Polvo del camino/ 31

Tres cosas


Héctor Cortés Mandujano

 

Hay una vieja canción popular, que dice: “Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor; el que tenga las tres cosas, que le dé gracias a Dios”. No hablaré de ellas. Hay una historia en Leyendas medievales (Plaza & Janés, 1987), de Hermann Hesse, que se llama “Tres cosas”, donde un hombre busca (p. 100) “primero, abundancia sin escasez; segundo, alegría sin tristezas; tercero, luz o claridad sin oscuridad”. Tampoco hablaré de esto.
 
En su ensayo “Predestinados en el mar” (El XIX en el XXI, Sexto Piso, 2010: 125), Christopher Domínguez Michael habla de dos grandes autores, absortos en lo mismo (en Moby Dick y en Narración de Arthur Gordon Pym, respectivamente): “La blancura inunda la mirada de Melville y Poe. Para uno y otro lo blanco es el mal, lo mismo que el conocimiento”.
            Llegaré de nuevo al blanco, pero antes daré un rodeo.
 
John Carpenter, célebre director de cine norteamericano, ha logrado grandes éxitos con las audiencias. Uno de sus fracasos, aunque ahora película de culto, es The Thing (La cosa, 1982) donde pasó a la pantalla la novela corta de John W. Campbell. Los primeros minutos de esa cinta son de una maravillosa blancura, pues retrata los hielos de La Antártida: un helicóptero aparece y desaparece de la toma, y un perrito (o perrita, vaya usted a saber) bellísimo corre solo en aquella enorme extensión alba. 
            Por esos minutos delectables, magníficos (a mí me encantan los paisajes helados), vale la pena ver la peli.
Recuerdo que cuando terminé de verla, pensé que esa historia de terror extraterrestre bien merecía un remake. Como si lo hubiera convocado, el azar puso en mis narices The Thing, de 2011, ahora dirigida por Matthijs van Heijningen Jr. (con ese nombre pareciera innecesario agregar el Junior), con la misma premisa: una nave interplanetaria ha estado sepultada en los hielos de La Antártida por millones de años y hasta ella llegan científicos que quieren no sólo saber de la nave, sino de su misterioso tripulante.
             Dirigida con acierto, la cinta es entretenida y comparte con su antecesora varios giros dramáticos, pero el que me encantó (y que le da a ésta el adjetivo de precuela) es que, al final, un helicóptero llega hasta la base noruega donde ocurrió la múltiple tragedia, que no contaré, y se halla con un hombre sobreviviente. Cuando va a ayudarlo, un perro (o perra) bello sale corriendo hacia la blancura total del hielo.
            El sobreviviente dice al piloto que se suban al aparato y desde arriba, con un rifle de mira telescópica, pero con una puntería fatal, le dispara y le dispara al perrito que corre como loco y sin descanso. Es decir, el final de esta película es el inicio de la otra.
           ¿Por qué quieren matar al chuchito (o chuchita) tan lindo? No lo revelaré, claro, porque le echaría a perder las películas a quienes quieran verlas.
 
Hay otra Cosa filmada en 1951, en blanco y negro, dirigida por Christian Nyvy, en donde no le dan importancia al hielo. La acción no ocurre en La Antártida, sino en el Polo Sur. Me llamó la atención que en esta cinta sea una mujer la coprotagonista (Margaret Sheridan); en la versión de 2011 es también una mujer (Mary Elizabeth Winstead) quien lleva el rol protagónico. Al contrario, en la cinta de Carpenter sólo hay hombres en todos los papeles, con Kurt Rusell a la cabeza del reparto. Qué cosa.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración: HCM.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com