La ventana del bus
María Gabriela López Suárez

El clima era frío, las nubes grises cubrían el cielo de la tarde. Amparo subió al autobús que la llevaría con destino a su casa. Buscó el asiento número ocho, se sentó y abrochó el cinturón de seguridad. Corrió la cortina de la ventana y se dispuso a esperar su salida.

Hizo un breve repaso de su día de trabajo, el taller que había facilitado resultó de interés a su grupo de colegas. La lectura y escritura era tarea diaria y lo sabían. Por eso, los resultados del taller se verían a mediano plazo con la redacción de cuentos y poesías que cada participante eligió trabajar.

El camión inició su recorrido, Amparo observó un paisaje diverso en el cielo, por un lado las nubes grises, por otro, el azul celeste con nubecitas blancas. Fue hallando formas en cada nube, una de tamaño grande le pareció un tiburón, otra un perro, una más una rosa, hasta que su vista se posó en el verde de los cerros.

De pronto, la neblina comenzó a cubrir el paisaje y gotas de lluvia asomaron sobre el vidrio de la ventana. Escuchó unas  palabras en alemán y esto la hizo volver la vista al televisor, prestó atención, era una historia que rememoraba los crímenes en Auschiwtz, uno de los campos de concentración y centros de exterminio durante la Alemania nazi.

El naranja resplandeciente del ocaso le llegó de frente a Amparo, esto la hizo contemplar de nuevo el paisaje. Ahora podía apreciar el azul del cielo, la sombra que comenzaba a caer sobre los cerros. La noche fue cubriendo la atmósfera, empezaron a titilar las estrellas y a verse los foquitos de las casas que, de manera dispersa, aparecían en la carretera.

Siguió atenta viendo las imágenes de pequeñas tiendas de abarrotes, artesanías, venta de frutas, perros deambulando cerca de puestos de comida, asomaron también los anafres con elotes asados, las mujeres y niñas reunidas en pequeños círculos.

En un abrir y cerrar de ojos el paisaje se había transformado, ya era de noche. Amparo disfrutaba tanto esos momentos cotidianos al viajar en carretera, por ello, le gustaba ver a través de la ventaba del bus.  

Por un instante cerró sus ojos, imaginó el concierto del canto de los grillos que solía acompañar las noches en el campo. Decidió terminar de ver la película, la trama era muy interesante y aún le faltaba un poco de tiempo para llegar a su destino.

Fotografía: Quang Nguyen Vinh.