Revista

Parábolas del uroboro. 2. Juan José Arreola, contexto histórico /2. Ilse Ibarra Baumann

Juan José Arreola. Contexto histórico

Ilse Ibarra Bauman

Contexto histórico 

La historia de México lleva un desarrollo que se amalgama entre una imitación y una creación ondulante. Para llamarse mexicanos y representarse como tal han tenido que negar su estado anterior sin separarse definitivamente de él. Es por eso que el mexicano busca señalar en su historia los abusos y las faltas que marcan su desigualdad, pero no se pueden comprender sin el trasfondo pese a su ignorancia indígena con sus usos y costumbres, con sus leyendas y sus mitos. Un ejemplo de esto está en La feria

Antes la tierra era de nosotros los naturales. Ahora es de las gentes de razón. La cosa viene de lejos. Desde que los de la Santa Inquisición se llevaron de aquí a don Francisco de Sayavedra, porque puso su iglesia aparte en la Cofradía del Rosario y dijo que no les quitaran la tierra a los tlayacanques. (Arreola, 1995, p. 471)

El movimiento más significativo previo y durante el nacimiento de Juan José Arreola fue La Revolución Mexicana; a principios del siglo XX, el país avanza discriminadamente, por un lado estaba la clase alta y media que crecían apuntaladas al progreso de empresas que venían del extranjero y recreaban un panorama de crecimiento. 

Por el otro lado, estaban los obreros que trabajaban numerosas horas por míseros sueldos en estas nuevas industrias y los campesinos que habían quedado abandonados en manos de los caciques. 

Las demandas de educación, de salud, de tierras, de desarrollo en el campo, de democracia, de justicia social entre tantas, se hicieron notar. Huelgas como la de Cananea y Río Blanco (1906 y 1907) representan estas injusticias aunque fueron acalladas por la fuerza. Los acontecimientos de marcada desigualdad se hacían presentes en los estudiantes, es cuando surge la clase media. El pueblo necesitaba reconstruirse, estaban cansados de una dictadura a la francesa con Porfirio Díaz, como lo señala Octavio Paz: 

Y más tarde los obreros decidirían uno de los episodios más importantes de la lucha civil: sus líderes se alían con Carranza (…) A cambio de una legislación obrera, se ligaba el proletariado a una de las facciones en que se dividió el movimiento revolucionario. Desde entonces la clase obrera ha dependido, más o menos estrechamente, de los gobiernos revolucionarios, circunstancia de capital importancia para entender al México de nuestros días. (1972, p.p. 124 – 125)

Dentro de la historia mexicana, Madero representa una democracia menos cruenta. La solución que ponía a tantos años de despotismo era conservar la paz de su patria encaminándola a unas elecciones limpias. Pero el idealismo de Madero es inútil para otros aspirantes al poder. 

La Revolución dejó un país más desequilibrado. No sólo existe una pérdida de vidas en un periodo de diez años (1910-1920) de lucha armada, sino que quedó cercenado en todos sus aspectos: político, religioso, económico y social. 

El desánimo se volvió notorio e inminente ante tanta arbitrariedad como lo hace ver Javier Garciadiego en Introducción Histórica a la Revolución Mexicana, publicado por la SEP y El Colegio de México: 

“… la desilusión de las clases medias… con el cambio y las rebeliones zapatista y orozquista, terminaron por hacer insostenible el gobierno de Madero. En rigor, Madero fracasó porque destruyó el régimen porfiriano pero fue incapaz de crear un gobierno nuevo que pudiera alcanzar la estabilidad mediante un proyecto adecuado para el país: su propuesta política –la democracia– resultó prematura, y su proyecto socioeconómico –liberal– era insuficiente. (S/A, 52)

El panorama social, extinto dentro de la beligerancia política, queda inscrito en las novelas de la Revolución. El papel de la literatura es fundamental, se unen tres factores que se vuelven inseparables: lo político, lo social y lo cultural. Grandes intelectuales fundan el Ateneo de la juventud, entre ellos está Alfonso Reyes, José Vasconcelos, Pedro Henriques Ureña, Antonio Caso entre otros.  

Si las huelgas y revuelta campesinas minaban la estructura social de la Dictadura y la inquietud política en las ciudades hacía vacilar la confianza de Díaz en el apoyo popular, en la esfera de las ideas dos jóvenes, Antonio Caso y José Vasconcelos, emprendían la crítica de la filosofía del régimen. Su obra forma parte de la vasta renovación intelectual iniciada por el grupo llamado Ateneo de la Juventud. (Paz, Octavio, 1972, p.p.125 – 126)

La historia dio material trágico para edificar una nueva literatura regionalista, indigenista y de vanguardia. Para adentrarse a esa etapa nada mejor que Martín Luis Guzmán con su texto La fiesta de las balas, una de las hazañas de la División del Norte comandada por Francisco Villa con su lugarteniente Rodolfo Fierro. En este país tan disímil y en aquellos momentos de guerra civil se funda este grupo que observa. Unos señala los errores sin embargo otros no se adhieren a ésta crítica, pero ninguno se escapa de la influencia que ha dejado en ellos la tragedia de la Revolución.  

            El Ateneo fue el crisol en el que se forja un brillante grupo de ensayistas, pensadores, críticos y creadores mexicanos cuya contribución es decisiva, aunque la entidad sólo durase poco para el desarrollo intelectual del país moderno. 

“Entre los fuegos iniciales de la Revolución y el estallido de la Primera Guerra Mundial, se forman allí las mentes más claras, hondas y creativas de la hora. Su aparición fue estimulada por el clima nacionalista que empezaba a sentirse por esos años” (Oviedo, 2001, p. 128)

            El gobierno de Venustiano Carranza no disminuyó las necesidades del pueblo, paradójicamente se incrementaron a las del dictador. La inflación, el desempleo, los bajos salarios se extendieron como peste en el país. Las privaciones eran muchas, los obreros de la capital se declararon en huelga. La solución de Carranza fue la pena de muerte para el que se levantara contra su poder. El país se encontró inestable y para rectificar el rumbo que tomaba, Carranza elaboró una nueva constitución donde formuló cuatro artículos: 3°, 27, 123 y 130 que caracterizaban su espíritu liberal y revolucionario. Pese a que el poder recaía a última instancia sobre el ejecutivo.

Se vivía en total confusión, por un lado estaban los estudiantes liberales, por otro los porfiristas, los zapatistas, los huertistas, los carrancistas. Al poner en uso estos florecientes artículos dieron lugar a nuevos abusos. 

Ejemplos de estas arbitrariedades están marcados en la literatura mexicana. Juan José Arreola marca puntualmente en “La feria”, Obras (FCE), muestras  que no pueden ser ignoradas:

El señor don Cristóbal se nos ha introducido arbitrariamente de un año acá, y nosotros sin poderle impedir. Él, valiéndose de la Revolución, pidió al señor juez que lo pusiera en posesión. Y visto él que no le impedimos nada, nos cerró la entrada de la laguna, y reconoció años de rentas de tierras de nuestras propiedades. Se valió del gobierno actual diciendo que nada nos debía, y nos hizo infelices sin tener de que echar mano. Nos quitó las sementeras de este año y no nos deja ni sembrar. (Arreola, 2012, p. 490) 

En materia de culto religioso, Carranza tenía cierta consideración. Estableció los artículos en la nueva constitución aunque los que estaban relacionados con el clero no se pusieron en vigor. La religión era algo delicado en un país altamente católico y en suma: fervoroso. Esto será el inicio de lo que más tarde llegaría a ser la Guerra Cristera. “El primer brote ocurrió en Jalisco a mediados de 1918. Ante la restricción oficial a los ministros religiosos, se organizó un vasto y efectivo boicot comercial.” (Krauze, 2014, p. 249). Ante esta hostilidad anuló el precepto y volvió a la paz. Quedó latente el conflicto para más tarde. Ese mismo año nace Juan José Arreola.

            En 1920 reinician las revueltas al lanzar el Plan de Agua Prieta donde se señala que se desconoce el gobierno de Carranza. Álvaro Obregón se aloja en la silla presidencial. México permanecía atado, silenciado; como si la Revolución fuera el momento naciente en que se le ha dado voz. “toda revolución pretende crear un mundo en donde el hombre, libre al fin de las trabas del viejo régimen, pueda expresarse” (Paz, Octavio, 1972, p.129). 

Obregón coloca a Vasconcelos en la Secretaría de Educación Pública, ese momento es fundamental para la historia, organizan una campaña mesiánica para alfabetizar la Nación. La mentalidad de ambos dirigentes era tan divergente que muchas veces Obregón no se explicaba el para qué serviría leer a los antiguos griegos en un mundo como ese, donde lo que se necesitaba era aprender ingeniería, matemáticas, su identidad nacional entre otras. Se crearon escuelas rurales, técnicas, indígenas y elementales. Así lo cita Krauze: 

Daniel Cosío Villegas, uno de los escuderos intelectuales de Vasconcelos en aquella cruzada de la cultura y la educación, escribiría mucho tiempo después, con nostalgia: <Entonces sí que hubo ambiente evangélico para enseñar a leer y escribir al prójimo; entonces sí se sentía, en el pecho y en el corazón de cada mexicano, que la acción educadora era tan apremiante y tan cristiana como saciar la sed o matar el hambre. (…) Fundar una biblioteca en un pueblo pequeño y apartado parecía tener tanta significación como levantar una iglesia (…) Entonces el teatro fue popular, de libre sátira política, pero, sobre todo, espejo de costumbres, de vicios, de virtudes y de aspiraciones>. (2014, p. 300 y 3001)

Además de crecer en el terreno de la educación, se sumaron a ésta las bellas artes. En literatura, Ramón López Velarde fue profesor en la Escuela Nacional Preparatoria. Se mantuvo apartado del ajetreo revolucionario que vivía el país, y claramente se lee en sus poemas la influencia católica de su formación. Tras la muerte de Madero se opuso al gobierno de Victoriano Huerta, conocido como “El usurpador”. “Asistió a la violencia revolucionaria y vio morir a su tío cura como consecuencia de ella.” (Oviedo, 2001, p. 40). 

Al final de su corta vida escribe el poema Suave Patria “Sin traicionar su propios modos, el poeta alcanzó a crear un canto de exaltación autóctona que refleja bien la ola nacionalista que agitaba a la cultura mexicana.” (Oviedo, 2001, p. 54). 

En la pintura surgieron los grandes muralistas como Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros entre otros y dan muestra de lo que está ocurriendo en la Nación. Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central es el retrato explícito de lo que se vivía en el país.

En el ámbito social, Obregón, intentó continuar la obra de Carranza y se apegó a la constitución. Se mantuvo firme en los artículos que afectan al clero. Aunque no fue tan severo como su ex ministro de Gobernación, Plutarco Elías Calles, que sostuvo una tensa avenencia. Franqueó el compromiso para con el clero y se dedicó a que el gobierno americano lo reconociera, en buenos términos, como el mandatario del gobierno mexicano para no tener que enfrentarse más tarde con el país vecino. 

             Para el General Calles no existió libertad de religión. Tenía aberración hacia el culto religioso, él sí hizo cumplir la constitución en lo referente a la iglesia católica, pese a que representaba a la madre de la mayoría de los mexicanos, con esto da paso a la Guerra Cristera que duró tres años. Los cristeros operaban como un ejército de guerrillas y el ejército federal no podía entrar a cada pueblo establecido en un rincón del país. Morrow, quien fue embajador de los Estados Unidos en México durante la Guerra Cristera dice “los pobres no tienen casi otra cosa que el consuelo de la Iglesia” (Krauze, 2014, p. 352)  

Los pueblos de México estaban constituidos en torno al perímetro de la iglesia, desde su construcción hasta su vida litúrgica que dictaba cada día del calendario. Era esta fe la que dirigía sus acciones más que el régimen político. 

Durante la Guerra Cristera los pueblos pequeños fueron evacuados y los concentraron en los más grandes (como lo menciona Juan Rulfo en la entrevista hecha por Joaquín Soler en 1977), muchas familias perdieron todos sus bienes. 

Ante las exigencias que aplicaba la constitución de 1917 para con el clero, hubo disconformidad de parte de los sacerdotes y cerraron las iglesias y con ellas el culto. El pueblo protestó y se levantó en armas a defender “la Santa causa de Dios”. Las nuevas bases que se habían puesto en marcha influyeron en todos los ámbitos. Así lo recuerda Juan José Arreola en “De memoria y olvido”, Obras (FCE)

“Como casi todos los niños, yo también fui a la escuela. No puede seguir en ella por razones que sí vienen al caso pero que no puedo contar: mi infancia transcurrió en medio del caos provinciano de la Revolución cristera. Cerradas las iglesias y los colegios religiosos, yo, sobrino de señores curas y de monjas escondidas, no debía ingresar a las aulas oficiales so pena de herejía. Mi padre, un hombre que siempre sabe hallarle salida a los callejones que no la tienen, en vez de enviarme a un seminario clandestino o a una escuela de gobierno, me puso sencillamente a trabajar.”(Arreola, 1995, p. 48) 

El origen de esta guerra fue matriarcal, como lo describe Juan Rulfo en la entrevista. Fueron ellas las que dentro de la familia le decían al hermano, al hijo, al padre “ve a luchar por la causa de Dios”, no hacerlo era un ultraje. Tuvo gran parte la mujer en esta guerra. Los federales lucharon contra hombres, sin embargo las mujeres anduvieron entre el campo repartiendo armamento, fue una cruzada difícil de acabar. Todos se levantaron en armas. 

Todas las puertas cerradas en nombre de Dios. Toda la locura y la terquedad del mundo en nombre de Dios. Dios de los ejércitos; Dios de los dientes apretados; Dios fuerte y terrible, hostil y sordo, de piedra ardiendo, de sangre helada. Y eso era ahí y en todo lugar porque Él, según una vieja y enloquecedora maldición, está en todo lugar (Revueltas, 1979, p. 11)

Fue una guerra absurda, si se observa a distancia el conflicto, el gobierno no derogó sus leyes por pretensión de un grupo que había mantenido al pueblo en total control e ignorancia. Los obispos tuvieron la esperanza de que Calles pasara por alto la constitución, su intención fue arrancar de raíz el fanatismo.

            Había cerca de cincuenta mil cristeros alzados en armas. Otros veinticinco mil habían muerto en combate. Aquella guerra no sólo costaría a México, en total, setenta mil vidas; sobrevendía, además, una caída fulminante de la producción agrícola (el 38 por ciento entre 1926 y 1930) y la emigración de doscientas mil personas. <Fue>, en palabras de Luis González, <una guerra sangrienta como pocas, el mayor sacrificio humano colectivo en toda la historia de México.> (Krauze, 2014, p. 351)

            Putarco Elías Calles fundó el Partido Nacional Republicano (PNR) que será lo que hoy se conoce como el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Manifestó su apoyo y controló tanto a candidatos como al gabinete. 

De 1928–1930 gobernó Emilio Portes Gil bajo el amparo del ex presidente Calles. De 1930–1932 continuó Pascual Ortiz Rubio bajo la misma tutela protectora. A estos años de dominio se les conoce como el Maximato. Para que se cumpliera la democracia, que es uno de los grandes pilares de la Revolución, pasaron diez años y se formó un partido opositor, el Partido Acción Nacional (PAN). Lo encabezó Manuel Gómez Morín. 

            La plataforma revolucionaria que tomó Cárdenas en su gobierno en gran medida estuvo influenciadas por Francisco J. Múgica. Una de estas bases es el socialismo. Declaró que “resolver el problema de la tierra es una necesidad nacional y un impulso al desarrollo agrícola” (Krauze, 2014, p. 402).

            La reforma agraria, la expropiación petrolera, la protección al obrero, fueron los puntos en que forjó su estructura gubernamental. Pero no sólo de buenas intenciones vive el hombre. Un pueblo fanático e ignorante restará a su bienintencionada causa en más de una ocasión. Trató de liberar a la población de esa formación espiritual tan enquistada apoyado por el socialismo y el comunismo, pero fue imposible. ¿Cuántos siglos le había llevado a la iglesia conquistar el espíritu mexicano para que llegaran hacer a un lado su labor? 

‘Nosotros no habíamos pedido eso del ejido, ni sabíamos qué era eso. Por eso cuando llegaron los del gobierno pensamos que otra vez andaban buscando cristeros y no les creíamos nada y no queríamos aceptar lo del ejido … Pero ellos ahí estuvieron hable y hable, cantándola finito, que si el gobierno era esto, que si el gobierno era esto otro … Hasta dos o tres días se quedaron y nos dejaron los papeles’ …

‘Vino a un convivio y les habló que qué era lo que querían; pero como aquí todos éramos católicos, rehusaron ese reparto de tierras, sin saber si serían beneficiarios o no … La gente lo trató bien pues en realidad la gente no sentía odio … el pueblo aclamó mucho a don Lázaro y la gente estaba quieta … Frente a él no se vido [sic] ninguna manifestación mala … [aunque era natural que] toda la gente que trabaja a gusto tenía que estar disconforme con la proposición, con lo que venía a ofrecer él (…) la multitud en los pórticos gritaba: Nosotros no queremos tierra sino culto.’ (Krauze, 2014, p. 415-416)

El mundo se volvía poco a poco capitalista, mientras que ellos habían regresado al origen de hombre-naturaleza cumpliendo sus necesidades básicas en un mundo lleno de tradiciones donde se bifurcaba su sincretismo religioso. Encerrados en su ignorancia, el desalojo de haciendas y de la repartición de éstas vino a deteriorar la productividad del país. 

Los grandes pintores muralistas se venían abajo, su obra maestra ya había pasado. Y los jóvenes que venían despuntando comenzaron a brillar: Rufino Tamayo, Pedro Coronel entre otros. 

Sin embargo, en este espacio de paz revolucionaria volvió a brillar la literatura. Alfonso Reyes y Daniel Cosío Villegas dirigían El Colegio de México y daba acogida a los exiliados españoles. Entre los mexicanos jóvenes estaba José Revueltas, Efraín Huerta, Octavio Paz. 

Los sindicatos se volvieron un fracaso para el obrero y para el país. La Confederación de Trabajadores de México (CTM) era liderada por Vicente Lombardo Toledano y más tarde por Fidel Velázquez. Estos acabaron favoreciendo su bolsillo y el de sus líderes y no las necesidades de los obreros. El país había quitado la hegemonía militar pero ahora se enfrentaba a estas confederaciones.

1942 es el momento del cine de oro mexicano. María Félix, Dolores del Río, Jorge Negrete, Pedro Armendáriz, Arturo de Córdova, Mario Moreno Cantinflas entre otros fueron los que se encontraban en la cúspide. “El cine se realizaba con lo que ahora puede considerarse verdadera inocencia (…) La industria no se hallaba tan contaminada por la vulgaridad de la búsqueda de la máxima ganancia a través de la mínima inversión” (Ramírez, 2006, p. 28) En música florecía Agustín Lara, Lucha Reyes, Pedro Infante, Pedro Vargas, Cri-crí entre otros.

A raíz de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) las exportaciones aumentaron y el país se encontró en una holgura que propició gran desarrollo en el país. Pero no por ello las comunidades alejadas pudieron disfrutar de ese progreso. Los pueblos aún se observaban arcaicos contra el esplendor. 

El “dogma” revolucionario de la entrega de tierras aún era “sagrado” y Ávila Camacho también hizo sus repartos, sólo que estos fueron de tierras pésimas, cerriles, o de plano inservibles. Por si fuera poco, los trámites de acreditación llegaban a demorarse hasta 35 años. Muchos campesinos de plano rechazaban los predios otorgados. (…)

En cambio fortaleció la oficina de la Pequeña Propiedad, y con esto regresó, cada vez con más fuerza, el latifundismo: bastaba con dividir una inmensa extensión en pequeños predios y ponerlos a nombres de familiares o prestanombres. Estos “pequeños propietarios” pronto crearon sus propias guaridas blancas, en el más puro estilo Pedro Paramo (Ramírez, 2006, p. 51)

Las fiestas religiosas seguían siendo el alma y júbilo del pueblo. México vivía al amparo de los Estados Unidos, al declararse éstos en contra del comunismo, el gobierno y todo lo que dentro de él se gestionaba, tuvo que ser radicalmente anticomunista.

            La devaluación que más tarde golpea al país es el producto de estas decisiones hechas sin antes hacer un análisis: el reparto de tierras careció de visión; los líderes estaban faltos de un razonamiento justo, equitativo y lógico para sus obreros y campesinos; y además estaba el cáncer de todo político: la corrupción, que siempre había existido, con Miguel Alemán se desencadenó más. Favoreció a los empresarios que muchas veces sus negocios estaban fuera de la ley, hizo caso omiso. Sin embargo, los más necesitados, siguieron inadvertidos.

Pedro Infante se vuelve el ídolo de México. Tin Tan representa al pachuco en El rey del barrio, El ceniciento, Calabacitas tiernas…que como dice Paz es: 

este obstinado querer ser distinto, en esta angustiosa tensión con que el mexicano desvalido –huérfano de valedores y valores– afirma su diferencia frente al mundo. El pachuco ha perdido toda su herencia: lengua, religión, costumbres, creencias. Sólo le queda un cuerpo y un alma a la intemperie, inerme ante todas las miradas. Su disfraz lo protege y, al mismo tiempo, lo destaca y aísla: lo oculta y lo exhibe. (Paz, Octavio, 1972, p. 14) 

En todos los salones se bailó el mambo de Pérez Prado. Luis Buñuel participa en el festival de Cannes e impacta con su película: Los olvidados. En el teatro figura Emilio Carballido con Los signos del zodiaco. Pablo Neruda llega a México desterrado. Salvador Novo arrastrado por el capitalismo crea eslóganes para empresas extranjeras. José Revueltas critica a los líderes del comunismo mexicano. Octavio Paz continuó su trascendencia con Águila o sol

En 1949 apareció un nuevo y dotadísimo autor, Juan José Arreola, que con Varia invención hizo ver que México contaba con un estilista sofisticado, cosmopolita, que se hallaba al día y que hablaba un francés irreprochable. Actor, mimo, declamador, Arreola lucía sus sacos-de-pana-gastados-por-la-luna (faltaban muchos años para que el Maestro apareciera en las pantallas televisivas con lucidores casimires) e introdujo un aire enteramente nuevo en la literatura mexicana. (Ramírez, 2006, p. 98)

Las siguientes elecciones fueron arregladas para que el PRI resultara ganador. Y así llegó a la silla presidencial Adolfo Ruíz Cortines. Durante los años cincuenta a la mujer se le permitió votar; no por ello la ceguedad social cambió las costumbres, la jerarquía del hogar y su autoritarismo recaía en el patriarca. 

Nacieron los melodramas televisivos que cautivaron y entorpecieron el razonamiento en la vida de un gran número de mexicanos. En los años sesenta se institucionalizaron en cada familia, las pocas empresas publicitarias, que hasta hoy dominan la vida política, social y económica del país. “Los campesinos manifestaron su descontento (…) sólo se acordaba de ellos cuando requería grandes contingentes de acarreados, y a cambio de una torta y un refresco” (Ramírez, 2006, p.155)     

El rasgo característico de México contemporáneo, el que lo distingue del pasado reciente, es la constitución de un grupo social que domina el Estado y, a través del Estado, a la vida política, económica y cultural de la nación. Este grupo está compuesto por políticos, tecnócratas e intelectuales. Surgió después de que cesó la lucha armada entre las facciones revolucionarias; su involuntario fundador fue un caudillo, Plutarco Elías Calles, con el que comienza el México contemporáneo. (Paz, Octavio, 1989, p. 159)

Han pasado los años y el control de México aún sigue estando en manos de pocas empresas. Gobiernan al país junto con el Estado. El narcotráfico, el crimen organizado permanecen enredados entre las esferas más altas del gobierno. La impunidad es parte de la historia de este país. Nada se condena. México es un país libre de protección. Ellos hacen de este México actual una nación cada vez más corrupta, más desigual y con menos principios.  

(Continúa en la siguiente entrega…)

Foto: Breakingpic

Universo breve. 8. Tal para cual. Damaris Disner

Tal para cual 

Dámaris Disner

Él admira mi desbordante imaginación. Yo, su lengua de infinitas habilidades. Es mi políglota traductor.

Fotografía: Darcy Delia.

Voces ensortijadas. 8. Aires de primavera. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas

María Gabriela López Suárez

Aires de primavera

Isis se apresuró a elegir la ropa que llevaría esos días de vacaciones, sus familiares vivían en un lugar con clima cálido. Guardó sus blusas de manta, mientras las doblaba observó los bordados, qué hermosos tejidos, bella combinación de colores y formas. Se quedó pensando en el tiempo que invertían las mujeres bordadoras para hacer cada prenda y que su trabajo, en la mayoría de ocasiones, no era valorado, cayendo en el regateo constante.

Echó un vistazo a la gama de colores de blusas de manta que tenía en el guardarropa, cada una le era significativa, las que ella compró, las de obsequio, las de ocasiones especiales. Algunas eran de regiones que no conocía, otras de producción local. Recordó la primera blusa de manta que se compró, era color blanca, manga larga y muy fresca. Desde pequeña se sintió atraída por ese tipo de prendas.
Escuchó que su familia la llamaba, ya estaban por salir, cerró su mochila y se dirigió a la sala. Tomaron dos taxis que los llevaron a la terminal de autobuses. Percibió el aire que corría, ya se avizoraba el atardecer.

Abordaron y el recorrido comenzó. Isis se sentó en la ventanilla, negoció con su primo Humberto que le cambiara el asiento, inicialmente ella tenía pasillo.
Aún iba acalorada, la mañana había sido intensamente calurosa, deseó que el camión tuviera la ventana abierta y seguir percibiendo ese aire tan agradable. Observó los tonos en naranja muy tenue con los que se coloreaba el cielo.

Recordó esas tardes en las que le tocaba llevar a sus mascotas caninas en la ventanilla del carro, les fascinaba sacar la cabeza y que el aire acariciara sus orejas, podían permanecer así gran rato. Suspiró profundamente. Vinieron a su mente lindos atardeceres como el que ahora apreciaba, indudablemente esos paisajes y el vientecillo que se dejaba sentir eran las señales que los aires de primavera estaban llegando y habría que darse el tiempo para disfrutarlos.

Humberto la sacó de su contemplación, estaban proyectando uno de los documentales que Isis tenía pendiente por ver, Llévate mis amores. Isis volteó nuevamente a la ventana, el sol se había ocultado, era hora de ver el documental.

Fotografía: Roxanne Shewchuck.

Polvo del camino. 8. Del dibujo a la resolución compleja, al texto ergódico. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 8

Del dibujo a la resolución compleja, al texto ergódico
Héctor Cortés Mandujano

Dibujo rápido y preciso es “El efecto Keno”, primero de los tres textos que integran Cuentos del mar (Tifón, 2020), del prolífico y multipremiado narrador chiapaneco Luis Antonio Rincón.
“El efecto Keno” pareciera, incluso, una anécdota personal cerrada con la circularidad de la serpiente que se muerde la cola.
“El hijo del mar” podría en cambio, sin esfuerzo, postularse como ejemplo de la brevedad que sugería Ítalo Calvino en sus célebres propuestas, porque este cuento no se mueve más que hacia adelante en su espíritu de flecha en el aire. Si volvemos al símil inicial, sería éste una acuarela donde el pintor con experiencia ha planeado con cuidado la puesta del color en el papel, para que no haya la gota perversa y desobediente que resbale y eche a perder la imagen pensada y llevada a su perfecta resolución.
Los dos cuentos primeros, por otra parte, pueden compartir genealogía, pues Keno y el narrador de Nun, “El hijo del mar”, sin merma de sus diferencias, podrían ser el mismo personaje.
“Embravecido” es el cuento mayor de este breve volumen y me parece que se hermana con “Tegenaria doméstica”, de Roger Octavio Gómez Espinosa (Roger y Luis son amigos y se leen), con el cual comparte una serie de técnicas (polifonía, dibujos, nota periodística, guion de cine), aplicadas a la fragmentariedad con que se cuenta la historia de Pedro Catalán Leyva, Perico, y de los varios personajes que son importantes en su vida (Chagoya, Samuel, Martha, Pedrito, la vieja que urde su venganza), que el lector debe complementar porque el final se prefigura, pero no se explicita.
Este cuento ergódico –dado que necesita la participación activa del lector para su consumación fáctica– se aleja mucho del dibujo y de la acuarela, y se instaura como una pintura compleja, de matices diversos, de significaciones distintas, que nos muestran al pintor, al autor, Luis Antonio Rincón, como un artista en plena posesión de sus materiales artísticos, en pleno dominio de su oficio. Felicidades y un abrazo, querido Luis Antonio.

*Texto leído en la presentación de Cuentos del mar, de Luis Antonio Rincón, en Telar Teatro, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el viernes 6 de marzo de 2020.

Fotografía: Juventino Sánchez Vera.

Paso de fuego. 3. El lenguaje proteico como espacio dialógico. Alejandro Aldana Sellschopp

La poesía como conocimiento/ Parte 3

El lenguaje proteico como espacio dialógico  

Alejandro Aldana Sellschopp

para: Luz y Emiliano

David Andrade escribe su poesía desde una perspectiva muy interesante, nos habla de un mundo que deviene después de la separación entre el hombre y el lenguaje, no pretende regresar al lenguaje primigenio, por el contrario se reafirma en la propuesta de Michael Foucault que en su libro Las palabras y las cosas afirma la separación lenguaje-hombre, imposibilitando a éste la natural representación del mundo, a partir de ahí el lenguaje adquiere su contenido analógico, y Andrade escribe sus versos en esa vertiente de aproximación, sabe que no toca al mundo antiguo, lo propone, lo acerca y su aproximación es siempre fugas. Es por ello que los versos son polisémico en la medida que son inevitablemente un bosquejo de lo real, los poemas son abiertos desde su propia composición semántica, no poseen la verdad de nada, tan solo la invitación a la intencionalidad. 

            Andrade parece decirnos que la poesía es una de las fuentes del conocimiento, entiende que la imaginación y el mundo emotivo generan conocimiento, que en el poema se perfeccionan en el lenguaje poético. Es decir, que el lenguaje poético es lo suficientemente flexible que se convierte en receptáculo de estas posibilidades expresivas como ningún otro lenguaje puede permitírselo.  

Fotografía: Vincent Gerbouin.

Voces ensortijadas. 7. El reto cotidiano. María Gabriela López Suárez

El reto cotidiano
María Gabriela López Suárez

A mis amigas, compañeras, colegas, estudiantes, maestras en la vida,

 en especial a mi mamá y abuelitas.

Romelia decidió que esa tarde llegaría puntual a su cita, salió de casa y se dirigió a la zona centro de la ciudad. Como llevaba tiempo a su favor fue caminando sin prisa,  deseaba disfrutar el paisaje.

El clima era muy frío, a lo lejos Romelia alcanzaba a observar las montañas,  no tardaría mucho en bajar la neblina; alzó la vista y parecía que las nubes viajaban con prisa, qué contradicción, justo el día en que ella iba con calma. Ya casi se acercaba la primavera.

– No cabe duda, febrero loco y marzo otro poco-  pensó.

En la calle principal por la que transitaba iba una diversidad de personas, por un lado, la gente local como transeunte, por otro, los comerciantes informales locales y externos, así como los turistas nacionales y extranjeros. En ese mar de gente de todas las edades se percató que,  la mayoría, eran mujeres. 

En cada una de esas mujeres había un mundo de historias, sueños, necesidades,  alegrías, tristezas, miedos, esperanzas, luchas internas, luchas colectivas. Recordó que pronto sería 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, un día de conmemorar las luchas que otras mujeres habían iniciado con anterioridad y que se continuaba haciendo para la reivindicación de los derechos de las mujeres.

Llegó al punto de reunión, se sentó en una banca a esperar a Liliana,una de sus mejores amigas. Ella siempre era puntual. Revisó el reloj, faltaban diez minutos para la hora fijada del encuentro. Una señora vendiendo pastelitos caseros le ofreció su vendimia, Romelia, preguntó el precio de uno con relleno de fresa, lo compró y le dio las gracias. Observó el rostro de la vendedora, sus ojos se habían alegrado cuando le hizo la compra, siguió su camino cargando su canasta, le faltaban muchos por vender, al momento de tomar su pastelito Romelia se percató de ello.

Mientras llevaba el pastel a su boca, Romelia se quedó pensando cuántas mujeres luchaban a diario, de manera distinta, unas en silencio, callando por miedo a más violencia, mujeres en contextos y dinámicas diferentes; algunas mujeres sin saber siquiera la existencia de la conmemoración de un 8 de marzo, pero resistiendo a sus situaciones, sin darse por vencidas; otras más con la ardua tarea de visibilizar los derechos de las mujeres y la violencia ejercida por una sociedad machista y quizá algún grupo con cierto grado de indiferencia ante estas luchas. 

Vinieron a su mente sus ancestras, las abuelitas que habían resistido expresiones de violencia, mujeres fuertes a las que admiraba y que también eran maestras en su vida. Visualizó a su mamá, un ejemplo de fortaleza en medio de la tempestad, sin saber del feminismo le había inculcado valores que Romelia llevaba presentes, el respetarse, el amarse, el valorar su ser mujer, el luchar por sus metas, el no callar ante el menor indicio de violencia, el saber alzar la voz. 

Para Romelia era indudable que las tareas de estas luchas no estaban resueltas, menos en la sociedad actual con la violencia desbordada en diversos sectores. El 8 de marzo no era el único día en que se debía visibilizar esta situación sino que era el reto cotidiano para trabajar desde lo individual, en colectivo, en lo institucional, en cada sector de la sociedad. Una sociedad que buscara ser incluyente, que respetara los derechos de todas las personas y garantizara una vida libre de violencia, con justicia, más allá de los discursos. Era una tarea de todas las personas.

Su mirada siguió el trayecto de la vendedora de pastelitos, había caminado casi una cuadra y se había detenido, otra chica se acercaba a comprarle.  La reconoció de inmediato, era Liliana con su inconfundible boina color ladrillo y su cabello suelto.

-¡Hey Lili!! Esta vez llegué antes que tú. – Gritó desde la banca Romelia.

– Esa Rome. ¡Una vez al año no hace daño!- Le respondió Liliana sonriente.

Fotografía: Agung Pandit Wiguna.

Parábolas del uroboro. 1. Sobre Juan José Arreola /1. Ilse Ibarra Baumann

Antecedentes de Juan José Arreola

Ilse Ibarra Bauman

Para hablar de Juan José Arreola es necesario detenerse en precedentes históricos de México, que si bien él no vivió, han servido para certificar la influencia de éstos en su obra. Enlaza a sus personajes con un pasado basado en tradiciones religiosas, políticas y sociales, así marca su mexicanidad. 

Estos modelos del ser humano instituyen distintos roles y dan forma a su trayectoria literaria. El mexicano hizo la independencia por su emancipación; cansados de la hegemonía española, decepcionados de la desigualdad ellos se liberaron. 

Las expectativas de esta actual nación para separase del viejo mundo, obraron como dice Samuel Ramos en El perfil del hombre y la cultura en México, publicado por Espasa Calpe mexicana, en 1979: “No hacíamos otra cosa que emanciparnos de España a la española.” (Ramos, 1979, p. 32) 

Esta lucha contumaz, reincidió. México ha tenido años de reposo más no de una apacible dignidad humana. Los vencedores gobernaron y dilapidaron por cincuenta años con cierta moderación hasta culminar las pugnas entre liberales y conservadores. Las guerras de Reforma dieron paso a Porfirio Díaz hasta culminar las pugnas. 

La herencia católica con la que contaron los mexicanos representaba el dogma de fe sobre el que se edificó la familia mexicana. El clero era una fuerza política inmanente al estado, su participación conjunta (político-religioso) pugnaba en la dirección del país. 

El abuso del poder se instaló como base, pocos fueron los favorecidos y muchos ignorantes cayeron en la trampa. En relación con esto, “La feriaObras publicado por el Fondo de Cultura Económica (FCE), Juan José Arreola nos da un ejemplo:

“–¿Vender? ¿Vender, señor cura? ¿Pero qué es lo que yo tengo aquí para vender? Ni modo que venda la casa en que nacimos ni la del santuario que nos viene desde quién sabe cuántas generaciones. ¿Vender? Con todo respeto, sépalo usted, señor cura, desde que yo tengo uso de razón nosotros no hemos vendido nada… Nada que no sean las cosechas, el queso y los puercos gordos. (2021, p. 512) 

Ante esto los liberales debían frenar la fuerza de la iglesia. Leopoldo Zea en El positivismo en México: nacimiento, apogeo y decadencia, menciona a los que representan el grupo triunfador: “los liberales, los que encabezaron el movimiento llamado de Reforma, fueron hombres pertenecientes a una determinada clase social que Sierra llama burguesía.” (Zea, 2011, p. 46). 

Este grupo selecto había alcanzado su status quo durante el porfirismo, se hacían llamar los jacobinos y es en esta clase  “Comprendiendo (Juárez) –nos dice Sierra– que las burguesías, en que forzosamente se recluta la dirección política y social del país, por la estructura misma de la sociedad moderna” (Zea, 2011, p. 47) donde, “los hombres de ciencias” importaban una nueva ideología para México: el positivismo. 

Este grupo burgués que venció a los conservadores (clero y milicia), impuso un pensamiento imitado sobre esta plataforma pluricultural. No favorecía en nada a la clase desamparada, al contrario, la alejaba más. “La Reforma es, ante todo, una negación y en ella reside su grandeza. Pero lo que afirma esa negación –los principios del liberalismo europeo–eran ideas de una hermosura precisa, estéril y, a la postre, vacía.” (Paz, Octavio, 1972, p.p. 115–116). 

El mexicano tiende a mimetizarse en otras culturas, adoptó nuevas maneras según su circunstancia política, social y cultural. Continuó edificando sobre lo que los países modernos habían decretado viable: París los cautivó. Como lo cita Samuel Ramos: 

El espíritu revolucionario de Francia ofrece a la juventud avanzada de México los principios necesarios para combatir el pasado. Contra la opresión política, el liberalismo; contra el Estado monárquico, la república democrática; contra el clericalismo, el jacobinismo y el laicismo.  (1979, p. 42)

París fue, es y será el culmen donde muchos autores alcanzaron una nueva visión que se suma a su origen; entre estos escritores estaban Amado Nervo, José Juan Tablada, entre otros. Ellos se establecieron en Europa por un tiempo. Otros escritores como Manuel Gutiérrez Nájera y Ramón López Velarde nunca estuvieron en París sin embargo se advierte la influencia francesa en su obra. 

(Continúa en la siguiente entrega…)

Felicidades, hás leído 2 cuartillas.

Foto: Breakingpic

Universo breve. 7. Reina Vasti. Damaris Disner

Reina Vasti 

Dámaris Disner



Sin corona reinó para sí misma. No hubo sucesora.

Fotografía: Leo Cardelli.

Polvo del camino. 7. Viaje delectable por la orilla del foso. Héctor Cortés Mandujano

Sima de las Cotorras. Foto: Paco Méndez

Polvo del camino/ 7

Viaje delectable por la orilla del foso

Héctor Cortés Mandujano

Para mi primo Paco Méndez

No un bosque, sino una selva se ve en el fondo de la Sima de las cotorras;

            no son hojas verdes las que se mueven, sino centenares de pájaros de plumas de esmeralda y cantos de plata;

            no es polvo lo que parece moverse en el aire eterno, sino abejas que colectan lo que después será dulzura.

Camino junto al guía por la orilla del foso y las paredes me cuentan su historia a través de sus rupestres signos.

            Veo las copas arbóreas y soy el árbol;

            soy la mirada que se detiene en la flor y soy todos sus colores;

            soy la palabra que puebla este silencio de viento suave y me he vuelto pálpito del mundo;

            soy la sensación de caer y soy la abeja, el pájaro, la piedra, el abismo…

1/marzo/2020

Fotografía, Sima de la cotorras: Paco Méndez.
Sima de las cotorras. Paco Méndez

Voces ensortijadas. 6. Vamos tejiendo redes. María Gabriela López Suárez

Vamos tejiendo redes
María Gabriela López Suárez

A mis colegas de Comitán, gracias.

Josefina observó con detenimiento el entramado de su rebozo multicolor, le encantaba, cada hebra  de hilo había sido tejida tan cuidadosamente que el resultado estaba en la prenda que portaba. Se sintió contenta de usar una prenda tan significativa.

Por instantes había olvidado que estaba en año bisiesto y era el cierre del mes de febrero. El tejido de su rebozo la remontó a la experiencia en la que había compartido aprendizajes y enseñanzas, interactuado con diversas culturas e intercambiado vivencias personales y profesionales en su última sesión de trabajo en otro terruño cercano a su lugar de origen.

Su corazón guardaba muchas emociones, la primera era el agradecimiento por hallar en su caminar a personas que, como ella, seguían en la búsqueda de otras formas de convivencia con las que pudieran aportar su grano de arena, cada quien desde su trinchera, a la sociedad en que vivían. 

– Nadie dijo que esto es fácil. Sin embargo, heme aquí cerrando el mes con mucho para reflexionar y repensar-, pensó para sí Josefina.

Otra de las emociones que había percibido era el asombro. Recordó que desde la niñez le encantaba estar en esa constante expresión ante lo novedoso y que atrapa la atención. Justo se sentía así, asombrada al recordar que cuando cada persona lo quiere puede ser creativa y partir de experiencias cotidianas y sencillas para trabajar temas distintos. 

También se sentía entusiasmada e inspirada para continuar la travesía de la vida. Qué importante era la interacción personal y el diálogo con las personas para conocer  que podemos tener experiencias en común que nos pueden ser útiles al compartirlas en grupo y, con la escucha y el intercambio de la palabra, poder hallar posibles propuestas para llevar a cabo proyectos, acuerdos y hasta resolución de conflictos.

Siguió buscando en su corazón, qué más había vivido ese día, la coincidencia de hacer con gusto, pasión y compromiso  la labor a la que cada persona se dedicaba. Se sintió afortunada, agradecida y con el ánimo fortalecido. La tarea que les quedaba a todas las personas ese día era seguir sembrando semillas para que pudieran germinar en su tiempo. 

Josefina se apresuró a tomar su transporte para el regreso a casa. Ya rumbo a su destino fue contemplando el paisaje que la rodeaba, al tiempo que iba acariciando su rebozo y pensando que cada persona en la vida es como un hilo de color diferente y que en el trayecto del caminar, cada quien va tejiendo su propio entramado multicolor. Sonrió. -Vamos tejiendo redes, redes para la vida-  musitó.

Fotografía: Agung Pandit Wiguna.