…filosofía para vos y para ti…

Por Teoría en pocos minutos*

Platón

Acorde al canon de la filosofía, conocemos al primer gran pensador de forma más genuina, quien es Sócrates, gracias al, en primera instancia, poeta que nos atañe hoy, esto según los Grandes iniciados, y quien continuaría con el teatro en la Grecia Antigua. El retrato más vívido del primer filósofo, incluso más que otras menciones de éste, como las de Jenofonte, según la Historia de la Filosofía de Fraile, se las debemos a Platón. Entre la admiración y la dudosa veracidad de sus palabras, conocemos más profundamente a este sino en palabras del propio Platón, su discípulo al margen, primero en sobreponerse a esa barrera de transmisión de conocimiento (episteme) de forma oral, poniendo de manifiesto y por escrito, todas las vicisitudes del método mayéutico, con respecto de Sócrates y los sofistas que, en algún punto, la crítica ha procurado para saber si sus Diálogos son más un reflejo del maestro, Sócrates, o del gran discípulo y bello poeta, Platón. Fue este último, a su vez, el primer poeta que tocó el terreno de la filosofía.
            En sus Diálogos, podemos encontrar un sin número de conversaciones elevadas, de carácter tanto terrenal como simbólico, sobre las diferentes dudas y problemas a resolver por el hombre. Porque todo ser pensante es ser de duda, y un incansable persecutor de respuestas. Estos conversatorios entre Sócrates y los sofistas, iban desde temas como el amor, la belleza, la verdad, la poesía, del alma, amistad, templanza, valor, y todo cuanto es propio del pensamiento y la conducta humana, todo aquello que le importa al hombre para el bien vivir.
            Existen en Platón innumerables propuestas, y acaso todos los temas de la filosofía que nos siguen como bellas sombras esperando ser vistas, exceptuando algunas ramas contemporáneas que han surgido por el mismo adentramiento a otras áreas, como serían las ciencias empíricas, la psicología, la semiótica, entre algunas otras. Por eso, A. N. Whitehead señala, en algún sentido justo, que “Toda la filosofía occidental es una serie de notas a pie de página de la filosofía platónica.” Tenemos entonces en Platón el primer gran índice de tópicos y temas a tratar por la historia de la filosofía.
            Entre la importancia de sus líneas tenemos memorables pasajes, como los de la caverna, la postura del mundo sensible (imperfecto, terrenal, incapacitado para la verdadera bondad y belleza, espejismo de los valores perfectos) y la del mundo suprasensible (ideal, perfecto, en sí, refleja los valores más altos como la verdad, la bondad y la belleza, la pureza), y señalar que el mundo sensible no es sino tan sólo un reflejo vano del mundo suprasensible. Por ello, se dice que el hombre está en una constante búsqueda de estos elevados valores, y el espíritu se acerca a ello conforme el hombre les trata de rozar un poco con los dedos, con el alma. Platón no es un iluso como muchos piensan, creyendo en mundos soñadores e imaginarios, o que tengan en sí un fundamento sobre las cuestiones materiales en sentido estricto. Es sólo que, para él, algo es más real en cuanto perdura y se extiende por más tiempo, y no hay nada que perdure más que las esencias eternas, como la belleza en sí, o una verdad ontológica (del ser).
            Podemos decir que la alegoría de la Caverna de Platón es, junto al resto de su República, donde plasma su idea de una organización sociopolítica perfecta desde su cosmovisión, uno de las representaciones más conocidas del filósofo. Este mito no es sólo dirigido a una visión idealista, sino que se refiere a todo aquel que, al pensar, reflexionar, sale a buscar la verdad, cegadora y nada caprichosa, y cuando por fin puede aceptar su luz, vuelve adentro e intenta llevar a todos ese entendimiento, aquella verdad. A lo largo de la historia, podemos darnos cuenta que, en la mayoría de instancias, lo que menos le importa a la gente es saber la verdad o sobre ella, y menos cuando es incapaz de ajustarse a lo que les es más cómodo. Todo filósofo tiene como primer deber salir de la caverna, aun sabiendo que no todos le escucharán al volver dentro de ella. Por eso, con singular perpetuidad, el filósofo es la persona más incómoda en la sociedad, de vez en vez, de tiempo en tiempo.
            Otros de los grandes trayectos por los que Platón nos lleva, se muestra en el Symposio, o Banquete, donde, después de los cinco discursos de los otros asistentes a la mesa de embriaguez, Sócrates cierra con el sentido último del amor, del eros. Señala ahí que el amor es más como un pasadizo, como una unión, un puente entre lo mortal y lo inmortal, se puede amar el cuerpo, a lo mortal (Pandemo), y a lo inmortal, al alma (Uranio), Señala también ahí, que el amor es hijo de Penía (pobreza), y también de Poros (recurso), lo que nos lleva a esa contradicción de la unión, de una extraña interdependencia del mortal por abarcar lo inmortal, de la finitud por abarcar la atemporalidad. El deseo eterno del sumo bien. De lo que se carece, pero se busca inmortalizar desde la mortalidad.
            Con grata complacencia, podemos decir que el diálogo que retrata de la forma más sublime a su maestro, Sócrates, es su juicio y apología, el primero de los Diálogos platónicos. La actitud de Sócrates ante la injusta e inminente muerte no sino la de un mártir, y creo que antecede a lo dicho siglos después en la máxima romana del Derecho (Dura Lex, Sed Lex, o “La ley es dura, pero es ley”). Sócrates decide no irse al exilio y escapar de beber la cicuta, y, muy a pesar de ser injusto lo imputado como crimen por corromper a la juventud ateniense, prefiere quedarse a morir, como ciudadano, como hombre. Un caso totalmente contrario, fue el del estagirita, Aristóteles, quien, después de morir Alejandro el Grande, quien fue pupilo suyo, prefiere irse de Atenas, diciendo que en ese mismo lugar no se iba a cometer tal pecado dos veces, refiriéndose a Sócrates.
            Este último diálogo es el gran inicio de los Diálogos platónicos, pero el culmen del máximo deber del filósofo, del pensador entregado, para el cual la muerte no es sino el paso a topar de frente la verdad, y dejar de remar sin rumbo hacia donde apunta el sol al ocaso. Cuando pensemos en desear nuestras propias reflexiones, en emprender el camino del filósofo, antes de hacernos cualquier otra pregunta debemos hacernos la siguiente: ¿Estoy, dado el momento, dispuesto a beber de la cicuta de la infamia que envenena el alma; del nulo entendimiento de los otros; de la necedad social de las masas? Sólo entonces si el deseo de buscar la verdad es superior al miedo de las consecuencias, se puede ver el nacimiento de un nuevo filósofo.  

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*Sobre Teroría en pocos minutos:

“Teoría en pocos minutos” es un grupo de autores** y estudiosos que busca difundir su conocimiento sobre humanismo y hacerlo accesible al público en general. Puedes seguirlos en: Teoría en pocos minutos.

**Sobre los autores:

Alejandro Segura Chávez. México, 1994. Redactor sobre Ciencia, psicología, filosofía, política, tecnología, literatura y poesía. Es Licenciado en Psicología por la Universidad de Guadalajara. Director del podcast Psico-Filosofando en Spotify. Divulgador en YouTube.

Daniel Omar Stchigel. Argentina, 1968. Redactor oficial en Noticias sobre Filosofía. Autor de más de veinte libros de filosofía fenomenológica y epistemología. Doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires. Profesor Universitario y Mágister en Psicoanálisis por la Universidad Argentina John F. Kennedy. Por catorce años fue profesor titular de Filosofía, Lógica, Antropología filosófica, Bioética, Deontología de la profesión docente y Desarrollo de las Corrientes Filosóficas. Es experto en Husserl, sobre quien basó su tesis de doctorado, y en Lacan, sobre quien hizo su tesis de magisterio.

Everardo Ivaán Contreras Brito. México, 1998. Redactor oficial de Crítica y Reseña Literaria. Recientemente publicó Poesía Estándar: Antología (2019). Licenciante de la carrera en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Chihuahua.

Francisco Tomás González Cabañas. Corrientes, Argentina, 1980. Ensayista. Licenciado en Filosofía por la USAL. Licenciado en Psicología por la UP. Licenciado en Ciencias Políticas por la UCA. Licenciado en Comunicación por la UCES.