Polvo del camino/ 30

Nadie se baña dos veces en el mismo río


Héctor Cortés Mandujano

Cinco millas de sierpe, como en un laberinto,

siguió el sagrado río por valles y collados,

hacia aquellas cavernas que no ha medido el hombre,

y se hundió con fragor en una mar sin vida

Samuel Taylor Coleridge en “Kubla Kan”
 

En varias versiones de mí mismo he sido arrastrado por un río:
 
De niño, desnudo, siento las aguas como lianas líquidas que me apresan las piernas y me jalan, me hunden, quieren que me quede a vivir, a morir en este incesante fluir donde incluso las verdes algas son seres feéricos no siempre de dulce corazón.
 
Joven, casi adolescente, lucho por alcanzar la orilla, pero siento el placer de sentir que soy tocado por completo por estas aguas lúbricas que son la amante más completa que podré encontrarme: ¿quién podrá acariciar al mismo tiempo mis genitales y mi espalda, mientras besa mis labios y mis pies, y mete sus dedos entre mis cabellos y juega con mis vellos púbicos, con la hirsuta pelambrera de mis sobacos? 
 
Tengo esposa e hijos, y los oigo gritar desde la orilla para que no me abandone a la corriente que en su proteica riada me quiere llevar al paraíso ignoto de la muerte. Me brotan poderosos músculos y el dios en que me convierto hace que el río abandone su intento de hacerse el todopoderoso –pobre– y se vuelva un charco al que doy una patada de desprecio. Escucho entonces los aplausos de los espectadores ante el desplante de mi personalidad divina y salgo orondo a recibir el homenaje de mis seres amados.
 
Estoy vestido completamente y no quiero jugar a la lucha potente a que me desafía el río y finjo dejarme llevar hasta que, en movimientos sorpresivos, en tres brazadas logro alcanzar una rama de la orilla y salgo. Piso el lodo mientras me incorporo chorreando y veo en un recodo, donde apenas se mueven las aguas, la mágica presencia de una eclosionada flor de loto. Detrás de mí, una mujer, bella como un ángel, se acerca y me abraza.
 
Pero la única realidad es que fui a caballo, de niño, con mi padre y mis hermanos hasta ese río grande, y me bañé varias veces en él, pero no tenía la corriente de mis sueños, ni pensé nunca en que las aguas fueran mi mejor amante ni creía por entonces que aquel río se volvería el sueño recurrente que a veces me asusta o me excita o exacerba mi vanidad onírica o me regala la nostalgia de aquellos tiempos felices...

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com