Parábolas del uroboro. 5. Juan José Arreola, obra. Ilse Ibarra Baumann

Obra de Juan José Arreola

Por Ilse Ibarra Bauman

Hablar de la obra de Juan José Arreola es penetrar en los sentimientos del hombre. Él escribe desde una posición personal que está arraigada a sus costumbres pero con efecto innovador. Incorpora lo arbitrario (como primer plano) a la razón, a través de la ironía. Revela, desde una percepción más intuitiva, la fatalidad del hombre desde un fondo muy divertido con dejos crueles. Hacer reír al lector común y se salvaguarda a través de la burla sin que éste perciba el trasfondo melancólico del origen.  

Entre sus primeras obras dramáticas están: La sombra de la sombra, Rojo y negro y Tierra de Dios (con esta obra sufrió años por la irreverencia que tuvo hacia los asuntos religiosos). En el teatro no se consideró célebre, estas piezas son inéditas. Las que sí se editaron: La hora de todos y Tercera llamada, ¡Tercera! las considera fracasos. Actuó Becado por el Instituto Francés de América Latina.

            Sueño de navidad es el primer cuento de Arreola. Lo toma como una de sus primeras y pocas pruebas de sentimentalismo, se editó en el periódico de su pueblo: El vigía, y nunca más se volvió a editar. 

En la conferencia que dio en la Universidad de Granada en 1993 lo nombró como El barco, inspirado en un cuento de Leónidas Andréiev (queda claro el hecho intertextual que existe en el cuento El silencio: “Oía a la gente salir de la iglesia, oía cantar a los sochantres ante el ataúd, e intentaba levantar la mano para hacer la señal de la cruz. Pero la mano no le obedecía. Quería decir: «¡Adiós, Vera!» Pero tenía la lengua pesada como una masa inerte.”). 

El cuento de Arreola trata de un niño que le da una cachetada a un compañero en el recreo unos días antes de navidad. No puede dormir porque su mano está entre entumida y culpable, no haya qué hacer. La mete entre las sábanas, debajo de la almohada, quisiera quitársela y arrojarla. Esto que el niño siente es el remordimiento, está arrepentido por hacer, pero si no lo hacer también estaría agobiado. De este cuento recuerda una de sus primeras frases literarias: “se arrancaba torpemente con las manos girones de sueño”. 

Su primer libro fue Varia invención que se editó en 1949. Este primer libro lo coloca como gran escritor.

El trabajo que realiza en el Fondo de Cultura Económica como corrector le abrió la puerta a gran parte de la forma de su obra “encontré en la brevedad de la solapa el camino de la concisión literaria. De las solapas del Fondo nace probablemente mi vocación de crear cuentos breves.” (Carballo, 1994, p. 442). 

Pero, sobre todo, sus conocimientos literarios se ensanchan. Corrigió dos veces Las grandes culturas de la humanidad de Turner, gracias a este libro organizó dentro de su biblioteca cerebral toda la información que poseía; tenían un orden.

Confabulario fue editado en 1952 por el Fondo de Cultura Económica. Esta recopilación de cuentos fue modificada en 1961 y 1971. Arreola no estuvo dispuesto a dejar sus historias en camisa de fuerza, así que en las ediciones que le siguieron a la primera trató de limpiar la individualidad de sus textos para dejarlos más pulimentados, además agregó nuevos.  Confabulario es el resultado de sus sentimientos. 

La formación de Bestiario, textos que se entregaron en diciembre de 1958, fue una obra prácticamente dictada como lo menciona José Emilio Pacheco “los escribí con pluma Sheaffers de tinta verde y luego los pasé a máquina Royal para que Arreola los revisase”. Christopher Domínguez Michael en la Antología de la narrativa mexicana del siglo XXrecuerda y le da el epíteto de “amanuense de Arreola” a José Emilio Pacheco. 

Para el 15 de diciembre de ese año, Arreola debería entregar los textos a la Universidad Nacional Autónoma de México, si no lo hacía la Universidad haría uso de sus abogados para que Arreola devolviera el adelanto. 

Ya no recuerdo si la idea fue mía o de Vicente Leñero, Eduardo Lizalde o el propio Fernando del Paso, a quien treinta y cinco años después Arreola iba a dictarle en Guadalajara el primer tomo de sus Memorias. Sea como fuere, el 7 de diciembre, ya con el agua al cuello, me presenté en Elba y Lerma a las ocho de la mañana, hice que Arreola se arrojara en un catre, me senté a la mesa de pino, saqué papel, pluma y tintero y le dije: me dicta o me dicta.

Arreola se tumbó de espaldas en el catre, se tapó los ojos con la almohada y me preguntó:

–¿Por cuál empiezo?

Dije lo primero que se me ocurrió:

–Por la cebra.

Entonces, como si estuviera leyendo un texto invisible, el Bestiario empezó a fluir de sus labios:… (“Amanuense de Arreola. Historia del Bestiario. José Emilio Pacheco.” en la revista Tierra Adentro, agosto-septiembre de 1998).

Esta obra no fue hecha por un experto en fisiología, sino por un observador del comportamiento humano y animal con alta dosis de matiz cristiano y fantástico. Al comparar a los animales con los hombres no es del todo halagador, desprestigia al segundo y utiliza la carnada (el animal en esta ocasión tiene una doble acepción) para ridiculizar la condición humana. El animal no sólo cumple el modelo del hombre, sino también se revela como lo sobrehumano.

En 1963, periodo de convalecencia, acomoda sus papeles y se encuentra con un gran número de textos que ha escrito de su tierra natal, esto dará inicio a su única novela: La feria que es la historia de su pueblo. Es una novela donde convergen gran variedad de géneros: la minificción, el cuento, la canción, la pieza de teatro, el poema, la parábola, citas bíblicas, la oratoria, la crónica, el ensayo entre otros. La primera edición se realizó en 1963. Estos años son también años de esplendor para Gabriel García Márquez, Mario Vargas llosa, Juan Rulfo entre otros. Por lo cual no tuvo una buena crítica.

Publica Palindroma en 1971, que es un género de textos legibles de izquierda a derecha y viceversa. También conocidos como verso sotádico, o verso jánico, o verso cáncrico, o frase capicúa, o frase retroactiva (como los llamaba Antonio Alatorre).  “Are cada Venus su nevada cera”, Juan José Arreola.

Arreola aprovechó  cualquier anécdota intrascendente para expresar la vida humana y sus avatares. Cita a Montaigne: “Yo soy la materia de mi libro” (Arreola, 2012, p. 686). Fue estricto con sus textos aunque todos pertenecen a una confesión. 

Su obra está sujeta a una comedia que no suprime escenas trágicas. Rompe las reglas de los hábitos, afectos e intereses relacionados con su formación y, sobre todo, con el amor ilimitado de una mujer. Decir ilimitado como sinónimo de lo absoluto es contra lo que él lucha. Contra la construcción perene de un sentimiento que jamás podrá permanecer inmobil, sujeto a un estado fijo pese a que la humanidad declare: te amaré por siempre

A sus personajes los ve en diagonal. Primero los presenta en línea recta creados con necesidades y compromisos sociales verdaderos. Después los quebranta y conflictúa en su existencia poniéndolos en situaciones penosas e irreales pero con un trasfondo que pertenece a los altibajos de su vida personal. Elaboró una literatura, como dice, acrisolada que puede encerrarse en una sóla cuartilla y abarca las pesadumbres más estrechas del ser humano. 

(Continúa en la siguiente entrega…)

Foto: Breakingpic

Voces ensortijadas. 11. ¡Al agua patos! María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 11

¡Al agua patos!

María Gabriela López Suárez

Enfrascada en el trabajo en línea que estaba haciendo desde casa Dinora no había reparado que el viento estaba soplando de manera distinta. Las gallinas, pollitos y patos estaban tranquilamente en el patio. Se asomó por instantes y percibió la sensación de frescura, como cuando se anuncia la lluvia. Alzó la vista al cielo, vio nubarrones grises. Ella quería aprovechar al máximo el tiempo, avanzar con las actividades que tenía pendientes. El ritmo de su cotidianidad había cambiado desde el inicio de la cuarentena por el Covid-19.  Así que regresó a lo suyo.

Se preguntaba si todas las personas que estaban trabajando desde sus hogares habían encontrado la forma de organizarse ante esta crisis de salud. Ahora entendía que no es lo mismo hacer algún pendiente laboral en casa que estar trabajando ahí de continuo.  De pronto sentía que la tarde ya había caído y ella seguía en el trabajo. Hacía sus espacios de receso, no precisamente para hacer lo que deseaba sino para atender tareas en casa. Recordó nuevamente que los roles de las mujeres eran distintos, siempre estaban ocupadas en algo que hacer.

Sin embargo, no todo era tan angustiante, valoraba mucho su trabajo, se sentía afortunada y bendecida de poder estar en casa con sus familiares, haciendo caso a la frase más recomendada de esos días: Quédate en casa.

La parte que más le causaba cierta incomodidad era a la hora de estar informándose por la televisión, en los diferentes noticieros y cadenas televisivas la información era similar. Seguían anuncios de prevención, entrevistas con especialistas en salud, eso era importante, pero también percibía que la sensación de infundir miedo no dejaba de estar presente. En otros espacios informativos, no precisamente noticiosos, hacían la recomendación de no consumir aquellos mensajes que infundieran el miedo, la preocupación, el pánico. Las personas especialistas en terapias de sanación sugerían mantenerse en alta vibración.

Seguía concentrada en la revisión de un presupuesto económico cuando escuchó que las gotas de agua caían fuertemente. Salió al patio y observó que las gallinas corrían a guarecerse, cuidando a sus polluelos. Los truenos comenzaron a escucharse fuertemente y de manera continua. La lluvia se intensificó en instantes.

Dinora dejó su trabajo para apreciar la lluvia, sintió el olor a tierra mojada. Se quedó pensando que un par de días antes había deseado que lloviera, los árboles lo necesitaban, los percibía tristes y la tierra estaba agrietada de tanta sequía. El llamado de su mamá la hizo volver al presente.

– ¡Dinora, ven, mira!- dijo doña Patricia.

-¡Qué bonito! ¡Al agua patos!- exclamó Dinora.

Ante ellas estaba un paisaje natural tan bello, además de la lluvia, mientras las gallinas y pollitos huían del agua, los patos disfrutaban al máximo la caída torrencial de agua. Se habían formado pequeños charcos que les servían de estanques para nadar. Y ahí estaba la comunidad de patos, sin dejar de zambullirse y aletear, se veían muy felices. 

Dinora agradeció desde su corazón la lluvia de esa tarde. Esos pequeños detalles eran regalos y el recordatorio que cada instante en la vida es importante. Que hacer las pausas necesarias permite darle sentido a la vida. 

Deseó que las personas que tenían la oportunidad de estar en casa por el Covid-19, además de cuidarse, pudieran encontrarle los lados lindos del permanecer sin salir. Para Dinora también era una oportunidad de volver la vista a su interior, de sentirse, reconocerse y amarse, para poder estar en armonía con los seres que la rodeaban.

Comenzó a oscurecer. La lluvia siguió y los patos continuaron disfrutando estar bajo el agua.

Fotografía: Nur Andi Ravsanjani Gusma.

Beatus Ille. La bruja. Lufloro Panadero

De Lufloro Panadero*

La bruja

Me dijo: ando en pretensiones de chuparme a usted;
y yo: fíjese, nomás, qué coincidencia,
yo ando en pretensiones de que me chupe usted.
Y luego, de su ritmo carne carne ritmo 
probablemente le nacía la jarana, 
de ahí la copla loca, lo
caliente de la copla donde
íbamos cayendo, yendo yo, viniendo ella,
dándole vuelo a la hilacha, bonito es volar,
íntimos, tensos, telúricos, ay qué bonito es volar
a las dos de la mañana. Pulse, bruja, la jarana;
dulce traigo la caricia; bruja, deme su delicia,
páseme pronto a la alcoba porque yo seré la escoba 
donde va a volar usted a las dos de la mañana;
a las dos de la mañana su jarana tiene sed,
pero tiene solución, y por eso a mí me toca
ser botella o ser canción para llegar a su boca;
ser canción o ser botella para que me tome usted. 
Yendo yo, viniendo ella, música lúbrica mutua; 
señores, lo cierto es que el mundo es un gordo egoísta: 
la bruja no quiere llevarme de nuevo al cerrito,
y a mí se me nota lo toro si la necesito,
si pienso en lo exacto de su chupación. Concluyo:
ni menos bruja ni más bruja, simplemente
de una a otra escoba la volátil, ay mamá, se va,
se va riendo, va riendo, mientras tanto
el quebradizo de uno está barriendo
su despedazada situación. 

Fotografía: Ruvim.

Sobre el autor:

Luis Flores Romero. Nació en la Ciudad de México en 1987. Estudió Letras Hispánicas en la unam. Ha publicado poesía en algunas revistas impresas y electrónicas. Ha impartido talleres de versificación y creación poética. Es autor del poemario Gris urbano, publicado en 2013 por la uacm, y de Sonetos ñerobarrocos, publicado en 2016. Becario, en el área de poesía, de la Fundación para las Letras Mexicanas durante los periodos 2010-2011 y 2011-2012, y del fonca en el periodo 2015-2016. Desde 2014 conduce un programa de literatura en Radio unam. En redes sociales, con el heterónimo de Lufloro Panadero, comparte versos satíricos.

Voces ensortijadas. 10. Puros cuentos los de José. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 10

Puros cuentos los de José

María Gabriela López Suárez

El calor se dejaba sentir desde la mañana, la primavera había llegado desde hace algunos días, el sol alumbraba con intensidad y el trinar de los pájaros era más alegre. 

Mónica tenía destinado el fin de semana para leer por placer, lo necesitaba, eso alimentaría su espíritu, ansioso de conocer otras historias. Tenía varios días que en casa solo estaban pendientes por lo que publicaban los medios  de comunicación sobre la pandemia del Covid-19, Coronavirus.

El viento comenzó a soplar sin que por eso disminuyera el calor, Mónica fue al estante de los libros, comenzó a buscar por títulos. Halló varios. Eligió uno de narrativa, de un autor paisano, chiapaneco, el maestro José Francisco Nigenda Pérez. El título de la obra Puros cuentos los de José, había sido editado por la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas. 

Se sintió atrapada por el texto desde el inicio al leer el mensaje del autor, “Representa la oportunidad de expresar evocación y sentimiento, una manera íntima de externar lo profundamente guardado en el corazón. Y es así porque cada suceso es real. Porque cada acontecimiento forma parte de mi vida personal. Porque cada línea me sigue produciendo felicidad o dolor. El título no es más que una manera de decir que los textos son cotidianos de una persona común y corriente, de vivencia  nada extraordinaria, de personajes como tú o yo, como cualquier persona que ha vivido a plenitud la vida, sin que esto signifique ausencia de dolor y de extravíos en las emociones del alma”.

Mónica buscó su rincón favorito para leer, se acomodó e inició la lectura de los cuentos. A medida que avanzaba fue sintiéndose identificada con algunos escenarios y personajes, recordó algunos sitios que había visitado desde niña, la calidez de la gente de la zona costa de Chiapas, su manera tan peculiar de hablar, las expresiones coloquiales. Vino a la mente una de sus tías que había vivido en Arriaga, la alegría que siempre tenía ella y sus amigas, acompañadas del sentido del humor tan característico de la gente de esa región chiapaneca.

Cada cuento estaba impregnado del sentir de experiencias personales del autor, encontró también historias que le hicieron varios nudos en la garganta; algunas más  exponían datos históricos, esos que hallan su riqueza cuando son compartidos a través de la literatura. La descripción y narrativa en cada cuento daba un toque peculiar a la obra,  invitaba a quien leía a situarse en las historias y espacios donde se vivían. 

Se sintió muy afortunada de saber leer y escribir, la lectura era una manera de adentrarse en conocer y reconocer historias, mundos, personajes, sentimientos, sueños, nostalgias, alegrías, tristezas. Indudablemente Puros cuentos los de José, había dejado en Mónica un grato sabor de boca.  La tarde se asomaba y el viento ahora se percibía con frescura, qué mejor regalo de fin de semana.

Fotografía: UNICACH.

Universo breve. 10. Amnesia. Damaris Disner

Amnesia

Por Damaris Disner

Un grito seco se filtró por el vecindario. Gumaro corría por las calles, desnudo, con un dogal alrededor del cuello cuando todos se asomaron a ver. Juraba que no podría vivir sin él: ese día se mataría. Se le olvidó que el otro lado de la soga se cuelga en alguna viga.

Fotografía: Elina Krima.

Parábolas del uroboro. 4. Juan José Arreola, contexto literario. Ilse Ibarra Baumann

Juan José Arreola, contexto literario

Por Ilse Ibarra Bauman

A Juan José Arreola se le considera uno de los escritores en lengua española con una vasta cultura. A temprana edad empezó a apiñar sus conocimientos, profundamente autodidácticos, sino sociales entre personas símiles en sabiduría. 

Uno de los primeros amigos y compañeros de la escuela desde que tenía cuatro años fue José Luis Martínez: ensayista, historiador, diplomático, académico. Director del Fondo de Cultura Económica 1977-1982. Su biblioteca era la más grande del país sobre temas mexicanos.

El suceso de conocer a Jorge Luis Borges ocurrió en 1942 y 1943 en la ciudad de Guadalajara, Jalisco. Ahí se encontraban Arturo Rivas Sáinz  y Antonio Alatorre , también estuvo Juan Rulfo  quien en ese momento no escribía. Estos hombres representaron una parte de su crecimiento literario, entre ellos intercambiaron libros que sirvieron para mejorar su obra.

“Hizo el bien mientras vivió” (está en su libro Varia invención de 1949) fue publicado por la revista Eos fundada por Antonio Rivas Sáinz. 

Antes me había permitido unos sentimentalismos en el periódico de mi pueblo. (“El vigía”). Pero para publicar un texto en Guadalajara o en México, lo pensé mucho, y necesité el aval de gente seria como Arturo Rivas Sáinz y Octavio G. Barreda . No di un paso en falso… será la época más productiva en el terreno de la lectura. (Campos, 1986, p.132)  

La idea de la revista era que cada ejemplar llevara un texto monográfico. Antonio había leído el cuento y así lo cita Arreola: “se atrevió a fundar una revista sólo para publicar mi cuento. Al tercero o cuarto números ya no había un texto clave suficientemente extenso que hiciera monografía y la revista se acabó.” (Campos, 1986, p.130) 

Al poco tiempo fundan, Juan José Arreola y Antonio Alatorre la revista Pan, el objetivo de su revista fue darse a conocer y que personas como Octavio G. Barreda, Alí Chumacero  o Alfonso Reyes  los tomaran en cuenta. Tenían una tirada de cien ejemplares, decidieron no poner anuncios, además no cobraban por ella. No había nada para solventarla. 

Les sucedió lo mismo que a la revista Eos. En ésta revista se publicó el primer cuento de Juan Rulfo y el segundo y tercero de Arreola. “Un Pacto con el diablo” se editó gracias al apoyo de Octavio G. Barreda en la revista Letras de México. Todos estos sucesos ocurren antes de que Arreola parta hacia París.

A su regreso de Francia, con un acervo más experimentado, ya no sirvió en empleos de mostrador; ingresó, gracias a Antonio Alatorre, al Fondo de Cultura Económica. (Carballo, 1994, p. 431)

Tomando como base el Diccionario de literatura mexicana siglo XX de Armando Pereira señala que a finales de los años cuarenta surge un grupo al que llamaban “Los presentes”, entre ellos estaba Juan José Arreola (contaba con veintiséis años), Ernesto Mejía Sánchez , Henrique González Casanova  y Jorge Hernández Campos . 

Estos jóvenes se dedicaron a difundir la literatura del momento que florecía en el país. Crearon una colección que se fundamentó en dos propuestas: buena calidad y bajo costo. Ernesto Mejía Sánchez publicó, El retomo, poesía; Francisco Tario, Yo de amores qué sabía, cuentos, y Breve diario de un amor perdido, novela corta; Carlos Pellicer, Sonetos; Juan José Arreola, Cuentos; Rubén Bonifaz Nuño, Poética; Juan Soriano, Homenaje a Sor Juana, cuatro grabados; Jaime García Terrés , El hermano menor, poesía; Augusto Monterroso , Cuentos; Andrés Henestrosa , El retrato de mi madre, relato. Fue una empresa de amigos que se dedicó a publicaba sus obras.

 Como fue de esperar, las ediciones se suspendieron por falta de ingresos. Arreola decidió continuar personalmente con la colección y en los seis meses siguientes publicó veinticinco obras, la primera de ellas fue una novela corta Likus Kikus de Elena Poniatowska entre otras nacientes estaba la de Carlos Fuentes con Los días enmascarados y Ricardo Garibay. 

Juan José quería dar a conocer las obras de los nuevos escritores. Compró una impresora y él mismo se dispuso a imprimir. Le llegaron muchos manuscritos (siempre ha habido muchos más escritores que editores) entre ellos uno de Julio Cortázar y otro de Gabriel García Márquez. La colección llegó a cincuenta títulos, pero, finalmente en 1956 se suspende por asuntos económicos (Pereira, 2004, p.p. 86 y 87). 

Ese mismo año lo conoce José Agustín, primero lo vio actuar en el Teatro del Caballito representando el papel de Rapaccini en la obra de Octavio Paz dirigida por Héctor Mendoza como parte del programa de “Poesía en voz alta”. 

Es gracias a Carlos Monsiváis que estimulado por él “va a publicar una nueva serie para jóvenes”, llevó algunos de sus cuentos para ver si eran aptos. 

La vida lo puso de amigo del estridentismo entre ellos estuvo Arqueles Vela Salvatierra y de Germán List Arsubide. Este movimiento post revolucionario que había nacido en 1920, absorbió ese choque de manifestaciones: por un lado estaba el pesimismo de un grupo amplio en perpetuo abandono que exponía la escasa clase cultural de México y por otro estaba el auge mundial con nuevas vanguardias (el futurismo, el cubismo y el dadaísmo). Parte de este movimiento multifacético responde a la obra de Juan José Arreola.

En la Casa del lago, estando como director en 1959. Congregó a artistas y escritores que innovaban el panorama cultural del país. Inauguró torneos de ajedrez, lectura en voz alta con poetas como León Felipe  y Carlos Pellicer; el ballet, con Amalia Hernández ; el teatro con actores como Elda Peralta, Martha Verduzco, Enrique Lizalde (hermano del escritor Eduardo Lizaled), Luis Antonio Camargo y Gastón Melo, entre otros. 

Para el año 1958-1959 continuó con el proyecto de “Los presentes” pero en la nueva colección “Cuadernos del unicornio”, en esta compilación se les publicó a: Eduardo Lizalde, Sergio Pitol , José Emilio Pacheco, José Alvarado, Beatriz Espejo, Gastón Melo, Raymundo Ramos y Fernando del Paso  entre otros. (Pereira, 2004, p. 87) Con el apoyo del impresor Manuel Casas se hizo posible la publicación de los «Cuadernos del Unicornio». 

Otras de las colecciones que se le atribuyeron son: la colección de Breviarios del Fondo de Cultura Económica y la serie Nuestros Clásicos de la Universidad Nacional Autónoma de México.  

Recibió una beca de la Fundación Rockefeller, ahí tuvo acercamiento con Margaret Shedd quien fue una de las promotoras del Centro Mexicano de Escritores. De principio no daban ayuda económica, únicamente otorgaban talleres donde los escritores participaban y escuchaban críticas de especialistas sobre su trabajo. Así inicia con sus primeros talleres de literatura. Continuó con la idea de los talleres y en 1958 fundó en su casa de Río Elba 32 otro taller de literatura. 

Volvió a su trabajo en el Centro Mexicano de Escritores después de un periodo de convalecencia por su operación. Trabajó con Juan Rulfo y Francisco Monterde, en ese periodo tuvieron como becarios a escritores como Fernando del Paso, Salvador Elizondo  y Jaime Sabines.

Surgió el taller de Mester en 1964. Posteriormente algunos de los talleristas continuaron yendo a su casa como: Elsa Cross, José Agustín, Jorge Arturo Ojeda, Andrés González, Cesar Horacio Juván, Federico Campbell entre otros. Esta pasión por enseñar la recuerda José Agustín en la revista Tierra Adentro:

“Arreola no cobraba un centavo por impartirnos su sabiduría. Dudo también de que hubiéramos podido pagárselo. Creo que su único sostén, aparte de los escasos derechos por sus libros, era la beca de 500 pesos que Alfonso Reyes había logrado que El Colegio de México diera a unos cuantos escritores. Llegó Daniel Cosío Villegas  y suprimió las becas. Arreola se quedó sin nungún medio para mantener a su esposa, a sus dos hijas, Claudia y Fuensanta, y a su hijo Orso y pagar el departamento de Elba y Lerma”

Después de leer  la afluencia de escritores que acudieron a sus talleres y que con el tiempo se convirtieron en personajes triunfadores y, además, en las bases de la literatura mexicana; no cabe más que decir que la lógica, la transformación y la renovación de Juan José Arreola hacen el maestro ideal para explicar el sentido de la literatura. 

Juan José Arreola y Carlos Fuentes fueron dos escritores que impulsaron la literatura hacia la modernidad. Dejaron los temas del mexicano y su vida en torno a la post revolución y se preocuparon por crear obras que se internaran en el ámbito internacional ensanchando la narrativa mexicana hacia una cultura más desarrollada. Con la diferencia que el gran sentido del humor de la obra de Arreola no se encuentra en la de Carlos Fuentes. 

            Juan José Arreola amó la sonoridad desde su más tremprana edad. Eran estos nombres diferentes a su lenguaje cotidiano los que inspiraron la primera etapa de su obra. Cada palabra, sola: está vacía, sin alma; tiene la cualidad de representar una idea. Es la suma y aleación de ellas la que forma una frase completa, llena, imborrable. Pareciera que el lenguaje es intangible, sin embargo, Arreola, lo transforma en “una materia plástica ante todo” (Carballo, 1994, p. 431). Al darles cuerpo a las palabras, para volverlas limitadas e indivisibles, lo toman por formalista.

            La maravilla de un buen escritor es el arte de acomodar palabras. Hacerlas que revienten y salpiquen emociones en el momento en que se juntan. “el acto de escribir conciste en violentar las palabras, ponerlas en predicamento para que expresen más de lo que expresan” (Carballo, 1994, p. 431)  

El universo creado por Dios, las cosas hechas por el hombre, todo tiene un sentido de formación y de ser, lleva un orden. Generan meditación, beneficio, placer. Esta necesidad del hombre por comunicarse a travás de los sentidos lo vuelve un imitador de la obra de Dios. Por eso, para Juan José Arreola, no existe una belleza absoluta hecha por el hombre (literatura, pintura, escultura…); su invención es, sólo, una aproximación a la belleza de Dios y su creación. 

(Continúa en la siguiente entrega…)

Foto: Breakingpic

Polvo del camino. 10. Anagrama. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 10

Anagrama

Héctor Cortés Mandujano

Si el amor es pasajero, yo soy autobús

 “El amor es pasajero”,

canción de Jaime López

Veo un calendario y pienso en ti. 

No estás de manera obvia en el anagrama de todos los días, pero tuerzo significados para hallarte.

            Estás claramente en el “Une” (“El amor une cuerpos”, escribió el poeta) del Lunes, y en el “Arte” (tus ojos, tu amor) del Martes.

            Las “Mieles” (tus besos) se hallan en el Miércoles.

            “Ese” encuentro en el Jueves y ese es tu cuerpo: el tuyo-mío, el mío-tuyo, el que hacemos juntos, el “animal de dos espaldas”.

            Tu “Ser” está en el Viernes.

            El Sábado tiene, con falta ortográfica, el “Ado” que nos ha unido, y sin la hache está el “Domingo” con el “Imno”, las fanfarrias del triunfo por el tesoro hallado, la melodía épica, triunfal, que llega a mi corazón cuando te veo.

Fotografía: Alejandro Nudding.

Universo breve. 9. Escarabajo posmoderno. Damaris Disner

Escarabajo posmoderno

Por Dámaris Disner

Nadie tocó la puerta de su habitación. Tampoco hubo necesidad de pegarse al techo. Le bastaba revisar las notificaciones de su Facebook para dejar de sentirse insecto.

Fotografía: j.mr_photography.

Voces ensortijadas. 9. Té de limón. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas

Té de limón

María Gabriela López Suárez

La vista de Roberta estaba posada sobre las llamas de las quince veladoras blancas que hacían una especie de semicírculo, depositadas frente al féretro de su vecino. Alrededor había flores de distintos colores.

Se sentía perpleja, estaba consciente que la muerte era una etapa de la vida en toda persona. Sin embargo, esos instantes repentinos del fallecimiento de alguien cercano siempre le hacían recordar lo efímero de la vida terrenal y le traían de vuelta el ejercicio obligado de vivir al máximo cada instante.  Ejercicio que ella solía olvidar al entrar en el ajetreo cotidiano.

Esta ocasión no pensó en el dolor que siempre le asomaba ante la sola idea de imaginar a sus seres queridos en ese estado, esta vez pensó en cómo sería su funeral. En eso estaba cuando le ofrecieron té o café, aceptó el té, era de sus favoritos, de limón.

Mientras su vista permanecía frente a las veladoras, dio un sorbo al té y el sabor la hizo regresar a distintos momentos en su vida. El primero fue el de la infancia, en su casa el té de limón era conocido como té de zacate. Así le llamaba su familia. A ella le gustaba tomarlo con dulce, desde esa época le pareció un sabor tan agradable, suave, aromático, relajante.

Los momentos con sus abuelitos estaban también impregnados del sabor y olor del té de zacate, esos instantes tan cálidos con la familia, sentados alrededor  del fogón de la cocina eran acompañados de esta bebida con pan o tortillas hechas a mano.

La infusión era parte de los recuerdos que tenía de las salidas con sus amistades, cuando iban a acampar. No faltaban los termos con café y té de limón para la noche o por la mañana.

El sabor del té de zacate con canela lo había conocido gracias a su suegra, cuando le ofreció por vez primera esa mezcla de sabores que gustó a Roberta, endulzada ligeramente con miel de abeja.

Di otro sorbo a su bebida, no cabía duda que los sentidos del olfato y el gusto eran evocadores de memorias. El olor del té de limón la hizo regresar al presente, en ese instante comenzaría la oración en el funeral. Dejó su vaso en el piso y se dispuso a escuchar con atención, sin perder de vista los destellos de luz de las veladoras.

Fotografía: Sankalpa Joshi.

Polvo del camino. 9. El marqués y yo. Héctor Cortés Mandujano

Polvo del camino/ 8

El marqués y yo

(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano

Tal vez en algún siglo de los que siguen las desigualdades sociales ya no sean tan brutales como en éste en que vivo, en estos años, en estos días.

            El marqués nada sabía de mi existencia. Creo que si me ha visto antes me vio como ve la campiña de su propiedad, a un animal de los suyos, a una mujer a su servicio. Soy el palafrenero, el cuidador de caballos.

            Su esposa es tan pálida, tan frágil, que nunca pensé que quisiera montar el caballo imponente que su marido compró para ella. Me ordenó una de sus doncellas que cuidara del ejemplar, lo montara y aprendiera sus mañas para que la señora no corriera peligro.

            Puse una de las monturas con manzana de plata y con los jaeces más exquisitos “vestí” al equino. La mujer vino, enfundada en veste de amazona, y se subió sin hesitación alguna. Yo la acompañé en otro caballo, a prudente distancia.

Luego de un tiempo, ella se sentaba en mi miembro y parecía correr, volar, en mi humanidad ardiente como cabalgadura. No me hablaba ni antes ni después de desnudarme y subirse en mi verga erecta. Alguien nos vio, supongo.

            Recibí la noticia de que estaba despedido sin mayor sorpresa. Me extrañó, sí, que cuando a punto de salir de la propiedad sin más equipaje que mi cuerpo, ella llegara con un caballo y me entregara sus riendas.

            Es tuyo –dijo–, por tus buenos servicios.

            Se fue.

            No sé si el marqués estuvo pendiente de lo que haría su mujer, pero apareció unos minutos después y bajó de su cabalgadura. No entendí por qué vino a solas y por qué supuso que yo me dejaría azotar. Cuando levantó la mano con la fusta, yo le clavé el puñal que es para mí casi una mano más. Moví con fuerza el arma para que no hubiera posibilidad de que sobreviviera. 

Limpié el puñal en sus ropas finas, monté en mi caballo y me fui, sin volver la vista…

Fotografía: Mark Elliot.