Por Ilse Ibarra Bauman

Señales de la ironía

Hay un conjunto de signos que se involucran en la ironía, no sólo el discurso es el formador de ésta, también la mímica, la modulación de la voz, los gestos, las miradas de soslayo, las comillas, la puntuación, dirigirse de usted a alguien cercano, ser cortés, los desvíos en cuanto a la representación común de la realidad (el ejemplo de La poética de la ironía sobre los desvíos es un boletín meteorológico que da las coordenadas del tiempo, al parecer es malo, pero más adelante aclara lo obsoleto del método y lo termina con una agradable jornada de agosto), palabras de alerta, repeticiones… 

Dentro de esos momentos la información se puede alternar: se da una revelación a unos escuchas creándoles una atmósfera de confidencia, mientras que a otros se les obstruye para crear este ambiente de conciencia e ignorancia con el que trabaja el irónico. 

No existe un signo ortográfico como el de admiración o interrogación que enfatice en el enunciado su intención o expresión, sin embargo la modulación de la voz puede señalarla en muchas ocasiones. 

Existen otras figuras que afectan el nivel semántico de la lengua y que se relacionan con la ironía como lo es el oxímoron  (que transgrede el significado de la palabra), la litote  (que afecta el sentido de la oración) y la hipérbole  que representa la exageración retórica. 

 Para Pierre Schoentjes la ironía asida de una hipérbole hace posible decir más (o menos) para significar menos (o más). “el sólo hecho de añadir «muy» a cualquier adjetivo de valor basta para hacer cambiar un cumplido por una crítica. Es importante señalar aquí que la hipérbole irónica es la que apoya el rechazo por la alabanza y no al contrario” (Schoentjes, 2003, p. 150). Para que haya ironía debe existir una tensión entre los conocimientos e inteligencia de los actores.

Un foco clave está en los prólogos y epílogos que hacen más fácil al lector la interpretación de la obra; en ellos hay una justificación sobre la crítica y es ahí donde capta la otra cara que a simple vista no distingue. 

Tener conocimiento del escritor, presupone un mayor cuidado sobre sus textos; el sentido que da a la mayoría de sus obras influirá en la interpretación del lector; este será más sensible a la correlación que existe entre ellas. Los títulos: “Una mujer amaestrada”, “El himen en México”, “Hastío de un casado al tercero día”;  pueden abrir la puerta hacia un interior más consciente. 

De manera irónica, en el primer título, Juan José Arreola le da a la mujer una existencia fuera de su Ser, la convierte en un animal irracional que pretende enseñar a base de técnicas elementales de disciplina. 

En el segundo título hace uso de la membrana vaginal como conservación de la integridad femenina de esa época, haciendo un paralelismo sobre la decencia de su nación. Por último, el hastío es equiparable a la repugnancia; muestra la brevedad del gusto por el matrimonio de forma desagradable a un comienzo cuando se supone que el estreno es una celebración. 

(Continúa en la siguiente entrega…)

Fotografía: cottonbro

Sobre la autora:

Ilse Ibarra Baumann. Es Licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericanas por la Universidad Autónoma de Chiapas. Actualmente cursa el Máster en Creatividad Literaria en Español por la Universidad de Salamanca, España.

Sobre el artículo:

Los textos de las serie corresponden al volumen <<La ironía, esencia de Juan José Arreola, con énfasis en La parábola del trueque>>.