Polvo del camino/ 36

Caja de colores
(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano

 

Cuando era muy joven me di cuenta de que en mi vida había demasiados colores. De niña no me fijé y borroneé con mis lápices todo aquello que se me pusiera enfrente; de adolescente hubo demasiados negros y grises, porque fue en esa etapa donde viví mis peores etapas de depresión.
            Cuando me percaté de que la vida era una caja de colores, seleccioné aquellos que me iban bien y sólo usé ésos, con distintos matices. Los demás, a la caja, que cerré con cuidado.
            Hubo que escoger un hombre y me decanté por uno que me parecía más o menos monótono, porque ya había conocido algunos de colores estridentes, chillantes, de los que hui como la peste. Pasivo, tranquilo, afable. Así era mi estable pareja.
            Levanté una empresa de la nada y me volví una directora responsable y capaz; mi mano derecha resultó ser un joven que, en un principio, me pareció gay, hasta que descubrí su masculinidad profunda. Un día me confesó su admiración, por mi invariabilidad de carácter. Le conté mi teoría de los lápices.
            Él me dijo que para hacer lo que había hecho se requería no sólo inteligencia, sino voluntad, disciplina, virtudes que él no tenía: “Mi vida saca los colores que quiera y con ellos ha pintado mi pasado, me pinta ahora y seguirá pintado mi futuro. No tengo control sobre los lápices”.
            Decidí ayudarlo y lo volví mi amante. Me encantaban, en la entrega, sus amarillos dulces, sus naranjas tiernos, sus violetas agresivos, sus azules dominantes. Pero eran de él y yo los gozaba como cuando te comes un helado, pero sabes que esa frialdad que toca tu lengua viene de fuera, que tú no estás hecha de hielo.
            Un día descubrí, sin querer, que mi joven amante tenía otra pareja y que mi marido, el comprensivo, el pasivo, también tenía a alguien más. 
            Es decir, yo controlaba mis colores, pero la vida, a través de mis hombres, y transitivamente, a través de sus respectivas amantes, me volvía a pintar de formas que escapaban de mi control. 
           Nunca puedes cerrar la caja, concluí, porque la vida es una explosión de colores que, por mucho que hagas, te pintará con muchas y diversas rayas imprevistas.

Contactos: hectorcortesm@gmail.com
Fotografía: Nadia Carolina Cortés Vázquez.

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com