La desgarradura. Por Antonio Florido

Por Antonio Florido*

La desgarradura

La infancia encajonada, atraída en la distancia que otorgan los años, un cuadro arriba, en apariencia sencillo, uno de esos cuadros por el que casi todo el mundo pasaría deprisa en un museo. El pintor ha inventado un gris, un tono difuso, apagado, melancólico, para mí, que me limito a mirar, a ver, a observar el dibujo tirando de mí, atrayente, en su esencia desprendida. Y de pronto me detengo, a pesar de que me queda poco tiempo y de que el museo es enorme, el dibujo me atrapa y me obliga a volcar la mirada, a sentirla. Dos tarros de vidrio, de ese vidrio antiguo que aún no conocía bien el plomo y su magia, traspasando dos cabezas cortadas, de venganza, de odio, o de tristeza y de añoranza por lo perdido sin remedio. Abajo, escrutando sonriente como sólo lo saben hacer la ignorancia y la envidia, un ser espantoso, risueño, que acapara la visión y la enmudece. Cuatro esquinas abandonadas sobre la pared del museo, pendiente la tela de unos hilos finísimos, casi invisibles.
          Hay muchas personas que, como yo, lo miran. Pero luego siguen su prisa en la comedia de esta vida que te empuja, como en un circo donde el espectáculo sigue y sigue, sin pausa, hasta la desmesura, hasta que sientes llegar las arcadas que anuncian tu derrota.

Un pintor se detuvo, antes que yo, frente al lienzo, cuando éste se mostraba desnudo. Intentó algún trazo después de unos días frenéticos y de unas noches olvidadas, un hombre insomne, imaginando la locura tomando la forma engañosa de la cordura, para que después, con el tiempo, los demás comprendan. Ese pintor, solamente esboza, traza, figura sobre la tela, es decir, pinta, sólo eso, sin más, con el terror aún en el cuerpo, incapaz de sacar al exterior toda la savia de lo misterioso. Así, su cuadro no ha dejado nunca de ser un mero cuadro más, como tantos y tantos miles y millones de dibujos de niños grandes que juegan a entretenerse.
          Sin embargo, en este lienzo que observo hay algo distinto, algo que huele a destello, tal vez un grito callado, un lamento con los labios cosidos, una desgarradura del alma cuando desea salirse del cuerpo. No se trata, pues de un simple cuadro. Es arte. Una obra de arte. Porque el arte debe nacer del sufrimiento, del dolor, de la duda certera y perseverante, de la incongruencia, de la exacerbación. El arte, la obra de arte, no está hecha para la ignorancia. Huye de ella, se esconde, disimula, se oculta, desdeña a las masas que no comprenden -en la estulticia y en la embriaguez de las cosas terrenales- el dolor del artista cuando busca la soledad para abrir la cremallera de su pecho.
          Niña con cabeza de burro que mira de soslayo. ¿Es ella la que observa o el bruto? ¿Quién? Y un niño escondido, temeroso, que también huye de la esencia de la pincelada porque sabe con la inocencia de sus años, que más tarde que pronto estará ahí para siempre, representado con su atuendo ridículo, enorme, monstruoso. La inocencia me clama aquellos años del recuerdo. Tal vez no se trate más que una quebradura del artista al que se le irá, al que se le va, al que se le fue el padre, hace tanto. Quizás aparezca el recuerdo de un vigilante que le intimida detrás de la ventana, no sé, no sé, de manera insistente, abstrusa, engreída, un vigilante de mirada incisiva, acaparadora. Pero esas cabezas a cuajo es la pura ejecución donde el arte se ha desprendido de la mano del artista. Imagino el esbozo y los trazos principales, la figurativa y hermosa simetría, la belleza buscada; imagino, digo, insisto, el pincel sobre la paleta cargada de colores, con las cerdas retorcidas, la mano y los dedos apretando rabiosos sobre los distintos matices que ansía, y después, el aire roto porque el pincel se acerca lentamente a la tela y la besa suavemente, en un amor callado, en un odio callado, y todo lo forma con el nervio de sus brazos, por no querer gritar, por no querer llorar ni lamentarse, por renunciar a la rajadura que se presenta, inesperadamente. El artista destroza el pincel sobre la tela buscando precisamente esa pincelada impar, la pincelada del desempate, de la tristeza sacada de dentro, en el estudio lleno de recuerdos que suspiran, que gimen, que ruegan porque ese artista sea capaz de expresarlos en una simple tela sin marco.
          Una realidad subsumida en la plena realidad no necesita límites, ni separaciones, ni simulacros. Es ella. Ella misma la que se manifiesta de manera inconcusa como desdoble de la plena realidad aparente. La gente sigue pasando delante del lienzo, apenas una ligera mirada, y el temor a quedarse parado delante porque tal vez imaginen que sentirán lo mismo que yo, cuando lo hago.
          No intento analizar la obra, eso lo dejo para los expertos, para los pintores, es decir, para esos artistas fracasados que lo único que saben es pintar. Yo me limito a observar, a sentir, a padecer la enfermedad crónica que ya entró en mí. No hay por tanto, remedio. Estoy infectado. El arte es eso. Y cuando alguien lo consigue, se separa de la masa, y se sabe liberado. Ya la obra es ella misma. Un ente distinto. Sin nombre. ¿Acaso se puede nombrar el latigazo de un rayo, o la hermosura de una puesta de sol, o una mañana que se encara y se despereza ante ti? Hay cosas innombrables. Y el arte es una de ellas.

Vale.
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Ilustración: Luis Camacho Campoy

Sobre Antonio Florido Lozano

Narrador, ensayista y poeta.

Antonio Florido Lozano nació en Carmona, España, en 1965. Desde 2011 ha publicado ocho novelas y tres libros de cuentos. Su obra ha merecido una docena de premios nacionales en España. Su novela Blattaria (2015) fue llevada al cine en 2019 en una coproducción perruana-española. Afirma ser “un autor neoexistencialista que aborda asuntos éticos y de actualidad, como la violencia (interior, de contexto y doméstica), el maltrato a los ancianos, la muerte digna, la intolerancia hacia la homosexualidad, la decadencia moral del ser humano…”, y le gusta ser considerado “un escritor vertical y conceptual”.

Colaborador habitual de numerosas revistas de arte y literatura de varios países hispanoamericanos, desde hace quince años es también columnista del periódico digital español www.periodistadigital.com.

Sobre Luis Camacho Campoy

En la obra gráfica de Luis Camacho, ya sea en sus cuadros o dibujos, el óxido y la herrumbre, la suciedad y el metal se convierten en la pátina de la tristeza que cubre, absolutamente todo el universo agónico de un ser que espera; dejando, en larga agonía, habitaciones, puertas y pasillos vacíos sin retorno, sin un principio ni un fin, como ojos que al mirar exhalan angustia y olvido.

Soledad plúmbea habitada por una luz azulada y tibia, que tímidamente e inevitable ante las miradas, asoma por un escueto ángulo hacia la vida y la esperanza.

Lo puedes seguir en la Web: www.luiscamachocampoy.com

Voces ensortijadas. 37. Los paisajes sonoros en lo cotidiano. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 37

Los paisajes sonoros en lo cotidiano

Por María Gabriela López Suárez

El movimiento de las hojas meciéndose al ritmo al que caía la llovizna arrulló el sueño de Violeta esa noche. En algún momento de la madrugada despertó, no supo el motivo, se quedó atenta, ya no escuchaba la lluvia. ¿Acaso había cesado? Se sintió extraña de no escuchar ningún sonido, ni siquiera el de sus perritas que solían hacer sus rondas nocturnas afuera de casa. Por instantes, entre el aturdimiento del despertar repentino y el silencio que percibía pasó por su mente que quizá había perdido el sentido del oído. A lo lejos, muy lejos, le pareció escuchar los ladridos de los perros vecinos. Eso se convirtió en su nuevo arrullo y la mente dejó de preocuparse.

A la mañana siguiente estaban ahí el trinar de los pájaros, el rasguño de las perritas en la puerta en señal de pedir el desayuno. Violeta amaneció contenta, podía escuchar los distintos sonidos. Mientras daba de comer a las perritas se percató que aunque el cielo estaba nublado, se comenzaba a asomar  el sol en alguna parte. Ese rayito de luz era un gran regalo. Escucho el silbido del viento, al instante que sus pasos iban creando sonidos al entrar en contacto  con el lodo del patio, la lluvia por más de dos días había dejado sus huellas de manera contundente. 

Violeta fue poniendo especial atención a cada ruido que escuchaba, el camión repartidor del gas no descansaba ni en fines de semana. Los cantos de los pájaros le parecieron como una interpretación de improviso donde se encuentran los artistas  y  deciden hacer un palomazo. Cada entonación era bella, de vez en cuando se unían los cantos de los gallos.

El frío de la mañana le hizo apetecer un ponche de frutas, así que comenzó a prepararlo. El sonido del cuchillo cortando las manzanas, guayabas y jengibre, también estuvo en su atención. Puso a hervir la bebida y recordó que la jarra cambiaba de tono cuando ponía a preparar el café. Mientras estaba en esa reflexión escucho las pisadas de Manchas y Gringa, se hacían presentes dejando huellitas de lodo en la sala, entraban   y salían.

Mientras limpiaba las huellas, Violeta seguía atendiendo a los sonidos, el agua, el trapeador al limpiar el piso, al exprimirlo. Su sentido del olfato le recordó que había puesto a hervir ponche.  Se lavó las manos, se sirvió ponche, el sonido de verter la bebida en la taza y revolver la fruta le recordaron lo que su amigo Pepe le había comentado sobre la radio. La radio tiene elementos básicos, voz, música y efectos y el silencio también juega un papel esencial. Los paisajes sonoros en lo cotidiano eran una especie de inspiraciones para la radio, pensó en las radionovelas o en los radiocuentos. Se sintió muy afortunada de poder escuchar todos esos paisajes sonoros en su día a día. Comenzó a beber su ponche, le había quedado muy rico. Volvió la vista a la sala, de nueva cuenta tendría que hacer aseo, las huellas decorativas habían regresado.





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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 37. Música, política y poesía en Calabacitas tiernas. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 37

Música, política y poesía en Calabacitas tiernas

Héctor Cortés Mandujano

 

En Calabacitas tiernas (¡Ay, qué bonitas piernas!), de 1949, dirigida por Gilberto Martínez Solares, su estrella principal, Germán Valdés Tin Tan, hace tres referencias que seguirán existiendo muchos años después en la música popular, en la política mexicana y hasta en la alta poesía.
            La primera es su grito de batalla que, con algunas variantes, usa en otras películas: Aquí está su pachucote. Lo dice en Calabacitas… cuando ha decidido suicidarse, pero empieza a ver pasar muchachas bonitas. A quien dirige su grito, incluso, se va corriendo y deja tirada su bicicleta. Ese grito lo usa el grupo de ska mexicano La maldita vecindad y los hijos del quinto patio en su célebre canción “Pachuco”, que es parte del famoso y emblemático disco El Circo, que esta agrupación puso a circular en 1991. La película y el disco forman parte de la lista de las/los cien películas/discos mejores de nuestro país.
            La segunda es cuando finge ser un empresario (un poco porque lo obligan, un poco porque le conviene) y, para que quede claro que él es quien todo lo puede, dice: Me canso ganso, dijo el zancudo, cuando volar no pudo… La frase Me canso ganso la usó Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, en su toma de protesta, el 1 de diciembre de 2018, lo que ha dado lugar a un sinnúmero de especulaciones sobre el sentido en que la dijo. [No quiero decir que Tin Tan haya inventado la frase, porque no lo sé, pero evidentemente él, con esta película, la popularizó. También la usan en otra peli, No me defiendas, compadre (1949), de Tin Tan.]
            La tercera es al revés: Tin Tan, dado su carácter de improvisador, o Gilberto Martínez Solares (quien también es autor del guion, junto con Eduardo Ugarte y Juan García) le hacen un homenaje al enorme poeta chileno Vicente Huidobro y concretamente a su espectacular poema Altazor o El viaje en paracaídas, publicado en 1931, que en uno de sus versos dice: “Los cuatro puntos cardinales son tres: el sur y el norte”.  Tin Tan revisa las fotos que un representante de artistas le muestra. Cuando le enseña las fotos de dos señoras mayores y un poco excedidas de peso, el representante obsequioso opina: “Derrochan temperamento y gracia por los cuatros costados”, y Tin Tan responde: “Sí, por los cuatro puntos cardinales, que son tres: éste y el otro”.
            Como en muchas de sus películas, en ésta todo ocurre en un desorden, en un caos que al final tiene un arreglo, un equilibrio precario. El título corresponde a los dos Tin Tan (el real y el de un espejo encantado, quien canta, conversa y se burla de su sosias). Cuando Rosita Quintana, hermosa y simpática, sale de su cuarto, un Tin Tan le dice “Calabacitas tiernas”, en alusión a su fresca belleza, y el del espejo completa: “¡Ay, qué bonitas piernas!”.
            [Lo de las piernas era tan cierto que Luis Buñuel las muestra a todo lo que dan en una escena inolvidable de Susana, carne y demonio, de 1951.] 
 
***
 
En otra película del mismo cómico, El gato sin botas (1956), canta él una canción de Chava Flores que dice: “Yo soy el pirata de pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo”, que repitió, muchos años después, palabra por palabra, Joaquín Sabina en su canción “La del pirata cojo”. No sigo porque, como dijo Nietzsche, la repetición es infinita…

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Ilustración: Alejandro Nudding.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

El iconoclasta de las apariencias. Por Antonio Florido

Por Antonio Florido*

El iconoclasta de las apariencias

Para comenzar nos basaremos en una premisa: Nadie sabe qué es el Arte. Esto es lo mismo que afirmar que cada uno tiene su propia opinión sobre este concepto. Sin embargo, curiosamente, todos ansiamos aprehender lo desconocido, como si agarrásemos una exquisita desenvoltura con la fuerza de un puño.
          Para Jorge Wagensberg (Ciencia Arte y revelación), «el arte es una forma de conocimiento cuyo método se basa en un único principio: El principio de la comunicabilidad de complejidades ininteligibles.»
          Empero, para el mismo Hegel (sí, el que todos estudiamos y que nadie comprendió en su momento), «el arte es la manifestación sensible (repito, sensible) de una idea.»
          Podríamos continuar con innumerables visiones, como la de J. L. Moraza (Arte y saber); G. Deleuze (Nietzsche y la filosofía); o la del mismo Séneca, cuando afirma que «En arte la forma es contenido y el contenido forma.»
          En fin…
 
La imagen que hoy comentamos ha causado cierto revuelo en pensamientos que parecen oscilar entre el conocimiento absoluto y su contrario. Hay quien sostiene que lo representado en la fotografía (composición reconocida como una Obra de Arte) es una simple mierda; otros, sin embargo, opinan de forma diferente. La cuestión no es lo que cada uno piense y exprese, sino el cómo se razona lo expresado. Es decir, dónde se encuentra la causa que motiva a una persona para comentar de forma arbitraria, irreflexiva y sin razonamiento alguno.
          No entraremos en la absurda opinión de algunos de que para criticar una obra artística hay que ser, inevitablemente, un perito en la materia. Se trataría, dado el caso, de una burda bajada al mundo de lo concreto, sin más recursos que la fácil pataleta propia y característica de la inexperiencia y de la ignorancia, también de los espíritus infantiles. No. Sigamos en otro nivel. La generalización cimentada en elementos cognoscibles, propios de los pensamientos que intentan ir más allá de lo meramente concreto. La abstracción como evidencia de la madurez, de lograr en poco tiempo lo que algunos tardan toda una vida.
          La supuesta obra de arte expuesta se compone, como puede apreciarse, de ocho botellas de plástico llenas de agua. Unidas unas a otras por un elemento que les impide cualquier posibilidad de movimiento, apoyadas en planos y sostenidas en su decadencia.
          Número, agua, plástico, atadura, curva de caída, elementos de apoyo…
          Cualquier persona con conocimientos elementales sabe, (hablo de instrucciones de colegio), que el agua es la sustancia que da y mantiene la existencia; sin ella no sería posible la presencia de eso que llamamos Vida y que nadie, de forma paradójica, es capaz de definirla sin temor a equivocarse. También es conocido que, de todas las materias, es la más extraña y anárquica en su comportamiento, la más estudiada a lo largo de las décadas. La más inquietante.
          Por otro lado, el plástico, al contrario que el agua, que la propia Naturaleza se encarga de fabricar, es un metamaterial (ningún árbol lo produce, no se siembra ni se recogen sus cosechas). Fruto del ingenio del hombre. La Naturaleza se encargó de crear la sustancia prima para que ahora, la especie que nos representa, pueda modificarla a su antojo y crear, así, ese elemento de largas cadenas moleculares al que llamamos plástico.
          El plano es un elemento ideal, como ya dejó apuntado la escuela filosófica que usted recuerda (no veo necesario citar algún nombre relevante para el caso).
          No digamos ya la curva, exactamente formulada por la ciencia estricta, que también cuenta en nuestra mente como un elemento ideal que la mantiene.
          Un hombre derrotado y extraño, hecho de agua, sostenido por su esperanza; un ser fracasado, que busca ampliar su espalda para que puedan palmear sobre ella de manera contundente; un hombre perdido entre el ego y el fuero interno que le confiesa que, haga lo que haga, nada es ni será importante (Camus); una tétrica (en la segunda acepción del término) idea de sí mismo, que le hunde al abismo oscuro donde se esconde su vida; la destrucción de la fachada; la pérdida frecuente de los aplausos; la soledad; la incapacidad para saberse y sentirse solo…
          El abismo que separa lo ininteligible de lo que sí es susceptible de ser comprendido. El ser manipulado e impedido, al que la sociedad le adoctrina, como esos elementos que agarran las botellas…
           Es fácil la palabra ligera y sin razón que ignora el esfuerzo que supone el detenimiento para reflexionar sobre lo que otro ha creado.
           Como obsesivo perseguidor de lo significado, escribo en un centro de fracaso. Sin otra perspectiva que alimentar y levantarme a cada párrafo, continúo en la brega.    Asumir la frustración y encarar el desafío que supone crear para sí. Esta asunción fortalece, te separa del ego, de la esclavitud de la adulación falsamente necesitada. Dejas de ser tú mismo; lo consigues cuando renuncias. Cuando tu creación cobra vida y queda aislada, sola, ajena a tu mano.
          «Te cortan el cordón umbilical, te dan una palmadita y ¡ya está¡, sales al mundo a la deriva, como un barco sin timón; ya eres un crack, un verdadero artista, un ser re-conocido al que todo el mundo rinde pleitesía» (Henry Miller en Trópico de Cáncer).
 
Da risa.
 
Y una gran pena por la miseria de todos nosotros.
 
Hay muchos que lo expresan mejor que yo, inmensamente mejor.
 
«No sé hacer nada a medias, no sé aceptar las ideas de los demás acerca de nada. Soy inventor a la fuerza (…) Soy un imbécil. No comprendo nada de lo que dice la gente, los autores. Tengo que volver a hacerlo en mi cabeza. Es penoso, pero tal vez eso sea la invención y la originalidad. (Henri Michaux).
 
En Diccionario de lugares comunes, Gustav Flaubert dice: «Burlarse de todo lo original, odiarlo, mofarse y si se puede, exterminarlo.»
 
¿Queremos otra opinión?
 
Odilón Redon afirma: «Toda mi originalidad consiste pues, en hacer vivir humanamente a seres inverosímiles conforme a las leyes de la verosimilitud, poniendo, en lo posible, la lógica de lo visible al servicio de lo invisible.»
 
Y todavía hay gente (el común que forma el mediocre mundo de la masa orteguiana) que se ríe y mofa de lo que otros, y no ellos, han creado.
 
Una vez escribí, y cada día que pasa la experiencia me lo afirma, que la sinceridad es un arma de destrucción masiva. Creo que la más potente que nunca el ser humano será capaz de fabricar.
          Pero como no soy nadie, termino con palabras de uno de mis ídolos (Chéjov): «Cambio de opinión cada día.»
 
Vale.
 
D.C.: No he querido entrar en la común opinión de que para que una creación pueda ser considerada una obra de arte ha de comunicar y brillar estéticamente: Lo he considerado superfluo, sobre todo para usted, que ha leído hasta aquí y que entiende.

Fotografía: Luis Camacho Campoy

Sobre Antonio Florido Lozano

Narrador, ensayista y poeta.

Antonio Florido Lozano nació en Carmona, España, en 1965. Desde 2011 ha publicado ocho novelas y tres libros de cuentos. Su obra ha merecido una docena de premios nacionales en España. Su novela Blattaria (2015) fue llevada al cine en 2019 en una coproducción perruana-española. Afirma ser “un autor neoexistencialista que aborda asuntos éticos y de actualidad, como la violencia (interior, de contexto y doméstica), el maltrato a los ancianos, la muerte digna, la intolerancia hacia la homosexualidad, la decadencia moral del ser humano…”, y le gusta ser considerado “un escritor vertical y conceptual”.

Colaborador habitual de numerosas revistas de arte y literatura de varios países hispanoamericanos, desde hace quince años es también columnista del periódico digital español www.periodistadigital.com.

Paso de fuego. Te: el sendero del signo luminoso. 2. Alejandro Aldana

Por Alejandro Aldana*

Te ∞: el sendero del signo luminoso *

                                Para Luz y Emiliano

Continuación:

I.- Pragmática lingüística y pragmática literaria
 
El lenguaje establece estructuras que buscan comunicar: “Sin embargo, el solo conocimiento de las palabras y la gramática de una lengua no garantiza el éxito de la comunicación. Las palabras pueden significar más (o algo distinto) de lo que dicen” (Dijk, 2008:67). Es necesario conocer el contexto en que se genera la producción lingüística, de lo contrario podemos vernos en una situación de confusión de sentidos, imposibilitando el proceso de comunicación.
            Se puede afirmar que la pragmática se encarga de hechos lingüísticos que sobrepasan los límites de la semántica o la sintaxis, el orden de las palabras, tonos y semitonos, inflexiones fonéticas, etcétera. Considera pues los valores extralingüísticos que se presentan concretamente en el uso del lenguaje. En cuanto a la relación concreta, se refiere al establecimiento de una relación comunicativa en una contextualidad específica, tanto del emisor como del receptor. Todo discurso pertenece a un constructo más amplio: al con-texto.
            A partir de las consideraciones respecto de la pragmática lingüística, surge la pragmática literaria con el objetivo de conocer cómo se presenta el fenómeno de la comunicación literaria. Desde este punto de vista, se entiende a la literatura como la estructuración de un código y un material verbal que existe antes de la configuración de dicho código. Por lo tanto, al estudiar un texto literario deben aplicarse los mismos mecanismos para conocer cualquier expresión lingüística, sin olvidar que el discurso literario tiene su propia naturaleza textual. En Te ∞, podemos observar que la significación de las palabras y los signos obligan al lector a plantarse en una contextualidad específica, para poder hallar los núcleos de significación que el poeta establece en su novedosa propuesta.    
            T. A. Van Dijk elaboró tres elementos a considerar: el contexto pragmático, lo cognitivo y la perspectiva sociológica. Mediante estos principios de la teoría de la comunicación es posible acercarse a la comprensión de lo literario.

(Continua en la siguiente entrega)...

Fotografía: Miguel Á. Padriñán, por Pexels

*Sobre el texto:

«Te ∞: el sendero del signo luminoso» es un ensayo que analiza la obra del libro de Ulises Córdova, poeta mexicano nacido en San Cristobal de Las Casas.

En esta revista estaremos compartiendo, en las próximas cuatro entregas, el ensayo completo del maestro Aldana.

Sobre Alejandro Aldana Sellschopp

Investigador, promotor cultural, editor, ensayista y narrador.

Ha sido becario de: FOESCA (Emisiones 1999-2000 y 2000-2001), PACMYC, fue becario del FONCA (2003-2004) en el programa de Jóvenes Creadores en la modalidad de novela. Está incluido en la antología del FONCA – Jóvenes Creadores generación 2003-2004.

Ha publicado: Tiempo a Contrapunto (UNAM- Espacio Cultural Jaime Sabines),  Nudo de Serpientes (Novela). Su cuento Diario de un lobo está incluido en la antología Inventa la memoria (Alfaguara). La novela en Chiapas, antología (Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas en el 2018).

Beatus Ille. Platón

…filosofía para vos y para ti…

Por Teoría en pocos minutos*

Platón

Acorde al canon de la filosofía, conocemos al primer gran pensador de forma más genuina, quien es Sócrates, gracias al, en primera instancia, poeta que nos atañe hoy, esto según los Grandes iniciados, y quien continuaría con el teatro en la Grecia Antigua. El retrato más vívido del primer filósofo, incluso más que otras menciones de éste, como las de Jenofonte, según la Historia de la Filosofía de Fraile, se las debemos a Platón. Entre la admiración y la dudosa veracidad de sus palabras, conocemos más profundamente a este sino en palabras del propio Platón, su discípulo al margen, primero en sobreponerse a esa barrera de transmisión de conocimiento (episteme) de forma oral, poniendo de manifiesto y por escrito, todas las vicisitudes del método mayéutico, con respecto de Sócrates y los sofistas que, en algún punto, la crítica ha procurado para saber si sus Diálogos son más un reflejo del maestro, Sócrates, o del gran discípulo y bello poeta, Platón. Fue este último, a su vez, el primer poeta que tocó el terreno de la filosofía.
            En sus Diálogos, podemos encontrar un sin número de conversaciones elevadas, de carácter tanto terrenal como simbólico, sobre las diferentes dudas y problemas a resolver por el hombre. Porque todo ser pensante es ser de duda, y un incansable persecutor de respuestas. Estos conversatorios entre Sócrates y los sofistas, iban desde temas como el amor, la belleza, la verdad, la poesía, del alma, amistad, templanza, valor, y todo cuanto es propio del pensamiento y la conducta humana, todo aquello que le importa al hombre para el bien vivir.
            Existen en Platón innumerables propuestas, y acaso todos los temas de la filosofía que nos siguen como bellas sombras esperando ser vistas, exceptuando algunas ramas contemporáneas que han surgido por el mismo adentramiento a otras áreas, como serían las ciencias empíricas, la psicología, la semiótica, entre algunas otras. Por eso, A. N. Whitehead señala, en algún sentido justo, que “Toda la filosofía occidental es una serie de notas a pie de página de la filosofía platónica.” Tenemos entonces en Platón el primer gran índice de tópicos y temas a tratar por la historia de la filosofía.
            Entre la importancia de sus líneas tenemos memorables pasajes, como los de la caverna, la postura del mundo sensible (imperfecto, terrenal, incapacitado para la verdadera bondad y belleza, espejismo de los valores perfectos) y la del mundo suprasensible (ideal, perfecto, en sí, refleja los valores más altos como la verdad, la bondad y la belleza, la pureza), y señalar que el mundo sensible no es sino tan sólo un reflejo vano del mundo suprasensible. Por ello, se dice que el hombre está en una constante búsqueda de estos elevados valores, y el espíritu se acerca a ello conforme el hombre les trata de rozar un poco con los dedos, con el alma. Platón no es un iluso como muchos piensan, creyendo en mundos soñadores e imaginarios, o que tengan en sí un fundamento sobre las cuestiones materiales en sentido estricto. Es sólo que, para él, algo es más real en cuanto perdura y se extiende por más tiempo, y no hay nada que perdure más que las esencias eternas, como la belleza en sí, o una verdad ontológica (del ser).
            Podemos decir que la alegoría de la Caverna de Platón es, junto al resto de su República, donde plasma su idea de una organización sociopolítica perfecta desde su cosmovisión, uno de las representaciones más conocidas del filósofo. Este mito no es sólo dirigido a una visión idealista, sino que se refiere a todo aquel que, al pensar, reflexionar, sale a buscar la verdad, cegadora y nada caprichosa, y cuando por fin puede aceptar su luz, vuelve adentro e intenta llevar a todos ese entendimiento, aquella verdad. A lo largo de la historia, podemos darnos cuenta que, en la mayoría de instancias, lo que menos le importa a la gente es saber la verdad o sobre ella, y menos cuando es incapaz de ajustarse a lo que les es más cómodo. Todo filósofo tiene como primer deber salir de la caverna, aun sabiendo que no todos le escucharán al volver dentro de ella. Por eso, con singular perpetuidad, el filósofo es la persona más incómoda en la sociedad, de vez en vez, de tiempo en tiempo.
            Otros de los grandes trayectos por los que Platón nos lleva, se muestra en el Symposio, o Banquete, donde, después de los cinco discursos de los otros asistentes a la mesa de embriaguez, Sócrates cierra con el sentido último del amor, del eros. Señala ahí que el amor es más como un pasadizo, como una unión, un puente entre lo mortal y lo inmortal, se puede amar el cuerpo, a lo mortal (Pandemo), y a lo inmortal, al alma (Uranio), Señala también ahí, que el amor es hijo de Penía (pobreza), y también de Poros (recurso), lo que nos lleva a esa contradicción de la unión, de una extraña interdependencia del mortal por abarcar lo inmortal, de la finitud por abarcar la atemporalidad. El deseo eterno del sumo bien. De lo que se carece, pero se busca inmortalizar desde la mortalidad.
            Con grata complacencia, podemos decir que el diálogo que retrata de la forma más sublime a su maestro, Sócrates, es su juicio y apología, el primero de los Diálogos platónicos. La actitud de Sócrates ante la injusta e inminente muerte no sino la de un mártir, y creo que antecede a lo dicho siglos después en la máxima romana del Derecho (Dura Lex, Sed Lex, o “La ley es dura, pero es ley”). Sócrates decide no irse al exilio y escapar de beber la cicuta, y, muy a pesar de ser injusto lo imputado como crimen por corromper a la juventud ateniense, prefiere quedarse a morir, como ciudadano, como hombre. Un caso totalmente contrario, fue el del estagirita, Aristóteles, quien, después de morir Alejandro el Grande, quien fue pupilo suyo, prefiere irse de Atenas, diciendo que en ese mismo lugar no se iba a cometer tal pecado dos veces, refiriéndose a Sócrates.
            Este último diálogo es el gran inicio de los Diálogos platónicos, pero el culmen del máximo deber del filósofo, del pensador entregado, para el cual la muerte no es sino el paso a topar de frente la verdad, y dejar de remar sin rumbo hacia donde apunta el sol al ocaso. Cuando pensemos en desear nuestras propias reflexiones, en emprender el camino del filósofo, antes de hacernos cualquier otra pregunta debemos hacernos la siguiente: ¿Estoy, dado el momento, dispuesto a beber de la cicuta de la infamia que envenena el alma; del nulo entendimiento de los otros; de la necedad social de las masas? Sólo entonces si el deseo de buscar la verdad es superior al miedo de las consecuencias, se puede ver el nacimiento de un nuevo filósofo.  

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*Sobre Teroría en pocos minutos:

«Teoría en pocos minutos» es un grupo de autores** y estudiosos que busca difundir su conocimiento sobre humanismo y hacerlo accesible al público en general. Puedes seguirlos en: Teoría en pocos minutos.

**Sobre los autores:

Alejandro Segura Chávez. México, 1994. Redactor sobre Ciencia, psicología, filosofía, política, tecnología, literatura y poesía. Es Licenciado en Psicología por la Universidad de Guadalajara. Director del podcast Psico-Filosofando en Spotify. Divulgador en YouTube.

Daniel Omar Stchigel. Argentina, 1968. Redactor oficial en Noticias sobre Filosofía. Autor de más de veinte libros de filosofía fenomenológica y epistemología. Doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires. Profesor Universitario y Mágister en Psicoanálisis por la Universidad Argentina John F. Kennedy. Por catorce años fue profesor titular de Filosofía, Lógica, Antropología filosófica, Bioética, Deontología de la profesión docente y Desarrollo de las Corrientes Filosóficas. Es experto en Husserl, sobre quien basó su tesis de doctorado, y en Lacan, sobre quien hizo su tesis de magisterio.

Everardo Ivaán Contreras Brito. México, 1998. Redactor oficial de Crítica y Reseña Literaria. Recientemente publicó Poesía Estándar: Antología (2019). Licenciante de la carrera en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Chihuahua.

Francisco Tomás González Cabañas. Corrientes, Argentina, 1980. Ensayista. Licenciado en Filosofía por la USAL. Licenciado en Psicología por la UP. Licenciado en Ciencias Políticas por la UCA. Licenciado en Comunicación por la UCES.

Voces ensortijadas. 36. Las pausitas necesarias en la vida. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 36

Las pausitas necesarias en la vida

Por María Gabriela López Suárez

El viento que corre esta mañana en que tecleo estas líneas me trae mensajes del cambio del tiempo, como dijeran en la familia, ya huele a Todo-santo. También es un anuncio del regreso a nuestro horario normal y que finaliza el de verano. 

La semana se pasó volando, como desde hace varios años, el tiempo va que vuela, entre las diversas labores cotidianas que cada persona realiza y las nuevas tareas que se han generado en la contingencia sanitaria. Sin embargo, no hay marcha atrás, eso es una realidad. Como dijera una frase de la serie documental  Ésta es mi tierra, por Terenci Moix,  de Televisión Española,   “el tiempo es el gran terror del hombre”.

En esa vertiginosa serie de actividades se va pasando la vida, entre el no tengo tiempo. Es probable que una no se percate hasta que algo inesperado nos vuelva la atención al aquí y al ahora, a lo esencial, a lo prioritario. Hacer una pausa nos permite mucho. Entre las ideas que se me vienen ahora al hacer pausas están, apreciar las cosas, observar los detalles más simples de lo cotidiano, disfrutar de la respiración, de contemplar un paisaje natural, sola o acompañada, de agradecer la vida y los regalos que se tienen, de escuchar la melodía que hay en cada paisaje sonoro que nos rodea, de leer por placer… Y por si fuera poco, las pausas nos ayudan a escuchar a nuestro cuerpo y a cuidarlo, de ahí que sean prioritarias.

De igual manera, nos permite  compartir momentos con nuestros seres amados, decirles que les queremos, sí, aunque no sea por celebración de algo en específico,  lo importante es que lo sepan y lo sientan a través de nuestras acciones, detalles o mensajes desde el corazón. Nos ayuda a recordar a las personas y seres que han partido pero quedan en nuestro corazón, a honrar su memoria, depositar ofrendas o hacer oración.

El mes de septiembre llega a su término, me trae a la memoria que es un  mes donde recuerdo la partida de familiares y amistades, es un mes de nostalgia pero también de agradecer el haberles tenido en la vida, de llevarles en el corazón y en la memoria. Hoy hice una de esas pausitas necesarias en la vida, el corazón se siente reconfortado y el cuerpo agradecido. Mi sentido del olfato y el gusto también lo agradecen porque en ese receso me di la oportunidad de cocinar la sopa de champiñones que tanto disfruto y tenía pendiente preparar.

Les invito a darse la oportunidad de hacer pausas en su cotidianidad, es un regalo merecido.





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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 36. Caja de colores. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 36

Caja de colores
(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano

 

Cuando era muy joven me di cuenta de que en mi vida había demasiados colores. De niña no me fijé y borroneé con mis lápices todo aquello que se me pusiera enfrente; de adolescente hubo demasiados negros y grises, porque fue en esa etapa donde viví mis peores etapas de depresión.
            Cuando me percaté de que la vida era una caja de colores, seleccioné aquellos que me iban bien y sólo usé ésos, con distintos matices. Los demás, a la caja, que cerré con cuidado.
            Hubo que escoger un hombre y me decanté por uno que me parecía más o menos monótono, porque ya había conocido algunos de colores estridentes, chillantes, de los que hui como la peste. Pasivo, tranquilo, afable. Así era mi estable pareja.
            Levanté una empresa de la nada y me volví una directora responsable y capaz; mi mano derecha resultó ser un joven que, en un principio, me pareció gay, hasta que descubrí su masculinidad profunda. Un día me confesó su admiración, por mi invariabilidad de carácter. Le conté mi teoría de los lápices.
            Él me dijo que para hacer lo que había hecho se requería no sólo inteligencia, sino voluntad, disciplina, virtudes que él no tenía: “Mi vida saca los colores que quiera y con ellos ha pintado mi pasado, me pinta ahora y seguirá pintado mi futuro. No tengo control sobre los lápices”.
            Decidí ayudarlo y lo volví mi amante. Me encantaban, en la entrega, sus amarillos dulces, sus naranjas tiernos, sus violetas agresivos, sus azules dominantes. Pero eran de él y yo los gozaba como cuando te comes un helado, pero sabes que esa frialdad que toca tu lengua viene de fuera, que tú no estás hecha de hielo.
            Un día descubrí, sin querer, que mi joven amante tenía otra pareja y que mi marido, el comprensivo, el pasivo, también tenía a alguien más. 
            Es decir, yo controlaba mis colores, pero la vida, a través de mis hombres, y transitivamente, a través de sus respectivas amantes, me volvía a pintar de formas que escapaban de mi control. 
           Nunca puedes cerrar la caja, concluí, porque la vida es una explosión de colores que, por mucho que hagas, te pintará con muchas y diversas rayas imprevistas.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Paso de fuego. Te: el sendero del signo luminoso. 1. Alejandro Aldana

Por Alejandro Aldana*

Te ∞: el sendero del signo luminoso *

                                Para Luz y Emiliano


En el presente ensayo estudiaremos el libro Te ∞, de Ulises Córdova, desde una categoría fundamental para el análisis del lenguaje: la pragmática del discurso. Ulises Córdoba es un poeta nacido en San Cristóbal de Las Casas, cuenta con una extensa obra poética. He escogido disertar sobre la pragmática partiendo de los poemas que constituyen su libro Te Infinito, ya que debido a la calidad de los textos y la búsqueda estética permiten ampliamente abordar el tema. 
            La poesía representa una búsqueda en dos sentidos, al menos, por un lado, tenemos la experiencia del proceso creativo que implica al autor, esa voz que llamamos lírica que se desdobla y se expresa en los versos. Y la segunda posibilidad de la búsqueda la tenemos en el lector, así se establece en espiral una relación que avanza, se profundiza, se crea y recrea, que siempre se está moviendo y está en permanente cambio. 
            Durante las siguientes cuartillas trataré de establecer la naturaleza de esa relación estética, partiendo de los poemas de este excelente poeta chiapaneco. Así pues, los invito a adentrarse junto conmigo al mundo del lenguaje y la creación estética. 
            La fuente histórica de la pragmática la encontramos en la filosofía del lenguaje. Charles Morris identificó tres campos de estudio sobre los signos, ubicándolos de la siguiente manera: sintaxis, semántica y pragmática, entendiendo esta última como la relación de los signos en relación con los intérpretes. El interés se centra en cuál es el significado del lenguaje cuando es usado. Es importante señalar que el énfasis del estudio está en los factores contextuales, en el significado de las expresiones lingüísticas.

(Continua en la siguiente entrega)...

Fotografía: Miguel Á. Padriñán, por Pexels

*Sobre el texto:

«Te ∞: el sendero del signo luminoso» es un ensayo que analiza la obra del libro de Ulises Córdova, poeta mexicano nacido en San Cristobal de Las Casas.

En esta revista estaremos compartiendo, en las próximas cuatro entregas, el ensayo completo del maestro Aldana.

Sobre Alejandro Aldana Sellschopp

Investigador, promotor cultural, editor, ensayista y narrador.

Ha sido becario de: FOESCA (Emisiones 1999-2000 y 2000-2001), PACMYC, fue becario del FONCA (2003-2004) en el programa de Jóvenes Creadores en la modalidad de novela. Está incluido en la antología del FONCA – Jóvenes Creadores generación 2003-2004.

Ha publicado: Tiempo a Contrapunto (UNAM- Espacio Cultural Jaime Sabines),  Nudo de Serpientes (Novela). Su cuento Diario de un lobo está incluido en la antología Inventa la memoria (Alfaguara). La novela en Chiapas, antología (Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas en el 2018).

Voces ensortijadas. 35. Historias sobre el maíz. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 35

Historias sobre el maíz

Por María Gabriela López Suárez

Esa mañana amaneció nublado, con mucho viento y  una brizna de lluvia, el clima era frío. Mariela se percató de esta sensación friecita cuando abrió la ventana, a lo lejos estaba su papá entre la milpa cortando elotes. Ella no tenía contemplado ir a la milpa y menos con ese clima. Sin embargo, se animó a ir para ayudarle.

Al ir caminando observó la milpa jiloteando,  fue sintiendo el aroma a tierra mojada, la textura de las hojas y cómo sus pasos iban entrando en contacto con la tierra. A medida que avanzaba iba cuidando para no pisar las flores de calabaza. Llegó hasta donde estaba su papá, le ayudó y regresaron con los elotes dentro de un costal.

Pusieron el costal en el piso y se sentaron para irlos pelando; separaban las hojas, los cabellos y los elotes. Mientras hacían esta tarea Mariela recordó la fase de la siembra, don Arturo, su papá, era muy cuidadoso en la selección de los granos del maíz. También acostumbraba sembrar semillas de calabaza y a veces de frijol, esto con el fin de ir nutriendo la tierra.

La época de la cosecha de elotes era la más esperada, primero porque significaba que la semilla sembrada había dado frutos, sinónimo de buena cosecha y también porque era una manera de proveer a la economía de la casa. Para Mariela y sus hermanos representaba la oportunidad de comer elotes, hervidos o asados. Las tías preparaban atoles de elote y agrio, así como tamales y pan de elote. Y cómo olvidar las tortillas que hacía la abuelita Tina con maíz nuevo, llenaba sus peroles de nixtamal[1] y hacía las bolas de masa de maíz amarillo para preparar la bebida de pozol[2].

Cuando el grano había madurado, es decir, ya era maíz, venía la etapa de desgranar, que podía ser con ayuda de una máquina o de manera manual. La segunda opción, aunque era más lenta, era la que le gustaba más a Mariela, se sentaban en la mesa varios integrantes de la familia, cada quien con su mazorca en mano y mientras iban desgranando conversaban para hacer la tarea más amena. Algunos ya tenían su técnica para avanzar más rápido, como usar un cuchillo, auxiliarse de otra mazorca o dejar una hilera completamente vacía y de ahí iniciar el desgrane.

Ahora que lo reflexionaba, en realidad el maíz representaba una especie de fiesta, porque varias de las actividades se hacían en colectivo y cada etapa tenía su procedimiento, sus elementos simbólicos. Vinieron a la mente sus clases de historia de México, hombre y mujeres de maíz, al tiempo que pensaba la diversidad de historias sobre el maíz que tendría cada familia. En eso estaba cuando se dio cuenta que ya habían terminado de pelar los elotes, era momento de ponerlos a cocer y la tarea le correspondía a otro integrante de la familia.

– ¡Alfonso te toca cocer los elotes! Ya están listos.


[1]       Nixtamal: Maíz cocido con agua y cal, se deja reposar toda la noche. Se usa para elaborar tortillas y comidas como el pozole.

[2] Pozol: Bebida tradicional a base de maiz, se suele mezclar tambien con cacao. Se consume en el sur de México y Centroamérica, es muy seguramente una herencia Maya y Azteca. Se diferencia del pozole en que este es un platillo caliente que se cocina con carne y su consumo está más extendido en el centro y occidente de México.





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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.