Vamos tejiendo redes
María Gabriela López Suárez

A mis colegas de Comitán, gracias.

Josefina observó con detenimiento el entramado de su rebozo multicolor, le encantaba, cada hebra  de hilo había sido tejida tan cuidadosamente que el resultado estaba en la prenda que portaba. Se sintió contenta de usar una prenda tan significativa.

Por instantes había olvidado que estaba en año bisiesto y era el cierre del mes de febrero. El tejido de su rebozo la remontó a la experiencia en la que había compartido aprendizajes y enseñanzas, interactuado con diversas culturas e intercambiado vivencias personales y profesionales en su última sesión de trabajo en otro terruño cercano a su lugar de origen.

Su corazón guardaba muchas emociones, la primera era el agradecimiento por hallar en su caminar a personas que, como ella, seguían en la búsqueda de otras formas de convivencia con las que pudieran aportar su grano de arena, cada quien desde su trinchera, a la sociedad en que vivían. 

– Nadie dijo que esto es fácil. Sin embargo, heme aquí cerrando el mes con mucho para reflexionar y repensar-, pensó para sí Josefina.

Otra de las emociones que había percibido era el asombro. Recordó que desde la niñez le encantaba estar en esa constante expresión ante lo novedoso y que atrapa la atención. Justo se sentía así, asombrada al recordar que cuando cada persona lo quiere puede ser creativa y partir de experiencias cotidianas y sencillas para trabajar temas distintos. 

También se sentía entusiasmada e inspirada para continuar la travesía de la vida. Qué importante era la interacción personal y el diálogo con las personas para conocer  que podemos tener experiencias en común que nos pueden ser útiles al compartirlas en grupo y, con la escucha y el intercambio de la palabra, poder hallar posibles propuestas para llevar a cabo proyectos, acuerdos y hasta resolución de conflictos.

Siguió buscando en su corazón, qué más había vivido ese día, la coincidencia de hacer con gusto, pasión y compromiso  la labor a la que cada persona se dedicaba. Se sintió afortunada, agradecida y con el ánimo fortalecido. La tarea que les quedaba a todas las personas ese día era seguir sembrando semillas para que pudieran germinar en su tiempo. 

Josefina se apresuró a tomar su transporte para el regreso a casa. Ya rumbo a su destino fue contemplando el paisaje que la rodeaba, al tiempo que iba acariciando su rebozo y pensando que cada persona en la vida es como un hilo de color diferente y que en el trayecto del caminar, cada quien va tejiendo su propio entramado multicolor. Sonrió. -Vamos tejiendo redes, redes para la vida-  musitó.

Fotografía: Agung Pandit Wiguna.