malos ratos.

Hoy quiero compartir un poco sobre esas personas. Cuando se tienen objetivos o proyectos en común, en el proceso de construcción o desarrollo de estos aflora la magia de lo creativo. Aunado a ello se suman el entusiasmo, la responsabilidad, el compromiso, la colaboración, el respeto, el cariño, la pasión o gusto por lo que se realiza. Todos estos elementos se vuelven ingredientes clave que hacen posible que surja una especie de alquimia. Y por ende, se tengan resultados con muchos aprendizajes y anécdotas que quedarán para la historia personal y profesional.

Justo esto ha sucedido con el equipo de compañeras y compañeros que colaboran en el espacio radiofónico universitario Los Colores de la Voz. Este espacio colectivo se transmite todos los jueves de 6 a 7 de la tarde por la estación XERA, Radio Uno, una de las radiodifusoras integrantes del Sistema Chiapaneco de Radio, Televisión y Cinematografía. En el tiempo que llevamos de cuarentena Los Colores de la Voz se ha mantenido al aire, con entusiasmo, compromiso de divulgar, informar, entretener y con la intención de poder contribuir con aportes que también eduquen a la población.Lo anterior no sería posible sin el ánimo de mis compañeras y compañeros del equipo de producción que se han mantenido entusiastas y firmes en la colaboración. Cada semana somos como una especie de engranaje sumando cada aporte desde nuestros hogares y con nuestras herramientas. Y a este esfuerzo se integran la de quienes con gusto han contribuido con lo más valioso,  compartir su palabra y materiales con los que han colaborado en las distintas emisiones. No ha sido una tarea fácil en estas 11 emisiones pregrabadas, cada una, cada uno tenemos distintas labores en esta cuarentena. Sin embargo,  como decimos en mi querido Tuxtla, llueve, truene o relampaguee el programa Los Colores de la Voz está para ustedes. Desde mi corazón muchas gracias a la bandita radiofónica. ¡Que vengan muchas emisiones más!

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Fotografía: Pixabay.

Polvo del camino. 20. La empatía de los heterosexuales. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 20

La empatía de los heterosexuales

Héctor Cortés Mandujano

 
Lo más común es oír a los miembros de la comunidad LGBTTTIQ (lesbianas, gays, bisexuales, travestis, transgéneros, transexuales, intersexuales, queers) quejarse de que, casi exclusivamente, los heterosexuales los discriminan, los insultan, les hacen bulling…
            El documental Circus of Books (2020), en Netflix, sobre la apertura y cierre de una tienda porno gay en Los Ángeles, dirigido por Rachel Mason, muestra la otra cara.
            Barry y Karen Mason, padres de la directora, fundaron en los ochenta, cuando eran recién casados, y porque no hallaban en el campo laboral nada que les redituara lo suficiente para vivir dignamente, la tienda de libros, películas, discos y juguetes sexuales, Circus of Books, especializada en el mundo gay. 
            Lo curioso es que ambos eran, son heterosexuales.
            Les nacieron tres hijos, y ante ellos, los familiares y los amigos, ocultaron sus actividades comerciales que, además, se diversificaron cuando comenzaron a producir cintas pornográficas, homoeróticas. Eran adorados por la comunidad y enfrentaron amenazas de cierre y cárcel, sin cejar en su empeño de tener disponible para los gays lo mejor y más diverso en materia de productos sexuales.
            Pero llegó el internet y el negocio comenzó a dejar de serlo; también los hijos crecieron y uno de ellos les confesó que era homosexual. Sisma familiar. El padre lo tomó muy bien, pero para la madre fue una tragedia. Era un contrasentido que ella, tan amiga de tantos con esa opción sexual no pudiera serlo de su hijo.
           Pero fueron a charlas, conversaron, aprendieron y se volvieron, desde hace tiempo, y hasta hoy que son dos ancianos (él muy sonriente, ella muy adusta), parte del conglomerado humano que, sin ser gays, defiende las causas de la comunidad LGBTTTIQ.
           Hubo que cerrar la tienda.
           Pero el ejemplo ahí está: los seres humanos somos lo mismo –tan iguales, tan hermanos–, aunque tengamos distintos modos de ejercicio sexual.
 
***      
 
[Antonio Vázquez García fue, entre otras cosas, el hermano de mi mujer, mi cuñado. Durante casi cuarenta años tuve con él una amistad sin fisuras, y fui testigo de su bonhomía; su buen humor sin pausas; su sencillez, su humildad y su facilidad para hacerse amigo de cualquiera, de todos.
            Fue secuestrado y muerto, injustamente. No se le tuvo la piedad que merecen las buenas personas.
            Bendigo su vida, su recuerdo, su espíritu, y abrazo con estas líneas a mis amadas sobrinas Dayi y Lupita, y a mi adorable comadre Lety, su viuda.
            Con toda seguridad, mi compadre, tan noble y bueno que era, habrá perdonado a sus victimarios que sólo tienen como santo y seña la espiral oscura de la violencia para conseguir dinero manchado de sangre. Con seguridad descansa en paz, mi querido compadre Tono.]
Ilustración: Nadia Carolina Cortés Vázquez.

Universo breve. 15. Los tiempos de mamá. Damaris Disner

Los tiempos de mamá

Por Damaris Disner

—¿Y hasta cuándo, mamá, podré salir al parque? 

— Cuenta con tus deditos diez.

— Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve… uno, dos…

— Después del nueve, ¿qué sigue?

— Salir de aquí, mamá. Eso sigue.

— Tina, aún no. Contarás hasta diez, después lo vas a multiplicar por cuatro.

— ¿Diez por cuatro, mamá?

— Sí.

— No me gustan las matemáticas, yo solo quiero salir de casa.

— Serán sólo unos días, luego podrás ir al parque.

— ¿Y con quién?

— Pues conmigo, Tina.

— Mamá, pero ya para qué, cuando te lo pedía nunca tenías tiempo.

— Ahora sí tengo.

— De qué sirve tener a mamá todo el día sino puede llevarme al parque. Ay, mamá, porque no eres como Cleo que deja a sus hijos jugar en los tejados. No le pone hora ni condiciones.

— Cleo es una gata, Tina. Los gatos pueden andar en los tejados.

— Yo soy una niña y puedo andar en los parques.

— Tina, vete a dormir.

— ¿Vendrás conmigo?

— Sabes que no puedo, tu tía se asustaría al verme. Aún no deja de llorar mi muerte.

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Fotografía:  Rafael Guajardo.

Parábolas del uroboro. 13. Verdad oculta en la ironía. Ilse Ibarra Baumann

Por Ilse Ibarra Baumann

El zorro en el espejo

Al analizar el sentido irónico se determina su carácter de ser. Equiparar a la ironía con otros objetos es fijarla a la fama que se ha hecho a lo largo de su historia. Este disimulo manipulado por el hombre, que a la vez es lineal-perfecto y secreto-imperfecto ha sido relacionado con el zorro. 

es la tradición popular la que atribuye a este animal las mismas cualidades y defectos del irónico: los dos son inteligentes y hábiles, pero al tiempo simuladores y peligrosos. La ironía es astucia y toda la ambigüedad de esta palabra, sus connotaciones positivas y negativas se encuentran encarnadas perfectamente en la figura del zorro. (Schoentjes, 2003, p. 169)

La astucia del zorro lleva a la desconfianza. En el momento en que se emplea a este animal como objeto de artimaña para sus propios fines, se puntualiza en que el ejecutor de la fábula parte de unos conocimientos verdaderos incapaces de generar consideración. 

A lo largo de la literatura se encuentra este tipo de comparación dando una doble vía al significado ya que encajonar a la ironía en una sólo idea resulta insuficiente. Tomar al zorro como ícono de artimaña ha sido usado por muchos escritores, entre ellos está Shakespeare: “Falso de corazón, ligero de oído (…) en astucia, un zorro” (Shakespeare, 1982, p. 43). 

El creador de los dobles sentidos siente la obligación de enseñanza a su adversario, lo hará ver sus errores partiendo de un hecho real. Familiarizado con los yerros que lo han vuelto más consciente de su realidad, hará que los malos momentos aparezcan en boca de otros o en situaciones de otros. 

La espada, con su doble filo, actúa también como un emblema más de la ironía. La lengua también se considera una espada de doble filo. Por un lado hiere y por el otro se protege ¿se miente o se dice enserio? ¿Cómo se puede conocer el bien sin haber probado el mal? 

Lo irónico se encuentra cuando se exhibe el bien y trata de alcanzar la maldad. Sin embargo, si se expusiera el mal (que llama más la atención) se caería a la impotencia de la realidad. En la vil flaqueza humana cargada de errores, el necio rumbo del hombre. Pierre Schoentjes dice: 

Mientras que la imagen del arma acentúa la agresión en la ironía, la de la máscara recuerda el disimulo que le es propio. Este cambio de acento no significa que haya desaparecido toda idea de violencia: la caperuza del verdugo es una máscara e, incluso fuera del contexto del castigo, se reconoce la superioridad del enmascarado sobre el que va a cara descubierta. (Schoentjes, 2003, p. 172)  

La máscara actúa como un instrumento que se coloca antes de, muchas veces se adapta tanto que su fingimiento se vuelve casi real, digamos que dentro existe una doble influencia: positiva y negativa o real y ficticia. 

Como dice Octavio Paz en Máscaras mexicanas “En suma, entre la realidad y su persona establece una muralla” (Paz, 1972, p. 26) pero es una muralla de desdicha, porque se ha optado por no respetar la condición humana y trata de figurarla. “¿hasta qué punto el mentiroso de veras miente, de veras se propone engañar?; ¿no es él la primera víctima de sus engaños y no es así mismo a quien se engaña? El mentiroso se miente a sí mismo: tiene miedo de sí.” (Paz, 1972, p. 30) 

Pero la máscara no puede ser perene, una y otra vez se superpone y poco a poco va revelando esa realidad oculta que trata de confundir.

            Otra de las representaciones de la ironía es el espejo que desarrolla una o más imágenes a la ya existente. Para Schoentjes a diferencia de la máscara que cubre la cara, el espejo pone una misma cara que es un doble. Lewis Carroll en Al otro lado del espejo cita la palabra clave con la que Alicia dice la mitad de sus cosas que es “Finjamos…” por lo tanto va a fingir que la imagen que aparece en el espejo recobra una vida distinta a la que es, sin embargo le dice a Kitty: “los libros son más o menos iguales a los nuestros, sólo que las palabras corren a la inversa. Lo sé, porque he acercado uno de nuestros libros al espejo, y luego sostienen otro en la otra habitación.” (Carroll, 1972, p. 121) 

            Aquí existe un juego de analogía, que si bien es lo mismo, su posición es relativa. “La inversión irónica que realiza el espejo no abarca sólo el yo, sino también el mundo. Por eso trastorna la jerarquía entre el arte y la naturaleza, entre la representación y la realidad” (Schoentjes, 2003, p. 176) 

El espejo actúa como un medio virtual para mirar la representación mejor de un objeto, nos lo duplica. Se sabe que no son dos, sino que la superficie plana ha robado la imagen para generar nuevos estímulos.   

            El zorro, la espada, la máscara y el espejo son parte de los artificios con los que cuenta el irónico en su turbación al haber enfrentado este mundo real, le permite distanciar lo que es de lo que desea. Muchas veces es preferible abdicar detrás de, que enfrentar. Se ha engañado él mismo y será mejor aparentar modestia que vanagloriarse. Por eso, cuando Pierre Schoentjes menciona la cita del Diario de Jules Renard: “La ironía es el pudor de la humanidad” (Schoentjes, 2003: 172) no se sabe si es preferible conmoverse del irónico que condenar sus burlas. Entre su ser y su parecer ha puesto un muro; al fallarse internamente trata de redimir su culpa insertando a la vida el sueño ideal o mofándose de él. Faltándole al respeto lo ve de cerca en la informalidad.

(Continúa en la siguiente entrega…)

Fotografía: cottonbro

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas. Actualmente cursa el Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Sobre el artículo:

Los textos de las serie corresponden al volumen <<La ironía, esencia de Juan José Arreola, con énfasis en La parábola del trueque>>.

Paso de fuego. Caleidoscopio. David Andrade

Por David Andrade*

Caleidoscopio

                                       
I
Caen demonios incendiando un reloj
ahí mueren escribiendo sonetos relativos al borde del           
                                            [universo
 
II
Un espejo se ahoga en el rostro del Hombre
y escribe su historia en el séptimo piso de una fuga de Bach

III
En un hotel de paso la dialéctica inventa nuevas caricias
y pierde su memoria histórica en una partida de póquer
 
                              (Del caos a la palabra, 2001).      
Fotografía: Shitterphoto.

*Sobre el autor:

David Andrade. Yajalón, Chiapas. Estudió en el VII Diplomado en Creación Literaria en la Escuela de Escritores (SOGEM) en San Cristóbal de Las Casas en el 1999. Es coautor de libro Del Caos a la Palabra en 2001. Dirigió la revista Espejo Humeante. Autor del libro Encadenados al Fuego en 2019. Es miembro de los colectivos literarios Los Amorosos del Espacio y Abriendo Caminos José Antonio Reyes Matamoros.

**Sobre el poema:

«Caleidoscopio», poema de la colección Del caos a la palabra, 2001.

Polvo del camino. 19. La palabra aguda es grave/ 1. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 19

La palabra aguda es grave/ 1
(Caballo+corre=campo)

Héctor Cortés Mandujano

Otra costumbre de la tribu son los poetas. A un hombre se le ocurre

ordenar seis o siete palabras, por lo general enigmáticas

Jorge Luis Borges,en El informe de Brodie

Escribir.
Qué fácil, qué complicado.
Lo hace el analfabeto funcional en un mensaje de su cel, lo hace el poeta que va a ganar el concurso en ciernes. Los dos deciden romper las reglas (el primero porque no las conoce; el otro, en el mejor de los casos, porque es “rebelde”) y escriben “Todoz Vien en Caza”.
 
El caballo corre por el campo, oración simple que guarda el orden convencional y no requiere ningún otro signo auxiliar (acento, punto, coma) para volverse comprensible. 
Pero eso es para redactores y yo soy un creador, dirá el poeta, y no toleraría quedarme en esa condición básica. 
            Julio Verne publicó, en 1873, La vuelta al mundo en 80 días, y Julio Cortázar, jugando, en 1967, subvirtió el orden y publicó La vuelta al día en 80 mundos. Y hubo más de uno que se sorprendió con la descolocación.
            Corre, por el campo, el caballo. Aparece la coma, porque cuando la oración se desordena la coma supone el esclarecimiento, mata la posible anfibología.
            Hay más de diez formas de escribir correctamente esta oración simple.
            Puedo hacer una oración cortazariana: “Por el caballo corre el campo”.
            Puedo hacer (y como ya repetí Puedo hacer, hice una aliteración: soy un generador de tropos) que, en una invención de terror pánico (y presumo mi conocimiento de los griegos), corran los animales, las personas y en el colmo (vengan las admirativas) ¡corre el campo por el caballo!
            Y para ganar un concurso de poesía hago el jueguito de usar lo obvio con apariencia extraordinaria:
            
Corre
            Campo
            Caballo
            Por
            El
            El
 
            Y, si no gano, ironizo con una perífrasis, que viene en el manual básico de los poetas que quieren ser populares: 
            ¡Maldito el que crea que esto NO es un poema!
 
(Ah, Sabines, cuántas barbaridades se cometen en tu nombre.)
Ilustración: Nadia Carolina Cortés Vázquez.

Voces ensortijadas. 19. Aprender a perder para ganar. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 19

Aprender a perder para ganar

María Gabriela López Suárez

El día esperado había llegado, Rebeca estaba ansiosa por saber cómo le había ido con su proyecto de campaña para el cuidado y preservación de las abejas. Esperó después de la comida para ver los resultados. Había trabajado arduamente por tres meses para diseñarlo y participar en la convocatoria emitida por la organización de temas ambientales. Los primeros tres lugares serían premiados, el primero con financiamiento para el  proyecto, el segundo con la contratación de servicios para asesoría por un periodo de seis meses y el tercero con un taller ofertado por la organización.

Prendió la computadora y buscó rápidamente la página, se fue a la pestaña de resultados de convocatorias. Hizo una lectura escaneada, no halló su nombre. Fue con más detenimiento, de uno en uno, sin encontrarse en la lista. Con desánimo realizó una última revisión. No estaba entre las tres finalistas.

Sintió varios nudos en la garganta. Se quedó algunos minutos frente al monitor, intentando hallar en su mente alguna respuesta a sus interrogantes, ¿por qué no había quedado? Su proyecto estaba completo, reunía los requisitos y le habían revisado el documento algunos colegas dándole buen augurio. 

No aguantó y se soltó a llorar de impotencia y tristeza, hasta que sintió que ya no le quedaba una lágrima más. Sintió alivió, como un peso menos de encima. Apagó la computadora. Se recostó sobre su cama, abrazó un cojín y cerró los ojos. No tardó en quedarse dormida.

Despertó al sentir el aire frío que se colaba por la ventana del cuarto, ya comenzaba a caer la tarde. Se levantó, por un instante había olvidado la convocatoria. Se asomó a la ventana, vio el paisaje, empezaban a prenderse una a una las luces de las casas. Como todavía eran pocas se distrajo contándolas, llegó hasta 53, en un instante se prendieron más y más.  Sintió que eran como destellos de luz para fortalecer su ánimo. Revisó su reloj, eran las 7 de la noche.

La realidad estaba ahí nuevamente. Respiró profundo y se le vino a la mente una frase que su tío Rube, le dijo alguna ocasión en su infancia, cuando jugaban a la lotería:

—Rebe, aprende a perder para ganar, solo es un juego, no te enojes.  

Ella solía perder en los juegos de lotería, eso la entristecía mucho. En ese momento no entendió el sentido de la frase, ahora sí. No había quedado entre las finalistas, eso le dolía, entristecía y desanimaba. Sin embargo, había ganado muchas cosas en el tiempo de preparación, que serían útiles para otros proyectos y para su vida personal. 

Alguien tocó a la puerta de su cuarto.

—Rebeee, ¿estás ahí? Hoy es día de tamales y arroz con leche con doña Trini. ¿Vamos?

Era Flor, su hermana mayor. 

—¡Voyyy, dame unos minutos!

Rebeca se puso frente al espejo, limpió su rostro, vio sus ojos un tanto hinchados. Se acomodó el cabello en una coleta, se pintó los labios con su color favorito. Aprender a perder para ganar, musitó. Al tiempo que pensaba, las penas con pan son menos, intentando dibujar una sonrisa.

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Fotografía:  Matheus Bertelli  

Parábolas del uroboro. 12. Verdad oculta en la ironía. Ilse Ibarra Baumann

Por Ilse Ibarra Bauman

Componentes de la ironía

Este juego de conciencia está compuesto por el irónico, la víctima y el observador. En muchas ocasiones la intención del irónico pasa de largo sin hacer mella en el blanco, sin embargo, los demás que están presentes captan el juego de palabras que va de un sentido literal a uno oculto. Uno de los ejemplos que pone Schoentjes:

“… en Madame Bovary cuando Carlos escribe a Rodolfo para hacerle saber que «su mujer está a su disposición». Pretende simplemente anunciarle que está lista para el paseo a caballo, pero la frase se lee como si le diera permiso para seducir a Emma. Carlos hace aquí ironía muy a su pesar; en realidad, él es el blanco de la ironía de Flaubert, que al poner en la pluma de Carlos palabras cuya carga no comprende el personaje, hace ironía a través de él. (Schoentjes, 2003, p. 162-163) 

El lector se ha sentado a la mesa del irónico y constituirá en algunas circunstancias, también, sus propios objetivos. Y de algún modo representará otra posibilidad de aguijonear su mundo imperfecto. 

Entonces el lector que pudo pasar como observador, ha cambiado de sitio como víctima para dar sentido al momento irónico. Sin embargo, como se vio anteriormente, no 

siempre resulta eficaz en el irónico este juego; él está necesitado de que su astucia sea interpretada.

Desde esa duplicidad: víctima-verdugo; uno incluye y el otro accede. La víctima será sometida manteniéndola en un escalón más abajo, dejándole un sitio ignorado donde la razón del irónico lo supere, este deja para él una posición más enaltecida desde donde pueda dominarlo.

Cuando se permite el acceso se abre un canal, no sólo de burla, sino de pertenencia a una comunidad que ha decidido: señalar al chivo expiatorio como si éste requiriera de una llamada de atención. “No es raro que la ironía denuncie los defectos compartidos por las personas que constituyen el grupo, incluso los valores constitutivos. La forma indirecta que adopta la crítica permite de alguna manera la expresión de una verdad que no se podría decir abiertamente” (Schoentjes, 2003, p. 165). 

Al no poder estar abiertamente; al requerir como recurso la aprobación y en suma abrirle camino, es lo que permite su existencia. Cada hombre y/o cada grupo tiene sus aficiones organizadas en una estructura tradicional, es decir, en un orden definido de prioridades. 

Cuando este orden ahoga a un individuo y cae en la cuenta que su mundo perfecto el cual está formado de imperfecciones, trata de tapar con un dedo su desilusión; ataca ya sea de forma consciente o instintiva. 

Es por eso que el irónico vive más consciente y sabe que su mundo está rodeado de imperfecciones. “Desde la doble perspectiva de la posición que ocupa y de la moral, Dios es entonces el irónico supremo: es quien se encuentra por encima de todo y de todos y guía a su antojo los destinos de los hombres.” (Schoentjes, 2003, p. 170)

Adelantarse al significado no literal no supone someterse a la ironía, sino precisamente aceptar las dos posibilidades. Atrincherarse es una forma de mantener un juicio, sólo desde esta posición se puede caer en la cuenta de la duplicidad del juego, por un lado la broma y por otro las limitaciones imperfectas del mundo real del irónico que desde su escondite contribuyen parte del mundo colectivo. “Si la ironía crea o refuerza la cohesión dentro de una comunidad, su funcionamiento estriba en la armonía del grupo y en compartir valores comunes. Cada comunidad posee una forma propia de escuchar o leer que corresponde a la mirada que lanza el mundo” (Schoentjes, 2003, p. 165). 

La interpretación parte de una experiencia de su temporalidad. El yo (como ser) en el ahora. No se puede decir que el ser actual es la realidad, sino ese cúmulo de pasado y de imaginación. Lo que se presenta ante los ojos del hombre, su obra, es lo que equivale a sus fines. 

Se puede decir que su propósito es llevar el acto hacia sus límites, unos límites que van en uniformidad para entender que dentro de esa comunidad, la uniformidad domina. Las expresiones que parten de la vida en común: donde se permanece y se envejece, dan lugar al carácter de ser da cada cual, y esto a la formación de su estilo. 

Constituidos en este mundo que sortea contextos desenvainados con doble filo, lo primero que se debe plantear es la posición desde la cual se genera el hecho irónico. Dejarse llevar por una doble idea es el fin: cuestionarse, fijarse en lo que aún no se ha fijado. 

“La ironía es, en efecto, una forma de agresión: el irónico se burla de su víctima pareciendo que le hace un cumplido (…) El objetivo de la ironía es el de batir al adversario en su propio terreno fingiendo estar de acuerdo con sus premisas, con sus valores, con sus maneras de razonar, para exponer que en el fondo son absurdos.” (Schoentjes, 2003, p. 169) 

Por lo tanto, en el entender de la ironía va algo más allá que está lejos de la forma. No hay un determinado entendimiento normal. Dominar la burla no es algo que se pueda calcular de antemano. Distinguir al sentido figurado de lo que no se aprecia y percatarse de que se ha tomado en serio es permanecer despierto, descartar el significado desperfecto que no embona en el contexto.

Divertirse al observar la ironía puede ser un arma de dos filos, pues se está tan cerca de la batalla que al tomar el arma y hacer uso de ella también se está cerca de asestarse. Cuidado, inquietud, gozo, son algunas impresiones cuando sabemos que la más bonita espanta. Las personas que creen a ciencia ciega asumen como algo definitivo lo que se ha dicho, sin embargo se puede estar soñando cuando se está despierto.

Max Scheler en El saber y la cultura afirma las leyes generales: las leyes de la naturaleza y las morales. El preferir un valor a otro son parte de las transformaciones del hombre. “Las imágenes ligadas a la ironía (…) evocan destrucción; por ello, la ironía no sirve para fundar un sistema, sino para minar sus cimientos”  (Schoentjes, 2003, p. 172) 

La existencia humana está viciada y estos arrebatos son los gritos contaminados de miedo, de sentirse fallados de sí mismos.

(Continúa en la siguiente entrega…)

Fotografía: cottonbro

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas. Actualmente cursa el Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Sobre el artículo:

Los textos de las serie corresponden al volumen <<La ironía, esencia de Juan José Arreola, con énfasis en La parábola del trueque>>.