Universo breve. 7. Reina Vasti. Damaris Disner

Reina Vasti 

Dámaris Disner



Sin corona reinó para sí misma. No hubo sucesora.

Fotografía: Leo Cardelli.

Polvo del camino. 7. Viaje delectable por la orilla del foso. Héctor Cortés Mandujano

Sima de las Cotorras. Foto: Paco Méndez

Polvo del camino/ 7

Viaje delectable por la orilla del foso

Héctor Cortés Mandujano

Para mi primo Paco Méndez

No un bosque, sino una selva se ve en el fondo de la Sima de las cotorras;

            no son hojas verdes las que se mueven, sino centenares de pájaros de plumas de esmeralda y cantos de plata;

            no es polvo lo que parece moverse en el aire eterno, sino abejas que colectan lo que después será dulzura.

Camino junto al guía por la orilla del foso y las paredes me cuentan su historia a través de sus rupestres signos.

            Veo las copas arbóreas y soy el árbol;

            soy la mirada que se detiene en la flor y soy todos sus colores;

            soy la palabra que puebla este silencio de viento suave y me he vuelto pálpito del mundo;

            soy la sensación de caer y soy la abeja, el pájaro, la piedra, el abismo…

1/marzo/2020

Fotografía, Sima de la cotorras: Paco Méndez.
Sima de las cotorras. Paco Méndez

Voces ensortijadas. 6. Vamos tejiendo redes. María Gabriela López Suárez

Vamos tejiendo redes
María Gabriela López Suárez

A mis colegas de Comitán, gracias.

Josefina observó con detenimiento el entramado de su rebozo multicolor, le encantaba, cada hebra  de hilo había sido tejida tan cuidadosamente que el resultado estaba en la prenda que portaba. Se sintió contenta de usar una prenda tan significativa.

Por instantes había olvidado que estaba en año bisiesto y era el cierre del mes de febrero. El tejido de su rebozo la remontó a la experiencia en la que había compartido aprendizajes y enseñanzas, interactuado con diversas culturas e intercambiado vivencias personales y profesionales en su última sesión de trabajo en otro terruño cercano a su lugar de origen.

Su corazón guardaba muchas emociones, la primera era el agradecimiento por hallar en su caminar a personas que, como ella, seguían en la búsqueda de otras formas de convivencia con las que pudieran aportar su grano de arena, cada quien desde su trinchera, a la sociedad en que vivían. 

– Nadie dijo que esto es fácil. Sin embargo, heme aquí cerrando el mes con mucho para reflexionar y repensar-, pensó para sí Josefina.

Otra de las emociones que había percibido era el asombro. Recordó que desde la niñez le encantaba estar en esa constante expresión ante lo novedoso y que atrapa la atención. Justo se sentía así, asombrada al recordar que cuando cada persona lo quiere puede ser creativa y partir de experiencias cotidianas y sencillas para trabajar temas distintos. 

También se sentía entusiasmada e inspirada para continuar la travesía de la vida. Qué importante era la interacción personal y el diálogo con las personas para conocer  que podemos tener experiencias en común que nos pueden ser útiles al compartirlas en grupo y, con la escucha y el intercambio de la palabra, poder hallar posibles propuestas para llevar a cabo proyectos, acuerdos y hasta resolución de conflictos.

Siguió buscando en su corazón, qué más había vivido ese día, la coincidencia de hacer con gusto, pasión y compromiso  la labor a la que cada persona se dedicaba. Se sintió afortunada, agradecida y con el ánimo fortalecido. La tarea que les quedaba a todas las personas ese día era seguir sembrando semillas para que pudieran germinar en su tiempo. 

Josefina se apresuró a tomar su transporte para el regreso a casa. Ya rumbo a su destino fue contemplando el paisaje que la rodeaba, al tiempo que iba acariciando su rebozo y pensando que cada persona en la vida es como un hilo de color diferente y que en el trayecto del caminar, cada quien va tejiendo su propio entramado multicolor. Sonrió. -Vamos tejiendo redes, redes para la vida-  musitó.

Fotografía: Agung Pandit Wiguna.

Paso de fuego. 2. Una aproximación a un concepto de poesía. Alejandro Aldana Sellschopp

La poesía como conocimiento/ Parte 2

Una aproximación a un concepto de poesía

Alejandro Aldana Sellschopp

para: Luz y Emiliano

David Andrade replantea el concepto de poesía, ¿qué entender por la funcionalidad del lenguaje desde lo propiamente poético? El poema nos presenta un verdadero problema conceptual, el lector se enfrenta a una textualidad que indica su naturaleza poética desde el ritmo mismo de los versos, por la cualidad del lenguaje desde el que se compone y por la metatextualidad, entendida desde una convención que corresponde a la estructura social dada. En estos poemas el lenguaje es transgresor al apartarse de la significación del lenguaje referencial común, por lo que el poema es visto como parte del conocimiento sensible, pero también participa del conocimiento racional. Ya Octavio Paz en El arco y la lira diserta sobre la fuente del poema como conocimiento al decirnos que la poesía es conocimiento, salvación, abandono. Andrade combina con eficacia las dos vertientes, el mundo sensual es parte de su tejido de significación, pero también forma parte el ejercicio del pensamiento, la reflexión, el mundo de las ideas. Sentir y pensar en los versos, dejando su impronta para determinar los ritmos desde su naturaleza fonética. En este poemario encontramos un concepto de poesía como elemento de la consciencia y del lenguaje.

            La poesía forma parte de la cadena significativa de la expresión, y como expresión es una espacialidad surcada por varias posibilidades epistémicas, establece un diálogo desde su raíz literaria y filosófica. Andrade nos dice que el verso en su lenguaje poético no se limita a lo puramente emotivo y evocativo, además lo integra su posibilidad de reflexión lógica. El lenguaje poético es polivalente, no podemos atemorizarlo como verdadero o falso, Ricoeur nos dice que el lenguaje de la metáfora, del símbolo, en general el lenguaje analógico forma parte de la conjetura con respecto a la realidad.

Fotografía: Pixabay.

Universo breve. 6. Codependencia. Damaris Disner

Codependencia 

Dámaris Disner


Picar cebolla nunca fue mi intención; para llorar me bastaba su gélida mirada pero desde hace días se le vaciaron los ojos cuando me vio partir.

Fotografía: Ekrulila.

Polvo del camino. 6. Imagen y espejo. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 6

Imagen y espejo*

Héctor Cortés Mandujano

Durante mucho tiempo, en Oriente y Europa las mujeres no se representaban a sí mismas en el teatro. No había actrices sino, en su lugar, actores. La razón, decían, es que quien conocía mejor el alma de las mujeres eran los hombres.

            Sobre esta costumbre se han hecho varias obras. M. Butterfly, de David Henry Hwang, por ejemplo, cuenta la historia real entre el diplomático francés Bernard Boursicot, que se enamoró del actor chino Shi Pei Pu, a quien vio representando a la Madame Butterfly, de Puccini. 

            Las varias heroínas de William Shakespeare (Rosalinda, Lady Macbeth, Julieta…) eran representadas en teatro por hombres jóvenes, llamados “boy actors”. Sobre ese equívoco hay una comedia hollywoodense, Shakespeare enamorado(1998, dirigida por John Madden), donde lo raro es que una muchacha, por amor, interpreta a Julieta como si fuera un hombre disfrazado de mujer. 

            Varios siglos después, para avanzar con pinceladas grandes, Virginia Woolf, en su célebre ensayo Una habitación propia (1929) terminó con la discusión diciendo que los escritores cuando desarrollan su trabajo deben ser ni hombres ni mujeres, sino andróginos. Ella escribió, en atención a su aserto, varios libros dando voz a personajes masculinos: La habitación de Jacobo, Las olas, Los años, Orlando

Hago todos estos prolegómenos porque la breve novela Años de carnaval (Tifón, 2019), de Alejandro Aldana Sellshopp, asume para contar una forma teatral, el monólogo, y porque su narradora, María Luisa Díaz del Castillo, y el personaje a quien dirige su discurso, la tía Maruca, son dos mujeres unidas en la pasión por un hombre.

            Contada en segunda persona y con protagonistas mujeres, una joven y una vieja, la primera influencia que salta es la famosa Aura, de Carlos Fuentes, pero la novela de Aldana parece ubicarse en su natal Yajalón, con sus chismes, los proverbiales abusos de los poderosos y la vida pacata de sus personajes populares, hasta la llegada del nuevo y joven piloto, Fernando Herrera, que desata el amor apasionado en Maruca y María Luisa; la una, vieja quedada, y la otra, de 25 años, que se queda en el pueblo cuando Fernando tiene que huir por haberse enfrentado a golpes con uno de los caciques, don Edelmiro, en defensa de una mujer indígena.

            En esta novela, como en otras del autor, se muestra de nuevo el choque entre los ladinos y los indígenas, si bien desde la perspectiva de una de las favorecidas de la fortuna (la económica, se entiende). Tiene como otras de Aldana, el estudio del pueblo y sus habitantes, la tensión racial, la rebelión, los muertos, que aquí son telón de fondo en la historia de estas mujeres enamoradas. 

            Para juntar más las personalidades femeninas, María Luisa da prestado su vestido de quinceañera para que Maruca se vista de novia, antes de morir en la revuelta, pero los dos destinos parecen unidos no sólo por esa prenda: una y la otra, imagen y espejo, son abandonadas por un hombre y viven solas, encerradas en mentes torturadas por la fantasía de creer que la realidad va a amoldarse a sus sueños.

            Alejandro Aldana ha hecho ya un estilo característico de escritura, ha creado un mundo particular para el trascurrir de sus tramas y es, sin dudas, uno de nuestros narradores imprescindibles. Hay que leerlo. Y Años de carnaval es una, otra de las oportunidades. Aprovéchenla.  

*Texto leído en la presentación de Años de carnaval, de Alejandro Aldana Sellshopp, el sábado 22 de febrero de 2020, en la Casa de la Cultura de Ocosingo, Chiapas.

Fotografía: Fotografierende.

Voces ensortijadas. 5. La ventana del bus. María Gabriela López Suárez

Fotografía: Quang Nguyen Vinh

La ventana del bus
María Gabriela López Suárez

El clima era frío, las nubes grises cubrían el cielo de la tarde. Amparo subió al autobús que la llevaría con destino a su casa. Buscó el asiento número ocho, se sentó y abrochó el cinturón de seguridad. Corrió la cortina de la ventana y se dispuso a esperar su salida.

Hizo un breve repaso de su día de trabajo, el taller que había facilitado resultó de interés a su grupo de colegas. La lectura y escritura era tarea diaria y lo sabían. Por eso, los resultados del taller se verían a mediano plazo con la redacción de cuentos y poesías que cada participante eligió trabajar.

El camión inició su recorrido, Amparo observó un paisaje diverso en el cielo, por un lado las nubes grises, por otro, el azul celeste con nubecitas blancas. Fue hallando formas en cada nube, una de tamaño grande le pareció un tiburón, otra un perro, una más una rosa, hasta que su vista se posó en el verde de los cerros.

De pronto, la neblina comenzó a cubrir el paisaje y gotas de lluvia asomaron sobre el vidrio de la ventana. Escuchó unas  palabras en alemán y esto la hizo volver la vista al televisor, prestó atención, era una historia que rememoraba los crímenes en Auschiwtz, uno de los campos de concentración y centros de exterminio durante la Alemania nazi.

El naranja resplandeciente del ocaso le llegó de frente a Amparo, esto la hizo contemplar de nuevo el paisaje. Ahora podía apreciar el azul del cielo, la sombra que comenzaba a caer sobre los cerros. La noche fue cubriendo la atmósfera, empezaron a titilar las estrellas y a verse los foquitos de las casas que, de manera dispersa, aparecían en la carretera.

Siguió atenta viendo las imágenes de pequeñas tiendas de abarrotes, artesanías, venta de frutas, perros deambulando cerca de puestos de comida, asomaron también los anafres con elotes asados, las mujeres y niñas reunidas en pequeños círculos.

En un abrir y cerrar de ojos el paisaje se había transformado, ya era de noche. Amparo disfrutaba tanto esos momentos cotidianos al viajar en carretera, por ello, le gustaba ver a través de la ventaba del bus.  

Por un instante cerró sus ojos, imaginó el concierto del canto de los grillos que solía acompañar las noches en el campo. Decidió terminar de ver la película, la trama era muy interesante y aún le faltaba un poco de tiempo para llegar a su destino.

Fotografía: Quang Nguyen Vinh.

Universo breve. 5. Coautoría. Damaris Disner

Coautoría 

Dámaris Disner


Mi gata no sabe de buenos modales ni de horarios. Maúlla afuera de la puerta de mi cuarto, mientras con sus extremidades delanteras la rasga para anunciarme su presencia. Cómo si no lo supiera. Su hora favorita es de una a dos de la madrugada, justo cuando puedo leer un poco. Debo ir al baño a expulsar los miedos que me provoca explorar mis lúgubres certezas en los textos leídos. Al salir del cuarto, como si nada ante la insistencia de dejarla entrar, me sigue para acompañarme. Dejo entreabierta la puerta. Maúlla. Salgo y me rebasa con sus siete kilos de peso distribuidos desde sus orejas hasta su ondulante cola. Me gustaría ser tan segura como ella. Entramos a la habitación. Intento leer de nuevo. De un salto se acomoda entre mis libros, justo encima de ellos. Nada es más importante que acicalarse su pelambre blanco y gris. Debería aprender de su egoísmo. La observo. Se da cuenta. Se detiene. Hojeo la única novela que dejó libre su pesado cuerpo. Es una estrategia para distraerla. Se lo ha creído. O eso me hace creer. Cambia de posición y sigue acicalándose. Vuelvo a perderme en ella. Tengo miedo que un día ya no la veré hacerlo, que los soles de su anguloso rostro se eclipsen para siempre. Como un tatuaje intento conservar su imagen. Emite un breve maullido, parece decirme -Ey, estoy aquí, no me despidas aún. Siento un escalofrío. La dejo hacerse un ovillo mientras el fantasma que se filtra con ella, en este ritual diario de madrugada, me dicta lo que ahora escribo.

Fotografía: Flickr.

Paso de fuego. 1. El mito desde la modernidad. Alejandro Aldana Sellschopp

La poesía como conocimiento/ Parte 1

El mito desde la modernidad

Alejandro Aldana Sellschopp

para: Luz y Emiliano

Encadenados al fuego de David Andrade parte de una consideración fundamental en la historia de las ideas, que el mito es un fenómeno discursivo que se retroalimenta de la poesía. La mitificación forma parte consustancial de los poético, lo filosófico, lo religioso, su origen es en términos del sentido polisémico. Andrade deja muestra clara de ello en su poemario, sus composiciones logran establecer unidades de sentido que pasan por lo puramente poético hasta platearnos verdaderos problemas o cuestiones filosóficas. 

            David Andrade nos refiere que el mito de origen griego está alimentado de una genealogía sostenida en el arte. En Encadenados al fuego se observa al fenómeno mitológico como un entramado de significación abierta, comprende que el mito es un contenedor paradigmático, y gracias a esa naturaleza es posible intentar una nueva reinterpretación desde la mirada moderna. Occidente no ha dejado de mirar la mitología clásica a través de la historia, resignificando sus contenidos. Andrade vuelve la vista hacia dioses y demonios clásicos, busca con profundidad en el alma de hombres, mujeres y héroes.

            En los poemas de Andrade podemos constatar la reapropiación de un mundo lejano, el tiempo y el espacio han dejado su impronta, ahora se actualizan en estos versos. Gottfield Herder que la mitología clásica en sí misma cuenta con una estructura poética que aún se puede utilizar para escribir literatura; pero con la consideración de que se realice mediante una imitación libre. Andrade lo realiza desde esa perspectiva, sin duda su aguda mirada se ubica desde la modernidad, por lo tanto, nos exige una lectura detenida, profunda y activa. 

            En Encadenados al fuego se inserta un discurso que parte de nuevos contenidos lingüísticos para montarse, desde la mirada del montaje como técnica poética, en un campo semántico que tiene su propia dinámica de significación. Philipp Moritz afirma que la mitología debe inscribirse en el lenguaje de la fantasía. Es cierto que la relación que ofrece David Andrade es una mirada secularizada, los mitos han perdido su sentido religioso, ahora se plantean como el constructo de una cultura. 

            Ahora bien, la perspectiva de Andrade está mediada por la filosofía de los románticos, ya que nos presenta al mito como una unidad entre el ser humano y la naturaleza. Por momentos los versos nos hablan de la lejanía de los hombres y el mundo, parece que es imposible que puedan tocarse esencialmente, sin embargo, poco a poco la integración, el retorno a la naturaleza se vuelve a experimentar. 

            Andrade logra contener una posición filosófica con la capacidad de síntesis de la poesía, propone un paradigma frente a las preguntas y respuestas de la propia filosofía. Ahora nos dice que es mediante los mecanismos de la estética como podemos acceder a un mundo nuevo, entendiendo que la obra de arte, como afirmaba Schiller es la única obra de la libertad. 

Fotografía: Shitterphoto.

Polvo del camino. 5. La puerta amiga. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 5

La puerta amiga

Héctor Cortés Mandujano

El hombre, ese es el misterio…

Trabajo en este misterio, porque quiero ser hombre

Citado por Geir Kjetsaa,

en Dostoyevski, la vida de un escritor

Leo dos novelas breves de Fedor Dostoyevski: Noches blancas y El diario de Raskólnikov (Espasa-Calpe, 1990). La segunda es la extensión del clásico Crimen y castigo, y son los hechos y reflexiones de Raskólnikov, después de haber cometido sus crímenes y ocultado la evidencia, pero la primera la escribió Fedor cuando aún no padecía la tortura de la epilepsia, que lo acompañó toda su vida, ni había pasado los terribles años de encierro en la cárcel de Siberia, ni había sentido la desgastante pasión que experimentó por el juego.

            Noches blancas tiene una trama sencilla y ocurre en las calles de Petersburgo, durante cuatro noches y una mañana. El narrador se enamora de Nástenka en las cuatro noches y la pierde en un abrir y cerrar de ojos. Su vida ha sido tan desgraciada que se consuela con aquel instante (p. 86): “¡Dios mío! ¡Todo un momento de felicidad! Sí, ¿no es eso bastante para colmar una vida?…”.

            (Me gusta: una gota de alegría resulta mayor que una catarata de desgracias. En realidad, conozco a mucha gente con la visión contraria: han tenido una vida anodina, más o menos normal, que les daría, si quisieran, para intentar ser felices, pero se hallan varadas/varados en un hecho nimio que las/los hace infelices: un día se fue papá, mamá no me quería, el hombre/la mujer de quien me enamoré me dejó… Fruslerías, incapacidad emocional, disfunción, ganas de sufrir. Una gota de dolor echa a perder un océano de vida. Dostoyevski, según Kjetsaa, su biógrafo, vivió una vida de penurias y no se quejaba: lo pasado, pisado.)

            En el inicio, este pobre hombre (volvamos a Noches blancas), que no tiene ningún amigo, nadie que le consuele, siente amistad hasta por las casas. 

(Aquí debo hacer un apunte local, para que se entienda el punto final que he decidido compartir contigo lector, lectora: Hay países de colores pardos, oscuros, que homogeneizan las fachadas de las casas, los colores de puertas y ventanas. Nunca un verde eléctrico, un rojo pasión, un amarillo chillante. Camina nuestro hombre, pues, por una calle donde las casas se muestran gemelas, uniformadas y, por eso, como redil de ovejas, se sienten parte de un conglomerado: parecidas, similares.) 

Ve una de ellas en su recorrido solitario y piensa que es “su amiguita” y (p. 11) “he aquí que escucho un clamor lastimero: ‘¡Qué me han pintado de amarillo! ¡Qué bárbaros! ¡Qué perversos! ¡No respetan nada!’ ”.

Fotografía: Shitterphoto.