Librero del uroboro. 17. Memoria de chica. Ilse Ibarra Baumann

Memoria de chica

Por Ilse Ibarra Baumann

Una de mis amigas virtuales, a quien leo porque también le gusta la literatura, hizo un comentario corto sobre Annie Ernaux. Algo así como “hay que leerla”. Yo desconocía que ganó el Noble de literatura en el 2022, sin embargo anoté su nombre en mis notas del iPhone y al poco tiempo compré dos de sus obras en una librería. 
         Ya saben, cuando uno ve un racimo de libros del mismo autor, se pone a leer la contraportada para ver cuál le convence (debería leer primero el que se considera el mejor). Seguro que por ser mujer y por la nostalgia del pasado tomé este que ven aquí. 
          La obra de Ernaux es autobiográfica (supongo que todas lo son de alguna manera), y porque soy chismosa, y porque tiene el atrevimiento de exhibirse, para mí ya tiene palomita. 
La técnica de esta novela me gustó, habla en primera persona (un poco) y recalca el: Yo. Casi toda está escrita en tercera persona del singular: “Ella”. 
         Al escribir esta novela Ernaux ronda los setenta años, al rememorar su pasado, con el tiempo tan lejano (diacrónico), ya no se siente Yo (la vieja) y la aparta para ser Ella, la lejana (la joven). 
        A ratos la narrativa resulta rebuscada. Como perdida en laberintos existencialistas. 

“A aquella chica del invierno de 1959, la veo en una afirmación orgullosa de la voluntad, empeñada en perseguir fines que le van hundiendo poco a poco en la desgracia. Una especie de voluntad desdichada”. 

De hecho siente una influencia (a sus 19 años) por la obra de Sartre. Esta inspiración la lleva a tener arranques que quizás no hubiera tenido si no lo lee a temprana edad. 

“He empezado a hacer de mí un ser literario, alguien que vive las cosas como si un día debieran escribirse.”
Fotografía: I. I. B




Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. En 2021 obtuvo un Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Librero del uroboro. 16. Una historia de amor y oscuridad. Ilse Ibarra Baumann

Una historia de amor y oscuridad

Por Ilse Ibarra Baumann

Estaba tranquila porque sabía que estaba esperándome en mi buró. Teníamos una relación algo así como el novio que viene a checar cada noche y con el que no quieres cortar porque lo amas. Hoy que ya lo terminé me siento triste. De hecho estoy muy triste. Era un libro de muchas páginas y desde la primera hoja hizo que le quisiera. Como si me hubiera regalado rosas rojas en el segundo renglón, y después leía un poco más y me daba rosas rosas y así. Iba dejando regalos o cumplidos o me daba a conocer sus situaciones vulnerables o me entristecías por sus aprehensiones o me ponía a indagar en el internet sobre los bundistas, los sionistas, los bújaros, los fedayines, sobre Ben Gurión, Menahem Begin... o me deslumbraba por sus conocimientos.

Cuando alguien te vuelve su confidente es porque ha encontrado en ti seguridad, quizás algo de sensatez y también de amistad. ¿Será que Amos Oz pensó que todo el que leyera este libro debía tener algo de eso? En esta obra, que para mí es lo mejor que le he leído, me abrió las puertas de su corazón. Me habló de sus padres, de sus abuelos, de sus tías, de sus vecinos, de los compañeros suyos y de sus padres, y de muchas personas más que se cruzaron en su camino. También habló de él, se sentía el vertedero de los temores o los anhelos de sus padres (como todos, supongo). En pocas palabra, hizo del lector su confidente de algo tan personal como los secretos de su vida y, además, ejemplificó el anhelo y la resignación de los judíos con que recibieron su tierra prometida.

Fotografía: I. I. B




Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas, México. En 2021 obtuvo un Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Librero del uroboro. 15. El verbo se hizo sexo. Ilse Ibarra Baumann

El verbo se hizo sexo

Por Ilse Ibarra Baumann

He aquí este hallazgo que se reedita por tercera vez 91 años después. Las dos primeras ediciones fueron en 1931. Yo pensé (malamente) que la novela iba a dar testimonios milagrosos por parte de la santa y me encuentro con que es una mujer que ve visiones y son, más bien, síntomas de alguna patología psiquiátrica. 
          Al final de la novela la madre Teresa escribe sus revelaciones por petición del Santo Oficio quienes trataban de enjuiciarla para poder quemarla. Ella cuenta que ve a Dios: Jesús hombre, a quien ha convertido en ángel, trae un dardo de oro que le mete en las entrañas y la hace temblar y ver el mundo maravilloso. De ahí el título del libro: El verbo se hizo sexo. 

Ramón J. Sender exhibe la condición terrenal de Teresa de Ávila. 

“Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí:
cuando el corazón le di
puso en él este letrero,
que muero porque no muero.

Esta divina prisión,
del amor en que yo vivo,
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.”
Fotografía: I. I. B
Fotografía: cottonbro

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas. Actualmente cursa el Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Parábolas del uroboro. 14. Verdad oculta en la ironía. Ilse Ibarra Baumann

Por Ilse Ibarra Baumann

Al borde de la ironía

            

Cuando se habla de verdad se está en tierra firme. No hay dobleces ni disimulos; no hay burlas o engaños. Esta zona pertenece a la formalidad, a los valores que ocupan un lugar real. 

Cuando la ironía se presenta con toques de verdad el valor de lo dicho se ha fragmentado, representa la imagen de un espejo roto. Esta posibilidad fuera de orden no puede ser absoluta, por lo tanto, está en el borde de que su “verdad” carezca de seriedad. “La seriedad del serio no le conviene a la seriedad de la ironía: en la medida en que ésta emprende otro camino, su verdad será de distinta naturaleza.” (Schoentjes, 2003, p. 179). 

El lenguaje es asombroso, cuando se habla se remueve desde el interior; a veces se altera la significación y cambia el rumbo pero siempre se está en constante vaivén, si el decir en serio es estabilizar una idea, el irónico tratará de modificarla; mejorará su agilidad mental de dualidad al paso del tiempo y de la práctica para terminar siendo un irónico agudo, sus acciones se tornan inmanentes a su modo de expresar y muchas veces pasarán inadvertidas en el ámbito exterior, apenas si dejarán rastro; pero por dentro se ha configurado; él es producto de una disciplina.

No hay manera de evitar que sus acciones se labren. Él es por lo que hace y se retroalimenta regresando a su verdad oculta. Para el crítico literario canadiense Northrop Frye: 

“El término ironía designa una técnica que consiste en mostrarse inferior a lo que en realidad se es; esto en literatura se convierte casi siempre en una técnica que consiste en decir lo menos para significar lo más, o, de manera más general, se trata de una disposición verbal que se aparta de toda afirmación directa o de su propio sentido manifiesto” (Schoentjes, 2003: 182)

Northrop regresa en su definición a la antigua ironía socrática: “yo sólo sé que no sé nada”. El significado, en resumen, que dio Helena Beristaín sobre la ironía es: oponer el significado para burlarse. Se podría decir que el fin último de la ironía es dejar en ridículo a alguien. 

Pero dentro de esta figura que afecta la lógica del pensamiento se han adosado otras que pueden componer una estructura parecida. “La ironía cuenta con muchas prácticas, como la sátira, el humor y lo cómico, el sarcasmo y el cinismo, y la parodia.” (Schoentjes, 2003, p. 183). 

La sátira, que viene del latín y etimológicamente hablando proviene de satura, representa algo colmado, saturado. El fin de los versos satíricos era poner a alguien en ridículo por sus defectos morales o las causas que éste origina infringiendo abusos a la sociedad. 

La diferencia que estriba entre estas dos figuras como lo menciona Pierre Schoentjes sería: “Mientras que la ironía propone una pregunta y se esfuerza por poner en entredicho las verdades, la sátira impone una respuesta inferida de una norma moral rígida”. (Schoentjes, 2003, p. 185). 

El satírico se siente poseído de una moral superior, hoy día está tan adolecida la moral que es difícil encontrar a la sátira como un ejercicio literario en crecimiento. “La ironía es siempre (…) una adhesión, se muestra más lúcida y menos moralizadora que la sátira. El irónico puede ser crítico, pero cuando lo es, se expresa al menos en una cierta comunión de espíritu con su víctima.”  (Schoentjes, 2003, p. 186). 

Este servicio que le presta la víctima es necesario para salir un momento de su mundo, se ríe de lo que lo frustra pero sin hacer evidente su desilusión. El irónico no critica para dar una retroalimentación, anda buscando los errores de los demás en los que él pueda tener una cabida de solidaridad disimulada. “La ironía es mejor pedagogo que la sátira en tanto pide la participación del que interpreta. (…) la agresividad de la sátira va mucho más allá que la de la ironía.” (Schoentjes, 2003, p. 186). 

El sarcasmo es una cierta ironía pero en sentido cruel o ridículo. Un ejemplo de la diferencia entre estas dos figuras que se asocian lo da Hugo Pratt en su obra en voz de uno de sus personajes: “«Tú quisieras ser irónico, pero sólo llegas a sarcástico (…) y entre los dos hay la misma diferencia que entre un eructo y un suspiro.»” (Schoentjes, 2003, p. 193).

El cinismo es un acto fuera de las normas, es el desprecio hacia los convenios sociales que resalta sobre lo demás. Para la escuela cínica liderada por Diógenes, el hombre virtuoso es aquel que satisface su vida con las modestas necesidades que da la naturaleza. Si el hombre se apega al poder, a la riqueza, a los placeres… entonces se vuelve despreciable y lo harán entrar en razón arguyendo el desvarío de sus ideas de manera peyorativa hasta llevarlo a la insolencia. 

“La maldad del cinismo no se explica por una animosidad hacia una persona, pues los ataques más bien se dirigen para socavar los cimientos convencionales de la moral de los hombres para encontrar una ética que estaría próxima a la naturaleza. (…) el cinismo vuelve todas las verdades del revés y se procura su satisfacción viendo la ruina que deja tras de sí” (Schoentjes, 2003, p. 194).

El pastiche representa la imitación de una obra ya sea por su fondo o su forma. Se sustenta en el intertexto y reincide en el acercamiento y la verosimilitud hacia el texto literario. Esta práctica se puede concebir de dos maneras: por la admiración al autor que lo lleva a una imitación fiel (podría lindar con el plagio) o por señalar (irónicamente) los defectos en las que incurre el autor. 

“La ironía del pastiche es, pues, una ironía obtenida mediante el acrecentamiento de las particularidades estilísticas y la exageración de los juicios aceptados. Mediante la hipérbole, la ironía se apoya en un ejercicio de expansión (…) utiliza la antífrasis cuando, so pretexto de magnificar a un autor, lo que hace es mostrar sus defectos” (Schoentjes, 2003, p. 196-197).

La parodia es imitación de una obra, de un género, de un estilo, de un tema en forma de burla. A diferencia del pastiche, permite que la imitación que realiza sea adivinada. Cuando el autor logra transmitir esta exhibición de su dominio dentro de obras clásicas (aunque no siempre tiene que recurrir a cánones de la literatura), demuestra sus conocimientos sobre los demás. 

Don Quijote de la Mancha es una parodia a las novelas de caballería. “el término parodia se usa mucho hoy día para referirse a las ironías que tienen relación con la intertextualidad, desde la alusión concreta hasta la reescritura, pasando por las (seudo-)citas de longitud variable” (Schoentjes, 2003 p. 200), y siendo irónicos y congruentes con todo este apartado.

(Continúa en la siguiente entrega…)

Fotografía: cottonbro

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas. Actualmente cursa el Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Sobre el artículo:

Los textos de las serie corresponden al volumen <<La ironía, esencia de Juan José Arreola, con énfasis en La parábola del trueque>>.

Parábolas del uroboro. 13. Verdad oculta en la ironía. Ilse Ibarra Baumann

Por Ilse Ibarra Baumann

El zorro en el espejo

Al analizar el sentido irónico se determina su carácter de ser. Equiparar a la ironía con otros objetos es fijarla a la fama que se ha hecho a lo largo de su historia. Este disimulo manipulado por el hombre, que a la vez es lineal-perfecto y secreto-imperfecto ha sido relacionado con el zorro. 

es la tradición popular la que atribuye a este animal las mismas cualidades y defectos del irónico: los dos son inteligentes y hábiles, pero al tiempo simuladores y peligrosos. La ironía es astucia y toda la ambigüedad de esta palabra, sus connotaciones positivas y negativas se encuentran encarnadas perfectamente en la figura del zorro. (Schoentjes, 2003, p. 169)

La astucia del zorro lleva a la desconfianza. En el momento en que se emplea a este animal como objeto de artimaña para sus propios fines, se puntualiza en que el ejecutor de la fábula parte de unos conocimientos verdaderos incapaces de generar consideración. 

A lo largo de la literatura se encuentra este tipo de comparación dando una doble vía al significado ya que encajonar a la ironía en una sólo idea resulta insuficiente. Tomar al zorro como ícono de artimaña ha sido usado por muchos escritores, entre ellos está Shakespeare: “Falso de corazón, ligero de oído (…) en astucia, un zorro” (Shakespeare, 1982, p. 43). 

El creador de los dobles sentidos siente la obligación de enseñanza a su adversario, lo hará ver sus errores partiendo de un hecho real. Familiarizado con los yerros que lo han vuelto más consciente de su realidad, hará que los malos momentos aparezcan en boca de otros o en situaciones de otros. 

La espada, con su doble filo, actúa también como un emblema más de la ironía. La lengua también se considera una espada de doble filo. Por un lado hiere y por el otro se protege ¿se miente o se dice enserio? ¿Cómo se puede conocer el bien sin haber probado el mal? 

Lo irónico se encuentra cuando se exhibe el bien y trata de alcanzar la maldad. Sin embargo, si se expusiera el mal (que llama más la atención) se caería a la impotencia de la realidad. En la vil flaqueza humana cargada de errores, el necio rumbo del hombre. Pierre Schoentjes dice: 

Mientras que la imagen del arma acentúa la agresión en la ironía, la de la máscara recuerda el disimulo que le es propio. Este cambio de acento no significa que haya desaparecido toda idea de violencia: la caperuza del verdugo es una máscara e, incluso fuera del contexto del castigo, se reconoce la superioridad del enmascarado sobre el que va a cara descubierta. (Schoentjes, 2003, p. 172)  

La máscara actúa como un instrumento que se coloca antes de, muchas veces se adapta tanto que su fingimiento se vuelve casi real, digamos que dentro existe una doble influencia: positiva y negativa o real y ficticia. 

Como dice Octavio Paz en Máscaras mexicanas “En suma, entre la realidad y su persona establece una muralla” (Paz, 1972, p. 26) pero es una muralla de desdicha, porque se ha optado por no respetar la condición humana y trata de figurarla. “¿hasta qué punto el mentiroso de veras miente, de veras se propone engañar?; ¿no es él la primera víctima de sus engaños y no es así mismo a quien se engaña? El mentiroso se miente a sí mismo: tiene miedo de sí.” (Paz, 1972, p. 30) 

Pero la máscara no puede ser perene, una y otra vez se superpone y poco a poco va revelando esa realidad oculta que trata de confundir.

            Otra de las representaciones de la ironía es el espejo que desarrolla una o más imágenes a la ya existente. Para Schoentjes a diferencia de la máscara que cubre la cara, el espejo pone una misma cara que es un doble. Lewis Carroll en Al otro lado del espejo cita la palabra clave con la que Alicia dice la mitad de sus cosas que es “Finjamos…” por lo tanto va a fingir que la imagen que aparece en el espejo recobra una vida distinta a la que es, sin embargo le dice a Kitty: “los libros son más o menos iguales a los nuestros, sólo que las palabras corren a la inversa. Lo sé, porque he acercado uno de nuestros libros al espejo, y luego sostienen otro en la otra habitación.” (Carroll, 1972, p. 121) 

            Aquí existe un juego de analogía, que si bien es lo mismo, su posición es relativa. “La inversión irónica que realiza el espejo no abarca sólo el yo, sino también el mundo. Por eso trastorna la jerarquía entre el arte y la naturaleza, entre la representación y la realidad” (Schoentjes, 2003, p. 176) 

El espejo actúa como un medio virtual para mirar la representación mejor de un objeto, nos lo duplica. Se sabe que no son dos, sino que la superficie plana ha robado la imagen para generar nuevos estímulos.   

            El zorro, la espada, la máscara y el espejo son parte de los artificios con los que cuenta el irónico en su turbación al haber enfrentado este mundo real, le permite distanciar lo que es de lo que desea. Muchas veces es preferible abdicar detrás de, que enfrentar. Se ha engañado él mismo y será mejor aparentar modestia que vanagloriarse. Por eso, cuando Pierre Schoentjes menciona la cita del Diario de Jules Renard: “La ironía es el pudor de la humanidad” (Schoentjes, 2003: 172) no se sabe si es preferible conmoverse del irónico que condenar sus burlas. Entre su ser y su parecer ha puesto un muro; al fallarse internamente trata de redimir su culpa insertando a la vida el sueño ideal o mofándose de él. Faltándole al respeto lo ve de cerca en la informalidad.

(Continúa en la siguiente entrega…)

Fotografía: cottonbro

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas. Actualmente cursa el Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Sobre el artículo:

Los textos de las serie corresponden al volumen <<La ironía, esencia de Juan José Arreola, con énfasis en La parábola del trueque>>.

Parábolas del uroboro. 12. Verdad oculta en la ironía. Ilse Ibarra Baumann

Por Ilse Ibarra Bauman

Componentes de la ironía

Este juego de conciencia está compuesto por el irónico, la víctima y el observador. En muchas ocasiones la intención del irónico pasa de largo sin hacer mella en el blanco, sin embargo, los demás que están presentes captan el juego de palabras que va de un sentido literal a uno oculto. Uno de los ejemplos que pone Schoentjes:

“… en Madame Bovary cuando Carlos escribe a Rodolfo para hacerle saber que «su mujer está a su disposición». Pretende simplemente anunciarle que está lista para el paseo a caballo, pero la frase se lee como si le diera permiso para seducir a Emma. Carlos hace aquí ironía muy a su pesar; en realidad, él es el blanco de la ironía de Flaubert, que al poner en la pluma de Carlos palabras cuya carga no comprende el personaje, hace ironía a través de él. (Schoentjes, 2003, p. 162-163) 

El lector se ha sentado a la mesa del irónico y constituirá en algunas circunstancias, también, sus propios objetivos. Y de algún modo representará otra posibilidad de aguijonear su mundo imperfecto. 

Entonces el lector que pudo pasar como observador, ha cambiado de sitio como víctima para dar sentido al momento irónico. Sin embargo, como se vio anteriormente, no 

siempre resulta eficaz en el irónico este juego; él está necesitado de que su astucia sea interpretada.

Desde esa duplicidad: víctima-verdugo; uno incluye y el otro accede. La víctima será sometida manteniéndola en un escalón más abajo, dejándole un sitio ignorado donde la razón del irónico lo supere, este deja para él una posición más enaltecida desde donde pueda dominarlo.

Cuando se permite el acceso se abre un canal, no sólo de burla, sino de pertenencia a una comunidad que ha decidido: señalar al chivo expiatorio como si éste requiriera de una llamada de atención. “No es raro que la ironía denuncie los defectos compartidos por las personas que constituyen el grupo, incluso los valores constitutivos. La forma indirecta que adopta la crítica permite de alguna manera la expresión de una verdad que no se podría decir abiertamente” (Schoentjes, 2003, p. 165). 

Al no poder estar abiertamente; al requerir como recurso la aprobación y en suma abrirle camino, es lo que permite su existencia. Cada hombre y/o cada grupo tiene sus aficiones organizadas en una estructura tradicional, es decir, en un orden definido de prioridades. 

Cuando este orden ahoga a un individuo y cae en la cuenta que su mundo perfecto el cual está formado de imperfecciones, trata de tapar con un dedo su desilusión; ataca ya sea de forma consciente o instintiva. 

Es por eso que el irónico vive más consciente y sabe que su mundo está rodeado de imperfecciones. “Desde la doble perspectiva de la posición que ocupa y de la moral, Dios es entonces el irónico supremo: es quien se encuentra por encima de todo y de todos y guía a su antojo los destinos de los hombres.” (Schoentjes, 2003, p. 170)

Adelantarse al significado no literal no supone someterse a la ironía, sino precisamente aceptar las dos posibilidades. Atrincherarse es una forma de mantener un juicio, sólo desde esta posición se puede caer en la cuenta de la duplicidad del juego, por un lado la broma y por otro las limitaciones imperfectas del mundo real del irónico que desde su escondite contribuyen parte del mundo colectivo. “Si la ironía crea o refuerza la cohesión dentro de una comunidad, su funcionamiento estriba en la armonía del grupo y en compartir valores comunes. Cada comunidad posee una forma propia de escuchar o leer que corresponde a la mirada que lanza el mundo” (Schoentjes, 2003, p. 165). 

La interpretación parte de una experiencia de su temporalidad. El yo (como ser) en el ahora. No se puede decir que el ser actual es la realidad, sino ese cúmulo de pasado y de imaginación. Lo que se presenta ante los ojos del hombre, su obra, es lo que equivale a sus fines. 

Se puede decir que su propósito es llevar el acto hacia sus límites, unos límites que van en uniformidad para entender que dentro de esa comunidad, la uniformidad domina. Las expresiones que parten de la vida en común: donde se permanece y se envejece, dan lugar al carácter de ser da cada cual, y esto a la formación de su estilo. 

Constituidos en este mundo que sortea contextos desenvainados con doble filo, lo primero que se debe plantear es la posición desde la cual se genera el hecho irónico. Dejarse llevar por una doble idea es el fin: cuestionarse, fijarse en lo que aún no se ha fijado. 

“La ironía es, en efecto, una forma de agresión: el irónico se burla de su víctima pareciendo que le hace un cumplido (…) El objetivo de la ironía es el de batir al adversario en su propio terreno fingiendo estar de acuerdo con sus premisas, con sus valores, con sus maneras de razonar, para exponer que en el fondo son absurdos.” (Schoentjes, 2003, p. 169) 

Por lo tanto, en el entender de la ironía va algo más allá que está lejos de la forma. No hay un determinado entendimiento normal. Dominar la burla no es algo que se pueda calcular de antemano. Distinguir al sentido figurado de lo que no se aprecia y percatarse de que se ha tomado en serio es permanecer despierto, descartar el significado desperfecto que no embona en el contexto.

Divertirse al observar la ironía puede ser un arma de dos filos, pues se está tan cerca de la batalla que al tomar el arma y hacer uso de ella también se está cerca de asestarse. Cuidado, inquietud, gozo, son algunas impresiones cuando sabemos que la más bonita espanta. Las personas que creen a ciencia ciega asumen como algo definitivo lo que se ha dicho, sin embargo se puede estar soñando cuando se está despierto.

Max Scheler en El saber y la cultura afirma las leyes generales: las leyes de la naturaleza y las morales. El preferir un valor a otro son parte de las transformaciones del hombre. “Las imágenes ligadas a la ironía (…) evocan destrucción; por ello, la ironía no sirve para fundar un sistema, sino para minar sus cimientos”  (Schoentjes, 2003, p. 172) 

La existencia humana está viciada y estos arrebatos son los gritos contaminados de miedo, de sentirse fallados de sí mismos.

(Continúa en la siguiente entrega…)

Fotografía: cottonbro

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas. Actualmente cursa el Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Sobre el artículo:

Los textos de las serie corresponden al volumen <<La ironía, esencia de Juan José Arreola, con énfasis en La parábola del trueque>>.

Parábolas del uroboro. 11. Verdad oculta en la ironía. Ilse Ibarra Baumann

Por Ilse Ibarra Bauman

Señales de la ironía

Hay un conjunto de signos que se involucran en la ironía, no sólo el discurso es el formador de ésta, también la mímica, la modulación de la voz, los gestos, las miradas de soslayo, las comillas, la puntuación, dirigirse de usted a alguien cercano, ser cortés, los desvíos en cuanto a la representación común de la realidad (el ejemplo de La poética de la ironía sobre los desvíos es un boletín meteorológico que da las coordenadas del tiempo, al parecer es malo, pero más adelante aclara lo obsoleto del método y lo termina con una agradable jornada de agosto), palabras de alerta, repeticiones… 

Dentro de esos momentos la información se puede alternar: se da una revelación a unos escuchas creándoles una atmósfera de confidencia, mientras que a otros se les obstruye para crear este ambiente de conciencia e ignorancia con el que trabaja el irónico. 

No existe un signo ortográfico como el de admiración o interrogación que enfatice en el enunciado su intención o expresión, sin embargo la modulación de la voz puede señalarla en muchas ocasiones. 

Existen otras figuras que afectan el nivel semántico de la lengua y que se relacionan con la ironía como lo es el oxímoron  (que transgrede el significado de la palabra), la litote  (que afecta el sentido de la oración) y la hipérbole  que representa la exageración retórica. 

 Para Pierre Schoentjes la ironía asida de una hipérbole hace posible decir más (o menos) para significar menos (o más). “el sólo hecho de añadir «muy» a cualquier adjetivo de valor basta para hacer cambiar un cumplido por una crítica. Es importante señalar aquí que la hipérbole irónica es la que apoya el rechazo por la alabanza y no al contrario” (Schoentjes, 2003, p. 150). Para que haya ironía debe existir una tensión entre los conocimientos e inteligencia de los actores.

Un foco clave está en los prólogos y epílogos que hacen más fácil al lector la interpretación de la obra; en ellos hay una justificación sobre la crítica y es ahí donde capta la otra cara que a simple vista no distingue. 

Tener conocimiento del escritor, presupone un mayor cuidado sobre sus textos; el sentido que da a la mayoría de sus obras influirá en la interpretación del lector; este será más sensible a la correlación que existe entre ellas. Los títulos: “Una mujer amaestrada”, “El himen en México”, “Hastío de un casado al tercero día”;  pueden abrir la puerta hacia un interior más consciente. 

De manera irónica, en el primer título, Juan José Arreola le da a la mujer una existencia fuera de su Ser, la convierte en un animal irracional que pretende enseñar a base de técnicas elementales de disciplina. 

En el segundo título hace uso de la membrana vaginal como conservación de la integridad femenina de esa época, haciendo un paralelismo sobre la decencia de su nación. Por último, el hastío es equiparable a la repugnancia; muestra la brevedad del gusto por el matrimonio de forma desagradable a un comienzo cuando se supone que el estreno es una celebración. 

(Continúa en la siguiente entrega…)

Fotografía: cottonbro

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Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas. Actualmente cursa el Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Sobre el artículo:

Los textos de las serie corresponden al volumen <<La ironía, esencia de Juan José Arreola, con énfasis en La parábola del trueque>>.

Parábolas del uroboro. 10. Verdad oculta en la ironía. Ilse Ibarra Baumann

Por Ilse Ibarra Bauman

Flexibilidad de la ironía

La ironía tiene un ritmo y una elasticidad que van regidas entre la verdad literal y el disfraz con una fuerte atracción; se unen y se separan; se repelen y se reconocen y al hacerlo se han sometido a un roll subversivo: han roto las leyes de la realidad para convertirse, dentro de ella, en una ilusión. “La ironía exige flexibilidad y armonía perfecta con el entorno.” (Schoentjes, 2003, p. 118). 

La ironía no deja de ser esto para convertirse en aquello sino que es los dos y vive gracias a las diferencias. “La realidad «objetiva» es imperfecta, pero el juicio «subjetivo» es lo contrario: mientras que se espera una condena a partir del ideal, vemos que se exalta la imperfección.” (Schoentjes, 2003, p. 122). Hay una relación solidaria entre las significaciones adversas; además, se desenvuelve en un entorno de sutileza. La agresión va arropada de elegancia, el acometido sin sentir la ofensa, es arremetido. 

Las técnicas de controles en que se desarrolla el irónico representan el manejo de la información astutamente, digamos que el irónico es demasiado consciente de su realidad y ha elaborado a base de la ironía un mundo perfecto. Así, de tanto repetir esa idea falsificada, podrá pasar a la historia como un hecho verdadero abandonado su antigua ilusión. “Tenemos que observar que la ironía «no hace como sí» ni la «apariencia de» presentar un juicio favorable, lo expresa plenamente, pero pide, basándose en la contradicción con la realidad presente, que se vaya más allá.” (Schoentjes, 2003, p. 123). 

El someter al presente, somete al pasado. La ironía ya sea que actúa a través de la lucha de la develación de la verdad o en su búsqueda de libertad, pero es, en cualquiera de las dos situaciones, una remembranza importante de los modelos de la constitución de la realidad social. 

La ironía es un modo del discurso indirecto que se toma ciertas libertades con la verdad en la que el hombre se pone a prueba en sus relaciones con los demás. Si el ser y el parecer no coinciden como quiere la moral de la sinceridad, el irónico no es, con todo, un mentiroso. Lejos de intentar engañar y, por lo tanto, de mantener la ilusión creada por su mentira, el irónico quiere que sus ilusiones sean comprendidas y se cuidará de no bloquear el acceso al significado de su intención. (Schoentjes, 2003, p. 126)

Anteriormente se vio el lapso que transcurre entre el pastelazo y la toma de decisión que se da entre el Gordo y el Flaco; así se debe dejar una separación entre el lector y los ingredientes que componen la ironía, conviene tomar cautela y poner atención: pensar en la jerarquía de los seres y las cosas además de la intención que da a ellos el interlocutor. 

Podría tomarse una oración emotiva: ¡Qué buen día! (pensando que todos esperan un día soleado) y al haber un día lluvioso lo contraponen con ésta negación. Pero no siempre se puede decidir por una mayoría. Un ejemplo puede tomarse dentro de la naturaleza humana, si una madre tiene calor, descubrirá a su bebé; si ésta tiene frío, lo cubrirá independientemente de las necesidades reales de su bebé. 

Los juicios de valor que se dan en la ironía influyen de acuerdo al conocimiento e impresión que se tenga de ellos. La intención es presentar un sentimiento o resentimiento del que no se puede libertar y persiste en su fuero interno. El irónico tiene el privilegio, la capacidad y la inteligencia de saberlos exteriorizar disfrazados para desahogarlos en el lugar correcto, libres de sinceridad. 

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(Continúa en la siguiente entrega…)

Fotografía: cottonbro

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas. Actualmente cursa el Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Sobre el artículo:

Los textos de las serie corresponden al volumen <<La ironía, esencia de Juan José Arreola, con énfasis en La parábola del trueque>>.

Parábolas del uroboro. 9. Verdad oculta en la ironía. Ilse Ibarra Baumann

Por Ilse Ibarra Bauman

Obstáculos de la ironía

El concepto de la ironía, como se ha mencionado, afecta la lógica del pensamiento. No se puede estandarizar un método clave para su estudio, aunque Wayne C. Booth en su libro Retórica de la ironía citado por Schoentjes, plantea algunos pasos para distinguir el sentido irónico en un enunciado:

1.   Se invita al lector a rechazar el sentido literal.

2.   Realiza interpretaciones o explicaciones alternativas.

3.   Toma una decisión de acuerdo con los conocimientos y creencias del autor.

4.  Llega a un nuevo significado en armonía con las creencias no expresadas del autor. (Schoentjes, 2003, p. 120)

El primer paso señala una negación a uno de los sentidos de la oración, tomando en cuenta que la ironía trabaja de forma dual; sin embargo, no debe rechazarse por completo el sentido literal, ya que en él está escondido el sentido irónico y de él ha partido. 

La significación parte de ambos sentidos. No puede vivir uno sin el otro. “Cuando nos hallamos delante de un texto escrito, el lector se forma una imagen del autor a partir de un conjunto de conocimientos de los que dispone” (Schoentjes, 2003, p. 124), es testigo de la doble formulación: la real (que se advierte como un rechazo)  y la fantasía. 

El lector se replantea la contradicción que existe y debe dar sentido a los diversos razonamientos; puede inclinarse hacia el humor del escritor/emisor o simplemente permanecer en el sitio serio del sentido de la oración. Si la ironía se basa en hechos que acaecieron en gobiernos distantes del presente del lector, muchas veces no podrá ser interpretado el juego lúdico.

El alejamiento en el tiempo y el espacio es un factor que vuelve difícil la comprensión de la ironía: es casi imposible hoy en día coger la ironía de Chauser o de Villon sin recurrir a notas de pie de página que expliquen las contradicciones. A pesar de que nos permiten comprender la ironía, nos impiden con todo gozarla plenamente, con lo que el placer se convierte en un trabajo mental. Incluso sin gran alejamiento temporal o espacial, la ironía no surgirá si los universos de producción y recepción de ésta sólo están ligados por escasas pasarelas. Las diferencias sociales o de nivel de educación, dado que producen grandes variaciones en las normas usadas para decidir el valor de los seres y las cosas, se cuentan entre los obstáculos más importantes para una buena comprensión de la ironía. (Schoentjes, 2003, p. 132)

Al comprender la significación de una lengua se crea una serie de sinónimos que se relacionan con dicho enunciado; sin embargo, si el enunciado está dicho en un contexto distinto al  habitual, es probable que se generen esas significaciones alternas partiendo de un imaginario. 

Para hacer un juicio en cada enunciado es necesario que hayan ocurrido dentro del receptor: experiencias reales o imaginarias que lo llevan a una comprobación justificada. Si la lengua le arroja significados fuera de su contexto, incluso aunque no sean irónicos, el círculo comunicativo quedará fracturado. “La decisión de considerar un pasaje irónico o no depende en última instancia de la decisión que se toma en relación con la intención del autor” (Schoentjes, 2003, p. 129) 

Los artificios de la ironía suponen algo negativo dentro de un contexto turbio o arbitrario. El irónico, al querer ser captado, dejará unas marcas sobreentendidas para que dentro de su ilógica discursiva exista una lógica y una consecuencia.  

(Continúa en la siguiente entrega…)

Fotografía: cottonbro

Parábolas del uroboro. 8. Verdad oculta en la ironía. Ilse Ibarra Baumann

Por Ilse Ibarra Bauman

“Yo no entiendo de esas cosas;

sólo sé que aquí me vine 

porque, si es que soy mujer,

ninguno lo verifique.”

Sor Juana Inés de la Cruz 

La estructura irónica

La lógica de un comentario irónico se adquiere por las capacidades al reconocer los símbolos semánticos y sintácticos del enunciado. También es necesario advertir las habilidades del ironista descubriendo su actitud y las emociones que en ello siembra.

En el Diccionario de retórica y poética de Helena Beristáin publicado en el 2006 define a la ironía como:

“Figura retórica de pensamiento porque afecta a la lógica ordinaria de la expresión. Consiste en oponer, para burlarse, el significado a la forma de las palabras en oraciones, declarando una idea de tal modo que, por el tono, se pueda comprender otra, contraria (aunque para algunos es antífrasis la frase que significa lo contrario de lo que expresa: “¡bonita respuesta!”). Cuando lo que se invierte es el sentido de palabras próximas, la ironía es un tropo  de dicción (un metasemema ) y no de pensamiento (metalogismo ); a este tipo de conversión semántica o contraste implícito han llamado algunos antífrasis  sobre todo cuando alude a cualidades opuestas a las que un objeto posee, es decir, se refiere implícitamente (y al explícito le llaman oxímoron ). Se trata del empleo de una frase en un sentido opuesto al que posee ordinariamente, y alguna señal de advertencia en el co-texto (o contexto lingüístico próximo), revela su existencia y permite interpretar su verdadero sentido. Así, las marcas que permiten rescatar ese verdadero sentido pueden ser, tanto los significados de las palabras correlacionadas, como los de las frases, como el contexto situacional.” (Beristáin, 2006, p. 277)

La ironía trata de confundir la lógica y crea una ruptura entre las isotopías (línea temática con redundancia en la significación de una palabra). Digamos que el lector, si no conoce el contexto no captará el juego lúdico del irónico. 

            La lógica compete tres figuras claves que forman un silogismo (presentar tres pruebas o razonamientos, el último deduce las dos anteriores). La estructura se podría ejemplificar de una manera sencilla:

•          Premisa universal: Las esposas viejas aburren al marido.

•          Premisa particular: Mi esposa es vieja.

•          Conclusión: Mi esposa me aburre.

La lógica permite pensar de forma coherente. La idea o la cosa se colocan dentro de la mente en un contexto determinado, se compara, y se sabe que de acuerdo al tiempo y al espacio puede adquirir una idea determinada sin transgredir en todo su existencia. Es decir, las ideas se constituyen dentro de una identidad y no varían dentro de la existencia momentánea, o sea, dentro del presente.

El rompimiento de fidelidad en la conciencia del individuo se entrecruza dentro de sus conocimientos y termina operando como una contradicción. El simple hecho de escribir “rompimiento”, como lo expresa el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua es: “separar con más o menos violencia las partes de un todo, deshaciendo su unión” nos indica un hecho contrario a la armonía, quizás la añoranza de ese estado, Schoentjes nos dice:

Todo irónico es un idealista en tanto en cuanto en la perfectibilidad del hombre; en el momento mismo en que marca un rechazo, expresa simultáneamente su adhesión a un mundo perfecto al que aspira y del que siente nostalgia (…) El doble movimiento de distancia y de fe, del que el rechazo por la alabanza es la forma más marcada, aparece como primordial. (Schoentjes, 2003, p. 76-77)

Si se habla de que el irónico parte de una representación mental para después buscar su perfección partiendo de un rechazo, entonces podría estar cayendo en un acto de soberbia, porque al involucrar a un individuo en su juego demostrando que el contexto que habita es erróneo y él, sólo él, es capaz de darse cuenta, ha perdido toda humildad para decir de manera positiva ese equívoco, 

Sin embargo hará uso de la ironía para ridiculizar, hará una “burla a lo lógico” pero no se da cuenta que dentro de ese juego quedan impregnados todos sus anhelos, todo su mundo perfecto al que es imposible llegar. 

En ese momento el irónico se valoriza por encima de los demás. Ha sobreestimado la ingenuidad como un rasgo de ignorancia. Lo más absurdo es que el irónico necesita del ingenuo para sobrevivir irónicamente, ¡bonita respuesta!

            Theodor Reik fue uno de los discípulos de Freud al que Pierre Schoentjes citó como de los más brillantes y del que notó que la ironía representa este ideal siempre ausente. Ésta hipótesis, ha sido omitida y Pierre Schoentjes la rescata en La poética de la ironía:

Un acontecimiento o un pensamiento reaviva en una fracción de segundos la antigua ilusión o los sentimientos de confianza, de consideración, respeto, veneración, afecto o admiración que conscientemente, tuvieron lugar en un tiempo anterior. (…) Sólo cuando se manifiesta, por espacio de un instante la tentación de probar las cosas de la misma manera que en los tiempos olvidados, el recuerdo de la decepción o de la desilusión retornan y vuelve a sentir. La contradicción y el contraste entre una actitud antigua y otra nueva y los sentimientos que con ella se asocian, componen el fenómeno del que surge la ironía.

El creador de la ironía está tentado por un instante de recaer en la antigua creencia, de abandonarse otra vez a una ilusión superada. La emergencia de la memoria inconsciente parece reavivar el dolor y el desencanto, como sí, con la ilusión, la rebelión y la desesperanza que acompañaron al desencanto, se renovaran también. (…) En la expresión irónica, las antiguas ilusiones y los viejos desencantos se reavivan, así como también la indignación y la amargura, que se vuelven a sentir tan fuertemente como la fe antigua que un día se adoptó con profunda sinceridad. (Schoentjes, 2003, p. 77-78)    

Dice Octavio Paz en su ensayo “Analogía e ironía” que se encuentra en su obra La casa de la presencia (1994) que: para los románticos lo que redime a la vida monótona, subrayándola como “horror”, es ser un sueño; el sueño, para los románticos, se ve como una “segunda vida” y además como el puente que permite llegar a la verdadera vida, la vida del principio. ¿No ven así los irónicos cada uno de sus actos de burla que se presentan en lapsos de pocos segundos viviendo constantemente en su interior y que se personifican (como el sueño) dentro de un pudo ser, pero no lo es? Calderón de la Barca diría con respecto a esta ilusión tan verosímil:

Sueña el rico en su riqueza,

que más cuidado le ofrece;

sueña el pobre que padece

su miseria y su pobreza;

sueña el que a medrar empieza,

sueña el que afana y pretende,

sueña el que agravia y ofende,

y en el mundo, en conclusión,

todos sueñan lo que son,

aunque ninguno lo entiende. 

(Calderón, 2014, p. 95)

De una manera general, Calderón de la Barca atribuye el acto de soñar a la humanidad en general, por tanto se habla de un hecho colectivo. Las experiencias parten de repeticiones del pasado que han trascendido como las acciones primarias del hombre. Todo conocimiento es el cúmulo de experiencias que se forma con el conjunto de hechos e ideas que comparte un mismo contexto histórico. 

Con el paso del tiempo se toman notas estadísticas para conocer la influencia de estos estilos y modos de vida. “La ironía es la puesta en relieve del carácter artificial de cualquier ficción más allá de su deseo de realismo (…) El arte se propone hacer posible una visión renovada de la realidad” (Schoentjes, 2003, p. 94). La ironía no viviría si no existieran los ideales.

Así, la ironía se asienta en pensamientos que han tenido un largo camino de prueba y error, analiza las particularidades sociales que rodean al individuo y que han impactado en su conciencia pudiendo ser algunos acontecimientos traumáticos como la crisis económica, la estrechez de las religiones, la manipulación política, los desastres naturales… El saberse afectados por tales o cuáles sucesos, en un determinado momento, son asimilados y reconstruidos dentro de cada persona. 

Cada evento ha ocupado su sitio en la memoria y han creado la conciencia o han quedados cubiertos (“protegidos”) en el inconsciente que representa un terreno frágil. La información que compete a cada ser es el almacenamiento del pasado que formula los recuerdos y advierte las decisiones del presente: lo somete. En Los abusos de la memoria, Todorov afirma: “no hay razón para erigir un culto a la memoria por la memoria; sacralizar la memoria es otro modo de hacerla estéril” (Todorov, 2000, p. 33). 

Por tanto, dentro de esta capacidad cognitiva con que cuenta la memoria, se asume que la ironía representa un juicio crítico que ha sido fermentado en base a su pasado. La memoria ya sea empleada para principios morales o por la libertad o vinculando ambas en procesos imaginarios, constituye la construcción de cada individuo dentro de su realidad social.

Pierre Schoentjes establece que “si la ironía es un modo de escritura, es también un modo de lectura. La dinámica de pensamiento de la ironía no existe en el poema nada más que a condición que el lector participe activamente en la constitución de un sentido” (Schoentjes, 2003, p. 92).  

Al conocer la ironía, duele. No suprime, hace inoportuna su existencia. Cada lector es una interpretación personal, elabora un mundo perfecto, obtenido a base de una realidad social que participa de forma subjetiva. La verdad molesta y obstaculiza la armonía hacia el que la recibe, sólo, cuando el ironizado tiende a actuar de forma recíproca y sabe defenderse ante esta habilidad de palabras y de pensamiento, suele manifestarse satisfacción y muchas veces, revancha. Si la ironía aparece en un texto, el ironizado, consciente de la burla, disfruta el juego. 

Al ver el anhelo hecho trizas surge la crítica. Por esta razón, cuando hablamos de ironía también hablamos de distancia. Los acontecimientos del pasado han formado parte de las prácticas sociales; al observar desde un presente en retrospectiva con anhelos hacia el futuro se crea una ilusión, cuando los deseos se ven frustrados los episodios en el intercambio verbal o escrito muchas veces se pueden volver crueles. 

Se habla de un tiempo pasado que viene a desestructurar una situación. Pierre Schoentjes dice: 

La ironía rompe el fluir previsible del discurso, como lo sobrenatural rompe el del mundo: en un nivel superior, se puede afirmar que la ironía y lo fantástico marcan ambos una ruptura con la lógica. (…) La ironía y lo fantástico se caracterizan por la ambigüedad y por la indecisión; lejos de constituir tendencias contrarias (…), nacen de un mismo foco. (Schoentjes, 2003, p. 104)   

Por lo tanto, el lector o el oyente tendrán que llenar los espacios vacíos que existen en el discurso y darle un sentido al significado que pretendió dar el irónico. Estos significados contarán con  una doble valorización que se encuentra en ambos polos. 

Uno de los ejemplos de Umberto Eco en Entre mentira e ironía es sobre las acciones que desempeñan el Gordo y el Flaco en sus películas; muchas veces se dan pastelazos en la cara y observamos el comportamiento de pausa del que lo recibe: no es el pastelazo en sí lo que aviva la inquietud del espectador, sino esa espera entre la provocación y la respuesta. Es el tiempo que se toma el Gordo en quitarse el merengue de la cara. La burla se ha tirado, ahora falta ver la reacción de ese futuro inmediato que es ignorado.

(Continúa en la siguiente entrega…)

Fotografía: cottonbro