Revista

Paso de fuego. Las plegarias taciturnas de mi madre. Äj mayi’is to’yapapä kyonukskuy. Lyz Sáenz

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Las plegarias taciturnas de mi madre 
desaparecen en la bruma del tiempo.

Intento arrancar la palabra oculta en mi boca, 
como sabia del árbol que tomé en invierno.

Mi voz se llenó de pájaros
y mis alas encendieron el sol.

1
Äj mayi’is to’yapapä kyonukskuy 
to’kopyia jyamase.

Äjtsi näpu’tyiopätzi te’ tzame kä’wänupä äj ajknakomo kuyunäpinhse to’nhkupätzi ne’ pyiakakanä’uk.

Äj tzame jonhtzyiseram tujku
Jeyepyapä äj sa’ja’is jyapäyu te’ jama sänhkäy.

Fotografía: Johannes Plenio.

*Sobre el texto:

«1. Las plegarias taciturnas de mi madre» es parte de la colección Anhelo de reposo. Antología poética, Editorial Tifón, 2019, la cual reúne poemas bilingües de escritores de la zona altos de Chiapas, sur de México.

En esta revista estaremos compartiendo, en las próximas entregas, textos y poemas extraídos de dicha antología.

Sobre el autor:

Lyz Sáenz. Poeta y traductora zoque, coautora del libro: T’sunun. Los sueños del colibrí (Poemario en cuatro lenguas de Chia- pas), 2017. Aparece en: Muñecas, Antología Internacional contra el abuso infantil, poesía y arte Grito de Mujer (República Dominicana), 2017. Ha publicado en la Revista electrónica Marcapiel, 2018 y en: Documentos Lingüísticos y Literarios No. 37 de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Austral de Chile, 2018. Es integrante de la Organización Cultural Abriendo Caminos: José Antonio Reyes Matamoros.

Voces ensortijadas. 31. Cuando la neblina cae. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 31

Cuando la neblina cae

Por María Gabriela López Suárez

La llovizna comenzaba a caer esa tarde de verano mientras Olga y su familia viajaban a la casa que era de sus abuelitos. Para ella ese espacio era un remanso de paz, rodeado de naturaleza. Eso siempre la hacía recargarse de ánimo y entusiasmo.

En la carretera la vista del paisaje era sumamente bella, la época de lluvias era un baño de vida para la naturaleza, las montañas mostraban su vestimenta verde y deleitaban la vista. A medida que avanzaban en el trayecto se avizoraban nubarrones grises que anunciaban  lluvia.

Cada vez que Olga hacía ese viaje observaba los cambios que habían pasado en el territorio, para ella ese camino estaba lleno de vivencias que resguardaban experiencias gratas y no tanto, pero sin duda llenas de diversas memorias individuales y colectivas. Muchos de los cambios que veía le causaban nostalgia, venían a su mente los terrenos llenos de árboles que poco a poco se iban devastando y ahí asomaban construcciones de gente que había migrado.

Esa tarde su corazón sintió una especie de opresión, más casas nuevas estaban ahí.  Se quedó pensando que a sus abuelitos les habría dado tristeza verse rodeados de la mancha urbana que avanzaba sin más detenimiento.  Por su mente pasaron varias ideas, qué sabían los nuevos vecinos del cuidado a la naturaleza, qué manera de despojar el hábitat de los pájaros, qué conocían de las montañas que resguardaban ese lugar y que, ella con sus hermanos y primos habían recorrido. Respiró profundo. Faltaba poco para llegar a su destino.

Al entrar a la casa familiar sintió regocijo, la lluvia había escampado. El clima había refrescado bastante.  Bajaron del coche. Mientras Olga se ponía el suéter comenzó a ver que la neblina se hacía presente. Ese efecto de la naturaleza le encantaba, avanzó unos pasos  y quedó frente a una de las montañas que se revestía como si las nubes descendieran sobre ella. Llamó a la tía Juve y a sus papás para que observaran el paisaje.

– Vengan, ¿ya vieron la montaña?

—¡Qué bonito se mira Olguita!  La montaña que nos cuida— dijo la tía Juve.

Los cuatro se quedaron contemplando el paisaje en silencio. En tanto, Olga pensaba que, cuando la neblina cae, envuelve la noche y la cubre de magia, regalo de la naturaleza y una de las bendiciones de ese espacio.





Photo by Arthur Brognoli on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 31. Tres cosas. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 31

Tres cosas


Héctor Cortés Mandujano

 

Hay una vieja canción popular, que dice: “Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor; el que tenga las tres cosas, que le dé gracias a Dios”. No hablaré de ellas. Hay una historia en Leyendas medievales (Plaza & Janés, 1987), de Hermann Hesse, que se llama “Tres cosas”, donde un hombre busca (p. 100) “primero, abundancia sin escasez; segundo, alegría sin tristezas; tercero, luz o claridad sin oscuridad”. Tampoco hablaré de esto.
 
En su ensayo “Predestinados en el mar” (El XIX en el XXI, Sexto Piso, 2010: 125), Christopher Domínguez Michael habla de dos grandes autores, absortos en lo mismo (en Moby Dick y en Narración de Arthur Gordon Pym, respectivamente): “La blancura inunda la mirada de Melville y Poe. Para uno y otro lo blanco es el mal, lo mismo que el conocimiento”.
            Llegaré de nuevo al blanco, pero antes daré un rodeo.
 
John Carpenter, célebre director de cine norteamericano, ha logrado grandes éxitos con las audiencias. Uno de sus fracasos, aunque ahora película de culto, es The Thing (La cosa, 1982) donde pasó a la pantalla la novela corta de John W. Campbell. Los primeros minutos de esa cinta son de una maravillosa blancura, pues retrata los hielos de La Antártida: un helicóptero aparece y desaparece de la toma, y un perrito (o perrita, vaya usted a saber) bellísimo corre solo en aquella enorme extensión alba. 
            Por esos minutos delectables, magníficos (a mí me encantan los paisajes helados), vale la pena ver la peli.
Recuerdo que cuando terminé de verla, pensé que esa historia de terror extraterrestre bien merecía un remake. Como si lo hubiera convocado, el azar puso en mis narices The Thing, de 2011, ahora dirigida por Matthijs van Heijningen Jr. (con ese nombre pareciera innecesario agregar el Junior), con la misma premisa: una nave interplanetaria ha estado sepultada en los hielos de La Antártida por millones de años y hasta ella llegan científicos que quieren no sólo saber de la nave, sino de su misterioso tripulante.
             Dirigida con acierto, la cinta es entretenida y comparte con su antecesora varios giros dramáticos, pero el que me encantó (y que le da a ésta el adjetivo de precuela) es que, al final, un helicóptero llega hasta la base noruega donde ocurrió la múltiple tragedia, que no contaré, y se halla con un hombre sobreviviente. Cuando va a ayudarlo, un perro (o perra) bello sale corriendo hacia la blancura total del hielo.
            El sobreviviente dice al piloto que se suban al aparato y desde arriba, con un rifle de mira telescópica, pero con una puntería fatal, le dispara y le dispara al perrito que corre como loco y sin descanso. Es decir, el final de esta película es el inicio de la otra.
           ¿Por qué quieren matar al chuchito (o chuchita) tan lindo? No lo revelaré, claro, porque le echaría a perder las películas a quienes quieran verlas.
 
Hay otra Cosa filmada en 1951, en blanco y negro, dirigida por Christian Nyvy, en donde no le dan importancia al hielo. La acción no ocurre en La Antártida, sino en el Polo Sur. Me llamó la atención que en esta cinta sea una mujer la coprotagonista (Margaret Sheridan); en la versión de 2011 es también una mujer (Mary Elizabeth Winstead) quien lleva el rol protagónico. Al contrario, en la cinta de Carpenter sólo hay hombres en todos los papeles, con Kurt Rusell a la cabeza del reparto. Qué cosa.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración: HCM.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 30. Nadie se baña dos veces en el mismo río. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 30

Nadie se baña dos veces en el mismo río


Héctor Cortés Mandujano

Cinco millas de sierpe, como en un laberinto,

siguió el sagrado río por valles y collados,

hacia aquellas cavernas que no ha medido el hombre,

y se hundió con fragor en una mar sin vida

Samuel Taylor Coleridge en «Kubla Kan»
 

En varias versiones de mí mismo he sido arrastrado por un río:
 
De niño, desnudo, siento las aguas como lianas líquidas que me apresan las piernas y me jalan, me hunden, quieren que me quede a vivir, a morir en este incesante fluir donde incluso las verdes algas son seres feéricos no siempre de dulce corazón.
 
Joven, casi adolescente, lucho por alcanzar la orilla, pero siento el placer de sentir que soy tocado por completo por estas aguas lúbricas que son la amante más completa que podré encontrarme: ¿quién podrá acariciar al mismo tiempo mis genitales y mi espalda, mientras besa mis labios y mis pies, y mete sus dedos entre mis cabellos y juega con mis vellos púbicos, con la hirsuta pelambrera de mis sobacos? 
 
Tengo esposa e hijos, y los oigo gritar desde la orilla para que no me abandone a la corriente que en su proteica riada me quiere llevar al paraíso ignoto de la muerte. Me brotan poderosos músculos y el dios en que me convierto hace que el río abandone su intento de hacerse el todopoderoso –pobre– y se vuelva un charco al que doy una patada de desprecio. Escucho entonces los aplausos de los espectadores ante el desplante de mi personalidad divina y salgo orondo a recibir el homenaje de mis seres amados.
 
Estoy vestido completamente y no quiero jugar a la lucha potente a que me desafía el río y finjo dejarme llevar hasta que, en movimientos sorpresivos, en tres brazadas logro alcanzar una rama de la orilla y salgo. Piso el lodo mientras me incorporo chorreando y veo en un recodo, donde apenas se mueven las aguas, la mágica presencia de una eclosionada flor de loto. Detrás de mí, una mujer, bella como un ángel, se acerca y me abraza.
 
Pero la única realidad es que fui a caballo, de niño, con mi padre y mis hermanos hasta ese río grande, y me bañé varias veces en él, pero no tenía la corriente de mis sueños, ni pensé nunca en que las aguas fueran mi mejor amante ni creía por entonces que aquel río se volvería el sueño recurrente que a veces me asusta o me excita o exacerba mi vanidad onírica o me regala la nostalgia de aquellos tiempos felices...

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 30. Regresar a casa. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 30

Regresar a casa

Por María Gabriela López Suárez

Leonela había permanecido fuera de casa alrededor de seis meses, echaba de menos su espacio, sus plantas, sus hábitos, pero no su ajetreada rutina. El viaje que había realizado con su familia le significó muchos aprendizajes, instantes de regocijo, oportunidades, sonrisas, nuevas encomiendas y la convivencia con quienes amaba.

La naturaleza fue una de sus más fieles compañeras en su travesía. Disfrutó el canto de las aves en las mañanas, el de los gallos tan madrugadores, el sonido de las chicharras que para el verano era menos intenso que en primavera, el olor a tierra mojada por la temporada de lluvias, el aletear de las mariposas decoradas con bellos tonos, naranjas, amarillos, blancos, cafés y azules.

Ese viaje le recordó que las acciones más simples son muy valiosas y forman parte del gozo en la vida. Teresa, la mayor de sus nietas, le señaló cómo cambiaba el color de los patos a medida que crecían y lo diestros que suelen ser nadando, detalles a los que Leonela no había puesto atención en sus años de vida. 

Rememoró la tarde que disfrutó leyendo cuentos a sus nietos mientras llovía, para después escuchar las melodías del canto de los grillos y las ranas. Jugaron a interpretar qué mensajes daban los grillos; Lulú, la segunda nieta, dijo que los grillos susurraban: dulces sueños, dulces sueños. Para Jeshua, el menor de los nietos, los grillos cantaban diciendo: hasta mañana, hasta mañana. Teresa apuntó que ambos tenía razón, que  todos los grillos eran grandes amigos y arrulladores de la noche.

Una de las actividades más bellas para Leonela y su familia era caminar en el bosque, solían hacer pausas para contemplar el entorno, como la vez que  Lulú se halló un hongo sobre las raíces de un árbol y le pareció un regalo de la tierra.

El corazón de Leonela estaba contento, motivado y agradecido. Regresar a casa significaba continuar el andar, con nuevos bríos, deseosa de encontrarse con el espacio que habitaba, con sus plantas que había encargado a doña Tenchita, amiga y vecina de años. Mientras preparaba su maleta sonrió, sabedora que siempre es necesario tomarse un respiro para continuar.





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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

La cuarta pared. 4. Lluvia. Bibiana López

Lluvia

Por Bibiana López

«Llueve en silencio, que esta lluvia es muda

y no hace ruido sino con sosiego…»

Fernando Pessoa , fragmento

En la tarde lluviosa pasan pensamientos comunes como el de si hay ropa que se pueda mojar, si están cerradas todas las ventanas, si no dejaste expuesto algo sensible a la lluvia… y algunas otras personas tienen sentimientos nostálgicos o de felicidad por amor a la tormenta.

–¡La ropa!

–Ay, ay, las gotas están enormes.

–Ten, llévate esto de mientras.

Así es, la lluvia nos trae para los hogares algunos infortunios, como las goteras, ¡qué mal!

–Oye, ¿has ido al desierto? –preguntó alguien a su amigo mientras se protegían de la lluvia en un techito– qué frio hizo con esta agua y yo que no traje suéter.

–Tienes frio y piensas en el desierto

–Es que… debe ser gloriosa la lluvia ahí.

Mientras tanto en la casa otras dos personas doblaban y tienden sus prendas para que se terminen de secar dentro.

Fotografía: Gabriela López. 

Sobre la autora*
Bibiana B. López Álvarez
Comitán de Domínguez, estudiante de la licenciatura de Comunicación Intercultural en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), fue estudiante de intercambio en la Universidad Católica del Salvador (UNICAES) en Santa Ana, El Salvador.
Tallerista de teatro universitario. 
Fue parte de la creación de la obra "Caites o el destiempo de oficios a olvidar".

Paso de fuego. Un dorado otoño de peces. K’äñ limajbä chäytyak. Canario de la Cruz

Por Canario De la Cruz*


Un dorado otoño de peces *
Mayinaj
es un jardín de corales, 
hijas de arcoíris 
bebiendo acantilados.

El sol de tornados muslos 
cimbra la tierra
encendiendo estanques de lava.

Devora arrecifes de fuego 
hasta quedarse dormido.

En un sueño de sal
un bosque serpea el río
cubre la desnudez del agua 
con hojas amarillas
y salta
un dorado otoño de peces 
que se convierte en pescador 
con alma de red
capturando las noches que se alejan.


K’äñ limajbä chäytyak
Chuki aj Mayinaj
Iñichtyakbä ty’ox ja’
ba’ woli tyi iyowix ñajp,
jimba che’ tsil-tsilña lum
che’ mi’ ixäñ k’iñ
o jimba che’ jämuña yujkel
tyik ñajal
ba’ k’äñlemañtyak chäy
yujilobä wejlel
yik’oty mi ijo’k’ob lum
tyi ye’bal kolemtyakbä tye’,
ya’i
p’ulukña mi isutyel
tyi k’änlimambä yopoltyak tye’
tyi imal ja’ che’ mi icha’leñ xämbal ak’elel.

Fotografía: Johannes Plenio.

*Sobre el texto:

«Un dorado otoño de peces» es parte de la colección Anhelo de reposo. Antología poética, Editorial Tifón, 2019, la cual reúne poemas bilingües de escritores de la zona altos de Chiapas, sur de México.

En esta revista estaremos compartiendo, en las próximas entregas, textos y poemas extraídos de dicha antología.

Sobre el autor:

Canario De La Cruz. Poeta y traductor Ch’ol. Estudió Lengua y Literatura Hispanoamericana, fundó la revista literaria universitaria Labrando Agua (2001), de la Facultad de Humanidades Campus VI, Tuxtla Gutiérrez. Fue becario del FONCA/CONACULTA: Jóvenes Creadores, emisión 2013- 2014. Coautor del libro: T’sunun. Los sueños del colibrí (Antología literaria en cuatro idiomas de Chiapas, 2017). Actualmente es miembro de la Organización Cultural Abriendo Caminos: José Antonio Reyes Matamoros, San Cristóbal de Las Casas Chiapas.

Polvo del camino. 29. Gigante rubio. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 29

Gigante rubio
(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano

 

La playa y el mar azul pasarían con notas de excelencia un examen del paisaje más bello. Pero yo no estaba allí para verlo ni para tomarle fotos. Lo supe cuando vi a mi lado el tobillo inmenso del gigante a quien, por más que intenté, no alcanzaba a ver en su estatura inmensa, prodigiosa, que se perdía hasta donde mi vista –con mi cabeza alzada y con una mano haciendo de visera para no sentir tan directos los rayos del sol– alcanzaba a llegar.
            No podía ver completo ni siquiera su pie, que supuse el derecho, porque hacia el otro lado se alzaba una columna que pensé era su otro tobillo.
            Algo me levantó con suavidad y sólo hasta que estuve en su palma izquierda –como en un inmenso campo de carne suave y rosada– me di cuenta que él me había levantado con su derecha.
          Puso su enorme dedo índice en mi cabeza y luego recorrió con él mi cuerpo desnudo. Ante sus proporciones, me sentía un muñequito de plastilina. Tomó mis piernas y rotó mis dos rodillas sin que yo sintiera dolor o incomodidad. Un dedo suyo hubiera bastado para aplastarme; sin embargo, sentía que donde me tocaba algo mejoraba, florecía, se pacificaba, se alegraba, crecía o disminuía. Su tacto era milagroso, transformador.
          Traté de ver su rostro y sólo alcancé a vislumbrar su quijada, sus labios que tenían una expresión de seriedad, algún asomo de su cabello rubio.
          En la pantalla de mi cerebro nació su voz, que me dijo cuatro cosas: eres rojo, siempre lo has sido; no tienes enfermedades de ningún tipo; tienes una fortuna en dólares que pronto llegará a tus manos, y no te olvides de esto: Rn-. Averigua.
          [Rn-, averigüé después, es como le ponen, en una cinta amarrada al dedito gordo del pie, a los bebés de padres desconocidos, y también es el símbolo del radón, un elemento químico que, con sus descendientes, dado que emana de la tierra, puede matar a seres humanos si se le aspira. En EE. UU. su aspiración está considerada la segunda causa de muerte por cáncer de pulmón, después del tabaco.]
Una de sus manos, no supe cuál, me trajo a casa. Me metió por las paredes, como si no existieran –“no existen”, sentí que decía– y me dejó en el cuarto iluminado por la luz fortísima que emanaba de su mano gigante.
          Hubiera querido creer, para tranquilizarme, que aquello fue un sueño. Pero no. Esta realidad está llena de realidades paralelas y el gigante rubio es mi doble, soy yo mismo en una dimensión a la que sólo puedo acceder cuando cierro los ojos y duermo.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 29. La araña en el techo. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 29

La araña en el techo

Por María Gabriela López Suárez

Ese martes los rayos del sol apenas alumbraban, el cielo comenzaba a despejarse, ya eran las 10 de la mañana. Renata aprovechó lo fresco del clima para iniciar con un pendiente que tenía por revisar. Hacer cuentas no era su fuerte pero debía terminar esa tarea. 

Se sirvió una taza con té de hierbabuena e inició la faena. Estaba ensimismada entre la pantalla de la computadora, su libreta y lápiz, prefería hacer las cuentas de manera manual y luego cotejarlas. Era una especie de hábito cuando se trataba de los números. 

Sintió la necesidad de hacer una pausa, subió los hombros para relajarlos y al levantar la vista al cielorraso observó atentamente. No estaba sola. Una araña de tamaño mediano se sostenía perfectamente, haciendo un contraste entre lo blanco del techo interior de la habitación. Las formas de sus patas y cuerpo parecían como un detalle dibujado. Se sorprendió porque era la primera vez que veía una araña en esa parte de la habitación. Aunque le pareció extraño en lugar de darle la sensación de miedo, a Renata le provocó una especie de tranquilidad. Justo la que necesitaba para terminar de cuadrar las cuentas.

Continuó con su labor y de vez en vez, volvía la vista hacia arriba, ahí seguía la araña impávida.  Sin hacer caso a los sonidos que hacía Renata al teclear rápidamente mientras tarareaba, Ojalá que llueva café en el campo, que caiga un aguacero de yuca y té, del cielo una jarina de queso blanco y al sur una montaña de berro y miel… Cuando terminó su tarea suspiró profundamente, sintió un peso menos de encima. Giró los hombros hacia atrás  y alzó la vista, la araña seguía ahí pero se había movido. Renata recordó el punto donde se encontraba su acompañante hace 3 horas cuando se percató de su presencia. El movimiento de la araña fue casi imperceptible entre las veces que Renata volvió la vista al cielorraso. En cuestión de distancia había avanzado muy poco en su desplazamiento. Sin embargo, lo interesante para Renata era que la araña no había huído ante su presencia. Le pareció que su movimiento era como en la vida, no había necesidad de correr al ritmo de las demás personas, sino hallar su propio ritmo y caminar con seguridad para llegar a donde una se propusiera, algo así como la araña en el techo.

 





Fotografía:  Josh Hild

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas. 28. Se busca hogar. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 28

Se busca hogar

Por María Gabriela López Suárez

Era un miércoles cotidiano, el último del mes de julio, permanecía en casa dentro de esta contingencia. El calor sofocante indicaba que por la tarde llovería en el terruño tuxtleco, así fue. La lluvia se tornó abundante, de esas lluvias que se añoran para refrescar la noche. 

Tiempo después  que la lluvia cesó, el llamado de mi sobrino me sacó de la actividad en la que estaba, me indicaba que habían dejado abandonados unos perritos cachorros en un andador del Río Sabinal. En mi familia tenemos gran amor y simpatía por los caninos. De inmediato se me vino a la mente, ¿y ahora dónde van a quedar? ¿Qué pasará con ellos? En casa nos habría encantado tenerlos, pero ya nuestra bandita peluda es abundante, no era posible.

Una vecina fue por ellos y nos los enseñó, eran tres bellos cachorros, dos en color canela y uno oscuro,   jaspeado de manchas en tono café claro. Los habían dejado dentro de una caja de cartón,  deteriorada por  haberse mojado. Los cachorros temblaban de frío, su  pelaje estaba húmedo.

En la complicidad  del amor con mis sobrinos, y el apoyo de los demás integrantes de la familia decidimos darles hospedaje solidario por esa noche. Es la primera ocasión que vivíamos una experiencia así, habría que buscar ayuda con amistades o personas conocidas que también cuidan por los animales. 

Empecé a escribir mensajes y preguntar quién podría apoyar en esa labor. Agradezco mucho a quienes respondieron al llamado,  la compañera Ángeles Mariscal por hacerme el enlace con Lourdes Chávez, quien me compartió ideas de cómo buscar ayuda y estuvo pendiente en todo momento. De igual manera,  a mi estimada Damaris Disner por las sugerencias brindadas.

Mis sobrinos propusieron hacer un letrero y pegarlo en el portón de la casa, entre el debate de quién de ellos lo escribía, finalmente me apunté a hacerlo yo. Me ayudaron a pegarlo: “Se regalan perritos. Sea solidario y adopte uno”.

El uso de la red social Facebook fue una herramienta importante para divulgar el servicio social, los mensajes a través del whatsapp también se sumaron a las cadenas de ayuda,  que pasó de amistades a personas que no tenía el gusto de conocer y que contribuyeron en la difusión. A todas, muchas gracias.

El mismo miércoles, el compañero Azariel Sánchez me dio la noticia que al día siguiente irían por uno de ellos. Nuestros corazones se alegraron. Me quedé pensando que era importante mencionarle a las familias que adoptaran a los perros, del cuidado que deben darles, del amor y de la atención. 

El jueves llegaron por el primer cachorro.  Agradecí por la solidaridad de darle un hogar e hice mención del mensaje del cuidado y amor al perrito. Continué con la labor de divulgar que aún quedaba la oportunidad de adoptar a los dos restantes. Llegaron varios mensajes al celular, un dato que  llamó mi atención es que algunas personas preguntaban con insistencia, ¿qué raza eran? ¿O si eran de esos callejeros? No tenía la menor idea, los dejaron abandonados  y el mayor deseo era que encontraran un hogar, con cuidado, protección, respeto y amor, sin que a su nueva familia le importara tanto ‘su raza’.

Una persona llamó y dijo que al día siguiente iría por un cachorro. Se quedaron en casa por segunda noche, contando con la atención de mis sobrinos, quienes les dieron uno de los mejores hospedajes,  jugaron con ellos, los alimentaron, les hicieron su camita provisional. 

Para el viernes, llegaron por el segundo cachorro, de nuevo el agradecimiento y la encomienda a su cuidado. Ya solo quedaba una, la única perrita. Al verse sin sus hermanos, se puso algo triste.  Por un momento pensamos que tardaría para que alguien se interesara por ella, la mayor parte de las personas prefiere a los perritos. Mientras alguien preguntaba, decidimos darle un baño, aprovechando lo caluroso del mediodía. No tardaron en llamar para solicitar información. En menos de una hora ya habían llegado por ella. Por tercera ocasión, agradecí sumarse a la adopción y recomendé su cuidado.

Se busca hogar, tres palabras que se hicieron presentes y cobraron mucho sentido por lo que implican. Tener mascota es un compromiso, es un acto de amor, responsabilidad, respeto, atención y una oportunidad de darle espacio en nuestra familia a un nuevo integrante que, sin duda, lo llenará de lindas experiencias. Es muy triste hallar gatos o perros cachorros o mayores abandonados, si tenemos la oportunidad adoptemos uno y si ya lo tenemos, cuidemos de él o ella. La vida les cambiará y a ustedes también.

 





Fotografía: MGLS

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.